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¿INFLUYEN LAS PRÁCTICAS EDUCATIVAS EN EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL DE SUS HIJOS?
DO EDUCATIONAL PRACTICES INFLUENCE THE DEVELOPMENT OF CHILDREN'S EMOTIONAL INTELLIGENCE?
¿INFLUYEN LAS PRÁCTICAS EDUCATIVAS EN EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL DE SUS HIJOS?
International Journal of Developmental and Educational Psychology, vol. 1, núm. 1, pp. 203-212, 2018
Asociación Nacional de Psicología Evolutiva y Educativa de la Infancia, Adolescencia y Mayores
Resumen: La familia es el principal contexto de socialización del niño, en el que se favorece el desarrollo de sus habilidades emocionales, por tanto, este desempeña un papel imprescindible estableciendo las bases de la identidad del niño, influyendo en el desarrollo de su autoconcepto y autoestima (Lila y Marchetti, 1995). En este sentido, es el estilo democrático de los padres (Ramírez-Lucas, Ferrando y Sainz, 2015) el que correlaciona en mayor medida que otros con el nivel de inteligencia emocio- nal de sus hijos durante los primeros años de vida.El objetivo de este trabajo describir la relación entre las diferentes prácticas que conforman los distintos estilos educativos parentales percibidos y el nivel de inteligencia emocional en sus hijos. Para ello, se entrevistaron a 249 alumnos entre 9 y 12 años, 53.4% niñas y 46.6% niños Se eva- luaron las siguientes variables a través de los instrumentos descritos.Estilos parentales percibidos: Alabama Parenting Questionnaire (APQ). Inteligencia Emocional: BarOn ICE: NA Abreviado (Bar-On, R.)Encontramos correlaciones positivas significativas entre las dimensiones Implicación maternal, implicación paternal y crianza positiva relacionadas con el estilo de crianza democrático y las dimen- siones de la inteligencia emocional, habilidades interpersonales, adaptabilidad e impresión positiva en los niños, así como con el nivel de inteligencia emocional general de éstos. Por otro lado, las dimensiones de pobre supervisión, disciplina inconsistente y disciplina severa correlacionaron de forma negativa con las habilidades de relaciones interpersonales, manejo del estrés e impresión positiva, así como con la puntuación total en inteligencia emocional.
Palabras clave: prácticas educativas parentales, inteligencia emocional, infancia, familia.
Abstract: The family is the main context of socialization of the child, which favors the development of emotional skills. Therefore, the family plays an essential role in establishing the basis of the child’s identity, influencing the development of their self-concept and self-esteem (Lila and Marchetti, 1995). In this sense, it is the democratic style of parents (Ramírez-Lucas, Ferrando and Sainz, 2015) that correlates more than others with the level of emotional intelligence of their children during the first years of life.The objective is to describe the relationship between the different practices that make up the dif- ferent perceived parental educational styles and the level of emotional intelligence in their children. The sample consisted of 249 students between 9 and 12 years old, 53.4% girls and 46.6% boys. The following variables were evaluated through the instruments described.Perceived parenting styles: Alabama Parenting Questionnaire (APQ). Emotional Intelligence: BarOn ICE: NA Abbreviated (Bar-On, R.)We found significant positive correlations between the dimensions Maternal involvement, parental involvement and positive parenting related to the democratic parenting style and the dimen- sions of emotional intelligence, interpersonal skills, adaptability and positive impression in children, as well as with the level of general emotional intelligence of these. On the other hand, the dimen- sions of poor supervision, inconsistent discipline and severe discipline correlated negatively with the skills of interpersonal relationships, stress management and positive impression, as well as the total emotional intelligence score.
Keywords: parental practices, emotional intelligence, childhood, family.
INTRODUCCIÓN
Las emociones están presentes en nuestras vidas desde que nacemos y juegan un papel relevante en la construcción de nuestra personalidad e interacción social. El término “Inteligencia Emocional” se refiere a la capacidad de reconocer los propios sentimientos y los ajenos y manejar bien las emociones tanto en relación a uno mismo como a los demás (Garaigordobil y Oñederra, 2010). Goleman (1996) describe 5 habilidades dentro de la inteligencia emocional: autoconocimiento emocional, autorregulación emocional, automotivación, empatía y habilidades sociales. También indicó que un desarrollo de la inteligencia emocional bajo acentúa el aislamiento, la ansiedad, la depresión, los problemas de atención o del pensamiento, la delincuencia y la agresividad.
