Investigación Arbitrada
La infancia y la adolescencia como experiencias de vida determinantes en el pensamiento pedagógico Gabriela Mistral
Childhood and adolescence experiences as determinants in the pedagogic thought of Gabriela Mistral
La infancia y la adolescencia como experiencias de vida determinantes en el pensamiento pedagógico Gabriela Mistral
Educere, vol. 25, núm. 80, pp. 45-58, 2021
Universidad de los Andes

Recepción: 13 Mayo 2020
Aprobación: 01 Junio 2020
Resumen: El presente artículo tiene como propósito relacionar de qué manera la infancia y la adolescencia que vivió Gabriela Mistral en Monte Grande y sus alrededores, fue fundamental para tener una mirada pedagógica centrada en la protección de la infancia y también focalizada en los aspectos socioculturales de los indi viduos que se educan, primero, por medio de la escu cha de sus historias, para luego integrar esos relatos cargados de conocimiento en las actividades forma les de la escuela. Para ello se analizó, principalmente material biográfico de estudiosos especializados en su vida y también autobiográfico, los cuales permitieron establecer y determinar de dónde surgió su filosofía educativa, porqué la planteó de esa manera, lo cual en la actualidad la ha llevado a posicionarse como un referente en el campo de la educación.
Palabras clave: infancia, contexto, cultura, diálogo, educación.
Abstract: The purpose of this article is to relate how Gabri ela Mistral’s childhood and adolescence in Monte Grande and its surroundings was crucial to have pedagogical perspective based on child protection and focused on the socioeducational aspects of the learning individuals, first, by listening to their stories and then integrating these knowledgeladen stories into the formal activities of the school. For doing this, specialised biographical and autobiographical material was analysed in order to establish and deter mine where her educational philosophy came from and why she proposed it that way, which have cur rently led her to be considered as a model in the field of education.
Keywords: childhood, context, culture, dialogue, education.

Introducción
Gabriela Mistral o Lucila Godoy Alcayaga, fue una maestra de escuela, poeta e intelectual que escribió y discutió muchos temas vanguardistas en una época que no estaba acostumbrada a escuchar la voz de una mujer con tanta potencia y argumento, fue de las primeras en contender cuestiones de género (Ocampo, 2002), fue una precursora en la defensa de los derechos de los niños, tuvo ideas innovadoras en educación, lo cual en más de una ocasión le ocasionó problemas, aunque esto no significó que ella dejara de escribir u opinar con vigor sobre temas que eran fundamentales para el progreso social de nuestro país, es más, para América Latina, pues se atrevió denominar a Augusto César Sandino: “General de hombres libres”(Villanueva, 2017), en una época conflictiva para el continente americano.
Respecto del contenido literario y biográfico de Gabriela Mistral se ha escrito de manera abultada y en diferentes idiomas y países. La mayoría de estos estudios se han centrado en el análisis literario del contenido de sus escritos. Empero, una de sus principales preocupaciones profesionales, quizás la menos abordada, desde el punto de vista teórico de la pedagogía, sean sus reflexiones educativas, las cuales, sin lugar a dudas, pueden servir para proponer un método educativo. Sin embargo, al menos en Chile, se han publicado dos libros de suma importancia en relación con el tema anterior, el de Roque Scarpa (1979), titulado “Magisterio y niño” y el otro una versión ampliada del primero, de Pablo Zeger s (2017), “Gabriela Mistral. Pasión por enseñar”. Textos que reúnen interesantes reflexiones de la poetisa respecto de cómo debe ser entendida la educación de los infantes en la educación formal, en la vida. Información que servirá no tan solo para conocer sus reflexio nes o prosas educativas, sino, por un lado, para entender de qué manera ella configuró ese pensamiento y, por otra parte, qué tipo de ideas educativas construyó.
Por lo tanto, es preciso destacar que no se ha profundizado en cómo Gabriela Mistral pudo haber edificado sus ideas educativas, por ejemplo, cuáles experiencias fueron determinantes en ella para proponer una concepción de la educación distinta a la que se desarrollaba al interior de las aulas en aquella época. Por ello cabe preguntarse, ¿de dónde nace su compromiso con el desarrollo educativo de la infancia? Creemos, que después de un análisis biográfico(Loaiza, 2004), sobre todo de su infancia y de su adolescencia, podemos responder a esta interrogante, dicho de otro modo, nos atrevemos a conceptuar un segmento de su pensamiento pedagógico en varias influencias que tuvo durante las etapas de su vida antes mencionada, conviene destacar: el contacto con la naturaleza, la religiosidad de su contexto cultural donde creció y la educación informal y formal que recibió, (Pellegrini, 2007), pues vemos en estos temas una conexión con algunos pensamientos educativos de sus posteriores escritos que en este artículo pretendemos dilucidar.
Contexto social, religioso y educativo en el cual creció Gabriela Mistral
Gabriela Mistral tuvo la capacidad de absorber todos aquellos elementos que la circundaron desde la infancia hasta la adultez para acrecentar su creatividad literaria, es aquí donde la forma en cómo se educó en su niñez, la literatura a la cual tuvo acceso, la religión, la cual vivió al lado de su abuela principalmente, fueron elementos constituyentes de sus posteriores reflexiones educativas.
En consecuencia, la educación informal, como es denominada, las cual está asociada a sus experiencias de vida, fue preponderante en su concepción pedagógica, ya que le dio acceso a otro tipo de argumentos y la hizo comprender, como propuso Luzuriaga (1962); que la educación se encuentra en la vida, en la familia, en la escuela, en las experiencias cotidianas y que la educación no es tan solo dejarse influenciar o aprender contenidos memorísticos, sino también influenciar a otros, pues si la experiencia se vive con apertura a otros saberes la persona estará en constante enriquecimiento.
