Artículos Arbitrados

Recepción: 01 Junio 2020
Aprobación: 20 Junio 2020
Resumen: La escritura ocupa un lugar muy importante durante la etapa de la formación universitaria, independien temente de la carrera en la que se incursiona. Es necesario que los estudiantes aprendan no solo a exponer información, sino a plantear y a respaldar su propia postura, en función de las perspectivas teóricas que conocen. En este trabajo, se enfatiza la necesidad de enseñar a escribir textos argumentativos, pues se considera que este género puede contribuir en la formación del pensamiento crítico. Luego de ofrecer algunas precisiones de orden conceptual, se presen ta una secuencia pedagógica que podría aplicarse en las aulas universitarias con el propósito de fortalecer la escritura argumentativa y el pensamiento crítico, adaptando las acciones sugeridas a cada situación y contexto específicos.
Palabras clave: enseñanza, escritura argumentativa, pensamiento crítico.
Abstract: Writing takes a very important place during the sta ge of university education, independently of the ca reer in which one is involved. It is necessary that stu dents learn not only to present information, but also they should to pose and support their own position, according to the theoretical perspectives that they know. This article emphasizes the need to teach stu dents to write argumentative texts, since it is consi dered that this genre can contribute to the formation of critical thinking. After to offer some conceptual clarifications, a pedagogical sequence is presented that could be applied in university classrooms with the purpose of strengthening argumentative writing and critical thinking, adapting the suggested actions to each specific situation and context.
Keywords: teaching, argumentative writing, critical thinking. Author´s translation.

Introducción
Escribir es en esencia, un ejercicio del pensamiento, una experiencia que requiere de la conjunción de procesos cognitivos y metacognitivos, estrategias, conocimientos y, por supuesto, de la clarificación de un propósito que sirva de timón durante el recorrido. En el caso de la enseñanza universitaria, la composición escrita se constituye como una actividad fundamental, por cuanto persigue dos objetivos de vital importancia: el primero de ellos, es la construcción de conocimientos y, el segundo, la formación del pensamiento crítico.
No obstante, la escritura es vista, aún en la universidad, como un medio de registro de la información, un instrumento para la obtención de conocimientos preestablecidos, Duque, Madrid & Serrano (2012). En cuanto al pensamiento crítico, constantemente se recalca a nivel curricular que la preparación académica formal debe lograr que el estudiante, desde los primeros años, aprenda a posicionarse frente a los hechos, a desarrollar pro cesos de reflexión, pues estos aprendizajes le permitirán participar, con conciencia, en la vida democrática de la sociedad a la cual pertenece, (Diseño Curricular del Sistema de Educación Primaria Bolivariana, 2007). Sin embargo, la realidad muestra que el pensamiento crítico no es, propiamente, una característica sobresaliente de quienes participan del proceso educativo, incluyendo a aquellos que logran una titulación profesional.
Como bien afirma Lipman (1998), existe un profundo abismo entre el pensamiento que se produce en las escuelas y el pensamiento demandado para tomar decisiones en el mundo real. Por tal razón, es un poco difícil hallar personas que evidencien un pensamiento divergente, con capacidad de introspección o que se preocupen verdaderamente por los temas que determinan la vida social y que le afectan también en su ámbito personal. Frente a esta realidad, son pertinentes las siguientes preguntas ¿Cómo fomentar el pensamiento crítico en los estudiantes universitarios?, ¿qué papel puede jugar la escritura argumentativa en la formación del pensamiento crítico? y ¿por qué es importante que la educación forme personas críticas y con capacidad para discernir?
En este ensayo, se tratará de brindar posibles respuestas a estas interrogantes, todo ello, con el propósito de enfatizar la necesidad de enseñar a escribir textos académicos argumentativos en la universidad, pues se con sidera que este tipo de texto, en particular, puede contribuir en la formación del pensamiento crítico. En tal sentido, se ofrecerán algunas consideraciones teóricas que permitan conectar elementos de orden conceptual y orden práctico. Finalmente, se presenta una secuencia pedagógica que podría ser aplicada en las aulas de educación universitaria para fortalecer la escritura argumentativa y el pensamiento crítico, haciendo una adaptación de dicha propuesta a cada situación y contexto específicos.
