Notas críticas
Las perspectivas mentales en interacción: Sobre Social Cognition and the Second Person in Human Interaction de Diana Pérez y Antoni Gomila
Mental Perspectives in Interaction: About Social Cognition and the Second Person in Human Interaction by Diana Pérez y Antoni Gomila
Las perspectivas mentales en interacción: Sobre Social Cognition and the Second Person in Human Interaction de Diana Pérez y Antoni Gomila
Análisis Filosófico, vol. 43, núm. 2, pp. 345-353, 2023
Sociedad Argentina de Análisis Filosófico

Recepción: 18 Diciembre 2022
Aprobación: 25 Abril 2023
Resumen: En 1996 se encendió la mecha de una pequeña revolución en la psicología y filosofía de la cognición social: como reacción crítica a un intento de explicar el desarrollo del conocimiento social en el niño como una integración paulatina de perspectivas de primera y tercera persona (Barresi & Moore), algunos psicólogos propusieron la idea de la perspectiva de segunda persona como enfoque alternativo para entender la cognición social y resolver algunos de sus problemas tradicionales. En esta nota reviso el libro de Pérez y Gomila, una de las más detalladas y mejor desarrolladas exposiciones de las implicaciones interdisciplinares del enfoque de segunda persona, y propongo algunos temas de discusión inspirados por el libro, tales como la inextricable interacción entre las distintas perspectivas personales desde el principio del desarrollo y la dificultad de separar con claridad las propiedades distintivas de la segunda y tercera persona con las conceptualizaciones actuales.
Palabras clave: Perspectiva de segunda persona, Interacción, Atribución mental, Teoría de la mente.
Abstract: In 1996 a small revolution started in the psychology and philosophy of social cognition. As a critical reaction to the attempt by Barresi and Moore to explain social cognitive development in children as the progressive integration of first-person and third-person perspectives on the world, some psychologists proposed the idea that the neglected second person perspective could be a better approach to understand social cognition and solve some of its traditional problems. Here I review the book by Pérez and Gomila, one of the most detailed and better developed proposals about the interdisciplinary implications of this approach, and I critically discuss some unresolved issues, such as the apparently inextricable interaction between the different person perspectives from the beginning of development, or the difficulty to separate clearly the different properties of each perspective with current analyses.
Keywords: Second Person Perspective, Interaction, Mental Attribution, Theory of mind.
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Hace poco más de 25 años, los psicólogos canadienses John Barresi y Chris Moore (1996) encendieron sin querer la mecha de una pequeña revolución en la psicología y filosofía de la cognición social. En un artículo publicado en la revista Behavioural and Brain Sciences presentaron un modelo psicológico del desarrollo de la cognición social según el cual esta era el resultado de una combinación de dos tipos de relaciones intencionales (en el sentido de Brentano) con distintas propiedades: relaciones de primera persona, en las que los niños se experimentan a sí mismos relacionándose con objetos, y relaciones intencionales de tercera persona, en las que observan a los demás relacionándose con el mundo. Según los autores, inicialmente estos dos tipos de experiencia están separadas y es solo al combinar ambas mediante un hipotético y abstracto “esquema intencional” cuando emerge la forma adulta de comprender el mundo social, en la que concebimos a las personas como agentes que se relacionan con los mismos objetos con los que nosotros también podemos relacionarnos como agentes que también somos.
Había algo en este escrito que llamaba poderosamente la atención: ¿por qué los autores hablaban solo de relaciones de primera y tercera persona? ¿Dónde estaba la segunda persona —las relaciones intencionales que se establecen entre dos agentes que interactúan uno con otro—? Dos comentaristas (Gómez, 1996; Reddy, 1996) así lo hicieron notar, y propusieron que la solución a algunos de los problemas abordados por Barresi y Moore podría radicar en la existencia de otra forma primigenia de experiencia psicológica—una intencionalidad de segunda persona en las interacciones cara a cara—que a los autores se les había escapado por completo.
