Artículo original

Experiencias de migrantes haitianos afectados por un incendio en Santiago, Chile. Un estudio de caso*

Experience of Haitian migrants affected by a fire in Santiago, Chile. A case study

Adriana Espinoza Soto
Universidad de Chile, Chile
Jenny Moreno Romero
Universidad de Concepción, Chile
Hans Klener Hernández
Universidad de Chile, Chile
Bárbara Contreras Núñez
Universidad de Chile, Chile
Josefina Serka Arancibia
Universidad de Chile, Chile
Jaime Aguilera Ceballos
Universidad de Chile, Chile

Experiencias de migrantes haitianos afectados por un incendio en Santiago, Chile. Un estudio de caso*

Si Somos Americanos, vol. XXII, núm. 1, pp. 8-33, 2022

Universidad Arturo Prat. Instituto de Estudios Internacionales (INTE)

Recepción: 11 Diciembre 2021

Aprobación: 04 Febrero 2022

Resumen: Los desastres socionaturales son grandes desafíos que enfrentamos en la actualidad. Si a lo anterior le añadimos un devastador terremoto como el ocurrido en Haití en 2010, nos encontramos frente a una catástrofe de proporciones difíciles de dimensionar. La posterior migración haitiana hacia el sur del continente ha incluido a países como Chile. El presente artículo se basa en una investigación cualitativa con miembros de la comunidad haitiana residentes en Santiago, quienes fueron afectados por un incendio de sus viviendas en 2018. Los resultados dan cuenta de los cambios en sus proyectos de vida producto de los procesos migratorios vividos y las diversas dimensiones de la vulnerabilidad a los que se han visto enfrentados en Chile. Estos hallazgos pueden contribuir a la formulación de políticas migratorias que fortalezcan la capacidad de resiliencia e integración social de las comunidades haitianas en Chile.

Palabras clave: Migración haitiana, vulnerabilidad, Chile.

Abstract: Socio-natural disasters represent some of the great challenges that we face today. If we add to the above a devastating earthquake, such as the one that occurred in Haiti in 2010, we are dealing with a catastrophe of proportions that are difficult to measure. Subsequent Haitian migration to the south of the South American continent has included Chile, among other destination countries. This article is based on a qualitative research process incorporating members of the Haitian community residing in Santiago, and who were affected by a fire in their homes in 2018. The results show the changes in their life projects as a result of the migratory processes experienced and the diverse dimensions of vulnerability that they have been exposed to in Chile. These findings can contribute to the formulation of migration policies that strengthen the resilience and social integration capacity of Haitian communities in Chile.

Keywords: Haitian migration, vulnerability, Chile.

Introducción

Haití es reconocido como la primera nación latinoamericana afrodescendiente esclava en independizarse de las colonias europeas. La historia nos habla de un país marcado por la destrucción de las tierras, como consecuencia de la explotación por parte de los colonizadores europeos y la guerra que se libró por su independencia (Blaufarb, 2021; Ferrer, 2012; Garay, 2014; Trouillot, 2021). Como resultado, durante el siglo XIX y principios del XX muchos haitianos migraron para convertirse en mano de obra de las plantaciones de azúcar en Cuba, donde desde 1910 hasta 1930 ingresaron 40 mil personas por año. Igualmente, en República Dominicana en 1920 llegaron a conformar casi el 60% de la población extranjera. Cuando el negocio del azúcar comenzó a desplomarse, tanto la clase trabajadora como la elite tuvo que elegir otros países para migrar: Francia, Canadá y sobre todo Estados Unidos, que para la primera parte del siglo XX ya ejercía control territorial y económico en Haití (Casey, 2017; Ceja-Cárdenas, 2015; Charles, 1992; Ferrer, 2012).

La segunda parte del siglo XX estuvo marcada por una sucesión de dictaduras que comenzaron con Francois Duvalier y que significó el éxodo masivo de población haitiana, principalmente a países latinoamericanos, africanos y europeos. Así, para las décadas de 1970 y 1980, cuando Jean-Claude Duvalier asumió el cargo heredado por su padre, miles de haitianos indocumentados llegaron a Estados Unidos a través de las costas del estado de Florida (Casey, 2017; Ceja-Cárdenas, 2015).

En 2010 ocurrió un devastador terremoto, cuyo saldo fueron daños materiales avaluados en aproximadamente 14 mil millones de dólares, más de 200 mil personas fallecidas y 300 mil personas heridas, quedando todas ellas expuestas a diversas formas de vulnerabilidad económica, sanitaria, habitacional, laboral, entre otras (Cavalleto, 2012). Este evento trajo también graves consecuencias en la salud mental de la población afectada, caracterizadas por un sentimiento generalizado de miedo, ansiedad e incapacidad para realizar procesos de duelo, producto de la desaparición de amigos y familiares, y las condiciones generales del país (Basauri y Zohra Abaakouk, 2010). Este desastre natural vino a profundizar la situación de vulnerabilidad a la que se veía enfrentada la población haitiana debido a las condiciones socioeconómicas del país (Revista Estudios Sociales, 2009). Todo esto en un contexto en que el Estado tuvo escasa intervención, generando de este modo una dependencia de la población de la ayuda internacional (Cavalleto, 2012; Ceja-Cárdenas, 2015).

Es así como la gran falta de estabilidad política, social y económica posterior al terremoto forzó a muchos haitianos a migrar a otros países (Burbano, 2017), principalmente a naciones del Cono Sur como Brasil, Chile, Argentina y Ecuador (Tijoux, 2016; Trabalón, 2018), debido a las restricciones migratorias más estrictas que se adoptaron en países del Cono Norte, como Canadá y Estados Unidos (INURED, 2020; Trabalón, 2018). También es el caso de República Dominicana, que ha implementado medidas estatales de desnacionalización y deportación de migrantes haitianos, las que son evidenciadas y denunciadas por el Informe de la Comisión Interamericana de Derecho Humanos (2015) y Amnistía Internacional (19 de noviembre de 2015).

