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				<journal-title>Revista chilena de literatura</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Rev. chil. lit.</abbrev-journal-title>
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				<publisher-name>Universidad de Chile. Facultad de Filosofía y Humanidades. Departamento de Literatura</publisher-name>
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					<subject>Dossier Antonio Candido</subject>
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				<article-title>Antonio Candido y/en “América Latina”<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref>*</article-title>
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					<trans-title>Antonio Candido and / in “Latin America”</trans-title>
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						<surname>Estupiñán Serrano</surname>
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					<label>1</label>
					<institution content-type="original"> Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, Chile. maryluzestupinan1@gmail.com </institution>
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				<year>2018</year>
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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				<title>RESUMEN:</title>
				<p>Este ensayo tiene dos propósitos. El primero explora el vínculo de Antonio Candido con “América Latina” y el segundo, la relevancia del crítico brasileño para la crítica latinoamericana. Para ello revisaremos lecturas críticas que han intentado ubicar el trabajo de Candido en perspectiva continental y que nos ofrecen dos posturas distintas, incluso contrapuestas. Una releva el diálogo continental que el propio crítico buscó o pretendió. La otra indaga la potencia de su escritura, es decir, se interesa en lo que la lectura del trabajo de Candido desencadenó fuera de Brasil. Por último, intentamos ver a qué dinámicas responden tales divergencias en las posiciones en torno a la crítica de Candido en “América Latina”.</p>
			</abstract>
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				<title>ABSTRACT: </title>
				<p>This essay has two purposes. The first explores Antonio Candido’s link to “Latin America” and the second explores the relevance of his critic for Latin American critics. For this we will review critical readings that have tried to locate the work of Candido in continental perspective and that offer us two different points of view, even opposed. One underlines the continental dialogue that the critic himself sought or intended. The other explores the power of his writing, that is, it is interested in what the reading of Candido’s work unleashed outside of Brazil. Finally, we try to explore to what dynamics respond such divergences in the critic</p>
				<p>perspectives about the criticism of Candido.</p>
			</trans-abstract>
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				<title>Palabras clave :</title>
				<kwd>Antonio Candido</kwd>
				<kwd>crítica literaria</kwd>
				<kwd>Brasil</kwd>
				<kwd>América Latina</kwd>
				<kwd>lectura</kwd>
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				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Antonio Candido</kwd>
				<kwd>literary critics</kwd>
				<kwd>Brazil</kwd>
				<kwd>Latin american</kwd>
				<kwd>reading</kwd>
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		<sec sec-type="intro">
			<title>INTRODUCCIÓN</title>
			<p>La centralidad de la figura de Antonio Candido como crítico en la escena literaria brasileña es indiscutible. Indicios para verificarlo no faltan. Bien reconocida es la repercusión de su trabajo en varios de sus discípulos y colegas, mientras que su obra maestra, <italic>Formação da literatura br</italic>a<italic>sileira</italic> (1959)*, ha tenido un lugar clave en los currículos universitarios y suscitado diversos debates en el terreno de la crítica literaria y cultural brasileña de los últimos 50 años, como lo atestigua la 15ª edición, publicada en 2014. Pero si hay algo que indique elocuentemente su protagonismo es el hecho de que su nombre sea ubicado dentro de la línea de los mayores intérpretes de Brasil, línea que reúne a Gilberto Freyre, Sérgio Buarque de Holanda, Caio Prado Júnior y Florestan Fernandes.</p>
			<p>Ahora bien, no ocurre lo mismo cuando se intenta establecer su lugar en el panorama crítico fuera de Brasil, pues al respecto las posturas son oscilantes. Algunos críticos atribuyen la falta de claridad en su ubicación al vínculo poco estrecho, por decir lo menos, que mantuvieron Brasil e Hispanoamérica durante el siglo XX, débil vínculo que habría arrojado como resultado desconocimiento y desinterés por lo que ocurría en una y otra orilla lingüística. Otros, en cambio, le otorgan un papel nodal en el mapa de la teoría crítica latinoamericana moderna, elevándolo, inclusive, a “las más altas cumbres”, al decir de Grínor Rojo. Y hay quienes lo ubican como lugar de partida o, mejor, como abrevadero del cual extraer ideas, conceptos y estrategias para una crítica de la “condición latinoamericana”. Lo único cierto es que no hay unanimidad en torno a su papel en el debate latinoamericano, como sí la hay en los casos de Pedro Henríquez Ureña, José Carlos Mariátegui, Alfonso Reyes, Antonio Cornejo Polar y Ángel Rama, por mencionar solo algunas figuras con las cuales el crítico brasileño mantendría “un aire de familia” para usar nuevamente palabras de Rojo.</p>
			<p>En este ensayo, más que redundar en la primera línea, esto es, verificar la centralidad de Candido en la crítica brasileña, algo que por lo demás está bien estudiado, nos gustaría más bien explorar su relevancia para la crítica latinoamericana, centrándonos justamente en algunas lecturas de corte continental, así como en algunos acercamientos que buscan instalar su trabajo en una perspectiva abiertamente latinoamericana. Estableceremos así las posibilidades de la “proyección” latinoamericana de su crítica en dos vertientes. Una mediada por el diálogo continental que el propio crítico buscó o pretendió. La otra mediada por la escritura misma, es decir, por lo que su lectura desencadenó en sus pares y colegas fuera de Brasil. Por último, intentaremos esclarecer a qué dinámicas responde dicha falta de unanimidad en torno a la figura de Candido en la crítica que se dice latinoamericana. Nuestra lectura es que además de las diversas fundamentaciones que llevaron a cada orilla a justificar la falta de relación estrecha entre una y otra, dinámicas locales incidieron también en la relación de la crítica brasileña con la crítica del resto del subcontinente. Lo que buscamos, por tanto, es valorar en su “justa medida” el empeño de Candido y contribuir de paso a tejer los hilos de un vínculo entre las dos mayores variantes culturales latinoamericanas, vínculo que si bien no ha sido fuerte y sostenido, como muchos repiten <italic>ad nauseam</italic>, sí ha existido y creado sus propios circuitos y ritmos.</p>
