DE FRONTERAS A ESPACIOS FRONTERIZOS: CONSIDERACIONES DESDE LA HISTORIA REGIONAL
FROM BORDERS TO BORDER AREAS: CONSIDERATIONS FROM THE REGIONAL HISTORY
DE FRONTEIRAS A ESPAÇOS FRONTEIRIÇOS: CONSIDERAÇÕES A PARTIR DA HISTÓRIA REGIONAL
DE FRONTERAS A ESPACIOS FRONTERIZOS: CONSIDERACIONES DESDE LA HISTORIA REGIONAL
Interciencia, vol. 42, núm. 4, pp. 256-262, 2017
Asociación Interciencia
Recepción: 03 Mayo 2016
Corregido: 22 Marzo 2017
Aprobación: 24 Marzo 2017
Resumen: Tradicionalmente el estudio de los espacios fronterizos ha sido emprendido desde las relaciones internacionales, privilegiándose en los análisis el rol del Estado con un marcado protagonismo, determinante de un conjunto acciones en diferentes campos. En este artículo, se presenta una visión sobre las nuevas conceptualizaciones en torno a los espacios fronterizos que los constituyen en posibles contenidos a trabajar desde los anclajes analíticos de la historia regional. Tomando como ejemplo los espacios fronterizos del extremo norte de Chile, podríamos definirlos como un objeto de estudio con particularidades propias y necesarias de entender a partir de la historia regional.
Palabras clave: Espacios Fronterizos, Estado, Extremo Norte de Chile, Historia Regional..
Abstract: Traditionally, the study of border areas has been approached from the viewpoint of international relations, with emphasis on the analysis of the prominent role of the State, a strong determinant of the main actions in political, social, cultural, economic, educational fields, etc. This article presents a vision on the new conceptualizations regarding border areas, which constitute possible topics to be approached from the analytical anchors of regional history. Considering the border areas of Northern Chile as an example, we could define them as an object of study, with their own peculiarities that need to be to understood stemming from the regional history.
Resumo: Tradicionalmente o estudo dos espaços fronteiriços tem sido empreendido partindo das relações internacionais, privilegiando-se nas análises o papel do Estado com um marcado protagonismo, determinante de um conjunto ações em diferentes campos. Neste artigo, é apresentada uma visão sobre as novas conceptualizações em torno dos espaços fronteiriços que os constituem em possíveis conteúdos a trabalhar a partir das ancoragens analíticas da história regional. Tomando como exemplo os espaços fronteiriços do extremo norte do Chile, poderíamos definilos como um objeto de estudo com particularidades próprias e necessárias de entender da perspectiva da história regional.
Introducción
La historia del extremo norte de Chile ha estado condicionada por una serie de hitos estructuradores de su desarrollo, los cuales mirados desde el presente dejaron su respectiva impronta. Quizás una de las páginas más apasionantes como objeto de estudio histórico lo constituye el período que va entre 1880-1929, cuando como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879-1884) Chile ocupó por casi 50 años los territorios de Tacna y Arica. Las victorias militares obtenidas en aquellos territorios hacen efectiva la ocupación, iniciándose desde ese momento un dominio que por diversos aconteceres se prolongaría muchos años, con los consiguientes procesos que buscarían incorporar de forma efectiva dichos territorios a las ideas de modernidad imperantes en el Chile decimonónico. Los principios políticos, sociales y económicos del liberalismo triunfante comenzaron así toda una etapa de consolidción: progreso económico y social, y libertad política, fueron los pilares básicos que tipificaron la modernidad del estilo de conducta que Chile plasmó en los territorios anexados (Galdames et al., 1981; Aguirre y Mondaca, 2011). Dentro de este contexto de nuestro pasado, los territorios del extremo norte pasaron a configurar una nueva frontera político-administrativa, que adquirió un dinamismo rico en los aspectos sociales, culturales e identitarios que excedieron aquella tradicional marca que imponían los límites políticos con la vecina república del Perú (Cavagnaro, 2016). Bajo esta perspectiva, vemos un Estado que asume un papel trasnacional como efecto de la guerra y que, por la extensión del período de ocupación, resulta inédito en la historia latinoamericana.
