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La trayectoria de Alfonso Corona Martínez, o cómo mirar el bosque a través de un árbol. Redes intelectuales, accionar político y crisis interna del Partido Socialista pampeano (1924-1945)
The trajectory of Alfonso Corona Martinez, or observing the wood through a tree. Intelectual networks, political action and internal crisis of Pampean Socialist Party (1924-1945)
La trayectoria de Alfonso Corona Martínez, o cómo mirar el bosque a través de un árbol. Redes intelectuales, accionar político y crisis interna del Partido Socialista pampeano (1924-1945)
Izquierdas, vol. 49, 16, 2020
Universidad de Santiago de Chile, Instituto de Estudios Avanzados, IDEA.
Recepción: 14 Diciembre 2019
Aprobación: 27 Marzo 2020
Resumen: En este artículo se aborda el devenir del Partido Socialista en la Argentina a partir de un prisma particular: la trayectoria del abogado Alfonso Corona Martínez, quien ingresó a las filas partidarias en 1924, en el Territorio Nacional de La Pampa, para renunciar una década después, en un marco de profundo conflicto interno en el PS a nivel nacional y local. La destacada posición que tuvo en el plano regional, así como sus redes amicales y políticas en el país, contribuyen a explicar las particularidades de la crisis socialista en dicho Territorio y la posición de este dirigente entre los referentes partidarios incluso cuando abandonara el Centro Socialista más importante de esa región. Para ello, se recurre a un nutrido corpus documental, en especial a fuentes escasamente analizadas y de una riqueza extraordinaria: las cartas personales de Corona Martínez.
Palabras clave: Partido Socialista, Alfonso Corona Martínez, crisis partidaria, redes.
Abstract: In this article it is treated the trajectory of Socialist Party in Argentina through a particular prism: the achievement of Alfonso Corona Martinez, a lawyer who joined the party in 1924 in National Territory of La Pampa, to quit a decade after, due to a deep internal conflict at PS at national and local levels. The important position he had at regional level, as well as his friends and political networks along the country helped to explain the particularities of the socialist crisis in the afore mentioned territory and the position of this leader among the referents and partisans, even when he abandoned the most important Socialist Center of the region. To this purpose, a wide documental corpus is consulted, specially scarced analyzed sources which have a richness of major consideration: personal letters of Corona Martinez.
Key words: Socialist Party, Alfonso Corona Martinez, party crisis, networks.
Introducción
La historiografía argentina en la última década y media ha producido un claro avance en lo que respecta al conocimiento sobre el Partido Socialista (PS) y las lecturas renovadas permiten conocer mucho mejor la dinámica de una fuerza política de enorme gravitación en la Argentina durante la primera mitad del siglo XX. Incluso se enriqueció el conocimiento historiográfico respecto del desempeño socialista en espacios alejados de Buenos Aires y se complejizaron las interpretaciones que tendían a generalizar la extracción social de militantes y dirigentes, el posicionamiento político, la presencia del socialismo en las zonas rurales, el lugar de las mujeres en sus filas y la relación entre el PS y los trabajadores.2 En términos generales, es posible mencionar las investigaciones sobre la expansión socialista en el plano electoral, sus propuestas políticas, las ideas en materia económica, las políticas culturales que se desplegaron en diversos espacios, así como también la difícil y esquiva articulación que el PS mantuvo con el movimiento obrero. Sin embargo, aunque con excepciones de enorme valor, la crítica situación del PS durante comienzos de la década del treinta (que derivó en ruptura en 1937) no fue aún analizada en clave regional para identificar, por ejemplo, las vinculaciones de los principales líderes del ala izquierdista, sus estrategias para granjearse el apoyo de otros socialistas o la incidencia del conflicto partidario en espacios alejados de Buenos Aires y Mendoza.3 La otra perspectiva que también fue poco visitada es el estudio de los dirigentes socialistas desde la historia intelectual, a pesar de que el PS tuvo a nivel nacional intelectuales de reconocida trascendencia no solo en la Argentina sino también en otros países latinoamericanos. Si esta última situación se hace evidente al revisar la literatura existente sobre los principales referentes partidarios,4 eso se potencia aún más si focalizamos en los dirigentes y militantes destacados del PS en el interior argentino.5
En este artículo, intentaremos un abordaje entre la expansión política del PS en el Territorio Nacional de La Pampa y la crisis interna desatada entre 1932 y 1933 en el Centro Socialista de Santa Rosa, capital de dicho Territorio, así como sus derivas en los años posteriores.6 Para eso, se focalizará en la trayectoria del abogado socialista Alfonso Corona Martínez, quien ingresó a ese Centro en un momento clave del PS pampeano, y haremos hincapié en sus vínculos personales y en el posicionamiento adquirido como un dirigente de relevancia en la región. Centraremos así la atención en la etapa que va aproximadamente de 1924 a 1945, es decir desde su ingreso al PS capitalino hasta que se convirtió en un (aunque podríamos decir el) socialista fuera de las filas partidarias. Debido a que su salida tuvo lugar en un marco de aguda crisis interna, indagar en la relevancia de este abogado puede resultar fructífero, ya que al parecer en este caso mirar el árbol permite (en oposición a la usual expresión) explicar mejor lo que ocurría en el “bosque” del socialismo local y nacional. Cabe agregar que, a diferencia del PS porteño, donde los universitarios (en especial, los médicos y abogados parlamentarios) tenían un peso decisivo,7 Corona Martínez intervino en un contexto signado por la ausencia de intelectuales de fuste en las filas locales del socialismo y la presencia de una dirigencia más bien “plebeya”.8 Dicha situación, de hecho, facilitó su encumbramiento en el seno partidario y generó, evidentemente, conflictos internos en el Centro capitalino. Luego, ello incidió de manera negativa en esa fuerza política a nivel territoriano, un espacio donde el PS tuvo mucha importancia entre la segunda mitad de la década del veinte y los primeros años de la siguiente.9
La mencionada renovación historiográfica permite explicar mejor los avatares de la situación interna del PS durante la etapa en estudio. Para referenciar sólo los tópicos que están vinculados con los aspectos a analizar, diremos que se ha indagado en torno a la persistencia en esos años de un problema que no era nuevo en las filas partidarias: el debate sobre la escisión de la esfera política y la gremial, tema que ya había provocado fuertes críticas a la postura reformista e incluso rupturas.10 En la década del treinta las críticas se reavivaron y algunos referentes gremiales fueron centrales en ese proceso.11 El lugar que tuvo el PS en la escena política de esos años también fue analizado y permite ver cómo la inserción institucional del socialismo incidió en la reaparición de conflictos inveterados que adquirieron gran magnitud en las filas partidarias.12 Por cierto, algunos de esos conflictos han sido objeto de interés, como por ejemplo la (re)emergencia de un ala izquierdista a comienzos de la década del treinta, fuertemente crítica de la dirección partidaria y que proponía la revisión de las formas de acción política del PS. Si bien las demandas del grupo eran heterogéneas, allí se alinearon posiciones ideológicas clasistas y sectores que pretendían un recambio de las autoridades partidarias.13 Parte de dicho grupo, que se expresó a través del mensuario Cauce y luego en la revista Izquierda, se escindió del PS y, en 1937, dio origen al Partido Socialista Obrero (PSO). Dirigentes de la Federación Socialista Mendocina, entre ellos el abogado Benito Marianetti, y un núcleo de socialistas porteños, como Bartolomé Fiorini, Saúl Bagú, Luis Ramiconi, Joaquín Coca y Rodolfo Aráoz Alfaro (que vivía en Buenos Aires pero había nacido en Tucumán), entre otros, conformaron los pilares fundamentales del PSO, aunque también recabó apoyos entre socialistas del interior del país.14 La prensa periódica de estos sectores enfrentados a la dirigencia del PS fue objeto de análisis, puntualmente la revista Izquierda, a la que ya nos referimos.15
La reconstrucción histórica llevada a cabo desde la propia tradición socialista en La Pampa no reparó demasiado en la significación de esa crisis interna a nivel regional, aunque en cierta forma algún historiador aficionado tomó posición en lo que refiere al conflicto entre “teóricos” y “prácticos”, términos de época que se analizarán en las páginas siguientes.16 La historiografía luego se ocupó de darle al conflicto la magnitud que tuvo y hacer un abordaje más específico del tema,17 aunque al parecer la profundidad de la crisis intestina fue mucho más intensa de lo que se suponía hasta el momento y en esa coyuntura se combinaron elementos específicos del socialismo local y otros derivados de la situación que atravesaba el PS a nivel nacional. Para dar cuenta de ello, colocamos el foco en la trayectoria de uno de los dirigentes más importantes del PS en la región, quien a pesar de su breve incursión partidaria adquirió un lugar central y, según parece, lo conservó luego de abandonar el socialismo entre sus pares pampeanos y argentinos. En 1934, diez años después de su ingreso al Centro Socialista de la capital pampeana, Corona Martínez se fue del PS en un marco signado por la crisis partidaria, sin duda la más profunda que había experimentado desde su fundación en el Territorio. Junto con él, un grupo de afiliados de Santa Rosa abandonó las filas socialistas. Dicho grupo era heterogéneo, como veremos enseguida, pero sus detractores calificaban a sus integrantes de “intelectualistas”.
