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Repensar las pandemias desde un paradigma ecoprotector innovador y educativo
Rethinking pandemics from an innovative and educational ecoprotective paradigm
Educere, vol. 25, núm. 80, pp. 166-173, 2021
Universidad de los Andes

Investigación Arbitrada


Recepción: 18 Mayo 2020

Aprobación: 27 Mayo 2020

Resumen: El ensayo tiene el propósito de presentar la innovación del paradigma ecoprotector inmunitario y educativo como perspectiva de análisis y acción para la generación de interpretaciones alternativas y respuestas frente a las recurrentes pandemias que están azotando a la humanidad. Esta innovaciónse justifica por la indefensión que se ha evidenciado ante los riesgos que amenazan los relativos equilibrios en las sociedades y la naturaleza. Como hallazgos importantes tenemos, la creación de categorías fuerza como: cambios liminales, agenciamiento autopoiético, afectualidad, racionalidad sensible-afectual, nichos de resonancia y la re-creación de otras categorías como: ecosofía, biopolítica, inmunización.Es una perspectiva paradigmática para orientar los procesos educativos como parte del proceso inmunitario general contra las pandemias.

Palabras clave: Paradigma emergente de la ecoprotección inmunitaria, afectualidad, cuidado afectual, epistemología de la racionalidad sensible-afectual, ecosofía, biopolítica.

Abstract: The purpose of the essay is to present the innovation of the immune ecoprotective and educational paradigm as a perspective of analysis and action for the generation of alternative interpretations and responses against the recurrent pandemics that are plaguing humanity. This innovation is justified by the defenselessness that has been evidenced in front of the risks that threaten the relative balances in societies and nature. As important findings, we have the creation of force categories such as liminal changes, autopoietic management, affection, sensitive-affective rationality, resonance niches and the recreation of other categories such as ecosophy, biopolitics, immunization. It is a paradigmatic perspective to guide educational processes as part of the general immune process against pandemics.

Keywords: Emerging paradigm of immune ecoprotection, affectuality, affective care, epistemology of sensitive-affective rationality, ecosophy, biopolitics.







La pandemia del COVID-19 es realmente la primera de carácter global. Por ello ha envuelto a la gran mayoría de la población mundial en procesos de reflexión que propician estados liminales o de cambios de estado sobre las creencias, certezas y verdades que se tenían como concepciones que brindaban seguridad pero ya no, y que han conllevado a preguntas que van desde por qué se originó hasta por qué ha convertido y revelado en un caos la vida social en todas las naciones, pasando por preguntarse también por cuál es la causa para que no exista protección ante tan letal virus cuando se supone que, según la prédica mediática de sus acólitos, la ciencia y la tecnología han producido dispositivos o mecanismos de detección temprana de distintos potenciales o posibles desastres y catástrofes. Preguntas a las que hay que dar respuestas para que la incertidumbre no se apodere de los hombres y mujeres, niñes y jóvenes, y paralice su voluntad de acción requerida con la finalidad de asumir el desafío que reclama su comprensión cabal de la situación para producir nuevas interpretaciones y narrativas con el propósito de abrir otros horizontes de sentido auténticamente transformadores del mundo.

Desde nuestra perspectiva, la respuesta principal a esas preguntas consiste en la ausencia de concepciones o paradigmas mundiales o planetarios asumidos y practicados como políticas globales que por más diversas que fueran, coincidieran en que la primera tarea de las ciencias y tecnologías, y de las instituciones que tienen la responsabilidad internacional de velar por el cuidado integral del planeta (ONU, UNESCO, etcétera), debiera ser la altruista o ética de proteger la reproducción de la vida en todas sus manifestaciones, tanto en sus expresiones humanas como naturales.

Si las ciencias y las tecnologías con la creación de dispositivos con propósito preventivo (y no comercial excluyente) y sus redes institucionales unificadas sin distingos a nivel mundial hubiesen estado al servicio de la ecovigilanciay de las alertas tempranas, las consecuencias de la pandemia no habrían alcanzado las proporciones de tragedia planetaria, como lo es al día de hoy. Pero la falta de compromiso ético del tipo de ciencia y tecnología que se desarrolla no llega hasta allí, ya que si, por un lado, no se orienta altruistamente en función de procurar la prevención y protección de la vida principalmente, sino que se orienta a reproducir la rentabilidad del capital en contra del bienestar de todos para favorecer a unos pocos, por el otro lado, ocasiona depredación a través del uso de los seres humanos y de la naturaleza concebidos como recursos explotables, siendo, por consiguiente, causante de los desequilibrios ecológicos y perjuicios ecosóficos propiciadores de diversos tipos de “pandemias”: sanitarias, económicas, sociales, contra-culturales, políticas, etcétera.

