ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN
LENGUA Y LENGUAJE ARQUITECTÓNICO COMO ELEMENTO DE AFIRMACIÓN CATALANISTA EN EL TIEMPO DEL MODERNISME
IDIOM AND ARCHITECTURAL LANGUAGE AS CATALAN STATEMENT ELEMENT IN modernisme TIMES
LÍNGUA E LINGUAGEM ARQUITETÔNICA COMO ELEMENTO DE AFIRMAÇÃO CATALANISTA NOS TEMPOS DO MODERNISME
LENGUA Y LENGUAJE ARQUITECTÓNICO COMO ELEMENTO DE AFIRMACIÓN CATALANISTA EN EL TIEMPO DEL MODERNISME
Oculum Ensaios, vol. 14, núm. 3, pp. 441-451, 2017
Pontifícia Universidade Católica de Campinas
Recepción: 31 Marzo 2016
Recibido del documento revisado: 12 Mayo 2017
Aprobación: 08 Junio 2017
RESUMEN: En la Cataluña de transición, entre los siglos XIX y XX, la cuestión de la identidad cobra cada vez más fuerza. Por supuesto, la arquitectura no era inmune a esa tendencia. Al mismo tiempo, cuestiones relativas a la lengua como elemento de identidad ganan relevancia tanto en Europa, con la defensa idealista de Johann Gottlieb Fichte, y en Cataluña, con la reforma lingüística de Pompeu Fabra. En este artículo se analizará la relación entre lengua y lenguaje arquitectónica en el contexto de rescate y reinterpretación de la identidad catalana. En especial, se centrará el análisis en las ideas de los arquitectos Josep Puig i Cadafalch y Bonaventura Bassegoda i Amigó en sus aspectos relativos al lenguaje del Románico y la identidad catalana.
PALABRAS CLAVE: Arquitectura, Cataluña, Fin-de-Siècle, Lenguaje.
ABSTRACT: At the turn of the nineteenth and twentieth centuries, the issue of identity grew stronger in Catalonia. Of course, architecture was not immune to this trend. Meanwhile, issues of language as an element of identity gain importance both in Europe - with the idealistic defense of Johann Gottlieb Fichte - and in Catalonia - with Pompeu Fabra’s linguistic reform. In this article, we will analyze the relationship between language and architectural language in the context of redemption and reinterpretation of Catalan identity. We will focus on the analysis of the ideas of the architects Josep Puig i Cadafalch and Bonaventura Bassegoda i Amigó and their aspects related to the language of Romanesque and Catalan identity.
KEYWORDS: Architecture, Catalonia, Fin-de-Siècle, Language.
RESUMO: Na Catalunha da transição entre os séculos XIX e XX, a questão da identidade tornou-se cada vez mais forte. É claro que a arquitetura não ficou imune a essa tendência. Ao mesmo tempo, ganharam importância as questões da língua como um elemento no fortalecimento de identidade tanto na Europa - com a defesa idealista de Fichte - quanto na Catalunha - com a reforma linguística de Pompeu Fabra. Neste artigo será analisada a relação entre língua e linguagem arquitetônica no contexto de resgate e reinterpretação da identidade catalã. Em particular, se concentrará na análise das ideias de Josep Puig i Cadafalch e Bonaventura Bassegoda i Amigó, em seus aspectos relativos à linguagem do Românico e a identidade catalã.
PALAVRAS-CHAVE: Arquitetura, Catalunha, Fin-de-Siècle, Linguagem.
INDRODUCIÓN
Este artículo tiene como objetivo analizar la relación entre la lengua y el lenguaje arquitectónico en el proyecto de rescate y reinterpretación de la identidad catalana a finales del siglo XIX. En concreto, se examinarán las ideas de los arquitectos Josep Puig i Cadafalch y Bonaventura Bassegoda i Amigó relativas a la asociación entre lengua y lenguaje arquitectónico. A lo largo de este artículo se utilizará el término fi de segle para designar la arquitectura fin-de-siècle en Cataluña, diferenciándola así del cuadro europeo.
