Ensayo

EL GÉNERO MAGAZINE EN CHILE. IMAGEN E IMAGINARIO NACIONAL EN LAS PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO XX

THE MAGAZINE IN CHILE. IMAGE AND NATIONAL IMAGINARY IN THE EARLY TWENTIETH CENTURY

A REVISTA DE GÊNERO NO CHILE. IMAGEM E IMAGINÁRIO NACIONAL NAS PRIMEIRAS DÉCADAS DO SÉCULO XX

Rodrigo Ruz a
Universidad de Tarapacá, Chile
Michel Meza b
Universidad de Chile, Chile
Luis Galdames c
Universidad de Tarapacá, Chile

EL GÉNERO MAGAZINE EN CHILE. IMAGEN E IMAGINARIO NACIONAL EN LAS PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO XX

Interciencia, vol. 43, núm. 5, pp. 385-392, 2018

Asociación Interciencia

Recepción: 15/12/2017

Corregido: 08/05/2018

Aprobación: 11/05/2018

Financiamiento

Fuente: Ministerio de Educación de Chile - FONDECYT

Nº de contrato: 1171499

Financiamiento

Fuente: Universidad de Tarapacá - Proyecto de Investigación Científica

Nº de contrato: UTA 5749-17

Resumen: Este ensayo pone en relieve el rol ejercido por las revistas ilustradas (magazines) en Chile durante las primeras décadas del siglo XX, en la configuración de imaginarios nacionales circulantes en el país. Estas revistas habrían transmitido una idea e imagen de un país con ciertas características excepcionales dentro de la órbita latinoamericana, aspectos que no solo habrían marcado profundamente aspectos idiosincráticos de la comunidad nacional, sino que también habrían impactado en la forma cómo esta comunidad comenzaría a relacionarse con los medios de comunicación y sus formatos de representación de la realidad.

Palabras clave: Imaginarios Nacionales, Medios de Comunicación, Revistas Ilustradas.

Abstract: This essay highlights the role played by illustrated magazines in Chile during the first decades of the 20th century, in shaping the national imaginaries circulating in the country. These journals would have conveyed an idea and an image of a country with certain exceptional characteristics for the Latin American sphere, aspects that not only would deeply mark idiosyncratic aspects of the national community, but would also have impacted on how this community would begin to relate to the media and their formats of representation of reality.

Resumo: Este ensaio destaca o papel desempenhado pelas revistas ilustradas (magazines) no Chile durante as primeiras décadas do século XX, na configuração de imaginários nacionais que circulam no país. Esses periódicos teriam transmitido uma idéia e imagem de um país com certas excepções dentro da órbita latino-americana, aspectos que não só marcariam profundamente os aspectos idiossincráticos da comunidade nacional, como também teriam impactado em como essa comunidade começaria a se relacionar com a mídia e seus formatos de representação da realidade.

El Magazine y la Modernización Editorial en Chile

En Chile, al igual que en otros países latinoamericanos, la modernización de los medios de comunicación impresos se manifestó con fuerza hacia las primeras décadas del siglo XX. Esta transformación trajo consigo la inclusión de los medios a los paradigmas modernizadores que caracterizaron al inicio de la centuria en Latinoamérica, destacando en sus innovaciones el cambio tecnológico, la incorporación de modelos de mercado y la diversificación de nuevos géneros periodísticos orientados a masificar los medios y sus contenidos (Santa Cruz, 2014).

La introducción de nuevas tecnologías en los procesos de impresión permitieron no solamente cambios cuantitativos en lo que respecta a la producción y circulación de los medios impresos, sino que también llevaron a las nacientes empresas periodísticas a diversificar los formatos y géneros de la producción nacional, generando así una apertura hacia los nuevos medios de comunicación de masas que se venían desarrollando en el extranjero (Rinke, 2013), surgiendo en Chile hacia las primeras décadas del siglo XX una serie de revistas ilustradas de tipo ‘magazinesco’ (misceláneas), que siguieron el ejemplo de publicaciones estadounidenses y europeas preferentemente (Rinke, 2002) aunque también argentinas (Malosetti y Gené, 2013).

