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<journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Educere</journal-title>
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<publisher-name>Universidad de los Andes</publisher-name>
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<subject>Foro universitario</subject>
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<bold>Las
universidades venezolanas en tiempo de las Reformas 

de Córdoba de 1918</bold>
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<italic>The venezuelan university in 1918, year of the Argentinian University Reform</italic>
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<surname>López Bohórquez</surname>
<given-names>Alí Enrique</given-names>
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<institution content-type="original"> Universidad de los Andes 

Facultad de Humanidades y Educación Escuela de Historia 

Mérida, estado Mérida. Venezuela</institution>
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<year>2019</year>
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<issue>74</issue>
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<title>Resumen</title>
<p> El 21 de junio de 1918 ocurrió en Argentina un hecho histórico de inmediata proyección en muchas de las universidades de América Latina y el Caribe: las críticas expuestas por el Manifiesto de “La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica”. Este documento expuso la caduca situación de esa institución de educación superior, al tiempo que proponía soluciones prácticas para modernizarla. En Venezuela el programa reformista de Córdoba no tuvo incidencia en las Universidades de Caracas y Mérida, lo cual se demuestra en este artículo a través del análisis del estado de las mismas en lo académico-administrativo, el impedimento de su transformación debido a su dependencia del gobierno y a la realidad política del país.</p>
</abstract>
<trans-abstract xml:lang="en">
<title>Abstract</title>
<p> On June 21, 1918 an historical event took place in Argentine, which had immediate consequences in many Latinamerican and Caribean universities: critics exposed through the Manifesto  “The argentine youth of Cordoba to the free men of Southamerica”. This document revealed not only the obsolete situation of the University of Cordoba but also sugges- ted practical solutions for its modernization. In Venezuela the reformist program of Córdoba did not have repercussions in the universities of Caracas and Mérida. This fact is proved in this article through  the analysis of their academic-administrative situation, the impediment of their development due to their being controlled by the government and the political reality of the country.</p>
</trans-abstract>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Historia</kwd>
<kwd> Universidades</kwd>
<kwd> Reformas</kwd>
<kwd> Córdoba</kwd>
<kwd> Caracas</kwd>
<kwd> Mérida</kwd>
<kwd> Argentina</kwd>
<kwd> Venezuela</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>History</kwd>
<kwd> Universities</kwd>
<kwd> Reforms</kwd>
<kwd> Córdoba</kwd>
<kwd> Caracas</kwd>
<kwd> Mérida</kwd>
<kwd> Argentina</kwd>
<kwd> Venezuela</kwd>
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<sec>
<title/>
<p>
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</fig>
</p>
<p>Para el momento de irrumpir el movimiento reformista universitario de Córdoba de 1918, en Venezuela solamente existían dos Universidades: La Universidad Central de Venezuela, establecida con el nombre de Universidad de Caracas por Real Cédula de Felipe V del 22 de diciembre de 1721 y la Universidad de Los Andes, creada con el título de Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros por decisión de la Junta Superior Gubernativa de Mérida del 21 de septiembre de 1810. Cabe señalar que el 19de mayo de 1891 y el 15 de noviembre de 1892 el gobierno de Raimundo Andueza Palacio creó la Universidad del Zulia y la Universidad de Carabobo, respectivamente. Ambas fueron suprimidas el 20 de septiembre de 1905 por decisión del Presidente Cipriano Castro. La primera fue restablecida en 1946, mientras que la segunda lo sería en 1958.<xref ref-type="fn" rid="fn14">
<sup>1</sup>
</xref>
<sup/> A pesar de los cambios ocurridos con el advenimiento de la República, esos dos institutos de educación superior conservaron una fuerte tradición colonial, derivada de las normas que para su funcionamiento impuso la monarquía española al conjunto de universidades establecidas en Hispanoamérica desde 1551 hasta la finalización de la dominación colonial.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn15">2</xref>
</sup> A una educación teórica de notable influenciateológica, con predominio de los estudios jurídicos, filosóficos y eclesiásticos, se sumaba la intervención directa del Estado en la mayoría de las actuaciones académicas y administrativas de aquellas instituciones.</p>
<p>Aunque desde mediados del siglo XIX y primeras décadas del XX se dictaron Códigos de Instrucción Pública y Legislación particular en materia de Universidades,
esos instrumentos legales no modificaron el carácter escolástico, elitesco,
dogmático y autoritario del sistema universitario colonial. Aspectos que, en su
conjunto, estuvieron presente en las críticas expuestas por el Manifiesto de
“La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica” del 21 de junio de 1918 y demás documentos que fueron surgiendo a medida que
se profundizaba el movimiento y se extendía a otras universidades de América
Latina. Así, el propósito de esta ponencia es analizar la situación de las
Universidades de Caracas y Mérida para el momento en que irrumpió aquel movimiento estudiantil cordobés y el
manifiesto que encontraría receptividad en varias Universidades de América Latina y el Caribe, mas no así en Venezuela. Antes debemos señalar que este
texto es una síntesis de un artículo publicado en 2008 en la revista Educere con el título “Ausencia de las Reformas de Córdoba en las Universidades de Venezuela (1908-1935)”,<xref ref-type="fn" rid="fn16">
<sup>3</sup>
</xref>
<sup/>  en lo que respecta al título de nuestra ponencia. A su vez, dicho artículo es una versión parcial del capítulo que con el mismo título forma parte de nuestro libro, en proceso de culminación: <italic>Autonomía y Reforma en la Universidad de Los Andes (1810-1970).</italic>
</p>
<p>Diversas han sido la interpretaciones que en el tiempo se
han hecho de tan significativo hecho histórico argentino y la historiografía sobre sus diferentes manifestaciones es bien extensa.<xref ref-type="fn" rid="fn17">
<sup>4</sup>
</xref>
<sup/> Para dar una definición de su naturaleza solamente utilizaremos la de uno de sus
estudiosos más reciente: Carlos Tünnermann Bernheim,
quien ha señalado que “el primer cuestionamiento serio de la Universidad latinoamericana tradicional surgió en 1918, año que tiene especial
significado para el continente, como que señala el momento del ingreso de América Latina en el siglo XX.” Ello porque “las universidades, como reflejo de las estructuras sociales que la Independencia consolidó, seguían siendo los “virreinatos del espíritu”, y conservan, en esencia, su carácter de academias señoriales.” Para concluir que:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>hasta entonces, Universidad y sociedad marcharon sin contradecirse,
desde luego que durante los largos siglos coloniales y en la primera centuria de la República, la Universidad no hizo sino responder a los intereses de las clases dominantes de la sociedad, dueñas del Poder político y económico y, por lo mismo, de la Universidad. El llamado ‘Movimiento de Córdoba’ fue el primer cotejo importante entre una sociedad que comenzaba a experimentar cambios de su composición interna y una Universidad enquistada en esquemas obsoletos.<xref ref-type="fn" rid="fn18">
<sup>5</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>En una visita al Museo de la Casa la Reforma de Córdoba
nos llamó la atención que en un mapa sobre la proyección de aquel movimiento
estudiantil apareciera una indicación de que la misma también había llegado a Venezuela, lo cual en realidad no ocurrió sino muchos años más
tarde, y ello de manera parcial en algunos aspectos, al iniciarse en 1958 la llamada era democrática del país.<xref ref-type="fn" rid="fn19">
<sup>6</sup>
</xref>
<sup/>  La situación política del país y hechos particulares de esos institutos
durante aquellos años, en cuanto a transformaciones académico-administrativas
determinadas por el Ejecutivo Nacional y los órganos encargados de la política
educativa del país, permiten afirmar categóricamente que el programa reformista
cordobés no fue considerado entonces en las Universidades de Caracas y de Mérida entre 1918 y 1935, en el contexto
de lo que se ha denominado primeras y segundas reformas de Córdoba. Ninguna de
sus publicaciones periódicas hizo referencia a lo que estaba ocurriendo en
Argentina, como tampoco en los periódicos que circulaban entonces en estas
ciudades.</p>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>La situación
de la universidad central de venezuela: protestas, reformas y cierre</bold>
</title>
<p>En razón de la inexistencia de partidos políticos
organizados, los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela se convirtieron en el principal
factor de protesta contra el régimen gomecista. Agrupados a partir de 1912 en la “Asociación General de Estudiantes de Venezuela”,<xref ref-type="fn" rid="fn20">
<sup>7</sup>
</xref>
<sup/>  ésta acordó una huelga general para presionar la renuncia del Rector Felipe Guevara Rojas,<xref ref-type="fn" rid="fn21">
<sup>8</sup>
</xref>
<sup/>  en razón de un conjunto de medidas disciplinarias. El 15 de septiembre fue la fecha escogida por
profesores y estudiantes para realizar una manifestación de protesta, con la
incursión de la policía en el recinto universitario y la decisión de expulsar a
diez profesores y cuatro estudiantes.<xref ref-type="fn" rid="fn22">
<sup>9</sup>
</xref>
<sup/>  Ello dio origen al llamado de una huelga general a partir del 19 de septiembre. La renuncia de varios
profesores y la falta de apoyo de otros al Rector condujeron a su dimisión el
mes siguiente. Ante los hechos ocurridos, el Poder
Ejecutivo decretó el cierre de la UCV entre el 1 de octubre de 1912 y el
4 de julio de 1922.<xref ref-type="fn" rid="fn23">
<sup>10</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
<p>Paralelamente se trabajó desde el gobierno, y con
participación activa de Felipe Guevara Rojas, designado Ministro de Instrucción
Pública en enero de 1913, para desarrollar “las reformas necesarias para la
buena marcha y al progreso de los estudios universitarios”, sobre las cuales nos referiremos más adelante. Antes de ese nombramiento, Guevara había escrito
al general Juan Vicente Gómez el 17
de diciembre de 1912 incitando al “Benemérito” a una reforma orientada a modernizar la Universidad e “…infundir[le] nueva vida y la
convierta en un miembro activo del organismo de la Patria…”, lo cual “…tendría
que comenzar por la modificación profunda de la estructura material del Instituto.” Consideraba también que resultaba imposible</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…que se prepar[aran] hombres para todas las profesiones
liberales en el estrecho recinto de la Universidad.” De igual manera sugería la construcción de espacios especializados y acordes
con los estudios de medicina y de las ciencias políticas y sociales; así como
la ampliación de las bibliotecas y la instalación de los laboratorios para el cultivo de las ciencias. Todo ello
vinculado, decía Guevara Rojas, a la reorganización de la docencia a partir de un
sistema de concursos de oposición para optar a las cátedras. Recomendaba
también un proceso de descentralización de la vida universitaria, lo cual
concluyó con la disgregación de las Escuelas, buscando disociar a los miembros de sus respectivas comunidades.<xref ref-type="fn" rid="fn24">
<sup>11</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Esas propuestas merecen algunas interrogantes con distintas variables. ¿Es qué acaso la Universidad venezolana no era “un miembro activo del organismo de la Patria”, cuando, desde el 24 de septiembre de 1883, Antonio
Guzmán Blanco suprimió la autonomía de que gozaban los institutos de Caracas de
Caracas y Mérida desde 1827 y 1832, respectivamente, y en conjunto a partir de
1843, e impuso que su funcionamiento –en lo académico y en lo administrativo–
estuviera supeditado a las decisiones del poder ejecutivo? <xref ref-type="fn" rid="fn25">
<sup>12</sup>
</xref>
<sup/> ¿Es qué la Universidad, a pesar del control del
Estado, era una entidad que no respondía a los intereses y necesidades de la “Patria”? ¿Y qué exigencias hizo la “Patria” para que cumpliera con los propósitos que la ley le exigía? Por otro lado, ¿es qué una “modificación profunda” de la Universidad era exclusivamente la transformación de su “estructura material”?</p>
<p>Pareciera, entonces, que el concepto reformista del
protestado rector era la construcción de edificios con la referida
descentralización, desarrollo de archivos y bibliotecas, y la incorporación a
la docencia universitaria mediante los concursos de oposición. Esto último se
practicaba en Caracas y Mérida desde los llamados Estatutos republicanos de la
Universidad de Caracas de 1827, los Estatutos de Ignacio Fernández Peña para
Mérida de 1832 y del primer Código de Instrucción Pública de Venezuela de 1843, lo cual quedó suprimido
por la citada disposición del Presidente Antonio Guzmán Blanco. La realidad era
otra. Estas universidades requerían una verdadera transformación académica y
administrativa que, entre otras cosas, rompiera con la caduca enseñanza
escolástica que todavía se practicaba en la mayoría de las cátedras; que se
insertaran en un proceso de modernización integral con la inclusión de nuevos saberes, en los que las ciencias y las humanidades constituyeran los dos pilares de la docencia y de la
investigación; y que se les devolviera la autonomía gubernativa y
administrativa eliminada por Guzmán Blanco; y que tuvieran la capacidad de
ponerse al servicio de la sociedad venezolana. Mucho tiempo pasaría para que
estas y otras necesarias transformaciones en aquellas universidades se pusieran
en práctica. Incluso algunas están pendientes, particularmente la última de
ellas. Ello no ocurriría, pero de manera parcial, a partir del inicio de la era
democrática con el derrocamiento en 1958 de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y la
llamada “renovación universitaria” de 1969-1970.</p>
<p>El gobierno de Juan Vicente
Gómez acogió solamente las proposiciones descentralizadoras de Felipe Guevara Rojas, confirmadas por la Ley de Instrucción Superior de 30 de junio de 1915.<xref ref-type="fn" rid="fn26">
<sup>13</sup>
</xref>
<sup/>  El Título Único, Capítulo Preliminar, referido a la Enseñanza, comprendió cinco artículos que
exponían el carácter de la reforma derivada de una de las propuestas de Guevara
Rojas, quien para entonces seguía ejerciendo el cargo de Ministro de
Instrucción Pública. El artículo 1° señalaba que “La Instrucción Superior
sostenida por la Unión Federal es suministrada en Institutos Científicos o
Literarios, Clínicas, Anfiteatros, Laboratorios, Cátedras y otros
establecimientos análogos.” En el 2° se indicaba que “Los expresados establecimientos pueden funcionar aisladamente, o agruparse para constituir Escuelas de Estudios Superiores.” El 3° decía que “Las Escuelas pueden a su vez establecerse separadamente, o reunirse por disposición expresa de la Ley para formar Universidades.” El 4°
establecía que “Se denominan Facultades el conjunto de todos los Doctores
graduados en la respectiva ciencia, residentes en las localidades donde funcionan las Escuelas de Estudios Superiores.” Mientras que el artículo
5° prevenía que </p>
<p>
<disp-quote>
<p>Los establecimientos docentes a que se contrae el
artículo 1° se rigen, cuando funcionan aisladamente, por sus estatutos
especiales; y las Escuelas de Estudios Superiores y las Universidades, por la presente Ley,
y por los Reglamentos dictados en ejecución de la misma.</p>
</disp-quote>
</p>
<p>El Capítulo I, en su artículo 6° establecía que las
