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¡Eran seis mil documentos! El archivo documental que Rogelio Salmona constituyó para la Universidad de los Andes
There were six thousand documents! The document archive that Rogelio Salmona created for the Universidad de los Andes
Eram seis mil documentos! O arquivo documental que Rogelio Salmona constituiu para a Universidad de los Andes
Dearq, núm. 22, pp. 170-175, 2018
Universidad de Los Andes

Deuniandes



Recepción: 01 Junio 2018

Aprobación: 29 Junio 2018

Resumen: Aunque Rogelio Salmona es reconocido como uno de los arquitectos más emblemáticos de Colombia y América Latina, es menos conocida la manera en que afianzó su formación en la historia de la arquitectura, fundamentada en el vínculo académico que estableció con Pierre Francastel en viajes de estudio y en la construcción de un archivo para la fototeca y biblioteca de la Facultad de Arquitectura y Bellas Artes de la Universidad de los Andes. La iniciativa de Salmona de volver a Colombia con este archivo es una evidencia del papel que cumplió la historia en su propia formación y que pudo transmitir como profesor en la formación de futuros arquitectos.

Palabras clave: Francastel, Salmona, Archivo Universidad de los Andes.

Abstract: Rogelio Salmona is renowned as one of the most emblematic architects in Colombia and Latin America. However, the way in which he consolidated his education in the history of architecture is less well-known. The foundations were laid through the academic link he established with Pierre Francastel in study trips and the construction of an archive for the photo library and library in the Faculty of Architecture and Fine Arts at the Universidad de los Andes. Salmona’s initiative to return to Colombia with this archive is evidence of the role that history played in his own education and what he was able to teach his students.

Keywords: Francastel, Salmona, Universidad de los Andes archives.

Resumo: Muito embora Rogelio Salmona seja reconhecido como um dos arquitetos mais emblemáticos da Colômbia e da América Latina, é menos conhecida a maneira em que consolidou sua formação na história da arquitetura, fundamentada no vínculo acadêmico que estabeleceu com Pierre Francastel em viagens de estudo e na construção de um arquivo para a fototeca e biblioteca da Faculdade de Arquitetura e Belas Artes da Universidad de los Andes. A iniciativa de Salmona de voltar à Colômbia com esse arquivo é uma evidência do papel que a história cumpriu em sua própria formação e que pôde transmitir como professor na formação de futuros arquitetos.

Palavras-chave: Francastel, Salmona, arquivo da Universidad de los Andes.


Figura 1
Una de las ciento veinte imágenes que se conservaron en el Departamento de Arquitectura. Las fotografías y postales están etiquetadas y pegadas a un cartón. La mayor parte de esta colección corresponde a imágenes del románico francés.

En 2017 se cumplieron diez años de la muerte de Rogelio Salmona y sesenta años de su regreso a Colombia. En enero de ese mismo año se exhibieron por primera vez al público algunas de las postales y fotografías que hicieron parte del archivo fundacional de la Facultad de Arquitectura y Bellas Artes de la Universidad de los Andes dentro del marco de la exposición Le Corbusier. La pasión por las postales + Castro, Salmona, Samper y Vieco: la historia como memoria. Estas fotos y postales son parte del archivo que gestionó y consolidó Rogelio Salmona en Francia bajo la orientación de Pierre Francastel. Salmona regresó a Colombia a finales de 1957, trajo consigo el archivo y se vinculó como profesor de planta de tiempo completo a esta universidad a cargo de cursos de Historia del Arte y de la Arquitectura. El vínculo con la universidad terminó en 1962, y tras su retiro quedó en funcionamiento la fototeca con la colección de imágenes que Salmona había construido en Francia. El material de archivo desapareció de la facultad años después sin que se haya podido precisar con exactitud cómo y cuándo.

El proyecto de documentación e investigación que llevó a cabo Rogelio Salmona en Francia es una evidencia a partir de la cual es posible valorar el papel central que desempeñó el estudio y registro de las construcciones del pasado en un arquitecto de su talla. Rogelio Salmona no solo registró, documentó y trajo el material a la universidad, sino que además transmitió, en los cursos que dictó a su regreso al país, su particular forma de aproximarse a la historia de la arquitectura. Este artículo presenta las circunstancias que originaron la construcción del archivo y también las que rodearon su recuperación, más de cincuenta años después.

