UN CUENTO DE UNAMUNO IGNORADO DURANTE 120 AÑOS "UN LOCO RAZONANTE" HISTORIA Y EDICIÓN DE UN ÚLTIMO HALLAZGO
A STORY OF UNAMUNO IGNORED DURING 120 YEARS "A WISE MAD MAN" HISTORY AND EDITION OF A FINDING
UN CUENTO DE UNAMUNO IGNORADO DURANTE 120 AÑOS "UN LOCO RAZONANTE" HISTORIA Y EDICIÓN DE UN ÚLTIMO HALLAZGO
International Journal of Developmental and Educational Psychology, vol. 1, núm. 1, pp. 13-28, 2019
Asociación Nacional de Psicología Evolutiva y Educativa de la Infancia, Adolescencia y Mayores
Recepción: 11 Enero 2019
Aprobación: 30 Abril 2019
Resumen:
En el año 2012 Salamanca celebró el “Año de Unamuno” al cumplirse el 75 aniversario de su muerte (31-diciembre-1936). Esta conmemoración estuvo revestida de gran brillantez intelectual, científica y mediática, dentro de un contexto de actos y publicaciones en el que pareció darse por cerrado, hasta donde ello se puede decir, el conocimiento del ingente repertorio literario de D. Miguel de Unamuno. Tal ocurre con sus Cuentos, cuyo acervo bibliográfico se juzgaba ya concluido, tras la amplia producción de compilaciones y de estudios producida sobre ellos. Por eso tiene gran interés que desde INFAD demos explicación de un olvido y recuperemos, al cumplirse el octavo centenario de la gran universidad de la que fue eximio Rector, lo que hasta aquel año 2012 era un último “cuento perdido” de Unamuno. Escrito a finales del siglo XIX, jamás volvió a ver la luz en los últimos 120 años. En aquel siglo fue publicado dos veces: en octubre de 1892, en “El Nervión” de Bilbao y, en noviembre del mismo año, en “La Libertad” de Valladolid. Pero nadie volvió a ver este cuento: ni en las sucesivas ediciones de las “Obras Completas” ni en las diferentes publicaciones en las que se recopilan las narraciones cortas unamunianas hasta aquel mismo año 2012 en el que hicimos pública su existencia en un estudio online que no gozó de transferencia hacia la comunidad científica ni supuso ampliación alguna del conocimiento unamuniano, como explicaremos a continuación. Era, por tanto, quizá la única obra de Unamuno que, casi hasta hoy, permanecía desconocida. En estos días, dentro del Congreso de INFAD, damos a conocer en papel y en un congreso científi- co, aquel estudio online “semiclandestino” y publicamos el texto que, venturosamente, acabamos de ver, casi de manera simultánea, ya incluido, y con cita de procedencia que agradecemos, en la última recientísima re-edición de los “Cuentos Completos” de Unamuno (Carrascosa, 2011 y 2017), que acaba de reimprimirse, aunque todavía no ha dado tiempo de ser incorporado a nuevas ediciones de las “Obras completas”.
Palabras clave: cuentos de Unamuno, Unamuno, locura.
Abstract:
A story of Unamuno ignored during 120 years “a wise mad man” History and edition of a finding. In 2012, Salamanca celebrated the “Year of Unamuno” on the 75th anniversary of his death (December 31, 1936). This commemoration was associated with great intellectual, scientific and media brilliance, within a context of events and publications. After this, it seemed we knew all of the enormous literary repertoire of Miguel de Unamuno. Such is the case of his Tales, whose bibliographical acumen was judged to be over, after the extensive production of compilations and studies they produced. That is why it is of great interest for us at INFAD to give an explanation of why it was forgotten for us at, upon the completion of the 800th anniversary of the great university of he was chancello. In 2012, the last “lost story” was recovered. Written at the end of the 19th century, it never saw the light of day in the last 120 years. In that century it was published twice: in October 1892, in “El Nervión” in Bilbao and, in November of the same year, in “La Libertad” in Valladolid. But nobody saw this story again: neither in the successive editions of the “Complete Works” nor in the different publications in which short stories from Unamuno are compiled up to that same year 2012 in which we made public its existence in an online study that did not reach the scientific community, nor did it suppose any extension of knowledge, about Unamuno. It was, therefore, perhaps the only work of Unamuno that, almost until today, remained unknown. In these days, within the INFAD Congress, we publish on paper and in a scientific congress, that online “semi-clandestine” study and publish the text that, we have just seen and almost simul- taneously, with the recent re-edition of the “Complete Stories” of Unamuno (Carrascosa, 2011 and 2017), which has just been reprinted, although it has not yet had time to be incorporated into new editions of the “Complete Works”
Keywords: tales of Unamuno, Unamuno, madness.
PREÁMBULO
En abril del año 2017, en Almería, se celebró el XXIV Congreso de INFAD que culminó, como todos, con la despedida hasta la siguiente reunión, la del XXV Congreso, el de nuestras Bodas de Plata (cuya sede había sido aprobada para celebrarse en abril del 2018 en Wroclaw), y anticipando y preparando la cita para el XXVI, que se decidió celebrar en Salamanca, haciéndonos presentes en la celebración, en el 2019, del Octavo Centenario de la fundación de la Universidad de Salamanca. A propósito de ello, buscando una concreción específica que hiciese honor al Congreso de INFAD, proporcionándole un vínculo más directo con la conmemoración específica de la Universitas Estudii Salmantini, el Presidente de la Asociación, Florencio Vicente Castro, comentó conmigo si habría posibilidad de suministrar luz sobre una posibilidad que conocía: la transferencia hacia la comunidad científica de la universidad del Tormes, de un cuento absolutamente desconocido de Don Miguel de Unamuno, el Rector salmantino por excelencia, que habíamos descubierto en el periódico “La Libertad”, de Valladolid, dirigido por el regeneracionista Ricardo Macías Picavea y publicadoen 1892. De este cuento solo nosotros teníamos noticia.
