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LA MIGRACIÓN DE LA VIVIENDA AYMARA Y EL CRECIMIENTO DE LA CIUDAD DE ARICA ENTRE 1950 Y 1990

THE MIGRATION OF THE AYMARA HOUSEHOLD AND THE GROWTH OF THE CITY OF ARICA BETWEEN 1950 AND 1990

A MIGRAÇÃO DA MORADIA AIMARÁ E O CRESCIMIENTO DA CIDADE DE ARICA ENTRE 1950 E 1990

Diego Andrés González Carrasco
Pontificia Universidad Católica, Chile
Héctor González Cortéz
Universidad de Tarapacá, Chile

LA MIGRACIÓN DE LA VIVIENDA AYMARA Y EL CRECIMIENTO DE LA CIUDAD DE ARICA ENTRE 1950 Y 1990

Interciencia, vol. 44, núm. 12, pp. 676-680, 2019

Asociación Interciencia

Recepción: 03 Enero 2019

Corregido: 15 Abril 2019

Aprobación: 13 Diciembre 2019

Financiamiento

Fuente: Fondecyt de Postdoctorado Nº 3170348,

Beneficiario: Diego Andrés González Carrasco.

Resumen: Este artículo expone los cambios que ocurrieron en el espacio construido habitado por las familias aymaras en el contexto urbano, luego de su migración a la ciudad de Arica a partir de mediados de la década de 1950. Tras presentar algunos conceptos básicos para entender el contexto general en el que se enmarca este proceso de traslado y sus consecuencias mayores, se analiza el crecimiento de la ciudad y cómo los aymaras se instalaron en la urbe, registrando distintos momentos a lo largo de casi cuatro décadas, pero a la vez, entendiendo que características comunes en lo referido a la vivienda urbana y su relación con la tradicional se siguieron manteniendo.

Palabras clave: Arica, Arquitectura Vernácula, Aymara, Crecimiento Urbano, Cultura, Migración, Vivienda.

Abstract: This article exposes the changes that took place in the built space inhabited by the Aymara families in the urban context, after their migration to the city of Arica from mid of the 1950s. After the presentation of some basic concepts to understand the general context in which this process of relocation and its major consequences are framed, the growth of the city and how the Aymaras settled in the city are analyzed, registering different moments along almost four decades, but at the same time, understanding that common characteristics regarding urban housing and its relationship with the traditional one continued to be maintained.

Resumo: No seguinte trabalho se expõem as mudanças ocorridas no espaço construído habitado pelas famílias aimará no contexto urbano, logo após da sua migração para a cidade de Arica a partir da metade da década de 1950. Depois de expor alguns conceitos básicos para entender o contexto geral em que está enquadrado este processo de translado e suas maiores consequências, se analisa o crescimento da cidade e como os aimarás se instalaram na urbe, registrando distintos momentos ao longo de quase quatro décadas, mas ao mesmo tempo, entendendo quais características comuns, em relação a moradia urbana e sua relação com a tradicional, continuam sendo mantidas

Según los datos del último Censo de población (INE, 2017), a nivel nacional se considera a 156.754 personas como pertenecientes a la etnia aymara. Por su parte, en la en la comuna de Arica, región de Arica y Parinacota, habitan 56.827 personas de esta etnia, siendo esta ciudad aquella con la mayor concentración de población aymara en Chile, seguida de Iquique; la mayoría habita en sectores urbanos, siendo en la región de Arica y Parinacota un 81% urbana y un 19% aún rural (INE, 2017).

El explosivo aumento poblacional que vivió la ciudad de Arica implicó una importante ampliación de su espacio urbano que se materializó mayoritariamente a través de la ocupación espontánea, a través de tomas de terreno, características de los años sesenta, o de medidas provistas por las mismas entidades gubernamentales para los sectores socio-económicos más vulnerables, como fue la entrega planificada de sitios en 1970 y de lotes con servicios durante los años comprendidos entre fines de 1970 y 1980 (MINVU, 2004). Estas alternativas, y las mismas políticas estatales de la época, favorecieron el sistema de autoconstrucción total, práctica que se prolonga hasta fines de la década de 1980, debido a que a partir de 1990 la solución habitacional gubernamental se estructura a partir de la entrega de viviendas sociales progresivas y básicas (MINVU, 2004), las que pese a limitar evidentemente la capacidad de agencia constructiva de los beneficiarios, siguen presentando a través de la autoconstrucción mejoras importantes, convirtiendo cada vivienda en un ejemplo contemporáneo de arquitectura vernácula, que en el caso de los aymaras termina constituyéndose como elemento clave en el proceso de asimilación a la realidad y sociedad urbana.

