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NO SIEMPRE EL TIEMPO PASADO HA SIDO MEJOR. EL LIBRO LOS EDITORIALES DE EDUCERE: OROGRAFÍA HISTÓRICA DE UNA REVISTA 1997-2016
Not always past times have been better. The book. Educere editorials: historical orography of a journal 1997-2016
Educere, vol. 22, núm. 71, pp. 205-210, 2018
Universidad de los Andes

Reseñas documentales



Recepción: 08 Noviembre 2017

Publicación: 14 Diciembre 2017




En una oportunidad una autoridad universitaria, cuando ejercíamos la dirección del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes, nos solicitó que escribiéramos el prólogo de un libro que trataba sobre la historia de la ULA. Al inquirirle acerca de quien era el autor, inmediatamente nos negamos a ese pedimento, pues obviamente no podíamos hablar bien de su contenido en conocimiento de la obra historiográfica que precedía a un compendio histórico, que si bien era una suma de hechos registrados en orden aparentemente cronológicos con divagaciones, confusiones y tergiversaciones, como después lo comprobamos al ser editado dicho libro. Nos hubiera sido muy difícil escribir ese prólogo haciendo uso de la crítica historiográfica, esencia de la hermenéutica, requisito indispensable de la valoración de una investigación seria y rigurosa, vale decir científica. Precisamente, no quisimos caer en lo que ha sido una constante en la redacción de prólogos, introitos, introducciones o presentaciones de libros: “todo lo que contienen es bueno y los elogios a sus autores han estado a la orden del día”.

Pero distinto ha sido cuando nos ha correspondido escribir un texto, casi siempre de amigos y colegas, sobre libros cuyos contenidos han sido bien investigados, de autores verdaderamente conocedores de los temas que los comprenden, los cuales por su calidad conceptual e interpretativa da gusto su lectura y análisis como forma de invitar a su lectura tanto a especialistas en su contenido como al lector común interesado en cualquier tema. Este el caso del libro de Pedro Rivas: Los editoriales de Educere. Orografía histórica de una revista 1996-2016. Curiosa manera de subtitular una antología completa de los textos que se incluyeron en los 67 números de la publicación periódica más importante sobre el hecho educativo de Venezuela, de America Latina y el Caribe, con el uso de un término geográfico, pero que el autor asimila como “descripción” y “conjunto” de unos textos, por lo general, escasamente leídos por los lectores de publicaciones periódicas. Los reconocimientos académicos conferidos así lo certifican, a pesar de que en ciertos momentos su propia universidad, la Universidad de Los Andes, o alguna de sus autoridades, hayan silenciado de manera intencionada los indiscutibles logros Educere. La Revista Venezolana de Educación, “la más descargada de los repositorios institucionales”, permítanme señalar que no es de extrañar, pues en la actualidad, y no se si a través del tiempo, el pensar distinto a quienes mandan en la ULA es un pecado, lo cual somete al atrevido pensador pasar al ostracismo voluntario para evitar males mayores. En efecto, porque en nuestra querida Universidad de Los Andes hay quienes mandan y muchos que obedecen ciegamente. Claro siempre con las excepciones del caso, y Educere ha contado con respaldo decidido en algunos momentos de funcionarios universitarios que han entendido el papel que esta monumental obra educativa ha representado fundamentalmente para los educadores del país, y de un editor privado que le ha brindado un apoyo incondicional a lo largo de existencia de la revista.

