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Juan Caramuel y la primera historia de la arquitectura

Juan Caramuel and the first history of architecture

Juan Caramuel e a primeira história da arquitetura

María Elisa Navarro Morales
Universidad de los Andes, Colombia

Juan Caramuel y la primera historia de la arquitectura

Dearq, núm. 22, pp. 162-169, 2018

Universidad de Los Andes

Recepción: 12 Octubre 2017

Aprobación: 08 Febrero 2018

Resumen: La Arquitectura civil recta y obliqua, de Juan Caramuel de Lobkowitz, es la primera instancia en la que un tratado de arquitectura incluye la historia de la disciplina como parte fundamental de sus contenidos. Este artículo describe cómo Caramuel construye su relato, las fuentes y ejemplos que utiliza. Asimismo, indaga sobre las intenciones de Caramuel al incluir la historia dentro de la educación del arquitecto. Se invita a pensar la historia como una posición moderna frente al pasado y la necesidad del arquitecto de conocer los ejemplos notables de arquitectura de las épocas precedentes para poder construir sobre ellas y contribuir al progreso de la disciplina.

Palabras clave: historia de la arquitectura, enseñanza de la arquitectura, Juan Caramuel, Architectura civil recta y obliqua.

Abstract: Juan Caramuel de Lobkowitz’s Architectura civil recta y obliqua was the first time an architectural treaty included the history of the discipline as a fundamental part of its content. This article describes the way that Caramuel constructed his story and the sources and examples that he used. It also enquires as to the reasons why Caramuel included history within the architect’s education. It invites the reader to think of history as a modern position in terms of the past as well as the need the architect has to understand important architectural examples of past epochs to be able to build upon them and contribute to the discipline’s progress.

Keywords: history of architecture, architectural teaching, Juan Caramuel, Architectura civil recta y obliqua.

Resumo: A Arquitectura civil recta y obliqua, de Juan Caramuel de Lobkowitz, é a primeira instância na qual um tratado de arquitetura inclui a história da disciplina como parte fundamental de seus conteúdos. Este artigo descreve como Caramuel constrói seu relato, as fontes e os exemplos que utiliza. Além disso, indaga sobre as intenções de Caramuel ao incluir a história na educação do arquiteto. Convida-se a pensar a história como uma posição moderna diante do passado e da necessidade do arquiteto de conhecer os exemplos notáveis de arquitetura das épocas precedentes para poder construir sobre elas e contribuir para o progresso da disciplina.

Palavras-chave: história da arquitetura, ensino da arquitetura, Juan Caramuel, Architectura civil recta y obliqua.

Si bien la arquitectura del pasado ha estado presente en los tratados de arquitectura desde Vitrubio,1 la Arquitectura civil recta y oblicua (1678-1679)2 es el primer tratado en el cual aparece una historia de la arquitectura como tal, y Juan Caramuel (1606-1682), el primer tratadista que entiende la historia como parte esencial de la educación del arquitecto. A diferencia de los tratadistas renacentistas, para quienes el pasado aparece como modelo del quehacer arquitectónico, Caramuel va más allá y presenta la historia como conexión entre su tiempo y el pasado. La continuidad entre los primeros edificios erigidos por el hombre y los de sus contemporáneos era para Caramuel fundamental para el arquitecto; por esto en el tratado intenta articular una historia de la arquitectura en la que se incluyan sus manifestaciones en diferentes tiempos y lugares y presentarla de manera ordenada y cronológica. Este primer intento por articular en un relato unificado la historia de la arquitectura resulta forzado y artificial, y si lo evaluamos con los métodos de la historiografía moderna, la historia que reconstruye Caramuel es simplemente falsa; sin embargo, Caramuel era consciente de la artificialidad e imprecisión de su relato y entendía que en un mundo donde la verdad absoluta había sido cuestionada, la única posibilidad de establecer un diálogo con el pasado era a partir de la construcción de historias en las cuales la continuidad en la articulación de los eventos primara sobre la veracidad del relato. El presente texto examina la primera instancia de una historia de la arquitectura dentro de los textos teóricos de la disciplina, la relación con el pasado implícita en el relato histórico, así como las razones que llevaron a Caramuel a considerar la construcción de historias un aspecto fundamental en la educación del arquitecto.