A continuación se presenta un fragmento de una investigación mayor, que tiene como hipótesis fundamental el que las viviendas Aymaras autoconstruidas en la ciudad de Arica por familias migradas entre las décadas de 1950 y 1980, pudieron mantener de mejor manera las características de su habitar tradicional, debido a la inexistencia de las restricciones impuestas por las soluciones habitacionales entregadas por el Estado a partir de los años 90.

Para comprobar esto se planteó un trabajo de revisión de 10 casos de viviendas aymaras urbanas por cada década, lo que siginificó un levantamiento planimétrico y fotográfico de cada caso, además de una entrevista semiestructurada al jefe o jefa de hogar.

Algunos Conceptos Involucrados

Lo que nos interesa recalcar es un aspecto poco conocido y/o reconocido de la realidad indígena de Chile, aquel relacionado con las transformaciones que han provocado las migraciones de las últimas décadas y que han terminado con la instalación mayoritaria de su población en las áreas urbanas del país. Es este el contexto general a partir del cual nos preguntamos específicamente acerca de la persistencia de elementos del habitar tradicional aymara en las nuevas viviendas en la ciudad de Arica.

La nueva realidad cultural de residencia urbana que afecta e impacta a los aymaras y los otros grupos indígenas del país se debe entender en relación con los patrones históricos de integración a la/s región/es de pertenencia. En estos patrones intervienen no solo sus propias características culturales de origen, sino también los modelos regionales de desarrollo y de modernización.

Si bien la antropología utiliza el concepto de cultura para registrar la diversidad de formas de vida que presentan los seres humanos, no entrega una definición única o concluyente de este concepto. Como señala Ingold (2003), el concepto implica un nivel muy alto de abstracción, ya que la cultura no es algo que siempre podamos esperar encontrar 'en el terreno'. Hay que comprender el concepto de cultura como una dimensión que hace eco de la diferencia de haberse desarrollado en un lugar y situación determinados, es decir, más como adjetivo que como sustantivo (Appadurai, 2001).

Los aymaras del norte de Chile no han estado ajenos a los procesos históricos ocurridos en la zona. Su cultura no se puede entender como una cultura pura o aislada. Las culturas andinas en general se vieron impactadas por los procesos coloniales y neocoloniales regionales (los estados nación modernos), cuando todavía su lugar de asentamiento principal era rural y aun no se producía la emigración a las ciudades. De esta manera, se trataba de culturas indígenas ‘mixtas’, constituidas por continuidades y discontinuidades dentro de un orden temporal más que en uno espacial.

Los aymaras actualmente en territorio chileno se han visto expuestos al menos a cuatro sistemas de sujeción: la dominación inca, la colonización española, la inclusión al Estado nación peruano y la anexión al Estado chileno, cada uno con sus respectivas y particulares características. El desmantelamiento del aparato colonial español no supuso la descolonización total para los pueblos indígenas de los Andes y las administraciones republicanas, a pesar de la promesa liberal de igualdad en la ciudadanía, continuaron ejerciendo una acción colonialista (González y Gundermann, 2009).

Siguiendo la postura de autores como Maldonado-Torres (2007), quien afirma que no hay modernidad sin colonialismo, es posible postular que en el constante estado de modernización ejercido por el Estado chileno, el colonialismo sigue vigente y ello es visible en las políticas gubernamentales, incluidas las relativas a la oferta estatal de viviendas para los sectores sociales vulnerables, a través de la imposición de modelos que apuntan al sostenimiento de una cultura hegemónica de ‘modernidad’.

