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EL PROCESO DE MODERNIZACIÓN DE LA PESCA INDUSTRIAL EN EL PUERTO DE IQUIQUE (1960-1980)

O PROCESSO DE MODERNIZAÇÃO DA PESCA INDUSTRIAL NO PORTO DE IQUIQUE (1960-1980)

THE PROCESS OF MODERNIZATION OF INDUSTRIAL FISHING IN THE PORT OF IQUIQUE (1960-1980)

Claudio Aguirre Munizaga
Universidad de Tarapacá, Chile
Carlos Mondaca Rojas
Universidad de Tarapacá, Chile

EL PROCESO DE MODERNIZACIÓN DE LA PESCA INDUSTRIAL EN EL PUERTO DE IQUIQUE (1960-1980)

Interciencia, vol. 45, núm. 12, pp. 556-561, 2020

Asociación Interciencia

Recepción: 15 Julio 2020

Corregido: 07 Diciembre 2020

Aprobación: 23 Diciembre 2020

Resumen: El presente trabajo explora las interacciones sociales y culturales que se produjeron a partir del proceso de modernización de la pesca en la segunda mitad del siglo XX en las costas de Tarapacá, en el norte de Chile. Se revisaron fuentes archivísticas y documentales, y se realizaron 12 entrevistas a profundidad a informantes locales. De esta manera se busca comprender las formas de trabajo y sus relaciones socioculturales asociadas, a partir de las prácticas y discursos de los propios sujetos que las han conformado, considerando las representaciones, subjetividades e identificaciones que se construyen en torno a las relaciones laborales pesqueras que establecen.

Palabras clave: Labores pesqueras, Modernización de la Pesca, Norte de Chile, Tarapacá.

Resumo: O presente trabalho explora as interações sociais e culturais que ocorreram a partir do processo de modernização da pesca na segunda metade do século XX na costa de Tarapacá, no norte do Chile. Foram revisadas fontes arquivísticas e documentais, e realizadas 12 entrevistas em profundidade com informantes locais. Desta forma se busca compreender as formas de trabalho e suas relações socioculturais associadas, a partir das práticas e discursos dos próprios sujeitos que as conformam, considerando as representações, subjetividades e identificações que se constroem em torno das relações de trabalho pesqueiras que são estabelecidas.

Abstract: This paper explores the social and cultural interactions that took place upon the modernization process of fishing in the second half of the 20th century on the coast of Tarapacá, in the north of Chile. Archival and documentary sources were reviewed, and 12 in-depth interviews were conducted with local informants. In this way, it is aimed to understand the work modalities and their associated socio-cultural relationships, based on the practices and discourses of the subjects who made them up, considering the representations, subjectivities and identifications that are built around the fishing labor relations that they establish.

Introducción

A mediados de la década de los 50 y 60 del siglo XX se abrió un mercado mundial para las proteínas marinas, principalmente de especies pelágicas (anchovetas y sardinas) destinadas a la elaboración de harina de pescado, cuyo procesamiento estaba direccionado a la creciente industria de alimentos para animales de corral. Ello coincidió con la sobreexplotación de los recursos marinos de la costa californiana y las primeras medidas proteccionistas ambientales en los países del norte. En ese contexto, la inversión y el capital asociados a la industria pesquera desarrollada en el hemisferio norte se expandieron hacia las costas del Pacífico Sur (CORFO, 1967,Aguirre et al., 2018).

En ese escenario de transformación global de la pesca, a partir de la intervención del Estado chileno, las industrias nacionales comenzaron el proceso de modernización de los medios de producción marinos a través de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). La agencia gubernamental comenzó a planificar e implementar una serie de medidas jurídicas y económicas destinadas a consolidar la pesca industrial en las costas nortinas. Sus planes se dirigieron a la ampliación y modernización de las plantas pesqueras existentes, como también a la creación de otras nuevas. Del mismo modo, se aumentaron las unidades de pesca en número y capacidad de bodega, se adoptaron modernas tecnologías de detección y captura destinadas a maximizar los esfuerzos, el reclutamiento y control de la fuerza de trabajo (Aguirre et al., 2018). Todo esto fue llevado a cabo con el propósito de mantener un mayor control sobre el proceso de producción, y por ende, sostener el flujo constante de proteína marina hacia los mercados mundiales.

