Editorial

ARBITRAJE POR PARES

PEER REVIEW

ARBITRAGEM POR PARES

Miguel Laufer
Asociación Interciencia, Venezuela

ARBITRAJE POR PARES

Interciencia, vol. 43, núm. 1, pp. 6-8, 2018

Asociación Interciencia

ARBITRAJE POR PARES

Uno de los pilares más importantes sobre los que se sustentan las publicaciones científicas es el proceso de arbitraje por pares. Es el elemento que ha permitido a las revistas y a las casas editoriales mostrar una imagen de imparcialidad y justicia académica que a su vez ha hecho posible alcanzar la vertiginosa multiplicación de revistas y de artículos que ha venido teniendo lugar desde hace ya varios decenios.

La selección de los árbitros adecuados en cada caso es, sin lugar a duda, una de las principales labores llevadas a cabo por el cuerpo editorial de las revistas científicas y de ella depende en un grado muy alto el reconocimiento y respeto que una publicación dada logre alcanzar en el seno de la comunidad científica a la que sirve. Dicho respeto es la más alta calificación de que puede disponer una publicación, más valiosa que el índice de impacto o alguna otra medida de su utilización, que dependen de factores que en muchos casos están fuera de su control.

El carácter anónimo de los revisores es una práctica general. Aquel de los autores no lo es necesariamente. Aunque se da el caso de árbitros que reclaman por haber sido informados de los nombres y/o filiaciones institucionales de los autores, esto sucede muy raramente. De hecho, un buen árbitro, conocedor de su campo y de los investigadores que en él trabajan, generalmente detectará el origen de un trabajo, al menos a nivel de grupo de investigación, sin que la información específica le haya sido proporcionada. No es raro, además, que especialistas a quienes se les solicita un arbitraje declinen hacerlo, con el argumento de conocer a alguno de los autores o de tener conflictos de interés. A los autores, por su parte, no se le ha de revelar la identidad de los colegas que evalúan sus trabajos a fin de evitar de esa manera la existencia de conflictos y posibles enfrentamientos.

El arbitraje es el apoyo fundamental de los editores, pero es sobre estos últimos que recae la responsabilidad de evaluar a su vez las valoraciones recibidas y balancear las diferentes opiniones que hayan sido expuestas. La deseada unanimidad de criterio a menudo no tiene lugar y es entonces el editor quien debe definir por cuál criterio inclinar la balanza o, de juzgarlo necesario, solicitar opiniones adicionales. Es función del cuerpo editorial detectar aquellos casos en que un determinado árbitro pudiese estar actuando de manera parcializada, lo que, aunque muy raramente ocurre no es algo impensable.

Uno de los principales roles de quienes fungen como árbitros, y que es poco referido, es su notoria función pedagógica. Un buen árbitro, además de emitir juicios acertados acerca de la pertinencia, elaboración y conclusiones de un trabajo de investigación y de su presentación, ofrece ayuda a los autores con el fin de perfeccionar su escrito. Esta es una labor particularmente valiosa en el caso de revistas a las que, como sucede en el caso de Interciencia, le son sometidos con frecuencia manuscritos que son producto de trabajos de tesis, cuya publicación es a menudo requerida por la institución docente para conceder el grado correspondiente.

El tiempo y el esfuerzo invertidos por los árbitros, nunca adecuadamente retribuidos, se ven ampliamente compensados por la satisfacción de haber sido considerados para la correspondiente evaluación técnica, y su opinión tenida en cuenta como válida por las respectivas revistas. Se trata de una función esencial en la vida académica de colegas, en la consolidación de las revistas que sirven para difundir sus hallazgos e ideas, y en el fortalecimiento de las instituciones donde se desarrollan sus actividades.

Miguel Laufer

Director

PEER REVIEW

One of the most important pillars on which scientific publications are sustained is the peer review procedure. It is the element that has allowed journals and publishing houses to show an image of impartiality and academic justice that in turn has made possible to reach the vertiginous multiplication of journals and of articles that has been taking place for several decades now.

The selection of the adequate referees in each case is, no doubt, one of the main jobs carried out by the editorial bodies of the scientific journals, and on it rests the recognition and respect that a given publication manages to reach within the scientific community that it serves. Such respect is the highest qualification that can be bestowed upon any publication, more valuable than its impact factor or some other measure of its utilization, which depend on factors that in many cases are outside its control.

The anonymous character of the reviewers is a general practice. That of the authors is not necessarily so. Although there are cases of referees that complain of having been informed of the names and institutional affiliations of the authors, this only happens very rarely. As a matter of fact, a good referee, knowledgeable about his field and of the researchers that work in it, will generally detect the origin of a paper, at least to the level of the working group, without the specific information being given to him. Also, it is not rare that specialists from whom an opinion is requested will refuse to do it with the argument of knowing some of the authors or of having conflicts of interest. To authors, on the other hand, the identity of the colleagues that evaluate their work is not revealed, so as to avoid in this manner the existence of conflicts and possible confrontations.

