Reseña Documentales

La Educación, el vacío y la frivolidad. La pesadumbre del presente

Education, emptiness and frivolity. The sorrow of the present age

Roberto Donoso Torres
Universidad de Los Andes, Venezuela

La Educación, el vacío y la frivolidad. La pesadumbre del presente

Educere, vol. 24, núm. 78, pp. 351-354, 2020

Universidad de los Andes

Zambrano Leal Armando. La educación, el vacío y frivolidad. La pesadumbre del presente. 2018. Córdoba. Argentina. Brujas. 135pp.


“La Educación, el vacío y la frivolidad. La pesadumbre del presente”1, es el sugestivo título del más reciente libro publicado por el destacado profesor colombiano Armando Zambrano, un título que refleja la consternación que al autor le provoca una situación educativa que pocas esperanzas ofrece para enfrentar el complejo y asimétrico mundo que nos toca vivir. Basta una mirada superficial al contexto mundial para percibir lo que magistralmente hace algunos años describiera el Premio Nobel de Literatura José Zaramago en su novela Ensayo sobre la Ceguera, pues, en verdad estamos ciegos, pues somos incapaces de ver el mundo que se está construyendo. El territorio mexicano es la ruta obligada para una masiva marcha de harapientos hombres, mujeres y niños, algunos con pocos meses de vida, que van con destino al que consideran el Paraíso, aún a sabiendas que muchos de ellos quedaran en el camino; en Chile, el oasis del que hablaba su desquiciado Presidente, de pronto se secó y la ciudadanía lleva ya tres meses luchando tenazmente con una elevada cifras de mutilados, desaparecidos, violados y muertos a manos de la policía militarizada; en Bolivia, una vesánica mujer encabeza un golpe de estado para restaurar la democracia, según sus estólidas declaraciones; en Brasil, un burdo presidente, electo con el apoyo de los evangélicos, destaca por sus violentas declaraciones; en Colombia, a pesar de haber alcanzado un acuerdo por la paz, la violencia no cesa con el exterminio de dirigentes sociales; en Venezuela un autoproclamado Presidente recibe una millonada de dólares de parte de agencias norteamericanas que tendrían que ser parte del erario nacional; en Irán el asesinato de un destacado militar puso al mundo a borde de una nueva guerra … y suma y sigue un cuadro patético que hace del optimismo una meta difícil de alcanzar. El autor, conmovido, eleva su voz, la única que tiene un intelectual.

Los alcances de las reflexiones expuestas tienen como escenario la realidad colombiana, sin embargo, son extensibles al resto del continente, que no se diferencia sino en matices, del resto de la región. A este complejo contexto la educación no puede escapar, y presa de las circunstancias, asume los rasgos y características del modelo impuesto desde los centros de poder.

Se trata de un Ensayo en el que autor aborda un amplio repertorio de temas sobre la educación que, en sus palabras, es “su territorio” y “es allí donde ve el horizonte de la pesadumbre”, una afirmación que contiene un dejo de pesimismo, de aflicción, que se expresa en las primeras líneas de la introducción cuando afirma “el mundo en que vivimos y hemos construido me entristece profundamente”. Sin embargo, a pesar de estas aseveraciones el mismo se encarga de aclarar que “no es el pesimismo, ni tampoco la denuncia, sino la reflexión sobre el mundo que se está heredando” el motivo de su congoja. Es el aporte reflexivo de un intelectual que asombrado por las “innovaciones” educativas, lo que pretende es desnudar una realidad que ciertamente no es alentadora, por decir lo mínimo. Esta inquietud lo lleva a poner en el banquillo de los acusados, ante el tribunal de la historia, las políticas públicas educativas, especialmente la inasible categoría “calidad de la educación”, un concepto, en sus palabras, “esponjoso”. Obviamente, si la calidad de la educación es cuestionada, simultáneamente lo es también el modelo, el paradigma neoliberal que la sustenta y la conversión de la educación en un bien de consumo como cualquier otro, que se negocia en el mercado de bienes y servicios. Quienes cuentan con los medios para acceder al servicio educativo son los favorecidos. En este contexto de mercantilización los poseedores de capital, los así llamados” inversionistas” hacen de la educación una empresa que tiene como meta la maximización del beneficio para lo cual la reducción de los costos mediante la contracción del salario es la variable de ajuste preferida. Asegurada una acelerada tasa de retorno de la inversión con alta rentabilidad, la educación es atractivo imán que ofrece un buen negocio. Los profesionales de la educación, los profesores, quedan convertidos en asalariados deficientemente remunerados y con escaso reconocimiento social.