Esta forma de cultivarse fue un principio filosófico que adquirió sentido en la vida de la poetisa, ya que estuvo obligada a estudiar fuera de la instrucción formal de la época, obligatoriamente tuvo que cargar con el peso del abuso sexual desde su niñez, “La violación sufrida cuando niña almacenó en su inconsciente todas las pruebas de que el cualquier momento el mundo, es decir, el hombre, podría agredirla en forma salvaje” (Tei telboim, 1996, p 22). De ahí el hecho que Gabriela Mistral en sus ideas pedagógicas fuera una defensora del cuidado de la infancia, tenía experiencias de vida de sobra para argumentar este tipo de temáticas, podemos señalar entonces que parte de sus propuestas nacen a raíz de lo vivido.
Por otro lado, forzosamente debió aceptar el abandono paterno, entre otras tantas vivencias que acumuló desde su puericia, las cuales hicieron que ella fuera configurando la manera de entender la vida, para, posteriormente, plasmar esta comprensión del mundo por medio de poemas, reflexiones, ensayos, libros, discursos, cartas, para manifestar a través de estos recursos lingüísticos, no por medio de un modelo estructurado, sino por diversas ideas que están en múltiples escritos, de qué manera debía enfocar la educación de los infantes.
Por esta razón, es preciso contextualizar que ocurría en materia educativa, religiosa y social en el entorno en que ella se comenzó a desarrollar, y también a nivel a país, particularmente, cuáles eran las corrientes pedagógicas que tenían una fuerte influencia en Chile, qué tipo de devociones religiosas se practicaban en su entorno y que tanto de estas experiencias pudo adquirir o rechazar Gabriela Mistral.
En Chile, desde la segunda mitad del siglo XIX, se venían desarrollando proyectos educativos que desvinculaban a la educación formal de su apego con la religión, asimismo la instrucción primaria era tema de debate, entre 1840 y 19201 hubo múltiples reformas, aunque esto no significó que desapareciera la educación cristiana de los colegios fiscales, municipales y públicos2, temática que se ve reflejada en la obra literaria de nuestra poetisa. Es más, solo unos años antes de que naciera Gabriela Mistral, por un informe del visitador de escuelas, realizado en 1867 en La Serena, podemos tener una idea de la realidad educativa que circundaba la geografía donde la joven poeta nació: ”El número de escuelas públicas que se encuentran actualmente en ejercicio, llega a 14, de las cuales existen seis para hombres i ocho para mujeres, siendo conventuales una de las primeras i dos de las segundas”3. Es decir, a pesar de los numerosos intentos por separar la educación laica de la católica, desarrollados a mediados del siglo XIX por el Estado Chileno, en muchos sectores geográficos del país se dependía de la infraestructura y del conocimiento que las diversas órdenes religiosas habían establecido en el territorio chileno.
Esta situación de alguna manera explica la fuerte presencia religiosa en esos sectores, o más bien, la presencia religiosa sirve para explicar la influencia educativa de la Iglesia en estos territorios. Por ejemplo, el templo que se construyó en Vicuña consiguió el permiso de edificación en 1821 y en 1837 ya estaba en funcionamiento. No debemos olvidar que durante estos años se decretó que donde hubiera al menos un convento se debía establecerse allí una escuela de primeras letras4. Es más, justamente, fue en este templo, años más tarde de culminada su edificación, donde fue bautizada Gabriela Mistral:
En esta iglesia parroquial de Vicuña a siete días de abril del año 1888, bauticé solemne mente a Lucila de María de un día de edad, hija legitima de Jerónimo Godoy y de Peta Alcayaga, fueron padrinos, Martín Torres y Rosario Álvarez de que doy fe Manuel de Oli vares. (Peña, 2004, p. 15)
Esto no quiere decir que Gabriela Mistral fuera una ferviente seguidora del credo católico o que la iglesia o la escuela le inculcaron esta devoción, ya que, aunque manifestó en sus escritos su cercanía con el dogma católico, ella tenía sus propios principios religiosos: “Yo escribía ya algo en el diario Radical El Coquimbo y solía descubrir con excesiva sinceridad, mis ideas no antirreligiosas, sino religiosas en otro sentido que el corriente” (Daigre, 2005, p. 31). No obstante, estas doctrinas que fueron establecidas durante la colonia y que tuvieron continuidad durante la República, sobre todo en localidades rurales y lejanas a las grandes ciudades en donde el fervor religioso se vivió con mayor intensidad, fueron el contexto donde creció y se desarrolló la poetisa. Para ilustrar mejor, en Vicuña y sus alrededores, se vivía de la siguiente manera la religiosidad popular a finales del siglo XIX:
Asimismo, con la finalidad de retribuir y dejar testimonio, los fieles peregrinos aún llevan al santuario exvotos en forma de pequeñas placas de metal o mármol, las que se colocan en el patio lateral del templo, a la entrada del museo y del camarín de la Virgen. En ellos se consigna el agradecimiento y a veces el favor o milagro concedido. Existe en el Museo del Santuario una vitrina que contiene cientos de exvotos confeccionados en plata y oro, o de forma mixta y que representan individuos en oración, corazones, manos, pies, ojos, riñones y otros órganos, seguramente dañados por algún mal y sanados por la intervención religiosa de la Virgen de Andacollo. Estos exvotos coloniales, que datan del último tercio del siglo XVIII, fueron expuestos por Benjamín Vicuña Mackenna cuando se realizó en 1873 la exposición de coloniaje en Santiago. (Contreras; González, p. 113)
Esa cultura, católicapagana, de alguna manera se manifestó en las acciones de los familiares más cercanos de Gabriela Mistral desde el día de su gestación. En un relato recogido por Volodia (1996) y escrito en la biografía de Gabriela Mistral, aquel escritor nos narra la siguiente situación que vivió esta poetisa, la cual corresponde al bautizo de Lucila Godoy antes descrito, pero esta vez la evidencia se presenta desde el contexto familiar y tiene relación con la religiosidad popular de esa zona:
Al cortar el cordón umbilical, la matrona diagnosticó que la niña nacida tal vez no sobre viviría. Por eso el padre, al cabo de pocas horas, se apareció a tomarla en sus brazos y fue con ella a la iglesia a fin de que no muriera moza y le pusieran óleo y la crisma antes de que terminará ese angustioso día 7 de abril de 1889. (p. 13)
Su nacimiento fue entonces un acto de fe, un ritual religioso5, pues su padre le solicitó al todopoderoso que la mantuviera viva, ya que la recién nacida merecía una oportunidad, es decir, hizo una manda como las que se acostumbraban en aquellos parajes.