¿A qué se debía esa denominación? ¿Puede el abogado en estudio considerarse como un intelectual “de provincia”18 que actuaba en un locus singular y tenía sólidos vínculos a nivel político-partidario? ¿Por qué él continuó, inclusive una vez fuera de las filas partidarias, siendo un referente clave para muchos socialistas locales y nacionales? A partir de fuentes originales, pretendemos arrojar luz sobre las aristas desconocidas de la crisis que sufrió el PS durante la década del treinta y apostar, a su vez, al análisis de esa fuerza política a partir de la historia conectada. En ese sentido podemos decir, como propone Romain Bertrand, que no demarcamos a priori el universo de relaciones, sino que, en cambio, deducimos los “mundos vividos” de los actores a través de las prácticas que los constituyen.19 Para ello, son esenciales las cartas recibidas (y algunas enviadas) por Corona Martínez, es decir que apelamos a los “archivos personales” para develar los vínculos existentes y sus posicionamientos políticos. Como mostró la historiografía, en especial la francesa, la utilización de ese tipo de acerbos documentales presenta un valor singular por su relación con la “historia de la vida social”, es decir, porque da cuenta de la manera en la que lo individual se funde en lo grupal y cómo ello permite explicar, por ejemplo, el proceso de construcción de identidades políticas.20 Estas últimas, como otros estudiosos señalaron recientemente, se reconstituyen permanentemente y, en consecuencia, la homogeneización interna nunca se realiza de manera plena. Para decirlo con sus palabras, “la conformación interna de un determinado espacio siempre se encuentra sobredeterminada temporalmente por el simultáneo movimiento de diferenciación externa (y viceversa: la diferenciación externa está indefectiblemente sobredeterminada por la homogeneización interna)”.21 En el caso que nos convoca aquí, como veremos, el rastreo de identidades políticas y de vínculos amicales e intelectuales resulta fundamental, razón por la cual la correspondencia, triangulada con publicaciones del PS y de la oposición política, adquiere una relevancia notable. Este es un aporte de peso, ya que, si bien actualmente hay trabajos que se apoyan en las cartas para revisar la dinámica interna de ciertos Centros Socialistas o complementar la revisión de memorias de dirigentes partidarios,22 dicha crisis interna del PS aún no fue mirada bajo el prisma que ofrecen estas fuentes. Y eso pese a que, como señala Nora Bouvet, el uso epistolar fue importante no solo para moldear la literatura sino también la política. Según ella, la relación entre los sujetos estaba “puesta en carta” en un contexto en el que la escritura epistolar era vital para suplantar los vínculos cara a cara, razón por la cual esa forma de comunicación diferida quedó “encerrada en su historia”.23
A continuación, abordaremos, en primer lugar, la posición de Corona Martínez en el seno del Centro capitalino, teniendo en cuenta su origen y formación. En segundo lugar, reconstruiremos el despliegue de la crisis en el PS pampeano, cuya génesis no se explica sin atender a lo sucedido en Santa Rosa, proceso que derivó en la división del socialismo y la pérdida de peso a nivel electoral. Por último, focalizaremos en el rol del abogado entre quienes permanecían en las filas partidarias y, desde diferentes lugares y con objetivos disímiles, procuraron atraerlo nuevamente a la actividad política. Así, las redes en las que estaba inserto ofrecen una visión panorámica del PS, donde se integran lo local y lo nacional, que hasta el momento no se había apreciado en su magnitud.
Un abogado en el PS pampeano: ¿regla o excepción?
El interrogante del subtítulo se respondería perfectamente si generalizáramos a priori las características del socialismo porteño, donde los médicos y abogados tenían un peso enorme en la dirigencia parlamentaria y el Comité Ejecutivo Nacional (CEN). No obstante, la dirigencia pampeana del PS era diferente en cuanto a la composición social. Los abogados eran más bien la excepción: cuando Corona Martínez ingresó al Centro Socialista de Santa Rosa era el único, hasta donde pudimos indagar, que tenía un título universitario. Pocos meses antes de que este abogado se incorporar, la Comisión Administrativa de dicho Centro estaba integrada por Hugo Nale (constructor de obras), Domingo Gentili (autodidacta) y Víctor Lordi (mecánico), para mencionar algunos de los más destacados. Desde su creación en 1913, el Centro capitalino contó además con la participación de agricultores, gomeros, peluqueros, sastres, obreros panaderos y algunos comerciantes. Cuando en Germinal, el órgano de prensa del PS en Santa Rosa, anunciaron el ingreso de Corona Martínez destacaban que era un “talentoso abogado de reconocidos prestigios profesionales e intelectuales” y que representaba “un elemento de gran valía” para el socialismo local.24
Rápidamente, el abogado adquirió una posición central entre sus camaradas: en febrero de 1925 se hizo cargo de la dirección de Germinal25 y cuando en agosto de ese mismo año se creó la Federación Socialista Pampeana (FSP) él integró, junto con Lordi, Nale, Gentili y Segundo Brizuela, su primera Comisión Directiva.26 Al promediar 1925, Domingo Besasso visitó la capital pampeana como delegado del CEN y corresponsal viajero de La Vanguardia, ocasión en la que brindó una conferencia en la plaza Mitre a pedido de los socialistas locales. El contexto era complejo, ya que el Concejo Municipal controlado por los socialistas estaba en conflicto con los panaderos “trustificados” y se pretendía la rebaja del precio de ese producto de primera necesidad. Cuando el orador finalizó su exposición, el público asistente pidió la palabra de Corona Martínez, muestra clara de que estimaban su participación en el acto.27 La incorporación de este abogado al socialismo coincidió con una expansión del PS en el Territorio y un gran crecimiento político, verificado en los triunfos electorales en Santa Rosa y General Pico, localidades muy pobladas.28 En 1925, por cierto, Corona Martínez ingresó al Concejo Municipal de la capital pampeana junto con Lordi y obtuvo más votos que este último, quien tenía una trayectoria más extensa en el PS.29 En 1927 y 1932 volvió a ser electo concejal por el socialismo y su palabra era solicitada por los pares de otros pueblos, que lo invitaban a disertar en veladas culturales.30
Al indagar en su itinerario intelectual queda en evidencia el porqué del rápido ascenso de su figura en las filas partidarias. Él había nacido en Candelaria, Misiones, el 1 de noviembre de 1893 y llegó al Territorio Nacional de La Pampa en 1919. Para ese entonces ya había obtenido el título de Abogado en la Universidad de Buenos Aires con un gran esfuerzo, debido a que la posición económica de su humilde familia lo obligó a buscar una salida laboral a fin de afrontar sus propios gastos, y por ejemplo trabajó en Buenos Aires como escribiente en una comisaría. En 1920 se trasladó a Santa Rosa y se desempeñó como Letrado del procurador Mariano Berón. Luego de la muerte de Berón se empleó con Ildefonso Rodríguez, que también se identificaba con el socialismo. Los años previos a su incorporación al PS los dedicó a militar en la llamada Unión Vecinal Independiente. Como advertimos, su formación universitaria y prestigio intelectual eran valorados por los socialistas y ello explica su encumbramiento en las filas partidarias. Por cierto, el único abogado que había integrado el Centro santarroseño y que disponía de vínculos con dirigentes porteños de renombre había sido Pedro E. Pico, cuyo papel fue decisivo en la organización del PS en Santa Rosa y a fines de la década del diez se fue del Territorio para retornar a Buenos Aires.
