Resumen: Con el fin de contrastar la hipótesis de la existencia de una vasta red de intercambio cultural prehispánico entre la región amazónica, el altiplano central y la costa del Pacífico, se analiza la evidencia arqueológica relacionada con el consumo y uso de sustancias psicoactivas en el Norte de Chile. Se interpreta luego la evidencia registrada configurando algunas propuestas en torno a las formas de manejo y la posible farmacoterapia vinculada a su consumo, para finalmente situar esta praxis en un contexto cultural, geográfico y cronológico más específico.
Palabras clave:América PrehispánicaAmérica Prehispánica,Norte de ChileNorte de Chile,Redes de IntercambioRedes de Intercambio,Sustancias PsicoactivasSustancias Psicoactivas.
Abstract: In order to contrast the hypothesis of the existence of a vast cultural exchange network between the Amazon Region, the Central Altiplano and the Pacific coast, the archeological evidence related to the consumption of psychoactive substances in Northern Chile is examined. The available evidence is interpreted configuring some propositions concerning the manners of handling and the possible pharmacotherapy associated to the consumption, to place this praxis in a more specific cultural geographical and chronological context.
Resumo: Com o fim de contrastar a hipótese da existência de uma vasta rede de intercâmbio cultural pré-hispânico entre a região da Amazônia, o altiplano central e a costa do Pacífico, se analisa a evidência arqueológica relacionada com o consumo e uso de sustâncias psicoativas no Norte do Chile. Interpreta-se logo a evidência registrada configurando algumas propostas em torno ás formas de manejo e a possível farmacoterapia vinculada ao seu consumo, para finalmente situar esta práxis em um contexto cultural, geográfico e cronológico mais específico.
Ensayos
CONSUMO PREHISPÁNICO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS EN EL NORTE DE CHILE SUGIERE REDES TEMPRANAS DE INTERCAMBIO CON EL ALTIPLANO CENTRAL Y LA AMAZONÍA
PRE-HISPANIC CONSUMPTION OF PSYCHOACTIVE SUBSTANCES IN NORTHERN CHILE SUGGESTS EARLY EXCHANGE NETWORKS WITH THE CENTRAL ALTIPLANO AND THE AMAZON REGION
CONSUMO PRÉ-HISPÂNICO DE SUBSTÂNCIAS PSICOATIVAS NO NORTE DO CHILE SUGERE REDES TEMPRANAS DE INTERCÂMBIO COM O ALTIPLANO CENTRAL E A AMAZÔNIA
Recepción: 28 Abril 2016
Aprobación: 30 Junio 2017
El estudio de los factores que incidieron en el desarrollo de la complejidad cultural en la costa de Ecuador, Perú y norte de Chile ha sido objeto de numerosas indagaciones arqueológicas desde comienzos del siglo pasado, cuando Max Uhle (1920) planteó su conocida hipótesis inmigracionista, que priorizaba influencias mesoamericanas en sus inicios. Fue el geógrafo cultural Carl O. Sauer (1952) quien, con bastante anticipación, destacó la importancia de contactos amazónicos en el origen del cultivo de tubérculos nativos comestibles como la oca y el ullucu, además de la quínoa. El arqueólogo peruano Julio César Tello (1960) compartió la opinión de Sauer, agregando a la lista de cultivos de origen tropical especies como la yuca, el camote, la calabaza, el zapallo y el pallar. Recientemente, el hallazgo en zonas desérticas cercanas a la costa norte de Chile de plantas psicoactivas, semillas y cultivos de origen tropical, sirvió de base para plantear la posible existencia de redes tempranas de intercambio entre pescadores de la costa del Pacífico, poblaciones andinas y grupos amazónicos (Rothhammer et al., 2009; Dillehay, 2014).
