Notas y Documentos

Merideñidad

Jóvito Valbuena Gómez
Universidad de Los Andes, Venezuela

Merideñidad

Revista Geográfica Venezolana, vol. 59, núm. 2, pp. 466-475, 2018

Universidad de los Andes

1. Merideño y merideñidad. Identidad y sentido de pertenencia

Gentilicio es adjetivo que denota relación con la nación, patria o localidad. Merideño es relativo o gentilicio de Mérida. Merideñidad es la condición o cualidad de ser merideño por cuanto la palabra se forma con el sufijo latino dad o idad, cuyo significado es cualidad (Real Academia Española, 1992).

Como los gentilicios se relacionan con la toponimia o nombre de lugares y éstos se localizan y pertenecen a un determinado territorio debidamente delimitado y sujeto políticamente a una autoridad o gobierno, se establece una relación geográfica y político territorial entre gentilicio, toponimia y territorio.

Además, como los lugares y el territorio como un todo tienen sus propios paisajes, es decir cualidades y características específicas entrelazadas con sus habitantes, la relación geográfica se amplia y enriquece con el comportamiento, actividades y costumbres de los habitantes y todas juntas contribuyen a definir la identidad o sentido de pertenencia de los pueblos, cualquiera sea su escala: local, regional, nacional.

Es decir, la identidad con el lugar donde se nace o espacio donde se viva crea en las personas un sentido de pertenencia, de relación muy estrecha que se traduce como amor al terruño o a la patria chica que, a su vez, se traduce en respeto al ambiente, a las personas y a las leyes que los rijan (Valbuena, 2010; 2014 y 2014a)

2. Localismos

Como el topónimo Mérida tiene la particularidad de ser el mismo de la identidad federal ‘Estado Mérida’, la merideñidad no sólo se identifica con la ciudad capital Mérida, sino con todo el territorio merideño, aunque el mismo se divide en veinte y tres municipios y tiene una extensa toponimia con sus correspondientes gentilicios, identidades locales y particularidades específicas denominadas geográficamente ‘localismos’.

Por razones de proximidad o contacto con el ambiente y entorno social, los localismos suelen sentirse con mayor fuerza porque los habitantes, en su permanente convivencia con territorio, paisaje, familia y trabajo, crean su propia historia, costumbres e intereses. Los geógrafos Francisco González (2001) y Elías Méndez (1997) han escrito sobre el tema bajo la denominación de ‘lugarización’ y en el desarrollo del pensamiento geográfico, el geógrafo francés Vidal de La Blache desarrolló la Geografía de los Lugares (Valbuena, 2014a).

Lo mismo suele ocurrir con el apego de las personas al barrio, al sector urbano donde se ha vivido por mucho tiempo, por cuanto se van tejiendo relaciones de todo tipo y naturaleza, cuya fuerza de atracción suele ser superior a la de la ciudad entera.

Es decir, en determinadas circunstancias, la ‘identidad domiciliaria o vecinal’ o la que se corresponde con la estructura urbana de la ciudad puede ser más fuerte que la perteneciente al conglomerado urbano unido. Numerosas personas se eternizan dentro de su barrio y construyen su propia identidad local. Es fácil encontrar gente de mediana formación que desconoce a la ciudad, su historia, su simbología, sus atractivos, etc. y por tanto no corresponden a la identidad merideña. Aunque sean grupos minoritarios tiene validez su diferenciación.

Mérida tiene identidad local y regional, ciudad y territorio estadal, pero la regional la limitan las identidades locales, pues cada una tiene su historia, su geografía y ambiente local cuya reciprocidad hombre espacio se particulariza, por cuanto es el entorno próximo a la persona el de mayor fuerza en el amor a la tierra, aspiraciones para progresar, familia y costumbres. Por ejemplo, la tovareñidad (de Tovar) y zedeñidad (de Zea) son localmente más fuertes que la merideñidad que todos obviamente sienten, pero que por razones de distancia pasa a segundo plano.

Ampliando aún más la explicación y los ejemplos se puede decir que todos los habitantes del estado Mérida son merideños, aunque se identifiquen localmente con sus correspondientes topónimos. Un paramero de Mucuchíes o un tierrallanero de El Vigía sienten propios todos los atributos de la merideñidad, por cuanto al nacer se registraron civilmente como pertenecientes al estado Mérida, cantaron en la escuela el himno del estado, conocieron su historia y geografía y se relacionan permanentemente con la capital Mérida, pero por tener historia, territorio, paisaje, costumbres, instituciones, problemas y símbolos propios en la cotidianidad se apegan más a su tierra natal y plantean sus propios proyectos de desarrollo.