Como se puede observar en textos como “En Busca d’Una Arquitectura Nacional”, de Domènech i Montaner (1878), las preocupaciones por la construcción de una identidad en la arquitectura estaban presentes en las discusiones teóricas y críticas de la arquitectura catalana en la segunda mitad del siglo XIX. Un fenómeno que se dio en Cataluña, al igual que ocurrió en la Escocia anexionada a la Gran Bretaña en 1700; en la Bélgica dividida entre Valones y Flamencos; en la Italia y Alemania recién unificadas; en el Imperio Austro-Húngaro, en proceso de división; y en Turquía, en ese momento en proceso de modernización con los Jóvenes Turcos y en plena decadencia del Imperio Otomano. Digno de atención es que los nombres de los movimientos arquitectónicos/artísticos relacionados a esa búsqueda remitan a lo nuevo, una vez que contestan a una necesidad de fundar una nueva tradición, aunque esa nueva tradición se base en una mitología hibrida entre la tradición popular/historia y la creación romántica, a la manera wagneriana: Art Nouveau en Bélgica y Turquía, Jungendstil en Alemania, Sezession en Áustria-Hungria, Liberty en Italia, Modern Style en Escocia, o Modernisme en Cataluña. En la Europa periférica se puede hablar también de Jose Plecnic en los Balcanes y de casos semejantes en la arquitectura nórdica, como la arquitectura finlandesa fin-de-siècle, que intenta rescatar la identidad nacional frente a la rusa, o el caso noruego.
EL LENGUAJE DEL ROMÁNICO COMO IDENTIDAD DE CATALUÑA






Josep Puig i Cadafalch es una figura clave para entender cómo la arquitectura catalana va a unir la búsqueda de elementos de identidad nacional con la de un estilo. Puig desarrolla una teoría que asocia el estilo arquitectónico y su lenguaje a la geografía y a la sociedad de donde ésta proviene, utilizando como caso de estudio la arquitectura románica y la Cataluña medieval que la desarrolló.
Una teoría acorde con el proyecto político catalanista y el creciente nacionalismo en la Europa Fin-de-Siècle.
Como intelectual catalanista prominente, Puig es una de las vías de acceso a la cultura europea Fin-de-Siècle de la Cataluña de su tiempo. Fue uno de los principales instigadores del proceso de generación de unas bases rigurosas de la historia del arte Románico, y uno de los autores clave en el campo de la restauración y conservación de la arquitectura medieval catalana. Si la ideología de fondo de su trabajo es el nacionalismo político (BARRAL I ALTET, 2003), el enfoque historiográfico es positivista. Puig propone una metodología para explorar la cultura de la que surge y participa la obra arquitectónica.
Una característica de la visión de Puig de la arquitectura románica es que forma un continuo con la arquitectura de la Cataluña romana (RAMON & GRANELL, 2006). El Románico no es pues un lenguaje arquitectónico importado, sino la evolución de uno propio, y su estudio debería comenzar por la arquitectura romana. Utilizando un método de base comparativa, Puig da un valor operativo a la historiografía del Románico, y ofrece una identidad catalana desde la arquitectura.
Según Puig i Cadafalch (1920), uno de los primeros rasgos diferenciales del lenguaje arquitectónico catalán respecto al castellano se debería al patrimonio cultural árabe propio de la Península Ibérica, frente al romano de la Cataluña Mediterránea. Los orígenes diversos marcarían la diversidad de lenguaje existente entre la producción arquitectónica castellana y la catalana. En relación al Románico de otras partes de Europa, por ejemplo, del norte de Italia, Puig i Cadafalch (1920) identifica como característica única del Románico catalán el techo de bóvedas de cañón. No sólo los techos pétreos abovedados, sino también el arco catalán, se han convertido en signos característicos de la identidad de la arquitectura catalana. Ejemplos de su interpretación - no directa aplicación ecléctica - en la arquitectura Modernista se pueden ver en las bóvedas catalanas y arcos aplicados en la Casa Martí i Puig (el Quatre Gats), en el Claustro del Monasterio de Montserrat, en la Casa Macaya o en la Casa Serra.