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		<sec>
			<title>I. BRASIL E HISPANOAMÉRICA</title>
			<p>“Filhos do mesmo continente, quase da mesma terra, oriundos de povos, em suma da mesma raça, ou pelo menos da mesma formação cultural, com grandes intereses comuns, vivemos nós, Latino-Americanos, pouco mais que alheios e indiferentes uns aos outros e nos ignorando quase que por completo” (Cit. en Schwartz 185). Estas eran las palabras con las que José Veríssimo daba la bienvenida a Rubén Darío en su visita a la Academia Brasileira de Letras en 1912. Ajenos, indiferentes, apáticos, tales eran los calificativos con los que se describía la relación a inicios de siglo XX. A lo largo de los cien años que corren desde entonces, el panorama, por lo menos a nivel discursivo, parece no modificarse mucho. Misterio (Mistral), vacío (Sarlo), abismo (Garramuño y Amante) son otros de los atributos que no cesan de cifrar la relación entre Brasil e Hispanoamérica y viceversa. Las metáforas tampoco han faltado: “no rincão da Sulamérica o Brasil é um estrangeiro enorme” (Mario de Andrade) (cit. en Schwartz 185), gigante dormido (Schwartz) y continente que se basta a sí mismo (Nascimento) son solo algunas de ellas y se reiteran de tanto en tanto.</p>
			<p>Fundamentos para tal desconocimiento o desinterés no han faltado y cubren un vasto espectro: estilos diferentes de los conquistadores y colonizadores, saqueadores allí, explotadores aquí. La vía política adoptada por los independentistas, monarquistas unos, republicanos otros. En el carácter de la esclavitud, pues no se dejará de repetir que, a excepción de Cuba, Brasil fue el último país latinoamericano en abolir tan nefasta institución. La admiración por la metrópoli, primero, y la relación con Francia después. Y un clásico: el idioma. Este último desconcertará a todo aquel que lo invoque pues no hará sino constatar que el tronco latino compartido no es suficiente para hermanarlos. La familiaridad que de ahí deriva nunca se concreta y la relación se reduce entonces a una vecindad que se da la espalda. Empero, estos aspectos no son los únicos que han dificultado entablar una relación más estrecha y sostenida en el terreno intelectual, pues sabemos que tampoco ha habido políticas culturales gubernamentales que les den forma. Los pocos esfuerzos que conocemos han sido obra de figuras interesadas en romper los cercos históricos, políticos y culturales levantados inoficiosamente. Los nombres que se rescatan como excepciones son siempre los mismos: José Veríssimo, Brito Broca, Manuel Bonfim, Manuel Bandeira, Haroldo de Campos, Ángel Rama, Emir Rodríguez Monegal y, más recientemente, Raúl Antelo2<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref> La lista “oficial” es bastante reducida y podría decirse que la integran aquellos que han explicitado o intentado explicitar el vínculo en sus escritos, teorías e interpretaciones. Otros nombres se indican, pero para señalar una oportunidad perdida: Alfonso Reyes, Gabriela Mistral y Octavio Paz, pues ellos no habrían hecho mucho, se dice, para revertir esta historia en su paso diplomático por Brasil.</p>
			<p>Al observar la lista “oficial” de nombres, vemos que el peso de los pocos esfuerzos para articular estas dos orillas recayó sobre la figura masculina del intelectual comprometido, pero comprometido no solo con causas poscoloniales o nacionales, sino con proyectos de sociedad (capitalista o socialista) pues, como sabemos bien, en el mundo occidental la tarea para los intelectuales tuvo una modulación especial desde la década de los 50 y en América Latina va a tener también sus propias exigencias desde el inicio de la Revolución cubana. De modo que, por muy buenas intensiones que un intelectual haya tenido, primaron las filiaciones político intelectuales (Neruda, Mistral, Amado) y, en ocasiones, todo se redujo a los círculos y las redes de los personajes inmiscuidos (Mistral, Reyes, Paz, Bandeira, Andrade). Este es también el caso de Antonio Candido y de João Cabral de Melo Neto, intelectuales comprometidos, sin duda, con proyectos de nación y de sociedad. Las direcciones que sus circuitos y redes tomaron fuera de Brasil obedecieron a filiaciones político intelectuales, pero también estuvieron condicionados por dinámicas internas propias de la academia brasileña, como veremos en seguida.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>II. SÃO PAULO VERSUS RIO DE JANEIRO</title>
			<p>Antonio Candido de Mello e Souza (1918-2017) estuvo activo poco más de medio siglo (1941-1992). Encarna la idea de intelectual moderno por excelencia. “Humanista que empeñó su vida” en “la búsqueda de un modo abierto e integrador que pasa por encima de las divisiones académicas para llegar a un punto de vista coherente” (117), dirá de él Jorge Ruedas de la Serna en una entrevista publicada en 2012. Fue, sin lugar a dudas, una de las figuras más prolijas y comprometidas de la escena cultural brasileña. Se destacó no solo en su rol crítico, sino también como profesor, pedagogo, militante político e historiador de la literatura brasileña. Silviano Santiago lo definió hace algún tiempo como “um intelectual múltiplo de uma maneira bastante singular” (1998), pues no se lo podría definir de una solo manera, cualquiera de las aristas relevadas se implica con otra:</p>
			<disp-quote>
				<p>Não se pode compreender a produção do ensaísta de “Literatura e Sociedade” sem levar em conta a longa e bem sucedida experiência do professor da Universidade de São Paulo. Não se pode compreender a atividade do professor sem conhecer a experiência do ativista político, nas últimas décadas associada ao PT (Partido dos Trabalhadores). Não se pode compreender a atividade do ativista político sem conhecer a produção do historiador da literatura, autor da “Formação da Literatura Brasileira”.</p>
			</disp-quote>
			<p>En pocas palabras, fue un intelectual público, en los términos que lo define Edward Said. Su trayectoria crítica inicia en los años 40, y la producción de su obra acompaña el proceso de construcción de la supremacía (económica y cultural) de São Paulo sobre el resto del país, representada, en su caso, en el protagonismo académico alcanzado por la Universidad de São Paulo (USP). Es ahí, en esa universidad, donde se irá a disputar la interpretación de Brasil, y es, en últimas, esta disputa lo que cifrará el conocido antagonismo frente a las universidades de Rio de Janeiro. Y en esta labor, Antonio Candido va a jugar un rol protagónico desde el campo de la critica, relevando en este sentido el trabajo de Caio Prado Júnior, de Gilberto Freyre y de Sergio Buarque de Holanda, y cuyo legado será asumido luego por su discípulo Roberto Schwarz, también profesor de la USP. Allí se consolidará una línea que busca la “interpretación total del hecho literario”<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>. Dicho de otro modo, esta crítica no dejará de indagar cómo los “factores externos” de la obra se vuelven “factores internos”, es decir, cómo se vuelven factores estéticos; en una palabra, forma. Se trata no de determinar los reenvíos entre texto y contexto, sino de establecer en el texto “aquello que fue trabajado para convertirse en forma” (Sarlo 37). Esta articulación entre lo estético y lo material es lo que hará escuela en la USP.</p>