El virus: entre economía y microbiología

Sobre el origen de los virus más recientes que han generado epidemias de cierta magnitud y que han causado numerosasy significativas muertes y enfermedades de seres humanos, el reconocido biólogo Robert G. Wallace (2016) publicó un afamado texto, Big Farms Make Big Flu (“Las grandes granjas producen una gran gripe”), en el que analiza las conexiones que se han establecido entre la agroindustria y la etiología para engendrar las diversas epidemias ocurridas hasta esa fecha, comenzando por el SARS y llegando al Ébola. El caso más noto- rio es el de la gripe Aviar. Al hacinar masivamente a las aves en grandes galpones industriales se eliminaron las barreras de inmunización silvestre y pese a que se sustituyeron parcialmente con inmunizaciones artificiales, éstas no garantizaron su control inmunitario. El hacinamiento en grandes cantidades de aves facilitó la transmisión de los agentes patógenos de la gripe Aviar a los seres humanos.

La tasa de rotación o sustitución de los animales beneficiados en los conglomerados industriales de este tipo, es muy rápida, lo que conduce a incrementar la evolución reproductiva de los virus. Tasa acelerada de rotación que es causada por la competitividad inter-industrial y comercial, lo que acelera a su vez el umbral de transmisión de las infecciones, llegándose a los frecuentes casos del sacrificio de cuantiosas cantidades de animales contaminados.

Esas prácticas sacrificiales de animales contaminados y contaminantes impuestas por instituciones contraloras de la salud pública, semejan las prácticas económicas para regular las crisis de sobreproducción (superproducción relativa respecto de la capacidad de compra de los potenciales adquirientes de las mercancías producidas) que mediante el sacrificio o reducción masiva de trabajadores despedidos se quiere contrarrestar la contracción de los mercados. Prácticas sacrificiales que también se han manifestado durante el transcurso de la actual pandemia del COVID-19, en el “dejar morir” por falta de atención médica y tecnológica (respiradores, ventiladores, etcétera) a los adultos mayores que en algunos países han constituido más de la mitad de los fallecidos, por ejemplo, España, y en otras naciones, por ejemplo, EE.UU. en la ciudad de New York, se les ha dejado morir por racismo y xenofobia a los afrodescendientes y a los latinoamericanos, como ha quedado constancia con las denuncias registradas en las informaciones mediáticas que circulan internacionalmente. Expresándose de esta manera las desigualdades sociales como injusticias congénitas a la lógica que reproduce esta clase de sociedades existentes de modo prevaleciente en el mundo.

Por otra parte, la expansión periurbana de la agroindustria y la urbanística-inmobiliaria, invaden y alteran el hábitat de muchas especies animales y micro-organismos, que con base en una adaptación resilienciadora, las cepas de muchos virus que eran inofensivas, al ser alterada su cadena trófica, se vuelven competitivas para sobrevivir en el nuevo ambiente al que han sido reducidas, generando en ellas otras trayectorias evolutivas que les provocan mutaciones virulentas que producen saltos zoonóticos (transferencias de infecciones que van de los animales a los seres humanos) en especies portadoras o huéspedes de vectores transmisores de contagios patológicos.

La interdependencia y la ecodependencia han hecho que la pandemia del COVID-19 y la crisis estructural internacional actual de la economía capitalista en sus distintas esferas, coincidan en su emergencia. Desde la antigüedad las pestes y epidemias han coincidido como efectos, causas o contigüidades de otras calamidades sociales (guerras, hambrunas, etcétera) incidiendo o influenciando en los cambios sociales que esas mismas calamidades provocan.

Hoy día, la dialéctica entre mercado neoliberal y Estados con rasgos populistas o benefactores de la sociedad azotada por el COVID-19 aparece como la dinámica invisible de confrontación que ha desatado la pandemia y que está presionando para los cambios sociales tanto en los Estados-gobiernos como en las economías, según sean las demandas y fuerzas de los sectores o clases sociales que las acompañen.

