Resumen: El presente ensayo integra una línea de investigación iniciada por el autor en 2015 sobre la concepción zoo-antropológica de la educación. Estudio que re- mite a los ancestros más remotos que dan cuenta de la naturaleza animal que da alojo y residencia al cuerpo y a la mente del hombre. Auscultar este largo proceso evolutivo pasa por determinar los momentos históricos que ofrecieron las condiciones naturales y biológicas para que de los animales mamíferos surgiera una rama primate que, a su vez, surcara al género homo que ubica a la especie homo sapiens u hombre sabio. Auscultar la condición natural que define al hombre es localizar el largo y sinuoso camino de la protoeducación que hizo posible que un animal pudiese ser socializado, culturizado y hominizado, valga decir educado.
Palabras clave:homo sapienshomo sapiens, animal educable animal educable, educabilidad educabilidad, protoeducación protoeducación, homínido homínido, humanización humanización, desanimalización desanimalización, animal educado animal educado.
Abstract: ftis essay integrates a line of research initiated by the author in 2015 on the zoo-anthropological conception of education. ftis study refers to the most remote ancestors showing the animal nature that shelters the body and mind of man. Examining this long evolutionary process involves determining the historical moments that offered the natural and bio- logical conditions for mammalian animals to emerge a primate branch that, in turn, gave rise to the homo gender that located the homo species or wise man. Examining the natural condition that defines man implies to locate the long and sinuous path of proto-education that made it possible for an animal to be socialized, cultured and hominized, that is to say educated.
Keywords: Homo sapiens, educable animal, educability, proto-education, hominid, humanization, desanimalization, educated animal.
Investigación arbitrada
El hombre: única especie de animal educable
The man: unique educable animal
Recepción: 23 Marzo 2018
Aprobación: 26 Abril 2018

La educación nace con la especie homínida y se va, de igual manera, con el fallecimiento del sujeto educable.
Pedro Rivas
Buenos días estimados profesores, estudiantes y demás miembros de la comunidad universitaria de la Universidad de Los Andes, amigas y amigos que hoy se hacen presentes en este recinto universitario con el fin de conmemorar el cuadragésimo octavo año de la fundación de esta es encialísima Facultad de Ciencias que, sin duda, ha contribuido a darle luces a esta Magna Casa de estudios germinada en los estudios religiosos del Seminario de Buenaventura de Fray Juan Ramos de Lora en el año de1785 y forjada como universidad republicana en 1810, la primera del país y de América toda .
Es para mí un verdadero honor haber sido invitado a participar en este evento organizado por el Grupo de Ecología Animal que ha colocado al animal y a su naturaleza como protagonistas del foro universitario y motivo de estas notas que dan contenido a esta intervención.
Me corresponde exponer unas notas muy breves dado el perecedero tiempo de que dispongo, esperando que sean mínimamente suficientes para iniciar un conversatorio sobre ese extraño y singular animal enunciado como un “ser humano” que hoy puebla y domina las extensiones y confines más remotos e inhóspitos de los siete continentes del planeta verde, que se sumerge en las profundidades del océano, navega por las alturas atmosféricas de la tierra y viaja al espacio sideral a velocidades supersónicas y al que he calificado como el único animal en situación de educabilidad dado que dispone de las condiciones innatas y de aprendizaje para ello.
Este animal mamífero anatómicamente parecido a los monos fue incorporado en el año de 1775 por el naturalista sueco Carlos Linneo a la taxonomía zoológica en el novísimo Orden de los Primates que disponía de cuatro géneros [el simia (monos), el lémures (prosimios) y el vespertilio (murciélagos)] uno de ellos, el homo, correspondía
al Homo sapiens, o sea el “hombre sabio u hombre que sabe”1 (Dortier, Jean François. (Pág. 256).