Las comunidades aymaras no pueden seguir siendo consideradas como entidades rurales tradicionales, cerradas y aisladas, opuestas no solo espacialmente sino también económica, social y culturalmente a los modernos centros urbanos (Carrasco y González, 2014). Los aymaras chilenos mantienen un sistema de redes sociales que vinculan sus experiencias rurales y urbanas (mantención de tierras y animales, empleo y comercio en ciudades, participación en organizaciones, asistencia a festividades, entre otros aspectos), lo que implica una alta movilidad entre ambos sectores y la presencia de sistemas de residencia múltiple (González, 1996). De esta manera, la experiencia del habitar de las familias aymaras da cuenta de varias viviendas simultáneas, tanto en los sectores rurales como en la nueva realidad de vida citadina.

García Canclini (1995) plantea que las fronteras entre países o la vida en las grandes urbes son espacios que condicionan formatos, estilos y contradicciones específicas de hibridación cultural. En nuestro caso, el habitar ‘tradicional’ de la mayoría de los aymara que se han instalado en la ciudad y son beneficiarios de las políticas públicas de vivienda, corresponde al área altiplánica, un espacio social fronterizo tripartito (Chile, Perú y Bolivia); en tanto que su vida en la ciudad supone su inserción en el cosmopolitismo cultural urbano de una ciudad como Arica, donde se replican las condiciones de las grandes urbes, incluidos los modelos estatales de lo que debe ser la vivienda tipo para sectores sociales vulnerables en general, sin distinción de sus posibles especificidades culturales. Deberíamos entonces entender la hibridez como un fenómeno de translación por excelencia, como el lugar de los intersticios donde se generan des-territorializaciones y re-territorializaciones, recodificaciones y reinvenciones, en un proceso donde se va formando una nueva lógica, la de la suplementariedad, de la ‘no-simultaneidad de lo simultáneo’ de fenómenos que parecen pertenecer a momentos distintos, pero se dan al mismo tiempo (Rincón, 1995).

Los Aymaras también han debido adaptarse a los cambios culturales que vive la sociedad chilena como consecuencia de su conexión cultural con el resto del orbe; es decir, también participan del proceso de globalización al cual estarían relacionadas las identidades fragmentadas, de acuerdo con lo que sugiere Hall (1996). Para el caso de los indígenas chilenos en general y los aymara en particular, también se deben señalar la presencia de políticas de identidad promovidas por la Corporación de Desarrollo Indígena (CONADI), cuya consecuencia ha sido un reposicionamiento de las identidades indígenas. Las nuevas políticas de identidad constituyen la reacción de los gobiernos latinoamericanos a la emergencia de movimientos indígenas durante las décadas de 1980-1990 (Albó, 2002). Estas nuevas políticas forman parte también de la agencia de la cultura occidental, y no necesariamente de las propias culturas originarias, aunque favorezcan su reposicionamiento.

Los conceptos de cultura e identidad se basan en prácticas de individuos expuestos a contextos históricos, en este caso de subordinación a sociedades dominantes. Así, cuando nos referimos a la cultura o tradiciones culturales aymara, no estamos hablando de una totalidad monolítica y perdurable, sino expuesta a procesos constantes de adiciones y modificaciones. Las ideas, valores y prácticas que han sido legadas por las generaciones pasadas y que han dado sentido a la vida social en un momento determinado, han estado expuestas de manera sostenida a intentos homogeneizadores. Como veremos en este trabajo, con el traslado de la mayor parte de su población a las urbes costeras y la misma modernización de las comunidades del sector rural, los valores y significados ‘occidentales’ impuestos por el estado-nación chileno han afectado a los aymaras, convirtiendo su cultura en algo más híbrido, pero no por eso menos propio.

El Crecimiento de la Ciudad y los Aymaras

Como antecedente directo para entender los cambios y continuidades en las viviendas urbanas, la uta o vivienda tradicional principal de los aymaras en las zonas altas (valles altos y altiplano) está compuesta por módulos independientes que se conectan entre sí por un espacio exterior en donde se realizan labores domésticas y productivas. Estos espacios están diferenciados entre uno central reconocido como cocina, otro destinado a dormitorio común y otro que sirve como bodega. El habitar se desenvuelve entonces entre estos interiores y el exterior, teniendo particularidades que lo diferencian del modelo occidental, donde por ejemplo observamos nociones de privacidad o el uso de mobiliario específico.

