Actividades corporales artístico-creativas en estudiantes de primer ingreso y su efecto en el arraigo a la universidad

Janeth González Martínez
UAM-X, México

Actividades corporales artístico-creativas en estudiantes de primer ingreso y su efecto en el arraigo a la universidad

REencuentro. Análisis de Problemas Universitarios, vol. 30, núm. 77, pp. 93-110, 2019

Universidad Autónoma Metropolitana

Recepción: 06 Octubre 2019

Aprobación: 24 Agosto 2020

Resumen: En el presente artículo se reflexiona sobre la riqueza cultural que el estudiante trae de la educación no formal que vive en su casa y en su vida social. Siendo México un país de hondas raíces y amplia cultura, no es desatinada la hipótesis de que el estudiante posee recursos que ni él mismo imagina. Uno de los indicadores a observar en la conducta de los jóvenes es el uso que hace de su cuerpo, en conjunción con otras destrezas y capacidades que no se vinculan con el curriculum escolar. Eso obliga a poner mayor atención en aquellos recursos que tienden a pasar desapercibidos. El artículo insta a aprovechar la diversa riqueza cultural popular que yace en el estudiante, lo que demanda un mejor conocimiento de la juventud actual.

Palabras clave: Cuerpo, Educación informal, Cultura popular, Comunicación.

Abstract: In this article we try to overcome the prejudices towards youth, telling experiences related to the non-formal education that the student contains and brings to the university, not always showing it. As Mexico is a country with deep roots and a wide culture, the hypothesis that the student has resources that he himself does not imagine. One of the indicators to observe in the behavior of young people is the use made of their body. Often they bring skills and abilities that do not apply because they consider them no matter of the university, so the teacher does not know about them, register them, or look for them. This facts call to pay more attention to those resources that are not measured in a socio-economic study, and tend to go unnoticed, leaving the opportunity to take advantage of their cultural wealth and achieve, therefore, a better communication with the student.

Keywords: Body, Informal education, Popular culture, Communication.

Introducción

Los estudiantes llegan al salón de clases con una idea preconcebida de lo que es estudiar en la universidad. Esta idea es producto de sus vivencias durante el largo período de escolaridad del que provienen. Es común que hayan construido expectativas poco realistas. El hecho es que ante estos prejuicios se enfrenta el docente que los recibe. Entre sus prejuicios destaca una determinada concepción del conocimiento (lo que es estudiar, lo que es crecer intelectualmente) y en su conducta expresan también la manera en que ven el mundo. No son niños que han crecido, sino adultos atravesando los veinte años de edad, por lo tanto, tienen sus propias ideas, algunas generales, otras explícitas del mundo en que viven y del cosmos que los circunda. A pesar de su condición de adultos, que hay que subrayar, siguen atados a su mundo juvenil, a la adolescencia y en muchos casos a su niñez.

Esto implica que si bien decirles “chicos” como muchos docentes suelen nombrarlos, es un error, porque ellos llegan a la universidad para asumir el hecho de que son “grandes”. Esto no quiere decir que no sea útil ver al joven desde su pasado. La reflexión del joven acerca de sus primeros años de vida es un ejercicio que mucho les ayuda a consolidar su identidad en construcción (Porter, 2013).

En la investigación hecha con alumnos de primer ingreso pertenecientes al Tronco Divisional de la División de Ciencias y Artes para el Diseño (CYAD) de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (UAM-X) buscando conocer al estudiante en su dinámica cotidiana escolar, en la que este artículo se basa. Hemos constatado un ejercicio revelador que describiremos: el docente, siguiendo un programa que aplica una específica pedagogía explícita, les solicita a los miembros del grupo que traigan de su casa alguno de sus objetos favoritos para trabajar con ellos. El docente imagina que traerán algo relacionado con la carrera que han escogido, en su afán de tener evidencias de su vocación. Sin embargo, los estudiantes no llegan con objetos de diseño, ni con alguna reliquia familiar de valor simbólico o material. Por lo común llegan con juguetes, un tren eléctrico y hasta muñecos de peluche, tesoros nostálgicos de la niñez que ven alejarse. Es significativo que aún conserven dichos objetos y los presenten como parte de su identidad.

Sin duda el ingreso a la universidad empuja al estudiante a que culmine su etapa de transición de nivel medio superior hacia la persona adulta que ya es, pero sin asumir aún su vida ni visualizar su futuro como un profesional egresado que se insertará en la sociedad y en el mercado. Aunque aún en proceso, el estudiante trae un mundo tanto interno como externo, vivencias y experiencias que el profesor debe de tratar de conocer para identificar esa materia prima con la que trabajará en el aula y en el taller. El aula puede ser útil como un lugar de encuentro donde se discuten conceptos teóricos, pero adquiere más sentido en estos tiempos cuando se transforma en taller donde se entra en acción, en movimiento. Otro punto crucial son las entregas y las exposiciones, cuando el estudiante hace público su trabajo. Es común que el estudiante nos sorprenda con productos interesantes que expresan su voluntad de entrega, dedicación y sensibilidad.