No es azarosa la elección de la trayectoria intelectual de Corona Martínez con sus particularidades dentro del PS local, ya que con este abordaje podremos superar la mera colección de alebrijes y hacer, según la proposición de Ana Teresa Martínez, un aporte a la comprensión de una problemática mayor.31 En este caso, la dinámica de la crisis interna del PS a nivel territoriano y nacional, así como la persistencia de relaciones personales, a veces soterradas, entre socialistas que estaban dentro y fuera de la estructura del PS. A los efectos de aprehender esto último, apelamos al concepto de redes, las cuales tienen una naturaleza dinámica e inestable (por ende, elástica y porosa) que conectan puntos distantes entre sí y articulan espacios culturales que presentan fronteras menos estables y tangibles que las provinciales y/o nacionales.32 De ese modo, es posible identificar mejor sus dimensiones policéntricas e interregionales.
Como advertiremos más adelante, su paso por la universidad en Buenos Aires y el prestigio intelectual acumulado en pocos años en el Territorio tuvieron seguramente una gran incidencia en la conformación de sus vínculos intelectuales y amicales. Pese a que Corona Martínez no tuvo al parecer militancia socialista durante su juventud, fueron significativos los contactos que alcanzó en la esfera partidaria. Según veremos, hacia los años treinta ya tenía una relación bastante estrecha con Nicolás Repetto, se carteaba con dirigentes de la talla de Mario Bravo, Rodolfo Aráoz Alfaro y Benito Marianetti, como así también con socialistas de diferentes puntos del Territorio y de la Argentina. Es muy probable que la militancia de uno de sus hermanos, Enrique Corona Martínez, que vivía en Buenos Aires y también era abogado, le haya permitido conocer a socialistas de peso en la capital del país. Su figura en el ámbito pampeano era estimada y en Santa Rosa al parecer cautivó a muchos jóvenes egresados de la Escuela Normal, que por su influencia se sumaban al PS. Según uno de sus biógrafos (que a su vez fue empleado en el estudio jurídico que tenía), el abogado los atraía “por su sabiduría y su fuerte personalidad”.33
No debe haber pasado desapercibido en el Centro Socialista capitalino el enorme peso adquirido por Corona Martínez en un corto plazo. Su perfil se asemejaba más al de los socialistas porteños que monopolizaron los cargos legislativos entre las décadas del diez y el veinte. En el XXII Congreso Ordinario del PS (sobre el que volveremos luego) que se realizó en mayo de 1934 en Santa Fe, Repetto en un discurso planteó que era uno de los que disfrutaba del “privilegio de ser un universitario”, y de inmediato marcó bien la diferencia con Enrique Dickmann, quien también era médico, pero había “hecho sus estudios luchando rudamente con la miseria”. La intervención del principal referente del PS (luego de la muerte de Juan B. Justo en 1928) pretendía desacreditar el planteo de un delegado que había sugerido la existencia de una “clase gobernante de la agrupación” y mostrar la composición heterogénea del PS.34 En ese sentido, Corona Martínez estaba más cerca de Dickmann que de Repetto, ya que su paso por la universidad se conjugó con la actividad laboral intensa para cubrir sus gastos personales. Desde luego, no es osado plantear que el ascenso de su figura a nivel local debió generar rivalidades que estarían latentes y, ante el mínimo inconveniente, estallarían en todo su esplendor. Eso fue lo que ocurrió en 1933, situación que analizaremos en el próximo apartado.
Crisis y escisión: el origen y las consecuencias del proceso
El PS de la capital pampeana experimentó un notable incremento en la cantidad de votos recibidos durante la segunda mitad de los años veinte: tuvo 365 en 1925, 696 en 1926 y 725 en 1927.35 Este último año, además, en Santa Rosa se formó el Sindicato de Oficios Varios y los socialistas allí tenían clara mayoría. Vale agregar, la asamblea constitutiva de dicho Sindicato se realizó en la Casa del Pueblo y en esa ocasión Corona Martínez fue uno de los oradores. Allí, afirmó que “con el aporte de la clase trabajadora a la creación de este organismo gremial, la obra socialista se completaba en esta capital del territorio”, con lo cual “llegaba la hora de la acción uniforme del partido en su faz política, gremial y cultural”.36 De esta manera, el PS conjugaba entonces el control del Concejo Municipal y el predominio sobre la entidad gremial recientemente organizada.
En julio de 1929 el Concejo quedó en acefalía porque culminaban sus mandatos los concejales socialistas Lordi y Corona Martínez y el radical Emilio Castro, situación que se prolongó hasta noviembre de 1932, primero debido a decisiones en el Ministerio del Interior (anulación de la convocatoria a elecciones) y luego a raíz de los sucesos que derivaron del golpe de Estado de 1930. Sin embargo, después de sucesivos gobiernos de Comisionados municipales, el PS volvió a triunfar y obtuvo 1.172 votos, razón por la cual el procurador Sergio López y el comerciante Pedro Rodríguez Rubial fueron electos concejales junto con Lordi, Corona Martínez y, por la minoría, Mariano Faraldo. Como Presidente del Concejo sus integrantes eligieron a Lordi, quien encabezó un gobierno municipal que debió afrontar el problema de la desocupación. El conflicto que dividió al PS santarroseño (y luego a la FSP) se inició en los últimos meses de 1932 a causa de un enfrentamiento interno entre los concejales socialistas de Santa Rosa. Una de las fracciones enfrentadas terminó abandonando el PS y, en 1934, publicó Lo que ocurre en el socialismo de La Pampa, texto sin duda redactado y organizado por Corona Martínez. Pero ya en marzo de 1933 el diario radical Gobierno Propio afirmaba que se comenzaban a perfilar dos tendencias en el Centro santarroseño: la que “encabezaba” el abogado y la que “respondía” a Lordi.37
De acuerdo al relato del grupo liderado por Corona Martínez, el problema más relevante se generó porque el funcionamiento de la Bolsa de Trabajo, organizada por el Concejo para “emplear (a)los obreros parados por turnos rigurosos y equitativos”, era “entorpecido por la displicencia con que el ciudadano Lordi encaró su creación”. Según planteaban, ya durante 1927, 1928 y 1929 habían existido conflictos con el Sindicato de Oficios Varios (que tenía a su cargo, entonces, la Bolsa) porque Lordi como Presidente del Concejo abusaba de sus facultades para disponer de los puestos de trabajo y ello era muy cuestionado por el Sindicato. Para este grupo, Lordi presentaba una “incurable tendencia a disponer de los empleos dejando de lado las disposiciones de la Bolsa” y, por ello, la Comuna “se convirtió en una romería de desocupados” a causa de las “promesas hechas por el ciudadano Lordi, no ya de trabajo indeterminado sino de empleos concretos”.38 Ello ocurría en un marco en el que solía cuestionarse fuertemente (y eso no era novedoso) por los principales dirigentes del PS la utilización del empleo público como “arma de proselitismo político”.39
En esa coyuntura, se hizo cargo de la intendencia el socialista Sergio López en enero de 1933 porque Lordi estaba ausente de la ciudad de manera temporal. El grupo comunal asumió forma orgánica, se celebraron sesiones y en una de ellas resolvieron en lo que respecta a la rigurosa observación del orden de inscripción de la Bolsa y dejaron sin efecto el nombramiento de un peón y un sereno realizado “sin consulta” por Lordi. A su regreso, este último solicitó una reunión, en la que tuvo lugar una discusión intensa entre, Lordi, por un lado, y López y Corona Martínez, por otro. El primero, en contra de los argumentos de estos últimos, planteó que “la mayoría no lo va a obligar a hacer una cosa que está en contra de sus principios” y que consideraba “una ridiculez que para nombrar un simple peón esté supeditado a tanto expedienteo”. Finalizó su exposición al afirmar que presentaría su renuncia como concejal y Presidente municipal.40 En efecto, envió las renuncias al Centro Socialista y este cumplió en elevarlas a la Junta Ejecutiva de la FSP. Finalmente, continuó como concejal, pero no retiró la de Presidente, cargo que ocupó López hasta marzo de 1933, cuando fue asesinado por un comerciante que le debía impuestos a la Municipalidad.
