Investigación arbitrada
INTRODUCCIÓN A LAS CATEGORÍAS MARXISTAS EN “TIEMPOS MODERNOS” DE CHARLES CHAPLIN
Introduction to Marxist categories in Charles Chaplin’s “Modern Times”
INTRODUCCIÓN A LAS CATEGORÍAS MARXISTAS EN “TIEMPOS MODERNOS” DE CHARLES CHAPLIN
Educere, vol. 25, núm. 81, pp. 617-626, 2021
Universidad de los Andes

Recepción: 25 Junio 2020
Aprobación: 24 Julio 2020
Resumen: En este artículo se expone una de las obras cinematográficas del genio del séptimo arte, Charles Chaplin, “Tiempos modernos”, si bien no es la obra maestra de Chaplin, presenta una historia que facilita explicar algunas de las categorías del pensamiento marxista de forma didáctica. Metodológicamente se delimitó el objeto de reflexión y se diseñó el esquema de investigación, se determinaron y analizaron las fuentes de información y se redactó el artículo. Escrita, dirigida y siendo él mismo, protagonista de la historia, nos permite observar las condiciones desesperadas de vida de un obrero de la industria en tiempos de la Gran Depresión y el fordismo, condiciones que le van restando su humanidad y lo van convirtiendo en un apéndice de la máquina. Con o sin intención, Charles Chaplin, desarrolla categorías marxistas que permiten explicar las condiciones de la década de los años treinta y las condiciones de nuestra realidad concreta. Genio y figura, su imagen es reconocida incluso por aquellos que jamás han visto una de sus cintas, “Tiempos modernos” es pues, el material filmográfico eje del presente artículo.
Palabras clave: Proletario, burguesía, enajenar, comunismo, máquina.
Abstract: This article presents one of the cinematic works of the genius of the seventh art, Charles Chaplin, “Modern Times”, although it is not Chaplin’s masterpiece, it presents a story that helps to explain some of the categories of Marxist thought in a didactic way. Methodologically, the object of reflection was delimited and the research scheme was designed, the sources of information were determined and analyzed, and the article was written. Written, directed and being himself, protagonist of the story, it allows us to observe the desperate conditions of life of a worker in the industry in times of the great depression and Fordism, conditions that are taking away his humanity and are turning him into an appendix of the machine. With or without intention, Charles Chaplin, develops Marxist categories that allow to explain the conditions of the thirties and the conditions of our concrete reality. Genius and figure, his image is recognised even by those who have never seen one of his films. “Modern Times” is therefore the film material at the heart of this article.
Keywords: Proletarian, bourgeoisie, disposal, communism, machine.
Introducción
La intención no es contar, paso a paso, la historia desarrollada en “Tiempos modernos”, sin embargo, hago uso de las escenas más significativas con relación al objetivo del artículo, desarrollar, algunas de las principales categorías marxistas.
En el desarrollo del artículo, se van recuperando escenas, no siempre de forma cronológica, para poder explicar las categorías marxistas desarrolladas directa y principalmente por K. Marx, F. Engels, Aníbal Ponce e indirectamente por M. Foucault, L. Althusser y B. Suchodolski, entre otros.
El objetivo es llegar a jóvenes lectores que se encuentran en la búsqueda, lectura y comprensión de los postulados teóricos de Marx y el marxismo en general y, no hay nada mejor que apoye de manera dinámica y didáctica, una obra del genio del cine mundial como lo es, Charles Chaplin.
Tiempos modernos
Luis Alberto Hernández (2020), presenta, algunos de los datos más relevantes de la obra cinematográfica de Charles Chaplin. “El largometraje se estrenó un 5 de febrero y ocupa el puesto 45 en la categoría Arte de la lista «45 grandes películas» hecha por el Vaticano. Asimismo, está en el lugar 78 del ranking «Las mejores películas de todos los tiempos» del American Film Institute y está incluida en la lista 1001 películas que debes ver antes de morir de Steven Schneider”.