Mirado desde la actualidad, lo que se construye históricamente en el extremo norte es un territorio socio-cultural lleno de particularidades, constituyendo verdaderos espacios fronterizos, definidos por una serie de articulaciones internas y relaciones intrarregionales e interregionales. Nuestro interés en este trabajo es exponer que dado lo particular de estos lugares, pueden ser abordados desde los campos de estudio de una historia regional.
De Frontera-Límite a Espacios Fronterizos
La noción de frontera ha sido examinada tradicionalmente desde las relaciones internacionales, caracterizándose por privilegiar en los análisis el rol del Estado con un marcado protagonismo, determinante siempre de las principales acciones (políticas, económicas, culturales, educacionales, etc.) (Figallo, 2003). Todo lo anterior, muy coherente en una lógica conceptual, que para el caso de América Latina, es derivada de procesos bélicos desencadenados por razones atribuibles a la formación y consolidación de los Estados-Nación, predominando lo jurídico-político por sobre lo cultural e identitario (Meza, 2012; González, 2013; Bernecker, 2014). Recientemente se han abierto enfoques con nuevas contribuciones y con ello la transformación del concepto de ‘frontera-limite’, dando lugar a la noción de espacios fronterizos donde otros actores, no estatales, estarían desempeñando un papel importante en la configuración de los contactos entre los pueblos y sus gobiernos; asimismo, aparecen novedosas y sugerentes miradas que se dirigen simultáneamente hacia contextos nacionales y regionales, en donde fronteras y límites son realidades a considerar.
El concepto de ‘frontera’ entendido como límite geográfico, límite artificial o línea divisoria de un país o una acepción político-administrativa, ha cedido a conceptualizaciones culturales que permiten alcanzar cualquier sujeto histórico al que se desee aproximar (Figallo, 2003; Díaz, 2006). Por lo anterior, y mirado desde el momento actual, los espacios fronterizos se mueven a través de diversas dinámicas, donde tienen cabida los encuentros y desencuentros de sociedades, rupturas y continuidades, asociaciones y cooperaciones entre sujetos, acercamiento entre distintos, conflictos por hegemonías, etc. (Abinzano, 1998). Dentro de todo esto, como señala Reguera (2007) lo importante es encontrar las articulaciones entre los procesos y las tramas que vinculan a los individuos entre si y que hacen funcionar una comunidad, tanto en su expresión y convivencia interna como en su participación en un proceso regional y nacional. Hablamos de espacios al interior de los cuales “se van creando una serie de relaciones e identificaciones propias al unir entidades locales en forma independiente a otros tipos de vinculaciones” (Cavieres, 1998: 191). Sobre las particularidades de las fronteras, además se afirma que hay varias historias entremezcladas. Una habla de los territorios estatales, espacios imaginados y diseñados como potencialmente bélicos, espacios de contacto liminar de la expansión de la soberanía tanto como de la ciudadanía, límite de la represión de los derechos. Abogando por la necesidad de “construir una teoría que desconstruya (a lo Derrida) la frontera, revelando los procesos históricos a través de los cuales los límites fueron instituidos y sus significados configurados” (González, 2010: 7-8). Claramente, los espacios fronterizos son entendidos como llenos de complejidades y particularidades necesarias de revisitar desde nuevas entradas o enfoques historiográficos.