			<p>Pero el mencionado antagonismo entre Rio de Janeiro y São Paulo excede los dominios universitarios. Mientras la segunda se industrializaba y cobraba fuerza económica, la primera se aferraba a la herencia legada como capital de la Monarquía -y para los años 30 aún era la capital cultural de Brasil-, al tiempo que fungía como escenario de las disputas políticas de la era Vargas. Por su parte, la radicalidad de la Semana de Arte Moderno, que si bien significó un hito para la arena artística, tuvo en su momento una repercusión muy limitada, de modo que la hegemonía cultural de São Paulo tomará su tiempo y su consolidación vendrá de la mano del trabajo adelantado en el seno de la Universidad de São Paulo. Hasta que no se logre tal consolidación, pasar por Rio era un imperativo para todo aquel que buscara reconocimiento intelectual<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref>.</p>
			<p>En este mismo orden de ideas, no era una simple innovación artística lo que se buscaba en São Paulo desde la década del 20, sino un proyecto intelectual de mayor envergadura. Tal como lo sintetiza Rachel Lima (1997), se anhelaba una universidad que respondiera a los intereses de las élites políticas y culturales. Este deseo tomará forma en el año 34, año en que se funda la Universidad de São Paulo, siendo capitaneada por la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras y cimentada sobre un modelo francés: el de La Sorbonne. Así, se instala un departamento francés en ultramar, como señala Paulo Arantes, cuyos profesores serán centrales para la formación de Antonio Candido. Esta universidad tendrá por cometido formar los potenciales dirigentes del país e implicarse en la transformación de la nación.</p>
			<p>Por esos mismos años, en Rio de Janeiro también se intentaba consolidar un modelo universitario que tuvo varios intentos. Primero, la Universidad del Distrito Federal (UDF), que funcionó muy poco y tuvo algunos profesores asistentes dentro de los que se cuenta Sérgio Buarque de Holanda, así como otros profesores traídos también de Francia. Los avatares políticos y la fuerza de la Iglesia católica en la época, la redujeron a un relato de lo que pudo ser la mejor universidad diseñada en Brasil, pues las fuerzas conservadoras lograron desmantelar el plan inicial y el proyecto fue abandonado. De todas maneras, la UDF se recuerda como un diseño universitario más igualitario que el de São Paulo (Lima 1997). El proyecto inicial pronto derivará en la Universidad do Brasil (1937), que en 1965 sufrirá otra reestructuración y pasará a llamarse definitivamente Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ). Un segundo modelo universitario que surgirá del desmantelamiento de ese primer intento -y que será importante para nuestros propósitos-, es la Universidad Católica de Rio, y lo hará de la mano de Alceu Amoroso Lima. Entre estas dos universidades se pretenderá disputarle a la USP un modelo universitario que pudiera ser replicado en todo el país.</p>
			<p>La instalación de estas instituciones universitarias va a crear tensiones en el terreno de la crítica literaria, que durante las décadas del 30 y 40 se definía como crítica de rodapé o crítica periodística. De manera que “disputas locales”, entre una critica periodística, basada en el impresionismo -y que en la época era la versión dominante- y una crítica más metódica y rigurosa -presentada por la crítica universitaria- ocuparon a Candido durante sus fases iniciales como crítico. Adicionalmente, como primera generación de formados en la Universidad de São Paulo, tenían un cometido: contribuir a la construcción de la nación, pero ello no significaba adherir a un gobierno o a un poder determinado, sino estar al servicio de una producción cultural que cohesionase o singularizase una colectividad.</p>
			<p>La disputa entre los dos proyectos universitarios no es menor<italic>. Católica</italic> y <italic>dogmática</italic> versus <italic>laica</italic> y <italic>democrática</italic>, serían los términos de una antítesis que describía las vocaciones universitarias, pero también la crítica literaria alojada en las universidades de Rio y São Paulo durante las décadas del 40 y 50. Es en este escenario donde la figura de Antonio Candido toma relevancia por parte de la USP y sus contendores eran, en específico, el punto de vista <italic>esencialista</italic> y <italic>católico</italic> proporcionado por Alceu Amoroso Lima (1993-1983), conocido como Tristán de Athayde (Universidade do Brasil), y la perspectiva <italic>formalista</italic>, deudora del <italic>new criticism</italic> estadounidense, de Afrânio Coutinho (1911-2000) (UFRJ). Esta disputa entre los dos polos académicos metropolitanos (RJ-SP) no dejará de intensificarse con los años, pese a los desplazamientos teóricos y a la renovación de figuras. </p>
			<p>Mientras que Antonio Candido logra formar escuela en la USP, la línea formalista de Rio se verá renovada, primero, por la incorporación del estructuralismo por parte de Luis Costa Lima y luego, en la década de los 70, por la adopción de postulados “postestructuralistas”, vía Silviano Santiago<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref>. No obstante, el antagonismo entre los dos centros permanecerá hasta hace muy poco, con consecuencias visibles para las relaciones con el resto de América Latina<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref>.</p>
			<p>Tenemos entonces que durante los años 40 y 50 se cifra una disputa entre las dos academias por la hegemonía en términos de crítica literaria y cultural que para ese momento tendrá ya una importante impronta universitaria. Lo que sigue son los protagonistas de las disputas. Aquí son bien conocidas las querellas Candido-Oswald de Andrade, Schwarz-Costa Lima, Schwarz-Silviano. Disputas que tendrán sus ramificaciones y sus propias combinaciones. El último coletazo vendrá nuevamente de mano de Silviano Santiago (2017), que critica la idea de formación, central para el trabajo de Candido y que este tomó de la tradición interpretativa del Brasil republicano<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref>.</p>