Juan Caramuel de Lobkowitz fue un polímata español del siglo XVII quien, por su filiación al imperio de los Habsburgo y a la monarquía española, tuvo una vida itinerante. Su vida se puede dividir en tres periodos principales: el primero corresponde a sus años de formación en España, el segundo está dedicado a la conversión de protestantes en los territorios del Imperio en Europa Central y el último es el tiempo durante el cual se estableció en los territorios españoles de la península itálica. Sus intereses abarcaban múltiples campos del saber en los que mantuvo discusiones con muchos de los personajes más importantes de la época. Sus textos, tan amplios en número como en temas, incluyen setenta publicaciones y un par de cientos de manuscritos. Dentro de esta vasta obra, la Architectura civil recta y obliqua, publicada en castellano entre 1678 y 1679, y luego en latín en 1681, es su único trabajo teórico en arquitectura. Además de teórico, Caramuel también fue arquitecto. Dentro de su obra tanto militar como civil, su mayor legado y el único que ha sobrevivido hasta hoy es la fachada de la catedral de Vigevano, un excelente ejemplo de sus ideas en arquitectura (fig. 1).

Fachada del Duomo de Vigevano, Juan Caramuel de Lobkowitz, c. 1680.
Figura 1
Fachada del Duomo de Vigevano, Juan Caramuel de Lobkowitz, c. 1680.
Fotografía del autor.

La Architectura civil recta y obliqua de Caramuel permaneció prácticamente en el olvido hasta principios del siglo XX, cuando a raíz de la restauración de la fachada de la catedral de Vigevano se renovó el interés por Caramuel y su obra.3 Durante el siglo XX, las menciones de la obra de Caramuel no son escasas; sin embargo, estas generalmente se enfocan en sus aspectos puntuales.4 Solo en los últimos diez años el interés por el tratado ha aumentado, y desde entonces se han publicado cuatro tesis doctorales y un libro que lo estudian desde diferentes perspectivas.5 A pesar de este renovado interés y de la importante contribución de estos estudios a la historia de la tratadística y a los estudios caramuelinos, hasta la fecha ha sido poco el interés, dada la manera en la que la Architectura civil recta y obliqua construye por primera vez una historia de la arquitectura y la declara como un contenido fundamental para la educación del arquitecto.

La Architectura civil recta y obliqua es un tratado en tres volúmenes. El primero empieza con una introducción en la que se describe el templo de Salomón y continúa con las ciencias o saberes preliminares que debe tener todo arquitecto antes de entrar en el aprendizaje de la arquitectura misma; estos conocimientos se dividen en literarios y matemáticos. La historia aparece incluida en el tratado dentro de las ciencias literarias que todo arquitecto debe saber, donde además están la ortografía, la caligrafía, la esteganografía o el arte de escribir en códigos cifrados, la gramática, la poética, las fábulas y las paradojas. En el texto, Caramuel habla de las historias en plural haciendo referencia a múltiples relatos posibles y dice que es el arte que más supera a la naturaleza, por cuanto hace que “los hombres vivan después de muertos” y se inmortalicen en los anales de la fama.6

Para explicar cómo se construyen estas historias, Caramuel cita al diplomático español don Diego de Saavedra,7 quien en su Corona Gothica8 declaró que la historia debe ser escrita con la intención de buscar la veracidad de los hechos, evitando tanto la pasión de las inclinaciones personales respecto a lo que se cuenta como halagar para obtener beneficios personales. De la historia, nos dice Saavedra, depende el honor de los príncipes; en ella encontramos ejemplos para imitar o para evitar, así como las reglas para el gobierno de los pueblos. Así, las historias de la arquitectura se ocupan de preservar la fama de los grandes arquitectos y en ellas encontramos arquitecturas ejemplares de las cuales podemos deducir los principios del arte.9

