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La historia en la formación del arquitecto o la dicotomía entre el hacer y el saber
History in the formation of the architect or the dichotomy between making and knowing
A história na formação do arquiteto ou a dicotomia entre fazer e o conhecimento
Dearq, núm. 22, pp. 14-15, 2018
Universidad de Los Andes

Editorial



Recepción: 01 Junio 2018

Aprobación: 01 Junio 2018

La concepción contemporánea del arquitecto como profesional doblemente comprometido —tanto con el entendimiento del conocimiento disciplinar en cuanto ciencia social como con la creación artística propia de su labor— aviva un debate que se ha desarrollado desde que se tiene conciencia de la arquitectura como campo disciplinar. Con el advenimiento de la Modernidad y su influjo en el hecho construido, la relación entre la historia arquitectónica y la práctica del oficio parece haber sido desafiada por una voluntaria ruptura con el pasado por parte de algunos autores y escuelas, con un significativo impacto en los métodos de enseñanza del oficio. La pedagogía para la arquitectura aplicada en la Bauhaus, por ejemplo, se ha identificado como una de las principales responsables del efecto tabula rasa con la memoria cultural y la tradición, acusado en buena parte de la producción edilicia mundial durante las primeras décadas del siglo XX. A su vez, aquellos quienes escribieron coetáneamente la historia de la arquitectura volcaron su mirada y gestaron una historiografía de la arquitectura moderna que, aun cuando cuestionada, sigue figurando entre los documentos canónicos disciplinares.


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La selección de textos presentados en esta edición de Dearq no es menos provocadora que la anterior afirmación; por el contrario, es sintomática de una dicotomía que parece irresoluble: aquella planteada por la idea de la historia arquitectónica como un simple aditamento del aprendizaje en facultades de arquitectura alrededor del mundo versus la de la aprehensión de los fenómenos históricos como parte de un proceso de formación disciplinar que debiera ser constante y requisito para un ejercicio responsable del proyectar.

El origen de esta provocación se remonta a enero de 2017 cuando se inauguraron, en el salón de exposiciones del Edificio Julio Mario Santo Domingo de la Universidad de los Andes, dos exposiciones: la primera, Le Corbusier, la pasión por las postales, con curaduría de Luis Buriel Bielza, realizada con el apoyo de la Fondation Le Corbusier en París y patrocinada por CIVA en Bruselas, donde fue exhibida por primera vez, en 2013. La segunda, inspirada en la primera, Castro, Salmona, Samper, Vieco: la historia como memorias, dirigida y coordinada por profesoras del Departamento de Arquitectura (Cristina Albornoz, Tatiana Urrea y quienes firman este editorial).

La exposición de Le Corbusier renueva la explicación —que tantos autores han dado en las últimas décadas al gravísimo e infortunado malentendido que se convirtió en viral en el planeta entero— que decía que el maestro suizo y la modernidad en general habían hecho caso omiso en su producción de la historia como fuente de inspiración y trabajo. La labor de Buriel no hace más que confirmar, de manera apabullante, la importancia de tuvo la historia en uno de los grandes revolucionarios de la arquitectura del siglo XX. Cuatro maestros locales demuestran también, a través de sus postales de viajes, dibujos y escritos, que no existe el buen arquitecto que no sea a su vez un hombre con un gran acervo cultural.

Aprovechando la coyuntura de las exposiciones, se realizó un seminario internacional con el título que identifica a este número de Dearq: La Historia en la Formación del Arquitecto. Los artículos que forman esta publicación están organizados en dos apartados: aquellos que derivaron de algunas ponencias presentadas en el seminario de 2017 (dossier Deuniandes) y otro grupo muy importante que fue recibido por convocatoria abierta para esta edición.

