
Recepción: 02 Julio 2024
Aprobación: 20 Septiembre 2024
Resumen: En este artículo reconstruimos el pensamiento político de Silvio Frondizi durante los años cincuenta. Para ello prestamos atención a su producción escrita, así como a su inserción en el campo intelectual y académico. Describimos sucintamente, en primer lugar, su itinerario durante la presidencia de Perón, atendiendo tanto a sus actividades militantes como a aquellas de índole propagandística emprendidas a través de la editorial Praxis. Nos detenemos brevemente en las características de La Realidad Argentina, el libro que condensó la evolución ideológica de su autor y que constituyó la fundamentación teórica del programa político de la agrupación. A continuación, abordamos el contexto abierto por el derrocamiento del peronismo, en el cual el abogado pudo ejercer nuevamente como profesor universitario, al mismo tiempo que pasó a ser crecientemente conocido y escuchado por el activo movimiento estudiantil. Examinamos, finalmente, las características del pensamiento político de Frondizi durante los años cincuenta, deteniéndonos tanto en aquellos aspectos que representaban una ruptura como en los que implicaban una continuidad en relación con el que había manifestado en la década anterior. Nuestra hipótesis es que Frondizi se identificó con el “marxismo-leninismo”, defendiendo incluso la dictadura del proletariado, no obstante lo cual ciertas posiciones políticas que había tenido en los años cuarenta, propias de su pensamiento demócrata-liberal, sobrevivieron y se manifestaron dentro de su nuevo punto de vista.
Palabras clave: Izquierda, Intelectuales, Marxismo, Leninismo, Praxis.
Abstract: In this article we reconstruct Silvio Frondizi's political thought during the fifties. To do so, we pay attention to his writings as well as his insertion in the intellectual and academic field. We describe briefly, first of all, his itinerary during the years of Perón's government, paying attention to both his militant activities and those of a propagandistic nature. We briefly consider the characteristics of La Realidad Argentina, the book that condensed the ideological evolution of its author and that constituted the theoretical foundation of the political program of the group. Next, we address the context opened by the overthrow of Peronism, in which the lawyer was able to work again as a university professor, at the same time that he became increasingly known and listened to by the active student movement. Finally, we examine the characteristics of Frondizi's political thought during the 1950s, focusing on those aspects that represented a break as well as those that implied continuity in relation to what he had expressed in the previous decade. Our hypothesis is that, although Silvio Frondizi spoke out in defense of the "Marxist-Leninist line" and the dictatorship of the proletariat, certain political positions that he had held in the 1940s, typical of his liberal-democratic thought, survived and were expressed within his new point of view.
Keywords: Left, Intellectuals, Marxism, Leninism, Praxis.
INTRODUCCIÓN1
Silvio Frondizi (1907-1974) fue un abogado y profesor universitario que desenvolvió una actividad política, militante e intelectual en la Argentina de las décadas centrales del siglo XX, llegando a adquirir renombre internacional. Su trayectoria comenzó dentro de las coordenadas del pensamiento demócrata-liberal e incluyó su paso por diferentes instituciones (la Universidad Nacional de Tucumán, el Instituto Argentino de Filosofía Jurídica y Social, el Colegio Libre de Estudios Superiores) y la publicación de su libro El Estado Moderno (1945a). Esta primera etapa finalizó con su lenta y gradual transición al marxismo entre 1946 y 1948. En el período siguiente fue el principal inspirador del grupo Praxis, que en 1957 adoptó el nombre de Movimiento Izquierda Revolucionaria-Praxis (en adelante, MIR-P), una pequeña organización política marxista que actuó en los años cincuenta y primeros sesenta bajo su dirección.
A partir de la disolución del MIR-P en 1964, Frondizi continuó con su labor profesional. Será en otro contexto, marcado por el proceso de rebeliones populares conocidas como “Azos”, cuando volverá a tener una participación militante en la lucha política. En 1972, concretamente, asumirá como director de la revista Nuevo Hombre, una iniciativa del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que funcionará como instrumento de vinculación con el resto de la izquierda y el “peronismo revolucionario”. En las elecciones de marzo de 1973 se presentará como candidato a senador por el Frente de Izquierda Popular (FIP), encabezado por Jorge Abelardo Ramos. Durante el último año y medio de su vida Frondizi será uno de los dirigentes nacionales del Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS), constituido por organizaciones marxistas y del “peronismo revolucionario”. El 27 de septiembre de 1974, finalmente, será salvajemente asesinado por la Alianza Anticomunista Argentina (AAA).
La actividad política de Silvio Frondizi se desplegó fundamentalmente en la Argentina de los años cincuenta, sesenta y setenta y ha sido tratada por diversos autores (Tarcus 1996; Amaral 2005; Georgieff 2008; Carbel Olivera 2018; Stavale 2021; Barbero 2022; Díaz 2024). En este artículo nos limitaremos a determinar las coordenadas concretas de su pensamiento político en los años cincuenta (1949-1958), cuando se reivindicó como marxista-leninista en términos próximos al trotskismo. No nos ocuparemos, en cambio, de la nueva etapa política que transitará a partir de la Revolución Cubana y la influencia del castrismo, la cual trataremos en futuros trabajos.
