Resumen: Existen ejemplos de arquitecturas que trascienden su localización geográfica e histórica para convertirse en verdaderos símbolos universales de paz y reconciliación. Uno de ellos es la Alhambra de Granada: referente mitificado de encuentro, ha sido escenario de tensiones y conflictos entre diferentes civilizaciones y posicionamientos políticos a lo largo de su historia y, fruto precisamente de la síntesis cultural que representa, se ha convertido en un eficaz instrumento de mediación entre los pueblos.
Palabras clave:AlhambraAlhambra,GranadaGranada,patrimoniopatrimonio,culturacultura,terrorismoterrorismo,pazpaz,reconciliaciónreconciliación.
Abstract: There are examples of architectural works that transcend their geographical and historical setting to become true universal symbols of peace and reconciliation. One such example is La Alhambra in Granada: the mythical meeting place. Throughout its history, it has been a stage that has hosted disputes and conflicts between different civilizations and political positions. As a result of the cultural synthesis it represents, it has been converted into an efficient instrument used by the people for arbitration.
Keywords: Alhambra, Granada, heritage, culture, terrorism, peace, reconciliation.
Resumo: Existem exemplos de arquiteturas que transcendem sua localização geográfica e histórica para transformar-se em verdadeiros símbolos universais de paz e reconciliação. Um deles é a Alhambra de Granada: referente mitificado de encontro, foi cenário de tensões e conflitos entre diferentes civilizações e posicionamentos políticos ao longo de sua história e, fruto precisamente da síntese cultural que representa, transformou-se num eficaz instrumento de mediação entre os povos.
Palavras-chave: Alhambra, Granada, patrimonio, cultura, terrorismo, paz, reconciliação.
Artículos
La Alhambra de Granada: paradigma universal de arquitectura puesta al servicio de la paz y la reconciliación entre culturas *
La Alhambra in Granada: a universal paradigm of architecture that has helped to generate peace and reconciliation between cultures
A Alhambra de Granada: paradigma universal de arquitetura colocada a serviço da paz e da reconciliação entre culturas

Recepción: 30 Junio 2015
Aprobación: 16 Marzo 2016
La Alhambra de Granada constituye uno de los enclaves patrimoniales más significativos del mundo.1 A partir de su apropiación cristiana, a finales del siglo XV, el complejo arquitectónico fue indeleblemente marcado, desde un punto tanto formal como simbólico, por la coexistencia de la expresión más refinada del arte nazarí y las formas típicamente cristianas introducidas en su seno con el fin de adaptarlo al estilo de vida y aspiraciones imperiales castellanas. Una dualidad que adquiere hoy un significado crucial, al quedar inevitablemente enmarcada en el enfrentamiento contemporáneo entre el islam y occidente. Conscientes del importante papel que la Alhambra puede desempeñar dentro de este conflicto, el Center of Andalusian Studies and the Dialogue between Civilisations de Rabat y el Patronato de la Alhambra y el Generalife convocaron en 2004, en Granada, el coloquio titulado La Alhambra. Lugar de la Memoria y el Diálogo. Un encuentro internacional que, fundamentado en el coloquio precedente Pensar la Alhambra (2000), aspiró a poner los cimientos de una reflexión permanente sobre la convivencia y paz entre los pueblos desarrollada en torno al singular conjunto monumental. 2 El presente trabajo se encuadra en esta reflexión y la prolonga, al describir el papel de la arquitectura alhambreña, entendida como receptáculo de acontecimientos e inspiración de iniciativas orientados a la fraternidad internacional. Asumiendo que este papel no solo se circunscribe a los eventos de índole sociopolítica motivados por los conflictos contemporáneos y con el deseo de ofrecer la verdadera magnitud de la capacidad conciliadora del conjunto monumental, se ha optado por ampliar el rango del estudio a todas aquellas actividades que teniendo como escenario la Alhambra han promovido el acercamiento popular a las diferentes culturas del mundo, requisito imprescindible en la construcción de una sociedad pluralista y tolerante.