La presión de los potenciales cambios

El contexto que hemos esbozado en los párrafos anteriores puede provocar dos tendencias sociales, entre otras, que pueden manifestarse a modo de pandemia en la subjetividad de los hombres y mujeres, niños y jóvenes, como es la INSEGURIDAD GENERALIZADA (sanitaria, económica, científica, tecnológica, escolar, etcétera), propiciada por el COVID-19 y la convergencia acelerada con la crisis estructural socioeconómica mundial (crisis financiera, recesión, incremento del desempleo y de la pobreza…).

La otra tendencia social está vinculada por contigüidad con las formas para disciplinar autoritariamente a los cuerpos y que pueden incrementarse y fortalecerse mucho más con LA REPLICACIÓN O CONTAGIO DE LAS MANERAS COERCITIVAS DEL PODER DE ESTADO presentadas mediáticamente como métodos o estrategias eficaces para el control de los virus después de la pandemia; haciendo ver como virosis a atacar el desconcierto dubitativo, la inquietud interrogativa, la renuencia a la imposición y la resistencia a los doblegamientos ante la autoridad educativa o frente a las falsas prédicas de seguridad del poder escolar por parte de las corporeidades infantiles y juveniles.

Con respecto a la inseguridad generalizada, ya Ulrich Beck (1998) con La Sociedad del Riesgo, nos había advertido sobre las desigualdades y los peligros que tendencialmente estaban provocando los cambios y transformaciones tecnoneoliberales en las sociedades, en el medio ambiente y en las subjetividades con la globalización en estos tiempos denominándolos como de “segunda modernidad”. Para su análisis propuso nuevos conceptos que sustituyeran los ya caducos de la “primera modernidad”, conceptos caducos por cuanto ya no servían para interpretar y comprender las nuevas realidades en curso y a los que designó como “conceptos zombi”. La crisis global que estamos padeciendo se manifiesta en todos los ámbitos, por ello se comienza a percibir como una dramática indefensión, una gran falta de confianza en el entorno sociocultural para la continuidad existencial, en la prolongación de la vida, por el asedio de la muerte que provoca el temor y el miedo al contacto con los(as) otros(as), a lo otro impredecible, cuando no el pánico.

Ha contribuido decisivamente a la exacerbación de la inseguridad el desconocimiento científico-tecnológico preciso de la procedencia del COVID-19, aunque los biólogos y los ecólogos hipotetizan, como ya indicamos, que es producto de las mutaciones provocadas por la “intervención humana” en la naturaleza. Mutaciones que generan reacciones orgánicas adversas y perjudiciales principalmente en los seres humanos pertenecientes a sectores sociales que sobreviven a su pobreza y condiciones de miseria consumiendo esas especies “salvajes” contaminantes y contagiosas de enfermedades mortales, porque no tienen cura por falta de prevención sanitaria y de investigación científico-tecnológica que no da prioridad a la protección de la vida humana sino a la guerra bacteriológica y a la reproducción de ganancias para unos pocos con la creación de las denominadas innovaciones tecno-científicas de última generación para postergar la muerte inminente artificialmente en función de los mercados clínico-hospitalarios de consumo privado de esos productos-mercancías.

La inseguridad y la hiperestatización en la educación

La precariedad y fragilidad que induce ese contexto, por las implicaciones derivadas, provoca su reflejo como “pandemia educativa” ya que la difusión percibida de la inseguridad de los saberes, conocimientos, imaginarios y verdades legitimados por su escolarización está reconfigurando socializadoramente las subjetividades y deseos de niñes, jóvenes y docentes sensibles al entorno de lo que está pasando, generando una angustiosa ansiedad de búsqueda de seguridad que ya no puede brindarles la cultura educativa escolarizada en lo inmediato porque la escuela ha sido clausurada para impartir la continuidad formativa y sustituida por tiempo indefinido con formas de educación a distancia relajadas de “auto-co-aprendizaje” que no brindan suficiente confianza pedagógica.

Si la escuela, no obstante sus innovaciones tecnopedagógicas, no relativiza sus veridicciones y no las complejiza transdiciplinariamente según la edad y contexto cultural diferenciado de los estudiantes, el entorno socio-cognitivo desestabilizador pandémico y pospandémico de sus seguridades caducas, las neutralizará con mucha más fuerza que en las etapas moderna y la pos-moderna prepandémicas de crisis epistémica y paradigmática de los saberes y conocimientos que presumieron de solidez y consistencia fundamentadas. De aquí que debamos referirnos de ahora en adelante al DERECHO A UNA EDUCACIÓN-OTRA y no tan solo al Derecho a la Educación.