Sin embargo, de acuerdo a CORFO (1990) el desarrollo de la actividad tuvo dificultades dado el atrasado de los métodos y técnicas de explotación esencialmente artesanales, lo que exigía una cuidadosa y amplia labor de planificación. Por tanto, se incorporaron asesorías técnicas y capacitación de mano de obra especializada en las labores pesqueras, lo que finalmente se concretó con la llegada de patrones y técnicos de pesca norteamericanos, españoles, yugoslavos, noruegos y mexicanos. Junto con ello, se implementaron cursos de formación rápida de patrones de pesca, motoristas y tripulantes para satisfacer la demanda de mano de obra que necesitaba la industria. Esta última provenía de distintas trayectorias laborales y sectores sociales, y de diversas latitudes, como exsalitreros, exballeneros, pescadores artesanales, marinos extranjeros y agricultores provenientes del sur de Chile, entre otros (Aguirre, 2016). Sin dudas, los espacios pesqueros locales fueron tensionados por las distintas experiencias de trabajo y lógicas socioculturales o modos de vida que trajeron los sujetos y que confluyeron en el entramado industrial pesquero, conformando prácticas socioculturales de la pesca industrial que aun se mantienen como expresiones identitarias y culturales en las costas del norte de Chile.

La presente investigación tiene como objetivo analizar las formas ‘modernas’ de trabajo pesquero y de control de los procesos productivos devenidos de la modernización de la pesca industrial. Para ello, se considera la percepción que poseen los propios pescadores locales desde sus interacciones sociales y culturales con sujetos y técnicas foráneas, dinámicas que tienen como punto de base la hibridación cultural subyacente en este tipo de relaciones.

La hipótesis de trabajo sostiene que la llegada de nuevos actores a las pesquerías del norte de Chile propició cambios laborales y sociales tales como la profesionalización, la separación y rigidización de las labores y jerarquías dentro de los distintos espacios donde los pescadores locales se desenvuelven a partir de la organización del trabajo propia de esta actividad (barcos y plantas procesadoras). Sin embargo, es importante considerar que no todo se estructura a partir de una lógica económica capitalista, si bien estos sujetos están dentro de una estructura de corte industrial, son capaces de generar formas de intercambio económico a partir de sus propias lógicas y experiencias arraigadas en una realidad local que se nutre, incorpora y resignifica elementos del contexto global en el que se inserta la actividad pesquera industrial.

Metodología

La investigación se focaliza en una metodología de tipo cualitativa que implementa el análisis antropológico con aproximaciones históricas del proceso de modernización de la pesca industrial en el norte de Chile. Desde este enfoque, se utilizaron dos estrategias de investigación. Por un lado, se realizó una investigación documental de fuentes archivísticas y documentales en el Archivo Histórico Vicente Dagnino de la Universidad de Tarapacá, donde se recogio información sobre decretos, oficios y documentación atingentes a nuestro caso de estudio.

Por otro lado se realizaron 12 entrevistas en profundidad a informantes que fueron identificados y seleccionados por medio de la colaboración del Sindicato de Tripulantes Pesqueros de la Ciudad de Iquique. Dichas entrevistas fueron grabadas y posteriormente transcritas. La información recolectada permitió analizar las prácticas culturales, sistemas técnicos, tecnológicos, sociales y producción simbólica de los sujetos insertos en dicho contexto.