Hablar de la Alhambra es hablar de Granada. Los avatares históricos que han posibilitado la conversión de la ciudad palatina nazarí en uno de los mayores símbolos de encuentro entre culturas, difícilmente serían comprensibles si no se estudian contextualizados en la historia de la urbe que se extiende más allá de sus murallas.3
El 2 de enero de 1492, después de un prolongado asedio, la Granada de Boabdil, el último rey musulmán en territorio hispánico, se rendía a las tropas de los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, cuyo matrimonio, germen de la unidad nacional española, había proporcionado, además, la conjunción de recursos necesaria para terminar con este último bastión del islam en España. A partir de ese momento se inició la compleja historia de la coexistencia entre vencedores y vencidos, de los modos en que los primeros fueron paulatinamente imponiendo su poder y obligando a la gran masa de la población islámica a la aculturación o el exilio, y de la progresiva aparición, por encima de las duras realidades políticas, económicas y sociales, de un verdadero mito de Granada.4 Dicho mito ha presentado una doble vertiente: si al principio su eje central fue la idea de Granada ciudad cristianísima, elegida por Dios para escenificar et triunfo sobre Mahoma, siglos más tarde, sobre todo a partir del XIX, las élites de la ciudad comenzaron a exaltar una versión acomodaticia del pasado islámico de la ciudad desde parámetros románticos, orientalistas y folcloristas. Finalmente, en las últimas décadas del siglo XX se ha ido abriendo paso en ciertos sectores la idea de la conquista de 1492 como un hecho desgraciado que eliminó el supuesto edén de tolerancia, cultura y refinamiento que habría sido la Granada musulmana, que marcó una especie de “expulsión del paraíso”.5 Y hay que decir que las ramificaciones de tales mitos se extienden incluso hasta nuestros días y que enturbian a menudo la correcta comprensión tanto de los hechos históricos como de realidades contemporáneas (inmigración marroquí, racismo, xenofobia, integrismo islámico...) que solo en apariencia pueden considerarse continuidad directa de aquellos.

Con la llegada del siglo XXI y la intensificación de la lucha armada del extremismo islámico, se pone de relieve el polémico fenómeno de la conquista de 1492, que adquiere dimensiones mundiales. En el contexto del supuesto enfrentamiento cultural entre Oriente Medio y Occidente, que desde determinadas facciones radicales se identifica de forma extremadamente reductiva y anacrónica con una oposición entre cristianismo e islamismo, el mito de la Alhambra vuelve a ser el centro de incómodos cruces de intereses. Sin embargo, esta no es la primera vez el conjunto monumental ha ejercido un papel protagonista en el contexto de conflictos bélicos y acciones terroristas.
La Guerra de la Independencia (1808-1814) supuso para España el expolio y la destrucción de numerosos de sus elementos patrimoniales. El 17 de septiembre de 1812, tras dos años y ocho meses de ocupación, las tropas napoleónicas se retiraron de Granada, no sin antes dinamitar el costado sur de las murallas de la Alhambra. Con el avance de las fuerzas españolas, los franceses ejecutaron el protocolo habitual en sus retiradas: desmantelar y dejar inservibles sus estructuras de defensa con explosivos. Aunque las destrucciones fueron cuantiosas, no cumplieron con las expectativas, pues el propósito final era el de volar también otras partes estratégicas de la ciudad amurallada: las prisas y la oportuna intervención de un soldado español que apagó la mecha, lo impidieron.6
En la última década del siglo XX tuvo lugar un nuevo atentado contra la Alhambra, pero de naturaleza política muy diferente a la anterior: la mañana del 11 de julio de 1996 el comando terrorista Euskadi Ta Askatasuna (ETA) avisaba de la inminente explosión de un artefacto colocado dentro del recinto fortificado del monumento. El atentado se incardinaba en una campaña terrorista contra los intereses turísticos españoles, localizados en este caso en la provincia de Granada, y no es casual que la tercera y última explosión se llevara a cabo en la Alhambra, el conjunto monumental más visitado de España y, por lo tanto, con el que la banda conseguía mayor repercusión mediática.7