Cuando un amigo o un colega pide la presentación de su libro corre el riesgo de que el presentador se tome la libertad de decir cosas que no necesariamente se refieran al contenido del mismo. Por lo general se complace la solicitud, no teniendo cabida en la misma críticas serias y rigurosas, pues pudieran prestarse interpretaciones tendenciosas. En el caso que nos ocupa lo segundo no seria posible porque este libro tiene ya una trascendencia, dadas la novedad y las características introducidas por Pedro Rivas. La novedad en cuanto a la antología de los editoriales, no solo su reproducción, sino también, y esto es muy importante, las reflexiones sobre la trayectoria de Educere, de la educación venezolana y en otras partes del mundo. Todo lo cual ha quedado excelentemente expuesto, detalladamente, en el Prologo escrito por el colega Roberto Donoso. Yo no lo hubiera hecho mejor. El si por ser un especialista en el tema de la educación, por lo que pido a los futuros lectores aquí presentes que no solamente lean el exhaustivo análisis de Roberto, porque también los textos de Pedro son una clase magistral de cómo se hace interpretación, hermenéutica y reflexión de unos discursos escritos a lo largo de dos décadas, de los últimos veinte años de la historia del país a partir del hecho educativo. Ello por que suelen algunos lectores leer el prologo y la contra carátula para enterarse de su contenido y hablar con mucha propiedad sobre el mismo.

De manera que repetir aquí el contenido del libro sería innecesario, a mi muy particular manera de entender la necesidad de ir más allá del contenido de un libro que nos habla de una revista de la Universidad de Los Andes que forma parte de una historia de la que muchos de los presentes forman parte silenciosa, pero que desconocen por ser llevados por la cotidianidad académica de la institución, sin percibir de donde venimos y, algunas veces, hacia donde vamos, lo cual no es otra que la relación intrínseca entre pasado, presente y futuro. Lo cual no es otra cosa que la Historia escrita con mayúscula. Por ello, amigo Pedro, me he tomado la libertad de hablar sobre un hecho bastante desconocido, y del que Educere forma parte a partir de 1997. Lo que ha motivado el titulo de esta presentación: “No siempre el tiempo pasado ha sido mejor que el presente”. Sin embargo, antes debo hacer algunos señalamientos muy particulares. Se trata de un libro referido a los “Editoriales” de una revista que ha sido reconocida nacional e internacionalmente como el más significativo aporte contemporáneo de utilidad tanto para los educadores o intelectuales, en Venezuela y otros países, interesados en el proceso educativo. Aporte advertido y apreciado en las distintas secciones de su contenido sobre aspectos de relevancia para las estrategias de la enseñanza-aprendizaje, la comunicación de experiencias docentes, el repaso histórico necesario para la comprensión de la situación actual, la crítica seria a circunstancias determinadas, la entrevista oportuna para la exposición de ideas que de manera directa e indirectamente relacionadas con el quehacer educativo.

Un corpus temático derivado de estudios serios realizados por experimentados investigadores pero también por quienes se inician en la necesaria tarea de presentar sus ideas mediante el discurso apropiado de trascendencia para quienes, particularmente, requieren de éstas: maestros y profesores de los distintos sectores de la educación nacional, desde la preescolar, la básica, la diversificada, la especial y la universitaria. Sin dejar de mencionar algunos articulistas, los menores en el conjunto de la totalidad, que por desliz de los árbitros o del editor, dejaron colar artículos que no merecían haber ocupado un espacio en esta publicación periódica universitaria. La más requerida y utilizada por educadores de otras nacionalidades bien por adquisición directa de manera impresa, bien por ser la más visitada en su formato electrónico desde distintos países de América Latina, el Caribe e Iberoamérica, lo cual ha sido reconocido con distinciones por parte de instituciones nacionales e internacionales. Todo lo cual marca la diferencia con las revistas y boletines que le precedieron en el tiempo en materia de la educación, dentro y fuera de la Universidad de Los Andes, e incluso en Venezuela. Desde la aparición de Educere los lectores, los especializados en esa materia, los que la requieren para su función docente y también el común mortal que desea solazarse con la lectura, cuentan con un instrumento directo para la búsqueda de los “temas del saber y aspectos metodológicos” requeridos por cualquiera de ellos para sus intereses particulares.