Los textos publicados en Deuniandes corresponden a los trabajos de los profesores María Elisa Navarro (acerca de Juan Caramuel y su tratado Arquitectura civil recta y obliqua), Cristina Albornoz (dedicado a la figura de Rogelio Salmona a través de la documentación de sus viajes de juventud), Ingrid Quintana (con documentos inéditos sobre las fuentes alternas de conocimiento histórico de Germán Samper durante sus años formativos en París), Philip Weiss (acerca de los métodos de estudio de casos históricos en los talleres de proyecto arquitectónico a su cargo) y María Cecilia O’Byrne (sobre la vigencia del Plan Piloto de Le Corbusier para la capital colombiana). Estos trabajos exploran, desde sus diferentes intereses particulares, la manera como estos profesores han abordado su labor docente, ya sea desde la enseñanza de la historia, del proyecto o de la ciudad. Además, la inclusión de la reseña sobre el libro Towards a Public Space: Le Corbusier and the Greco-Latin Tradition in the Modern City, de Marta Sequeira, elaborada por Ingrid Quintana termina de consolidar esta sección Deuniandes que en este número tiene un carácter muy especial.

La sección temática de este volumen cuenta con la contribución del también profesor de la Universidad de los Andes, David Felipe Rodríguez, quien retoma e intenta conciliar el par dialéctico e interdependiente historia-teoría/práctica profesional a través de los términos cultura arquitectónica y herencia arquitectónica, con los cuales sustenta la necesidad de trascender las áreas temáticas aisladas en los syllabus de las escuelas de arquitectura, retroalimentando permanentemente los procesos de intuición y abducción en el estudiante. El referente de proyecto —insumo básico en los talleres de arquitectura— se convierte en la moneda de intercambio entre el imaginario disciplinar y la experiencia particular del arquitecto en formación.

Ahora bien, traspasar el umbral de la vida académica supone para el ahora arquitecto un esfuerzo por mantener el cultivo de ese repertorio arquitectónico mediante una observación del pasado, profunda e interdisciplinar. El artículo de Juan Pablo Duque Cañas aporta una crítica no solo a la actitud desinteresada hacia la historia en general por parte de un buen número de los arquitectos de nuestro tiempo, sino que cuestiona los fundamentos sobre los cuales se ha erigido la historia de la arquitectura como disciplina. Sin tapujos, Duque critica la mirada formalista, biográfica y autorreferencial de quienes han escrito la historia de las edificaciones, privilegiando las concepciones míticas antes que las evidencias arqueológicas y arquetípicas y desconociendo —según él— el interés básico del conocimiento histórico, esto es, la comprensión de los pueblos en sus diferentes dimensiones y las pistas que las obras pudieran proporcionar al respecto.

Aunque no solo es necesario saber de historia para hacer arquitectura, sino que es fundamental saber de arquitectura para escribir la historia, el llamado de atención de Duque induce a otro debate capital para la historia de esta disciplina: el de la pertinencia de otras fuentes de información y de temas de investigación para la reconstrucción histórica, y que se han dejado de lado en el ámbito arquitectónico. Sin duda, la literatura (en el pleno sentido del término, pues Duque alude al interés personal y potencial doctrinario del tradicional relato que termina, conscientemente o no, creando ficciones) se ha centrado en la construcción de un discurso histórico (incluso en la publicación de los tratados de la antigüedad y renacentistas) y rara vez ha apelado a otros soportes para su difusión. Uno de esos raros casos ha sido documentado por Jean-Philippe Garric en su trabajo “Tres arquitectos historiadores”, traducido del francés al español para esta edición por Andrés Ávila y Diana Carolina Ruiz. Se trata de los 44 pabellones expuestos por el célebre constructor Charles Garnier para ilustrar, al público no especializado, el tema de la historia de la vivienda, en el marco de la Exposición Universal parisina de 1889. El artículo se instala en la dicotomía entre arquitectos e historiadores decimonónicos, quienes todavía experimentaban las secuelas de la famosa querella entre antiguos y modernos.

