Ensayos
AGUA SANTA, ESPACIO PIVOTANTE DE LA INDUSTRIA DEL NITRATO DE SODA EN TARAPACÁ. LOS PERIODOS ‘PERUANO’ Y ‘CHILENO’ DE LA OFICINA MÁS EMBLEMÁTICA DEL CICLO DE EXPANSIÓN DEL SALITRE
AGUA SANTA, PIVOTAL SPACE OF THE NITRATE OF SODA INDUSTRY IN TARAPACÁ. THE ‘PERUVIAN’ AND ‘CHILEAN’ PERIODS OF THE MOST EMBLEMATIC IN THE NITRATE EXPANSION CYCLE
AGUA SANTA, ESPAÇO PIVÔ DA INDÚSTRIA DE NITRATO DE SÓDIO EM TARAPACÁ. OS PERÍODOS ‘PERUANO’ E ‘CHILENO’ DO ESCRITÓRIO MAIS EMBLEMÁTICO DO CICLO DE EXPANSIÓN DO SALITRE
AGUA SANTA, ESPACIO PIVOTANTE DE LA INDUSTRIA DEL NITRATO DE SODA EN TARAPACÁ. LOS PERIODOS ‘PERUANO’ Y ‘CHILENO’ DE LA OFICINA MÁS EMBLEMÁTICA DEL CICLO DE EXPANSIÓN DEL SALITRE
Interciencia, vol. 45, núm. 9, pp. 434-440, 2020
Asociación Interciencia
Recepción: 15 Julio 2020
Corregido: 16 Septiembre 2020
Aprobación: 17 Septiembre 2020
Financiamiento
Fuente: Proyecto Fondecyt Regular N° 1190303
Nº de contrato: Fondecyt Regular N° 1190303
Beneficiario: Sergio González Miranda
Resumen: Se analizan los principales hitos de la oficina Agua Santa que la llevaron a transformarse en la más emblemática de la provincia de Tarapacá y de Chile durante la expansión de la minería del salitre, que concluye con la Primera Guerra Mundial. Se plantea que su éxito se debió a factores que transformaron a Agua Santa en un espacio pivotante. Se explica la relevancia histórica que alcanzó Agua Santa durante ‘el periodo chileno’, transformándose en un referente de lo que fue, por un lado, la tecnología salitrera y, por otro, la construcción de un espacio urbano en el desierto de Atacama. Se analiza con más detalles el ‘periodo peruano’ de Agua Santa por ser el más desconocido y porque es clave para comprender su éxito posterior a la Guerra del Pacífico.
Palabras clave: Cantón Salitrero, Ciclo del Salitre, Espacio Pivotante, Industria del Nitrato de Soda.
Abstract: The main milestones of the Agua Santa nitrate office that turned it into the most emblematic one in the province of Tarapacá and all of Chile during the expansion of nitrate mining, which concludes with the First World War, are analyzed. It is suggested that its success was due to factors that turned Agua Santa into a pivotal space. The historical relevance that Agua Santa reached during the ‘Chilean period’ is explained, becoming, on one hand, a model of what nitrate technology was, and, on the other hand, building an urban space in the Atacama Desert. The ‘Peruvian period’ of Agua Santa is analyzed in more detail since it is less known and because it is key to understanding its success after the Pacific War.
Resumo: São analisados os principais marcos do escritório Agua Santa que ajudaram a torna-lo o mais emblemático da província de Tarapacá e do Chile durante a expansão da mineração do salitre, que conclui com a Primeira Guerra Mundial. Considera-se que o seu sucesso foi devido a fatores que transformaram Agua Santa em um espaço pivô. Explica-se a relevância histórica que alcançou Agua Santa durante ‘o período chileno’, tornando-se uma referência do que foi, por um lado, a tecnologia de salitre e, por outro, a construção de um espaço urbano no deserto de Atacama. O ‘período peruano’ de Agua Santa é analisado mais detalhadamente por ser menos conhecido e por ser chave para compreender seu sucesso após a Guerra do Pacífico.
Introducción
El ‘Ciclo del Salitre’ se inicia en 1830, con las primeras exportaciones de nitrato de soda al mercado internacional de los fertilizantes, aunque el primer boom salitrero recién se logró entre 1870 y 1874 (Billinghurst, 1889), lo que podría considerarse el inicio de la expansión económica y social de esta industria. El salto que se produjo después de 1880 fue más significativo, ya que mientras en 1878 la producción salitrera era de 323.058 toneladas métricas, en 1883 llegó a 589.720 toneladas métricas y, en 1890, a un año de la guerra civil de 1891, cuando los intereses salitreros estaban ya en su máxima expresión, la producción alcanzó 1.063.277. A comienzos del siglo veinte, esta última cifra productiva llegaba al doble, y a fines del Ciclo se aproximaba al triple.
Para una mayor claridad respecto de la importancia de la industria salitrera, el cónsul general y agente de la propaganda salitrera en Argentina, ingeniero Carlos Henríquez, señaló en una conferencia en 1925: “El valor del salitre explotado desde 1880 hasta la fecha puede estimarse en 6.900 millones de pesos oro de 18 peniques. Por concepto de derechos de exportación, el Estado ha percibido como entrada por salitre y yodo 2.241 millones de pesos oro de 18 peniques” (Henríquez, 1925: 24).