Independientemente de su origen, de si vive cerca o lejos, si proviene de una familia de origen rural o urbano, se hace evidente en su trabajo su condición de estudiante mexicano, su herencia cultural, lo que aprendió fuera de las aulas, en su casa y en la calle. A la educación escolar, se le contrapone (y también complementa) la educación informal, es decir, la escuela de la vida. Aunque dicha escuela está penetrada por malas escuelas como la influencia de los medios, la tecnología y sus juegos muchas veces adictivos y distractores, las modas, los edificios de cristal que emergen ciegos a nuestro paso, los valores degradados, a lo que se suma la creciente inseguridad y la consecuente disolución de núcleos importantes para el tejido social (impunidad, injusticia, contrastes sociales, etc.), el estudiante sabe seleccionar, intuitivamente, o por observación, lo que a la postre tendrá para él o ella, un mayor valor. En sus escritos y en sus trabajos puede verse y leerse la huella dejada por las conversaciones con sus adultos significativos, los referentes culturales, sus prácticas y actividades cotidianas, que giran alrededor de su familia y de sus amigos.

Hay una conexión del joven con su universo que intuye, que observa, tratándolo de aprehender con su mente y con sus manos. Si el hombre primitivo ya esbozaba una visión ordenada del cosmos, podemos sospechar que el estudiante llega al salón también con la suya, aunque no estudiada y, por tanto, ignorada. Cuando ponemos atención en la vida del/la joven vemos que existe una mezcla de representaciones sensoriales, de imágenes, producto de su observación cotidiana, de su consumo cultural, de sus gustos, preferencias, inclinaciones u opciones que toma en el día tras día de su vida cotidiana.

Dualismo

Un autor que ha estudiado las cosmogonías que habitan en la mente del joven es Marius Schneider (1998). Gracias a sus estudios sabemos que, en su sentido más básico y fundamental, el estudiante ha reparado en su observación del mundo, en el dualismo que le presenta la vida. Si bien el dualismo que se presenta en la universidad a partir de los troncos es el de teoría / práctica; expresión / conceptualización; proyecto / representación; idea / dibujo (o modelo visual), como una forma de esquematizar las previsiones del estudiante, esta forma básica de concebir al mundo se confirma desde la presencia de los sexos opuestos: hombre y mujer, que equivale a la noche y el día, el cielo y la tierra, etc. Siguiendo a Schneider, es a través de este mundo presentado siempre en dos partes, que el estudiante entiende que ningún fenómeno determinado constituye un todo, sino en todo caso, la mitad de un todo.

Como ser humano el joven sabe que no es completo sin el otro, que le sirve de espejo. No importa su preferencia sexual, si es hombre sabrá o sentirá que le falta o le corresponde una mujer como la otra parte vecina, no distinta al hecho de que a la noche le corresponde un fenómeno análogo que es el día. Si nos remitimos a lo más general, diremos que a lo macro le corresponde lo micro, de la misma forma que a la tesis le corresponde la antítesis. La configuración de lo macro, el universo, se refleja y repite, por analogía, en lo micro, la gota de agua.

Esta breve explicación, sin embargo, la hemos escrito desde la razón, una manera actualmente usual y dominante de explicar la dualidad que configura nuestra visión, que incluye la del estudiante. Si nos trasladamos de lo racional a lo emocional, hablaríamos de otra manera de estas dos caras de la moneda. Las veríamos como dos fuerzas en oposición, o como dos fuerzas complementarias que se compensan. Una forma de ver estas dos caras es la causal (Adán necesita una compañera y de su costilla se desprende Eva) la otra es análoga, (Adán deja de ser hermafrodita y su sexo se divide en dos formas complementarias). Lo causal implica un proceso lineal: “tropiezo y caigo”, el razonamiento por analogía es menos elemental que el causal: “el aroma me evoca un recuerdo”.

Ritmo

El ejemplo “tropiezo y caigo” nos habla de un orden causal, lo que un aroma nos evoca corresponde a relaciones más complejas, el aroma desencadena cursos del pensamiento que más se parecen a una explosión. Razonar por analogía es parte del desarrollo cultural y forma la base del pensar místico. La relación de analogía ocurre cuando existe un rasgo común esencial entre dos fenómenos distintos (Kohan, 2013). Este rasgo no es necesariamente aislable, al contrario, el rasgo se encuentra implícito o empotrado en un “conjunto rítmico indisoluble”. El rasgo que permite la analogía es un “ritmo común” que fenómenos distintos entre sí, comparten: “Cada vez que paso junto al limonero recuerdo mi niñez” dice un testimonio, dejando claro la asociación de recuerdos e identidad.