Así, por ejemplo, en los índices acumulados de los 67 números se advierten sus distintas secciones: artículos de investigación, ensayos, experiencias y documentos educativos; conversaciones con la redacción, textos breves, galería de personajes que ilustraron la revista y los índices retrospectivos; la identificación de los árbitros; normas para los colaboradores y arbitradores; el centro de distribución; las secciones de cada número; las estadísticas de visitas y consultas electrónicas; y la evaluación de méritos de las publicaciones académicas venezolanas. Todo lo cual representa la mejor justificación para que sigamos considerando a Educere un hito histórico, no solamente por llegar a este tiempo añorado de la vida: los 20 años de existencia, pero también al numero 68 correspondiente a Enero-Abril de 2017; es decir, a la edad de adulto mayor que le merece una “pensión de vejez” por parte de la Universidad de Los Andes y del Estado venezolano para que continúe siendo la mejor revista sobre el proceso educativo de Venezuela.

Existe la idílica, falsa o verdadera idea de que el tiempo pasado ha sido mejor que el presente. Cualquiera de esas tres percepciones pueden ser ciertas, dependiendo de quien las interprete en el contexto de su propia realidad. Más cierto aun es el hecho de que cada tiempo histórico es el resultado de otros que le preceden y definen las características del siguiente. En ese transcurrir los seres humanos, las instituciones y la sociedad en general van descartando lo que ya no le es imprescindible, al tiempo que comienza a generar nuevas soluciones a sus necesidades. Sin embargo, esto no siempre sucede pues algunas realizaciones y estructuras perduran y se resisten a desaparecer como consecuencia del arraigo en la conciencia social, independientemente de que aquellas no sean las más apropiadas y cónsonas con el crecimiento cualitativo y la modernización que van exigiendo cambios necesarios y efectivos. El desconocimiento de ese pretérito momento conduce a la confusión sobre la idea de que siempre el pasado ha sido mejor que el presente. Pues vamos a demostrar que, en lo que respecta a la Universidad de Los Andes, aquellas percepciones (lo idílico, lo falso y lo verdadero) han estado presentes en la mayoría de los universitarios y que el desconocimiento e incomprensión de su devenir histórico han generado una considerable indiferencia de lo que actualmente ocurre en la ULA.

No pretendo alardear aquí de erudito en la historia de nuestra querida universidad, a la que he dedicado mas de dos décadas de estudio sostenido con reconocidos resultados en docencia, investigación y publicaciones, como bien lo saben muchos de los presentes, y entonces con propiedad puedo exponer algunas apreciaciones particulares acerca de solo dos aspectos que me interesan exponer y que espero también les interese a todos ustedes: la llamada crisis de la universidad y el desarrollo de sus publicaciones periódicas, hasta llegar a la aparición y desarrollo de la Revista Educere, cuyos cuatro lustros de exitosos logros conmemoramos con esta actividad de la Escuela de Educación. La crisis universitaria la vamos a introducir con unas apreciaciones de Arturo Uslar Pietri de 1948-1949, es decir hace sesenta y ocho años:

La universidad venezolana está en crisis. Este es un hecho evidente. Hay en ella autoridades, hay en ella profesores, hay en ella estudiantes, hay en ella edificios, laboratorios, dotaciones. Lo hay todo abundantemente y a veces de muy buena clase. Lo que no hay es espíritu universitario.” (Arturo Uslar Pietri: “La Universidad Formadora. En De una a otra Venezuela (1948-1949).