“Tiempos modernos” de 1936 es el largometraje en el que Charles Chaplin apareció, por última vez, en el personaje del entrañable vagabundo y en el que, por primera vez, se escuchó la voz de “Charlot”, aunque, en un idioma que mezcla el francés, italiano, alemán, ruso e inglés, mejor conocido como “Charabia”, forma que eligió de manifestar, Charles Chaplin, su resistencia frente al cine sonoro.
La cinta se rodó en el contexto de la Gran Depresión y el fordismo, mostrando a un obrero denigrado física, emocional y psicológicamente por el proceso de producción en línea, el control del tiempo, incluso en sus ratos libres, reducción de los costos de producción para lograr un mayor beneficio financiero y la división del trabajo que sufre dentro de la fábrica. Todo un proceso de cosificación y deshumanización con la firme intención de aumentar ganancias y reducir costos y tiempo.
Muestra también los efectos de la crisis económica; obreros desempleados, manifestaciones sociales, pobreza, vagancia y delincuencia.
La primera imagen que nos deja ver el largometraje es la de un reloj, a punto de marcar la seis en punto, señalando, para muchos obreros, el inicio de la jornada laboral. El plano con el que inicia la película es una analogía entre un rebaño de ovejas y una fila de obreros que se dirigen a la fábrica de forma “voluntaria” a ser trasquilados.
Ya en la fábrica, Chaplin nos muestra a un obrero totalmente explotado, mecanizado, y que, incluso, en sus tiempos libres, es controlado por medio de la videovigilancia que no lo deja realizar sus actividades más fundamentales. El obrero, resulta en todo el proceso de producción, una extensión de la máquina, un apéndice de ella, “no son solamente esclavos de la clase burguesa, del Estado burgués, sino diariamente, a todas horas, esclavos de la máquina del capataz y sobre todo del burgués individual, patrón de la fábrica” (Ponce, 2014, p.38). El resultado de dicho proceso de producción es la de un hombre unilateral, estrecho de pensamiento, mecanizado, atrofiado física y psicológicamente. Al grado de perder la “razón” y ser necesaria su hospitalización.
Sin casa, sin trabajo, sin propiedad alguna, deambula por las calles, hasta que se ve envuelto, involuntariamente, en un movimiento obrero al levantar una bandera que funcionaba como señalización de un camión que transportaba madera, es apresado y llevado a prisión como líder comunista por los policías encargados de mantener en orden del Estado Burgués.
Al salir de prisión, busca por cualquier medio regresar a ella, irónicamente la institución carcelaria le brinda servicios que fuera de ella no tiene; techo, vestimenta, comida, tiempo de recreación. En sus intentos conoce a una joven huérfana que lucha por sobrevivir en las calles, y de la cual, no va a separarse. Es junto a ella que sueña con un futuro mejor; casa, comida, propiedad, tiempo de reposo. Convencidos de que ese futuro es posible, van en busca de él, trabajando o burlando a la autoridad, pero siempre sin la intención de causar daño alguno.
Se hacen de una pequeña casa, su “pequeño paraíso”, que muestra la cruda situación de los desempleados que necesitan del trabajo para poder sobrevivir día con día, cada uno de los días de su vida.
Fracasando constantemente a lado de su compañera, víctima de su inocencia o del sistema, al final del largometraje, se muestra a la joven huérfana junto a Charles Chaplin caminando hacia el horizonte, tomados de la mano, optimistas, alegres, luchando mano a mano. Por un futuro mejor.
Charles Chaplin
Considerado uno de los más grandes genios del séptimo arte, Charles Chaplin legó a la humanidad magníficas obras de arte, obras que, como él mismo llegó a mencionar, se pueden apreciar con una sonrisa y con una lágrima.