La idea que queremos establecer aquí es que asociamos, comparamos, relacionamos fenómenos, cosas y eventos, cuando identificamos en ellos un “ritmo común”, por ejemplo: el timbre de una voz, olores, sonidos, el ritmo de nuestro caminar, la forma en que nos movemos, colores, materiales, texturas, anticipaciones. Mientras que el pensamiento místico se detiene en el timbre de voz o en el ritmo del cuerpo, la lógica causal, tan cercana a las lecciones universitarias, le dan más importancia a la lógica racional, a lo formal. La cultura universitaria hace énfasis en el conocimiento como resultado del pensar, mientras que la cultura natural del estudiante, está más cercana al sentir que permite captar o intuir estos ritmos, donde la analogía y el parentesco, aportan una dinámica artística como ocurría entre los pueblos primitivos.

En la escuela formal la tendencia es ir hacia el valor abstracto siguiendo una racionalidad técnica de carácter estático y geométrico. Mientras el ser con raíces en lo básico se maneja más a partir del movimiento que percibe como esencial en el carácter cambiante y dinámico de los fenómenos. El “pensamiento avanzado” privilegia el aspecto estático de las formas y el perfil puro y estrictamente geométrico de la forma, dejando al movimiento como un aspecto accidental. Diferenciamos entonces una forma de conocer que concibe el estudio como un ser pensante sentado en su escritorio frente a un texto o produciendo un texto, de una forma de conocer que concibe al individuo en movimiento, experimentando en todo su cuerpo y no tan sólo en su mente, el desarrollo de su visión y de sus capacidades.

La reflexión, como algo estático (que se detiene para estudiar o para pensar) de la acción, como algo dinámico, que combina el pensamiento con la actividad que guía, en combinación (Porter, 2010). Es por ello que ponemos especial atención en el estudiante que no se limita a estar estático frente al escritorio, leyendo un libro o dibujando sobre un papel. Nos interesa el estudiante que no se conforma con el trabajo puramente cerebral, y también se dedica a trabajos creativos corporales. Este uso del cuerpo puede comenzar con un simple deporte, pero el deporte es el punto de partida para otras capacidades que rebasan la destreza que permite meter un balón en el arco de la portería, misma que es sólo un primer paso. El ejercicio corporal puede llevar a un siguiente estadio donde el individuo se mueve con ritmo, con intención y elegancia, buscando expresar la belleza de su cuerpo en movimiento. Esto crece cuando el joven vive los ciclos corporales como números en un acto de performance, como si estuviera frente al público enviando un mensaje.

Este joven en el acto mismo de expresarse corporalmente con una intención, así sea haciendo girar los aros de hula-hula alrededor de su cintura o trazando metáforas con su cuerpo a lo ancho de un escenario, está aprendiendo y hablando en nuevos lenguajes. Este estudiante que se comunica, cuando lo hace en la universidad se transforma en un elemento no estático, que se expresa y que, por lo tanto, aprovechará la oportunidad para iniciar un diálogo con su entorno, tanto físico, como humano. Esto facilitará la comunicación de lo que es, de su identidad, y lo ayudará a tener más posibilidades de éxito en sus cursos, en sus acciones, arraigando a la universidad de una manera diferente a la que logra el estudiante que simplemente cumple desde la estática de su cuerpo frente al escritorio.

El estudiante creativo-corporal dejará que surja de su interior el ser primitivo, básico, fundamental que trae con su herencia cultural. Pensamos que el estudiante mexicano posee características que lo ligan con su pasado, con la tierra, a través de su etnia, innegable y altamente evidente, en la mayoría de los casos. Hay un pasado cultural, con fuerte peso indígena que prevalece en la identidad del joven mexicano, mismo que le da fuerza y personalidad, por encima de la preparación escolar previa (Nuño, 1987). Lo que lo mueve es su orgullo, su conciencia de pertenecer a una familia, a un grupo, a una región, a determinada cultura.

Las concepciones primitivas de lo esencial son realistas, artísticas e intuitivas (pensemos en todo nuestro pasado mexicano con sus códices, sus glifos, y sus múltiples lenguajes que hasta hoy prevalecen), mientras que las concepciones más elaboradas intelectualmente, más cercanas a las contemporáneas, las importadas, las que devienen de la globalización, son geométricas, se disfrazan de científicas y por ende son abstractas. En nuestra forma actual de conocer, la verdad se manifiesta sólo en el reposo (no en el movimiento) en las formas o ideas puras, mientras que las formas accidentales y cambiantes, se ven como exteriorizaciones imperfectas de las ideas. Mientras la alta civilización “piensa” y sistematiza conscientemente sus ideas por medio de signos abstractos (símbolos), los primitivos “bailan” y “cantan” sus ideas, que en su mayoría viven en las capas inferiores de su conciencia. La diferencia entre ambos abordajes de la realidad se observa en sus expresiones artísticas y en la estructura interior que las ordena. Estas diferencias de concepción creemos que pueden servirnos en nuestro intento de relacionar a la educación con la vida y el amor.