3. Relación toponimiaterritorio-paisaje

De acuerdo con lo anterior, en la multiplicidad de relaciones geográficas, la relación toponimiaterritorio - paisaje es la fundamental en la definición de la identidad y sentido de pertenencia de los pueblos.

La toponimia, por cuanto cada lugar tiene un nombre propio del cual se deriva el gentilicio correspondiente y, además, porque son los propios habitantes del lugar quienes deciden la denominación de su localidad y territorio de acuerdo a las características del paisaje, vocación especial a un santo (hagiotopónimos), reconocimiento a personas (epónimos) u otras razones que lo justifiquen. Ejemplo de topónimos: ciudad y estado Mérida, río Mucujún, pico Bolívar, sector San Jacinto; parroquias: El Llano, Mariano Picón Salas; municipios: Libertador, Alberto Adriani, Zea (Valbuena, 2009; 2014).

El territorio porque tiene límites políticos y leyes propias que otorgan socialmente derechos de propiedad y sentido de pertenencia. Cada individuo al nacer se identifica y registra en libros; es decir, obtiene legalmente su cédula de identidad que lo acredita como ciudadano con todos los derechos y deberes con respecto a su territorio municipal, estatal o federal y nacional. Por ejemplo, una persona nacida en la parroquia Montalbán del municipio Campo Elías, capital Ejido, del estado Mérida, es legal y simultáneamente ejidense, merideño y venezolano.

El paisaje natural o cultural por medio de sus atractivos o particularidades específicas o ambientales también tiene su identidad definida por un topónimo que determina el gentilicio. Así, paisaje y gentilicio refuerzan la identidad y sentido de pertenencia de los pueblos hasta darles carácter de virtud, pues hacen que las personas se arraiguen y amen a su terruño natal, mucho más que a otros espacios donde eventualmente vivan.

Además, como los pueblos al ceñirse al lugar y territorio evolucionan, usan sus recursos naturales y asumen comportamientos y actividades propias cada uno de ellos tiene su propia historia, símbolos, tradiciones y costumbres. En el caso de Mérida y de manera amplia, vale decir que todo lo relacionado con el territorio merideño y sus múltiples relaciones espaciales, geográficas, sociales, políticas, históricas y culturales en cuanto al ambientepaisaje- población-símbolos del estado-instituciones- lenguaje-trabajo-costumbres-tradiciones- gobierno-gastronomía-absolutamente todo es merideño y, por tanto, todo pertenece y conforma la merideñidad.

No obstante, para estudio y mejor comprensión de este conjunto de elementos y factores es válida su agrupación, según la percepción de los habitantes e instituciones que los conforman, así como del analista que se interese en ello.

En consecuencia, en este foro sobre Andinidad, los elementos de la merideñidad se agrupan y diferencian en: merideñidad histórica, política y religiosidad festiva folclórica, merideñidad geográfica y turística; uso agrícola de la tierra, artesanía y gastronomía.

4. Merideñidad histórica, política y religiosidad

4.1 La ciudad de los caballeros de Mérida

Mérida fue fundada por Juan Rodríguez Suarez en 1558, con el nombre de Ciudad de Santiago de los Caballeros de Mérida para honrar al apóstol patrón de su ciudad natal en España. Los merideños de antaño y hogaño hasta por lo menos el segundo tercio del siglo XX, mientras la ciudad se hacía cosmopolita, especialmente por número e influencia de población estudiosa y turística que viene de todo el país y el exterior, se manifestaban orgullosos de haber nacido en la Ciudad de los Caballeros y trataban de comportarse ‘caballerosamente’ en todas partes y lugares, tal como rezan las normas de urbanidad del Manual de Carreño (1853), texto obligado en la escuela y practicado en familia.

En el orgullo histórico del merideño tiene cabida el significado etimológico del término Mérida, derivado del latín meritum o mérito por lo cual los gentilicios merideño y emeritense significan persona de méritos o meritoria. El lingüista profesor de la Universidad de Los Andrés, Márquez Carrero, escribió extensa obra sobre el origen del término Mérida, historia, lengua y folclore de Mérida, acuñando para identificarse a sí mismo el término ‘emeritólogo’ que significa persona dedicada al estudio de Mérida y la merideñidad.