Esa catalogación mantenida inalterable por mucho tiempo se fundamentaba en una lógica que mezclaba criterios anatómicos y culturales destacando que el hombre pertenece a los primates, pero camina erguido sobre sus dos pies y tiene un cerebro grande, lo que lo hace Homo. Además, es inteligente, fabrica herramientas y habla un lenguaje articulado, que lo hace sapiens1. (Dortier, Jean François. (Pág. 256)
Este animal humano está considerado el actor principal existente en todos los relatos de las religiones monoteístas y pluriteístas conocidas al ser representado como el hijo de un dios creador del universo o en su defecto en deidades. Otras narraciones no metafísicas hicieron posible que el hombre fuese su misma deidad creadora al ser convertido en el sujeto-objeto metanarrativo de sí mismo y en el propósito de la razón pura, así como en el motivo discursivo y existencial de la ciencia, suerte de religión moderna que todo certifica y legitima con el don de sus sentencias establecidas como verdades irrebatibles, a menos que se demuestre lo contrario.
Estos relatos asientan sus hipótesis en supuestos y argumentaciones plausibles sobre el origen de los seres vivos existentes en un planeta del sistema solar que tiene a una edad aproximada a los 4.5000 millones de años2. No obstante, se estima que los cambios geológicos comenzaron hace unos 525 millones de años observados en cuatro períodos: el primario con 300 millones, el secundario con 150 millones de años, el terciario con 73 millones de años y el cuaternario entre 2 y 4 millones de años. Es en el último período geológico donde está ubicada la cuna del hombre.
El Prof. Leonel Vivas, investigador y geógrafo físico, recientemente fallecido, afirmó que “el hombre es, en efecto, un hijo del Cuaternario y el Cuaternario es la edad del hombre”. En consecuencia, afirmamos que el enclave matricial de la educación se encuentra en esta era, puesto que la educación es un atributo y una condición natural y cultural del homínido que es el linaje filogenético del homo sapiens que comienza con un ancestro llamado Australopitecus que vivió en África del sur aproximadamente hace 60 millones de años.
Una mirada atrevida rebusca el lugar planetario y el tiempo histórico del proceso que sirvió de nicho para que se generaran las condiciones fisicoquímicas fundamentales que harían posible la génesis de las primeras manifestaciones de vida unicelular y pluricelular, así como de la formación de una naturaleza verde y de una atmosfera respirable que hicieran posible la vida terrestre en todas sus manifestaciones y órdenes.
Este maravilloso ensayo daría cuenta de una entidad animal hecha de una esencia gaseosa especial [los cuatro gases llamados vulgares: el oxígeno, el carbono, el hidrógeno y el nitrógeno] contenida en una alquimia en permanente experimentación que configuraba redefiniciones y magmas no existentes todavía.
En esta lógica estrenada por la naturaleza se crearon las situaciones y oportunidades para continuar desplegando una inédita experimentación que necesitaba ensayar con otras matrices distintas al lecho oceánico para dar paso a las múltiples y complejas definiciones primigenias de la vida animal conocidas hoy por las ciencias que estudian la biología animal.
Esta mixtura química se estableció en el misterioso azar y al ritmo de un tiempo planetario desprovisto de brevedad, lentitud o prisa. Nada estuvo acontecido por el tic tac de reloj alguno o marcado por el continium previsto de la duración de un calendario determinado por un proyecto de vida.
Durante este proceso estimado en millones de años en esta emulsión de gases se fue gestando lentamente en el útero amniótico de las aguas oceánicas un experimento que haría viable la experiencia más importante que habría de definir al planeta verde. Me refiero a la vida concebida como una obra maravillosamente inacabada, en permanente trance y siempre inconclusa.
Esta imperfección sería la ontogenia de todo ser vivo y, en particular, del animal educable que se hará ser humano como consecuencia de su intervención y su relación con los múltiples contextos a los que pertenece, ámbito hoy designado por los biólogos con el nombre de ecología.
Un día del tiempo sin duración conocida, el útero oceánico determinó que su ensayo animal había alcanzado la suficiencia primaria para valerse por sí mismo y determinó que unos seres vivos se quedaban en el ámbito oceánico y otros requerían irse sin apremios ni tardanzas para continuar su fragua en otros ámbitos distintos al amnióticomar. Allí le esperaban dos nuevas matrices existenciales: la tierra y el aire para continuar su proceso autopoiético que definirían nuevas naturalezas animales alrededor a otros entornos físicos de un mundo por estrenar, compartiendo con otras formas de vida que luego se harían parte de su esencialidad biológica y social.