Con el trágico atentado del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York el mundo occidental se hizo consciente de la amenaza real del integrismo islámico. Años más tarde, en marzo de 2004, Madrid sufrió atónita la misma desafortunada suerte que la ciudad americana y a partir de este momento la sociedad española asumió con estupor el papel protagonista que le conferían las amenazas terroristas de Al Qaeda. Haciendo uso de la difusión inmediata que proporciona internet, los yihadistas de Al-Qaeda en el Magreb, capitaneados por Aymán al-Zawahiri, publicaron una serie de videos a partir de septiembre de 2007 en los que se anunciaba el propósito de “reconquistar” Al-Ándalus, el territorio de la Península Ibérica que estuvo bajo dominio musulmán entre los años 711 y 1492. Una declaración de intenciones en la que Granada asumía un excepcional grado de protagonismo, al representar el último bastión de resistencia frente a la “cruzada” cristiana.8 El 1 de enero de 2010, un nuevo video comenzó a circular por las redes. Originariamente atribuido a Al Qaeda, en él se incluían fotomontajes de la Alhambra bajo la bandera negra del islamismo radical y de un grupo de “muyahidines” preparados para el combate y enmarcados en el Patio de los Leones.9 Inmediatamente después de su publicación, expertos en métodos de propaganda terrorista desvinculaban a Al Qaeda de la autoría del video, pero este hecho no impidió la lógica alarma social. A partir de entonces han sido numerosos los manifiestos audiovisuales anónimos que han aparecido en las redes fomentando la idea de la reconquista del Al-Ándalus en los que la Alhambra de Granada, y en un segundo plano la Mezquita de Córdoba, ha sido la protagonista fetiche. La expansión contemporánea del autoproclamado Estado Islámico (IS, por su sigla en inglés) ha ido acompañada asimismo de proclamas incendiarias de reconquista en las que la aparición del monumento ha sido recurrente. Se hace patente que la reivindicación de la Alhambra, Granada, y el Al-Ándalus tiene un evidente fundamento en el mito del “paraíso perdido”, forjado siglos atrás.

Lejos de representar únicamente un foco de polémica en contextos de enfrentamiento, la Alhambra, entendida como lugar físico y simbólico de reunión cultural, se ha utilizado a lo largo del tiempo como motor de desarrollo de identidad nacional, como fundamento para la realización de acuerdos internacionales y referencia para la promoción de actividades que fomentan la concordia entre las diferentes sociedades y pueblos del mundo.
Un ejemplo de este tipo de iniciativas lo constituye el Manifiesto de la Alhambra (1952),10 que representó en su momento el intento consensuado de reconducir el panorama arquitectónico español de posguerra. La censura franquista significó la interrupción del proceso de consolidación y desarrollo de los principios modernos que en territorio nacional se había llevado a cabo en el periodo republicano, cuya expresión más sobresaliente se materializó en la fundación del Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea (GATEPAC, rama española de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna). Sin embargo, con el aislamiento internacional de la dictadura que significó la derrota del fascismo y nazismo europeo, se empezaron a manifestar los primeros gestos para iniciar un proceso de replanteamiento. Así, a partir de 1951, promocionadas por la Revista Nacional de Arquitectura, se convocan las denominadas Sesiones Críticas de Arquitectura, unas reuniones donde se concentraban los arquitectos españoles más representativos de la época para tratar temas de actualidad como el problema de la vivienda, la enseñanza en arquitectura, la vigencia de la construcción popular, etc. Las Sesiones Críticas tendrán un momento culminante: la celebración de una de ellas en Granada, concretamente en monumento nazarí, que da como fruto la publicación del ya citado documento. Durante los tres días que duró la reunión el propio complejo arquitectónico de la Alhambra sirvió como soporte sobre el que ir desmenuzando los diferentes conceptos debatidos. El monumento sintetizaba dos condiciones fundamentales que lo convertían en el referente adecuado: por una parte, ser un objeto enraizado dentro de la cultura española, en su vertiente musulmana; por otra, la similitud conceptual de su arquitectura con la arquitectura moderna (módulo humano, planta orgánica, pureza y sinceridad de volúmenes, integración en el paisaje, uso económico y estricto de materiales, etc.). El Manifiesto de la Alhambra se convertiría en un referente estable, a inicios de los años cincuenta, de cómo debería ser la arquitectura española que, sin renunciar a sus raíces, fuese capaz de adaptarse y responder a los nuevos tiempos.11

El protagonismo del complejo nazarí en los procesos de acercamiento intercultural a escala internacional se intensificó notablemente a partir de los años ochenta del siglo pasado; el nombramiento del Conjunto Monumental de la Alhambra y el Generalife como Patrimonio Mundial, en 1984, y la aprobación, en 1986, de los estatutos que aún hoy siguen rigiendo las competencias de su órgano gestor (el Patronato de la Alhambra y Generalife) fueron dos hitos trascendentales en este sentido, pues significaron, respectivamente, el aumento considerable de la visibilidad mundial del monumento y la capacidad de organizar de manera sistemática sus actividades.