Solemos en esa crisis quejarnos fundamentalmente del hecho económico, presupuestario, de los salarios, olvidando los efectos en lo académico, lo cual no es exclusivamente una responsabilidad del Estado, y esto ha sido una constante histórica, porque mas grave aun es la indolencia en que se ha caído, la despreocupación por lo que es esencialmente la misión de la universidad: “Una comunidad de intereses orientada a la solución de los problemas del país”, por que la universidad forma parte de lo que se conoce como el Estado docente, el cual existe desde los tiempos de la dominación colonial española hasta nuestros días. Así, todos los males de la institución, incluyendo los académicos, tienden a ser relacionados con una crisis económica. Permítanme darles esta información: los documentos, la prensa, nuestras investigaciones y las de otros nos permiten afirmar que, desde 1810 hasta la actualidad, no existe un año en que la Universidad de Los Andes haya reclamado o protestado por la falta de recursos económicos para su funcionamiento, sobre todo por los sueldos de profesores, empleados y obreros. Escasamente las noticias se refieren a lo académico, aunque ello también siempre ha estado presente. Entonces volvemos a la idea inicial, pero esta vez invertida: “no siempre cualquier tiempo pasado es mejor que el presente”. Se trata, pues, como señalamos de una constante histórica que ambas instancias, Universidad-Estado, no han sabido resolver en doscientos año de existencia del Alma Mater andina, pues esta fue fundada el 21 de septiembre de 1810, y no antes como suele falsamente conmemorar la propia institución.

Hemos hecho mención a lo económico, ahora haremos referencia a lo académico. De igual manera, cuando se revisa su proceso histórico advertimos que muchos han sido los problemas en la docencia, la investigación, el postgrado y las publicaciones periódicas institucionales. Se trató de un lento proceso de construcción de la actual estructura académica de la ULA, en el que hasta 1958 hubo una intervención directa de los distintos gobiernos y sus dependencias encargadas de la educación del país. Sin dejar de mencionar que la Iglesia, de manera directa o solapada, tuvo una decidida e intencionada intervención en los asuntos universitarios, incluyendo lo académico, lo cual hemos visto reaparecer con mayor fuerza desde la década de los ochenta del siglo XX. Aunque desde 1834 hubo una autonomía eleccionaria, esta seria eliminada en 1884 y no restablecida hasta 1958, después de la caída de la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez. No así en lo que respecta a su estructura curricular, pues Estatutos, Códigos de Instrucción Publica, Leyes de Educación y Leyes de Universidades impusieron desde Caracas la organizaron y fueron instaurando, modificando, suprimiendo o restableciendo Facultades, Escuelas y Carreras y Programas de Estudio, con una prolongada influencia de la universidad formadora de profesionales mediante el ejercicio de la docencia, una tardía inclusión de la investigación como parte de esta formación, aun en la actualidad limitada o precaria en algunas unidades académicas, sin dejar de mencionar una visión escolástica de la ciencia, con predominio del estudio de la Jurisprudencia, la Filosofía y la Teología, desde 1810, 1832 y 1843, los años iniciales de su fundación, restablecimiento y reorganización, respectivamente, hasta las tres primeras décadas de la pasada centuria.

Ello como consecuencia del peso que tuvo la Iglesia en la Universidad en el siglo XIX y las propias condiciones que ofrecía la misma y la ciudad para contar con un personal idóneo orientado a la conformación de una institución universitaria moderna que incluyera las ciencias físicas y naturales como parte de dicha estructura. Aunque desde ese siglo XIX se contaron con precarios estudios de medicina (1854) y los de farmacia (1894). Estos fueron suprimidos en 1905 por Cipriano Castro y no reestablecidos hasta 1928 y 1918, respectivamente. De manera que hasta 1932 solamente existían los estudios de derecho, año en el que se instaura por orden del gobierno de Juan Vicente Gómez la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, la que seria transformada en la Facultad de Ingeniería en 1953. En 1940 surgiría la Escuela de Dentistería por disposición de Isaías Medina Angarita adscrita a la Facultad de Medina, la cual se elevaría a la categoría de Facultad en 1942. La Escuela de Laboratorista, creada en 1950 pasaría a ser en 1956 la Escuela de Bioanálisis en la Facultad de Farmacia. De Ingeniería surgirían la de Forestal en 1952 y la de Arquitectura en 1961. En 1955 se establecería la Escuela de Humanidades, con sus secciones de Historia y Letras, anexa a la Facultad de Derecho, y convertida en la Facultad de Humanidades en 1958. Al año siguiente se fundó la Escuela de Educación para pasar a denominarse Facultad de Humanidades y Educación. También en 1958 se establecería la Facultad de Economía, y transcurriría una década para ver por fin la fundación de la Facultad de Ciencias en 1969-1970. A esta le seguiría el Núcleo de Trujillo en 1972 y el Núcleo del Táchira organizado en 1975 sobre la base de la Escuela de Educación de San Cristóbal, creada en 1966, adscrita a la Facultad de Humanidades y Educación. Siendo la Facultad de Arte la ultima en crearse en 2006 y los nuevos Núcleos del Valle del Mocoties y de El Vigía.