Con este objetivo describiremos, en primer lugar, su itinerario durante la presidencia de Perón, atendiendo tanto a sus actividades militantes como a aquellas de índole teórica o propagandística. A continuación, nos detendremos en La Realidad Argentina, el libro que condensó su evolución ideológica y que constituyó la fundamentación teórica del programa político de la organización. Acto seguido abordaremos el contexto abierto por el derrocamiento de Perón, en el cual el abogado pudo ejercer nuevamente como profesor universitario, al mismo tiempo que pasó a ser crecientemente conocido y escuchado por el activo movimiento estudiantil. Finalmente examinaremos las características del pensamiento político de Frondizi durante los años cincuenta, deteniéndonos tanto en aquellos aspectos que representaban una ruptura como en los que implicaban una continuidad en relación con el que había manifestado en la década anterior. Nuestra hipótesis es que, aunque Frondizi defendió la “línea marxista-leninista” y la dictadura del proletariado, ciertas posiciones políticas que había tenido en los años cuarenta, propias de su pensamiento de matriz demócrata-liberal, sobrevivieron y se manifestaron dentro de su nuevo punto de vista inscrito en el marxismo (Justo 1956; Kaplan 1958).
LA TRANSICIÓN DEL LIBERALISMO AL MARXISMO
El primer libro de Frondizi, El Estado Moderno, representó la formulación más acabada de su particular filosofía política en el marco de la matriz ideológica liberal. Este trabajo, cuya redacción finalizó en abril de 1944, estaba dedicado a reconstruir los fundamentos históricos y filosóficos del Estado Moderno y a defender la idea de que, en el presente, la intervención estatal en el terreno económico era necesaria para preservar a la democracia liberal de la crisis del capitalismo. En particular defendía, contra el liberalismo burgués, un liberalismo democrático; contra la conjunción entre liberalismo económico y autoritarismo político, la combinación entre liberalismo político y colectivismo económico; contra la semi-democracia burguesa, lo que en la época se denominaba “democracia social”. Esta concepción coincidía con la del radicalismo intransigente, en el que se destacaba su hermano Arturo Frondizi, pero también tendía a converger con la que defendían el PS argentino y, en Europa, la socialdemocracia alemana o el laborismo británico. El Estado Moderno, en síntesis, ofrecía el fundamento filosófico y teórico de una integración o conciliación entre las ideas demócrata-liberales y las que podríamos llamar socialdemocráticas o laboristas, y por ende también –menos directamente– de un frente popular (o unión democrática) entre radicales y socialistas.
Frondizi continuó comprometido con la causa de la democracia liberal a lo largo de 1945, tomando partido por la “unidad democrática” contra Perón. En particular consideraba que la falta de “cultura política” del pueblo y de los partidos representaba…
(…) un grave peligro para el porvenir de la nación, porque compromete su estabilidad política (…). De aquí que la educación cívica de nuestro pueblo sea la tarea primaria y fundamental que ha de encararse, si es que se desea una convivencia ordenada y pacífica (…) (Frondizi 1945b: 2).
Esta etapa finalizó con su gradual transición al marxismo a partir del triunfo de Perón. En este contexto Frondizi fue alejándose del espíritu que había impregnado a la Unión Democrática e identificándose crecientemente con el socialismo revolucionario. A lo largo de la presidencia de Perón, además, fue compenetrándose cada vez más con el pensamiento de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, vinculándose con distintas figuras que reivindicaban al fundador de la IV Internacional. Se distanció, sin embargo, de aquellos agrupamientos que expresaban posiciones más o menos afines al peronismo (como los que lideraban Jorge Abelardo Ramos o Aurelio Narvaja) y se acercó sobre todo a los que encabezaban Nahuel Moreno y Miguel Posse, que se caracterizaban –en el caso de la corriente morenista, hasta 1953– por el énfasis en su oposición al gobierno de Perón.
La actividad militante de Frondizi se aproximó así a la de los partidos y organizaciones marxistas. Durante cuatro años (1949-1953), fue Presidente de la Comisión Popular por la libertad de los presos detenidos bajo la Ley 4144 (de Residencia), causa que compartió con los familiares y compañeros de las víctimas, en particular con miembros del PC. Paralelamente se desempeñó también, entre 1951 y 1953, como vicepresidente de la Comisión Nacional Pro-Libertad de Obdulio Barthe, un dirigente del PC del Paraguay que fue secuestrado por la Policía Federal argentina, torturado salvajemente durante varios días y trasladado clandestinamente a su país de origen, donde fue entregado al Estado. La Comisión que Frondizi integró como vicepresidente fue parte de una campaña internacional que logró la liberación de Barthe recién en 1954.2
Durante la presidencia de Perón, Frondizi fue el principal dirigente del grupo Praxis, que fundó junto a Marcos Kaplan, Eugenio Werden y Ricardo Napurí. Este agrupamiento se expresó como organización político-partidaria a través del periódico Revolución, que vio la luz a fines de 1955. Por la misma época apareció La Realidad Argentina, la obra más trascendente de Frondizi, en la cual trazaba un análisis sociológico del país desde una visión marxista-leninista y filo-trotskista. En este libro, publicado en dos tomos (1955 y 1956), su autor asumía la defensa de la “línea marxista-leninista” (Frondizi 1956a: 200, 212). Su perspectiva teórica se identificaba con la de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, aunque su coincidencia era total con el primero y el tercero, mientras que se delimitaba de algunas expresiones del segundo y de algún aspecto de la trayectoria del cuarto.