De acuerdo a los argumentos del grupo encabezado por Corona Martínez, fue en ese marco donde Lordi canalizó a su favor una corriente de opinión que era contraria a la mayoría socialista en el Concejo, tanto dentro como fuera de las filas partidarias. En lo que respecta al Centro Socialista santarroseño, afirmaban que había pasado de tener 50 afiliados durante la segunda mitad de los años veinte, a crecer de manera “anormal” entre noviembre de 1932 y agosto de 1933 alcanzando los 116 afiliados. Ello revelaba, según añadían, “la corrupción de viejas y saludables normas de admisión”. La elección de los candidatos socialistas para los comicios de abril de 1933 crispó más los ánimos en el Centro capitalino: de 59 afiliados solo 19 no votaron en favor de la reelección de Lordi. Según sus detractores, este último desde entonces pretendió identificar a los que no lo habían votado, razón por la cual advertían irónicamente que en el Centro se medía “el fervor socialista con la vara de la obsecuencia”.41 Por su parte, la prensa opositora señalaba que Lordi había logrado integrar la lista de candidatos socialistas por un solo voto, y que eso era “fruto de las maniobras del compañero Corona (Martínez]”.42
Además, la elección de abril tuvo otro componente, a saber, el desdoblamiento del grupo de Lordi en los comicios que debían renovar los cargos de concejales que dejaban vacantes él y Corona Martínez, situación que derivó en asamblea extraordinaria del Centro Socialista local y, luego, en un Congreso Extraordinario convocado por la FSP. En dicha asamblea, Lordi y Juan A. Ozino Calegaris defendieron calurosamente el diploma de Juan Fernández, elegido por el desdoblamiento del electorado socialista. Al evento asistieron también los concejales socialistas José Luparia y Mauricio Díaz, de la ciudad de General Pico, quienes al conocer la posición de Lordi y Ozino Calegaris de inmediato convocaron a una reunión en dicha localidad de todos los concejales del PS en el Territorio. El objetivo allí era analizar la situación y encontrar una solución acorde con la prédica del PS, muy crítica por cierto respecto de ese tipo de acciones. La Junta Ejecutiva de la FSP, por su parte, consultó al CEN: se manifestó en contra y planteó que el diploma era “inaceptable”. De inmediato, Lordi sugirió que la amistad personal de Corona Martínez con Repetto había incidido en la decisión del CE, afirmación que el propio Repetto refutó en una carta enviada a la Junta.43
Esto último da cuenta de que la posición de Corona Martínez dentro del PS era destacada no solo por su condición profesional, sino además porque tenía vínculos con referentes partidarios. El posicionamiento del grupo liderado por el abogado resulta sugerente. Por ejemplo, al relatar retrospectivamente la crisis, afirmaban que a fines de 1932 solo experimentaban una “justa inquietud” sobre la trayectoria de Lordi aquellos “afiliados más conscientes del Centro”, es decir, los que “estaban convencidos de que la comuna de Santa Rosa, reclamaba socialistas versados” y no ya referentes que tenían “conocimientos de oídas”. En definitiva, lo que pretendían era contar en el Concejo con “hombres de un nivel superior al que da la práctica de los negocios y la simple repetición de las frases hechas de la propaganda socialista”. Esta postura tal vez llevó al sector de Lordi a denominar “intelectuales” a los seguidores de Corona Martínez. En el folleto publicado posteriormente, estos últimos en cambio alegaban que el término en esencia pretendía “despertar la simpatía y la reacción de los afiliados modestos y menos informados sobre socialismo”.44 Es claro que la denominación tenía una connotación negativa (válida a su vez para crear un nosotros opuesto); inclusive desde la prensa opositora al socialismo, en esa coyuntura, diferenciaban los de “blusa azul” que seguían a Lordi y los “de cuellito” que lideraba el abogado del PS.45
En mayo de 1933 se conformó el nuevo Concejo y los socialistas que asumieron eran Lordi, Ozino Calegaris, Pedro Rodríguez Rubial y Bernardino Aguirre. La crisis, al parecer, ya era irreversible y emergieron nuevas diferencias cuando los dos primeros se ensañaron en remover de su función a Raúl D’ Atri, el secretario tesorero del Concejo, ex administrador de Germinal y ex secretario general del Centro. Finalmente, Aguirre y Rodríguez Rubial terminaron elevando sus renuncias a la Junta Ejecutiva de la FSP y al momento de considerarlas ocurrió otro incidente entre Lordi y Pedro Phagouapé: desde su lugar de secretario general de la Junta este último propuso la intervención del Centro de Santa Rosa y de inmediato Lordi y Ozino Calegaris abandonaron la sesión. Luego de esos incidentes, la Junta no tuvo otra opción que convocar a un Congreso Extraordinario para resolver un problema que, ya desde hacía tiempo, había dejado de ser exclusivo del Centro capitalino. El cónclave se realizó en Eduardo Castex a inicios de septiembre de 1933 y el tema central fue la resolución del conflicto entre los socialistas santarroseños. Participaron delegados de Santa Rosa, General Pico, Realicó, Trenel, Metileo, Eduardo Castex, Victorica, Monte Nievas, Villa Mirasol, Jacinto Arauz, Colonia Barón, Miguel Cané, Anguil y General Acha.