Son ejercicios de búsqueda interna o visión hacia dentro. Los ejercicios deben llevar a que el estudiante sienta su cuerpo. Para ello, debe entender cómo puede sentirse el flujo sanguíneo a través de cómo late el corazón. Detenerse en la respiración. Búsqueda de un ritmo propio a través de esas señales.

El concepto sería: “existes, estás vivo”, porque al observarte a ti mismo, cobras conciencia de tu ser. Observarte es el eje. Es importante evitar distracciones, poner la mirada exclusivamente en lo interno. No dejarse distraer por los otros, por el mundo ni olvidarse de uno, dejando la mente irse, escapar.

Llevar al estudiante a las preguntas:

Proponer formas de disfrutar el presente, abstrayéndonos de lo que pasó o pasará. Dar importancia al papel del silencio.

Ejercicio Uno

Para hacer en casa. Al despertar, no encender radio ni tv, ni dejarse abrumar por la agenda del día ni hacer caso a las exigencias maternas, interferencia de hermanos, etc. Simplemente ir hacia la ventana, abrirla y mirar hacia afuera. Si no hay un horizonte, imaginarlo. Abrir los brazos, concentrarnos en el horizonte figurado, cerrar los ojos, escuchar los sonidos. Sentir que formamos parte de un cosmos. Mirar (con los ojos cerrados) a ese horizonte virtual que se extiende al frente, que tapan barreras físicas, pero que forma parte de la imaginación que ve lo real.

Ejercicio Dos

Observar algo proveniente de la naturaleza que nos cause asombro, el caminar de un insecto, las huellas de la lluvia, el rayo de sol provocando un destello en el vidrio, cualquier cosa que destaque de que lo sucede comúnmente. Enfocarnos en ello.

Al hacer estos dos ejercicios, tomar conciencia del cuerpo, del diálogo que se inicia con el cuerpo. ¿Te dice algo tu cuerpo? ¿Te lo dice con palabras o con silencios?

Cuando observas tu cuerpo, el cuerpo ¿se siente observado? Al sentirse observado, ¿qué ocurre contigo y tu cuerpo?

Este tipo de ejercicios llevan a que la mente permanezca inmóvil, en silencio.

Los estudiantes que ejercitan este tipo de rutinas, estarán en mejor conexión consigo mismos y con el todo, entendiendo como “el todo” a la armonía cósmica de la que formamos parte. La búsqueda de belleza se lleva a cabo por instinto, cuando estamos acostumbrados a ejercitar nuestro cuerpo, y ubicarnos en el escenario desde donde observamos y donde nos ven. Romper el aislamiento, vincularse a los demás, a lo demás, formar parte del otro y de lo otro, incorporarnos como parte del mundo, fortalece nuestros lazos con el entorno y ayuda a que cumplamos con los compromisos sociales que adquirimos, como el de ser alumnos universitarios, logro que implica no solamente haber solicitado ingreso, sino haber pasado exámenes, formar parte de un grupo y someternos, cada día, a la relación con el docente.

Investigación basada en testimonios

En el caso que estamos tratando, los testimonios son confiables y por tanto, los consideramos verdaderos. No hay razón por parte del entrevistado para engañar, distorsionar o agregar rasgos a lo vivido. De hecho el joven se asombra de eso que hace, el uso creativo de su cuerpo, a lo que no le otorga una importancia del tipo que nosotros le estamos dando, es decir, un hecho que evalúa en función de sus destrezas y capacidades, y el efecto que causa sobre el espectador, pueda tener una relevancia mayor, en cuanto a su desempeño universitario. De tal manera que el Análisis de Contenido Basado en Criterios (ACBC) en este caso resulta ser una herramienta completamente eficaz en la detección de vivencias, de conductas y estilos de vida. Hemos tomado en cuenta las diferencias individuales, en particular la habilidad verbal, la actitud del entrevistador. Llama la atención que el estudiante no se encuentra familiarizado con este tipo de entrevistas, lo cual le da espontaneidad, y además no tiene conocimiento previo de la prueba. El grupo social, y hasta étnico de la persona se ha tenido en cuenta, pues hay una inclinación hacia “lo neto” es este tipo de diálogos, alrededor de la eficiencia de la aplicación individual del ACBC que se ha buscado como técnica controlada (Godoy-Cervera e Higueras, 2005).

Las practicas corpóreo-creativas en la universidad

A pesar del número de habitantes que somos en la Ciudad de México, la necesidad del movimiento se hace notar, los jóvenes artistas inquietos se mueven hasta lograr hacer un escenario en esta ciudad tan congestionada, todo para compartir la belleza de movimiento y recibir la satisfacción del reconocimiento de su talento. Muestra de esto son, por ejemplo, las artes circenses mismas que por la facilidad de trasladar los utensilios que se necesitan para hacer malabares pueden hacer de cualquier calle, rincón, semáforo, parque o lugar un escenario, lo único que se necesita es una persona que desee y le guste expresar su sentir y la satisfacción que le genera crear con su cuerpo y una persona que se tome el tiempo de mirar, para después ser invadido por la emoción que genera ver el cuerpo en movimiento.