En cuanto al material educativo al cual ella pudo haber tenido acceso durante su infancia, suponemos que pudo haber sido el libro, El Lector Americano (Núñez, 1881). Este texto no puede pasar desapercibido, pues fue uno de los primeros silabarios creados en Chile con miras a realizar un cambio profundo en la enseñanza durante el siglo XIX, además sus lecciones estaban fuertemente influenciadas con valores morales y del dogma predominante en esa época, asimismo con lecturas que trataban sobre la vida en el campo. Lo dicho hasta aquí supone que, los tópicos de este libro estaban en consonancia con la cultura de la familia de Gabriela Mistral y con el contexto que la circundó. Por consiguiente, es muy probable que Gabriela haya recibido algunas lecciones con este texto, puesto que era el material oficial de las escuelas en esa época en Chile, ya que, aunque asistió poco a la escuela, su hermana mayor era profesora, lo cual nos sugiere que esta contaba con este material educativo y que lo pudo haber usado como apoyo para darles lecciones a su hermana menor. Por otra parte, este libro, creado por José Abelardo Núñez, tenía fuertes influencias de Pestalozzi y Froebel, autores que en la etapa de adultez de Gabriela Mistral leyó con atención y admiración: “Gabriela Mistral conocía el pensamiento de precursores de esta tendencia [la de trabajar los intereses de los niños y contacto con la natu raleza]. Entre ellos Rousseau, Pestalozzi, Froebel y Herbart” (Mistral, p. 14, 2017).
A pesar de que ella nació en el período que se comenzó a usar en las escuelas de forma obligatoria (desde 1894) el silabario creado por Claudio Matte titulado: “Nuevo Método fonético analíticosintético, Enseñanza Simu tánea de la Escritura i Lectura” (Matte, 1884), es muy poco probable que en su etapa de la infancia lo haya usado, ya que revisando el registro de compra de libros que se realizaban en ese entonces desde el Norte Chico a Santiago, se pudo evidenciar, que aún en 1886, el texto comprado por la Tesorería Municipal de Ovalle, era El Lector Americano6, localidad cercana de donde ella creció, lo cual nos indica las tendencias educativas que aún para este período se difundían en estos sectores rurales.
La importancia de la curiosidad en el desarrollo de la infancia
La curiosidad fue un elemento que Gabriela no solo experimento interactuando con la naturaleza, también tuvo otros motivos, entender por qué su padre se fue de su hogar, puesto que, aunque la abandonó cuando era pequeña, de forma implícita la motivó a escribir. El deseo de Mistral por comprender el por qué su papá la Importar imagen abandonó, la llevaron a curiosear entre los recuerdos que su progenitor dejó, uno de ellos fue transcendental, pues fue clave para que ella comenzara a escribir desde pequeña.
Mi padre se fue cuando yo todavía era pequeñita […] Revolviendo papeles y siguiendo huellas me condujeron a este rincón misterioso, encontré unos versos suyos, muy bonitos, que impresionaron de manera muy viva mi alma infantil. Esos versos de mi padre, los pri meros que leí, despertaron mi pasión poética. (Teitelboim, 1996, p. 17)
Esto nos indica que cuando un niño o niña es curiosa y está motivada por el deseo de descubrir, su estímulo por indagar y comprender es mayor y, más significativo, asimismo, cuando ese aprendizaje está relacionado y conectado con las emociones o con el contexto del individuo, el deseo de emular es mayor y natural, que es justamente lo que le ocurrió a Gabriela Mistral. Tuvo un motivo, un propósito, saber quién era su padre. “De ahí la gran importancia que hay que dar al medio que rodea al niño, porque, según la imitación encauzará sus propias actividades” (Zorrilla, 2008, p. 549). Deseos de la infancia que ella comprendió que eran espontáneos de un infante, este entendimiento de lo pueril fue preponderante en su posterior pensamiento pedagógico7, el cual se centraba en integrar la cultura de los infantes con el diálogo educativo que se daba en la escuela entre profesor y estudiante. En sentido conviene citar lo rescatado por Pablo Zegers (2017), en el libro, “Gabriela Mistral. Pasión por enseñar”, la siguiente reflexión de Mistral: “había que oírle primero y ver modo de usarle ese pequeño tesoro, aunque no fuese sino para valorizarle lo único que trae y abrirle con esto la confianza” (p. 31). Estas reflexiones de alguna manera nos indican que Gabriela era consciente de la relevancia que tenía la historia personal de cada estudiante, ya que, sin ese conocimiento, de parte del profesor, no se puede discernir con claridad respecto de las estrategias didácticas utilizadas para ser aplicadas con ese individuo.
Por lo tanto, esta cultura, la de la curiosidad innata que trae consigo un infante cualquiera, fue la que a ella le motivo a hurguetear entre objetos perdidos de su progenitor, –acaso existe algún niño o niña que no quiera curiosear entre cajones que guardan tesoros impensables para su indagadora mente–. Ahora bien, para que ella leyera los poemas de su padre primero debió aprender a leer, esto, aunque parezca irónico no lo aprendió en el contexto de una escuela, pues fue su hermana mayor quien le enseñó, “Emelina fue su primera profesora de vida y de letras. Tenía quince años más que ella. Hermana plena” (Teitelboim, 1996, p. 16).
No obstante, antes de vivir el proceso lecto escritor su madre la envío a continuar sus estudios a Vicuña en el colegio de mujeres, conocida es la historia y desenlace que vivió con la directora de este establecimiento educacional: Adelaida Olivares: “Era yo más tímida; no tenía carácter alguno y las alumnas cogían cuanto papel se les antojaba con lo cual la provisión se acabó a los ocho meses” (Mistral, 2017, p. 93). Eso bastó para ser culpada de robo, posteriormente, fue humillada y expulsada. Pero la crueldad de la situación tuvo otro ingrediente aun peor, fue lapidada por sus compañeras a las afueras de la escuela, “no olvidaría nunca esa noche que llegó a su casa aterrada sangrando” (Mistral, 2005, p. XXXIII).
