Juventud universitaria, micromachismos y relaciones de noviazgo

Rosario Román Pérez
Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, México
Aldo Andrés Faepb Hernández Reyes
Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, México

Juventud universitaria, micromachismos y relaciones de noviazgo

REencuentro. Análisis de Problemas Universitarios, vol. 28, núm. 74, pp. 149-169, 2017

Universidad Autónoma Metropolitana

Resumen: La violencia de género en las relaciones de noviazgo de jóvenes universitarias(os) se expresa en formas sutiles como las incluidas en el concepto de micromachismos, mismo que describe prácticas de dominación masculina de la vida cotidiana. En este trabajo estudiamos esas formas de violencia mediante entrevistas semiestructuradas aplicadas a ambos integrantes de parejas en relaciones de noviazgo, en una Institución de Educación Superior privada (IESP). Los resultados muestran que el deseo y el poder en las parejas no es solamente lo que se manifiesta, sino también lo que se encubre. Visibilizar estos comportamientos es útil porque las universidades no sólo forman profesionales, sino también son la última oportunidad para construir conocimiento sobre esta problemática que puede ser aplicable en el ámbito profesional y personal.

Palabras clave: Género, Juventud, Igualdad, Dominación masculina.

Abstract: Gender violence among young university couples is expressed in subtle forms that are similar to those included in the concept of micromachismo, which describes masculine domination practices in everyday life. In this paper, we study those forms of violence during courtship through semi-structured interviews applied to both members of couples from a Private Higher Education Institution (PHEI). The results show that desire and power in couples is both manifested and concealed. Making visible these behaviors is useful because universities not only form professionals, but they are also the last opportunity to build knowledge around this problem in professional and personal fields.

Keywords: Gender, Youth, Equality, Masculine domination.

Introducción

La violencia es definida como cualquier acción u omisión que cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en espacios privados como públicos (LGAMVLV, 2007). Se identifican cuatro tipos: física, psicológica, sexual y económica; y los ámbitos en los que puede presentarse son el hogar, la escuela, el trabajo y la comunidad (ENDIREH, 2011). A diferencia de la violencia conyugal, la existente en las relaciones de noviazgo de parejas universitarias, ha sido objeto de análisis de pocos estudios científicos en México. No es sino hasta en los últimos años que el tema empezó a ser reconocido como un problema de investigación científica (Saldívar, 2014).

La mayoría de los trabajos publicados son de tipo descriptivo, principalmente, para documentar la existencia y prevalencia de este fenómeno en jóvenes universitarias(os) a partir de información proporcionada por las mujeres (Rivera et al., 2006; Rivera & Núñez, 2010; González et al., 2010; González & Fernández, 2010; Torres et al., 2010 y Del Castillo et al., 2015). Son pocas las investigaciones que analizan las formas como se expresa la violencia y sus mecanismos para ejercerla a partir de información proporcionada por ambos integrantes de la pareja (Vázquez & Castro, 2008).

Algunas encuestas a nivel nacional aportan información sobre la violencia de pareja, aunque no hacen referencia específicamente a las relaciones de noviazgo en la juventud universitaria. La Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2003 y 2006) dirigida a mujeres en convivencia conyugal, destaca que por grupos de edad, son las más jóvenes de 15 a 29 años de edad, quienes reportaron mayores incidentes de violencia. La Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Salud Pública, aplicaron la Encuesta Nacional sobre Violencia contra las Mujeres (ENVIM, 2004), encontrando que 5.2% de las mujeres reportaron haber sufrido violencia por parte del novio o exnovio.

El Instituto Mexicano de la Juventud y la Secretaría de Educación Pública aplicaron la primera Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo (ENVINOV, 2007) en 18 mil hogares rurales y urbanos. Participaron hombres y mujeres de 15 a 24 años de edad, solteros(as) y los resultados mostraron que la prevalencia en violencia física fue de 10.29% en los hombres y 2.98% en las mujeres, violencia emocional 42.7% en los hombres y 35.8% en las mujeres, así como 8.16% de las mujeres reportó violencia sexual.

Castro & Cacique (2010) realizaron un análisis de los resultados de esa encuesta y concluyen, entre otras cosas, que los hombres tienden a sobre reportar y las mujeres a sub reportar los incidentes de violencia. Tal diferencia la explican en términos de las representaciones sociales de género dominantes que justifican más la violencia hacia las mujeres, por lo que en una relación donde no cohabiten, pueden pasar por alto algunos comportamientos de sus parejas. Igualmente mencionan que el haber atestiguado violencia durante la infancia, para las mujeres es un factor de riesgo así como también es un factor de protección el reconocimiento de la igualdad de género por parte de la pareja.

La violencia que más se nota es la física, sin embargo, la psicológica o emocional, que no deja huella física, ofende y denigra a la persona violentada. A través del lenguaje se pueden expresar insultos y mantener a las personas con baja autoestima al igual que producir otros efectos negativos. El lenguaje se puede utilizar para agredir o humillar cuando se busca someter, hasta que la parte sometida impida que siga esta manifestación de poder (Fernández, 2012).