Hay dos hechos históricos políticos relevantes para los merideños. Primero, Mérida es una de las siete provincias que se sumaron a la declaración de la independencia nacional el 19 de abril de 1810. Por lo tanto, los símbolos patrios del estado Mérida: himno, escudo y bandera representan y enaltecen tal hecho histórico. Una de las estrofas del himno canta así: “porque fue una de las siete provincias que ganaron la heráldica estrella”. El escudo del estado reseña la fecha 16 de septiembre de 1810, por cuanto oficializa el apoyo a la causa independentista. La bandera del estado simboliza también la misma gesta con una estrella roja. Y al norte de la ciudad, frente al cuartel militar, se levantó, se dice que por primera vez en Venezuela, una columna que glorifica la valentía emancipadora.

Segundo, Mérida es la ciudad que primero otorga oficialmente el título de El Libertador a Simón Bolívar en junio de 1813 a su paso por la ciudad, en plena Campaña Admirable. Hoy día tal hecho se recuerda, especialmente en las escuelas, mediante obras teatrales o desfiles alusivos presididos por jinetes que representan a Simón Bolívar y su séquito de soldados. Igualmente, la Plaza de Las Heroínas, ubicada al lado de la primera estación del teleférico, cuyo entorno se ha convertido en centro turístico de primera línea para la ciudad, representa el apoyo de las mujeres merideñas a la campaña libertadora.

Estos dos hechos, por su fuerza histórica y política, son obviamente altamente significativos para la merideñidad y por ello, en algunas ocasiones, de celebraciones oficiales en la ciudad son los únicos elementos que se destacan. Tal vez ello también se deba a que son los historiadores o historiógrafos y políticos los que han prestado mayor atención al estudio de la merideñidad.

En la educación y comportamiento del merideño contribuyó y contribuye de manera especial la Iglesia católica mediante la fe religiosa, la educación familiar, la existencia del Seminario San Buenaventura, cuna primigenia de la Universidad de Los Andes, las muchas iglesias, colegios y otras instituciones que tiene en la ciudad y en toda la arquidiócesis merideña.

Recientemente, el 10 de octubre, en conversatorio que tuvo lugar en el Museo Arquidiocesano con motivo de la celebración del XXXI Aniversario Episcopal y 70 años de vida del prelado Mons. Baltasar Enrique Porras Cardoso que precisamente ha sido un ferviente defensor de la relación iglesia - ciudad - universidad, varios de los oradores nominados reconocieron la impronta histórica de la Iglesia en la ciudad, el estado Mérida y la cultura merideña, es decir en la merideñidad.

La Universidad de Los Andes, en hermandad recíproca con la Iglesia y la ciudad, desde la fundación del Seminario San Buenaventura por el Obispo Ramos de Lora en 1875, y luego en 1810 oficialmente elevada a categoría de universidad por La Junta Patriótica de Mérida y Simón Bolívar, ha hecho otro tanto y juntas, universidad e iglesia, son el motivo de la expresión “Mérida es una universidad con una ciudad por dentro”, estampada por ‘el escritor merideño más universal’ Mariano Picón Salas (1987). La frase picónsaliana contiene tanta verdad y fuerza que no deja de citarse en toda ocasión y discurso en que se hable de la relación universidad - ciudad - iglesia y su vigencia se hará eterna porque todas tres crecen bajo el amparo consciente de las respectivas autoridades universitarias, municipales y eclesiásticas.

En artículo sobre la merideñidad, que se encuentra por redes sociales, titulado: Dr. Pedro Pineda León, Paradigma de la Merideñidad, en la introducción se cita al Dr. Humberto Ocariz por semblanza que había escrito sobre su amigo el Dr. Pedro Pineda León diciendo que “en él se resumen las características del típico merideño: vida familiar, social y profesional apuntalada por la tranquilidad y la responsabilidad rica en éxitos” valga decir del merideño culto, decente, caballeroso y amable en el trato en todo momento y lugar.