Génesis de la investigación

El interés por rastrear la existencia de este archivo se desencadenó a raíz de una entrega del Magazín Dominical de El Espectador, en 1998. Fernando Garavito, bajo el seudónimo de Juan Mosca, publicó una entrevista en la que Salmona afirmaba lo siguiente:

Dicté mi curso al mismo tiempo en la Universidad de los Andes y en la Nacional, y viví en los Andes. Durante dos años, por encargo de esta última, investigué y organicé la fototeca de Arquitectura. Busqué documentos importantes desde las arquitecturas protocristianas hasta hoy, las arquitecturas del Imperio Otomano, del Islam, en fin. Una fototeca con 6.000 documentos que empecé a microfotografiar en las bibliotecas y en los libros con ayuda de Francastel. Traje todo eso acá y se perdió. ¿Por qué? Porque nunca nadie la usó. Debe estar todavía ahí, llena de incunables.1

Las palabras resaltadas en la cita anterior plantearon las preguntas iniciales: ¿A qué curso se refería Salmona cuando mencionaba “mi curso”? ¿Cómo se seleccionaron y organizaron los registros de la fototeca? ¿Cuáles eran las arquitecturas del pasado que le interesaba registrar? ¿De qué tamaño era la colección? ¿Qué tipo de orientación dio Francastel? ¿Qué pasó con la fototeca?

En la cita ya estaban implícitos los ejes temáticos desarrollados en el trabajo de tesis “Rogelio Salmona. Un arquitecto frente a la historia”.2 La tesis buscaba demostrar que la relación de Salmona con la historia se podía evidenciar en hechos concretos y verificables. También se pretendía demostrar que su aproximación a la historia y a la cultura estuvo marcada por hechos ocurridos en su etapa formativa, ligados al vínculo que estableció con Francastel, a los viajes de estudio que realizó, a la documentación que hizo en bibliotecas y archivos de Francia para la biblioteca y la fototeca en la Universidad de los Andes y a la participación que tuvo como docente en el que llamó “su curso” de historia.

Los primeros indicios de la existencia del archivo documental los encontré en la correspondencia preservada en el Archivo Institucional entre las directivas de la Universidad de los Andes y Rogelio Salmona, en París. Las cartas confirman el encargo, declaran las cuantías giradas, describen la dimensión de los trabajos y formalizan los preparativos para la repatriación y vinculación de Salmona a la Universidad de los Andes. En segundo lugar, en el Departamento de Arquitectura reposaba una serie de 123 fotografías y postales impresas que hicieron parte del mencionado archivo fundacional. En tercer lugar, estaba el recuerdo y testimonio del mismo Salmona mencionado en varias ocasiones y corroborado por antiguos estudiantes que, en su momento, tuvieron contacto con el material o hicieron uso de la fototeca. En 1998, momento de la publicación de la entrevista citada más atrás, estos eran los únicos rastros de existencia del archivo de la entonces Facultad de Arquitectura y Bellas Artes.

Solo hasta 2004, en el transcurso de la investigación, se recuperó un cuarto soporte. Fue posible constatar que cuatro carpetas con 1942 negativos correspondían al material acopiado por Salmona medio siglo atrás. Si el total de documentos era de cinco o seis mil, la cantidad recuperada oscilaría entre el treinta o cuarenta por ciento del total. Esta serie de negativos da cuenta del contenido de poco más de un tercio de lo que llegó a ser el archivo fundacional de la Facultad de Arquitectura y Bellas Artes de la Universidad de los Andes y del cual se había perdido el rastro. El hallazgo no es menor si, además del carácter fundacional de la colección, se tiene en cuenta que había sido orientado por un intelectual de la talla de Pierre Francastel y gestionado por uno de los arquitectos más emblemáticos del país. La posibilidad de observar de manera directa las imágenes, las temáticas registradas, la calidad de la captura, los recursos para encuadrar la toma dieron pie no solo para revisar de manera más profunda el tipo de imágenes que conformaba la colección, sino para dimensionar el propósito y motivación de Salmona en construir este archivo.

