Investigación Arbitrada

Recepción: 06 Junio 2020
Aprobación: 13 Junio 2020
Resumen: El presente texto es una reflexión que forma parte de una investigación sobre las representaciones sociales del Coronavirus (Covid-19) en tiempo real y las discusiones de un seminario para un curso de postgrado en Ciencias Humanas1 con la Cátedra de Epistemología y Pensamiento Económico (FACES-ULA), en torno al concepto de lo humano, la persona, la sociedad y la cultura. Ante un contexto muy particular, y cercados por las circunstancias, este concepto clave y que ha presidido tantos cálculos y disertaciones científicas y filosóficas, tal vez debería ser objeto de nuevas exploraciones. Abordar el destino de la condición humana ante una amenaza que atenta contra el propio principio de humanidad, podría revelar la expresión de una crisis civilizatoria que exige a la especie pensante, repensarlo todo, incluyendo algunas discusiones en torno a realidades, representaciones y simulacros en una cultura de signos que se intercambian volviéndose ornamentales; una desrealización de lo real-económico, la política, la cultura, poniendo en riesgo la salud del inconsciente colectivo al avanzar desorientado hacia una dificultad para especificar lo propiamente antropológico de la condición humana: su humanidad.
Palabras clave: Coronavirus, Crisis civilizatoria, Representaciones sociales, Simulacros, Condición humana.
Abstract: This text is a reflection that is part of an investigation into the social representations of the Coronavirus (Covid-19) in real time and the of a seminar for a postgraduate course in Human Sciences 1 with the Epistemology and Economic Thought (FACES-ULA), around the concept of the human, the person, society and culture. Faced with a very particular context, and surrounded by circumstances, this key concept that has presided over so many calculations and scientific and philosophical dissertations, perhaps it should be the subject of new explorations. Addressing the fate of the human condition in the face of a threat that against the very principle of humanity, could reveal the expression of a crisis civilization that requires the thinking spe- cies to rethink everything, including some discussions around realities, representations and simulations in a culture of signs that are exchanged and become ornamental; an unrealization of the real economic, political, cultural, putting at risk the health of the collective unconscious by moving disorientated towards a difficulty in specifying the actual anthropological of the human condition: its humanity.
Keywords: Coronavirus, representations, Civilizational crisis, Humanity, Capitalism.


El Coronavirus en contexto
Crónica informal
En un mundo inundado de todo tipo de información comienzan a suceder acontecimientos paradójicos. Por un lado, dado el poder de los algoritmos, los mensajes pueden circular a gran velocidad desde espacios geográficos distantes sobre algo que está ocurriendo y que afecta muy de cerca a las personas que viven en su ciudad. Pero por otro lado, en medio de sus faenas cotidianas, no puede enterarse de nada, al tiempo de salvar su vida, tampoco puede liberar los poderes de su imaginación sobre el mal que asecha de muerte su propio cuerpo, ni el cuerpo de los otros porque no les es posible enterarse sobre otra gran amenaza: de extinción, y la gente ni siquiera lo sabe (Rifkin, 2020).
Mientras circulan las noticias, las celebridades, youtubers y blogueristas, propician el espectáculo y el simulacro del virus.
Desde un dispositivo tecnológico, o (Star-up) de márquetin digital diseñado para empresas de capital-riesgo el coronavirus comenzó a ser detectado a partir de más de cien datos analizados por los algoritmos de esta estrategia tenológica para concluir que estaba brotando una nueva enfermedad contagiosa, dada la repetición de los mensajes: “no me encuentro bien”, “algo me pasa”, “estoy enfermo”. Y estos mensajes se convirtieron en un descubrimiento que luego pasó a ser noticia pública mundial.
Las autoridades chinas y la Organización Mundial de la Salud y en general, todo el sistema político institucional en todos los países, emprenden una tarea de información pero también de desrealización del original, y pasó a ser un simulacro; la data real de los contagios se perdió en un caos. Por otro lado, la gente común y corriente, en estado de pánico y angustia, comenzó a elaborar también, toda serie de conjeturas y hasta teorizaciones informales sobre el suceso.
El contenido más difundido comenzó con la repetición de que el virus venia de la República Popular China, procedente de una de las ciudades más populosas del gigante asiático, la ciudad china de Wuhan, capital de la provincia de Hubei, a finales del año 2019 identificado como un patógeno causante de la “Neumonía de Wuhan”, o “2019 n-Cov” o “CoV-2”, y perteneciente a la misma familia que el SARS. El 1 de enero de 2020 circula la noticia sobre un mercado de mariscos y pescados en Huanan. El 2 de enero China hace pública la secuencia genética del virus y ya el 8 de enero el mercado se encontraba cerrado. El 13 de enero se confirma oficialmente un Covid-19 en Tailandia, el primero registrado fuera de China (OMS 2020). La Organización Mundial de la Salud confirma el 21 de enero la transmisión entre humanos, sustituyendo la primera versión de que la transmisión era de animales a humanos y el 11 de febrero le asigna el nombre oficial de Covid-19. Los síntomas de la enfermedad parecen ser de gripe común (fiebre, fatiga, tos seca), pero los resultados leves o no, el riesgo de todos modos es mortal y el contagio es expansivo. A la fecha se crea un estado de alarma en Tailandia, Japón, Corea del Sur y Taiwán. En China y Estados Unidos se implementan medidas de control médico-sanitario y se publica una declaración de emergencia de salud pública de importancia internacional.
La ciudad de Wuhan, de aproximadamente, once millones de personas, y en vísperas del Nuevo Año chino, época de encuentro familiar, queda atrapada desde el 23 de enero en el epicentro del virus, aislada y encerrada. Todos los transportes de la ciudad han sido clausurados. Algunas personas quedan confinadas (refugio) en un estacionamiento subterráneo en Zhao Zhigang. El confinamiento se da fundamentalmente en Hospitales (Salas de cuarentena), Hoteles y las casas de las personas.
Una descripción de esta experimentación dolorosa de los pobladores de Wuhan, sumada a la crisis civilizatoria que vive esta generación y probablemente las que vienen, nos revela el contraste entre lo que ha producido artificialmente y exóticamente la especie humana hasta el avance casi sin fronteras de la inteligencia artificial, y el aterrizaje forzoso, o a regresiones a modo de arcaísmo en el proceso de humanización frente al pánico paralizante, ante el abismo. ¿Qué cosa será comparable a estas medidas de protección que ha inventado el hombre, entre tantos inventos celebres? Los once millones de personas en la megalópolis sitiada por el coronavirus constituye “una de las metáforas más pregnantes de nuestro tiempo” impresionantemente descrita por Ricardo Menéndez Salmón (2020), el 8 de febrero de 2020:
Como erizos…’odos juntos todos separados se acorazan en su propia piel para experimentar, simultáneamente, dos pasiones hermanadas: el asombro y el terror ante el otro, tan igual, tan distinto.