Algunas consideraciones en torno al pensamiento crítico y su enseñanza
Pensar críticamente, es quizá uno de los mayores retos de las sociedades actuales. La ciudadanía, en general, necesita una buena dosis de criticidad para afrontar su realidad y no ser objeto de engaños o manipulaciones. Como se dijo en la introducción, se anuncia en los programas educativos oficiales el valor del pensamiento crítico, pero poco se dice acerca de qué es, cuáles son sus características y para qué sirve en la escuela. Estas precisiones conceptuales son importantes, dado que permitirían que el docente tenga un mayor dominio y pueda ofrecer experiencias que ayuden a sus estudiantes a clarificar y ampliar su pensamiento.
Lipman (1998), aborda el fenómeno del pensamiento crítico, de manera cronológica, desde sus matices históricos, filosóficos y pedagógicos. El autor recuerda que no es un tema reciente, pues se inició en la antigua Grecia con Sócrates y los Sofistas. Mucho tiempo después, ya en las últimas dos décadas del siglo XIX, es abordado por Josiah Royce desde el pragmatismo y también por John Dewey, quien se centró en el estudio del pensamiento reflexivo en algunos de sus trabajos. Sin embargo, no es sino hasta los años ochenta del siglo Importar imagen pasado cuando en Estados Unidos se comienza a hablar del pensamiento crítico y sus posibles influencias en la educación. Fue en ese contexto, cuando se entendió la importancia que tiene la enseñanza del pensamiento crítico.
Se ha abogado desde entonces, por la puesta en marcha de un trabajo pedagógico que eduque el pensamiento para elevar sus potencialidades. Es decir, que fomente en los estudiantes la construcción de juicios y el estable cimiento de criterios razonables para analizar los fenómenos y tomar las mejores decisiones frente a cualquier situación problemática. Si estos son sus fines, entonces, el pensamiento crítico debería situarse como un eje transversal a lo largo de todo el ciclo de formación universitaria. Según Altuve (2010), el pensamiento crítico aparece como una forma de reflexionar racional e intuitiva, pensamiento que los seres humanos pueden materializar en busca de nuevos conocimientos, de un crecimiento espiritual y económico armonioso, en la búsqueda de valores que edifiquen una actitud de comprensión y compasión en el mundo actual.
Es un pensamiento que atiende a la flexibilidad y a la pluralidad como elementos fundamentales a la hora de examinar un problema o fenómeno. Si la educación como experiencia de crecimiento humano demanda del aprender a pensar y a reflexionar, entonces requiere, sin duda, del pensamiento crítico. Laiton Poveda (2010), expresa que poseer este tipo de pensamiento, es garantía de poder acceder al conocimiento disciplinar con autonomía, calidad, capacidad de razonamiento y argumentación. En otras palabras, ofrece la posibilidad de incursionar activamente en el mundo del saber, con habilidades para debatir y reflexionar sobre lo que se conoce y se aspira comprender.
Por su parte, Lipman (1998) explica que el pensamiento crítico es un pensamiento que facilita el juicio, se basa en criterios, es autocorrectivo y sensible al contexto del sujeto. Estos rasgos generales, permiten sugerirle al docente que el desarrollo de este tipo de pensamiento requiere de experiencias de enseñanza alejadas del marco tradicional que limita la relación docente alumno a las preguntas y respuestas, a dar órdenes y evaluar contenidos. Particularmente, en el contexto universitario, Laiton Poveda (2010), explica que un estudiante que se haya apropiado del pensamiento crítico, será aquel que piense, analice, que esté interesado hacia el conocimiento, que pregunte e indague sobre él y que, en definitiva, valore de forma positiva las experiencias de aprendizaje propias de este nivel educativo.