Corona Martínez fue uno de los principales oradores en ese Congreso, donde se dirigió a sus pares como ex concejal de Santa Rosa y acusó a Lordi y Ozino Calegaris, entre otras cosas, por inconducta partidaria, falta de principios y demagogia. En lo que respecta a esto último, advirtió sobre “el peligro que acechaba al socialismo pampeano con las conquistas municipales en momentos de desocupación tan aguda, cuando los trabajadores olvidan toda noción de moral proletaria para lograr empleo”. Ese era, según él, un contexto en el que “podía filtrarse la demagogia en los Centros Socialistas, por la influencia de afiliados sin convicciones ni capacidad”, con lo cual era posible “reeditar en los Centros prácticas caudillescas”. Además, el abogado entendía que el proceder de Lordi se agravaba por su “desviación doctrinaria” y el divorcio “en ideas y métodos con los del Partido”.46 Su exposición no tuvo réplica, en tanto Lordi se limitó a decir que su socialismo era “práctico” y no “teórico” como el de su contendiente. El enfrentamiento, que derivó en la disolución temporal del Centro santarroseño y en la reorganización del Comité Ejecutivo de la FSP, distanció también a los Centros del Territorio. Si bien la prensa alineada con el radicalismo afirmaba que en el Congreso había primado “la tendencia de Corona”,47 es claro que la votación numérica (no por Centros) favoreció al otro grupo e impidió que Lordi y Ozino Calegaris fueran expulsados del PS por su proceder en la elección de Fernández. El Centro capitalino fue intervenido y el Comité Ejecutivo se ocuparía de reorganizarlo, pero el Congreso solo votó una moción de censura contra Lordi por “su desliz en la participación de esa candidatura”.48
Por esa razón, los “intelectuales” que luego se convirtieron en “teóricos” una vez ocurridos los hechos hacían un “examen crítico” del Congreso Extraordinario y decían que “el balance fué desalentador” porque abrió “la puerta en la vida política del Partido a todas las maniobras que durante cuarenta años ha fustigado y enrostrado el Socialismo a los partidos tradicionales”. Y remataban así: “el Congreso dio patente a las corrientes de este nuevo socialismo lugareño, que tímido en la doctrina, pero audaz en la conquista electoral, emplea métodos proselitistas tan incorrectos como eficaces”.49 Si bien el tema ya había rebasado el contexto capitalino, luego del cónclave la prensa partidaria acudió a tomar posiciones. En 1° de Mayo, órgano de prensa del Centro de General Pico, el secretario general Tomás Zucconi respaldó la posición de Lordi, mientras que, luego de que circulara un manifiesto redactado por Andrés Nevares (de General Acha) en el que invitaba a volver a la doctrina y los estatutos del PS, desde Germinal le respondieron muy fuertemente y él hizo lo propio después en Alborada Pampeana, el periódico de los socialistas de General Acha, Bernasconi, Villa Alba y Jacinto Arauz. No es posible analizar aquí este altercado, pero es obvio que la fracción liderada por Corona Martínez asumía una posición respecto de sus opositores y planteaban que en el caso de Zucconi “sólo su notoria y escasa ilustración” reducían la responsabilidad que tenía en la defensa de la tesis de Lordi.50 Sin embargo, Nevares desacreditaba la división entre “obreristas” e “intelectualistas” que algunos esgrimían porque de ese modo se pretendía “distraer la atención de los afiliados con posturas demagógicas y desplantes efectistas”.51
La cuestión de la demagogia fue una de las temáticas más criticadas en diversos puntos del Territorio. Por ejemplo, al informar sobre dicho Congreso Extraordinario los socialistas de Eduardo Castex señalaban en su órgano de prensa:
La hidra de la demagogia había asomado su hirsuta cabeza atávica en nuestras actividades y la asomará todas las veces que no todos nosotros nos mantengamos fieles a la moral política del partido, compendiada en más de treinta años de vida civilizadora, en la pequeña grande obra de Nuestros Estatutos; en el laboratorio de nuestros centros; en la vida pública de nuestros hombres y en la fé del pueblo agrupado alrededor de nuestra riqueza moral.52
De inmediato agregaban en la misma nota lo que creían “el imperativo de la hora”: “Debemos ajustarnos a nuestros estatutos y buenas prácticas”, ya que de lo contrario no podía existir “un gran partido” y sin disciplina nada sería “armonioso”. Y sentenciaban: “Sin sentido director un partido político es un manicomio”. En la edición siguiente se retomaba el tema y afirmaban:
Centros nuestros hay en donde hasta las escobas pierden el hábito de barrer. Ya lo dijo Justo: no hay tarea subalterna en nuestro partido, y sin embargo, el desorden en nuestros centros, bajo cualquier aspecto que miren, es ya algo clásico, cuando debería ser todo lo contrario, puesto que es ahí donde podemos empezar a administrar con honestidad y dedicación los intereses colectivos. Empecemos, pues, por nuestra casa.53
Claramente, el Centro Socialista de Eduardo Castex adhería a los planteos de Corona Martínez: en el Congreso Extraordinario habían votado en ese sentido y en plena crisis lo invitaron al abogado a disertar en una velada organizada en la localidad.54
Finalmente, en diciembre de 1933 se volvió a constituir el Centro de la capital y un delegado del CE, Manuel Ramírez (hijo), llegó en enero del año siguiente y decidió que Lordi y Ozino Calegaris firmaran sus fichas de afiliados, hecho que motivó el envío de una nota colectiva al CE por parte del grupo encabezado por Corona Martínez, que al poco tiempo abandonó en bloque el PS. La Junta Ejecutiva de la FSP quedó integrada por Lordi, Ozino Calegaris y Zucconi, al mismo tiempo que los dos primeros asumieron el liderazgo del Centro capitalino y del Concejo Municipal. A los pocos meses, y en un contexto preelectoral, desde la oposición advertían que el PS llegaba a la elección para renovar el Concejo Municipal “convulsionado en su interior” fruto de “una anarquía propia del Kasiquismo a que ha estado sometido durante muchos años, dónde solo se hacía la voluntad del ‘amo’ (por Corona Martínez, a quien llamaban el “Kasique”]”.55 Mientras que la oposición radical hablaba en esos términos y daba cuenta de liderazgos dentro del PS, los socialistas de Eduardo Castex se jactaban de que a través de La voz del Pueblo habían logrado torcerle el brazo a los “caudillos bárbaros” y sus “obscuras fuerzas reaccionarias”.56 No obstante, al observar los resultados electorales posteriores a la crisis interna y compararlos con los obtenidos a fines de la década anterior, es clara la pérdida de peso político que experimentó el socialismo en la capital pampeana respecto de la Unión Cívica Radical, su principal adversario, como se advierte en el cuadro.

Como puede advertirse hasta acá, el origen de la crisis interna del PS pampeano en los albores de la década del treinta no se explica sin tener en cuenta la dinámica partidaria en Santa Rosa (incluso ciertos conflictos personales), mientras que la emergencia de una izquierda socialista en el contexto nacional impactó posteriormente en el ámbito pampeano. Los que abandonaron el PS junto con Corona Martínez, en 1934, conformaban un grupo bastante heterogéneo, en el que estaban el procurador Ildefonso Rodríguez, el periodista Bernardino Aguirre, los maestros Alfredo Martínez Roca y Miguel A. Mariani, el comerciante Pedro Rodríguez Rubial, los mecánicos Pedro Bertón, César Alfonso y José Trener, el comisionista Juan Ferrari, los albañiles Luis Almenar y Francisco Cordi, los jornaleros Pedro García y Manuel Cristóbal, el empleado Juan Muñoz, el agricultor Teodoro Borrás, los tipógrafos Raúl D’ Atri, Leocadio S. Reartes, Pedro Ferrari y Arturo A. Lezano, así como también Phagouapé, a quien ya mencionamos. Con algunos Corona Martínez tenía un vínculo de carácter laboral, por ejemplo, con Mariani (quien trabajaba en su estudio jurídico), a la vez que con otros mantuvo relaciones epistolares fluidas, entre los que se destaca D’ Atri. A partir de esa correspondencia, y la que tenía con otros socialistas dentro y fuera del Territorio, en el apartado siguiente analizaremos el lugar que continuó ocupando en las huestes del PS durante los años posteriores.
