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<journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Revista Pilquen - Sección Ciencias Sociales</journal-title>
<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher" xml:lang="es">Rev. Pilquen, Secc. Cienc. Soc.</abbrev-journal-title>
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<publisher-name>Universidad Nacional del Comahue</publisher-name>
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<country>Argentina</country>
<email>revista.pilquen@curza.uncoma.edu.ar</email>
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<bold>La productividad de las emociones en espacios de trabajo industriales. El caso de la empresa cementera Loma Negra</bold>
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<italic>The productivity of emotions in industrial  workspaces. The case of Loma Negra factory</italic>
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<email>vickymarquinez@hotmail.com</email>
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<institution content-type="original">Grupo de estudio sobre familia, género y  subjetividades, Universidad Nacional de Mar del Plata, Consejo Nacional de  Investigaciones Científicas y Técnicas</institution>
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<copyright-statement>La aceptación del manuscrito por parte de la revista implica la cesión no exclusiva de los derechos patrimoniales de los autores en favor del editor, quien permite la reutilización, luego de su edición en papel (postprint), bajo licencia CC-BY-NC-SA. Se puede compartir, copiar, distribuir, ejecutar y comunicar públicamente la obra, siempre que: a) se cite la autoría y la fuente original de su publicación (revista, editorial y URL de la obra); b) no se usen para fines comerciales; c) la distribución se debe hacer con una licencia igual a la que regula la obra original. Todos los autores que publican en la Revista Pilquen Sección Ciencias Sociales deben aceptar los términos de publicación.</copyright-statement>
<copyright-year>2024</copyright-year>
<copyright-holder>Revista Pilquen. Centro Universitario Regional Zona Atlántica, Universidad Nacional del Comahue</copyright-holder>
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<title>Resumen</title>
<p>El  presente trabajo analiza el papel que adquiere la emocionalidad de las y los  trabajadores en el sector industrial, tomando como caso de estudio a la empresa  cementera Loma Negra. Poniendo el foco en el espacio, tanto en su diseño  material como en las significaciones que se construyen sobre él, se aborda la  forma en que la empresa vincula ambas dimensiones con el fin de beneficiar el  desempeño laboral. Asimismo, el espacio laboral puede evocar sentimientos no  planificados en las y los trabajadores. A partir de entrevistas, observaciones  y la lectura de expedientes judiciales, se pudo observar las múltiples  emociones que evoca el espacio material al mismo tiempo que habilita distintas  lógicas de control empresarial. En este sentido, a partir de las observaciones  realizadas en el complejo L’Amalí de Loma Negra, se definen dos espacios  opuestos que marcan diferencias y que se relacionan al puesto ocupado: la  planta productiva y el edificio central. Por otro lado, la compañía se conforma  como una infraestructura afectiva, sobre la cual interactúa la historia de la  empresa vinculada a la región de Olavarría y sus políticas empresariales con la  emocionalidad de los y las trabajadoras. Es así como, apelando a valores como  la familia, el progreso y la igualdad, las y los empleados de Loma Negra  establecen lazos emocionales con la empresa.</p>
</abstract>
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<title>Abstract</title>
<p>The present work analyzes the role that the  emotionality of workers acquires in the industrial sector, taking the case of  the cement factory Loma Negra. Focussing on the space, both in its material  design and in the meanings that are built on it, it examines how these two  dimensions are linked from the company to benefit job performance. Through  interviews, observations and reading of court files, it was possible to observe  the multiple emotions that the material space evokes and the logic of business  control that it enables. In this sense, based on the observations made in the  L'Amalí complex in Loma Negra, two opposite spaces are defined that mark  differences and are related to the position occupied: the production plant and  the central building. On the other hand, the company is formed as an emotional  infrastructure, on which the history of the company linked to the Olavarría  region and its business policies interact with the emotionality of the workers.  This is how, appealing to values such as family, progress and equality, Loma Negra  employees establish emotional ties with the company.</p>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Emoción</kwd>
<kwd>Industria</kwd>
<kwd>Espacio</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>Emotion</kwd>
<kwd>Industry</kwd>
<kwd>Space</kwd>
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<sec sec-type="intro">
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<p>
<disp-quote>
<p>En la mansión  Tartaruga, aunque sobran luces eléctricas, una oscuridad sofocante resulta  invencible.   Algunos  pasillos denotan no haber sido transitado por siglos.     La vitrina de  los frascos de perfume lleva al transeúnte a exóticos interiores africanos y  parisinos, a un mismo tiempo. Pachulí y Coty se confunden en ardiente abrazo.     La puerta principal, de madera tosca,  agrede a quien intenta oscilar la campanilla. Esa puerta, cerrada, ahoga;  abierta, muerde.</p>
<p>“Carbúncula”, Aurora Venturini</p>
</disp-quote>
</p>
<p>El camino que conduce a L’Amalí, el complejo cementero con mayor  capacidad productiva de Loma Negra, es agradable. El pavimento liso y pintado,  la señalización visible. Desde la localidad de Loma Negra -o Villa Fortabat-,  llegué en pocos minutos en un vehículo que contrastaba con la prolijidad  exterior. La portería y el tramo que caminé hasta la entrada del edificio  central del complejo, mantenían la meticulosidad en la jardinería, la pintura  del pavimento y la señalización. Mi primera impresión de L’Amalí fue buena  porque era un espacio en el cual me sentí a gusto y lo reafirmé al ingresar al  edificio: sus ventanales dejaban entrar la luz solar al amplio hall de entrada  y se reflejaba en el piso blanco. Asimismo, no fue solo la materialidad del  espacio lo que me hacía sentir bien; mi visita a L’Amalí contenía sentidos  propios que se expresaban en sentimientos optimistas vinculados,  principalmente, al avance de mi trabajo de campo. Siguiendo a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref19">Joan Nogué (2015)</xref>,  interactuamos emocionalmente con los lugares: los dotamos de significados y nos  despiertan sentimientos.</p>