Es de resaltar que a pesar del relieve que Caramuel pone en la veracidad de los relatos, admite también el problema al que se enfrenta el historiador, quien al no poder ser testigo de todos los hechos que relata, debe basarse en los relatos de otros, y es precisamente esto lo que hizo Caramuel en su tratado, donde —como veremos— sus fuentes son muy variadas. La cita nos advierte, además, del peligro de los relatos que favorecen lo propio y desprecian lo ajeno, y resalta el valor de la tradición oral que transmite historias de padres a hijos como el testimonio más importante que tiene el historiador.

Para reforzar el argumento sobre las ventajas de la historia en general, Caramuel cita a Vitruvio, quien en el prólogo del libro VII nos cuenta cómo gracias a sus escritos nuestros ancestros nos han heredado sus ideas de manera que estas no mueran para, por el contrario, crecer al ser publicadas en libros, y cómo la suma de estos libros será en el futuro el repositorio de la totalidad del conocimiento de la humanidad.10 Vitruvio argumenta que, gracias a estos libros, conocemos las ideas de los filósofos de la Antigüedad y las ideas políticas de los grandes reyes del pasado.

Después de mencionar las ventajas de la historia, Caramuel pasa a explicar la utilidad de la historia para el arquitecto. Una vez más citando a Vitruvio, Caramuel hace referencia a la manera en que el arte y la arquitectura cuentan historias y cómo, además de los libros, los edificios son testimonio de los grandes hechos de la historia. Por esta razón, Caramuel considera importante que el arquitecto reciba una formación en historia, de modo que pueda tanto leer las historias que cuenta la arquitectura del pasado como dejar un testimonio adecuado de su propio tiempo en el diseño de sus edificios.

Teniendo en cuenta cuán importante es la enseñanza de la historia para los arquitectos, en el segundo volumen de Architectura civil recta y obliqua, Caramuel propone su propia historia de la disciplina. Al tomar como modelo la historia sagrada, el relato inicia con las siete edades del mundo y continúa describiendo la construcción y destrucción del templo de Jerusalén. Así, a partir de una genealogía de arquitectos involucrados en la construcción del templo, inserta la arquitectura dentro de la historia sagrada que toma como modelo. Para Caramuel, el arquitecto del templo fue Dios mismo, quien reveló el diseño a Ezequiel, por medio de una profecía. La construcción como tal del edificio fue el trabajo conjunto de Hiram, como arquitecto, y Salomón, el rey y patrón de la obra. Según Caramuel, el templo fue el primer edificio en la historia, el cual, por haber sido concebido por Dios mismo, constituye el paradigma de la buena arquitectura y de este debe el arquitecto extraer todos los principios que guían su práctica (fig. 2).

Reconstrucción del templo de Salomón, Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte I, lámina A.
Figura 2
Reconstrucción del templo de Salomón, Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte I, lámina A.

Una vez establecido el origen sagrado de la arquitectura, Caramuel continúa con el origen y la evolución de la arquitectura hecha por los hombres. Se remonta al origen de la arquitectura en las cavernas, de donde evoluciona a las habitaciones móviles de las primeras comunidades nómadas y pasan a conformar los primeros asentamientos sedentarios, hasta llegar a desarrollar el ladrillo como un material creado por el hombre que remplaza los materiales naturales que hasta entonces había utilizado para construir.

Este origen de la arquitectura que aparece en Architectura civil recta y obliqua coincide con lo que escribe Vitruvio en sus diez libros; sin embargo, Caramuel nutre el relato usando ejemplos de diferentes lugares y épocas, mostrando cómo esta primera etapa en el desarrollo de la arquitectura, si bien había sido superada en Europa, continuaba siendo la manera en que muchos pueblos construían todavía en otros lugares del mundo. Para articular su relato, Caramuel se apoya en fuentes variadas, como son las historias políticas, los cronistas de Indias, los relatos de misioneros, etc. Caramuel cita a Passeratio,11 quien cuenta cómo eran las cuevas primitivas; al historiador romano Salustio,12 quien habla de los tipos de edificios en lugares como Persia, Armenia y África; al misionario italiano Arcangelo Lamberti,13 quien describe la manera primitiva como vivían los africanos a fines del siglo XV; a Covarrubias,14 que habla de los edificios mexicanos; a Giovanni Botero,15 que explica cómo existían todavía construcciones nómadas en el siglo XV en algunas regiones africanas; entre otros.