Origen del archivo

El interés inicial de Salmona de emprender la labor de documentación surgió, como ya se ha anotado, del vínculo que estableció con Francastel entre 1948 y 1957. Salmona asistía a los cursos de Sociología del Arte que Francastel dictaba en la Escuela de Altos Estudios de la Sorbona y lo apoyaba haciendo dibujos o tomando fotografías. Así lo expresó:

Francastel me encargaba dibujos de obras que le podían servir y le podían interesar. Hice un montón de croquis, de cosas que sabía que le podían ser útiles, los guardaba y se los iba entregando en el momento oportuno. Él hacía esos encargos, no para publicar ese material, sino para obligarme a entrar con detenimiento en la mirada de esa arquitectura3


Figura 2
Oficina de Administración Documental, Universidad de los Andes. Se consultaron 76 documentos concernientes a esta investigación. El más antiguo está fechado el 25 de enero de 1957. Es una carta dirigida a Rogelio Salmona en París, que confirma el envío de un cheque por un valor de U$500 para adquirir libros, firmada por el entonces vicerrector, Daniel Arango.

Estos encargos, además de sensibilizar a Salmona en la arquitectura del pasado, lo habituaron en las tareas de documentación, registro y clasificación de imágenes. Francastel utilizó esta comisión en primera instancia como recurso pedagógico y más adelante formalizó las actividades para nutrir las publicaciones que tenía en curso. El hábito y la técnica de acopiar registros visuales se derivó de este vínculo académico. La segunda motivación se desprende al tomar la decisión de regresar a Colombia. Salmona tenía una oferta de la Universidad de los Andes para vincularse como profesor de planta de tiempo completo a cargo de cursos de Historia del Arte y de la Arquitectura. Habituado a registrar para Francastel el material visual para los cursos de la Sorbona, le propuso a su amigo y entonces decano, Germán Samper, construir el archivo documental y bibliográfico para la fototeca y biblioteca de la facultad. Basado en su experiencia como asistente de Francastel, orientado por él, y consciente de la importancia de traer consigo material visual y bibliográfico, Salmona se enfrascó en varias bibliotecas y archivos a documentar las arquitecturas del pasado. Mencionaba que los documentos los había obtenido en los archivos del Instituto de Arte y Arqueología, en la Biblioteca Nacional de Francia, en la Escuela de Bellas Artes de París, en la Biblioteca de Vaticano, que además se interesó y documentó la arquitectura rusa y que consiguió por intermedio de Sibyl Moholy-Nagy las imágenes del constructivismo. Aparte de las imágenes, compró libros de historia para la biblioteca y se embarcó con las cajas llenas de documentos en su viaje de regreso a Colombia.

La mirada atenta y detenida a las arquitecturas del pasado, alimentada por estas relaciones académicas y el hábito de documentación, no fue el único mecanismo que Salmona utilizó para establecer vínculos con la historia de la arquitectura. Los viajes de estudio fueron el complemento necesario para reforzar los conocimientos adquiridos en las aulas y bibliotecas y ampliar el horizonte de referencias con experiencias y vivencias in situ.

Sin que se pueda asegurar con exactitud cómo y cuándo se desarrollaron los viajes en esta etapa formativa de Salmona, fue posible dar soporte a cuatro rutas: el viaje por Italia al finalizar el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM) de 1949, llevado a cabo en compañía de Germán Samper y Pablo Solano, probablemente en 1954 por España y el norte de África; el viaje a Florencia para estudiar la cúpula de Brunelleschi, y, por último, los numerosos viajes que realizó desde París a las distintas iglesias del románico francés. Salmona otorgó a estas experiencias una importancia central como método de aprendizaje y apeló más adelante a la memoria de lo que fueron sus recorridos para evocar en su arquitectura esas arquitecturas visitadas y experimentadas. Más adelante se suma a las villas palladianas, al barroco de Borromini, a la cúpula de Brunelleschi, a la arquitectura islámica y la del desierto y a la del mundo prehispánico, que incrementó lo que él denominaba sus archivos de nostalgias. Así, Salmona es uno más de los tantos arquitectos que hacen parte de una larga tradición que apela a los viajes como estrategia para adquirir conocimiento. En su caso, la impronta que generó la visita a las arquitecturas y paisajes en los itinerarios que emprendió complementa la influencia que ejerció Francastel, quien lo enseñó a mirar y lo formó en una amplia cultura.