Chaplin ha dejado una huella imborrable para todos los que aprecian el cine mudo. Dejando obras de arte como, “El chico” (1921), “La quimera del oro” (1925), “El circo” (1928), “Luces de la ciudad” (1931), “El gran dictador” (1940), y por supuesto, “Tiempos modernos” (1936). En ellas desarrolló escenas que perduran en la mente del que aprecia el séptimo arte; la danza con los panecillos, el banquete que parece darse con la peor parte de un zapato que acaba de hervir para no morirse de hambre, la pelea de box arreglada para ganar parte del premio y apoyar a su joven amiga con la operación de sus ojos, la confrontación verbal que tiene con un niño de diez años, anarquista y editor de la revista escolar representado por su hijo Michael Chaplin, la escena antológica personificando a Hitler en el cual se le ve jugando con el globo terráqueo, realizando una de las más celebres metáforas del cine mundial o el momento cumbre, en el que se decide a hablar y lo hace dando un mensaje de esperanza en su discurso final de la película, y, siendo la obra que es eje del presente artículo, no se puede dejar pasar la escena de nuestro vagabundo patinando con los ojos vendados al borde del precipicio mientras la joven huérfana lo mira con desesperación.
Acusado por la prensa de ser un miembro del partido comunista e investigado por el FBI (Buró Federal de Investigaciones, por sus siglas en inglés) y el Comité de Actividades Antiestadounidenses, se le negó el reingreso a Estados Unidos cuando él había viajado a Londres al estreno de su película, “Candilejas” (1952), obra cinematográfica, que no está por demás comentar, es la más autobiográfica de todas. Charles Chaplin se había conseguido problemas incluso por cuestiones tan simples como saludar con la expresión “camaradas”, asistir a eventos diplomáticos soviéticos, o socializar con el poeta, Bertolt Brecht, entre otros.
Una de sus últimas obras, “Un rey en Nueva York” (1957), es una de sus escenas, hace una evidente referencia al macartismo y a su condición de acusado injustamente, en ella, se ve a Charles Chaplin, interpretando el papel del Rey Shahdov y a Michael Chaplin, quien representa a Rupert Macabee, un niño de diez años, que es historiador y redactor jefe de la revista escolar.
Mientras el Rey pregunta por la lectura que realiza el niño, el niño responde que lee a Carlos Marx, acto seguido el Rey pregunta, ¿no serás comunista? Y el niño responde con otra pregunta, ¿Hay que ser comunista para leer a Carlos Marx?
Categorías marxistas
A pesar de que el mismo Charles Chaplin, mencionó que su obra, “Tiempos modernos” (1936), no era más que una comedia, deja, con o sin intención, entrever, algunas de las principales categorías del pensador prusiano, Karl Marx, en todo el largometraje. Considerada, una de las mejores películas del séptimo arte, “Tiempos modernos”, es un largometraje filmado en tiempos de la Gran Depresión, el fordismo y la Revolución Industrial.
La cinta puede explicarse a partir de las principales categorías marxistas, entre ellas, la existencia y lucha de clases sociales; los poseedores de los medios de producción tanto material como intelectual y la clase de los desposeídos, del proletariado que solo posee su fuerza de trabajo y la cual se ve obligado a vender para poder vivir.
Charles Chaplin, interpreta a un obrero que durante el proceso de producción, se hace ajeno a sí mismo, se subordina ante la máquina, sufre el proceso de enajenación en todas sus formas; enajenado con el producto, con el proceso, con su ser genérico y con el otro, el patrón, dueño de los medios de producción.
Desempleado, sin propiedad alguna, acusado incluso de líder comunista, tiene que venderse, de todas las formas posibles para poder sobrevivir. A él, nada le pueden quitar, nada tiene que pueda perder, incluso nada pierde con abolir instituciones que están al servicio de las clases dominantes y refuerzan su condición de explotado.
Es por ello que también se desarrollan los reproches que se le hacen al comunismo, que incluso, en palabras de Karl Marx y Engels (s/f ), hasta los más radicales del partido comunista no llegaban a entender. La obra de Chaplin nos facilita la comprensión de los postulados teóricos de Marx y el marxismo, nada puede arrebatársele a quien nada posee.
Clases sociales
Proletario
“Por proletario se comprende a la clase de los trabajadores asalariados modernos, que, privados de medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo” (Marx y Engels, s/f, p. 30).