Es de resaltar cómo Caramuel es consciente de la importancia de ampliar el discurso histórico para incluir regiones no europeas, entre las cuales América era de particular importancia, por ser colonia del Imperio Habsburgo, del cual Caramuel hacía parte. En el tratado, esto se refleja en las descripciones detalladas de las formas como los indios americanos construían sus viviendas, las cuales Caramuel conocía a partir de los diferentes cronistas. Se basa en las crónicas de don Gonzalo Fernández de Oviedo,16 quien describe de primera mano las construcciones de América y se sirve de Pedro Mártir17para demostrar que no solo las casas de los indios pobres eran hechas de madera, sino también los castillos de los caciques, en este caso el de La Española (fig. 3). Es significativo ver el valor de la crónica en esta primera historia de la arquitectura, ya que, a través de los relatos de viajeros al nuevo continente, Caramuel logra conocer los modos de habitación de América e integrarlos a su discurso. La importancia de la arquitectura americana para Caramuel radica en ser el testimonio de un tipo de construcción de la cual ya no había ejemplos en Europa, y que permite imaginar cómo era la arquitectura europea en sus inicios (fig. 4).

Palacio del cacique de La Española, según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina XIII.
Figura 3
Palacio del cacique de La Española, según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina XIII.

Arquitectura primitiva en América, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, láminas X y XI.
Figura 4
Arquitectura primitiva en América, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, láminas X y XI.

El relato de Caramuel continúa con la discusión de la evolución de la arquitectura de la madera a la piedra, un tema recurrente en los tratados desde Vitruvio hasta el Renacimiento. Aquí, una vez más, Caramuel extiende la descripción imaginando cómo pueden haber surgido cada una de las partes del orden de la arquitectura de madera. Nos dice, por ejemplo, que el capitel corintio adquirió su forma en espiral como consecuencia del enroscado de la madera que resulta cuando esta se golpea y se astilla en la parte alta de la columna o cómo los triglifos son la reproducción en piedra las gotas de pez que escurrían de las vigas antes de que éste se secara (fig. 5).

Evolución de la arquitectura de la madera a la piedra, según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina XV.
Figura 5
Evolución de la arquitectura de la madera a la piedra, según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina XV.

Una vez llegado a la construcción en piedra, la descripción de los órdenes de arquitectura es a lugar. A diferencia de los tratadistas del Renacimiento, quienes se limitaban a cuatro o cinco, Caramuel, al intentar hacer sentido de diferentes tipos de columnas utilizados en edificios europeos de diferentes épocas, termina definiendo en once el número de órdenes. A los cinco órdenes renacentistas, Caramuel antepone aquel de las columnas del templo de Jerusalén como las primeras de la historia, hechas en bronce no en piedra y, como ya dijimos, producto de la inteligencia divina (fig. 6). Las de piedra aparecen con la arquitectura griega en los órdenes dórico, jónico y corintio, a los que añade el toscano y el compuesto; órdenes que se hubieran incorporado a los clásicos en los tratados de los siglos XV y XVI como variaciones italianas de estos (fig. 7). Hasta acá el discurso de Caramuel se diferencia poco del de los tratadistas del Renacimiento; sin embargo, los seis tipos de columnas adicionales que aparecen en su tratado hacen que su teoría de los órdenes sea bastante original. De estos seis, el primero es el orden hierosolimitano, utilizado en las columnas del templo; el segundo es el orden ático, aquel cuyas columnas son de planta cuadrada y no circular; el tercero es el pilar gótico, que aparece por primera vez en un tratado de arquitectura dentro de los órdenes en el tratado de Caramuel; el cuarto es la columna ondulante a la que llama mosaica y que conocemos hoy como salomónica (fig. 8); el quinto es el orden cuyas columnas son figuras humanas esculpidas, a las cuales da el nombre de atlánticas por ser Atlas quien lleva el mundo a sus espaldas (fig. 9); y, finalmente, el sexto es el de las paranínficas, en las cuales el cuerpo de la columna es una figura alegórica (fig. 10).