La familia es el principal contexto de socialización mediante el cual se favorece el desarrollo de la personalidad y de las emociones, especialmente durante los primeros años de la infancia en los que los padres juegan un papel esencial (López-Soler, Puerto, López-Pina y Prieto, 2009). El sistema familiar por tanto desempeña un papel imprescindible ya que los padres, intencionadamente o no, ejercen una gran influencia en sus hijos, estableciendo las bases de su identidad y desarrollan- do su autoconcepto y autoestima (Lila y Marchetti, 1995).
Oliva, Parra, Sánchez y López (2007) indicaron que los menores que perciben más afecto en sus progenitores se comunican mejor con ellos y presentan mejores puntuaciones en desarrollo psicosocial, bienestar emocional y ajuste. Por el contrario, un bajo nivel de cuidado paternal y maternal se asocia de forma significativa a la presencia de trastornos emocionales en los hijos (Heider, Matschinger, Bernet, Alonso y Angermeyer, 2006). Gracia, Lila y Musitu (2005) también hallaron relación entre el rechazo parental percibido y la presencia de síntomas de ansiedad, depresión, aislamiento social, autoestima negativa, problemas somáticos, agresividad y conducta disocial en los hijos.
El modelo de Maccoby y Martin (1983) clasifica las diferentes actitudes y conductas de los padres a la hora de interactuar con sus hijos en cuatro estilos educativos, a partir de dos dimensiones (afecto-comunicación y control-exigencias): autoritario, permisivo, democrático y negligente. El estilo autoritario define a padres que tienen poco en cuenta los intereses o necesidades inmediatas de sus hijos, que no suelen expresar abiertamente su afecto por ellos y donde las normas suelen ser impuestas sin que medie ninguna explicación. Por el contrario, en el estilo permisivo son los intereses y deseos del menor los que parecen dirigir las interacciones padre-hijo, pues los padres apenas establecen normas, plantean exigencias o ejercen control sobre la conducta de sus hijos. Por otro lado, el estilo democrático se caracteriza por, padres que mantienen una relación cálida, afec- tuosa y comunicativa con sus hijos, pero que al mismo tiempo son firmes y exigentes con ellos. Por último, en el estilo negligente los padres tienen una escasa implicación en las tareas de crianza y sus relaciones se caracterizan por la frialdad y el distanciamiento (Hidalgo y Palacios, 1999).
De los cuatro estilos educativos propuestos por Maccoby y Martin (1983), el que parece favorecer en mayor medida el ajuste socioemocional de los niños es el democrático. De esta manera, los menores educados bajo este estilo manifestarán durante la infancia un estado emocional estable y una elevada autoestima (Alonso y Román, 2005; Jabeen, Anis-ul-Haque y Riaz, 2013; Furnham y Cheng, 2004), un elevado autocontrol, alta adaptación y un comportamiento de rol de género menos tradicional. También, desarrollarán en mayor medida la empatía y se relacionarán mejor con iguales (Bornstein y Bornstein, 2007).
En la misma línea de investigación, Ramírez-Lucas, Ferrando y Sainz (2015) concluyeron en su estudio que el estilo democrático de los padres correlaciona en mayor medida con el nivel de inteligencia emocional de los hijos en los primeros años de vida. No obstante, encontraron también que en función del estilo parental predominante, los hijos tendían a desarrollar más unas habilidades emocionales u otras, así hallaron que los niños con madres autoritarias tenían mayores habilidades interpersonales.
Asimismo, cabe destacar que una de las principales dificultades que encontramos en la investigación de estilos educativos es que los padres no tienen un estilo de crianza definido debido a que los estilos parentales no son excluyentes, a menudo los padres pueden manifestar un estilo principal con prácticas específicas de otros. Además, el momento evolutivo del niño, su comportamiento y actitudes también pueden influir en las prácticas parentales.
El objetivo de esta investigación es describir la relación entre las diferentes prácticas que con- forman los distintos estilos educativos parentales percibidos y el nivel de inteligencia emocional en los hijos.
MÉTODO
Participantes La muestra se compone de 249 alumnos seleccionados aleatoriamente y pertenecientes al centro educativo Santa María de Elche (Alicante); con edades comprendidas entre 9 y 12 años, equivalentes a los cursos 4º, 5º y 6º de la Educación Primaria española. Como criterio de inclusión solo se tuvo en cuenta el nivel educativo que cursaban. La distribución por edad es la siguiente: 10 años (33.3%), 11 años (34.1%) y 12 años (32.5%). Respecto al género, el 53.4% de la muestra era femenina y el 46.6% masculina. Por último, en cuanto al estado civil de los padres, destacar que el 87% están casados, el 12.2% separados y el 0.8% viudos/as.