Por este motivo, su madre la envió a vivir con su hermana mayor, Emelina Molina. Esta era una hija del pri mer matrimonio de su mamá, la señora Petronila8, acción fundamental, pues esta decisión no solo la acercó a su consanguínea, sino también a un tipo de educación que utilizaba las curiosidad como recurso educativo. En una carta que Gabriela Mistral le envío a Virgilio Figueroa9 desde Puerto Rico, ella le explicó y detalló lo fundamental que fue su hermana mayor en su educación, asimismo, hizo una crítica a la instrucción de la época, la cual por fortuna ello pudo esquivar durante el tiempo que estuvo junto a su familiar, pues alude en el contenido de la epístola que su formación fue más abierta, moral, sensible, indagadora, menos estructurada, con libertad para pensar y con la oportunidad de relacionar sus aprendizajes con el contexto en el cual ella creció: el campo.
[…] me dio enteramente la educación recibida en la infancia que en buenas cuentas es la única que tuve y que me fue transmitida puede decirse, en las rodillas fraternas. Reem plazó a mi padre en sus obligaciones familiares, y yo le reconozco el bien definitivo de la asistencia material y moral. El mérito de su formación se me ocurre que sea el de no haber deformado nada en mí, como lo hacen las escuelas mientras más modernas, más pedantes que se conocen en nuestro tiempo, y el haberme enseñado a base de imaginación y de sen timiento, con relatos bíblicos y con la vida del campo.(Mistral M. d., 2017)
Según lo que narró la propia Gabriela ella aprendió en un contexto lúdico, al aire libre, dónde el escribir y leer eran parte del esparcimiento, ambas actividades fueron miembro de diversos propósitos: estimular la creatividad, la sensibilidad y la fantasía de Gabriela. Por este motivo, Gabriela desde pequeña comienza a imaginar sus propias historias, las crea, pero esto lo hace desde el estímulo que le proporcionaron las narraciones que su hermana escogió junto con ella, las cuales abordaban temáticas y contenidos relacionados con la experiencia de vida de la joven alumna, por ejemplo, narraciones bíblicas y la vida de campo. En palabras de Heilbrun y citado por Colomer, podemos representar esta idea de la siguiente manera: “Cualquier que sea su forma o su medio, esas historias nos han formado a todos nosotros; y son las que debemos usar para fabricar nuevas ficciones, nuevas narrativas” (Colomer, 2001). Fue justamente por medio de esas experiencias que Gabriela Mistral construyó su filosofía educativa de cómo debía ser la escuela: que se identificara con la vida de sus estudiantes, una idea muy similar a la que propuso años antes Pestalozzi (Mantovani, 1946, p. 21).
La trascendencia del contexto donde se desarrolla el sujeto
Justamente, esa formación recibida fue que la nutrió parte de su pensamiento social y las reflexiones educativas que nos dejó por medio de sus escritos. Por otra parte, podríamos señalar, que quizás esta poetisa tuvo la oportunidad de educarse, inconscientemente, bajo una de las propuestas educativas que se propagaban en aquella época, La Escuela Nueva, y esta búsqueda de ideales educativos por parte de ella la llevaron a admirar en su adultez las ideas de Pestalozzi (Zegers, 2017), el cual “ propone corregir la educación memorística, árida e intelectualista de su tiempo” (Sepúlveda, 1889, p. 1) y también se encantó con las ideas de María Montes sori, “la educación debe adaptarse a la naturaleza del niño manteniendo su libertad” (Molins; Cano; Lorenzo, 2007, p. 71). Ambas didácticas citadas se asemejan notablemente a lo que ella vivió con su hermana. Lecciones que se fundamentaban en el fortalecimiento de la autoestima, en desarrollar la capacidad de imaginar cosas y no reproducirlas, dicho de otro modo, fomentar la reflexión autónoma desde la infancia.
Por ello no nos debe sorprender que, en su etapa adulta, cuando ella ya estaba consolidad como pedagoga y poeta, se siguiera interesando por leer textos educativos que tuvieran como principio básico considerar la cultura del que aprende. Esto se puede apreciaren una parte, por cierto muy pequeña de su biblioteca privada, la cual se encuentra en el Museo Gabriela Mistral de Vicuña, en donde observan títulos como: Didáctica da Escola Nova de Antonio D´ Ávila, y otros de lectura autónoma para el estudiante: El Niño Chileno de César Bunster y el Lector Chileno, libro tercero, de Manual Guzmán, estos dos últimos textos fueron promotores de la pedagogía activa que se proponía en esa época, filosofía educativa que tenía como principio básico la participación del estudiante en las actividades propuestas por el profesor. Por último, se observa en su librería el título, El genio helénico y los caracteres de sus creaciones espirituales, de Rodolfo Mondolfo10 por nombrar algunos. Este libro fue fundamental en sus reflexiones pedagógicas en su etapa de madurez, pues hay aires de su contenido en el poema titulado “El maestro es el Herodes de la imaginación”. En este poema ella expone un principio fundamental de su propuesta pedagógica: la suma de vivencias del estudiante como recurso educativo, pero no se refería a experiencias de vida aisladas del mundo, que se forjaban solamente en el seno familiar, sino también a las que asimila el infante cuando se relaciona con el mundo externo, con su barrio, con su comunidad. Por lo tanto, Gabriela planteaba que ambas experiencias estaban en constante interacción entre sí, por ende, una y otra, van configurando la cultura e historia de vida del infante. Esta idea ella la expresó de la siguiente manera:
El niño, hasta el más infeliz, llega a la escuela trayendo su mitología, un puñado chiquito de fábulas recibidas unas en falda de una madre contadora, otras de boca de la vecindad, las más pasadas de la mano a la mano por compañeros. (Zegers, 2017, p. 31)
Poema bastante similar a lo que ella vivió desde pequeña junto a su hermana, abuela y madre e incluso su padre, pues este además de realizar una manda el día de su nacimiento, otra de las pocas acciones positivas que realizó por Gabriela antes de abandonarla, fue estimular desde su gestación la importancia de la natura leza en la vida de las personas. “Al nacer su hija el padre cultivó un jardín frente a la alcoba, para que la niña fuera amante de lo bello desde la primera edad de su vida” (Pinilla, 1945, p. 1516). Lo anterior, nos permite Importar imagen señalar, desde el punto de vista de la estimulación visual que tuvo la joven poeta desde pequeña, que el tener contacto permanente con determinados elementos puede ser influyente en la vida de las personas(Bermeoso lo, 2013), pues permite desarrollar una memoria externa que estimula los recuerdos hacia una cosa o persona (Ocampo, 2002, p. 4), que en el caso de Gabriela, el vergel de su casa le recordaba a su padre, su ausencia, los motivos que pudo haber tenido para dejarla, entre otras.
