AJUSTE PSICOSOCIAL DE ADOLESCENTES AGRESORES A TRAVÉS DEL TELÉFONO MÓVIL Y DE INTERNET
PSYCHOSOCIAL PROFILE OF PERPETRATORS ADOLESCENTS THROUGH MOBILE PHONE AND INTERNET.
AJUSTE PSICOSOCIAL DE ADOLESCENTES AGRESORES A TRAVÉS DEL TELÉFONO MÓVIL Y DE INTERNET
International Journal of Developmental and Educational Psychology, vol. 1, núm. 1, pp. 79-92, 2019
Asociación Nacional de Psicología Evolutiva y Educativa de la Infancia, Adolescencia y Mayores
Recepción: 01 Marzo 2019
Aprobación: 30 Abril 2019
Resumen: El presente estudio tiene como objetivo principal analizar el perfil psicosocial de adolescentes agresores de cyberbullying, teniendo en cuenta los siguientes indicadores de ajuste psicosocial: satisfacción con la vida, reputación social no conformista y conductas antisociales dentro y fuera del contexto escolar. La muestra está formada por 896 estudiantes españoles (49.7% chicos y 50.3% chicas), de edades comprendidas entre los 11 y los 19 años (M = 13.9, DT = 1.5). Se encuentran diferencias significativas entre los grupos de ciberagresores y no agresores; los ciberagresores severos, seguidos de los cibereagresores ocasionales, muestran el ajuste psicosocial más conflictivo en todas las variables analizadas, y los adolescentes no agresores el ajuste más adaptado. Estos resultados proporcionan información relevante sobre la importancia del ajuste psicosocial en la prevención e intervención del ciberacoso.
Palabras clave: adolescencia, cyberbullying, agresores, ajuste psicosocial.
Abstract: This study’s main objective is to analyze the psychosocial profile of adolescent perpetrators of cyberbullying, taking into account the following indicators of psychosocial adjustment: satisfaction with life,non-conformist reputation and antisocial behavior inside and outside the school context. The sample consisted of 896 Spanish students (49.7% boys and 50.3% girls), aged between 11 and 19 years (M = 13.9, ST = 1.5). There are significant differences between the cyberbullies groups and non-per- petrators adolescents; the severe cyberbullies, followed by occasional cyberbullies, show the most controversial psychosocial adjustment in all the variables analyzed, and teens -perpetrators adolescents show more tailored psychosocial adjustment. These results provide relevant information on the importance of psychosocial adjustment in the prevention and intervention of cyberbullying.
Keywords: adolescence, cyberbullying, perpetrators, psychosocial adjustment.
INTRODUCCIÓN
El avance de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y el uso generalizado de los dispositivos electrónicos, principalmente smartphones e Internet, posibilitan un marco idóneo para el acoso y la intimidación entre iguales (Campbell y Bauman, 2018; Yubero, Larrañaga, Villora,& Navarro, 2017). Tal es el caso del cyberbullying, un subtipo de bullying (Campbell, 2005; Smith, Mandavi, Carvalho, & Tippett, 2006), que emplea los dispositivos electrónicos como vía de acción para agredir e intimidar, entre una o varias personas, a una víctima que no puede defenderse fácilmente por si misma (Buelga, Martínez-Ferrer, Cava, & Ortega-Barón, 2019; Smith, Mahdavi, Carvalho, Fisher, Russell, & Tippett, 2008). Esta modalidad de maltrato, caracterizada por el dese- quilibrio de poder entre víctima y agresor (Waasdorp & Bradshaw, 2015), ve incrementado su potencial dañino por el anonimato del agresor y la rápida difusión de los ataques a través de la Red. Las víctimas de cyberbullying pueden ser agredidas en cualquier espacio y a cualquier hora, lo que incre- menta notablemente la sensación continua de indefensión y los sentimientos de vulnerabilidad (Kowalski & Limber, 2007; Navarro, Larrañaga, & Yubero, 2018; Ortega-Barón, Postigo, Iranzo, Buelga, & Carrascosa, 2018