Columnas del templo de Jerusalén según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina XVIII.
Figura 6
Columnas del templo de Jerusalén según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina XVIII.

Cinco órdenes de columnas clásicas según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina XIX.
Figura 7
Cinco órdenes de columnas clásicas según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina XIX.

Columna mosaica según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, láminas LXI.
Figura 8
Columna mosaica según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, láminas LXI.

Columnas atlánticas según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina LXIII.
Figura 9
Columnas atlánticas según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina LXIII.

Columnas paranínficas según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina LXII.
Figura 10
Columnas paranínficas según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte III, lámina LXII.

La historia de la arquitectura se interrumpe para describir los principios de la arquitectura oblicua de Caramuel, una propuesta para su tiempo en la cual los elementos de la arquitectura se inclinan a efectos de responder a las irregularidades del lugar donde se construyen. Una vez explicada la teoría de lo oblicuo, Caramuel incluye en el tratado ejemplos de arquitectura emblemática de todos los tiempos. Estos empiezan con las Siete Maravillas del Mundo Antiguo a los que añade algunos edificios que considera deberían estar incluidos en el listado original y que, asegura, no fueron incluidos por no tener noticia de ellos los antiguos, entre ellos la estatua de Alejandro Magno, el coloso de Nabucodonosor y el faro de Alejandría (fig. 11). El tratado incluye también la historia de la ciudad de Roma, la cual empieza con el trazado de las calles romanas y termina con la historia de san Pedro, incluyendo los proyectos de Bernini para la columnata y las fuentes. A través de este ejemplo, Caramuel presenta la ciudad como testimonio del paso del tiempo, pues en la historia de la ciudad vemos tanto la continuidad como el desarrollo de la arquitectura.

Ejemplo de arquitectura antigua: pirámides de Egipto según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte I, lámina F.
Figura 11
Ejemplo de arquitectura antigua: pirámides de Egipto según Caramuel, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte I, lámina F.

La historia de la arquitectura que Caramuel construye en su tratado termina con ejemplos de lo que él llama arquitectura moderna, y aquí el relato se hace completamente confuso para el lector contemporáneo, pues los ejemplos son tan diversos como las estatuas en bronce de Felipe III, la embarcación española que le dio la vuelta al mundo y el palacio o monasterio de El Escorial. Este último representa para Caramuel el mayor logro de la arquitectura de los hombres, puesto que tomó como modelo el templo de Jerusalén (fig. 12).

Reconstrucción del palacio de El Escorial, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte I, lámina F.
Figura 12
Reconstrucción del palacio de El Escorial, en Architectura civil recta y obliqua, volumen III, parte I, lámina F.

El relato histórico caramuelino empieza con el templo de Jerusalén como un edificio paradigmático por haber sido diseñado por Dios; luego describe la evolución de la arquitectura hecha por los hombres desde sus orígenes primitivos y la importante evolución que se da en el paso de la arquitectura de madera hecha en piedra, y termina en El Escorial, una obra que, por estar basada en el templo de Jerusalén y aplicar los principios de la buena arquitectura que en allí están consignados es, según Caramuel, el punto más alto al que ha llegado la arquitectura en tiempos modernos.