Y la teníamos por nuestros estudios y publicaciones sobre Macías Picavea y su periódico. Porque su existencia no había transcendido hacia los estudiosos de la obra unamuniana ni, por supuesto, había tenido la adecuada difusión pública.
En aquel momento, abril del 2017, no se encontraba en ninguno de los repertorios de Unamuno, no había sido transcrito en ninguna de las sucesivas ediciones de las Obras Completas… En fin, era un cuento perdido y, por ello, desconocido por todos, pese a que nosotros, desde el año 2012, habíamos realizado diversos intentos, por una u otra razón infructuosos, para darlo a conocer. La azarosa historia de estos intentos era conocida por el Dr. Vicente Castro y pareció que el año 2019 y el Centenario de la Universidad de Salamanca, podría ser el escenario perfecto para su salida a la luz. Y a ello nos pusimos con la lógica ilusión de todo investigador.
En el presente artículo, pues, damos noticia de ese descubrimiento, hacemos un pequeño estudio sobre la cuestión desde 1892 hasta hoy, y transcribimos individualmente el cuento que fue publicado en 1892, en los periódicos “El Nervión” de Bilbao y “La Libertad”, de Valladolid, con el título de “Un loco razonante”. Al mismo tiempo, relatamos las azarosas circunstancias de nuestros fallidos intentos de “transferencia” hasta su reciente añadido en reedición reciente de un último repertorio unamuniano (poco después de la decisión de INFAD sobre su presentación en Salamanca), aunque no haya llegado, todavía, a tener presencia en las “Obras Completas”.
INTRODUCCIÓN
En la publicación sobre los “Cuentos completos” de Miguel de Unamuno, editada en el año 2011, y que entonces pareció que podría ser la definitiva, Óscar Carrascosa ya afirmaba, refiriéndose a “Los Cuentos de Unamuno como problema”: El establecimiento del corpus unamuniano supo- ne un problema aún no resuelto que, a nuestro juicio, debería haberse superado hace bastante tiempo, lo cual se debe fundamentalmente, al desconocimiento o también a la falta de interés por estas obras… [porque]…establecer el listado de cuentos… [es]… una labor lenta, ardua y muchas veces infructuosa (1). Tal vez ni el mismo Unamuno llevase un control claro de sus cuentos publicados, inéditos, y las fechas de escritura y publicación de éstos (2). Volveremos sobre estas palabras al final del presente estudio… porque parece que el propio Carrascosa intuía que alguno más podría aparecer. Desde luego en estos 87 “cuentos completos” (retengamos la cifra), no aparecía “El loco razonante”
Carrascosa, en su publicación del año 2011, había realizado un esfuerzo impagable por establecer este corpus final. A nuestro juicio, el esfuerzo más completo realizado hasta entonces para establecer el repertorio unamuniano de específicamente “cuentos”, no como en alguna otra edición, relaciones trufadas de relatos, reflexiones filosóficas o incluso, visiones del paisaje. Y es que el propio Unamuno daba lugar a estas confusiones ya que no en balde, en un principio, aunque afirmaba que ambas cosas eran distintas, mezclaba los conceptos de cuento y novela, aunque pensara que los diferenciaba. De hecho, tal ocurre cuando a una narración de dos o tres páginas se le llama “novela corta”. Ya dice Carrascosa: “ni el mismo Unamuno” llevaba cuenta.
Y, efectivamente, tanto en las Obras Completas editadas por Afrodisio Aguado en 1951, como en las editadas por Escelicer de 1966, aparecen sus cuentos como “novela” o “novelas cortas”. En las de 1951, pese a constar de dieciséis tomos, no aparece uno dedicado a “cuentos”. En el tomo II, y bajo el epígrafe de “Novelas”, se publica el conjunto de 27 cuentos que Unamuno denominaría en 1913 “El espejo de la Muerte”, como “Novelas cortas”, aunque se trata en realidad de un conjunto de sus cuentos, la mayoría de su primera época. Ahí está “Juan Manso” (hermano del cuento perdido que es objeto de este artículo), y muchos otros cuentos del primer momento (3). Y en las de 1966 tampoco hay un capítulo dedicado a cuentos. De nuevo aparecen como “novelas cortas” (4)
Tenemos que llegar a 1995, con la publicación de Senabre (5) que muy bien podríamos llamar “edición canónica”, para que en el tomo II, ya se diferencie
LA PRENSA DEL XIX, SOPORTE DE CUENTOS LITERARIOS: “EL NERVIÓN”
El “cuento literario” se consolida, en los ochocientos, de la mano del desarrollo periodístico. Los periódicos publican frecuentes suplementos literarios donde aparecen cuentos y poemas, folletones populares o novelas por entregas no exentas de calidad. La producción literaria abundaba, ciertamente, pero era mayor aún la demanda que de ella hacía el público y la necesidad que de ella tenían los redactores jefes para llenar los periódicos, porque los periódicos proliferaban también con muy diferentes títulos, ideología y periodicidad en todas las ciudades españolas.
Casi resultaba obligado que muchas veces los escritores publicaran el mismo cuento en diferentes periódicos, cambiándole el nombre o suprimiendo y añadiendo contenidos (luego veremos la importancia que damos a esta cuestión). Así que, refiriéndose a Unamuno, Senabre ya nos anuncia que muchos de sus cuentos, antes de editarse en libro, se publicaban en periódicos. Y en no pocos casos, efectivamente, lo podemos comprobar: la versión periodística de sus cuentos podía sufrir retoques posteriores al publicarse en otro diario o en formato libro (6).