Un análisis detallado de ese tipo de violencia es realizado por Bonino (2010) quien estudia las prácticas de dominación masculina en la vida cotidiana de las parejas y las nombra micromachismos aludiendo con ello al orden de lo micro, de lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de lo evidente (Foucault, 1979). El prefijo micro, del neologismo utilizado por el autor para nombrar estas prácticas, alude a la existencia de la violencia psicológica o emocional y las define como maniobras interpersonales del comportamiento masculino que en la vida de pareja se manifiestan de manera sutil, de baja intensidad y de forma casi invisible. Con este comportamiento, dice el autor, los hombres buscan reafirmar su autoridad cuando una mujer se rebela en la relación de pareja o bien obstaculizar el que ella se desarrolle exitosamente para ellos poder mantener su idea de supremacía.

La violencia de género en mayor medida afecta a las mujeres, lo que repercute en su trabajo, la escuela o cualquier otro medio donde se desarrolle (Castro & Casique, 2012). El ejercicio del poder por parte de los hombres es una manera de establecer control sobre las mujeres y mantenerlas bajo su mando, por el solo hecho de ser mujeres. Identificar la violencia en las relaciones de noviazgo no es fácil en tanto que estas adquieren múltiples formas cuyo análisis excede los objetivos de este trabajo pero pueden consultarse en los de Rodríguez (2006) o Hernández (2017). Baste señalar que van desde las de menos compromiso como los amigovios hasta las de mayor involucramiento con fines de conformarse como pareja conyugal.

Los hombres también sufren ese tipo de violencia, particularmente cuando se ven presionados socialmente a cumplir expectativas de mujeres que reproducen patrones patriarcales, agresivos y dominantes, pero no es significativa, ya que no rebasa el uno por ciento de los casos reportados (ENVINOV, 2007; Cubillas, 2014). Probablemente, al estudiar a la población masculina, esta niegue ser víctima de tales hechos violentos para no poner en duda su masculinidad y por pena callen ante tales hechos (INMUJERES, 2006). De ahí el interés del presente trabajo de indagar sobre las formas sutiles de violencia que pueden presentarse durante el noviazgo, a partir de la información proporcionada por ambos integrantes de parejas jóvenes de una Institución de Educación Superior privada (IESP). La hipótesis plantea que existe una interacción caracterizada por el dar y el recibir confianza como medio de control para mantener la relación de noviazgo, sin que haya una línea definida para identificar cuándo un comportamiento transgrede el respeto a los derechos humanos y cómo poner límites para evitarlos si adquiere formas sutiles de expresión como los micromachismos propuestos por Bonino (2010).

Antecedentes

Los micromachismos son microabusos y microviolencias utilizadas para mantener un supuesto predominio en la relación y que no son fácilmente identificables como tales por parte de la víctima. Si la persona se percata de que está siendo victimizada, quien ejerce la violencia manipula la situación a través de mecanismos de seducción e inclusive de persuasión para mantener el control, de manera tal que es difícil determinar los límites entre la seducción y la coerción (Bonino, 2010). Se trata de una serie de señales que la persona tiene que descifrar según su realidad. Al no comprender de una manera clara el concepto y las conductas involucradas, un alto porcentaje de víctimas no reconoce que está viviendo un evento de violencia en su relación de pareja. Según Saldívar (2014), el agresor puede usar tácticas indirectas para obtener lo que quiere cuando la pareja se niega a sus deseos, ocultando sus propósitos como en el caso de la seducción sexual y que, precisamente, por su sutileza, pueden ser muy efectivas para lograr el objetivo, pues confunde a la víctima al disfrazar la intención y obtener una prueba de amor.

De acuerdo con Bonino (2010) algunos micromachismos son conscientes y otros se realizan con la inocencia del hábito inconsciente e incluso pueden parecer inofensivos, normales o de poca trascendencia, pero su poder se ejerce porque a través del tiempo siguen manifestándose. De acuerdo con ese autor existen tres características de cómo se manifiestan en las relaciones de pareja:

  1. 1. Los micromachismos coercitivos o directos. Describen cómo el hombre usa su fuerza que puede ser moral, psíquica, económica o incluso de características de personalidad, para tratar de subordinar a la mujer, limitar sus libertades así como sus decisiones. Se expresa de diferentes maneras entre las que se encuentran la intimidación, el control de dinero, la no participación en las labores domésticas a pesar de tener tiempo para ello, el uso expansivo-abusivo del espacio físico y del tiempo para sí, la insistencia abusiva, la imposición de intimidad, la apelación a la superioridad de la lógica varonil así como la toma o abandono repentinos del mando de la situación.
  2. 2. Los encubiertos, de control indirecto u oculto. Se refiere a los comportamientos masculinos que atentan contra la autonomía de la mujer, son insidiosos y sutiles, lo que torna invisible la intención del varón. Este tipo de control es oculto y tiene como propósito el dominio de la voluntad femenina. Todas estas maniobras de control son muy sutiles, pasan especialmente desapercibidas y en ello radica su efectividad. Se aplican para abusar de las mujeres en tareas del cuidado apoyándose en una supuesta capacidad de las mujeres para cuidar de otros y hacer labores domésticas.

    Otra forma de expresión es la falta de intimidad, el manejo del silencio para no perder autoridad sobre la mujer, saber cuándo y cómo hablar para manipular a la mujer. Es un hecho habitual que se aplica en las relaciones de pareja así como el aislamiento o poner límites cuando la mujer quiere acercarse. Tales comportamientos masculinos generan inseguridad que es finalmente el objetivo del varón para que la mujer dependa de él.