Haciendo uso de su ya más que consolidada universalidad, en marzo 2005 la ciudad palatina se utilizó como sede para la firma de la Declaración de Granada, un documento refrendado por los ministros del Interior del denominado G5 (España, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia), cuyo propósito principal era el de consensuar medidas de seguridad necesarias ante la amenaza del terrorismo islámico. La cumbre, celebrada en el primer aniversario del devastador atentado islamista perpetrado en Madrid, no se limitó exclusivamente a establecer acuerdos antiterroristas, sino que además en ella se argumentó la necesidad de complementarlos con otras medidas paralelas, diseñadas “tanto para favorecer la integración de sociedades crecientemente abiertas y plurales en el marco de valores democráticos como para fomentar el diálogo interreligioso dentro y fuera de nuestros respectivos países”.


Nueve años más tarde, en diciembre de 2014, se volvió a celebrar en la Alhambra una cumbre internacional de perfil antiterrorista que ponía a su servicio el significado cósmico del Palacio de Carlos V. Se trataba de un encuentro en el que participaron representantes de los diez países del Mediterráneo occidental que constituyen el foro Iniciativa 5+5 Defensa.12 En esta cumbre, la amenaza del terrorismo yihadista —representada sobre todo por Al Qaeda en el Magreb, pero también por el naciente Estado Islámico— se amplió con nuevos temas de actualidad que afectaban directa o indirectamente a todas las naciones representadas; así se tomaron también acuerdos relativos a seguridad marítima y a la inmigración ilegal.
A pesar del emblemático papel que el conjunto arquitectónico alhambreño ha ejercido en la lucha antiterrorista, igual de determinante en relación con el tema que nos ocupa es la promoción y participación activa de este Bien Cultural en eventos que han nacido con la voluntad directa de promover el diálogo y la tolerancia. Son de destacar, en este sentido, el encuentro Europa por el Diálogo Intercultural (2006) —los ministros de Cultura de la Unión Europea hicieron en esta reunión referencia especial al proyecto Patrimoine de L´Europe y al año 2008 como Año Europeo del Diálogo Intercultural— y el coloquio Fundación Tres Culturas del Mediterráneo (2006), que tuvo como objetivo establecer un foro permanente que contribuyese a hacer del Mediterráneo una zona de paz, estabilidad y progreso, fomentando así el encuentro y un mayor conocimiento de las diferentes religiones y pueblos que conviven en él.
En la sociedad del siglo XXI, la comunicación y el intercambio de conocimiento son cuestiones indispensables en los procesos de acercamiento intercultural. Así lo ha entendido el Patronato de la Alhambra y el Generalife desde su establecimiento estatutario en 1986, y cuestiones como la investigación, la educación y la promoción de actividades artísticas se convierten en temáticas de especial interés en los planes de gestión del monumento.