<p>Los  espacios no solo están constituidos por su materialidad, sino que también son  construcciones sociales y culturales <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref19">(Nogué, 2015)</xref>.  Aunque el espacio puede diseñarse para generar determinadas emociones, los  sentimientos son modelados por los sentidos que cada persona le asigna al  lugar. Tomando el caso de la empresa cementera Loma Negra, este artículo  propone analizar cómo se combinan ambas dimensiones. Por un lado, al  constituirse hoy como una multinacional, Loma Negra pone énfasis en construir  una relación con las y los trabajadores basados en modelos científicos del  trabajo, donde el espacio es planificado para evocar ciertas emociones. Por  otro lado, sobre la empresa se anclan un cúmulo de significaciones vinculadas a  distintos hitos: su historia en la región de Olavarría, la estrecha relación de  Loma Negra con sus trabajadoras/es y, más en la actualidad, los programas de  inclusión de género que ejecutan desde el año 2020 y a partir de los cuales se  han empleado mujeres en puestos laborales que solo habían sido ocupado por  varones, como operarias. De esta manera, el objetivo de este análisis es  mostrar cómo ambas dimensiones se interrelacionan: si el espacio material apela  la emocionalidad, esta puede variar de acuerdo a los sentidos individuales que  se le asigna a dicho espacio.</p>
<p>Distintas  investigaciones mostraron la forma en que se vinculan los espacios de trabajo y  la emocionalidad de los y las trabajadoras. Es así como, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref12">Eva Illouz (2007)</xref>  señaló que durante el siglo XX surgieron técnicas específicas para aprehender y  manejar las emociones en el ámbito laboral; mientras que, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref8">Sabine Donauer (2013)</xref>  documentó cómo, desde la década de 1920, se registran prácticas científicas  para generar emociones de apego entre las y los trabajadores industriales y las  empresas. Estimulando las emociones adecuadas, el personal de la planta podría  aumentar su tolerancia a las adversas condiciones medioambientales de la  actividad industrial, como la exposición al calor, el ruido, la contaminación  y, más tarde, las complejidades de trabajar en la línea de montaje o con  maquinaria muy costosa. Por otro lado, el concepto de <italic>infraestructura  afectiva</italic> nos permite reflexionar “cómo se espacializan y (re)producen  emociones específicas a lo largo del tiempo” (Henderson, 2008, pp.  28 en <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref4">Bosworth, 2023</xref>, traducción propia).  En esta línea, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref25">Alice Street (2012)</xref>  repara en la superposición de capas de sentido en cada infraestructura. Si  estos espacios se pueden diseñar con el interés de generar determinadas  emociones, en la práctica se acumulan agregados no planificados. Así, se  moldean emociones características de cada espacio y contexto (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref2">Anderson &amp; Smith,  2001</xref>)</p>
<p>Siguiendo  estas investigaciones, el presente artículo aborda la forma en que se apela a la  emocionalidad de las y los trabajadores para favorecer su desempeño laboral.  Para esto, en primer lugar, se realizaron 6 entrevistas semiestructuradas de  forma virtual y presencial a personal de la planta L’Amalí de Loma Negra, entre  junio y octubre de 2022. En segundo lugar, para comprender el espacio donde las  y los trabajadores se desempeñan, se decidió acudir a la planta L’Amalí de la  empresa Loma Negra y realizar una observación participante, acompañando al  personal de recursos humanos como también a trabajadoras operarias que se  encontraban desarrollando sus tareas en la planta. Como sostiene <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref26">Loïc Wacquant (2006),</xref>  a partir de la observación y de la inmersión en un nuevo cosmos, se puede  impulsar “una sociología no sólo del cuerpo en el sentido de objeto, sino a  partir del cuerpo como herramienta de investigación y vector del conocimiento” (p. 16).  En este sentido, acudir a la planta nos permitió comprender los efectos  emocionales y materiales del espacio en el cuerpo. Además de que el complejo  industrial L’Amalí, al situarse a 9km de la localidad de Loma Negra y a 24km de  Olavarría, se inserta en la red de significantes locales construidos en torno a  la empresa, la planta fue remodelada y ampliada en 2021. Por este motivo,  analizar este espacio, recientemente rediseñado, nos da la oportunidad de  realizar un análisis actualizado.</p>
<p>Por  último, con la intención de ampliar la mirada, se decidió abordar la  conflictividad que se desencadena dentro de la empresa y construir un universo  de sentido en torno a Loma Negra a partir de expedientes judiciales. Así, se  analizaron 4 demandas por daños y perjuicios y 5 por despidos, todas iniciadas  por trabajadores contra la compañía. Si bien para el presente escrito se  menciona solo una, las causas judiciales me permitieron ahondar en la  centralidad que asume la gestión emocional de las y los trabajadores para la  empresa. Como sostiene <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref6">Romina Cutuli (2022)</xref>,  aunque las demandas se realizan de manera individual, reflejan la situación  colectiva debido a que los conflictos reproducen las características centrales  de la relación laboral. Asimismo, la repetición de conflictos muestra la  circulación de información entre trabajadores/as sobre cómo se lleva adelante  una demanda judicial. Además, retomando a la autora, la sentencia judicial es  un discurso que construye realidad.</p>
<p>El artículo se divide en tres apartados. En el primero,  se realiza un análisis de la distribución del espacio de L’Amalí. Poniendo  interés en la interacción entre espacio y emoción, se describe la disposición  del lugar teniendo en cuenta las diferencias que responden a los distintos  puestos laborales. Como se verá en este escrito, de acuerdo a las tareas  asignadas se observan distintas lógicas en el diseño del espacio y, con ello,  diferentes mecanismos control. Luego, en el segundo apartado, a partir del  Código de Conducta elaborado por la empresa, se aborda el guion emocional que  construye la compañía. De esta manera, se señalan las expectativas de la  empresa frente a la conducta y manejo emocional de sus trabajadores y  trabajadoras, tanto entre ellas/os como con Loma Negra. Por último, en la  tercera sección se reconstruye brevemente la historia de la empresa y los  diferentes sentidos que la atraviesan. Así, se analiza la intención de la  compañía en modelar la emocionalidad de sus empleados/as utilizando recursos  materiales y simbólicos.</p>
</sec>
<sec sec-type="cases">
<title>
<bold>“¿TOMANDO MATE?” EL ESPACIO COMO TECNOLOGÍA DE CONTROL</bold>
</title>