  3. 3. Los de crisis. Este tipo de micromachismo se utiliza en los momentos donde existe un desequilibrio de poder en la relación, por ejemplo a causa de la pérdida del trabajo o de una limitación física. Se puede expresar en la postergación de un cambio de comportamiento planteado por un reclamo de la pareja o en restarle importancia a éste.

En las relaciones de pareja un integrante puede ejercer el poder y el otro resistirlo dando lugar a una batalla por tener el mando de la relación, ordenar e imponer reglas. Por lo mismo, aunque no lo señala Bonino (2010), este control podría ser ejercido por cualquier integrante de la pareja.

La definición de Bonino (2010) de los micromachismos tiene que ver con la que hace el INMUJERES (2006) de la violencia emocional, como todo tipo de agresión acción u omisión expresada a través del lenguaje. Sin embargo, el autor nos aproxima a los mecanismos subyacentes y los clasifica de acuerdo con los diferentes contextos de las relaciones de pareja, análisis que resulta útil para estudiar la violencia que según Michalski (2004) se incrementa cuando existe la convivencia derivada de un noviazgo prolongado o formalizado socialmente. Si tenemos como base la subvaloración de la persona, cuando el novio establece una relación de codependencia con la novia, puede usar estas estrategias para no perder la relación misma, manifestarse intolerante al abandono y establecer un chantaje emocional para retener a la pareja.

La violencia en el noviazgo surge pese a que cada integrante de la pareja se declare enamorada. El enamoramiento según Alberoni (2003) es adentrarse a una existencia diferente del ser que no tiene garantía realizable. Enamorarse ofrece instantes de felicidad y eternidad pero no puede ofrecer certezas por lo que requiere de la confianza, confiarse, abandonarse por confianza al otro, es parte del enamoramiento. Los enamorados, dice el autor, evalúan las interacciones anteriores, se dan cuenta de las elecciones que eligieron en el pasado y que ahora ya no quieren más, quedando sólo como hechos históricos. Así termina el resentimiento, el rencor, el deseo de venganza, porque no se puede odiar lo que ya no está ahí y se da un nuevo comienzo.

La persona enamorada llega a creer que la/el otra(o) acepta de manera serena y pacífica un nuevo amor. Pero puede ocurrir lo contrario, esto es, que el enamoramiento provoque sentimientos negativos y dar lugar a chantajes como si te vas me mato o bien amenazar a otras personas. En el enamoramiento, el hecho de dar no se acompaña necesariamente de la exigencia de recibir, pues la alegría del otro vale más que cualquier cosa. Cuando se empieza a tener en cuenta lo que cada quien da o recibe, el enamoramiento termina para dar lugar al reclamo o la manipulación (Alberoni, 2003).

La dominación, el poder, la violencia y la lucha son conceptos que han estado casi desde siempre presentes en el vocabulario de las ciencias sociales. La noción de violencia asociada con las relaciones amorosas, invita a pensar en otras formas de analizar tales conceptos. El noviazgo es un espacio en el que necesariamente los agentes sociales se encuentran en una relación de percepción y reconocimiento y en la que pese a que las personas digan que están enamoradas, pueden agredirse y desencadenar violencia hasta llegar incluso al asesinato (Román & Sotomayor, 2007). Cubillas (2014) en un estudio con jóvenes de universidad pública en Hermosillo, Sonora, encontró que los y las jóvenes expresaron reconocer la violencia como un evento que se vive en las relaciones de noviazgo, en ocasiones de forma naturalizada, recíproca e interactiva. La justifican por celos, falta de confianza o inseguridad de una persona. La dependencia en las relaciones dice la autora, se basa en función del tiempo y las vivencias en común así como en los vínculos afectivos que se establecen con la familia de la pareja, situaciones que hacen más difícil abandonar la relación.

La violencia en las relaciones de noviazgo de la juventud universitaria

Las y los jóvenes universitarios viven en una modernidad social creciente en la que existen costumbres que dan lugar a roles de género específicos y a desencuentros entre estos. En el estudio de Cubillas (2014), la autora reporta que 33.7% de los varones y 28.8% de las mujeres dijo ignorar las opiniones de su pareja. Igualmente, 23.9% y 25.9% de hombres y mujeres, respectivamente señalaron callar a su novio(a) fuertemente, 31% y 25.4% gritarle y 13.2% de varones y mujeres aceptaron que insultan a su pareja. Lo anterior nos indica que hay transformaciones en las relaciones entre hombres y mujeres donde la violencia también puede ser cruzada.

La violencia emocional puede disfrazarse e incluso aceptarse como normal por un miembro de la pareja. Esta forma de agresión es la más recurrente en las/los jóvenes universitarias(os) que pasan por alto comportamientos agresivos por parte de su novio o novia. Sin embargo, por su carácter encubierto, simbólico, no es fácil identificarla a través de cuestionarios en los que por separado se pregunta a hombres y mujeres que no tienen entre sí una relación de noviazgo. Para documentar el contexto en el que ocurre y las formas que adoptan los comportamientos violentos durante un noviazgo entre universitarias(os), es pertinente recurrir a otras estrategias como puede ser entrevistar a parejas de novios. Siguiendo los conceptos de Bonino (2010) sobre los micromachismos y Alberoni (2003) acerca del concepto de confianza como elemento constitutivo de la relación amorosa entre las parejas, en el trabajo aquí reportado se buscó documentar la interacción entre parejas de estudiantes universitarias(os) y de qué manera se conforman/resisten para mantener la relación de noviazgo.