Puig i Cadafalch (1920) establece dos períodos. El primero, desde el punto de vista arquitectónico, corresponde a los siglos X y XI, y su principal característica es la asimilación de elementos del lenguaje constructivo y espacial romano. En el segundo período se generan elementos escultóricos y ornamentales más marcados (PUIG I CADAFALCH, 1920). Desde un punto de vista social, el primer Románico se produce en el contexto de la recuperación regional tras la caída provocada por la extinción de las instituciones coloniales romanas y la segunda fase, en la época de prosperidad surgida gracias a las anexiones y conquistas llevadas a cabo durante los siglos XII y XIII, que darán forma a los Països Catalans, y a la apertura de Cataluña al comercio (PUIG I CADAFALCH, 1920). Es en este segundo momento en el que hay un mayor interés en recuperar una estética escultórica para la producción arquitectónica del Modernisme, por su papel como momento áureo de la expansión catalana en el imaginario colectivo. Esto puede ser visto en los elementos escultóricos de la Casa Terrades, proyecto de 1905 tambien de Puig i Cadafalch (1920).
En la postura de historiador de Josep Puig Icadafalch subyace un argumento altamente político, que asocia el desarrollo del lenguaje artístico y arquitectónico con la expansión mediterránea de Cataluña. El estilo y su lenguaje, pues, es generado por la identidad de un pueblo, inseparable de sus instituciones y costumbres, y de su devenir histórico. Sólo las condiciones particulares de Cataluña podrían generar su peculiar lenguaje arquitectónico Románico, reflejo de un pueblo industrioso, capaz de producir mucho con pocos recursos. En un esfuerzo por universalizar su estudio, Puig se ocupa de verificar la hipótesis de que las leyes que rigen la relación entre la gente y el estilo de la Edad Media en Cataluña son aplicables a otros países europeos (PUIG I CADAFALCH, 1920).
En su Discurso sobre la Arquitectura Catalana, Bonaventura Bassegoda i Amigó empieza criticando varios textos contemporáneos por tratar el arte español como un todo indivisible. Mientras que, para Bassegoda, las diferencias entre los lenguajes arquitectónicos de gallegos, castellanos, andaluces, aragoneses o catalanes, son claras (BASSEGODA I AMIGÓ, 1907). Percibiendo la amenaza de desaparición de las peculiaridades locales, Bassegoda i Amigó (1907) teje una crítica a la homogeneización artística, que reflexiona acerca de las particularidades de la arquitectura catalana desde un planteamiento historiográfico de claras influencias francófilas, como se puede ver a continuación:
[…] es realmente censurable que todavía se enseñe en algunas obras nacionales y extranjeras el uniformismo artístico español […] suponer construidas en una misma y única plantilla oficial, las catedrales de Santiago, de Sevilla, de Barcelona, de Zaragoza, de Burgos y de Toledo […] es desconocimiento […] amenazan con la desaparición del color local de las obras de nuestros artistas, inficionados a su vez, de cosmopolitismo destructor, defecto que a la postre determina también la destrucción de la personalidad y de los méritos de escuela […] Merced a tan arraigadas preocupaciones van desarrollándose las individualidades artísticas, sin la debida preparación, sin los conocimientos que determinan, en definitiva, la diferencia de los elementos constitutivos de toda obra de arte y en especial el color local y la actualidad. Y, ¿qué es lo que queda a la creación de un artista, si la despojáis de ambos elementos? Nada (BASSEGODA I AMIGÓ, 1907, p.6).
Al mismo tiempo que Puig, Bassegoda ve como las bases de la identidad catalana se enraízan en la cultura de la Alta Edad Media y del Románico, y propone la hipótesis de que el gótico es el primer ataque que amenaza la identidad arquitectónica de Cataluña (BASSEGODA I AMIGÓ, 1907). Como represalia del norte francés sobre el sur - Cataluña, Provenza y Languedoc - después de la derrota ante sajones y normandos en la guerra contra los albigenses, se introducen una serie de órdenes religiosas extranjeras, trayendo con ellos su propio lenguaje arquitectónico. El gótico sería una imposición del Norte; no sería una creación propia, a diferencia del Románico, que sería catalán a pesar de las influencias orientales llegadas desde Lombardía (BASSEGODA I AMIGÓ, 1907).
