Ensayos
CLÚSTER Y SIAL, ENFOQUES DIVERGENTES EN ESTUDIOS DEL DESARROLLO TERRITORIAL
CLUSTER AND LAS, DIVERGING APPROACHES IN TERRITORIAL DEVELOPMENT STUDIES
CLUSTER E SIAL, ABORDAGENS DIVERGENTES EM ESTUDOS DO DESENVOLVIMENTO TERRITORIAL
CLÚSTER Y SIAL, ENFOQUES DIVERGENTES EN ESTUDIOS DEL DESARROLLO TERRITORIAL
Interciencia, vol. 42, núm. 1, pp. 51-57, 2017
Asociación Interciencia
Recepción: 11/03/2015
Corregido: 15/12/2016
Aprobación: 19/12/2016
Resumen: El Sistema Agroalimentario Localizado (SIAL) es una noción que sirve como enfoque teórico para el estudio de alimentos con fuertes condicionamientos territoriales que contribuyen a la generación de procesos de desarrollo en espacios rurales. Sin embargo, es común que en las investigaciones bajo el enfoque SIAL se utilicen herramientas analíticas propias del clúster. Esta situación puede generar sesgos en las etapas de concertación y activación, dada la diferencia en cuanto a los objetivos finales entre los dos modelos. Este trabajo aborda la naturaleza de las diferencias entre la noción SIAL y el concepto clúster con el fin de delimitar de manera clara las herramientas analíticas apropiadas para el análisis de sistemas agroalimentarios localizados. La discusión muestra que el enfoque SIAL tiene mayor profundidad pues asume una visión sistémica y territorial y una pretensión explicita de mejorar la calidad de vida de la sociedad. La distinción entre clúster y SIAL se hace necesaria dado que ambos enfoques han generado esfuerzos de política pública centrados en el desarrollo territorial, pero las estrategias, objetivos y resultados pueden ser muy diferentes. Desde el enfoque del clúster, la esencia misma del SIAL podría considerarse como su principal deficiencia.
Palabras clave: Clúster, Desarrollo Territorial, Enfoque Territorial, Especificidades Territoriales, SIAL, Ventajas Competitivas.
Abstract: The Local Agri-food System (LAS) is a concept that serves as theoretical approach for the study of food staples with strong territorial conditionings that contribute to the generation of development processes in rural spaces. However, in research under the LAS approach, analytical tools belonging to the cluster are commonly used. This situation can generate biases in the negotiation and activation stages, given the difference inasmuch the final goals of the two models. This paper addresses the nature of the differences between the LAS notion and the cluster concept, so as to demarcate in a clear fashion the appropriate analytical tools for the study of local agri-food systems. The discussion shows that the LAS approach has a greater depth as it assumes a systemic and territorial viewpoint, and the explicit claim to improve the living conditions of society. The distinction between cluster and LAS becomes necessary since both approaches have led to public policy efforts centered in the territorial development, but the strategies, objectives and results can be very different. From the cluster viewpoint, the essence of LAS could be considered as its main deficiency.
Resumo: O Sistema Agroalimentar Localizado (SIAL) é uma noção que serve como base teórica para o estudo de alimentos com fortes condicionamentos territoriais que contribuem à geração de processos de desenvolvimento em espaços rurais. No entanto, é comum que nas investigações sob o conceito SIAL, sejam utilizadas ferramentas analíticas próprias do cluster. Esta situação pode gerar vieses nas etapas de concertação e ativação, devido à diferença em relação aos objetivos finais entre os dois modelos. Este trabalho aborda a natureza das diferenças entre a noção SIAL e o conceito cluster com o fim de delimitar de maneira clara as ferramentas analíticas apropriadas para a análise de sistemas agroalimentares localizados. A discussão mostra que o ponto de vista SIAL tem maior profundidade pois assume uma visão sistêmica e territorial e uma pretensão explicita de melhorar a qualidade de vida da sociedade. A distinção entre cluster e SIAL é necessária devido a que ambas abordagens têm gerado esforços de política pública centrados no desenvolvimento territorial, mas as estratégias, objetivos e resultados podem ser muito diferentes. Desde o ponto de vista do cluster, a essência mesma do SIAL poderia considerar-se como sua principal deficiência.