Debido a este contexto, se hace necesario referirse al concepto de migración laboral temporal y circular, que vincula la migración al concepto de desarrollo de la gobernabilidad migratoria. Desde esta perspectiva, de acuerdo con Santi y Clavijo (2020), el migrante en el ámbito nacional e internacional es concebido como un trabajador, por lo tanto, su movilidad geográfica es aceptada y justificada. Sin embargo, para el Estado nacional su presencia se concibe como ilegítima. Es así como “la categoría inmigrante se define en el pensamiento estatal como provisional, por lo que debe tener un estatus que confirme esa condición, por ejemplo, un permiso de trabajo limitado en el tiempo” (Santi y Clavijo, 2020, p. 8). Respecto a la migración haitiana a Chile, según el Departamento de Extranjería y Migraciones ([DEM], 2019), en 2017 la población haitiana en Chile correspondía al 10 % de la población migrante. Esta población se caracteriza por desplazarse en busca de mejores condiciones económicas que las que se ofrecen en Haití. Sin embargo, las personas haitianas eligen Chile como lugar de destino desconociendo lo oneroso que puede resultar el costo de vida (Rojas Pedemonte, Amode y Vásquez, 2017), la diferencia en los códigos culturales (Aguirre, 2017) y el racismo solapado de una cultura chilena eurocéntrica racista, que visualiza el hecho de ser negro como una amenaza (Tijoux, 2016). Otro problema al que la población haitiana se ve constantemente enfrentada, es el acceso a viviendas dignas a bajos costos, destacándose el arriendo y subarriendo de viviendas precarias mediante acuerdos informales, lo que produce un hacinamiento habitacional (Álvarez et al., 2020) que los obliga a vivir hacinados y en condiciones de precariedad sanitaria. Un ejemplo de lo anterior es el caso del incendio ocurrido el día 18 de junio de 2018. El inmueble afectado correspondió a una casona de 42 habitaciones, ubicada en la calle Cienfuegos de Santiago de Chile, donde vivían más de cien personas, mayoritariamente de nacionalidad haitiana, entre ellos familias, niños, niñas y mujeres embarazadas. Las precarias condiciones sanitarias, el hacinamiento y, en particular, las deficientes instalaciones eléctricas habrían sido las causas del incendio. Como resultado, algunas de las personas debieron arrojarse desde el segundo y tercer piso del edificio, sufriendo lesiones de mediana y extrema gravedad. Incluso uno de ellos falleció producto de las lesiones sufridas. Posteriormente, y dada la imposibilidad de encontrar otras viviendas, muchas de estas personas continuaron viviendo en condiciones insalubres en estas mismas dependencias hasta que fueron desalojadas por el alcalde de la comuna el 11 de julio de 2018.

Este artículo presenta los resultados del estudio titulado “Vulnerabilidad social y proyecto de vida: la experiencia de miembros de la comunidad haitiana afectada por un incendio ocurrido en la comuna de Santiago, Chile”.

Procesos migratorios

La migración implica un proceso de desarraigo del territorio tanto a nivel físico y social, así como un extrañamiento de los vínculos afectivos y de los códigos culturales comunes respecto del lugar donde se migra. En este sentido, este proceso mantiene al migrante en un ambiente de tensión cognitiva y emocional, puesto que transforma actividades antes cotidianas en incertidumbre (Aguirre, 2017). Asimismo, Rojas Pedemonte et al. (2017) señalan que el desconocimiento del costo de vida del país de destino, sumado a la eficiencia de sus políticas migratorias, puede transformarse en un factor de inclusión o exclusión fundamental. Todos estos elementos pueden desencadenar un duelo migratorio. González Calvo (2005) plantea que este duelo puede ser simple, cuando el proceso migratorio se lleva a cabo sin mayores complicaciones. Sin embargo, también puede ser un duelo complicado, cuando el conjunto de estresores sociales y personales dificulta la elaboración de las pérdidas, lo que puede llevar a desarrollar el denominado “síndrome de Ulises”, que se caracteriza por el padecimiento de una persona de complejos problemas de salud mental debido al proceso migratorio.

Al llegar a los diferentes territorios de destino, las personas migrantes se encuentran con diversas políticas migratorias, dado que la condición de migrante no es una categoría homogénea sino más bien dinámica. Este proceso al que se ven enfrentados puede definirse como trayectorias migratorias (Thayer, Stang y Abarca, 2016), ya que las personas van ocupando distintas posiciones de estatus de acuerdo con las normativas vigentes. Por lo tanto, estas trayectorias pueden ser tanto ascendentes como descendentes en la escala de derechos, pudiendo permanecer en un estatus de temporalidad permanente y posteriormente caer en la irregularidad y pérdida de estatus (Thayer et al., 2016). Las condiciones que establecen las diferentes políticas migratorias para dar acceso a la ciudadanía pueden ser muchas: poseer un contrato laboral, contar con un monto de dinero específico, tener determinada nacionalidad y situación familiar, entre otras. Así, los modelos que se establecen en estas políticas presentan una “condicionalidad institucionalizada” a través del tiempo que asegura o no un acceso a la igualdad formal (Thayer, 2019). Es decir, “la precariedad del estatus legal de los migrantes está definida por una negación total o parcial de los derechos reconocidos a los ciudadanos nacionales” (Thayer et al, 2016, p. 14).

Migración haitiana a Chile

La Ley de Migración y Extranjería chilena [LMYE] estuvo vigente desde 1975. Se concentraba principalmente en el control fronterizo (Díaz, 2016), refiriéndose al migrante como una amenaza para el orden social (Sandoval, 2017). A modo de actualización, en 2021 se promulgó en Chile una nueva LMYE bajo la premisa de “Ordenar la casa”, con el objetivo de entregar una gestión migratoria actualizada, a partir de la cual las personas migrantes pudiesen tener los mismos derechos que los/as chilenos/as (Gobierno de Chile, 2021). Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones, la nueva LMYE no logra incorporar la multiculturalidad e incluso genera nuevas restricciones (Oyarzún, Aranda y Gissi, 2021) para el ingreso regularizado (permanencia transitoria, residente oficial, residente temporal y residente definitivo). Estas restricciones han resultado problemáticas, debido a la dificultad que generan en la consecución de documentos temporales, por lo que se constituyen en el principal factor de precarización de los migrantes y significan el retroceso en condiciones para el acceso efectivo a los derechos (Thayer, 2021).

Respecto a los permisos, estos se pueden dividir en dos grupos: permanencia definitiva (PD) y residencia temporal o visa temporaria. Hacia el 2015, se solicitaban un 162 % más de permisos temporales que en años anteriores; sin embargo, de las 9.000 personas migrantes que ingresaban al país, solamente 12 obtuvieron PD (DEM, 2016). En 2020, se estimó que la población haitiana era de 12,5 % de la población total de migrantes (INE, 2021).