Historia Regional, Contextos y Preocupaciones
Primeramente, las propuestas para el estudio de la historia regional han tenido como contexto el rechazo del Estado. Ese Estado que para el caso de Latinoamérica aparecía como objeto exclusivo del análisis histórico. Las nuevas prácticas historiográficas abandonaron las perspectivas nacionales de análisis, reorientándose hacia nuevos abordajes que reducen los límites geográficos y donde por ejemplo el tema de los espacios fronterizos como objeto de estudio histórico, adquiere un mayor sentido. Como señala González (2013: 105), esto permite diferenciar lo jurisdiccional del Estado “de lo meramente cultural-identitario, donde las personas mantienen los rasgos simbólicos compartidos en una zona geográfica que excede lo meramente soberano de un país”. De allí que resultan algunas interesantes comparaciones que definen los espacios en historia, con sus propias fronteras históricas y geográficas con referencia a las historias nacionales vecinas, igualmente mucho más dinámicos y más variados en tonalidades y potencialidades (Cavieres, 1998).
El segundo corpus de tratamiento en torno a la historia regional adquirió relevancia desde el momento en que entró en crisis el Estado-nación y “con la irrupción del concepto de sociedades multiculturales” (Fernández, 2007: 38). En este contexto, se puso en el debate a los grupos, etnias y minorías, junto a acelerados procesos de globalización y de integración, marcando la emergencia de localismos muchas veces representados en los gobiernos existentes (Meza, 2012). En el mismo sentido Serna y Pons (2007: 24) señalan que: “…la historia de las comunidades locales, ya no puede subsumirse sin más en el itinerario prescrito de la vida colectiva. Por eso la historia local ha podido contribuir también a subvertir ciertas jerarquías de la historia tradicional. Es decir, ha introducido lo que era periférico, marginal o descentrado en el discurso histórico”.
También han emergido, junto a los ya señalados procesos de globalización, un conjunto de manifestaciones populares, locales y regionales que han provocado una serie de desencuentros con el binomio de lo nacional y la identidad. Esta última cuestión resulta ser muy relevante en el momento en que los estados acuñan la existencia de un discurso único, un solo modo de ser, de una sola identidad, “eludiendo las contradicciones en la conformación de los Estados Nacionales y negando de forma recurrente las diferentes culturas que los conforman como naciones” ( Fernández, 2007: 38). Algunos problemas de estudios en estas direcciones investigativas son señalados por Rosenblitt (2007: 158) al sostener que una de las principales cuestiones del Estado nacional “fue el como incluir regiones que se sentían portadoras de una identidad propia en un Estado nacional con el que no necesariamente se identificaban y compartían intereses y objetivos. El problema es que sobre este espacio geo-histórico actúan las historias nacionales, entonces hay que despejar el asunto de las periodificaciones que caen como automáticamente encima, sobre todo las periodificaciones políticas”. Cavieres y Cicerchia (2012) refuerzan la idea señalada al sostener que: “En América Latina, en sus nuevos Estados independientes, el tema de la identidad nacional ha sido particularmente importante desde el propio siglo XIX en adelante; el espíritu nacionalista y el interés por lograr la unidad política en los países convirtieron estas preocupaciones en unos de los principales elementos discursivos de las políticas oficiales”.
En esta mirada, los aportes de la historia regional arrojan luces de particularidades de larga duración, resistencias de comunidades, alianzas y protestas coyunturales. No obstante lo anterior, no solamente debemos reducir nuestros análisis a las estructuras internas y a las relaciones intrarregionales, sino también es preciso tener en cuenta los vínculos que se establecen con el sistema o totalidad en el cual esta insertada una región determinada, así como las relaciones interregionales (Vizcaíno, 1997).
Los colectivos historiográficos han trabajado en todas estas dinámicas, permitiendo el desarrollo de una historia con perspectivas teórico-metodológicas y que además procure entender la configuración de una región, a partir de un “denso entretejido de realidades históricas que generalmente han quedado ocultas bajo el deseo de descubrir lo ‘nacional’” (Mazzeo de Vivo et. al., 2011: 10).