Introducción
Poco después de la formulación de la teoría de polos de desarrollo (Perroux, 1955; Boudeville, 1968), se implementaron en América Latina estrategias que tenían como fundamento este modelo, principalmente en Bolivia, Chile, Colombia y Perú (Boisier, 1976). Bajo ese paradigma se pensaba que el establecimiento de unidades claves en zonas económicamente atrasadas, generaría desarrollo como resultado de fenómenos multiplicadores. Este modelo consideraba que se producirían efectos input-output por el establecimiento de proveedores, altas tasas de inversión y reinversión, ventajas de localización y mejoras en conocimientos, técnicas y capacidad empresarial derivados de la imitación y el aprendizaje. Básicamente, se pensaba que se iniciaría un proceso de crecimiento económico generado desde fuera (exógeno). No obstante, los resultados prácticos demostraron que esos supuestos no se cumplían e incluso evidenciaron efectos negativos (Cuadrado, 1995). En las últimas décadas del siglo XX, el paradigma de desarrollo basado en polos industriales mostró un alejamiento entre los planteamientos teóricos y la realidad de su implementación. Centros industriales promovidos en la década de los sesenta revelaron mayor susceptibilidad a la crisis del petróleo, problemas de eficiencia, competitividad y poca efectividad de los incentivos a la inversión y empleo (Cuadrado, 1995).
La aparición de patrones de desarrollo en áreas periféricas (entendidas como regiones infra-nacionales periféricas a regiones centrales y no desde la perspectiva Wallersteiniana de centros y periferias en la economía-mundo, un concepto mucho más amplio) respecto a los centros industriales que eran, por lo general, capitales o regiones con altos niveles de urbanización, atrajo el interés sobre el fenómeno, dado que indicaba la importancia de factores endógenos (aspectos sociales, culturales e históricos) que hasta el momento no habían sido considerados como relevantes (Garófoli, 1995). Se comenzó a dar importancia a especificidades regionales para controlar localmente la acumulación, la capacidad de innovar y la habilidad para desarrollar interdependencias productivas, intrasectoriales e intersectoriales (Garófoli, 1995). A esta visión se correspondieron los enfoques territoriales, los que entendieron al desarrollo como un proceso de crecimiento económico derivado de un cambio en la estructura productiva (Alburquerque, 2004) causado por una nueva articulación entre actores económicos e instituciones presentes (Schejtman y Berdegué, 2004), cuyo fin último era la mejora de la calidad de vida (Alburquerque, 2004). El enfoque territorial se basa en la idea de que los territorios han tenido procesos históricos que les han posibilitado construir identidad y cultura propia, aspectos que dan forma a los intereses y vínculos de los grupos sociales ahí asentados, lo que les permite focalizar y dar sentido a sus necesidades, resolver sus problemas y usar sus recursos; es decir, adueñarse de la conducción de su proceso de desarrollo (Vázquez, 2007).
El debate entre los diferentes planteamientos territoriales ubica dos aspectos que permiten el encuentro entre las distintas perspectivas de este enfoque; por un lado está el que se refiere al uso eficiente de los recursos tanto naturales, económicos, ambientales, sociales, culturales y demás. El otro alude a la necesidad de que se dé una amplia coordinación entre los distintos actores. De esta manera, instituciones, cultura, recursos y entorno se conjuntan en una configuración compleja (Boisier, 1993) que permite diferenciar el producto de la pequeña empresa organizada como sistema productivo (Alburquerque, 2004). Sin embargo, en cada orientación ha habido una perspectiva diferente sobre cómo usar los recursos y, sobre todo, la forma que debe asumir la coordinación entre actores.