Migración y proyecto de vida

Los procesos de migración internacional se diferencian según regiones, tiempos y sociedades (Pérez, 2019). Toda migración implica un proyecto de vida que se desplaza entre las fronteras. Este desplazamiento conlleva una adaptación a diversas formas de movilidad e infraestructura entre distintos países, derivados de las dinámicas transfronterizas (De las Fuentes Hernández y Peña, 2021). Entre las concepciones de fronteras destacan, por una parte, la de seguridad nacional, que debe resguardar un territorio de amenazas externas; y por otra, las fronteras pueden ser concebidas como un espacio de protección y refugio, cuestionando así la capacidad de control del Estado debido a la porosidad de los límites fronterizos (González, 2013). En este contexto, Izquierdo (2000) postula que el proyecto migratorio es una transición tensa, ya que las decisiones que se deben realizar, surgen en un contexto totalmente diferente al del lugar de origen. El proyecto de vida migratorio se vincula tanto con el contexto social del individuo, como con las diferentes experiencias de vida dentro de la historia personal. Asimismo, estas decisiones son multicausales y están condicionadas por factores económicos y contextuales del país de origen (Pérez, 2019). De esta manera, durante el proceso migratorio el proyecto de vida se verá enfrentado a realidades personales y sociales que pueden facilitar o dificultar cumplir aquel proyecto (Maldonado, Martínez y Martínez, 2018). Entendemos proyecto de vida como:

Un modelo ideal sobre lo que el individuo espera o quiere ser y hacer, que toma forma concreta en la disposición real y sus posibilidades internas y externas de lograrlo, definiendo su relación hacia el mundo y hacia sí mismo, su razón de ser como individuo en un contexto y tipo de sociedad determinada. (D’Angelo, 2000, p. 3).

Por esto, es necesario considerar los proyectos de vida como construcciones dialógicas, en tanto son producto del encuentro entre las aspiraciones individuales y las referencias sociales producidas por otros (D'Angelo, 2006). Así, las personas se encuentran dentro de contextos sociales que pueden ser compatibles o incompatibles con sus proyectos de vida, en los que la dimensión estructural posibilita o imposibilita lograr dichos planes (Archer, 2009). En otras palabras, el proyecto de vida se configura como un espacio dinámico y moldeable, el cual está sometido a las distintas transformaciones de los contextos históricos y sociales.

Vulnerabilidad

El concepto de vulnerabilidad ha sido abordado desde diversos enfoques y disciplinas. Su complejidad radica en que involucra las características de personas o grupos que se ven expuestos a un mayor riesgo, limitando su capacidad de anticiparse, responder y recuperarse a un desastre (Wisner, 2016). Por ende, los impactos y las pérdidas de los desastres no son aleatorios, ni las cargas son soportadas equitativamente entre los miembros de una misma población afectada. Por el contrario, los impactos de los desastres afectan más fuertemente a quienes son más vulnerables: pobres, minorías raciales y étnicas, y otros grupos marginados (Tierney, 2019), como es el caso de los/as migrantes haitianos. De esta forma, la vulnerabilidad social es el resultado de los impactos provocados por el patrón de desarrollo vigente, pero también se expresa en la incapacidad de los grupos más débiles de la sociedad para enfrentarlos, neutralizarlos u obtener beneficios de ellos (Pizarro, 2001).

La vulnerabilidad es generada por procesos sociales, económicos y políticos que están presentes antes, durante y posterior a los desastres, y que van provocando impactos diferenciados en la población. Por ende, no es que las personas sean vulnerables por una condición inherente. El sistema social provoca que algunos grupos sean más propensos al daño que otros, como ocurre con los/as migrantes haitianos. El terremoto de 2010 en Haití y el contexto de inestabilidad sociopolítica y económica del país refuerzan una percepción negativa que alienta a los/as haitianos/as a comenzar un proceso migratorio. Este se caracteriza por un alto nivel de vulnerabilidad en cuanto a la disposición a enfrentar los riesgos y las vicisitudes que implica migrar (Metzner, 2014).

Por otro lado, cada individuo, familia, grupo social y comunidad es más o menos vulnerable en el transcurso del tiempo (estación, ciclo de vida, ciclo económico, ciclo electoral) (Wisner, 2016). Además, a esto se suma la gran variedad de eventos críticos, como son los casos relacionados con el crimen y la violencia, y los desastres, como terremotos, ciclones y aluviones (GNDR, 2015), que exacerban vulnerabilidades previas. Esta vulnerabilidad social crítica establece una situación estructural de inestabilidad. Ahí, la fragilidad de los soportes en el tejido social configura una situación de inestabilidad para los individuos y las comunidades. Dentro de este contexto se generan estrategias y acciones de orden diario o a largo plazo (Arteaga y Pérez, 2011).

2.1 Vulnerabilidad y desastres socionaturales

El concepto de vulnerabilidad está intrínsecamente relacionado al de desastre. Es ampliamente aceptada la conceptualización de que los desastres no son “naturales”, sino más bien son eventos “socionaturales”, en los que subyacen causas sociales. Por ende, los desastres son considerados fenómenos de orden social debido a que “no amenazan a todas las sociedades por igual, pues se conjugan factores geográficos con factores socioeconómicos y políticos de las poblaciones afectadas” (Ugarte, Salgado y Fuster, 2015, p. 137). Las comunidades con bajo nivel socioeconómico y grupos sociales minoritarios, tales como las comunidades migrantes, tienen mayor riesgo a ser afectados por desastres (Le De, Gaillard y Friesen, 2015; Sawada y Takasaki, 2017).

De acuerdo con Cannon (2014), los desastres deberían ser considerados como un resultado socialmente construido de eventos ambientales que impactan los sistemas humanos. Esto es más evidente en países subdesarrollados como Haití. Un desastre interrumpe el funcionamiento normal del sistema social (Birkmann et al., 2013), como puede ocurrir en el caso de un terremoto o incendio, pero la respuesta y recuperación dependerá no solo de la magnitud del evento, sino también de la vulnerabilidad y capacidades previas para enfrentarlos. Por ende, los desastres deben comprenderse como “hechos multidimensionales” (Oliver-Smith, 2004), considerando la interacción entre el entorno físico y su relación con la sociedad en tanto comportamiento, organización y desarrollo de esta (Quarantelli cit. en Birkmann et al., 2013).

Según Busso (2001), la vulnerabilidad es entendida como un proceso que posee múltiples dimensiones. Estas dimensiones han sido abordadas por algunos modelos que han propuesto una comprensión holística de la vulnerabilidad en el contexto de desastres socionaturales. Dentro de estos modelos destaca el marco de referencia MOVE (Methods for the Improvement of Vulnerability Assessment in Europe) propuesto por Birkmann et al. (2013), que propone diversas dimensiones de la vulnerabilidad, como la dimensión física, ecológica, social, económica, cultural e institucional (Birkmann et al., 2013). Asimismo, Alexander (2013, p. 982) distingue seis tipos de vulnerabilidades: económica, tecnológica (o tecnocrática), residual, negligente, recientemente generada y total (categoría en que la vida es generalmente precaria).