Desde este laboratorio se realizó los ensayos más sorprendentes para generar vida y con ella el misterio de la diversidad de seres vivos más extraordinarios que la naturaleza haya parido.
En tal sentido, nuestra racionalidad moderna no debe afirmar que las condiciones medioambientales que rodearon el proceso evolutivo de los seres vivos a lo largo de las diferentes eras de la formación de la tierra fueron adversas u hostiles, agresivas, violentas o enemigas. Fueron esencialmente las que su proceso evolutivo necesitó para constituir el legado de esa fuerza misteriosa de la experimentación in situ de los seres vivos en estado de gravidez y, a la vez, en permanente cambio y adaptación a su medio natural.
Un ser vivo, cualquiera sea sus reino venido del océano madre estará indisolublemente atrapado a vivir el trayecto de un proceso de formación sin troquel único, ni prototipos para escoger morfologías, menos determinado por un destino manifiesto. Nada vivo puede existir fuera de su ecología como tampoco su hechura respondió a un modelo exclusivamente troquelado y fabricado para darle una determinada estructura y forma.
Esta maravillosa obra incompleta de la naturaleza se retrataría un día en una página de la historia del hombre viéndose convertido en un animal en forma de primate cuadrúmano, aprendiendo a caminar erguido en dos patas para extender sus espacios de recolector, pescador, cazador y agricultor, levantando su mirada al cielo estrellado durante todas las noches en fecunda invitación filosófica para inventar la interrogación que le llevare a interpelarse a sí mismo en la búsqueda de cualquier respuesta que insinuase un claro al misterio de su existencia y su devenir.
Ese es el momento de la conciencia histórica que le descubre tal como era, pequeño en la inmensidad pero sin dejar de ser su propio centro espacial de referencia frente a la enormidad de un universo inexplicable por la carencia del conocimiento y el saber humano. Todo un reto para encontrarse consigo y descubrirse en su capacidad para pensar, imaginar, inventar y relatar, mientras continúa experimentandose y transformandose en el marco de una matriz sin molde en el trance de una evolución sin detén.
Lo maravilloso de este relato acentúa el protagonismo de una criatura cuyo cuerpo es el lugar de su propia existencia y, a la vez, el espacio interior que aloja la forja y el legado de su propia evolución que contiene las herramientas biológicas y mentales que el desarrollo y la experiencia le han suministrado para vivir consigo mismo y en la compañía de sus pares. Igualmente, su cuerpo es la estancia de los instintos de reproducción y conservación animal encargados dar cuenta de su perpetuación a través del deseo y el placer. El cuerpo que le aloja será siempre el templo sagrado de su ser y de su propia espiritualidad.
Empero, el gran desafío de esta criatura que nació para labrar su propia historia radica en que el cuerpo que le contiene será su propio andamiaje biológico, psicológico, social y espiritual, que funcionará atado a un proceso dinámico y omnipresente generador de cambios armónicos en equilibrio con su interior y en sintonía total con el entorno ecológico del que irrenunciablemente formará parte.
El recinto orgánico de su vida le posibilitará actuar en libertad como ser definido por su trashumancia sedentaria, siendo objeto de la mirada influyente de sus pares y el sujeto de su propia intervención, en tanto nicho de su incipiente educabilidad homínida, suerte de hombre aula primitiva y moderna.
En el tiempo providencial de este relato, nuestro animal se hace, se va construyendo en el continium de un hacer y un reflexionar, suerte de incubadora que le brinda su propio proceso de trasformación. Es en este transitar sin opción, el animal homínido va descubriendo que su condición inacabada y finita le condenad a una existencia trazada por la imperfección y la imposibilidad ser el prototipo terminada que lo idealizan los relatos de las religiones, las exigencias de la protopolitica y las convenciones establecidas por las leyes. Es pues la paradojal sentencia de vivir y no poder alcanzar la razón de ser del hombre ni lograr el ideal de su perfección porque no le será sencillo que las instituciones (familia, escuela, sociedad y Estado) dispongan de las condiciones y las oportunidades requeridas por los atributos que definen su carácter humano y los discursos de su apología.