Por otra parte la historia regional, como quehacer historiográfico, se sigue consolidando en los países latinoamericanos (México, Argentina, Brasil, Colombia, Chile) rompiendo con los tradicionales esquemas de una crónica localista y dando paso a miradas que ven en este tipo de abordajes una capacidad de aproximar una explicación histórica de procesos que ocurren en un espacio determinado a partir de componentes propios, así como de sus contextos (Miño, 2002). Es una manera de diferenciarse de descripciones costumbristas, donde están ausentes los procesos históricos y “definiciones de lo que entendemos por región tanto desde el punto de vista geográfico como sociopolítico” (Castro, 2007: 246). El dinamismo y vitalidad de los estudios regionales presenta rasgos muy significativos que van desde múltiples temas, abordajes originales y desarrollos diferenciados, “aplicados en análisis sobre diversos procesos y épocas históricas…” (Fernández, 2007: 9). Una importante producción historiográfica regional va en la dirección de entender la diversidad y la heterogeneidad en contraposición a una historiografía, que “nos ha conducido a la interpretación de una única identidad histórica nacional, centralista y oficial” (Serrano, 1994: 151). Visto desde hoy, se le atribuye a este tipo de trabajos, una capacidad probada para salvar la distancia entre un nivel nacional más o menos artificial (al menos para ciertos períodos) y el ámbito de la comunidad local. Como bien concluye Bandieri (2007: 51): “…valida su posibilidad de romper con una tradición historiográfica fuertemente arraigada en nuestros países: la de construir una historia nacional encerrada en los límites del Estado-nación consolidado a fines del siglo XIX cercenando, entre otras cosas, la posibilidad de acceder al conocimiento de la riqueza y dinamismo que encierran las áreas de fronteras, entendidas como verdaderos espacios construidos socialmente en los procesos históricos de larga duración” . Complementando lo anterior, Chiaramonte (2008:16) sostiene que “…esto que llamamos, mal o bien, «historia regional» sea una necesidad, no esta en discusión, dado que se hizo necesario modificar una perspectiva historiográfica deforme fruto del «centralismo» como se suele expresar”. No hablamos desde una acepción político-administrativa de los espacios regionales que reconstruyen su historia, sino en términos de espacios al interior de los cuales se van creando una serie de relaciones e identificaciones propias al unir unidades locales en forma independiente a otros tipos de vinculaciones (Cavieres, 1998). Van Young (1987) aludiendo a estas relaciones e identificaciones previas y que son claves al momento de definir los espacios regionales como objeto de estudio, señala que generalmente no invertimos mucho tiempo tratando de a que nos referimos cuando hablamos de regiones geohistóricas. Entonces, como historiadores, nos encontramos en una posición peculiar (pero no desconocida) de estar operando con un concepto complejo antes de definirlo.
Espacios Fronterizos e Historia Regional en el Extremo Norte
En las fronteras, más allá de una línea marcada, transcurren ‘otras historias’. Son historias que quedaron siempre al margen de esa Historia oficial, que se nos enseñaba como única y verdadera (Santacruz, 2009). De allí que una de las preocupaciones de los historiadores regionales, en los circuitos actuales de la academia, es re-construir y comprender los relatos y significaciones de estas ‘otras historias’, además de cómo se encuadran a través de los nuevos trabajos en la trama de una historia nacional (Fernández, 2007). Tomando a Braudel (1993), sigue siendo urgente entonces la necesidad de: repensar un pasado que albergó en su transcurrir capas sucesivas, agregados, mezclas, pugnas, etc.; recuperar esas historias subyacentes con sus significaciones y que son ‘historias sobre historias’, para que cuando hablemos de ‘nación’, ésta sea entendida como algo dinámico donde confluyen una multitud de realidades que acontecen.