Las revistas magazinescas son consideradas como un artefacto cultural complejo y característico de la cultura de masas que emergió en Chile en los albores del siglo pasado, destacando publicaciones como Sucesos (1902), Zig-Zag (1905) y Corre-Vuela (1908), las cuales se caracterizaron, entre otros aspectos, por poner en circulación una gran cantidad de imágenes (grabados, caricaturas o fotografías), aprovechando para ello los nuevos medios de reproducción del material iconográfico presentes en el país desde principios del siglo.

Uno de los rasgos más distintivos del género magazine fue la importancia otorgada a la imagen a la hora de abordar los diversos temas tratados en cada número, subordinando en ocasiones a la palabra escrita (Santa Cruz, 2005), característica que la sitúa en lo que Ossandón (2005) ha denominado una ‘esfera pública de aparición’, en donde la visibilidad de los actores y acontecimientos adquirió un rol protagónico en la transmisión de las significaciones sociales, entendiendo este concepto como un elemento que consagra el ejercicio racional y la traslación de lo psíquico a lo social, siendo la significación el acto de triunfo de la inteligibilidad por sobre la naturaleza, haciendo de este fenómeno algo histórico y social (Moscovici 1993).

La significación es relevante en cuanto es referente a un sistema de valores, ideas y prácticas que proporcionan a los individuos los medios para orientarse en el contexto social y material. Provee así códigos para denominar y clasificar los múltiples aspectos de su mundo y de su historia individual y colectiva, dando lugar a los intercambios y comunicaciones sociales que constituyen un conjunto coherente de creencias (sentimientos, ideas e imágenes) compartidas, como matriz de significados aceptados que autorrepresentan una realidad, siendo consideradas acciones que se instituyen y se mediatizan por un sistema simbólico convirtiéndola en un proyecto que la transforma en una operación racional y por ende objetivable (Castoriadis, 1975).

El salto hacia el uso de la imagen como elemento significante tiene relación con el justiprecio y valoración de la imagen como recurso discursivo en la época, siendo profusamente utilizada en la cultura impresa de comienzos del siglo XX, cuando especialmente la fotografía era considerada un ‘espejo de lo real’ y transmisor de objetividad y transparencia (Dubois, 1994), siendo utilizadas como recurso retórico y testimonial (Tagg, 2005). Esto a pesar que la imagen como objeto de estudio sea considerada como un recurso representacional que en su dimensión óptica es resistida como objeto de conocimiento al ser preciada como “corpus de argumentos, metáforas, aserciones y prejuicios más o menos entremezclado más por asociación que por lógica” (Jay 2007: 21). De acuerdo a este autor, tal aspecto marca profundamente el prejuicio contra el rol de la mirada y su cognición como elemento valorativo, siendo esto (la mirada) subordinada a la cultura de masas y su condición ‘espectacularizante’ de una realidad mediada; aspecto que, no obstante y siguiendo al mismo autor, debe ser contrarrestada con su advertencia y limitaciones en cuanto considerar este último punto como una falsa objetivación.

El Magazine. Aporte del Uso de la Imagen a la Complejización de una Cultura Visual

La circulación de imágenes en Chile propiciada por los magazines se sumó a la de otros artefactos visuales (como los anuncios y afiches publicitarios instalados en el espacio urbano) permitiendo con esto la ubicuidad de lo icónico en la capacidad de compartir sentidos en torno a lo visual, por parte de la población que habitaba las principales ciudades del país a principios del siglo pasado (Santa Cruz, 2005). Esta profusión sofisticó el repertorio de imágenes emergidas en la sociedad chilena de comienzos de siglo XX y, teóricamente, habría aportado a la configuración de los modos de ver y de relacionarse con lo visual de una parte de la sociedad de la época, experiencia ligada a prácticas y valores, así como a aspectos culturales, históricos y técnicos que condicionan la posibilidad de ser entendidas y significadas (Chao, 2012).