De los ingresos fiscales chilenos, en el periodo entre 1880 y 1924, el salitre aportó el 41,65%. Todo ese flujo de recursos proveniente del salitre generó cambios estructurales en la sociedad nacional. Sin embargo, esa escala a nivel del Estado-Nación puede invisibilizar detalles sin los cuales no sería posible explicar el desenvolvimiento del Ciclo en su conjunto. Uno de esos detalles fue la importancia simbólica de una ‘Oficina’ salitrera: Agua Santa. El concepto ‘oficina’ fue transferido desde la minería argentífera a la salitrera (Villalobos, 2001).
El Ciclo del Salitre en Tarapacá puede diferenciarse en dos momentos, siendo la Guerra del Pacífico, la que confrontó a Bolivia y Perú con Chile, el hito que los separa. El primer momento, que se puede denominar ‘periodo peruano’, abarcó desde 1830, cuando se iniciaron las exportaciones del salitre al mercado internacional de los fertilizantes, hasta 1879. El segundo, que llamamos ‘periodo chileno’, es aquel que comienza en 1880, cuando la administración política de esta provincia quedó en manos del Estado-Nación de Chile, concluyendo en la década de 1930 con la irrupción de la gran crisis internacional.
La fase expansiva de la industria del nitrato de soda tiene otra periodicidad, aunque suele asociarse al periodo chileno (Muñoz Gomá, 1977), pero desde nuestro punto de vista, se inicia con el primer boom salitrero de 1870 a 1874 y finaliza con el término de la Primera Guerra Mundial que trajo aparejada la crisis de 1919 (González et al., 2016).
Hasta 1879 Tarapacá fue la provincia dominante de todo el litoral del desierto de Atacama que exportaba este mineral no metálico. Ese dominio se extendió hasta 1912, cuando fue superada por la provincia de Antofagasta.
La industria del salitre en Tarapacá tuvo una importancia crucial para las sociedades de Perú y Chile, y aquí lo analizaremos a través de una oficina salitrera, entendida como un actor. Se trata de la oficina salitrera Agua Santa que, consideramos, fue la más emblemática de esta provincia (Figura 1).

Esta oficina salitrera transitó del periodo peruano al chileno y tuvo un papel relevante en ambos, aunque este fue más notorio durante el segundo de los períodos. Sin embargo, el éxito que tuvo con posterioridad a la Guerra del Pacífico no podría ser entendido a cabalidad sin indagar en las décadas previas. Se trata de dos momentos diferentes y complementarios a la vez.
Gracias al registro que realizó la Comisión de Abogados del Gobierno del Perú durante los años de la expropiación de esta industria, fue posible rastrear los orígenes de la oficina Agua Santa desde mediados del siglo XIX: “El Ciudadano Daniel Fernández Dávila Abogado de los tribunales de la Republica i Escribano Público é Hipotecas de esta Capital. Certifico: que la oficina denominada “Agua Santa” situada en el cantón de Negreiros, de la propiedad de los herederos de Don José Osorio, no reconoce hipoteca de ninguna clase, según aparece del archivo de hipotecas que corre á mi cargo, i cuyo examen he practicado minuciosamente desde el año mil ochocientos cincuenta i dos hasta la fecha, doi fé. Y a pedimento de parte interesadas doi este en Tacna Agosto siete de mil ochocientos setenta i siete. Daniel Fernández Dávila Escribano Publico é Hipotecas.” (ART, 1884).
Sabemos que la oficina paralizó sus actividades definitivamente en 1936. Si establecemos el origen en 1852, su existencia alcanzó los 84 años, es decir, fue una de las más longevas del Ciclo del Salitre.
¿Por qué la oficina salitrera Agua Santa sería la más emblemática del ciclo de expansión del nitrato de soda? Esta pregunta resulta aún más válida por cuanto no perteneció a ninguna de las grandes compañías salitreras, tales como las Casas Gibbs y Gildemeister, ni fue una de las “perlas del collar de oficinas de J.T. North y socios” (Bermúdez, 1984: 245).
¿Por qué Agua Santa sería pivote de la industria del salitre? considerando que durante el ciclo de expansión hubo otros lugares que podrían definirse de pivotantes para esta minería, como aquellos cantones próximos a los puertos mayores de Iquique y Pisagua. En cambio, Agua Santa se articuló con un puerto menor: Caleta Buena.
Empleamos el término pivote o pivotante siguiendo la definición de Boisier sobre regiones ‘pivotales’. Este autor señala que “son las menores unidades político-administrativas que al mismo tiempo son estructuralmente complejas y poseen cultura e identidad y flexibilidad” (Bosier, 1994: 23).
El concepto anterior solo nos interesa en tanto explica el dinamismo de un espacio compuesto por flujos económicos, sociales y culturales que se desarrollan a partir de un centro, sin importar la escala. En concreto, podría asemejarse a lo que espontáneamente se denominó un ‘cantón salitrero’ (González y Artaza, 2016). Sostenemos que el Cantón Negreiros se consolidó sobre los flujos económicos, sociales y culturales que generó la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Agua Santa, donde la oficina homónima fue el eje central, a partir de los cuales se desarrolló una sociabilidad urbana.