Entre líneas de la cita anterior puede hallarse una verdad sobre la idiosincrasia del merideño común, que la filosofía popular del siglo pasado la colocó en una expresión comparativa de la personalidad y comportamiento de los andinos al hacer sus peticiones al gobierno de turno. La expresión, burlona por demás, califica al merideño como más pasivo y menos hábil que el tachirense y el trujillano, y dice más o menos lo siguiente: “el tachirense pide y consigue porque sabe pedir, el trujillano pide pero no sabe pedir y el merideño ni siquiera pide”.

Pero más importante aún en la idiosincrasia del merideño común es ‘la responsabilidad rica en éxitos’, pues la misma se logra con estudio y dedicación al trabajo. El mundo de las letras merideñas, el uso intensivo de la tierra agrícola y el tamaño de las viviendas urbanas y rurales tradicionales son suficientes para reconocer que el merideño, como todos los andinos, son personas de trabajo creador y productivo en búsqueda del bienestar familiar y social.

Volviendo al orgullo de ser caballero merideño, también hay que decir que el crecimiento urbano que convierte a Mérida en área metropolitana, desde finales del siglo XX, exponiéndola al mayor y necesario intercambio interregional y nacional para insertarse, todos juntos, en el mundo globalizado con influencias externas de toda naturaleza, coadyuvan a la transformación cultural; es decir, la merideñidad se transforma, asume nuevas costumbres, deja de ser tradicional y ‘tranquila’, dando paso a la modernidad.

Sin embargo, el orgullo del caballero merideño tradicional, por ser parte de su cultura o idiosincrasia, no desaparece enteramente, pero queda relegado a sectores sociales urbanos minoritarios. Por ello, aún se encuentran personas que se lamentan de que las nuevas generaciones y la modernidad urbana desconozcan la caballerosidad, la urbanidad y buenas costumbres, y por tanto no hayan mantenido el sentido y sentimiento original en trato personal y comportamiento entre semejantes.

4.2 Merideñidad religiosa festiva y folclórica

La fe religiosa y el cumplimiento de los parroquianos con las leyes de la Iglesia, así como la vocación a un santo particular y sus respectivas fiestas patronales son propios de todo el mundo católico. Al respecto, cada pueblo crea sus propios sentimientos religiosos que, por lo general, une a manifestaciones folclóricas festivas haciéndolos costumbres y tradiciones que forman parte de su identidad local.

Por ejemplo, las fiestas patronales septembrinas en honor a la Virgen de Regla de Tovar (municipio Tovar) que incluye un largo programa ferial con elecciones de reinas, corridas de toros, carrera de burros, vuelta en bicicleta y en carrucha que atraen anualmente multitudes, es una simbología festiva que enorgullece a todo el pueblo y, a su vez, lo diferencia, por ejemplo, del sentimiento popular religioso de los pueblos del norte del estado Mérida y sur del lago de Maracaibo, cuya vocación en honor de San Benito de Palermo se hace folclórica, pues se acompaña de música de tambor bailable y disfraces. Otro tanto hacen las ‘locainas’ en el barrio Santa Bárbara de Mérida y en Lagunillas, municipio Sucre.

Los dos ejemplos festivos son diferentes a las fiestas decembrinas en honor a la Virgen de la Inmaculada de Mérida ciudad, porque desde 1969 se realizan sin programa ferial como era costumbre. El programa ferial en búsqueda supuestamente de mejor tiempo climático para las corridas de toros de lidia, elección de la reina y desfile ferial, exposiciones artesanales y agropecuarias, se mudó para el primer trimestre del año con el nombre Ferias del Sol de Mérida.

La población de La Parroquia, a pesar de que se unió urbanísticamente a la ciudad de Mérida desde los años setenta del siglo pasado, mantiene en buena parte de ella arquitectura y costumbres particulares. Por ejemplo, sus pobladores devotos ‘promeseros’ de la Virgen de la Candelaria celebran sus fiestas patronales el 2 de febrero, trajeados de vestimentas multicolores y danzando rítmicamente al golpe de un tambor. Esta manifestación folclórica se conoce en Venezuela con el nombre de ‘los locos de la Candelaria de Mérida’.

4.3 Merideñidad geográfica y turística

Desde la terraza que sirve de sitio a la ciudad en medio del valle del Chama se puede observar la majestuosidad de la sierra Nevada y sus principales picos, iconos geográficos simbólicos para el país y los merideños, por cuanto son los más altos de los las cordilleras o sistemas montañosos venezolanos. Precisamente, al más alto de ellos (5.000 metros de altitud) se le bautizó Bolívar y tanto para la ciudad, el estado Mérida y el país es honra y gloria a la grandeza libertadora del Padre de la Patria.