La universidad a la que llegó Salmona a finales de 1957 era joven. Fundada en 1948, los Andes carecía en sus inicios de los recursos visuales y bibliográficos necesarios para dictar cursos de historia de la arquitectura. De ahí que la propuesta de Salmona de consolidar un archivo de imágenes en las bibliotecas de Francia antes de su regreso haya sido acogida y financiada por las directivas de la universidad y de la facultad. Contó con el apoyo de Daniel Arango, que ocupaba la vicerrectoría, y de Germán Samper, que ejerció el cargo de decano de la Facultad de Arquitectura, entre 1956 y 1959, quienes autorizaron los giros para financiar el proyecto de documentación de la biblioteca y gestionaron el contrato de Salmona como profesor de tiempo completo de la universidad.

El empeño en construir el archivo dio pie a un trabajo largo y dispendioso. El proceso implicaba sacar las fotografías, revelar, montar en doble vidrio, cancelar derechos de autor, ir y volver a las bibliotecas, clasificar el material, solicitar los giros de dinero, organizar el material en carpetas y cajas, pagar impuestos, embarcar y traer al país todo el material, para después poner en funcionamiento una fototeca. El propósito que lideró Salmona de constituir un banco de imágenes para la facultad y de traer los libros de historia para la biblioteca da cuenta de una dimensión educativa y de un propósito de transmisión de conocimiento de envergadura. Para Salmona, este fue el vehículo que le permitió compartir en el contexto universitario colombiano los aprendizajes adquiridos con Francastel. Para la universidad representó la adquisición de material documental en el extranjero que suplió los vacíos que tenía en recursos de apoyo docente en el campo de la enseñanza de la Historia de la Arquitectura. Salmona, que ejerció como docente en la Universidad de los Andes hasta 1962 y en la Universidad Nacional de Colombia hasta 1968, encontró en el ámbito de los cursos de historia el espacio donde transmitir sus conocimientos y dar cuenta de su propio interés en este campo.

Una vez en Bogotá, Salmona enfrentó varias dificultades. No fue fácil poner en marcha la fototeca. No había un espacio físico adecuado para almacenar los documentos ni nadie que lo administrara. Los decanos de la facultad eran conscientes del valor económico y también del valor intrínseco del fondo documental; pero se veían en apuros para su sostenimiento. No había recursos para pagar a los especialistas que se pudieran dedicar a terminar la clasificación del archivo, ordenarlo, organizar los ficheros y abrir la documentación a la consulta de profesores y estudiantes. Cuando Salmona se retiró de la universidad, la responsabilidad sobre el archivo quedó en manos de Germán Téllez:

Descubrí que había un montón de ese material que no había sido debidamente clasificado ni rotulado. Había cajones y cajones de estas diapositivas y uno de los deportes que teníamos era ponerse a adivinar qué era qué. El que más descubría era yo obviamente, cada vez que conseguía un libro de historia lo llevaba y comenzábamos a comparar con todo esto a ver qué había. Logramos muchas cosas pero otras muy difíciles de clasificar, sobre todo detalles, capiteles, gárgolas. Eso se mantuvo de una manera muy descuidada por parte de la Facultad, nunca le pusieron atención, solamente cuando ya había ocurrido cierto saqueo. Allá entraba todo el mundo, cogía las diapositivas y nunca las volvía a traer4.

En síntesis, el trabajo de documentación realizado en Francia y depositado en la Universidad quedó huérfano relativamente pronto y a la suerte de sucesivos profesores, estudiantes y directivas, de manera que fue perdiendo su contenido y el reconocimiento de su valor.

Recuperación del archivo

Eran seis mil documentos. ¡Seis mil! Me acuerdo perfectamente porque estaba agotado con el tema. Había que coger los negativos, ponerlos entre vidrios, un microfilm dentro de un vidrio, lo hacíamos a mano, limpiando, cada uno tenía un número y decía lo que contenía. Guardé con mucho cuidado un cuaderno tenía anotado la cantidad de documentos, y ahora no lo encuentro5.