<p>El  edificio central de L’Amalí es una construcción de aproximadamente 90 metros de  largo y 20 de ancho, que funciona como ingreso a la fábrica. El hall de entrada  es amplio y luminoso. A la izquierda se encuentra una especie de mostrador que  separa el ambiente del área de recursos humanos. El diseño le permite al  personal de ese sector tener la amplitud visual hacia las principales vías del  edificio central: la entrada, los pasillos y la escalera que conecta cada  sector. A la derecha de la puerta de entrada hay una maqueta de la planta y  encima, colgados dos carteles con el nombre -en color negro- del personal que  se desempeña en la empresa. Solo nombres y apellidos, no explicitan puestos de  trabajo. En la lista hay 24 nombres en gris, son los trabajadores que se  emplean desde la apertura de la planta, hace más de 20 años: todos varones. En  L’Amalí, los escalafones se organizan en una pirámide de 4 niveles: en la base  se encuentran los y las operarias, le siguen analistas y luego coordinadores.  En la cúspide se posiciona el equipo de conducción, estos son: líderes y  gerente de producción.</p>
<p>Enfrente  de la entrada se eleva una escalera que se dirige hacia el ala derecha del  edificio. Del lado izquierdo de la planta alta, se encuentran los laboratorios  y el comedor, ambos espacios son visibles desde el exterior por sus  separaciones en vidrio transparente. Por su parte, en el ala derecha del  edificio se concentra el grueso de las y los trabajadores: en la planta alta se  encuentran las/os analistas, coordinadores, líderes y el gerente; en la planta  baja las/os operarios y sus coordinadores/as. El espacio de los/as analistas  -puesto ocupado mayoritariamente por profesionales de ingeniería- está dividido  por unos 32 cubículos amplios de dos personas cada uno. Cada uno contiene dos  computadoras, dos sillas y dos escritorios enfrentados. Son muebles bajos:  sentada en la silla logro ver la habitación completa.</p>
<p>El  espacio está abierto, desde el hall de entrada hasta este ambiente cuadrado no  existen puertas que los dividan. El pasillo al que se llega por la escalera  lleva a este lugar. En la entrada, del lado izquierdo hay una fotocopiadora de  uso común; del lado derecho, una sala de reuniones con una mesa grande y  ovalada.</p>
<p>Cuando  entro a esa sala, sobre la mesa quedan algunas facturas de la reunión anterior,  las sillas colocadas alrededor apuntan sensiblemente hacia el pizarrón y el  televisor colocados en el extremo donde se ubica la puerta de ingreso. En esa  habitación, un ingeniero industrial me enseña un video de seguridad a modo de  garantizar un uso seguro de la planta: caminar solo por áreas demarcadas;  cruzar por las sendas peatonales; prestar atención y dar el paso a los equipos  móviles; usar las barandas para subir y bajar escaleras; si fumo, hacerlo solo  en los espacios aptos; seguir a mi acompañante si suena la alarma; y usar los  elementos de seguridad personal (<xref ref-type="fig" rid="gf1">Figura 1</xref>).</p>
<p>
<fig id="gf1">
<label>
<bold>
<underline>Figura 1</underline>
</bold>
</label>
<caption>
<title>
<underline>Croquis del edificio central  de planta L’Amalí. E</underline>
</title>
</caption>
<alt-text>Figura 1 Croquis del edificio central  de planta L’Amalí. E</alt-text>
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<alt-text>Figura 1 Croquis del edificio central  de planta L’Amalí. E</alt-text>
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<attrib>
<underline>Elaboración propia.</underline>
</attrib>
</fig>
</p>
<p>De acuerdo con <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref10">Michel Foucault (2014 [1975])</xref>, el diseño arquitectónico es en sí mismo una tecnología de poder y de  disciplinamiento.<underline>
<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>
</sup>
</underline> Los espacios abiertos, las paredes de vidrio transparente y la cercanía  espacial entre el personal, aparentan una disolución del estatus entre sus  trabajadores/as. Al mismo tiempo, al igual que el panóptico descrito por el  autor, este diseño establece una vigilancia constante. La división en zonas  visiblemente marcadas permite atender las presencias y ausencias, mejorar la  comunicación y observar las conductas. Así, se organizan espacios que recortan  los territorios individuales, indican valores y demandan un uso eficiente del  tiempo y de los movimientos (Foucault, 2014 [1975]). En L’Amalí, también quedan bien delimitados los espacios jerárquicos  donde la mirada panóptica no llega. Las oficinas de los líderes se sitúan  rodeando los cubículos de les analistas. A diferencia de estos últimos, los  espacios del personal jerárquico tienen  un cerramiento de vidrio, con cortinas venecianas que permiten ocultar su  interior. Solo una no está cerrada por materiales transparentes, la del  gerente, la jerarquía máxima de la planta. Es la única oficina que no puede  visualizarse desde el exterior.</p>
<p>El  poder de la arquitectura no se limita a la vigilancia y el disciplinamiento;  también evoca o inhibe ciertas emociones. Como sostuve al inicio del artículo,  en la primera parte de mi recorrido por el edificio, la iluminación que entraba  por los ventanales y se reflejaba en el piso blanco y brillante del hall de  entrada, la limpieza y el orden de los distintos ambientes, me hicieron sentir  a gusto. Como afirma<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref8"> Sabine Donauer (2013)</xref>,  la arquitectura de los entornos de producción se diseñan para evocar y suprimir  ciertas emociones. Es así como los primeros desarrollos de la psicotecnia se  centraron en mejorar la calidad del trabajo fabril con el aumento de la  iluminación, la ventilación y la limpieza. Apelar a las emociones de las y los  trabajadores se vuelve fundamental en los trabajos industriales. Pero no se  apela en todos los espacios de la misma manera.</p>
<p>El  espacio de las y los operarios contrasta con el resto. Si, desde un punto  estético, el primero es luminoso y ordenado, el segundo es lo opuesto. La  habitación es oscura y desordenada. Hay algunas mesas largas y sobre ellas  guantes, anteojos y sordinas. La comodidad y la seguridad del trabajo también  difieren. Es así como, en el edificio puede regularse la temperatura y se  encuentran en condiciones de mayor seguridad que en la planta donde se  desempeñan las y los operarios, manipulando distintos tipos de máquinas y en  condiciones climáticas extremas. Si las y los trabajadores del sector de  oficinas y laboratorios es posible que sientan tedio y/o ansiedad por estar en  un espacio capaz de ser observado por otros; las y los operarios pueden experimentar  miedo o ansiedad ante el constante riesgo de sufrir un accidente, malestar por  el ruido de las máquinas o por el calor dentro de los silos, o tedio por subir  y bajar escaleras y caminar a lo largo de la planta de producción.</p>
