Investigación Arbitrada
Los desafíos de la política democrática post Covid-19
The challenges of post covid19 democratic policy
Los desafíos de la política democrática post Covid-19
Educere, vol. 25, núm. 80, pp. 118-129, 2021
Universidad de los Andes

Recepción: 27 Mayo 2020
Aprobación: 10 Junio 2020
Resumen: Los albores del siglo XXI coinciden con la globalización de los derechos humanos, y especialmente de la democracia a nivel universal, sin dudas, está última ha ganado terreno frente a otras formas de gobierno en términos de lo que la democracia le ofrece al ciudadano. Sin embargo, la democracia y la política democrática siguen estando en deuda con los ciudadanos y se confrontan con muchas incertidumbres en la actualidad, y con realidades agrestes que la democracia no ha podido transformar y resolver en plena era Disney, Netflix o Microsoft, a los cual debemos sumar la presencia mundial del covid19 con sus respectivos efectos a nivel pla netario. El covid19 marcará sin equívocos el comienzo de una etapa de transformaciones y cambios cruciales en lo político, lo financiero, lo social, lo laboral, lo empresarial, lo económico, etapa cargada de significativas repercusiones para el futuro inmediato de todos.
Palabras clave: Democracia, Política, América Latina, Venezuela, Covid19.
Abstract: The dawn of the 21st century coincides with the globalization of human rights, and especially democracy at the universal level, without a doubt, the latter has gained ground against other forms of government in terms of what democracy offers the citizen. However, democracy and democratic politics continue to be indebted to citizens and are confronted with many uncertainties today, and with wild realities that democracy has not been able to transform and resolve in the middle of the Disney, Netflix or Microsoft era, to the which we must add the worldwide presence of the covid19 with its respective effects at the planetary level. The covid19 will unequivocally mark the beginning of a stage of crucial transformations and changes in the political, financial, social, labor, business, and economic sectors, a stage laden with significant repercussions for the immediate future of all.
Keywords: Democracy, Politics, Latin America, Venezuela, Covid19.

“El malestar de la política es bastante viejo, pero sus causas van cambiando a lo largo del tiempo... Lo que actualmente desacredita a la política no es una actitud autoritaria sino la distancia entre lo que habría que hacer y lo que se hace, la discrepancia entre las palabras y los hechos, la precipitada apelación a que no es posible hacer otra cosa. Lo que molesta de la política es su desconcierto e incapacidad... La amenaza actual de la política no es tanto la violencia o el caos como la impoten cia de una escenificación rutinaria”
Daniel Innerarity, 2002. P. 11
Una necesaria introducción a la cuestión democrática
La realidad diversa y heterogénea de muchos de nuestra democracias, sometidas a diversos tipos de pre siones y fenómenos, está exigiendo más afinados análisis y explicaciones que permitan hacer avanzar a la democracia y consolidarla, y no hacerla retroceder frente a las tentaciones autoritarias, emergencia de populis mos, militarismos, aumento de la pobreza, desempleo y la corrupción, surgimiento de poderes ocultos, terro rismo y narcotráfico, y recientemente los efectos de la pandemia mundial coronavirus (covid19), entre otros fenómenos que conforman importantes retos para la democracia y la política democrática en la actualidad.
La democracia en la época contemporánea se asume fundamentalmente como una realidad, es decir, un ré gimen y tipo de gobierno que presupone actores, reglas de juego, prácticas y demás, aspecto que no implica renunciar nunca a sus ideales, aspiraciones y perfectibilidad. Los ideales se hacen efectivos o materializan en la práctica, a través de un conjunto de normas e instituciones específicas, dando origen así a los modernos sistemas políticos democráticos o poliarquías. Si bien la democracia luce externamente robusta o pudiésemos admitir que se globalizado o universalizado en las ultimas décadas, no es menos cierto que internamente sigue padeciendo de fallas y fragilidad en términos de sus instituciones, procedimientos y actores1.