Hubo en Tarapacá otras oficinas salitreras que alcanzaron gran renombre. Por ejemplo, la oficina salitrera La Palma alcanzó la distinción de Patrimonio Histórico de la Humanidad en 2005, junto a la oficina Santa Laura. También la principal oficina de J.T. North, Primitiva. Durante el ‘periodo peruano’ hubo salitreras que fueron fundamentales para el desarrollo de esta industria, como Nueva La Noria y Sebastopol, donde el químico chileno Pedro Gamboni logró extraer yodo de las aguas madres del salitre (Crozier, 1997). La oficina Alianza, propiedad de la Compañía Salitrera Esperanza, fue una ‘máquina’ con gran capacidad productiva durante el boom salitrero de 1872-74, y continuó siendo dominante en producción durante todo el ‘periodo chileno’. Aquí desarrollaremos los motivos que elevaron a Agua Santa como la más emblemática oficina de la fase de auge de la industria del salitre y las razones por las que fue la gran articuladora entre los periodos peruano y chileno del salitre.
Agua Santa y el ‘Periodo Peruano’
Los escritos que se refieren a la oficina Agua Santa suelen mencionar que la empresa Campbell, Outram C° la habría adquirido de su propietaria Francisca Hidalgo viuda de Osorio en 1874, y así se ha repetido con toda certeza la existencia de esta transacción (Durán, 2015). No podía ser de otro modo, pues la fuente provenía de ni más ni menos que de James Thomas Humberstone, ‘don Santiago’, su principal administrador. En un escrito de 1931 éste recuerda lo siguiente: “Los resultados verdaderamente sorprendentes obtenidos con el procedimiento nuevo en “San Antonio” durante los años 1876 y 1877, animaron a uno de los socios de la firma Campbell, Outram y Cía., a ensanchar sus actividades en la Industria y, con ese fin, compraron a doña Francisca vda. de Osorio los terrenos y las paradas de “Agua Santa” para instalar allí una Oficina modelo según los planes del que suscribe. En noviembre de 1877 se dio principio a la edificación siguiendo mientras tanto con la elaboración de salitre en las Paradas” (Berry-Bravo y Bravo-Elizondo, 2007: 270). Un pequeño detalle no puede pasar desapercibido: señala a Francisca viuda de Osorio y no a Francisca Hidalgo viuda de Osorio. Aunque J.T. Humberstone firma el escrito en abril de 1931 en el puerto de Iquique, es decir, ya era una persona de 81 años, su memoria está correcta y solo omite el apellido de la señora Francisca.
El nombre de Francisca viuda de Osorio fue consignado como la propietaria original de esta salitrera, porque a ella le correspondió, junto a sus hijas, venderla a Campbell, Outram C°. El esposo de la señora Francisca fue José Osorio. Cabe indicar que él no fue el primer dueño de esta oficina de Paradas, ni la nombró Agua Santa, pues tenía ese nombre cuando la compró a Mariano Oviedo, quien había denunciado ciento doce estacas peruanas, que para la época era una estacamento de gran dimensión, porque la estaca peruana correspondía a doscientas varas por lado.
Al fallecer José Osorio, el 26 de agosto de 1869, intestado, sus herederas fueron exclusivamente su esposa Francisca García (y no Hidalgo) y sus hijas Ángela y Honoria. Ángela estaba casada con Fermín Hernández y Honoria lo estaba con Bernardo García, quienes las representaron ante la empresa Campbell, mientras Manuel Morris lo hizo a nombre de Francisca. La operación de venta se realizó en 1877 y no en 1874.
Cuando, en 1875, el gobierno del presidente peruano Manuel Pardo organizó la maquinaria expropiatoria de las oficinas salitreras de Tarapacá (a través de los Bancos Asociados, primero, y el Banco de la Providencia, después, para concluir con la Compañía Salitrera del Perú) la oficina Agua Santa no estaba en el radar de nadie en Lima, porque era una oficina salitrera de ‘Paradas’, como había muchas. No estaba en el selecto grupo de las oficinas de ‘Máquinas’ que habían logrado con su producción desplazar al guano del mercado internacional de los fertilizantes en 1872.
Cabe una mención breve a ese proceso iniciado con la llegada el banquero Manuel Pardo al poder en Lima, en 1872, el cual se inició con el establecimiento de un estanco salitrero, un impuesto alto y, después, una ley de expropiación en 1875. Es decir, ante la resistencia de los empresarios salitreros a la política del gobierno Pardo endureció las medidas, lo que según la prensa de la época había llevado a los empresarios salitreros a observar con interés las pampas del El Toco, en el litoral boliviano. El periódico El Comercio de Iquique del 13 de septiembre de 1875, advertía en su segunda página que “la exportación de salitre comenzó en el litoral de Bolivia en abril de 1870 y se exportado hasta el 3 de agosto próximo pasado la suma de 894.992 quintales de 99 libras en 61 buques”. Sin embargo, nada detuvo a Manuel Pardo y los Bancos Asociados.