			<p>Sin duda, estas disputas configuraron el diálogo entre las dos academias y, como veremos más adelante, también incidieron en las relaciones con la intelectualidad hispanoamericana. De esto dio cuenta Ángel Rama, quien a fines de los años 70 percibía la desconexión entre la Academia de Rio de Janeiro y la de São Paulo. En abril de 1977 escribe a Candido desde Caracas para avisarle que irá al congreso sobre modernismo brasileño que se celebraría en Rio de Janeiro, durante el segundo semestre de ese mismo año, pues con dicha excusa esperaba se concretase el tan dilatado encuentro que habían estado planeando por años para discutir asuntos concernientes a las contribuciones brasileñas para la Biblioteca Ayacucho. Ante el desconocimiento expresado por Candido en su respuesta -en la que incluso le pide devuelta detalles a su amigo sobre el evento que se dará a pocas millas de su casa-, Rama intuye que el problema está en la actitud de los críticos y académicos de Rio: “de la conversación que tuve [con Afrânio Coutinho y Bella Jozef] en Estados Unidos inferí que para ellos el Brasil se termina en la Universidad de Rio y más abajo del continente no queda nada” (108)<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref>.</p>
			<p>Los intentos por distanciarse de esta dinámica de bandos, y por romper con el bando uspiano, en términos de análisis literario, vendrán tardíamente. Una de las figuras que intentará desmarcarse de esta lógica será José Miguel Wisnik, quien desde una perspectiva afincada en los estudios culturales propone leer el fútbol como el <italic>lugar fuera de las ideas</italic><xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref>, para invertir la famosa idea-fuerza que Schwarz pusiera en circulación en los años 70, con su famoso ensayo, “Las ideas fuera de lugar” (1971).</p>
			<p>Como señalé, estas disputas no solo configuraron la relación académica interna. Creemos que esta dinámica también cifró los vínculos con la intelectualidad hispanoamericana, tal como lo percibió Rama. A falta de políticas gubernamentales que promovieran las relaciones de Brasil e Hispanoamérica y viceversa, decíamos que los vínculos entre las dos orillas lingüísticas descansaron sobre la figura del intelectual comprometido y que los alcances dependían también de sus filiaciones y redes. Estas redes también tuvieron como eje de irradiación los vínculos de cada intelectual con estas dos ciudades.</p>
			<p>En el eje de Rio tenemos a João Cabral de Melo Neto, quien privilegió la relación con España en su calidad de diplomático<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref>. Ángel Crespo es la figura que sella esta relación. El poeta brasileño fue una pieza clave en la creación de la <italic>Revista de Cultura Brasileña</italic> y en la incorporación de Crespo al proyecto en calidad de director durante la primera fase (1962-1970)<xref ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref>. Mediante este instrumento cultural se consolida la recepción de la literatura brasileña en España en los años 60, con un énfasis especial en la poesía modernista y concreta, pues se esperaba que esta ayudara a vivificar la poesía española bajo el franquismo<xref ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref>. La introducción de estos poetas, a manos de Crespo y Dámaso Alonso, había comenzado a fines de los años 40, cuando se empezaron a publicar, de manera independiente, antologías y números especiales en revistas literarias. De manera que la RCB se convierte en un proyecto más sistemático, pues contaba con el financiamiento de la Embajada del Brasil en España, y buscaba “divulgar la cultura brasileña en suelo español y por extensión en los países de habla hispánica”, por lo que se distribuía de manera gratuita “a través de una lista de receptores pertenecientes al mundo literario y artístico español, además de ser enviada a bibliotecas, periódicos, universidades españolas y centros de estudios hispanistas situados en más de treinta países” (Piuco Biglia 2015).</p>
			<p>En cuanto al eje de São Paulo, este se cifrará en la relación Candido-Rama. Revisando la publicación de la incompleta correspondencia entre los dos, esta relación parece más un empeño personal y una inquietud teórica de Rama, que un interés sostenido y correspondido por parte de Candido. Lo cierto es que su interés va a hacerse manifiesto en la década de los setenta y deja la sensación de que ello ocurrió gracias a la insistencia y a los compromisos adquiridos con su amigo uruguayo. Volveremos luego sobre esta amistad literaria.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>III. ANTONIO CANDIDO Y LA CRÍTICA LATINOAMERICANA</title>
			<p>Y es que para establecer los vínculos entre Antonio Candido y el latinoamericanismo hay que indagar en varios detalles. El autor mismo reconoció en algunas ocasiones (2012, 2016) que su contacto con la literatura hispanoamericana era anterior a su encuentro con Ángel Rama, acaecido en 1960, y que tal vínculo incluso estaría heredado por línea paterna, pues su padre trabó amistad con uruguayos y argentinos en sus derivas profesionales. El joven Candido aprovechaba, ya fuera de manera directa o indirecta, los regalos que recibía su padre en formato libro o revista. Incluso de la lectura administrada: “A mi padre le gustaba el <italic>Facundo</italic> de Sarmiento, que nos leía en voz alta” (Candido 2012, 123). También nos cuenta que fue un adepto a la colección Tierra Firme del Fondo de Cultura Económica, y que conoció oportunamente lo que él mismo denomina autores del canon (Rómulo Gallegos, José Eustasio Rivera, Martín Luis Guzmán, entre otros) y los del <italic>boom</italic>.</p>
			<p>Pero independiente de su familiaridad o no con la literatura hispanoamericana, es ampliamente reconocido que su amistad con Rama fue fundamental para sus elaboraciones críticas, así como también para introducirlo en una perspectiva literaria más amplia. Hubo una interferencia mutua o, mejor, en palabras de Pablo Rocca (2017): “se estableció un diálogo que funcionaría como un circuito donde uno y otro toman en préstamo ideas que alimentan cada una de las obras críticas” (13). Esta amistad tejió varios vínculos, pues Rama hizo diversos intentos por dar a conocer algunos de los trabajos de Candido en Venezuela mientras vivió allí y lo llevó, si bien de manera indirecta, a Cuba, Perú y México (Ver Correspondencia, cartas 62 y 64), y su vínculo con el proyecto continental de la Biblioteca Ayacucho fue seminal. De manera que el nombre de Antonio Candido no dejará de aparecer emparentado con el de Ángel Rama. En 1980, Beatriz Sarlo hará su primer intento por acercarse a Estas tres figuras están tejidas a partir del eje: “Literatura, teoría y crítica en América Latina”. Es decir, Candido está siendo contado por parte de la crítica argentina como una figura latinoamericana. En un segundo intento de integración, Sarlo incorporará un artículo del brasileño en <italic>Literatura/sociedad</italic>, libro editado junto a Carlos Altamirano en 1983<xref ref-type="fn" rid="fn13"><sup>13</sup></xref>.</p>