De la Pesca Artesanal a la Pesca Industrial

Los procesos de industrialización de la pesca en el norte de Chile tuvieron su inicio en la década de los 30 del siglo pasado y apuntaban a diversificar la producción local como paliativo a la crisis económica y social en la cual se encontraba inmerso el puerto, producto del declive de la industria salitrera y la crisis del capitalismo global de 1929. En ese contexto, se implementó una serie de acciones de naturaleza jurídica y científica dirigida al control de los medios de producción marinos, con la finalidad de procurar las condiciones para la implantación de procesos productivos industriales en la pesca. A pesar de los esfuerzos por erigir una industria pesquera en las costas nortinas, estos fracasaron en su comienzo, debido a la escaza tecnología y falta de conocimiento científico y técnico para la explotación industrial, además de las respuestas de los pescadores en tanto resistencia y resignificaciones al proceso en marcha (Aguirre, 2011, 2014). En este sentido, Mendoza (1962) señala que la baja productividad de los pescadores locales se debió a los bajos niveles sanitarios de la masa que se dedicaba a la pesca, su escasa educación, los sistemas de producción en pequeña escala y a los medios primitivos de que se valían para la función productora. Lo anterior indica claramente que, bajo la lógica del desarrollo, los sistemas de pesca tradicional y los sujetos que viven de ella son inadecuados, atrasados e incapaces de competir en el nuevo panorama mundial de la pesca. De esta forma, la industrialización pesquera tuvo su justificación como única alternativa viable de desarrollo y progreso. Lander (2002) plantea entonces que se evidenció un proceso de expansión de la lógica de mercado en espacios que no habían estado plenamente sometidos. De acuerdo a esta perspectiva, “se hace imprescindible que el Estado tenga a menester, promover la creación de escuelas de pesca y organismos que tengan por misión el fomento de la industria y la instrucción moderna de los hombres que se dediquen a la explotación de las pesquerías” (Mendoza, 1962: 64).

Las carencias de recursos de las pesquerías chilenas antes de 1959 fueron producto del escaso desarrollo tecnológico para implementar una industria de este tipo, ya que casi la totalidad de las embarcaciones anteriores a 1959 eran bongos o chalupas escasamente motorizadas e incluso con viejos motores de automóviles (CORFO, 1967; Aguirre et al., 2018).

En 1959 se puso en marcha el plan decenal de la CORFO para modernizar los sistemas técnicos y tecnológicos pesqueros; para ello se planteó la creación de franquicias aduaneras con el fin de liberar los derechos para todos los materiales, equipos, maquinarias e instalaciones destinadas a ser aprovechadas por las industrias o las personas relacionadas con la actividad de la pesca (Aguirre et al., 2014) y se fomentó la prospección y la investigación de los recursos marinos posibles de ser industrializados. Con estos últimos objetivos se creó en 1963 el instituto de fomento pesquero (IFOP). Duhart y Weinsten (1988) indican que la CORFO habilitó líneas de crédito para favorecer la construcción de embarcaciones pesqueras, terminales pesqueros y frigoríficos.

Para 1963 el paisaje costero nortino comenzó a transformarse; las pequeñas embarcaciones artesanales se invisibilizaron con la llegada de los nuevos barcos de acero de tipo cerquero, provistos de tecnologías de navegación, detección y maquinarias de captura. De esta forma, se vislumbra la llegada del modelo industrial de pesca a las costas nortinas, el cual se caracteriza por ser selectivo e implica un mayor número de capturas o calidades, artes de pesca especificas y uso masivo de tecnología (Mateo, 2004,Aguirre, 2018).

Sin lugar a dudas, la transformación de los medios de producción haliéuticos tuvo efectos sociales y culturales entre los pescadores locales, que se evidenciaron en las relaciones de producción y formas de trabajo, trastocadas mediante una constante racionalización del trabajo y la mejora técnica de los procesos de producción pesqueros (Wolf, 2005).

Aun así, es necesario considerar que no existía ningún discurso o practica totalmente homogeneizadora, puesto que en el mundo de la pesca se identificaban prácticas heterogéneas de comportamiento, apropiación y producción económica y cultural. En consecuencia, existió la necesidad de comprender que el nuevo sistema económico y sus discursos de verdad fueron interpelados como una suerte de modernidades alternativas, híbridas (Rabinow, 1986; Appadurai, 1996; Canclini, 2001; Long, 2001; Escobar, 2003).