El inicio de la segunda década del siglo XXI coincide con una pandemia mundial (covid19) con efectos globales, la misma está produciendo y generando desempleos, aumento de la pobreza, innumerables muertes, replanteamiento de esquemas de integración, desaceleración de la economía a escala mundial, resurgimiento de nacionalismos, localismos y posturas aislacionistas frente a la integración y globalización lograda hasta hace poco, debilidad y agotamiento de los partidos y liderazgos respectivamente, junto a una diversidad de problemas cotidianos con impacto directo en los ciudadanos que la democracia le corresponde evaluar, abordar y por ende intentar resolver, frente a la crisis o precariedad del Estado y en simultaneo lidiar con el resurgimiento de populismos, militarismos y demás fenómenos que definen a la política y el mundo actual, y que conforman sin dudas desafíos de primer orden para la democracia al menos en lo que a Venezuela y otros países de América Latina y Europa refiere.
Asimismo, la democracia le corresponde hacer un esfuerzo en términos de rediseño de la institucionalidad global, entendiendo que organismos o entes como la ONU, OEA, FMI, BM y otros, deben abocar sus repre sentaciones y sobre todo decisiones más a los ciudadanos y sociedades que a los gobiernos en la tareas de apoyo y acompañamiento en esta época post covid19, asumiendo que deben promover no sólo una agenda basada en derechos humanos, fortalecimiento de las democracias y el Estado de derecho, sino además, fo mentar el desarrollo, progreso y crecimiento de los países y sociedades en una época o periodo post covid19 sumamente complejo en términos de los efectos producidos por la pandemia que plantean enormes retos y desafíos a escala global o planetaria.
La Democracia (entre ideales y realidades)
Buena parte de los teóricos que han estudiado la democracia en el siglo XX y estas primeras décadas del nuevo siglo, coinciden en que la democracia gravita, se conforma y desarrolla entre ideales y realidades, entre pro mesas y logros.
El destacado politólogo norteamericano Robert Dahl en una de sus últimas obras La democracia. Una guía para los ciudadanos (1999) ha precisado el hecho que a pesar de sus imperfecciones, sin embargo, nunca po demos perder de vista los beneficios que hacen a la democracia más deseable que cualquier alternativa factible a la misma, destacando:
- La democracia ayuda a evitar el gobierno de autócratas crueles y depravados;
- La democracia garantiza a sus ciudadanos una cantidad de derechos fundamentales que los gobiernos no democráticos no garantizan ni pueden garantizar;
- La democracia asegura a sus ciudadanos un ámbito de libertad personal mayor que cualquier alternativa factible a la misma;
- La democracia ayuda a las personas a proteger a sus propios intereses fundamentales;
- Sólo un gobierno democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para que las personas ejerci ten la libertad de autodeterminarse, es decir, que vivan bajo la libertad de conducirse, es decir, que vivan bajo las leyes de su propia elección;
- Solamente un gobierno democrático puede proporcionar una oportunidad máxima para ejercitar la res ponsabilidad moral;
- La democracia promueve el desarrollo humano más plenamente que cualquier alternativa factible;
- Sólo un gobierno democrático puede fomentar un grado relativamente alto de igualdad política;
- Las democracias representativas modernas no se hacen la guerra entre sí;
- Los países con gobiernos democráticos tienden a ser más prósperos que los países con gobiernos no demo cráticos.
Imparcialmente debemos señalar que la democracia si bien es cierto posee fallas e imperfecciones, no es me nos cierto de que frente a otros regímenes goza de ventajas, y por tanto, los ciudadanos debemos aportar a ella y su permanente revitalización como ideal y por supuesto como tipo de régimen político. Por ello la necesidad de fortalecer a la democracia a partir de subsanar sus fallas con más y mejor democracia, aspecto que tiene que ver con representaciones, decisiones, ejercicios gubernamentales, agendas, procedimientos, institucionalidad, resultados y otros.
Por otra, no hay que perder de vista que la democracia no puede ser reducida o limitada a mera gestión por parte de un grupo o élite de los asuntos públicos, la democracia es mucho más que gestión, es deliberación, proyectos, diferencia, más conflicto que consenso. La democracia no es solo una idea, es también una realidad que supone controversias, instituciones, procedimientos y derechos. Lo cierto del caso es que cuando estos componentes o partes integrantes fallan, disfuncionan o están ausentes, se produce una mutación y alteración de la democracia, tanto como ideal, así como de la realidad que muchas veces se aleja de los preceptos y rasgos que definen a la democracia.