Con sus herramientas de propaganda y agitación, la organización comenzó a crecer y a desarrollar una actividad dirigida a la clase obrera, adoptando el nombre de MIR-P e intentando constituir el núcleo de un partido revolucionario de trabajadores. En febrero de 1958, mientras que las principales organizaciones del peronismo y de la izquierda llamaron a votar por Arturo Frondizi, acompañando la directiva de Perón desde el exilio, el MIR-P hizo campaña por el voto en blanco, advirtiendo que el candidato radical intransigente no cumpliría con las expectativas depositadas en su figura. El giro a derecha del presidente, que una gran parte de sus votantes percibió como “traición”, le permitió al MIR-P reclutar a toda una camada de activistas, alcanzando entre 1958 y 1960 su máximo crecimiento.
SILVIO FRONDIZI TRAS EL DERROCAMIENTO DE PERÓN
El derrocamiento de Perón en 1955 marcó un punto de inflexión en la historia argentina, dando inicio a un período de agudización de la lucha de clases y la conflictividad social. El general Eduardo Lonardi, presidente de facto entre el 23 de septiembre y el 15 de noviembre, intentó tejer acuerdos con la Confederación General del Trabajo (CGT) en función de alcanzar la “pacificación”. Pero Lonardi fue rápidamente desplazado por Pedro Eugenio Aramburu, quien inauguró un gobierno de neto corte “desperonizador”. La presidencia de este último se caracterizó, en efecto, por un conjunto de disposiciones autoritarias y represivas contra la clase obrera y el peronismo. Su gobierno contó con el soporte firme de varios partidos políticos, entre ellos el PS y el sector de la UCR encabezado por Ricardo Balbín. El radicalismo intransigente liderado por Arturo Frondizi, en cambio, dio claro apoyo a la breve experiencia de Lonardi, mientras que adoptó una actitud cada vez más opositora frente a la gestión de Aramburu. Esta postura le permitió capitalizar en buena medida el creciente descontento con la dictadura militar, sobre todo de parte del movimiento estudiantil y las clases medias.
La ofensiva patronal que se desató con respaldo gubernamental, particularmente en los lugares de trabajo, fue respondida por una intensa resistencia de la clase obrera. En función de obtener el apoyo electoral de los trabajadores, Arturo Frondizi firmó un pacto con Perón de cara a las elecciones de febrero de 1958. Fue así que el líder justicialista llamó a votar por el candidato de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), que resultaría gracias a eso vencedor en los comicios. A poco de asumir, sin embargo, Arturo Frondizi desilusionó a buena parte de sus votantes. El mantenimiento de la proscripción del peronismo, los acuerdos con las compañías petroleras estadounidenses, el aval a la educación privada y religiosa y la venta de empresas públicas provocaron importantes huelgas y luchas tanto de la clase obrera como de los estudiantes. A partir de 1955, en síntesis, la agudización de la lucha de clases constituyó el caldo de cultivo para la radicalización política de sectores crecientes de los movimientos obrero y estudiantil. (James 1990; Sigal 1991; Schneider 2005; Altamirano 2007)
La Revolución Libertadora dio inicio a un proceso de reorganización de las universidades sobre la base del nombramiento de interventores, de algunas concesiones al movimiento estudiantil reformista y de una serie de medidas dirigidas a garantizar la “desperonización”. Los docentes identificados con el justicialismo no fueron sin embargo los únicos perjudicados, ya que el control del Ministerio de Educación por parte del clerical Atilio Dell’Oro Maini se tradujo en una “inclinación cada vez más acentuada de las autoridades gubernamentales en favor de los grupos católicos” y en detrimento de los sectores reformistas y laicistas (Neiburg 1998: 221). Un decreto-ley, por un lado, permitió la reincorporación de aquellos profesores que hubieran sido cesanteados por el régimen de Perón. Una resolución ministerial, por el otro, estableció el llamado a concursos para la totalidad de las cátedras, acompañado de la creación de Comisiones Asesoras que juzgarían la “conducta moral” de los candidatos, quienes deberían ser ajenos a todas las “doctrinas totalitarias”. Esta última expresión aludía tanto al peronismo como al comunismo, como lo demostró la exclusión, por motivos ideológicos, de Benito Marianetti (abogado y dirigente del PC mendocino) en el concurso para la cátedra de Derecho Constitucional de la Universidad de Cuyo. (Neiburg 1998: 218-221; Califa 2014: 80-81)
En este contexto, precisamente en noviembre de 1955, Silvio Frondizi fue repuesto como profesor titular en sus cátedras de la FFYL de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Pero el autor de La Realidad Argentina no retomó sus cargos en la universidad tucumana ni abandonó la ciudad de Buenos Aires. Decidió, en cambio, intentar insertarse académicamente en el centro político del país.
