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Consideraciones acerca de la comunicación y resilencia en la arquitectura. El caso del edificio San Martín
DEARQ - Revista de Arquitectura / Journal of Architecture, núm. 18, pp. 156-157, 2016
Universidad de Los Andes

El edificio San Martín (2011), ubicado en la carrera 7ª con calle 32 de Bogotá, Colombia, fue desarrollado en sus etapas de diseño y construcción por los arquitectos Fischer y Weiss + Cortés. Este se ha destacado en el ámbito nacional como proyecto arquitectónico y ha sido merecedor de críticas favorables por sus cualidades estéticas. A pesar de ello ha permanecido mayoritariamente vacío desde su construcción. Este texto describe las cualidades formales y sensoriales del edificio, para luego indagar en las razones por las cuales no ha podido ser habitado, valorando la pertinencia y alcance de las decisiones proyectuales del arquitecto, entendidas no solamente en los términos específicos de la disciplina.

El proyecto se ubica en el centro financiero y empresarial de Bogotá; por ello diariamente lo frecuentan multitudes de bogotanos que transitan por la carrera 7ª, a la cual el edificio San Martín tiene su fachada principal (fig. 1). Es esquinero, a su costado norte y separado por una estrecha calle, es vecino de un edificio de grandes dimensiones (el antiguo edificio de la Policía, proyectado por el arquitecto Fernando Martínez Sanabria), y a su costado sur, por una iglesia Bautista, a la cual se empata volumétricamente, para llegar a una altura de cuatro plantas (12 m).


Figura 1.
El edificio San Martín en la concurrida carrera 7ª

Son las cualidades estéticas las que adquieren mayor importancia en la percepción sensorial del proyecto. Como una intención deliberada de los arquitectos proyectistas, el edificio San Martín “comunica” múltiples significados. Respecto a la comunicación dialéctica en la disciplina, Guillermo Fischer apunta: “Por hablar, se entiende la capacidad comunicativa de una obra arquitectónica que, en tanto signo, puede comunicar contenidos propios gracias a su capacidad para denotar su función o la manera como está construida, o contenidos externos gracias a su capacidad para connotar significados que le son adjudicados”.1

Al respecto, el edificio “denota” el sistema de soporte, haciendo completamente visible la estructura metálica empleada y “connota” mediante la deliberada distorsión de los materiales de cerramiento empleados (fig. 2). Por un lado, la mampostería oscura empleada en el primer nivel del edificio, a manera de zócalo, se emplea en aparejo pandereta, con lo cual acentúa la condición unitaria del ladrillo y elimina la condición de soporte de los elementos mampuestos en su conjunto. Por otro, la condición de material del concreto, pétrea y pesada, pierde por completo su naturaleza, al pasar a ser leve y ligera, como una tela, tejido o cortina. Dichas voluntades constructivas por parte de los proyectistas pueden hablar del origen textil de la arquitectura, así como evocar una conciencia histórica de ciertos momentos relevantes de la disciplina.


Figura 2.
Materialidad del edificio San Martín. Estructura metálica a la vista, aparejo en pandereta en ladrillo oscuro con pega blanca, y paneles de concreto

El San Martín es, sin duda, un edificio elocuente, sencillo y elegante, que posee la capacidad de comunicar significados primarios y expresar contenidos profundos. Sin embargo, a pesar de las cualidades descritas, el edificio desde su segunda a cuarta planta ha permanecido vacío. Es pertinente decir que el San Martín no posee ningún problema jurídico o de otra clase que justifique el hecho, simplemente la destinación del edificio no ha sido atractiva al mercado (fig. 3). También cabe resaltar que al estar restringido a un uso específico (decisión del promotor), ha perdido la capacidad de adaptarse a otro uso diferente. El proyecto permanece expectante y solitario en su interior, sin la posibilidad de ser habitado. En retrospectiva, a dicha situación, uno de sus proyectistas apunta:


Figura 3.
Carteles de “Se vende” en los vidrios del edificio

El edificio San Martín posee tres problemas: en primera instancia, los restaurantes que se pensaron podrían ocupar el edificio, ya se encontraban instalados en la zona (Wok, Crepes & Waffles, BBC); sin embargo, el edificio se construyó sin previo arreglo con estos u otras franquicias similares, a excepción de la panadería Panpayá en el primer piso. El segundo es precisamente su único ocupante (Panpayá), el cual no se acomoda a la sofisticación implícita de los restaurantes de alta gama propuestos y como consecuencia desvaloriza el valor por m² esperado por el promotor. Por último, la negativa del promotor a modificar el uso del espacio (restaurantes) por uso de oficinas tipo “loft” perfectamente adaptables a la condición espacial, que si bien posee un menor valor en el mercado en el tiempo hubieran disminuido el lucro cesante que es el proyecto en la actualidad.2

Esta condición de vacío en los espacios interiores del San Martín cuestiona ineludiblemente el planteamiento del proyecto y opaca, relegando a un segundo plano, la riqueza estética y comunicativa del edificio. El edificio se convierte en una pérdida económica para los promotores del proyecto y niega a los ciudadanos bogotanos la posibilidad de habitar el interior del edificio. Dicho problema evidencia la condición holística de la arquitectura, entendida como la correcta integración de actores, riesgos y condiciones en el desarrollo del proyecto arquitectónico. Tal condición de balance resulta necesaria para que la arquitectura cumpla su propósito de modo adecuado. Adicionalmente, la flexibilidad y la resilencia en el tiempo del edificio es una realidad ineludible al hecho arquitectónico; la historia nos enseña cómo los edificios que han perdurado en el tiempo han permanecido vigentes gracias a su capacidad de adaptación a las necesidades humanas. Citando al arquitecto japonés Tadao Ando: “La arquitectura solo se considera completa con la intervención del ser humano que la experimenta. En otras palabras, el espacio arquitectónico solo cobra vida en correspondencia con la presencia humana que lo percibe”.3

Por ello, la actividad proyectual está sujeta a la pertinencia de consideraciones de todo tipo: resulta no menos importante al contenido expresivo de la obra y su capacidad comunicativa, el planteamiento de uso, el estudio de mercado y la injerencia del arquitecto en la toma de estas decisiones. En el caso del San Martín esto no sucedió, y a pesar de la calidad arquitectónica del diseño y de los proyectistas, el proyecto no resulta exitoso. Por tal razón, luego de conocer la historia del edificio, surgen preguntas como: ¿por qué el papel del arquitecto usualmente se reduce al diseño en específico? ¿No es nuestro deber reclamar el espacio perdido en la toma de decisiones?

Referencias

1. Fischer, Guillermo. “La honestidad constructiva como comunicación en arquitectura cuatro edificios representativos de la arquitectura de los sesenta en Colombia”. Tesis Maestría, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia, 2008.

2. Ando, Tadao. “Frases XI”. http://www.archdaily.co/co/02-103541/frasesxi-tadao-ando (6 de abril de 2016).

3. Weiss, Phillip. Comunicación personal, 7 de Abril del 2016.

Notas

1 Fisher, “La honestidad constructiva”, 15.
2 Weiss, comunicación personal.
3 Ando, “Frases XI”.


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