Escuelas de Estudios Superiores eran de cinco órdenes: Filosofía y Letras, Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales,
Ciencias Médicas, Ciencias Políticas y Ciencias Eclesiásticas. El resto del
articulado de la Ley se refiere a los programas de estudio de las Escuelas;
disposiciones comunes a éstas en materia de profesores, autoridades, enseñanza,
duración de los cursos, exámenes, alumnos y reglamentos particulares; las
Facultades; organización de las Universidades; y los Institutos de Extensión Universitaria; además de las concebidas disposiciones finales sobre presupuesto y derogación de las disposiciones anteriores en materia de educación
superior. Aprobada esta Ley de Instrucción Pública por el Poder Legislativo el 19 de junio de 1915,
fue sancionada el 30 del mismo mes y año por el Presidente encargado Victorino
Márquez Bustillos y refrendada por el Ministro de Instrucción Pública, Felipe
Guevara Rojas.</p>
<p>Si se compara el contenido de las reformas propuestas por
el Rector de la UCV y el de la referida ley de educación superior podrá
advertirse que lo fundamental fue la desintegración de la Universidad,
particularmente la de Caracas a través de la organización de las llamadas
Escuelas de Educación Superior, que ahora funcionarían en distintos lugares de
la ciudad capital. La Universidad de Los Andes no fue afectada por la ley, pues
continuó funcionando como antes. Los aspectos académicos propuestos por Felipe
Guevara Rojas no fueron considerados por la nueva Ley de Instrucción Superior,
por los cuales</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…llegaría ser la Universidad…lo que es en todas partes del
mundo: un centro de investigación científica, un foco de luz proyectado sobre
los misterios de la naturaleza, que nos envuelven por todas partes, y un
gimnasio donde la inteligencia se ejercita en el arte de descifrar el oculto
sentido de los fenómenos naturales.</p>
</disp-quote>
</p>
<p>A
ello agregaba el Rector que la</p>
<p>
<disp-quote>
<p>esa modernización de nuestro primer Instituto docente,
que convertiría una Universidad medieval…en un establecimiento moderno de
instrucción profesional y científica, sería una gloria envidiable para la Administración que la emprendiese.<xref ref-type="fn" rid="fn27">
<sup>14</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>La Universidad Central continuaba cerrada de manera
integrada, funcionando ahora por razones políticas a través de las referidas Escuelas,
autónomas entre si. Por decreto de 3
de abril de 1915 se creó la Escuela Práctica de Medicina. En diversas fechas de
1916 entraron a funcionar otras Escuelas: el l7 de enero inició sus actividades la de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, el 28 de octubre la de Ciencias Políticas, el 19 de diciembre
las de Farmacia y la de Dentistería. De igual manera, se dispuso la
organización de un Curso de Diplomacia, bajo el auspicio de los Ministerios de Educación y de Relaciones Exteriores.<xref ref-type="fn" rid="fn28">
<sup>15</sup>
</xref>
<sup/>  Entre tanto, el movimiento estudiantil de Caracas continuaba actuando en
política, ahora de manera más orgánica, rechazando
el régimen gomecista con protestas ajenas al problema universitario, con escasa
preocupación por los cambios que estaban ocurriendo en la institución. El hecho
más destacado de esa actuación tendría lugar en
1921, lo cual contribuiría a recrudecer la posición del gobierno con
respecto del movimiento estudiantil y en particular del universitario, en razón del apoyo que estos brindaron,
a través de la Asociación General de Estudiantes, a los trabajadores de la
empresa británica C. A. Tranvías Eléctricos
de Caracas, quienes plantearon una
huelga por reivindicaciones socio-económicas que fueron respaldadas por los
estudiantes mediante manifestaciones y la distribución de hojas sueltas que
expresaban su solidaridad con la clase social oprimida por patronos extranjeros
y nacionales.</p>
<p>El resultado fue la detención de un número considerable
de estudiantes después de la protesta llevada a cabo en la Plaza Bolívar el 1 de abril.<xref ref-type="fn" rid="fn29">
<sup>16</sup>
</xref>
<sup/>  Aunque la Universidad Central de Venezuela continuaba clausurada, muchos de los universitarios permanecieron en Caracas en espera de una pronta reapertura,<xref ref-type="fn" rid="fn30">
<sup>17</sup>
</xref>
<sup/>  pues se hablaba de que
el gobierno estudiaba reabrirla bajo ciertas condiciones, aprovecharon este
hecho huelgario como una protesta, también, por la situación que atravesaba el
Alma Mater. Otros estudiantes se
dirigieron a Mérida para tratar de continuar o culminar sus
estudios. A pesar de esa activa participación política, el Ministro Rubén González intervino
directamente en la reapertura general de la UCV en 1922 y abogó porque se le
restituyeran, cuanto antes, sus antiguas prerrogativas académicas; entre otras,
el reconocimiento del carácter consultivo del Consejo Universitario y su
atribución de presentar al Poder Ejecutivo
medidas para su mejor funcionamiento, siempre y cuando no entraran en
contradicción con la política universitaria del gobierno, así como la posibilidad de que dictara su propio Reglamento, pero bajo la aprobación definitiva del mismo.</p>
<p>Aunque pudiera considerarse que estas concesiones era una
apertura autonómica en lo administrativo, gubernamental y académico,<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn31">18</xref>
</sup> como lo ha sugerido Manuel Caballero,<xref ref-type="fn" rid="fn32">
<sup>19</sup>
</xref>
<sup/>  en realidad la Universidad continuaría sujeta a
la decisión final del Ejecutivo Federal. Nuevamente se podía hablar de la
existencia de una Universidad integrada, aunque ocupaba diferentes espacios. Varios de los alumnos que marcharon a Mérida regresaron a continuar sus estudios, como
también lo hicieron los que con mayores posibilidades económicas fueron a
estudiar al extranjero. Se resolvía parcialmente el problema universitario,
pero continuaba latente la situación política de enfrentamiento al régimen
tiránico del gomecismo, al que el movimiento estudiantil no era ajeno.
Inmediatamente a la reapertura de la UCV en 1922 no ocurrieron hechos que
permitieran al gobierno actuar nuevamente contra la institución. La relativa
paz luego se convertiría en protestas que involucrarían al sector universitario
con la situación política, pero seis años más tarde. Ello tendría lugar en
febrero de 1928 cuando, constituida el año anterior la Federación de
Estudiantes de Venezuela, como
organismo coordinador de los Centros de Estudiantes de las Facultades de
Medicina, Derecho e Ingeniería, se organizó en la UCV la “Semana del Estudiante”. En algunos actos hubo participación de líderes opositores a la dictadura gomecista como Pío Tamayo, Rómulo
Betancourt, Jóvito Villalba, Joaquín
Gabaldón Márquez, Rafael Angarita Arvelo y Guillermo Prince Lara. Ante
distintos hechos que contrariaban al régimen, el gobierno reprimió las celebraciones,
detuvo a Tamayo y un buen número de
los estudiantes que participó en actos públicos gritando consignas contra el
dictador fueron conducidos a cárceles de Caracas y Puerto Cabello.</p>
<p>En abril de aquel año fue develada una conspiración
cívico-militar, en la que hubo participación efectiva de estudiantes de la
Universidad Central de Venezuela. Ello arreció la actitud gubernamental. Cárcel
y trabajos forzados en la construcción de carreteras fue la respuesta inmediata
para muchos de los opositores, mientras que otros, los más peligrosos para el
régimen, fueron expulsados del país en 1929.</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Si bien la represión acalló el movimiento estudiantil –dice Graciela Soriano– y dispersó y expuso a sus protagonistas a los vientos de todas las corrientes que
ya empezaban a soplar sobre el país, todo contribuyó a que la onda expansiva de
la apertura fuese ya irreversible en ambas dimensiones –nacional y estudiantil– de la vida venezolana, marcando huella en la historia, tanto
el movimiento estudiantil y la Universidad, como en el ámbito nacional más amplio de la vida política de un país que aún tendría que esperar tiempos mejores.<xref ref-type="fn" rid="fn33">
<sup>20</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Surgía así lo que en la historia de Venezuela se conoce como la “generación del 28”, la cual se interesó más en la situación general socio-política venezolana que en la propia universidad.<xref ref-type="fn" rid="fn34">
<sup>21</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
<p>Las consecuencias de los hechos de Caracas de 1928-1929
fueron de diversa naturaleza, tanto para el país como para la Universidad en
particular. Por primera vez se
expresaba una alianza de los universitarios con la clase media y sectores
populares de la sociedad venezolana para la conquista de las libertades y
derechos restringidos por el régimen dictatorial de Juan Vicente Gómez. El gobierno comienza a calificar ideológicamente al movimiento estudiantil
al definirlo como de tendencia comunista, al igual que cualquier otra oposición
política. La UCV volvió a ser clausurada. Muchos estudiantes fueron a parar a
las cárceles o a trabajar en la construcción de carreteras; otros marcharon al
exilio o nuevamente a Mérida, Europa y Estados Unidos para seguir sus estudios. Dada la relación que se inicia entre los universitarios y los liceístas, estos últimos ocuparon
el espacio dejados forzosamente por aquellos. Los centros de estudiantes
de bachillerato y sus publicaciones los instrumentos de lucha en la clandestinidad contra el régimen dictatorial.<xref ref-type="fn" rid="fn35">
<sup>22</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
<p>Ante esta situación, reformas universitarias como las propuestas en Córdoba en 1918, nacidas de la inspiración estudiantil, no tendrían cabida en Caracas, mucho
menos en Mérida, sino mucho tiempo después. Incluso, a la muerte de Juan Vicente Gómez el 17 de diciembre de
1935, la respuesta del movimiento estudiantil de entonces se inclinó más por los problemas políticos, sociales, económicos, judiciales y derechos constitucionales, soslayando la referencia
a la necesidad urgente de una transformación de la Universidad, como lo
evidencia el “Mensaje de la Federación de Estudiantes de Venezuela al pueblo venezolano”, firmado por los representantes
de las Facultades de Derecho, Ingeniería, Farmacia, Medicina, Dentistería y del
Centro de Estudiantes de Bachillerato.<xref ref-type="fn" rid="fn36">
<sup>23</sup>
</xref>
<sup/>  Estas fueron las peticiones al encargado del gobierno, el General Eleazar López Contreras: libertad de los presos políticos, libertad
de entrada a la patria para los exiliados, libertad de prensa, libertad de
asociación, libertad de las industrias y del comercio, autonomía absoluta del
poder judicial, supresión del reclutamiento forzoso, selección verdadera para
los cargos públicos entre los más competentes, intensa lucha contra el
analfabetismo y en pro de la higiene nacional.</p>
<p>Parecía entonces que todo marchaba bien en la UCV, cuando los firmantes del manifiesto y
demás miembros de la comunidad universitaria estaban conscientes de la
necesidad de una profunda reforma de la institución, no sólo de forma –como lo
había propuesto en 1915 Felipe Guevara Rojas e impuesto la Ley de Educación
Superior– sino también de fondo. Seguramente aquellos estudiantes consideraron,
como dijo Arturo Uslar Pietri que “antes que ningún otro deber académico, tenían la obligación previa de trabajar activamente para cambiar por medio de la acción directa la situación política existente.”<xref ref-type="fn" rid="fn37">
<sup>24</sup>
</xref>
<sup/>  Nada se dijo en 1912, 1928 y 1935 sobre la modernización de la Universidad para convertirla
en un centro de formación de los cuadros profesionales de científicos e
intelectuales para transformar el país. Tampoco
sobre lo referente a la autonomía universitaria, aspecto principal del
movimiento reformista de Córdoba y fundamental para esa transformación mediante
su efectiva proyección en la sociedad venezolana.</p>
</sec>
<sec>
<title>La situación en la universidad de los andes: nada pasaba. Cambios para que todo siga igual</title>
<p>Para 1918 la Universidad de Los Andes estaba en condiciones
académico-administrativas para poner en práctica
los postulados de las Reformas de Córdoba, lo cual no ocurriría porque no se le
prestó atención a lo que estaba
sucediendo en aquella ciudad de Argentina y por las descritas características
del régimen gomecista. En la ULA aquel desafío al gobierno de Juan Vicente Gómez no se dio de la manera
como se había manifestado en Caracas. Gómez supo mantener el orden con el
nombramiento en los cargos de gobierno regional y local de fieles seguidores de su férrea política dictatorial, lo cual no fue diferente en lo que a la Universidad se refiere. La Iglesia también fue un
factor de dicho orden, considerando la reconocida tradición católica de la
sociedad merideña desde los tiempos coloniales. No debe olvidarse que el jefe del poder era de origen andino. El instituto universitario de
Mérida no solamente fue el refugio de los ucevistas que debieron emigrar a Mérida a continuar o culminar sus
estudios durante los cierres de 1912-1922 y 1928, sino también el centro fundamental de la educación superior de los estados fronterizos con Mérida: Trujillo, Táchira, Zulia y Barinas.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn38">25</xref>
</sup>
</p>
<p>Para comprender la situación de la Universidad de Los Andes en
1918 es necesario sintetizar el período pre- cedente. El 15 de enero de 1909
fue designado el Dr. Ramón Parra Picón como Rector de la Universidad
de Los Andes,<xref ref-type="fn" rid="fn39">
<sup>26</sup>
</xref>
<sup/>  autorizándosele para que reorganizara “la Universidad de Mérida de la manera más cónsona con el estado de nuestra civilización y de
nuestro progreso actual”. Ello con la finalidad también de que acabara “de una vez en ese Instituto con ese cáncer de las contemporizaciones que desmoraliza[ba] la Instrucción
Pública, la única base cierta y segura del engrandecimiento patrio y de
la edificación científica de lo porvenir.” Reorganización que exigía también “de los mejores elementos, es decir de los hombres de activa acción
intelectual.”<xref ref-type="fn" rid="fn40">
<sup>27</sup>
</xref>
<sup/>  Estas sugerencias involucraban entonces aspectos de orden académico y disciplinario, que implicaría cambios en la estructura de la docencia y la investigación, así como en el control de las actuaciones de profesores y alumnos. Acompañarían en el gobierno
universitario al Dr. Parra los doctores Pedro Luis Godoy y Gabriel Picón Febres, hijo, como Vicerrector
y Secretario, respectivamente. Jesús Rondón Nucete señala que las nuevas
autoridades de la Universidad eran profesores de la misma y no venían de
afuera, vinculados a la sociedad merideña, por lo que “…no podían representar grandes cambios. La Institución era muy pequeña, con algunos profesores (que no podían ser reemplazados fácilmente) y pocos alumnos…”<xref ref-type="fn" rid="fn41">
<sup>28</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
<p>En efecto, en la Universidad de Los Andes, para el inicio
del gobierno de Juan Vicente Gómez
funcionaban la Facultad de Ciencias Políticas, un Curso Preparatorio y un Curso
Filosófico, con un total de veinte cátedras,
veintidós profesores y cincuenta y cinco alumnos. Desde el Código de
Instrucción Pública de 1843, la Universidad se había reorganizado con las
Facultades de Ciencias Políticas, Ciencias Eclesiásticas, Ciencias Filosóficas
o Humanidades. La Escuela de Medicina no iniciaría sus actividades hasta 1854 y
a partir de 1894, constituida ésta como Facultad, la incorporación a la misma
los estudios de Farmacia. Sin embargo, para 1908 los cursos de Farmacia y
Medicina no existían, pues fueron clausurados en 1905, por disposición del
presidente Cipriano Castro, para no ser reabiertos hasta 1918 y 1928,
respectivamente. La Facultad de Ciencias Eclesiásticas no tenía actividad en
razón de no contar con alumnos. Al año siguiente se reabrió con dos cátedras
para que asistieran los alumnos del Seminario, instituto orientado a la
formación de los sacerdotes de la Diócesis de Mérida. La de Ciencias
Filosóficas había prácticamente desaparecido para 1913 por no existir