Engels, en los “Principios del comunismo” (s/f ), define al proletariado como “…la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo” (p. 69). Y agrega que, al comparar y diferenciar al proletario del esclavo, este último “…está vendido de una vez y para siempre, en cambio, el proletario tiene que venderse él mismo, cada día y cada hora” (p. 72), por lo cual, el esclavo tiene asegurada su existencia, en cambio el proletario solo cuando se requiere de su fuerza de trabajo.
Condición evidente que pone de manifiesto Charles Chaplin en el obrero industrial, personaje que él mismo desarrolla, obrero que se ve en la necesidad de buscar el pan de cada día, todos los días, para poder sobrevivir. Son los obreros los que mueven al país con su fuerza de trabajo, expresión que se asemeja al grito del joven en autobús que, mientras la clase privilegiada del pueblo mexicano marchaba manifestando un temor infundado que el país se convierta en Venezuela o en un país socialista o comunista, frases empleadas como parte de su propaganda política electoral en el año 2012 y 2018, él sacaba el brazo, mostraba con gallardía el músculo de su brazo derecho, resultado del trabajo diario, mientras gritaba con insistencia y orgullo: “esta es la que mueve a México”, “Los obreros, los obreros movemos a México”, “ustedes dividen” …
Marx, en el “Manifiesto del partido comunista” (s/f ), especifica que en la justa medida que se desarrolla la burguesía se desarrolla también el proletariado, obreros obligados a venderse como una mercancía más, frente a una máquina, con la cual compite y al mismo tiempo lo denigra física y mentalmente, en un ser unilateral y de pensamiento estrecho recibiendo por su trabajo un salario que le permite vivir al día y verse en la necesidad de regresar al otro día a la fábrica a venderse, “…el salario sirve para perpetuar la raza de obreros” (Marx, 2013, p. 65), abundantes, baratos y con un ejército de reserva siempre disponible. Son “…instrumentos de la producción que deben aportar lo más posible y costar lo menos posible” (Marx, 2013, p.86).
Obrero que se ve denigrado, moral, psicológica y físicamente, obrero que denigra su cuerpo por un trabajo que no lo realiza vocacionalmente, que mecaniza su cuerpo y su mente, su desarrollo multilateral se ve totalmente bloqueado por la repetición incesante de movimientos que lo llevan, al menos en el largometraje, a una crisis nerviosa. Entre una de sus tantas manifestaciones, de la actual oposición, es, que el día de hoy, quien está al mando del poder ejecutivo, divide al país con sus expresiones y acciones, pero, el país, curiosamente siempre ha estado dividido, polarizado, entre oprimidos y opresores, explotados y explotadores, entre obreros y capitalistas. Lo que el representante del poder ejecutivo realmente hace es, hacer más evidente dicha división de clases, la condición de privilegiados de unos pocos, frente a la condición de marginados de otros, la gran mayoría. Hacer de la ignominia, en palabras de Karl Marx, más ignominiosa. Porque polarizado el país siempre estuvo, pero para beneficio de la clase dominante la gran mayoría vivía, en palabras de Freire (2005), en una “cultura del silencio”, silenciados.
Entre más crece la industria, el empleo de las máquinas, el uso de mujeres y niños en el sistema fabril, más crece la masa del proletariado, y puede, mediante un trabajo organizado, crecer su conciencia de clase. “Siendo la base de la civilización la explotación de una clase por otra, su desarrollo se opera en una constante contradicción” (Engels, 2005, p. 182). Mientras que para una clase el progreso representa goce, para la otra es sufrimiento, beneficios para unos, perjuicio para los otros, un elemento emancipador para la minoría, para la inmensa mayoría representa un elemento opresivo y deshumanizador. “En la misma medida que sea abolida la explotación de un individuo por otro será abolida la explotación de una nación por otra” (Marx y Engels, s/f, p. 50).