La idea de que existe una intencionalidad o experiencia psicológica de segunda persona hizo fortuna en algunos sectores de la ciencia cognitiva, y durante los últimos 25 años no ha dejado de desarrollarse en distintas versiones y direcciones. Los propios Moore y Barresi (2017) han asumido recientemente su error histórico y han “reconocido” a ese hijo inesperado de su artículo que es la segunda persona.
El libro de Pérez y Gomila La cognición social y la segunda persona en la interacción humana, objeto de esta nota crítica, marca un importante hito en este proceso de desarrollo de nuestra concepción de la segunda persona. Se trata de uno de los trabajos donde se exploran de manera más elaborada y sistemática las implicaciones que esta idea tiene para la filosofía, la psicología y sus disciplinas aledañas. Es un libro relativamente breve, pero extraordinariamente ambicioso, fecundo y multifacético, que ofrece, por una parte, una sucinta revisión de los avatares y estado de la cuestión en torno a la noción de segunda persona, y, por otra —lo más valioso— una formulación atractiva y original, meticulosamente trabajada, pero abierta y flexible, de en qué consiste y cuál es el alcance de la segunda persona, no solo para entender la cognición social y sus orígenes, sino también su aplicación a cuestiones como la experiencia artística o la moral. Se trata de un libro ejemplarmente interdisciplinar y que tiene el gran mérito de provocar la reflexión creativa del lector, ya sea para asentir o disentir.
Una de las características más valiosas del libro es que sus argumentos teóricos descansan sobre un profundo conocimiento de evidencias empíricas relevantes procedentes de diversos campos, especialmente, aunque no exclusivamente, la psicología del desarrollo. Es esta un área fundamental para entender y explorar lo que la segunda persona puede aportar a nuestra comprensión de la cognición social, y en la que pueden encontrarse algunos de los pioneros que defendieron la importancia de la interacción cara a cara y las emociones en el desarrollo cognitivo social. Cabe destacar a este respecto a Colwyn Trevarthen y su noción de Intersubjetividad, tan radicalmente distinta de las nociones más intelectuales de Teoría de la mente que inicialmente dominaron el campo de la cognición social en los años 80 y 90. Pérez y Gomila demuestran conocer en profundidad los antecedentes filosóficos y psicológicos del problema, y esto les permite un sólido anclaje teórico y empírico de su propia visión de qué es y para qué sirve la segunda persona.
La originalidad del libro radica sin duda en la variedad de hilos teóricos y empíricos que los autores aciertan a entrelazar, y en su capacidad para combinar afirmaciones categóricas con matizaciones que, si no siempre exploran en detalle los caminos o interpretaciones alternativas, sí consiguen transmitir al lector de modo inequívoco el carácter complejo y abierto de los problemas y las soluciones tratados.
La tesis central del libro
En esencia, los autores no solo defienden que la atribución de segunda persona (2P) es cualitativamente distinta de las de primera (1P) y tercera persona (3P), sino que es además primaria, básica, tanto en el sentido de que precede en el desarrollo a las otras formas de atribución (que de alguna manera derivan de ella) como en el sentido de que los estados mentales que se atribuyen en 2P son más sencillos que los que se atribuyen en 1P y 3P ( al menos inicialmente). En sus propias palabras:
Second person attributions are initially restricted to mental states either without content (such as “being in pain”) or with object-based contents (such as “looking to a doll” or “wanting water”), and therefore it is not possible to make an attribution of a propositional attitude like “belief” with the resources of the second person standpoint alone (Pérez & Gomila, 2020, p. 46).
Las atribuciones de actitudes proposicionales vendrán más adelante, cuando los niños, guiados por las etiquetas lingüísticas que los adultos insertan en sus interacciones de segunda persona, acaben desarrollando formas más explícitas de atribución.
Las propiedades de la atribución 2P son tales que, no es ya que resuelvan, sino que incluso “disuelven” uno de los problemas más complejos de la filosofía y la psicología: el problema de las otras mentes (capítulo 8). Los autores explican cómo la 2P es una forma de atribución psicológica primigenia, “genuina e irreductible” (p. 43), que se basa en “percepciones directas de los estados mentales de los demás” (p. 44) mediante “atribuciones implícitas” (en el sentido de “no conscientes”). Las atribuciones 2P son “primitivas” porque constituyen nuestra “vía de acceso al mundo mental mediante actitudes y contenidos más simples” (p. 44), y porque anteceden a las formas de atribución más complejas y abstractas que requieren inferencias mentalistas.