Con el objeto de contribuir a validar esta hipótesis, examinamos inicialmente la variación de ADN mitocondrial antiguo entre sitios arqueológicos ubicados en los valles de Cochabamba y poblaciones arqueológicas del altiplano boliviano (Tiwanaku), sur del Perú y la Amazonia (Orellana et al., 2014a). Posteriormente, estudiamos piezas arqueológicas con iconografía Tiwanaku (ca. 1500-850 A.P.) del Museo Nacional de Arqueología, del Museo Regional de Tiwanaku (La Paz, Bolivia) y del sitio arqueológico Pariti (Lago Titicaca, Bolivia) con la intención de identificar representaciones de fauna que vinculasen la región altiplánica con las tierras bajas amazónicas (Orellana et al., 2014b).
Continuando con el desarrollo de esta línea de investigación, en el presente trabajo examinaremos evidencia relacionada con plantas psicoactivas, incluyendo psicotrópicas o alucinógenas, de las cuales se reconocen numerosas especies domesticadas en América.
Entre las plantas americanas con efecto psicoactivo se destacan Erythroxylum coca (coca), Banisteriopsis caapi (yajé o ayahuasca), Lophophora williamsii (peyote), Echinopsis lageniformis (achuma), Nicotiana tabacum (tabaco) Anadenanthera colubrina y A. peregrina (vilca o cebil) y ciertas variedades de hongos (Schultes y Hofmann, 1980 y 2000; Smet, 1985; Carlini, 2003; Nichols, 2004; Halpern y Sewel, 2005). Evidencia temprana del uso de sustancias psicoactivas involucran semillas de peyote y de Sophora secundiflora halladas con restos botánicos del vegetal alucinógeno Ugnadia speciosa, en varios sitios arqueológicos de Texas y el norte de México, con fechas estimadas entre 6440 y 5000 A.P. (Schultes y Hofmann, 1980; Furst, 1994; Terry et al., 2006).
Cabe señalar que algunas sustancias psicoactivas tuvieron que ser dosificadas mediante un elaborado manejo técnico que requirió de un período de entrenamiento. Por ejemplo, las semillas de S. secundiflora contienen el alcaloide [1R]- 1,2,3,4,5,6-hexahidro-1r,5cmetanopirido-<1,2a><1,5>- diazocin-8-on (citisina), que en dosis excesivas es altamente tóxico, provocando nauseas, convulsiones, delirios e incluso la muerte por paro respiratorio (Schultes y Hofmann, 2000).
En América del Sur son numerosas las plantas que contienen sustancias químicas psicoactivas tales como triptaminas, β-carbolinas, tropanos y fenetilaminas (Escohotado, 1980; Schultes y Hofmann, 1980, 2000; Smet, 1985; Furst, 1994; Carlini, 2003; Nichols, 2004; Halpern y Sewel, 2005), conociéndose su uso en poblaciones originarias de la Amazonía peruana, colombiana y brasileña (Weiskopf, 2005). Existe cierta evidencia indirecta del uso de E. coca a través de la producción especializada de calcita durante la fase Tierra Blanca en el Valle de Zaña, costa norte de Perú entre 7000 y 6000 A.P. (Rossen y Dillehay, 2001). Es un hecho conocido que en los Andes Centro Sur, el registro arqueológico del uso de psicoactivos incluye objetos para esnifar tales como tubos y tabletas, pipas, elementos para realizar enemas, iconografía, arte rupestre y restos de plantas; presentes ya desde los periodos Arcaico Tardío y Formativo Temprano (ca. 4000-2000 A.P) (Fernández-Distel, 1980; Mulvany, 1984, 1994; Berenguer, 1985, 1987, 2000, 2001; Smet, 1985; Cané, 1986; Torres, 1987, 1994, 2001; Llagostera et al., 1988; Bourget, 1990; Torres et al., 1991; Furst, 1994; Chacama, 2001; Llagostera, 2006; Horta, 2012).