El mito ‘Las Cinco Águilas Blancas’ escrito por don Tulio Febres Cordero (1960) en estilo poético alegórico para narrar el origen, formación y majestuosidad de los cinco picos de la sierra Nevada de Mérida, que por razones climáticas ocasionalmente se revisten de blanco, es también un rasgo geográfico y turístico de la merideñidad, ya que resalta la imagen paisajística de mayor atractivo que residentes, montañistas y turistas tienen posibilidad de observar de cerca mediante ‘el teleférico más largo y alto del mundo’.

Hay que decir además que en la escuela y en todo tipo de medios de comunicación se promueve el amor, respeto y admiración a la sierra valiéndose de la poesía del mito y de las fotografías que han logrado los montañistas escaladores de las cumbres. Un monumento escultórico que representa al primer guía de la sierra, Domingo Peña, junto a los primeros escaladores del pico Bolívar, se exhibía en el paseo La Feria de la ciudad, pero no ha sido repuesto en ningún otro lugar. Destino parecido tuvo la estatua monumental del fundador de Mérida, Juan Rodríguez Suarez, que había sido colocada en una isla central de la avenida Andrés Bello, a la entrada sur de la ciudad. Estas remociones de esculturas reconocidas por muchos merideños como simbólicas de la ciudad, se recuerdan en este espacio para decir que la merideñidad histórica, política y turística también tiene sus detractores iconoclastas, pero por ser asunto polémico preferimos soslayarlo por ahora.

La sierra Nevada es ambientalmente un parque nacional porque tiene, además de sus altos picos rodeados de abundantes lagunas, dos pisos altitudinales de mucha fuerza ambiental y valor escénico paisajístico. Son el páramo de frailejones y la selva nublada, ambos dadores de agua, condicionantes climáticos y ecológicos facilitadores de dos actividades económicas básicas para el desarrollo regional: la agricultura intensiva y el turismo. La Corporación Merideña de Turismo y otros organismos públicos y privados interesados en el desarrollo turístico hacen sus mayores inversiones en estos ambientes y, por tanto, dan mucho peso a la merideñidad geográfica y turística. El oso frontino y el cóndor andino complementan simbólicamente los atractivos ecológicos naturales de la sierra y todo el mundo se interesa en ello.

La Universidad de Los Andes y la Corporación de Los Andes durante muchos años trabajaron juntos por el mejor conocimiento geográfico, económico y ambiental andino. La Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales, Instituto y Escuela de Geografía sumaron estudios en la diferenciación y regionalización del espacio geográfico merideño. Uno de sus productos son las cinco subregiones o zonas en que, para efectos de planificación y desarrollo, se divide al estado Mérida: área metropolitana de Mérida, páramos del norte, pueblos del sur, zona del Mocotíes y zona panamericana o del sur del lago de Maracaibo. Para efectos del tema que nos ocupa, esta diferenciación zonal se corresponde con la diferenciación geográfica de la merideñidad como ya fue dicho, al hablar especialmente del valor de los localismos. Más adelante del presente trabajo, al tratar lo concerniente a la agricultura, artesanía y costumbres redundaremos en ejemplos diferenciadores de la merideñidad geográfica y turística.

4.4 Uso agrícola de la tierra, gastronomía y artesanía

Toda diferenciación espacial o regionalización geográfica se basa en las bondades de los recursos naturales y el uso actual y potencial de los mismos para garantizarles su conservación y futuro sustentable.

Los parques nacionales ‘Sierra Nevada’ y ‘La Culata’ flanquean y conservan el ambiente y entorno natural del área metropolitana y los páramos del norte, pero dejan espacio para el uso agrícola intensivo de la tierra en parcelas, fundamentalmente pequeñas ricas en producción hortícola, cuyo laboreo organizado suman atractivos para el turismo. La yunta de bueyes, el agricultor que se protege del frío con ruana o chaqueta, la producción de papas y hortalizas, los establos de ovejas y vacunos junto a los antiguos molinos de trigo, las parcelas de claveles y rosas y los estanques cargados de truchas son atractivas estampas turísticas que evidencian riqueza económica y, a la vez, distintivos de la merideñidad agrícola ceñida a la artesanía de tejidos y la gastronomía rica en vegetales, sopas, quesos y trucha.