Burguesía
“La Historia de todas las sociedades hasta nuestros días, dice Marx en colaboración con Engels, en el Manifiesto del Partido Comunista, es la historia de las luchas de clases” (Marx y Engels, s/f p. 30). Amos y esclavos, nobles y siervos, feudales y burgueses, burgueses y proletarios, opresores y oprimidos, poseedores y desposeídos. Nuestra época, es la época de la burguesía como clase social dominante, clase social que ha engendrado a la clase que niega y que la ha de venir a negar, la clase del proletariado.
En las notas a la edición inglesa de 1888, Marx y Engels especifican lo que se comprende por burguesía, al respecto dice, “…la clase de los capitalistas modernos que son los propietarios de los medios de producción social y emplean trabajo asalariado”, vale agregar, que siendo la clase que dispone de los medios de producción material, dispone también, de los medios de producción intelectual. En las reflexiones de Marx y Engels, se presenta a la burguesía como una clase social revolucionaria, aunque no se ha abolido por completo a la sociedad feudal desde sus raíces, ya que lo único que se ha hecho es sustituir las viejas condiciones de opresión por unas nuevas.
La iglesia, cobijada bajo principios religiosos, exigía sumisión y religiosidad, la sociedad feudal fue sustituida de manera abierta y desvergonzada por la burguesía que se encargaba de explotar y esclavizar a los hombres por medio del capital y cambiar de manera gradual la dirección de su lucha, de la confrontación con el feudalismo para pasar en contra de las masas populares, a quienes tenía que convencer que el nuevo orden burgués era justo y legal, porque era parte de la naturaleza del hombre.
Mas su carácter despiadado y cruel con la naturaleza y, sobre todo, con la producción de hombres convertidos en un apéndice de la máquina, en la que sacrifica su vida, produce al mismo tiempo, a sus propios sepultureros, a quienes entrega las armas que le van a destruir. Por tanto, la misión histórica de la burguesía es abonar el terreno de la clase social que vendrá a negarla, a darle muerte con las armas que ella misma ha forjado en los obreros modernos, que forman la clase proletaria, ya que ellos “…no tienen nada que perder… más que sus cadenas, tienen en cambio un mundo que ganar” (Marx y Engels, s/f, p. 68).
Con el progreso técnico y científico se logran dos cosas, favorecer a la clase poseedora de los medios de producción y presentar a la clase desposeída como la clase que bloquea el progreso de la sociedad. En la clase desposeída se representan todos los vicios, es la clase del escándalo público a quienes hay que someter, en categorías de Althusser (1985), con los aparatos, tanto ideológicos como represivos del Estado.
Lumpemproletariado
Para Marx y Engels (s/f ), el lumpemproletariado no es una clase social como tal, es un producto “pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad”, (p. 41), es un sector de la población situado al margen o por debajo de la clase del proletariado, una parte de la población sin organización política, ni conciencia de clase. Un arma de doble filo, porque, tanto puede ser arrastrado a la clase social del proletariado en favor de su lucha, como puede venderse al mejor postor en beneficio de las élites. Desprovistos de un trabajo estable, se ven orillados a vivir de la mendicidad y la delincuencia. En sus notas agregan, que quienes forman parte del lumpemproletariado son propensos al aventurerismo y son usados como carne de cañón en beneficio siempre de la clase social que paga por sus actividades.
Enajenación con el producto
En los “Manuscritos de Economía y Filosofía” (2013), Marx aborda al final del capítulo primero, la cuestión sobre el proceso de enajenación o extrañamiento que sufre el obrero a partir de cuatro formas.
En ellas se describe, como el obrero, queda reducido a la más miserable de todas las mercancías dentro de un trabajo que lo desvaloriza, deshumaniza, denigra física y mentalmente. “La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas” (Marx, 2013, p. 134).
La primera forma de enajenación menciona Marx es por medio del producto, resultado de su trabajo, producto que se vuelve extraño al obrero, como un producto independiente al obrero que lo produce, el obrero, al realizar el producto, se desrealiza como persona y como obrero, pone su vida en el producto, por lo que, ni el objeto de su trabajo ni su vida le pertenecen.