Por lo anterior es que resulta sorprendente que los dueños de la oficina salitrera San Antonio de Zapiga, la empresa Campbell, Outram C°, quienes venían desde la década anterior intentando adquirir Paradas salitreras con grandes estacamentos y caliche (la materia que contiene el nitrato) de buena ley, tarea que estuvo en manos del socio John Syers Jones, siguieran insistiendo en modernizar sus oficinas.
Hacia 1875 la oficina salitrera más importante de esta empresa era San Antonio de Zapiga. En enero de ese año arribó al puerto de Pisagua, con destino a esa oficina salitrera, un joven ingeniero y químico inglés llamado James Thomas Humberstone, quien relata que en el año 1874, el administrador de la oficina San Antonio de Zapiga, James Walker, había diseñado y enviado a construir en Escocia una planta auxiliar para el tratamiento de los ripios de los cachuchos y de los desmontes. Como Mr. Walker falleció antes que llegara la mentada planta, recayó en el propio Humberstone la responsabilidad de instalarla (Berry-Bravo y Bravo-Elizondo, 2007), lo que probablemente fue un acicate para este joven ingeniero químico, que lo llevaría a innovar en el proceso de lixiviación del nitrato de soda, cambiando para radicalmente la tecnología salitrera. La Campbell, Outram C°, al adquirir Agua Santa trasladó a J.T. Humberstone en junio de 1877 en calidad de administrador, y es allí donde realizó las principales experimentaciones la tecnología salitrera.
El año 1877 fue de una gran incertidumbre para los salitreros de Tarapacá, porque el 28 de mayo de 1875, el presidente Manuel Pardo promulgó la ley de expropiación de la industria salitrera de Tarapacá, iniciándose las ventas de oficinas y los consecuentes litigios entre propietarios, especialmente por deslindes. Se crearon para esa operación dos Comisiones: una de abogados y otra de ingenieros. La primera tenía por misión revisar todos los títulos de propiedad de los dueños de las salitreras, estacamentos o criaderos de salitre en venta. Para algunos propietarios representó un gran problema, porque los pedimentos de estacas usualmente eran para grupos familiares o de socios, lo que dificultaba llegar a demostrar que todos estuvieran de acuerdo con la venta, sin considerar fallecimientos y pérdida de documentos por catástrofes como los dos maremotos que sufrieron los puertos del litoral de Tarapacá, etc. La Comisión de ingenieros debía constatar que el estacamento señalado en los títulos efectivamente tuviera su correlato en terreno, identificando la cantidad de estacas de caliche útiles.
En este escenario de incertidumbre J.T. Humberstone tenía la misión de implantar una nueva máquina en Agua Santa, lo que era temerario, incluso por confesión del propio Humberstone. El propio John D. Campbell rechazaría participar en la sociedad de “Agua Santa” que funcionaba bajo el nombre de José Outram y C° (Berry-Bravo y Bravo-Elizondo, 2007).
Aunque la empresa logró recuperar la inversión realizada con la venta de la oficina a los Bancos Asociados, que representaban al gobierno peruano, el sueño de transformarse en una máquina capaz de producir 100.000 quintales españoles mensuales de salitre no fue realidad. Con la salida de J.D. Campbell de la sociedad, según J.T. Humberstone, esa meta bajó a la mitad, ¿Qué significaba este nivel de producción? Entre las máquinas que se construyeron en ese periodo Agua Santa fue la más productiva. A pesar de lo señalado por J.T. Humberstone, en todos los documentos oficiales que hemos revisado aparece el nombre de J.D. Campbell asociado a la Oficina Agua Santa. Sin embargo, en 1878, durante el proceso de venta de las salitreras de esta Compañía, es José Outram el socio gerente de esta Compañía.
¿Quiénes integraban esta Casa Salitrera? Se trataba de una empresa británica y tacneña, no solo porque estaba constituía por capitales británicos y tuviera sus oficinas en Tacna, sino porque los socios eran de ambas procedencias. Hemos podido registrar los nombres de Modesto Pomadera, Federico Osorio y Federico Basadre. Cabe señalar que Campbell, Outram C° se inicia a partir de la Casa Hainsworth C°, que operó en las décadas de 1840 a 1860, fundamentalmente en comercio, pero rápidamente se introdujeron en ferrocarriles y minería. En ese escenario florece la Casa Hainsworth, donde llegan a trabajar J.D. Campbell y J. Outram, como agentes (Rosenblitt, 2017). John Davies Campbell llegó a los 24 años en 1855 a Tacna para la construcción del ferrocarril entre esa ciudad y Arica, cuyo contrato lo tenía la firma Hainsworth (Rosenblitt, 2017).
El otro socio principal de Campbell, Outram C°, John Syers Jones, fue contratado en Valparaíso por Hainsworth. Bermúdez (1963) afirma que Jones fue enviado años después al puerto de Pisagua para tomar la representación de esta firma, cuya principal actividad era la de ofrecer créditos. “Entre los Salitreros de Zapiga que acudieron a Hainsworth en busca de créditos estaban los dueños de la Oficina de Paradas “San Antonio”, que además eran propietarios de una hacienda en Tiliviche …Jones tomó para Hainsworth la salitrera, y además la hacienda de Tiliviche” (Bermúdez, 1963: 272).