Instrumentos La información sociodemográfica fue recogida a través de un cuestionario ad hoc, los datos obtenidos proporcionan información sobre el género, la edad, el curso y el estado civil de los padres. Para evaluar las variables de estudio, se emplearon los siguientes instrumentos que reúnen las garantías psicométricas de fiabilidad y validez.
El Alabama Parenting Questionnaire (APQ). (Versión en español. Servera, 2007): es un instrumento que permite una evaluación multimétodo y multifuente de las prácticas educativas parentales desde una perspectiva bidireccional. El cuestionario consta de una versión para padres y otra para hijos en edades comprendidas entre los 6 y 18 años mediante las que evalúa, en un formato de autoinforme, las prácticas parentales percibidas en la familia. Consta de 42 ítems tipo Likert con una escala de 1 “nunca” a 5 “siempre” que da lugar a 7 dimensiones: Implicación Parental (diferencia entre la implicación paterna y materna), Crianza Positiva, Disciplina Apropiada, Disciplina Inconsistente, Pobre supervisión y Disciplina Severa. Los niveles de fiabilidad se obtuvieron a tra- vés del cálculo del Coeficiente Alfa (Alfa de Cronbach para N= 247, fue de 0.75).
El Bar-On ICE: NA Abreviado (Bar-On, 2004) contiene 30 items distribuidos en 6 escalas:Intrapersonal: comprensión de los estados emocionales propios, asertividad y habilidad para visualizarse a sí mismo de manera positiva.
Interpersonal: empatía y la responsabilidad social, capacidad de comprender los sentimientos ajenos.Adaptabilidad: habilidad para resolver los problemas.Manejo del estrés: indica grado de tolerancia al estrés y control de impulsos. Impresión positiva: evalúa la percepción excesivamente favorable de sí mismo. Coeficiente Emocional total.
El rango de adaptación al que se dirige oscila entre 7 y 18 años. El modo de aplicación puede ser individual o colectiva. Usa una escala de tipo Likert de 4 puntos en la cual los evaluados responden a cada ítem según las siguientes opciones de respuestas: “muy rara vez”, “rara vez”, “a menudo” y “muy a menudo”. Las puntaciones altas del inventario indican niveles elevados de inteligencia emocional y social. Los niveles de fiabilidad se obtuvieron a través del cálculo del Coeficiente Alfa (Alfa de Cronbach para N= 249, fue de 0.73).
Procedimiento El proceso de recogida de datos se inició con la selección de la muestra. Para ello, se contactó con el equipo directivo del centro con el objetivo de informarles acerca de la presente investigación, así como solicitar su participación voluntaria. Una vez, que la dirección de los centros manifestó su consentimiento de colaboración, se informó a los tutores y las familias implicadas a las que se les facilitó un ejemplar de consentimiento. Los cuestionarios fueron cumplimentados de forma colectiva en el aula. Cabe destacar que el investigador permaneció en el aula durante todo el proceso aclarando dudas y verificando su correcta realización.
Se trata de un estudio observacional y descriptivo de tipo comparativo y transversal. Inicialmente, se analizaron los descriptivos de la muestra para conocer las características de la misma en función de las variables sexo, edad y estado civil de los padres; así como obtener las puntuaciones medias en los diferentes estilos educativos y dimensiones de inteligencia emocional. Y posteriormente, se examinaron las distintas relaciones que se establecen entre los estilos educativos parentales y las variables de inteligencia emocional evaluadas en los hijos, mediante el coeficiente de correlación lineal de Pearson. Los análisis cuantitativos de los datos se realizaron median- te el programa informático SPSS empleando un nivel de significación de 0.05.
RESULTADOS

En la figura 1 se muestran las puntuaciones medias obtenidas en cada una de las variables del cuestionario APQ acerca de las prácticas educativas parentales. Se aprecian puntuaciones altas en Implicación Parental (paterna y materna) y Crianza Positiva, ambas se clasificarían dentro de la dimensión afecto-comunicación de Maccoby y Martin (1983); mientras que en el caso de las variables que se englobarían dentro de la dimensión control-exigencias, la muestra se distribuye de manera homogénea siendo las variables Disciplina Inconsistente y Disciplina Apropiada las que puntúan en mayor medida.

Respecto al nivel de inteligencia emocional, en la figura 2 se detallan las puntuaciones obtenidas en el cuestionario Bar-On ICE: NA Abreviado. Se observan altos niveles de inteligencia emocional en cada una de sus dimensiones, así como en el Coeficiente Emocional Total. Aquellas variables donde se obtienen resultados más elevados son las habilidades Interpersonales, el Manejo del estrés y la Adaptabilidad.