			<p>Pese a todo, estos esfuerzos aislados no lograron crear mayor interés en la obra de Candido en la Argentina. Florencia Garramuño y Adriana Amante afirmaban a inicios de los 2000 que Candido seguía siendo un autor prácticamente desconocido, pues su obra monumental, <italic>Formação da literatura br</italic>a<italic>sileira “</italic>fue -y aún lo es- poco leída en la Argentina”. De hecho, la ubican en “la larga lista de textos brasileños ignorados -por- la América Latina hispanohablante” (“Partir de Candido” 98). Con este diagnóstico, Garramuño y Amante no son tan categóricas a la hora de hablar de la obra de Candido fuera de Brasil y le atribuyen más bien un papel de abrevadero: “Una infinidad de ideas y de saberes sobre la literatura latinoamericana <italic>surge</italic> del corpus crítico de Antonio Candido” (“Partir de Candido” 95. Énfasis agregado). Es decir, su corpus crítico haría las veces de una matriz que proporciona no solo conceptos y categorías, sino también estrategias operativas para pensar las literaturas latinoamericanas.</p>
			<p>Diez años antes, el crítico venezolano Agustín Martínez hacía una lectura diferente de la relevancia del crítico fuera de Brasil. En el prólogo que acompaña el volumen de Ayacucho dedicado a Antonio Candido, titulado <italic>Crítica radical,</italic> aventura que “[…] uno de los sentidos -y tal vez no de los menos importantes- de la obra de Antonio Candido consiste en haber propuesto la elaboración más lúcida de las contradicciones teóricas e ideológicas que derivaron” (XI) de la modernización social en Brasil a partir de los años 30 y sus repercusiones en la función de los intelectuales. Pero es “la concreción histórica de sus análisis, su discernimiento en la madeja de los nuevos enfoques y tendencias que caracterizaron la nueva fase”, lo que lo convierte en “uno de los autores más representativos de la crítica cultural latinoamericana” (XI) de la segunda mitad del siglo XX. Es decir, su relación la establece no por el trabajo continental explícito de parte del crítico, sino por la atención que sus postulados e ideas le dan a la singularidad histórica de Brasil, lo que permitiría establecer la simultaneidad que dichas problemáticas tuvieron en otros países latinoamericanos. El aporte es entonces a la literatura comparada.</p>
			<p>En Chile, Grínor Rojo lo ubica en un lugar protagónico, pues Antonio Candido y Roberto Shwarz son los dos únicos autores brasileños incluidos en <italic>De las más altas cumbres. Teoría crítica latinoamericana moderna (1876-2006)</italic>. Por su parte, Jorge Ruedas de la Serna (2012) es otro de los convencidos “de la importancia que representa su obra para la crítica literaria hispanoamericana, y particularmente para México, donde en 2005 se le otorgó el Premio Internacional Alfonso Reyes” (117).</p>
			<p>Y será el mismo crítico brasileño quien no dejará de advertir las paradojas que acompañaron <italic>Formação</italic>. En entrevista con Ruedas de la Serna, Antonio Candido afirmaba que “en la América española algunos autores aplicaron mi idea de sistema. En el Brasil no, nadie se interesó” (122). Pues entre los suyos “los movió una obsesión miope: ¿es sistema, no es sistema?, ¿la literatura brasileña comienza en el siglo XVIII, en el XVII? Eso obsedió, porque todo el mundo estaba acostumbrado a aquel esquema que venía de siempre, que Sílvio Romero adoptó, que todos adoptaron” (122). Esta obsesión por el método la manifiesta tempranamente en el prefacio de la segunda edición de su libro (1962). Una afirmación similar es la que realiza Agustín Martínez: “Para hallar una prolongación de la propuesta crítica contenida en [… <italic>Formação</italic>], será preciso indagar, curiosamente, en el ámbito hispanoamericano: no existe una obra dentro del Brasil que se aproxime más nítidamente a la línea de investigación trazada por Candido en la <italic>Formação da literatura brasileira</italic>, como la realizada por Ángel Rama en sus estudios sobre Rubén Darío y el modernismo hispanoamericano” (XVI).</p>
			<p>Como bien se ha podido observar, al abordar la relación entre Antonio Candido y la crítica latinoamericana tenemos dos movimientos. Uno obsesionado por establecer cuánto pensó Candido en términos continentales. Otro, y creemos que es el más interesante, abre la indagación sobre la lectura, es decir, indaga qué produjo la lectura de la obra de Candido fuera de Brasil. Por lo menos durante sus dos primeros momentos o fases de su crítica (1941-1959), Candido, sabemos, no se interesó mucho por el resto del continente. Es más, el trabajo en el que el crítico se hace cargo de la literatura hispanoamericana es también, al igual que <italic>Formação</italic>, un texto por encargo. Nos referimos a “Literatura y subdesarrollo”. Si bien la recomendación del nombre de Candido para el proyecto de la UNESCO (América Latina en su literatura) surge de Sérgio Buarque de Holanda, el tema lo establece Rama: “Para Antonio Candido tengo algo mejor; él va a hacer “Literatura y subdesarrollo”, así lo relata Candido mismo, y continúa: “Sérgio llegó y me informó: ‘Tienes que escribir un artículo porque me comprometí por ti’” (122). Fue un trabajo frío, afirmó el autor en dichas reminiscencias: “Me tomó un año escribir aquello, porque necesité estudiar literatura hispanoamericana” (Ruedas de la Serna 122). “Había leído bastante literatura hispanoamericana, pero dediqué todo un año solo a ese tema. Lo hice sin emoción, aunque con mucho interés” (122). Tal vez quede claro a qué refiere aquí tal falta de emoción, esta dice más del ensayista que del investigador. Después vendrá su vínculo con el Proyecto Ayacucho, los viajes a Cuba, Perú y Venezuela. Los prólogos, conferencias y reuniones, ora en Italia, ora en Venezuela o en Campinas.</p>
			<p>“Al revisar la extensa bibliografía de Antonio Candido”, escribe Agustín Martínez, “se comprueba que en ella existen muy pocos trabajos que declaren, ya en el propio título, la explicita intención de discutir asuntos <italic>latinoamericanos</italic>, sea en el campo de la crítica literaria, sea en el campo de la crítica de la cultura y la sociedad” (XIV). Por el contrario, su obra está centrada “en asuntos de la literatura y la cultura brasileñas” de los que parecen apartarlo algunos apuntes críticos sobre “obras mayores de la cultura europea” (XIV). Y nos alerta: “esta situación podría llegar a ser problemática para estudiar la proyección latinoamericanista de su obra, tan sólo si nos colocamos en el punto de vista de lo que podríamos llamar ‘falacia de omisión’, según la cual sólo podríamos evaluar el interés de las contribuciones de un autor a un asunto determinado por el número de veces que dicho asunto es explícitamente invocado por él” (XIV).</p>
			<p>Luis Augusto Fischer, profesor de literatura de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, revela otro pliegue en estos ires y venires justicieros. En una de las notas necrológicas publicadas poco después de la muerte del crítico, lamenta que Candido, preocupado por el tema de la lengua, no haya sido capaz de establecer relaciones con la literatura argentina o estadounidense, con la cual, según él, tenía muchas afinidades: “é de perguntar por que, no estudo sobre a literatura brasileira, atento ao fato de que se tratava de um país joven do Novo Mundo, não ocorreu a Candido cotejar o Brasil com a Argentina ou os EUA, países com quem o Brasil compartilha inúmeras afinidades”.</p>