En la incertidumbre que se observa no se avizoran a futuro ni nuevas certezas ni renacientes grandes seguridades tranquilizadoras, tan solo se otea una condición de vida riesgosa marcada por la ausencia de certidumbres fuertes o sólidas, por tanto, es muy probable que de ahora en adelante, nos guíen nebulosa y fragmentaria- mente imaginarios débiles o frágiles (Gianni Vattimo, 2000) o líquidos por fluidos (Zygmunt-Bauman, 2002). Todo ello atenta contra la consistencia de los cimientos en que se funda la educación escolarizada (saberes aseguradores, enseñanza de las ciencias exactas, de las verdades incontrovertibles, formación futurista, etcétera), poniendo en entredicho a la escuela misma como institución proveedora de seguridades.

Por otra parte, ya no será relevante la lucha por la libertad en tanto autodeterminación desalienante porque ella se percibe como incierta quimera peligrosa ante los riesgos cercanos de las incertidumbres que la acechan y la limitan. Es más importante sentirse seguros, y los únicos que pueden proveerlo relativamente son los Estados gobiernos de cada nación por su naturaleza coactiva o coercitiva sobre todos, encubierta en su justificación discursiva de apariencia protectora, como presuntamente está quedando en evidencia demostrada para controlar y regular la amenaza virulenta del COVID-19. Esta enajenación al Estado puede conducirnos a la hiperestatización de las relaciones sociales en todos los espacios sociales. Hiperestatización que se expresaría en normatividades, reglamentaciones y vigilancias globalizadoras en la medida que busca controlar todo desde su poder subordinador.

Ese imaginario estatizador está solapando un aspecto primordial presente en la actualidad de nuestras cotidianas vidas hoy, y es que estamos haciendo depender nuestra vida de la preocupación cooperativa coinmunizadora por la salud de lo demás. Hecho este que puede conducirnos a repensar nuevos mecanismos sociales de responsabilidad colectiva y convivencial que manifiesten relaciones de recíproco cuidado, empatía y poder colectivo que contrarreste la prevalencia estatal desmedida sobre la sociedad, la superposición excesiva de todos los Estados, del Leviatán sobre el Demos y el individualismo disociador por virulento prevaleciente hasta ahora.

La potencial hiperestatización de las relaciones sociales que puede prosperar sobre nuestras existencias si no la contrarrestamos, se expresaría en la escuela como educación pandemizada, como un tipo de educación prescriptiva normalizadora y disciplinadora, en términos de Foucault (2007), sobre los cuerpos escolarizados parecida a la acción coactiva o coercitiva del Estado, y castigadora o represiva (el retorno renovado en estrategias y métodos de la vieja “pedagogía de la palmeta” y de “la letra entra con sangre” en la escuela concebida como encierro o confinamiento a semejanza de la cuarentena).

Tal educación pandemizada puede adquirir, en consecuencia, visos de pandemia virulenta al extenderse como prácticas contra la autonomía subjetivadora en los docentes, niños(as) y jóvenes. Por consiguiente, no creemos que la educación presencial disciplinadora y normalizadora del encierro escolar, por más que perdure su clausura, vaya a ser reemplazada por la educación virtual o digital ya que iría contra el carácter conservador del Estado-Docente que, como todo Estado, ejerce relaciones de poder y control sobre la educación; al menos no lo será mientras exista como prevaleciente la figura del Poder de Estado, ya que él no irá contra sí mismo, no se autodiluirá hasta que la sociedad organizada lo sustituya y lo anule en sus funciones de defensa de los intereses de unos pocos en contra de los intereses de las mayorías.

Habría que agregar a lo dicho que en la actualidad el vínculo digital es laxo y discontinuo en la educación escolar, por lo que no le garantiza al Estado la permanente vigilancia y control de la educación en todos los momentos (el sueño panóptico de la dictadura fascista); solamente si lo digital se “democratiza para todos” y se convierte en una máquina o dispositivo de captura o sujeción integral de los cuerpos (Deleuze y Guattari, 1998), el Estado podría asumirla como una extensión de su poder y control y desmontar la infraestructura “costosa” del sistema escolar público gratuito. Por ello resiste las presiones para su desmantelamiento por parte de los neoliberales que presionan para que el gasto social en la educación decrezca progresivamente para reorientarlo como inversión capitalista de sus empresas.