estudiantes interesados en seguir los estudios que allí se impartían. Los que
venían cursando la carrera se limitaron a culminarla y egresar en distintos momentos.</p>
<p>El 13 de abril de 1909, el Dr. Parra solicitó al
gobierno la reapertura de los estudios de Medicina, en razón de las dificultades de los estudiantes
merideños para seguir los cursos en la UCV y para dar más amplitud a la
enseñanza en la ULA, reducida en los últimos años a la sola Facultad de
Ciencias Políticas. Petición que hacía no solamente por su condición de
autoridad universitaria, sino también porque era doctor en Medicina, con una
formación especializada en Caracas y Francia, una reconocida trayectoria en la
práctica médica, así como en la enseñanza y función de Presidente de la
Facultad que había sido clausurada en 1905. El asunto fue sometido a la
consideración de la Junta Revisora del Código de Instrucción Pública para que
resolviera lo conveniente.<xref ref-type="fn" rid="fn42">
<sup>29</sup>
</xref>
<sup/> No hubo respuesta inmediata y el problema se iría prolongando en el tiempo, pues la decisión
no se tomaría hasta 1928. En aquella fecha también se dio una comunicación del
Ministerio de Instrucción Pública que disponía la adopción en la Universidad de
Los Andes de el plan de estudios establecido por Decreto del Ejecutivo del 4 de
enero de 1909, para la Facultad de Ciencias Políticas de la UCV, determinándose el nombramientos de los
profesores para la de Mérida, escogidos de la terna que había enviado el Rector. Lo
mismo se hacía con los docentes para los Cursos Filosófico y
Preparatorio que se dictaban en la Universidad.</p>
<p>Ello evidencia que el gobierno central no solamente
intervenía en la designación de sus autoridades sino también de los catedráticos de la reducida enseñanza universitaria andina.<xref ref-type="fn" rid="fn43">
<sup>30</sup>
</xref>
<sup/>  De esa manera continuaría la situación de la Universidad de Los Andes entre 1910 y 1914.<xref ref-type="fn" rid="fn44">
<sup>31</sup>
</xref>
<sup/>  Para adaptar sus actividades docentes y administrativas a las disposiciones del Código de Instrucción
Pública de 1905, el Consejo Universitario elaboró y puso en vigencia, previa aprobación del Ministerio de Instrucción Pública, un “Reglamento” el 6 de marzo de 1913. Este comprendía aspectos generales de la Universidad, Facultades y los Cursos Preparatorio y Filosófico, conocido también como del
Bachillerato, además de lo referente a autoridades, profesores, alumnos,
preparadores, empleados, biblioteca, consejos universitario y de facultades,
enseñanza, exámenes y grados, disciplina, salón de actos públicos, apertura y
culminación de cursos, ceremonial, honores póstumos, derechos universitarios y las disposiciones complementarias y finales correspondientes.<xref ref-type="fn" rid="fn45">
<sup>32</sup>
</xref>
<sup/>  La Facultad de Ciencias Filosóficas, como se dijo, no funcionaba para
1913, pues no aparece en el referido Reglamento, como tampoco en el “Estatuto de la Universidad de Los Andes” sancionado el 12 de marzo de 1915.<xref ref-type="fn" rid="fn46">
<sup>33 </sup>
</xref>
<sup/> En este nuevo Estatuto solamente se señaló la existencia de un Liceo
[Primero denominado Liceo Universitario, luego Liceo Mérida y finalmente el actual Liceo Libertador], la Escuela de Ciencias Políticas y la Escuela de Ciencias Eclesiásticas. En el mismo se indicaron las materias que debían “leerse” en cada escuela, así como las características de los cargos de Rector,
Vicerrector, Secretario, Bibliotecario, Profesores, empleados
subalternos y régimen docente: Funciones, sustitución, designación de las
autoridades por el Ejecutivo Federal, títulos requeridos para su nombramiento;
concursos de oposición de los profesores, dictado de cátedras, destitución, remuneración, jubilación; selección de los
empleados por el Rector, Consejo de
las Escuelas y Liceo, el Rector como Director
del Liceo Universitario, Consejo de Profesores y Consejo Universitario.</p>
<p>En cuanto al régimen docente, se estableció un conjunto de normas estrictas referidas a la enseñanza, las clases,
alumnos, inscripción, certificado de suficiencia en instrucción secundaria o
título de bachiller, matriculación, exámenes, acreditación y expediente como
estudiante, pérdida de la inscripción, sanciones disciplinarias, número de
alumnos por cátedras y el carácter público de las aulas universitarias, pero
facultándose a las autoridades para excluir a quienes perturbaran las labores
de la institución. Llama la atención que este Estatuto de la Universidad de Los
Andes se sancionara antes que se dictara la referida Ley de Instrucción
Superior del 19 de junio de 1915, pero en su contenido se aprecia el espíritu
de las Escuelas Superiores que se instaurarán para la Universidad Central de Venezuela, sólo que la situación y
condiciones de la universidad andina eran diferentes al instituto caraqueño. Nos referimos a la simpatía que tenía el
gobierno de Juan Vicente Gómez en
Mérida y el tamaño de la Universidad en cuanto a sus facultades, escuelas,
cátedras, profesores, alumnos y personal subalterno.<xref ref-type="fn" rid="fn47">
<sup>34</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
<p>El Liceo y las Escuelas de la Universidad de Los Andes
fueron sometidos a un proceso de organización
mediante resoluciones ministeriales separadas del 9 y 10 de febrero de
1917, ordenadas por el Presidente Provisional Victoriano Márquez Bustillo. Por organización se entendía
exclusivamente la designación del personal docente de la Universidad, indicándose las respectivas cátedras.<xref ref-type="fn" rid="fn48">
<sup>35</sup>
</xref>
<sup/> Esto demuestra que, a pesar de las
disposición de los concursos de oposición de los referidos Estatutos, el
gobierno central se atribuía la función designar a los catedráticos
universitarios. Cabe referirnos ahora al carácter académico del instituto de educación superior andino para 1917, un año
antes de las reformas de Córdoba. Para ello
utilizamos la apreciación hecha por Jesús Rondón Nucete, quien considera que la
crisis universitaria permitiría</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…transformar sus estructuras, muy arcaicas, y, sobre todo, tomar contacto con la
modernidad y con la ciencia, hasta entonces casi ausentes de sus claustros. En verdad, en los mismos no había espíritu crítico; no se
conocían los nuevos métodos de enseñanza ni se realizaban labores de
investigación; y se ignoraba casi por completo lo que ocurría en áreas del
saber distintas a las humanísticas. Los estudios se limitaban a los de
filosofía, derecho y ciencias
eclesiásticas, que se impartían generalmente según las lecciones de los
maestros clásicos. Los merideños poco sabían de los progresos científicos y
tecnológicos…Por último, no existía relación con otros centros universitarios y
de investigación, como no fuera la de alguna comunicación social.<xref ref-type="fn" rid="fn49">
<sup>36</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>A lo que cabe agregar la carencia de una verdadera
autonomía académica en cuanto a la elección de sus autoridades y libre
escogencia de los profesores, así como la ausencia de la participación de los
estudiantes en los asuntos de la Universidad. Es decir, en Mérida estaban dadas
las condiciones para que se produjera una transformación como la propuesta por
el movimiento estudiantil de la Universidad de Córdoba. Sin embargo, la
situación se mantuvo invariable por mucho tiempo en razón del desconocimiento
de lo que allí estaba ocurriendo y por la situación política del país, con un
régimen dictatorial que prácticamente lo decidía todo en materia de la
educación superior existente en Caracas y Mérida.</p>
<p>La muerte del Rector Ramón Parra Picón en Caracas el 13 de abril de 1917 determinó que, en tanto se nombrara a su sucesor, quedó encargado del rectorado el Vicerrector Gonzalo Bernal. El 15 de junio de ese año el Presidente Provisional, doctor Victoriano Márquez Bustillos, designó al doctor Diego Carbonell como Rector de la Universidad
de Los Andes, quien tomó posesión del cargo el 17 de julio siguiente.<xref ref-type="fn" rid="fn50">
<sup>37</sup>
</xref>
<sup/>  Para entonces solo funcionaban la Escuela de Ciencias Políticas y con muchas limitaciones, la de Ciencias Eclesiásticas, y los mencionados Cursos Preparatorio y Filosófico. Como se indicó, en 1905 habían sido clausurados los estudios de Medicina y Farmacia. Para 1913 los de Ciencias Filosóficas prácticamente no contaba con alumnos, por lo que la propia institución se vio obligada a cerrar la carrera. De manera que correspondía al nuevo rector hacer los cambios que se requerían para sacar a la ULA de tal postración académica, particularmente con el restablecimiento de aquellos estudios, sobre todo porque Carbonell era médico y tenía interés en que así ocurriera. Venía precedido de cierta fama en la formación y ejercicio de la medicina, junto</p>
<p>Cabe recordar que un mes antes de asumir Diego Carbonell
el rectorado de la Universidad de Los Andes se había iniciado la protesta estudiantil de Córdoba, la cual dio lugar
a propuestas importantes de transformación universitaria a través del Manifiesto
de “La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica”.
Documento que tuvo proyección y eco en varias universidades de América Latina y
el Caribe. Sin embargo, como
señalamos, este hecho fue desconocido en Venezuela,
al menos públicamente, pues una revisión de los periódicos de Mérida,
entre junio y diciembre de 1918, nada dicen acerca de lo que estaba sucediendo en Argentina.<xref ref-type="fn" rid="fn51">
<sup>38</sup>
</xref>
<sup/>  Pareciera que en Caracas ocurría lo mismo, ya que los estudiosos de la educación y de
la política del régimen gomecista tampoco hacen referencia a lo acontecido en
la Universidad de Córdoba. De igual manera, ni en la <italic>Gaceta Universitaria</italic>,<xref ref-type="fn" rid="fn52">
<sup>39</sup>
</xref>
<sup/>  órgano de divulgación de la Universidad de Los Andes ni en <italic>los Anales de la Universidad Central de Venezuela</italic> se incluyeron noticias o artículos al respecto. Lo mismo
ocurre con los historiadores de ambas universidades, Eloi Chalbaud Cardona e Ildefonso Leal,<xref ref-type="fn" rid="fn53">
<sup>40</sup>
</xref>
<sup/>  quienes no hacen
referencia alguna al conocimiento e incidencia en Venezuela de lo que estaba sucediendo en Córdoba en 1918.</p>
<p>En el discurso de bienvenida, el Vicerrector Gonzalo Bernal dejaba saber a los asistentes que abrigaba la esperanza
de que los meritos científicos de Carbonell y la continuidad de los valiosos
beneficios otorgados por el Presidente Juan Vicente Gómez eran avales suficientes para sacar a la universidad andina de la difícil situación que atravesaba.<xref ref-type="fn" rid="fn54">
<sup>41</sup>
</xref>
<sup/>  Por su parte, Carbonell en sus palabras fue muy parco al respecto, pero dejó entreverla al señalar que si algún merito tenía para “encararla” sería el amor que tenia para el trabajo, desviando el tema del
critico estado de la institución para referirse a la labor realizada por su
antecesor, el Dr. Ramón Parra Picón, tanto para la ULA como para la ciencia medica.<xref ref-type="fn" rid="fn55">
<sup>42</sup>
</xref>
<sup/>  La primera tarea del nuevo rector fue la solicitud de reapertura de la Facultad de Medicina. Sin embargo, solo logró la “creación” de la Escuela de Farmacia, así lo
dice el Telegrama del Ministro de
Instrucción Publica del 1 de abril de 1918, encargándole al propio Rector las
clases de Física y de Botánica, correspondientes al primer año de estudio. De
igual manera, se daba la orden al Director del Liceo Universitario para que
pusiera a su disposición los Gabinetes [Laboratorios] de este instituto para
dichas clases, solicitándole también al nuevo rector que remitiera las
necesidades que hicieran falta para que los alumnos realizaran los trabajos prácticos.<xref ref-type="fn" rid="fn56">
<sup>43</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
<p>El 11 de abril, Carbonell remitió los nombres de los
catedráticos para las clases de Castellano, Física Farmacéutica y Química,
utilizando los profesores que dictaban esas materias en el Liceo, que no eran
otros sino los de la clausurada
Facultad de Medicina, que estaban sin labores de enseñanza desde su cierren
1905. El 21 de junio Carbonell fue designado profesor de Mineralogía aplicada a
la Farmacia. En la misma fecha sería nombrado para la clase de Botánica el
doctor Francisco Valeri. En lo que
respecta a la clase de Mineralogía, el Ministro de Instrucción Publica, Rubén
González, indicaba que “los estudiantes podrían hacer privada- mente los estudios teóricos y en cuanto a los trabajos prácticos se proveerá más tarde la manera mas adecuada
de hacerlos.”<xref ref-type="fn" rid="fn57">
<sup>44</sup>
</xref>
<sup/>  El 5 de julio de 1918 tuvo lugar el acto de instalación de la nueva Escuela de Farmacia en el Salón de Actos Públicos de la Universidad, al cual fueron invitados, además de los catedráticos universitarios, miembros de los poderes civiles y eclesiásticos de la ciudad, así como destacadas personalidades de la sociedad
merideña.<xref ref-type="fn" rid="fn58">
<sup>45</sup>
</xref>
<sup/>  No sería hasta el 29 de octubre siguiente cuando se recibieran los objetos enviados por el gobierno
para el referido Gabinete, necesarios para los estudios prácticos
farmacéuticos, lo cual evidencia que los cambios seguían haciéndose lenta y gradualmente.<xref ref-type="fn" rid="fn59">
<sup>46</sup>
</xref>
<sup/>  Se improvisaba sobre la marcha la solución de los problemas que existían y los que se iban presentando con los
cambios introducidos.</p>
<p>Entre tanto, el rector seguiría insistiendo en la
reapertura de los estudios de medicina, sin respuesta alguna por parte del
gobierno. Pero sorpresivamente, el 21
de junio de 1918, el Ministro de Instrucción Pública, Rubén González Rincones,
notificó al Rector Carbonell que por disposición del Presidente Provisional
de la República y de acuerdo con el
Artículo 4° de la Ley Orgánica de la Instrucción se establecía la Escuela de
Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales.<xref ref-type="fn" rid="fn60">
<sup>47</sup>
</xref>
<sup/>  Es decir, no se trató de una gestión de Carbonell, sino una nueva intervención
del gobierno central en materia académica, siguiendo lo prevenido por dicha Ley. Venía
así a cumplirse, setenta y cinco años después, lo que había dispuesto el
Código de Instrucción Pública de Venezuela
del 20 de junio de 1843, lo cual no se había llevado a efecto por la carencia
en Mérida de catedráticos y los laboratorios requeridos al efecto. Si sería
gestión de Carbonell el dictado de un Curso de Agrimensura, pues el 17 de
septiembre del mismo año se le comunicó que podía ponerlo en práctica y dar la organización que considerara pertinente, como lo había expuesto en comunicación al Ministro de Instrucción Pública.<xref ref-type="fn" rid="fn61">
<sup>48</sup>
</xref>
<sup/> Otras de las realizaciones durante la gestión rectoral de
Diego Carbonell fueron: restablecimiento de las Conferencias Universitarias,
pues éstas habían sido establecidas por el Rector Juan Nepomuceno Pagés
Monsant (1904-1909) y continuadas por el doctor Ramón Parra Picón (1909-1916); la reorganización
de la Imprenta de la Universidad y reaparición de la<italic> Gaceta Universitaria</italic>,
ambos hechos instaurados por Pagés Monsant en 1904; la formulación de proyectos de
una Escuela de Enfermería y un Hospital de Niños, los cuales no logra- ron concretarse. Aspectos que han sido ponderados como parte de una supuesta “transformación profunda”,
cuando en realidad fueron continuación de hechos puestos en práctica por
los dos rectorados anteriores o los que no se pudieron llevar a efecto durante
la gestión rectoral de Carbonell.</p>
<p>Veamos ahora la opinión de tres investigadores ulandinos que se
han interesado en el breve rectorado de Diego Carbonell, haciendo uso nosotros
tanto de la crítica histórica como de la historiográfica, pues la lectura de sus trabajos pudiera confundir a lectores
desprevenidos que podrían formarse una errónea idea de lo que en realidad
ocurrió en la Universidad de Los Andes entre julio de 1917 y febrero de19121.
