Música y banda militar de música desde la Gran Década Nacional hasta el fin del Porfiriato
Música y banda militar de música desde la Gran Década Nacional hasta el fin del Porfiriato
Cuicuilco, vol. 23, núm. 66, pp. 95-105, 2016
Instituto Nacional de Antropología e Historia
Resumen: En este artículo se revisa brevemente la música patriótica y de banda de viento militar en el periodo 1857-1910, que va de la Guerra de Reforma al fin del Porfiriato. Fue en esta última etapa cuando la banda militar tuvo un papel preponderante en la cultura musical, ya que puso al alcance de la población las obras de los grandes maestros europeos y mexicanos. Esto se logró gracias a la tradición de ofrecer serenatas en las plazas principales del país. La banda militar se convirtió en el símbolo musical de México, pues representó a la nación en las exposiciones universales y eventos internacionales.
Palabras clave: gran década nacional, Porfiriato, historia de la música mexicana, bandas militares de viento, diversiones públicas.
Abstract: This paper briefly reviews patriotic music and the music of the military brass band throughout the period 1857-1910, which runs from the War of Reform, to the end of the Porfiriato era. It was in the latter period that the military band played an influential role in the country’s musical culture, since it placed the works of the Grand Masters of both Europe and Mexico within reach of the general population. This was achieved thanks to the tradition of offering serenades in the main squares of the country. Thus, the military band was converted into a musical symbol of Mexico, given that it represented Mexico at both universal and international events.
Keywords: National Golden Decade, Porfiriato, history of Mexican music, military brass bands, public events.
Introducción
En este artículo revisaremos brevemente la música patriótica y la de banda de viento militar en el periodo que va de 1857 a 1910, que corresponde desde el inicio de la Guerra de Reforma hasta el final del Porfiriato. La información proviene de una tesis de historia realizada en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) en 2002, en la cual abordamos el tema de las bandas de música militares en México, además de otros estudios que hemos llevado a cabo acerca de la música en el siglo XIX [Ruiz 2002: 145].
Los músicos militares mexicanos, al igual que los europeos, participaron en eventos que iban más allá de sus labores castrenses y del ceremonial patriótico, por ejemplo, ofrecieron serenatas en plazas principales donde estuviese acantonado un regimiento; participaron en diversiones como corridas de toros o funciones teatrales; fueron el fondo musical en la inauguración de obras públicas y, antes de la Guerra de Reforma, intervenían en ceremonias religiosas.
Las bandas mexicanas seguían los modelos de sus contrapartes europeas, y al igual que ellas, ofrecían audiciones en parques, plazas y jardines. Allí tocaban un repertorio que consistía en arreglos de ópera y música sinfónica, valses, cuadrillas y géneros bailables, piezas populares y, evidentemente, marchas, himnos y música marcial.
En principio, podemos hablar de dos tipos de bandas militares: las que tocan cornetas y tambores para la instrucción y el combate —bandas de guerra— y las que ejecutan música más formal y contrataban músicos — conocidas como bandas de armonía, orquestas militares, bandas de viento o bandas de música.
Las bandas de guerra ensayaban fuera del cuartel, pues muchas veces éstas fueron casas habilitadas y en el mejor de los casos ex conventos, por lo cual fue común la falta espacio. Además, las maniobras que ejecutaba la tropa debían ser llevadas a cabo extramuros de la ciudad, pero al ir o regresar a su cuartel lo hacían a tambor batiente. Marchar así debió causar molestias a la población y fue motivo de muchas quejas que en ocasiones llegaban a las más altas autoridades. Las peticiones se hacían en todos los tonos y formas. Una de ellas, por ejemplo, se publicó en el periódico El Monitor Republicano en una edición de enero de 1872:
Una súplica. Los vecinos pacíficos de las calles de la Acequia y Puente del Correo Mayor, suplican al jefe de los vecinos bélicos del cuartel situado en la primera de estas calles, que aprovechando la deliciosa frescura de la mañana, y gozando a la vez del magnífico panorama del Valle de México, salgan los individuos que estudian los deliciosos instrumentos clarín y tambor, á hacer sus escoletas a las espaciosas llanuras adonde el genio de la armonía descenderá sobre ellos, inspirándoles sublimes melodías, en tanto que los pacíficos vecinos puedan gozar de las dulzuras de Morfeo [El Monitor Republicano].
Música y bandas en la Guerra de Reforma
Una vez derrotado el régimen santanista y triunfante la Revolución de Ayutla se promulgó en 1857 una nueva constitución de carácter liberal. Esto provocó la oposición del bando conservador que encabezado por Félix Zuloaga promovió su desconocimiento. La guerra civil que se desató entre conservadores y liberales duró tres años y fue muy cruenta para ambas facciones.