2.2 Vulnerabilidad y resiliencia

En torno a la relación entre vulnerabilidad y resiliencia, Cutter et al. (2008) proponen ciertas diferencias. La primera puede ser definida como “[l]as características o cualidades inherentes previas al evento de los sistemas sociales que crean el potencial de daño” (Cutter et al., 2008, p. 599). La resiliencia, por otro lado, se centraría en cómo la comunidad responde a posteriori al evento desastroso y en la “capacidad de reorganizarse, cambiar y aprender en respuesta a una amenaza” (Cutter et al., 2008, p. 599).

La resiliencia se caracteriza por tener un desarrollo dinámico que irá dependiendo de las condiciones anteriores al desastre, la gravedad de este y las influencias de ciertos factores externos (Cutter et al., 2008). La resiliencia se activa a partir de una serie de capacidades sobre las cuales aún no existe consenso en sus dimensiones específicas o indicadores (Gaisie, Han y Kim, 2021). Sin embargo, hay mayor consenso acerca de si estas capacidades sirven para anticiparse, absorber el impacto, responder y reorganizarse frente a un desastre (Tan, Peng y Guo, 2020). Existe evidencia de que las capacidades de resiliencia, tales como económicas, humanas, sociales y medioambientales están directamente relacionadas con menores pérdidas materiales y humanas (Yoon, Kang y Brody, 2016). Esto coincide con las capacidades identificadas por Cutter, Ash y Emrich (2014), quienes además agregan las capacidades comunitarias, institucionales y de infraestructura.

La Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres de Naciones Unidas ([UNISDR, siglas en inglés de United Nations Office for Disaster Risk Reduction], 2009) apunta a que también existen capacidades más intangibles como el conocimiento humano, las destrezas y los atributos colectivos tales como las relaciones sociales, el liderazgo y la gestión, que pueden ser útiles para reducir el riesgo de desastres. Estas capacidades más intangibles pueden constituir un gran recurso para reducir el impacto de un desastre (Gray, Mendelsohn y Omoto, 2015; Moreno y Shaw, 2018, Udah, Singh, Holscher y Cartmel, 2019). Dentro de estos estudios destaca el de Güell, Singh, Holscher y Cartmel, (2020), quienes abordan los procesos de agencia en el ámbito de la economía productiva y reproductiva del colectivo de mujeres de origen pakistaní en Barcelona. A partir de esta visión, los/as migrantes haitianos no deberían considerarse víctimas pasivas, sino agentes y actores activos de su propio desarrollo.

Metodología

La metodología de esta investigación fue de tipo cualitativo y utilizó como estrategia el estudio de caso (Yin, 2009), ya que permite acceder a las experiencias y significados de los y las participantes. Según esta perspectiva, la realidad social está hecha de significados sociales compartidos, por lo que la intersubjetividad entre investigadoras/es y participantes es el componente principal para investigar significados sociales (Denzin y Lincoln, 1998).

Para la producción de información se realizaron siete entrevistas semiestructuradas. La información fue analizada mediante análisis de contenido, herramienta metodológica que permite comprender gran cantidad de información, para luego procesarla y reducirla a categorías (Bardin, 1996). Las entrevistas fueron transcritas y luego sistematizadas mediante el programa de análisis cualitativo Atlas.ti. Este procedimiento permitió la generación de 15 ejes de análisis, los que se organizaron en torno a seis categorías: trayectos migratorios, proyectos de vida migrante, incendio y salud mental, experiencias de vulnerabilidad, resiliencia y redes de apoyo, y cultura haitiana.

3.1 Caracterización de los/as participantes

Como parte de la estrategia metodológica decidimos entrevistar a tres tipos de participantes con el objetivo de acceder a información desde distintas perspectivas. Primeramente, a profesionales de la comunidad haitiana (una psicóloga y un médico) que apoyaron a sus compatriotas en forma posterior al incendio. Igualmente, entrevistamos a dos chilenas que trabajan con la comunidad haitiana proporcionando apoyo emocional, social y cultural. Su experiencia ha sido vital para comprender el funcionamiento del sistema educacional, de salud, y municipal, entre otros, y la relación que estos establecen con poblaciones migrantes como la haitiana. Finalmente, entrevistamos a tres personas que fueron directamente afectados por el incendio. A nivel ético, utilizamos un consentimiento informado y se reemplazaron los nombres de los/as participantes por seudónimos ficticios para mantenerlos en el anonimato.

Resultados

En esta sección presentaremos los resultados de dos de las seis categorías del estudio: proyectos de vida migrante y vulnerabilidad.

4.1 Proyecto de vida migrante: transiciones de Haití a Chile

Esta categoría se divide en dos subcategorías: a) proyecto de vida en Haití y b) proyecto de vida en Chile.

Proyecto de vida en Haití

En relación a la primera subcategoría, la principal motivación para generar proyectos de vida migrantes gira en torno a la búsqueda de una mejor calidad de vida, destacando la resiliencia y la flexibilidad que despliegan los/as migrantes en contextos de incertidumbre. El contexto de inestabilidad sociopolítica sanitaria y económica que afectó a Haití luego del terremoto del 2010, significó una escasez de oportunidades laborales y educacionales, las cuales se presentan como un eje central dentro de las motivaciones que impulsan a generar un proyecto de vida migratorio, como se aprecia en la siguiente cita.

En el momento en el que estaba allá, al fin, yo dije: “Tengo que dejar allá para ir al otro país”. Yo pienso que en este país puedo encontrar trabajo y puedo estudiar, haciendo los dos al mismo tiempo. Como yo había estado en República Dominicana, yo digo: “Bueno, puedo ir a la República Dominicana o Chile”. (André, hombre haitiano).

Las consecuencias del terremoto no solo se reflejaron en las pérdidas económicas y laborales, sino también en la pérdida de sus redes familiares y amigos que fallecieron a causa del desastre. El evento sísmico los dejó con la sensación de quedarse “sin nada”, tal como se aprecia en las siguientes citas:

Bueno, el cambio que generó en mi vida el terremoto fue darnos cuenta de que no se puede construir de cualquier manera en Haití. Uno antes de construir tienes que ver si el lugar en el que va a construir es apto y también me di cuenta de que debía trabajar muy duro para poder tener una reserva por si algo así volviera a ocurrir; o si me sucediera algo en Haití, yo pudiese sobrevivir, porque en ese momento toda la gente estaba muy muy mal económicamente. Hubo gente que perdió todas sus cosas, el poco dinero que tenían dentro de las casas también se perdió. (Agnes, mujer haitiana).

La principal motivación es el poder tener una mejor calidad de vida, tener la oportunidad de conseguir un trabajo (...), después del terremoto del 2010 hay muchos que dejan el país, porque ya no tenían nada, no tenían nada. Igual, vivir en el mismo barrio donde vivían recordando todo lo que habían pasado, amigos que se habían ido, familiares, entonces, igual es algo que yo creo que ha empujado a muchos haitianos a dejar el país. (Cecile, mujer haitiana).