Al amparo del enfoque territorial, han surgido diferentes modelos teóricos que pretenden explicar situaciones particulares y, al mismo tiempo, convertirse en guías de intervención y de política. La base analítica de estos modelos se estableció a partir de denominadores comunes inspirados en casos de estudio circunstanciales que fueron estudiados en su dinámica específica de articulación. Dentro de éstos se ubicaron los distritos industriales (Becattinni, 1979), los entornos innovadores (Aydalot, 1986; GREMI, 1990), los clústeres (Porter, 1980), los sistemas productivos locales (Courlet y Pecqueur, 1992) y, de manera más reciente, los sistemas agroalimentarios localizados (SIAL; Requier, 1997; Muchnik y Sautier, 1998). Cada uno de estos enfoques formula planteamientos discursivos particulares desde los cuales se analizan diversos procesos de desarrollo territorial.
En el caso de los enfoques de clúster y SIAL, pese a que comparten el estudio de los fenómenos de desarrollo en su dinámica presente, cada uno se enfoca a determinadas particularidades. En el caso del SIAL, desarrolla una serie de atributos analíticos (categorías) que le posibilitan observar la sostenibilidad del sistema considerado en espacios geográficos definidos, y desde una perspectiva centrada en la interacción de los distintos actores que habitan el territorio. El enfoque de clúster, por su parte, lo hace para observar el sistema de articulaciones que potencian los procesos de competitividad con una visión prospectiva.
En este sentido, es necesario tomar en cuenta que el uso de un determinado modelo para explicar un fenómeno territorial implica la aceptación de sus supuestos teóricos básicos. En razón de lo anterior, en este trabajo se afirma que al utilizar el concepto clúster como modelo de análisis territorial, se asume una perspectiva orientada hacia la competitividad microeconómica y todas las herramientas analíticas se alinean en ese mismo sentido. Se realiza una discusión sobre los elementos centrales del clúster con la intención de hacer un contraste con los fundamentos del SIAL, a fin de argumentar sobre la pertinencia de la extrapolación de las herramientas de análisis del primero al segundo, y se trata de hacer evidente que el SIAL tiene una mayor profundidad dado que asume una visión sistémica y territorial centrada en el desarrollo de externalidades positivas y la mejora de la calidad de vida de la sociedad ahí ubicada.
El trabajo aborda, en primera instancia, los elementos centrales del planteamiento de Porter que dan origen al concepto clúster. Posteriormente se describe su evolución y las críticas a su solidez conceptual. Luego se detalla el origen del SIAL a partir del estudio de la agroindustria rural y se delimitan los elementos territoriales que le dan fundamento. Se describe su cercanía con conceptos como el SPL y el ‘distrito industrial’ italiano. Tras desarrollar un comparativo entre ambas dimensiones, donde se resaltan sus diferencias en cuanto a sus objetivos, herramientas de análisis y escenarios de intervención, se plantean, finalmente, algunas consideraciones sobre el contraste realizado.
Primer Escenario: La Noción Clúster
El clúster como concepto aplicado al análisis del desarrollo de las empresas ha sido frecuentemente utilizado para el estudio de economías de aglomeración en el sector industrial y, de manera más reciente, en el sector agrario. Como enfoque, ha tenido mucha aceptación en la discusión sobre la competitividad y ha inspirado propuestas de políticas públicas en distintos países de Europa, América, Asia y Oceanía, y en particular, en países miembros de la OCDE (Altenburg y Meyer-Stamer, 1999; Roelandt y Den Hertog, 1999; Nishimura y Okamuro, 2011).
Porter (1991) fue quien usó inicialmente la noción y desde entonces se ha consolidado como una categoría para explicar la competitividad regional de aglomeraciones de unidades económicas (Fernández-Satto y Vigil-Greco, 2007). Aparece por primera vez en 1990 en La Ventaja Competitiva de las Naciones y, de manera más explícita, en 1998 en Clusters and New Economics of Competition, ambos de la autoría de Porter. En estas obras se define a los clústeres como concentraciones de empresas interconectadas, suministradores especializados, proveedores de servicios, empresas de sectores afines e instituciones conexas que compiten entre ellas pero que también cooperan entre sí (Porter, 1991). Al igual que otras categorías de análisis relacionadas con la aparición de ventajas espaciales, el clúster tiene como antecedente la visión Marshaliana de ‘distrito industrial’. Sin embargo, de acuerdo a la OCDE (1999) en este enfoque los vínculos relevantes se restringen a los que existen entre los elementos de la cadena de valor.