El intelectual fuera del PS: vínculos personales y posición política
Los años que siguieron a la salida del sector mencionado del PS santarroseño no fueron para Corona Martínez de placidez política, sino todo lo contrario. Subsistieron de hecho fluidos vínculos con socialistas del Territorio y otros puntos del país, quienes se dirigían al abogado como un referente del socialismo pampeano pese a que permanecía fuera de las filas partidarias. Con uno de los que se carteaba era con D’ Atri, situación entendible ya que ambos compartían las críticas a la dirigencia que se había quedado en el PS, como veremos. Pero otros referentes del Territorio trataban de captarlo para que retornara a la actividad política. Eso ocurrirá por ejemplo con los socialistas de Eduardo Castex, Trenel y Monte Nievas, tema que analizaremos enseguida. En la primera de esas localidades la crisis partidaria repercutió de inmediato en el plano electoral. El médico Simón Glas, un dirigente del PS en dicho pueblo que tenía un vínculo muy estrecho con el abogado, le informaba acerca de la derrota en una elección y concluía con pesimistas palabras:
Seguiremos lo mismo en pie, a pesar de todo y por todo. Esperamos que se produzca en el Territorio algún movimiento de opinión, que sacudiera todo ese malestar político y municipal. -¿Será posible?-.57
En diciembre de 1935 lo contactaron a Corona Martínez los abogados Rodolfo Aráoz Alfaro y Benito Marianetti, ambos integrantes del ala izquierdista del PS que estaba fuertemente enfrentada para ese entonces con la dirección encabezada por Repetto. La carta que le enviaron comenzaba con estas líneas:
Nos decidimos a escribirle en un momento álgido de la vida partidaria convencidos de que Ud. ha de comprender la importancia que tiene su gestión en este momento. Ud. está alejado del partido; pero quizás no ignore que en el último tiempo se ha formado en él una corriente de ideas seria y responsable como no la tuvo nunca quizás, que reclama la actividad socialista, la tonificación de la lucha, la capacitación doctrinaria de los afiliados demasiado propensos a las tareas electoralistas y la orientación inmediata hacia un frente popular de liberación nacional en el que el partido y las organizaciones obreras serían la espina dorsal.58
Luego le informaban que “los burócratas del partido” llevarían a cabo una “ofensiva contra este movimiento purificador a fin de continuar disfrutando del partido como cosa propia”. Por tal motivo, agregaban, no solo saboteaban el frente popular como organismo de lucha y querían que la revista Izquierda desaparezca, sino que además proyectaban la intervención a Mendoza, “donde los electoralistas, en forma muy semejante a la Pampa, temen que la masa del partido no los reelija en los próximos comicios y lleve en cambio a los puestos electivos a los hombres probados de la izquierda”. Y en concreto le pedían, a sabiendas del peso que Corona Martínez tenía en el Territorio:
En el Consejo Nacional a reunirse el 21 se han de plantear ambos problemas: el del frente popular y el de la izquierda, es imprescindible que Ud., que aunque alejado del partido tiene en la Pampa una enorme gravitación, influya sobre aquellos miembros de la Federación pampeana que son sus amigos para que en la elección de los miembros del comité, los representantes de la Pampa apoyen nuestras ideas e impidan un desgarramiento que se quiere provocar a toda costa y con propósitos inconfesables.59
Le decían también que algo al respecto le habían comentado a Glas, de Eduardo Castex, y al abogado Edmundo Rosales, de General Pico; y añadían: “pero sabemos que su acción puede ser decisiva”, razón por la cual proyectaban una visita “en nombre de un extenso sector del partido para pedirle que se reintegre a las tareas partidarias”, ya que habían hablado del tema Marianetti, Bartolomé Fiorini, Carlos Sánchez Viamonte y Urbano Eyras. En marzo de 1936 Marianetti visitó el Territorio y dio conferencias en Eduardo Castex, Trenel y General Pico.60 Al mes siguiente, Glas le escribía estas líneas a Corona Martínez:
La visita rápida de Marianetti a la Pampa y sus conferencias han traído un cambio sobre la marcha del partido en el Territorio, cuyo beneficio creo al menos así pronto seremos testigos. Me llega de Bs Aires una noticia, qué si tuviera visos de verdad, me llenaría de alegría y le hablo sin ambages, ni adulonería, y es que el Comité Ejecutivo del partido le envía una nota suscripta por todos sus miembros invitándolo a reingresar a sus filas, reconociendo con ello el gravísimo y lamentable error, de haberle aceptado su renuncia, y yo agrego, reparando así una injusticia cometida”. (…)Analizando con detención lo que ocurre en el partido -en el orden nacional y territorial- creo que su reingreso se impone, porque un valor de excepción como Ud., no puede quedar al margen de nuestras actividades partidarias.61
Como advertimos, Glas era otro de los que habían contactado los referentes del ala izquierda a nivel nacional y, en esa ocasión, lo invitaba a Corona Martínez a disertar el primero de mayo en la plaza Juan B. Justo de Eduardo Castex. Según le planteaba el médico, “El partido en el Territorio se mantiene gracias al ‘oxígeno’ que le inyectamos cada tanto, para que pueda seguir prolongando su agonía. Falta un hombre que dirija con capacidad y visión política el socialismo de la Pampa, y esa persona no es otra que Ud.”. La salida del abogado del PS había dejado, en opinión de Glas, “un vacío difícil -acaso imposible- de suplir”.62 Por esa fecha recibió también una carta de Mario Bravo, quien no se sumaría al PSO luego de la expulsión del ala izquierda pero renunció junto con Sánchez Viamonte al CEN en protesta por dicho accionar.63 El dirigente y escritor socialista le planteaba en su carta:
Le envío mi débil toque de clarín, para llamarlo a las filas socialistas. Conozco las razones que Ud. tuvo para alejarse del Partido y a medida que pasaba el tiempo, eran para mí más frágiles. Pero las respeto como el resultado de un estado de espíritu, en la lucha a veces infructuosa por normas morales y partidarias. (…)Su presencia y su colaboración en el Partido fué siempre para mí y para muchos otros, una satisfacción y un estímulo. Por eso es que su alejamiento, me hizo constantemente pensar en la necesidad de su retorno. Es indispensable. (…)Hacen falta hombres aptos para las grandes funciones de estudio de los problemas argentinos y de su solución teórica y práctica desde la propaganda y el gobierno. Y ahí, en la Patagonia, el Cuartel central deberá estar en La Pampa y Ud. tiene que ser otra vez el animador, el consejero, el colaborador.64
Las opiniones de Marianetti, Aráoz Alfaro, Bravo y Glas dan cuenta claramente del lugar que tenía Corona Martínez en el socialismo a pesar de haber abandonado hacía tiempo las filas partidarias. En esa crítica coyuntura del PS a escala nacional, el CEN lo invitó a reincorporarse al socialismo y algunos de los principales referentes izquierdistas procuraron granjearse su apoyo, a sabiendas de la injerencia que tenía el abogado entre muchos camaradas pampeanos. Incluso desde Eduardo Castex, y en un momento en que Corona Martínez estaba en Buenos Aires por un problema de salud de su mujer, Glas y Guillermo Almirón intentaron interpelar a otro integrante de la fracción que abandonó el PS junto con el abogado. Luego D’ Atri le comentaba:
Días atrás el Dr. Glass y Almirón me hicieron, de pasada, una rápida visita, en la que hablamos sobre las próximas actividades en que se hayan empeñados. Glass me dijo que había estado con Ud. y aunque no me enteró concretamente de lo conversado, considero un poco prematuro su optimismo con respecto a la futura actitud suya en esta cuestión. Sobre todo, no olvidando que en el actual movimiento están embarcados Zucconi, Zanardi, etc. Me preguntaron sobre las posibilidades de organizar en Santa Rosa un Centro el 18 del corriente, que es el día en que harán un Congreso, al que ya han convocado. Traté de hacerles ver las razones por las cuales no lo consideraba oportuno o factible. Entre ellas su ausencia, la ‘siesta’ de algunos disidentes, la exploración previa entre el elemento sano de esta (Santa Rosa)con quien pueda contarse y sobre todo (esto no lo dije) porque yo realmente no sé qué es lo que quieren y adónde van.65
Al año siguiente, y ya concretada la expulsión de los izquierdistas del PS, en la ciudad de Santa Rosa se realizó un Congreso partidario y D’ Atri le informaba con estas palabras al abogado sobre lo acontecido:
Por ausencia de Marianetti y Ramiconi no se realizó el acto público, que había despertado bastante interés en el ambiente. Asistió el ciudadano (Joaquín)Coca, que presidió el Congreso, con la asistencia entre otros de Costa, Feito, Glas, Vega, Zucconi, etc. Se aguantaron un inflamado, kilométrico y jupiteriano discurso de Zucconi y luego se aprobaron algunas declaraciones condenatorias al CE y afiliados del Territorio. Una declaración declara incorporados con la antigüedad que tenían, a los afiliados que renunciaron del partido (nosotros).66
En efecto, la posible presencia de Marianetti y Ramiconi había despertado interés, ya que estaba previsto que hablaran junto con Glas y Zucconi en Santa Rosa y luego con este último y Antonio Feito en General Pico.67 La prensa opositora señalaba antes del evento que en Santa Rosa darían una conferencia “los socialistas disidentes del diputado mendocino Marianetti, quien hablará en el mismo68 Más allá de que sin duda es necesario profundizar la pesquisa para explicar esta situación, es evidente que un sector del PS pampeano pretendía captar nuevamente a los afiliados que hacía años habían renunciado junto a Corona Martínez, y que la izquierda partidaria ya nucleada en el PSO intentaba cooptar a estos socialistas. Por cierto, previamente a la realización de dicho Congreso en Santa Rosa, D’ Atri le informaba al abogado que Feito se había dirigido a Phagouapé “tanteando la posibilidad de un nuevo partido con ‘nuestro’ concurso”.69 Sin embargo, aún en abril de 1937 D’ Atri no comprendía bien hacia donde iban Glas y los otros que lo acompañaban, y no dudaba en afirmarle a Corona Martínez en un tono jocoso que “Algunos elementos de la Casa del Pueblo, convencidos de su impotencia, estarían por entregar, sin condiciones, la dirección del Centro a ‘elementos capaces’”.70 No obstante, a pesar de esos intentos, el abogado no se comprometió con los dirigentes del PSO ni retornó a las filas partidarias, a diferencia de D’ Atri que posteriormente se reincorporó al PS.