El Estado chileno, con su presencia en el extremo norte, inicia un proceso de consolidación de una cultura foránea que intentaba a lo menos subordinar a sus patrones las culturas locales (Galdames et al., 1981; Aguirre y Mondaca, 2011). Otras miradas sostienen que Tarapacá, región situada en el extremo norte, “fue inventada por el Estado chileno, luego de su victoria sobre los países de Perú y Bolivia en la Guerra del Pacífico” (Podestá, 2004: 21). Complementado los aportes de dichos enfoques, lo cierto es que se fue definiendo en los territorios señalados una nueva construcción de espacio fronterizo, tal cual señala Castro (2007: 247), definido “por articulaciones y conflictos de las poblaciones indígenas una vez establecidas administrativamente las fronteras entre Chile y Bolivia” (Castro, 2007: 246).
De acuerdo con lo anterior, dichos procesos merecen una aproximación histórica, dada su concurrencia en un espacio determinado (espacios fronterizos) a partir de “componentes endógenos, como de los contextuales” (Castro, 2007: 246). Toda realidad histórica se puede restituir apelando siempre al contexto. Para Serna y Pons (2007: 28) el contexto puede ser entendido “como una re-construcción minuciosa del espacio local en que se inserta en las vidas de los sujetos que estudiamos ¿y por qué local? porque la vida real siempre tiene un locus concreto dentro del cual los individuos emprenden sus acciones”. Aquí radícan las particularidades de es- tos espacios que, desde una perspectiva reciente pueden ser campo de estudio teórico-metodológico para los enfoques de la historia regional. En otras palabras, podríamos definir los espacios fronterizos como un objeto de estudio con particularidades propias abordables, necesarias de entender y descubrir a partir de los campos de la historia señalada. Lo que ocurre en el extremo norte, desde la instalación del Estado chileno decimonónico, es una serie de procesos y episodios, trágicos en muchos casos (Guerra del Pacífico) que marcaron diferenciaciones entre los Estados, encuentros y desencuentros de sociedades, con efectos que aun se extienden y manifiestan ( Figallo, 2003; Podestá, 2004; Castro, 2007).
Es posible, por lo tanto, intentar encontrar contenidos de estudios desde la historia regional en los espacios fronterizos señalados, hacer reconstrucciones de ese pasado y ver también cómo es factible insertarlos en las dinámicas de las narrativas históricas nacionales, las cuales deben enriquecerse con la incorporación de estas nuevas historias, que superen algunos estereotipos que hoy generan tensiones y poder recuperar ‘pasados plurales’ sin dogmatismos ni ‘modelos enlatados’ (Bernecker, 2014; Pérez, 2014). Es una tarea urgente de la historia regional contribuir desde los espacios fronterizos, por ejemplo, con el estudio de las “correctas contextualizaciones del pasado especialmente si ellas se refieren a situaciones de conflicto” (Cavieres, 2006: 13). Además, en el caso específico de las ciudades de Arica y Tacna, abordar una variedad de aspectos históricamente muy profundos, como lo son las interrelaciones familiares, sociales, económicas y culturales que han perdurado en el tiempo. No debemos olvidar que la historia, entendida como un proceso complejo, incluye muchos actores y materias contingentes. A través de los estudios históricos regionales, las tradicionales fronteras políticas casi estáticas trazadas como manifestaciones de los nacionalismos ligados a los contextos del siglo XIX, dan paso a dinámicos espacios fronterizos que no solo abarcan las dimensiones jurídico-políticas, sino que además lo cultural, identitario, institucional, económico, espacios de convivencia, etc. Los límites artificiales o líneas divisorias, desaparecen para privilegiar los análisis particulares que irán arrojando los elementos endógenos identitarios y las contextualidades de una determinada región y sus actores.