<p>Esto da cuenta del rol activo de los espacios  como generadores o inhibidores de emociones y, en este sentido, es importante  destacar que en los espacios industriales se debe llevar a cabo un trabajo  emocional (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref11">Hochschild, 2012  [1983]</xref>). La incomodidad, el vértigo, incluso el miedo, deben ser suprimidos por  los y ñas operarias para lograr llevar a cabo su labor (Hochschild, 1979). En  palabras de Olga, una de las trabajadoras del área de producción, en referencia  a las primeras emociones que experimentó en este espacio: “una vez que te acostumbrás y  lo haces a diario, como que ese <italic>temor</italic> se vence enseguida”. El  acostumbramiento resuena en las otras entrevistas y, con esto, se observa cómo  la disonancia emocional que se presentaba al momento de iniciarse en este  trabajo -que exige la ejecución de tareas en espacios cerrados, con altos  volúmenes de ruidos y/o en altura-, va disminuyendo con el tiempo. Siguiendo a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref23">Monique Scheer (2012)</xref>,  las emociones son un tipo de práctica de un cuerpo consciente y sujeto de  sentimientos. Por este motivo, para comprender las emociones deben estar  situadas, es decir, debemos tener en cuenta al cuerpo, sus funciones y cómo son  moldeadas por sus hábitos.</p>
<p>Así  como el diseño de las máquinas son los que caracterizan el espacio y evocan  emociones, también marcan diferencias en torno a los dispositivos de control  que definen a cada espacio. A diferencia del edificio donde la arquitectura  permite la vigilancia de las y los trabajadores, en la planta son las máquinas las que marcan el  disciplinamiento de los cuerpos. La necesidad de supervisar constantemente el proceso productivo funciona  como el diseño arquitectónico del edificio: controla. En este sentido, la diferenciación  entre el personal del edificio y el de la planta queda clara al observar el uso  del comedor. Los y las operarias no solo son quienes están más alejados  del acceso al comedor, sino que no tienen la posibilidad de brindarle un uso  diario. Por un lado, solo acceden al servicio cuando trabajan en el turno de 6  a 14hs porque es un beneficio pensado para el personal con horario fijo. Por  otro lado, no se les permite permanecer en este espacio, ni siquiera mientras  almuerzan, porque no deben alejarse tanto tiempo de los equipos que supervisan.  Como señala Hernán Palermo (2015)  para el caso de los petroleros, se constituye una disciplina fabril,  característico de espacios masculinizados, donde el proceso productivo es el  que <italic>manda (</italic>
<xref ref-type="fig" rid="gf2">Figura 2)</xref>.</p>
<p>
<fig id="gf2">
<label>
<bold>
<underline>Figura 2</underline>
</bold>
</label>
<caption>
<title>
<underline>Vista de L’Amalí desde  Google Maps.</underline>
</title>
</caption>
<alt-text>Figura 2 Vista de L’Amalí desde  Google Maps.</alt-text>
<graphic xlink:href="347580387006_gf3.png" position="anchor" orientation="portrait">
<alt-text>Figura 2 Vista de L’Amalí desde  Google Maps.</alt-text>
</graphic>
<attrib>
<underline>Editada por la autora.</underline>
</attrib>
</fig>
</p>
<p>El personal de L’Amalí se divide en sectores  que raramente se cruzan. Aunque no existen barreras o dispositivos que  interrumpan la circulación, no suele haber interacción entre las distintas  áreas. Aquellos/as que se desempeñan en la cantera se quedan en esa zona;  quienes trabajan en las oficinas y laboratorios del edificio central muy pocas  veces salen a la planta, y el personal del área de producción no suele  interactuar con el del edificio central. Entre los que se desempeñan en la  planta, existe una división entre quienes lo hacen en calcinación y molienda y  quienes están en la embolsadora (ver <underline>
<xref ref-type="fig" rid="gf2">figura 2</xref>
</underline>). Esta última, según las palabras  de Juana<underline>
<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>
</sup>
</underline> -una operaria de este último sector- es <italic>un mundo aparte</italic>. Al  estar alejada del edificio central, no solo tienen instalaciones propias -como  vestuario y comedor- sino que el personal jerárquico no se acerca y, cuando lo  hace, están avisados de su llegada:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Quieras  o no, medio que pasás desapercibido, estamos medio en nuestro mundo aparte, eso  es lo bueno de embolsadora (…) El gerente no va a pasar porque sí ¿entendés?  Cuando va, te avisa, o lo vemos por la cámara que viene caminando. Pero todos  los que son líderes y eso, no van (…) calidad es justo  una de las áreas que considero más chotas.<underline>
<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>
</sup>
</underline> Está muy expuesta en la fábrica, todo el  mundo pasa, todo el mundo te está mirando… esos chicos que están ahí no se  pueden tomar ni un mate que no pasa algún tarado que dice “ah, boludeando”;  “ah, ¿tomando mate?” (Juana, 27 años, operaria).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Juana define al área de embolsado como  “nuestro mundo”, y con esto, expresa una apropiación de este espacio. En  contraposición, menciona a las y los operarios que se desempeñan en los  laboratorios de “calidad”, a la vista de los otros. La vigilancia es constante  y no les permite relajarse. Por otro lado, hace referencia a la posibilidad que  otorga el turno nocturno para establecer relaciones, no solo entre su equipo  dentro del área de embolsado, sino que también con otros y otras operadoras de  la planta. La ausencia de vigilancia y la disminución de las tareas nocturnas  -abocadas únicamente al control de las máquinas- permite al personal circular  libremente por el complejo y entablar conversaciones más distendidas y  extendidas. Estos vínculos se afianzan en los torneos de fútbol mixtos -cuyos  equipos coinciden con sus compañeras/os de turno- y en los asados y  celebraciones que organiza la empresa para ocasiones especiales.</p>
<p>Entonces, las características laborales de  las y los operarios adquieren otro matiz. El bienestar laboral se identifica  menos con las condiciones medioambientales que con sus relaciones sociales.  Como señaló <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref14">Mirta Lobato (2004) </xref>para las y los trabajadores de frigoríficos en la primera mitad del  siglo XX, las interacciones entre compañeras y compañeros de trabajo siguen  reconociéndose como la contención emocional necesaria para tolerar el trabajo  duro de la fábrica. Por su parte, más cercanas en el tiempo, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref9">María Inés  Fernández Álvarez y Florencia Partenio (2010) </xref>expusieron cómo, en el caso de las fábricas recuperadas de principios  del siglo XXI, el espacio fabril pasó a constituirse también como un <italic>espacio  de vida</italic>. Esta redefinición fue impulsada principalmente por la permeabilidad  que adquirió el espacio de trabajo frente a otros aspectos de la vida, como la  familia. De esta manera, como sucede en el caso de los y las operarias de Loma  Negra, la permeabilidad de las fronteras del espacio de trabajo puede  fortalecer los vínculos entre las y los trabajadores.</p>