A lo largo del tratado, vemos cómo para cada obra de la Antigüedad Caramuel encuentra su equivalente moderno. Además de los ya mencionados templo de Jerusalén y su equivalente moderno en El Escorial, en el relato de los órdenes de columnas hay una división entre unos antiguos y otros modernos. Las columnas del templo, los órdenes clásicos y las columnas ática, gótica y atlántica pertenecen a la manera de los antiguos de hacer columnas; mientras que la columna mosaica se entiende como la continuación moderna de la hierosolimitana y la paranínfica, como el equivalente moderno de la atlántica.18 Esta relación de equivalencia entre el pasado y el presente se ve también en las obras ejemplares de la arquitectura, que están divididas entre las de la Antigüedad y las modernas. Tal continuidad entre pasado y presente es aún más evidente en los dos principios centrales del tratado: la arquitectura recta y la oblicua, como las maneras antigua y moderna de hacer arquitectura. La famosa y aparentemente original propuesta de Caramuel para una arquitectura oblicua, que responde a un mundo regido por la incertidumbre, solo es posible como transformación de la arquitectura recta, la arquitectura renacentista, basada en el modelo estable y regular del mundo antiguo.

Esta manera de presentar la relación entre pasado y presente como análogos, con un punto de inflexión donde lo antiguo deja de serlo para ser moderno, tiene implícita una condición de igualdad entre los dos momentos. Para Caramuel, tanto lo antiguo como lo moderno tienen valor: a los antiguos les da el crédito de haber sido pioneros en todas las artes y ciencias; mientras que a los modernos les atribuye el progreso y los descubrimientos que han avanzado el conocimiento que tenemos del mundo. Sin embargo, Caramuel no reconoce el valor de la autoridad en la Antigüedad; para él lo antiguo no es mejor por el hecho de ser antiguo, sino que debe ser evaluado antes de ser declarado un modelo. De la misma manera, tampoco considera lo moderno mejor que lo antiguo solo por el hecho de ser moderno. Cada obra, en el caso de la arquitectura, debe ser analizada desde sus atributos para determinar su calidad y poder emitir juicios de valor respecto a estas.

Aunque esta primera historia de la arquitectura que Caramuel construyó en su tratado está lejos de ser un relato homogéneo y coherente, plantea reflexiones importantes que llevaron a su autor a proponer la historia como parte fundamental en la educación del arquitecto. Volviendo a los enunciados de Saavedra, es posible entender el proyecto caramuelino, por una parte, como una compilación de las obras de los grandes arquitectos, que contribuye a preservar su fama; por otra, el tratado sirve para que dentro de estas obras unas sirvan de ejemplo por seguir, y otras, por evitar. Caramuel imaginó su tratado como un libro a la manera de los antiguos, donde podía consignar los grandes edificios de la historia, a efectos de que trascendieran en el tiempo. Para esto se valió de los relatos y los testimonios de muchas y variadas fuentes, incluyendo diversas geografías y culturas.

Para mediados del siglo XVII las bases sobre las que se sustentaba la teoría arquitectónica tradicional, es decir, el universo mítico y la religión, estaban en crisis como consecuencia del universo de ideas que la ciencia moderna implicaba. La práctica del arquitecto necesitaba unas nuevas bases sobre las cuales apoyarse. A la observación de la naturaleza de la que la ciencia saca sus leyes, Caramuel yuxtapuso el conjunto de obras ejemplares construidas por los hombres de todos los tiempos y lugares como alternativa para que el arquitecto orientara su práctica y encontrara los principios que la rigen.

Además de la necesidad del arquitecto de conocer la historia como parte fundamental de su educación, el tratado de Caramuel, al incluir la historia de la disciplina dentro de sus contenidos, presenta una relación con el pasado que rompe con aquella de los arquitectos renacentistas y que inaugura una manera moderna; además, a través de la construcción de un relato cronológico, muestra el presente como una continuación del pasado. En este sentido, el hacer del arquitecto está sustentado por la tradición que lo precede y que debe conocer; pero, al mismo tiempo, este conocimiento no debe ser una carga que impida que el arquitecto construya a la medida de su época.