La similitud con un espacio urbano como Las Vegas es usado por el autor y llevada a una dimensión exagerada por las circunstancias del virus n-Cov, y las medidas denigrantes de seguridad desde el 23 de enero en Wuhan, pero que ahora le parece pertinente citar pues ya se percibían muchas manifestaciones de la terrible Zeropolis en la siguiente descripción desde Bruce Begout en 1967:
la reclusión permanente de zoológicos humanos, lager de todo pelage, centros de atracciones y centros comerciales, los infiernos de Calaiss o de Lesbos para los desplazados por el hambre y la guerra, los diques secos para nuestros ancianos y el panóptico genuino, cotidiano, figura emblemática de las distintas formas de percage, neologismo inventado por el filósofo y novelista francés Bruce Begout, esta experimentación dolorosa del abismo sin fronteras ni limites lo que impele a rechazar las fronteras del espacio infinito y a en claustrarse frente a las fronteras materiales y simbólicas de su propia producción artificial. ‘El hombre no crece ni prospera sino dentro de los límites que el mismo erige y tras las murallas que lo protegen contra la indeterminación del exterior. El percage es la solución práctica al temor paralizante de lo ilimitado. Encerrar a los hombres en parques como animales es admitir la necesidad acuciante de la autodomesticacion (Begout en Menéndez Salmón 2020:1)
Esta fuerte tendencia también la podemos conseguir en los términos de un colectivismo con fuerte tendencia al disciplinamiento y podría llevarnos a un estado de vigilancia total. Según el filósofo Byung-Chul Han, vamos hacia un feudalismo digital. El coronavirus podría llevarnos a una sociedad de vigilancia total, así por ejemplo, el control digital, facial, y hasta de la temperatura, podría jaquear las libertades occidentales: cada sujeto es un terrorista en potencia. La vigilancia se centra en cada persona en forma individual, un código QR le es asignado a cada persona y le indica con colores su estado de salud: un color rojo indica una cuarentena de dos semanas y solo pueden moverse libremente, quienes puedan mostrar un código verde. El gobierno de Corea del Sur está considerando la posibilidad de obligar a las personas a llevar un brazalete digital que permita controlarles las 24 horas del día, pues hasta ahora tal método de vigilancia estaba siendo aplicado a quienes habían cometido delitos sexuales:
Parece que se está produciendo un cambio de paradigma en el control de la pandemia y Occidente no termina de darse por enterado (…) El Estado sabe a dónde estoy, con quien me encuentro, que estoy haciendo en este momento (…) que ando buscando, en que pienso (…) Es muy probable que en el futuro el Estado también controle la temperatura corporal, el peso, los niveles de azúcar en la sangre, etc. (Menéndez Salmón 2020:1)
El olvidado asombro de estar vivos, nos devuelve a la representación desde las buenas y malas palabras. Gobernantes y gobernados somos llevados por nuestras representaciones sociales, o por los simulacros de los que el espectáculo mediático al mercado y a la política que circulan en todos los ambientes telemáticos y conversaciones familiares y de grupos, aun cuando todos estemos expuestos a ser contagiados, hemos siempre sabido colonizar en simbologías y núcleos de sentido lo que finalmente y con una fuerza enorme, es lo que definiría nuestro comportamiento humano o de deshumanización.
Luego viene la distinción entre animales y personas y luego entre persona y persona, tal como lo encontramos en el texto de Borges en la tela de la representación de Foucault en el prólogo a Las palabras y las cosas, y tomado a su vez de la Enciclopedia China: “todos estos seres de podredumbre y viscosidad hormigueante, como las silabas que los nombran…” (Foucault 1968: 1). Todos los contagiados deben entrar en los datos, todos los sospechosos de contagio detenidos, hasta no tener las medidas de detección. Y a continuación el encuentro inevitable entre las dos formas de interpretación; aquellas movidas por la razón lógico-matemática y aquella movida por la sensible lógica natural y la esfera del imaginario social. Sin embargo, las mujeres y los hombres son animales políticos y productores de cultura, pero participan primeramente de lo ineludiblemente común: el sentido de la vida y los fundamentos de su especie humana: en este territorio se encuentran o chocan entre sí dependiendo de las verdades que tienen sentido para definir su vida.
Si desagregamos la composición de este sistema abierto, nos encontramos con que estamos muy alejados de los imperativos generales de la naturaleza elemental de lo humano:
La vida
El Habitat
La Convivencia y socialidad La Libertad
La Psiquis y el Imaginario
Pero desde el panóptico del coronavirus, tenemos otra perspectiva: La especie amenzada de muerte
Una Geosfera en eclosión
Juntos pero separados
Confinados, contaminados y Vigilados Imaginar que somo supervivientes
Nietzsche veía la “voluntad de vivir” como secundaria de una primaria “voluntad de poder” y mejoramiento o afirmación de la vida. De este modo, se oponía al darwinismo social en la medida en que criticó la validez del concepto de adaptación, que consideraba una “voluntad de vivir” estrecha y débil.
A la vista de un impulso destructivo, y en una histeria por la supervivencia olvidamos lo que es la vida buena. Ahora bien, es preciso hacer un alto en el camino para interrogarnos sobre cuál civilización y cuál sociedad tenemos, para pasar a la dimensión humana y al papel de su dimensión imaginaria tan incomprensible pero tan peligrosa y tan frágil a nuestra realización como personas. Tan débil que podemos ser estimulados a imaginar lo humano a través de una ficción; la de ser un superviviente, como es el caso de las teleseries en las que se refugian nuestros jóvenes, en especial las de esta era de hiperrealidad.
Crisis civilizatoria Múltiple
Economía y Sociedad
Es claro que asistimos a un mundo muy dividido, posiblemente más hoy que en otros momentos de la historia humana. Sin pretender extendernos a toda su historia, nos interesa ubicarnos en el desarrollo de la civilización2, a partir de 1945, finales de la Segunda Guerra Mundial. Independientemente de algunas diferencias profundas entre los dos bloques que surgen en ese momento, el llamado socialista y el otro, el capitalista, no queda la menor duda de que la dinámica del desarrollo capitalista bajo el esquema planteado en Bretton Woods en julio de 1.944, para organizar la economía mundial y su sistema financiero –con la creación del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional– conformó un nuevo orden mundial. Esto marcó la estructura y conflictividad que se impuso en la escena mundial en las relaciones comerciales y financieras y, lógicamente, en la orientación y evolución capitalista en el proceso de acumulación de capital, hasta la década de 1.970 pero con repercusiones hasta el presente.
Surgió entonces un mundo más dividido que el que culminó con la Segunda Guerra Mundial y que originó una serie de escenarios como el de la llamada Guerra Fría, conflictos políticos, económicos, las llamadas guerras de baja intensidad entre ambos bloques de poder: URSS y sus aliados y Estados Unidos y Europa Occidental, con sus respectivas áreas de influencia en el llamado Tercer Mundo.