Fue así que se inscribió al concurso para obtener la titularidad de alguna de las dos cátedras de Derecho Político que se dictaban en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA. Aunque su presentación no fue formalmente impugnada (algo que solía hacerse con quienes hubieran ejercido cargos bajo el peronismo), la Comisión Asesora dictaminó por unanimidad en favor de los abogados Rodolfo P. Martínez (h) y Ambrosio Romero Carranza. El autor de La Realidad Argentina denunció haber sido excluido por motivos ideológicos, basándose en que sus títulos, su experiencia docente y la cantidad de trabajos que había publicado eran “abrumadoramente superiores” a los de los dos beneficiados, quienes no tenían “más antecedentes que su filiación católica” (Frondizi 1957a: 5). El jurado, según la versión del líder del grupo Praxis, había además violado el decreto reglamentario ya que, por un lado, no había fundamentado su dictamen y, por el otro, no había designado una terna de candidatos, de forma de no tener que incluir a Frondizi en ella. Los representantes estudiantil y graduado sostuvieron en la sesión del Consejo Superior de la UBA que había habido discriminación ideológica y solicitaron que el dictamen volviera a la Comisión Asesora para que lo fundamentara. Pero los consejeros rechazaron el pedido. No eran únicamente dos cátedras las que estaban en juego: con maniobras similares, en efecto, habían sido excluidos muchos otros candidatos en la misma facultad, como Rafael Bielsa y Alberto Spota. El Centro de Estudiantes y el Movimiento Universitario Reformista de Derecho, por su parte, les exigieron la renuncia a Martínez y Romero Carranza. Puede comprobarse que Frondizi tendía a recibir el apoyo del movimiento estudiantil crecientemente enfrentado con la dictadura militar. Probablemente esto explique su decisión de redactar y hacer pública una carta al Rector Interventor de la UBA, Alejandro Ceballos, denunciando que lo sucedido desnudaba el verdadero carácter de la autodenominada “Revolución Libertadora” y de quienes habían sido designados por el gobierno para regir la universidad. Argumentaba allí que el resultado del concurso…
(…) demuestra que la “lucha” de estos señores contra el peronismo no fue determinada por lo que éste tenía de corrupción, sino por lo que éste agitaba a las masas, al tiempo que excluía a aquéllos de las prebendas del poder. Hoy repiten las mismas prácticas corrompidas que c[r]iticaron en un tiempo, con el agravante de que lo hacen en nombre y con el apoyo de un gobierno anti-popular. (…) Todo ello demuestra la crisis de la conciencia liberal, cuyos representantes más conspicuos entregan el control de resortes ideológicos decisivos a representantes de la reacción, al tiempo que son responsables por acción propia o por consentimiento de los peores métodos de corrupción heredados de los regímenes anteriores. (Frondizi 1957a: 5)
El fundador del grupo Praxis continuó, por lo tanto, viviendo exclusivamente de la abogacía durante el primer año y medio de la dictadura militar. En la medida en que avanzó el proceso de “normalización” universitaria, sin embargo, logró volver a ejercer como docente en el nivel superior. Fue así que en agosto de 1957 ingresó a la cátedra de Derecho Político de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Si en aquel primer momento obtuvo el nombramiento como profesor adjunto (interino), un año después fue designado titular interino provisorio y finalmente, el 6 de noviembre de 1958, se convirtió en Profesor Titular Concursado. El cargo en la cátedra le permitió además desempeñar otras tareas. En primer lugar, comenzó a dictar desde abril de 1958, el seminario de Derecho Político que denominó “El problema del método en la ciencia política”. Por otro lado, fue nombrado para ser, por un período de cuatro años (desde noviembre de 1958 hasta el mismo mes de 1962), miembro suplente del Consejo Académico de la Facultad y de la Asamblea Universitaria.3
La información que disponemos sobre el seminario se refiere únicamente al primer año en que Frondizi lo dictó. Se trataba de un curso complementario que daba semanalmente los martes por la mañana y en el cual participaba como ayudante Eugenio Werden. El programa comenzaba con una introducción sobre la filosofía moderna (Descartes, Bodin, Rousseau, Kant) y los siguientes puntos se titulaban así:
II – El método materialista dialéctico de Marx-Engels-Lenin. Exposición y críticas más habituales. Refutación.
III – El método materialista dialéctico en su aplicación social. (…)
IV – Aplicación histórica del método materialista dialéctico: El Estado Moderno:
1 – Nacimiento, desarrollo y apogeo del Estado moderno.
2 – Crisis del Estado Moderno.
3 – Soluciones para la crisis del Estado Moderno.4
Ya desde el programa, como puede notarse, el profesor colocaba a Lenin en un pie de igualdad (guion) con Marx y Engels, lo cual indicaba su perspectiva teórica. Al mismo tiempo, sin embargo, el punto IV pone de relieve que el fundador del grupo Praxis integraba a sus lecciones las elaboraciones de su libro El Estado Moderno.
La publicación de los dos tomos de La Realidad Argentina y la aparición del grupo Praxis y el periódico Revolución colocaron a Frondizi en un lugar de mayor visibilidad, a lo cual se sumaron las amplias libertades políticas que comenzó a tener el heterogéneo espacio no peronista. El derrocamiento del líder justicialista, por lo tanto, implicó para el intelectual marxista el inicio de un período de frondosa actividad. Su exposición aumentó considerablemente a partir de 1958, cuando su ingreso como catedrático en la UNLP se combinó con la asunción de Risieri Frondizi como Rector de la UBA y de Arturo Frondizi como Presidente de la Nación. Contra este último, además, sus dos hermanos formaron parte del movimiento de lucha estudiantil y docente en defensa de la educación laica, lo cual ayudó a incrementar el prestigio del dirigente del MIR-P. Fue así que, durante la segunda mitad de la década del cincuenta, Silvio Frondizi fue invitado para dar conferencias o cursillos por parte de numerosas organizaciones estudiantiles, pero también desde el ámbito académico más amplio, incluyendo a algunas autoridades5. Gino Germani, ex colega suyo en el CLES de Buenos Aires y entonces recientemente designado director del Instituto de Sociología (FFYL-UBA), lo invitó a participar de una mesa redonda sobre la enseñanza y la investigación de las ciencias humanas6.