Uno de los mayores trastornos de casi toda la región latinoamericana –salvo contadas excepciones– ha sido lamentablemente el modesto rol desempeñado de la élite dirigente, produciendo y reproduciendo pobreza, corrupción y deterioro de las economías y sociedades respectivamente, particularmente sobresale su ineficien cia en la conducción de los procesos económicos y políticos, que junto a otros factores de tipo organizativo y funcional –destacando su bajo nivel de desempeño, tanto de la clases dirigentes como de los partidos– terminaran produciendo situaciones de deterioro del entramado institucional, impopularidad y ruptura entre los electores y los elegidos, entre Estado y ciudadano, entre la política y la ciudadanía, entre la política y la antipolítica1.
Partimos de la premisa que la política debe ser vista antes que nada como proyecto, instancia de representa ción, deliberación y participación ciudadana. Si bien es cierto la democracia como régimen y ordenamiento político, al igual que como ideal de libertad e igualdad de nuestros ciudadanos, se presenta en nuestros días como un valor aceptado integrante de nuestra cultura política democrática, no es menos cierto que los anhe los y promesas de la democracia en América Latina y otras regiones, chocan y se contradicen con la realidad, incertidumbre y deterioro de nuestros niveles de vida y de ciudadanía. La democracia sigue estando en deuda con los ciudadanos. La preocupación por la democracia se observa en nuestros días y en los más variados predios académicos, particularmente en las investigaciones en curso, foros y congresos y en las más diversas publicaciones3.
Ante este escenario y a la cada vez más evidente crisis (o transformación) de la política en nuestros países, sig nada y definida por el declive tanto de las grandes organizaciones partidistas, como de los grandes proyectos y del hombre público o ciudadano, cabe advertir el hecho de que las circunstancias responden a la necesidad de detenernos un tanto a repensar la democracia, a partir de los desafíos que asume la democracia en América Latina4. Repensar la democracia para nosotros, consiste en la propuesta y teoría desde y para América Latina (que tome en cuenta tanto los diversos modelos teóricos como las respectivas realidades) dentro de contextos políticos de reordenamiento social.
En la región la antipolítica y neopopulismo han producido daños apreciables a la política democrática, a la política institucional. Nuestras democracias siguen padeciendo vaivenes, avances y muchas veces retrocesos, precisamente por la propia debilidad de la institucionalidad democrática, de los partidos y liderazgos, cuyos errores se traduce en proyectos vagos que cautivan pero que han terminado en un deterioro de la democracia, sociedad y economía como ha sido la Argentina de los Kirchner, el Ecuador de Correa o la Venezuela de Chávez o Maduro, casos (empíricos) que nos demuestran el declive y descomposición de la política institucional5. Es decir, registramos como nunca antes una personalización de la política y del poder en detrimento de las instituciones políticas (institucionalidad democrática).
La política democrática debe ser vista antes que nada como proyecto, instancia de representación, delibera ción y participación Sin embargo, como señaló acertadamente el gran politólogo chileno alemán Norbert Lechner a finales del siglo XX “vivimos una época en la que estamos registrando el cuestionamiento de Estado y de la política como instancias generales de representación y coordinación de la sociedad”6
De manera tal que la propuesta de repensar la democracia en perspectiva global, en América Latina o espe cialmente en Venezuela respectivamente, desde sus procedimientos e instituciones hasta sus contenidos y desafíos en el nuevo milenio, nos parece una tarea requerida, más que justificada en los actuales momentos de vaciamiento institucional y de retorno de nuevos actores políticos con proyectos cuyos contenidos no son necesariamente democráticos y en una etapa post covid19 o post coronavirus.
Problemas actuales de la democracia en América Latina
Estamos viviendo en las postrimerías del siglo XX y los inicios del Siglo XXI claras situaciones de reordena mientos y transformaciones profundas. Las democracias latinoamericanas y otras parecieran exhiben ciertas distorsiones, y cuando más se pensó que nuestras democracias estaban en periodo de consolidación ocurren situaciones y realidades que indican lo contrario, la debilidad de las democracias destaca en paralelo al resur gimientos de populismos, militarismos y gobiernos con vocación autoritaria en la región.