			<p>Pero, a nuestro juicio, ni las menciones a América Latina ni el interés expreso por el autor son criterio suficiente para ubicarlo en una constelación mayor. Entonces, ¿cómo abordar la “pertinencia continental” de sus contribuciones? ¿cómo extrapolar conceptos nacionales a un contexto mayor? En principio, hay que aclarar que olvido u omisión no son sinónimos de negligencia. Si Candido no se interesó desde el inicio de su carrera académica por la literatura latinoamericana fue porque, como vimos, estaba centrado en incidir en el terreno de la crítica brasileña. De manera que no había mucho espacio para otras preocupaciones, menos para un crítico tan riguroso. Ya para los años sesenta, cuando inicia su amistad con Ángel Rama y él le arroja la idea de un proyecto continental, el silencio de Candido no es olvido o desinterés, sino precaución. Como bien lo describe Pablo Rocca, a fines de los años 50 y comienzos de la década del 60, mientras Rama se empeñaba en contribuir al debate latinoamericano, haciendo de <italic>Marcha</italic> su canal fundamental, Candido estaba absorbido por el trabajo universitario. Su mayor preocupación, como ya mencionamos, era intervenir el terreno de la crítica brasileña. La preocupación de Rama era más amplia y ambiciosa y, por tanto, diferente. Tempranamente se dio cuenta de la necesidad de asumir la producción brasileña como parte de ese proyecto que se dice latinoamericano, por eso no dudó en invitar a Candido a contribuir con envíos para el semanario montevideano, pero este último declinó la invitación porque no se sentía aún capacitado para asumir la contraparte (7). Solo algunos años después, cuando su trabajo como critico literario se había constituido en un referente en Brasil, Candido asumirá la invitación de Rama y hará suyo el objetivo latinoamericano. Para ello procurará hallar sus medios, como dice Rocca: “crear revistas, editar libros, promover jornadas universitarias y congresos, formar bibliotecas” (9). Antonio Candido, Darcy Ribeiro, y en menor medida, Sergio Buarque de Holanda, se constituirán en los referentes de la crítica brasileña que Rama no dejará de consultar para su proyecto continental vehiculizado ahora a partir de la Biblioteca Ayacucho, en Caracas.</p>
			<p>En una de las últimas cartas, fechada el 23 de diciembre de 1982, Rama indica estar estudiando seriamente la literatura brasileña: “Estoy metido en el novecentismo brasileño, maravillado con Cruz e Souza (¿quién podría traducirlo?), divertido con João do Rio, entusiasmado con la pintura de Visconti. ¡Quién pudiera tener 800 años para leer toda la literatura brasileña!” (<italic>Un proyecto latinoamericano</italic> 139). João da Cruz e Sousa ya había aparecido en dos muestrarios de poesía brasileña -en prosa el primero, y simbolista el segundo-, en la <italic>Revista de Cultura Brasileña</italic> (números 18 y 22<italic>,</italic> respectivamente), en traducción de Ángel Crespo. Poco después aparecerá en la <italic>Antología de la poesía brasileña. Desde el Romanticismo a la generación del cuarenta y cinco</italic>, organizada por el mismo Crespo y publicada por Seix Barral en 1973<xref ref-type="fn" rid="fn14"><sup>14</sup></xref>.</p>
			<p>Pese al entusiasmo de Rama, como también de Sarlo, de Candido, de Santiago así como de Garramuño y Amante, para avanzar hacia la integración cultural latinoamericana, se sigue insistiendo en la desconexión, en el desinterés. A inicios de los noventa, Jorge Schwartz indicaba otro episodio, que resulta relevante traer a colación. En esta ocasión el episodio es protagonizado por Brito Broca y acontecido en los años 40. Escribe Schwartz: “Es extraño que veinte años después de que Mário de Andrade haya presentado a Borges a los brasileños en artículos del <italic>Diário Nacional</italic>, Brito Broca haya excluido a Mário de su panorama de latinoamericanistas y redescubierto a Borges vía Europa” (192). Esta anécdota nos revela también esos circuitos que la critica ha privilegiado. Tal vez sea necesario tejer fragmentos, reconectar circuitos y visibilizar otros nombres para que otra historia entre Brasil y lo que, por falta de otro vocablo, seguimos refiriendo como Hispanoamérica sea posible.</p>
			<p>Por último, para retomar a Candido ¿qué es lo que hace a un crítico latinoamericano? ¿Es posible seguir pensando mediante la sinécdoque? En un tiempo en el que ha quedado expuesta la imposibilidad de la unidad, ya sea nacional o latinoamericana, ¿es posible asumir la parte por el todo? No es nuestro interés ofrecer respuestas, pero tal vez encontremos una pista interesante en Candido mismo cuando afirma que: “una literatura latinoamericana no existe a partir del momento en que pueda estilizar la realidad de América […] Existe desde el momento en que se demuestra capaz de fecundar los instrumentos de otras culturas matrices y aplicarlos a América” (Sarlo 41).</p>
			<p>Rama escribe a Candido sobre algunos inconvenientes surgidos al respecto: “El problema de Guimarães es misterioso. Establecimos contracto [<italic>sic</italic>] con José Olympio y llegamos a obtener una respuesta de la Sra. Gilda O. Cruz Lehner concediendo autorización para traducir de nuevo <italic>Grande Sertão</italic>. Remitimos el contrato, reiteramos el contrato, recibimos de ella un cable anunciando que pronto nos informaría y nos devolvería el contrato firmado y allí murió la situación. No sabemos qué pasa, y por lo tanto tampoco podemos iniciar la muy engorrosa traducción nueva (la anterior era pésima) si no disponemos de los derechos. En cuanto al prologuista me parece excelente la sugerencia de que lo sea Benedito Nunes, cuyo estudio es de primera” (<italic>Correspondencia</italic> 99). Todo parece indicar que Rama conocía la traducción de Crespo, pues Seix Barral ha contado desde su inicio con buena distribución en América Latina, pero no le convencía la traducción del poeta español. Lo cierto es que el libro aún sigue siendo anunciado por Ayacucho y sabemos que, en efecto, se prepara su pronta publicación, con la traducción realizada por Crespo y un estudio a cargo de Silviano Santiago, quien acaba de publicar la versión en portugués del mismo bajo el título: <italic>Genealogía da ferocidade</italic> (Recife: Cepe, 2017).</p>
			<p>Habría que indagar un poco más si la desconfianza manifiesta de Rama sobre el trabajo de Crespo no es un coletazo del orden de la sospecha instaurada por la Guerra Fría.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>IV. LA TRAICIÓN DE LA LECTURA</title>