Con base en lo dicho anteriormente, se puede afirmar que la formación del pensamiento crítico en la universidad, es una necesidad y que el lenguaje es la principal fuente para nutrirlo y desarrollarlo. Cada secuencia pedagógica, puede perfilarse como una vía para su construcción en la población estudiantil, claro está, si di chas secuencias son diseñadas a partir del razonamiento, el diálogo y el cuestionamiento como los principales recursos al momento de hablar, escuchar, leer y escribir dentro del aula. Este tipo de pensamiento es crucial para lograr una formación académica de calidad, que no solo fortalezca el perfil profesional del egresado, sino que pueda influir su vida social, al enaltecer valores democráticos como la libertad de expresión y el respeto a la diversidad de posiciones y creencias de orden espiritual, político, económico e ideológico. En las líneas posteriores, se analiza cómo la lengua escrita puede favorecer la emergencia del pensamiento crítico.
La argumentación escrita: una vía para el desarrollo del pensamiento crítico
Toda situación discursiva escrita que le exija al estudiante el planteo de un posicionamiento particular frente a un tema que así lo permita, es sin duda, un campo abierto para el cultivo del pensamiento crítico. Evidente mente, no solo se requiere la habilidad para fijar posición frente a un fenómeno en estudio, sino la capacidad para comprender otras voces y aprender a integrarlas en los textos. Por tanto, para pensar de modo crítico es fundamental indagar, leer y escribir a partir de lo que ya se ha investigado y comunicado. Solo así, el estudiante podrá afianzar su propio pensamiento, en aras de establecer buenos juicios al analizar una situación específica.
Es común que en la universidad el estudiante deba escribir por razones académicas, y que prevalezca en este escenario la composición de textos de carácter expositivo, pues el docente busca que el estudiante, investigue,registre información y la procese para dar cuenta de su comprensión. Dependiendo de la naturaleza de la disciplina que se estudia, pueden solicitársele también textos descriptivos, argumentativos, literarios o periodísticos. Particularmente, los textos de corte argumentativo, son demandados, sobre todo, en asignaturas vinculadas a las carreras de las Ciencias Sociales y las Humanidades, pues se asume que las Ciencias Exactas requieren más aceptación que discusión de sus presupuestos. Sin embargo, estudios como los de Padilla (2012), Córdova Jiménez, Velásquez Rivera & Arenas Witker (2016) y Molina & Padilla (2018), demuestran que la argumentación tiene cabida en cualquier área y que esta situación retórica sirve para desplegar el po tencial epistémico de la escritura y la formación del pensamiento crítico. Para Mota (2010), la composición de textos dentro del género argumentativo, compromete al individuo en el uso del pensamiento crítico, como un elemento esencial para la resolución de problemas. La autora, afirma que cuando las personas manifiestan un punto de vista y lo respaldan por medio de argumentos a favor o en contra, están utilizando importantes operaciones relativas a este modo de pensar.
Es por ello, que este trabajo subraya el hecho de que los textos académicos argumentativos representan una oportunidad para que los estudiantes, de cualquier disciplina, aprendan a pensar, en lugar de aprender a re producir el conocimiento de forma mecánica e irreflexiva. Sin duda, el pensamiento crítico, involucrado al argumentar, demanda la activación del conocimiento para juzgar los hechos de acuerdo con criterios y razones válidas en los planos social e intelectual.
Antes de proponer algunas acciones pedagógicas que vinculen la argumentación y el pensamiento crítico, es pertinente señalar en qué consiste la argumentación y cuáles son sus ventajas dentro del aula. Según Vela Pulido (2008)
Argumentar es formular de modo claro, ordenado y estratégico una serie de razones con el propósito de convencer de unas ideas a un receptor. El objetivo de la argumentación es presentar conceptos que sirvan para sustentar una determinada forma de pensar, a fin de convencer a otros para que acepten unas ideas y se adhieran a ellas o, por el contrario, para disuadirlos y llevarlos a que asuman una nueva actitud, tomen una decisión o ejecuten una acción (p. 100).