Nuestras jóvenes democracias muestran anemia o insuficiencia en términos de institucionalidad, de partidos, procedimientos, estado de derecho y otros. La realidad polifacética y heterogénea de muchos de nuestros sistemas democráticos, sometidos a diversos tipos de presiones, está exigiendo más afinados análisis y expli caciones. Estamos convencidos de que nuestras apreciaciones y diagnósticos, no pueden gravitar sobre los códigos y esquemas teóricos y conceptuales tradicionales. Nuestros regímenes, líderes, instituciones y prácti cas políticas se debaten así entre la tradición (prácticas tradicionales) y la modernidad (innovación). De aquí que los procesos registrados estén exigiendo hoy en día un tratamiento y explicación más cercanas a la ciencia política y sociología principalmente.
Si la política de nuestro tiempo es realmente se encuentra en una situación difícil, Norbert Lechner señaló en la última década del siglo XX “que la política ya no es lo que fue”, lo cierto del caso es que registramos un agotamiento de nuestros actores y formas de hacer políticas y consiguientemente un sinnúmero de plan teamientos de autores tantos europeos como latinoamericanos1 que son partidarios en su gran mayoría de la imperante necesidad de repensar y redescubrir el verdadero rostro de la política, buscando con ello acercar nuevamente al ciudadano común que ha terminado aborreciendo a la política y asociándola con la traición.
El deterior democrático va de la mano con un deterioro y precariedad en términos de la dirigencia. Nadie pone en duda que nuestros políticos (mediocres y pragmáticos) y nuestras instituciones políticas, comenzan do por los tan cuestionados partidos políticos, han contribuido notablemente con su actuación al descrédito de la política, y a la devaluación de la democracia como régimen político, se observa una carencia y falta de espíritu público, de vocación de servicio (en el sentido weberiano) que incorpore el “vivir para y no de la política”.
Es decir, el desdibujamiento de la política y principalmente de los actores políticos se ha traducido en estos años en una política reducida a la acción unos pocos, como actividad que tiende a privatizarse desde el mo mento en que se reducen los canales de participación, banalizándose el espacio público, con un colectivo que sólo adopta sea un papel pasivo8 e indiferente (no se involucra ni participa en política), o bien un papel activo negativo (cuestiona a la política, desarrolla aversión y rechazo).
Nuestros ciudadanos precisan de una política que aparte de democrática, promueva una mejor calidad, que supere la improvisación y el pragmatismo. El objetivo específico de esta reorientación de la política debe retomar a los partidos, cuestionar a sus dirigentes y por supuesto repolitizar al ciudadano, que demanda la ampliación del espacio público. La democracia no es algo dado per se sino que es algo que se construye día a día, partiendo de esta idea necesitamos conformar un nuevo imaginario colectivo.
El deterioro de los sistemas de partidos en la región coincide con una cierta fragilidad de nuestros sistemas democráticos que atraviesan serios problemas en su gestión y desenvolvimiento gubernamental, con una neta tendencia de aumento de demandas no acompañadas del aumento de los recursos y capacidades de los gobiernos, generando así situaciones de ingobernabilidad. Entendiéndose esta última como déficit de la modernas democracias, caracterizado por el deterioro de la legitimidad de estas últimas, fenómeno que viene acompañado de altos niveles de ineficiencia. Los desafíos que en el momento actual asumen nuestras demo cracias, sometidas a presiones de diversa índole, provienen no sólo del exterior sino de las propias estructuras, condiciones y funcionamiento interno.
El final del siglo XX nos mostró situaciones que dejaron claro que estamos viviendo momentos de cambio y reordenamiento, principalmente en el campo de nuestras agencias políticas, estás atraviesan una suerte de fatiga y cierto declive, generando consecuencias importantes para el funcionamiento de nuestros sistemas políticos. Además en las dos primeras décadas del siglo XXI la democracia lejos de ampliarse o consolidarse pareciera estar en cierto estancamiento o letargo.