En el momento en que los jóvenes comienzan a conocer su cuerpo y las posibilidades de creación que este les presenta, las oportunidades comienzan a ampliarse, la imaginación y la creatividad comienzan a revolucionar más y más a cada momento, parece como si tuvieran un nuevo chip instalado, todo parece posible. Los jóvenes comienzan a buscar personas con las cuales puedan compartir gustos e intereses, crean nuevas redes sociales, ya no sólo cuentan con las redes de la escuela a la que asisten, conocen personas de otras escuelas, de otras colonias, de otros estados e inclusive de otros países, el joven comienza a ampliar su panorama de la vida, se da cuenta que el mundo no es sólo la colonia donde él habita, sino que hay más culturas y cosas que conocer y personas con quienes compartir su propia cultura. Esas redes de las que hablamos le sirven al joven para comenzar a hacer sus propias reglas sociales, aprende a escuchar y a expresarse, ya que se encuentra entre iguales, sin olvidar la sensación de libertad que le da practicar las artes circenses (menciono dichas artes porque son de las que estamos hablando en este momento, no porque sean las únicas). Ahora que han encontrado dónde se sienten bien, los jóvenes acuden de manera autónoma, sin necesidad de que les pasen asistencia (como en la escuela formal se hace), sin necesidad de un horario escrito o firmado, ellos mismos ponen las reglas, se fijan fechas de reunión y horarios de acuerdo a las posibilidades de disposición de cada uno. Casi siempre llegan puntuales en la hora y fecha establecida, a veces llegan antes de la hora acordada para comenzar a afinar ese nuevo truco con el que soñaron toda la noche y no pueden esperar para compartir con quienes tienen en común esa pasión.

Los jóvenes comienzan a intercambiar miedos, sueños e ideas que finalmente se convierten en proyectos, generan todo un plan, intercambian conocimientos para poder hacer realidad esa imagen que tienen en la cabeza y que no los deja dormir tranquilos.

Ese es el ideal de una universidad transformada a las necesidades de hoy, un lugar en el cual los jóvenes asistan porque se sienten a gusto, se encuentran con personas afines a ellos, que los inspiran y los motivan a seguir sus sueños, una universidad en la cual los jóvenes no compiten entre ellos, sino que se reconocen como seres únicos e individuales, con características propias; mismas características que les ayudan a ellos y a las personas que los rodean a crecer como seres seguros de ellos mismos, capaces de volver realidad cualquier cosa que se propongan.

El imaginario social de los practicantes del cuerpo surge así informalmente, en espacios barriales, en centros que operan como clubes que le dan identidad a los que se adscriben. Las posibilidades de participación configuran un marco y una lista de actividades que se mantendrá dinámica y cambiante, traslapándose con otras formas tradicionales, que no son las que nos interesan en este estudio. Otro aspecto que surge de la investigación es que estas expresiones corporales están íntimamente ligadas a la ciudad, con los casi invisibles espacios utilizables escondidos entre su paisaje, entre la estructura de la vialidad urbana, resquicios, desbordes, intersticios y espacios ganados, que son las que condicionarán la incorporación de un acervo de experiencias corporales. Es así como vemos que cuerpo y ciudad se enlazan predisponiendo la aparición de prácticas corporales según la composición de la geografía especificada en el tiempo y el espacio, que combina las propiedades de lo terrestre, lo acuático y lo aéreo, generando paisajes distintivos.

También cuentan, en el caso mexicano, las características climáticas, benéficas al no existir inviernos crudos, pero también limitadas si tomamos en cuenta la contaminación, los pocos espacios que quedan libres, ya que es cierto que no nos encontramos rodeados de ríos, pero sí nos encontramos inundados de automóviles, la inseguridad que hay en el país o en los diversos espacios que quedan libres de tráfico y smog, pero por lo mismo están olvidados por las instancias de gobierno y la delincuencia es ahí donde hace de las suyas, además de los riesgos que condicionan estos tipos de actividad, y los hacen exteriores, cuando se puede, o en recintos cerrados, a ciertos horarios, etc.

Los jóvenes que participan en estas experiencias dejan de sentirse individuos aislados y comienzan a formar parte de una masa, que genera circuitos de tránsito tanto para artistas como para espectadores. Las distancias se reducen: “Hay diferentes circuitos: el de los que pintan murales, el de los que andamos en nuestros vehículos navegando, los circuitos de los grupos under, incluso espacios propios de la contracultura […] Algunos son abiertos, otros se cierran, hay algunos organizados, con individuos capaces de gestionar eventos y hasta espectáculos informales, incluso hay quienes se acercan a esos centros culturales que dan facilidades y aceptan los requisitos y los aprovechan”, nos dice Lisa Vargas, alumna de Tronco Divisional (TD).