De modo similar a como lo hace la precitada autora, Narvaja, Di Stefano & Pereira (2006) expresan que “Se ha definido la argumentación como una operación discursiva por la cual un locutor busca que sus interlocultores admitan una conclusión o tesis, para lo cual les aporta determinadas razones” (p. 59). Por consiguiente, la secuencia textual argumentativa busca persuadir a los lectores a partir del planteo de una tesis o punto de vista particular que el escritor defiende de manera vehemente y, a la vez, razonada. Esta fundamentación, requiere de un amplio conocimiento del tema sobre el que se arguye, razón por la que debe desarrollar un proceso de investigación y estudio en una fase previa a la redacción. Además, es importante mencionar que para su elaboración se acude a distintos tipos de argumentos, tales es el caso de los argumentos de autoridad, de ejemplo, por analogía o acerca de las causas, Vela Pulido (2008).
En atención a lo antes expuesto, queda claro que no se puede argumentar acerca de todos los elementos conceptuales que integran los programas curriculares. Para favorecer la escritura argumentativa en el aula, el docente puede proponer tópicos que estén impregnados por la controversia y que admitan su análisis a partir de diversas perspectivas. En este sentido, son propicios para el desarrollo de la argumentación y el pensamiento crítico temas que tocan en forma y fondo los asuntos éticos y morales, los problemas ecológicos, la diversidad sexual, cultural y religiosa, los derechos humanos, los asuntos políticos y económicos de interés nacional e internacional, la aprobación de leyes, la bioética, la medicina, la migración, los hechos históricos, el papel de los medios de comunicación en la sociedad, la calidad educativa, los fenómenos sociolingüísticos, el análisis de obras literarias y del arte en general, entre muchos otros constructos que se estudian al interior de variadas disciplinas en la universidad.
En el tratamiento de estos y muchos otros entramados conceptuales, lo que debería interesar al docente es que el estudiante llegue a fijar una postura personal sustentada en un manejo claro y preciso de los referentes que soporten su argumentación. La consolidación de dicha postura, siempre se va a generar luego de un proceso de investigación y reflexión que lo conducen, favorablemente, a la construcción de nuevos saberes. Argumentar como proceso cognitivo-lingüístico, implica la realización de tareas mentales y la confrontación de sesgos y prejuicios que se develan y, que pueden ser transformados a través de la escritura.
En otras palabras, cuando el estudiante aprende a argumentar en el marco de las tareas de escritura acadé mica, también está aprendiendo a pensar críticamente y, paralelo a ello, se apropia de manera constructiva de los referentes teóricos que le dan sentido a su formación educativa. Al respecto, Molina & Padilla (2018) señalan que en la Biología, la argumentación se conforma como una herramienta epistémica para construir conocimientos y también, se convierte en un recurso didáctico que posibilita el aprendizaje de contenidos y el desarrollo del pensamiento crítico. Aunque las autoras antes mencionadas se enfocan en esa rama del saber, es preciso insistir que debido a la naturaleza dialéctica de la argumentación, la misma no se suscita únicamente en las Ciencias Naturales y por lo tanto, su planteamiento puede extenderse a otras disciplinas. Queda claro que su inserción en aula depende de la labor del docente, de su creatividad para llevar a cabo procesos de mediación en la enseñanza de las convenciones del discurso argumentativo, y de los momentos que organice para experimentarlo y aprehenderlo.
Secuencia pedagógica para la formación del pensamiento crítico a partir de la escritura académica argumentativa
La elaboración de una secuencia pedagógica para la formación del pensamiento crítico representa una opor tunidad para abogar por el mejoramiento de la calidad de la enseñanza y el aprendizaje en la universidad. En ningún caso, se pretende ofrecer recetas o procedimientos que dictaminen cómo se debe enseñar. Lo que aquí se busca, es que los docentes, de acuerdo con su contexto particular y la naturaleza de la(s) asignatura(s) que tengan a su cargo, puedan ofrecer situaciones de escritura argumentativa que fomenten el pensamiento crítico. Una vez realizada esta aclaratoria, se sugiere la elaboración de ensayos al interior de las cátedras, por ser un género recurrente en este nivel educativo y que necesita el planteo de una opinión que debe respaldarse, que admite la pluralidad en cuanto al manejo de las ideas y que exige la integración de la lectura y la escritura para su correcto desarrollo.
En este sentido, se muestran a continuación, algunas actividades secuenciadas a modo de inicio, desarrollo y cierre que podrían desplegarse a lo largo de un semestre, tendentes al cultivo de la criticidad y de la expresión escrita, en función de la elaboración de ensayos argumentativos en el entorno universitario.