Este repaso tiene la intención de evidenciar el lento desarrollo académico de la ULA, con algunas características que requieren también ser señaladas para advertir que se convirtió en una institución moderna hace apenas medio siglo, lo cual contrasta con sus doscientos años de existencia, insistimos, porque fue fundada el 21 de septiembre de 1810, y no antes. Por más de siglo y medio seria un modesto instituto con el casi exclusivo predominio de la docencia, con una muy limitada actividad de investigación, propiciada por algunos catedráticos, fundamentalmente los venidos en la década de los cuarenta del siglo XX. Es a partir de 1960 cuando adquiere cierta importancia la tarea de investigar, solo mediante la presentación de los Trabajos de Ascenso o los correspondientes a los estudios de postgrado, mayormente realizados en el exterior. Estos aparecerán de manera lenta, progresiva y organizada desde 1980. Es decir, hace apenas unos cinco lustros, y solo en pocas Facultades. En la actualidad la realidad es muy distinta. Aquellas circunstancias de la investigación no serian modificadas hasta la década de los setenta de la pasada centuria, igualmente de forma lenta, progresiva y organizada sobre todo desde 1975, cuando se formaliza por efecto de imposición de la Ley de Universidades de 1970 el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, y no por iniciativa particular de la Universidad. Es decir, hace solo treinta años. Durante ese tiempo, junto a los escasos Institutos y Centros fundados con anterioridad a 1970 se irían fundando otros, pero fue fundamentalmente desde los Grupos de Investigación y los Postgrados que se impulso el desarrollo de la investigación en la Universidad de Los Andes. Otra vez, desde los ochenta del siglo XX, lo cual nos permite seguir afirmando que esta universidad adquiere lo que exige su denominación institucional en tiempos recientes, caso en un presente reciente. Y como corolario de ese proceso, sin que todavía el mismo este totalmente desarrollado, fue la creciente fundación y crecimiento de publicaciones periódicas (Revistas, Anuarios y Boletines) que comenzaron a incluir mayormente las investigaciones que se realizaban en aquellas tres instancias organizadas para realizarlas, junto a la inclusión de trabajos de investigadores de otras universidades del país y del extranjero, siguiendo los patrones teóricos y metodológicos de las respectivas ciencias, así como los modelos de edición particular que cada equipo editorial decidiera libremente, lo que en algún momento instancias universitarias quisieron limitar por razones absurdas de imagen institucional.