Diferentes estudios coinciden en que la prevalencia de este fenómeno se ha incrementado en los últimos años (Delgado & Escortell, 2018; Machimbarrena & Garaigordobil, 2018; Watts, Wagner, Velasquez, & Behrens, 2017). En la primera década, la prevalencia de cibervictimización ya se situaba en 30.1%, y en 44.1% el porcentaje de adolescentes que habían participado en al menos un acto de CB (Calvete, Orue, Estévez, Villardón. & Pardilla, 2010; Estévez, Villardón, Calvete, Padilla, & Orue, 2010). Las investigaciones sobre los ciberagresores en comparación con el mayor número de trabajos sobre las víctimas, son muy escasas, habiendo todavía muchas cuestiones que no han sido estudiadas sobre el agresor. Las investigaciones de Slonje & Smith (2008) sitúan la prevalencia de ciberagresores en el 10.3%, mientras que cuatro años más tarde, el trabajo de Buelga & Pons (2012), reporta que el 31.4% de los adolescentes ha participado en alguna conducta de CB a lo largo del último año. Concretamente el 26.5% de los adolescentes lo hacen de manera ocasional y el 4.9% severa. En la misma línea, otros estudios más recientes revelan cifras más elevadas en el porcentaje de ciberagresores ocasionales (26.8%) frente al 5.2% de adolescentes que agreden de forma severa (Buelga, Cava, Musitu, & Torralba, 2015). En los últimos años, la investigación de Lee & Shin (2017) establece una prevalencia del 34% de ciberagresión, destacando las implicaciones de este fenómeno en la población adolescente.
En relación a las características demográficas de los agresores, los pocos trabajos que hay parecen que concuerdan en señalar que existe una mayor prevalencia de agresores varones que de mujeres (González-Cabrera, León-Mejía, Machimbarrena, Balea, & Calvete, 2019; Navarro, 2009; Lee & Shin, 2017; Li, 2006). A este respecto, una cuestión interesante son las diferencias entre sexos, que autores como Garmendia, Garitaonandia, Martínez-Fernández, & Casado (2011) encuentran en la intensidad de las ciberagresiones. Estos autores, hallan una mayor incidencia de ciberagresiones ocasionales (menos de una vez a la semana) entre las chicas, y de ciberagresiones severas (más de una vez a la semana) entre los chicos. Por otro lado, no hallamos un consenso respecto a la prevalencia de ciberagresores en una etapa concreta o curso académico, sin embargo, la literatura parece estar de acuerdo en que la edad de inicio de cyberbullying cada vez es más prematura (De Tejada et al., 2018).
Aunque son pocos los estudios que analizan las características psicológicas y sociales de los agresores, la literatura muestra la fuerte vinculación de ciertas variables con el cyberbullying, tal es el caso de la reputación social. El uso de la violencia puede ser una estrategia del agresor para aumentar su popularidad y liderazgo, si bien, un medio para conseguir un mayor estatus social asociado al logro de una reputación social no conformista (García-Fernández, Romera-Félix, & Ortega- Ruiz, 2017). Por lo que, muchos agresores son percibidos como figuras populares y reconocidas en su grupo de pares (Gini, 2006; Hawley & Vaughn, 2003). El protagonismo, el poder y la popularidad que confiere la conducta violenta puede reforzar al agresor a implicarse en otras conductas antisociales y desadaptadas (Moreno, Neves, Murgui, & Martínez, 2012; Ortega-Barón, Buelga, Carrascosa, & Cava, 2016).