Humberto Ruiz Calderón en su articulo “Prolegómenos de la investigación científica en la ULA” se propuso</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…exponer uno de cuatro hitos en el largo camino que ha
llevado a la Universidad de Los Andes a destacarse, dentro de las limitaciones
del país, por la actividad científica de sus profesores. El primero es el
referido a la labor del Dr. Diego Carbonell al frente del Rectorado…<xref ref-type="fn" rid="fn62">
<sup>49</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>El autor fundamenta el titulo de su articulo en el
discurso de despedida de Diego Carbonell en febrero de 1921, calificándolo de “premonitorio”, cuando en verdad las citas hechas de ese discurso, cargadas de romanticismo, solo fueron “anhelos o deseos” del rector saliente, que desde nuestro punto de vista, se harían efectivos
parcialmente sesenta años después, para que se pusieran en practicas algunas de
sus ideas expuestas en las palabras de renuncia, partiendo de esta consideración: “…la tradición y la rutina son malas consejeras cuando se trata del progreso en su manifestación mas elevada: las Escuelas científicas.”<xref ref-type="fn" rid="fn63">
<sup>50</sup>
</xref>
<sup/>  Y ambos aspectos estaban presentes en la Mérida y su Universidad de entonces.</p>
<p>Acerca de las condiciones de Mérida para el
desarrollo de la investigación señalaba Carbonell:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…el progreso no es jamás inoportuno, y cuando la hora suene, cuando en estos claustros se siembre la Ciencia Experimental, veréis vosotros, o vuestros hijos, que no hay en Venezuela
ciudad alguna en donde los estudios puedan hacerse con tanto provecho
como bajo este cielo, al amparo de esos bloques blancos y deleitando el oído por la música ríos paradisíacos de Mérida:
si lo digo yo que he visitado pueblos antiguos y continentes y he vivido en
casi todas las ciudades principales de mi Patria…<xref ref-type="fn" rid="fn64">
<sup>51</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Sigue insistiendo en esta idea, y agrega:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Yo no me explico por qué no se ha transformado ya Mérida en
la ciudad universitaria de la República, ella debe ser la sede del pensamiento, aquí debieran venir los que desean
cultivar las ciencias, aquí debían estar las escuelas practicas porque aquí el trabajo no cansa jamás...<xref ref-type="fn" rid="fn65">
<sup>52</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Para
concluir, después de otras importantes consideraciones:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Entonces, sólo entonces, habremos comprendido la necesidad de que la Universidad de Los Andes sea la primera de la Republica: un asilo para la sabiduría moderna, el asiento de la Experimentación científica: la moderna Salamanca a donde vendrán los hijos de nuestros hijos a beber en las fuentes no de la sabiduría medieval, sino en el torrente de la Ciencia Contemporánea, amplia, sin rutina y trascendencia.<xref ref-type="fn" rid="fn66">
<sup>53</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Pero la realidad de la gestión rectoral de Carbonell fue muy
distinta a esos anhelos, en razón del peso de la educación y organización de la ULA que provenía del siglo XIX, en la que la “tradición” y la “rutina” marcadas
por una enseñanza escolástica seguían e impedían una verdadera
transformación de la Universidad de Los Andes. Aunque durante ésta se
restablece en 1918, como señalaos, la Escuela de Farmacia, se crea la Escuela
de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales y el Curso de Agrimensura, en estos espacios académicos se continuó la vieja tradición de la enseñanza de las cátedras que los comprendían, como venía ocurriendo y seguiría
sucediendo, al menos en el medio siglo siguiente, a pesar de esos otros hitos
señalados por Humberto Ruiz en lo
que respecta a la investigación.</p>
<p>De manera que denominar “prolegómenos” a esos deseos de Diego Carbonell nos parece fuera de contexto histórico. Estamos de acuerdo con Ruiz Calderón con lo de “premonitorios” como buena intención del Rector,
aunque pasarán muchos años para que se diera comienzo a un proceso
institucional en materia de investigación,
más allá del trabajo de Ascenso en el escalafón universitario o de la Tesis o Trabajo
de Grado, las formas de realizar investigación que hasta la década de
los setenta del siglo XX exigía la Universidad de Los Andes. Otras pruebas de que la anhelada Universidad de Los Andes, del discurso de despedida del doctor
Diego Carbonell, la encontramos cuarenta años después, en 1958, cuando Mariano
Picón Salas, también en un discurso, dijera:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>¡Qué bien sería que en Mérida, junto a los abogados y los médicos se formasen también los ingenieros, los físicos, los químicos, los investigadores
científicos de toda índole que necesita
-aun para desenvolverse económicamente- esta parte del oeste venezolano! Desde
la defensa de la naturaleza azotada por un tratamiento empírico y devastador; la
lucha contra la erosión, el cambio de los suelos y los cultivos, las obras
hidráulicas para transformar en electricidad y energía la vasta agua realenga
que se precipita en torrentes desde la Cordillera, es parte de la tarea
regional que habrá de pedirse a los universitarios merideños…<xref ref-type="fn" rid="fn67">
<sup>54</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>¿Cuántas de estas tareas a través de la investigación ha
desarrollado la Universidad de Los Andes a favor de Mérida? Dejamos al lector
que de su propia respuesta.</p>
<p>Aún más lejos de las consideraciones de Carbonell y Picón Salas están las apreciaciones de algunos universitarios años más tarde, lo cual evidencia que aquellos “anhelos” de Diego Carbonell y las llamadas “premoniciones” de Humberto Ruiz Calderón tardarían mucho tiempo en hacerse realidad. Por ejemplo, Pedro Rincón Gutiérrez y Miguel
González Jaimes en 1963 señalaban:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…Entre nosotros, debemos señalar, [la investigación es] un actividad escasa en este sentido
por la incomprensión de la misma, carencia de espíritu de trabajo en equipo,
limitación de recursos, demasiada
actividad teórica y poco tiempo para la labor de investigación por [la] plétora de estudiantes y restringido numero de profesores.<xref ref-type="fn" rid="fn68">
<sup>55</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>De igual manera, Julián Aguirre Pe y Clara Baretic de Padilla, en una ponencia de 1975 titulada <italic>La Investigación en la Universidad de Los Andes</italic>
<xref ref-type="fn" rid="fn69">
<italic>
<sup>56</sup>
</italic>
<sup/>
</xref>
<sup/>pusieron de manifiesto la lenta evolución de la misma en la ULA durante mas de un siglo de existencia, afirmando que para “…la década del sesenta, la comunidad universitaria toma plena conciencia de la importancia de iniciar y desarrollar
la actividad de investigación….Resulta evidente que la falta de tradición hace
difícil la iniciación del profesor o del estudiante en las disciplinas de la
investigación…” Si hemos desviado la atención de lo que veníamos analizando es porque
consideramos necesario demostrar que
la Universidad de Los Andes que existía para el momento de las reformas de
Córdoba de 1918 no había cambiado
mucho en los siguientes sesenta años.</p>
<p>Retomemos entonces el tema de la situación de la
Universidad de Los Andes para el tiempo del rector Diego Carbonell. Ricardo Gil
Otaiza en “El Rector Diego Carbonell y su legado al devenir académico y
cultural de la Universidad de Los Andes (1917-1921)”<xref ref-type="fn" rid="fn70">
<sup>57</sup>
</xref>
<sup/>  tampoco hace referencia a las reformas de Córdoba, mas si consideraciones apresuradas al afirmar que su gestión rectoral fue de “cambios profundos en el orden académico”.
Decimos esto por dos razones: el autor no demuestra esa afirmación a lo largo
de su texto y porque la realidad de lo ocurrido en la ULA demuestra lo
contrario. La utilización de fuentes de segunda mano y escasos documentos
impresos, por parte de este autor, contribuyen
a dar validez a esta doble consideración. La sola revisión de la Gaceta Universitaria de 1917 a 1920 hubiera permitido tener una idea mas precisa de la situación académica y administrativa, así como de hechos que no permiten advertir esos “cambios profundos” indicados por Ricardo Gil Otaiza.<xref ref-type="fn" rid="fn71">
<sup>58</sup>
</xref>
<sup/>  Sin dejar de mencionar los documentos que sobre ese rectorado existen en
el Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes, los cuales aclararían aun
más dicha situación, por ejemplo en su interés por el estudio de la Facultad de Farmacia y Bioanálisis.<xref ref-type="fn" rid="fn72">
<sup>59</sup>
</xref>
<sup/>  Las propias confesiones del rector Diego Carbonell en su discurso de despedida,
antes citadas, evidencian lo contrario de lo que afirma este universitario.</p>
<p>Por otro lado, Gil Otaiza no comparte la opinión de Jesús
Rondón Nucete, al señalar éste que</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…de poco sirvió el nombramiento como Rector en 1917 del joven científico Diego Carbonell, quien pretendió transformar la vieja casona. Ninguno de sus proyectos prosperó, aunque si anticipó el futuro de
la Universidad…No cambió la Universidad durante los años veinte. Siguió siendo, en esencia, la misma. La Universidad moderna debía esperar.<xref ref-type="fn" rid="fn73">
<sup>60</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Podríamos seguir analizando la situación posterior a
1917, particularmente la gestión rectoral del doctor Gonzalo Bernal
(1921-1931), pero las afirmaciones de Rondón Nucete nos son suficientes para no
hacerlo, siendo el restablecimiento de la Facultad de Medicina en 1928 el hecho
más relevante, junto al restablecimiento de las Conferencias Públicas Universitarias<xref ref-type="fn" rid="fn74">
<sup>61</sup>
</xref>
<sup/>  y de la Gaceta Universitaria.<xref ref-type="fn" rid="fn75">
<sup>62</sup>
</xref>
<sup/>  Dos hechos que devenían del rectorado de Juan
Nepomuceno Pagés Monsant
(1902-1904) y Hacemos un salto cronológico para considerar una propuesta de
transformación de la ULA en ese año, una década después de haber irrumpido en América Latina y el Caribe el proceso
reformista universitario de Córdoba. Se trata de un proyecto del gobierno no
llevado a la práctica en ninguno de sus aspectos, pero que Jesús Rondón Nucete
le ha dado una validez histórica que no tiene, a lo que haremos referencia más adelante, pues solamente fue eso: un proyecto,
por cierto solicitado por el propio Presidente Juan Vicente Gómez. . .</p>
<p>A finales de febrero de 1928, Juan Vicente Gómez se dirigió al Procurador General de la
República, doctor Abel Santos, solicitándole un proyecto de reforma integral de la Universidad de Los Andes.<xref ref-type="fn" rid="fn76"/>
<sup/> El 9 de marzo hubo respuesta al requerimiento del Presidente. En la
carta de presentación de sus propuestas de transformación de la ULA, Santos
dejó plasmado su recuerdo de alumno de la primera universidad republicana de Venezuela al señalar que Mérida era “…la ciudad universitaria por excelencia del país; su clima, su tranquilidad, la belleza del paisaje, todo
convida en ella al estudio, de modo que si la enseñanza se facilita y
proporciona allí como lo requiere la época, puede contarse para mañana con una
juventud sana del cuerpo y de espíritu y robustecida su inteligencia por el estudio y la meditación…” En cuanto
al proyecto que remitía al dictador, consideraba
que traería a la ciudad “…el bienestar económico y por consiguiente su progreso
material en todos los ramos; volvería a ser el centro científico del Occidente
de la República…y estando bien servida atraería no sólo a la juventud andina
sino a la de otras partes de la República y a una buena parte de la del vecino
Departamento de Santander de Colombia…”</p>
<p>Las reformas de Abel Santos se fundamentaron en la idea de Gómez de que la Universidad de Los Andes fuera “moderna y completa” para atraer también a la juventud de las regiones circunvecinas, en razón de los estudios que allí debían hacerse, así como en las “condiciones y facilidades” que se brindaran para la obtención de “sólidos conocimientos”. El Contralor introdujo la propuesta con un análisis de las características de las Universidades latinas (Francia, Italia, España), anglosajonas (Inglaterra y Estados Unidos) y germanas (Alemania, Austria y Norte de Europa), considerando la que se adaptara a “nuestro medio y mentalidad”. Al descartar los modelos de las grandes universidades por que las condiciones económicas, de población y de personal de Mérida no permitían imitarlas, inclinándose por las más pequeñas “…que reúnen principales condiciones de las grandes en escala reducida y llenan las condiciones de modernidad, seriedad, orden y solidez de estudios…” De éstas
prefería a dos en particular: la de Lausana en Suiza y la de Estrasburgo en
Francia, sin explicar mayores razones que las antes indicadas, dándole a la ULA
una capacidad máxima de quinientos alumnos y de un edificio apropiado, de
acuerdo con las exigencias modernas.</p>
<p>Mayor énfasis puso en este último aspecto, al señalar que se requería “…el levantamiento de un plano para el edificio que reúna las condiciones apuntadas, por técnicos en materia y de acuerdo con las indicaciones de profesores expertos”, que comprendiera aulas, laboratorios, gabinetes, y otras dependencias como “un pequeño hospital modelo”, indicando también que en el país no existían los profesionales para diseñar una estructura de esa naturaleza. Sin embargo, decía que la obra y la provisión a sus dependencias de los muebles, instrumentos y demás enseres debía ser confiadas a una compañía mediante licitación que se encargaría de la ejecución sin intervención gubernamental, la cual sólo se haría en materia de financiamiento. Eso sí, con la
exigencia de que los obreros fueran venezolanos, con excepción de los técnicos, cuyos conocimientos debían ser extendidos a los artesanos merideños. Todo ello, consideraba Santos, podía ocasionar un valor de dos a tres
millones de bolívares, suma que será de lo mejor gastado en el país.</p>
<p>El otro aspecto que Abel Santos señaló en la propuesta fue la contratación de diez profesores por unos años,mientras se formaba el personal propio, particularmente de Alemania o de Italia, donde “hay profesores con muy buenas recomendaciones” y se conseguirían muy baratos. Tanto lo referente a la construcción y dotación del edificio como lo concerniente a la docencia debía ser encomendado en Europa a un Ministro o Cónsul,-decía Santos- que reuniera “… las condiciones que la delicadeza del mandato exige y en el que tenga usted confianza para que el asunto no se convierta un negocio, o una persona que usted especialmente envíe de aquí, escogiéndola entre los muchos amigos que le rodean.” El Contralor cerraba su informe pidiendo a Gómez que no dejara morir la idea dada su trascendencia para Mérida y el país, y que tuviera cuidado con “…los apaga-luces, que a todo no hacen sino poner dificultades porque no piensan sino en su utilidad personaly nada se les ocurre.”</p>
<p>Como puede advertirse, las reformas propuestas por Abel
Santos se orientaban fundamentalmente a dos aspectos: la construcción y
organización de una infraestructura universitaria y la incorporación de
catedráticos para mejorar o cambiar la difícil situación académica de la
Universidad de Los Andes. Nada se dijo con respecto a la enseñanza de nuevas ciencias,
la investigación, la selección de las autoridades, la participación de los
estudiantes en el quehacer de la institución y,
sobre todo, de la reapertura de los estudios de medicina. Ninguna de
aquellas recomendaciones se puso en práctica. La ULA tendría que esperar por
iniciativas particulares de los futuros rectores en cuanto a la construcción de
un edificio acorde con las exigencias de las cátedras que se dictaban y a la
incorporación de personal extranjero, lo cual ocurrirá durante el gobierno de
de Eleazar López Contreras. En efecto entre 1934 y 1936 se construyó el primer
edificio bajo la supervisión del arquitecto e ingeniero venezolano Luis
Chataing, el cual serviría de modelo para el que se inauguró en 1956 Marcos Pérez Jiménez, con la propuesta del
arquitecto español Manuel Mujica Millán. En cuanto a la contratación de
catedráticos extranjeros, cabe señalar que el primero en ingresar a la ULA en
el siglo XX fue el físico alemán Raimundo Goetze en 1938.<xref ref-type="fn" rid="fn77">
<sup>64</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
<p>Sobre este proyecto de “transformación integral de la Universidad de Los Andes” se ha referido Jesús Rondón Nucete en su articulo “Trascendencia en Mérida del Decreto del General Juan Vicente Gómez de 19 de marzo de 1928”.<xref ref-type="fn" rid="fn78">
<sup>65</sup>
</xref>
<sup/>  Después de señalar algunos aspectos sobre la institución en los años veinte, en cuanto a su
vieja edificación, las clases que se dictaban, así como el reducido número de
alumnos, profesores y grados otorgados entre 1922 y 1928, pasa a valorar las
circunstancias que propiciaron aquel Decreto del Presidente Gómez. Ello para demostrar primero que para entonces la ULA seguía “siendo, en esencia, la misma” que había encontrado el Dr. Diego Carbonell en 1917, y en la que éste no pudo realizar “cambios profundos”, como señala Ricardo Gil Otaiza; y en segundo logar que esa disposición del gobierno habían creado las condiciones
para llevar adelante una serie de cambios. Según Rondón Nucete:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…Estos fueron de tal significación que dieron lugar al surgimiento
de la Universidad moderna, de tendencia científica, vinculada a la realidad y
orientada a la formación de profesionales para el desarrollo del país. Y ese hecho repercutió en la vida de Mérida de tal modo que la pequeña urbe provinciana escondida en las montañas,
se convirtió en pocas décadas en una ciudad de cientos de miles de habitantes
la cual ocupa hoy tierras situadas mucho más allá de la meseta que le sirvió de asiento por siglos<xref ref-type="fn" rid="fn79">
<sup>.66</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Disentimos de esa opinión de este catedrático
universitario del derecho, preocupado en muchos de sus trabajos por el devenir