La explicación central del clúster expone la forma en que las aglomeraciones de empresas especializadas dentro de un sector obtienen una eficiencia colectiva mayor a la que podrían conseguir de manera individual, gracias a una cooperación intralocal (Fernández-Satto y Vigil-Greco, 2007). Se argumenta que esta cooperacióncompetencia posibilita el desarrollo de innovaciones que, aunadas a ventajas estáticas de localización y aglomeración, dan la posibilidad de diferenciar la calidad de los productos o de hacer más eficiente el uso de los recursos para elaborarlos.
El concepto clúster asume una perspectiva tradicional de competitividad centrada en la búsqueda de menores costos de producción (capital, insumos y mano de obra) y una mayor participación en los mercados o márgenes de utilidad más altos. En particular, en América Latina, se han hecho intentos por conducir la política industrial y agraria hacia la conformación de estos agrupamientos de empresas y se han invertido múltiples recursos para tratar de que funcionen como clústeres naturales. No obstante, los resultados de la aplicación de políticas basadas en la promoción de éstos han sido inciertos, cuando no francamente negativos, en los distintos países en que se han llevado a cabo (Enright y Ffowcs-Williams, 2000; Arancegui, 2003), ya que para que el clúster funcione requiere de empresas innovadoras, basadas en un escenario de especialización productiva creciente y asentadas en un ámbito de buena gobernanza local (Debuyst, 2009). En síntesis, la evaluación de este tipo de estrategias asume que los resultados deben ser positivos siempre y cuando ocurran otras circunstancias más favorables, difíciles de encontrar en la realidad actual (Querejeta y Navarro, 2003).
Segundo Escenario: La Noción Sial
La noción del SIAL surge como resultado de trabajos empíricos sobre la agroindustria rural (AIR) realizados en la década de los 80 bajo el auspicio del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). En esta investigación (Ablán et al., 1993; Chuzel et al., 1993) se estudiaron concentraciones de unidades de producción que elaboraban y comercializaban alimentos artesanales alejados de la visión moderna de competitividad y que se habían mantenido en el tiempo, generaban empleo y daban posibilidad a los campesinos de mejorar su ingreso familiar (Muchnik, 2006).
Estas características fueron delineando el concepto SIAL como el modelo de un sistema productivo circunscrito a una escala espacial determinada, resultado de la interacción de condiciones ambientales, instituciones, saberes colectivos y redes de relaciones socioculturales (Muchnik y Sautier, 1998). Es decir, se concibe al SIAL como un sistema específicamente agroalimentario, conformado por redes locales de pequeñas y medianas empresas que se apoyan en estrechas interacciones entre territorio, innovación y calidad (Boucher y Pomeon, 2010), pero que a la vez favorecen la preservación de una forma de vida.
En un SIAL las unidades de producción por lo regular se organizan como cooperativas, asociaciones campesinas o simplemente como unidades de producción familiar. A diferencia del clúster, las articulaciones ‘hacia atrás’, con los productores primarios se dan bajo una lógica ‘más cercana a la economía campesina que a la empresarial’ (Boucher y Pomeon, 2010) y vinculada a fuertes procesos de acción colectiva (Ostrom y Ahn, 2003; Camacho et al., 2012). Es decir, predomina una visión de reproducción de estrategias de vida (reproducción social o de sobrevivencia) y no de maximización de ganancias.
Ya de inicio, se destaca una diferencia sustancial entre ambos enfoques. El SIAL nace alejado de la ‘modernidad’ e incluso podría pensarse como una perspectiva contestataria o de resistencia a la manera moderna de producir alimentos. Los estudiosos que han contribuido al desarrollo del concepto, como Requier (1997), Muchnik y Sautier (1998), Boucher y Requier (2002), han resaltado su lejanía de la noción ‘tradicional’ de competitividad (Porter, 1980). De acuerdo a los proponentes del enfoque, este tipo de organización productiva contribuye a la soberanía alimentaria y mantiene vigentes productos culturalmente importantes para la alimentación local (Boucher, 2005).