<p>Estas relaciones pueden fortalecerse por el  debilitamiento de la vigilancia en este sector. Como sostiene <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref7">Michel De Certeau (2000)</xref>, entre la tecnología arquitectónica y las personas que la habitan media  una relación social que determina el uso del espacio. Las personas que se  encuentran dentro de estas redes de vigilancia se reapropian del espacio,  ejercen prácticas cotidianas que “juegan con los mecanismos de la disciplina” (De Certeau, 2000, p.  XLIV). La menor rigidez en el control de los movimientos, definen un <italic>cuerpo  flexible</italic> (Martin, 1996) que se opone al <italic>cuerpo dócil</italic> de Foucault (2014), pero que solicitan mayor identificación de les trabajadores con la  empresa (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref27">Wolkowitz, 2006</xref>). Como en otras multinacionales, el espacio laboral adquiere propiedades  -además de las estéticas- destinadas a la emocionalidad de las y los  trabajadores, con el fin de generar mayor satisfacción y mejorar el desempeño  laboral (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref8">Donauer, 2013</xref>;  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref22">Rukmini, 2022</xref>).</p>
</sec>
<sec sec-type="cases">
<title>
<bold>“CÓDIGO DE CONDUCTA”. NORMAS PARA LA EXPRESIÓN DE LAS EMOCIONES</bold>
</title>
<p>Al ingresar a Loma Negra, los y las  trabajadoras firman un Código de Conducta que reglamenta las relaciones  interpersonales en un marco ético-laboral que es alentado e incentivado por  distintos canales. Siguiendo a la empresa, esto intenta evitar “la <italic>alienización</italic> del personal en su relación para con la empresa, generando un fuerte sentido de  pertenencia” (Expediente N° 4312/2018. Tribunal de Trabajo N° 2,  Olavarría). De esta manera, la compañía fija algunas prácticas inadmisibles,  como actos de intimidación, ofensa o agresión que pueden resultar en la  desvinculación del personal, como le ocurrió a Osvaldo Marinelli y Darío  Lombardo. Cuatro días antes de que fueran despedidos el 8 de abril de 2016,  ambos se encontraban en su función de operarios en el turno nocturno cuando  Darío increpó a Osvaldo e iniciaron así una pelea física y verbal. Darío había  descubierto que Osvaldo, en enero de ese mismo año, utilizó la “Línea de Ética”  -que ofrece la empresa para realizar denuncias, inquietudes, consultas o  sugerencias de forma anónima- para denunciar que Darío robaba materiales de la  empresa. Como la investigación que se inició no pudo comprobar que a la  compañía le faltaran estos objetos, y aunque dos meses más tarde Osvaldo volvió  a acusarlo por la misma vía, la denuncia se desestimó (Expediente N°  OL 4312/2018. Tribunal de Trabajo N° 2, Olavarría).</p>
<p>El  caso de Osvaldo y Darío nos permite comprender cómo se utilizan y se reapropian  los mecanismos disciplinarios por parte de los y las trabajadoras (De Certeau, 2000).  En primer lugar, sin detenernos en la incógnita sobre cómo se enteró Darío de  la denuncia, se vuelve a poner de manifiesto que el comportamiento en el  horario nocturno se flexibiliza. En segundo lugar, podemos señalar la forma en  que se llevan a cabo <italic>tretas </italic>por parte de los y las trabajadoras. De esta  manera, se redefine el uso de un dispositivo diseñado desde la compañía para  ejercer mayor control para los propios intereses de los y las trabajadoras. Por  último, la necesidad empresarial de mantener un ambiente sin disturbios se  traduce en una expulsión de quienes no logran una gestión de las emociones  “adecuada”. En este caso, ambos fueron despedidos sin distinciones de quién o  por qué inició el disturbio.</p>
<p>La  empresa define un guion emocional que establece normas situacionales para la  expresión corporal (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref13">Irvine, 2006</xref>). Así, el Código de Conducta  “indica lo que la organización espera de cada Persona Alcanzada<underline>
<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>
</sup>
</underline> en las diferentes situaciones que estas pueden enfrentar en el trabajo o  actividad, o incluso fuera de ellos” (Expediente N° OL 4312/2018. Tribunal  de Trabajo N° 2, Olavarría, fs. 56). Es decir, no solo exige una “actuación  responsable” que respete la “buena convivencia” dentro del espacio laboral,  sino que pretenden que los mismos valores empresariales se extiendan a otros  ámbitos de la vida privada. Asimismo, así como se delinea la conducta esperada  entre las y los trabajadores, existen otras exigencias dentro del Código de  Conducta relacionadas al comportamiento emocional hacia Loma Negra. Exigiendo maximizar  el desempeño de la compañía, comunicar de manera transparente las políticas y  actividades de la firma y garantizar a los clientes la mejor calidad posible,  la empresa está solicitando su fidelidad. En este sentido, el guion emocional  de Loma Negra se construye culturalmente y exige a las y los trabajadores lo  que deben sentir y experimentar (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref16">Menon, 2000</xref>). </p>
<p>Es  así como, con los valores que alienta el Código de Conducta, Loma Negra  refuerza la identificación de la empresa como una gran familia. En esta misma  línea, las y los trabajadores son presentados de manera horizontal. Desde la  entrada del edificio donde cuelga la lista del “equipo de planta” por orden alfabético;  después con la cercanía espacial del personal jerárquico; luego, con el diseño  de los espacios comunes y, por último, con el uniforme. El personal de la  planta L’Amalí viste el mismo uniforme: pantalones azules con dos franjas  refractarias debajo de cada rodilla y una camisa celeste manga larga, con el  logo redondo de Loma Negra sobre el bolsillo izquierdo, a la altura del  corazón. Se percibe un esfuerzo de la compañía por no remarcar diferencias ni  jerarquías, pero se vislumbran desigualdades de género en el uso de los  espacios. En primer lugar, el personal de limpieza que se moviliza por la  planta está solo compuesto por mujeres que, al ser contratadas por una empresa  tercerizada, son las únicas que visten otro uniforme. En segundo lugar, en la planta  L’Amalí, no hay líderes ni gerentes mujeres. Por lo tanto, la toma de  decisiones y el uso de los espacios privados es exclusivo de los varones.</p>
<p>De  esta manera, al mismo tiempo que el espacio se muestra como horizontal y  familiar, funciona como tecnología de control y de diferenciación. Como se verá  a continuación, la horizontalidad que intenta representar la empresa puede  leerse como una reconfiguración de la familiaridad que caracterizó la relación  de Loma Negra con las <italic>villas obreras</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref17">Neiburg, 1988</xref>)  que se levantaban a un costado de sus fábricas. La historia de la empresa y el  papel que ocupó y ocupa en la región, como así también las acciones que se  llevan a cabo para reforzar una imagen positiva empresarial, pueden trastocar o  reforzar las emocionalidades que se intentan evocar en el diseño descrito.     </p>