Los otros dos personajes abordados por Garric son Jacques-Ignace Hittorff (instalado en la tradición tratadística) y Viollet-le-Duc: junto con el de Le Corbusier, un nombre transversal en el dossier temático que presentamos a nuestros lectores. Acusados en su momento como insensibles hacia el pasado, tanto el francés “restaurador” como el suizo “innovador” tendieron puentes entre el legado histórico del mundo occidental y la realidad convulsionada de su momento que, en ambos casos, fue testigo de radicales cambios técnicos y sociales. Este aspecto resulta crucial, pues, en el diseño de currículos de muchos programas de arquitectura, la formación en historia queda supeditada al suministro pasivo de conocimientos y se menosprecia su potencial como herramienta proyectual y, sobre todo, como estímulo para los alumnos en los procesos de formación autónoma y pensamiento crítico.

El tema de la historia como insumo del proyecto es el eje de las contribuciones de Takaaki Kumagai —dedicada a la experimentación del arquitecto japonés Maekawa Kunio en la década de los treinta y al vínculo que entre la tradición constructiva japonesa y los ideales lecorbusierianos por detrás de la formulación del sistema Dom-Ino—; de Nicholas Gervasi —quien expone la dimensión simbólica y política por detrás de la embajada estadounidense en el Reino Unido, proyectada por Eero Saarinen, entre 1956 y 1960—; y de Verónica Esparza y David Caralt — quienes identifican en el proceso de gestación tres proyectos del chileno Emilio Duhart la aplicación del método comparado desarrollado por el historiador Banister Fletcher—. No hay que olvidar que, paradójicamente, Duhart fue discípulo de Gropius y colaborador de Le Corbusier. Por su parte, Jorge Torres Cueco también examina parte de la producción moderna, desde su contribución titulada “Ernesto N. Rogers. Aprendiendo de toda la historia”. En ella, el autor expone la injerencia del arquitecto italiano a través de la revista Casabella Continuità sobre toda una generación de arquitectos de la Tendenza, volcada en el estudio acucioso del “contexto ambiental” como estrategia presente para el proyecto arquitectónico y reconciliación posible entre pasado y futuro. Finalmente, el trabajo de Clara Mejía y Ricardo Merí de la Maza dedicado a Rogelio Salmona no se enfoca en la obra arquitectónica del colombiano, sino en las lecciones sobre el rol de la historia en el sentir, pensar y hacer la arquitectura, a partir de la lectura de los textos fundamentales redactados por Pierre Francastel durante el periodo en el que Salmona asistió a sus cursos de Sociología del Arte en la École des Hautes Études y en el que, además, trabajó en el taller de Le Corbusier. Una tensión que, sin duda, enriqueció sus composiciones arquitectónicas.

El presente volumen incluye además, en su selección de proyectos, un texto de nuestro curador invitado, el profesor Carlos Naranjo, referido al dialogo entablado con la historia por parte de arquitectos contemporáneos en obras destacadas. Finalmente, ofrecemos una muestra de los dibujos Antonio Manrique, quien por muchos años fuera profesor de este departamento y ahora, como durante gran parte de su vida, dedica su tiempo a uno de sus mayores placeres: aprender la historia de la arquitectura recorriéndola y registrándola en sus cuadernos de viaje y sus bitácoras.

Como última instigación, es conveniente aludir a una ambiciosa iniciativa curatorial desarrollada en 2017 por el Centre Canadien d’Architecture, en Montréal. Se trata de la exposición Educating Architecture, dedicada a la trayectoria del reconocido historiador y catedrático Kenneth Frampton, vista desde cuatro cursos de historia de la arquitectura a su cargo en la Graduate School of Architecture & Planning de la Universidad de Columbia. A nuestro conocimiento, es la primera vez donde en un espacio expositivo de la relevancia del Centre Canadien d’Architecture se consagra una muestra que se concentra en quien estudia la historia para comprenderla y darla a entender, rompiendo paradigmas sobre la ya desgastada definición del arquitecto como aquel individuo cuya acción se restringe al diseñar y construir edificios. A esta distinción al educador británico —uno de los más influyentes en el escenario global y, en consecuencia, uno de los más criticados— se aúna el nombramiento que recibió en abril del presente año como fellow de la Society of Architectural Historians. ¡Enhorabuena!



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