Proyecto de vida en Chile

En cuanto a la capacidad tangible de estos proyectos migratorios, una vez en tierra chilena el proyecto de vida se contrasta con la realidad económica y social que los/as aguarda. Una vez instalados en Chile, se ven en la necesidad de modificar sus expectativas; todo ello como parte de un proceso de adaptación a las situaciones cotidianas, como explica el entrevistado:

No tengo uno exacto, porque uno vive a diario; uno vive con lo que gana a diario. Primero uno tiene que hacer el plan de su vida cuando uno tiene una entrada exacta, es decir, bueno cada mes tengo esa entrada, estoy ganando esto. Bueno, después ver qué hacer. Pero si uno no tiene una entrada cada mes, es difícil planificar alguna cosa en tu vida. (André, hombre haitiano).

Así, las expectativas y los planes previos a la llegada se ven sometidos a reajustes debido al choque con una estructura de oportunidades limitadas y la ausencia de desarrollo de medidas inclusivas para poblaciones migrantes. En este sentido, la falta de regulaciones y políticas en torno a la migración compromete la calidad de vida anhelada para los/as migrantes y sus posibilidades dentro del país:

Uno llega aquí para tener una vida mejor, pero cuando llegas te piden carnet (Documento Nacional de Identificación) para encontrar trabajo, y para tener carnet tienes que tener contrato para hacer los trámites. Si ellos te piden carnet, ¿cómo lo vas a encontrar si no tienes contrato? (André, hombre haitiano).

Al mismo tiempo, la posibilidad de volver a Haití se ve como un horizonte fragmentado, debido a la frustración que genera fallar en el proyecto de vida imaginado y someterse a las críticas sobre las expectativas de su entorno familiar y social en suelo natal. En palabras de uno de los entrevistados:

Si yo no llego a mi país con plata o haciendo algo diferente, la gente va a decir: “Él tiene tres años viviendo en otro país y cuando volvió, se volvió peor” (…) la gente va a decirlo. (André, hombre haitiano).

El proyecto de vida se reestructura, puesto que este proceso está marcado por una adaptación constante a las situaciones emergentes. Asimismo, está expuesto a una fuerte presión social por mejorar sus condiciones de vida en caso de decidirse a regresar a Haití.

Dimensiones de la vulnerabilidad

En este apartado ahondamos en las diversas subcategorías sobre las dimensiones de la vulnerabilidad vivenciadas por los/as entrevistados/as en Chile.

Terremoto 2010 y crisis migratoria

Respecto a sus experiencias en Haití, los/as entrevistados/as manifiestan que el terremoto de 2010 cambiaría sus vidas. Algunos de ellos/as tuvieron que verse enfrentados tanto a la pérdida de familiares, amigos, y conocidos, como a las pérdidas materiales. Lo devastador del terremoto no solo se vio en la destrucción de casas y edificios en Puerto Príncipe, sino también en la crisis socioeconómica que irrumpió luego de la catástrofe. En palabras del entrevistado:

Muy mala la experiencia tanto en lo económico, emocional, psicológico, en todos los sentidos porque en mi familia lo perdimos todo (…) la casa que teníamos, todo todo (…) la casa se derrumbó y era donde nos criamos, donde mis hermanos nacieron, etc. (...) a mi familia nos afectó en todos los aspectos, todas las dimensiones de la vida, tuvimos que empezar de cero. (Jean-Piere, hombre haitiano).

Así, los proyectos migratorios generados luego de la catástrofe de 2010 responden a un un momento de inestabilidad social y económica que sufría Haití. Asimismo, se revelan los impactos emocionales que trajo consigo la pérdida de familiares y amigos, así como ser testigo de un país devastado por el terremoto.

Barreras para obtener documento nacional de identificación

Un tema recurrente identificado por la mayoría de los/as entrevistados/as es el de las dificultades para obtener el documento de identificación nacional.

Entonces si uno no tiene el Rut (Documento Nacional de Identificación) chileno no eres nadie. A todas las situaciones primero te preguntan: “¿Tiene Rut?”. “No”, “entonces no”. Entonces hubo un tiempo que ni siquiera salía a la calle, me sentía tan limitada, entonces yo creo que es algo que trae mucha frustración y afecta mucho las expectativas con las que llegan los haitianos acá a Chile. (Cecile, mujer haitiana).

De esta manera, la falta de documentación en Chile genera una limitación en el campo de acción de los/as migrantes, al no encontrarse considerados en los marcos de legalidad en diversos contextos de la vida cotidiana.

Acceso al sistema de salud en Chile

Referente al acceso al sistema público de salud, se evidencia una falta de información para los/as migrantes haitianos sobre el funcionamiento de dicho sistema en su idioma natal, así como la ausencia de intérpretes, lo que produce dificultades al momento de acceder a la red de salud pública. Esta situación se ve reflejada en las siguientes citas:

Los chiquillos (las personas de Haití) iban al hospital, les daban un remedio y los citaban a la hora siguiente y no volvían, porque no cachaban (entendían) que tenían que volver. Y también la función del funcionario que es medio discriminador, entonces tampoco reciben muy buena atención ni buen trato. (Fabiana, trabajadora comunitaria).

Muchos no están inscritos en los consultorios (centros de salud pública comunitaria) (...) yo tengo que decirles que ese doctor es bueno, que esa enfermera que viene a ponerles (la vacuna) es buena, porque si yo no les digo, no se ponen la vacuna, porque ellos no hablan el español muy bien y no entienden. (Susana, trabajadora comunitaria).

En este sentido, se observa que la dificultad de acceso a los sistemas de salud público está dada por la falta de información y servicios en su idioma natal, así como por una intransigencia en las diferencias culturales hacia el migrante haitiano, lo que dificulta su incorporación al sistema de salud.

Barreras legales e idiomáticas para acceder al trabajo

Las principales dificultades para acceder al trabajo son la falta de legislación, lo que deja en evidencia diversas injusticias laborales y malos tratos hacia los/as haitianos/as. A lo largo de los relatos se deja entrever una estructura ocupacional del país que refuerza la irregularidad del proceso migratorio, así como la escasa fiscalización estatal en torno a la jornada laboral, salario mínimo, pagos de imposiciones, previsión, entre otros. En palabras de André:

Primero, encontré un trabajo en una verdulería ahí, pero al principio casi como de voluntario, porque casi no me pagaban. A veces me daban 200 mil pesos (aproximadamente 260 USD), cuando le conviene, porque al comienzo no tenían entradas. (André, hombre haitiano).