</sec>
<sec sec-type="cases">
<title>
<bold>“AMALITA, TUS HIJOS ESPERAMOS TU APOYO”. LOMA NEGRA, UNA  INFRAESTRUCTURA INDUSTRIAL Y AFECTIVA</bold>
</title>
<p>A  fines de la década de 1990, Juana era una niña que vivía en Sierras Bayas, la  localidad donde se radicó la primera cementera del país, en manos de Compañía  Argentina de Cemento Portland. En 1992, un año antes de que ella naciera, la  fábrica fue adquirida por Loma Negra. La infancia de Juana está atravesada por  esta compañía: su padre era operario de esta planta y, junto a su familia,  participaba de todas las actividades que la empresa organizaba para sus  trabajadores. Así lo narra ella:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Mi vida está vinculada a la fábrica. Yo a la  fábrica la conozco de chica, porque... viste que se hacen estos días: “Dia de  la Familia”, evento donde vos, persona que trabaja, podes llevar a tu familia a  conocer la fábrica y… he ido millones de veces. Todo lo que es social, que  tiene la fábrica, de ir a “hacer el bien”, de “dos días de tu futuro”, cosas  así, mi papá siempre participaba así que participábamos todos… digamos, tengo  una conexión con la fábrica importante (Juana, operaria, 27 años).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Sierras Bayas se ubica a 15km de Villa Fortabat y a 20km  de Olavarría. En Villa Fortabat, la relación con la empresa es muy estrecha.  Fundada en 1927 junto a la primera fábrica de cemento de Loma Negra, la villa  fue construida por Alfredo Fortabat para los trabajadores que llegaban a su  fábrica. Al igual que otras villas obreras, se construyeron lazos entre las y  los vecinos y Fortabat que fueron identificados como los de una “gran familia” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref18">Neiburg,  1990</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref21">Palermo, 2017</xref>). En 1976,  la relación entre la comunidad de la Villa y la empresa se vio transformada  luego de la muerte de Alfredo Fortabat. Al mismo tiempo que su viuda, Amalia  Lacroze, tomaba el control de la compañía, Loma Negra recibía las primeras  demandas por daños en la salud de trabajadores que sufrían silicosis.<underline>
<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>
</sup>
</underline> Los vínculos que Amalita mantenía con la cúpula militar, no solo le fueron  útiles para que Loma Negra se viera económicamente beneficiada durante el  período dictatorial, sino que también hubo referentes del sindicato, abogados,  delegados u obreros de Loma Negra que, luego de reclamar por los riesgos que  suponía el trabajo en la cementera, sufrieron detenciones, secuestros, torturas  y desapariciones (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref24">Seoane  &amp; Caballero, 2015</xref>).</p>
<p> Para la década de 1990, aunque la relación  entre las/os habitantes de Villa Fortabat y la empresa había sufrido grandes  transformaciones, la identificación de la empresa como una familia se mantenía.  De esta manera, durante las protestas de las y los trabajadores contra la  supresión de la “gratificación a la veteranía”<underline>
<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref>
</sup>
</underline>, las  pancartas anunciaban: “Amalita, tus hijos esperamos tu apoyo. No nos  defraudes”; “Amalita, no nos quites el pan a tus hijos como lo mencionás cada  aniversario”; “Don Alfredo, ¡cómo lo extrañamos, qué herencia nos dejó!”.  Aunque el beneficio fue otorgado por Amalita meses después del fallecimiento de  Alfredo, algunos trabajadores y trabajadores distinguían y oponían las figuras  de Amalia y Alfredo, siendo este último identificado como leal con las y los  empleados (Expediente N° 2008/2013. Tribunal de Trabajo N° 2, Olavarría) (<xref ref-type="fig" rid="gf3">Figura 3</xref>).</p>
<p>
<fig id="gf3">
<label>
<bold>
<underline>Figura  3</underline>
</bold>
</label>
<caption>
<title>
<underline> Locación en Google Maps de Villa Fortabat.</underline>
</title>
</caption>
<alt-text>Figura  3  Locación en Google Maps de Villa Fortabat.</alt-text>
<graphic xlink:href="347580387006_gf4.png" position="anchor" orientation="portrait">
<alt-text>Figura  3  Locación en Google Maps de Villa Fortabat.</alt-text>
</graphic>
<attrib>
<underline>Editada por la autora.</underline>
</attrib>
</fig>
</p>
<p>En  2005 la compañía se vendió, con sus 9 fábricas y la concesión del ferrocarril  de carga Ferrosur, a Intercement, una compañía del grupo brasileño Camargo  Correa. El cambio de dueños produjo un segundo quiebre que adquiría un carácter  simbólico: Loma Negra ya no estaba en manos de la familia Fortabat; pero  también material, ya que la multinacional dejó de hacerse cargo de beneficios  que Amalia mantenía. Sin embargo, la relación entre los Fortabat y la empresa  no quedó solo en el recuerdo. Si la actividad económica de la localidad sigue  sustentándose en gran parte por la actividad de la cementera, la figura del  matrimonio Fortabat, pero especialmente de Amalita, se mantiene presentes en  L’Amalí. En mi visita a la planta, durante la presentación de Sergio, el  empleado encargado de guiar la primera parte de mi recorrido, se refería de  esta manera a la que había sido conocida como “la reina del cemento”:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Amalia  Lacroze de Fortabat, ¿la escucharon hablar? Sí... [confirman al unísono mis acompañantes]. Bueno, ella, en muy poco  tiempo cuatriplicó las ventas, tenía una visión muy importante, manejaba muy  bien el grupo cementero, eh... en un momento lo quiso dejar a cargo a los  nietos, a dos nietos, que se hicieron cargo por unos años de la compañía, y a  través de eso, después decidió venderlo (Sergio, empleado y guía de la visita a  Loma Negra).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Aunque  no hace referencia al vínculo entre Amalia y el nombre de la fábrica en la que  estamos situadas/os, sí destaca positivamente el rol de la empresaria en la  historia de Loma Negra, por sobre la figura de Alfredo y de Intercement. La  imagen de los Fortabat, pero especialmente la de Amalita, personaliza la  empresa al mismo tiempo que le brinda una identidad local. Llama al público a  recordarla, y con su imagen puede que evoquen emociones ligadas a un pasado  familiar. La identidad local empresarial traspasa las fronteras de Villa  Fortabat. Actualmente, la posibilidad de ser parte del equipo de Loma Negra se  especializó, ya no alcanza con vivir en la villa o ser familiar de un empleado.  La distancia no es un problema: las y los trabajadores son recogidos por un  vehículo de la empresa que puede pasar por sus propios domicilios -en el caso  de operarias/os - o por puntos de encuentros en las principales avenidas de  Olavarría.</p>