La música fue también un arma al igual que los rifles y cañones. Una parte de ésta fueron las marchas dedicadas a los héroes, ejemplo de ello es “La victoria”, polka-mazurca compuesta en honor del general Luis Osollo (del bando conservador) por A. Infante. Por su parte, Jesús Valades escribió para el general Miguel Miramón una marcha que llamó “Al genio de la guerra” [Valades: 3]. Por el ala liberal el compositor zacatecano Fernando Villalpando dedicó “La marcha batallón González Ortega” a su paisano, el general Jesús González Ortega [Ortega: 3]. Aniceto Ortega compuso una marcha para el general michoacano Vicente Riva Palacio. La famosa “Marcha Zaragoza” fue compuesta también por Ortega. Las piezas se escribían para piano, después, si gustaba, se arreglaban para banda.
La Intervención y el Imperio
Con la Intervención y el Imperio llegaron las bandas de música francesas, belgas y austriacas,éstas portaban los nuevos instrumentos desarrollados a mediados de siglo en Francia y Austria. Algunos de estos grupos fueron de gran calidad, además de traer las últimas modas musicales, tanto en instrumentación, número de ejecutantes y repertorio [Ruiz: 211-212].
Seguramente uno de los conjuntos musicales militares de mayor nivel que llegó a tierras mexicanas y que se recordó por varios años fue la banda que acompañó a Legión Austriaca, que dirigía Josef Rudolph Sawerthal, y que tenía su cuartel en Liubliana (actualmente capital de Eslovenia).
El periódico El Pájaro Verde , al dar noticia de su llegada a Puebla publicó lo siguiente:
El 24 había llegado, parte de ella a Puebla. La Reconciliación [periódico de Puebla] dice de ella El personal nos parece bastante bueno, y su porte marcial revela educación y finura. La música es de lo mejor y más escogido, y en cuanto a la oficialidad, es cortesana, simpática y de maneras bastante finas [ El Pájaro Verde ].
Desde la llegada del ejército expedicionario francés, los comandantes ordenaron a sus bandas ofrecer serenatas en las plazas principales. Esta fue una costumbre ya conocida en México, e intentaba que los soldados buscaran congraciarse con la población local y dar una imagen menos ruda de la Intervención. Por lo general, la serenata se daba en la plaza principal, y para tal fin en algunas partes se empezaron a construir templetes o pabellones, semejantes a los que había en Francia por aquella época. Éstos serían los antecedentes de los kioscos que tendrían su auge en el Porfiriato.
Entre marzo de 1865 y enero de 1866, la banda de la Legión Austriaca presentó en la Plaza de Armas de la Ciudad de México obras de 40 compositores, de los cuales dominaban los austriacos. Se tocaron 172 piezas, la música más ejecutada fue la de Johann Strauss que representó 23%; Josef Sawerthal (director de la banda), 20% y Giuseppe Verdi, 11 %. Estos tres compositores ocuparon más de la mitad del repertorio de la banda [Ruiz: 219].
Una pieza de Sawerthal es la marcha “Novara” escrita en honor de la fragata de la marina austriaca que trajo a Maximiliano y Carlota a México. También Maximiliano fue homenajeado en varias marchas como la titulada “La Mexicaine”, de Jules Hémery, compuesta en París [ La Sociedad ].
Otro ejemplo de las serenatas que ofrecían las bandas europeas lo vemos en 1866, en Saltillo, Coahuila, donde el programa de música tocado por la banda del 12º Regimiento de Cazadores del ejército francés en la Alameda fue el siguiente.
12º Regiment de Chasseurs
Programme de Musique
De 27 Mai 1866
1. Le Tyrol (Allº Mre.) Gurtner.
2. Le Debardeur (Quadrille) Bourginal.
3. Galathe (Mosaïque) V. Massé.
4. La Chanteuse Voilá (Valse) Landremont.
5. I Lombardi (Mosaïque) Verdi.
6. El Gris (Schotisch) G. V.
Á l´Alameda de 5 á 6 hr 1/2. [León: 37]
Además de las serenatas, los contingentes que entraban a la capital fueron recibidos con música. La Legión Belga fue recibida con las bandas de la Legión Extranjera [ El Pájaro Verde ]; un batallón de esta última, procedente de Oaxaca, fue saludado a su entrada por la música del regimiento austriaco [ El Pájaro Verde ]. Cuando llegó el resto de la fuerza, salieron a su encuentro las bandas de la misma legión y la austriaca [ El Pájaro Verde ].