Los antecedentes de la migración aymara hacia la ciudad de Arica los podemos encontrar a partir de la década de 1950, cuando producto de medidas estatales de excepción, la ciudad se convierte en un importante polo comercial e industrial (Galdames y Ruz 2010). Al analizar el crecimiento de la ciudad a partir de este momento se aprecia como este auge económico trajo consigo el crecimiento de la urbe y junto con él, la instalación en distintos sectores de las familias aymaras migrantes.

El crecimiento observado en la ciudad de Arica entre las décadas de 1950 y 1960 muestra como alrededor del casco histórico se han llenado algunos paños de terreno, apareciendo, también, en el norte de la ciudad, al sur del rio San José, la población Rosa Esther, la que cuenta con presencia de familias aymaras. Además, vemos la consolidación del espacio inmediato al centro histórico definido por la calle 18 de Septiembre y la caja del río San José. Este sector corresponde al barrio Maipú Oriente, donde se encuentra un importante número de familias Aymaras migradas a fines de 1950 y 1960 (Figura 1).

Crecimiento de Arica 1950, 1960 y 1970. Barrios y Poblaciones: 1 Maipú Oriente; 2 18 de Septiembre; 3 Centenario; 4 Tucapel; 5 San Martín; 6 Saucache Sur; 7 Saucache Norte; 8 Chile; 9 Renato Rocca; 10 Tarapacá; 11 San José; 12 Chapiquiña; 13 Cabo Aroca.
Figura 1
Crecimiento de Arica 1950, 1960 y 1970. Barrios y Poblaciones: 1 Maipú Oriente; 2 18 de Septiembre; 3 Centenario; 4 Tucapel; 5 San Martín; 6 Saucache Sur; 7 Saucache Norte; 8 Chile; 9 Renato Rocca; 10 Tarapacá; 11 San José; 12 Chapiquiña; 13 Cabo Aroca.

En este primer momento, los relatos recogidos en las entrevistas hablan de un crecimiento que, junto con urbanizar espacios, regulariza la situación de familias de pobladores y pobladoras aymaras. Estas viviendas construidas por agencia propia y en todos los casos pesquisados, de material ligero, fueron progresivamente modificándose y adquiriendo un mayor tamaño, a la vez que la materialidad cambiaba. Así, aparecen los primeros indicios de un de una asimilación a la realidad del habitar occidental, alejándose de las conformaciones iniciales de volúmenes alrededor de un patio central, que las acercaban a la tipología de la vivienda tradicional.

Además, se menciona el living o sala de estar, no presente en la vivienda tradicional y muestra de un proceso de asimilación a la realidad del habitar ‘chileno’ en la población no aymara de la ciudad. Otro espacio que aparece con los procesos de regularización y urbanización de los terrenos donde se ubicaban las viviendas es el baño; este al parecer es un programa de la vivienda que marcó a las familias aymaras, un hito respecto del habitar tradicional versus la primera vivienda urbana: “…era igualito al baño de las otras casas de Arica poh… así con ducha y cerámicas… no como el de antes…” (entrevistada mujer de 65 años).

Para 1970 la ciudad más que duplicó su tamaño, terminándose de consolidar el barrio Maipú Oriente y 18 de Septiembre. Han aparecido al costado del estadio la villa Centenario, la población Tucapel y San Martín, mientras que luego del terreno de la Universidad del Norte, los barrios Saucache Sur y Norte.

Sin embargo, el mayor crecimiento se ha registrado en el sector norte de la ciudad, surgiendo una veintena de nuevo barrios. Son relevantes la Población Chile, además de las poblaciones Renato Rocca, Tarapacá, San José, Chapiquiña y Cabo Aroca. Todos estos sectores con una alta presencia de población aymara migrada durante la década de 1970.