Para finales de la década de 1.960, concretamente en 1.968, el sistema impuesto finalizando la Segunda Guerra Mundial marca su punto culminante, una especie de punto de inflexión, en el que los acuerdos alcanzados entre gobiernos, capitalistas y trabajadores al final de la guerra, que tenían como objetivo llevar adelante el proceso de acumulación de capital en “paz” relativa, hace eclosión. Evidentemente aquí se da la acumulación de una serie de factores entre los que destaca los políticos, sociales, económicos, etc.: movimientos juveniles rebeldes y contestatarios en las sociedades industrializadas capitalistas; el movimiento hippie; la música rock; el Mayo del 68; la guerra de Vietnam –del sureste asiático– con la ofensiva del Tet en el 68 que presagiaba la derrota, unos años después, del imperialismo estadounidense; las luchas guerrilleras en la década de 1.960, extensivas a las de 1.970; la caída del oro como patrón de acumulación y medida de los intercambios comer- ciales internacionales, etc.. Todo esto condujo a que el sistema capitalista, encabezado por los Estados Unidos, intentara, como en efecto lo hizo, un cambio de tendencia en el sistema de acumulación del capital que ya, para ese momento, daba muestras de su definitivo y decadente agotamiento.
Es clara la naturaleza cambiante del sistema del capital. Desde finales de la década de 1.960 comienza los que algunos denominan proceso globalizador que no es más que la esencial expresión expansiva del capitalismo solo que, en esta ocasión, ajustándose bajo las políticas de imposición neoliberales para la continuación am- pliada de la acumulación de capital.
La nueva tendencia planteó la desregulación de los mercados, el cambio de la producción industrial tradicional hacia el sector servicios, las comunicaciones y la informática y, afianzado en esto, la imposición del capital financiero, en gran medida capital ficticio. Por supuesto uno de los mercados necesario de cambiar y controlar, eufemísticamente desregular, era el mercado del trabajo dado que esta actividad es la que en realidad genera valor y crea el capital, objetivo este de la actividad de la producción capitalista.
Precisamente las nuevas tecnologías permitieron la flexibilidad necesaria para el desarrollo de los nuevos procesos de explotación de la fuerza de trabajo y, consiguientemente, de los procesos nuevos de acumulación de capital, objetivo definitivo este último. En esto ha consistido lo que se ha llamado globalización capitalista, desarrollada ideológicamente por su estructuración conceptual y teórica denominada neoliberalismo y apoyada en la práctica de la expansión y desarrollo de la corporaciones transnacionales que sirven como punta de penetración internacional del capital, de sus valores, de su modelo cultural basado en la creación de capital a partir de la explotación de la fuerza de trabajo asalariada, en términos de esclavitud asalariada en condiciones cada vez más desfavorables para la clase trabajadora. Esto ha permitido la conformación del mercado mundial del capital con su lógica y valores, con su cultura, extendido a todos los rincones del planeta.
Las políticas neoliberales que han acompañado este proceso han intentado la desregulación de los Estados Nación, el desplazamiento y ajuste de la fuerza de trabajo lo que ha acarreado el desplazamiento de la misma, lucha por puestos de trabajo en una competencia que busca como objetivo presionar y sostener los salarios a la baja para conseguir, el capital, sus grandes ganancias, y fundamentalmente esto en lo que se llama la periferia. Además, en el centro y la periferia, privatización de los servicios públicos y de casi todas las actividades económicas del Estado, recortes o eliminación de las prestaciones sociales y, en general, desarrollando cada vez más la desigualdad en todas las actividades del intercambio comercial, financiero y económico en general a nivel mundial.
Estos cambios, si se quiere más profundos pero todos en la lógica de producción y reproducción del capital, buscaban entonces restaurar y recuperar el decaído y en crisis sistema de acumulación capitalista que, de no hacerlo, estaría decretando su desaparición. Pero esto se realizó con toda la agresividad y violencia que un sistema explotador y sanguinario puede plantear. Es su esencia depredadora y destructora del medio ambiente, de la fuerza de trabajo, de la capacidad física y mental de los seres humanos, todo en la consecución de sus objetivos como son la acumulación de capital y riqueza bajo una estructura de relaciones sociales desigual y generadora, por consiguiente, de contraposiciones profundas insalvables dentro de la misma lógica reproductiva del sistema.
Lo aquí expuesto deja ver las profundas contraposiciones que desarrolla en su propia naturaleza el modo de producción capitalista. Precisamente en estos tiempos, la crisis de la pandemia del virus del covid-19 muestra en toda su extensión la esencia de lo que es en realidad el sistema modo de producción capitalista. Pero debemos ahondar algo más en la dinámica del capitalismo y su proceso mundial.
Expansión y crisis
A partir de 1.991, con la caída definitiva de la Unión Soviética, más bien Comunidad de Estados Independientes para ese entonces, el capitalismo, en apariencia, quedó con las manos libres para su expansión incontrolada. Se trata de una última etapa dentro de un proceso de crisis y sacudidas que tienen su origen a partir del punto de inflexión alrededor de 1.968, ocasionando esto diferentes efectos, y en diferentes grados, en toda la actividad económica, política, social y cultural del planeta.
Este período está signado, claro está, por un gran conjunto de crisis de todo tipo. A partir de 1.968 asistimos no solo a un reacomodo del sistema en su totalidad, sino más claramente a una crisis total, profunda, sistémica y, mejor aún, civilizatoria del capitalismo. Crisis de “onda larga” y terminal, caracterizada por otras muchas de “onda corta”, coyunturales muchas de ellas, pero necesario verlas en el contexto de mayor, profunda y definitiva sacudida del capitalismo en su decadencia. Sólo así es que puede entenderse la magnitud y sentido de la crisis coyuntural de la pandemia actual.
Esta última crisis viene precedida de un proceso largo de agotamiento y deterioro, decadencia en general, del modo de producción capitalista, con todo lo que ello implica en el campo económico, social, político, cultural, histórico, filosófico, a lo largo de 52 años aproximadamente. Se ha manifestado, con mayor o menor fuerza, en crisis petroleras (energéticas), tecnológicas, financieras (2.007-2.009), recesiones de diferentes niveles, culturales (oriente-occidente), militares-guerras, medio ambientales, pandemias y enfermedades de varios tipos, conflictos políticos y sociales, disminución de la producción o aumentos que no tienen salida en un consumo deprimido, hambrunas, desempleo, cambios en la importancia relativa del trabajo como creador del valor, aumento de precios de materias primas y productos de primera necesidad, disminución de salarios y con ellos del nivel general de vida, de la salud, de la educación, etc.. Asistimos hoy a algo que para muchos, por ignorancia o por alienación, estaba supuestamente superado. La virtud del virus, si es que se puede decir esto, es haber colocado sobre la mesa, haber mostrado, una vez más, la realidad sobre la que se produce y reproduce el régimen del capital, con todas las contraposiciones que lo desarrollan y que se desarrollan en su interior.