Ciertamente, diferentes estudios evidencian la implicación del agresor en una constelación de comportamientos antisociales, como vía para adquirir el reconocimiento y la aprobación social de sus iguales (Estévez, Emler, Cava, & Inglés, 2014; Romero-Abrio, Martínez-Ferrer, Sánchez-Sosa, & Musitu, 2019). De hecho, el adolescente agresor emplea diferentes canales con el objetivo de mantener y potenciar su reputación (Kawataba, Tseng, & Cick, 2014), tales como la participación en conductas violentas y disruptivas dentro de la escuela (Buelga, Musitu, Murgui, & Pons, 2008; Estévez, Murgui, Moreno, & Musitu, 2007; Martínez, Murgui, Musitu , & Monreal, 2008), la trasgresión de normas y los comportamientos vandálicos y delictivos fuera de la escuela (Romero-Abrio, et al., 2019; Buelga & Musitu, 2006; Emler & Reicher, 2005), el consumo de drogas ilegales (Jiménez, Musitu, & Murgui, 2006; Van Lier, Vitaro, Barker, Koot, & Tremblay, 2009) y las prácticas de conducción y de sexualidad temerarias (Buelga & Musitu, 2006; Carrol, 2002; Zabala & López, 2012).
Pese al estatus social y los índices de popularidad adquiridos, lo cierto es que los agresores de cyberbullying parecen presentar mayor malestar psicológico que los menores con conductas socialmente más ajustadas (Povedano, Estévez, Martínez, & Monreal, 2012). La evidencia empírica ha demostrado que la agresión violenta muestra una interrelación con los sentimientos de soledad (Brewer & Kerslake, 2015). Los ciberagresores presentan una autoestima más negativa y una menor satisfacción con la vida (Martínez, Buelga, & Cava, 2007; Moore, Huebner, & Hills, 2012). ). A este respecto, MacDonald, Piquero, Valois, & Zullig (2005) constatan que, la satisfacción con la vida se relaciona con una menor implicación del joven en conductas violentas, y viceversa. De este modo, los estudios de Miranda, Oriol, Amutio, & Ortúzar (2019) y Buelga et al. (2008), señalan que la satisfacción con la vida supone un importante propulsor del ajuste psicosocial del adolescente y un factor protector de la violencia entre iguales.
Teniendo en cuenta estos antecedentes, y que todavía son pocos los trabajos centrados en explorar el ajuste psicosocial del agresor de cyberbullying, los objetivos de este estudio han sido:
(1) Estudiar la prevalencia de agresores de cyberbullying según la intensidad de las agresiones, el sexo y el curso académico;
(2) Examinar las relaciones entre el cyberbullying y todos los indicado- res de ajuste psicosocial; y 3) Determinar el ajuste psicológico y social de los agresores de cyberbullying en los tres grupos analizados (ciberagresores ocasionales, severos, y adolescentes no implicados), teniendo en cuenta los siguientes indicadores: reputación social no conformista, conductas antisociales dentro y fuera del contexto escolar, y satisfacción con la vida.
MÉTODO
Participantes
Participaron en la investigación un total de 896 adolescentes de ambos sexos (445 chicos y 451 chicas) de edades comprendidas entre los 11 y 19 años (M= 13.9; DT= 1.5), escolarizados en 5 centros educativos de Enseñanza Secundaria Obligatoria, seleccionados aleatoriamente en cada una de las provincias de la Comunidad Valenciana. Un 25.3% de la muestra cursaba estudios de 1º de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), un 29.4% estudiaban 2º de ESO, un 20.1% estaban en 3º de ESO, un 23.1% de los participantes cursaban 4º de ESO, y por último un 2.1% estudiaban cualificación profesional. Se realizó un muestreo estratificado por conglomerados. Los estratos se establecieron en función de las variables: curso (1º, 2º, 3º, 4º de la ESO y programas de cualificación profesional) y provincia (Castellón y Valencia).
Instrumentos
Escala de Cyberbullying (Cyb-agres). Se trata de una adaptación de la escala de victimización a través del teléfono móvil y a través de Internet (Cyb-vic) de Buelga, Cava, & Musitu (2012). La escala se compone de 10 ítems que evalúan comportamientos que implican agresiones de violación de la intimidad, denigración, hostigamientos, persecución, exclusión social y suplantación de la identidad. La escala evalúa, agresiones cometidas por el adolescente a través de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el último año, con un rango de respuesta de 1 a 5: nunca, pocas veces (entre 1 y 2 puntos), algunas veces (entre 3 y 5 puntos), bastantes veces (entre 6 y 10 puntos) y muchas veces (más de 10 puntos). El coeficiente de fiabilidad de de Cronbach en la presente escala fue de .89.