A pesar de que Gabriela Mistral casi no asistió al colegio de forma regular, esto no significó que para ella la escuela no fuera algo importante en su vida, al contrario, lo fue, así como también lo fue el lugar donde creció, Monte Grande, un territorio bello y lejano, en ese entonces, de las grandes ciudades (actualmente mantiene esa condición), atmósfera que estimuló su concepción educativa por medio de las experiencias y el contacto constante con la naturaleza. “En su reino solitario la niña fue feliz persiguiendo aves, acechando reptiles, coleccionando semillas y guijarros, mirando piedras de colores a través de sol” (Mistral, 2005, p. XXXIII).O sea, se formó no tan sólo con las enseñanzas formales de su hermana y las aprendidas en el colegio, mejor dicho, el paisaje fue un elemento crucial que acrecentó su percepción del medio natural en el cual se desarrolló. En la biografía de Mistral escrita por Volodia (1996) ella relata así parte de su infancia:
Yo me crie en Monde Grande, el penúltimo pueblo del Valle del Elqui. Una montaña al frente y otra a la espalda y el valle estrechísimo y prodigioso entre ellas: el río, treinta casitas y viñas. De tres a once años, viví en Monte Grande y ese tiempo y el de la maestra rural en la cantera me hicieron el alma. (p. 22)
Es decir, las vivencias y experiencias educativas de Gabriela en este lugar fueron las que comenzaron a configurar su lenguaje y visión educativa, el cual construyó desde lo que ella comenzó a frecuentar y amar, es decir, se comenzó a familiarizar (Colomer, 2001) con un entorno que constantemente estimulaba su imaginación por medio de la adquisición de imágenes del paisaje y a través de las lecciones que recibió de la maestra de la escuela rural.
Esto nos indica que uno de los estímulos más importantes, educativo informal, que recibió en su infancia, fue el contacto con la naturaleza, pero no sólo aprendió a observarla, sino que también la descubrió, fue parte de ella, por esta misma razón la pudo describir, interpretar, vivir, relacionarla con la vida, con su propia vida, asimismo, interactuar con ella y dialogar con ella, en definitiva, fue el aula perfecta para esta profesora poeta en potencia, pues el ambiente le proporcionó el material ideal no tan solo para estimular sus sentidos, sino también para entender que este tipo de praxis era crucial para al aprendizaje en la infancia, puesto que, la interacción con la naturaleza le permitía jugar con ella, contemplarla, indagar, familiarizarse, establecer una conexión con ella: “Quien va en su busca, descubre que está sentada, –en la arboleda– hablando amistosa mente con las iguanas” (González, 1957, p. 22).Por consiguiente, Gabriela se formó y se educó con elementos relacionados con su entorno cultural y también natural, asimismo, fue consciente de la relevancia que tiene el estímulo de todos los sentidos para el desarrollo integral de la infancia. Ella misma le señaló a Octavio Paz lo siguiente: “Eso de haberse rosado en la infancia con las rocas es algo muy trascendental” (Mistral, 2005, p. XXXVIII).
Conocimiento que fue fundamental para desarrollar en ella otro tipo de percepciones que, junto con la crianza devota que recibió de su abuela, sensorial e intelectual que absorbió de Emelina, valórico familiar que recogió de su madre, poética melancólica de su padre, florecieron temáticas educativas en el contenido de sus escritos que coexistieron con ella, las cuales jamás abandonó y que fueron tópicos de una parte de su producción poética, por ejemplo, esto se aprecia en algunas prosas del libro Cuentos & autobiografías (Mistral, 2017). El contenido de estas adaptaciones está relacionado con sus vivencias en la infancia y la juventud, en este sentido conviene destacar el cuento, “Por qué las rosas tienen espinas”, relato que trata de los abusos y el descuido de los humanos por las cosas hermosas de la tierra: “Pero sucedió que el hombre, esta vez como siempre, abusó de las cosas para su alegría y confiadas para su amor” (p. 51). Y otro texto de este mismo libro, titulado Autobiografía (1930), donde ella relata cuáles eran sus principales pasiones: “Mis grandes amores son mi fe, la tierra, la poesía” (p. 89). En ambos relatos alude a sus dolores, a sus creencias, a sus experiencias, a las motivaciones que la estimularon en su etapa adulta, a proteger el desarrollo de la infancia. Asimismo, dan cuenta de su fe y la búsqueda incesante por el equilibrio: entre las miserias de la vida y lo bello de ella. No obstante, entre la miseria y lo hermoso hay un término medio, la confianza. Este concepto que fue un eje medular en la filosofía pedagógica que ella promovió, pues la confianza, según estas dos prosas, se entiende como el respeto que se debe tener de la otredad en los cuidados que se le han asignado o que los escogió por decisión propia.