El fomento del estudio científico se lleva a cabo mediante programas de investigación y cooperación con otras instituciones culturales y centros afines tanto nacionales como internacionales, entre los que destaca, en relación con el tema que nos ocupa, la Fundación Euroárabe de Altos Estudios, una institución con sede en Granada, inscrita en el II Plan Nacional para la Alianza de las Civilizaciones del Gobierno de España, que nació en 1995 con la voluntad de crear un espacio para el diálogo y la cooperación entre los países de la Unión Europea y los de la Liga de Estados Árabes. El ya citado documento La Alhambra, lugar de memoria y de diálogo (2008) es buen ejemplo que muestra la atención que desde el prolífica área de publicaciones científicas alhambreña se presta por la concordia internacional; en paralelo, la actividad formativa en este campo se refleja en la promoción de encuentros científicos y cursos formativos, como La Alhambra: Patrimonio y Diversidad Cultural (2008) o Inmigración y Ciudadanía desde la Perspectiva de Género, Nuevos Retos Culturales (2008). Un hito en el fomento de la investigación como motor de entendimiento intercultural ha sido la fundación reciente de la Escuela de la Alhambra (2014), que nace con la vocación de ser un referente internacional de estudios de posgrado, ligados al excepcional legado cultural del conjunto patrimonial que le da nombre.

Si existe un lenguaje universal que permite el entendimiento inmediato entre culturas, este es el arte, y así se ha entendido desde la gestión del complejo patrimonial. Sumado a los proyectos expositivos que regularmente se organizan como ampliación del Museo de la Alhambra, varios son los eventos artísticos de alcance internacional que tienen su sede principal o compartida en la ciudad palatina. Entre ellos, el Hay Festival,13 el Festival Cines del Sur14 o el Festival de las Culturas, un evento que fomenta la interculturalidad en la conmemoración, precisamente, del día 2 de enero, fecha de la Toma de Granada en 1492 por parte las fuerzas cristianas.15 Mención especial merece el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, que desde su inauguración en 1952 se ha venido desarrollando en emblemáticos lugares del conjunto alhambreño, que cada año se convierten en escenarios privilegiados de orquestas y músicos de reconocimiento mundial.16
La capacidad de la Alhambra para ser lugar de encuentro cultural y motor de paz radica en la conjunción de la dimensión simbólica de su arquitectura y su capacidad para acoger eventos de impacto internacional.
Desde un punto de vista estrictamente simbólico, al conjunto patrimonial se le otorgó en el pasado el papel de representar el Centro del Mundo, tanto por sus constructores cristianos como por sus predecesores árabes.17 Los palacios de Comares y Leones transcriben mediante sus arquitecturas la imagen islámica del Paraíso celestial, que en cada uno de ellos aparece codificado de diversa manera: la cúpula del Salón de Embajadores ofrece una visión cósmica y astral, frente al Patio de los Leones, donde se reproduce una versión más terrenal y sensitiva de aquel.18 A pesar de sus diferencias, ambas configuraciones espaciales obedecen a la voluntad de crear un centro primordial, que introduce en la arquitectura el ansia de perennidad y universalidad. Como si de un reflejo se tratase, el Palacio de Carlos V representa desde la concepción cristiana del mundo los mismos deseos de inmovilidad y universalidad, focalizados ahora en la figura del emperador que lo ordenó construir. Los códigos arquitectónicos mediante los cuales se materializa el deseo de expresar la autoridad imperial son los propios del clasicismo en su concepción neoplatónica: el círculo y el cuadrado que formalizan la planta del palacio remiten, respectivamente, al macrocosmos y al microcosmos.19
La decisión por parte de los conquistadores cristianos de respetar la arquitectura nazarí alhambreña y construir el palacio del emperador anexionándolo a los palacios heredados, implicó la cristalización de un complejo espacial sin parangón desde el punto de vista simbólico: dos centros del mundo, dos concepciones cósmicas (la árabe y la cristiana) se reunían en un mismo lugar. Este nuevo Eje del Mundo, por otra parte, se configuraba materialmente por medio de unas arquitecturas reconocidas hoy día como excelsos ejemplos artísticos de ambas culturas: las dependencias nazaríes, canto de cisne del arte musulmán en la Península Ibérica; el Palacio de Carlos V, quizás el más bello ejemplo español de arquitectura renacentista.