La misma agricultura, artesanía y gastronomía del páramo impone sus distintivos en la ciudad al punto tal que en los lugares más concurridos por los turistas (estación del teleférico, mercado principal, parque Los Chorros de Milla), abundan los comercios con artesanía típica, abrigos tejidos, dulces de frutas abrillantados y restaurantes con menús de arepas de trigo, pasteles de queso y carne, caldo de leche, huevos y papas o ‘pizca andina’ y trucha preparada de mil maneras. La pesca de la trucha es tan venerada que tiene su concurso anual de pesca y un parque de la ciudad se adorna con su figura de tamaño gigante en medio de una fuente luminosa.

La parte más cálida de Mérida y de los otros municipios del área metropolitana: Tabay, Ejido y Lagunillas, así como los pueblos del sur y la zona del Mocotíes, cubren pisos de montaña y piedemonte con agricultura de plantaciones de café, caña, cacao y cambur combinada con horticultura y ganadería extensiva. Sin embargo, el café y la caña de azúcar desaparecieron de Mérida y disminuyen aceleradamente sus campos en las demás subregiones para dar paso al uso urbano o diversificar la agricultura con ganadería, pero culturalmente esos mismos pueblos conservan costumbres, tradiciones y gastronomía a la que agregan mucho café y frescos de panela ‘agua e panela’, cuyo gusto culinario se suma al comercio de la ciudad capital, igual como sucede exactamente con las carnes, plátanos y otras frutas que se producen fundamentalmente en el sur del lago y llegan al mercado de Mérida.

Con el turismo se ha fomentado la fabricación de abrigos para protegerse del frío, aunque ya no son exclusivamente los originales de lana como antaño sino de otros tipos de tejidos importados que se mezclan entre abundantes objetos o recuerdos turísticos artesanales. Pero la existencia de arcillas aptas para cerámica artesanal sí mantiene la originalidad en ‘vasijas de barro’, cuyo centro artesanal reconocido y más importante se encuentra en Los Guáimaros, muy cerca de Ejido.

4.5 Arquitectura, artes, ciencia, deportes y medios de comunicación

En la estructura urbana del casco central de Mérida, alrededor de la plaza Bolívar, la catedral, el palacio arzobispal, la gobernación, consejo legislativo, concejo municipal y rectorado de la ULA perdura la arquitectura tradicional representada por las casonas residenciales, comerciales y demás instituciones gubernamentales y académicas. El arquitecto italiano Manuel Mujica Millán, en la década de los años cuarenta del siglo pasado, fue quien remodeló magistralmente los edificios más simbólicos del centro histórico de Mérida.

A este centro histórico se le agregaron el Centro Cultural Tulio Febres Cordero, el palacio de justicia, la Biblioteca Bolivariana, la Academia de Mérida, museos y otras iglesias cuyo conjunto arquitectónico no sólo es símbolo de la merideñidad sino el centro cultural, cívico, comercial y de servicios de mayor fuerza de atracción en la ciudad (Amaya, 2013).

Es oportuno ahora reconocerle al profesor Jesús Rondón Nucete su especial interés, cuando fue alcalde y gobernador de Mérida, en proteger el casco y centro histórico de la ciudad agregándole edificaciones de gran valor arquitectónico y cultural.

La planificación y diseño moderno de la planta física de la universidad, dispersa por toda la ciudad, también son elementos a tomar en cuenta cuando de merideñidad se trata, pues crea ambientes y paisajes y espacios en los cuales conviven durante bastante tiempo muchos estudiantes, profesores y empleados; es decir, personas que conforman a manera de localismo una particular identidad y sentido de pertenencia universitaria.

Entre la amplitud del quehacer artístico sobresalen los escritores novelistas, ensayistas, poetas y académicos que recuerdan el pasado de la ciudad y otras particularidades, la historia política del estado y Venezuela, aspiraciones futuristas de desarrollo, etc. En reconocimiento a sus aportes se construyó el ‘Parque de los Escritores Merideños’, localizado paralelamente a la Avenida Urdaneta. Sin embargo citamos sólo a tres de ellos por haber logrado reconocimiento permanente en Mérida y Venezuela: Tulio Febres Cordero, Mariano Picón Salas y Alberto Adriani. Recientemente murieron dos escritores tovareños de iguales méritos: Domingo Alberto Rangel y Simón Alberto Consalvi.