Considerando lo anterior es posible plantear que el género magazinesco contribuyó de manera importante a la transformación de la cultura visual del periodo estudiado, ya que las nuevas revistas ilustradas llegaron a un público cada vez más amplio y diversificado, el cual, en esta nueva forma de relacionarse con lo visual, irá transformando sus modos de ver en función de las condiciones sociales hegemónicas que habilitan aquello que puede ser visto, y lo que no, en una sociedad dada, de acuerdo al imaginario social imperante (Chao, 2012).

La mezcla constante (y diversa) de imágenes y textos, además de la gran variedad temática que abordaron en cada uno de sus números, convierte a estas publicaciones en un objeto complejo que se habría insertado en el proceso modernizador, no solo como una manifestación y reflejo de éste, sino también como uno de sus factores, ampliando y complejizando la experiencia de vida cotidiana y de los imaginarios colectivos (Santa Cruz, 2005). En otras palabras, los magazines chilenos, con su plétora de imágenes, habrían transformado la forma en que los chilenos se vieron a sí mismos y vieron también a los ‘otros’, a partir de los nuevos códigos visuales provistos por las revistas y sus contextos de producción.

De esta manera, para el presente ensayo, el magazine cobra importancia no solo como una ‘fuente’ a partir de la cual se pueda obtener datos con respecto a los innumerables temas tratados en sus distintos números, sino que constituye en sí mismo el centro del análisis, en la medida en que a través de sus reportajes y notas gráficas es posible acceder a distintos ámbitos de la escenificación de un momento histórico determinado. En este caso fue la exacerbación nacionalista imperante en Chile durante las tres primeras décadas del siglo XX, cuando el país enfrentaba un proceso de expansión territorial y económica, a partir de la incorporación de espacios, sociedades y recursos en todo su territorio, consecuencia del triunfo en la Guerra del Pacífico y el sometimiento de la sociedad mapuche en el sur (Subercaseaux, 2010), elementos estructurantes en cuanto su reconocimiento como momentos claves en la construcción de la idea de nación, y de la consecuente elaboración de un lenguaje narrativo que construye pertenencias, adherencias e identidades vinculantes a dicha nación (Bhabha 2010).

Como recurso metodológico se trabajó en entre el período de 1902-1930, atendiendo que dicho momento confluyen dos elementos fundamentales. El primero tiene que ver con el origen de los proyectos editoriales dependientes de Zig Zag (Sucesos, Zig Zag y Corre Vuela). El segundo guarda relación con el proceso de radicación de una idea de nación, derivado de la situación de expansión territorial y consolidación de una idea de lo nacional, resultado de la reflexión en torno al cumplimiento del centenario de la república independiente y, entrada la centuria, su consecuente y teórico afincamiento (Cid y San Francisco, 2010).

La Imagen de País a Comienzos del Siglo en los Magazines

Paradojalmente, el desarrollo del magazine en Chile coincide con momentos importantes que sitúan a las revistas en un contexto mayor. Esto es, el cambio de siglo y el consecuente ideario de progreso, desarrollo y modernidad en las dimensiones más tradicionales y universales del concepto (democracia, libertades, derechos, racionalismo y desarrollo fabril), pero también en otras acepciones que se relacionan con una idea de excepcionalidad chilena dentro del concierto latinoamericano desde una perspectiva racial (Leiva, 2003, 2013; Dümmer, 2012; Ruz et al., 2016).

Ambas proposiciones, colmadas de virtuosismo, marcaron profusamente a los magazines, presentando a su tiempo elementos propios de la modernidad del nuevo siglo y de la mano con la exhibición de un progreso económico y material (Figuras 1 y 2), que representó y naturalizó los discursos en torno a una supuesta bonanza en las principales ciudades del país.

Revista Sucesos Nº 209, septiembre 1906.
Figura 1
Revista Sucesos Nº 209, septiembre 1906.