Y no se encontró. El material había desaparecido. Para el 2001, momento en el que se venía desarrollando la pesquisa y las conversaciones con Salmona, había aparecido una mínima parte: 123 imágenes, entre postales y fotografías en blanco y negro, pegadas sobre cartones reciclados de carpetas legajadoras6. La sorpresa de Salmona frente a las 123 imágenes era equiparable a la incredulidad ante la pérdida del archivo documental. Solo 123 imágenes de un total de cinco o seis mil que recordaba haber registrado.

En este punto de la investigación intervino la casualidad, el azar o, tal vez, la suerte, de tal manera que fue posible confirmar la existencia y contenido del archivo más allá de los registros encontrados en las correspondencias, testimonios y la pequeña cantidad de imágenes. Por razones de su tesis doctoral, Ricardo Daza7 asistía a las tertulias nocturnas en el apartamento de Hernando “el Mono” Camargo8. Los unía una mutua fascinación hacia Le Corbusier que Camargo había cultivado de manera especial a lo largo de su vida. Camargo había dictado seminarios sobre el maestro, montado una exposición, tenía la biblioteca más completa sobre él en Bogotá y una forma mística de interpretar su obra. Ya era una persona de edad y a pesar de sus enfermedades conservaba lucidez y memoria. En una de esas tertulias, le pidió a Ricardo Daza buscar entre sus documentos unas carpetas de negativos que había comprado en el mercado de libros usados hacia los años setenta. Daza vio los negativos y de inmediato hizo la relación entre los registros que tenía en sus manos y los que había visto en el desarrollo de mi investigación.

En 2004, gracias a la invitación de Daza, acudí por primera vez al apartamento de Hernando Camargo. Me permitió explicarle que quería confirmar si las carpetas con los negativos correspondían con las del archivo documental que Rogelio Salmona había traído a Colombia. Una poderosa intuición me decía que en esas cuatro carpetas se encontraban los documentos que Salmona capturó en las bibliotecas de Francia; sin embargo, la descripción del formato no coincidía. Se trataban de películas de 35 milímetros y no de microfilms. Una vez escaneadas, consulté con Salmona. No solo se acordaba perfectamente, sino que conservaba en su planoteca carpetas idénticas y vacías. Era parte del material.

—“Pero eran más carpetas de estas. ¿Dónde están?”—

Es lo que hay: 1942 imágenes de las carpetas suministradas por Hernando Camargo más 123 que reposaban en el Departamento de Arquitectura. Es mucho si se considera que su desaparición había sido total; es poco cuando se comparan con la totalidad de los cinco o seis mil documentos que conformaban el archivo.

Con las existencias acopiadas se pudo establecer que fueron dos los tipos de insumos que constituyeron el archivo documental. El primero, en microfilms que se debían insertar entre dos láminas de vidrio. Salmona trajo parte de este montaje listo desde París y los materiales necesarios para continuar con el proceso en Colombia. El segundo insumo son las copias en negativo de los microfilms que son el contenido de las carpetas rescatadas.

Hablar la arquitectura

La orientación de sus cursos era muy interesante. No trataba de enseñar historia, había que aprender la historia de las formas construidas, un viraje revolucionario que me afectó profundamente. Introducía en su enfoque dimensiones y conceptos sociales, políticos, de otras manifestaciones del arte, excluidos todos de los programas formalistas de historia de la arquitectura, mostrando la posibilidad de una estética general que pudiera ser la de la arquitectura, muy influenciado por Pierre Francastel9.

Con la experiencia previa con Francastel, la de los viajes, las imágenes del archivo y los libros de historia, Salmona se preparó para dictar sus cursos de historia. Más que instruir, conversaba sobre los temas, en sus propias palabras le interesaba hablar la arquitectura. Carlos Morales, uno de sus alumnos en la Universidad de los Andes, sintetiza su experiencia en el curso de historia diciendo que ahí se trataba de “entender los porqués en vez de los quiénes y los cuándos”.10

Salmona se resistía a ser identificado como profesor de historia de la arquitectura, porque la conversación era la base de sus cursos y su método de enseñanza. No tenía intención de transmitir información y datos, sino de buscar explicaciones susceptibles de ser referidas a los problemas propios del proyecto. La historia de la arquitectura para entender y hacer arquitectura. Un enfoque desde la sociología del arte evitaba caer en historicismos y anacronismos, al fijar la atención no solo en el objeto, sino en el contexto cultural que lo produjo. Una atención centrada en la obra evitaba, por otra parte, caer en la historia social, más atenta a explicar el contexto y las circunstancias, más que a abordar el estudio preciso de las obras. Hablar la arquitectura con un arquitecto enfrentado a la resolución de proyectos, preparado y documentado, consistía en vincular la observación detenida y rigurosa del objeto de estudio, el análisis de las circunstancias que lo produjeron y la reflexión sobre problemas y respuestas desde el diseño.