			<p>Ahora bien, una cosa es corroborar cuánto hizo explícitamente Candido por la crítica latinoamericana y otra preguntarse a qué condujo su lectura, y ello no necesariamente debería llevarnos a un estudio de recepción, ni de comprensión, en el sentido hermenéutico del término. “Cualquier explicación del pensamiento crítico del maestro brasileño necesita […] un análisis que respete no sólo lo que los discursos de Candido dicen sino también el diálogo que ellos mantienen con algunos discursos modélicos de la teoría crítica contemporánea” (145). Este es el llamado que hace Grínor Rojo en “El radicalismo dialéctico de Antonio Candido”. Y precisa más adelante:</p>
			<disp-quote>
				<p>[I]nsistiré en que el dialectismo de Candido se aproxima más a la dialéctica de Hegel y Marx, según él mismo lo indicó de modo expreso, recordando sus años de estudiante en la Universidad de São Paulo y su primer contacto con la filosofía hegeliana en las clases del profesor Maugüé, que al desconstructivismo postestructuralista y postmoderno (156).</p>
			</disp-quote>
			<p>Las cartas quedan aquí bien expuestas. La fórmula que se trama en esta madeja pareciera ser: hermenéutica versus interpretación. La invitación que se nos hace es a comprender los textos según las pretensiones explícitas del autor y según los diálogos más o menos conscientes que establece. Es decir, nuestra tarea como lectores radicaría en desentrañar los significados y restablecer los diálogos intelectuales que el autor plantea en sus textos y en ello este tipo de análisis es más bien deudor de la hermenéutica de Gadamer. En una cita anterior, tomada de Agustín Martínez, él también apelaba a una dirección similar, solo que desde una modulación semiótica, es decir, el crítico venezolano conmina a desentrañar el <italic>sentido</italic> o los <italic>sentidos</italic> del texto, pero ¿es posible dar con <italic>el sentido</italic> de la obra de Candido? Tal vez sea mejor replantear la pregunta, ¿es deseable dar con el sentido de la obra de Candido y, de ser posible, con qué propósito?</p>
			<p>Afirmamos al inicio que la dinámica entre las relaciones entre la academia de Rio de Janeiro y São Paulo habría incidido en las relaciones entre Brasil e Hispanoamérica. No solo porque los mediadores tuvieron sus preferencias en relación con el circuito que habitaban, sino también porque sobre el corpus resultante se ciñó la misma actitud en la crítica que lo lee fuera de Brasil. La querella teórica. Adeptos de la hermenéutica (Gadamer) y enemigos de la interpretación, asumida como una operación vinculada a la deconstrucción derrideana y reducida, supuestamente, a una operación textualista. Esta disputa no solo nos empuja a optar, también oblitera el carácter interpretativo de la hermenéutica, pero y sobre todo no hace justicia al empeño de Candido por relevar “el proceso que estructura a la estructura, que convierte a determinado aspecto social en obra literaria, y no sólo en calidad de documento” (Sarlo 37). Que es importante conocer las condiciones materiales de un texto o una obra o las coyunturas que le acompañaron, es indiscutible.</p>
			<p>En relación con este punto, Candido mismo dimensionaba bien la contribución de su obra indispensable -como se ha descrito <italic>Formação-</italic>, “me aparté de la tradición historiográfica brasileña, mi libro siempre despertó -y continúa despertando- muchas críticas en cuanto a la concepción y al método” (Ruedas de la Serna 120). Apartarse de la tradición historiográfica en la literatura brasileña significa haber relevado el trabajo de Silvio Romero y de José Veríssimo y a quienes adoptaron sus esquemas. Una necesidad que el mismo Mario de Andrade había indicado allá por el año 1939, pues dichos autores habían instalado un esquema histórico que se regía por la tradicional y canónica sucesión de estilos y autores que era difícil de desterrar. Tal vez de ahí haya surgido la invitación que unos años después le hiciera José de Barros Martins de hacer una historia breve de la literatura brasileña dirigida a un público general, “legible”, sin marcas académicas, es decir, “sin bibliografía”, “sin notas a pie de página”, como recuerda Candido. Ofrecimiento que Mario rechaza de inmediato y es así como surge el nombre de Antonio Candido, quien asumió un encargo que tomaría inicialmente dos años, pero que terminó abarcando 12, y que dio lugar a los iniciales dos tomos de <italic>Formaç</italic>ã<italic>o</italic>. El libro, entonces, responde a una necesidad muy concreta dentro del terreno de la historia literaria brasileña, pero no se agota ahí. ¿Qué pasa entonces cuando la lectura se realiza en contextos y tiempos heterogéneos?</p>
			<p>Conociendo la precaución antes mencionada ¿cómo leer a Candido en una perspectiva más amplia? La pregunta no puede llevarnos a lecturas prescriptivas o a posturas que buscan administrar lo que se dice o cómo debe analizarse la escritura de Antonio Candido (Cf. Schwarz 1999). Evitar prisiones para otros lectores es el reto contemporáneo. Habría que zafarse de esta economía de la lectura y no temer a eso que se escapa del dominio consciente del crítico, así como tampoco temer el malentendido, el desvío, ni la mala lectura, como modos posibles e incluso creativos de leer. Tal como el mismo Candido lo indicara en relación con “la influencia de Baudelaire en cierto grupo de poetas del siglo XIX”: “[…] fue deformando Baudelaire, interpretándolo parcialmente y mal, que esos poetas hicieron que su influencia fuera fecunda” (1985, 83).</p>
			<p>Quizá así se mantenga también el carácter democrático y no dogmático que el crítico brasileño tanto defendió. La relevancia de Antonio Candido no se reduce al número de referencias, ya sea de Candido a América Latina o de América Latina en Candido. Lo que nos legó es un modo de lectura del cual aún podemos aprender.</p>
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			<title>BIBLIOGRAFÍA</title>
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				<mixed-citation>Nascimento, Evando. “Uma leitura nos trópicos: A idea de ‘America Latina’”. <italic>Leitura e experiência: teoria, crítica, relato</italic>. Org. Evando Nascimento e Maria Clara Castellões de Oliveira. São Paulo: Annablume, 2008. 9-23.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>____ Antonio Candido. Trajetória intelectual de um múltiplo singular. <italic>São Paulo</italic>, domingo, 19 de julho de 1998.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>____ “Natural por sustração”. <italic>Que hora são?</italic> São Paulo: Companhia das Letras, 2006 [1987].</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Sousa, Eneida Maria de. “O discurso crítico brasileiro”. <italic>Crítica cult</italic>. Belo Horizonte: UFMG, 2014 [2002].</mixed-citation>
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			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>1</label>