Escala de conductas antisociales dentro del contexto escolar. Se trata de una escala elaborada a partir del instrumento previo de comportamientos delictivos de Musitu, Buelga, Lila, & Cava (2001). La escala consta de 15 ítems que evalúan, diversos tipos de conductas antisociales realizadas en el último año por el adolescente en la escuela. Para cada ítem se ofrecen cinco posibilidades de respuesta: nunca, pocas veces (entre 1 y 2 puntos), algunas veces (entre 3 y 5 puntos), bastantes veces (entre 6 y 10 puntos) y muchas veces (más de 10 puntos). Esta escala está formada por ítems que miden vandalismo y conductas delictivas (ejemplo, «He roto cristales, puertas, mesas u otras cosas del instituto; he robado cosas del instituto»), violencia hacia el profesor (ejemplo, «He insultado a la cara a profesores; He dañado el vehículo de algún profesor») y violencia hacia los compañeros (ejemplo, «He pegado a algún compañero; he robado cosas de mis compañeros»). El coeficiente de fiabilidad de de Cronbach en la presente escala fue de .90.
Escala de conductas antisociales fuera del contexto escolar Se trata de una escala elaborada a partir del instrumento previo de comportamientos delictivos de Musitu et al. (2001). La escala consta de 11 ítems que evalúan, diversos tipos de conductas antisociales realizadas en el último año por el adolescente. Para cada ítem se ofrecen cinco posibilidades de respuesta: nunca, pocas veces (entre 1 y 2 puntos), algunas veces (entre 3 y 5 puntos), bastantes veces (entre 6 y 10 puntos) y muchas veces (más de 10 puntos). Esta escala está compuesta por ítems que miden vandalismo y delincuencia (ejemplo, «he roto papeleras, farolas, cajeros u otras cosas de la calle; he robado motos o bicicletas»), violencia hacia las personas (ejemplo, «He insultado o molestado a inmigrantes o vagabundo») y conductas peligrosas (ejemplo, «He conducido motos o coches sin permiso; he tomado drogas: pastillas, cocaína, speed»). El coeficiente de fiabilidad de de Cronbach en la presente escala fue de .86
Escala de reputación social no conformista. Esta escala es un factor del cuestionario de reputación social de Carroll, Houghton, Hattie, & Durkin (1999), que mide con 15 ítems tres dimensionesde la reputación social (conformista, real, y no conformista). En esta investigación se ha utilizado el factor de reputación social no conformista de la reputación, formado por 8 ítems, que evalúa con un rango de respuesta que oscila entre 1 –nunca– y 4 –siempre–, lo que cree el adolescente que piensan los demás sobre su reputación rebelde y transgresora. (Ejemplo «Creo que los demás piensan que soy rebelde; creo que los demás piensan que provoco líos y problemas»). La consistencia interna medida a través del de Cronbach para esta subescala, fue de .85.
Escala de Satisfacción con la vida de Atienza, Pons, Balaguer, & García-Merita (2000).Esta escala ofrece un índice general de satisfacción vital, entendida ésta, como un constructo general de bienestar subjetivo. El instrumento consta de 5 ítems con un rango de respuesta de 1 (muy en desacuerdo) a 4 (muy de acuerdo), (ejemplo «Mi vida es en la mayoría de los aspectos como me gustaría que fuera»). La consistencia interna medida a través del de Cronbach fue de .81.