En la zona intermedia entre la costa desértica del Pacífico y las tierras tropicales de la Amazonía, los hallazgos arqueológicos tanto de plantas psicotrópicas como de materiales asociados con su consumo son escasos, pero están ocasionalmente presentes (De la Vega et al., 2005). Por ejemplo, en Bolivia estos materiales usualmente se encuentran en abrigos secos donde las condiciones de conservación para la madera y otros materiales orgánicos son adecuadas, tales como Amaguaya y Niño Korin en la cordillera oriental o Cueva del Chileno en el desierto de Lípez (Codero Miranda, 1967; Wassén, 1972; Oblitas Poblete, 1978; Bastien, 1987; Capriles, 2002; Angelo y Capriles, 2004; Loza, 2007; Albarracin-Jordan et al., 2014). En adición, en sitios como Tiwanaku en la cuenca del Lago Titicaca ocasionalmente se encuentran tabletas, tubos inhalatorios, espátulas y contenedores manufacturados en piedra y hueso que verifican el consumo de estos materiales en tierras altas.
En el norte de Chile, la evidencia más antigua de uso de plantas psicoactivas corresponde al valle de Azapa. En el cementerio costero Morro (MO) 1/6 datado a ca. 4500-3500 A.P. se hallaron objetos ligados a la aspiración de sustancias no identificadas asociadas a la instalación de los primeros grupos de agricultores al interior del valle (Santoro, 1980). También existen evidencias de parafernalia de esnifar durante el periodo Formativo en los cementerios costeros MO 2, PLM7 y en el cementerio AZ71 del valle, con fechas radiocarbónicas entre ca. 3000- 1500 A.P. El uso de equipo de esnifar continua hasta el período Tardío (ca. 1000-600 A.P.); no obstante, de acuerdo a la evidencia encontrada en los cementerios PLM6 y AZ15, éste declina con el tiempo. Por ejemplo, de 2018 tumbas analizadas por Chacama (2001) correspondientes al periodo Formativo 3,91% presentan evidencias de equipo de inhalar, bajando este estimado a 1,56% durante el periodo Medio u Horizonte Tiwanaku (ca. 1500- 1000 A.P.), de acuerdo al registro obtenido en varios cementerios del valle tales como AZ6, AZ71, AZ141 y AZ143.
Gran parte de la manufactura y distribución de tabletas y tubos para esnifar se asocian con el consumo del vegetal Anadenanthera spp. (vilca o cebil) cuyo principio activo se deriva del alcaloide 3-[2-amino] etilindol (triptamina) (Torres y Repke, 1996). Asimismo, el análisis químico de polvos vegetales derivados de esta planta y asociados a parafernalia de esnifar del cementerio Solcor-3 en San Pedro de Atacama, permitió identificar la presencia del alcaloide alucinógeno 3-[2-dimetilaminoetil] -5-hidroxindol (bufotenina) (Llagostera et al., 1988; Torres et al., 1991). Fernández Distel (1980), por otra parte, presentó la evidencia más temprana de la presencia de alcaloides triptamínicos en una pipa de Inca Cueva (Icc7; ca. 4000 A.P.) del noroeste argentino, y Pochettino et al. (1999) identificaron botánicamente la Anadenanthera en el alero I La Matanza, provincia de Jujuy.