Unamuno explicará que esta proliferación del “cuento periodístico” se produce por el gusto del público, que prefiere leer textos breves: Sobra qué leer y falta tiempo para hacerlo, lo que obliga a los escritores que quieran ser leídos a condensar cada vez más sus pensamientos y buscar un modo de expresarlos más breve y epitómico (7). Pero lo cierto es que no es ajena a esta proliferación la cuestión crematística, porque el profesor salmantino añade: Si por un cuento te dan 5, 6 u 8 duros, libres de gastos, ten por seguro que por una novela veinte veces más extensa que él no te darán 100, 120 o 160 duros. Por ello, comenzará a publicar cuentos y artículos en “El Nervión” de Bilbao. “El Nervión”, tuvo una salida breve reducida al año 1856, etapa en la que apareció como periódico liberal-progresista y demócrata cercano al nacionalismo. Pero comenzó a publicarse de nuevo a principios de 1891 y pronto, el 7 de septiembre, añadía un “Suplemento Literario” semanal. Unamuno, sin que se sepa cómo ni por qué, (comenta Serrano), comenzó a vincularse desde muy pronto a este periódico, aunque quizá haya una buena razón en lo que dice muy contento a su amigo Múgica (8): “me han alquilado en ‘El Nervión’ para que les publique un artículo quincenal”. Sus escritos, por tanto (entre los primeros estaba los costumbristas “Chimbos y chimberos” publicada en enero de 1892), debían gustar bastante al público bilbaíno.
De unos periódicos iría a otros. Y así, unos años después, el 23 de enero de 1900, Unamuno escribiría a su amigo Múgica, residente en Berlín: “Mi firma va extendiéndose e influyendo mi labor. ‘La Nación’, de Buenos Aires., me pidió un artículo, se lo envié (acerca de la raza vasca) y anteayer me enviaron un cheque de 150 pesetas por él. Aquí no se paga de esa manera” (9). Porque lo que realmente mueve al profesor salmantino es eso, el que su firma “vaya extendiéndose e influyendo su labor”: eso, más que el dinero, es lo que le guía en su febril labor periodística, como veremos en el caso de los dos cuentos a los que nos vamos a referir en estas páginas.
Dentro de la obra literaria de Unamuno ocupa, por tanto, un lugar destacado el género perio- dístico. Pasan por miles los artículos de prensa -nos dirá Laureano Robles (10) - que aún faltan por recoger en una edición completa de sus obras. Por eso Unamuno remite sus trabajos a algún periódico que paga, pero también a muchos periódicos que no pagan. Carrascosa nos ofrece una lista(11) de la prensa periódica donde aparece la firma de Unamuno, si bien advierte que la lista no es exhaustiva: Revista de Vizcaya, La España Moderna, La Lectura, Madrid Cómico, Revista Política Iberoamerciana, Ciencia Social, Revista Blanca, Vida Nueva, Revista Nueva, Revista Española, Revista ibérica, Alma Española, Vida Literaria, Nuestro Tiempo, Helios, Las Noticias de Barcelona, El Globo de Madrid, El Imparcial y su suplemento “Los Lunes”, Heraldo de Madrid, La Época, La Noche, El Progreso, La Justicia, La Nación de Buenos Aires, Nuevo Mundo, El Sol, La Esfera, El Diario Gráfico de Barcelona, el Mercantil Valenciano, el francés Excelsior, o Ahora.
Efectivamente, la lista no es exhaustiva, porque Carrascosa no incluye El Nervión. Tampoco incluye La Libertad, el gran periódico vallisoletano de considerable vida durante el último cuarto del siglo XIX. Y tampoco cuenta con el otro La Libertad, el incisivo y polémico periódico que, con el mismo nombre, tuvo una efímera vida, solamente durante el año 1891, en la vecina Salamanca, como veremos a continuación.
PRENSA VALLISOLETANA Y SALMANTINA A FINALES DEL XIX: “LA LIBERTAD”
La Libertad de Valladolid.- La Libertad de Valladolid ve la luz el 11 de febrero de 1881, con el subtítulo de ‘Diario democrático de intereses morales y materiales’ (12) . El alma y (desde 1884), el Director del periódico hasta su muerte en 1898 sería el regeneracionista vallisoletano (nacido en Santoña) Ricardo Macías Picavea (13) , vinculado al krausismo, a la Institución Libre de Enseñanza, a la masonería (con el “nombre simbólico” de Sócrates) (14) , al republicanismo, a la política local y nacional y al mundo de la innovación educativa como catedrático del Instituto Zorrilla. Novelista (Tierra de Campos), gran poeta de la estética del krausismo (Kosmos), “intelectual inconformista” y autor de un difundidísimo libro, El Problema Nacional, Macías Picavea muere en 1899. Su periódico le sobrevive poco más allá: hasta el año 1905. Pero añadamos que, en aquella época, un diario que permanezca en los quioscos catorce años puede considerarse una publicación de éxito.
La Libertad es un periódico que, por el carácter de su director, se preocupa de cuestiones pedagógicas y educativas (15) , como ampliamente ha estudiado Sánchez Agustí. Macías llegó a ser llamado a Madrid para participar activamente en el gran proyecto reformista educativo de Groizard. Y es autor de exitosos libros de texto además de uno de los más difundidos libros sobre educación:”La instrucción pública en España y sus reformas” (16)
Pero La Libertad vallisoletana es, sobre todo, un periódico político, un diario decididamente republicano y adscrito desde el primer momento (aunque poco a poco se iría distanciando de él), al grupo de Ruiz Zorrilla. En 1887, Macías Picavea proponía, pues, que Ruiz Zorrilla, Salmerón y Castelar (Macías se manifestaba distanciado “por un abismo” de Pi y Margall), “se unan para una revolución; una revolución no militar, sino en la lucha política, en la lucha económica y en la lucha social” (17) . Y refiriéndose al extremismo de Ruiz Zorrilla insistirá en que la revolución nunca ha de ser “una intentona militar”, sino una “revolución del sistema: la regeneración de la patria” (18).