Nuevas Lecturas e Interpretaciones a la Documentación desde los Marcos de los Espacios Fronterizos
Bajo esta mirada y transitando por distintas historiografías relacionadas con nuestro objeto de estudio, cabe señalar que las obras pioneras de los años 1980, hablaban en términos de una nueva cosmovisión que caracterizaba la presencia del Estado chileno en el extremo norte. Por lo tanto Tacna y Arica, a partir de 1880, comenzarían a participar dentro de un ideario y proyecto histórico modernizante compartido por los Estados-naciones de vanguardia en el mundo. Sobre esto, la clásica obra Historia de Arica (Galdames et al., 1981) afirma que el progreso económico y social, más la libertad política, fueron los pilares básicos que tipificaron la modernidad del estilo de conducta que Chile plasmó en Arica y por consiguiente en Tacna. Los territorios de Tacna y Arica comenzarían a ser regidos por una nueva legislación y autoridades chilenas, con el propósito de normalizar la vida de ambas ciudades. Si bien la obra no lo señala explícitamente, estábamos en presencia de nuevas formas en que el Estado hegemónico se hacía presente en los nuevos espacios fronterizos.
A partir de los años 1990 y las décadas siguientes renovados círculos académicos e historiadores de nuevas generaciones inician importantes esfuerzos y aproximaciones, construyendo una historiografía más globalizante con nuevos métodos y enfoques aportados, en algunos casos, desde los campos antropológicos y sociológicos. El extremo norte comienza a ser entendido en términos de área de frontera o de espacios fronterizos, instalando sugerentes temáticas y problemáticas históricas. Adquieren importancia los espacios de frontera cultural-territorial con nuevas dinámicas, donde los tradicionales límites políticos dan paso a fronteras que se movilizan a lo largo de la centuria decimonónica y principios del siglo XX. Diversas transversalidades investigativas y abordajes afinan sus enfoques desde la historia de lo social, los estudios socioculturales, historia regional, micro-historia, etc., comenzando a ser aplicados en las descripciones que reconstruyen históricamente los nuevos territorios. En relación a esto, en la obra La Llave y el Candado (2010) se señala: “Hoy, la Historia, a diferencia de otras disciplinas, puede realizar un trabajo de micro-historia en la frontera, al mirarla con mas detención, observar el fragmento y el detalle, penetrar en la psicología de los sujetos a través del documento o del artefacto” (González, 2010: 9). De allí entonces, un nuevo lenguaje habla de chilenización de Tacna y Arica, agentes educativos, políticas modernizadoras pre- y post-ocupación, subalternidad, instituciones y mecanismos de control social, violencia, discursos, delincuencia, imaginarios, etc.
Haciendo uso de nuevas canteras documentales provenientes de archivos regionales, revistas ilustradas y prensa de la época, algunos investigadores han incursionado en estudios de historia de lo social y de subalternidades que emergen desde las huelgas obreras y movilizaciones de otros gremios ( p.e. carrilanos). Concluyen, sobretodo para Arica, que estas acciones tienen similares características a las demandas de los sectores populares de otras regiones del país pero adquieren un rasgo sui generis, por la especial situación de la ciudad al estar inserta en un litigio internacional y territorial aun sin resolver. Es un aporte a una producción historiográfica del extremo norte, que marginalmente ha tenido como preocupación los trabajadores que se movilizaban en las escasas obras de infraestructura y faenas productivas de envergadura que presentaba Arica y su hinterland (Salazar, 2014; Santibáñez, 2014). Otras entradas de investigación han ido en abordajes de temas de violencia sociopolítica en Arica y Tacna, en los contextos de ‘chilenización’ de los nuevos territorios. Una violencia simbólica e invención de nuevas tradiciones que se expresaba en fiestas y ceremonias conmemorativas tendientes a construir una nueva identidad nacional en los territorios anexados (Cid, 2015). Se habla que habría existido una violencia estructural hacia 1910 aproximadamente, desde el Estado chileno que reclamaba una legitimidad de su causa, y una violencia resistente en donde los actores locales peruanos se enfrentaban a las instituciones chilenas (González, 2004; Aguirre y Mondaca, 2011; Mondaca et. al., 2014). La década de 1920, marcada en el extremo norte por los intentos plebiscitarios para resolver el problema de los territorios en conflicto, ha promovido el estudio de una violencia nacionalista que enfrentó a chilenos y peruanos en conflictos callejeros por la hegemonía de esa ideología, además de caracterizar el rol del sistema judicial de Arica, en los marcos de estas tensiones (Choque; 2014; Díaz et. al., 2014; González, 2004; Rivera, 2014; Soto y Pizarro, 2014).