El período 1955-1958, en síntesis, implicó para Frondizi el crecimiento de su influencia en el movimiento estudiantil universitario y la recuperación de una posición importante en el ámbito académico como profesor titular de cátedra.
UN PENSAMIENTO POLÍTICO INSCRITO EN EL MARXISMO-LENINISMO
Desde la segunda mitad de la década del cuarenta, y hasta su asesinato en la del setenta, Frondizi reivindicó las ideas socialistas revolucionarias. Durante los años cincuenta, en particular, sostuvo la posición política que definió en La Realidad Argentina, asumiendo la defensa de la “línea marxista-leninista” (1956a: 200).
Es importante, al respecto, especificar que criticó los fundamentos teóricos del reformismo, al cual identificó con la negación del materialismo dialéctico. Fue en el prólogo al libro de Eugenio Werden donde por primera vez se delimitó públicamente respecto de “el revisionismo” a secas (Frondizi 1952: VII-VIII), aunque desarrolló mejor esta cuestión un año después, en una carta a Jesús Reyes Heroles:
No comulgamos con el comunismo tal como se manifiesta en la U.R.S.S., pero tampoco estamos con el revisionismo tipo Ber[n]stein, que importa [una] caricatura del materialismo dialéctico. Creo en la libertad del hombre y en la fuerza de su voluntad, pero en una sociedad en la que las fuerzas productivas estén bajo el contralor de la comuni[d]ad. He aquí el error del revisionismo: la aplicación de un esquema para una sociedad socialista, a la sociedad actual capitalista. La marcha objetiva de la acumulación del capitalismo yanqui no se la detiene con buenos deseos o con congresos por la paz, sino derribando el sistema capitalista. Por lo dicho, el problema inmediato, actual, es el referente a la forma y medios necesarios para reemplazar el sistema caduco vigente por el socialismo y a él debemos dedicar nuestra atención, si es que pretendemos ejercer alguna influencia en el proceso social.7
El autor de estas líneas, como puede comprobarse, ponía un “pero” a su creencia en la libertad humana, la cual sólo era concebible a su juicio bajo el socialismo. Al mismo tiempo se delimitaba de la táctica de los partidos comunistas estalinistas, embarcados en la realización de campañas y congresos con el objetivo de lograr la coexistencia pacífica entre la URSS y los EE.UU. Estas posiciones del abogado argentino estaban ligadas a su concepción del Estado como un instrumento de la clase capitalista, que como tal sólo podía ser reemplazado a través de una revolución social. Frondizi, en efecto, no dejaba de explicitar su identificación con la tesis de Lenin en El Estado y la Revolución:
La posibilidad de compromisos tiene un límite fijado por el carácter de clase del Estado, más allá del cual comienza la utópica suposición de que los poderes dominantes son capaces de abdicar pacíficamente a su hegemonía económica y política. (Frondizi 1958: 258)
Una de las exposiciones más claras e ilustrativas de la concepción política de Frondizi en los años cincuenta fue la que volcó en su debate con Óscar Waiss, dirigente del Partido Socialista Popular chileno (PSP). En contraposición con el PC y con el llamado Partido Socialista de Chile (PSCH), que habían integrado el gobierno del radical Gabriel González Videla (rápidamente alineado con los EE.UU. en el marco del comienzo de la guerra fría), el PSP había apoyado, en 1952, la candidatura nacionalista de Carlos Ibáñez del Campo, vinculado al peronismo argentino. La victoria de Ibáñez le permitió al PSP asumir la jefatura del Ministerio de Trabajo a través de Clodomiro Almeyda, además de subsecretarías y cargos diplomáticos. En las elecciones legislativas de marzo de 1953 la consigna del PSP fue “un Parlamento para Ibáñez”, logrando elegir 19 diputados, aunque pocos meses después la crisis y división del oficialismo lo condujo a la oposición y al inicio de un paulatino acercamiento a los otros dos partidos de izquierda mencionados (Casals Araya 2010: 21-32; Garrido González 2021: 99-105).
En su libro Nacionalismo y Socialismo en América Latina, el chileno había polemizado con algunos conceptos que Frondizi había expresado en sus folletos La Crisis de la Democracia y La Integración Mundial, reeditados en 1953 y 1954 respectivamente (Waiss 1954). La respuesta del argentino, publicada en la revista Nuevos Rumbos (editada en Santiago de Chile por el PSP), citaba largos pasajes de aquella obra para luego someterlos a crítica. Waiss afirmaba, en los párrafos transcritos por Frondizi, que la revolución social en los países latinoamericanos empujaría a la burguesía y a sus partidos a la contrarrevolución, junto a los latifundistas y el imperialismo. Sin embargo, dado que la clase obrera no podría triunfar “por sí sola”, los partidos marxistas revolucionarios “por un período indeterminado, tendrán que aliarse con los sectores nacionalistas y antimperialistas para afianzarse en la conducción de las masas y eventualmente, en el gobierno”. En función de ello, los marxistas deberían “buscar la fórmula de un gobierno popular revolucionario, con participación y apoyo de todas las clases oprimidas”. Para que estos “gobiernos populares antimperialistas” evolucionaran “hacia un sistema específicamente socialista”, los partidos revolucionarios que los integrasen deberían ser lo suficientemente sólidos como para no corromperse y continuar bregando por el gobierno obrero. En síntesis, si el “poder popular” era una etapa intermedia necesaria e inevitable, lo que podía y debía evitarse era “que esa etapa termine en el fracaso y la regresión”.