La barrera idiomática al migrar a Chile es otra de las dificultades a la que los/as migrantes haitianos/as se ven enfrentados/as. Esta barrera se presenta en diversos ámbitos al momento de desenvolverse en el país, así como está presente en las posibilidades de conseguir un trabajo, tal como se observa en la siguiente cita:

Es primordial tener dominio del idioma, porque hay muchos haitianos que están siendo engañados, porque no tienen el idioma, están siendo abusados, trabajan sin contrato, los hacen trabajar, no les pagan, le hacen firmar papeles porque saben que no entienden lo que están firmando. (Cecile, mujer haitiana).

Discriminación y violencia

Los y las migrantes haitianos/as se ven afectados/as por experiencias de discriminación, violencia y segregación, las que se explican en relación directa con su color de piel. En este sentido, la experiencia de ser migrante negro en Chile está atravesada por un estigma racial que se materializa en tratos y prácticas. Como señalan las entrevistadas:

Hay muchas personas como que deshumanizan a los inmigrantes y sobre todo a los haitianos, porque no tienen el idioma, son de color de piel diferente; entonces, se sienten deshumanizados, no se sienten bienvenidos en el país. (Cecile, mujer haitiana).

Lo que yo pude aprender acá con algunos chilenos, es que cuando estaba en Haití no sabía mucho de racismo, pero cuando llegué a Chile hubo muchas personas que me miraban mal, que eran racistas y que me discriminaban. Por eso, también he encontrado muchas buenas personas, pero también mucho racismo. (Dominique, mujer haitiana).

Precariedad habitacional e incendio

Las condiciones de habitabilidad dan cuenta de viviendas deterioradas situadas en galpones, casonas o cités. Estos lugares son subdivididos en piezas, que son arrendadas entre 150 mil y 200 mil pesos chilenos (entre 190 y 260 USD), lo que representa un alto costo en comparación con la mala calidad de las viviendas. Lo anterior se refleja en las palabras de la entrevistada: “Viven en unas comunidades muy precarias donde no se fiscaliza que el dueño de un galpón tenga cien personas viviendo en cinco piezas, y por eso es que son los incendios. (Susana, trabajadora comunitaria)”.

Por otro lado, las autoridades municipales no se hacen presentes al momento en que la comunidad vivencia el incendio. Esta ausencia conduce a que las personas afectadas por el siniestro perciban que no son tomadas en cuenta al momento de recibir ayuda. Tal como nos cuenta Jean-Piere:

Yo creo que lo que sucedió, en cierto modo y con lo poco que pude hablar con ellos, le hizo cambiar su expectativa sobre el país y muchos me lo expresaron. Me decían: “Pucha, este país no sirve, a nosotros no nos consideran como seres humanos, a nadie le importa lo que pase con nosotros”. Y yo les decía: “Pero cómo a nadie si ahí hay mucha gente que viene a ayudar”, y me respondieron que cuando se referían a nadie se estaban refiriendo a las autoridades. (Jean-Piere, hombre haitiano).

En el contexto posterior al incendio, las familias se vieron forzadas a seguir viviendo en la casona siniestrada, lo cual las expuso a mayores situaciones de precariedad y ausencia de servicios básicos. Así lo relata una de las entrevistadas:

Luego del incendio, estábamos viviendo en la casa sin luz y alumbrándonos todos con velas. Cada persona estaba dentro de su pieza con una vela. En las mañanas, como no teníamos agua, había algunas personas que nos traían agua para tomar. (Dominique, mujer haitiana).

Afectación psicológica producto del incendio

Una de las principales afectaciones psicológicas que experimentaron las personas aquejadas por el incendio ocurrido en la casona fue el recuerdo constante del evento traumático vivido, lo que podría evidenciar secuelas de tipo psicológico a largo plazo. Como relata Dominique:

Esa experiencia me afectó mucho, también a mi hijo, puesto que no sabía que la casa se iba a quemar de esa forma. Sigo pensando en ese día, pensaba que estaba con mi bebé de tres días. Aún después del incendio sigo pensando es eso, fue una experiencia que me marcó. Pienso que el bebé puede tener algo malo mentalmente debido al humo que inhaló en tres días de nacido (...), hay momentos en que estoy jugando con el niño y se me viene a la mente ese recuerdo y siento que sí me ha afectado mucho. (Dominique, mujer haitiana).

Por otra parte, si bien la municipalidad participó como mediadora entre las familias y el dueño de la casona, quien seguía cobrándoles arriendo a pesar de que la vivienda estaba quemada y el ambiente era insalubre. No obstante, luego de un tiempo, debido a la inhabitabilidad del lugar, la municipalidad dictaminó que debían desalojar la casona sin ofrecerles otras alternativas habitacionales. Esto se refleja en el testimonio de uno de los afectados:

Cuando llegó ese día, vienen con Carabineros (policía chilena), gente de la municipalidad, con el camión de la basura (…) me da risa, pero, al fin, hay cosas que uno se tiene que reír, porque si no es reír o llorar, pero es mejor reír que llorar. Ellos vinieron con el camión de la basura para recoger las cosas de la gente, por ejemplo. las camas, su televisor, todo, para llevarlo a otro lugar. (André, hombre haitiano).

Como demuestran los anteriores relatos, la experiencia del incendio ha tenido diversas consecuencias. Por una parte, visibiliza la precariedad y los abusos a los que son sometidos las personas haitianas al forzarlas a un pago exacerbado de arriendo a pesar de las precarias condiciones y la falta de fiscalización municipal de estos inmuebles. Por otra parte, revela los efectos psicológicos de las experiencias vivenciadas a partir del incendio. Finalmente, expone la falta de apoyo y respeto de la autoridad estatal chilena hacia la población haitiana, quienes debieron transportar sus pertenencias en camiones municipales dedicados al traslado de basura.

Estrategias de resiliencia para enfrentar la vulnerabilidad

Las estrategias de resiliencia que desarrolló la población haitiana afectada por el incendio se expresaron principalmente en redes de apoyo y solidaridad de la comunidad aledaña. Esta ayuda local externa a la catástrofe permitió la articulación de nuevos mecanismos comunitarios inexistentes hasta el momento del incendio, los que se han mantenido hasta la fecha. Así lo relata una de las entrevistadas:

Después de esto (del incendio) viene el apoyo de las personas que nos traen ropa, comida, agua (…) luego un día llega la municipalidad y traen algunas cositas para comer; a las personas que tienen niños les traen pañales, pero la principal ayuda que recibimos fue de las personas que con su propia voluntad nos llevaban casi todas las semanas agua, comida, ropa, pañales y otras cosas hasta que finalmente salimos de esa casa. También recibimos apoyo desde algunas personas de la comunidad haitiana, quienes nos traían cosas. (Dominique, mujer haitiana).