Otros estudios se han concentrado en los discursos que circulaban en los distintos medios escritos (prensa y revistas ilustradas) que se producían en los territorios de Arica y Tacna. Por ejemplo, a partir de los periódicos se ha podido reconstruir un discurso chileno que insistía en proyectar una modernidad e imagen civilizada en estas nuevas provincias del territorio nacional bajo la nueva soberanía, mientras que, para la prensa peruana, Chile no había hecho nada por el desarrollo de estos territorios. Desde la óptica de las revistas ilustradas, estos nuevos derroteros distinguen un discurso que promueve el concepto de raza chilena como parte del imaginario nacional a inicios del siglo XX y que establece una equivalencia con el concepto de nación que será ampliamente difundida y asumida. Por otra parte, los estudios con las fuentes señaladas reiteran, en sus relatos analizados, un discurso positivista del progreso y la modernidad de la nación chilena que será uno de los ejes semánticos que se reiteran en forma permanente, diferenciándose de la nación peruana, a la cual se va a identificar con el atraso, la anarquía y lo bárbaro e incivilizado (Mc Evoy 2011; Díaz 2014; Ruz et. al., 2014; Cavieres, 2016). Otras entradas están dadas por los estudios socioculturales, anclados en el examen de las fiestas y manifestaciones populares de la población local, nuevamente en los contextos de ‘chilenización’. El examen de las fuentes deja ver todo un discurso oculto, principalmente de la población indígena de los altos de Arica, donde pese a la verticalidad de las relaciones impuestas desde el Estado chileno, los grupos locales desarrollaron múltiples formas de residencia cotidiana en sus comunidades. En el extremo norte del actual territorio nacional, el proceso de hegemonizacion chilena construida desde las élites se comienza a transformar en una realidad palpable a partir de la finalización de las disputas diplomáticas por Tacna y Arica.
En cuanto a las manifestaciones religiosas y ceremonias cívicas, éstas seguirán su devenir histórico, en un orden cultural que impondrá el nuevo Estado, pero quedando en claro en el sentido común de la población que su existencia fue parte de un constructo temporal de larga data que sirvió como canalizador del sentir popular peruano y andino (indígena) de las comunidades durante el difícil comienzo del siglo XX. Se han resaltado, además, las expresiones de chilenidad en los nuevos territorios ocupados en marcadores claves del devenir nacional como lo fueron las fiestas del Centenario en 1910 tanto en Tacna com en Arica.
Estos profundos aconteceres nacionales también transcurrían en estos lejanos lugares con la misma misión de instalar nuevos imaginarios nacionales identitarios compartidos por el resto de Chile (Díaz y Pizarro, 2004; Pizarro y Díaz, 2008;
Soto, 2014; Cid 2015). El tema de la propiedad indígena igual ha suscitado el interés de investigaciones para fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, donde se regularizaron las propiedades de valles, sierra y altiplano de la población indígena regional, a través de una serie de protocolos jurídicos de la autoridad chilena. Los predios pertenecientes a los naturales pasaban a integrar el territorio nacional, debiendo ser sus propiedades reinscritas en los Conservadores de Bienes Raíces de Chile, situación que muchas veces no sucedió, por lo que las propiedades indocumentadas fueron consideradas fiscales. Estas contextualidades van en la dirección de problematizar respecto del impacto que produjo en la población local estas nuevas regulaciones que fueron siendo asimiladas por la población señalada.