Cabe señalar que los análisis químicos realizados en poblaciones del Formativo cercanas a San Pedro de Atacama, cementerios Topater (2100 A.P.) y Chiu Chiu-273 (ca. 2000-1800 A.P.), no mostraron trazas de Anadenanthera, a pesar que algunas inhumaciones estaban asociadas a elementos de esnifar (Castro et al., 2003). Si bien hasta el momento también ha resultado negativa la identificación de Anandenanthera en el valle de Azapa, cabría destacar la identificación botánica, junto con otras hojas de especies no determinadas, de E. coca en bolsas (chuspas), correspondiente a cementerios del periodo Medio (Belmonte et al., 2001). Esta especie contiene el alcaloide [1R, 2R, 3S, 5S]-3-[benzoiloxi]-8-metil-8- azabiciclo (3.2.1) octano-2-carboxilato de metilo (cocaína), estimulante, eufórico y analgésico. Análisis de termoluminiscencia para identificar este alcaloide y derivados metabólicos en 163 muestras de cabello permitieron determinar que 46,6% de individuos del valle de Azapa presentaban evidencia de ingesta de Erythroxylum (Cartmell et al., 1991, 1994). Resultados similares se obtuvieron en zonas de los Andes Centro Sur (Springfield et al., 1993). Esta práctica está documentada en el valle de Azapa desde el periodo Formativo (ca. 3000-2300 A.P.) hasta la época Inca. Resulta interesante destacar la alta frecuencia (63,1%) de neonatos e infantes (0-2 años de edad) positivos para la ingesta de Erythroxylum desde el Formativo hasta el periodo Tardío (Cartmell et al., 1994). El alcaloide cocaína ha sido asociado a desprendimientos de placenta y trabajos de parto prematuros, paralelamente a sus características farmacológicas más conocidos como la acentuada propiedad analgésica local (O’Brien, 1996). Las evidencias más antiguas de presencia de Erythroxylum provienen de Topater y Poconche 12 del periodo Formativo (Thomas et al., 1995; Agüero y Uribe, 2011), Los Verdes 1 y 2, Caserones y Az-6 del período Medio (Erices, 1975; True y Meighan, 1980; Focacci, 1982; Sanhueza, 1985), Playa de Los Gringos Cemetery, PML 4 y 9, PML Casino Burials del período Intermedio Tardío (Bird, 1943; Molina et al., 1989; Focacci, 1982; Santoro, 1995), y La Chacota (El Laucho), Lluta 54, Molle Pampa Este, PML 4, Cerro Esmeralda y Cementerio de los Abuelos del periodo Tardío (Erices, 1975; Checura, 1977; Rury y Plowman, 1983; Hidalgo y Focacci, 1986; Molina et al., 1989; Moragas, 1995; Muñoz, 1995; Santoro, 1995).
Análisis químicos llevados a cabo en cabello de momias muestran dos casos positivos de consumo del alcaloide 7-metoxi-1-metil-9H-pirido (harmina) detectado en un infante y un adulto del sitio AZ141 correspondiente al periodo Medio (Ogalde, 2007; Ogalde et al., 2009, 2010). Si bien existen otras probables fuentes de beta-carbolinas en América del Sur y que además las betacarbolinas pueden proceder del consumo de chicha o tabaco, la planta productora de harmina más conocida y estudiada es la liana amazónica Banisteriopsis (Schultes y Hofmann, 1980, 2000; Smet, 1985; Carlini, 2003; Callaway, 2005; Calla way et al., 2005). Esta planta no es originaria de los valles occidentales y probablemente nunca fue cultivada en el valle de Azapa, dado que requiere de ambientes cálidos y húmedos como aquellos que se encuentran en la selva tropical amazónica y en la región de ceja de selva. El alcaloide harmina tiene buena conservación en condiciones de degradación orgánica (Furst, 1994) y aparentemente no presentaría actividad alucinógena en su forma química pura (Petrie, 2002), aunque el tema no está resuelto. Registros etnográficos muestran que la especie Banisteriopsis se utiliza de forma terapéutica o como catalizador de procesos alucinógenos en infusiones orales, donde el efecto alucinógeno está dado por la adición de una planta productora de triptamina. La Banisteriopsis es utilizada principalmente por su capacidad de inhibir ciertas enzimas como la monoaminoxidasa (MAO) estomacal, donde la harmina es la sustancia que aporta la acción farmacológica inhibidora de la MAO