Fiel a su enfoque territorial, en los estudios SIAL, los procesos de activación para la valorización de recursos específicos del territorio tienen una importancia central. Esta activación se define como la capacidad para movilizar, de manera colectiva, recursos específicos que originan características difíciles de imitar (saber-hacer particular, identidad común, reputación del producto, entre otras). Se conciben dos etapas de activación: la ‘acción colectiva estructural’ (creación de asociaciones, cooperativas u otra forma de organización) y la ‘acción colectiva funcional’. Esta última se refiere a la construcción de un recurso territorializado en relación con la calidad (p.e., obtención de marcas colectivas, sellos de calidad, denominaciones de origen, entre otras; Boucher, 2005) con énfasis en atributos como la genuinidad y tipicidad. La eficiencia en la activación está condicionada por las formas de aprendizaje y coordinación territorial entre actores individuales, colectivos y públicos, y por la expresión de sus capacidades de acción colectiva (Torre, 2000).
El concepto de Sistema Agroalimentario Localizado (SIAL) es muy cercano al del Sistema Productivo Local (SPL). Boucher y Pomeon (2010) en un intento por delimitar al SIAL argumentan que existen tres factores definitivos para la diferenciación respecto a un SPL: la naturaleza de los alimentos en razón de la carga cultural en su producción y de la importancia social del sector agroalimentario; las disciplinas movilizadas dada la complejidad de su estudio; y las características de los actores y las instituciones que lideran los procesos de innovación. Sin embargo, los estudios sobre SPL no han circunscrito su esfuerzo analítico únicamente a los sectores industriales. Trabajos realizados por economistas italianos han abordado la cuestión agrícola desde la perspectiva de los SPL (Becattini y Omodei, 2004) y han llegado a definiciones muy cercanas a la noción de SIAL. Como es claro, por la naturaleza de sus objetivos centrados en calidad de vida territorial, el SIAL es sustancialmente más cercano a los SPL y a los distritos industriales italianos que al clúster.
Clúster y SIAL: Enfoques Diferentes del Desarrollo Territorial
Los antecedentes de la noción SIAL muestran una perspectiva diferente al clúster. No obstante, es frecuente que se maneje este último concepto como herramienta para evaluar su funcionamiento, como sucede en los estudios de casos de SIAL realizados por Fournier y Muchnik, 2012 y Espinosa-Ayala et al., 2010.
Por su parte, las herramientas como el ‘diamante de Porter’ y el de fuerzas competitivas, conceptos analíticos usados de manera frecuente en estudios tipo clúster, tienen implícita la idea de que un sistema productivo necesita un desequilibrio de poder entre los actores; es decir, que para lograr una mejor posición competitiva es necesario que la empresa tenga una posición de poder sobre los proveedores de insumos o sobre los compradores, o por lo menos es lo que ocurre en los hechos. Por ejemplo, clústeres estudiados por Pietrobelli y Rabellotti en América Latina (2005) muestran, como común denominador, un alto grado de dominio de los compradores externos, quienes adquieren un poder casi total para tomar decisiones, por su capacidad para establecer las condiciones tecnológicas y de organización de los procesos de trabajo y de calidad del producto final. De esta forma, afectan a los agrupamientos al generar un modelo de integración vertical y anulan la capacidad de los mismos para tomar decisiones propias. En ese mismo estudio, se observa que la cooperación en estos agrupamientos enfatiza los vínculos verticales comerciales, caracterizados por presiones competitivas en cuanto a la calidad y costos. Las relaciones horizontales de cooperación son pocas y de corto alcance.