En la actualidad la democracia se halla acechada por múltiples retos. A la democracia se le imputa la necesidad de retomar sus ideales y valores y a la vez profundizar el contenido de sus fines y resultados, adecuándolos a las exigencias y expectativas ciudadanas que en el siglo XXI son mayores y más complejas que cualquier periodo o etapa anterior. Una diversidad de autores y estudios describen que la democracia no atraviesa su mejor etapa y momento, y en buena medida tiene que ver con la necesidad de elevar su desempeño, el papel de sus instituciones, sus logros en términos de progreso, bienestar ciudadano y naturalmente libertades en pleno siglo XXI.9
Indudablemente nuestras neodemocracias, particularmente sus principales actores, no sólo están reprodu ciendo viejos vicios y distorsiones, sino que registran aquellos que ha destacado tanto Norbert Lechner como Gurutz Jáuregui10 como importantes desfases entre las promesas y los logros, entre los ideales y los hechos, razón está por la cual se postula en palabras de Lechner “una democracia de lo posible” con mayores logros y satisfacciones ciudadanas, reduciendo la brecha entre la utopía y la realidad. El resultado de la política como actividad degradada, no es otro que su incapacidad para aceptar a la democracia por sus virtudes intrínsecas, sino por los defectos de los otros sistemas. Y ésta es una opción por exclusión, señalando el hecho de que la democracia no sirve, simplemente se la soporta.
Es a partir de la necesaria formulación de críticas hacia nuestros modos de hacer política, a la burocracia im productiva, a los vicios alojados en el sistema y reproducidos en diversas escalas y niveles, y naturalmente a la excesiva personalización de la política en América Latina que podremos pensar en nuevas alternativas, en la imperante necesidad de repensar la democracia como uno de los principales desafíos impuestos por la política en América Latina en la etapa de fin de siclè.
Renunciar a la aspiración de un sistema mejor, o en definitiva, de un mundo mejor, implica renunciar a una de las aspiraciones más queridas del ser humano como es el deseo de perfección constante, y eso, en el ámbito político, puede acabar derivando en una renuncia al propio sistema democrático. La democracia es el resulta do y producto de la tensión, el discenso y el conflicto. A partir de la crítica es posible plantear su revalorización en la actualidad.
Los desafíos de la política democrática y la revalorización de la democracia
Reflexionar sobre la democracia en América Latina hoy en día, significa necesariamente comprometerse con la reflexión acerca de las nuevas realidades y desigualdades sociales y políticas que observamos en la con temporaneidad. En este sentido, nos acogemos a la inquietud de algunos autores que abordan la cuestión democrática11, tanto a nivel global como de América Latina, sostienen la imperante necesidad de repensar la democracia y con ella sus instituciones, actores, proyectos y prácticas. Hemos señalado que si la democracia es el producto resultante de la dialéctica existente entre los hechos (realidades) y los valores (ideales); los grandes autores y teóricos de la democracia contemporánea, desde Norberto Bobbio a Giovanni Sartori, de Adela Cortina a Victoria Camps, de Robert Dahl pasando por David Held hasta Arend Lijphart o Daniel Innerarity, nos recuerdan que una democracia sin valores es una democracia a la deriva, una democracia inerme, incapaz de generar los anticuerpos y correctivos necesarios para responder a las amenazas latentes y desafíos del pre sente y futuro de nuestros pueblos, sociedades y ciudadanos respectivamente. No perdamos de vista que el resurgimiento de mesianismos y populismos de diverso cuño amenazan no sólo a la democracia, sino que su acción pone en entredicho los contenidos y procedimientos de esta última en tanto proyecto de orden social.
Debemos adecuar nuestros actuales sistemas democráticos a las nuevas realidades corrigiendo y optimizando por vía del diseño institucional y la propia ingeniería política, aquellas situaciones de déficit en materia de ejercicio gubernamental y de funcionamiento de las propias instituciones, al mismo tiempo corregimos el desfase presente entre sociedad civil, las diversas instituciones políticas y el propio Estado.