El fundador del grupo Praxis, por su parte, interpretaba que su contrincante estaba proponiendo “un camino reformista” que implicaba ingresar en “frentes policlasistas” y respondía que era necesario no caer “en el pesimismo de Waiss que desconfía de la capacidad del proletariado latinoamericano”.
Pues bien, para mí lo único que puede impedir la corrupción por el poder, el fracaso y la regresión, es el control total de la clase que tiene en sus manos el progreso: el proletariado. Sospecho que Waiss es detenido en su análisis (…) por una expresión tabú: dictadura del proletariado. Waiss puede tranquilizarse: ello significa democracia para la inmensa mayoría de la población y dictadura hacia una pequeña parte explotadora. Es necesario tener confianza en las masas obreras de latinoamérica [sic] que están demostrando estar a la altura de su misión histórica. (Frondizi 1955: 20 y 25)
Puede notarse fácilmente que esta concepción era sostenida para toda América Latina y no derivaba de ninguna peculiaridad nacional. Durante los años cincuenta, en síntesis, el fundador del grupo Praxis se reivindicó como marxista-leninista, partidario de la dictadura del proletariado y contrario a todo tipo de frente popular. Fue bajo su influencia, pues, que tanto los dirigentes como los militantes del MIR-P defendieron explícitamente la “línea marxista-leninista”8 y la necesidad de la dictadura del proletariado9.
Una peculiaridad del líder del grupo Praxis fue que, aunque reivindicó la teoría de la revolución permanente, de la cual afirmó que había sido elaborada por Marx y Engels y completada y aplicada por Lenin y Trotsky (Frondizi 1956a: 13-65, 233-241), se mantuvo siempre en una posición externa al trotskismo, originada en una delimitación respecto del fundador de la IV Internacional. Durante la década que tratamos en este artículo, caracterizada por su defensa del “marxismo-leninismo”, el líder del MIR-P tendió a reconocer en Trotsky más méritos que defectos. Así, al introducir el segundo tomo de La Realidad Argentina, especificó que la concepción marxista había sido “llevada adelante por Lenin y en forma parcial por Trotsky” (Frondizi 1956a: 11; itálicas nuestras). Explícitamente basó su concepción tanto en la teoría trotskista de la revolución permanente como en las leyes dialécticas del desarrollo desigual y combinado, explicadas por el líder de la Oposición de Izquierda en su Historia de la Revolución Rusa(Frondizi 1956a: 38, 51, 151; 1958: 258). Los juicios negativos sobre Trotsky se limitaban a afirmaciones sobre su personalidad. Esta reivindicación parcial del creador del Ejército Rojo era análoga a la que sostenía contemporáneamente Liborio Justo (1956: 208), quien para entonces ya no se identificaba como trotskista pero sí como marxista-leninista según coordenadas similares a las de su época cuartista. Igualmente parcial era la reivindicación que Frondizihacía de toda la corriente política partidaria de la IV Internacional:
(…) la lucha del trotskismo contra el stalinismo, lo ha limitado desde su nacimiento, imponiéndole su carácter negativo. Hemos dicho a este respecto que “el stalinismo es la tesis, el trotskismo la antítesis y no la síntesis superadora”. (1956a: 92)
Se trataba de una fórmula algebraica imbuida de una noción llamativa de la dialéctica, de la cual se desprendía que los marxistas-leninistas debían integrar en una “síntesis” tanto al trotskismo como al estalinismo. Pero lo cierto es que la “síntesis” que el grupo Praxis proponía en ese entonces tenía mucho del primero y poco del segundo.
Hasta aquí nos hemos referido a ciertos elementos doctrinales, en primer lugar, la teoría de la revolución permanente, que el marxismo profesado por Frondizi tenía en común con el de Trotsky. Pero lo que lo emparentaba por sobre todo con las organizaciones cuartistas, aquello que en el terreno político lo unía a éstas y lo oponía al PC (y a otros grupos estalinistas como el de Rodolfo Puiggrós), era su rechazo a cualquier tipo de frente popular. Fue en una entrevista, respondida a fines de 1958, donde Frondizi mejor desarrolló este punto, al especificar que su oposición al frente popular se debía a varios motivos:
(…) ante todo, por la profunda y total divergencia de intereses entre la política obrera y la burguesa. La creciente polarización social y política impide armonizar, así sea sólo momentáneamente, ambas posiciones. (…) De aquí que, para nosotros, la política de frentes populares, de alianza entre la izquierda y las fuerzas centristas pequeñoburguesas, sea una de las formas más peligrosas de demagogia, con consecuencias funestas para la clase obrera. (…) De aquí que, a la formación de frentes populares, condenados históricamente al fracaso, nosotros opongamos la formación de frentes de izquierda. (Frondizi 1959: 46, itálicas nuestras)
A nuestro juicio, sin embargo, esta postura teórica no implicó en el caso de Frondizi una ruptura completa con la concepción política liberal en que se había formado a lo largo de dos decenios. Esto no tiene que ver con las diversas ocasiones en que manifestó concebir a la revolución socialista como el medio para alcanzar la democracia y la libertad o al marxismo como la puesta al día de la concepción rousseauniana de Comunidad (1956a: 198, 238-239), sino más bien con otro aspecto vislumbrado ya por Tarcus, quien señaló que si bien Frondizi solía pensarse a sí mismo como alguien enfrentado al poder, en otras ocasiones “gusta representarse como futuro estadista” (Tarcus 1996: 370). Pero esta dualidad no era sólo la manifestación de sus inclinaciones personales y psicológicas sino también de la naturaleza de su concepción política. De aquí la importancia de detenernos en el problema del “Estado y la revolución”, para utilizar el título del célebre libro de Lenin.