La 2P permite experimentar de manera directa (no inferencial), y transparente (sin la opacidad de las actitudes proposicionales) los estados mentales de las personas con que interactuamos, y proporciona la base sobre la que pueden construirse conceptos más abstractos sobre la mente, cuando el lenguaje empieza a insertarse en esas interacciones y permite desarrollar de manera explícita todo el potencial implícito en la segunda persona.
El motor principal del libro de Pérez y Gomila es sin duda la idea de que la atribución mental de segunda persona cambia radicalmente el problema de las otras mentes. Este es un problema —explican los autores— solo si se contempla desde las perspectivas 1P y 3P, como tradicionalmente hicieron la filosofía y la psicología. Con solo estas perspectivas, nos encontramos con un hueco, un abismo, entre la percepción subjetiva de nuestra propia experiencia mental y la percepción objetiva de la conducta de los demás (sin acceso a sus experiencias mentales), un hueco que solo podemos rellenar mediante inferencias basadas en razonamientos del tipo “si cuando hago X, siento Y; cuando mi semejante hace X, seguramente debe de sentir Y”; o algún mecanismo de razonamiento que proporcione un resultado similar al de tales inferencias, lo que en la ciencia cognitiva de los últimos 40 años dio en llamarse “Teoría de la mente”.
Sin embargo, la manera en que tenemos experiencia del mundo social no es solo como observadores de los demás (“yo le veo a él sonriéndome a mí, así que le sonrío yo también”), sino también, y según Pérez y Gomila de manera primordial, como participantes interactuando en tiempo real (“me sonríes y te sonrío; nos sonreímos”). Por supuesto, también podemos pensar y describir nuestras interacciones en perspectiva de tercera persona, pero para que estas discurran normalmente en tiempo real tenemos antes que nada que “actuarlas”, y para ello nos basamos en una serie de claves y adaptaciones conductuales y expresivas que posibilitan y regulan la interacción cara cara. Un componente fundamental del entramado psicológico que regula estas interacciones es la atribución mental de segunda persona. Esta es la que los autores defienden que es implícita, directa y transparente, y por lo tanto no necesitada de inferencias o razonamientos explícitos. Es esta serie de cualidades la que convierte a la experiencia de segunda persona en la base sobre la que puede montarse el entramado mentalista posterior, más complejo, con formas más abstractas y explícitas de atribución mental, con sus sofisticaciones de primera y tercera persona, su riqueza de inferencias y disquisiciones hipotéticas sobre lo que de verdad piensan y sienten los demás; pero el origen de todo está en ese modo 2P de experiencia mental “primaria”, que es transparente y pública.
Este resumen de los argumentos de Pérez y Gomila que he pergeñado no acaba de hacer justicia a la complejidad y variedad multifacética de su pensamiento (por ejemplo, su excelente análisis de la naturaleza de la expresión emocional y su papel en la experiencia psicológica 2P en los capítulos 5 y 6, o las implicaciones de 2P para entender la experiencia del arte y la moralidad en los capítulos 9 y 10). Solo puedo recomendar a los lectores interesados que se adentren ellos mismos en el libro para saborear por completo el versátil y sofisticado menú de ideas que Pérez y Gomila ofrecen sobre la segunda persona.
Hilos sueltos y otras madejas: reflexiones críticas
Como apunté al principio, una de las cualidades más notables de este libro es su capacidad de provocar la reflexión, y puesto que esta es una nota crítica, voy a intentar apuntar algunas reflexiones, potencialmente críticas, que me han suscitado las fecundas ideas de Pérez y Gomila. En cierto sentido, es un libro difícil de criticar porque, junto a afirmaciones nítidas y aparentemente taxativas (p.ej., la transparencia y disponibilidad pública de los estados mentales en 2P frente a la naturaleza inferencial de las atribuciones de 3P), los autores ofrecen constantes matizaciones (no todas las 2P son transparentes, ni todas las atribuciones 3P inferenciales).