Por primera vez empecé a ver que la historia servía para algo. Que no era una colección de tarjetas postales, donde mostraban el gótico y contaban cualquier suceso adicional. Recuerdo los otros cursos de historia como mirar un álbum de tarjetas postales. En el curso de Salmona uno veía la historia como una herramienta útil para explicarse la arquitectura. […] Rogelio veía realmente esa historia como un instrumento de conocimiento, como un instrumento del quehacer arquitectónico. No como una colección de piezas del pasado.11

La exposición anterior sirve en conclusión para dar cuenta de unos hechos que fueron importantes en la vida de Salmona y de la Facultad de Arquitectura de los Andes que se transmitieron a otros arquitectos en torno a un curso de historia. También da cuenta de los cambios que hemos presenciado desde entonces y nos permite comparar dichas circunstancias con las actuales. En un mundo digital e interconectado, los hechos descritos son impensables hoy día. Ya no habrá estudiante o profesor joven que se sumerja en los libros de las bibliotecas a coleccionar imágenes, ni universidad interesada en financiar empresa semejante; tampoco parece necesario constituir una fototeca cuando las imágenes están al alcance de un clic y cuando el acceso al conocimiento mediante la consulta de libros en bibliotecas cede, así mismo, a la inmediatez de la información disponible en internet. Sin embargo, el escenario descrito da cuenta de un momento singular a propósito de la formación del propio Rogelio Salmona y la de otros arquitectos. La experiencia de Salmona con Francastel fue tan trascendente que Salmona, joven como era, se empeñó en traer a Bogotá el material que pasaba por sus manos y ojos en los cursos de la Sorbona. De manera indirecta, el repertorio de ejemplos que usaba Francastel llegó a los estudiantes de los Andes y de la Nacional, a través de los registros de imágenes capturados por Salmona. Así es como, gracias a la recuperación parcial del archivo, es posible valorar el alcance del trabajo realizado en Francia y el empeño de Salmona de sembrar un poco de cultura a partir de un proyecto de biblioteca y fototeca y de unos cursos de historia. El contenido del archivo es de interés tanto para los interesados en la enseñanza de la historia como para los que buscan explicar al propio Rogelio Salmona. También para los que aún se inclinan por los instrumentos y mecanismos tradicionales de transmisión de conocimiento, como son los registros fotográficos análogos, los libros de historia, la conversación y los viajes.


Figura 3
Las cuatro carpetas con los negativos de los microfilms conservadas por el arquitecto Hernando Camargo.

Bibliografia

1. Albornoz, Cristina. “Ponencia: Rogelio Salmona: un arquitecto frente a la historia”. En Teorías, métodos y dispositivos en el proyecto. II Simposio de Investigación en Arquitectura, de AAVV, 91-114. Medellín: Univesidad Nacional de Colombia, 2013.

2. Albornoz, Cristina. “Rogelio Salmona: Un arquitecto frente a la historia”. Tesis de Maestría en Arquitectura, Universidad de los Andes, Colombia, 2011.

3. Albornoz, Cristina. “Hernando José Camargo Quijano: Reseña biográfica”. En Conversaciones de arquitectura colombiana. Bogotá: Ediciones Uniandes, 2011.

4. Garavito, Fernando. “A nadie se le ocurría aprender a manejar una pistola”. El Espectador (27 de diciembre de 1998): 3-8.

5. Morales Hendry, Carlos. “Unas pocas memorias sobre Rogelio”. El Malpensante (2008): 30-37.

6. Universidad de los Andes, Departamento de Arquitectura. Conversaciones de arquitectura colombiana, vol. 3. Bogotá: Ediciones Uniandes, 2011.