La memoria grabada en el cuerpo

Nos hemos detenido a auscultar la mente de los jóvenes que ingresan a la universidad, en nuestra indagación nos hemos acercado, y cuando fue posible y resultó natural, a miembros de sus familias en sus sitios de residencia, con el propósito de levantar datos, y conocer de cerca su contexto hogareño. En el estado del arte, hemos puesto atención en los hábitos de consumo cultural popular, y al hacerlo nos hemos dado cuenta que poco o nada sabemos de lo que ha quedado “grabado en sus cuerpos”, como resultado de su participación en la vida de la ciudad. La relación joven-urbe, la forma en que usa y se apropia de su entorno de sus trayectorias, forman arte de la construcción de su propia historia personal, que es parte de la historia colectiva de los grupos sociales juveniles.

En un contexto de desposeimiento los jóvenes reconocen “su cuerpo” como su principal patrimonio. Anotamos declaraciones tales como “al menos tengo mi cuerpo, que es mío”1 o “mi cuerpo es un mecanismo que he aprendido a manejar”2. Este tipo de declaraciones, que Adrián de Garay ha registrado a detalle en sus textos publicados (2004, 2005 y 2007), son evidencias de la importancia del cuerpo como representación social y como patrimonio del yo juvenil. El cuerpo experimentado no sólo establece habilidades, sino también sensaciones y sentimientos que se acumulan en la memoria corporal. Para estudiantes como Miriam3, correr en su patineta por la ciudad, es “motivo de enorme gusto, una forma en la que me siento yo, y forma parte de lo que soy”, agregando, “yo veo al grupo con el que salimos a correr y andar en patineta como artistas […] me siento parte de algo importante, que formo parte de algo que me gusta y en lo que además soy buena […] la calle es para nosotros el escenario donde nuestros cuerpos se expresan”.

El joven transita por sus propios programas informales, que los junta, y esto va generando una memoria en el cuerpo. La memoria del cuerpo significa y resulta de un tipo de elaboración reflexiva de los episodios de su vida social. Entonces el joven vive procesos de incorporación de la cultura al formar parte de un despliegue de prácticas, que implica inventar conocimientos, generar saberes, ejercer la autodidaxia corporal, aprender a base de práctica, de atrevimiento, de valor, ejercicios que se van configurando en capital corporal.

No es difícil imaginar a los jóvenes sumando presencias, haciéndose compañía alrededor de prácticas corporales que requieren habilidad, entrenamiento, dedicación, todas experiencias que tejen un entramado de vínculos, atravesadas por las emociones que se viven cuando se toman riesgos, se superan miedos, se construyen confianzas, que forman un marco específico para el protagonismo que sitúa al cuerpo en el contexto de la ciudad en donde la universidad forma parte. ¿Cómo no vincular estas experiencias con la capacidad que mostrarán ya en la universidad, para sobrevivir al cambio, y adaptarse a las nuevas demandas? El hecho es que las tendencias corporales de las nuevas generaciones de jóvenes se expresan en formas que van cambiando, renovándose, buscando en la ciudad sus espacios adecuados, utilizando nuevos implementos o accesorios del cuerpo: patinetas, calzados especiales, protectores corporales, tablas, etc. Y estas actividades, en lugar de quedar fuera del ámbito universitario, en lugar de establecerse como clandestinas, complementarias o subterráneas (underground) deberían ser reconocidas por la universidad, conocidas por la planta académica, y aprovechadas en el beneficio del desarrollo intelectual del joven y a favor de su permanencia en la institución. Lo que quisimos hacer explícito en este estudio es la relación que encontramos entre los performances corporales que algunos se dedican a desarrollar en los lugares en que residen o se trasladan, y su impacto o influencia en el desempeño como estudiantes universitarios en el primer año de cursos.

Sostenemos que la memoria del cuerpo que se construye en las posibles realidades corporales que día a día se tejen en cada intersticio de la ciudad, asegura la incorporación a grupos universitarios, de diferente índole, entrada a cofradías, anecdotarios de situaciones corporales y motrices como si se agregaran al ya existente patrimonio corporal de cada sujeto. Por eso tomando en cuenta la memoria del cuerpo es importante que la educación superior incorpore en sus propuestas educativas, actividades donde se involucre al cuerpo, como instrumento creativo-expresivo, además y aparte de la promoción de los deportes tradicionales, que son otro ámbito de uso del cuerpo, que tiene características y sentidos diferentes, donde priva la competencia y se han establecido valores que tocan otras áreas de la epidermis juvenil. La forma en que se conocen y actúan entre sí, cada individuo de un grupo de estudiantes, al salir al aire libre y realizar actividades corporales creativas, tiene la ventaja de crear dinámicas de grupo constructivas que contribuyen a una mejor armonía del grupo, así como una mejor comunicación, capacidad de iniciativa, autonomía y autogestión.