Revista Sucesos Nº 148, junio 1905.
Figura 2
Revista Sucesos Nº 148, junio 1905.

Hacia principios del siglo XX, la idea de nación chilena se habría esforzado en construir una imagen de país que resaltara dos elementos importantes: 1) Chile es un país donde predomina una ‘raza blanca’ y 2) las características climáticas corresponden a las de un territorio templado o abiertamente frío. Ambos elementos tenían el claro objetivo difundir una imagen de un país que tenía mucho de europeo y muy poco de latinoamericano (Dümmer, 2012).

La idea de representar a la ‘raza chilena’ como blanca y homogénea está fundamentada en la teoría del darwinismo social, la cual planteaba la existencia de razas nacionales y la supremacía, en términos intelectuales y físicos, de la raza blanca por sobre las demás (Dümmer, 2012; Pávez, 2015). Esta teoría proponía además, que las ‘razas puras’ u homogéneas eran las razas fuertes, mientras que las mezclas raciales provocaban la degeneración, transformándolas en razas débiles y por lo tanto en inferiores (Dümmer, 2012). Ambas ideas, sobre la blancura y la homogeneidad de la población chilena, fueron abiertamente formuladas en los catálogos impresos de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Allí se afirmaba que Chile era “un pueblo íntegramente blanco” donde “la masa de la población actual es casi toda descendiente de colonos españoles y otras naciones europeas, siendo muy pequeña la mezcla con los indios araucanos”, enfatizando además que “los pocos indígenas que quedaban estaban completamente asimilados” (Dümmer, 2012: 162).

Por otro lado, la autoimagen de Chile como un país de clima templado o abiertamente frío, tiene su fundamento en las teorías del determinismo geográfico que vinculan las características raciales con las características climáticas. De tal relación dependerían las posibilidades de progreso o atraso de los pueblos, estableciendo que “el progreso social solamente podía darse en climas templados como el europeo y el trópico quedaba irreversiblemente asociado a la incivilidad” (Dümmer, 2012: 167).

Estas ideas, de larga data en el continente europeo y que influyeron en las percepciones negativas que su población tuvo con respecto a África y América Latina, fueron asumidas desde muy temprano en Chile, perviviendo y siendo compartidas por distintos intelectuales nacionales durante las primeras décadas del siglo XX, quienes las esgrimieron en sus argumentos acerca de la excepcionalidad de Chile en relación a los demás países latinoamericanos. Un ejemplo de ello lo constituye Alberto Cabero, quien en su célebre ensayo Chile y los Chilenos, de 1926, afirmaba que “el clima y la abundancia de la naturaleza habían hecho perezosos a los americanos intertropicales”, lo cual no habría ocurrido en nuestro país debido a su clima templado “favorable al desarrollo”, que “incita a la actividad y predispone someter el sentimiento a la razón” (citado en Dümmer, 2012: 168). En sintonía con este autor, el historiador Tomás Guevara planteaba en su Historia de Chile de 1929 que el país, gracias a su clima y geografía particulares, “se alejaba del desborde imaginativo tropical” (citado en Dümmer, 2012: 168), y por lo tanto su pueblo era más racional y apto para el progreso que el resto de los países del subcontinente.

Por otro lado una mirada disonante ante este escenario ideológico y dominante lo expresó en su tiempo el periodista Tancredo Pinochet en La Conquista de Chile en el Siglo XX, (Pinochet, 1909), donde plantea una fuerte crítica a la política colonizadora de empresas extranjeras y la adopción de patrones culturales forasteros, lo que habría dejado en evidencia no obstante una debilidad espiritual de la nación chilena. Esta obra disruptiva ante el enfoque hegemónico Chile occidental-blanco y progresista, sin embargo, no tuvo una trascendencia en los imaginarios circulantes y su consecuente significación, sino hasta mucho más tarde.