Procedimiento
Con el objetivo de solicitar permiso y participación de los centros docentes seleccionados de manera aleatoria, se contactó a través de un documento formal. Una vez obtenidos los permisos de los centros y las autorizaciones de los tutores legales, se explicó detenidamente los objetivos de la investigación. Investigadores previamente formados procedieron a aplicar los instrumentos de medida durante el horario escolar. Se garantizó la privacidad de los participantes, notificando la naturaleza voluntaria y anónima de su participación. La cumplimentación se realizó por los alumnos de forma individual.
Análisis de Datos
Se establecieron los puntos de contraste para configurar los grupos de agresores de cyberbullying. De tal manera, que el punto de corte empleado en la escala de ciberagresión fue 1 desviación típica por encima de la media: los participantes, cuyas puntuaciones superaban en 1 desviación típica la puntuación, fueron asignados al grupo de agresores severos. Los sujetos que puntuaron 0 en todos los ítems de la escala de cyberbullying, fueron establecidos al grupo de no agresores y por último, el resto de los adolescentes fueron reportados al grupo de agresores ocasionales. Estos criterios permiten diferenciar en función de la intensidad y la frecuencia del acoso, y han sido empleados en estudios previos (Cava, 2011; Marini, Dane, Bosack, & YLC-CURA, 2006).
Establecidos los grupos de contraste, se realizó, en primer lugar, un análisis descriptivo de los tres grupos de agresores, en función de las variables género y curso escolar mediante un análisis de contingencia y se determinó si existían diferencias significativas mediante la prueba Chi-cuadrado de Pearson.
En segundo lugar, se calculó el coeficiente de correlación de Pearson, entre las variables de estudio y se realizó un análisis de la varianza entre los tres grupos de contraste en las variables de estudio. Tras hallar diferencias estadísticamente significativas, se procedió a aplicar pruebas post hoc mediante el procedimiento de Bonferroni. Para el tratamiento de los datos se empleó el paquete estadístico SPSS.
RESULTADOS
Grupos de agresores de cyberbullying: análisis descriptivo
Los resultados indican que, mientras que el 43.2% (N= 387) de los adolescentes nunca ha agredido a sus iguales a través de las nuevas tecnologías, más de la mitad de los adolescentes (N= 509; 56.8%) ha acosado a sus pares en el último año. La totalidad de estos ciberagresores son agresores ocasionales (N= 394; 44%), con una puntuación media (M) en la escala de cyberbullyingde 13.01 (DT= 1.82). También hay un porcentaje más reducido pero alto de agresores severos (N= 115; 12.8%), con un promedio (M) de 25.11 (DT= 6.73) en la escala de cyberbullying.
Los análisis descriptivos con respecto al género de los ciberagresores muestran que en el grupo de ciberagresores severos, hay el doble de chicos que de chicas: 78 chicos (8.7 %) frente a 37, chicas (4.1%). En el grupo de ciberagresores ocasionales, hay un mayor número de chicas (N= 217; 19.8%) que de chicos (N= 177; 24.2%), y en el grupo de no agresores, el número de chicos y chicas es muy similar. La prueba de Chi-cuadrado de Pearson revela que la variable sexo es dependientede la tipología de agresores, (x2= 18.76, gl=2, p < .001).
Respecto a la distribución de los grupos de agresores por cursos, los resultados indican que el mayor número de alumnos agresores severos prevalece en 4º de la ESO (N= 36; 4%), el de agresores ocasionales en 2º de la ESO (N= 131; 14.6%) y el de adolescentes no agresores en 1º de la ESO (N= 127; 14.2%). Se observa la misma prevalencia (8%) de agresores ocasionales (N= 7) y agresores severos (N= 7) en el curso de programa de cualificación profesional inicial (PCPI). La prueba de Chi-cuadrado de Pearson revela que la variable edad es dependiente de la tipología de agresores, (x2= 48.71, gl=2, p < .001).

Análisis de correlación y análisis de varianza entre los grupos de ciberagresores y no agresores
El análisis de correlación de Pearson revela la existencia de correlaciones estadísticamente significativas entre el cyberbullying y todas las variables analizadas en este trabajo (Tabla 2). En concreto, el cyberbullying correlaciona negativamente con la satisfacción con la vida (r = -.17, p < .001), y positivamente con la variable reputación social no conformista (r =.58, p < .001), con las conductas antisociales dentro del contexto escolar (r = .71, p < .001), y con las conductas antisociales fuera del contexto escolar (r =.65, p < .001).