Él es sin proponérselo víctima y victimario de sus relatos, presa y víctima de su palabra. El hombre imperfecto será su única realidad y la condición perse para su educabilidad; en consecuencia, su animalidad homínida será la única razón y motivo para que la educación como proceso intencional realice su obra magna: formar y perfeccionar la tosca naturaleza humana de un animal que nació para ser forjado por otros seres imperfectos como él e incluso bajo su propia fragua.
En tiempos más cercanos a nuestro pasado inmediato, el sujeto humanizado y socializado por la cultura liquidaría todas las deidades y sus narraciones fundacionales. La fe y la esperanza darían paso a la razón pura, reactiva a la subjetividad y a la metafísica. El hombre confeso y hambriento de su poder transformador crearía una novedosa narración cargada de omnipotencia para recordarse su condición homocéntrica, motivo de su propia existencia y dueño de su destino.
En consecuencia, se había creado una nueva deidad alrededor de la razón albergada en su propio templo donde su discursiva se oirá para adoctrinará al pensamiento humano. La ciencia y la tecnología se encargarían de colonizar los rincones más inhóspitos de sus dominios. Allí los hombres cultos y sabios se convertirán en los vasallos y promotores de su poder transformador. Esta “nueva religión” se expresaría a través de la ciencia que todo lo diría, nada dejaría de tener explicación fuera de su señorío. La especulación, la fe, la esperanza y la subjetividad serán las nuevas formas herejía y blasfemia, por tanto perseguidas y excluidas de la oficialidad de la nueva verdad.
Esta disertación refiere algunos señalamientos importantes hechos sobre la condición animal del hombre, posterior al discurso del animal político señalados por Aristóteles en la Republica y en la Política y a las conclusiones de Hobbes, Darwin, Linneo y Lamarck.
Immanuel Kant* en un pequeño y valioso tratado sobre la Pedagogía afirma que el hombre solo se convierte en hombre mediante la educación y que “detrás de la educación se esconde el secreto de la perfección de la naturaleza humana”.
Hegel* refuerza esta tesis en sus Escritos Pedagógicos al señalar que el hombre es sólo por el efecto de la formación y no duda en comparar el proceso educativo con una especie de segundo nacimiento, el único que posibilitaría al hombre ser propiamente tal. “El hombre, dice este filósofo alemán, “debe nacer dos veces, en cuanto natural y en cuanto espiritual”. El educar a los niños para ser personas autónomas debe ser considerado como “el segundo nacimiento de los niños”.
Federico Engels* en su tratado sobre la Dialéctica de la Naturaleza considera al trabajo como el factor encadenante del proceso evolutivo del homínido. Esta tesis la desarrolla profundamente en el capítulo que intitula: “Papel del trabajo en el proceso de transformación del mono en hombre”.
El zoólogo Desmond Morris por su aparte advierte la condición neoténica o condición de alta fragilidad e inutilidad temprana que presenta el ser humano al momento de su nacimiento y en sus primeros años de desarrollo, lo cual es atribuido a la conversión de mono recolector de frutos a un atípico mono cazador diferente a los existentes en el concierto de los animales mamíferos cazadores como el lobo, el león o el tigre de bengala.
Fernando Savater* afina nuestra mirada al respecto de esta condición cuando recalca que antropológicamente “nacemos humanos”, pero eso no basta, es necesario llegar a serlo en el concierto cultural donde hacemos el grado de “humanidad”. Nacemos siendo potencialmente humanos, pero no lo somos del todo hasta después de entrar en contacto con nuestros semejantes, con unos patrones de vida, con unas relaciones sociales, con el contagio cultural y la fuerza de los valores que orientarán nuestros actos existenciales3.