Peer review is the fundamental support for editors, but it is upon the latter that falls the responsibility to evaluate, in turn, the assessments received, and to balance the different opinions that could be presented. The desired unanimity of judgement is often absent, and it is in those cases that the editors must define which criterion to follow or, if judged necessary, request additional opinions. It is the role of the editorial body to detect those cases where a given referee could be acting in a biased manner, which while occurring very rarely, is not something unthinkable. One of the main functions of those who serve as referees and which is seldom referred to, is its prominent pedagogical function. A good referee, besides producing accurate judgements about the pertinence, elaboration and conclusions of a piece of research and its presentation, offers help to the authors in order to improve their text. This is a particularly valuable work in the case of journals to which are submitted, as it happens to be a frequent occurrence in Interciencia, manuscripts that are the product of thesis research, whose publication is often required by the teaching institution in order to award the corresponding degree.

The time and effort invested by referees, never adequately paid for, are largely compensated by the satisfaction of having been considered for the corresponding technical evaluation, and his or her opinion taken into account as valid ones by the respective journals. It concerns an essential function in the academic life of colleagues, in the consolidation of the journals that serve to disseminate their findings and ideas, and in the strengthening of the institutions where their activities are carried out.

Miguel Laufer

Editor

ARBITRAGEM POR PARES

Um dos pilares mais importantes sobre os que se sustentam as publicações científicas é o processo de arbitragem por pares. É o elemento que tem permitido às revistas e casas editoriais, mostrar uma imagem de imparcialidade e justiça acadêmica que, por sua vez, torna possível acompanhar a vertiginosa multiplicação de revistas e de artigos que vem ganhado espaço há já vários decênios.

A seleção dos árbitros adequados em cada caso é, sem dúvida, um dos principais labores realizados pelo corpo editorial das revistas científicas e dele depende em grande parte o reconhecimento e respeito que uma publicação específica consiga alcançar no seio da comunidade científica para a qual serve. Esse respeito é a mais alta qualificação que pode almejar uma publicação, mais valiosa do que o índice de impacto ou alguma outra métrica sobre sua utilização, que dependem de fatores muitas vezes fora de seu controle.

O carácter anônimo dos revisores é uma prática geral. Não assim, necessariamente, a dos autores. Ainda que haja casos de árbitros que reclamam por ter sido informados de nomes e/ou filiações institucionais dos autores, isto acontece muito raramente. De fato, um bom árbitro, conhecedor de seu campo e dos investigadores que nele trabalham, geralmente detectará a origem de um trabalho, ou pelo menos o grupo de investigação, sem que a informação específica lhe tenha sido proporcionada. Também é comum que especialistas, a quem lhes é solicitada uma arbitragem, declinem fazê-lo argumentando conhecer algum dos autores ou ter conflitos de interesse. Aos autores, por sua vez, não lhes é revelada a identidade dos colegas que avaliam seus trabalhos com o fim de evitar, dessa maneira, a geração de conflitos e possíveis enfrentamentos.

A arbitragem é o suporte fundamental dos editores, mas é sobre eles que recai a responsabilidade de avaliar, por sua vez, as qualificações recebidas e equilibrar as diferentes opiniões que tenham sido expostas. A desejada unanimidade de critério com frequência não acontece e cabe então ao editor definir por qual critério inclinar a balança ou, se julgar necessário, solicitar opiniões adicionais. É função do corpo editorial detectar aqueles casos em que um determinado árbitro pudesse estar atuando de maneira parcializada, coisa pouco provável mais não impensável.

Um dos principais papéis daqueles que atuam como árbitros, e pouco referido, é sua notória função pedagógica. Um bom árbitro, além de emitir juízos acertados sobre a pertinência, elaboração e conclusões de um trabalho de investigação e de sua apresentação, oferece ajuda aos autores com o fim de aperfeiçoar seu escrito. Este é um labor particularmente valioso no caso de revistas que, como acontece no caso de Interciência, recebem com frequência manuscritos produto de trabalhos de teses, cuja publicação é com frequência requerida pela instituição docente para conceder o título correspondente. O tempo e o esforço investidos pelos árbitros, nunca adequadamente retribuídos, se veem amplamente compensados pela satisfação de haver sido considerados para a correspondente avaliação técnica, e sua opinião levada em conta como válida pelas respectivas revistas. Trata-se de uma função essencial na vida acadêmica de colegas, na consolidação das revistas que servem para difundir suas descobertas e ideias, e no fortalecimento das instituições onde desenvolvem suas atividades.

Miguel Laufer

Diretor

HTML generado a partir de XML-JATS4R por