Para comprender algunas de las contraposiciones del capitalismo, es necesario señalar la base del proceso de producción capitalista y de su dinámica general. Una de las claves de esta dinámica es la tasa de ganancia. Esta muestra una fuerte tendencia a disminuir a lo largo de esa dinámica (de producción del capital) y es generadora de las crisis periódicas por las que pasa el proceso. Así es la naturaleza cíclica de la economía capitalista: aunque utiliza una serie de mecanismos para frenar esta crisis, cada vez se hacen más difíciles y menos proclives a permitir la recuperación, sólo parcial, de la caída de la tasa de ganancia. Recordemos que partimos de una crisis larga desde finales de los años 60 del siglo XX que no ha logrado superarse, pese a los esfuerzos y medidas aplicadas dado que, lo que la origina, es intrínseco al sistema.
La disminución de la tasa de ganancia, como tendencia, está anclada a la lógica expansiva del capitalismo que implica que en la medida en que se crea más capital para la producción, se desplaza más fuerza de trabajo, que es la que crea el valor del capital por lo que, aun aumentando la tasa de plusvalía o tasa de explotación no logra realizarlo en la misma proporción, o aún mayor, por lo que, tarde o temprano, el sistema entra en conflicto. Bajo la lógica expansiva del capital esto no se puede detener, de ser así se acabaría con el sistema capitalista. Todo afecta esto, entre otros el precio de las tecnologías y su tendencia al desarrollo, el control y dominio sobre las materias primas y la energía, en su proceso de capital productivo indetenible producto de la competencia capitalista mundial y local. En tal sentido, los avances tecnológicos afectan directamente la relación entre el capital propiamente dicho y la fuerza de trabajo que, a la larga, contribuye directamente con la caída de la tasa de ganancia del capitalista.
Pero esto tiene límites dado que no se puede mantener la creación de grandes volúmenes de capital, así la tasa de plusvalía aumente pero no en la misma proporción del capital, aún con altos volúmenes de plusvalía. Recordemos que esta la crea la fuerza de trabajo y, al estar siendo desplazada por el capital; a la larga, dicha plusvalía debe tender a disminuir o, en todo caso, no compensa suficientemente la inversión en creación de capital. Aparte de lo señalado, también queda implícito que esto se manifiesta en mayor desempleo, tendencia a disminuir los salarios, menor consumo y, en definitiva, freno a la producción y, por consiguiente, mayor tendencia a la disminución de la tasa de ganancia. Como se observa es difícil o más bien imposible, la salida a estos procesos bajo la lógica de reproducción del capital.
Algunos de los resultados o consecuencias de lo señalado se observan en mayor desigualdad, pobreza, marginalidad, deuda externa, comportamiento y características fuertemente diferenciadas entre las economías industrializadas, las economías emergentes y las del llamado Tercer Mundo o subdesarrolladas. Todo esto ha sido impulsado fuertemente por la llamada globalización y justificado por la estructura de ideas y del pensamiento neoliberal.
Pero debe observarse, y esto lo coloca en evidencia la actual crisis del Covid-19, las grandes diferencias de clase en el capitalismo. Curiosamente en su propia dinámica existe un proceso de síntesis que, no sólo muestra las grandes desigualdades, sino que ubica la realidad de la lucha de clases, que se manifiesta hacia dos polos o clases particulares. La tendencia en este caso es a concentrar esta lucha en sólo dos clases sociales, antagónicas, contrapuestas.
La expansión sin límites y atropellante del capitalismo, basada en sus contraposiciones, trae como consecuencia las crisis que observamos, también la de la pandemia. Es destrucción lo que está presente y la alteración, y cambio profundo, sobre lo social, sobre sus relaciones. Pero no solamente nos referimos al plano económico; hay que destacar las relaciones sociales más íntimas incluso, familiares, de amistad, de camaradería, de amor en sus diversas formas de expresión etc. Dada la dinámica del sistema, que tiene que ver irrenunciablemente con la explotación del ser humano y la explotación de sí mismo (autoexplotación), con lo que el individuo se siente “realizado”, se puede decir que no hay libertad real individual, aunque siempre se insista en ella. Entonces ¿de cuál libertad se trata en un sistema con estas características? El neoliberalismo cumple con la función de ideologizar la conciencia de los individuos y oculta, hasta donde le es posible, su verdadera realidad que, en el caso de los trabajadores, viene a ser la esclavitud asalariada que los somete.
En el largo período que viene desde 1.968, la capacidad del capitalismo de recuperarse en cada crisis coyuntural que compone dicho período es discutible. En todo caso, de cada una de esas crisis “pequeñas” en el tiempo, se termina respondiendo, no saliendo, de manera complicada y con resultados más complejos todavía; incluso, muchas de ellas, en diversos grados y niveles, se siguen arrastrando. En esta crisis de largo plazo u onda larga, hemos pasado por períodos de recesión, depresión, nuevamente recesión, y así sucesivamente, pero aquí es necesario hacer una aclaratoria. No siempre las cosas son iguales a lo anterior, todas las cosas son transitorias, provisionales, nada es definitivo ni absoluto. Por tanto debemos entender qué es lo realmente nuevo en todo lo que pasa, a qué realidad nos enfrentamos en cada instante y a lo largo de un proceso histórico, con el objetivo de poder actuar sobre dicha realidad y poder ayudar a su transformación. En tal sentido la crisis actual, aún dentro del período de la onda larga, ni es igual a las otras crisis, ni la crisis grande, la que se origina desde finales de la década de 1.960, permanece idéntica a sus inicios.
De lo anterior se puede constatar que el capitalismo está en una etapa de profundos cambios, precisamente hacia radicales transformaciones que requiere que se le estudie en profundidad para poder entender lo que ocasiona su movimiento y eventualmente su transformación.
Política, centros de poder, áreas de influencia y conflictos
En nuestra reflexión anterior ya hemos indicado la capacidad e intensión del sistema capitalista para desarrollarse en el plano mundial e imponer su lógica a todo el planeta. Pero esto indica entonces que se basa en relaciones de poder que se manifiestan de múltiples formas y que hoy se observan, por un lado, como un gran debilitamiento o decadencia desde Estados Unidos y Europa pero, por otro, en un desplazamiento de ese centro de poder hacia el continente asiático, China concretamente, lo que consideramos que nos puede conducir hacia una nueva civilización, no precisamente del capital. No parece que se base, en términos político, en los esquemas tradicionales de democracia liberal y que se podría señalar, aunque no es nuestro objetivo desarrollar aquí, que la categoría de lo que se supone es democracia debe analizarse en profundidad ya que no parece haber respondido en ningún sentido con lo que supuestamente debería expresar. Más bien en esto el capital ha sido claro: se ha impuesto siempre por la fuerza, el sometimiento, la explotación despiadada y la enajenación ideológica. Evidentemente este ha sido más bien el sinónimo de democracia y libertad por lo que la crisis actual lo que llega es cuestionando de entrada todo lo que sostiene al capitalismo y mostrando entonces, como en muchos momentos otras crisis, el camino de su superación.