La Libertad de Salamanca.- Probablemente acertemos al decir que con carácter mucho más político que La Libertad vallisoletana es como se crea en Salamanca otro periódico que (¿intencionadamente?) toma su nombre: se denomina también La Libertad. Se trata de un periódico que se mantiene de la mano de Eduardo Montero y, sobre todo de Soms y Castelín, el Catedrático de Griego que formaría parte del tribunal de oposiciones de Miguel de Unamuno (19). El periódico salmantino iba a tener solo un año de vida, siempre en permanente crisis y mantenido a la postre por el propio Unamuno, que aceptaría ser su Director (aunque con carácter “provisional”) y que se implicó con fuerza en su vanguardismo polémico republicanista y anticlerical. La Libertad salmantina, subtitulada ‘Diario político y literario’, nació el 1 de mayo de 1891, inspirado en Las dominicales del libre pensamiento de la Unión Republicana. Era un periódico republicano, krausista y cercano a la Institución Libre de Enseñanza (20) . Sus mentores fueron Azcárate, Salmerón, Pi y Margall, y Ruiz Zorrilla. Se parecía, como una gota de agua a otra -y no solo en el nombre- a La Libertad vallisoletana.
Como no disponemos de ningún dato, no queremos ceder a la tentación de hacer elucubraciones sobre empatías, contactos y relaciones entre ambos. Pero muy bien pudo haberlas y quizá un dato posible sea el de los dos cuentos a los que inmediatamente nos referiremos. Unamuno, que acababa de incorporarse a la ciudad charra, se implica a fondo. Escribe allí de todo (muchas veces bajo el seudónimo de Unusquisque), pero sobre todo polemiza, ataca y se defiende. A la postre, finalizando 1891, quedan prácticamente solos Dorado Montero y Unamuno en esa arriesgada aventura mediática.
Es entonces cuando, a partir de septiembre, el obispo de Salamanca, Tomás Cámara y Castro, se decide a entrar personalmente en la pelea y desencadena un feroz ataque contra el periódico republicano progresista (21). La Libertad no podrá resistir los embates de “la caverna”. Y el perió- dico desaparece: ha vivido únicamente un año.
“JUAN MANSO” Y “UN LOCO RAZONANTE”, LOS CUENTOS DE UNAMUNO PUBLICADOS EN LA LIBERTAD DE VALLADOLID (Y EN EL NERVIÓN DE BILBAO)
Estudiando la figura de Ricardo Macías Picavea, para las publicaciones que en Valladolid aparecieron con motivo del centenario de su muerte (1899), encontramos en el archivo familiar de Macías Picavea una breve carta de Don Miguel de Unamuno, de 1892, meses después de aniquilada La Libertad salmantina, que es, evidentemente, respuesta a otra anterior del director de La Libertad vallisoletana y en el que le anuncia la remisión de un cuento que también ha enviado “a Bilbao”. Solo hay una carta. ¿Tuvo que haber dos? Es seguro que tuvo que haber dos, como veremos.
La Libertad salmantina ya había desparecido. Y en 1892, al año siguiente, Macías Picavea solicita de don Miguel de Unamuno algún artículo para el periódico pucelano. Unamuno, que evidentemente tuvo que sentir cercanía y empatía con La Libertad vallisoletana, hermana mayor ideológica de la charra, contesta enviando dos cuentos… Pero dos cuentos que también había remitido a El Nervión.
Unamuno era un adicto a la correspondencia epistolar. Él mismo hablaba de su “epistelomanía” (22). Y en la Casa-Museo de Unamuno, en Salamanca, los legajos rebosan con las cartas cruzadas entre Unamuno y multitud de personajes de la época. Hay corpus específicos de relaciones epistolares mantenidas durante largo tiempo. Pero no hemos podido encontrar el menor rasgo de las comunicaciones que sabemos que evidentemente hubo, si bien mínimas según parece, entre Unamuno y Macías Picavea (23).
En cualquier caso, lo que parece claro es que Macías Picavea solicita algún artículo a Unamuno durante el año 1892. Y es claro, también, que Unamuno le remite dos cuentos. (24) Se trata de “Juan Manso” y de “Un loco razonante”.
“Juan Manso –Cuento de muertos-“se publicaría primero en El Nervión el 25 de mayo y se publica después en La Libertad el 5 de septiembre. “Un loco razonante” se publicaría en El Nervión el 17 de octubre y se publica después en La Libertad el 21 de noviembre. Parece pues de fácil deducción que, en las dos ocasiones, Unamuno remite primero su trabajo al periódico donde le pagan (me han alquilado en El Nervión… donde por un cuento pagan 5, 6 u 8 duros), actuando por comprensibles razones económicas. Y luego, asegurado de su publicación, remite el cuento a Macías Picavea, su camarada político e intelectual de La Libertad vallisoletana (“mi firma va extendiéndose e influyen- do mi labor”).
Estas preocupaciones económicas no eran infrecuentes en la época. No me resisto a dar noticia de una carta (muy digna de glosa) de Pérez Galdós, conservada también en el Archivo familiar de Ricardo Macías Picavea, en la que don Benito pide ayuda al vallisoletano para que promocione y atraiga compradores para sus Episodios Nacionales (25) (estaban resultando muy polémicos por sus interpretaciones progresistas), sugiriéndoles que utilice un definitivo argumento, bien poco ideológico: “Don Ricardo, ayúdeme en la venta. Puede Vd decir en las librerías y a los posibles compradores que son libros muy interesantes y de un gran valor… ¡porque llevan unas litografías muy bonitas!” (los puntos suspensivos y las admiraciones son nuestras).
¿QUÉ PASÓ CON “UN LOCO RAZONANTE” DURANTE 120 AÑOS?
Cuando conocimos las escuetas líneas de la carta de Unamuno y cuando vimos publicados en La Libertad los dos cuentos, pensamos haber hecho un gran descubrimiento. La Libertad, conservado en la Hemeroteca de El Norte de Castilla de Valladolid (uno de los periódicos “vivos” más antiguos de España, fundado en 1856), había sido estudiado espléndidamente por Celso Almuiña, pero desde la perspectiva de la historia de las Ciencias de la Comunicación, no tanto en sus contenidos educativos o literarios.
En definitiva, muy poca gente, por no decir nadie, había hecho un vaciado total de La Libertadcomo el que nosotros estábamos realizando. Asi que… ¿Serían conocidos estos dos cuentos?