La dualidad simbólica y artística del conjunto alhambreño tiene una transcripción real en el mundo de hoy. Aunque un sector de la población islámica reconoce en la Alhambra el final de lo que pudo ser la vida ideal del mitificado Al-Andalus, subrayado por la contundente presencia del palacio cristiano, para una amplia mayoría de la población mundial representa el lugar de encuentro de las dos culturas tradicionalmente mayoritarias; un espacio construido por la confluencia de Oriente y Occidente. En virtud de esta constructiva concepción universal, como se ha visto, la Alhambra se ha convertido en óptimo receptáculo de actividades promotoras de concordia internacional.
Con la intención de acondicionar los espacios históricos a los requisitos funcionales que impone la celebración de eventos culturales y congresos de impacto, el Patronato de la Alhambra ha llevado a cabo a lo largo del tiempo diversas intervenciones en el tejido arquitectónico y paisajístico del complejo.20 Una de las más significativas intervenciones acometidas sobre el tejido propiamente arquitectónico fue la rehabilitación del Palacio de Carlos V como Museo en 1994.21 El proyecto, aparte de posibilitar el programa estrictamente museístico, acondicionó en la planta baja del palacio un pequeño auditorio y una serie de salas de reuniones en las que se han celebrado la mayoría de los congresos y seminarios científicos promovidos por el Patronato. A pesar de que hasta el momento un gran número de eventos se han podido albergar con eficacia en el recinto alhambreño, se considera que los espacios destinados a la celebración de reuniones y congresos no son suficientes ni totalmente apropiados para poder desarrollar el gran potencial del monumento como excepcional de punto de encuentro y debate de cuestiones de escala mundial.22 Como medio para solucionar este déficit y de paso resolver la inadecuación de las infraestructuras de acceso al recinto frente al incremento incesante de visitantes, en 2015 el Patronato convocó un concurso de arquitectura que finalmente venció el proyecto redactado por los arquitectos Álvaro Siza y Juan Domingo Santos.23 Una intervención que atenta en sus formas a la articulación con el paisaje mítico alhambreño garantizaría la ampliación necesaria del programa de usos del complejo patrimonial, si finalmente se resolviesen con adecuación los impedimentos burocráticos que bloquean actualmente su construcción.
La Alhambra de Granada ofrece hoy día a sus miles de visitantes la posibilidad de experimentar la inmersión en un riquísimo legado patrimonial y una experiencia de dimensión estética que no obedece a fronteras ni a convencionalismos históricos ni religiosos. Frente a posturas simplistas y anacrónicas que pueden ver en ella un espacio de conflicto entre culturas, brinda sin embargo la posibilidad de representar en la actualidad un territorio neutral identificado con la belleza que emana de la convivencia armoniosa entre los pueblos. Así lo ha entendido el Patronato de la Alhambra y del Generalife, que desde su fundación ha seguido promocionando al monumento como motor y receptáculo de iniciativas que favorecen la concordia internacional. Una tarea que se prevé aún más necesaria en el futuro y para la cual el monumento ha de estar adecuadamente preparado. Desde el punto de vista estrictamente arquitectónico sería recomendable no solamente consumar los proyectos de equipamientos que hoy día se encuentran burocráticamente bloqueados, que paliarían en gran medida el déficit de salas destinadas a la realización de seminarios y congresos, sino también realizar una investigación sobre posibles tipologías espaciales que permitiesen nuevos modos de reunirse, dialogar y trabajar conjuntamente en el seno del conjunto patrimonial. Todo ello, con el fin de garantizar el futuro de la Alhambra como paradigma universal de arquitectura puesta al servicio de la paz y la reconciliación entre culturas.