Se observa alta correlación entre los dos tipos de conductas antisociales relativas a los comportamientos realizados dentro por una parte, y fuera por otra parte, del contexto escolar (r =.79, p < .001). Los datos muestran relaciones positivas y estadísticamente significativas entre ambos comportamientos antisociales con la reputación social no conformista (r =.68, p < .001; r=.65, p < .001, respectivamente), y de signo negativo con la satisfacción con la vida (r = -.23, p <.001).

El análisis de varianza muestra en los tres grupos de ciberagresores (no agresores, agresores ocasionales, agresores severos) la existencia de diferencias estadísticamente significativas en todas las variables de ajuste psicosocial (Tabla 3); en satisfacción con la vida (F(2,894)= 27.99; p < .001), conductas antisociales dentro del contexto escolar (F(2,879)= 443.05; p < .001), conductas antisociales fuera del contexto escolar (F(2,889)= 311.29; p < .001) y reputación no conformista (F(2,895)= 215.00; p < .001).
Así, se puede constatar en la Tabla 3 que, los ciberagresores severos obtienen puntuaciones significativamente más elevadas que el grupo de ciberagresores ocasionales (p < .001), y éstos a su vez, más altas que el grupo de no agresores (p < .001) en todas las variables analizadas. Los resultados muestran que la puntuación de los ciberagresores severos es en conductas antisociales dos veces más alta que la que obtiene el grupo de los no agresores, y un tercio más elevada que la que se halla para los ciberagresores ocasionales. Concretamente, en la variable de conductas antisociales en el contexto escolar, el promedio de los ciberagresores severos es de M= 34.25, frente a M= 21.08 en agresores ocasionales y M= 16.60 en no agresores. En la variable de conductas antisociales fuera del contexto escolar, la puntuación de los agresores severos es de M= 22.14, frente a M= 13.52 en agresores ocasionales y de M= 11.49 en no agresores. En lo que respecta a la reputación social no conformista, el grupo de ciberagresores severos obtienen un promedio de M= 10.89, que desciende a M= 7.30 para el grupo de agresores ocasionales y a M= 5.89 en no agresores.

Finalmente, en relación a la variable satisfacción con la vida, se constata que el grupo de no agresores presenta las puntuaciones más altas en esta variable de ajuste (M= 16.23), sin que se encuentren diferencias estadísticamente significativas entre los grupos de ciberagresores ocasionales (M= 14.92) y severos (M= 14.40).
DISCUSIÓN
En el presente trabajo se planteó analizar las posibles diferencias existentes en el ajuste psicológico y social de una muestra de adolescentes implicados en cyberbullying (ciberagresores severos, ciberagresores ocasionales y los adolescentes no agresores) En primer lugar, se analizó la prevalencia de agresores a través de las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Los resultados confirman que más de la mitad de los adolescentes en el último año, ha agredido a sus iguales mediante las TIC, siendo la mayoría de estos acosadores, ciberagresores ocasionales. Estos hallazgos son consistentes con los trabajos de Calvete et al. (2010) y Buelga et al. (2015), quienes encuentran también, que algo menos de la mitad de los adolescentes han acosado a sus iguales.