Patrones Extranjeros y Técnicas ‘Modernas’

El sistema tecnológico corresponde al conjunto de conocimientos respecto de instrumentos y técnicas de la cultura para relacionarse energética, económica y simbólicamente con la naturaleza. La práctica tecnológica es un suceso de actualización en que la representación social de la tecnología es la imagen que mantienen los sujetos con respecto a lo técnico y lo tradicional (Aguirre 2011,2014).

El boom pesquero atrajo una diversidad de sujetos a las labores pesqueras, en especial técnicos y marineros foráneos, quienes trajeron consigo una visión ‘moderna’ de los procesos productivos marinos, la que se intenta transmitir entre los pescadores locales con la finalidad de homogenizar la diversidad de practicas y sistemas técnicos tradicionales. Es posible plantear que, a pesar de las transformaciones y tensiones en los sistemas productivos locales, se puede observar un conjunto de prácticas en donde se ve reflejada la hibridez cultural materializada en la coexistencia de la dimensión tradicional (costumbres, creencias, roles y estatus, etc.) y el uso y los efectos del avance de la producción moderna (Aguirre, y Moya, 2014). Así, se fue articulando un enlace de culturas del trabajo marino, en el que los referentes globales, sin ser próximos, devinieron en componentes cotidianos con significación local: “Llegaron de varios laos’, estadounidense después llegaron mexicanos, yugoslavos y se formaron muchas empresas pesqueras, yo empecé a contarlas y si mal no recuerdo creo que eran 53 plantas. Y después fue creciendo la flota y parecía una ciudad flotante, éramo’ más de 400. Yo trabaje con un noruego, jodío’ el patrón, le gustaba todo ordenaíto, todos en sus puestos, te mandabai’ una caga te bajaa del barco altiro, pero bueno ahí también nos hacíamos los lesos igual, en todo caso, dependía de nosotros digamo’, como que si no hacíamos la pega él tampoco pescaba, perdíamos todo po, no podía botar a todo” (JR, contramaestre).

Y en este mismo tenor: “Yo trabaje con varios patrones, algunos malos otros buenos, con españoles, yugoslavos, a veces estos nos miraban como brutos creo jaja… sipo, como que no sabíamo’ na’, pero yo sabía porque fui pescador artesanal. Pero aprendíamos ligerito y nos cuidábamos entre nosotros, nos ayudábamos pa sacar la pega. Ahora, creo que estos vinieron a puro ganar plata” (JA, patrón de pesca).

En lo planteado por estos tripulantes se puede observar la forma de trabajo que traen consigo los pescadores industriales extranjeros: un sistema jerarquizado con los roles definidos de acuerdo al lugar de cada tripulante. De cierta manera, esta forma permite entender la idea de trabajo que tenían los jefes extranjeros como una suerte de frontera con respecto a la vida social. En este sentido, se encuentra el tipo de empresa racional donde se percibe una atmosfera de impersonalidad del trabajo que se expresa en un cierto desprecio por el tripulante local, carente de manejo técnico ‘moderno’.