A nivel comunitario, el incendio posicionó a este grupo de personas afectadas a abrirse al apoyo de las redes locales, que se organizaron en forma voluntaria para brindarles ayuda material, lo que les permitió iniciar un proceso de organización para la repartición de esta ayuda, afianzando de este modo las relaciones en torno a la idea de “vivir como una familia”. Uno de los afectados comenta:

Nosotros hicimos una bodega con los apoyos que la gente llevaron al hogar y cuando tuvimos suficientes cosas, comida, agua potable, pañales pa’ los niños (…) teníamos todos los nombres de las personas que estaban en la casa, que eran como 42 piezas. Ahí yo tomé el nombre de todas las personas y así repartí pieza por pieza; con la gente que tenía niños, ahí lo dividí para todos los niños que usaban pañales. En ese momento vivimos como una familia, y también había veces donde cocinábamos una sola comida para todos. (André, hombre haitiano).

Por otro lado, en el análisis de las entrevistas se puede observar que las estrategias de resiliencia podrían estar relacionadas con factores culturales, aprendizajes de experiencias pasadas y sus ganas de vivir, tal como se manifiesta en el siguiente relato:

Creo que la mayor fortaleza que podríamos tener es la gran capacidad de resiliencia. Tal vez es inconsciente, quizás porque hemos pasado tanto. Hay esas ganas de vivir, esa creencia, quizás equivocada, de que si me esfuerzo más, puedo mejorar las cosas. (Jean-Pierre, hombre haitiano).

Desde esta misma perspectiva, y de acuerdo con el relato del participante, la resiliencia sería una característica intrínseca que asumen como una capacidad y un deber de afrontar situaciones difíciles:

También otra fortaleza es la obligación o capacidad de adaptarnos ante las adversidades. Porque si no hubiéramos sido una comunidad fuerte, tal vez ya nos habríamos suicidado. (Jean-Pierre, hombre haitiano).

Tal como lo expresa el entrevistado anterior, esta resiliencia individual se manifiesta en acciones que demuestran la capacidad de afrontar adversidades y tratos discriminatorios de formas ingeniosas, como lo demuestra el siguiente testimonio: “Las calles son de todos, pero ¿sabes lo que hacen mis amigos? Tienen que polarizar su auto para que no vean quién está manejando (...) porque hay conductores que les molesta ver a un negro manejando” (André, hombre haitiano).

Finalmente, respecto a la resiliencia cultivada por las personas afectadas por este incendio, se puede observar que se circunscribe a lo que ellos identifican como fortaleza para sobrellevar adversidades. Esto se vio reflejado en sus experiencias posteriores al terremoto en Haití, que los llevó a generar proyectos de vida migratorios con el fin de buscar una mejor vida que les permitiese afrontar las diversas dimensiones de la vulnerabilidad que han experimentado en Chile.

Conclusiones

En esta sección se presenta un debate en torno al proyecto de vida de los/as migrantes haitianos/as, tanto en su país de origen como en su llegada a Chile. También identificamos distintas dimensiones del concepto de vulnerabilidad y estrategias de resiliencia desplegadas por la comunidad afectada por el incendio en la ciudad de Santiago. Por último, concluimos con una reflexión sobre la importancia de las políticas migratorias y sugerencias para estudios a futuro.

Como hemos visto dentro de los resultados de la investigación, el desarrollo del proyecto de vida de las personas haitianas, tanto en sus experiencias previas como una vez instalados en Chile, se configuró como un proceso dinámico para la activación de sus capacidades (Cutter et al., 2008). A la llegada a Chile, los/as migrantes haitianos/as se enfrentaron a diversas complicaciones, entre las que se contaban el acceso a fuentes laborales, viviendas dignas, servicios de educación, salud y trámites de visado (Villanueva, 2014). Esta situación impactó directamente en la capacidad de planificación a futuro en cuanto a condiciones materiales básicas de subsistencia, tal como ha sido identificado por Archer (2009) y Maldonado, Martínez y Martínez (2018). Por lo tanto, los cambios ocurridos en el proyecto de vida de estos/as migrantes haitianos/as, producto del terremoto que devastó a Haití, no solo se centran en obtener un beneficio económico, sino que se presentan otras motivaciones como la posibilidad de autorrealización personal o familiar, o la continuidad educativa.

A nivel laboral en Chile, el hecho de trabajar diariamente no les impide tener un proyecto de vida sostenible en el tiempo, puesto que esto no significa desmantelar proyectos anteriores, sino más bien los impulsa a seguir trabajando y reconstruyendo sus planes a futuro, lo que demuestra un grado importante de resiliencia. De acuerdo con los testimonios de los/as participantes de este estudio, el volver a su país en peores condiciones de las que se fueron supondría un juicio social, que implicaría haber fallado al imaginario de alcanzar el “éxito” con que está asociado el hecho de migrar. Por otro lado, si bien no hay un proyecto de vida estable, el vivir en Chile se presenta como un horizonte donde las oportunidades laborales y las mejoras en la calidad de vida eventualmente podrían ocurrir, lo que los insta a seguir adelante con sus proyectos de vida en Chile a pesar de la incertidumbre, en contraste con la posibilidad de retornar al país de origen.

En lo que se refiere a las dimensiones de la vulnerabilidad, la presente investigación visibiliza las diversas vulnerabilidades a las que los/as participantes están expuestos y su capacidad de resiliencia en contextos de desastre que afectan sus futuros proyectos de vida. Sumado a lo anterior, la vivencia del terremoto de 2010, junto con el incendio de la calle Cienfuegos, trajo consigo una precarización en la calidad de vida de estos/as migrantes, ante lo cual se vieron obligados a desplegar estrategias de resiliencia de orden diario.

De los relatos de los/as entrevistados/as se desprenden tratos discriminatorios, que no solo se enmarcan en el hecho de recibir comentarios peyorativos, sino que sus vivencias son permeadas por una barrera que les impide comprender y ser comprendidos como personas sujetas a derechos. Entendemos esta barrera como racismo, en cuanto se generan procesos de estigmatización en torno al imaginario sobre el migrante haitiano que afectan la sensación de seguridad y aceptación en el nuevo destino. Coincidimos con Correa (2016) en que dichos imaginarios producen jerarquías entre grupos sociales de un yo/otro-nosotros /ellos que instauran diferenciadores de la otredad sobre la base de ciertos atributos que refieren a una “segunda naturaleza inferior” del inmigrante (Correa, 2016, p. 42).