Esta particularidad de la especie homínida superior es propia de la raza animal que nació en condición de inmadurez lo que genera su carácter de imperfección en una suerte de analogía con un nacimiento “quintomesino sobreviviente”. El hombre siempre será imperfecto a la luz de los deseos paradigmáticos de cualquier modelo creado para idealizarlo.
En síntesis, toda esta encrucijada de variables al actuar en los diferentes momentos y lugares por los que el homínido atravesó, hizo posible el milagro de configurarle la singular condición de hacerlo educable y, en consecuencia, humano, valga decir, sujeto de humanidad, y la educación pasaría a entenderse como el complejo proceso mediante el cual un mamífero bípedo se hominiza, socializa y culturiza.
Ese trayecto evolutivo del homínido proporciona los contextos que van dando los atributos y las esencialidades que conceptualizan al fenómeno de la educación que se va construyendo a la par del desarrollo de nuestra ancestral condición animal. Me fundamento para ello en la sapiente mirada que proporcionan las voces latinas “educere” y “educare” que dan sentido al proceso de la mirada pedagógica que semantizan la necesidad de que al hombre hay que ayudarle a conducise y a “sacarle” de su interior profundo la luz de la antorcha para que se ilumine a sí mismo.
Dos epigrafías ilustran Esta última consideración la ilustro con dos epigrafías. Montaigne señalaba que “El niño no es una botella que hay que llenar sino un fuego que es preciso encender” y Marco Aurelio afirmaba que “los hombres han nacido los unos para los otros; edúcales o padécelos”. Dos pensamientos que hacen de la educación la condición insustituible para formar al ser humano.
En conclusión, el hombre es una especie animal que se encuentra atrapada viviendo conscientemente su propia evolución dada la naturaleza inacabada que le define, para lo cual siempre será una entidad bio-psico-social imperfectible frente a la creación a priori de sus propios modelos ideales del ser humano que lo definen. Paradójicamente su comportamiento sociocultural observado en la cotidianidad no es el correlato correspondiente con el perfil del ser humano. Por fortuna este sapiens vivirá la utopía de creer posible alcanzar la perfectibilidad decretada por el conocimiento de la ciencia, la institucionalidad de las leyes que gobiernan la sociedad, los preceptos de los dogmas de la fe y la creencia sostenida y reforzada por los sacerdotes de que él es un sujeto con el poder suficiente para replicarse en sus dioses. Esta es una de las tareas que se le ha encomendado a la educación, la de reproducir móviles cuyos relatos todo lo hacen posible.
El individuo de la especie homo durará hasta su fallecimiento condenado a vivir bajo el imperio de la educación, que es el atributo universal y la esencialidad que le proveerá de su condición humana/de humanidad para que se reproduzca, conserve y se multiplique en el planeta a través de un mundo resignificado por creencias, convicciones, ideales, tabúes y valores y, además, profesando la ideología de ser un sujeto sin sujeción a nada ni a nadie para que viva en total independencia su libre albedrío y una existencia protegida por una declaración universal que le garantiza sus derechos humanos y, en paralelo, el designio del destino de la humanidad y de la naturaleza.
Hombre y educación son dos entidades diferentes de una misma esencia, cuya trama lo protagoniza el único animal que es apto para educarse en tanto se trasforma, y se transforma en tanto se educa.
Este salto en su permanente evolución lo convertiría, a decir de los pensadores i colombinos Miguel y Julián, Zubiría Samper, en el único animal con biografía, gracias al poder extraordinario que el lenguaje posee para registrarlo en la posteridad. En consecuencia, el hombre es el único animal sobre el planeta verde que posee el don de trascender mediante el poder de la narración y la escritura de su su propia historia y la de los otros.
Muchas gracias
Esta disertación ensayo se presentó en las Jornadas de Reflexión sobre El animal y su naturaleza realizadas en la ciudad de Mérida, durante los días 4, 5 y 6 de mayo de 2018. Fueron auspiciadas por el grupo de Ecología Animal con motivo de la celebración del XLVIII Aniversario de la fundación de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Los Andes.