La secuencia poder-dominio-hegemonía tiende a romperse en todos los sentidos, mostrando la gran debilidad y vulnerabilidad del capitalismo como sistema. Aún así, la imposición del autoritarismo-populismo y la dictadura del capital –“democracia”–, junto con algunos liderazgos, sigue tratando de mantenerse pero cada vez son más débiles y con menos libertad.
Algunas reflexiones sobre la crisis civilizatoria
Estamos, en lo inmediato, pero también lo observamos en el largo plazo, un proceso recesivo continuo con disminución o pérdida global de la actividad económica del capitalismo y que, evidentemente, mantiene también las subsiguientes fases depresivas. Todo esto ha sido conducido a partir de las corporaciones monopólicas transnacionales que dominan sobre los recursos naturales, la industria militar, la ciencia y la tecnología en especial la informática, los medios de comunicación incluyendo las redes “sociales”, las actividades del capital financiero-ficticio, la industria farmacéutica y de insumos médicos, la industria de las drogas “ilegítimas”, toda la actividad expansiva en su proceso de producción y reproducción del capital en todo el planeta.
Esto ha implicado grandes concentraciones y centralizaciones de capital y, por tanto, fuertes tendencias hacia las crisis, vistas estas en su totalidad, y que en gran medida buscan resolverse a través de la destrucción de sus fuerzas productivas, de una gran parte de las mismas, de esquemas para un nuevo orden mundial –técnico pero que no cambia la esencia del capitalismo–, cambios tecnológicos, guerras.
Muchos de estos procesos implican cambios cualitativos sobre las relaciones capital-trabajo que conducen esta contraposición al límite de sus posibilidades de sostenimiento. Está amenazada la civilización humana y el planeta todo a partir de las crisis y sus consecuencias consiguientes, en el marco del régimen de reproducción del capital. La disminución de la tasa de ganancia –lo que la origina y sus consecuencias para el capital y claro está, la sociedad humana construida sobre este y el planeta todo–; las crisis de realización del capital ante los avances tecnológicos, con sus expresiones en la sobreproducción y el subconsumo; las consiguientes e inevitables crisis sociales, la desigualdad, división social y definitivamente su expresión máxima en la lucha de clases; y por último la destrucción inevitable y “necesaria”, para el sistema del capital, de las fuerzas productivas; todo esto conforma un escenario que el capitalismo, llegado a los niveles actuales, a los límites anormales a los que conduce su propia lógica, no es capaz, por todo lo que se observa, de enfrentar con alguna posibilidad de éxito.
Esto es, indudablemente, crisis de la civilización burguesa como totalidad pero que dada la extensión del modo de producción capitalista a todo el planeta y por tanto tiempo, es en definitiva una crisis de la humanidad. Crisis inhumana que al mismo tiempo resulta crisis de la humanidad, que muestra la debilidad e inestabilidad del ser humano en el capitalismo y del capitalismo en sí mismo como un todo. Vivimos una pérdida, cada vez más profunda, de la capacidad de la burguesía de accionar sobre las crisis que, como hemos indicado, es crisis consustancial a la lógica de reproducción del régimen del capital, haga lo que haga, se desarrolle de la forma que sea, por lo que es claro observar que las crisis vienen desde muy atrás, desde la propia génesis del capitalismo.
Asistimos entonces al desarrollo, desde nuestra visión, de la fase final del capitalismo como modo de producción dominante, como organización social y política y, en definitiva, como civilización del capital y sus relaciones implícitas. Si bien es cierto esto no tiene un tiempo preciso de terminación, como no lo han tenido las civilizaciones y modos de producción anteriores, no hay duda de su terminación. Todo cambia, es la ley de la vida, de la existencia toda, natural y social, humana, universal, y esto depende y es impulsado por las contraposiciones que conducen a la ruptura. Esto es inexorable. Lo que debe ser producto de otra reflexión es ver lo posible, a partir de esta dinámica, para la humanidad. Un universo de posibilidades se abre para nuestra amada humanidad.
Crisis en el Imaginario social
El coronavirus. Entre representación y simulacro
Hemos hablado aquí de una crisis múltiple y total. El primer sentido que da cuenta de un sistema social que genera muchas crisis y coarta la realización del hombre en sus expectativas múltiples. En ese sentido, se corre el riesgo de que esa crisis pueda seguir un curso perverso e irreversible, pero a la vez es posible que pueda ser total, es decir, irreversible dada la gran multiplicidad de factores y contraposiciones desatadas, lo cual revelaría una crisis terminal para el capitalismo en el segundo sentido. Tal como lo señaló Prigogine, sobre los procesos de estabilización y caos; la naturaleza nos presenta a la vez procesos irreversibles y procesos reversibles, pero los primeros son la regla y los segundos, la excepción (1996:25). Pero, por otro lado, si bien es cierto que la crisis de lo social y de los procesos del mundo de las ideas no funcionan estrictamente como lo hace la naturaleza, el hombre puede hacer proyectos, puede imaginar y puede lograr una realización no mutilante, hacia un horizonte distinto: otro proceso civilizatorio.
Morin hace una observación importante al criticar al humanismo racionalista y a la necesidad de hacer por primera vez, una antropología; una teoría del hombre que nos sirva de apoyo a la hora de trabajar por una política del hombre. En ese sentido, se puede decir que estamos ante una representación antropoética de un humanismo hominizado, que no se apoye en el mito abstracto del hombre sobrenatural, o al superhombre de Foucault, sino en la posibilidad de una hominización compleja biocultural.
Pensando en eso otro y distinto proceso civilizatorio, nuestra reflexión se dirige a una de esas dimensiones de esa complejidad biocultural: el imaginario social.
Mario Perniola se refirió al hecho de que, en la era posindustrial, la función socializadora y afectiva de la cultura se está realizando a partir del imaginario (2011).
Los partidarios de una didáctica del futuro de orden digital, nos revela la intención de una regulación decidida sobre la esfera del imaginario radical: la cultura y dentro de esta, la educación de las sociedades. En otras palabras, de los tres sistemas que componen el carácter de un sistema civilizatorio, además del adaptativo y el asociativo, el cultural-imaginario, constituye el espacio más vulnerable a los posibles cambios, que ya están alterando cualitativamente todas las esferas de la sociedad, en especial, por la acelerada y aguda transformación tecnológica de estos dos últimos siglos. Son transformaciones que se expresan a partir de todas las formas de comunicación simbólicas, el lenguaje o los lenguajes, las formulaciones del conocimiento, como la ciencia, la filosofía y el sentido común, el arte, la poesía, los cuerpos de creencias, y en particular, las formas en que elaboramos representaciones sociales del mundo y de las cosas que tienen importancia para la vida en sociedad, lo cual llevamos a cabo al liberar los poderes de nuestra imaginación y que constituyen mediaciones que intervienen en el cambio del modo de vida y de las esferas del comportamiento humano.