También se evidencian las formas de articulación. o doble articulación; por un lado, el ‘hacerse el leso’ como forma de sumisión, pero a la vez los tripulantes locales eran conscientes de que sin su aporte como grupo no se pescaba. De esta manera, parafraseando a Baudrillard (1987) dentro de la lógica capitalista, lo mercantil y la diferenciación social se erigen sobre la reciprocidad y la utilidad, aunque lo último siempre está en constante tensión con lo anterior; es decir, de deben tener en cuenta los procesos de luchas y negociaciones desde donde se confrontan los sujetos con diferentes maneras de entender y valorar el trabajo pesquero. Asimismo, es posible observar nuevas estructuraciones culturales por medio de intercambios, imposiciones y resistencias, como así también adaptaciones: “Todos trabajábamos, todos sabíamos la pega. Entonces no existía el contramaestre. El contramaestre era porque alguien tenía que ir en el rol de contramaestre. Cualquiera hacia la pega. Bueno, el capitán siempre tuvo su camarote, pero no era la misma realidad que antes, los patrones, los motoristas, todos hacíamos, comíamos juntos, todo, a diario con todos, todos unidos. Ahora los oficiales son los oficiales. Los oficiales como que te miran hacia abajo al tripulante. Los oficiales son los oficiales y comen solos y todo: Antes, el capitán comía con uno, la confianza y todo. Éramos como una familia” (RA, tripulante y dirigente sindical).

Lo recién expuesto puede entrar en conflicto con lo planteado inicialmente, pero hay que diferenciar el tipo de nave en la que se está embarcado y la tecnología que posee. La especialización tecnológica generó divisiones dentro del mismo barco. Aquel trabajo en armonía donde todos sabían hacer, donde las jerarquías estaban basadas en la antigüedad y la experiencia, ha sido desplazado por un espacio dominado por la especialización tecnológica que genera jerarquías sociales más marcadas. Ahora bien, esta constatación no pretende ser absoluta: no todos los tripulantes estuvieron en barcos extranjeros, ni tampoco estuvieron en una división técnica tan marcada; por lo tanto, se debe atender a las distintas percepciones del trabajo pesquero. Es decir, las culturas de trabajo se forman en procesos históricos en los que los elementos de diversas experiencias laborales se integran dentro de un conjunto estructurado, pero de ninguna manera homogéneo, ni menos exento de contradicciones: “Todo era arcaico, los buques que andaba yo eran remolcadores adaptados, no había yoma para chupar el pescao’ del copo, usabamo’ chinguillo y lo virábamos con el huinche, trabajabamo’ todos. Después empieza a llegar tecnología y se divide la cosa, pero como te contaba los barcos en que llegaron los gringos eran verdaderos yates, pero eran barcos pesqueros de 400 tonela’, con carna’ viva, puta el barco que andaba yo era de 100 tonela’ y todo manual, había que echarle pa’ trabajar” (RC, tripulante).

Con el tiempo, poco a poco las formas de trabajo se fueron plasmando en la pesca industrial, la tecnología fue rápidamente adoptada por las tripulaciones sucesivas y la división técnica y social del trabajo pesquero se hizo patente. De esta forma, a medida que se introdujeron mejoras en las condiciones tecnológicas de la producción, y por ende en el desarrollo de las fuerzas productivas, la división del trabajo se institucionalizó y se intensificó aún más.

Se anticipa así claramente lo que ocurrió en el proceso posterior: después de 1973 la competencia se hizo parte de la lógica del trabajo pesquero. La nueva estructura neoliberal también impactó la percepción del trabajador: a mayor número de toneladas mejor remuneración: “Después del tiempo me entere por otros amigos, me encontraba con ellos: ‘¿qué es del Guillermo?’ No sabi na, está ganando plata como loco, salió muy buen patrón, le está ganando al Pedro Albornoz, al Pedro Araya, que son las estrellas de Guanaye. Se los pasó por donde quiso y lo mariconiaron hueon’. Claro, los otros no eran tan buenos, lo que pasaba es que eran compadres, compadres del avión po’, les aseguraban pescao’, pues salían a comer, que regalito pa’ acá, regalito pa’ allá. Por eso, entonces el barco como todos los barcos arriba tienen el toldo, el número, le conocían el número y los calaba, lo aseguraban a ellos dos y después al resto. Después, una cosa que me dio pena, nosotros habíamos quedado barao, si mal no recuero fallo el motor y pasó otro barco y era de la misma empresa, no nos prestó auxilio porque ganábamos por tonela y como había mariconeo, cagamos no más”. (RC, tripulante).