Metodología

La metodología utilizada fue de tipo cualitativo para poder analizar relaciones y significados en las interacciones de los noviazgos de la población estudiada. De ahí que el camino escogido fuera a través de una estrategia construccionista (Searle, 1997 y Berger & Luckmann, 1995) para que las y los jóvenes participantes reconstruyeran sus historias de noviazgo, desde que se conocieron hasta el momento de la entrevista. Para ello, realizamos entrevistas semiestructuradas que nos permitieran obtener los relatos describiendo o explicando su experiencia. El discurso revela la relación con el deseo y el poder ya que: no es solamente lo que se manifiesta, sino también lo que se encubre (Foucault, 1973). Tal perspectiva es útil en tanto que los micromachismos descritos en el apartado anterior no son formas abiertas o explícitas de abuso. Más bien se trata de comportamientos soterrados, muy sutiles y no necesariamente formas extremas de violencia como podría ser la de tipo física.

La construcción subjetiva sobre las relaciones de noviazgo fue mediante la conceptualización del contexto que rodeó al inicio de la relación, la vivencia cotidiana de la misma, su devenir y las explicaciones que surgieron de ella. En consecuencia, nos aproximamos al objeto de estudio desde una dimensión subjetiva e interpretativa considerando la intencionalidad, la situación y la realización sociocultural de los sujetos, tal como propone Bajtin (1979). De acuerdo con esto, la noción de sujeto es utilizada entonces para dar cuenta de la transformación del lenguaje en discurso. Por lo mismo, en el caso de los micromachismos, éstos son como ya se definió anteriormente, una serie de señales que no son fáciles de interpretar por parte de la persona a quien van dirigidas. Ello dificulta que la víctima reconozca de inmediato estar viviendo un evento de violencia en su relación de pareja, lo que justifica el método y la técnica utilizada.

De ahí que, en la construcción de la realidad, el discurso utilizado por los sujetos es importante. Los términos en los cuales entendemos el mundo son producto del intercambio establecido entre personas reales, situadas en un tiempo y en un espacio determinado (Berger & Luckmann, 1995). El nivel de la realidad que busca conocerse se asocia con los individuos, actores interpretativos, cuya dimensión subjetiva se estructura inicialmente con objetos externos que habrán de internalizarse por procesos de socialización. Esta relación es definida en términos de intersubjetividad ya que, al ser una subjetividad socialmente marcada, es una subjetividad compartida.

La meta de esta estrategia es comprender los procesos sociales subjetivos a través de la palabra. El tipo de información reunido se traduce en un texto escrito, que no es un registro objetivo de la realidad, sino interpretaciones hechas por la/el investigador/a desde la intencionalidad, la situación y la realización sociocultural de los sujetos (Minayo, 2004).

Desde esta visión se estructuró el guión de entrevista para aplicarse a jóvenes estudiantes de una IESP a la que acuden jóvenes de nivel socioeconómico medio alto y alto. El requisito de inclusión fue que tuvieran una relación de noviazgo y que las respectivas parejas acordaran participar en entrevistas por separado. El instrumento incluyó:

  1. 1. La reconstrucción histórica desde cuándo y cómo se conocieron, cómo fue el cortejo, el inició del noviazgo, sus relaciones al momento de la entrevista y lo que acostumbraban hacer cuando se encontraban.
  2. 2. También se obtuvo información sobre la forma como establecían comunicación: los temas de conversación con la pareja, las actividades conjuntas y con quién o quiénes, cómo tomaban las decisiones con respecto a las mismas, cómo las acordaban y cuando no coincidían, quién era la persona que tomaba las decisiones la mayor parte del tiempo.
  3. 3. Igualmente, se preguntó sobre las posibles fuentes de desencuentros: qué ocurría si no podían ponerse de acuerdo, qué sentían cuando no lograban acuerdo, las reacciones y actitudes de él y de ella ante este hecho.
  4. 4. Se agregaron también preguntas sobre las consecuencias de los desencuentros reportados: las posibles rupturas por algún periodo de tiempo, los motivos, cómo remediaron el problema y reiniciaron el noviazgo.
  5. 5. Se indagó además sobre el control a través de las tecnologías de la información y la comunicación: uso del teléfono celular y las redes sociales en su noviazgo, qué comportamientos les molestaba de su novia(o) y qué creían que le molestaba a él o ella, cómo lograban identificar si estaba molesto(a), qué hacían para resolver sus diferencias en la relación de noviazgo y cómo se relacionaban con las familias de él o ella.
  6. 6. Finalmente, y con el fin de documentar la mayor o menor visibilidad de la violencia en la pareja, se preguntó si sabían qué es la violencia y cómo la identificaban en el noviazgo. Las entrevistas se realizaron con el consentimiento informado de las personas, fueron totalmente anónimas y en lugares públicos que ellos o ellas solicitaron, cuidando siempre la confidencialidad y el anonimato