La necesidad de un paradigma

Ante la reconfiguración de las subjetividades en un marco de aleatoriedad e inconsistencia por cuanto todo está a la deriva, deriva principalmente simbólica o semiótica, urge repensar la educación en su integralidad para que previsivamente no oscile entre la inseguridad educativa y la educación pandemizada.

Un punto de partida que proponemos para la coyuntura que transitamos, junto a otros que hemos expuesto en anteriores ocasiones (la afectualidad como un nuevo relacionamiento social emancipador en la educación, la re-imaginación y reinvención del mundo renombrándolo como lo planteó Paulo Freire (1975), etcétera) y en los recientes libros de Lo Priore y Díaz (2019, 2020)Emancipación de las subjetividades en las infancias y juventudes y Contra-hegemonía liberadora en educación, es el ya señalado de asumir primordialmente en este momento, la animación o promoción del relacionamiento empático concientizador de que principalmente el cuidado recíproco y cooperativo asegura la salud de todos y el equilibrio de la naturaleza. Esta perspectiva la hemos sistematizado teóricamente en lo que nombramos Paradigma Eco-protector Inmunitario.

El paradigma crítico Ecoprotector inmunitario que sugerimos para la discusión y su recreación colectiva y las prácticas educativas liberadoras, se suscribe fundamentalmente de la racionalidad sensible, epistemología producida por Michel Maffesoli (1977), y de los aportes de las otras epistemologías emancipadoras mencionadas. Es de destacar que a la racionalidad sensible maffesoliana la renombramos racionalidad sensible-afectual para darle relevancia a un tipo de relacionamiento social que consideramos trascendental para transformar la sociedad, como lo es la resonancia transcorporal o transsubjetiva afectual o empática (sentir y sentirse juntos). La razón sensibleafectual supone a su vez una sensible intelección en quien trata de entender la incidencia conformante de lo sensible en la realidad; de aquí que exige la congruencia de lo sensible con lo inteligible.

Asimismo, el paradigma crítico Eco-protector inmunitario, reivindica las interpretaciones críticas de los pensadores indoafrolatinoamericanos y caribeños que han sistematizado y recuperado los legados ancestrales y contribuciones actuales de las renuencias y resistencias ideológico-culturales de los pueblos indoafrolatino americanos y caribeños, y sus actualizaciones desde los paradigmas decoloniales o antigloborrecolonizadores y anti-patriarcales. No obstante esto, al paradigma que se propone lo transversalizan principalmente y críticamente las conceptualizaciones de la ecosofía de Félix Guattari (1996), de la biopolítica de Michel Foucault (2007) y la inmunitaria de Roberto Espósito (2006). Como resulta evidente, en consecuencia, y tratando de no ser eclécticos, el agenciamiento de la interdiscursividad y la epistemología de la complejidad de Edgar Morin (1995) sirven de marco referencial de consistencia y coherencia a las estrategias articuladoras de las diversas concepciones o perspectivas epistemológicas y paradigmáticas en juego, junto a nuestras interpreta- ciones y construcciones.

En el contexto discursivo de este artículo tenemos limitaciones para explayarnos sobre cada conceptualización señalada o sus imbricaciones complejas, por esto abreviaremos nuestras consideraciones y esperamos para otro tipo de publicaciones poder desarrollarlas plenamente según nuestra interpretación, por tanto, trataremos sucintamente de exponer nuestra aproximación paradigmática.

Nuestro paradigma es una teorización posible, en primer lugar, y en segundo lugar, es traducible a una apertura de concreciones también posibles.

Desde nuestro punto de observación epistemológico-teórico, el concepto de Presente Potencial y la Conciencia Histórica de Hugo Zemelman (1987), en cuanto horizonte de oportunidades transformadoras que plantea a los sujetos la realidad social en movimiento debido a las contradicciones que se manifiestan a través de las crisis y que los emplaza a dar testimonio de sus opciones de compromiso escogidas, que según nuestros crite rios o perspectivas analíticas, nos da posibilidades también para afianzar la perspectiva de la Ecosofía de Félix Guattari (1996). Por cuanto su conceptualización, demanda la necesidad de definir, criticar y reconfigurar las existencialidades subjetivas ya que en las subjetivaciones se expresan las múltiples determinaciones y exigencias de la problematizada realidad en un marco ecológico integral histórico de relaciones ambientales, sociales y mentales, y para proteger y redefinir, por consiguiente, la vida planetaria o local en la actualidad, que con- temple a la naturaleza recuperada como otredad, y civilizatoriamente a las sociedades proyectándolas en otro mundo posible para el habitar contrario a la explotación de la Tierra o Pachamama y de los seres humanos.