histórico de Mérida y su Universidad, pues sus señalamientos no tuvieron la
repercusión que les atribuye, como lo demostramos seguidamente. El hecho de que
dicho decreto ordenara una serie de aspectos académicos y administrativos a
favor de la institución, ello no significó una novedad orientada a una definitiva transformación de la
Universidad de Los Andes. En realidad, algunos de aquellos aspectos fueron una
continuación de disposiciones gubernamentales anteriores, otros no se llevaron
a la práctica o simplemente no tuvieron los efectos que Jesús Rondón Nucete les
confiere. Es posible que el mencionado decreto, como él lo indica, estuviera
vinculado a los sucesos ocurridos en Caracas en 1928 con motivo de la llamada
“Semana del Estudiante”, lo cual aprovecharía el gobierno gomecista “…para adelantar el viejo proyecto de hacer de la Universidad de Los Andes un centro de estudios
moderno, como los mejores de Europa ubicados en pequeñas ciudades…”<xref ref-type="fn" rid="fn80">
<sup>67</sup>
</xref>
<sup/>  Ello se lograría, según el decreto, mediante la construcción en la ciudad de Mérida de</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…los edificios que sean necesarios para que funcione en ellos la Universidad de Los Andes y
provéase a ésta de todos los elementos requeridos a fin de que puedan tener
actividad todas las Escuelas de Instrucción Superior y darse en ellas la
enseñanza tal como se da en los mejores centros docentes de esta naturaleza.<xref ref-type="fn" rid="fn81">
<sup>68</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p> Buenas intenciones pero, como dice un refrán popular venezolano, “deseos no empreñan”, pues veremos en que consistieron las concesiones otorgadas a la ULA y el futuro de la misma.</p>
<p> Se precedía esa orden con unas consideraciones que exponían las razones de la misma, las cuales en poco difieren de las expuestas por el Dr. Diego Carbonell en su citado discurso de despedida de 1921:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Que la Universidad de Los Andes, por
su antigüedad, por su situación en la ciudad de Mérida, que es un centro inmejorable condiciones climatéricas y de gloriosos antecedentes en la vida pública de Venezuela y por los frutos que desde atrás ha venido cosechando la juventud venezolana que ha recibido Instrucción en sus aulas durante varias generaciones, todo lo cual da méritos para organizarla convenientemente, llenando así un necesidad conforme a los adelantos científicos de ésta época.<xref ref-type="fn" rid="fn82">
<sup>69</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Por supuesto, el decreto gubernamental causó satisfacción tanto
en la Universidad, Mérida y la región de los Andes, pues se esperaba que la intención, sana y bien requerida por esos espacios académico y sociales, tuviera los efectos deseados.<xref ref-type="fn" rid="fn83">
<sup>70</sup>
</xref>
<sup/>  Veamos ahora en lo que consistió la supuesta “transformación universitaria”, siguiendo
la descripción de los hechos expuestos por Rondón Nucete. Se compraron
en Alemania<italic> equipos y muebles </italic>necesarios para el funcionamiento de los
gabinetes y laboratorios de Medicina, Farmacia y Dentistería, así como mesas y sillas remitidas desde Caracas. Estos fueron enviados desde Hamburgo a Puerto Cabello y trasladados a Mérida en
camiones, con el arribo de las cargas a la ciudad entre septiembre y octubre de
1928. De igual manera 22 libros para los estudios científicos destinados a la biblioteca. Se r<italic>eorganizó la Imprenta</italic> con la adquisición con la adquisición de nuevos accesorios también en Alemania. La compra de una casa contigua a
la Universidad para la <italic>construcción de los edificios</italic> señalados en el decreto.<xref ref-type="fn" rid="fn84">
<sup>71</sup>
</xref>
<sup/>  Es decir, se trató en primer lugar de una “transformación material” que según el este autor tuvo importantes “consecuencias” para la institución y la ciudad
en el orden académico y social.</p>
<p>Antes de presentar las consecuencias del decreto del 19
de marzo de 1928, de acuerdo con la exposición que hace Jesús Rondón Nucete, hacemos algunas consideraciones
previas para que el lector juzgue si en verdad esa “transformación material” era propiamente una “transformación universitaria”, a la luz de lo que seguiría ocurriendo en la Universidad de Los Andes, al menos en los siguientes treinta años. Durante los rectorados de Juan Nepomuceno Pagés Monsant (1902-1909), Ramón Parra Picón (1909-1917) y Diego Carbonell (1917- 1921) se hicieron gestiones ante los gobiernos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, con logros en la
mayoría de los casos, para suplir necesidades de la institución universitaria en materia de “dotación” de libros,
equipos y materiales para los gabinetes o laboratorios existentes y la imprenta universitaria.<xref ref-type="fn" rid="fn85">
<sup>72</sup>
</xref>
<sup/>  De igual manera en lo que respecta a la adquisición de libros para la biblioteca, particularmente mediante las solicitares de los dos primeros rectores a particulares e instituciones nacionales y extranjeras. No menos importante fueron sus trámites administrativos para hacer las reparaciones que requería la “vieja casona” de la Universidad la Universidad de Los Andes que había pertenecido al Colegio Seminario desde 1790, transferida a la institución universitaria cuando Antonio Guzmán Banco clausuró los Conventos y Seminarios en Venezuela. Trabajos que tuvieron una significación particular en tiempo de los rectores Caracciolo Parra y Olmedo después del terremoto de 1894 y de Pagés Monsant con la construcción definitiva del Salón de Actos Públicos y reparación de algunos Claustros, como se denominaba a los salones de clase. Cabe también señalar que la adquisición de aquella casa no fue una solución definitiva al problema del espacio, pues esta fue ocupada por el Liceo Universitario, y que la ULA no tendría un edificio cónsono con sus funciones de enseñanza e investigación hasta 1934-1936 y 1956, durante los gobiernos de Eleazar López Contreras y Marcos Pérez Jiménez, en los rectorados de Roberto Picón Lares-Víctor Manuel Pérez Perozo y Joaquín Mármol Luzardo, como hemos señalado anteriormente.</p>
<p>Finalmente, Jesús Rondón Nucete fundamenta lo que denomina “consecuencias del decreto de 1928” en un problema social cuantitativo, en cuanto al arribo a Mérida de nuevos estudiantes de distintos lugares del país, particularmente de Caracas, al parecer, por efecto de los sucesos de la Universidad Central de Venezuela de aquel año. Dice este autor:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Por esos días comenzaron a llegar los estudiantes. En el
diario<italic> Patria</italic>, que les expresaba su saludo, aparecen
los nombres y procedencia de algunos, como también un resumen de la trayectoria de uno de los profesores
venido de Caracas. El mismo mes de septiembre comenzaron las inscripciones. Se
presentaron 110 aspirantes (aunque en realidad 6 nombres se repiten): 46 para
Ciencias Políticas, 42 para Ciencias Médicas, 10 para Farmacia y 12 para Dentistería. Desde entonces, los de las carreras científicas superarían a los de los estudios humanísticos. De todos 69 continuarían al año siguiente.<xref ref-type="fn" rid="fn86">
<sup>73</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>A ello agrega: “El 26 de septiembre de 1928 se abrió el nuevo Departamento para las clases de Medicina, Farmacia y Dentistería,
mientras que la vieja casona recibía a los alumnos de Ciencias Políticas. Así
comenzaba la historia de la Universidad moderna que iba a influir en la vida de
Mérida. Ya lo decía el diario Patria al referirse al ‘conspicuo número’ de estudiantes (156, incluidos los 46 del Liceo y entre ellos 3 señoritas)…” Y sigue insistiendo en ello:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Desde 1928 el número de estudiantes y profesores aumentó
notablemente como consecuencia de la expansión de las actividades universitarias<xref ref-type="fn" rid="fn87">
<sup>74</sup>
</xref>
<sup/> Venían de todas partes, muchos eran de Oriente y de los
Llanos; pero también de Caracas, Valencia, Barquisimeto y Coro. Y como desde antiguo la mayoría provenía
del Zulia y de los Andes.<xref ref-type="fn" rid="fn88">
<sup>75</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Sirvan estas extensas citas del artículo de Jesús Rondón Nucete para evidenciar que su problema de la “transformación” de la Universidad de Los Andes lo centra en hechos materiales y cuantitativos en cuanto al número
de estudiantes y profesores, sin hacer mención de cambios cualitativos con
relación a la enseñanza y muchos menos con la investigación que no se puso en
práctica por entonces, como lo exponía Abel Santos en su incumplido
proyecto, porque este solamente se aplicó en las mencionadas dotaciones de
equipos y útiles para la enseñanza práctica de las ciencias. Docencia que
seguiría siendo, por mucho tiempo, teórica y empírica. Sobreviviendo el viejo modelo escolástico del siglo XIX de una
instrucción encargada de impartir conocimientos
contenidos en los libros, expuestos con autoridad por sus catedráticos y con
extrema pasividad de los alumnos,
con libros desactualizados con respecto del desarrollo de las ciencias que se
impartían en la ULA. El gobierno de Juan Vicente
Gómez continuó nombrando a las autoridades y a los profesores, como lo había
dispuesto Antonio Guzmán Blanco en 1883, por lo que continuaría la carencia de una autonomía académica eleccionaria. Aspectos que serían reclamados por los
postulados de las reformas cordobesas de 1918 y que en la Universidad de Los
Andes estaban dadas las condiciones para ser aplicados.</p>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>Contraste de
las reformas de córdoba con las ocurridas en Caracas y Mérida</bold>
</title>
<p>Esta última parte de la ponencia la iniciaremos con las
apreciaciones sobre las Reformas de Córdoba de dos autores
venezolanos: Graciela Soriano y Arturo Uslar Pietri. Pues consideramos que
siendo contradictorias evidencian las dos maneras como aquéllas han sido
interpretadas de las perspectivas académica o política. Dice Soriano:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…puede afirmarse que el sector universitario de Venezuela permaneció, pues, al margen de otros hechos que, entretanto, movían a la universidad
hispanoamericana desde Córdoba (1918-1930) propiciando la gran “reforma universitaria” radical que orientaría a la institución académica por las vías de
una concepción autónoma, experimental y humanista de una universidad de docencia libre y
reconocimiento de la participación estudiantil de docencia libre y reconocimiento de la participación estudiantil…<xref ref-type="fn" rid="fn89">
<sup>76</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Por su parte, Uslar Pietri interpretó el hecho de otra manera, al considerar que</p>
<p>
<disp-quote>
<p>en un tiempo de lucha y de exaltación liberal de la
juventud el ejemplo de Córdoba se convirtió en una bandera para los
universitarios hispanoamericanos. Desde la Argentina a Chile, al Perú, a
México, en nombre de esa bandera se libraron heroicas luchas estudiantiles. A
Venezuela llega el fermento en los pródromos del movimiento de 1928.</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Para
agregar que</p>
<p>
<disp-quote>
<p>…nuestra Universidad, que había sido tridentina y
napoleónica, se hizo cordobesa y se convirtió en una especie de vanguardia de
la lucha política del país, en un centro nervioso suprasensible, donde las
corrientes ideológicas y los intereses de partido se afrontan con
extraordinaria acometividad, en una caja de resonancia donde pugna de la plaza
pública se agudiza y extrema.<xref ref-type="fn" rid="fn90">
<sup>77</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Dos maneras de entender la proyección de Córdoba en
Venezuela. Soriano niega, como nosotros, la incidencia en la transformación de
la Universidad. Uslar Pietri le atribuye, cosa que no negamos, una influencia
en cuanto a la participación decidida de los estudiantes en la política
nacional, sin hacer referencia al problema universitario, esencia del
movimiento estudiantil cordobés.</p>
<p>Pasemos ahora a demostrar la ausencia de la que tanto insistimos. Para ello utilizamos los aspectos fundamentales de las reformas de Córdoba enunciados por Carlos Tünnermann Bernheim, resultantes de los postulados del “Manifiesto”, de otros documentos y la interpretación de los mismos han hecho diversos autores:<xref ref-type="fn" rid="fn91">
<sup>78</sup>
</xref>
<sup/>
</p>
<p>
<italic>Autonomía Universitaria en sus aspectos políticos, docente, administrativo y económico: </italic>Es bien sabido que después de la disposición de Antonio Guzmán Blanco del 24 de
septiembre de 1883, la autonomía universitaria estaría en suspenso hasta el
Decreto-Ley de Universidades del 5 de diciembre de 1958 y el Estatuto Universitario
del 6 de diciembre de 1958, decretado por el Presidente provisional, Dr. Edgar Sanabria., que reconocían la
autonomía tanto en lo docente como administrativo-económico.</p>
<p>
<italic>Elección de los cuerpos directivos, de las autoridades y de los organismos de co-gobierno por la comunidad universitaria:</italic> Este aspecto se pondría en vigencia efectiva con el
Decreto-Ley de Universidades de 1958, a través
de la representación estudiantil y profesoral ante los Consejos de
Facultad y Universitario. La elección de las autoridades por el Claustro
Universitario existió en las dos primeras universidades venezolanas entre 1827
y 1883, reinstalada por aquella ley de inicios de la democracia.</p>
<p>
<italic>Concursos de oposición para la selección del profesorado:</italic> Este sistema fue establecido en los Estatutos de Bolívar de
1827, los Estatutos de Mérida de 1832 y el Código de Instrucción Pública de
1843. Suprimidos por Guzmán Blanco en 1883. Restablecido por la Ley de Instrucción Ley de Instrucción Superior de 30 de junio de 1915 y reconocida en los Estatutos de
la Universidad de Los Andes del 12 de marzo de 1915, pero violentado por los distintos gobiernos
hasta la referida ley de 1958.</p>
<p>
<italic>Libertad de cátedra</italic>:
La misma prácticamente siempre existió, con excepción en algunos momentos en
que el gobierno prohibió el uso de
algunos textos de enseñanza o impuso medidas disciplinarias a profesores contrarios a sus propósitos políticos.</p>
<p>
<italic>Gratuidad de la enseñanza:</italic> Esta no entrará en vigencia hasta la Ley de Universidades y el Estatuto Universitario de 1958, por decisión del Poder Ejecutivo.</p>
<p>
<italic>Reorganización académica mediante la creación de nuevas escuelas y modernización de los métodos de enseñanza:</italic> A partir del Código de Instrucción Pública
de 1843 el gobierno central intervino en la organización académica de las universidades en cuanto a cátedras, escuelas, facultades e institutos, lo cual pasaría a ser una decisión de las mismas a partir de 1958.</p>
<p>
<italic>Asistencia social a los estudiantes:</italic> Esta no entró en vigencia hasta el gobierno de Isaías Angarita, quien decretó la creación de la “Organización de Bienestar Estudiantil de la UCV” en 1943, la cual se extendió a la ULA al
año siguiente como consecuencia de una protesta de los estudiantes y de la
sociedad merideña.</p>
<p>
<italic>Democratización del ingreso a la universidad:</italic> Si bien existía la posibilidad de ingresar a la Universidad durante la primera mitad del siglo XX, con la sola presentación del título de bachiller, los costos de las matrículas limitaron el ingreso de los sectores más desposeídos. La mujer también se incorpora tardíamente. Esto se corregirá a partir de 1958, pero luego se
restringirá con la exigencia de pruebas especiales de ingreso en la mayoría de
las carreras. Por ello, el actual gobierno se ha planteado a esa democratización de aquel año, fundamentado en los derechos a la educación conferidos por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
de 1999.</p>
<p>
<italic>Vinculación con el sistema educativo nacional</italic>: Siempre existió un divorcio entre la Universidad y el resto del sistema educativo, probablemente porque el gobierno evitó que ello
ocurriera. La única relación podría ser la formación de los profesionales para la enseñanza primaria y secundaria, relación que se pierde inmediatamente después del grado. No ha existido una incidencia de las
Universidades en la formulación de las políticas educativas más convenientes
para el país.</p>
<p>
<italic>Extensión universitaria a través del fortalecimiento de la función social de la Universidad:</italic> Esta se redujo a la realización de
actividades universitarias en que la sociedad participa, por lo general, como
espectadora (actos, culturales,
musicales, competencias deportivas, etc.). A partir de 1958 algunas facultades,
particularmente las relacionadas con el área de la salud, programaron
actividades mediante pasantías o servicios públicos. La ausencia de una verdadera extensión universitaria determinó que la Asamblea Nacional aprobara el 29 de agosto de 2005 la “Ley del Servicio Comunitario del Estudiante de Educación Superior” e impusiera a las Universidades la reglamentación particular, siendo ahora un requisito para la obtención del grado.<xref ref-type="fn" rid="fn92">
<sup>79 </sup>
</xref>
<sup/> En ningún caso se trató de una violación de la autonomía universitaria,
sino la exigencia al cumplimiento de lo que al efecto establece la Ley de Universidades (1971) y la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999).</p>
<p>
<italic>Espíritu democrático por la unidad latinoamericana: </italic>Esto ha sido un aspecto tabú en la Universidad, con excepción de los estudios que al respecto se han realizado en las Escuelas de Historia, Ciencias Políticas, Diplomacia o
Estudios Internacionales. Incluso en la actualidad existe rechazo a las
políticas que en este sentido viene realizando el gobierno nacional, solamente por la reconocida oposición que se le hace por amplios sectores de las comunidades universitarias.</p>
<p>
<italic>Lucha frente a las dictaduras y el imperialismo:</italic> Estos dos aspectos tienen diversos matices. Es bien conocida la posición de estudiantes y profesores de la Universidad Central contra
las dictaduras de Juan Vicente Gómez
(1908-1935) y Marcos Pérez Jiménez.