Era la pregunta, tan ilusionada como ingenua, de cualquier historiador que “descubre” algo. La primera pregunta… y la que enseguida se desecha. Habíamos vivido siete años en Salamanca, en contacto muy directo con el mundo de la educación. Y eran tantos los estudios e investigaciones en torno a la obra unamuniana que resultaba algo propio de investigadores inexpertos pensar que estos dos cuentos podían ser desconocidos: Pauker, Gómez Molleda, Salcedo, Robles, Stevens, García Blanco, Pinillos, Sánchez Barbudo, Gálvez Yagüe, Mazo Unamuno, Senabre… Tantos y tantos habían estudiado la obra de Unamuno y en concreto sus cuentos, que pensar a estas alturas en un “descubrimiento unamuniano” de esa envergadura parecía carecer de sentido (pese al poco conocimiento que la comunidad científica tiene de “La Libertad”), máxime si tenemos en cuenta que tam- bién se habían publicado en “El Nervión”. Y la presencia de Unamuno en “El Nervión” había sido estudiada por Serrano en un volumen de homenaje al escritor editado en 1986 por la que era Rectora durante nuestra etapa salmantina (María Dolores Gómez Molleda) (26) . Indagar para ver si el cuento era desconocido suponía, evidentemente, perder el tiempo.
Sin embargo, cuando desde aquellos años leíamos trabajos sobre Unamuno, un día uno, otro día otro, aquí, allá…, nos tropezábamos sin problemas con “Juan Manso”, pero no encontrábamos el texto de “Un loco razonante”.
Así que empezamos, casi como sin querer, a repasar las diferentes “Obras Completas”: las de 1946, las de 1951, las de 1960, y la espléndida de García Blanco de 1966. Allí, en esta última obra, tan minuciosa, no encontramos los dos cuentos de “La Libertad” en el tomo I, dedicado a “Paisajes y ensayos”... Pero nos detuvimos, como es natural, en el tomo II, muy completo; en él era donde García Blanco publicaba todos los cuentos conocidos de Unamuno y añadía unos “Cuentos inéditos”. Son diez. Pero, aunque ya estaba allí “Juan Manso” (27) , el del periódico bilbaíno, no el de “La Libertad” vallisoletana… ¡no estaba (no está) “El loco razonante”!.
Como un conjunto, que suponen una colección miscelánea, aparecen los 27 cuentos de “El espejo de la muerte”, (“título inventado” por Unamuno en el último momento, según Gregorio Martínez Sierra), que iban a haber sido llamados por Unamuno Cuentos del Azar según nos dice Manuel García Blanco. En El Espejo de la muerte, pues, colección de sus primeros cuentos que el propio Unamuno publica en 1913 (28), no incluye, sin que alcancemos a comprender la razón, “Un loco razonante”, narración atractivísima que, como inmediatamente comprobará el lector, que era de redacción y temática típicamente “unamuniana” y hubiera encajado perfectamente en El espejo de la muerte. Por las fechas, tenía que haber estado necesariamente allí, entre estos cuentos, aunque García Blanco ya dice que el rigor cronológico nunca lo ha sido con las fechas que a cada relato corresponden según la asistemática unamuniana, consideración que nos parece esencial para comprender y explicar el sucesivo olvido y “traspapelo” de esta obra. Unamuno no incluye su cuento “Un loco razonante” en el año 2013.
Y, efectivamente, el que Unamuno “ignorara” en 1913 su cuento de 1892, iba a suponer una primera desorientación para los investigadores. No extraña, en consecuencia, el olvido del cuento, como decimos “durante durante 120 años”. Es comprensible que todos los investigadores “pasen a desconocer” la existencia de un cuento que había sido publicado solamente en dos periódicos de provincias antes de 1913, cuento que el propio Unamuno “desconoce” Y, de todas formas, también, en 1966 todavía no había efectuado Serrano, no olvidemos, su revelador estudio (un interesante artículo) sobre las relaciones entre Unamuno y El Nervión en donde se citan los dos cuentos, ambos remitidos por Unamuno en 1892, como sabemos.
Pero, publicado este artículo en 1986 en la edición al cuidado de Gómez Molleda, y reeditado de nuevo por el propio Serrano dieciocho años después, ya en nuestro siglo, en 2004, no tenía sentido (pensábamos), que nadie hubiera incluido “Un loco razonante” en ningún repertorio o publicación de cuentos unamunianos. O en las Obras completas que vieron la luz después de esa fecha. Era un error o, digamos mejor, un desconocimiento científico incomprensible. Aunque, de todas formas, también hay mala suerte en algunas cosas, pese a que ello no sea la razón directa de la omisión. Porque, aunque en 1986 el artículo de Serrano no tenía ninguna errata de imprenta, sí la iba a tener en el 2004.
Veamos. En esta reimpresión del artículo, la lista final que Carlos Serrano incluye, esta vez con edición en París, relacionando todas las publicaciones de Unamuno en El Nervión, se había omitido un “no”. Era una simple errata de imprenta, pero importante. Decía Serrano al principio de la lista que ofrece haciendo relación de las obras de Unamuno publicadas en El Nervión: “se antepone un asterisco en todas las publicaciones que aparecen en las Obras Completas”. Tenía que haber dicho “que no aparecen en las Obras Completas”. Con lo que, aunque no hubo errata en 1986 ahora, en el 2004, la desaparición de ese “no”, hacía que el asterisco, que aparece en verdad, delante de “Un loco razonante” en la lista, hiciese creer que ello indicaba que ese cuento sí aparecía publicado en las Obras Completas (29) .
Así pues, aunque Serrano ya se había dado cuenta en 1986 del desconocimiento de este cuento, no en el texto (que sigue sin publicarse), sino en la lista de obras de Unamuno, la errata de imprenta del 2004 contribuyó decisivamente a ocultarlo en los sucesivos y posteriores estudios.