Sin embargo, con la participación de John Campbell en sociedad con José Outram y John Syers Jones le dieron un giro a la Casa Hainsworth para transformarse en industriales. “Crearon la Compañía The San Antonio Nitrate and Iodine C°. Reformaron la ‘San Antonio’ instalándole una máquina a vapor” (Bermúdez, 1963: 272).
Bermúdez (1963) también afirma que en 1874 John Campbell había comprado separadamente la oficina de Parada ´Agua Santa´ en el cantón de Negreiros. Sin embargo, en la documentación que hemos revisado se indica que esa operación se realizó en Tacna el 7 de septiembre de 1877.
En este escenario es importante aclarar y corregir algunos detalles. En primer lugar, resulta evidente que la Casa Hainsworth se instaló en Pisagua, como muchas otras, como ‘habilitador’ o ‘aviador’, es decir, realizando préstamos a cateadores y salitreros que intentaban producir nitrato de soda y yodo en un periodo económicamente difícil, tanto por las condiciones propias del desierto como por el mercado interno de mano de obra y de alimentos (Williamson, 1860). Hubo compañías, como por ejemplo la Casa Gildemeister, que por esa vía adquirieron las oficinas salitreras de sus deudores.
En segundo lugar, las oficinas salitreras que adquirió Campbell, Outram C°, fueron cuatro: Encañada, Jazpampa Abajo, San Antonio de Zapiga y Agua Santa. Al revisar los títulos se puede tener un panorama más amplio de quienes formaban parte de esta sociedad.
En tercer lugar, también queda establecido que John Syers Jones no solamente tuvo un papel administrativo, sino que fue efectivamente un ‘cateador’, incluso se le reconoce como un ‘descubridor’, que era el cateador que identificaba una pampa o manto calichal desconocido hasta entonces.
En cuarto lugar, Bermúdez (1963) deja una incógnita respecto de una tácita relación entre la Casa Hainsworth y la Campbell, Outram C°. En la documentación sobre la oficina Encañada, se establece explícitamente esa relación, a saber: “Esta oficina que se compone de treinta estacas de terreno salitral con sus respectivas paradas fue vendida por su primitivo dueño Don Mariano Oviedo Vega en ocho de abril de mil ochocientos setenta y dos a Don Juan Baeza, quien la traspasó a la Casa después del deslinde que aparece al final del expediente, en diez de abril del mismo año de mil ochocientos setenta y dos. El traspaso como se ve fue hecho a los Señores Hainsworth y Compañía, como socio de la Casa que hoy lleva el nombre J.D. Campbell y Compañía y en virtud de ese traspaso la ha poseído y la posee actualmente sin contradicción de persona alguna”. (ART, 1884).
Billinghurst (1889) asigna a Hainsworth C° y no a Campbell, Outram C° la propiedad de la oficina San Antonio de Zapiga en 1872. No dudamos el conocimiento de este historiador erudito, pues su padre fue socio de Hainsworth C°.
En quinto lugar, respecto de Agua Santa, Bermúdez (1963) menciona que en 1874 John Campbell compró la Oficina Agua Santa en el cantón de Negreiros. Sin embargo, sabemos por J.T. Humberstone que fue Outram y no Campbell quien decidió arriesgarse con esta oficina en tiempos de expropiación. Por tanto, la imagen de que la compra se realizó en 1874 es un error, el cual ha persistido hasta ahora. Podemos definirlo como una falacia de autoridad, debido al prestigio de historiador del salitre de Bermúdez. La compraventa de Agua Santa tiene fecha el 7 de septiembre de 1877 y se realizó en Tacna, como se comprueba en el siguiente documento: “Ante mí el Escribano Público i los testigos vecinos que suscribirán comparecieron de una parte Doña Francisca García de Osorio, viuda, Doña Honoria Osorio de García i Doña Anjela Osorio de Hernández, casadas i vecinas propietarias de la Provincia Litoral de Tarapacá i de la otra Don Juan S. Jones, vecino, comerciante de esta ciudad, de estado casado, todos mayores de edad, intelijentes en el Idioma Castellano que proceden, por sí, las primera i además las casadas con autorización de sus lejitimos esposos Don Bernardo García i Don Fermín Hernández i el segundo como socio Jerente de la casa de comercio de esta plaza de los Señores Juan Davies Campbell i Compañía, á efecto de otorgar una escritura de venta con arreglo á la minuta que me han presentado, la misma que les lei de un modo claro i perceptible”. (ART, 1884).
No debería extrañar que la Campbell, Outram C° quisiera seguir elaborando salitres hasta el último momento previo a su venta al gobierno peruano, pues recién el 10 de abril de 1877 se implantó la nueva Máquina en Agua Santa a cargo de J.T. Humberstone. Incluso varias oficinas salitreras siguieron elaborando salitres después de vendidas pues el Gobierno del Perú, deseoso que no se paralizara la exportación, ofreció interesantes contratos de elaboración, que algunas empresas aceptaron. De hecho, la Campbell, Outram C° aceptó el 1° de febrero de 1878 un contrato de elaboración por 600.000 quintales españoles anuales por dos años.
Para 1878 prácticamente todo lo que el Gobierno del Perú tenía planificado para gastar en la compra de oficinas salitreras se había realizado. En otras palabras, el proceso de expropiación ejecutado por los Bancos Asociados, La Providencia y la Cía. Peruana Salitrera del Perú fue eficiente. La Campbell, Outram C° no podía eludir una venta obligatoria.