La técnica para elegir a las y los participantes fue la de bola de nieve. Se inició con una estudiante y se le pidió apoyo para identificar a otras parejas que pudieran y quisieran participar. El contacto con la IESP se hizo a través de la Coordinadora de la Carrera de Psicología. Las entrevistas se grabaron con el consentimiento informado de las(os) participantes y posteriormente fueron capturadas para su análisis e interpretación. En total se logró entrevistar a tres parejas en las que al menos una de sus integrantes estudiaba la carrera de Psicología. Debe destacarse que se contactaron más personas recomendadas por quienes participaron, sin embargo, no siempre fue fácil que ambos integrantes de la pareja aceptaran ser entrevistados. Dado que a diferencia de otros estudios donde sólo se entrevista a las mujeres, en el presente se buscó aportar información de ambos, varón y mujer que reconocieran sostener un noviazgo, se descartaron los casos donde no fue posible tener ambas perspectivas.

Para fines de descripción de resultados la primera pareja la identificaremos como M-1 para referirnos a la mujer y V-1 para referirnos al varón y así sucesivamente. La segunda pareja será M-2 la mujer y V-2, el novio y la tercera pareja M-3 y V-3. Las entrevistas fueron grabadas y transcritas para posteriormente analizar su contenido teniendo como guía las preguntas de investigación. Con el objeto de reconstruir las historias de noviazgo, la estrategia analítica siguió un recorrido cronológico secuencial, desde que se conocieron hasta llegar al momento de la entrevista, identificando los contextos, espacios, situaciones y personajes. El análisis interpretativo se hizo siguiendo los principios propuestos por Foucault (1973) para revertir los controles sociales del discurso: trastocamiento (reconocimiento de los significados aparentemente positivos que son opuestos), discontinuidad (cruces, yuxtaposiciones, rupturas), especificidad (ir más allá de lo evidente) y exterioridad (no buscar el ocultamiento sino las condiciones externas). Las grabaciones fueron transcritas y organizadas en un formato de dos entradas: la primera para las preguntas del guión de entrevista y la segunda para la información recabada por cada participante. El estudio se realizó durante julio y agosto de 2015 y en este trabajo se analizan los resultados referidos a las formas de expresión de la violencia en diferentes situaciones de la relación de noviazgo.

Resultados

Características de las personas participantes. Se entrevistó a tres estudiantes del primer semestre de la carrera de Psicología, dos de diecinueve años y una de veinte y a sus respectivas parejas. Los novios tenían 19, 20 y 22 años de edad respectivamente. El primero estudiaba, el segundo trabajaba y el tercero trabajaba y estudiaba. La pareja M-1 y V-1 llevaba 4 años de noviazgo, la segunda pareja M-2 y V-2 tenían 4 meses de haber iniciado la relación y la última pareja M-3 y V-3 llevaba nueve meses de novios. Todas(os) eran solteras(os), sin hijos/as, originarias(os) de Hermosillo, Sonora, lugar donde se realizó el estudio, vivían con sus familias de origen en sectores residenciales medios altos y en ningún caso era su primera experiencia de noviazgo. La información obtenida a partir del análisis de los discursos en las entrevistas, muestra algunos de los elementos que apuntan hacia el ejercicio de comportamientos de control de una persona sobre la otra durante el noviazgo, que a simple vista podrían parecer inofensivos. La violencia a través del lenguaje del tipo de los micromachismos estudiados por Bonino (2010), está presente en las relaciones de las parejas entrevistadas, pero precisamente por sus formas de expresión, no es identificada como tal. Los distintos comportamientos violentos son interpretados por las y los jóvenes desde dos perspectivas:

  1. 1. Como prueba de confianza. En ello se incluye el intercambio de claves para tener acceso a sus cuentas en redes sociales cibernéticas, sus teléfonos celulares o cualquier otro medio, como los micromachismos encubiertos, de control indirecto u oculto.
  2. 2. Como característica natural de la otra persona en la que se describe su personalidad, temperamento o carácter fuerte o como aceptación de que ella o él toma mejores decisiones y, por lo tanto, la novia o novio se subordina, comportamientos incluidos en los micromachismos coercitivos o directos.

En el primer caso, al preguntar sobre comportamientos de las parejas con respecto a los teléfonos móviles o las cuentas en las redes sociales cibernéticas, M-3, con nueve meses de noviazgo, mencionó:

Pues a veces no es así de voy a checar tu celular o, por ejemplo, a veces si tengo su celular le mandan WhatsApp yo se lo leo y le digo, oye dice fulanito que si no sé qué, o sea sí nos tenemos esa confianza pues, tenemos la contraseña del Facebook. Yo no entro al de él o si a caso le digo voy a entrar rápido a checar algo y él me dice ok. O sea, él nunca ha entrado. Bueno, sólo una vez, y me di cuenta porque yo tengo un programa que cuando entran a mi feis me avisa que entraron. Y así nos tenemos confianza para todo.

La información de la pareja de M-3, V-3, coincidió en lo sustantivo:

Ella tiene mi contraseña, yo tengo la suya, pero no soy de entrar a ver lo que le dicen y hay veces que ella checa mi celular, pero no por buscar conversaciones con otras mujeres o algo, si no que yo le digo checa mi celular y pásame la dirección que tengo que apuntar. Ella tiene acceso libre a todo, hasta mi cuenta de banco, pues confió en ella. Ella no se pone a buscar ni yo la verdad. Tengo su contraseña de Facebook y he entrado como dos veces nomás porque ella me lo ha pedido ‘es que necesito este dato’. Nunca sentí invasión, jamás.