Senabre (30) en su edición de las Obras Completas de 1995, ya nos advierte de que muchos de los cuentos de Unamuno que se publicaron inicialmente en periódicos, solo parcialmente fueron luego recogidos en libro. Con lo que los investigadores han venido realizando, a este respecto, bien es verdad, una ardua tarea de localización. Dice Senabre: “la determinación del corpus de los cuentos es (el) asunto más problemático. Incluyendo los 27 agrupados en el Espejo de la muerte, EleanorK. Pauker recogió en su conocida edición un total de sesenta y nueve cuentos, si bien extendiendo un tanto abusivamente los límites del género hasta dar entrada a ciertos artículos o escritos ensayísticos (como Al pie de una encina, La locura del doctor Montarco o Las bienaventuranzas de Don Quijote, e incluso a estampas costumbristas). En su afán por engrosar el número de cuentos del autor, la editora norteamericana llega a desglosar fragmentos de Niebla, e intenta justificarlos, según ella, apoyándose en los cuentos incluidos en El Quijote. Pero aun así solo encuentra sesenta y nueve. Y seguimos a Senabre precisando que, por su parte, García Blanco publica 76 cuentos o narraciones que propiamente pueden considerarse cuentos.
Efectivamente, Mario Valdés señala que Unamuno escribió 72 cuentos y 82 “cuentos en Diálogo”, refiriéndose a los “monodiálogos” editados con este nombre por García Blanco. Sigue Senabre: “hay pues discordancia en cuanto al número de cuentos”, e incluye 9 cuentos más, que denomina “nuevos Cuentos” (31) .
En definitiva, ¿qué pudo pasar con “Un loco razonante”?
Para Eleanor Parker, la temprana investigadora sobre Unamuno de la Universidad de Pensilvania, sus cuentos son anticipo de sus novelas o de sus “nivolas”. En sus estudios de 1961 y 1965, se atreve a ir anticipando en cada cuento una novela futura, como hemos señalado en nuestra “nota 27” en la que se refiere a nuestro “Juan Manso” como anticipo de “La tía Tula” …
Así que, por lo que vamos viendo, quizá es que nuestro cuento había podía ser considerado por los distintos recopiladores y estudiosos como una novela, por sorprendente que parezca, y estar incluido entre ellas (32) . Pero no es así.
O quizá podría estar incluido entre los “monodiálogos” … o acaso en los “relatos de costumbres”. Pero tampoco lo hemos podido localizar desde esta perspectiva.
También podría ser, como hemos visto, que Unamuno hubiese dado al cuento un nombre en 1892, y hubiese publicado el mismo cuento más adelante, con otro nombre. Pero tampoco parece que haya sido así.
Tras ser únicamente citado, dentro de una lista, en 1986, y tras ser dado por publicado (por un error de imprenta como hemos destacado anteriormente) en el 2004, no lo hemos podido localizar ni en las Obras Completas de 1995, las últimas, ni en las ediciones y estudios de las cuentos de Unamuno ni en 1997, ni en el 2008, ni en el 2011, en la espléndida obra de Carrascosa.
Y hemos llegado al año 2012, al que nos referíamos al principio: el Año de Unamuno que Salamanca y su Universidad, celebraron con gran brillantez.
¿QUÉ PASÓ CON “UN LOCO RAZONANTE” ENTRE EL 2012 Y EL 2019?
Año 2012.- En el Año de Unamuno, comprometido con el inicio académico de una universidad privada en Burgos que ya había sido reconocida, pero aún no tenía la “autorización de funcionamiento”, nos lanzamos a la aventura de conseguir que dicha institución creara un “Anuario científico” como iniciación al interés investigador que todo centro de educación superior debería mostrar ineludiblemente. Durante el año recopilamos cerca de treinta trabajos de investigación de los futuros profesores. Y para animar a la sociedad promotora, siendo el “año de Unamuno”, yo mismo decidí aportar el estudio y la edición de “Un loco razonante” con el fin de dar brillantez y marchamo científico a la publicación y animar a su continuidad. Lo publiqué con un detallado estudio y con el título de “Recuperación de un cuento perdido de Unamuno”.
Año 2013.- Cerramos la edición de este “Anuario” a principios del año 2013. Pero la empresa promotora, incomprensiblemente, no estaba por fomentar la labor investigadora universitaria y sólo editó… dos (sí, dos) ejemplares que se entregaron al Presidente de la Junta de Castilla y León y al Consejero de Educación. En respuesta, “colgamos” el Anuario en la pág. web de la Universidad… pero la empresa promotora, al poco tiempo, ordenó que se eliminara de allí. El cuento no había tenido, pues, la menor difusión en papel ni constaba en la pág. web de la universidad, de la que el Anuario había sido extirpado. “Un loco razonante” parecía seguir perdido y desconocido. A los pocos días presentamos la dimisión de todas las responsabilidades que teníamos con dicha universidad.
Años 2014 y 2015.- Comenzaba el año 2014 cuando nos dirigimos a la “Casa Museo de Unamuno”, en Salamanca, donde fuimos (como siempre), muy amablemente atendidos. En la Casa Museo se editaban los “Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno”, a los que ofrecimos nuestro artículo y la publicación del cuento. A todos les pareció de perlas, como es natural. Los “Cuadernos” se venían publicando muy satisfactoriamente. Con alguna casi inapreciable irregularidad desde 1948. Y con regularidad anual desde 1994. El último volumen en editarse había sido el nº 48, el año 2010. En la Casa esperaban que se reiniciase la publicación de la Revista al año siguiente (2015) y, por ello, guardaron el artículo. Pero los Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno se han dejado de publicar, lo que me comunicaron oficialmente en el año 2015. El pobre “Loco razonante”, tenía razones para estarlo.
Año 2017.- En el año 2017, en el mes de abril, se adoptó, en Almería, como ya hemos desta- cado al principio de las presentes páginas, la decisión de celebrar el Congreso de INFAD en Salamanca para la convocatoria de 2019 y concretamos que, con motivo del mismo, como aporta- ción al centenario de la Universidad, haríamos una edición especial con el estudio sobre el cuento “Un loco razonante”, narración hasta el momento ignorada de don Miguel de Unamuno y con el texto del mismo, según hemos dado a conocer al principio de estas páginas.