Frente al maestro que intenta comunicar está un alumno que ha perdido su naturaleza. Quizás por eso uno de los ensayos, sugestivamente, está dedicado a la “voluntad del cliente” develando con claridad las consecuencias de concebir la función educativa en parámetros comerciales que somete a educadores y educandos a la presión de la “eficacia”, la “competitividad”, el “éxito”, es decir, al modelo fabril capitalista. Bajo este enfoque la dimensión humana y humanista de la educación desaparece dando paso al entrenamiento, al dominio técnico, al triunfo de la racionalidad técnica. “Una escuela–empresa exige más técnica y menos filosofía” para que el producto piense menos y tenga más capacidades funcionales. Y así como el docente se transforma en un eslabón más de la cinta de producción, el estudiante que está pagando por el servicio al cual acude como cliente, tiene el derecho a que lo aprueben o a la irreverencia con el maestro, o a exigir el cumplimiento de sus caprichos. Es la consecuencia de haber convertido a la escuela en un negocio distinto y distante de ser un servicio que se ofrece a la ciudadanía en igualdad de condiciones. Por el contrario, es un recurso eficaz para sostener e incrementar la diferenciación social reforzando un modelo económico social que acentúa la segregación. Así “la calidad promueve el más sutil de los discursos cuya naturaleza no es otra que la diferenciación oculta de las capacidades”2 mediante el surgimiento de una categoría de aceptación acrítica y muy difundida en el medio educativo. Tal es el currículo por competencias, ¿Y cuáles son las competencias que se pretenden? No otras sino las que exige el mercado: aprender a competir, a buscar empleo, a cambiar de empleo, a crear empleo, tal como lo pedía la reforma educativa implementada en Argentina por el tristemente recordado binomio Menem – Cavallo. Y no puede ser de otra manera desde que los ordenadores entraron en el campo productivo, pues, cada vez que se emplea un sistema computarizado en la empresa, automáticamente, un contingente de trabajadores pierde su empleo. En palabras de Viviane Forester3. la máquina expulsa al maquinista.

Un punto de inflexión en el texto en referencia lo representan unas interesantes consideraciones respecto a la relación entre la didáctica y la pedagogía. Sobran las referencias empíricas y abundan los ejemplos en los cuales la confusión entre estas dos categorías es frecuente. Normalmente se solapan en una identificación que no resiste mayor análisis. En el habla del común de las personas y también en los medios profesionales de la educación se escuchan expresiones de reconocimiento a un profesor bajo la fórmula “tiene buena pedagogía”, queriendo referirse a un buen instructor. Lo cierto es que didáctica y pedagogía son territorios afines, aunque no idénticos. Acertadamente el autor esclarece lo señalado, “mientras los pedagogos piensan en los fines de la educación, los didactas se preocupan por traerlos a la realidad”, es decir, la pedagogía es una reflexión sobre la educación, su sentido, su alcance, sus condiciones de posibilidad y de allí su conexión con la filosofía, teniendo presente además que los grandes pensadores filosóficos, los que ha dejado huellas indelebles, en algún momento, han dedicado brillantes páginas al tema educativo. No puedes ser de otra manera porque la educación es un proceso de humanización, y consecuentemente, si en el centro está el ser humano, se impone el intento por resolver preguntas claves respecto a su destino, su paso por la tierra y la tarea que a cada uno le corresponde. Para concretar esas reflexiones está la didáctica, apoyada fuertemente en la psicología “un hombre llega a ser libre gracias a los métodos y a las técnicas que le ayudan a comprender el por qué de la naturaleza de los saberes.”4 La concepción de la didáctica expresada en la cita precedente le confiere una dignidad que está por encima del reduccionismo que ha sufrido al ser considerada como un recetario que aplicado con rigor debe producir los efectos esperados. Consecuentemente, pedagogía y didáctica no son lo mismo, pero contribuyen a un objetivo común: la formación humana. Sin embargo, acosados por los resultados, estimulados por la eficacia los sistemas educativos han inclinado la balanza a favor de la didáctica, aunque mal entendida y por eso “los métodos activos y de todas las pelambres (sic) han ocupado el centro de la actividad escolar…)5 Una vez más el modelo de economía y sociedad capitalista constriñe la escuela a sus intereses.