Las bandas en la República restaurada
Con la restauración de la República en 1867 las bandas de viento continuaron su labor de difusión musical. Por ejemplo, El Monitor Republicano anunciaba el programa que ofrecería el Batallón del Distrito. La separación entre Iglesia y Estado fue definitiva y se permitió que las bandas tocaran sus serenatas en los días santos. Esto lo registra Ignacio Manuel Altamirano en una de sus crónicas:
El gobierno mandó situar una música militar en la tarde del jueves Santo, en el jardín de la Plaza Mayor, y jamás desde que ese lugar es el paseo favorito de las familias mexicanas, ha habido en él mayor concurrencia. No se cabía. La música estuvo tocando hasta la noche, algunas piezas de ópera, de zarzuela, danzas y el ta y el té, con gran contentamiento de todos [Altamirano: 21].
El repertorio de la banda militar en México estaba formado de cuatro grandes partes:
La participación de las músicas del ejército en las festividades patrióticas fue obligada, además del 16 de septiembre, las celebraciones incluían los triunfos contra los ejércitos extranjeros como el del 5 de mayo, que fue declarado fiesta nacional. El programa del festejo en 1872 en la Ciudad de México fue organizado por el Ayuntamiento constitucional y la Junta Patriótica y presentado días antes por los periódicos de la capital. La intervención de las bandas militares empezaba desde la madrugada y finalizaba hasta la noche.
Programa...
3o- Al toque de diana, se verificará un repique general, y las músicas de la guarnición, así como las de los cuarteles menores de la ciudad recorrerán las calles tocando hasta las siete de la mañana.
5o- Al desfilar la procesión cívica por la calle del 5 de Mayo, las músicas tocaran la marcha nacional Zaragoza.
7o.- En la tarde de este mismo día tendrá lugar una función en el Teatro Hidalgo, según el programa que se circulará, y acróbatas en las plazas de Villamil, el Carmen, Vizcaynas y Juan J. Bat, situándose las músicas militares en los paseos públicos [ El Monitor Republicano ].
Músicas. El domingo Cinco de Mayo, en la tarde, habrá una en la glorieta del mismo nombre; otra en el Zócalo, y en la Alameda otra; esto ha manifestado el Sr. D. Vicente García Torres el galante general García.
Como esto redunda particularmente en bien de las señoras que disfrutarán de agradables melodías, el Monitor da las gracias por lo que toca a las bellas lectoras [ El Monitor Republicano ].
Las músicas militares participaban en los eventos oficiales del presidente de la República. Ofrecían serenatas en los parques y plazas de todo del país. Igualmente, en los años de la República Restaurada fue cuando comenzó la edificación de kioscos en las plazas principales de las ciudades. El kiosco fue una construcción que se creó ex profeso para las serenatas de los conjuntos de aliento.
Las bandas militares durante el Porfiriato
¿Para qué
habitante del Distrito Federal
cuya niñez haya
transcurrido de los años
noventa a la otra
década, Porfirio Díaz,
marcha de honor e
himno nacional no
serán tres partes
de un solo todo?
Fuente: Martín Luis Guzmán [Guzmán: 237]
Uno de los orgullos del régimen porfirista—junto con los ferrocarriles, las grandes construcciones y el crecimiento económico—fue el ejército. En efecto, lo que apenas unos años antes fueron contingentes desordenados, mal vestidos y armados, y dirigidos por oficiales que actuaban más por intuición que por conocimiento se transformó en un cuerpo disciplinado y profesional. Ver marchar en desfiles como el del 16 de septiembre o 5 de mayo a los flamantes batallones, la caballería y artillería fue motivo de orgullo, satisfacción y confianza, porque se tenía fe que dicho ejército ya no sería, como en el pasado, botín de caudillos o jefes ambiciosos. Así, con esas fuerzas armadas, el orden constitucional estaba asegurado.
La profesionalización y modernización del Ejército federal fue consecuencia de una serie de factores: el periodo de paz que gozó México evitó que fuera usado constantemente contra el pueblo (a excepción de rebeliones indígenas como las de Yucatán y Sonora); otro fue el crecimiento económico que permitió contar con recursos suficientes para pagar puntualmente a la tropa, elevar el sueldo de oficiales y jefes e invertir en armamento y educación militar.
Con la llegada de Díaz al poder, sus ministros de guerra llevaron a cabo una serie de reformas al instituto armado que harían de éste un ejército profesional. Ello también se manifestó en las bandas militares, tal como veremos a continuación.