Las exposiciones internacionales, además de su carácter comercial, industrial y educativo, constituyeron un escenario privilegiado para que los distintos países escenificaran sus representaciones nacionales y las dieran a conocer en los países extranjeros, convirtiéndose para los investigadores de hoy, en una “instancia adecuada para estudiar los procesos locales de construcción y puesta en escena de las imágenes nacionales” (Dümmer, 2012: 18).

Si las exposiciones constituyeron vitrinas de exhibición hacia el exterior, es posible plantear que los magazines chilenos, dentro de los que hemos destacado a Sucesos, Zig-Zag y Corre-Vuela, se convirtieron en una excelente vitrina interior para este imaginario. Las revistas magazinescas, a través de la visibilización (e invisibilización) de temas, personajes y lugares, contribuyeron a uniformar una imagen del país en función de las necesidades de representación y exhibición de la elite nacional controladora de sus líneas editoriales, contribuyendo a lo que Caggiano (2012) denominó ‘el sentido común visual’ a través del cual se “naturalizan posiciones y relaciones sociales y consagran jerarquías” (Caggiano, 2012: 20).

Sin duda, lo anterior se manifestó con mayor fuerza en los números que estos magazines publicaron durante el año del centenario de la república (1910), cuando las revistas ilustradas se convirtieron en un espacio ideal para exhibir alegorías e imágenes que pusieron su acento en el progreso material, social y cultural de Chile, de acuerdo a los requerimientos de una “retórica persuasiva del exhibir” (Affigne, 2015: 306), propia de la elite dirigente nacional.

Ahora bien, la revisión de la totalidad de los números publicados durante las tres primeras décadas del siglo pasado, nos permitió encontrar fragmentos diseminados de esta autoimagen de Chile. Reunidos a partir de un problema de investigación, adquieren coherencia como parte integrante de la idea de nación difundida por la elite hacia al resto de la población a través de distintas instancias de representación, ya sean éstas textuales o visuales.

Blancura y Clima Frío

El primer ejemplo de esta escenificación a través de las revistas, corresponde a una alegoría de la patria aparecida en la revista Corre-Vuela Nº 143, de septiembre 1910 (Figura 3). Como se mencionó, la conmemoración del centenario de la república tuvo una amplia difusión en los magazines estudiados, siendo una característica el que cada uno de ellos exhibiera en las portadas de sus números más cercanos al 18 de septiembre de 1910, representaciones alegóricas de la ‘madre patria’. No es intención realizar aquí un análisis iconológico profundo de la portada de Corre-Vuela, sino identificar en ella algunos elementos visuales que dan cuenta del imaginario nacional que caracterizó a las primeras décadas del siglo XX del país, a partir del cual se concibió a Chile como una nación donde predominaba la raza blanca de origen europeo, desarrollada en un clima frío.

Revista Corre Vuela
Nº 143, septiembre 1910.
Figura 3
Revista Corre Vuela Nº 143, septiembre 1910.

En primer lugar, hay que señalar que la figura central utilizada para esta alegoría de la patria, una delgada mujer blanca, toma como referente iconográfico a la ‘Marianne’, ícono de la ‘patria libre’, popularizado universalmente a partir de la Revolución Francesa (Ayala, 2012) y que ha sido caracterizada como una “mujer, madre y joven con el perfil de una diosa griega …usa un gorro frigio, que era el distintivo de los esclavos libertos en el imperio romano …con ropas griegas y …unos pechos rebosantes que denotan juventud y fertilidad” (Ayala, 2012: 20). Algunos de los elementos presentes en ésta aparecen en alegorías de la patria chilena circulantes en los magazines estudiados (Figura 4). Ahora bien, como es sabido, esta representación de inspiración europea, dada la importancia del pensamiento liberal en el proceso de constitución de las repúblicas americanas, no fue exclusiva de Chile, sino que fue un elemento común en la iconografía de varios países del continente (Malosetti y Gené, 2013, Ayala, 2012). Sin embargo, la representación de la portada de Corre-Vuela, presenta, además de la bandera chilena y el cóndor (el ‘ave nacional’), un elemento simbólico propio del imaginario nacional chileno, y que refleja la influencia del determinismo geográfico en la constitución de una imagen de país: la presencia de la nevada Cordillera de los Andes, como gran telón de fondo de la escena, por donde aparece el sol, símbolo de la aurora de la nueva patria que ilumina a esta criolla ‘Marianne’.