Con valentía el autor aborda un tema de enorme incidencia en nuestros días. En el pasado, la honestidad era un punto que no se negociaba. Hoy desde la tierna infancia aparece el fenómeno de la picardía, la “viveza criolla”, es decir, la aceptación del fraude como un hecho, no sólo normal sino encomiable además desde que se le aplaude. Derechamente el autor se refiere a la “ironía de la trampa”, que es particularmente visible y censurable en los estudios de post grado al extremo que se han constituido agencias que fabrican tesis. Entonces, “cualquiera puede ser doctor”6, porque los estudios de postgrado se han degradado. Así es frecuente encontrar en algunas universidades cursos de doctorado con cuarenta o más estudiantes, una cifra elevada que tendría que traducirse en una abundante proliferación de investigaciones que se supone incidirían positivamente sobre diversas variables educativas, aunque bien sabemos que no es así. ¿Qué ocurre entonces? La respuesta es simple y una vez más el factor crematístico determina que a mayor cantidad de participantes aceptados mayores ingresos también.

No escapa al autor el innegable abandono que sufren los habitantes de los sectores rurales, particularmente notorio en dos funciones sociales altamente sensibles: salud y educación que van de la mano, que se refuerzan y que son vitales para la existencia humana. Pero este abandono no se refiere sólo a la ausencia de políticas públicas que atiendan al sector, sino en el caso de la educación, se olvida que educar “viene de la tierra, del cultivo que hacemos de ella”7, de donde educar no se constriñe al empleo de métodos y técnicas, sino a cultivar, y todo cultivo requiere primor, cuidado, esmero, pues, todo acción educativa es una labor de hospital, de recepción de acogimiento. En consecuencia, los que sólo instruyen, omitiendo al ser humano que tienen al frente, no educan. Narra el autor su experiencia personal cuando tuvo la oportunidad de visitar un barrio donde la Alcaldía había iniciado un interesante proyecto de huertos callejeros a cargo de una familia que se encargaba de su cuidado, es decir, de su cultivo. Implícitamente se reconocía la sabiduría campesina, pues un país por muchos doctores que tenga, siendo necesarios, nunca será suficientes, pues se requiere, inevitablemente los oficios y los saberes para la vida. El campo y el campesino tienen una sabiduría que no se encuentra en los libros, ni en las disertaciones, ni en la tesis. La tierra y su cultivo inevitable para la existencia humana nos recuerda en cada momento, nuestros orígenes que no podemos desdeñar.

De todos los contenidos tratados en el libro en referencia, quizás el más polémico es la innegable defensa de la Modernidad. Polémico porque hoy bien sabemos que este periodo histórico aún está en evaluación, pero lo evidente es que, así como tuvo claros, también grises. Un tema que posibilita una amplia discusión y que no es este el momento para abordarlo.

Culmina el autor su exposición con un conjunto de proposiciones bajo el título de Reinventar la Escuela, en las que, con gran creatividad y sentido práctico a la vez, expone su visión sobre lo que debería ser la escuela y las actividades que debería desarrollar. Destaca lo novedoso de alguna de ellas, como, por ejemplo, el valor del baile, del juego, volver sobre los saberes tradicionales, entre otros.

Los temas asomados son solo botones de muestra de un abundante espectro que con armonía y sobretodo con claridad el autor examina un universo de temas y situaciones que afectan a la educación de nuestros días. Un libro escrito con valentía, interesante que se lee con facilidad y que invita a la reflexión.

Notas

1 Editorial Brujas (2017). Argentina
2 P. 117
3 Viviane Forrester. El horror económico (1996). Fondo de cultura Económica
4 p. 104
5 p. 107
6 p. 81
7 p. 63
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