Lo especificado podría entenderse como una suerte de tecnificación del mundo de la vida, aunque es posible suponer que se siguieron encontrando formas distintas de organizar el trabajo, tales como la solidaridad y la dignidad. Esta última se puede entender como una contraposición hegemónica contra las fuerzas del mercado y la racionalidad instrumental. Se puede señalar que si bien existió pasividad para aceptar formas de organización del trabajo foráneo, existió también resistencia, directa o indirecta, la que de algún modo puede interpretarse como una forma de relocalización de los sujetos: “Mira pa’ que estamos con cosas, igual el trabajador nortino es bueno, algunos dicen que somo’ flojo, pero porque peleamo’ lo justo y se enojaban los gringos. Y claro, hubo motoristas salitrero, incluso últimamente murió Washington Araya, los hermanos Araya eran de las salitreras, hubieron muchos, hubieron varios que eran motoristas; también están de las guaneras, de los remolcadores, cuando remolcaban el guano, qué sé yo, de esos años. Incluso hay viejos que están vivos todavía, como el ejemplo del Juan Elizondo, de Cavancha, mayor obviamente que mí, y el otro que fue papa de un concuñado mío, Verón, también ese se llama Hernán Verón Peña, venía de las guaneras. Patrones también eran salitreros y se volvieron pesqueros y era buen patrón, no era malo. Y de la pesca artesanal los que más hubieron, los poto verde y los cavanchinos. Obviamente, si llegaron a las pesqueras, a quien ponían en los barcos, pescaban gente, si le ofrecían un billete más o menos, entre andar en un bote o andar en un pesquero, incluso algunos muchos les compraron el título, como sabían navegar, se manejaban, hubieron patrones así, hubieron motorista así y tripulantes. Y venían de todo lao’, de Santiago, venían del barco Los Maitenes, esos eran de allá del sur, no me acuerdo de que lao del sur de Chile, gallos que nunca habían navegado, por eso fueron los accidentes, gente del sur, barcos que se dieron vuelta, malas maniobras y aparte eran rompe huelgas” (RC, motorista).

Como se planteó antes, la resistencia o la relocalización en términos históricos se fue construyendo en un discurso desde lo local, involucrando diferentes agentes que participaron en distintas actividades productivas regionales, ampliando el nosotros frente al otro extranjero o nacional. La impronta histórica de un espacio de lucha y de reivindicaciones plantea la forma en la cual se configura uno de los tantos discursos que se proyectan en torno al trabajo pesquero industrial. De esta forma, las significaciones y resignificaciones que operan en una sociedad conforman continuidades y a la vez rupturas, siendo la experiencia social la que hace prevalecer unas u otras, ya que desde la propia experiencia social existe un orden simbólico necesario, el cual se erige en relación a símbolos ya existentes que otorgaron las bases de períodos sociales anteriores.

La Percepción del Trabajo de Tripulante: Fronteras Internas y Externas

Siguiendo con la descripción anterior se puede percibir a simple vista una frontera simbólica dentro de estos espacios, la cual está dada por estrategias de distinción y jerarquización atravesadas por relaciones de poder. De este modo se observa en las palabras de RC (motorista): “Nosotros comíamo’ bien, teníamo’ de todo aentro del barco, aparte de ganar más plata negociamos otros beneficios…. Y sipo, había sindicato de los tripulantes, los motorista y los de patrone’.

Lo anterior pone en evidencia la marcada distinción dentro del espacio pesquero: ganar más plata, comer mejor que el resto; lo que también es una forma de ostentación que marca prácticamente los espacios entre unos y otros, ya sean estos sujetos femeninos o masculinos. La estructura de poder genera sujetos que están en contra o a favor, de manera que no es posible ver en forma mecánica la relación entre la estructura y su sistema normativo; más bien se puede observar una selección, por así decirlo, de situaciones sociales desde donde los sujetos se acomodan o se oponen de acuerdo a sus intereses y anhelos. Así, el conflicto se puede entender como espacios de interfaz: “Bueno, yo comencé en el año 62 como ayudante mecánico. Después ya ahí aprendí a soldar la mecánica general y después me hice motorista, porque vi que los, cómo se llama, los tripulantes, en ese tiempo yo ganaba 1.500 pesos mensual, y los comparé, ganaban más que mi en el puro suple. Entonces, dije porque me saco la mugre trabajando y la cosa es que di examen y me presenté y me fue bien po en el año 64 salí a navegar” (RC, tripulante).