Paradójicamente la prueba de confianza más bien pareciera ser de desconfianza, para alejar la sospecha de una posible infidelidad. Es una forma de asegurarle a la otra persona que no se esconde algo. Es posible que en estas parejas jóvenes la confianza requiera evidencias objetivas, que no se entrega a ciegas y que construyen su relación alrededor de una reciprocidad restrictiva: no te oculto nada y te lo demuestro, tú tampoco debes ocultarme algo, demuéstralo. Otra forma de verificación de la lealtad de la pareja es aceptar que se puedan seguir a través del teléfono celular para confirmar que efectivamente están en el lugar que dicen estar. Los avances de las tecnologías de la información y la comunicación, van moldeando otras formas de relacionarse, pero no sobre la base de la libertad de una y otra persona integrante de una pareja que sostiene un noviazgo. Por el contrario, tales medios facilitan el control que pueden tener entre sí y puesto que esta acción no es interpretada como un tipo de violencia, abre el camino para la naturalización del abuso del poder en nombre de la confianza.

La pareja con cuatro meses de relación menciona con respecto al tema del acceso a la información de los teléfonos celulares o de sus redes sociales:

M-2: "No me revisa el celular ni yo lo hago. Cuando él hace llamadas, lo hace frente a mí y lo mismo en ocasiones me muestra sus mensajes en Facebook. Si en una pareja hacen esto de ver la información del celular y redes sociales es porque no existe confianza y es como faltarle al respeto. Si él revisara me enojaría”.

Por su parte, la pareja V-2 dijo al respecto:

Pues sí, de vez en cuando nos revisamos. No es cada día que nos veamos, a ver préstame tu celular. No. Es ya a la larga y nos tenemos confianza no hay necesidad de revisarnos los celulares, los dos lo hacemos, pasa cada dos semanas, ya casi el mes, es raro cuando lo hacemos.

Si bien en esta pareja la joven acepta que revisar el celular es una muestra de desconfianza y falta de respeto, en la práctica de alguna manera empiezan a hacerlo. La confianza aparece en el extremo de un continuo que tiene en el otro a la desconfianza, sostenido por dos componentes: los celos y la fidelidad de la pareja. A mayor apertura de la intimidad vía celulares/redes sociales para demostrar que no existe algo que ocultar, se genera mayor confianza. Sin embargo, no hay evidencia de que la confianza sea un activo permanente. Más bien es un valor que sostiene la relación de noviazgo siempre y cuando sea refrendado cotidianamente o de tiempo en tiempo.

Este juego de micromachismos indirectos u ocultos tiene como sustento los roles y estereotipos de género sobre los que se construyen en nuestra cultura las masculinidades y las feminidades. De acuerdo con las circunstancias pueden convertirse en violencia tal como lo describe Bonino (2010). La influencia de estos se muestra desde que la pareja se conoce y durante el proceso de cortejo. El juego de seducción, control y poder, se observa en los primeros encuentros de las parejas de este estudio, que ocurren generalmente en escenarios de socialización como son la escuela, las casas de las amigas o los amigos y los lugares comunes de convivencia. El cortejo es parte del protocolo previo a la aceptación de un noviazgo, por parte de la mujer, y en el que el hombre trata de convencerla de que lo acepte como novio. Aparentemente, este cortejo es el inicio de un juego de fuerzas para dilucidar quién tiene el control, una forma de micromachismo indirecto, en un ritual que sigue el estereotipo del varón conquistador y la mujer conquistada, aunque no necesariamente ésta última asuma un papel pasivo.

Al preguntar cómo se conocieron, V-1 nos dijo:

La conocí por medio de un amigo[…] Eso sí, fue muy largo porque cuando nos conocimos teníamos como 12 años de edad. Al principio nos llevábamos no bien y no mal, casi no hablábamos. Llegó el momento que nos empezamos a hablar como yo haciéndole un poquito de daño y ya. Se suponía que yo le caía gordo y no sé qué. Le caía mal. Después se fue, se cambió de ciudad. Ya volvió y ya le dije lo que sentía y ya habían pasado siete años.

La novia M-1 narra una versión similar pero con sus propios matices:

Él es el mejor amigo de un mejor amigo, pero al principio me caía mal porque siempre salía con nosotros. Una vez fuimos al cine y nos dejaron solos y empezamos a platicar. Me fui de la ciudad, pero nos mensajeabamos y me di cuenta que yo le gustaba. Regresé a Hermosillo y continuamos viéndonos hasta que nos pusimos de novios. Una madrugada me llamó desde una fiesta en la que él estaba. Por teléfono me pidió que fuéramos novios.

En la pareja M-2 y V-2, él recuerda:

La conocí en la escuela, nos tocó una clase juntos y ya pues, empezamos a hablar y muy bien. Yo le hablé por una tarea y ya le pregunté ahí, de frente, estando en el salón. Ya me explicó y todo, pero pues me dieron ganas de hablarle y seguirle hablando y la busqué en Facebook y todo eso. Y sí, el mismo de, “oye me explicas la tarea”, y ya me la explicó y empezamos a hablar y así pues. Se hizo rutinario. Seguimos hablando, empezamos a salir y ya hasta que nos hicimos novios.