Bibliografia

1. Berghoef, V. “Les origines de La Place Ducale de Vigevano”. Palladio, n.º 14 (1964): 165-178.

2. Caramuel de Lobkowitz, Juan. Architectura civil recta y obliqua. s. d.

3. Colombo, Alessandro. “La Piazza Ducale detta del Duomo”. L’Arte 5 (1902): 248-252.

4. Fernández-Santos, Jorge. Clavis Prudentialis: Ethico-Architectural Analogies and the Solomonic Paradigm in Baroque Spain. Cambridge: University of Cambridge, 2005.

5. Fernández-Santos, Jorge. Juan Caramuel y la probable arquitectura. Madrid: CEEH, 2014.

6. Florensa, Adolfo de. “Juan Caramuel y su arquitectura oblicua”. Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, Congreso de Barcelona, I: 105-121, Barcelona, 1929.

7. Iurilli, Stefania. Trasformazioni geometriche e figure dell’architettura: l’architectura obliqua di Juan Caramuel de Lobkowitz. Firenze: Firenze University Press, 2014.

8. Navarro Morales, María Elisa. “History as Storytelling in the Account of the Eleven Orders of Architecture according to Juan Caramuel de Lobkowitz”. En Chora VI, editado por Alberto Pérez-Gómez y Steve Parcell. Montreal: McGill-Queen’s University Press, 2011.

9. Navarro Morales, María Elisa y Alberto Pérez-Gómez. “Architectura civil recta y obliqua: A Critical Reading”. En Architecture. s. l.: McGill University, 2012.

10. Parvis Marino, Licia. “Novità e conservatismo nell’opera architettonica di Juan Caramuel di Lobkowitz”. Annali di Storia Pavese, n.º 16-17 (1988): 265-276.

11. Peña Buján, Carlos y Alfredo Vigo Trasancos. “La architetura civil recta y oblicua de Juan Caramuel de Lobkowiz en el contexto de la teoría de la arquitectura del siglo XVII”. En Historia del arte. Compostela: Universidad de Santiado de Compostela, 2007.

12. Saavedra Fajardo, Diego de y Alonso Núñez de Castro. Corona gótica, castellana, y austríaca, políticamente ilustrada. Madrid, 1670.

13. Vitruvio Polión, Marco. Los diez libros de arquitectura. Madrid: Alianza, 2004.

14. Vitruvius, Marcus. The Ten Books on Architecture, traducido por Morris Morgan. New York: Dover, 1998.

15. Wittkower, Rudolf. “A Counter-Project to Bernini’s ‘Piazza di San Pietro”. Journal of the Warburg and Courtauld Institutes 3, n.º 1/2 (s. f.): 88-106.