Si la ciudad ya actúa como provocadora y a la vez limitante para el cuerpo de los ciudadanos, la universidad debe facilitar ambientes y espacios para que el estudiante universitario pueda moverse de manera libre (hacer el mismo papel con sus jóvenes). Siguiendo al investigador Gabriel Cachorro (2009): no debemos perder de vista que existen distintas formas de vivir el amplio espectro de propuestas corporales disponibles en la cultura, en apropiaciones que son relacionales y subjetivas.

Las emociones corporales

La construcción de la propia historia del sujeto pasa por el cuerpo. Percepciones, sensaciones y emociones constituyen un trípode que permite entender dónde se fundan las sensibilidades. Los individuos conocen el mundo a través de sus cuerpos, por medio de un conjunto de impresiones que impactan en las formas de intercambio con el contexto socio-ambiental. Dichas impresiones de objetos, fenómenos, procesos y otros agentes estructuran las percepciones que los sujetos acumulan y reproducen. La internalización del bagaje de experiencias corporales y motrices excede la mera ejercitación física que se da en el deporte. En el caso de las actividades corporales-creativas, el papel que juegan los sentimientos en sus movimientos corporales y gestos motrices es mayor que cuando el individuo simplemente automatiza técnicas. Los beneficios que traen consigo las actividades corporales no se dan sólo de manera individual, también implican un trabajo social, un trabajo en equipo, en el cual están implicados los amigos con los que se rodea el individuo. Es gracias a que tiene amigos que el joven puede tener un intercambio de ideas, debatir y analizar su postura social, política y corporal.

La diferencia entre el deporte formal y las actividades corporales de las que estamos hablando está en que el deporte requiere mayor disciplina y tiene fechas establecidas para cumplir los objetivos planteados para competencias, etc., las actividades corporales son complemento de la vida del joven, por lo que las metas se las plantea él y sus amigos, su crew, su team (que muchas veces le pone nombre para generar una identidad de grupo), esto ayuda a que analicen, planeen y se organicen, el proyecto es propio. El que tengan mayor tiempo de análisis les permite identificar sus debilidades y trabajar en ellas para poco a poco fortalecer dichas flaquezas.

En el caso de la expresión física con sus movimientos corporales, en un performance o en un simple trayecto en patineta, está mediada por amores, odios, sufrimientos, dolores, goces, placeres, es decir, cuestiones de la subjetividad en constante interacción con las redes de relaciones sociales y el contexto donde se ubica el sujeto. La mente reflexiona, analiza e imagina, y con ella ocurre una reflexividad corporal cuando situamos al cuerpo en un nuevo contexto, como puede ser la universidad. Vivir la universidad no es tan sólo conocer el camino hacia el salón, o hacia la biblioteca, también incluye encontrar lugares de comodidad, refugios, rincones de reunión o de meditación, sitios de identidad, de pertenencia, lo que implica una selección espacial, un manejo del lugar, paralelo a la configuración del grupo de amigos, que se convierte en clan, y no difiere tanto de ser otra forma de pertenecer a una manada. Ser universitario es como ser ciudadano, construir ciudadanía, como construir la pertenencia a la universidad se hace movilizando prácticas corporales.

Cuando vemos pasar a un estudiante en su patineta, llegando en bicicleta, desplazándose corriendo, trotando, estamos siendo testigos y podemos imaginar las sensaciones kinestésicas de esos movimientos ligadas a la exploraciones de formas de desplazamiento que al apoyarse en accesorios suplementarios, experimentan una vivencia corporal a partir de establecer nuevos patrones en el movimiento motriz.

La irrupción de la técnica establece nuevos procesos de sensibilidad del cuerpo, si lo combinamos con el uso de nuevos elementos de la información y la comunicación, podemos comenzar a entender los ritmos nuevos, la capacidad de estar en varios lugares a la vez, de medir las distancias de otra manera. El estudiante que amplía su radio de acción utilizando estos complementos se siente orgulloso y pleno en ese instante, vive nuevos placeres corporales en lo que hace a las sensaciones coordinativas, neuromusculares complejizadas por objetos materiales que constituyen prolongaciones del cuerpo (una patineta, un aro, una tela, etc.).

Experimentar este tipo de actividades, hacer ejercicios, tareas motrices, establece otras formas de las prácticas y del saber corporal. Las emociones corporales se producen también con el uso de las nuevas tecnologías de la comunicación e información (TIC’s), construyendo otro tipo de exploraciones corporales que el estudiante más tarde verbalizará en sus temas de conversación.

El estudiante que rompe su aislamiento y se dispone a entrar en contacto con los demás lo hace porque puede manejar sus inseguridades, transformadas en emociones como el vértigo, que forma parte del miedo. Este tipo de experiencia, el lidiar con sus emociones, nos lleva a pensar que los estudiantes que las viven, son los que se han ido educando aprendiendo a observar, interpretar, lo que los lleva a adquirir estéticas de la mirada que les permite contemplar y distinguir variaciones en la gama de alternativas corporales que van adquiriendo. Al avanzar en la comprensión del conocimiento del cuerpo pueden hacerse más sensibles, y pueden construir estas emociones porque son competentes para leer y entender juegos, deportes, gimnasias, bailes, habilidades, etcétera.

