EDITORIAL
Infertilidad, condición o problema: un desafío actual
Infertility, condition or problem: a current challenge

La imposibilidad de procrear fue siempre desde tiempos remotos, causa de angustia y dolor, con independencia de sus connotaciones sociales; sin embargo, el logro de un embarazo no es algo que ocurre siempre de manera simple y predecible, pues existen eventos inesperados, y no deseados que obligan a reformular las expectativas en relación a la fertilidad y todo lo que esto implica1. El reconocimiento de la infertilidad como un problema de salud global aumenta cada día. Aun cuando es notable el avance científico y tecnológico alcanzado en la biología de la reproducción, la cantidad de parejas que buscan asesoramiento y tratamiento por infertilidad aumenta considerablemente2.
Convertirse en padres y crear una familia es el objetivo de la mayoría de las parejas, sin embargo, no todas podrán lograrlo, sin alguna intervención médica, por lo que la infertilidad ha sido declarada un problema de Salud Pública por la Organización Mundial de la Salud (OMS)3.
La infertilidad no debe verse como un fracaso, sino como una condición que merece comprensión, respeto y acompañamiento por parte del profesional de salud. Esta no sólo afecta a la salud física, sino también al bienestar emocional y social de algunas parejas. La infertilidad es una enfermedad del sistema reproductivo masculino o femenino, definida por la imposibilidad de lograr un embarazo después de 12 meses o más de relaciones sexuales regulares sin protección4.
El término de infertilidad primaria consiste en la incapacidad de una pareja para lograr un embarazo después de un año o más de relaciones sexuales regulares, sin emplear métodos anticonceptivos, sin el antecedente de embarazo previo. La infertilidad secundaria se refiere a la incapacidad para concebir, después de haber tenido embarazos previos5.
De acuerdo con las nuevas estimaciones de prevalencia de la infertilidad varía poco de una región a otra y las tasas son similares en los países de altos ingresos, medianos y bajos, lo cual demuestra que se trata de un importante problema de salud en todos los países y todas las partes del mundo6.
A nivel mundial, se estima que 48.5 millones de parejas sufren infertilidad. En el Reino Unido, una de cada siete parejas enfrenta esta condición. En Ecuador, se calcula que entre el 17 % y el 20 % de las parejas son infértiles7.
Según la OMS, alrededor de un 10-15 % de las parejas tienen algún tipo de problema de fertilidad. En España, se estima que casi un 15 % de las parejas en edad reproductiva tienen problemas de fertilidad y existen cerca de un millón de parejas que demandan asistencia reproductiva3,8,9.
El problema de la infertilidad adquiere una mayor importancia a nivel mundial, pues cada vez son más evidentes las complejas relaciones entre los factores psicológicos y la fertilidad. Uno de los temas más significativos de la infertilidad es el que se refiere a las sensaciones y los sentimientos que viven las parejas. Dos aspectos lo resaltan: la intensidad con que viven estas sensaciones y el proceso por el que atraviesan estas parejas con problemas de fertilidad6.
Este proceso es largo y doloroso a nivel psíquico, y puede durar años, con más o menos dificultades, conflictos, sentimientos y vivencias; este es vivido por personas de muy diferentes personalidades y esquemas de pensamiento, donde la ayuda o la información que se recibe es insuficiente6.
En las parejas que enfrentan esta problemática, puede verse afectado su autoestima, su estabilidad emocional, incluso la relación como pareja, generando sentimientos de culpa, frustración y aislamiento.
La evidencia científica apunta a que muchas parejas posponen su matrimonio a edad más avanzada y postergan la maternidad para edades en las que es más difícil concebir. Dichas parejas buscan primero la estabilidad financiera y profesional y a eso dedican sus años de mayor fertilidad6.
La tercera parte de los casos de infertilidad se deben a enfermedades en el hombre, otro tercio a enfermedades en las mujeres y la otra tercera parte a una combinación de factores tanto masculinos como femeninos, es decir, las causas derivadas de las mujeres pueden representar alrededor del 50 % de los casos9.
La fertilidad disminuye con la edad, lo que puede deberse a varios factores como el envejecimiento del ovario, la disminución de la calidad ovocitaria; en los hombres el envejecimiento se acompaña de una disminución en la calidad del esperma9.
En mujeres, las causas comunes de infertilidad incluyen obstrucciones en las trompas de Falopio, alteraciones en la ovocitación y embarazos ectópicos. Además, el exceso de grasa corporal contribuye a la resistencia a la insulina y aumenta la producción de andrógenos ováricos, lo que afecta negativamente la fertilidad7.
Las infecciones genitales en la mujer conducen a enfermedad inflamatoria pélvica aguda, la cual genera daños permanentes a las trompas de Falopio, al útero y a los tejidos circundantes. Estos daños implican dolor pélvico crónico, infertilidad y embarazo ectópico9.
En hombres, se identifican causas genéticas, defectos congénitos, patologías oncológicas, hipogonadismo y obstrucción del tracto seminal, además de oligozoospermia, astenozoospermia y azoospermia9.
Numerosas evidencias señalan que el exceso de leucocitos en el semen, tiene un valor pronóstico importante en la fertilidad de algunos hombres, asociados a una baja concentración y movilidad espermática y aumento de espermatozoides morfológicamente anormales7,9.
La fragmentación en el ADN de espermatozoides es considerada como posible causa potencial de infertilidad masculina y su detección se utiliza actualmente como una variable adicional que ayuda a evaluar la calidad de una muestra seminal9.
La infertilidad se presenta como un fenómeno complejo que exige un enfoque integral. La combinación de tratamientos convencionales y tradicionales, junto con un aumento en la educación y el conocimiento, se perfila como una estrategia prometedora para abordar este problema de salud.
Los avances en las tecnologías de reproducción asistida, como la fertilización in vitro (FIV), la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI) y la inseminación intrauterina, han revolucionado los tratamientos de infertilidad. También existen enfoques psicológicos, como la terapia cognitivo-conductual (TCC), que ayuda a las personas a afrontar el impacto emocional de la infertilidad, empleando técnicas de relajación, meditación y visualización7.
Prácticas tradicionales como la acupuntura buscan descongestionar el "Chi" del hígado e influir en las hormonas esteroides, mejorando la implantación embrionaria y la calidad ovocitaria. La fitoterapia ayuda a regular los niveles hormonales y estimular la movilidad y producción de espermatozoides. Otros enfoques incluyen la apiterapia y la ozonoterapia, ambos con efectos beneficiosos en la salud reproductiva7.
Abordar el tema de la Infertilidad requiere no solo de estrategias clínicas, sino también de un enfoque integral que incluya políticas públicas, educación, acceso equitativo y apoyo psicológico. Reconocer la infertilidad como un problema de salud constituye un reto en la actualidad no solo a nivel médico, sino también social y emocional.
Esquivel González Maryelis
Universidad de Ciencias Médicas de Camagüey
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