En efecto, como ya le adelantaba D’ Atri, Corona Martínez a mediados de mayo recibió una carta de la FSP, firmaba por Zucconi, donde se le informaba que cumpliendo con lo resuelto en el Congreso “ha quedado usted reincorporado al Partido, en calidad de afiliado, con la antigüedad anterior a su separación. (…)En consecuencia, en breve le enviará a usted esta Junta las fichas de afiliación para que se sirva llenarlas y firmarlas, devolviéndolas a esta Junta”. Además, le decían que iba a figurar como “afiliado directo” hasta tanto el Centro Socialista de Santa Rosa, al que había pertenecido, estuviera reorganizado.71 No fue este el único intento por atraerlo nuevamente hacia el socialismo. En 1938, Carlos F. Zanardi le escribió en nombre del Centro de Monte Nievas donde en asamblea habían resuelto por unanimidad invitarlo a que se incorpore al PSO.72 Esto último ocurrió en un contexto en el que el PSO adquirió un desarrollo significativo en el Norte pampeano, ya que incluso en General Pico (una ciudad clave en esa zona) sus integrantes comenzaron a publicar el periódico La Lucha y, en abril de 1938, presentó candidatos propios en las elecciones municipales, entre los que estaba Zucconi (quien estuvo en el PSO hasta la desaparición de esa fuerza política en 1942).73
En 1941, desde el Centro santarroseño le informaron a Corona Martínez que en asamblea habían resuelto proponerle que reingrese al PS, ya que “Hoy más que nunca, necesitamos estrechar filas y unirnos para una acción conjunta”.74 A pesar de que ese año el PS había perdido las elecciones contra el radicalismo en la capital pampeana, los socialistas tenían mayoría en el Concejo Municipal, ya que había ingresado Quirino Eijo por la minoría y permanecían en sus cargos los socialistas Antonio Cavero y Enrique Samper, con lo cual se imponían ante los dos representantes radicales.75 No obstante, las diferencias internas persistían en el Centro capitalino y D’ Atri le informaba al respecto a Corona Martínez antes y después de la elección, ya que el abogado estaba fuera de la ciudad por razones de salud. Luego de los comicios, le escribía lo siguiente:
ciertos elementos de la Casa del Pueblo, con los que mantengo buenas relaciones, solo aspiraban a que la derrota no fuera aplastante como lo vaticinó Lordi. Dentro de lo posible -y ya Ud. se lo habrá imaginado- hicimos, los de afuera, nuestra campañita electoral entre los más allegados. Por mi parte lo hice un poco para contradecirlo a Don Víctor (Lordi)y también para que los radicales no ocasionaran una derrota aplastante al partido que se presentaba a la lucha sin hombres providenciales o irremplazables. En cierta medida ese propósito se ha visto satisfecho. El socialismo sacó cincuenta votos más que en la elección pasada.76
Como puede verse, algunos socialistas que permanecían “afuera” de la estructura partidaria intervenían subterráneamente en la instancia electoral para que no se cumpla el vaticinio de Lordi respecto del resultado electoral. Habían sido derrotados, pero no de manera “aplastante”. Al parecer, eso constituía un logro a inicios de los años cuarenta a los ojos de los propios actores, ya que el PS había perdido caudal electoral a partir de la crisis experimentada en la década anterior.
Unos años después, y en una coyuntura diferente y caracterizada por el prolongado agotamiento de la modalidad de acción política que el PS había operado en el movimiento obrero,77 Antonio Feito le escribió una carta al abogado en la que le decía:
Creo que debemos adoptar una actitud, ya que el territorio no escapará a la movilización cívica que se aproxima. Aun cuando nada tenemos que ver con el estatuto de los partidos, ni con las elecciones nacionales, creo que convendría que nosotros, especialmente los que hemos actuado en el partido socialista, iniciemos desde ahora la tarea de construir para La Pampa, un gran partido democrático, de claro sentido socialista, aun cuando su rótulo sea otro. (…)Pienso que la mejor solución para el territorio, en las actuales circunstancias, sería la de constituir un partido autónomo, que actuara independientemente de los grandes partidos nacionales, sin perjuicio de colaborar con los que, por sus ideas y propósitos, coincidan con nuestros puntos de vista. (…)Creo que usted debería asumir la responsabilidad de orientar ese movimiento, volviendo a la lucha política.78
Feito había sido un referente central del PS en Trenel y luego se alineó a nivel regional con la izquierda partidaria, como vimos previamente. Además, según agregaba en la carta, había hablado en algunas oportunidades sobre ese mismo tema con D’ Atri. A más de una década de haber abandonado el PS, aún Corona Martínez era un referente para cualquier emprendimiento de tinte socialista, como sugería Feito al invitarlo a “orientar” ese “gran partido democrático”. En su respuesta, el abogado señalaba que “la tarea más urgente entre nosotros, es la de unificar la acción de tanto hombre de pensamiento liberal, experiencia probada y arraigo en el Territorio, a fin de que la transformación institucional del mismo, no sorprenda a esos hombres aislados y divididos”. Para ello, él pensaba organizar una reunión para “echar los cimientos de una Agrupación de estudios sociales y políticos”, en la que “podrían actuar y tener ocasión de conocerse muchos hombres del Territorio que hasta ahora han trabajado y luchado dispersamente”.79 La nueva respuesta de Feito era condescendiente y le afirmaba que se pondría en contacto con “amigos” de otras localidades para avanzar en ese sentido. Y, al concluir, agregaba: “Creo también que usted debe hacer un nuevo sacrificio, uno más de los tantos que ha hecho en favor del pueblo, y retomar el camino de la lucha”.80
Es claro que Alfonso no se involucró directamente, luego de abandonar el PS, en las actividades del socialismo pampeano, pero en ningún momento dejó de intercambiar ideas con dirigentes y militantes, e inclusive de colaborar con aportes materiales a las acciones que motorizaba el socialismo. Por cierto, su vínculo familiar y laboral con Enrique Corona Martínez (que integró el PS en Buenos Aires) permitió que estuviera al corriente de las posiciones e iniciativas partidarias. En una breve carta, por ejemplo, su hermano al promediar los años cuarenta le comentaba:
Toda la máquina del Estado está al servicio de la candidatura nazi. La Secretaría de T. y P. (Trabajo y Previsión)es el comité central. La policía federal protege sus desmanes y reprime toda oposición. (…)A pesar de ello la Unión Democrática, en gestación, ha decidido luchar. (…)Estamos reuniendo fondos para la campaña y todos los recursos corrientes son pocos. Se me ha ocurrido que tú y los amigos de ese Territorio podrían aportar algo. Hablé con el Dr. Glas sobre el particular y le dije que te escribiría. Si te parece bien inténtalo y gírame lo que reunan (sic).81
Como se advierte, las redes amicales y políticas seguían operando de manera aceitada y, en algunos casos, poco importaba a los fines prácticos si sus integrantes estaban o no dentro de la estructura orgánica del PS. Ello se observa en las páginas anteriores, pero a su vez se puede ver a través del relevante papel que el abogado tuvo en la organización de la Unión Democrática en el Territorio. Aunque el tema excede el objetivo de este artículo, no es casual que, al conformarse la Junta Democrática en Santa Rosa el 8 de diciembre de 1945 (pocos días después de la carta que le envió su hermano Enrique), entre sus miembros estuvieran Alfonso y algunos de sus “amigos”, como Raúl D’ Atri, Bernardino Aguirre y Pedro Phagouapé. Ello no se explica sin atender al activo rol del abogado y al reconocimiento que había conservado incluso entre quienes estaban en las filas partidarias.