Estas palabras reflejan claramente la visualización del tripulante como el mejor pagado entre los obreros, lo que generaba resquemores de parte de los demás trabajadores, puesto que en términos de clase se veían como iguales y, de esta manera, se planteaba un ‘por qué no ser como uno de ellos’. Asimismo, se puede entender la vinculación a otros espacios de poder donde pueden, sin lugar a dudas, acceder a recursos de tipo económicos, políticos y sociales. Para mejorar la posición que se ocupaba dentro de la estructura el pasaporte de acceso estaría dado por la cualificación (a través de cursos) y los contactos que se fueron generando para acceder a los cursos y poder ser embarcado: “Si ya te conocían y además erai’ bueno pa la pega te llamaban al tiro. Entonces no teniai’ problemas pa embarcarte” (RA, tripulante y dirigente sindical).

Por tanto, existe una gran diferencia en conceder y recibir recursos entre iguales que entre desiguales en las relaciones de poder (relacionadas a intercambios económicos). Ahora bien, dentro de esta igualdad en términos de un nosotros tripulante y los otros (hombres y mujeres en tierra), se encuentran diferencias de un barco a otro en cuanto relaciones laborales, a lo que habría que agregar la forma separada en la cual cada sindicato negocia sus intereses: “Todos los sindicatos se venden, se habían vendio’ tiempo atrás, los viejos antiguo’ que todavía están ahí cuentan eso. De los 20 años que llevo acá he estado con dos dirigentes nuevos, de esas dos parte’ de dirigente que estaban ahí siempre elegí el buena gente. Si vo’ tuviste un problema con un patrón, el patrón no te quiere a vo en el barco, no cierto, tuviste un alegato y el hueon te botó, cuando un patrón te baja por bajarte por que no le gustó el color de piel, porque soy feo, cualquier huea, llega y te baja, tu llamai al sindicato, nosotros no salimos, no sale ningún tripulante hasta cuando no se arregle el problema del compañero” (YG, tripulante).

Así, se evidencian las distintas fronteras, tanto externas como internas, que mediatizaban las relaciones sociales jerárquicas entre sus integrantes. Siguiendo a Douglas (1993) y Hargreaves y Roos (1993) se observan dinámicas de grupo y redes, el grupo se define por los grados de interacciones de los sujetos dentro de un colectivo específico de personas o subgrupos (tripulantes) insertos dentro uno mayor (trabajadores pesqueros, chamallas, rederas, etc.). Si el grupo es fuerte se construye una marcada frontera entre los otros. Ahora bien, la red funciona como la estructura de reglas que norman el comportamiento de los sujetos y sus interacciones; si esta red es fuerte se pueden observar pautas de comportamiento y roles rígidos y definidos. Sin embargo, cuando el grupo es débil, los sujetos tienen una mayor libertad de relacionarse con otros sujetos fuera del colectivo. Asimismo, si la red es débil desaparece el estatus y las interacciones caen en la ambigüedad.

No es posible separar estrictamente las formas de relaciones entre grupos fuertes y redes fuertes para las economías tradicionales y grupos débiles y redes débiles para las economías de corte capitalista industrial, tal como lo señala Douglas (1992). Esta distinción parece poco efectiva puesto que se está frente una hibridez de normativas y formas de relaciones que pueden variar de acuerdo a los contextos y la gama de instituciones laborales en la cual los sujetos están inmersos. De acuerdo a García (1991) el concepto de cultura como forma de organizar las diferencias internas de los grupos permite entender esas interacciones y la vez comprender los distintos discursos y prácticas de los sujetos dentro y fuera del grupo, tomando en cuenta las negociaciones de los significados culturales validados por el grupo. Así, la posición del sujeto requiere no solo que un discurso lo interpele, sino que el mismo actor es determinante de esa posición en términos de sus articulaciones como sujeto contingente (Hall, 2000).