Lo anterior nos indica que uno de los principios básicos que promovía Gabriela Mistral tiene relación con lo que, posteriormente, propondría la teoría socio constructivista del aprendizaje (Braslavsky, 2009), pues uno de los principales postulados pedagógicos propuesto por ella era considerar en la praxis educativa la carga valórica que traía consigo el sujeto antes de ingresar a la escuela, dicho de otro modo, confiar en el conocimiento que tiene ese individuo. Esto, según las reflexiones de Mistral, era lo primero que se debía integrar para realizar una propuesta educativa entendiendo al discente como sujeto y no como un objeto que solo se le transfiere información, iniciar al revés, según lo que ella proponía, era negar la cultura del educando. Luego determinar de qué manera la cultura del individuo tiene coherencia con los programas educativos planteados por el Estado. Con respecto de lo que se ha analizado hasta aquí del pensamiento pedagógico de Gabriela Mistral, estas serían las principales estrategias que debiera utilizar un profesor para evitar la pedantería en la educación formal y máxime, para no superponer lo aceptado culturalmente como correcto sobre lo popular, sobre la identidad de las personas, sobre sus historias de vida.
La religiosidad como elemento educativo en la vida de Gabriela Mistral
Por otro lado, también tuvo experiencias apegadas a los religioso popular junto a su abuela, lo cual, de alguna u otra forma también permearon su vida, tanto educativa como familiar, pues la religión no tan sólo transmite creencias, sino también valores, cultura, actitudes, lo que la convierte, desde la perspectiva de Luzuriaga (1962) en un acto educativo. Por ejemplo, los inicios formativos de la vida de Gabriela Mistral estuvieron marcados por experiencias valóricas apegadas al dogma católico, el cual experimenta en su hogar, principal mente con su abuela:
En esa zona la religiosidad era casi tan alta como la gradación alcohólica. Su abuela tenía fama de beata. Doña Isabel, a los ojos de su nieta era: una vieja católica de catolicismo provincial, podría ser una chilena con Biblia leída, si no con texto sacro, aprendido de memoria en lonjas larguísimas. (Teitelboim, 1996, p. 14)
Esta fue de las personas más influyentes en la vida de la poetisa, pues de ella absorbió toda la vida devota que se propagaba durante esos años en pueblos lejanos a las ciudades. Por ello, dentro de su concepción pedagógica, para ella fue tan importante considerar la mitología que traía consigo el infante, ya que ella misma lo experimentó, por lo tanto, entendió lo significativa que son este tipo de vivencias, las cuales en su caso estuvieron relacionadas con la fuerte devoción de su abuela con la religiosidad popular: “La vieja se ganaba la vida bordando casullas, tenía pulso para diseñar y coser indumentaria eclesiástica. Sus manos de gigantesca se habían vuelto delicadas en las yemas de los dedos” (Teitelboim, 1996, p. 14).
Todo esto fue acompañando a Gabriela en su desarrollo intelectual, igualmente, dando ideas de cómo funcionaba ese mundo, el provincial, por esta razón, ella comenzó a proponer; que para poder realizar cualquier acción pedagógica se debía comprender el lenguaje de la gente para establecer un principio básico: la comunicación y entendimiento: “A mí me hicieron en Vicuña, pero yo me hice en Montegran de y en la Unión. Son estos dos pueblos que más quiero. Conozco a su gente. Ellos me hablan y yo sé cómo hablarles” (Zegers; Schütte, 2013, p. 25). Durante este proceso de aprendizaje fue fundamental la manera en que su abuela se relacionaba con la vida religiosa y cómo le inculcaba a su nieta hábitos y costumbres morales, es decir, la poetisa recibió de primera mano una educación informal apegada a credos y la religiosidad cristiana: no del cura, ni del párroco, ni del fraile, ni del profesor de religión, sino de Isabel Villanueva. Además, esta no tan sólo la educaba en temas relativos a la moral, sino que también la instruía en lecturas bíblicas,al igual que lo hizo su hermana Emelina.
Estas lecciones de vida, principalmente recibidas de mujeres que amó, comenzaron a edificar en ella un discurso educativo que se cimentó en la importancia, primero de escuchar y al mismo tiempo de imaginar y construir símbolos por medio de los relatos que oía. Esto la hizo comprender, desde muy joven, que las lecturas o relatos estimulan la imaginación de los infantes. Esto no es algo que inventó, lo vivió ella misma:
La abuela sentaba a la niña en una silla, le deshacía los rizos y los moños del vestido y se ponía a leerle los salmos. De ahí que Lucila pudiese decir más tarde que sus primeros años, su primer amor invisible fue el rey David. (Mistral, 2005, p. XXXIX)
Dicho de otra manera, Gabriela por medio de la oralidad y del acceso al lenguaje escrito comienza a repre sentar la realidad. En palabras de Colomer podemos ejemplificar esta idea de la siguiente manera: “los niños y niñas necesitan también un tipo de literatura que extienda su imaginación y sus habilidades perceptivas” (Colomer, 2001, pág. 11). Pues bien, la Biblia, texto cargado de metáforas e historias del pasado comenzó a surtir este efecto en la mente de la joven Gabriela. Asimismo, toda esta atmósfera cargada de educación, religión y literatura fueron formando el carácter de Gabriela y la actitud de una gran pensadora de la pedagogía, de la educación, por tanto, entendió que era fundamental, para enseñar a un niño o niña, despertar la curiosidad del infante y alimentar su imaginación, pero ese despertar tenía un propósito; usarlo mediante el diálogo pedagógico en el aula para estimular en los infantes la capacidad de representar e imaginar objetos que no necesariamente estaban presenten, por consiguiente, esta creación individual del sujeto que escucha activamente, según lo que se infiere de la propuesta de Gabriela, dependerá del estímulo cultural recibido por el individuo, tanto familiar como de la comunidad donde interactuó.