Pero después de abril, a mediados de año, veía la luz una reedición de los “Cuentos completos”que Óscar Carrascosa había editado en el año 2011, como hemos destacado ya al principio de este trabajo. En aquel año, había publicado 88 cuentos. Ahora… se publicaban 89. Porque se añadía, a los del año 2011, “Un loco razonante” … Quizá ese cuento “a mayores” de la edición del 2011 era motivo suficiente (además de, naturalmente, la gran acogida que tuvo el libro en su primera edición) para que esta obra se haya reeditado de forma que continúe respondiendo a su título de “Miguel de Unamuno: Cuentos Completos”.
El autor, que reedita el libro con la misma “Introducción” que, en el 2011, sólo añade a ella muy pequeños retoques. Entre ellos, el texto que sigue: “Sin duda podrán aparecer más relatos (de Unamuno), aunque cada vez sea menos probable. Dos años después de de ver la luz la primera edición de estos “”Cuentos Completos”” de Miguel de Unamuno en 2011, Isidoro González Gallego publicó un estupendo artículo titulado “”Recuperación de un cuento perdido de Unamuno””, al que remito en la bibliografía final de este volumen. Mi agradecimiento al doctor González Gallego es doble: desde luego, por sus encomios hacia mi edición, pero sobre todo por haber llevado a cabo lo que anuncia en el título de su artículo, y cuyo fruto es el texto titulado “Un loco razonante”. Como él mismo cuenta, diversas circunstancias difíciles de explicar –incluyendo una errata que nos ocultaba temporalmente el carácter inédito del texto- lograron que este cuento unamuniano, que se publicó en El Nervión en 1892, no haya reaparecido hasta hoy”. En la Bibliografía final de los “Cuentos completos”, efectivamente, se hace referencia al cuento… que, aunque ni fue publicado en papel, ni está en la pág web de la universidad… se encuentra “incrustado” en la red porque una vez que algo cae en esa red… no desaparece nunca. Bueno es que los autores no pierdan esto de vista.
Año 2018.- En el año 2018 fue cuando tuvimos noticia bibliográfica de que “Un loco razonante” se había dado a conocer en una reedición de Carrascosa, y comprobamos, al ir al libro, que con un reconocimiento de autoría investigadora que le agradecemos. Es cierto que era con referencia a “El Nervión”, de Bilbao (lógico en una edición de conjunto) y sin citar a “La Libertad” de Valladolid, que es donde lo habíamos encontrado. Es cierto, también, que el cuento se encuentra aislado, junto con otros 88 narraciones, sin estudio alguno ni referencia científica que lo avale. Es cierto que se había publicado casi de manera simultánea a la redacción del programa del INFAD para 2019. Y es cierto, finalmente, que aparece en una obra parcial, referente a la obra unamuniana (sus cuentos), sin que haya podido pasar a sus “Obras Completas” donde no se puede encontrar, como es natural, este cuento, que hace el número diez de los que escribió Unamuno y fue redactado cuando acababa de cumplir los 28 años.
Año 2019.- Jon Juaristi, en una reciente publicación (2012), dice, “al contrario de lo que sucede con las obras de los autores centrales de la generación del 14 (singularmente Ortega y Gasset, y Azaña), que ya cuentan con [un conocimiento total de su obra], las de los escritores del 98 no han alcanzado aún un estatuto semejante, salvo quizá Machado” (33) .
Y Juaristi no se refiere únicamente al conocimiento de recopilaciones de textos desnudos. Se refiere, también, a un “estatuto de ciencia”, a un “estado de la cuestión”, en definitiva, un conoci- miento que haya de abarcar, así mismo, textos y trabajos sobre ellos, interpretaciones, encajes con- textuales… junto con trabajos no conocidos. Desde esta última perspectiva hace poco tiempo se han dado a conocer nada menos que, dando la razón a Juaristi… ¡58 “textos desconocidos” de Unamuno! (34) .
Pero es que, en el caso de Unamuno, al mayor o menor desconocimiento de su obra hay que añadir otro hecho incontrastable: las constantes (y, para otros autores, infrecuentes), reediciones y republicaciones de su obra. En el 2016, por ejemplo, se reeditaban en nuestro Valladolid los “Cuentos del azar”, tan conocidos (35) . Y esto es algo que pudiéramos denominar “una constan-te permanente” de la obra unamuniana, a lo que no es ajeno el papel de figura política que Unamuno desempeñó también, a veces a su pesar y muchas veces sin querer o queriéndolo de otra manera. Porque dentro de ese “estatus de ciencia”, junto a la posible necesidad de incrementar el número de estudios, análisis y reconsideraciones científicas de su obra, junto con la necesidad de elaborar una “historia” de sus reales circunstancias y de su contexto, se encuentran las, repetimos que infrecuentes, re-ediciones y re-publicaciones de su corpus literario y de pensamiento, que en el caso de Unamuno, como acabamos de decir, es constante.
Decenas de veces se han reeditado… San Manuel Bueno Mártir, La Tía Tula, El sentimiento trá- gico de la vida, Niebla, los cuentos de El Espejo de la muerte (sólo contando las reediciones en la Colección Austral, “El espejo” ha salido de la imprenta en más de una docena de ocasiones), y tantas y tantas obras unamunianas. Siempre hay posibilidades nuevas. Y siempre hay perspectivas innovadoras en los estudios, exégesis, glosas, introducciones, presentaciones, historia…
Estas consideraciones, de acuerdo con la dirección del INFAD y del Congreso de Salamanca, parecen tener entidad suficiente como para justificar que nos decidamos editar el estudio y el texto de “Un loco razonante”, tal y como estaba previsto, describiendo su historia, su crónica más inmediata y las vicisitudes varias a las que se ha visto sometido, como homenaje a la Universidad de Salamanca en su octavo centenario dentro del XXVI Congreso de INFAD.