Durante (1950-1958). No así en el caso
de la Universidad de Los Andes. Durante esa última década se aprecian serias
posiciones contra el capitalismo-imperialista norteamericano, las cuales se
acentuarán con los movimientos estudiantiles de izquierda, de tendencia
marxista, a partir de la década de los sesenta del siglo XX. Estas irán disminuyendo con el transcurrir del tiempo, restringiéndose a grupos reducidos en las llamadas universidades nacionales. Lo cual renace en el actual movimiento estudiantil que sigue las políticas anti imperialista de la Revolución Bolivariana del Presidente Hugo Rafael Chávez Frías en las Universidades e Institutos Universitarios que carecen de la
autonomía que detentan las autónomas-nacionales, sobre todo en las creadas
desde el inicio de su gobierno. Paralelamente se evidencia actitudes políticas
de un movimiento estudiantil con posiciones ideológicas indefinidas que acusa
de dictadura al gobierno de Nicolás Maduro Moros.</p>
<p>El contraste de las reformas propuestas en Córdoba con la situación de las Universidades de Venezuela, de Caracas y de Mérida, entre 1918 y 1935, nos permite llegar a varias conclusiones: 1) Dichas reformas no tuvieron en esas universidades la proyección que algunas veces se señala sin sustentación documental alguna.<xref ref-type="fn" rid="fn93">
<sup>80</sup>
</xref>
<sup/> 2) La férrea dictadura de Juan Vicente Gómez impidió el desarrollo de un movimiento estudiantil fuertemente organizado, desarticulándolo en el caso de la Universidad Central de Venezuela con la prisión, exilio,destierro, trabajo forzado y cierre de la institución en 1912 y 1928. En la Universidad de Los Andes aparecerá ese movimiento estudiantil con posterioridad a la muerte del dictador, pero de manera muy solapada, con una presencia mas activa en vísperas del derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. 3) Las reformas introducidas en ambos institutos fueron el resultado de decisiones del Gobierno Central y del Ministerio de Instrucción Pública, con exclusión o escasa participación de las Universidades, y menos como producto de propuestas estudiantiles. 4) Documentos y opiniones de varios autores prueban que en nuestras universidades,por sus características académicas y administrativas, estaban dadas las condiciones para un verdadero proceso de modernización y transformación institucional, acordes con las reformas formuladas para la Universidad de Córdoba en 1918 y extendidas a otras universidades de América Latina y del Caribe. 5) Es evidente que el movimiento estudiantil de Caracas utilizó la UCV como plataforma para sus futuras aspiraciones políticas,pero no hubo un interés específico en la situación interna de la UCV.<xref ref-type="fn" rid="fn94">
<sup>81</sup>
</xref>
<sup/> 6) Algunas de las reformas señaladas por Carlos Tünnermann Bernheim fueron aplicándose, gradualmente, con posterioridad a 1935, durante los gobiernos de Eleazar López Contreras (1936-1941),<xref ref-type="fn" rid="fn95">
<sup>82</sup>
</xref>
<sup/> Isaías Medina Angarita (1941-1945)<xref ref-type="fn" rid="fn96">
<sup>83</sup>
</xref>
<sup/> y los gobiernos democráticos a partir de 1958,<xref ref-type="fn" rid="fn97">
<sup>84</sup>
</xref>
<sup/> proyectándose en el tiempo hasta nuestros días.</p>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>Una
consideración final: testimonio de un testigo de excepción</bold>
</title>
<p>Vamos a concluir este trabajo con la visión que de la
Universidad de Los Andes registró un testigo de excepción en sus memorias, el estudiante de Derecho Domingo Alberto
Rangel,<xref ref-type="fn" rid="fn98">
<sup>85</sup>
</xref>
<sup/>  a fin de que el lector advierta la situación del instituto merideño para 1940, y se rompa con esa enfoque idílico de que la ULA siempre ha sido una gran universidad,
desconociéndose los avatares de una azarosa trayectoria histórica iniciada el
21 de septiembre de 1810 y no antes, como falsamente se ha impuesto en la
conciencia de la mayoría de los ulandinos por intereses eclesiásticos
particulares. Entonces decía Domingo Alberto Rangel:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>La Universidad de Los Andes…era la misma que setenta años atrás o más, había desafiado
las cóleras de Guzmán Blanco. Ocupaba el mismo inmueble que era el suyo desde
la colonia, un poco remozado que flanqueaba el viejo torreón del Rector
heroico. Nada había cambiado en un
siglo, los mismos locales, la misma ubicación que ya luciera en aquella época. Tenía el mismo número de alumnos. Creo que
no pasaban ellos de mil y, si estoy
subestimando a aquella masa, apuesto a que no excedía los mil quinientos. Los
profesores eran todos ellos, en las cuatro o cinco Facultades,<xref ref-type="fn" rid="fn99">
<sup>86</sup>
</xref>  profesionales de otras ramas que dedicaban una o dos horas
tras el amanecer o pasado el atardecer a la labor docente. Abogados de bufete o
tribunal, médicos dedicados a sus consultorios, farmacéuticos dueños de botica o dentistas con clínica propia,
eran los profesores. Ninguno de ellos cultivaba la docencia como ocupación
principal. El personal administrativo se reducía al Rector, al Vice-Rector y al Secretario. Los Decanos ejercían ese cargo de manera honoraria y sin dedicarle un solo momento concreto y determinado…</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Y
agrega más adelante, de manera casi irónica:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Como es natural, la enseñanza era libresca y tenía que
ser libresca. Donde no había laboratorios ni seminarios, no había posibilidad
de tener palestras para el debate investigativo o para la experimentación fecunda. Clamar en aquella Universidad por otro tipo de enseñanza
era hacerse ilusiones. Aunque los profesores conocían las últimas teorías
jurídicas y manejaban los postulados ideológicos más modernos y audaces –me estoy refiriendo, como es obvio, a la Facultad de Derecho en la que yo cursaba– tenían
que limitarse a exponer ideas abstractas por falta de bibliotecas adecuadas y
de gabinetes aderezados a tal fin. Si digo
que la Universidad de Los Andes de 1940 era la misma que tiempo atrás había visto mi bisabuelo P. H. G. Bourgoin no estaría exagerando mucho. <xref ref-type="fn" rid="fn100">
<sup>87</sup>
</xref>
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<ref id="redalyc_35657597011_ref38">
<mixed-citation>RUIZ CALDERÓN, Humberto: <italic>“Prolegómenos de la investigación en la ULA”, Actual. Revista de la Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes</italic>, 42 (Mérida, enero-abril de 2000), pp. 155-162.</mixed-citation>
<element-citation publication-type="journal">
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<surname>RUIZ CALDERÓN</surname>
<given-names>Humberto</given-names>
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<source>Revista de la Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes</source>
<year>2000</year>
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<mixed-citation>SANTOS, Abel: “Una nueva Universidad de Los Andes (Marzo de 1928), <italic>Boletín del Archivo Histórico de Miraflores,</italic> 79-82 (Caracas, mayo-diciembre de 1974), pp. 305-309. Luego con el título de “La nueva
Universidad (1928)”, Azul. Universidad de Los Andes, 1 (Mérida, mayo de 1981), pp. 7-8.</mixed-citation>
<element-citation publication-type="journal">
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<surname>SANTOS</surname>
<given-names>Abel</given-names>
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<source>Boletín del Archivo Histórico de Miraflores</source>
<year>1981</year>
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<mixed-citation>SORIANO DE GARCÍA PELAYO, Graciela: <italic>Sobre la Autonomía Universitaria. </italic>Caracas, Universidad Central de Venezuela/Facultad
de Ciencias Jurídicas y Políticas, 2005.</mixed-citation>
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<surname>SORIANO DE GARCÍA PELAYO</surname>
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<source>Sobre la Autonomía Universitaria</source>
<year>2005</year>
</element-citation>
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<mixed-citation>TORRES CAMACHO, Jesús y Germán A. Pérez Plaza: <italic>Barineses en la Universidad de Los Andes.</italic> Mérida, Escuela de
Historia / Universidad de Los Andes, 2008 (Memoria de Grado presentada para
optar al título de Licenciada en Historia).</mixed-citation>
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<surname>TORRES CAMACHO</surname>
<given-names>Jesús</given-names>
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<surname>Pérez Plaza</surname>
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<source>Memoria de Grado presentada para optar al título de Licenciada en Historia</source>
<year>2008</year>
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<mixed-citation>TÜNNERMANN BERNHEIM, Carlos:<italic> Historia de la Universidad en América Latina. De la época colonial a la reforma de Córdoba.</italic> Caracas, IESALC/UNESCO, 1999.</mixed-citation>
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<surname>TÜNNERMANN BERNHEIM</surname>
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<source>De la época colonial a la reforma de Córdoba</source>
<year>1999</year>
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<mixed-citation>TÜNNERMANN BERNHEIM, Carlos: <italic>60 años de la reforma de Córdoba: 1918-1978. </italic>Caracas, Ediciones Fedes, 1979.</mixed-citation>
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<surname>TÜNNERMANN BERNHEIM</surname>
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<source>60 años de la reforma de Córdoba: 1918-1978.</source>
<year>1979</year>
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<mixed-citation>TÜNNERMANN BERNHEIM, Carlos: <italic>Universidad y Sociedad. Balance histórico y perspectivas desde Latinoamérica</italic>. Caracas,
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte / Facultad de Humanidades y Educación
/ Consejo de Estudios de Postgrado / Universidad Central de Venezuela, 2000.</mixed-citation>
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<surname>TÜNNERMANN BERNHEIM</surname>
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<source>Ministerio de Educación</source>
<year>2000</year>
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<mixed-citation>USLAR PIETRI, Arturo: “De Trento a Córdoba” en <italic>Cuarenta Ensayos </italic>(Compilación, prólogo, cronografía y bibliografía
de Efraín Subero). Caracas, Monte Ávila Editores, 1990.</mixed-citation>
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<surname>USLAR PIETRI</surname>
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<source>Cuarenta Ensayos (Compilación, prólogo, cronografía y bibliografía de Efraín Subero)</source>
<year>1990</year>
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</ref-list>
<fn-group>
<title>Notas</title>
<fn id="fn14" fn-type="other">
<label>
<sup>1</sup>
</label>
<p>Al respecto remitimos a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref21">Alí Enrique López Bohórquez (Coordinador): <italic>Las Primeras Universidades de Venezuela.</italic> Mérida,
Vicerrectorado Administrativo / Universidad de Los Andes, 2011</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn15" fn-type="other">
<label>
<sup>2</sup>
</label>
<p>San Marcos de Lima
(1551), México (1551), La Plata o Charcas (1552), Santiago de La Paz-Santo Domingo
(1558), Tomista de Santa Fe (1580), San Fulgencio de Quito (1586),
Nuestra Señora del Rosario de Chile (1619), Javeriana de Santa Fe (1621), Córdoba-Argentina (1621), San
Francisco Javier de La Plata (1621), Santiago de Chile (1621), San Gregorio
magno de Quito (1621), San Ignacio de Loyola (1621), Mérida-Yucatán (1676), San
Carlos de Guatemala (1676), San Cristóbal de Huamanga (1680), Santo Tomás de Quito (1681), San Antonio de Cuzco
(1692), San Nicolás de Santa (1694), San Jerónimo de La Habana (1721), Caracas
(1721), San Felipe de Santiago de Chile (1738), Buenos Aires (1749), San
Francisco Javier de Panamá (1749), Concepción de Chile (1749),
Asunción-Paraguay (1779), Guadalajara-México
(1791). La de Mérida Venezuela fue
establecida por la Junta Superior Gubernativa de la ciudad en 1810, mientras
que la de León de Nicaragua fue autorizada por las Cortes de Cádiz en 1812.