Notas

* Una versión de este trabajo fue presentada en el seminario internacional La Historia en la Formación del Arquitecto, organizado el Departamento de Arquitectura de la Universidad de los Andes del 25 al 27 de enero del 2017 bajo el título “La importancia de construir historias para el arquitecto”.
1 Vitruvius, The Ten Books on Architecture.
2 Caramuel de Lobkowitz, Architectura civil recta y obliqua.
3 Colombo, “La piazza ducale detta del duomo”, 248-252.
4 Algunos textos que tratan la obra de Caramuel son los de Rudolf Wittkower, “A Counter-Project to Bernini’s ‘Piazza Di San Pietro’”; Berghoef, “Les Origines de La Place Ducale de Vigevano”; Parvis Marino, “Novità e conservatismo nell’opera architettonica di Juan Caramuel Di Lobkowitz”; Florensa, “Juan Caramuel y su arquitectura oblicua”.
5 Los trabajos recientes sobre el tratado de Caramuel son: Peña Bujan y Vigo Trasancos, “La architetura civil recta y oblicua de Juan Caramuel”; Fernández- Santos, “Clavis Prudentialis. Ethico-Architectural Analogies and the Solomonic Paradigm in Baroque Spain”; Navarro Morales y Pérez-Gómez, “Architectura Civil Recta y Obliqua: A Critical Reading”; Fernandez-Santos, Juan Caramuel y la probable arquitectura; Iurilli, Trasformazionigeometriche e figure dell’architettura.
6 Caramuel de Lobkowitz, Architectura civil recta y obliqua, vol. I, trat. I, art. X, 27.
7 Diego de Saavedra Fajardo (1564-1648), diplomático y escritor español de la corte de los Habsburgo.
8 Saavedra Fajardo y Núñez de Castro. Corona gótica, castellana.
9 “Ninguna cosa, dice, es mas provechosa a los hombres, que la Historia, quandola verdad y buena intencion goviernan la pluma, y ninguna mas nociva, quando es dictadad e la pasión o lisonja, porque dexa defraudada la gloria de las acciones heroicas, y exaltado el vicio. Della pende el honor o la infamia de los Principes. Por ella se govierna la posteridad en los exemplos, que a de imitar o de huir, y della saca máximas y documentos la Politica, para el govierno de los Reynos, y si los fundaentos fueren falsos, falso sera el edificio, que se levantase sobre ellos: en que no basta tal vez la buena intencion del que escribe, porque no pudiendo ser terstigo de todo, es fuerza que se valga de agenas relaciones, y suele acontezer, que el apetito de adquirir nombre y gloria de verdadero le incline a levantar las cosas estrangeras, y abajar las domesticas;daño que se reconoce en España, donde algunos de nuestros Escritores desautorizan las tradiciones antiguas, acreditadas con las memorias de Padres a Hijos, que es el mayor terstimonio de la Historia, y en las cosas dudosas, que dan eleccion al arbitrio, sentencian contra la glorioa de los Reyes y de la Nacion, agudos en interpretar siniestramente sus acciones”. Caramuel de Lobkowitz, Architectura civil recta y obliqua, vol. I, trat. I, art. X, 27.
10 “Util y sabiamente se dedicaron los antiguos á dexar á la posteridad sus hallazgos por medio de los libros, para que nunca se perdiesen; antes aumentándolos de tiempo en tiempo con nuevas reflexiones, llegasen finalmente las ciencias al estado mas perfecto. Debemos por tanto darles infinitas gracias de no haber, con un envidioso silencio, dado sus invenciones al olvido, y de haberlas dexado á las edades en sus escritos. Si asi no lo hubiesen executado, mal sabríamos ahora los sucesos de Troya, las opiniones de Thales, Demócrito, Anaxágoras, Xenóphanes y otros Fiskos en orden á la naturaleza de las cosas: la moral de Sócrates, Platón, Aristóteles, Zenon, Epicuro y otros Filósofos: ni finalmente sabríamos los hechos de Creso, Alexandro, Darío y demás Reyes, ni el modo con que los executaron, si nuestros mayores no hubiesen recogido noticias, y dexadolas á la posteridad en sus historias”. Vitruvio, Los diez libros de arquitectura, 197.
11 Jean Passerat (1534-1602) poeta y escritor francés.
12 Cayo Salustio Crispo (I a. C.), historiador latino.
13 Arcangelo Lamberti fue un misionario teatino que consignó sus viajes a África en su Relatione della Colchide hoggi detta Mengrelia, nella quale si tratta dell´origine, constumi e cose naturali di quei pasi, publicado en 1654.
14 Caramuel cita el Tesoro de la lengua castellana de Sebastián de Covarrubias (1539-1613), publicado en 1611.
15 Giovanni Botero (1544-1617) fue un autor italiano. Caramuel está probablemente citando su Delle Cause della Grandezza delle Cittá, de 1588.
16 Don Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), primer cronista de Indias. Caramuel cita su Sumario de la natural historia de las Indias, de 1526.
17 Pedro Mártir de Angleria (1457-1526), cronista de indias. Caramuel menciona su sumario; pero es posible que esté haciendo referencia a las Decadas de orbe nuovo decades octo, de 1511. La cita que Caramuel incluye en el tratado está en italiano.
18 Para un estudio detallado del relato de los órdenes en Architecturacivil recta y obliqua, véase Navarro Morales, “History as Storytelling in the Account of the Eleven Orders of Architecture according to Juan Caramuel de Lobkowitz”.
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