Habría que extender la presente escritura para citar muchas instituciones y personajes cultores de la merideñidad a través de la educación, las artes, literatura, poesía, música, teatro, cine, ciencia, deportes y medios de comunicación. Sin embargo, no dejemos escapar el momento para recordar algunas instituciones y personajes de mayor renombre actual: todas las escuelas y liceos por ser los sitios donde comienza la merideñidad, los estadios deportivos especialmente los de futbol y el equipo Estudiantes, en las universidades y la Academia de Mérida está representada la intelectualidad científica, las escuelas de artes, música, danza y cine, el Rector de Rectores ‘Perucho’ Rincón Gutiérrez, el escultor Manuel de La Fuente, el músico compositor Martos, los grupos de teatro y el productor Fredy Torres, el poeta Rodríguez, el caricaturista Carlos Páez, el promotor turístico Alexis Montilla.

La prensa local estuvo bien representada durante muchos años por El Vigilante y su director el padre Rojo Paredes, esmerado por la cultura y la noticia objetiva. Otro tanto hace la Televisora Andina de Mérida (TAM) y TV ULA en sus noticieros y programas de opinión. El Diario Los Andes hace esfuerzos por mantenerse en el mismo tono, porque al igual que los primeros sabe que la buena prensa contribuye a la formación educativa y cultural que son pilares fundamentales de la identidad e idiosincrasia de los pueblos. Los diarios Frontera y Pico Bolívar, así como buena parte de las muchas emisoras de la ciudad, han modificado progresivamente sus líneas editoriales y ahora dan mucho peso a dos males nacionales: la diatriba política y la violencia aliñada con el nefasto ‘amarillismo noticioso’ que obviamente contribuyen a modificar los patrones culturales de la merideñidad.

5. Referencias citadas

AMAYA, C. A. 2013. La organización del espacio en el área metropolitana de Mérida. Universidad de Los Andes, Consejo de Publicaciones. Mérida, Venezuela.

CARREÑO, M. 1853. Manual de urbanidad y buenas maneras. Benito Gil editor. Lima, Perú.

FEBRES CORDERO, T. 1960. Obras completas. Antares, comisión Editora de las Obras Completas del Doctor Tulio Febres Cordero. Descripción: 6 v. 1 apéndice. Bogotá, Colombia.

GONZÁLEZ, F. 2001. Globalización y lugarización. Ponencia presentada en las VII jornadas sobre Federalismo, descentralización y municipio. Avances y retrocesos del proceso de descentralización en América Latina. (5 al 7 de diciembre). Mérida, Venezuela.

MÁRQUEZ CARRERO, A. Disponible en: http://www.libreroonline.com/venezuela/editorial/andres-marquez-carrero.

MÉNDEZ, E. 1997. “Los problemas ambientales: entre la globalización y la lugarización”. Revista Geográfica Venezolana, 38(1): 23-35.

PICÓN SALAS, M. 1987. Viaje al amanecer. Monte Ávila editores. Caracas, Venezuela.

PINEDA LEÓN, P. Disponible en: http://entrecronicas.com/.../59-dr-pedro-pineda-leon-paradigma-de-la-meridenidad.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. 1992. Diccionario de la lengua española. Vigésima Primera Edición. España.

VALBUENA, J. 2009. Proyecto GeoVenezuela. Geografía del Estado Mérida. Tomo 6. Fundación Empresas Polar. Caracas, Venezuela.

VALBUENA, J. 2010. Zedeñidad. Conferencia de apertura del Centro de Estudios de la Zedeñidad. Fundación Centro Social 19 de Abril. Zea, estado Mérida, Venezuela. (Inédito).

VALBUENA, J. 2014. Toponimia del territorio municipal zedeño. Ponencia presentada en el Segundo Congreso de la Zedeñidad. (Inédito).

VALBUENA, J. 2014a. Discurso de Orden Cincuenta Aniversario Escuela de Geografía. Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela.

Información adicional

*: Conferencia dictada en el “Foro sobre Andinidad”, organizado en el marco del L Aniversario y Año Jubilar de la Escuela de Geografía. Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales. Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela. Mérida, 19 de noviembre 2014

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