Revista Zig Zag Nº 291, septiembre
1910.
Figura 4
Revista Zig Zag Nº 291, septiembre 1910.

La Cordillera de los Andes, representada en un sinnúmero de soportes (desde el Himno Nacional a la clásica caja de fósforos ‘Andes’ comercializada desde 1930), además de constituir una frontera natural del país, fue convertida desde el siglo XIX en una barrera simbólica que separó, a nivel de imaginario, a Chile del resto de los países latinoamericanos, ya que al tiempo que sugería una geografía escarpada y fría, asociada al desarrollo del espíritu de trabajo en la población, desligaba al país de la América ‘tropical’ y sus prejuicios asociados (Dümmer 2012).

La valoración del clima frío, el desprecio por ‘lo tropical’ y sus estereotipos asociados, y la insistencia en la blancura del país, en otras ocasiones fue totalmente explícita en las revistas estudiadas. Un ejemplo de ello lo constituye el anuncio comercial de la Sociedad Imprenta y Litografía Universo, aparecido en la revista Sucesos el 21 de junio de 1921 (Figura 5). En esta propaganda, en la que se contrasta a un robusto obrero blanco, cuya imagen ocupa un espacio mayoritario en el afiche, con un indígena de un lugar indeterminado, pero que por su vestimenta (un taparabos) y sus rasgos físicos (el color de su piel), se vincula fácilmente a una zona de clima cálido. La oposición sugerida entre civilización y barbarie, entre atraso (pasividad) y progreso (trabajo) es evidente, y se hace aún más explícito con el texto asociado a la imagen, que interpela directamente al lector y que ‘ancla’ la imagen a un significado específico, restringiendo otras posibles lecturas por parte del observador (Barthes: 2009).

Revista Sucesos Nº 977, junio
1921.
Figura 5
Revista Sucesos Nº 977, junio 1921.

Un País sin Indígenas

Otro de los elementos característicos del discurso nacional de principios del siglo pasado fue, como ya se mencionó, la caracterización de un Chile en donde la población indígena se encontraba en un proceso de franca desaparición. Dicha construcción ideológica, que sin duda apunta hacia el blanqueamiento discursivo de la población chilena, tuvo una presencia manifiesta a través de distintos reportajes y notas gráficas en las revistas mencionadas, principalmente en las dos de mayor tiraje, Sucesos y Zig-Zag.

Un ejemplo de esto lo constituye el reportaje titulado ‘La agonía de una raza’ (Figura 6), aparecido en la revista Zig-Zag Nº 7 de abril 1905. El texto plantea el despojo de las tierras mapuche, enaltece la cultura y valor relictual del mapuche del pasado, al ‘Mapuche guerrero’ descrito por Ercilla en la Araucana. Para ello el reportaje se centra en la imagen del cacique Juan Queimpun. quien según el autor del artículo, al momento de ser fotografiado poseía 117 años de edad, dando cuenta de su ancestralidad despositaria de antiguos valores ya desgajados. Como fin último se entiende el argumento que los mapuche son una raza que está en vías de desaparecer, enfrentada a un futuro sin esperanzas y anclada a una gloria épica pasada no reflejada en su presente.

Revista Zig Zag Nº 7,
abril 1905.
Figura 6
Revista Zig Zag Nº 7, abril 1905.