El programa que el grupo Praxis elaboró como base para la construcción de un partido obrero incluía, junto al “gobierno del pueblo trabajador”, la “democratización integral del Estado, del régimen jurídico y de la sociedad en todos sus aspectos”10. El principal dirigente de la organización, en un sentido similar, bregaba por…
(…) un proceso ininterrumpido de democratización del Estado, del régimen jurídico y de la sociedad. El Estado pasará de manos de un sector de la sociedad (…) a manos de la comunidad y en beneficio de toda ella. (Frondizi 1956b: 3)
Este tipo de formulaciones programáticas tendían a presuponer o exigir la previa toma del poder por parte de los trabajadores, motivo por el cual parecían referirse al Estado socialista del porvenir. Pero Frondizi se ponía en el lugar del futuro “estadista” cuando se presentaba como defensor de democratizar el presente Estado burgués, actitud que tendía a adoptar cuando escribía o hablaba como jurista. Esta inclinación puede percibirse en la declaración que, poco tiempo después de la asunción de Pedro Eugenio Aramburu como presidente, redactaron varios abogados para expresar su rechazo a la creación de la llamada Junta en Defensa de la Democracia. Tras detallar los artículos de la Constitución Nacional que consideraban violados, agregaban que el organismo estipulado…
(…) puede convertirse fácilmente en un instrumento de persecución y, por ende, factor de desprestigio para nuestro régimen institucional, envenenando, con la intolerancia que introduce, los aires de la Patria e impidiendo que empiece a jugar de una vez por todas la etapa del pueblo argentino, de pacificación, libertad y democracia.11
Esta línea argumentativa fue notoriamente puesta de relieve en los artículos que Frondizi escribió con relación a la convocatoria a una Convención Constituyente por parte de la dictadura de Aramburu. Se trata de dos textos de marzo y abril de 1957, uno de ellos publicado en la prensa praxista y ambos incluidos en la antología de trabajos de Frondizi que el MIR-P editó en 1958. En ellos el abogado sostenía que la ley fundamental debía ser reformada en el sentido de garantizar el contralor popular del aparato de Estado, guiándose por tres principios fundamentales: autodeterminación de los pueblos, soberanía popular y democracia directa. Para ello proponía la derogación del artículo 22 –que establece que el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes–, la supresión de la facultad para declarar el estado de sitio y la instauración del régimen proporcional en las elecciones. El mecanismo de la democracia directa, que a su juicio debía instituirse como regla, era explicado afirmando que “toda decisión importante en la vida del Estado (…) debe ser aprobada o desechada por medio de referéndum, completado por el derecho de revocatoria o iniciativa” (1957b: 94). Ninguna alusión apuntaba a un régimen asambleario, soviético, de consejos obreros o comités populares (la prensa del MIR-P sí promoverá este tipo de organismos). Parecía tratarse, por tanto, de un sistema plebiscitario o consultivo. El análisis finalizaba sosteniendo que en la nueva Constitución debería establecerse la “autonomía provincial y municipal” (1957b: 94) y…
(…) el carácter estrictamente social de la propiedad, haciendo constar el carácter nacional y colectivo de las grandes fuentes de energía, materias primas y producción. Debe reconocerse la propiedad individual y familiar de los bienes de uso. (…) En relación a las fuerzas armadas entiendo que debe superarse su actual separación de la sociedad, obligándolas a sumergirse en la comunidad (…). Es necesario ir realizando la sustitución de la situación actual por el pueblo en armas. El caso de Suiza nos pone en presencia de uno de los sistemas en transición. (…) Tales son a grandes rasgos los aspectos fundamentales que debe contemplar la próxima reforma constitucional, si es que se desea la pacificación real del país. (1957b: 95-96)
Así pues, ante la oportunidad de explicitar su programa, el autor volvía sobre la concepción de la propiedad expuesta en su tesis doctoral sobre John Locke, donde la había definido como una solución intermedia entre la apropiación ilimitada y el comunismo integral (Frondizi 1942: 160). Su idea del “pueblo en armas” tomaba el ejemplo de un país capitalista como Suiza y era explicada mediante expresiones que claramente no aludían a la formación de milicias obreras independientes del Estado, como las que se habían creado en la revolución rusa o en la más cercana de Bolivia en 1952, seguida atentamente por el grupo Praxis. La exigencia de las autonomías locales, por otra parte, no era más que una forma de procurar la aplicación efectiva o la extensión del federalismo, contemplado de derecho en la Constitución nacional, motivo por el cual era una reivindicación que figuraba, por ejemplo, en la Declaración de Avellaneda (1945) del radicalismo intransigente. El régimen federal, de hecho, había formado siempre parte del discurso de los partidos políticos liberales que reivindicaban la Constitución de 1853, como la UCR. El periódico El Ciudadano, editado por Silvio Frondizi a fines de 1945, acusaba a la dictadura militar de Farrell y Perón de haber extremado “la centralización administrativa y política. Las autonomías de provincia, de municipios (…) ha sido [sic] absorbida, borrada, avasallada”12.