<p>Loma  Negra contiene un gran cúmulo de sentidos que generan emociones de acuerdo a  las historias y experiencias individuales. Si puede generar sentimientos en  torno al recuerdo de una infancia ligada a la empresa debido a un padre  empleado de la compañía, también puede evocar otros asociados al rol que la  empresa desempeñó en la última dictadura militar; al hecho de ser una de las  primeras empresas masculinizadas en tomar mujeres en puestos manuales; o,  simplemente por constituir una posibilidad de obtener un empleo formal en una  multinacional.</p>
<p>Juana  además del vínculo con su familia y su infancia, estableció otros lazos  emocionales con la empresa. A sus 25 años se incorporó a L’Amalí como operaria,  siendo parte de la segunda camada de mujeres que ingresaron a este puesto. Esto  se debe a que, en 2020, L’Amalí funcionó como prueba piloto para la inserción  de mujeres en puestos manuales, los cuales siempre habían sido ocupado por  varones. Por lo tanto, no solo comenzó a trabajar en la empresa en la que  trabajó su padre, sino que, sin expectativa alguna de poder insertarse en Loma  Negra, tras este proyecto pudo conseguir un empleo formal y, según su propia  percepción, bien remunerado. Puede que por todo esto, se emocione al narrar la  historia de su compañera, “la Pao”:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>[La Pao] trabajaba en el servicio de  limpieza (…) conoce la fábrica desde el día cero, porque está ahí hace 20 años.  Y siempre su sueño era trabajar en la fábrica, su sueño era trabajar en la  fábrica, ella quería trabajar, quería trabajar. Y de recursos humanos le  dijeron que si terminaba la secundaria, la tomaban. Así que la loca con  cuarenta y, dos, cuarenta y tres años, se puso a estudiar el secundario y  terminarlo, y hoy está trabajando como una operaria más. Y, o sea, es re <italic>guasa</italic>,  vos decís, “la Pao es un personaje”, te va a mandar a cagar, habla así todo  “eh, amigo”, pero la loca se adaptó a la fábrica, está aprendiendo un montón… o  sea, le cuesta un montón obvio, porque no está acostumbrada a estar con cosas  mecánicas, pero la loca agarró viaje enseguida, súper trabajadora, porque no  quiere quedar mal, entonces se re preocupa mal, y nada, para mí un ejemplo  excelente de superación [se  le corta la voz y se le ponen los ojos llorosos] (Juana, operaria, 27 años).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>El  relato de la trayectoria de su compañera, está cargada de emociones. El  disparador de esta narración fue la maternidad, hablábamos sobre quiénes de sus  compañeras eran madres. Entonces, el inicio de su trayectoria sitúa a “la Pao”  como una madre, sin estudios secundarios finalizados y trabajadora de limpieza.  La idea que se filtra, detrás del relato, es que la empresa le dio una  oportunidad y ella la supo aprovechar. La edad es otra variable que se destaca  en el relato. Teniendo en cuenta que Juana y muchas de sus compañeras  ingresaron a Loma Negra aproximadamente los 24 años de edad, el hecho de que  “la Pao” finalizara sus estudios secundarios luego de los 40 años para  desempeñarse como operaria, es otro logro en sí mismo. Si este hecho se  recupera como un acto de humanidad por parte de la compañía, también se utiliza  para señalar que con esmero se puede progresar -utilizando el término de  Juana-, aun cuando interseccionan diferentes desigualdades en el cuerpo de la  persona. Por otro lado, es importante señalar la valoración que reviste al tipo  de trabajo realizado. El progreso es marcado, en este caso, como una  trayectoria que parte de un trabajo feminizado -y leído como no cualificado- a  un trabajo masculinizado y cualificado (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref15">Martin 1996</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref20">Palermo 2015)</xref>.</p>
<p>Es  así como L’Amalí apela a una emocionalidad que se apoya en valores como la  familia, el progreso y la igualdad. Asimismo, las posibilidades que narra Juana  no se extienden a todo el personal. L’Amalí es una planta que no tiene personal  sindicalizado. La mediación del  sindicato se percibe como un agente de conflictividad por parte de Recursos  Humanos. En oposición, se configura -según el discurso de esta área- una  simplificación de la dinámica laboral al interior de la planta debido a la  ausencia de un tercero actuando como mediador.</p>
<p>La organización del trabajo dentro de L’Amalí  toma algunas de las características descriptas dentro del Sistema Toyota de  Producción: la disminución de la mano de obra requerida, la multifuncionalidad  de sus trabajadores y la horizontalidad entre su personal (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref1">Álvarez Newman, 201</xref>2;  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref3">Battistini &amp; Wilkis, 2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref5">Coriat, 1992</xref>). Especialmente, el sistema toyotista se constituyó como una nueva  tecnología de gestión del trabajo, en donde la construcción de una identidad  conjunta, entre empresa y trabajador, es fundamental. La ausencia de  sindicalización, también es una característica de este sistema, que ayuda a  mantener los conflictos al interior de la firma. En el discurso de Sandra, la  Coordinadora de Recursos Humanos de la planta, se vislumbra el vínculo entre la  horizontalidad con la desvaloración del rol del sindicato:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>La  gente acá no está sindicalizada, no nada, tiene la puerta abierta para venir a  hablar con cualquiera de nosotros, con recursos humanos, con los jefes, es otro  clima el de acá. (…) Entonces, fundamental la comunicación, el trabajo en  equipo es clave, nadie trabaja solo, todos somos uno, y trabajan por célula,  todos son polifuncionales con foco en mantenimiento. Es decir, que, si éste  falta, este lo reemplaza, ¿entendés? [señalando dedos de la mano]. Y viceversa. Además, acá está creada una estructura, en  cualquier área, que tienen carreras. No es que, como antes que el operario  entraba y moría, moría por decirlo así, o se jubila en el mismo puesto, acá no  (Sandra, Coordinadora  de Recursos Humanos de la planta L’Amalí).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>La posibilidad de crecer jerárquicamente, el  trabajo en grupo y la libertad de movimiento en el espacio de trabajo, son  factores que hacen más amigable el ambiente. En L’Amalí se verifica, como han  mostrado otras investigaciones (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref3">Battistini &amp;  Wilkis, 2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347580387006_ref14">Lobato, 2004</xref>),  que las y los trabajadores no ven al espacio fabril como desprovisto de  valores, sino que lo dotan de estos de acuerdo a sus historias y aspiraciones.  De esta manera, la organización empresarial conforma un espacio donde se pueden  anclar emociones -hacia la firma y sus compañeras/os- y proyectos de vida. Pero  este espacio se encuentra bien delimitado para un  tipo de personal que no esté sindicalizado y que pueda gestionar sus emociones,  ante las condiciones laborales y ante sus compañeros/as.</p>