Consolidación de su pensamiento pedagógico y el respecto por el conocimiento del infante
Ahora bien, sus experiencias durante la infancia y adolescencia las debió relacionar y profundizar con otro tipo de vivencias, en particular, con las lecturas que fueron madurando su pensamiento pedagógico. Puesto que, ya había comprendido la forma cómo funcionada la sociedad chilena en temas educativos, que la naturaleza debía ser considerada un factor relevante en el aprendizaje, ya que proporcionaba mejores oportunidades para el desarrollo cognitivo del infante, por esta razón ella proponía que la lectura debía ser realizada desde el entendimiento individual que tenía el infante del mundo, al respecto ella señaló lo siguiente: “El niño lleva, además de esos sueños ajenos y semilla dos que son sus cuentos, los sueños suyos, los de su velar y su dormir”( Mistral, 2017, p. 32). Ella misma aplicó esta filosofía de aprendizaje cuando a los diecinueve años de edad comenzó a hacerse cargo de la escuela La Cantera, pero no solamente con niños, sino también con adultos, los cual nos indica que este principio pedagógico era transversal a todas las edades:
Se pusieron a hacerme la vida. Por turno me traían un caballo cada domingo para que yo paseara siempre con uno de ellos. Me llevaban una especie de diezmo escolar en camotes, en pepinos, en melones, en papas, etc. Yo hacía con ellos el desgrane del maíz contándoles cuentos rusos y les oía los suyos. (Mistral, 2017, p. 99)
Por lo tanto, no tan solo se dedicó, en este lugar, a leerles y enseñar cosas, sino también a aprender historias de la gente local, a observar y aprender la manera cómo se expresa el otro, al igual como ella aprendió desde pequeña a escuchar los relatos bíblicos de su abuela y observando la naturaleza. Lo anterior nos indica que para Gabriela la cultura era algo vivo, dinámico, con significados que era necesario aprenderlos, dicho de otro modo, era una alfabetización recíproca, pues ella aprendía palabras de la gente y la gente aprendía palabras de ella. En definitiva, promovía una pedagogía, que no tenía como principio básico la transformación de las formas culturales del otro, al contrario, su postura era enriquecer las formas de expresarse de forma mutua.
El interés por aplicar y difundir una pedagogía más respetuosa de la infancia y de la cultura del otro, dicho esto en términos de no negar la cultura que el estudiante trae consigo desde su casa y lugar donde creció, de la no imposición de contenidos obligatorios, años más tarde, en los inicios de su adultez, la llevaron a realizar un viaje a Europa, para tener contacto con un referente de La escuela Nueva, Ovide Decroly, en una de las conversaciones que Gabriela sostuvo con este médicopedagogo, este le señaló lo siguiente: “¿Por qué ustedes en semejante naturaleza no tienen escuelas al aire libre?” (Scarpa, 1979, p. 188).
Relato que, evidentemente, identificó mucho a Gabriela, pues ella, por azares del destino, tuvo la oportunidad de educarse, implícitamente, bajo el paradigma de La Escuela Nueva, que como lo mencionamos anterior mente, recibió este tipo de instrucción, principalmente en la escuela rural de Monte Grande, también junto a su abuela y su hermana Emelina. En este triunvirato de experiencias que vivió la poetisa se conjugaron dos grandes vertientes que tuvieron estrecha relación con esta ideología pedagógica de la época: el contacto con la naturaleza y el aprendizaje lúdico. Ambas acciones contemplaban la conexión de los contenidos formales con la cultura de quien asistía a la escuela.
Por cierto, entre lo que lo Gabriela comenzó a plantear como idea pedagógica, cuando era preceptora, y las nuevas tendencias que se comenzaban a plantearse en Chile durante este período (18851920) por medio de reformas, no había muchos desacuerdos, al contrario, tenían más similitudes que diferencias, por ejemplo, a finales del siglo XIX el Estado chileno decretaba el siguiente lineamiento educativo:
El reglamento para el régimen interno de las escuelas primarias, dictado el 5 de abril de 1899, llegó a prohibir toda enseñanza basada en la memoria, señalando que esta debía ser práctica e intuitiva, empezando por la observación de objetos sensibles para llegar después a la idea abstracta, a la comparación, a la generalización i al raciocinio. (Serrano; Ponce; Rengifo, 2012, p. 167)
Fundamentos que también compartía Gabriela Mistral y que quedaron plasmados en sus innumerables poemas, reflexiones, cartas, entre otros. Pues ella planteaba qua la educación debía ser más flexible, abierta, con textualizada con la realidad del infante y que no fuera iterativa, al respecto planteaba lo siguiente: “El ejercicio pedagógico, ya desde el sexto año, comienza a ser trabajado por cierto tedio que arranca de la monotonía que es su demonio y el cual llamamos vulgarmente repetición” (Scarpa, 1979, p. 46).
Ideas que fue consolidando y fundamentando por medio de su experiencia de vida y educativa, ya que fue rechazada, expulsada, lapidada, humillada, recibió una educación íntegra en Monte Grande, flexible con su hermana, imaginativa con su abuela, lo cual le dio la oportunidad de tener otra mirada, asimismo, estuvo siempre en constante contacto con la naturaleza. Lo anterior le permitió darle un enfoque pedagógico a la educación basada en principios antropogógicos (Ludojoski, 1972), similar a las teorías que se discutían en Chile en aquella época, pero lejano de lo que se practicaba al interior de las aulas de este país (Lara, 2019), por este motivo, y por sus interesantes reflexiones que había estado realizando desde su adolescencia hasta la adultez, fue llamada desde México para que sus ideas educativas se concretaran en este país.