Agua Santa fue vendida junto a San Antonio de Zapiga, Jazpampa Abajo y Encañada, por pertenecer a la misma Compañía. El monto fue de 950.000 soles, recibiendo 93 certificados de la serie A y 20 de la serie B, lo que no fue satisfactorio para Campbell, Outram C°. Lamentablemente, sus principales socios no veían el gran auge e influencia que produciría lo que ellos diseñaron para Agua Santa.
Curiosamente, cuando la Guerra del Pacífico se trasladó a Tarapacá, la calidad de las instalaciones de esta oficina salitrera fue valorada el Estado Mayor del Ejército Aliado, pues allí se instaló previo a la batalla de Dolores o San Francisco del 19 de noviembre de 1879. Un mes después ya estaba J.T. Humberstone reorganizando la oficina para volver a producir nitrato de soda. En palabras de Humberstone (1980: 69): “Agua Santa, se levantó de sus cenizas para tomar su sitio como uno de los líderes de la Industria, no solo en cuanto a métodos de elaboración, sino también en el campo del bienestar social”. Es de señalar que oficinas Salitreras como Agua Santa se caracterizaron por contar con población chilena, boliviana y peruana, en ese orden demográfico, y dentro de la población boliviana preferentemente era de origen cochabambino (González, 1995).
Agua Santa y el Periodo Chileno
El 28 de marzo de 1882 el gobierno chileno “dictó por primera vez una resolución Suprema encaminada a resolver radicalmente el problema legado por el Gobierno del Perú i a restablecer sobre sólidas bases la propiedad privada que el estanco del salitre había destruido” (Valdés, 1884: 9). Fue el momento que esperaban los empresarios para recuperar sus oficinas salitreras, aunque un porcentaje muy relevante había vendido los certificados peruanos de respaldo. La Campbell, Outram C° recuperó ante el jefe político de Tarapacá, Francisco Valdés Vergara, en representación del Gobierno de Chile, las cuatro Salitreras en Iquique el 30 de agosto de 1882.
John Davies Campbell llegó a los 24 años en 1855 a Tacna y falleció el 14 de agosto de 1878; el 21 de agosto del mismo año le siguió José Outram y, al año siguiente, lo hizo John Syers Jones, el 4 de julio de 1879. Los tres murieron en Tacna. Por tal motivo, quienes recuperaron las oficinas salitreras Agua Santa, San Antonio de Zapiga, Jazpampa Abajo y Encañada, fueron sus viudas: “La representación el señor Whitelegg consta de la escritura social que tiene celebrada con doña Delmira Vargas viuda de Campbell, doña Julia Mac Clean viuda de Outram y doña María Luisa Zuluaga viuda de Jones y que fue otorgada en Tacna el diez y siete de mayo último (1882). La cláusula segunda de ese contrato dice así. Segundo. El socio industrial don Tomas Davies Whitelegg tendrá la administración o jerencia de los negocios de Agua Santa por todo el tiempo que falta para cumplir los cinco años del contrato privado de dieciocho de agosto de mil ochocientos ochenta, esto es hasta el diez y ocho de agosto de mil ochocientos ochenta y cinco. En consecuencia, dicho señor Whitelegg como socio administrador será el único que tenga uso de la razón o firma social. Conforme con su orijinal respectivo que hé tenido a la vista y que he devuelto a los interesados. Así lo dijo y otorgo el pareciente firmando en comprobante, previa lectura, con los testigos don Juan Francisco Madariaga y don Vicente Sánchez. Se dio copia. Doi fe. Campbell Outram y Compañía. J. F. Madariaga. Vicente Sánchez. Ante mi Eduardo Reyes L. Notario Público y Conservador”. (ART, 1882).
Tampoco estuvo en Agua Santa en esos años J.T. Humberstone, que se había alejado de esta empresa para iniciar su etapa empresarial como socio de Pedro Perfetti en la oficina salitrera Tres Marías. Después de su fracaso empresarial trabajó como administrador en la oficina salitrera Primitiva, hasta que fue despedido por John Thomas North. Ya de regreso en Agua Santa en 1894, anota en sus memorias: “…los nuevos dueños, la Compañía de Salitre y Ferrocarril de Agua Santa, mandaron a construir, bajo mi dirección, una nueva Planta capaz de procesar tres veces la cantidad de materia prima” (Berry-Bravo y Bravo-Elizondo, 2011: 271).
Según Boudat (1890), en ese año todavía la salitrera pertenecía a Campbell, Outram C°, pero se había formado en Santiago de Chile una sociedad anónima con un capital de cinco millones de pesos, siendo su representante J.D. Whitelegg. Su administrador era Arturo W. Whitelegg y contaba un campamento para 2.000 trabajadores.
Un testigo de esa época, el geógrafo Francisco Riso-Patrón, describe a Agua Santa con un criterio más económico: “salitrera del cantón de Negreiros, departamento de Pisagua, provincia de Tarapacá, dista 50 kilómetros de Mejillones (del Norte), de Pisagua 78,5, de Caleta Buena 37 kilómetros. Una línea férrea sale directamente de la oficina al puerto de Caleta Buena (concesión del gobierno en 19 de marzo de 1890) para trasportar salitre, etc. Cuenta ricos y extensos terrenos cuyos caliches dan una ley de 55%. Pertenece a la Sociedad Chilena de Salitres y Ferrocarril de Agua Santa. Formada con un capital de 5.000,000 pesos” (Riso-Patrón, 1890: 4).