Reflexiones finales
En septiembre de 1933, Nicolás Repetto planteaba en un discurso que pronunció en la Cámara de Diputados que los partidos debían “depurarse en la adversidad”, ya que actuaría como un “tónico” para “aventar algunas ambiciones malsanas”, para rectificar los “errores” y obtener “la consistencia necesaria para iniciar una nueva evolución”.82 Si bien en ese momento aún no había estallado el enfrentamiento entre la dirigencia del PS y el ala izquierda, ya que eso sucedió al año siguiente, es claro que en las reflexiones del dirigente subyacían los acontecimientos que se desarrollaban en el seno partidario. Pero lo que acontecía entonces en el PS pampeano iba a contramano de dicha sugerencia, ya que a fines de 1932, cuando se desató una fuerte crisis en el Centro Socialista de Santa Rosa, esa fuerza política era mayoría en el Concejo Municipal de esa ciudad y, a su vez, había obtenido un caudal de votos inédito. Para comprender dicha crisis no alcanza con observar el escenario nacional; es necesario focalizar en las características internas del Centro santarroseño, un espacio que en los albores de esa década estaba signado por las disputas personales entre Víctor Lordi, que era un dirigente destacado e integraba el PS desde hacía mucho tiempo, y Alfonso Corona Martínez, un prestigioso abogado que se incorporó a las filas partidarias en 1924 y ocupó rápidamente posiciones relevantes. El rol que adquirió este último en ese locus, permite aprehender a este dirigente como un intelectual “de provincia” que logró alcanzar un lugar destacado en las filas partidarias, donde era valorada su formación universitaria, y vincularse con dirigentes encumbrados del PS a nivel regional y nacional. Estas redes articulaban relaciones que, desde luego, rebasaban las fronteras administrativas, eran inestables y, a veces, perduraban a pesar de que algunos de sus integrantes abandonaran la estructura orgánica del PS. La posición del abogado era significada de diferentes maneras: mientras que los allegados lo veían como una figura imprescindible para el socialismo pampeano, sus detractores en el seno partidario lo catalogaban de “intelectualista” y la oposición radical lo consideraba un “Kasique”.
La situación en el Centro de la capital pampeana derivó en una profunda crisis partidaria, que precedió al conflicto entre la dirigencia nacional y el ala izquierdista del PS. La prédica socialista en contra del personalismo no obturó, como se evidencia en el caso estudiado, la emergencia de ese tipo de acciones en el plano interno. Ello, además, incidió en la situación general del socialismo pampeano, dividió a los Centros y le restó caudal electoral en Santa Rosa y otras localidades. Se iniciaba así la “descomposición” del PS en el Territorio, según la expresión del grupo que encabezaba Corona Martínez.83 De acuerdo a ese grupo, el socialismo “lugareño” (casi adulterado por la demagogia y el caudillismo) se contraponía a un socialismo más legítimo e “ilustrado”, inmune según ellos a la “desviación” en cuanto a principios y prácticas partidarias. En este marco, el abogado no dejó de ser un referente central para muchos socialistas y articuló redes que nucleaban a diferentes actores: los socialistas que habían abandonado el PS junto con él, aquellos que continuaban en las filas partidarias y también otros que cuestionaban desde posiciones de izquierda a la dirigencia nacional. Dichas redes eran porosas y tenían un carácter policéntrico, ya que las cartas del dirigente permiten observarlo de manera muy elocuente. Al revisar esta trayectoria particular en esa clave es posible complejizar, a su vez, la dinámica de la crisis partidaria durante la década del treinta, así como testear los intentos del PSO para expandirse en el interior argentino.
Una vez fuera del PS, y a medida que se profundizaba la crisis partidaria a escala nacional, los principales referentes del ala izquierdista, entre ellos Rodolfo Aráoz Alfaro y Benito Marianetti, interpelaron a un sector del socialismo pampeano y trataron de que Corona Martínez colaborara con ellos en su oposición a la dirigencia encabezada por Repetto. Las redes de Corona Martínez en el PS continuaban operando y, con granjearse su anuencia, la izquierda se aseguraba apoyos en una región que, como vimos, constituía el principal bastión socialista a inicios de los años treinta en el ámbito de los denominados Territorios Nacionales. Por eso, aunque sabían que su posición podía ser decisiva, no fue a Corona Martínez al único que contactaron y le escribieron también a otros referentes locales que aún militaban en el PS, tal el caso de Simón Glas. De hecho, este último, Carlos F. Zanardi y Antonio Feito, todos vinculados con el abogado, después de 1937 se acercaron al PSO e hicieron lo propio (sin éxito, al parecer) para contar con la adhesión del grupo que desde hacía años había renunciado al PS. Con ese objetivo, Glas, Zanardi y Feito se contactaron en diferentes oportunidades con D’ Atri, Phagouapé y Corona Martínez. Si bien no pudieron granjearse el apoyo de los referentes, la iniciativa de ese sector del socialismo no fue tan infructuosa y lograron “hacer pié” en localidades del Norte pampeano, como Trenel, Monte Nievas y General Pico. Por cierto, en el caso de esta última, el PSO llegó a presentar candidatos en elecciones municipales y a tener su propio órgano de prensa.
Hasta ahora, la historiografía no había reparado en un aspecto que es central al momento de explicar el declive del socialismo pampeano entre las décadas del treinta y cuarenta; a saber, que la crisis se desencadenó por un conflicto interno en el Centro de la capital pampeana, pero luego se profundizó debido a la propia dinámica del conflicto intrapartidario en el plano nacional. Dicha situación, forzó incluso a los integrantes del Centro santarroseño y a los referentes de la FSP a convocar al sector que había dejado el PS junto con Corona Martínez para que se reincorporen a las filas partidarias. El prestigio del abogado en cuestión le permitió, pese a que no accedió a ninguna de las propuestas, continuar operando notoriamente desde afuera de las filas partidarias. La perspectiva de la historia conectada permite advertir, según nos muestran los propios actores, cómo los contactos garantidos por redes amicales y políticas se activaban en coyunturas precisas. Ello podía suceder, por ejemplo, con el fin de que el PS no fuera aplastado en las urnas por la oposición o para reunir fondos destinados a la campaña de la Unión Democrática. En esas ocasiones, los “amigos” de Corona Martínez tuvieron tanta (o más) injerencia que los integrantes orgánicos del PS. Por esa razón, aquí optamos por contrariar la usual expresión y observar, mediante una trayectoria particular, la compleja situación del socialismo y la relevancia de los vínculos personales en un período que se inicia con la expansión y culmina con el declive del PS en un espacio situado.
Fuentes
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Notas