Una primera reflexión crítica podría ser preguntarse hasta qué punto estas matizaciones debilitan el argumento principal. Si las propiedades atribuidas a la 2P no son en realidad exclusivas de ella, ¿tal vez su valor explicativo, su capacidad de disolver problemas como el de las otras mentes, sea menor o menos primordial de lo que defienden los autores?
Una posible respuesta a esta objeción es que, como ellos mismos señalan, su caracterización de las propiedades 3P frente a 2P hace referencia a casos paradigmáticos. Por ejemplo, cuando explican que “the paradigmatic third person point of view involves attributions that lack the typical features of the second person one, because they are usually explicit, inferential” (Pérez & Gomila, 2020, p. 114). ¿Significa esto que el contraste entre una y otra persona es menos fundamental y radical, y depende más bien de la frecuencia con que cada tipo de perspectiva se manifiesta con esas características?
Es más, como los autores señalan en el espléndido capítulo 7 dedicado a la interacción entre las distintas perspectivas de atribución, existen casos fronterizos que no cumplen plenamente los criterios paradigmáticos de 2P o 3P. No solo las características de cada persona de atribución pueden no ser tan exclusivas fuera de ejemplos paradigmáticos, sino que en la práctica los casos de atribución pueden ser difíciles de caracterizar:
Probably there are borderline cases because our characterization of third vs second person attributions depends upon a cluster of features that points towards paradigmatic cases, but blurry boundaries are likely, and so there are some cases that are difficult to categorize as third or second person cases. The guiding criterion in this regard is whether or not a conscious effort of inference is carried out in making the ascription (Pérez & Gomila, 2020, p. 116).
Sin embargo, en nuestra vida cotidiana tenemos la impresión de hacer con frecuencia atribuciones no inferenciales cuando contemplamos a los demás en 3P. Por ejemplo, desde la ventana observo a alguien a quien se le cae un objeto al suelo, lo nota (no es que al pararse y volverse a mirar, yo infiera que lo nota; yo registro de inmediato, sin detenerme a razonar, “que se ha dado cuenta”), mira el objeto, se agacha extendiendo la mano, lo recoge, lo limpia, y se lo mete al bolsillo. No da la sensación de que tengamos que recurrir a ningún esfuerzo consciente de inferencia para comprender los aspectos intencionales más básicos de lo que ocurre en esta contemplación de tercera persona. Por supuesto, puedo especular sobre la naturaleza del objeto, o por qué se le ha caído, pero la estructura intencional básica de lo que observo en tercera persona desde mi ventana (alguien se da cuenta de que se le ha caído un objeto, lo busca y lo recoge) parece pública y transparente, no inferencial; y no parece que sea una excepción que confirme la regla. Más bien, esta parece una experiencia 3P cotidiana y paradigmática.
A esto hay que añadir los resultados de estudios procedentes de la psicología del desarrollo que sugieren la existencia de atribuciones mentales en tercera persona desde muy temprana edad (por ejemplo a los 3-6 meses de edad los bebés parecen entender las acciones contempladas de los demás como intencionales en el sentido de dirigidas a objetos meta), y esta atribución podría ser tan extensional y directa como las de segunda persona, es decir, basada en una lectura no inferencial de la intencionalidad de la mirada y la acción del otro (Gómez, 2022). ¿Qué sería entonces lo distintivo de la segunda persona, lo que esta forma de atribución mental aporta que es especial? ¿Es posible que la compleja interacción entre perspectivas psicológicas, que Pérez y Gomila analizan tan acertadamente en el caso de los adultos, esté presente desde los comienzos del desarrollo?