Fue tan expresivo el éxito de Agua Santa que obligó a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta a modificar sus procedimientos, reconociendo que el modelo ‘Agua Santa’ era el dominante para entonces (González Pizarro, 2018).
Hubo en Antofagasta diversas experimentaciones en tecnología salitrera, pero fue el ‘Procedimiento Guggenheim’ el que demostraría ser más eficiente que el sistema Shanks (Díaz Ossa, 1926), pero ya había transcurrido medio siglo desde que J.T. Humberstone inició su experimentación con el sistema Shanks.
El éxito de Agua Santa no fue exclusivamente tecnológico, sino también administrativo y espacial. Al adquirir otras oficinas salitreras dentro de un mismo cantón, la construcción de un puerto de embarque exclusivo (Caleta Buena), una red ferroviaria y una oficina central provista de todo tipo de servicios (escuelas, cementerio, clubes sociales y deportivos, filarmónicas, teatro, etc.) generó flujos que dinamizaron culturalmente y urbanizaron a esa fracción del desierto. El fotógrafo Luis Oddó Osorio en 1896 hizo un registro fotográfico detallado de esta salitrera, estaciones ferroviarias y Caleta Buena (Burgos, 2011).
Agua Santa fue un centro o espacio pivotante. Empleamos este último término para relacionarlo con el análisis que realizan especialistas para comprender el éxito de algunas regiones. Destacan, entre otros factores, la ventaja inicial desde el punto de vista de la localización. Se señala que “para aprovechar tal ventaja han requerido construir sistemas avanzados de transporte y comunicaciones” (Boisier, 2006: 177). Efectivamente, la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Agua Santa desarrolló un complejo sistema de comunicación ferroviaria entre sus oficinas salitreras, donde Agua Santa era el centro, y el puerto de embarque era Caleta Buena, famoso por sus planos inclinados.
Enfrentada esta Compañía al monopolio salitrero ferroviario que provenía desde las concesiones entregadas durante el gobierno del presidente peruano José Balta a la Compañía Montero Hnos., según el decreto de 11 de julio de 1868, diseñaron un ferrocarril o transportador aéreo que uniera Agua Santa con Caleta Buena, obra que ejecutaría el señor Demófilo Herrera, pero tuvo la oposición de la empresa ferroviaria Montero Hnos. Posteriormente esa oposición provino de The Nitrate Railways Company Limited, continuadora del monopolio de los Montero.
Recién en 1890 se logró construir un ferrocarril hacia Caleta Buena, sitio de embarque que había sido habilitado en 1881. Uno de los argumentos más importantes para que el Estado chileno se allanara a aceptar la construcción de un ferrocarril de Agua Santa a Caleta Buena fue que tenía una cantidad relevante de salitreras fiscales en esa zona (cantón de Negreiros), entre ellas: las Máquinas Candelaria, Germania, Compañía, Resurrección, Trinidad y Valparaíso; también las Paradas Ascencio de Loayza, Candelaria de Perfetti, Carmen de Oviedo, Lavanda, Negreiros, Pampa Negra, Rosario del Río, Sacramento y Anita. Caleta Buena se transformó en puerto menor.
Riso-Patrón (1890) hace una descripción detallada de Caleta Buena en 1890, de la que entregamos un fragmento: “Pueblo situado en una pequeña planicie situado al pie de los cerros que respaldan el puerto. Cuenta con una población de 900 habitantes, ocupados especialmente en el embarque de salitre, comercio y empleos públicos. El caserío es compuesto de una sola calle, bastante ancha con valiosos edificios de madera y extensas bodegas, pertenecientes a la Compañía de Salitre y Ferrocarril de Agua Santa y a los señores James, Inglis y C°, y a las oficinas salitreras: Tres Marías, Progreso y Puntunchara” (Riso-Patrón, 1890: 14).
Después de 1890 el lugar contaba con más estanques de agua, maestranzas, 32 manzanas de 100m., casas para los trabajadores, un teatro, escuela, etc. En el Alto Caleta Buena había una estación de ferrocarril, maestranzas, casas para el personal, un cementerio, etc.
Un segundo factor pivotante es el desarrollo de un sistema urbano. Agua Santa fue la salitrera central de un grupo de oficinas. En 1899 la Compañía Agua Santa adquirió las salitreras Valparaíso y Primitiva, en 1908 hizo lo propio con Abra, con Democracia en 1911, Tres Marías en 1923, y construyó la oficina Irene en 1912. Es irónico observar que Primitiva, la oficina más importante del imperio industrial de J.T. North, terminara siendo absorbida por Agua Santa.