Con relación al desarrollo de la subjetividad en la infancia, Guattari (2003) expresa lo siguiente:

Esta subjetividad, que el psicoanalista y etólogo de la infancia Daniel Stern denomina el “yo emergente”, la debemos regenerar constantemente. Reconquistar la mirada de la infancia y de la poesía en sustitución de la óptica seca y ciega al sentido de la vida del experto y el tecnócrata. (p.38)

Subjetividades existenciales, orientadas hacia su regeneración por nuevos saberes autopoiéticos y relaciones sociales afectuales, tan importantes en una educación-otra, porque definen las perspectivas emancipadoras a través de ella si cambia liberadoramente en todos sus aspectos a partir de concebir transformadoramente a la escuela como habitar empáticoafectual y de saberes críticos producto de la reenunciación ecosófica del mundo y prácticas pedagógicas no parametrales.

Habitar que para afianzarse como opción de vida alternativa a la alienación de la existencia humana debe rivalizar por la hegemonía sociocultural y política contra la acepción de biopolítica formulada por Michel Foucault (2007), para quien ésta se configuró como control y poder de gestión gubernamental de la vida y de la muerte, de decidir quién muere y quien vive, como ha quedado evidenciado en el trato discriminatorio con los contagiados por el COVID-19 (se deja morir a los adultos mayores por falta de tecnología para su asistencia médica, entre otros), y asumiendo a las poblaciones como conjunto de cuerpos dóciles y útiles para instrumentarlas como fuerzas productivas y reproductivas principalmente económicas del orden social dominante, lo que igualmente ha sido evidenciado por las razones de productividad-rentabilidad del capital dadas como suficientes para que cese la cuarentena y se vuelva a los lugares de trabajo y empleo pese a que el riesgo de contagio no ha sido superado.

De allí que esa biopolítica del poder (o biopoder), que puede desarrollar, según Foucault (2000) en el texto Defender la sociedad, “lo monstruoso y, en el límite, virus incontrolables y universalmente destructores” (p.229), debe ser neutralizada y anulada por una política protectora de la vida que la contrarreste, como pudiera ser si nos guiamos por la estrategia inmunizadora-comunitaria con base en la relatividad y revertibilidad de las prácticas sacrificiales del Estado-inmunizador, y de la misma comunidad cuando se asume también como inmunitaria-sacrificial ante algunos de sus integrantes, expuestas en el análisis de Roberto Espósito, para la cual proponemos la superación de la ambivalencia contradictoria de la preservación individualista (encierro del cuerpo en sí mismo) y la eco-protectora comunitaria (el cuidado de todos por todos a través de la afectualidad solidaria), el yo/los otros, de individualidad-comunidad, immunitas/communitas (communitas hace referencia a lo común mientras immunitasrefiere aquí a lo propio), confrontando el biopoder de la modernidad depredadora que rechaza lo común porque allí radica el riesgo de la permanencia de su prevalencia, en el peligro de la relación comunitaria por emancipadora.

Relación emancipadora que trata de ser contrarrestada por vía de la acción anti-comunitaria y los dispositivos de inmunización negativa de la biopolítica del Estado moderno o Leviatán que principalmente busca en la inmunización su legitimidad soberana (la potestad de “hacer vivir y dejar morir”), de allí la estrategia de la “inmunizadora reclusión” de los cuerpos o aislamiento de los demás con pandemia o sin pandemia, por paradójico que parezca, recordemos la existencia foucaulteana de los otros encierros disciplinarios o “norma lizadores” inmunitarios: el hospital, el cuartel, la escuela, la cárcel, etcétera. Por ello, Espósito (2006) señala ambivalentemente que “la inmunidad no es únicamente la relación que vincula la vida con el poder, sino el poder de conservación de la vida” (p. 74).