De acuerdo con Cesar Cansino y Ángel Sermeño estamos observando que “nuestras jóvenes democracias están desarrollando en la actualidad patrones diferentes y francamente irregulares (ineficiencia estatal, despo litización y apatía política, reducción de la democracia a su dimensión electoral en presencia de sistemas de partidos débiles y en franco declive) con respecto a lo normalmente asociadas a las democracias consolidadas, estables, fuertemente institucionalizas”12
La sociedad civil y el hombre público (ciudadano), como base de todo imaginario democrático y representan tes legítimos del poder político, deben ser resituados y repensados en las actuales circunstancias de nuestras democracias, de manera que no queden y se agoten en simples categorías analíticas y teóricas, sino que tengan un referente práctico y real en el seno de nuestro sistemas democráticos y de nuestras prácticas políticas.
La profundización de la democracia implica la búsqueda permanente de fórmulas dirigidas a la reducción del abismo del que hemos hablado entre la democracia como ideal y la real. Así a partir de la sociología, fi losofía política, historia y la ciencia política se ha postulado una serie de propuestas para pensar y repensar la democracia en América Latina, conformada por sociedades tan desiguales, caracterizadas por desequilibrios
culturales, económicos y políticos. De este modo, comenzaríamos la construcción de modelos que no sólo nos permitan qué tan democráticos (o qué tan poco democráticos) son nuestros sistemas, sino sobre todo que nos permita proyectar qué tan democráticos pueden ser en el futuro13.
En el momento presente la democracia se halla sometida a un doble reto. De una parte debe de actualizar y profundizar el contenido de sus fines, adecuándolos a los valores sociales, éticos y culturales vigentes. De la otra, debe llevar a cabo una profunda transformación de las bases institucionales en las que se asientan los vigentes sistemas democráticos y en ello le va su propia supervivencia14.
La Política Democrática y Economía en Venezuela Post Covid19
Venezuela no sólo la demanda de repensar a la democracia, sus contenidos y sus logros sino de revalorizarla en los momentos actuales donde la informalización, la personalización, que han desembocado en la llamada antipolítica, militarismo y el neopopulismo hacen de las suyas y ganan espacio en contextos políticos carac terizados por el declive y deterioro de la salud de los partidos políticos, donde la democracia es evaluada por la mayoría de ciudadanos como pobre e ineficiente. La democracia en Venezuela y por supuesto en el resto de América Latina debe repensarse y revalorizarse, no debe identificarse con las malas formas de gobierno y la mala política que ha reinado en décadas.
Los desafíos y amenazas de nuestras democracias siguen estando presentes en nuestra historia presente, en gran medida el fracaso de un determinado modelo de hacer política (democracia de partidos), en el cual los actores individuales (clase política) como colectivos (partidos políticos) entraron en una fase de disfunciona miento, dejando de ser los canales idóneos para la representación, canalización de demandas y participación ciudadana. La revolución bolivariana con Chávez y Maduro (19982020) reprodujo viejas prácticas y vicios imputados al pasado cercano, afectando todo el tejido social, económico, productivo, cultural e industrial del país.
La lista de distorsiones en la economía venezolana durante el gobierno de Hugo Chávez Frías (1998-2013), y su acentuación con Nicolás Maduro (2013-2019) son las principales claves para entender la dimensión y con secuencias de la crisis actual. Los graves efectos de la indisciplina macroeconómica, la destrucción del sistema de precios, el tipo de cambio, la pulverización del signo monetario, disminución de las reservas, expansión monetaria a gran escala, controles de precios desestimulando la producción y desincentivando la inversión privada, junto con el debilitamiento sistemático de las instituciones públicas responsables de la elaboración y producción de las estadísticas económicas, son parte de la debacle actual inédita en nuestra historia econó mica.
Reconocidas y acreditadas voces que han estudiado la economía nacional (Balza Guanipa Et Al 2018) señalan que Venezuela no podrá derrotar la hiperinflación sin una formulación clara de política fiscal, monetaria y cambiaria, junto a la estimulación de la oferta de bienes y servicios, y la consecución de un mercado más na tural, con menos controles de precios y de cambio, entre otras medidas que persigan frenar la hiperinflación creciente en Venezuela, que es de las más altas en la historia de la inflación a nivel mundial.