El sistema de lixiviación Shanks-Humberstone, generó no solamente un tipo particular de extracción, elaboración y transporte del caliche, sino un tipo específico de campamento, de organización laboral y social. Las oficinas salitreras que habían implantado este sistema organizaron el espacio de una forma similar a la del campamento de Agua Santa (Figura 2). La máquina fue, sin duda, el símbolo de la ‘civilización Shanks’ en el desierto salitrero, como lo denominaría Óscar Bermúdez en su novela inédita ‘Pampa Desnuda’ (González Pizarro 2003). Podríamos, también literariamente y como paráfrasis decir ‘civilización Agua Santa’. En lo tecnológico, de justicia es hablar del sistema de lixiviación Shanks-Humberstone.

Para algunos autores (Rodríguez, 2007; Rodríguez y Miranda, 2009) el sistema Guggenheim también generó un tipo de vida cotidiana urbana con características propias, basada en el modelo industrial norteamericano, siendo la oficina María Elena el paradigma. No solo las plantas de lixiviación se diferenciaban de las del sistema Shanks-Humberstone, sino también los campamentos, el bienestar social y las relaciones de producción (Torreblanca, 1928).
Conclusiones
Posiblemente el Ciclo del Salitre se habría desarrollado exitosamente sin la existencia de la oficina Agua Santa, pero no habría sido exactamente igual. Pocas oficinas salitreras tuvieron esa importancia en el devenir de la industria del nitrato de soda.
En 1926, cuando ya Agua Santa había dejado de ser líder, contaba según Valenzuela (1926) con 575 trabajadores y 1.480 habitantes. Incluía un campamento con casa de administración, escritorio general y pulpería, cancha de tenis, tres casas independientes para empleados de la administración, un edificio residencia del médico, un edificio para hospital, 409 habitaciones obreras, de las cuales 259 habitaciones son para casados, de dos y tres piezas, y 150 piezas para solteros; cuatro grandes bodegas para material de fierro, herramientas, depósito de carbón y de forrajes; un hotel, un servicio médico con un profesional titulado secundado por una matrona y practicante. También, dos filarmónicas, teatro, baños públicos y cancha de fútbol, dos escuelas fiscales (hombres y mujeres) con capacidad para 100 alumnos cada una, un biógrafo, una sub-Agencia de la Caja Nacional de Ahorros, pulpería con secciones de tienda, abarrotes, carnicería y panadería. Además de comercio libre.
La introducción del sistema Shanks en el proceso de lixiviación fue un hito clave, como también lo fue la persistencia en cuestionar el monopolio ferroviario y la construcción de puertos competitivos a los tradicionales, pero sobre todo la capacidad de la Compañía Agua Santa de localizarse en un territorio donde pudo articular a sus distintas oficinas salitreras, estaciones de ferrocarril, pueblos (Negreiros y Huara) y un puerto de embarque (Caleta Buena). Las compañías salitreras solían tener oficinas en diversos cantones e incluso provincias. La compañía de Henry Sloman (H.B. Slomann y Cía) en el cantón Toco fue un buen ejemplo, con las oficinas Bella Vista del Sur, Buena Esperanza, California, Candelaria, Diana, Empresa, Grutas, Leonor, Porvenir, Puntilla, Rica Aventura y Lealtad, interconectadas al puerto de Tocopilla por un ferrocarril. Contaban además con un tranque que les proporcionaba electricidad.
Curiosamente, de los empresarios que durante el periodo de la expropiación de la industria del salitre en Tarapacá se interesaron en movilizar sus capitales hacia los mantos calichales al sur del río Loa, el cantón boliviano de El Toco, el más destacado fue Henry Sloman von Bissing, un alto empleado de la casa alemana Fölch y Martin.
Los cantones tarapaqueños, como el cantón El Toco, y los otros correspondientes a las provincias de Antofagasta (Central o Bolivia, Aguas Blancas, Boquete) y Taltal, tuvieron el mismo modelo de aglomeración de oficinas salitreras en torno de al menos una estación ferroviaria que tenía yuxtapuesto un pueblo con servicios. Efectivamente, fue una integración horizontal que, además, generó encadenamientos ‘hacia atrás’ con los puertos de embarque y ‘hacia delante’ con las regiones transfronterizas y el resto del país.
Este modelo de ‘cantones salitreros’ que surgió durante el periodo peruano y se desarrolló en el periodo chileno, solo desapareció con la gran crisis del salitre en 1930. El éxito se basó en su eficiencia al permitir el desarrollo de flujos urbanos densos y diversos, no solo comerciales y de transporte sino culturales (informaciones: periodística, política, deportiva, teatral, etc.). Difícilmente se podría definir a este fenómeno como cluster, pero tampoco como ‘enclave’ como han sostenido algunos autores (Rehner et al., 2018). Quizás sea necesaria una nueva definición de enclave en la dirección planteada por Le Grand (2006) para comprender la funcionalidad de los cantones salitreros.
En Antofagasta, bajo el sistema Guggenheim el company town (Rodríguez y Miranda, 2009) se transformó en la piedra de toque para explicar la sociedad del salitre y en especial los campamentos; sin embargo, este concepto puede retomarse a partir de nueva evidencia teórica y empírica, especialmente desde un enfoque regional. Esto es lo que hemos intentado aportar con este escrito: señalar que oficinas salitreras como Agua Santa y su hinterland estuvo muy lejos de coincidir con la definición de company town.
Agradecimientos
Este trabajo forma parte del proyecto Fondecyt Regular N° 1190303.
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