Otro de los hallazgos que se desprenden del estudio son los problemas de salud mental que pueden desarrollar los/as migrantes. A nivel psicológico, Papanikolaou et al. (2011) plantean que a pesar de que una población puede verse enfrentada a más de un desastre -el cual puede diferir en sus cualidades-, estos tienen características comunes en lo que se refiere a la posibilidad de que aquellos afectados desarrollen problemas de salud mental. En el caso de los/as participantes de este estudio, si bien los efectos del terremoto e incendio no se manifiestan abiertamente, las condiciones de vulnerabilidad a las que son sometidos hace suponer que estas vivencias siguen presentes en sus vidas cotidianas posteriores, tal como lo manifiesta una de las entrevistadas al mencionar que recuerda compulsivamente el incendio, y una trabajadora comunitaria que refiere a los estados de desesperanza y depresión en los que incurrieron luego del siniestro de la calle Cienfuegos. Esto es coincidente con la sintomatología del síndrome de Ulises, que se caracteriza por el malestar, la desesperanza, el desánimo, la depresión y el sufrimiento que experimentan muchos migrantes al estar lejos de su tierra (González Calvo, 2005).

Respecto a las diversas dimensiones de vulnerabilidad presentadas en este estudio, coincidimos con Sawada y Takasaki (2017) en que las poblaciones migrantes pueden ser más susceptibles a desastres, como consecuencia de las condiciones materiales precarias a las que se ven expuestos. Asimismo, los resultados coinciden con Arteaga y Pérez (2011), en el sentido de que las comunidades despliegan estrategias individuales y colectivas para mantener las condiciones de existencia. Sin embargo, las estrategias individuales que se pueden desplegar en un escenario de desastre y vulnerabilidad son limitadas en el caso de comunidades de bajo ingreso socioeconómico. Como plantean Moreno, Lara y Torres (2019), las diversas dimensiones de vulnerabilidad que deben afrontar en forma paralela, aumentan en condiciones de desastre.

Con respecto a la resiliencia, la presente investigación propone reconsiderar las nociones de resiliencia a nivel individual y colectivo. Coincidimos con Gaisie et al. (2021) en que aún se debe investigar y llegar a consensos respecto a las dimensiones específicas de la resiliencia que se activan en contextos de desastres, puesto que los modelos propuestos no poseen aplicabilidad para las comunidades afectadas por desastres en el contexto de vivir como migrantes en otros países. En este sentido, este incendio volvió a reactivar procesos de vulneración en un contexto marcado por diversas dimensiones de vulnerabilidad. En este último evento observamos que las capacidades de respuesta y recuperación a nivel comunitario en este estudio de caso, se desplegaron principalmente a partir de las ayudas externas, tanto materiales como psicosociales. Los resultados dan cuenta de cómo las redes de apoyo locales, que no fueron afectadas por el incendio, pueden aportar en términos de acceso y movilización de recursos para hacer frente a una situación como el siniestro de la calle Cienfuegos. Si bien el estudio muestra una visión parcial de la resiliencia individual, podemos señalar que en los contextos de emergencia y desastres debemos ser cuidadosos al momento de hablar de este concepto. En el caso de migrantes afectados por un desastre, su capacidad de resiliencia puede ser instrumentalizada para evitar asumir las responsabilidades del Estado. Así, asumir a priori la condición de resiliencia y exacerbarlas, puede llevar a la invisibilización de estas experiencias de vida, depositando su capacidad de recuperación en una condición individual y cultural.

Finalmente, los resultados establecen que uno de los elementos fundamentales que vulneran los derechos de movilidad y estadía de migrantes haitianos/as en Chile son las políticas migratorias en torno a la regularización de documentos y visado, las cuales perpetúan un estadio de “irregularidad” para dicha población (Trabalón, 2018). A raíz de estas políticas migratorias segregadoras existe una invisibilización y un abandono que promueve el trabajo precarizado, situación que afectaría directamente a la población haitiana (Stang, Lara y Andrade, 2020; Thayer, 2019). Asimismo, otro aspecto de esta política migratoria dice relación con el acceso a viviendas dignas y el espacio que físicamente se dispone como ciudad para los/as migrantes haitianos/as, quienes en el caso de Santiago se ven forzados a buscar arriendos informales en condiciones de hacinamiento y sin adecuada fiscalización municipal (Aguirre, 2017). Al respecto, Tijoux (2016) sostiene que la población migrante afrodescendiente es segregada a condiciones de habitabilidad en territorios donde no sean vistos y, por tanto, a vivir condiciones infravaloradas a causa de su fenotipo.

En este sentido, uno de los principales hallazgos de este estudio dice relación con que la inserción de los/as migrantes dependería, en gran medida, de la apertura de la sociedad a su recibimiento y del respaldo legislativo que asegure y prevea la protección de sus garantías dentro del país. A pesar de que existen diversas políticas migratorias que tienen como fin insertar al migrante dentro de la sociedad, estas terminan funcionando como un dispositivo que crea barreras para una inserción efectiva (Stang, Lara, y Andrade, 2020; Thayer, 2019; Trabalón, 2018). En definitiva, las políticas migratorias deberían apuntar hacia reformulaciones que disminuyan las causas de la vulnerabilidad migrante haitiana, tales como la vulnerabilidad económica, de vivienda, entre otras.

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Notas

Este artículo se vincula al proyecto PROA Nº 0667/2018: “Vulnerabilidad social y proyecto de vida: La experiencia de miembros de la comunidad haitiana afectada por un incendio ocurrido en la comuna de Santiago, Chile”, financiado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile.
Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile artículo se vincula al proyecto PROA Nº 0667/2018: “Vulnerabilidad social y proyecto de vida: La experiencia de miembros de la comunidad haitiana afectada por un incendio ocurrido en la comuna de Santiago, Chile”, financiado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile

Notas de autor

* PhD in Counselling Psychology (Psicoterapia), University of British Columbia, Vancouver, Canadá. Académica e investigadora del Departamento de Psicología, Universidad de Chile. Coordinadora e investigadora del Núcleo de Investigación e Intervención en Emergencias y Desastres (NIID-UChile), Universidad de Chile.
** PhD. in Social Sciences Research Methodology, University of Nottingham, Reino Unido. Académica e investigadora del Departamento de Trabajo Social, Universidad de Concepción.
*** Magíster (c) en Psicología mención Psicología Comunitaria, Departamento de Psicología, Universidad de Chile. Investigador del NIID-UChile, Universidad de Chile.
**** Licenciada en Antropología, Departamento de Antropología, Universidad de Chile. Asistente de investigación del NIID-UChile, Universidad de Chile.
***** Licenciada en Antropología, Departamento de Antropología, Universidad de Chile. Asistente de investigación del NIID-UChile, Universidad de Chile.
****** Licenciado en Psicología, Departamento de Psicología, Universidad de Chile. Asistente de investigación NIID-UChile, Universidad de Chile.
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