Por su naturaleza discursiva, el análisis clúster obvia los vínculos con las estructuras de los sistemas socioeconómicos en los que se insertan (Fernández-Satto y Vigil-Greco, 2007), lo que concuerda con el planteamiento de las fuerzas competitivas resumidas en el diamante de Porter donde el gobierno aparece como un actor secundario sin interacción directa definida, con lo que se obvia su papel determinante para generar condiciones económicas básicas de competitividad: inversión en infraestructura, subsidios e instrumentos de política.
Para un SIAL la participación de actores sociales (incluidos los gobiernos de los diferentes ámbitos administrativos) es fundamental para la promoción de las acciones colectivas, lo que es evidente desde la definición primera del concepto, donde se afirma que en un SIAL el entorno, los productos, las personas, sus instituciones, su saber-hacer, sus redes de relaciones, se combinan en un territorio para producir una forma de organización agroalimentaria a una escala espacial determinada (CIRAD-SAR, 1996).
En la perspectiva del SIAL se entiende que la distribución de la riqueza y la mejora de indicadores de calidad de vida son elementos fundamentales para evaluar el desempeño de una estrategia de este tipo (Larroa, 2010). Se entiende que la competitividad puede ser positiva para el bienestar, dado que al obtener mayores participaciones en los mercados y/o mejores precios, existe la posibilidad de una mejor remuneración para el trabajo y de generar más fuentes de empleo; no obstante, se hace evidente la necesidad de un mecanismo que garantice la dispersión de la riqueza generada.
En el corto plazo, para el cluster, la forma más rápida de disminuir los costos de producción es mediante la reducción del gasto en mano de obra o del precio pagado por los insumos en general (Bianco, 2007; Figura 1). Es una estrategia que tiende contraer los salarios y a deprimir los precios de los insumos (p.e., los precios de la leche pagados al productor).


Dentro de la clasificación de los clústeres, aquellos formados por pequeñas empresas se consideran marginales por su informalidad, baja calidad y su poca capacidad empresarial. En cambio, se promueven los que tienen como núcleo a grandes empresas, que participan en mercados nacionales e internacionales y que poseen una baja relación con empresas locales, cuya ubicación obedece a la explotación de alguna ventaja comparativa territorial (Tello, 2008; Espinosa-Ayala et al., 2010).
A su vez, el SIAL contempla las ventajas basadas en especificidades locales y en la capacidad del sistema para coordinarse y mantenerlas en el tiempo. Qué tan diferenciables sean los bienes depende de qué tanto el proceso de elaboración implique conocimientos tradicionales sedimentados en el territorio a lo largo de su historia (know-how local) y qué tanto estos procesos favorecen la inserción de las propiedades en la práctica productiva. De esta forma, las especificidades de los productos provienen más del entorno sociocultural y del territorio que de las acciones de las unidades de producción en el corto plazo.
Lazzareti (2006) realiza una discusión sobre la diferencia entre el concepto de clúster y el de ‘distrito industrial’ y asegura que una de las principales diferencias es su ‘intención’. Mientras el distrito busca generar un modelo de desarrollo territorial que conjugue bienestar económico y social; para el clúster, el componente social solo es un ‘telón de fondo’ de relevancia secundaria (Lazzareti, 2006). En este sentido, el SIAL comparte plenamente la ‘intención del distrito industrial’, y por tanto, esta diferencia fundamental con el clúster.
En síntesis, podemos afirmar que si bien clúster y SIAL son modelos de desarrollo territorial, el primero solo considera las especificidades territoriales como una suerte de insumo para el desempeño competitivo de la cadena de valor (aún dimensiones intangibles como el capital social y la cultura). Por su parte, el SIAL asume la visión de territorio complejo en virtud de las múltiples relaciones históricas entre los actores, por lo que difícilmente estos factores serán vistos como secundarios, dado que de ellos vienen las características esenciales que valorizan sus productos y procesos (Tabla I).