Sobre el origen de estas Universidades véase <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref35">Águeda María Rodríguez Cruz: Historia de las Universidades Hispanoamericanas. Período Hispánico. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1973</xref>, 2 Tomos. Una excelente caracterización de las mismas en
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref42">Carlos Tünnermann Bernheim:<italic> Historia de la Universidad en América Latina. De la época colonial a la reforma de Córdoba.</italic> Caracas, IESALC/UNESCO, 1999</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn16" fn-type="other">
<label>
<sup>3</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref19">Alí Enrique López Bohórquez: “Ausencia de las Reformas de Córdoba en las Universidades de Venezuela (1918-1935)”, Educere.<italic> La Revista Venezolana de Educación,</italic> 41 (Mérida, abril-junio de 2008), pp. 337- 350</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn17" fn-type="other">
<label>
<sup>4</sup>
</label>
<p> Sobre otras interpretaciones remitimos, por ejemplo, a La reforma Universitaria 1918-1958. Buenos Aires,
Federación Universitaria de Buenos Aires, 1959 y Dardo Cuneo (Compilación,
Prólogo, Notas y Cronología): La reforma universitaria (1918-1930). Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1988 (Biblioteca Ayacucho, 39).</p>
</fn>
<fn id="fn18" fn-type="other">
<label>
<sup>5</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref44">Carlos Tünnermann
Bernheim: Ibid., p.
105.</xref> Véase también su libro <italic>Universidad y Sociedad. Balance histórico y perspectivas desde Latinoamérica.</italic> Caracas, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte / Facultad
de Humanidades y Educación/Consejo de Estudios de Postgrado/Universidad Central
de Venezuela, 2000, pp. 49-79.</p>
</fn>
<fn id="fn19" fn-type="other">
<label>
<sup>6</sup>
</label>
<p>Ello tuvo lugar
durante nuestra participación en el Congreso Internacional de Reformas
Universitarias y Movimientos Estudiantiles en América y Europa, realizado en la
ciudad de Córdoba (Argentina) del 27 al
29 de octubre de 2005, bajo el auspicio de la Universidad Nacional de Córdoba,
la Junta Provincial de Historia de Córdoba y el Museo la Casa de la Reforma.</p>
</fn>
<fn id="fn20" fn-type="other">
<label>
<sup>7</sup>
</label>
<p>La Asociación General
de Estudiantes de Venezuela entonces
estuvo presidida por Ricardo Cifuentes Labastida, Miguel Ángel Rivero, Félix
Montes, Silvestre Tovar Lange,
Enrique Aguerrevere, Jesús María Clemente, Roberto Báez, G. E. Blanco, Pedro Ignacio Aguerrevere y Andrés Frágenas.</p>
</fn>
<fn id="fn21" fn-type="other">
<label>
<sup>8</sup>
</label>
<p>Sobre este rector véase <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref14">Ildefonso Leal: Historia de la UCV. Caracas, Ediciones del Rectorado de la UCV, 1981,
pp. 219-221 y 511 </xref>y <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref6">Carlos Aristimuño Coll: <italic>Dr. Felipe Guevara
Rojas: homenaje a su memoria.</italic> Caracas,
Litografía del Comercio, 1917</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn22" fn-type="other">
<label>
<sup>9</sup>
</label>
<p>Estos últimos fueron Juan E. Barroeta, José Izquierdo, Enrique Tejera y Rafael Ernesto López.</p>
</fn>
<fn id="fn23" fn-type="other">
<label>
<sup>10</sup>
</label>
<p>Resolución del
Ministerio de Instrucción Pública del 1 de octubre de 1912: “Considerando que
la Universidad Central de Venezuela requiere en las actuales
circunstancias medidas transitorias que tiendan a su perfecta organización y a
la cabal provisión de la enseñanza científica a que está destinada, y visto el
artículo 330 del novísimo Código de Instrucción Pública, dispone el ciudadano
General J. V. Gómez, Presidente de
los Estados Unidos de Venezuela, que
el referido Instituto quede clausurado desde esta fecha, por el tiempo necesario al cumplimiento de los expresados fines.” <italic>Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, 19-21 (Caracas,
julio-diciembre de 1962), p. 246.</italic>
</p>
</fn>
<fn id="fn24" fn-type="other">
<label>
<sup>11</sup>
</label>
<p>“Carta del Rector
Felipe Guevara Rojas al Ministro de Instrucción Pública remitiendo el
Reglamento de la Universidad Central de Venezuela elaborado por el Consejo Universitario” (Caracas, 17 de diciembre
de 1912), Ibid., pp. 246-250.</p>
</fn>
<fn id="fn25" fn-type="other">
<label>
<sup>12</sup>
</label>
<p>Nos
referimos a los Estatutos republicanos que Simón
Bolívar confirió a la Universidad de Caracas en
1827, a los primeros Estatutos de la Universidad de Mérida de 1832 y el
Código de Instrucción Pública de Venezuela de
1843 que garantizaron hasta 1883 a la autonomía de gobierno de las
universidades, al permitir al Claustro Pleno la elección de sus autoridades, y
la autonomía administrativa, al garantizarles el uso de sus rentas derivadas de
sus propiedades rurales y urbanas. Al respecto véase Ildefonso Leal: Los Estatutos Republicanos de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, Rectorado y Asociación de Profesores de la UCV, 1978; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref26">Pedro María Molina Márquez: Los primeros estatutos de la Universidad de Mérida (1832). Mérida, Universidad de Los Andes / Secretaria, 2002</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref22">Alí Enrique López Bohórquez: “La Universidad de Mérida: de las
Constituciones del Seminario al Primer Código de Instrucción Pública de Venezuela (1810-1843) en <italic>Reformas y Planes de Estudio de las Universidades de Europa y América.</italic> Córdoba (Argentina), Junta
Provincial de Historia de Córdoba/Universidad Nacional de Córdoba, 2006, pp.
167- 184</xref>; y <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref40">Graciela Soriano de García Pelayo:<italic> Sobre la Autonomía Universitaria.</italic> Caracas, Universidad Central de
Venezuela/Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, 2005, pp. 17-32.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn26" fn-type="other">
<label>
<sup>13</sup>
</label>
<p>“Ley de Instrucción Superior de 30 de junio de 1915” en<italic> Leyes y Decretos Reglamentarios de los Estados
Unidos de Venezuela.</italic> Caracas, Ministerio de Relaciones Interiores, 1943, Tomo VII, pp. 499-510.</p>
</fn>
<fn id="fn27" fn-type="other">
<label>
<sup>14</sup>
</label>
<p>“Carta del Rector Felipe Guevara Rojas al Ministro de
Instrucción Pública remitiendo el Reglamento de la Universidad Central de Venezuela elaborado por el Consejo Universitario” (Caracas, 17 de diciembre
de 1912), <italic>Boletín del Archivo Histórico de Miraflores</italic>, 19-21, pp. 249-250.</p>
</fn>
<fn id="fn28" fn-type="other">
<label>
<sup>15</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref16">Ildefonso Leal: “Universidad Central de Venezuela” en el artículo “Universidades” del <italic>Diccionario de Historia de Venezuela.</italic> Caracas,
Fundación Polar, 1997, Tomo 4, p. 126</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn29" fn-type="other">
<label>
<sup>16</sup>
</label>
<p>“Los sucesos estudiantiles de 1921”,<italic> Boletín del Archivo Histórico de Miraflores</italic>, 9 (Caracas, noviembre-diciembre
de 1960), pp. 101-104.</p>
</fn>
<fn id="fn30" fn-type="other">
<label>
<sup>17</sup>
</label>
<p>El cierre de la
Universidad Central de Venezuela entre
1912 y 1922 determinó que muchos estudiantes de Ciencias Políticas, opuestos al cierre de la institución y al sistema de Escuelas impuesto por la referida ley, tuvieran
que trasladarse a Mérida a continuar o culminar sus estudios. Para entonces en la Universidad de Los Andes no estaba funcionando la Facultad de Ciencias Médicas, que había sido clausurada en 1905, incluyendo la carrera de Farmacia. Esta sería reabierta
en 1918, mientras que la de Medicina se restablecería en 1928.</p>
</fn>
<fn id="fn31" fn-type="other">
<label>
<sup>18</sup>
</label>
<p>Véase la interpretación que al respecto hizo<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref40"> Graciela Soriano de García Pelayo: Op. Cit., p. 40</xref>: “…Tristes
migajas de autonomía administrativa y gubernamental para una institución que estaba obligada a presentar informes quinquenales —en la práctica mensuales— sobre la marcha de cada Escuela y de cada cátedra en relación con la asistencia regular de profesores y alumnos (Autonomía académica)…</p>
</fn>
<fn id="fn32" fn-type="other">
<label>
<sup>19</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref7">Manuel Caballero: Sobre autonomía, reforma y política en la Universidad Central de Venezuela (1827- 1958). Caracas,
Universidad Central de Venezuela/Escuela de Historia, 1974, p. 68</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn33" fn-type="other">
<label>
<sup>20</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref40">Graciela Soriano de García Pelayo: Op. Cit., p. 41.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn34" fn-type="other">
<label>
<sup>21</sup>
</label>
<p>Al respecto, entre
otros, véanse los estudios de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref2">Manuel Acosta Silva: Historia del
28. Caracas, Escuela Técnica Popular Don Bosco, 1976</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref5">Eduardo Arcila Farías: 1928:
hablan los protagonistas. Caracas, Fondo
Editorial Tropykos, 1990</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref1">María de
Lourdes Acevedo de Sucre y Carmen Margarita Nones Mendoza: La generación venezolana de 1928</xref>: estudio de una élite política. 2da. Edición. Caracas, Fundación Carlos Eduardo Frías, 1994. Una bibliografía más amplia en<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref29"> Elías Pino Iturrieta: “Generación de 1928”, <italic>Diccionario de Historia de Venezuela</italic>, Tomo 2, pp.469-470</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn35" fn-type="other">
<label>
<sup>22</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref14">Ildefonso Leal: Historia de la UCV, pp. 223-228</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref40">Graciela Soriano de García Pelayo: Op. Cit., pp. 41-42</xref>. </p>
</fn>
<fn id="fn36" fn-type="other">
<label>
<sup>23</sup>
</label>
<p> “Mensaje de la Federación de Estudiantes de Venezuela al pueblo venezolano” en<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref14"> Ildefonso Leal: Ibid., pp. 228-229</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn37" fn-type="other">
<label>
<sup>24</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref45">Arturo Uslar Pietri: “De Trento a Córdoba” en<italic> Cuarenta Ensayos</italic> (Compilación, prólogo, cronografía y bibliografía de Efraín Subero). Caracas,
Monte Ávila Editores, 1990, p.134</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn38" fn-type="other">
<label>
<sup>25</sup>
</label>
<p> Sobre el caso de las dos últimas entidades federales véase las Memorias de Grado de Karilin J. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref30">Pinto Fonseca: Zulianos en la Universidad de Los Andes (1810-2007). Mérida, Escuela de Historia/Universidad de Los Andes, 2008</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref41">Jesús Torres Camacho y Germán A. Pérez Plaza: <italic>Barineses en la Universidad de Los Andes</italic>. Mérida,
Escuela de Historia/Universidad de Los Andes, 2008</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn39" fn-type="other">
<label>
<sup>26</sup>
</label>
<p>El único estudio sobre esta gestión rectoral es el de María Sobeira Nieto Ardila: <italic>Ramón Parra Picón: Pasión por la Ciencia y la Universidad.</italic> Mérida, Maestría en Historia de Venezuela / Universidad de Los Andes, 2017 (Trabajo de Grado presentado para optar al título de Magíster Scientiae en Historia de Venezuela).</p>
</fn>
<fn id="fn40" fn-type="other">
<label>
<sup>27</sup>
</label>
<p>“El señor Ministro de
Instrucción Pública da instrucciones precisas sobre la organización del
Instituto al doctor Ramón Parra Picón” (Caracas, 19 de enero de 1909) en <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref10">Eloi Chalbaud Cardona:<italic> Historia de la Universidad de Los Andes</italic>. Mérida, Ediciones del Rectorado, 1990, Tomo X, p. 11.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn41" fn-type="other">
<label>
<sup>28</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref36">Jesús Rondón Nucete: “La reorganización de la Universidad” en<italic> Primeros años del gomecismo</italic>. Mérida, Ediciones
del Vicerrectorado Académico/Universidad de Los Andes, 2003</xref>, p. 66. El autor
hace una síntesis de aspectos fundamentales de universidad merideña entre 1909
y 1917.</p>
</fn>
<fn id="fn42" fn-type="other">
<label>
<sup>29</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref10">Eloi Chalbaud Cardona: Op. Cit., pp 28-29</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn43" fn-type="other">
<label>
<sup>30</sup>
</label>
<p> Ibid. pp. 29-36.</p>
</fn>
<fn id="fn44" fn-type="other">
<label>
<sup>31</sup>
</label>
<p> Los documentos referidos a estos años en Ibid. pp. 161-231.</p>
</fn>
<fn id="fn45" fn-type="other">
<label>
<sup>32</sup>
</label>
<p>“Reglamento de la Universidad de Los Andes” (Mérida, 6 de marzo de 1813), Ibid., pp. 393-417.</p>
</fn>
<fn id="fn46" fn-type="other">
<label>
<sup>33</sup>
</label>
<p>“Decreto por el cual se fija el Estatuto de la Universidad de Los Andes” (Caracas, 12 de marzo de 1915).<italic> Gaceta Oficial</italic>. Número suelto del viernes 12 de marzo de 1915, p. 1.</p>
</fn>
<fn id="fn47" fn-type="other">
<label>
<sup>34</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref37">Jesús Rondón Nucete ha
organizado cuadros sobre alumnos y profesores de la Universidad entre 1909 y
1916. Op. Cit., pp. 67-71</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn48" fn-type="other">
<label>
<sup>35</sup>
</label>
<p>“Resoluciones por las cuales se organizan provisionalmente el Liceo y las Facultades de Ciencias Políticas y Ciencias Eclesiásticas de la Universidad de Los Andes” Gaceta Oficial. Número suelto del sábado 10 de febrero de 1917, p. 1.</p>
</fn>
<fn id="fn49" fn-type="other">
<label>
<sup>36</sup>
</label>
<p> Jesús Rondón
Nucete: Op. Cit., pp. 81-82.</p>
</fn>
<fn id="fn50" fn-type="other">
<label>
<sup>37</sup>
</label>
<p> Los documentos referidos al nombramiento de Diego Carbonell y toma de posesión del rectorado en <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref10">Eloi Chalbaud Cardona: Op. Cit., Tomo X, pp. 357-366</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn51" fn-type="other">
<label>
<sup>38</sup>
</label>
<p> Nos referimos
a los periódicos</p>
</fn>
<fn id="fn52" fn-type="other">
<label>
<sup>39</sup>
</label>
<p> Sobre el contenido de
esta publicación periódica en el periodo 1917 a 1947, durante los rectorados de Diego Carbonell, Gonzalo Bernal,
Víctor Manuel Pérez Perozo, Manuel Antonio Pulido Méndez,
Humberto Ruiz Fonseca, Pedro Pineda
León y Edgar Loynaz Páez véase Ali
Enrique López Bohórquez: Crónicas de Historia Universitaria. <italic>Rescate de una memoria histórica extraviada y desconocida de la Universidad de Los Andes.</italic> Mérida, Consejo de Publicaciones / Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico / Universidad de Los Andes,
2008, pp. 153-188.</p>
</fn>
<fn id="fn53" fn-type="other">
<label>
<sup>40</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref10">Eloi Chalbaud Cardona: <italic>Historia de la Universidad de Los Andes</italic>, Tomo X</xref>, pp. 357-388 e Ildefonso Leal: Historia de la UCV. Caracas, Ediciones del Rectorado / Universidad Central de Venezuela, 1990, pp. 219-
223.</p>
</fn>
<fn id="fn54" fn-type="other">
<label>