El cyberbullying parece, por tanto, como sugiere nuestro estudio y como señalan varios trabajos recientes, ser un problema creciente entre los adolescentes de todos los países desarrollados del mundo (Navarro, Yubero, Larrañaga, & Martínez, 2012; Zych, Ortega-Ruiz, & Marín-López, 2016), donde el uso de las innovaciones tecnológicas, tiene un papel central en la vida cotidiana de los adolescentes (Besoli, Palomas, & Chamarro, 2018). De hecho, el aumento de cyberbullying con las graves consecuencias negativas que tiene sobre la víctima, es de tal relevancia, que ya esconsiderado como un problema de salud pública (Aboujaoude, Savage, Starcevic, & Salame, 2015). La mayor o menor gravedad de la victimización por cyberbullying dependerá, sin duda, de la intensidad de las agresiones realizadas por el acosador. Nuestro trabajo revela en este sentido, que un diez por ciento de los ciberagresores son agresores severos; acosan a sus iguales todos o casi todos los días (Buelga et al., 2015), y el resto, ciberagresores ocasionales.
En cuanto a las diferencias de género entre los grupos, encontramos que, la mayoría de los ciberagresores severos son chicos, lo cual coincide con los trabajos de Garmendia et al. (2011) y Ortega-Barón, et al. (2016). Estos autores constatan, también en su estudio, que las chicas están más implicadas en agresiones moderadas. En realidad, parece que hay cierto paralelismo con el acoso escolar, en el cual los chicos participan con más frecuencia en agresiones severas y directas, mientras que, las chicas en agresiones indirectas y de intensidad moderada (Delgado & Escortell, 2018).
En relación a las diferencias por curso, se observan interesantes resultados, en cuanto que existe un mayor número de ciberagresores severos en el segundo ciclo de educación secundaria obligatoria; en 4º de la ESO, y de ciberagresores ocasionales en el primer ciclo; en 2º de la ESO. Donde no se observan diferencias es en el curso de PCPI, que incluye tanto a agresores ocasionales como a severos. La distribución diferente según la intensidad del acoso en primer y segundo ciclo de enseñanza secundaria, podría explicar los resultados contradictorios que obtienen algunos trabajos previos. Así, Calvete et al. (2010) constatan la existencia de un mayor número de cyberbullies en segundo y tercer curso de la ESO, lo que, en nuestro trabajo coincide con lo hallado para el grupo de ciberagresores ocasionales. Autores como Garaigordobil (2015) encuentran que, la mayor parte de los ciberagresores están cursando los dos últimos cursos de Educación Secundaria Obligatoria, lo cual, estaría también en consonancia con los datos que encontramos para los ciberagresores severos.
Con el objetivo de establecer el ajuste psicosocial de los adolescentes agresores, se examinaron las diferencias entre los grupos de ciberagresores y no agresores en las variables de reputación no conformista, conductas vandálicas y delictivas dentro del contexto escolar, conductas vandálicas y delictivas fuera del contexto escolar y satisfacción con la vida. Los resultados obtenidos resultan novedosos, los ciberagresores severos son, como era de esperar, los adolescentes con peor ajuste psicosocial, seguido de los ciberagresores ocasionales. Los ciberagresores severos muestran con respecto a los demás grupos (ciberagresores ocasionales y no agresores) por una parte, las puntaciones más bajas en satisfacción con la vida, y por otra, las puntuaciones más elevadas en reputación no conformista y en conductas vandálicas tanto dentro como fuera del contexto escolar. En la misma línea, encontramos que tanto los bullies como los cyberbullies, presentan un perfil menos adaptativo; un peor ajuste psicosocial (Ford, King, Priest, & kavanagh, 2017). Este interesante resultado junto con la alta correlación hallada entre las variables consideradas en este trabajo, parecen confirmar, en acuerdo con la literatura científica sobre la conducta antisocial en los adolescentes, la implicación de los agresores en una constelación de comportamientos disruptivos y su relación con el ciberacoso (Estévez et al., 2014). Además, y también en coincidencia con trabajos previos realizados con delincuentes juveniles (Emler & Reicher, 2005), encontramos en esta investigación que la necesidad de tener una reputación no conformista, es decir, de ser considerado por los demás como una persona rebelde y con una imagen de duro, es muy importante para los ciberagresores.