Al igual que para Puig, para Bassegoda la fijación en el Románico tiene una motivación política catalanista clara. Sin embargo, en las capas ontológicas más profundas, también se puede intuir una crítica típicamente fin-de-siècle a la visión del arte como una creación autónoma, desconectada de la sociedad. Según la crítica de Bassegoda i Amigó (1907), a raíz del proceso de autonomización del bajo medievo, las catedrales de Girona y Barcelona tienen poco que ver con la escala y la identidad arquitectónica catalanas. Sin embargo, la opinión del autor sobre este proceso no es del todo negativa, dado que, en algunas muestras de la arquitectura autóctona, no impuesta desde fuera, se mezclan elementos del lenguaje arquitectónico gótico con detalles Románicos, y viceversa (BASSEGODA I AMIGÓ, 1907).
Es admirable la capacidad de la arquitectura catalana del período de preservar, en medio de toda la imposición gótica extranjera, los rasgos de su lenguaje, y asimilar las influencias externas (BASSEGODA I AMIGÓ, 1907). Alineándose con una crítica idealista que rescata un pasado idealizado, y admirando la producción arquitectónica europea más reciente, arraigada en raíces locales para producir una auténtica arquitectura moderna, Bassegoda i Amigó (1907) lanza una llamada para recuperar una arquitectura auténticamente catalana en razón de su pasado.
La importancia del Románico como lenguaje local por excelencia es una constante, como lo demuestra el interés suscitado por el tema en los textos de Josep Puig i Cadafalch y Bonaventura Bassegoda i Amigó. A la manera de Hubsch (1992) y Bötticher (1992), que identifican la arquitectura gótica como innata a los arquitectos alemanes, catalanes como Puig y Bassegoda ven el Románico como la raíz de la auténtica arquitectura catalana. Al igual que los arquitectos alemanes, estos arquitectos catalanes defienden el estudio histórico y arqueológico de la arquitectura autóctona. En el Románico ven una de las posibles fuentes de elementos del lenguaje arquitectónico para ser reinterpretado y utilizado en edificios modernos. Una postura que no tiene nada que ver con la apropiación acrítica de formas del eclecticismo.
LENGUA Y LENGUAJE ARQUITECTÓNICO COMO IDENTIDAD
Volviendo a las ideas de Puig i Cadafalch (1909), los elementos ornamentales tienen su origen en un elemento constructivo, y es cuando se pierde esta función constructiva que se libera todo su potencial plástico y semántico. Punto de vista que más adelante señalarán estructuralistas y posestructuralistas, al hablar de la evolución de los elementos lingüísticos y artísticos; o Gottfried Semper hacia 1860 y Auguste Choisy en la década siguiente.
El método de análisis del Románico de Puig parte de un deseo clasificador para llegar a una especie de ‘Geografía Monumental’, que asocia el territorio y el significado de la producción artística (GRAU I FERNÁNDEZ, 2003), en consonancia con un objetivo político prefijado. Una relación entre la arquitectura y la lengua que también se sostiene en L’Arquitectura Románica de Catalunya (PUIG I CADAFALCH, 1909) solamente con dos excepciones, una en el Norte de Francia, donde el germanismo convive con un idioma y un lenguaje artístico Románico, y otra, en una parte de España, donde el semitismo se superpone a la cultura latina.
En su argumentación él identifica que la comparación entre arquitectura y lengua sirve para marcar las diferencias de carácter entre la Cataluña latinizada y el Islamismo de la España no mediterránea. Marcando así las diferencias entre el carácter catalán y el castellano, las formas románicas de linaje latino son características de pueblos laboriosos, prácticos, mientras el rebuscado arabesco es propio de pueblos soñadores (PUIG I CADAFALCH, 1909).