En esta sociedad contemporánea posindustrial el proceso de deshumanización, por ejemplo, se percibe como una tendencia social de regresión: una distorsionada percepción de la relación naturaleza-cultura, incluso un estado de necrofilia, o gusto por la muerte, que da cuenta de una distorsionada valoración de la vida y de todo lo bueno de la vida. El diseño de los dispositivos tecnológicos en la teleinformática y la robótica más reciente, revelan que no es solo invención creativa. Lo es, pero va dirigido a capturar esta privilegiada dimensión, en particular, de las nuevas generaciones que ya están logrando modificar la psiquis, la socializadad, el comportamiento, la afectividad, los ritos y los sentimientos llevados a estados muy perversos. De toda esta regresión en los modos de vida, están los referidos a los cambios en el mundo de las ideas, como parte de un imperativo cultural cuya modificación opera en una realidad que nos está llevando a una paradójica relación del hombre con su inteligencia artificial; los robots mejores que nosotros, o preferir ser un sobreviviente.
Ahora bien, parte de la realización humana tiene que ver con la posibilidad de dar respuesta a nuestras preguntas, como otro imperativo categórico del hombre de crear y recrear el mundo para conocerlo y transformarlo en relación a lo que aspiramos conseguir. Históricamente, al igual que en la economía y la sociedad, estas repuestas fueron interpretadas desde una oposición binaria: realidad-apariencia, normal-anormal, orden-desorden, cultura-barbarie, entre otras, pero estos universos socioculturales entraron en conflicto en esta sociedad de predominio violento de la imagen. Así por ejemplo, en la modernidad, las cuotas de afiliación eran los indicadores de los partidos políticos, la información era sinónimo de comunicación, las profesiones eran el campo de la producción de ideas. Pero este régimen de realidad está cambiando a otro; de la representación hacia el simulacro. Despejaremos primero el por que la gente se representa las palabras y las cosas, los eventos y todo lo que nos afecte de algún modo.
¿Por qué se fabrica una RS?
La verdadera razón que nos lleva a representarnos nuevos objetos, dice Moscovici (1961), es que lo que no nos resulta familiar; lo extraño, lo desconocido, nos perturba en la medida en que forma parte de aquello que es significativo dentro de nuestro grupo social. Lo familiar, lo conocido, nos sirve como base para comparar y entender lo que sucede alrededor nuestro. Al representar un objeto, lo transferimos del exterior, del espacio lejano en el cual se encontraba porque era extraño para nosotros, a nuestro espacio familiar y conocido.
Comenzaremos aclarando que las representaciones sociales han sufrido todo tipo de representaciones de las mismas, que se han alejado o acercado de la noción originaria del régimen imaginario, desde una representación objetivista (de lo ideológico), desde lo social o cognitivista-mentalista. Así, para algunos las representaciones sociales constituyen ideologías de la vida cotidiana (Ibáñez 1988), para el creador de la noción, son epistemologías del sentido común; teorías del hombre de la calle (Moscovici 1961), por la necesidad de liberar los poderes de su imaginación y darse una explicación sobre los sucesos que le son extraños e inaccesibles y que circulan en las sociedades modernas de la comunicación. Son elaboradas por la gente común para dar respuesta, significado y sentido a sus necesidades prácticas. Pero estas son esquematizaciones muy simples en relación a lo que han tratado de explicar los propios autores a partir de sus investigaciones.
Un ejemplo podría darnos una idea de las representaciones sociales (en acción) de un objeto o fenómeno a fin de incitarnos a liberar los poderes de nuestra imaginación:
A finales de la década de los ochenta del siglo pasado, algo nuevo y amenazante “apareció” en el discurso circulante por los medios de comunicación de entonces y como una noticia pública; la existencia de un virus conocido como inmunodeficiencia humana, y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (VIH/Sida), una enfermedad contagiosa que amenazaba de muerte a la población. Ninguna persona quedó indiferente en torno a lo que estaba sucediendo ante el miedo de ser la próxima víctima.
La noticia se difundió entre las conversaciones en el trabajo, en la calle y entre los grupos de amigos. Y ante la dificultad para tener el acceso deseado a las fuentes del saber de la ciencia, que presume lo explica todo y, para poder comprenderlo y controlarlo y tomar alguna decisión, la gente comenzó a teorizar de forma natural en torno al fenómeno, tratando de sacarlo de su contexto original que le era por demás extraño, y así hacerlo familiar apelando a elementos conocidos o que se habían perdido en la memoria social, pero que comenzaban a emerger por su valor simbólico.
¿Que estaba ocurriendo en el imaginario de las personas?
Antes de que la información publicara oficialmente los datos del Sida, ya la gente en la calle y en todos los medios de movilidad urbana especialmente, tenían a mano una teoría de sentido común.
Según Denise Jodelet, aproximadamente tres representaciones sociales aparecieron en el horizonte de las comunicaciones:
A. Una de tipo Moral-Social. El Sida como enfermedad castigo, justificando conductas de discriminación social y amalgamando saberes perdidos en la memoria y rescatando sus simbologías. Una enfermedad asociada a la Sífilis y a conductas degeneradas y a sociedades permisivas, o a la irresponsabilidad sexual de los individuos.
sidaico suena como judaico, sudatorio como sanatorio o crematorium, con un poder de evocación tal que induce a clasificar y colocar a los enfermos en una categoría aparte y a justificar conductas de discriminación (Jodelet 1991:5).
B. Otra de tipo biológico-social. La enfermedad es transmitida de animales a humanos. Una explicación desde la ciencia era esperada por todos para poder orientar a las personas
C. Y otra tercera. El Sida es representada como una política de exterminio.
Es preciso destacar el énfasis del carácter social de las representaciones como saber elaborado en el intercambio social en relación a un objeto, para distinguirlo de la perspectiva cognitivista-sicologista de la noción. Por otro lado, esta especificidad es considerada una contribución al desarrollo de la teoría del conocimiento así como a la comprensión de los otros procesos (afines a la representación) tan escasamente explorados.
Se atribuye a Serge Moscovici el haber introducido la noción (RS) a partir del rescate de otra noción, (las representaciones colectivas) de Emile Durkheim en su Sociology and Philosophy (2000) [1924], en Las formas elementales de la vida religiosa (Les formes elementaires de la vie religieuse) (1968) [1912] como “estructuras sicosociales intersubjetivas que representan el acervo de conocimiento socialmente disponible, y que se des- pliegan como formaciones discursivas más o menos autonomizadas (ciencia, tecnología, moral que posibilitan el representar-decir sociales porque incorporan aquellos sólidos marcos de referencia social-cultural, categorías del pensamiento, tales como: el espacio, el tiempo, la totalidad, las leyes de identidad, la esfera de lo sagrado, como centro de la conciencia colectiva: la sociedad como ser moral, como nomos colectivo.