Inicio: presentar a los estudiantes un tema que haga parte del contenido programático y que admita el debate y la controversia como elementos para su eficaz tratamiento. Una vez suministrada esta información, se les insta a responder por escrito las siguientes preguntas diagnósticas ¿Qué sé sobre este tema?, ¿cuál es mi opinión frente a este fenómeno/tópico/problema? y ¿cuál es mi propósito al redactar este ensayo? Además de respon derlas, se les solicita que busquen información en libros, repositorios virtuales de instituciones reconocidas, que revisen trabajos de investigación y artículos científicos. El docente debe sugerir autores y sitios dónde indagar. De esta fase preparatoria, cada estudiante seleccionará cinco textosfuente para la construcción del ensayo.
Durante este período, será necesario ubicar información adicional del autor, fecha de publicación de los tra bajos seleccionados, líneas de investigación que ha seguido, trayectoria académica, posicionamiento frente al tema, voces (autoridades) que convoca y aportes personales. Los estudiantes deben armar un esquema que incorpore gráficamente estos aspectos y que permita emprender un proceso de comparación entre las posturas de los autores para hallar similitudes, diferencias, criterios, conceptos, prejuicios, creencias, connotaciones y asunciones escondidas. Al desarrollar estas actividades, los estudiantes comenzarán a elaborar inferencias, a formular hipótesis y a corroborarlas o modificarlas, a través del proceso de investigación documental. Inicia rán también, una práctica que integrará la lectura en los planos literal, inferencial y crítico, Cassany (2003). En el espacio de las clases, el docente debe ir mostrando de manera gradual modelos textuales de textos argu mentativos para familiarizarlos con su estructura y demás características.
Desarrollo: superada la planificación del texto, el docente anuncia que es el momento de comenzar con la redacción del mismo, informando que la actividad se efectuará de manera procesual (a través de varios bo rradores o versiones previas que ellos irán archivando). Luego de dos o tres semanas, va a solicitar un primer borrador, de al menos, una página o cuartilla, que será revisado entre pares en el aula, en función de criterios que él mostrará para todos. Como posibles criterios, se sugieren los siguientes: planteo de una tesis, existencia de argumentos lógicos, citación de autoridades, rasgos de intertextualidad, manejo de una postura personal, capacidad de persuasión o convencimiento en el discurso, adición de planteamientos alternativos o soluciones creativas, explicitación de contraargumentos, uso de un lenguaje apropiado, entre otros indicadores que guíen la revisión de las producciones escritas.
Dicha actividad, debe ser conducida por el docente como mediador y la intención es que se generen aportes entre los estudiantes, recomendaciones y sugerencias. A lo largo de dos meses, se abren espacios dentro del aula para escribir y revisar los avances en la composición. Esta revisión, se realizará de manera compartida, pero la textualización, mantendrán su condición individual.
Cierre: para finalizar, transcurridos tres meses (aproximadamente), los estudiantes presentarán su texto en el aula a través de un seminario. Esta actividad servirá para que ellos muestren el decurso de sus ideas y qué cam bios perciben en sí mismos, en relación con el grado de conocimientos sobre el tema y en torno a la postura que asumió cada uno al principio. En cuanto a este último aspecto, sería oportuno confrontar las respuestas a las preguntas iniciales con los borradores o versiones intermedias y el texto definitivo. Una vez llevada a cabo la actividad central del cierre, es momento de responder, por escrito, algunas cuestiones tales como ¿Qué modificaciones sufrió mi tesis durante la experiencia de composición escrita: se vio robustecida o modifica da?, ¿qué opinión tengo actualmente acerca del posicionamiento de los autores citados en este trabajo?, ¿qué puedo decir ahora sobre el tema abordado? y ¿cuáles aspectos quedan aún por desarrollar?