La propuesta de Frondizi, finalmente, estaba formulada en función de lograr la pacificación del país, el mismo objetivo que, como vimos, proclamaba en el contexto de su apoyo a la “unidad democrática” (1945b). De aquí que el derecho al auto-gobierno, según su visión, debía serle concedido al pueblo si “se” deseaba evitar la insurgencia popular:
O bien se mantiene la situación actual de exclusión directa o indirecta del pueblo en la función de gobierno, solución que tarde o temprano conducirá a un estallido lógico y de carácter progresista, de consecuencias imprevisibles; o bien se le reconoce el derecho de gobernar por sí mismo. (1957b: 93)
El pronombre “se” cumplía la función de oscurecer que esta matriz discursiva tenía como destinatarios al Estado y sus funcionarios. Se trataba, en síntesis, de un programa que, para poder ser aplicado, no requería de una revolución social previa sino del miedo a que ella se produjera. De ahí que sus palabras se asemejaran a las de un “estadista”. Así pues, cuando practicaba el discurso de abogado, de hombre de leyes, Frondizi tendía a manifestar este punto de vista que había caracterizado a su pensamiento en la primera mitad de la década del cuarenta, inscrito en una matriz ideológica liberal.
En el periódico Revolución, sin embargo, no hemos podido encontrar posiciones políticas similares de parte de otros miembros de la organización. Es que las características del pensamiento de Frondizi no se replicaron en los militantes del MIR-P de la década del cincuenta, a quienes él mismo formó desde jóvenes leyendo fundamentalmente a Marx, Lenin y Trotsky. En La Realidad Argentina, que también formaba parte de la bibliografía básica praxista,tampoco aparecía expresado el discurso del “estadista”; a lo largo del libro, sin embargo, el autor retomaba una y otra vez algunos de los conceptos elaborados en El Estado Moderno o en los folletos La Crisis Política Argentina (1946) y La Crisis de la Democracia (1948). De hecho, mistificando su propia trayectoria, nunca dejó de presentar a todos esos trabajos como compatibles con sus ideas marxistas posteriores (v. g. Frondizi, 1957b: 92). Ejemplo cabal de esto último fue su actitud frente a El Estado Moderno. En la advertencia a la reedición afirmó que este trabajo adolecía de “cierto tono ‘idealista’, que aparentemente no coincide con la concepción del materialismo dialéctico que profeso” (1954: 9; itálicas nuestras). Pero en el artículo en que debatía con Waiss fue aún más lejos:
Dentro de mi concepción general, distingo la teoría general del materialismo dialéctico, de aquella que se refiere a una situación concreta (…). Ejemplo de la primera posición, que yo suelo llamar en un sentido general de filosofía de la historia es mi ESTADO MODERNO (…). (Frondizi 1955: 19, mayúsculas en el original)
Así pues, según la idea que se formó, el libro que había publicado en 1945 (plenamente inscrito en una matriz ideológica liberal) era una expresión de la filosofía marxista de la historia. Lo que es innegable, por lo tanto, es que todavía expresaba, aunque más no fuera parcialmente, su filosofía. Durante la segunda mitad de la década del cincuenta, consecuentemente, El Estado Moderno fue incluido por su autor en los programas de sus cursos, como aquel que dio en la filial bahiense del CLES o el seminario que dictó en la UNLP a partir de 1958.
CONCLUSIÓN
En la caracterización trazada por Tarcus de la trayectoria de Frondizi a lo largo del período aquí tratado, su adscripción al leninismo tendió a quedar diluida. Respecto del vínculo entre el pasado liberal del líder del MIR-P y su visión marxista, más allá de reconocer ciertos “resabios elitistas y funcionalistas” (Tarcus 1996: 60), el historiador colocó el énfasis en aquellas virtudes que habrían sobrevivido de un paradigma teórico a otro. Así, la importancia otorgada a la cultura habría conducido a Frondizi a valorizar la dimensión subjetiva de la revolución socialista. El “liberalismo crítico”, en síntesis, lo habría predispuesto a un “marxismo crítico” (Tarcus 1996: 49; itálicas en el original).
En este artículo hemos analizado desde otra perspectiva el itinerario de Frondizi durante los años cincuenta. Hemos sostenido, concretamente, que el líder del MIR-P asumió una postura marxista-leninista de cuño filo-trotskista. En este período, en contraposición con el anterior, desenvolvió una actividad militante de forma constante, se vinculó con distintos partidos de izquierda y dirigió una organización marxista que buscó constituirse en el núcleo de un partido obrero revolucionario. Durante la segunda mitad de la década, además, pudo disfrutar de un crecimiento de su influencia en el movimiento estudiantil universitario y de la recuperación de una posición importante en el ámbito académico como profesor titular de cátedra. Su punto de vista político y teórico, sin embargo, conservó ciertas nociones de su formación intelectual como demócrata-liberal.
Creemos, en particular, haber demostrado que durante los años cincuenta Frondizi se identificó con el marxismo-leninismo en una clave próxima al trotskismo, al tiempo que defendió la necesidad de la dictadura del proletariado, pero también que ciertas posiciones políticas que había tenido en los años cuarenta, propias de un pensamiento inscrito en una matriz ideológica liberal, sobrevivieron y se manifestaron dentro de su nuevo punto de vista. En futuros trabajos trataremos de demostrar que esas mismas posturas volverán a adquirir primacía y centralidad en sus teorizaciones a partir de 1959.
REFERENCIAS
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