Notas

* El origen de este artículo es la tesis de maestría “Rogelio Salmona, un arquitecto frente a la historia”, de la Maestría en Arquitectura de la Universidad de los Andes, presentada en diciembre de 2011 y en proceso de publicación. El trabajo de tesis se presentó en el II Simposio de Investigación en Arquitectura, Universidad Nacional, sede Medellín, en 2012, cuyas memorias fueron publicadas en 2013. En el seminario internacional La Historia en la Formación del Arquitecto, llevado a cabo en enero de 2017 en la Universidad de los Andes, se presentó en la ponencia “Las postales de Rogelio Salmona. Origen del archivo documental de la Facultad de Arquitectura y Bellas Artes de la Universidad de los Andes”.
1 Garavito, “A nadie se le ocurría aprender a manejar una pistola”, 3-8. Las cursivas son mías.
2 Albornoz Rugeles, “Rogelio Salmona. Un arquitecto frente a la historia”.
3 Ibid. Las entrevistas a Rogelio Salmona fueron realizadas en 2001.
4 Ibid. La entrevista a Germán Téllez fue realizada el 30 de mayo de 2007.
5 Ibid., 36.
6 Las postales y fotografías las había conservado Óscar Prieto, persona encargada de la instalación de equipos audiovisuales en los salones de clase. Se vinculó a la facultad de arquitectura en 1982 hasta hoy.
7 Ricardo Daza Caicedo, doctorado de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona con la tesis “El viaje de Oriente: Charles-Édouard Jeanneret (Le Corbusier) y Auguste Klipstein. 23 de mayo-1 de noviembre de 1911”. Esta tesis obtuvo el premio a la mejor tesis de doctorado en el octavo concurso Tesis de Arquitectura de la Fundación Caja de Arquitectos de Barcelona, en diciembre de 2011.
8 Hernando José Camargo Quijano (Sogamoso 1920-Bogotá 2006), arquitecto por la Universidad Nacional de Colombia en 1951 y especialización en Técnicas y Principios de la Construcción Moderna en el Centre Scientifique e Technique du Bâtiment y el Institut Technique du Bâtiment et des Travaux Publics. Trabajó en Cuéllar Serrano Gómez y colaboró en la revista PROA. Se desempeñó de manera independiente a partir de 1960. Profesor en las universidades Nacional, Andes y América. Entre sus publicaciones están: Laboratorios y vivienda para una estación científica en la Sierra de la Macarena (1951), León de Greiff traducido (1969), Arquitectura e industrialización (1970), Investigación científica en el campo de la construcción (1972), Estudio comparativo de las propuestas de reforma universitaria (con Édgar Burbano, 1972) y Fundación de un poblado en la selva amazónica (1972). Se vinculó a los proyectos editoriales 25 años de la firma Cuéllar Serrano Gómez (1958), Levantamiento bibliográfico de la obra de Le Corbusier (1966), traducción del poema del ángulo recto (s. f.), documentación sobre hospitales y centros de salud (con Leopoldo Rother y Gabriel Serrano), índice de la revista PROA (1970), colaborador y traductor para la revista La Gaceta. Investigó con Enrique Serrano sobre la unidad sanitaria (muro húmedo), sobre puertos y arquitectura naval, arquitectura de la zona tórrida, sobre proyectos pioneros en energía solar (1966-1967). Participó en el montaje de la Televisión Nacional, propuso proyectos pedagógicos como la Universidad en Barcos y la relación entre matemática y arquitectura con el apoyo de Carlos Federicci. Intérprete del folclore colombiano y realizador de música para cortometrajes de Francisco Norden y Jorge Pinto. Realizó grabaciones de tiple para la RTF de Francia. Cfr. Albornoz, “Hernando José Camargo Quijano. Reseña biográfica”, 27 y 28.
9 Albornoz, “Rogelio Salmona. Un arquitecto frente a la historia”.
10 Morales, “Unas pocas memorias sobre Rogelio”, 32. El texto publicado reconstruye el recuerdo de Salmona como profesor y fue leído en la Feria de Guadalajara 2007.
11 Albornoz, “Rogelio Salmona. Un arquitecto frente a la historia”. La entrevista a Pedro Mejía fue realizada en noviembre de 2001


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