</sec>
<sec sec-type="conclusions">
<title>
<bold>CONCLUSIONES</bold>
</title>
<p>A  lo largo de este artículo, se ha hecho hincapié en la función del espacio como  evocador de emociones. En este sentido, se señaló cómo Loma Negra fue diseñada  para evocar ciertas emociones que mejoren la productividad de las y los  trabajadores. Esto deja expuesto la centralidad que toman las emociones también  en los espacios industriales. Como se decía al principio, si la materialidad  del espacio puede generar emociones, los sentidos individuales que se conforman  en torno a este pueden fortalecer los sentimientos que se desea evocar o, por  el contrario, disuadirlos.</p>
<p>A  partir del caso de L’Amalí se pudo observar, por un lado, la forma que el  espacio puede conformarse como una tecnología de control. Como se señaló en el  primer apartado, las lógicas de vigilancia cambian de acuerdo al puesto laboral  ocupado. Si varía según la jerarquía, también por el espacio donde las y los  trabajadores se desempeñan. Mientras aquellos/as que realizan sus tareas en el  edificio central pueden ser observados/as constantemente gracias al diseño  arquitectónico; para quienes llevan a cabo su jornada laboral en la planta, es  el cuidado constante de las máquinas lo que traza su disciplina. De esta  manera, las formas en que la empresa apela a la emocionalidad varían: entre las  y los primeros, las condiciones estéticas del espacio se vuelven más  importantes; entre los y las segundas, su complacencia se ubica en mayor medida  en la relación con sus compañeras y compañeros. En ambos casos, lo que habilita  estas lógicas es el diseño del espacio.</p>
<p>En  segundo lugar, se señaló cómo la empresa construye un guion emocional a partir  del cual delimita las expresiones emocionales adecuadas. Apelando a la  fidelidad y el buen trato entre las y los empleados, quienes no se ajustan al  guion son expulsados/as. Por otro lado, pensar a L’Amalí como una  infraestructura afectiva nos permitió comprender cómo interactúa la historia de  la empresa y sus políticas empresariales con la emocionalidad de los y las  trabajadoras. Así, aunque la empresa ahora esté en manos de un grupo económico  extranjero, se sigue acudiendo a la figura del matrimonio Fortabat para evocar  cierta emocionalidad local. Además, apelando a valores como la familia, el  progreso y la igualdad, las y los empleados de Loma Negra establecen lazos  emocionales con la empresa. Asimismo, la configuración de estos valores no  aglutina a todos y todas las trabajadoras. Algunos/as se encuentran excluidos,  especialmente si tienen participación sindical o si no llevan a cabo una  gestión emocional acorde a los principios empresariales.</p>
<p>Para  terminar, el análisis realizado en este artículo muestra cómo se establece una  interacción entre el diseño del espacio y los sentidos que las y los  trabajadores le otorgan a la empresa. Por un lado, el diseño arquitectónico y  las normas y los dispositivos de control, evocan e inhiben sentimientos, pero  también establecen un marco para la interacción social. Por otro lado, los  sentidos que se le asignan a la empresa se relacionan a la historias  individuales y colectivas que se construyen dentro de los espacios mencionados.  Ambas dimensiones interactúan y otorgan sentidos al espacio de trabajo.</p>
</sec>
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<bold>REFERENCIAS</bold>
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<label>1</label>
<mixed-citation publication-type="journal">1. Álvarez Newman, D. “El Toyotismo como sistema de flexibilización de la fuerza de trabajo: Una mirada desde la construcción de productividad en los sujetos trabajadores de la fábrica japonesa (1994-2005)”. <italic>Si Somos Americanos</italic>, 12(2), 2012, 181-201. <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://doi.org/10.4067/S0719-09482012000200008">https://doi.org/10.4067/S0719-09482012000200008</ext-link>
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<surname>Álvarez Newman</surname>
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<article-title>“El Toyotismo como sistema de flexibilización de la fuerza de trabajo: Una mirada desde la construcción de productividad en los sujetos trabajadores de la fábrica japonesa (1994-2005)”.</article-title>
<source>Si Somos Americanos</source>
<year>2012</year>
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<label>2</label>
<mixed-citation publication-type="journal">2. Anderson, K., &amp; Smith, S. J. “Editorial: Emotional geographies”. <italic>Transactions of the Institute of British Geographers</italic>, 26(1), 2001. 7-10. <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://doi.org/10.1111/1475-5661.00002">https://doi.org/10.1111/1475-5661.00002</ext-link>
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<article-title>“Editorial: Emotional geographies”</article-title>
<source>Transactions of the Institute of British Geographers</source>
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<title>Notas</title>
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<label>1.</label>
<p>La disciplina, según este autor, se trata de  “los métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo,  que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación  de docilidad-utilidad”(Foucault, 2014, p. 159)</p>
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<label>2.</label>
<p>Para proteger la identidad de entrevistadas/os  y demandantes (en el caso de expedientes judiciales), se cambiaron sus nombres.</p>
</fn>
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<label>3.</label>
<p>Modismo que hace referencia a que alguien o  algo es malo.</p>
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<fn id="fn4" fn-type="other">
<label>4.</label>
<p>Según define el Código de Conducta, las  Personas Alcanzadas son las y los empleados de Loma Negra como también aquellos  que brindan servicios tercerizados.</p>
</fn>
<fn id="fn5" fn-type="other">
<label>5.</label>
<p>La silicosis es una enfermedad respiratoria  producida por la inhalación de partículas de sílice, presentes en el dióxido de  silicio que se emplea en la producción de cemento portland; produce dificultad  respiratoria y es irreversible.</p>
</fn>
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<label>6.</label>
<p>La gratificación a la veteranía es un  beneficio económico que se entregaba a todo el personal tras cumplir cierta  cantidad de años al servicio de la empresa. Desde 1979 hasta 1997 el beneficio  se abonaba a partir de los 20 años de antigüedad y se replicaba cada 5 años. El  monto aumentaba en proporción a la antigüedad. A partir de 1997 el beneficio se  limitó al otorgamiento de un montón fijo de $3.000 al cumplir 25 años de  antigüedad.</p>
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