Cabe pensar también en ejemplos de 2P que aparentemente desencadenan inferencias, como tan a menudo sucede en la comunicación intencional con significados implícitos. Mi amigo me señala mi camisa con una sonrisa, miro, no veo nada especial; él sigue señalando y sonriendo, yo infiero que me está señalando algo raro, sutilmente raro o gracioso, no demasiado grave, vuelvo a mirar, y finalmente veo que los botones están desalineados, y me río, nos reímos juntos (ahora sí, no inferencialmente), después de haber inferido yo lo que me quería decir. Por supuesto, podríamos estipular que la parte inferencial de esta interacción ha ocurrido en tercera persona, al igual que cabe estipular, como parecen sugerir Pérez y Gomila, que cuando algo nos conmueve en tercera persona, es porque se nos activan las atribuciones de segunda persona fuera de un contexto interactivo directo.
¿Por qué necesitamos activar la segunda persona para conmovernos por algo que vemos? ¿Por qué nuestra conmoción no surge directamente de nuestra contemplación en ٣P? ¿Existe el riesgo de una estipulación arbitraria de lo que ٢P y ٣P pueden o no pueden hacer?
Esto conecta con el interesante capítulo 9, dedicado a la 2P y la experiencia del arte. Las emociones que experimentamos leyendo novelas o viendo películas podrían parecer claros ejemplos de cómo podemos engancharnos emocionalmente en tercera persona, sin nada que sea genuinamente 2P, pero los autores proponen que en realidad se explican como activaciones indirectas de la perspectiva 2P.
Hay algo a la vez atractivo y paradójico en la propuesta. Pensemos, por ejemplo, en lo raro que es romper la cuarta pared, tanto en el cine como en el teatro. La cuarta pared es un filtro convencional que descarta la interacción 2P entre actores y espectadores, y nos confina a contemplar (ser realmente ‘espectadores’) pero no por ello dejar de experimentar extraordinarias emociones. Por supuesto, cabe argumentar que la riqueza de lo que experimentamos en 3P es solo posible gracias a todo lo que hemos aprendido en 2P, y no podría existir sin ese aprendizaje, aun cuando no hagamos uso directo de 2P en nuestras contemplaciones. ¿Pero por qué entonces la preponderancia del filtro de la cuarta pared? ¿Por qué es tan importante normalmente que el espectador sea sólo “espectador”?
Estas son sólo algunas de las reflexiones “críticas” que me surgieron al leer el espléndido libro de Pérez y Gomila. Quizá este sea el mejor elogio que cabe hacer de esta obra: su capacidad para enganchar al lector y hacerle pensar en la complejidad y riqueza del tema que los autores desarrollan de manera tan original y provocadora. En una reciente colección de artículos editada por los propios Gomila y Pérez (2022) el lector interesado encontrará aún más reflexiones y discusiones suscitadas por su libro, que constituye posiblemente el mejor análisis (y síntesis) del estado de la cuestión en la investigación de la segunda persona de que disponemos; un libro apasionante que tiene la virtud de que, incluso cuando activa las emociones del disentimiento o el escepticismo, lo hace de una manera enriquecedora para el lector, porque le obliga a pensar y especular de maneras nuevas y a menudo imprevistas.
Bibliografía
Barresi, J., & Moore, C. (1996). Intentional relations and social understanding. Behavioural and Brain Sciences, 19(1), 107-122. https://doi.org/10.1017/S0140525X00041790
Gómez, J. C. (1996). Second person intentional relations and the evolution of social understanding. Behavioral and Brain Sciences, 19(1), 129-130. https://doi.org/10.1017/S0140525X00041881
Gómez, J. C. (2022). Intentionality in the second person: An evolutionary perspective. Teorema, 41(2), 49-64.
Gomila, A., & Pérez, D. (Eds.) (2022). The second person perspective of psychological attribution. Special issue. Teorema, 41(2), 3-248.
Moore, C., & Barresi, J. (2017). The role of second person information in the development of social understanding. Frontiers in Psychology, 8, 1667. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.01667
Pérez, D., & Gomila, A. (2022). Social cognition and the second person in human interaction. Routledge. https://doi.org/10.4324/9781003133155
Reddy, V. (1996). Omitting the second person in social understanding. Behavioral and Brain Sciences, 19, 140-141. https://doi.org/10.1017/S0140525X00041996