Ciertamente, este planteamiento parece confirmarse en el presente trabajo, dónde se observa que los ciberagresores severos muestran no sólo las puntuaciones más elevadas en cyberbullying, sino también las puntuaciones más elevadas en conductas vandálicas y delictivas dentro delcontexto escolar por una parte, y en conductas vandálicas y delictivas fuera del contexto escolar. La elevada participación de los ciberagresores severos en conductas relacionadas con actos de vandalismo, como romper bienes materiales del colegio, y con conductas violentas hacia los compañeros y profesores en el ámbito escolar, se amplía también fuera del colegio a actos de vandalismo urbano, de violencia hacia la personas y de participación en conductas de riesgo como el consumo de drogas ilegales. Por otra parte, aunque con una menor participación que este último grupo, encontramos también que, los ciberagresores ocasionales obtienen puntuaciones significativamente más altas en estas conductas vandálicas y delictivas dentro y fuera del contexto escolar, que los adolescentes no agresores. Lo cual sugiere, como indican autores como Estévez, Jiménez, & Cava (2016), la existencia de un bucle de retroalimentación, por el cual, el estilo de vida antisocial se mantiene y se hace persistente en la vida del adolescente desviado, que por otra parte pertenece a redes sociales, que potencian el desarrollo de estos modelos de conducta. Estos comportamientos delictivos, incluido el cyberbullying, suponen, por un lado, la pérdida del control del adolescente y por otro, graves consecuencias para el menor y para la sociedad.
Por otra parte, otro resultado muy interesante de este trabajo es el que corrobora la vinculación existente entre los problemas externos y de comportamientos antisociales con la insatisfacción con la vida (MacDonald et al., 2005; Martínez et al., 2007; Owens, Shippee, & Hensel, 2008; Valois, Zullig, Huebner, & Drane, 2001). En este sentido, investigaciones previas sobre la violencia escolar demuestran también que, pese a lograr un estatus socialmente reconocido entre sus iguales y poseer una amplia red de apoyo social, los acosadores escolares están menos satisfechos con su vida, y tienen un menor bienestar psicológico (Ford et al., 2017; Jiménez, Musitu, & Murgui, 2008; Povedano et al., 2012). De hecho, en esta línea, los resultados del presente estudio señalan, que el grupo de ciberagresores severos, , seguido de los ciberagresores ocasionales informan de estar más insatisfechos con su vida. Lo cual parece indicar que la participación en este tipo de conductas violentas hacia los iguales no incrementa la satisfacción con la vida del adolescente agresor, sino que al contrario, parece existir una relación inversa entre ambas variables, por lo que sería conveniente realizar posteriores estudios para profundizar en esta interesante cuestión.
El presente trabajo cuenta con ciertas limitaciones. En lo que respecta, a los instrumentos utilizados en la recogida de datos, el autoinforme, puede producir ciertos sesgos en la respuesta de los participantes. Para futuras investigaciones sería interesante incluir la utilización de metodologías cualitativas, que permitan un análisis más exhaustivo para profundizar en el estudio del perfil de los ciberagresores. Otra limitación del trabajo es la naturaleza transversal del mismo, siendo necesarias investigaciones posteriores que determinen la causalidad de las variables objeto de estudio.
No obstante y a pesar de estas limitaciones, este trabajo contribuye a avanzar en el conocimiento del cyberbullying, y en concreto, en algunas características personales y psicosociales de los adolescentes agresores, entre los cuales, se ha constatado interesantes diferencias en las variables consideradas, según se trate de ciberagresores severos y de ciberagresores ocasionales. Como futura línea de investigación, sería interesante continuar en el estudio del ajuste psicológico y social del agresor de cyberbullying, incluyendo nuevas variables que profundicen en este conocimiento. Este tipo de estudios contribuirá, en definitiva, a desarrollar programas de prevención que permitan reducir y evitar un problema que está creciendo de forma importante en todos los países desarrollados.
Referencias
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Besoli, G., Palomas, N., & Chamarro, A. (2018). Uso del móvil en padres, niños y adolescentes: Creencias acerca de sus riesgos y beneficios. Aloma: Revista de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport, 36(1).
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