La revista Sucesos también realizó reportajes gráficos en los cuales se destacó la idea de la desaparición del pueblo Mapuche. Un ejemplo de ello lo constituye el artículo titulado ‘Un pueblo moribundo’, aparecido en el Nº 761, de abril de 1917, en el cual a diferencia del reportaje anterior, el desprecio por lo Mapuche es evidente (Figura 7). Este reportaje anónimo, acompañado por fotografías que pretenden ilustrar la miseria de los Mapuche relatada en el texto, es explícito en su desprecio por este pueblo y no escatima en el uso de estereotipos negativos, describiéndolos como “desgraciados despojos de una raza moribunda”, sucios, flojos y borrachos, justificando a través de dicha caracterización, la pérdida de sus tierras ancestrales, argumentando que “en poder del indio los bosques y terrenos de la frontera serían lo que fueron hace siglos: parajes inhospitalarios e infecundos, inmensos feudos entregados a la molicie y a la ineptitud de una raza que ha terminado ya su misión en la tierra”.

Revista Sucesos Nº 761, abril
1917.
Figura 7
Revista Sucesos Nº 761, abril 1917.

Los pueblos indígenas del Norte Grande chileno no escapan a esta mirada pesimista y alterizadora, opuesta a los discursos virtuosos respecto del país, su configuración étnica homogénea y su ideario de proyección virtuosa de comienzos del siglo XX; esto es, la exhibición de un país creciente, moderno y realizador de importantes obras públicas a nivel nacional (Ruz et al., 2016). Un país a su vez vencedor de una guerra, ejecutor de una fuerte inversión pública e impulsor de importantes procesos de industrialización en regiones a propósito de la inclusión a su erario de los excedentes de la industria salitrera y la exploración (y explotación) de otros recursos.

La representación del indígena usualmente se encuentra dada por la exhibición en una dimensión negativa y oposición a elementos propios de la modernidad de la época. Un ejemplo de ello es la Figura 8 ‘Aeroplano contra automóvil’ donde se exhiben los adelantos en materia mecánica y aeronáutica a nivel mundial, seguida por una selección de tres imágenes de ‘indios bolivianos’ poniendo en relieve y representación su imagen taciturna en uno de los casos y el resalte de su condición indígena y subordinación: ‘trabajador doméstico’, ‘raza autóctona’, referencias que robustecen la idea de la marginación al relato virtuoso, siendo frecuente a su vez encontrar representaciones que muestran esta condición de alteridad (Ruz et al., 2018).

Revista Sucesos Nº 545, febrero
1913.
Figura 8
Revista Sucesos Nº 545, febrero 1913.

La indistinción entre el indígena boliviano, peruano y el nuevo habitante del Norte Grande chileno también es recurrente, vinculando a la población chilena e indígena (aymara y quechua principalmente) a la nacionalidad boliviana y peruana; destacando a su vez rasgos milenarios, prehispánicos y arqueológicos en los fotorreportajes sugiriendo abiertamente una profundidad histórica ancestral, tal como lo demuestra el fotorreportaje ‘Los hijos del sol’ (Figura 9), representación frecuente que otorgaba cobertura a su vez a los grandes descubrimientos arqueológicos realizados en la meseta andina que, no obstante, poseía un tratamiento poco empático con la realidad regional, extranjerizada y, en casos, abiertamente alterizada.

Revista Sucesos, mayo 1916.
Figura 9
Revista Sucesos, mayo 1916.

Uno de los reportajes referidos a las comunidades indígenas nortinas (aymaras, collas y licanantai) fue ‘Las ciudades muertas’ publicado en Zig Zag en enero de 1928, en donde se presenta al norte como un espacio atado a un tiempo pasado ‘muerto’, ‘desgajado’ y ‘azotado’ por el tiempo. Su representación visual recoge la idea de un paisaje descampado, agreste hostil, desértico y humanamente ruinoso (Figura 10). Se trasmite la idea de poblados abandonados con muy poca vida, elementos poco sintonizados con otras expresiones y momentos del diario andar de la comunidades en los sectores precordilleranos y altiplánicos, como por ejemplo sus festividades, la vida campesina y productiva, la vida familiar, la complejidad de sus relaciones económicas y sociales, las que no fueron visibles por los reporteros y que, de registrarse, se presentan como expresiones de ‘otros tiempos’.