Con el propósito de analizar las relaciones existentes entre los estilos educativos percibidos y las puntuaciones en inteligencia emocional alcanzadas por los hijos, se obtuvieron los coeficientes de correlación de Pearson cuyos resultados se exponen en la tabla 1.
Como podemos apreciar en la tabla 1, encontramos correlaciones positivas significativas entre la implicación materna y la habilidad interpersonal, la adaptabilidad y la impresión positiva en los niños. Algo similar ocurre con la implicación paterna que correlaciona de forma significativa con la habilidad interpersonal y la adaptabilidad, así como con el nivel de IE total. En consenso estos resultados, también observamos correlaciones positivas significativas entre la crianza positiva y las dimensiones anteriores.
Por otro lado, no se han encontrado correlaciones significativas entre disciplina adecuada y las dimensiones de inteligencia emocional como cabría esperar. Sin embargo, niveles altos en disciplina inconsistente correlacionan de forma negativa y significativa con la habilidad interpersonal, el manejo del estrés y la puntuación total de inteligencia emocional en los hijos.
Los resultados obtenidos evidencian correlaciones significativas negativas entre la pobre supervisión y todas las dimensiones de la inteligencia emocional, exceptuando la habilidad intrapersonal. Por último, la disciplina severa correlaciona de forma significativa y negativa con la destreza inter- personal y la puntuación total en IE alcanzada en los hijos.
Dada la magnitud de las correlaciones en ambos casos, a pesar de ser significativas, deben interpretarse con cautela.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Tal y como se ha planteado, este estudio tiene como objetivo describir la relación entre las diferentes prácticas que conforman los distintos estilos educativos parentales percibidos y el nivel de inteligencia emocional en los hijos. En este sentido, los resultados ponen de manifiesto la relación entre la implicación parental -aspecto relacionado con el estilo de crianza democrático- y niveles altos de inteligencia emocional en los hijos. Así, estas prácticas propias del estilo democrático, parecen ser óptimas en cuanto a ajuste psicosocial infantil se refiere, en consenso con otros estudios (Alonso y Román, 2005; Bornstein y Bornstein, 2007; Furnham y Cheng, 2004, Jabeen, Anis-ul- Haque y Riaz, 2013). La implicación tanto del padre como de la madre en las actividades diarias de los menores se perfila como un aspecto fundamental del desarrollo emocional equilibrado de los niños. Cabe destacar la importancia de esta implicación, no solo en la cantidad de actividades en las que los padres se ven implicados junto con sus hijos, también la calidad de estas interacciones. Subrayamos la especial importancia de la variable implicación paterna en el desarrollo de habilidades emocionales del menor; indicando esto que los modelos familiares más equilibrados en la distribución de roles y en los que ambos progenitores se implican por igual en la atención y cuidado de los hijos, son los que aportan mayores oportunidades para el desarrollo emocional de éstos.
Otro aspecto relevante que respaldan los resultados de esta investigación es el impacto de la crianza positiva en el desarrollo emocional de los hijos. Las prácticas educativas caracterizadas por el refuerzo positivo de los logros en los hijos, el reconocimiento sincero y relista del esfuerzo del menor -a través de felicitaciones y halagos- y las muestras de afecto, contribuyen al desarrollo en los niños y niñas de habilidades y competencias emocionales como la empatía, la responsabilidad social, la capacidad para adaptarse y resolver problemas cotidianos.
Por otro lado, las dimensiones de pobre supervisión, disciplina inconsistente y disciplina severa –prácticas parentales asociadas a los estilos negligente, permisivo y autoritario respectivamente- parecen relacionarse con bajos niveles de inteligencia emocional en todas las habilidades que la conforman. Podemos pensar que la ausencia de los padres en la vida diaria de sus hijos –relaciones sociales, amigos, actividades o intereses- delegando el cuidado de éstos a otras personas; influye de forma negativa en el desarrollo de las habilidades emocionales de los menores, al no tener modelos cercanos, coherentes y formales que den consistencia a sus experiencias sociales y emocionales diarias. Otro aspecto de la crianza que parece relevante en el desarrollo emocional en los niños y niñas, es la consistencia en las respuestas paternas; padres cuya respuesta a las acciones del niño no responden a la lógica sino al estado de ánimo propio, se tornan impredecibles para los hijos repercutiendo en su capacidad para comprender los sentimientos ajenos y manejar situaciones estresantes. Finalmente, podemos observar como disciplinas poco flexibles y rígidas, donde abundan las limitaciones y se aplican castigos y sanciones excesivas, sin posibilidad de negociación o sobrecorreción podrán afectar de forma negativa al desarrollo de aspectos tan valiosos en el desarrollo emocional del niño como la responsabilidad social o la empatía.
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