Esa realidad editorial modificó totalmente la existente entre 1891 y 1970. En esos años surgieron el Anuario de la Universidad de Los Andes (1891-1900), la Gaceta Universitaria (1904-1944), Bibliotheca (1952-1954), Universitas Emeritensis (1954-1961), Actual (1968), Noticias ULA (1968-1970) y el periódico Universidad (1956-1961). Estas tuvieron el propósito de informar sobre el desarrollo de las actividades que se realizaban en la ULA, con artículos de divulgación sobre cultura general y muy poca inclusión de trabajos resultantes de investigaciones científicas. Desde 1950 surgieron los Anuarios o Revistas de las Facultades de Ingeniería, Medicina, Farmacia, Humanidades y Educación, Derecho, Odontología, Ciencias Forestales y Economía, en las se continuó el carácter informativo institucional y publicación de artículos de profesores de esas dependencias y de otras universidades acerca de temas relacionados con sus respectivas áreas de enseñanza, de sus trabajos de ascenso o de postgrado. En la actualidad el cambio es notablemente distinto, pues de la divulgación institucional se ha pasado a la divulgación del conocimiento científico, siendo las actividades universitarias escasamente consideradas en las publicaciones periódicas que representan uno de los más importantes logros de la Universidad de Los Andes de los últimos cincuenta años. Ahora el número de publicaciones periódicas es impresionante, si se le compara con las otras universidades del país, a pesar de las dificultades que cada una de ellas ha pasado en cuanto a su organización y financiamiento editorial, lo que en muchos casos ha determinado su suspensión definitiva o temporal y particularmente el paso a la era digital. Cabe resaltar que es la Facultad de Humanidades y Educación la dependencia universitaria que más publicaciones periódicas ha editado desde 1959, cuando apareció su Revista Humanidades luego convertida en el Anuario de Humanidades hasta 1964. Y es en este contexto contemporáneo reciente que nace Educere. La Revista Venezolana de la Educación, cuyo aniversario numero veinte hoy conmemoramos con la publicación de sus Editoriales por parte de su creador y sostenedor en el tiempo, el apreciado colega Pedro José Rivas.

Finalmente, como ya lo hicimos en otra oportunidad, debemos rendir con esta presentación el mayor de los reconocimientos a “ese pequeño hombre en tamaño” pero “gran educador venezolano” que tuvo la visión hace dos décadas de fundar, “contra viento y marea” una revista en la Escuela de Educación de la ULA, para que ésta pudiera cumplir una de sus funciones esenciales: crear y divulgar conocimiento en el campo de la educación. Pedro Rivas ha sido el baluarte en la construcción de esa obra, junto con un equipo editorial al que también hay que reconocerle la labor realizada. Nuestro conocimiento de su accionar académico desde hace más de cuarenta años, como estudiante, profesor e investigador, pues formamos parte de la llamada renovación universitaria de la Universidad de Los Andes, se complementa con la labor de editor que se preocupa no solamente por la calidad del contenido y el ejemplar diseño de la revista, sino también por la persistente tarea de exigir a colaboradores y árbitros la entrega oportuna de los textos. Pero sobre todo, su consecuente preocupación por una mejor educación del país, lo cual involucra la revisión constante de su estructura y curriculum, así como la necesidad de poner en manos de maestros y profesores los más recientes estudios sobre el hecho educativo a través de una publicación periódica como Educere. Lo cual se complementa ahora con la publicación de sus 67 editoriales en forma de libro, con el debido análisis e interpretación, que al decir del Jurado que lo evaluó como Tesis Doctoral, “…representa un aporte teórico, metodológico y ético al área de la Pedagogía Critica y al Programa Nacional de Formación Avanzada en la modalidad de Estudios Abiertos”. Labores académicas que en su conjunto le convierten en el educador militante y comprometido con una verdadera transformación de Venezuela en una era de transición, iniciada ésta hace ya diecisiete años, y que tuvo en esta “revista venezolana de educación” una premonición cuando en 1997 surgió la feliz idea de editarse, para formar parte en ese tiempo de las transformaciones requeridas por la sociedad venezolana y para la universidad en particular. Honor a quien honor merece. Gracias amigo Pedro por permitirme hablar en el día de hoy, seguramente uno de los más felices de tu vida, y seguir disfrutando de la más importante obra historiográfica educativa de Venezuela, America Latina y el Caribe. Te pido disculpas por la extensión de este texto pero no he querido perder la oportunidad de hablar brevemente del pasado institucional para contextualizar el titulo que elegimos para esta disertación: “No siempre el tiempo pasado ha sido mejor que el presente”, y de este presente contemporáneo reciente forma parte tu revista y ahora tu imprescindible libro.

Mérida, 8 de noviembre de 2017






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