Puig defiende que la arquitectura es un arte social, directamente vinculado a la cultura de un pueblo, que evoluciona y se diferencia de la de otros de una manera análoga a la lengua, en una posición frente al lenguaje arquitectónico que recuerda a la de Fichte (2002) frente a la lengua (PUIG I CADAFALCH, 1909). El pensamiento de Puig desarrolla una crítica al eclecticismo, considerado estéril justamente por exigir al arquitecto el dominio de varios lenguajes arquitectónicos sin que prevalezca ninguno (PUIG I CADAFALCH, 1920). Esta crítica se debe tanto a la dificultad del arquitecto para dominar tantos lenguajes, como a la falta de adecuación de determinados lenguajes arquitectónicos que no guardarían relación con la sociedad que los produjo. La arquitectura, como el lenguaje, debe evolucionar de forma natural, sin la importación intrusiva de elementos exógenos a la cultura. Como defiende Puig en el siguiente discurso:
La arquitectura como lenguaje es formada por la transformación de formas más antiguas a las que se suman otras exóticas, y todas juntas se transforman en una nueva arte. De la arquitectura micénica al templo griego y de la arquitectura griega a las últimas obras romanas hay un largo camino recorrido durante siglos que hoy los arqueólogos investigan y encuentran en las ruinas […] El estudio del nacimiento de la arquitectura románica tiene para nosotros, pueblos de la Europa Occidental, un interés fundamental, porque es el arte creado por primera vez por nosotros (PUIG I CADAFALCH, 1920, nuestra traducción)1 .
También la búsqueda de la lengua autóctona de la arquitectura catalana llevará a Puig al Románico. Sin embargo, quedará en el aire el debate sobre el origen del Románico, que Puig encontrará en la degeneración de la arquitectura provincial romana (PUIG I CADAFALCH, 1920). Así, la arquitectura románica tendría su origen en el uso que la iglesia visigoda hace de elementos presentes en las antiguas ruinas romanas, un aprovechamiento que aparece en la parte noreste de la antigua Hispania, es decir en Cataluña, a diferencia de la influencia árabe en otras partes de la península.
Al igual que para Puig i Cadafalch (1920), para Bassegoda i Amigó (1907) la asociación entre lenguaje arquitectónico y lengua se repite, lo que reafirma la importancia de esta relación para los intelectuales del Fi de Segle en su búsqueda de una identidad catalana. El lenguaje es de fundamental importancia en la determinación de las escuelas regionales. La evolución de la arquitectura se describe como un proceso paralelo a la degeneración del latín en lenguas románicas. En este paralelismo entre lenguaje arquitectónico y lengua, y entre pasado y presente, el Románico sería para la arquitectura contemporánea catalana lo que la cultura anterior a la castellanización del catalán en el siglo XV sería para el renacimiento del catalán contemporáneo. Si el Románico proporciona en muchos aspectos la base de la identidad de la arquitectura catalana Fi de Segle, el catalán medieval es el punto de partida de la reforma lingüística promovida por Pompeu Fabra:
[…] la palabra arte románico fue una convención adoptada […] para designar esa arquitectura que cada arqueólogo bautiza a su antojo con los nombres de lombarda, sajona o bizantina, y corresponde a la denominación de romances dada a las lenguas derivadas de la latina, que tenían de esta las radicales de sus palabras, como la naciente arquitectura conservaba de la romana sus elementos más fundamentales. Y como nuestra lengua materna, que yo bien quisiera poder usar en este acto para el desarrollo de mi trabajo, tiene su origen en la latina, modificada por los invasores de nuestro suelo (BASSEGODA I AMIGÓ, 1907, p.9).
La voluntad de recuperación del lenguaje arquitectónico del Románico es un fenómeno artístico con un componente lingüístico significativo. Es interesante observar que la crítica postmoderna de la arquitectura asemántica del movimiento moderno es parecida a la crítica tejida por arquitectos como Josep Puig i Cadafalch y Bonaventura Bassegoda i Amigó a la arquitectura Beaux Arts, el ‘estilo internacional’ del siglo XIX, desconectada del espíritu del lugar.
Si el catalán surge como la lengua estructurada un poco antes del segundo Románico del que habla Puig, en los siglos XI-XII - aunque su uso es anterior, ya que en el siglo VIII existen documentos para uso privado -, las recuperaciones del Románico en la historia de la arquitectura y del idioma catalán en la segunda mitad del siglo XIX también se pueden asociar como fenómenos relacionados con la sociedad y la política, en un proyecto catalanista.