La temeridad, como parte importante de las emociones corporales, incluye los riesgos que se asumen a lesionarse, lastimarse gravemente, e incluso morir. Ello produce una vibración emocional en la subjetividad de los practicantes, asociada con la seducción que atrapa al sujeto y le hace exponer el cuerpo como enfrentando al mundo en el cual lo que está en juego es intensificar la vida por medio de la auto-superación y realización personal. Correr riesgos confirma la osadía, la audacia y la valentía como propiedades simbólicas de los que responden al desafío. El mismo desafío los invita a analizar y redescubrirse, a conocerse mejor y a generar sus propios límites.

La incorporación de técnicas corporales, saberes corporales, gestualidades motrices, expresividades, está regulada por intensidades afectivas que también buscan cobijo en las particularidades que pueda ofrecer la universidad. El aprendizaje corporal y motriz se hace en mediaciones que posee la cultura, con miedos, seguridades, incertidumbres, confianzas. El estudiante toma conciencia de que lo traspasan diversas emociones, a veces contradictorias, no siempre de inhibición, no siempre de valentía. Al conocerse a sí mismo, por medio de su cuerpo, puede entender mejor y llegar a dominar su conducta en el salón de clases.

El estudiante sabe que su cuerpo posee su archivo de memoria en donde espera tanto la seguridad como la timidez, tanto la creatividad como la estática. Su capacidad de exponerse en clase, de participar activamente, está relacionada con su experiencia en la exposición de performances corporales, que mantiene una estrecha relación con el manejo idóneo o la pericia para desenvolverse con fluidez en los distintos casilleros de la vida social, incluyendo ahora a la institución universitaria. Existe en el joven, un activo de seguridad, una reserva de confianza, que se fundamenta en el conocimiento y el manejo del saber corporal. Este saber corporal permite desplegar una práctica social con manifestaciones más fluidas y eficaces.

Ejemplo de conductas y comparación

La universidad desafía y por tanto amenaza al joven de reciente ingreso. Los sujetos llegan a la universidad sabiendo que allí se concentrarán en su mente, y no situarán al cuerpo como epicentro. No esperan nada, no saben que la universidad al negarse a incorporar el cuerpo a su currícula, está descartando un área de fortaleza en el joven que le permitiría un bienestar que no encuentra en el ambiente generalmente hostil e impositivo, formal y ritualístico que no los convence. La universidad debería incorporar prácticas corporales dentro y fuera del aula para que el estudiante en sus modos de expresión logre configurar una mutua relación dialéctica con el nuevo contexto social al que ingresan. Prácticas corporales situadas en un ámbito cuya historia posibilita formar y sedimentar el archivo de la memoria corporal y motriz para los sujetos y sus cuerpos.

Armar sitios para la confianza corporal de los sujetos, que los haga sentirse a salvo. Incorporar este tipo de ejercicios a la rutina diaria estudiantil, ofrece una seguridad al propio cuerpo delineada en relación con otros cuerpos, espacios, tiempos que la universidad estaría ofreciendo. Las rutinas previsibles de la vida académica sostenida en períodos extensos de tiempo otorgarían una tranquilidad fenomenológica a la existencia de los estudiantes en el enfrentamiento diario con sus docentes y sus compañeros.

En nuestra vida cotidiana como ciudadanos vamos armando en cada jornada una rutina, una especie de orden cíclico en los recorridos corporales habituales por los laberintos personales que brindan certezas sobre lo conocido. En nuestros ejercicios de trayectorias hogar-universidad-hogar hemos trazando un territorio y una cartografía desplegada por el sujeto en el mapa de su ciudad. Estos mapas nos han servido para conocer los cambios en la cultura urbana, las migraciones, las mudanzas, la alteración de los circuitos por la ciudad, las alteraciones del paisaje, los hitos y referentes, que son propiedad de las ciudades y tienen efectos sobre la forma en que el joven se integra a su ciudad.

La participación corporal juvenil se activa, la vida empieza a cobrar sentido, justamente porque la vida pasa por el cuerpo y cuando la universidad enriquece y fortalece el patrimonio corporal y motriz, la memoria llena al cuerpo de anécdotas memorables vividas por el cuerpo, las prácticas y haceres corporales se tornan significativas, y la relación con los compañeros, docentes y administrativos se facilitan, dejando atrás el aislamiento, la des-comunicación, el empobrecimiento de la inacción paralizadora, y catapultado el movimiento en todos los sentidos: mente y cuerpo en acción.

Referencias

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Notas

1 Julián Fernandez, Tronco Divisional (TD), 1 septiembre, 2015.
2 Eliseo Almazan, 24 junio, 2015.
3 Miriam Tarsticio, Tronco Divisional (TD), 2 septiembre, 2015.
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