Como se dijo al comienzo de este apartado, esta secuencia didáctica requiere de una contextualización que permita precisar qué tema se trata, en el marco de qué carrera y asignatura, cuál es la intención del docente y cuáles son las características de los estudiantes. Toda esta información, influirá la adaptación de la propuesta en un escenario particular, de acuerdo con las decisiones que tome el docente y la adecuación que realice para favorecer la producción de un escrito argumentativo como una tarea significativa. Esta concepción de la escritura como una práctica social auténtica, busca ampliar las facultades de pensamiento de los estudiantes para elevar sus posibilidades intelectuales y académicas. Además, pretende fortalecer su rol como ciudadanos democráticos y autónomos.
Conclusiones
Escribir y pensar son acciones que se imbrican durante todo el proceso de formación académica. Sin em bargo, en la universidad el reto es aún mayor, porque su enlace determina la conducción del estudiante, por lo general, muy joven, en un proceso de maduración social y cognitiva que influye no solo su rendimiento, sino su aproximación a los conocimientos que intenta construir, reconstruir y comunicar. Como bien expone Serrano (2008) “La lengua escrita potencia el pensamiento, puesto que desarrolla la capacidad para construir significado y expresarlo en la comunicación interpersonal” (p. 508).
A lo largo de este trabajo, se ha buscado dar respuesta a las preguntas iniciales a partir de la revisión de autores que se han preocupado por el pensamiento crítico y su influjo educativo. Al mismo tiempo, se ha trazado una propuesta que invita al docente a accionar para lograr que sus estudiantes aprendan a escribir académicamente y a pensar de manera crítica. Sin duda alguna, es importante educar el pensamiento porque es la herramienta que le permite al ser humano reflexionar, entender la realidad y actuar dentro de ella. El pensamiento necesita ser comunicado y es entonces cuando entran en juego las formas orales o escritas del lenguaje, que son las que, en definitiva, darán cuenta de los procesos cognitivos y de las capacidades para razonar que una persona va desarrollando a lo largo de su existencia y de su formación educativa.
La escritura académica contribuye enormemente en la organización del pensamiento del estudiante univer sitario, y cuando adquiere las formas del discurso argumentativo, se convierte en una herramienta poderosa para la potenciación del pensamiento crítico. Sin duda, las experiencias de lectura crítica, derivadas del hecho de tener que recurrir a varias fuentes teóricas, profundizar en ellas y constatar la pluralidad de enfoques con los que puede ser tratado un mismo asunto, harán que el estudiante comprenda la necesidad de lograr su autonomía, de asumir una postura, de situarse frente al saber y defender sus propias ideas.
En la secuencia pedagógica delineada en el apartado anterior, se sugirió la escritura del ensayo, pues tal y como afirma Díaz (2004) quien se forma en la universidad “necesita desarrollar su capacidad de concreción, de análisis, de argumentación e interpretación. Estas y otras habilidades cognitivas son fáciles de adquirir a partir del ejercicio constante de la lectura, la escritura, el pensar, el razonar y el escribir” (p. 108).
Importar imagenPara finalizar, es conveniente recordar que las experiencias de lectura y escritura de cualquier disciplina aca démica deben favorecer que los estudiantes activen de manera sustancial sus procesos cognitivos y meta cognitivos. Es fundamental, que aprendan a manejar las contradicciones y fenómenos que se convierten en objeto de estudio al interior de las asignaturas, con espíritu crítico, con posibilidades para la investigación y la innovación. Sin lugar a dudas, la formación universitaria debe ponerlos en la capacidad de dar respuesta a diversas problemáticas científicas, sociales, políticas, educativas y culturales, circunstancias que requieren, indefectiblemente, del razonamiento lógico y de la argumentación.
Referencias
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Notas
Notas de autor
Teléfono de contacto: +58 512 6494843
Escuela de EducaciónFacultad de Humanidades y Educación Universidad de Los Andes. Mérida estado Mérida-Venezuela
Información adicional
Joel Oswaldo Vielma Rondón.: Licenciado en Educación y Magister Scientíae en Educa ción mención Lectura y Escritura (ULA). Estudiante del Doctorado en Educación (ULA) y profesor Asistente adscrito al Departamento de Pedagogía y Didáctica en la Escuela de Educación de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes. Línea de investigación: lectura y escritura académicas. Premio Estímulo al Investigador (PEIULA 2019).