Hemos insistido junto a muchos analistas, politólogos y economistas que Venezuela no puede producir un cambio de modelo y sociedad, si no asume ciertamente un conjunto de acciones en varias direcciones, y que naturalmente pasan por un cambio de gobierno. Primero de Política macroeconómica orientadas a dismi nuir la tasa de hiperinflación; Segundo de Política fiscal basada en una sostenibilidad fiscal, aspecto que demanda el balance del presupuesto y sus fuentes de financiamiento, mejorar la eficiencia del gasto público, reducir la vulnerabilidad fiscal; Tercero de Política monetaria, ya que urge recuperar el valor del signo mone tario o moneda, así como la confianza y capacidad de ahorro, aspecto vinculado a contar con una arquitectura fiscal y monetaria cónsona con la estabilidad económica; Cuarto de Política petrolera, en la que es urgente lograr un tipo de cambio competitivo para estimular justamente a los sectores transables distintos al petrolero con un papel técnico y central del BCV en el manejo de la tasa de cambio; a lo cual se le suman un conjunto de políticas sectoriales en el área de petróleo, minería, industrias básicas, agroindustria y afines.
El Ex Presidente Chávez no solo promovió y fortaleció lo militar y pretoriano en detrimento de lo civil, sino que terminó preso de sus propios temores y laberintos; ello determinó su propia sucesión en manos de Nicolás Maduro Moros como presidente impuesto tras el fallecimiento de Chávez en 2013, posteriormente electo, y actualmente con la peor gestión, valoración y apoyo popular, hipotecando y comprometiendo el futuro inme diato de la revolución e incluso del propio Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
En el último trienio en Venezuela hemos apreciado un deterioro generalizado en todos los órdenes, basta revisar las cifras y estadísticas en términos de economía, salud, educación, seguridad, poder adquisitivo, infraestructura y transporte, con un impacto directo en la población más vulnerable, a tales niveles que las carencias de múltiples necesidades conforman el motor del éxodo de una porción importante de la población, sin contar con las personas fallecidas y la caracterización de la situación venezolana como “crisis humanitaria compleja” a partir del año 2019 hasta el presente15.
Conclusiones
Ciertamente los retos que enfrentan nuestras democracias por lo menos en lo que refiere a América Latina por ser regímenes más endebles o incipientes que las democracias europeas, están vinculados inequívocamen te a profundizar la institucionalidad democrática, la imperante necesidad de contar con una clase política y dirigencia que en el marco de las instituciones democráticas aporten nuevas concepciones sobre el poder, la política y la vida democrática en términos de agendas, procesos y resultados, en total correspondencia de una ciudadanía que sigue reclamando derechos, resultados y recientemente decisiones y respuestas en la etapa post covid19.
En América Latina y Venezuela respectivamente después de diversos gobiernos de derecha e izquierda y largos ensayos y reformas, la demanda de un Estado más eficiente, gestiones más transparentes y eficientes, fortalecer el Estado de derecho, una mejora substancial de la calidad de funcionamiento de los sistemas políticos a partir de más y mejores democracias siguen estando presentes en los ciudadanos.
Después de décadas de vaivenes pudiéramos afirmar que el declive y si se quiere crisis de la forma partido junto a la frustración de las expectativas y demandas por parte de los ciudadanos, condujo a la búsqueda de nuevas formas, actores y organizaciones de acción y participación política en la región, actores que aprove chan la situación de cuestionamiento de las formas tradicionales para presentarse como una alternativa no sólo de gobierno, sino de cambio, principal promesa y slogan de estos “nuevos liderazgos”, así lo fue en el Perú de Fujimori y Ollanta Humala, la Argentina de los Kirchner o Fernández, el Ecuador de Correa, la Bolivia de Evo Morales o la Venezuela de Chávez y Maduro.
La antipolítica se nutre o tiene su catalizador en el propio disfuncionamiento y en algunos casos en la des composición de los partidos políticos y de los propios sistemas de partidos en la región, en el avance de la corrupción, y por supuesto, en el rechazo común de buena parte del colectivo insatisfecho con la manera de conducir la política y el mismo Estado por parte de las instituciones fundamentales (partidos, ejecutivos, par lamentos, etc.) de la democracia y la propia dirigencia, incapaces de satisfacer los intereses y demandas básicas y coresponsables de la situación de ingobernabilidad de muchos de nuestros regímenes.