A diferencia de los conjuntos de música regional—por ejemplo, los del son mestizo de cuerda—, las bandas de viento y militares tocaban repertorios más amplios. Esto se debía en parte a que los directores y ejecutantes iban a donde se les ofrecía trabajo y a la movilidad propia del ejército. Veamos algunos ejemplos.
Candelario Rivas (1860-1916), el renombrado director zacatecano, tuvo a su cargo diferentes bandas. En 1890 fue subdirector en la del 10º Regimiento de Puebla; director fundador de la banda del estado de Hidalgo, a la que regresó en 1911 por petición del gobernador, también dirigió la banda del Parque Luna en el Distrito Federal, conjunto con el que alcanzó grandes triunfos [Romero: 20, 44-45].
Fernando Villalpando (1870-1905), compositor y director zacatecano, empezó su carrera musical como cornista en la Banda de Música del 2o. Batallón de Zacatecas, a las órdenes del general Jesús González Ortega. Villalpando ascendió por riguroso escalafón hasta llegar a director de la Banda Municipal de la ciudad de Zacatecas [Romero: 1].
Abundio Martínez, el gran compositor de Huichapan, Hidalgo, comenzó su carrera en la banda que dirigía su padre. A los 16 años recibió el permiso de su familia con el fin de dirigir la banda de música de Polotitlán. Más tarde se trasladó a la ciudad de Pachuca, donde aprende violín y piano. Al emigrar la familia a México en 1890, Abundio se incorporó a la importante Banda de Zapadores que dirigía el maestro Miguel Ríos Toledano [Rubluo: 20-21].
Miguel Vasallo participó en la banda del 25º Batallón de Infantería con sede en Juchitán, Oaxaca; en 1908 se hizo cargo de la banda municipal de esa comunidad. Posteriormente Vasallo fue solicitado para dirigir la banda del estado de Chiapas [Romero: 52].
Un músico muy importante para las bandas en México fue el jalisciense Clemente Aguirre(1828-1900), autor de la famosa marcha “Ecos de México” y director de varias bandas en el Bajío y Jalisco. Desde niño, Aguirre ya participaba en la banda del Batallón de Artillería de Ayo, Jalisco, más tarde tocó el clarinete en la banda del Tercer Batallón de Allende. En 1844 llegó a la Ciudad de México a estudiar composición y dirección orquestal con José María Pérez de León, sin embargo, abandonó sus estudios y participó como músico y soldado en la guerra contra los estadunidenses entre 1846 y 1847. Después dirigió las bandas del Primer Batallón Ligero de Guanajuato (1854), Quinto Batallón de Infantería (1861-64), 25º Batallón (1867). Aguirre tuvo mucha actividad como compositor, maestro y director [Pareyón: 13-22].
Otro director famoso fue el michoacano Isaac Calderón (1857-1915), quien tuvo bajo su batuta a la Banda de la Gendarmería montada de la Ciudad de México. A este grupo Rubén M. Campos lo llamó la primer “gran banda” en México [Campos: 203]. Este conjunto fue el primero en ejecutar obras de carácter sinfónico como la “Pastoral”, de Ludwig van Beethoven [Pareyón: 58].Calderón nació en Michoacán y aprendió música en el seminario de Zamora. En 1887 se dio de alta en la banda de música del Regimiento de Gendarmes del Ejército, y por riguroso escalafón ascendió hasta director. De 1896 a 1899 dirigió la banda de la fábrica de hilados y tejidos “Hércules”, ubicada en las inmediaciones de Querétaro. Sin embargo, el general Clemente Villaseñor pidió que volviera al ejército, en 1899 recibió la batuta de la famosa banda del 8º Regimiento para suplir a los músicos que habían pasado a formar parte de la banda del Estado Mayor. En 1904 volvió a solicitar su baja en el ejército y se dedicó a dirigir bandas civiles. Nuevamente ingresó al instituto armado en 1909, dirigió la banda del 28º Batallón, y más tarde la del 22º.
El trabajo de los directores fue variado, algunos, como Isaac Calderón, hicieron parte de su carrera musical en el ejército; otros, como Abundio Martínez o Villalpando, pasaron a las bandas civiles, la composición y la enseñanza. Seguramente el sistema de contratas fue más atractivo para los directores y ejecutantes que enrolarse como militares de planta. Aunque para algunos el trabajo en el ejército fue más seguro y prestigiado. Esto condujo al gran auge de las bandas militares durante el Porfiriato y una de las más famosas fue la del Estado Mayor.