Por una inmunización comunitaria positiva

Hay que revertir alternativamente esa inmunización negativa aislante, individualista, disciplinadora y dominadora de los cuerpos del biopoder para hacer prevalecer hegemónicamente la inmunidad comunitaria no sacrificial como contra-fuerza con multiplicidad de estrategias que incluyen las nuevas relaciones sociales afectuales, los contra-poderes democráticos, los saberes alternativos y las prácticas recuperadas y re-creadas por las ciencias y las tecnologías reconvertidas ecoambientalmente y antipredatorias para enfrentar las amenazas de las “pandemias” de distinto signo (prácticas escolares antipedagógicas, económicas que anteponen la ga- nancia capitalista frente a las necesidades humanas generando pobreza y miseria, de las alienaciones mediáticas contra-culturales, de mercantilización de las relaciones humanas, científico-tecnológicas depredadoras y contaminantes de la naturaleza y de la vida humana, sociales por discriminatorias e indignificadoras de las personas, políticas por antidemocráticas o contrarias al auto-gobierno del demos, sanitarias por sacrificiales, etcétera). En el contexto geohistórico de la reactualización de los acervos culturales indoafrolatinoamericanos y caribeños reivindicados por su pertinencia eco-protectora ante su subalternidad por la dominación de un atávico colonialismo que siempre los ha indignificado y que subsiste como colonialidad del ser, del saber y del poder todavía, y a la que las Epistemologías del Sur contraponen la perspectiva deconstructiva de su dominio y relevo reivindicativo en el pensamiento y las prácticas de sus luchas emancipadoras.

A modo de conclusión

A esta juntura de la complejidad, agenciada autopoiéticamente por nosotros, repetimos, proponemos denominarla críticamente Paradigma Ecoprotector Inmunitario, que auspiciamos en el marco liberador de una concepción educativa amplia que forme para rehabitar el mundo.

Este paradigma surge con la intención de aperturar formas de razonamiento transcomplejas imbricadas con la sensibilidad afectual y acciones correspondientes, para evitar la dispersión ante el desconcierto por la multiplicidad de rutas y direcciones que se presentan por la complejidad misma de la situación desafiante que se nos antepone en los ámbitos a reconfigurar: educativos, sociales, sanitarios, económicos, derechos humanos y de la naturaleza, etcétera. Una forma, entre otras posibles, de razonamiento empático-afectual que propicia la emancipación de la sensibilidad y la inteligibilidad contraponiéndolas a las lógicas reproductoras en el proceso de comprensión de las crisis que transita la realidad que nos interpela.

Referencias bibliográficas

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Zemelman, Hugo (1987). Conocimiento y sujeto social.Contribuciones al estudio del presente.México: Colegio de México.

Notas de autor

* ilianalopriore11@gmail.com

Teléfono de contacto: +58 4120339620

Departamento de Pedagogía Infantil y Diversidad Facultad de Ciencias de la Educación Universidad de Carabobo Valencia-Venezuela

* diazjorge47@gmail.com

Teléfono de contacto: +58 4265132737

Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR) Núcleo Maracay estado Aragua. Venezuela

Información adicional

Iliana Marina Lo Priore Infante.: Doctora en Educación (Universidad del Sur-México) y en Ciencias de la Educación (Universidad Latinoamericana y del Caribe), Magister en Desarrollo Curricular-Universidad de Carabobo (UC), Especialista en Desarrollo Infantil y sus Desviaciones (Universidad Católica Andrés Bello). Licenciada en Educación (UC). Investigadora y profesora titular del de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UC-Venezuela. Presidenta de la Organización Mundial de Educación Preescolar (OMEP), capítulo Venezuela. Coordinadora de Proyectos Educativos de Infancias. Diseñadora curricular de más de 25 carreras de pregrado y postgrado. Consultora Internacional en infancias y educación.

Jorge Eliécer Díaz Piña. : Doctor en Ciencias de la Educación (Universidad Latinoamericana y del Caribe). Magíster en Enseñanza de la Geografía (Universidad Pedagógica Experimental Libertador-UPEL), Licenciado en Enseñanza de las Ciencias Sociales (UPEL). Investigador educativo y Profesor Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), Núcleo Maracay-Venezuela. Profesor invitado del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Carabobo. Investigador acreditado, coordinador de investigaciones individuales y colectivas en las líneas: política y educación, formación docente y tecnologías educativas. Autor y coautor de textos y artículos en el ámbito educativo.



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