Posteriormente, otros investigadores hicieron nuevos aportes. Lucien Lévy-Bruhl en relación a la noción de “mentalidad primitiva” (1924) en sus estudios sobre las funciones mentales y la lógica de estas sociedades, y Jean Piaget en La “representación del mundo” en el niño, en 1933 al introducir en su tesis un animismo, artificialismo y realismo. Sus posiciones son criticadas por nuevas tendencias en psicología en relación a que la mentalidad infantil no es lineal, como Piaget piensa, sino que es un proceso no reglado, no diseñado, no programado, no lineal y, por tanto, no global.
Pero es en los años sesenta cuando Moscovici [1961](1979) (1983), se interesa por interpretar la difusión de la teoría del Psicoanálisis y sus investigaciones sobre el impacto que había causado en el gran público. Según el prologuista de su obra, El Psicoanálisis penetra y se instala después de la Primera Guerra Mundial en Francia, donde Moscovici realiza sus trabajos de campo en los momentos posteriores a las dos guerras (Lagache en Moscovici (1961). Sus investigaciones, le permiten observar que la gente, en los consultorios médicos y en la calle usaba términos referidos a esa ‘nueva ciencia que cura todo’ y que a diferencia de lo que había afirmado la antropología analítica sobre la persistencia de la noción de conflicto cuyo centro era el concepto de la libido de Freud, Moscovici comprueba que la libido desaparece de las representaciones sociales del Psicoanálisis y que esta reaparece en el discurso de la gente más bien en forma secundaria, en los juicios o en el lenguaje.
El contexto social en el que surge la noción en El Psicoanálisis, su imagen y su público, tiene que ver con un momento epistémico crucial; nuevos descubrimientos en las ciencias de la naturaleza y en las ciencias del espíritu. En un Coloquio junto a Ilya Prigogine, Félix Guattari, Fritjof Capra, Isabelle Steingers, entre otros, en la década de los ochenta y noventa Moscovici hace una disertación sobre El desarrollo humano de la Ciencia [1983] (2000), y se pregunta, ¿Qué fue capital en la ciencia clásica a partir del siglo XVII?
La demarcación: una gran desalianza entre las ciencias y la exclusión del sujeto (Prigogine y Steingers 2004).
A finales de los noventa se habla ya de la emergencia de una Revolución Paradigmática. Con la teoría de la relatividad y los planteamientos de la Mecánica Cuántica, comienza un reingreso del hombre en la ciencia, y una nueva concepción de la relación naturaleza-cultura.
Las contribuciones de la nueva perspectiva en relación a la teoría eran más o menos:
a. Reconocer al observador la cualidad de ser-físico, situado en un sitio preciso y perteneciente al mundo que describe y demostrando que las medidas del tiempo son esencialmente relativas y que dependen del punto de vista del observador. Por consiguiente, son diferentes para dos observadores en movimiento, uno en relación con el otro.
b. Pero, además, cada experiencia y cada medida “perturba” los fenómenos. Y la perturbación influye en las observaciones y en las mediciones ulteriores.
Pero todavía más, Niels Bhor, lo ha precisado bien: los fenómenos no son cognoscibles más que en relación con nosotros. No podemos dejar de intervenir porque es la propia condición de todo conocimiento de lo real.
A la mecánica cuántica y a la teoría de la relatividad, se suma la teoría de la información. La circulación de los fenómenos y de los mensajes, los cuales se miden en la cantidad de información emitida o recibida. Moscovici publica un texto titulado “de la ciencia al sentido común” y se pregunta, ¿Cómo piensan los individuos?
¿Cómo comprenden su mundo? ¿Cómo utilizan la información trasmitida por la ciencia o la experiencia en la vida social?
Paradoja: nosotros miembros formados en una civilización técnica, estamos muy lejos de pensar y comportar- nos según un método lógico y racional. … Todo sucede como si, para vivir juntos, para comunicarse de forma adecuada y para resolver los problemas habituales los individuos no pudieran jugar simplemente el juego de la ciencia. Retienen su contenido, pero modifican su forma y sus reglas (Moscovici 1994).
Moscovici describe el reingreso del hombre en la ciencia, considerada ya no como deducción lógica de teorías a partir de hechos dados, sino como creación, y creación no solamente de teorías o de interrogantes experimentales, sino también de fuerzas inanimadas y animadas, de las que nuestra actividad implica su actualización. Todo esto es producido en esos diálogos entre las ciencias:
Toda vez que una nueva fuerza de la materia es inventada, toda vez que surge un nuevo tipo de interacción, se forman nuevas propiedades de la humanidad y de la materialidad (Stengers, en Prigogine y otros 1990: 158).
Moscovici va a definirlas entonces, como:
… Un corpus organizado de conocimientos y una de las actividades psíquicas gracias a las cuales los hombres hacen inteligible la realidad física y social, se integran en un grupo o en una relación cotidiana de intercambios y liberan los poderes de su imaginación (Moscovici, 1961:18) (…) teorías del hombre en la calle. Circulan en los discursos, son llevadas por las palabras, en los mensajes e imágenes mediáticas, cristalizadas en las conductas y arreglos materiales y espaciales (ibidem).
Podemos concluir preliminarmente entonces, que la aparición de un fenómeno como el coronavirus, no es solo un problema de sanidad, sino que es la expresión de la sociedad que tenemos y que esta sociedad se hace preguntas sobre lo que sucede en su entorno inmediato o lejano, si lo afecta. Estamos experimentando una articulación trágica entre “el virus” y nuestro mundo de vida y vivencia de nuestros imaginarios. Un elemento perturbador del orden podría desencadenar un nuevo sistema de reglas, por ejemplo; un nuevo sistema de vigilancia biopolítica, al anteponer la libertad a la seguridad, y convertir la emergencia en una situación de normalidad. Distancia social, trabajo desde la casa donde el espacio social del hogar es invadido por el teletrabajo.
Ahora bien, este reordenamiento de reglas en el trabajo, en las relaciones sociales, es también una experiencia imaginaria que es un nuevo tipo de realismo. El poder del imaginario puede terminar en el juego de la mercancía y el consumo en el modo de sociabilidad, de tal modo que una sociedad de hiperinformación participa de una fragmentación de las matrices de significación y de simbolización en un exceso de imaginario: un régimen de visibilidad-invisibilidad en el que es posible que la provocación de un objeto deseado puede ser objetivado en términos de una efímero estado de felicidad, en un mandato productivo “deseante” objetualizado en el gozo, como máscara efímera de la felicidad:
… la condición actual del mundo, de la realidad social en el capitalismo multinacional de consumo, es la de una hiperrealidad sistémica, donde el prefijo “hiper” quiere decir “más que”, y el término “realidad” significa “reproducción” más que “producción (Martínez Fernández 2014:82)
Sería necesario entonces distinguir en esta sociedad postindustrial, que cada vez más reproduce la fantasía de la razón, es decir, en tanto que es la misma sociedad de consumo la que necesita producir su propio delirio borrando el límite imaginario (Deleuze y Guattari 1985). Por tanto, consideramos importante explorar tanto la eficacia de las representaciones sociales, pero también, su deslizamiento hacia la simulación.