El uso de fuentes archivísticas oficiales ofrece una materialidad documental mediatizada, formateada, producida y resguardada por la estructura y trama estatal. Este corpus documental en materia jurídica, permite el acercamiento hacia las disposiciones estatales, pudiendo identificar sus políticas, intencionalidades y prácticas. Resulta evidente que los documentos emanados de las autoridades judiciales dan cuenta de un disciplinamiento o estrategias punitivas movilizadas por el Estado y su fiscalidad, pero también dan cuenta de intersticios o aberturas hacia prácticas, desviaciones, adecuaciones, conflictos de interpretaciones, etc. (Ruz, 2014). La escuela pública y su asentamiento en los territorios de Tarapacá, Tacna y Arica ha presentado igualmente estudios destacando el rol del nuevo Estado, dictando leyes y decretos, organizando y llevando a cabo además un proceso de escolarización que, no exento de tensiones, buscaba la integración de los nuevos sujetos a la comunidad nacional (González, 2002, 2004; Castro, 2004; Pizarro, 2005, Díaz y Ruz, 2009; Figueroa y Silva, 2011). Siempre en las intenciones de comprender el extremo norte como un espacio fronterizo particular y objeto de estudio de la historia regional, encontramos nuevas líneas de investigación centradas en el Estado chileno y todas las acciones para emprender un temprano ordenamiento administrativo para poner en funcionamiento sus agencias fiscales que permitirán reconocer la existencia de un nuevo aparato fiscal encargado de instalar el naciente ordenamiento político-administrativo chileno (1884), como asimismo desmantelar el aparato burocrático peruano y consolidar un nuevo ideario en “un espíritu misional y modernizador” (Castro, 2008: 219).
En síntesis, los recorridos historiográficos señalados reconocen la presencia de diversas problemáticas que tienen como escenario los espacios fronterizos del extremo norte de Chile, y que se constituyen como interesantes desarrollos investigativos, objetos de estudio para una historia regional.
Comentarios Finales
A lo largo de esta contribución nos hemos referido a las caracterizaciones de los ‘espacios fronterizos’ en el marco de los nuevos enfoques historiográficos que superan la noción de ‘frontera’ y las potencialidades que se presentan al interior de las dinámicas de la historia regional. Este aporte, al tomar en consideración diversas situaciones que se han producido en el pasado a lo largo de nuestra historia y como consecuencia de la presencia del Estado nacional en el extremo norte durante el siglo XIX, dan cuenta de los cuadros privilegiados de que disponemos para problematizar tiempos pasados, a través de variados estudios que pueden ir en diversas direcciones y desarrollos investigativos. La dinámica de la historia regional apunta en la dirección de estimular toda una preocupación y producción historiográfica que, además, involucre a otros espacios fronterizos del territorio nacional con distintas significaciones, pero que igualmente nos permiten entenderlos tanto en sus aspectos geográficos como así mismo en sus dimensiones histórico-culturales. Nobles tareas en la misión de insertar lo regional en los tiempos y los espacios de la historia nacional, pero teniendo claro de tampoco caer en narrativas regionalistas que han acabado “reproduciendo en muchos casos a escala local los ejes centrales de las historias nacionales que decían combatir” (Pérez, 2014: 12).
Desde una cultura histórica presente podemos ensayar distintas aproximaciones al momento de revisitar nuestro pasado; distintas formas de producir historiografía reconociendo la existencia de una “historia nacional que permite una identificación nacional no excluyente con identificaciones regionales o supranacionales” (Cavieres, 2006: 14). En estos múltiples anclajes de trabajos históricos regionales, Cavieres (2006: 14) señala que: “Podemos ser de Arica-Tacna, o podemos ser americanos, sin dejarse ser chilenos o peruanos. Para la historia nacional, lo más importante, siguiendo a Ferro, es tener claridad sobre cuál debe ser la función que le cabe a la historia”.
Agradecimientos
Esta contribución es resultado del Proyecto Mayor de Investigación Científica y Tecnológica de la Universidad de Tarapacá (UTA, 2016): “Menos Discursos y más Fiscalidad: Estado Chileno en el Extremo Norte, Arica y Tacna, 1884- 1910”, código 5743-16.
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