El amor a primera vista no aparece, sino más bien los estereotipos del hombre conquistador y la mujer conquistada. En principio, las amistades son personas que de alguna manera tienen que ver con los encuentros, por lo que a mayor número de amistades, mayor es el ámbito y las oportunidades para conocer posibles novios(as). Posteriormente, los medios electrónicos les son útiles para mantenerse en contacto después del primer encuentro y manifestar interés, particularmente, del varón hacia la mujer. La iniciativa parte del varón, aunque la mujer se percata del interés que despierta en él y va propiciando el momento para que ocurra el protocolo de la petición de noviazgo. En este proceso aparentemente es la mujer quien manifiesta comportamientos del tipo de micromachismo indirecto.

El cortejo en algunos casos se prolongó por meses. Tal periodo es considerado un medio para conocer a la persona o porque, como el caso de M-1, se toma tiempo si al parecer hay duda sobre aceptar el noviazgo. Los juegos sutiles de poder y seducción se expresan en detalles como los regalos, que aumentan la posibilidad de aceptación del noviazgo o el aparente rechazo y la persistencia del interés del otro(a). Aquí surge un estereotipo relacionado con la dualidad de mujer buena/mujer mala, en tanto que la primera debe resistirse y no aceptar inmediatamente una relación de noviazgo a fin de evitar el riesgo de un interés pasajero y se mantiene la figura de micromachismo indirecto.

Una vez iniciado el noviazgo, las diferencias de opinión y el tema de quién toma decisiones empieza a aparecer entre las parejas como motivo de tensiones entre ellas. Se trata de elegir cómo ocupar el tiempo juntos, a dónde ir, con quién socializar, la hora para verse y la frecuencia. Cualquiera de estas actividades puede ser motivo de diferencias, desencuentros y eventuales enojos. Las tres parejas coincidieron en que se llevan muy bien, pero que han tenido problemas y algunas discusiones sin llegar a faltarse al respeto. Desde la versión de los varones de este estudio, ellos evitan las discusiones y dejan que sea su novia la que decida qué harán juntos, aunque no siempre lo planean con antelación sino que esta es una decisión tomada hasta que se encuentran.

Pero el ceder el poder para decidir crea en el varón sentimientos de desesperación o tristeza. Finalmente, lo aceptan, pero no por convencimiento de que la opción de actividad propuesta por la novia es la que mejor disfrutarán juntos. Más bien los varones se subordinan sin establecer acuerdos consensuados para mantener la relación.

El novio de M-3 a la pregunta sobre cómo se llevan respondió:

Muy bien. Prácticamente como amigos. Casi no nos peleamos, no tenemos ningún pleito fuerte. Discutimos, como cualquier otra relación, pero nada grave que nos afecte. Discutimos por tonterías, como que ella quiere cenar algo y yo quiero cenar otra cosa. Hoy no tengo ganas de salir y pues ni modo.

La novia de V-3 por su parte dijo:

Está padre mi relación porque no tenemos ningún problema así. Claro que tenemos nuestras discusiones por inconformidades, de “hay por qué hiciste eso” o algo así, pero la verdad muy padre porque siempre salimos adelante.

El novio V-1 mencionó con respecto a la toma de decisiones:

Casi siempre dejo que tome las decisiones ella, para no tener ningún problema. La mayoría de las veces sí estamos de acuerdo y cuando no, se enoja. Hacemos lo que ella dice. Yo cedo para que ella tome la decisión. Sé que la decisión que toma es la buena siempre, me divierto con ella.

M-1 por su parte señaló:

Si él está cansado me dice y no salimos, pero los fines de semana siempre lo hacemos y nos ponemos de acuerdo. A mí, me gusta ir a los antros y a él no. Acordamos que como yo no tengo clases los viernes, los jueves salgo con mis amigas a los antros y él se va al gimnasio. Antes, él se enojaba si yo hacía eso y si yo salía, él salía a otro lado como para estar iguales. Sábado y domingo salimos con amistades. No nos vemos si alguno tiene un evento importante que no pueda compartir.

Si bien no logran identificar en su relación la existencia de la violencia a través del lenguaje, sí logran identificarla en las relaciones de otras parejas. Al preguntarles qué es la violencia y cómo puede reconocerse en las relaciones de noviazgo las respuestas de las seis personas entrevistadas fueron las siguientes:

V-1: “Para mí la violencia se puede ver con golpes y psicológicamente. No se vale que uno de los dos le meta terror psicológico al otro, que le hable feo, que la amenace, igual a los golpes. Y a la vez no me atrevería a levantarle la mano a ella, ni ella a mí. Jugando es ella la que siempre me pega y ya así en serio, no, nunca. Hay veces que está enojada y me dice, me dan ganas de darte una cachetada. Y le digo, “pégame, qué ganas quedándote con ellas”. Y me dice, “es que no puedo”. Ninguno de los dos nos hacemos ese tipo de daño.”