Relatos de vecinos aymaras migrados en 1970 describen viviendas construidas con material ligero, con módulos aislados, de cocina y habitaciones comunes, conformando un patio exterior donde se mantenían animales para venta y consumo. Posteriormente, se realizó un loteo e instalación de servicios básicos, surgiendo la posibilidad de acceder a un lote que se componía de un núcleo en albañilería, con un baño y una habitación contigua. Este era la base de las ampliaciones informales que, al igual que en casos anteriores, van creciendo, cambiando y mejorando la materialidad.

La década de 1980 y 1990 estuvo caracterizada por la ampliación de la acción del Estado en la provisión de viviendas sociales. Estos barrios de vivienda social terminaron por contribuir a diversificar la localización de las familias Aymaras, ya no pudiéndose hablar de ‘barrios de aymaras’ como pudo haberse hecho a fines de los años 50 y especialmente en 1960 y 1970 (Quiroz, 2014).

Las familias aymaras que accedieron a vivienda durante este tiempo, se distribuyeron por todos los nuevos sectores con los que se amplió la ciudad. Especialmente relevante será la presencia de familias aymaras en las poblaciones Nueva Esperanza. Esto se entiende por su proximidad con los Terminales ASOCAPEC y ASOAGRO, donde se comercializan frutas y verduras, una de las actividades más relevante realizadas por los migrantes aymaras (González, 1995).

Como se mencionó, las viviendas de las familias aymaras migradas en 1960 y 1970 se caracterizaron por poseer un desarrollo desde una vivienda en material ligero, similar la vivienda tradicional. Normalmente una o dos habitaciones en forma de módulos articulados por un patio doméstico y en sitios no configurados formalmente. Esta realidad a partir de la acción del estado en la década de 1970 permitió que el inicio del proceso de autoconstrucción partiera desde un núcleo de servicios básicos, los que se convirtieron en lo que en la uta sería el módulo principal o cocina.

Conclusiones

Las características de las viviendas tradicionales se trasladaron de manera más literal en los primeros momentos migratorios y progresivamente fueron transformándose en una nueva tipología de vivienda aymara. Esta, mantiene ciertas características del habitar tradicional, como por ejemplo el patio (González, 2016) o la manera de concebir la compartimentación de los espacios, contraria a la idea de privacidad que subyace al corredor o pasillo (Evans, 2005); sin embargo, comienza a aceptar espacios, materialidades y conceptos de la vivienda occidental. Algo similar observamos en las viviendas de familias migrantes de fines de la década de 1980 y en la de 1990. En estos casos la entrega por parte del Estado de una vivienda, provoca que la vernacularización de esta por medio de la autoconstrucción, es decir, inversamente que en los casos de décadas anteriores.

En el caso particular de las familias aymaras migradas a la ciudad de Arica, como ejemplo de un grupo de población que ha vivido la instancia de instalación en la urbe, se demuestra que ese proceso de adaptación complejiza los conceptos de identidad étnica, por cuanto la población aymara actualmente residente en Arica, ha adoptado también ciertas lógicas de habitar occidental que se manifiestan en la adopción de cierto tipo de mobiliario y la conformación de programas dentro de la vivienda, como la sala de estar o living, que si bien no están presentes en la vivienda tradicional son importantes en la vivienda aymara urbana hoy (González, 2016).

Las realidades culturales de las familias aymaras han variado al estar en contacto con una nueva realidad social en las urbes. La cultura de los grupos indígenas migrados a las urbes chilenas debe entenderse en constante cambio debido a las relaciones de intercambio con la comunidad urbana total y, en el ámbito de la arquitectura, con modos de habitar que si bien a simple vista pueden parecer homogeneizantes, lo que han hecho ha sido complejizar las nociones espaciales ligadas a unos modos de habitar distintos a los tradicionales.

Agradecimientos

Este artículo es parte de los resultados de la Investigación Fondecyt de Postdoctorado Nº 3170348, de la cual el autor es el Investigador Responsable.

LA MIGRACIÓN DE LA VIVIENDA AYMARA Y EL CRECIMIENTO DE LA CIUDAD DE ARICA ENTRE 1950 Y 1990

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Notas de autor

dngonzal@uc.cl

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