				<p>El presente texto se enmarca dentro del proyecto postdoctoral FONDECYT nº 3150589. *La traducción al español es muy reciente y salió en México: Antonio Candido. <italic>Formación de la literatura Brasileña</italic>. Volúmenes I y II. Edición, traducción, presentación y notas de Jorge Ruedas de la Serna. México: UNAM, 2014. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>Ver Schwartz 1993; Bethell 2009; Garramuño y Amante 2000; Mejía Toro 2014.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p>Es clara la inflexión sociológica de esta definición, pero escapa a los intereses de este texto reconstruir las críticas y debates a que esta da lugar. Para una revisión de las mismas ver Errázuriz 2017.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p>De esa centralidad de Rio de Janeiro da cuenta Mario de Andrade en <italic>Macunaíma, el héroe sin ningún carácter</italic> (Caracas: Ayacucho, 1979). Al parecer, su héroe no podía dejar de pasar por la aún capital cultural. Si bien las escenas urbanas tienen lugar en São Pablo, cuando el héroe busca ayuda para vengarse de Venceslao Pietro Pietra viaja nada más ni nada menos que a Río de Janeiro para pedir la ayuda de Echú, “diablo en cuyo honor se realizaba una macumba al otro día” (35). Macunaíma después de pedir golpes hasta el hartazgo para el Gigante que se retorcía en su dolor allá en la calle Marañón en São Paulo, prosigue su deambular y tras llenarse de fruta en contra de la voluntad del árbol Volomán, éste lo lanza a un islote más allá de la Bahía de Guanabara donde zanjará su final estelar.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p>Es bien conocida la cita de Roberto Schwarz que a mediados de los años ochenta se lamenta de lo que, a su juicio, son meras modas académicas: “En los veinte años que llevo dando clases de literatura he asistido al tránsito de la crítica por el impresionismo, la historiografía positivista, el <italic>new criticism</italic> americano, la estilística, el marxismo, la fenomenología, el estructuralismo, el postestructuralismo y ahora las teorías de la recepción” (“Nacional por Subtração”, 30). En otro lugar hemos afirmado que esta postura responde a la clásica separación analítica entre lo material y lo cultural, separación que dificultó el reconocimiento de y el trabajo con la alteridad por parte de los críticos marxistas. Ver Estupiñán y Rodríguez Freire 2012.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p>Las polémicas en torno a Antonio Candido tuvieron repercusiones no solo en el ámbito universitario sino en el ámbito intelectual. Conocida es la crítica que le hace Haroldo de Campos en <italic>O Sequestro do Barroco na Formação da Literatura Brasileira: o Caso Gregório de Matos</italic>, publicado en 1989.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>7</label>
				<p>Las críticas a la idea de formación en su envés moderno (<italic>Build</italic>), teniendo en cuenta también la filiación francesa, son revisadas por Rachel Lima y Eneida María de Sousa.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>8</label>
				<p>Bella Jozef (1926-2010) fue la encargada, durante 40 años (1960-2000), de la cátedra de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Federal de Rio de Janeiro–, ante el retiro de Manuel Bandeira, quien estuvo a cargo de la misma cátedra desde 1943 hasta 1956, año de su retiro.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>9</label>
				<p>José Miguel Wisnik, <italic>Veneno Remédio. O futebol o el Brasil</italic>. São Paulo: Companhia das Letras, 2008.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>10</label>
				<p>Otra figura importante en Rio fue Manuel Bandeira, que si bien entabló muy buenas relaciones con escritores latinoamericanos (Gabriela Mistral, Alfonso Reyes, Octavio Paz, por ejemplo) y publicó material para un público latinoamericano (FCE, México), marcó su preferencia en el vínculo con la Península ibérica. Al parecer las primeras cátedras de lengua y literatura hispanoamericana impartidas en las universidades brasileñas, estuvieron marcadas por la presencia de España como sinécdoque de lo hispano. El profesor Julio García Morejón resumía, en 1964, el panorama de la siguiente manera: “Lo hispanoamericano, que siempre tuvo, paradójicamente, menos vigor que lo español en lo que se refiere a su estudio en las universidades, comienza a preocupar bastante, como es lógico, y crece en estos momentos [se refiere a la década comprendida entre 1953 y 1963]” (82).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>11</label>
				<p>Sería interesante indagar también la labor que han tenido las traducciones para tejer estos puentes culturales. Ahí surgen figuras como Losada, Ángel Crespo, Dámaso Alonso.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn12">
				<label>12</label>
				<p>Para mayores detalles, ver Gómez Bedate 1997 y Piuco Biglia 2015.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn13">
				<label>13</label>
				<p>Dos décadas después será Beatriz Sarlo quien sea entrevistada para la revista <italic>Margens/Márgenes</italic>, dirigida por Silviano Santiago, actualizando el interés de integración cultural entre los dos países, aunque en esta ocasión la iniciativa corrió por vertiente brasileña.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn14">
				<label>14</label>
				<p>La primera traducción al español de Gran Sertón: Veredas de João Guimarães Rosa fue realizada también por Ángel Crespo y publicada por Seix-Barral en 1967. Desde mediados de los setenta este título contaba en la lista de los títulos brasileños a publicar por la Biblioteca Ayacucho, sin embargo aún no ha visto la luz. En carta fechada el 30 de septiembre de 1976, Rama escribe a Candido sobre algunos inconvenientes surgidos al respecto: “El problema de Guimarães es misterioso. Establecimos contracto [sic] con José Olympio y llegamos a obtener una respuesta de la Sra. Gilda O. Cruz Lehner concediendo autorización para traducir de nuevo Grande Sertão. Remitimos el contrato, reiteramos el contrato, recibimos de ella un cable anunciando que pronto nos informaría y nos devolvería el contrato firmado y allí murió la situación. No sabemos qué pasa, y por lo tanto tampoco podemos iniciar la muy engorrosa traducción nueva (la anterior era pésima) si no disponemos de los derechos. En cuanto al prologuista me parece excelente la sugerencia de que lo sea Benedito Nunes, cuyo estudio es de primera” (Correspondencia 99). Todo parece indicar que Rama conocía la traducción de Crespo, pues Seix Barral ha contado desde su inicio con buena distribución en América Latina, pero no le convencía la traducción del poeta español. Lo cierto es que el libro aún sigue siendo anunciado por Ayacucho y sabemos que, en efecto, se prepara su pronta publicación, con la traducción realizada por Crespo y un estudio a cargo de Silviano Santiago, quien acaba de publicar la versión en portugués del mismo bajo el título: Genealogía da ferocidade (Recife: Cepe, 2017). Habría que indagar un poco más si la desconfianza manifiesta de Rama sobre el trabajo de Crespo no es un coletazo del orden de la sospecha instaurada por la Guerra Fría.</p>
			</fn>
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