EDITORIAL
¿RESPETAREMOS EL CONOCIMIENTO?
Es con no poca alharaca que es utilizado el término “sociedad del conocimiento” para caracterizar a la sociedad contemporánea. En ese concepto se sustenta la orientación de muchos autores acerca de la importancia que tienen la educación, la investigación científica y el desarrollo tecnológico, en el progreso de humanidad. No obstante, en paralelo podemos notar cómo durante la actual pandemia de Covid-19 son innúmeras las cantidades de personas que prefieren ignorar el conocimiento acumulado por siglos y en su lugar hacen caso a teorías conspirativas, cuentos de camino, estadísticas distorsionadas o creencias sin basamento alguno. Todo esto resulta en que vencer al virus sea un objetivo cada vez más difícil de lograr.
Más dramática aún resulta ser, por las secuelas inimaginables que acarrea, la situación existente debido a la falta de consideración y respeto a aquello que se ha logrado conocer acerca del calentamiento global, sus orígenes y sus posibles derivaciones. Recientemente aparecieron los informes de los tres grupos de trabajo que serán la base para el Sexto Informe Evaluativo del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático, conocido como IPCC por sus siglas en inglés, que es elaborado periódicamente por centenares de expertos convocados bajo los paraguas del Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente y la Organización Meteorológica Mundial. Los expertos revisan y evalúan millares de trabajos publicados sobre el tema a fin de generar los informes. De los mismos se desprende que las medidas acordadas en París por 197 países, en el año 2015, no están siendo atendidas sino muy parcialmente y que el límite establecido de 1,5ºC de aumento por encima de los niveles preindustriales será inalcanzable.
Tomar en serio la destrucción de la vida en nuestro planeta que tan generoso ha sido y que ha permitido tantas maravillas que conocemos y disfrutamos, es algo perentorio. Como muestra de los peligros que nos acechan, baste observar fenómenos de obvio origen antrópico tales como la exacerbación de los veranos con sus terribles consecuencias, las crecientes sequías e inundaciones, los deshielos polares… cambios esos que con toda probabilidad se harán irreversibles.
No hay fórmula mágica alguna. Numerosas medidas concretas han sido propuestas para paliar la situación futura del clima. Algunas fracasarán, otras resultarán. Pero el facilismo económico, la falta de respeto hacia el prójimo y hacia el conocimiento, así como las ansias de ganancias, hacen que el camino sea muy cuesta arriba y parezca hacerse más difícil cada vez.
Así como la meta, hasta ahora inalcanzada, de limitar el calentamiento global, otros objetivos igualmente vitales para la humanidad se encuentran limitados o imposibilitados debido a la falta de respeto al conocimiento. Tal es el caso del propósito del desarrollo sustentable de llegar a hambre cero al final de la década próxima. Debido a la indiferencia, a la desidia, al desinterés, a la pandemia o al egoísmo, la pobreza y el hambre en el mundo han aumentado en lugar de disminuir.
Los efectos de la hambruna por venir han de restringirse inicialmente a los más desposeídos, aunque sus alcances son imprevisibles. Por su parte, los efectos del calentamiento, al igual que los de la pandemia, alcanzan a todos. Aunque el hombre ha acumulado, gracias a la ciencia y a la tecnología, suficientes conocimientos para combatir los males que lo amenazan, no parece conformar una sociedad que merezca llamarse “del conocimiento”. Antes por el contrario, padece una mezcla de oscurantismo por una parte y, por la otra, falta de respeto hacia los valores que esa misma sociedad ha sido capaz de generar a través de la ciencia.
De no lograr responder afirmativamente la interrogante que titula este editorial, serán pocas las esperanzas de que las generaciones venideras, en un plazo más corto de lo que muchos imaginan, logren evitar los estragos, y hasta la hecatombe, que la falta de consideración al conocimiento alcanzado presagian.
WILL WE RESPECT KNOWLEDGE?
The term “knowledge society” is employed with great ballyhoo to characterize contemporary society. The approach of many authors regarding the importance that education, scientific research and technological development have in the progress of mankind is based on this concept. However, we can notice how, in parallel, during the current Covid-19 pandemic there are innumerable amounts of people who prefer to ignore knowledge and pay attention to conspiracy theories, tall tales, distorted statistics or totally baseless beliefs. All of this causes that defeating the virus becomes an ever more difficult goal to attain.
Even more dramatic turns to be, due to the unimaginable consequences it brings about, the situation ensuing from the lack of consideration and respect to that which has been learned about global warming, its origins, and its possible derivations. Recently, reports were released of the three working groups that will constitute the basis for the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), which is periodically elaborated by hundreds of experts summoned under the umbrellas of the United Nations Environment Program and the World Meteorological Organization. The experts review and evaluate thousands of papers published about the subject in order to generate the reports. From them it follows that the measures agreed upon in Paris by 197 countries in 2015 are not being observed but to a very limited extent and that the goal established, of a temperature increase above preindustrial times of 1.5ºC will be unattainable.
To seriously consider the destruction of life on our planet, which has been so generous and has allowed so many marvels as we know and enjoy, is something definitively peremptory. As a sample of the dangers that lie in wait, suffice it to observe phenomena of an obvious anthropic origin such as the worsening of summers with its terrible consequences, the growing draught and floods, the polar thawing… changes that most likely will become irreversible.