de la infusión denominada ‘ayahuasca’ (Schultes y Hofmann, 1980, 2000; Carlini, 2003; McKenna, 2004; Callaway, 2005; Callaway et al., 2005) Las triptaminas son inhibidas por la MAO cuando la vía es oral, sin llegar a manifestar actividad alucinógena, de modo que la acción catalizadora de Banisteriopsis se traduce en la inhibición de la MAO, la que a su vez no ejerce su efecto inhibidor sobre las triptaminas, produciéndose el efecto alucinógeno deseado (Schultes y Hofmann, 1980 y 2000; Carlini, 2003;McKenna, 2004; Callaway, 2005; Callaway et al., 2005). De esta manera, es posible que el consumo de Banisteriopsis no se relacione directamente con los artefactos para esnifar típicos del norte de Chile que se han asociado con el consumo de Anatenanthera, como ocurre entre los Piaroa del sur de Venezuela, donde se aspira yopo, y de Banisteriopsis caapi con fines farmacológicos (Rodd, 2002). De hecho, solo en los dos individuos (infante y adulto de AZ141) estos artefactos aparecen asociados al consumo de Banisteriopsis. Estos individuos portaban gorros de cuatro puntas y zampoñas, registros característicos del periodo Medio (Tiwanaku) y relativamente escasos en el Valle de Azapa (Pérez de Arce, 2004). Cabe agregar a la discusión que las tabletas de esnifar, los gorros de cuatro puntas y las zampoñas han sido ampliamente identificados en la iconografía Tiwanaku (Berenguer 1985, 1987, 1994, 2000, 2001; Chacama, 2001; Pérez de Arce, 2004).
La evidencia más antigua de uso de plantas psicoactivas en el valle de Azapa fue registrada en el cementerio costero MO1/6 (Santoro, 1980), correspondiente a durante la transición Arcaico/Formativo (ca. 4500-3500 A.P.). Durante el periodo Medio (Tiwanaku), Anadenanthera, Banisteriopsis y Erythroxylum pueden haberse usado con fines terapéuticos durante procesos de parto y primera infancia. A su vez Anadenanthera se consumió probablemente en forma oral y nasal en bajas concentraciones, ya que no se registran mayores daños nasales (Casas et al, 2006), y pudo ser catalizada a través de la adición de Banisteriopsis para potenciar procesos alucinatorios. El consumo de Banisteriopsis y Erythroxyum en los neonatos e infantes podría haberse relacionado con la inducción del trabajo de parto y/o con ciertas propiedades farmacológicas. El origen de las plantas psicoactivas registradas y, más específicamente, de los objetos encontrados en el sitio AZ141 (periodo Medio, Tiwanaku) podría vincular al valle de Azapa con zonas bajas tropicales. En ese caso, cabría postular que las poblaciones de la costa del Pacífico del norte de Chile, así como también aquellas del sur del Perú, donde se ubicaron centros administrativos provinciales ligados a Tiwanaku, estuvieron vinculadas dando origen a la existencia de una extensa zona de contacto que pudo abarcar desde los valles del sur del Perú y norte de Chile hasta la Amazonia. Las evidencias iconográficas del posible consumo de Anadenanthera durante el periodo Wari, contemporáneo a Tiwanaku, descritas en el sur del Perú, en el valle del Osmore (Berenguer, 2000; Knobloch, 2000) respaldarían esta hipótesis.
Por último, debido a que algunas sustancias psicoactivas requieren ser cuidadosamente dosificadas a través de un elaborado manejo médicotecnológico, el consumo de éstas y más aún su eventual uso terapéutico tendrían que haber implicado que los contactos poblacionales entre las tierras bajas tropicales y la costa del Pacífico no se restringieran meramente a un intercambio comercial de bienes. El aprendizaje del manejo de plantas psicoactivas podría haber contribuido a generar interacción social y consecuentemente vínculos de parentesco, hipótesis que estamos contrastando utilizando ADN mitocondrial antiguo.
Los autores agradecen el apoyo del Proyecto FONDECYT 1150031 y a Jace Callaway, Keeper Trout y Constantino Torres por comentarios que enriquecieron el manuscrito original. J.P. Ogalde agradece una beca doctoral del Convenio de Desempeño, UTA-MINEDUC.
franciscorothhammer@gmail.com