Ya lo había expresado Durkheim para entender la experiencia humana del mal, y que había que concebirlo como algo que se define socialmente. Estos son, por ejemplo, los rituales de duelo y expiación para enfrentar el mal: enfermedades, catástrofes naturales, desastre ecológico, etcétera. Y el siglo pasado, a finales de la modernidad, Baudrillard, en su obra La transparencia del mal ya se refería a que la sociedad estaba en presencia de los fenómenos extremos de lo trans-político, lo trans-económico, lo trans-sexual (1991). En ese sentido, el papel de los referentes como soportes del objeto representado, estan sufriendo un deslizamiento hacia el vacío hacia una experiencia dionisíaca. Creemos que estamos acelerando, pero en realidad, aceleramos en el vacío. Estamos presenciando la asunción de todos los referentes hacia una orgía total. Esta transformación se vuelve más trágica y apunta a la desrealización de la imagen (Perniola 2011). En las sociedades posindustriales, el imaginario sufre un proceso de fragmentación de las matrices de significación unitarias, hacia un exceso de imaginario. Y las nuevas mitologías en el seno de una cultura eminentemente profana, aloja el espectáculo de los celébrities, los jugadores de fútbol, la figura del youtubers del mercado y de la política:
De los macrorrelatos pasamos a los microrrelatos precarios y fluctuantes que a modo de receptáculos, acogen identidades sociales re-ligadas en torno a lo afectivo y lo emocional (Carretero Pasín 2003: 89).
Toda esta trama selectiva y discriminatoria de la perversión de la imagen, pasa por las valoraciones, los afectos, los sentimientos y culmina siendo una operación estética de simulación de lo real.
Pero una de las dimensiones sociales en la que el papel de los imaginarios sociales cobra mayor sentido, tiene que ver con las nuevas formas de la política. Podemos ver en este siglo, la transparencia de un deslizamiento de formas tradicionales de hacer lo social, lo económico y en particular lo político hacia otras estrategias. Todas las esferas del sistema social pasan por los procesos de desrealización. Y hacemos aquí una observación, que merecería un estudio detenido sobre un deslizamiento estético de lo real político, una política de simulación de lo político, (el comportamiento del entonces candidato Peña Nieto al esconderse en un baño de la Uni versidad Iberoamericana (UFA) significó una manifestación clara de su situación adversa a la ‘normalidad’, es decir, a la política de ‘fuga’ de sus acusadores profesionales le sucede su ‘simulacro’ (Covarrubias 2007). Y así como este candidato, otros tantos.
Ante un mundo en eclosión, un sistema civilizatorio que genera endemias como el Covid-19 con el cual es probable tengamos que convivir con él; de crisis ambiental ocasionada por la racionalidad económica, por la voluntad del poder incorporada en la tecnología, y estas a su vez, en múltiples crisis: crisis ambiental, crecientes desigualdades sociales, hambre, racismo, fascismo, un imaginario que genera una ceguera colectiva, un gusto por la muerte, la crisis de una humanidad sin humanidad. Afortunadamente, los individuos no somos máquinas triviales siempre obedientes impecablemente al orden social y a una cultura. Podemos modificar el trayecto de esta historia.
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Notas
Notas de autor
doctocshumanas@gmail.com
Teléfono de contacto: +58 4247281883
Doctorado en Ciencias Humanas Facultad de Humanidades y Educación Universidad de Los Andes Mérida-Venezuela
Teléfono de contacto: +58 426 3542605
Escuela de Economía Facultad de Ciencias Económicas y Sociales Universidad de Los Andes Mérida-Venezuela
Información adicional
Luz G. Pargas L.: Estudios de Sociología, Universidad Central de Venezuela. Caracas, D.F. Estudios doctorales en Ciencias Humanas, FHE, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Estudios doctorales en Antropología. Universidad de Los Andes, Venezuela (tesis en desarrollo). Estudios Postdoctorales en Ciencias Sociales, Universidad Central de Venezuela (en desarrollo). Estudios de Magister Scientiarum en Intervención Social y Planificación de Políticas Sociales, LUZ-Zulia, Venezuela. Co-fundadora y Coordina- dora del Doctorado en Ciencias Humanas, FHE, Universidad de Los Andes, Mérida. Co-fundadora de la Revista venezolana de Sociología y Antropología Fermentum. Hu- manic-ULA. Mérida, Venezuela. Co-fundadora del Centro de Investigaciones en Cien- cias Humanas, Humanic-ULA, Merida, Venezuela. Miembro del Comité científico de la Red Iberoamericana Imaginarios y Representaciones RIIR. Asociación Iberoamericana de Postgrado (España, Portugal, América Latina y El Caribe), desde 2016.Miembro de la Red Iberoamericana de Investigación de Postgrados (AUIP): “Vida Cotidiana, Ética, Estética, Educación y Política” REDIVEP, desde 2015. Miembro de la Red Científica Papers on Social Representationts (nº 14), The Narrative Organization of Social Representations, Academia de Ciencias. Budapest, 6-9 september 1995. Miembro Asesora de la Cátedra Libre de Historia de La Mujer, FHE, ULA, Venezuela. 2015
Gustavo González.: Economista, Faces-ULA. Doctorado en Formación, Empleo y Desarrollo Regional, Universidad de La Laguna, España, Unión Europea. Maestría en Ciencias Políticas, CEPSAL-ULA. Su línea de Investigación es el Método Dialéctico, Materialismo Histórico, Economía Política. Jefe de la Cátedra de Epistemología y Pensamiento Econó- mico, FACES-ULA. Responsable del Programa de Formación en Economía Política UBV. Director de la Revista Proceso (Revista Crítica de Izquierda). Ex-militante del Partido de la Revolución Venezolana PRV. Docencia: FACES-ULA: Economía Política Marxista, Historia del Pensamiento Económico, Aproximación al Neoliberalismo, Capitalismo y Globalización, Macroeconomía 1, Macroeconomía 2, Introducción a la Economía II,. Es- tructura Económica de Venezuela, Problemas Económicos de Venezuela. CEPSAL-ULA: La Lógica del Capitalismo y la Globalización, Capitalismo y Lucha de Clases. UBV: El Capital, Economía Mundial e Internacional, Historia Económica, Teorías del Imperialismo, Epistemología, Economía Social y Desarrollo Endógeno, Economía Política Global Radical, Introducción a la Economía Política, Realidad Socio-Política de Venezuela en el Contexto Latinoamericano y Caribeño, Economía de la Producción, Crítica de la Teoría Económica Burguesa Contemporánea