There is no magic formula whatsoever. Numerous concrete measures have been proposed to alleviate the future situation of the climate. Some will fail, other will succeed. But the rules of the economy, the lack of respect towards the fellow man and knowledge, as well as easy profiteering, make the road steeply uphill and harder all the time.
As the up to now unmanageable goal of limiting global warming, other objectives equally vital to humanity are limited or turned impossible due to the lack of respect for knowledge. Such is the case of the intention of the sustainable development goal to reach hunger zero by the end of the next decade. Due to the indifference, to the indolence, to the lack of interest, to the pandemic or to selfishness, poverty and hunger have increased in the world instead of diminishing.
The effects of the coming famine will be restricted initially to the more deprived, but its reach is unpredictable. On their side, the effects of warming, as those of the pandemic, reach everybody. Although man has accumulated, thanks to science and technology, enough knowledge to fight the evils that menace him, he does not seem to be part of a society that deserves to be called “of knowledge”. On the contrary, it suffers of a mixture of obscurantism on the one hand, and on the other, of a lack of respect towards the values that this very society has been capable of generating thru science.
If the question posed in the title of this editorial cannot be answered affirmatively, there will be very small hope for the coming generations, within a much narrower timeframe that may realize, to be able to avoid the havoc, and even the hecatomb, that the lack of consideration of knowledge foretell.
IREMOS RESPEITAR O CONHECIMIENTO?
Não sem muito alvoroço é utilizado o termo “sociedade do conhecimiento” para caracterizar a sociedade contemporânea. Nesse conceito é sustentada a orientação de muitos autores a respeito da importância que têm a educação, a investigação científica e o desenvolvimento tecnológico, no progresso da humanidade. No entanto, paralelamente podemos notar como, durante la actual pandemia de Covid-19, incontrolável número de pessoas prefere ignorar o conhecimento acumulado durante séculos e dar ouvidos a teorias da conspiração, rumores, estatísticas distorcidas ou crenças sem sustento nenhum. Tudo isto ajuda a tornar cada vez mais difícil o objetivo de vencer o vírus.
Ainda mais dramática, por suas consequências inimagináveis, é a situação provocada pela falta de consideração e de respeito por aquilo que tem sido possível conhecer em relação ao aquecimento global, suas origens e suas possíveis derivações. Recentemente apareceram os relatórios dos três grupos de trabalho que serão a base para o Sexto Relatório de Avaliação do Painel Intergovernamental sobre Mudança Climática, conhecido como IPCC por suas siglas em inglês, que é confeccionado periodicamente por centenares de especialistas convocados sob o Programa guarda-chuvas das Naciones Unidas para o Ambiente e a Organização Meteorológica Mundial. Os especialistas verificam e avaliam milhares de trabalhos publicados sobre o assunto a fin de gerar os relatórios. A partir destes é deduzido que as medidas acordadas em Paris por 197 países, no ano 2015, estão sendo atendidas apenas parcialmente e que o limite estabelecido de 1,5ºC de aumento acima dos níveis pré-industriais, será inalcançável.
Levar a sério a destruição da vida em nosso planeta, tão generoso e que tem permitido tantas maravilhas que conhecemos e disfrutamos, é algo urgente. Para ter uma noção dos perigos que nos ameaçam, basta observar fenômenos de origem antrópica obvia tais como a exacerbação dos verões con suas terríveis consequências, o aumento de secas e inundações, derretimento de geleiras polares… mudanças estás que com toda certeza se tornarão irreversíveis.
Não existe nenhuma fórmula mágica. Numerosas medidas concretas têm sido apresentadas para aliviar a situação futura do clima. Algumas irão fracassar, otras darão certo. Mas o imediatismo econômico , a falta de respeito pelo próximo e pelo conhecimento, assim como o desejo de lucrar, contribuem para que o caminho seja difícil de trilhar e parecer cada vez mais difícil.
Assim como o objetivo, até agora inalcanzado, de limitar o aquecimento global, outros objetivos igualmente vitais para a humanidade se encontram limitados ou imposibilitados devido à falta de respeito pelo conhecimento. Tal é o caso do propósito de desenvolvimento sustentável para alcançar a meta de fome zero até o final da próxima década. Devido à indiferença, à preguiça, ao desinteresse, á pandemia ou ao egoísmo, a pobreza e a fome no mundo têm aumentado em vez de diminuir.
Os efeitos da fome que está por chegar, debe ficar restrita inicialmente aos mais necessitados, embora a sua abrangência seja imprevisível. Por outro lado, os efeitos do aquecimento global, assim como os da pandemia, atingem todo mundo. Mesmo que a humanidade tenha acumulado, graças à ciência e à tecnologia, suficientes conhecimentos para combater as ameaças, não parece conformar uma sociedade que merece ser chamada “do conhecimento”. Ao contrário, padece uma mistura de obscurantismo por um lado e, por outro, falta de respeito pelos valores que a mesma sociedade tem sido capaz de gerar através da ciência.
Se não for possível responder afirmativamente a interrogante que titula este editorial, poucas serão as esperanças para as próximas gerações conseguirem evitar os estragos e até a hecatombe, pressagiada pela falta de consideração ao conhecimento alcançado, em um prazo mais curto do que muitos imaginam.
Enlace alternativo
https://www.interciencia.net/wp-content/uploads/2021/08/0B-EDITORIAL_v46n7_8_es.pdf (pdf)