M-2: “Hay dos tipos de violencia: psicológica, verbal, que te agredan, te digan tonta, que digan mentiras, engaños. La otra es la violencia física: golpes, jalones, pellizcos. Nosotros jugamos pesado. Yo lo pellizco, pero no lo hago grosera o agresivamente. En el noviazgo puede ser con gritos, con humillar ante los demás o que te digan ‘qué inútil’ o que comparen: que te digan que otra es mejor que tú. Amor y violencia no se llevan. Si hay violencia no hay amor y si hay amor no hay violencia. Un insulto es violencia. He visto con parejas conocidas como él, enojado, le rompió a ella el celular.”

V-2: “Pues si te quiere pegar, sí se empieza alterar, pues así. Pues violencia es que te peguen, que te traten mal, que te maltraten. En una relación con violencia pues, pues, (se queda dudoso por unos instantes), viendo a la persona, depende de ella, de cómo se comporte pues. Ya si llega a los extremos de querer violencia pues ya te das cuenta.”

M-2: “Es agresión hacia otra persona. Puede ser psicológica o emocional, también física. En el noviazgo empieza poco a poquito, puede empezar como violencia psicológica y luego sube de tono. La violencia no puede ser amor. Cuando existe violencia y la relación permanece es codependencia. Me ha tocado ver parejas conflictivas, pero fusionadas a la vez. Ellas dicen que no pueden vivir sin ellos, los cortan y de todas maneras vuelven. Si la pareja está a gusto en una relación es para estar bien, tener que dar apoyo y de ahí pasar. Para ello, se requiere no terminar por cualquier cosa, pero si la gente está a gusto en una relación así, debe respetarse.”

v-3: “Pues hay muchos tipos de violencia como verbal y física que son las más conocidas. Física, un golpe, una agresión con la intención pues y verbal, insultos, humillaciones, cosas así. La persona agresiva con su pareja, al gritarle, alzarle la voz, cuando no está de acuerdo con algo “Ves, es tu culpa”. Cargarle la culpa al otro desde ese momento. No es bueno decir palabras altisonantes, son las cosas que afectan las relaciones, y son cosas que aunque las perdonan, no las olvidan. Entonces cuando vuelve a haber un pleito sacan del cajón lo que estaba guardado, de gotita en gotita van llenando el vaso.”

M-3: “La verdad yo nunca lo he violentado, ni el a mí. Por ejemplo, él jamás me ha gritado. A lo mejor yo lo he llegado a violentar a él, alzar la voz porque mi personalidad es muy impulsiva, agresiva, pero él no, es muy pasivo. Nunca me ha llegado a violentar, ni golpes, nunca me ha hecho nada feo.”

Como podemos ver la violencia física es la que más identifican las y los jóvenes entrevistados y sólo en un caso la joven lo refiere a sí misma. Una pareja refiere juegos pesados en los que reportan, por ejemplo, pellizcos o bien deseos de golpear. Sin embargo, no se reconocen como formas violentas de interacción.

En general al describir su relación, las tres parejas mencionaron que tratan de llevarse bien. Además, debe destacarse que en los tres casos la relación es aceptada por las familias de ambos, sus citas son en casa de la novia y suelen salir también acompañados, lo que permite suponer que son pocas las oportunidades para que sus desencuentros tuvieran formas violentas de expresión. Sin embargo, en las interacciones reportadas aparecen algunos comportamientos identificables de manera encubierta o no como violentos.

Conclusión

La estrategia de entrevistar a ambos integrantes de una pareja de novios, fue útil para identificar en qué forma aparece la violencia sutil descrita por Bonino (2010) como micromachismos. Se trató de tener dos miradas sobre un mismo tema, mas no de corroborar discursos. Igualmente, permitió documentar en el contexto estudiado el uso que hacen las y los jóvenes de las tecnologías de la información y la comunicación para el proceso de conocerse y llegar al noviazgo. Así como, sobre el control y abuso de poder. Se observaron también las manifestaciones de los estereotipos de género desde el inicio del cortejo y en la formalización de la relación, dependiendo de si la mujer la acepta o no en las primeras muestras de interés amoroso por parte del varón.

Si bien, la iniciativa durante el cortejo provino del varón, ello no encubre formas sutiles de control. El conocimiento de cuáles son estos estereotipos, cómo se expresan y los abusos a los que dan lugar, puede ser útil para reconocer cómo se gestan distintas formas de violencia durante el noviazgo (Hernández & Tovar, 2016).

A través del intercambio de claves para tener acceso a sus cuentas en redes sociales cibernéticas o sus teléfonos celulares, es la prueba de amor para expresar la confianza del uno y la otra. Los discursos muestran que, desde la perspectiva de las personas entrevistadas, se considera como característica natural de la otra persona su personalidad, temperamento o carácter fuerte para hacer referencia a micromachismos coercitivos.

Los resultados aquí analizados pueden ser de utilidad para las autoridades de las IES, a fin de que desarrollen acciones y programas preventivos para orientar a las y los jóvenes universitarios sobre este tipo de violencia, cuáles son sus características y cómo pueden manifestarse en las relaciones de noviazgo. Visibilizar estos comportamientos micromachistas es importante porque las universidades son las instituciones encargadas, no sólo de formar profesionales de alguna disciplina, sino la última plataforma para lograr la construcción de ciudadanía en el estudiantado, cuyo conocimiento sobre esta problemática puede serle útil en el ámbito profesional y personal.

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