Revista Zig Zag Nº 1196,
enero 1928.
Figura 10
Revista Zig Zag Nº 1196, enero 1928.

Comentarios Finales

La imagen de Chile como un país con ciertas excepcionalidades en relación a Latinoamérica responde a procesos direccionados y sujetos a climas políticos y económicos. Bajo el alero del paradigma de la modernidad, los discursos y sus formas de representación permiten identificar, en lo oficial y en expresiones no oficiales, trazas de valores e ideología que para el caso de este ensayo se encuentran en las imágenes y fotorreportajes circulantes en las revistas ilustradas del sello editorial Zig Zag.

El comienzo del siglo XX trajo consigo la instalación a todo nivel y bajo el uso de diversos mecanismos y medios de difusión, de la idea de un Chile en proceso de modernización, situación robustecida a partir de la bonanza económica que se pudo materializar por el aumento del erario nacional resultante de la incorporación de los ricos territorios del Norte Grande post Guerra del Pacífico. Esta bonanza conllevó importantes procesos de modernización fabril en el centro del país y en las nuevas provincias nortinas, progreso que se dio a conocer y ser exhibido por diversos medios, demostrando el triunfo de la modernidad sobre el pasado premoderno.

Este desanclaje con lo tradicional y lo preexistente se realizó pensando y presentando una imagen de país sin dichos anclajes, mirando la idea de desarrollo occidental, sin indígenas ni sociedades tradicionales, con medios de producción y tecnologías actualizadas, todo bajo la utopía moderna europea, construcción alegórica y estereotipada que tuvo como escaparate de exhibición a los medios de comunicación y como peculiar aliado, a las revistas magazinescas.

La exposición de este ciclo y de esta alegoría coincidió con la sofisticación de los medios de comunicación, que venían incorporando nuevas formas de divulgar contenidos, otorgando a la imagen, un papel preponderante en la instalación de una idea de país en apogeo. La exhibición de la modernidad en un contexto de crecimiento como país, no solamente afectó a las formas o la retórica con que se construyó la autoimagen del Chile próspero, sino que también sofisticó la cultura y la forma en que esta se expresa, particularmente en lo concerniente a la forma en cómo se comunican y masifican ideas. La ampliación de la retórica visual y la masificación de imágenes de Chile en este contexto no solo exigió que los medios exploraran e instalaran nueva técnicas para mejorar sus formatos de divulgación, sino que también modernizó la forma en cómo los chilenos se relacionaron con la imagen y con sus intermediadores, afectando las formas de ver y conocer, adquiriendo una impensada dimensión cognitiva considerando el trasfondo epistemológico que hay detrás del proceso de conocer por medio de la observación y el reconocimiento de lo que se exhibe.

El reconocimiento e integración de los múltiples dispositivos de exhibición de la modernidad y de la identidad chilena (alegorías, afiches publicitarios, reportajes, notas gráficas, exhibiciones de época) permite comprenderlos como parte integrante de un discurso de más largo aliento, vale decir, son parte de la escenificación de la nación en un contexto histórico e ideológico determinado, siendo este un fenómeno no inocente.

Agradecimientos

Esta publicación es resultado del proyecto FONDECYT 1171499 y el proyecto de Investigación Científica UTA 5749-17. Los autores agradecen al Convenio de Desempeño en Educación Superior Regional UTA 1401, financiado por el Ministerio de Educación de Chile y la Universidad de Tarapacá.

REFERENCIAS

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Notas de autor

a Doctorando en Antropología, Universidad de Tarapacá-Universidad Católica del Norte, Chile. Académico, Universidad de Tarapacá, Chile. Dirección: Departamento de Ciencias Históricas y Geográficas, Universidad de Tarapacá. 18 de septiembre 2222. Arica, Chile. e-mail: rruz@uta.cl
b Doctorando en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile. Becario CONICYT.
c Doctor en Filosofía, Universidad de Chile. Académico, Universidad de Tarapacá, Chile. e-mail: lgaldame@uta.cl

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