Condición que se muestra en el protagonista del largometraje, a pesar de que, la cinta no muestra un producto finalizado, se entiende que nada le pertenece, le pertenece al patrón que lo vigila y, sobre todo, que trabaja bajo condiciones inhumanas.
Enajenación con el proceso
La segunda forma de extrañamiento que sufre el obrero es con el mismo acto de producir, primero, porque el trabajo es externo al obrero, segundo, porque el trabajador mientras realiza sus funciones laborales no se afirma, no es feliz, es un ser desgraciado, un ser que se niega a sí mismo, “Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí” (Marx, 2013, p. 139). El obrero al realizar su actividad vital, el trabajo, como una función humana, se siente como un animal, y al llevar a cabo sus funciones biológicas, animales; se siente libre, humano.
Resulta, por lo tanto, que el trabajo es un medio para satisfacer sus necesidades fuera de él, si ya vimos que el producto no le pertenece, siendo el producto resultado de su trabajo, entonces el trabajo mismo tampoco le pertenece, el producto y su actividad laboral le pertenece a otro.
Y es el proceso, en el que se denigra, vale más la máquina que el hombre, la máquina habla y el obrero calla, situación que hace evidente Charles Chaplin cuando por medio de una pantalla, el capataz recibe órdenes de quien dirige la cadena de montaje, y, sobre todo, de la máquina que es presentada para el ahorro de tiempo y el aumento de la producción, mientras los obreros cumplen con una de las funciones humanas elementales, comer. Su condición no le permite para nada más, se ve obligado a venderse todo el tiempo, es él, una mercancía más, o se somete a las exigencias del dueño de los medios de producción o se condena a vivir en la mendicidad o inanición.
Enajenación con uno mismo
La tercera forma de enajenación es el extrañamiento del ser genérico, de sí mismo, de su existencia tanto individual y por lo tanto social, la vida para el obrero no es un despliegue de sus potencialidades creativas en el marco de la comunidad, la vida, para él, resulta un medio para la vida misma, el trabajo es un medio para mantener su existencia, es una actividad que no se expresa ni libre ni consciente, el obrero afirma su animalidad en el trabajo por sobre su humanidad, humanidad que le ha sido arrebatada. Es un ser ajeno a sí mismo, no se pertenece, su vida pertenece a la máquina, al proceso de montaje, al capataz que controla el ritmo de producción y al jefe, que vigila por medio de monitores y máquinas que registran la actividad diaria del obrero.
Enajenación con el otro
De las tres formas de enajenación que sufre el hombre por medio del trabajo desde la perspectiva burguesa capitalista, considerando que, el producto de su trabajo no le pertenece y se le presenta como un poder extraño y violento; que el acto de producir, como un acto externo a él y en el cual se niega y se denigra no le pertenece; que su vida misma es un medio para seguir viviendo bajo condiciones deplorables y que por lo tanto tampoco le pertenece, entonces, ¿a quién le pertenece? Le pertenece al otro, otro que no es el trabajador, el otro que es el dueño del objeto que el obrero produce, dueño de su tiempo y de su vida, de su actividad vital, el otro que posee los medios de producción, para quien trabaja y vive, quien le compra su fuerza de trabajo al capricho de sus decisiones. El otro que, sentado en su cómoda oficina, lo vigila, incluso en sus horas de descanso, lo controla y lo reprime a su antojo para poder aumentar la producción en el menor tiempo y con el menor costo. Tenemos que remontarnos a la primera escena, la relación que hace Chaplin entre el rebaño de ovejas y el “rebaño” de personas que apresurados caminan a la fábrica, incluso, a la multitud que espera fuera de la fábrica, para encontrar un trabajo. El obrero sabe que debe venderse al precio que sea, el crecimiento de la clase obrera, entre ellos, mujeres y niños, obligan al obrero a reducir su precio. Existe un ejército de reserva dispuesto a hacer lo que hace el obrero en turno por un salario aún más miserable.
Reproches al comunismo
Propiedad privada
En el “Manifiesto del partido comunista” (s/f ), Marx expone, las acusaciones o reproches que le hacen al comunismo, quienes, se ven principalmente afectados por los postulados teóricos marxistas.