Esta suerte de personalización de la política con rasgos antipolíticos y de tipo neopopulista constituyen el principal reto y enemigo de nuestros regímenes y la mayor amenaza contra las perspectivas de la democracia representativa. La antipolítica y los outsiders representan el mesianismo, el neopopulismo, la democracia ple biscitaria, el autoritarismo, e incluso a la anarquía al prescindir de organizaciones estables, fuertes y disciplina das, así como también no contar con programas políticos, sociales y económicos elaborados. Por consiguiente la alternativa viable para nuestras democracias, frente al avance de la antipolítica y otras tendencias, es preci samente el imperante “reforzamiento de la sociedad política” a través de los partidos políticos, por supuesto dicha tarea implica su reinserción y redimensión como actores centrales de la lucha democrática unido a una dirigencia seria, formada, honesta y responsable.
Los retos de la democracia en Venezuela son enormes, y requieren por consiguiente de una dirigencia política proclive a desarrollar acciones acordes con la recuperación de la institucionalidad democrática, y por supues to, esfuerzos y decisiones en beneficio de la sociedad en su conjunto que reclama un proceso de cambio y transición. Venezuela muestra al igual que otros países de la región una clase política poco estructurada y a la altura de los desafíos que está reclamando una Venezuela sumergida en una crisis humanitaria compleja, sin contar los efectos del Covid19 que ciertamente en las primeras de cambio golpean y agravan la ya crítica situación económica, empresarial y social nacional.
El país y la sociedad venezolana están reclamando no sólo la solución a los problemas más exigentes entre ellos, empleo, seguridad, educación, salud, sino además, reglas de juego claras y definidas en materia de ma nejo de la economía, de la política petrolera y otros, aspectos que pasan obligatoriamente por una transición política y un cambio de gobierno que ha terminado estatizando a la política, la economía y demás ámbitos en estas décadas de revolución bolivariana.
Tres variables o aspectos hacen complejo el proceso actual venezolano, y conforman la diferencia o claves en comparación con cualquier otro periodo o transición en nuestra historia nacional, e incluso, en la región latinoamericana, como es en primer lugar la injerencia notoria de Cuba y Rusia en la política interna de Ve nezuela, en segundo lugar la presencia desmedida de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) copando todos los espacios del Estado, y en tercer lugar, la desinstitucionalización de los partidos políticos, aspectos que condicionan la crisis actual y la propia transición política.
La calidad de la democracia y el buen gobierno junto a otros aspectos, será una variable a evaluar posterior a los efectos y consecuencias en términos económicos, humanos, financieros, sociales y demás, producidos por el coronavirus (covid19), aspecto relacionado a infraestructuras hospitalarias, salud preventiva y curativa, desempeño de las instituciones y gobiernos, decisiones oportunas, y especialmente en términos de liderazgos, aspectos que en su conjunto representan enormes retos a los gobiernos y las propias democracias, tantos las consolidadas cómo también a las democracia débiles de América Latina y especialmente por parte de la dete riorada institucionalidad democrática en Venezuela.
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Notas
Notas de autor
joseriv67@hotmail.com rivasleone@gmail.com
Teléfono de contacto: + 58 424 7532129
Escuela de Ciencias políticas Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Criminalísticas Universidad de Los Andes Mérida - Venezuela
Información adicional
José Antonio Rivas Leone: : Politólogo.Magíster y Doctor en Ciencia Política. Profesor Titular e Investigador. Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas Universidad de Los An des. MéridaVenezuela. Dentro de sus últimos libros están En Los Bordes de la Democra cia. La militarización de la política venezolana. Consejo de Estudios de Postgrado –Centro de Investigaciones de Política Comparada. Mérida 2010. Temas de Ciencia Política. Cen tro de Investigaciones de Política Comparada– Secretaría de la Universidad de Los Andes. Mérida 2011. Transición Democrática o Autocratización Revolucionaria. El deterioro ins titucional de la democracia en Venezuela 19992019. Working Papers. Nº 358. Institut de Ciencies Politiques i Socials Universidad Autónoma de BarcelonaEspaña. 2019