Hay que aclarar que la relación entre lenguaje arquitectónico y lengua catalana, aquí presentada, se inscribe en un marco mayor de rescate de identidad catalana y de distanciamiento frente al proceso de homogeneización identitaria español. Pero, asimismo, también se relaciona con un ambiente fin-de-siècle europeo, influenciado por el idealismo hegeliano. Contexto que influenció el rescate de identidad local y nacional también en lugares como Europa Central, Italia, Escocia o Finlandia.
La importancia del Románico es clara para la historia, la arqueología y la crítica arquitectónica catalanista, pero esta relación no se refleja directamente en la producción arquitectónica. Aunque esté presente en algunos ejemplos vistos y en muchos más edificios del Modernisme catalán, las relaciones estudiadas son mucho más complejas y contradictorias en los edificios construidos que en la producción teórica.
CONSIDERACIONES FINALES
El uso del lenguaje arquitectónico, al mismo tiempo que el de la lengua, es un elemento importante de la afirmación nacional, en una decisión deliberada de los arquitectos intelectuales relacionados con el proyecto político catalanista. De forma similar a lo que pasó con la recuperación de la lengua catalana llevada a cabo a finales del siglo XIX, el lenguaje arquitectónico supuestamente propio - el Románico en la visión fi de segle - es rescatado y re-interpretado por el modernisme más político.
La crítica fi de segle y la relación del carácter arquitectónico con un lenguaje arquitectónico que debería ser autóctono, en comparación con el de la modernidad ecléctica y racionalista, universal y pobre de significado, tiene similitudes con la crítica postmoderna de la arquitectura asemántica del movimiento moderno. En este contexto, el rescate y fortalecimiento de identidad realizados a finales del siglo XIX desemboca, en el mundo del arte - y por lo tanto la arquitectura - en dos salidas: Una es la inmovilización de la cultura a través de la reinvención y la reinterpretación de las formas culturales - tradiciones y lenguajes artístico/ arquitectónicos - que deberían permanecer sin cambios y adoptado en la Europa Central o en Cataluña, por la Lliga Regionalista, por ejemplo. Otra es la fundación de nuevos símbolos y tradiciones revolucionarias, como en la Francia republicana.
En el caso catalán, un fenómeno similar se puede detectar cuando el comentado rescate de elementos medievales modernista da lugar a la modernización europeizante del Noucentisme. Incluso dentro del fi de segle modernista hay una confrontación entre la experimentación y el rescate de tradiciones y formas arquitectónicas.
Para situar en su justo término el alcance de las conclusiones de este artículo, hay que tener en cuenta que estos debates arquitectónicos no representan la totalidad de la arquitectura catalana. Consideraciones sobre las nuevas geometrías gaudinianas, la relación entre arquitectura y liturgia, por ejemplo, o sobre una arquitectura más comercial, de consumo burgués, no aparecen en este debate. Estas ideas representan un determinado espectro de la discusión arquitectónica. Mientras se discutía la modernización urbana de Barcelona en las primeras décadas del siglo XX, el modernisme como estilo arquitectónico se extendía.
REFERÊNCIAS
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DOMÈNECH I MONTANER, L. En Busca d’una Arquitectura Nacional. La Renaixença, ano 8, v.1, n.4, p.149-160,1878.
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PUIG I CADAFALCH, J. L’arquitectura românica a Catalunya. Barcelona: Institut d’Estudis Catalans, 1909.
PUIG I CADAFALCH, J. Discurs íntegre del president de la Mancomunitat de Catalunya, en Josep Puig i Cadafalch, en la sessió del 14 de gener de 1920. Barcelona: Germanor, 1920.
RAMON, A.; GRANELL, E. Lluís Domènech I Montaner: Viatgges per l’arquitectura romànica. Barcelona: COAC, 2006.
NOTAS
Notas de autor
Correspondencia a nombre de/Correspondence to: A.R. GRAELLS | E-mail: <antoni.ramon@upc.edu>.