Esto lo comenzó a realizar con una interesante propuesta curricular que se denominó: Lectura para mujeres, (Mistral, 1924),la cual escribió en la Granja escuela denominada Gabriela Mistral. Esta etapa de su vida le permitió seguir concretando sus anhelos, por ejemplo, tener una escuela inmersa en la naturaleza, la cual tu viera como filosofía central la protección de la infancia, asimismo, inculcar una educación más sugerente para los niños y niñas, entre otros temas que ella planteó, en el libro citado ella realizó la siguiente reflexión pedagógica, que apuntaba, como crítica principal, a las didácticas de enseñanza que se utilizaba en las escuelas:
Tal vez esa falta de alegría que todos advierten en nuestra raza venga en parte de la escue la madrastra que hemos tenido muchos años. El niño llega con un gozo a nuestras manos; pero las lecciones sin espíritu y sin frescura que casi siempre recibe van empañándole ese gozo y volviéndole el joven o la muchacha fatigados, llenos de desamor hacia el estudio, que viene a ser lógico. (Mistral, 1924, p. 16)
Es decir, en este espacio geográfico y educativo tuvo la oportunidad de plantear libremente sus ideas sin ser criticada o discriminada como ocurrió en Chile, demostrando que tenía todas las capacidades culturales e intelectuales para proponer lecturas de género en una época que no consideraba que debían comenzarse a realizarse cambios educativos en cuestiones de enseñanza, sobre todo lo que concernía a las labores que estaban determinadas por sexo. Esta designación de oficios fue lo que propuso cambiar Gabriela Mistral con esta propuesta curricular, la cual no surgió del vacío, sino de toda la carga experiencial que ella comenzó a cumular desde que era una niña, ya que se educó al alero de la educación informal, una informalidad que no significó carencia de sistematización, al contrario, pues fueron estas libertades, de las que ella gozó, las que le permitieron desarrollar de forma más libre su propuesta pedagógica tendiente a no deformar la mente de los estudiantes ni tampoco a establecer verdades absolutas por medio del discurso educativo.
Conclusiones
Acercarse a proponer un método educativo de Gabriela Mistral es un desafío que se encuentra en su etapa primigenia, pues todavía se pueden, sobre todo desde lo teórico e interpretativo, seguir profundizando en sus razonamientos pedagógicos, no obstante, esta primera aproximación permite no tan solo comprender la forma en que ella concebía la educación, sino también entender de dónde surgieron sus argumentos, los cuales, muchos de ellos germinaron de sus vivencias, que estuvieron marcados por el desencuentro, abandono, lo bello, el entendimiento y el diálogo.
Este último no tenía un propósito unidireccional, sino recíproco, por lo tanto, permitía establecer lazos de confianza, como los que estableció con la naturaleza en la infancia, con su abuela, o los que experimentó en La Cantera a los diecinueve años. Para ello ella debió aprender la forma como hablaban en ese pueblo, y para no desaprovechar la oportunidad les enseñó a los habitantes de La Cantera sus formas de expresarse. Lo anterior se podría clasificar, sin lugar a dudas, como un proceso de alfabetización en tres pares, entre iguales, de una pedagogía dialógica, que usó el contexto para entender la narrativa oral de los pobladores. Ideas que décadas después se visualizan en Paulo Freire de la siguiente manera: “la lectura del mundo precede la lectura de la palabra” (Freire, 2008, p 94).
En este sentido, habría que decir también que la propuesta pedagógica de Gabriela Mistral no tenía como principio básico superponer a una cultura por sobre la otra, al contrario, las integraba, las ponía en el mismo nivel ¿Pero por qué proponer esto? Para no deformar la mente del otro, no distorsionar sus realidades, para que desde sus propias vivencias pudieran realizar la interpretación más idónea a su contexto. Por ello era tan importante, y esto es algo que se vislumbra a lo largo de las reflexiones pedagógicas de Mistral; que las decisiones educativas deban primero; considerarla cultura con quien se comparte el acto educativo. Es decir, no se puede dejar fuera de la praxis pedagógica la información que trae consigo el infante, la cual, seguramente, fue adquiriendo mediante su entorno familiar y la comunidad donde creció, esto es ni más ni menos, la historia de vida de esa persona llamada alumno en la escuela.
En síntesis, podemos señalar que las reflexiones filosóficas en torno a la educación que realizó Lucila Godoy Alcayaga, se pueden analizar desde la estructuración de un método educativo basado en principios socio-culturales, el cual primero contempla conocer el contexto de donde proviene el individuo, luego internalizarse con la cultura que trae consigo este para, posteriormente, integrar ambos elementos en las propuestas educativas, de esta manera se evita que las actividades de la escuela sean vacías, mecánicas y carentes de significado para el estudiante. Este proceso debe ser llevado bajo un proceso de alfabetización mutua entre el que enseña y el que aprende, por lo tanto, esta acción se debe ejecutar, por parte del profesor, sin ribetes de superioridad, sin superponer a una cultura por sobre la otra, pues ambas tienen algo que aportar. En definitiva, lo que propuso Mistral fue romper con ciertas herencias coloniales y luego republicanas que se establecieron por medio de la educación formal: la de sobreponer lo docto por sobre lo popular. Lo anterior lo criticó duramente para proponer la reconceptualización de los métodos usados y propuestos por la cultura dominante en esa época, cuya imposición era promovida por la escuela que adoptaba una posición evangelizadora en la transmisión de normas, valores, actitudes, conductas y formas de pensar. Este juicio lo hizo con el propósito de que la educación formal fuera el espacio donde se diera una interacción intercultural que permitiera que los sujetos pudieran expresar todas las formas del habla de un pueblo.
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Museos y archivos
Museo Gabriela Mistral de Vicuña
Museo de Arqueológico de La Serena
Archivo del Convento de Santo Domingo de Santiago de Chile
Archivo Nacional de Chile
Notas
Notas de autor
Teléfono de contacto: +65 22487440
Instituto de Especialidades PedagógicasUniversidad Austral de Chile, Sede Puerto MonttLos Pinos s/n Balneario Pelluco
Información adicional
Jesús Moisés Lara Coronado.: Doctor en Pedagogía por la Universidad Nacional Autóno ma de México. Académico de tiempo completo en la Universidad Austral de Chile, Sede Puerto Montt, donde es investigador del Instituto de Especialidades Pedagógicas. Su línea de investigación se centra en la historia de la educación en Latinoamérica, específicamente en el proceso de evangelización que se dio por medio del teatro de conversión durante el siglo XVI en América. También en historia de la educación se ha centrado en investigar los métodos evaluativos y curriculares de las universidades en Chile durante los siglos XVII y XVIII y XIX. El conocimiento respecto de este último tema lo ha llevado a investigar la influencia que tuvo la educación en algunos de los grandes escritores chilenos del siglo XX. Su último artículo relacionado con este tema se titula: Vida, educación, poesía y muerte: una aproximación a la figura de Carlos Pezoa Véliz.