Durante el Porfiriato hubo una banda militar que fue emblemática de ese periodo. En efecto, si tuviéramos que elegir la música militar más importante de fines de siglo XIX y principios del XX ésta sería la Banda de Música del 8º Regimiento de Caballería, que después se llamaría Banda del Estado Mayor, la cual estuvo bajo la batuta de dos de los mejores directores de la época: Encarnación Payén y Nabor Vázquez.
La trayectoria de Encarnación Payén es característica de los músicos que tenían a su cargo las grandes bandas militares. Comenzó tocando pistón en la banda del Cuerpo de Granaderos de la Guardia de los Supremos Poderes y de ahí pasó a la banda de Artillería de Mina, Primero Activo de Celaya y Noveno de Caballería, entre otras. A finales de la década de los ochenta, Payén ingresó como director a la banda del 8º de Caballería con sede en Morelia [Romero: 54-55].
Pronto la banda del 8º de Caballería ganó fama gracias al apoyo del jefe del regimiento, el coronel Epifanio Reyes. En 1893, el gobierno de la República transformó la Banda del 8º Regimiento en Banda de Música del Estado Mayor Especial con base ya no en Morelia, sino en la capital del país [Romero: 57]. Los eventos oficiales importantes, y particularmente los del presidente Díaz, fueron acompañados por la música que dirigía el maestro Payén. Además, fue la banda elegida para representar a México en ferias internacionales y la que acompañó al presidente en sus actos oficiales [Ruiz: 244].
El otro gran director de la Banda de Estado Mayor fue el clarinetista oaxaqueño Nabor Vázquez, que la dirigió de 1899 hasta la disolución del Ejército federal en 1914 [Ruiz: 249-250].
Al igual que años anteriores, las músicas militares ofrecían serenatas que se anunciaban en la prensa, como la ofrecida en la Alameda de la Ciudad de México por la Banda de Ingenieros y la del 7º Regimiento el domingo 13 de junio 1886 [ El Diario del Hogar : 3].
En 1904, la revista El Mundo Ilustrado daba cuenta que las Bandas de Zapadores y del 10º Batallón ejecutaron durante el paseo lo mejor de su repertorio [ El Mundo Ilustrado : 4]. Una de las piezas que seguramente tocó la Banda de Zapadores fue el pasodoble “Quiebros y requiebros”, grabado por la RCA Victor en 1905. Otra de las piezas grabadas también por esos años es la “Marcha Félix Díaz”, de Velino M. Preza, ejecutada por la Banda de Policía de México [Garrido: 29].Otro conjunto muy famoso y que fue también una de las primeras en grabar discos fue la de Artillería, que dirigía el maestro Ricardo Pacheco.
Aunque la Ordenanza General del Ejército no consideraba para el servicio a los menores de 18 años, fue costumbre muy arraigada utilizarlos para las bandas de guerra hasta la época de la Revolución. Por ejemplo, la banda de guerra del Colegio Militar no estaba formada por los alumnos de esa institución, sino por jóvenes de 16 años de otros establecimientos como la Escuela Industrial [ Secretaría de Guerra y Marina : 844].
Durante el largo régimen de Díaz, la banda militar tuvo un papel preponderante en la cultura musical; puso al alcance de la población un repertorio (el de los grandes maestros europeos y mexicanos) que de otra manera hubiera sido imposible que se escuchara. Esto se logró gracias a la tradición de ofrecer serenatas en las plazas principales de todo el país. La banda militar se convirtió en el símbolo musical de México, pues representó a la nación en las exposiciones universales y eventos internacionales. Con el movimiento armado de 1910 comenzó otro proyecto de país y cambiaron las formas de nacionalismo, incluido el musical. Los portavoces del nuevo nacionalismo musical académico considerarían a los compositores de escuela del Porfiriato como europeizantes. Con el tiempo, el desarrollo de medios como el cine y la radio hizo que la banda militar cediera paso a otros grupos que tomarían su lugar como portavoces musicales de la nación mexicana.
Referencias
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El Diario del Hogar, 1886 13 de junio de 1886, Música en la Alameda, p. 3.
Garrido, S. Juan, 1981 Historia de la música popular en México (2ª ed. corregida y aumentada). Editorial Extemporáneos. México: 29.
Guzmán, Martín Luis, 1971 El Águila y la Serpiente, en La novela de la Revolución Mexicana, 1ª parte, t. I. Aguilar (Colección Obras Eternas). México: 237.
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Romero, Jesús C., 1963 La música en Zacatecas y los músicos zacatecanos. UNAM: 20, 44-45.
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Ruiz Torres, Rafael Antonio, 2002 Historia de las bandas militares de Música en México: 1767-1920, tesis de maestría en Historia. UAM-Iztapalapa: 145.
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Notas de autor