Porque sucede lo siguiente: siempre, pongamole’, entre tripulante, motorista y patrones siempre ha habido un poquito de aspereza, pero en el fondo no tanta porque el barco se componía de 10 personas, patrón, motorista y los ocho tripulante. Entonces, ya que como era una familia porque navegamo’ tantos meses o años a veces, que ya nos llegamos a querer en el fondo, claro por qué éramos compañeros de trabajo y si alguien fallecía de un accidente lo sentiamo’ porque era un compañero, pero no así con la gente de planta porque la gente que trabaja elaborando el pescao’ en la planta nos decía a nosotros que nos íbamos a puro comer los víveres a la mar po. Y no era tanto así porque si nosotros no traíamos pescao’ la planta no elaboraba, era envidia no ma’ porque le explico el pliego de peticiones de ellos era totalmente distinto, no tenían víveres pero era obvio que teníamos que tener porque andábamos todo el día en la mar y al día siguiente, a veces hasta el mes completo nos perdíamos, nos ibamo’ a Arica, a Mejillones porque teníamos que comer” (RC, motorista).

La cita anterior describe las formas en que estos sujetos arreglan sus diferencias internas como grupo, resaltando el contraste con la gente de tierra. En estos términos, la forma de trabajo y las relaciones de amistad a pesar de las diferencias jerárquicas y de negociación que tienen estos sujetos, conforman lo que Wimmer (1998) denomina ‘compromiso cultural’, como elaboración de elementos que todos los sujetos implicados pueden reconocer como coherentes con sus intereses a largo plazo. De esta manera se puede observar una conciencia práctica (Giddens, 1995) como forma de construir rutinas o, en sentido práctico, como necesidad social que deviene en naturaleza. Bourdieu (1997) indica que las prácticas se instrumentalizan conformando marcadores grupales, en este caso de los tripulantes.

Se comprende así de qué manera en los grupos, sin que pierda vigencia la efectividad de sus divisiones internas, se van construyendo discursos diferenciadores entre sí. Lo interesante de esto es cómo van conformando una idea de sí mismos, lo cual permite entender en términos diacrónicos la historicidad de estos sujetos en los procesos a los cuales han estado sometidos.

Comentarios Finales

Los procesos de modernización de la pesca acaecidos entre las décadas de los 60 y 80 del siglo pasado permiten comprender las practicas de los sujetos involucrados en la industria pesquera, los pescadores locales en interacción con otros sujetos. De esta forma se visualizan sus representaciones, subjetividades, las identificaciones que establecieron, los conocimientos específicos y ciertos saberes, generando una cultura específica del trabajo pesquero. Así, las representaciones y los valores en torno al trabajo no solamente pueden servir para legitimar la estructura social, sino que también inciden sobre las motivaciones y comportamientos de los individuos dentro y fuera del mundo laboral; a la vez, “los procesos de producción generan valores e imágenes sociales” (Cáceres, 2002: 23). Los sujetos que trabajaron en la pesca industrial conformaron un grupo distinto reconocido por los otros. En términos prácticos, se puede comprender cómo se construyen elementos en la producción y reproducción de estas categorías sociales, las que se ponen en juego en la interacción con los otros, en términos de distinción y legitimación como grupo o grupos dentro del entramado laboral y social. De esta manera, es necesario entender cómo los tripulantes de la industria pesquera se conforman interna y externamente como grupo diferenciado dentro del contexto laboral.

EL PROCESO DE MODERNIZACIÓN DE LA PESCA INDUSTRIAL EN EL PUERTO DE IQUIQUE (1960-1980)

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Notas de autor

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