A pesar de que ambas nociones tienen origen en el interés de ahondar en la explicación sobre la relación entre territorio y desempeño económico, para la perspectiva del SIAL los procesos de apropiación son de importancia fundamental, no solo como medio para el crecimiento económico sino como un fin en sí mismo, al considerar que esta estrategia impulsa procesos de acción colectiva y de territorialización establecidos en su catro ejes rectores: anclaje territorial, procesos de activación, calificación y certificación de vínculo entre calidad y territorio, constitución y conservación del patrimonio territorial.
En este sentido, mientras desde una perspectiva de clúster la promoción del desarrollo tiene como interés único conseguir la competitividad microeconómica de cada una de las empresas que forman la cadena de valor, las acciones para el fortalecimiento de un SIAL pueden retroactuar hacia el empoderamiento social y acciones de defensa del territorio (Larroa, 2010).
Conclusiones
Como modelos de análisis, SIAL y clúster son dos perspectivas claramente diferenciables. Cuando se realiza un diagnóstico desde la perspectiva de un clúster, se califica a las empresas en función de su capacidad competitiva y lo mismo pasa con la totalidad del conglomerado de empresas. En función de este diagnóstico, se diseñan estrategias para fomentar este atributo, tanto para cada empresa individual como para el colectivo. El objetivo del diagnóstico, análisis y planificación tendrá como fin principal la mejora de la competitividad. Por tal motivo, en el clúster predominan análisis sectoriales que hacen referencia a las estructuras de la cadena y sus relaciones de naturaleza transversal o en el mejor de los casos longitudinal pero sólo en relación a la cadena de valor o sector.
En contraste, para el enfoque SIAL la perspectiva histórica es esencial, de ahí que sus herramientas aborden los vínculos, las estructuras y las redes de los sistemas productivos a lo largo de una escala de tiempo (p.e., la historia oral, las genealogías y las trayectorias tecnológicas, usadas por Grass Ramírez et al., 2012). Esta necesidad analítica tiene como fundamento la particularidad del papel del conocimiento y de otras categorías culturales en la delimitación de un SIAL. No de cualquier tipo de conocimiento sino aquellas habilidades y saberes resultado de una acumulación profunda durante largos periodos de tiempo, que diferencian los productos y caracterizan sus procesos dentro de un territorio específico.
He aquí una diferencia sustancial en cuanto al fundamento competitivo de los dos modelos. Para el clúster la competitividad tiene raíces microeconómicas y deviene de lo que la empresa puede hacer o lo que el colectivo hace pero que redunda, a final de cuentas, en el aumento de la competitividad individual. Para el SIAL, en cambio, el fundamento de su ‘competitividad’ está en el territorio y, en específico, en la cultura de la sociedad asentada en él. Por tal motivo, las herramientas de diagnóstico y las estrategias del SIAL se enfocan a responder preguntas como las siguientes: ¿Cómo lograr la valorización de las propiedades que el territorio introduce al producto? ¿De qué forma sostener en el tiempo la cultura alimentaria? ¿Cómo evitar la transformación del alimento artesanal de alta calidad en uno industrial genérico? ¿Qué se tiene que hacer para generar procesos de desarrollo económico que a la vez sostengan los sistemas culturales que dan origen a los procesos de localización de los alimentos y des esta manera forjar procesos de desarrollo real que involucren otras dimensiones relacionadas con la calidad de vida y no solo privilegien el aspecto económico?
Dado lo anterior, es evidente la inconveniencia de utilizar la noción de clúster en etapas de diagnóstico y activación de un SIAL. Si tratamos de responder a las preguntas fundamentales del análisis del SIAL bajo la premisa de competitividad microeconómica del clúster se tendrían diagnósticos con información insuficiencte, enfoques limitados y propuestas de acciones incongruentes con la esencia del modelo.
Desde la perspectiva del clúster se abogaría por la construcción de encadenamientos verticales para mejorar la situación del mercado, principalmente ‘hacia delante’ en la cadena productiva, lo que en el sector alimentario significa eslabonarse con grandes almacenes comerciales transnacionales, y poco o nada se considerarían las distintas estrategias basadas en canales cortos. En síntesis, desde este enfoque, la esencia misma del SIAL podría considerarse como su principal deficiencia.
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Notas de autor