La oposición de hoy, deja en claro que, primero, no entienden y no hacen valer su papel de oposición y, sobre todo, no tienen ninguna base teórica que fundamente su “movimiento” que, aunque sobre decirlo, no es popular, es un “movimiento” con intereses de clase, de mantener privilegios y no de exigir derechos, es un “movimiento” que remarca la polarización que ellos tanto acusan, es la manifestación más directa de una minoría, de una clase social como categoría económica, de acuerdo al profesor, Enrique Dussel (2019), frente al pueblo como categoría política.
El primero de los tres reproches que le realizan es respecto a la intención que tienen los comunistas de abolir la propiedad privada, la primera y más importante y, que daría pauta para derrocar las otras prácticas burguesas vigentes, por lo que, la fórmula en la que se puede resumir la teoría comunista es en la de abolir la propiedad privada.
Se acusa, por tanto, a los comunistas, la intención de abolir la propiedad privada y esto escandaliza a muchos, sobre todo a la clase poseedora de los medios de producción material e intelectual, y sí, es por demás evidente, se pretende abolir la propiedad privada, propiedad que da poder sobre el trabajo del otro, abolir la propiedad privada y su carácter miserable de explotación al obrero, propiedad privada que priva de propiedad a la inmensa mayoría, propiedad que reproduce la explotación por parte de los poseedores hacia los desposeídos.
Pero no es la propiedad del obrero, del pequeño burgués, del anarquista, la que se pretende abolir y que antecede a la propiedad burguesa, esa propiedad está siendo despojada progresivamente por la burguesía por medio de prácticas a veces invisibles, por medio de, como en Bourdieu y Passeron (1964), “violencia simbólica”.
Tampoco se pretende abolir los productos de los cuales se apropia el obrero como fruto de su trabajo y de los cuales, depende y sacrifica su vida, casa, por si la tiene, vestimenta, alimentación, que no es precisamente sinónimo de nutrición, productos fundamentales para el desarrollo de la vida humana.
“El rasgo distintivo del comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa” (Marx y Engels, s/f, p. 45).
Lo que verdaderamente se pretende eliminar es la forma de explotación en la cual, cuando un obrero más riquezas produce, más pobre y miserable es su existencia y la de su familia, entre más dinero o capital genera para el otro, su poder adquisitivo se limita a productos de primera necesidad. Es muy crudo, ver que el obrero, protagonista de la cinta, carece de todo eso; casa, vestimenta, alimentación y tiempo de recreación.
El comunismo defiende la propiedad, sin duda, pero en su modalidad de propiedad colectiva, de socialización de los medios de producción económica como intelectual. Abolir la propiedad privada sí, la propiedad que esclaviza al obrero y limita su desarrollo armónico, integral, propiedad que niega a la inmensa mayoría de propiedad. “Los proletarios no tienen nada que perder en ella (revolución) más que sus cadenas. Tienen en cambio, un mundo que ganar” (Marx y Engels, s/f, p. 68).
El filme nos deja ver la situación de miseria del obrero, de acumulación de carencias, de su necesidad de venderse como una mercancía para poder comprar otras mercancías. Nada posee el obrero, nada posee la joven huérfana, nada se les puede arrebatar. Ni casa, ni vestimenta o alimentos. Viven al día, mientras puedan seguir vendiendo su fuerza de trabajo.
Familia
El segundo reproche y del cual, señala Marx, que hasta los más radicales no logran comprender es, la abolición de la institución familiar, cuando se habla de familia, se habla de familia desde la concepción burguesa, “la familia, plenamente desarrollada, no existe más que para la burguesía; pero encuentra su complemento en la supresión forzosa de toda la familia para el proletariado y en la prostitución pública” (Marx, 2005, pp. 48-49).
Por lo que, al abolir esa “supresión forzosa” de toda la familia para el miembro del proletariado, desaparecería la familia burguesa como consecuencia lógica al no tener ese complemento que la alimente y fortalezca.