UN LOCO RAZONANTE MIGUEL DE UNAMUNO
Cuando el doctor Acevedo llegó al pueblo a reconocer y estudiar al criminal, la opinión pública estaba en él muy dividida. Los jóvenes le juzgaban loco, los viejos aseguraban que se fingía tal, todos comentaban las extrañísimas relaciones que habían mediado entre el matador y la víctima.El “sport” de aquellos días era en el pueblo inquirir los motivos del crimen. Las charadas, los logogrifos y adivinanzas del diario local estaban olvidados. Por su parte, los lectores del folletín habían perdido el hilo de éste y hablaban de cierto misterio, de iniquidad, de pecados de los padres castigados en los hijos.Del doctor recién llegado decían que estaba loco de vivir entre locos.Cuando el doctor entró en la celda de la cárcel en que estaba preso Don Pascual, cerró éste el libro y le miró sonriéndose.-¡Ya tenemos aquí al sabio!- exclamó.-¿Me conoce usted?-¿Y cómo no? Eso es, míreme usted bien las pupilas. ¿Quiere el doctor tomarme el pulso?¿quiere medirme el dedo meñique? ¿quiere probar qué tal tengo la vista? ¿desea que le enseñe la lengua? Ah, tal vez convenga que traigan el…-¿Pero qué ha hecho usted, desgraciado? – exclamó el doctor.-¡Ah! Vamos. Cambia usted la táctica. Usted desea que le cuente cómo fue la cosa. Veo que se pone usted en razón. Pues bien, le salvé.-¿Cómo ha podido usted matar a un hombre?-¡Matar! ¡Matar! El alma no puede matarse. Le quería yo mucho. ¡Era tan bueno! Un espíritu flaco, débil, muy débil… Así es que el demonio y la carne le cogían con tanta facilidad. Hacía tiem- po me tenía intranquilo. Y luego, ya lo sabe usted, su padre fue un monstruo y Dios castiga en los hijos las culpas de los padres; en una palabra, el pecado original o como dicen ustedes, la ley de la evolución ¿no es eso?-¡Ah!, ¡vamos!-Hace tiempo que yo no dormía. No hacía más que rogar por él e intentar moverle el corazón. El pobrecito después de oírme humildemente, me respondió: “Tiene usted razón, no lo haré más”. Esto me lo decía con mucha humildad, pero yo barruntaba inflexiones diabólicas en su voz. La víspera llegó desolado a casa, muy tarde, a media noche. Yo le esperaba. Traía los ojos enrojecidos y apenas me vió se quedó parado. Le interrogué, no podía hablar, tenía el corazón henchido. Comprendí que estaba saciado de demonio, dije: “este es el momento” y empecé a hablarle desde mi corazón para mover el suyo. Le hablé mucho tiempo y no recuerdo lo que le dije porque hablaba el espíritu por mi boca, le recordé su infancia y le incité a que vomitara los demonios de su alma en mi seno como de niño vomitó más de una vez en él teniéndole yo en brazos. Se le desató el nudo y se echó en mis brazos llorando. Me lo confesó todo, pidió perdón, oró, clamó, prometió penitencia y enmienda. Y mientras él abrazado a mí y llamándome su padre, lloraba, me fue inspirada la idea de salvarle. Había que aprovechar su regeneración, impedir que el demonio volviera a apoderarse de él.-¿Y no luchó usted?-¿Luchar? Había que salvarle, había que arrancarle el cuerpo de muerte para que el demonio no tuviera ya por dónde entrar en su alma… Sería muy débil.-Pero Dios…-Sí, Dios que marca la hora de cada cual había marcado la suya. Yo era su instrumento. El crimen fue expiado. Cuando se repuso le hice escribir unas cartas, pensar seriamente en la vida y la muerte y en la taza de té que le serví vertí esa… Lo tenía a prevención.-¡Ah! ¡vamos!-Sí, esperaba en Dios. No quería que sufriera porque el dolor suele ser puerta que a veces aprovecha el demonio para entrar en el alma. Podía haberse exasperado y blasfemado. El dolor cuando no es divino es diabólico, humano no es nunca. ¡Si usted le hubiera visto! ¡qué serenidad de alma! Parecía su espíritu un sol que nace en mañana de primavera. Me dijo: “siento sueño” y yo le contesté: “duerme hijo mío, eso te hará bien, es sueño de vida verdadera”. Sus últimas palabras fueron: “perdón”. Sin duda lo pedía para su padre. Cerró los ojos y movió la cabeza. Poco después estaba fría la carne pecadora.El doctor Acevedo le miraba con expresión de loco. Se repuso y sin mirar a D. Pascual exclamó:-¡No matarás!-¡Eso es, no matarás! Eso dije yo al demonio: ¡atrás, Satanás, no matarás su alma!-Pero ha perdido usted la propia. Esa vida era de Dios…-Justo, y yo su instrumento. Así como podía haberle muerto de una pulmonía, o de un tejazo, se sirvió de mí…-Eso es predicar el suicidio y el asesinato.-¿El suicidio? ¡No! El matarse es falta de fé. Todos morimos por falta de fé.-¿Por falta de fé?Don Pascual se acercó al doctor Acevedo, miró a todos lados y le dijo al oído:-Ese es el gran secreto. Si hubiera un hombre que creyera firmemente, sin sombra de duda algu- na que nunca habría de morir, si no perdiera esa fé ni en el último instante, si con el dogal al cuello no admitiera ni la menor duda, ni la más ligera acerca de su inmortalidad, no moriría nunca.-Pero…-El suicidio es la voluntad de morir y el querer morir, no el matarse, es el pecado. El pobrecillo no creía que iba a morir, murió sin saberlo… Y ahora, si usted quiere, le enseñaré la lengua y hará traer eso, y diga a esos señores de mi parte que hagan de mí lo que quieran, pues si Dios les ha escogido por instrumento de mi salvación ¡hágase su voluntad!El doctor Acevedo se levantó, se sentía malo. Dio la mano a don Pascual y salió.-Le declararé cuerdo – se decía – que le ejecuten, que le ejecuten cuanto antes, antes de que con los remordimientos le vuelva la conciencia. Así le salvarán.Al salir a la calle y recibir en la cara una ráfaga de aire fresco, sacudió su cabeza, volvió al mundo y se dijo:-¡Qué atrocidad! Por algo dicen que la locura es contagiosa.
Referencias
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