<sup>41</sup>
</label>
<p>“Discurso del Doctor
Gonzalo Bernal en el acto de toma de posesión del Doctor Diego Carbonell como Rector de la Universidad de Los Andes” en <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref10">Eloi Chalbaud Cardona: Ibid., pp. 362-363</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn55" fn-type="other">
<label>
<sup>42</sup>
</label>
<p>“<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref9">Discurso del Doctor Diego Carbonell en el acto de toma de posesión del Rectorado de la Universidad de Los Andes” (Mérida, 14 de julio de 1917), Ibid., pp. 363-366</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn56" fn-type="other">
<label>
<sup>43</sup>
</label>
<p>Ibid., p. 368.</p>
</fn>
<fn id="fn57" fn-type="other">
<label>
<sup>44</sup>
</label>
<p>Ibid., p. 369.</p>
</fn>
<fn id="fn58" fn-type="other">
<label>
<sup>45</sup>
</label>
<p>Ibid., pp. 370-373.</p>
</fn>
<fn id="fn59" fn-type="other">
<label>
<sup>46</sup>
</label>
<p>Ibid., p. 374.</p>
</fn>
<fn id="fn60" fn-type="other">
<label>
<sup>47</sup>
</label>
<p>Ibid., p. 374-375.</p>
</fn>
<fn id="fn61" fn-type="other">
<label>
<sup>48</sup>
</label>
<p>Ibid., p. 375.</p>
</fn>
<fn id="fn62" fn-type="other">
<label>
<sup>49</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref38">Humberto Ruiz Calderón: “Prolegómenos de la investigación en la ULA”, Actual. Revista de la <italic>Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes</italic>, 42 (Mérida, enero-abril de 2000), pp. 155-162. “</xref>…el segundo
las tareas por modernizar la enseñanza de la medicina debidas a los Dres. Pedro Guerra Fonseca, Antonio José Uzcatageui Burguera, Eloy
Dávila Celis y Mario Spinetti Berti; el tercero a los inicios (cursivas nuestras) de
la actividad de investigación en manos de los inmigrantes europeos que llegaron
a la ULA al final de la Segunda Guerra Europeas y el ultimo la fundación de la
Facultad de Ciencias en la década de los años 70.” Ibid. Olvida el autor el hecho más significativo de esa actividad: la creación y evolución del Consejo de Desarrollo Científico,
Humanístico y Tecnológico de la ULA
desde 1975.</p>
</fn>
<fn id="fn63" fn-type="other">
<label>
<sup>50</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref9">Diego Carbonell:<italic> Exposición que hace el Dr. Diego Carbonell, Rector de la Universidad de Los Andes y Director del Liceo Libertador de Mérida</italic>, al renunciar a estos cargos. Febrero de 1921. Mérida, Tip. “El Lápiz”, 1921, p. 6; en Humberto Ruiz: Ibid., p. 158</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn64" fn-type="other">
<label>
<sup>51</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref9">Diego Carbonell: Ibid., p. 26</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref38">Humberto Ruiz: Ibid., p. 159.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn65" fn-type="other">
<label>
<sup>52</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref9">Diego Carbonell: Ibid;</xref>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref38">Humberto Ruiz: Ibid., p. 160.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn66" fn-type="other">
<label>
<sup>53</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref9">Diego Carbonell: Ibid., p. 27; </xref>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref38">Humberto Ruiz: Ibid.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn67" fn-type="other">
<label>
<sup>54</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref28">Mariano Picón Salas: “Mensaje a los merideños (en el IV centenario de la ciudad)” en “Papel Literario” de El Nacional. Caracas, 25 de septiembre de 19158, pp. 1 y 6.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn68" fn-type="other">
<label>
<sup>55</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref32">Pedro Rincón Gutiérrez y Miguel González Jaimes: <italic>Doctrina y Programa de Accion Universitaria, que presentan Pedro Rincón Gutiérrez y Miguel González Jaimes, candidatos a Rector y Vice-Rector para el periodo 1963-1967.</italic> Mérida, 1963</xref>, p. II-7 (Mimeografiado).</p>
</fn>
<fn id="fn69" fn-type="other">
<label>
<sup>56</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref3">Julián Aguirre Pe y Clara Baretic de Padilla:<italic> La Investigación en la Universidad de Los Andes. Caracas, julio de 1975, 6-7</italic>. Ponencia presentada en el I Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn70" fn-type="other">
<label>
<sup>57</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref12">Ricardo Gil Otaiza: “El Rector Diego Carbonell y su legado al devenir académico y cultural de la Universidad de Los Andes (1917-1921)”, <italic>Boletín del Archivo Histórico</italic>, 17 (Mérida, enero-junio de 2011), pp. 69-90.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn71" fn-type="other">
<label>
<sup>58</sup>
</label>
<p>En tal sentido
invitamos a la lectura del contenido de esta publicación periódica en esos años
en <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref20">Ali Enrique López Bohórquez:<italic> “La
Gaceta Universitaria. Tercera época
(1917-1920).</italic>
<italic/>
</xref>
<italic> Rectorado de Diego Carbonell” en Crónicas de Historia Universitaria. Rescate de una memoria histórica extraviada y desconocida de la Universidad de Los Andes.</italic> Mérida, Consejo de Publicaciones / Consejo de Desarrollo
Científico, Humanístico y Tecnológico, 2008,
pp. 153-158.</p>
</fn>
<fn id="fn72" fn-type="other">
<label>
<sup>59</sup>
</label>
<p>Al respecto remitimos a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref26">Pedro María Molina: “Los estudios de Farmacia y Bioanálisis en Mérida. Evolución histórica de la Escuela de Farmacia”, Boletín del Archivo Histórico, 8 (Mérida, enero-junio de 2003, pp. 29-52. </xref>Por cierto, no citado por <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref46">Ricardo Gil Otaiza en “La Facultad de Farmacia: momentos cruciales desde su origen hasta su consolidación. Una lectura crítica”, <italic>Actual Investigación</italic>. Revista de la Dirección
de Cultura y Extensión, 71 (Mérida, 2011), pp. 215-235</xref>. Llama la
atención que las citas no se indique la paginación correspondiente.</p>
</fn>
<fn id="fn73" fn-type="other">
<label>
<sup>60</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref37">Jesús Rondón Nucete: “Trascendencia en Mérida del Decreto del General Juan Vicente Gómez de 19 de marzo de 1928”, <italic>Boletín del Archivo Histórico</italic>, 15 (Mérida, enero-junio de 2010), p. 89</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn74" fn-type="other">
<label>
<sup>61</sup>
</label>
<p>Al respecto véase <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref24">José F. Mejías Lobo: “Las Conferencias Públicas en la Universidad de Los Andes. Escenario de discusión y conocimiento”, <italic>Boletín del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes</italic>, 21 (Mérida, enero-junio
de 2013), pp. 43-57</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn75" fn-type="other">
<label>
<sup>62</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref20">Alí Enrique López Bohórquez: “La Gaceta Universitaria. Segunda época (1909-1917). Rectorado del Dr.Ramón Parra Picón” en<italic> Crónicas de Historia Universitaria</italic>…, pp. 147-152</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn76" fn-type="other">
<label>
<sup>63</sup>
</label>
<p>Los documentos
correspondientes fueron publicados en “Una nueva
Universidad de Los Andes (Marzo de 1928), Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, 79-82 (Caracas, mayo-diciembre de 1974), pp. 305- 309 y luego con el título de “La nueva Universidad (1928)” en Azul. Universidad de Los Andes, 1 (Mérida,
mayo de 1981), pp. 7-8.</p>
</fn>
<fn id="fn77" fn-type="other">
<label>
<sup>64</sup>
</label>
<p>Raimundo Goetze era de Naunhof, Provincia de Leipzig en Alemania. Se graduó de Doctor en Ciencias
Naturales (Especialidad de Física) en la Universidad de Tubingen en 1921. Fue alumno del profesor de física Parchen, famoso investigador de los espectros luminosos, y por corto tiempo discípulo y asistente de Albert Einstein. En 1938 fue encargado de los Gabinetes y Laboratorios de la Universidad de Los Andes. En el Consulado de Venezuela de París, ciudad en la que residía después de abandonar su país durante el régimen de Adolfo Hitler, se enteró de las necesidades que existía en Venezuela para profesionales dedicados a la asistencia técnica y la docencia. Conocido su currículum por el Ministro de Educación Rafael Ernesto López le hizo la oferta de venir el país en 1937, asignándolo al año siguiente para la ULA, donde desarrolló una excelente labor de docencia e investigación. Datos tomados de Ana Carolina Calles: Traspasando las fronteras.<italic> Profesores extranjeros en la Universidad de Los Andes (1877-2007)</italic>. Mérida, Escuela de Historia/Universidad de Los Andes, 2008 (Memoria de Grado presentada para optar al grado de Licenciada
en Historia).</p>
</fn>
<fn id="fn78" fn-type="other">
<label>
<sup>65</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref37">Jesús Rondón Nucete: “Trascendencia en Mérida del Decreto del General Juan Vicente Gómez de 19 de marzo
de 1928”, antes citado, pp. 87-124.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn79" fn-type="other">
<label>
<sup>66</sup>
</label>
<p>Ibid., p. 94.</p>
</fn>
<fn id="fn80" fn-type="other">
<label>
<sup>67</sup>
</label>
<p>Ibid., p. 100-101.</p>
</fn>
<fn id="fn81" fn-type="other">
<label>
<sup>68</sup>
</label>
<p>Citamos desde el
artículo de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref37">Jesús Rondón Nucete, Ibid., p. 101</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn82" fn-type="other">
<label>
<sup>69</sup>
</label>
<p>Ibid.</p>
</fn>
<fn id="fn83" fn-type="other">
<label>
<sup>70</sup>
</label>
<p> Véanse
algunas manifestaciones de regocijo en Mérida y otras ciudades de los
Andes en Ibid., pp. 103- 105.</p>
</fn>
<fn id="fn84" fn-type="other">
<label>
<sup>71</sup>
</label>
<p> Ibid., pp. 105-107.</p>
</fn>
<fn id="fn85" fn-type="other">
<label>
<sup>72</sup>
</label>
<p>Remitimos a los documentos y comentarios al respecto de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref10">Eloi Chalbaid Cardona: Op. Cit, Tomo X, pp.456-472</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref27">María Sobeira Nieto Ardila: Op. Cit., pp. 116, 126-129, 170-171, 220, 225, 235.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn86" fn-type="other">
<label>
<sup>73</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref36">Jesús Rondón
Nucete: Op. Cit., p. 107.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn87" fn-type="other">
<label>
<sup>74</sup>
</label>
<p>Véanse
los cuadros que incluye de profesores y
estudiantes, de éstos sobre su sitio de origen, entre 1928 y 1935, Ibid., pp. 108-109.</p>
</fn>
<fn id="fn88" fn-type="other">
<label>
<sup>75</sup>
</label>
<p>Ibid., pp. 107-108.</p>
</fn>
<fn id="fn89" fn-type="other">
<label>
<sup>76</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref40">Graciela Soriano de García Pelayo: Op. Cit., p. 38.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn90" fn-type="other">
<label>
<sup>77</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref45">Arturo Uslar Pietri: Op. Cit., pp. 134-135.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn91" fn-type="other">
<label>
<sup>78</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref42">Carlos Tünnermann Bernheim: Historia de la Universidad en América Latina…, pp. 105-143 y 147-149,y en 60 años de la reforma de Córdoba: 1918-1978</xref>. Caracas, Ediciones Fedes, 1979, p. 57.</p>
</fn>
<fn id="fn92" fn-type="other">
<label>
<sup>79</sup>
</label>
<p>Gaceta Oficial de Venezuela, N° 38.272 del 14 de septiembre de 2005. En el caso de la ULA, su Consejo Universitario aprobó el 26 de febrero de 2007 el “Reglamento de Servicio Comunitario del Estudiante dela Universidad de Los Andes”.</p>
</fn>
<fn id="fn93" fn-type="other">
<label>
<sup>80</sup>
</label>
<p>Una muestra de ello es el hecho en que obras especializadas en las reformas de Córdoba no incluyen el casode Venezuela. Por ejemplo: <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref13">La reforma Universitaria 1918-1958. Buenos Aires, Federación Universitariade Buenos Aires, 1959</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref11">Dardo Cuneo (Compilación, Prólogo, Notas y Cronología): La reforma universitaria(1918-1930). Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1988 (Biblioteca</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn94" fn-type="other">
<label>
<sup>81</sup>
</label>
<p>Como lo sostienen <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref45">Arturo Uslar Pietri: Op. Cit. y Ricardo Alberto Rivas: “Ecos de la Reforma Universitariaen Venezuela”, <italic>Presente y Pasado</italic>, 8 (Mérida, julio-diciembre de 1999), pp. 7-22</xref>.</p>
</fn>
<fn id="fn95" fn-type="other">
<label>
<sup>82</sup>
</label>
<p>Para el caso de Mérida véase <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref34">Pedro José Rodríguez Arias:<italic> La Universidad de Los Andes durante el gobiernode Eleazar López Contreras (1936-1941).</italic>
</xref> Mérida, Escuela de Historia/Universidad de Los Andes, 2007,pp. 47-243 (Memoria de Grado inédita presentada para optar al título de Licenciado en Historia).</p>
</fn>
<fn id="fn96" fn-type="other">
<label>
<sup>83</sup>
</label>
<p>También sobre Mérida, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref4">Frank Altuve: <italic>La Universidad de Los Andes durante el gobierno de Isaías Medina Angarita (1941-1945).</italic>
</xref>Mérida, Maestría en Historia de Venezuela / Universidad de Los Andes, 2017.(Trabajo de Grado presentado para optar al titylo de Magister Scientiae en Historia de Venezuela)</p>
</fn>
<fn id="fn97" fn-type="other">
<label>
<sup>84</sup>
</label>
<p>Al respecto remitimos a Ildefonso Leal: Historia de la UCV, pp. 230-238; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref40">Graciela Soriano de García Pelayo:Op. Cit., pp. 41-86</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref18">Alexander López: La Universidad Central de Venezuela y el debate político nacional1958-1970.</xref> Caracas, Universidad Central de Venezuela/Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, 1998; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref18">Roberto Antonio López Sánchez: particularmente “La Renovación Universitaria de 1969 en la Universidaddel Zulia” en Movimiento estudiantil de LUZ y proceso político venezolano, 1958-1989</xref>. Mérida, Universidaddel Zulia/Ediciones del Vice Rectorado Académico, 2007, pp. 71-111.</p>
</fn>
<fn id="fn98" fn-type="other">
<label>
<sup>85</sup>
</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref31">Domingo Alberto Rangel: <italic>Alzado contra todo (memorias y desmemorias)</italic>. Valencia-Venezuela, Vadel HermanosEditores, 2003, pp. 78-79.</xref>
</p>
</fn>
<fn id="fn99" fn-type="other">
<label>
<sup>86</sup>
</label>
<p>Para 1940 funcionaban las Facultades de Derecho, Ingeniería Civil, Medicina y sus Escuela de Farmaciay Dentistería.</p>
</fn>
<fn id="fn100" fn-type="other">
<label>
<sup>87</sup>
</label>
<p>Se refiere<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_35657597011_ref31"> Domingo Alberto Rangel</xref> al Dr. Pierre Henri Georges Bourgoin, farmacéutico, botánico, explorador y primer catedrático extranjero de la Universidad de Los Andes, fundador de la Escuela de Farmaciaen 1894, decano y primer doctor de la misma en 1896.</p>
</fn>
<fn id="fn101" fn-type="other">
<label>
<sup>88</sup>
</label>
<p>Ibid. p. 79.</p>
</fn>
</fn-group>
</back>
</article>