Y así, como el comunista es partidario de la propiedad colectiva, lo es también de la familia, a denunciar a la institución familiar como una institución que reproduce el estado de cosas vigentes que favorecen al poseedor de los medios de producción y siguen denigrando al desposeído. Libera al hijo de la explotación y a la mujer como instrumento de producción. Al denunciar, Marx, la situación de la institución familiar que sigue perpetuando la condición de miseria del proletario, hace de la “ignominia más ignominiosa”.
Chaplin, en una escena, imagina, a lado de su compañera de aventuras, a un obrero que se realiza plenamente, en una casa, con buena comida, con tiempo para producir lo propio, recrearse, en una casa, que, si bien no es grande, protege la integridad del obrero, física y mentalmente, se imagina en familia. Sin embargo, la realidad es otra; un obrero sin familia y una jovencita huérfana, con el padre asesinado en un movimiento obrero y con las hermanas en el orfanatorio. La supresión de la familia para los dos, fortalece la institución familiar para los dueños de los medios de producción.
Patria
El tercer reproche lanzado a los comunistas es respecto a la pretensión de eliminar la patria, pero no se le puede arrebatar al obrero lo que no posee, para el obrero, la patria representa división y exclusión, Marx y Engels exigen al proletariado conquistar el poder político como partido político organizado, asumir la dirigencia de la nación, nación no en el sentido burgués, y llevar a cabo la dictadura del proletariado como fase previa a la sociedad comunista.
Al abolir la patria se unifican las naciones y se internacionaliza al obrero y a la revolución proletaria. Al ser las ideas dominantes en una sociedad las de la clase privilegiada y al abolir las bases económicas que les garantizan su carácter de poseedores y opresores, se entiende que, por tanto, se modificaría progresivamente la conciencia de los hombres, sobra decir que los comunistas pretender abolir el Estado, la religión, la moral, dichos elementos pertenecientes a la superestructura serían derrocadas progresivamente al ser abolida la estructura económica.
En su personaje de vagabundo, Chaplin y su compañera, no tienen patria, no pertenecen realmente a ningún lugar, por eso, al final, caminan sin destino alguno, hacia una utopía. Él es un obrero, como lo hay tantos, en cualquier país del mundo y ella una joven huérfana, perseguida y sin poder trabajar. No se le puede arrebatar al obrero lo que no tiene. La internacionalización del movimiento proletario es indispensable, urgente. ¡Proletarios de todos los países, uníos!
Conclusión
Charles Chaplin vive en quienes, por nostalgia, buscan en sus filmes, reír y llorar al mismo tiempo, pensar con mansedumbre en las vicisitudes de la vida, ver en el vagabundo un mensaje esperanzador, de lucha, de inocencia, de hermandad.
Su personaje de vagabundo representa al hombre común, a la gran mayoría, que entre su condición de explotado, excluido y desprotegido, lucha cada uno de los días de su vida para salir adelante.
Y a pesar que, en su propia voz mencionó que “Tiempos modernos” era solo una comedia, sus principios e ideales se reflejaron en la crítica y la denuncia que logró con el largometraje. No era un comunista y no necesitaba serlo.
Hilar el contenido de la cinta con la ideología marxista no fue tarea complicada, siendo un genio de la cinematografía, Charles Chaplin, facilita la comprensión de las categorías desarrolladas hasta para el menos preparado en la teoría marxista. En ello radica su grandeza y su permanencia en el gusto de quienes, con alegría y añoranza, reproducen, hasta el día de hoy, cualquiera de sus cintas.
Referencias
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Bourdieu, Pierre y Passeron, Jean Claude. (1964). Los herederos. Los estudiantes y la cultura. Recuperado el 15 de abril del 2019 de https://socioeducacion.files.wordpress.com/2011/05/bourdieu-pierr-los-herederos.pdf
Charles, Chaplin. (Escritor/director). (1936). Modern Times [película]. Estados Unidos de Norteamérica: United Artists
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Engels, Friedrich. (2005). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1.º ed.). México: Éxodo.
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