A la Pediatría desde el Arte
Adolescente. Jean-Honoré Fragonard, 1769
Lo de la autoría de este cuadro podría dar lugar a la redacción de una novela detectivesca. Habría que sugerirle a alguno de los grandes de las letras negras hispanas (Lorenzo Silva: por pedir que no quede) que se interese por ella. La firma auténtica es la de Fragonard, pero –sobre ella- estaba otra: la falsa, donde ponía “Grimou”. De hecho, durante años, se le atribuyó a este último la autoría.
Lo importante es lo que proyecta el cuadro: identificamos en él a una adolescente, con ese punto de borrosidad y feísmo con el que muchos adolescentes se ven a sí mismos. De colores velazqueños y pinceladas gráciles, no me podrán decir ustedes que no es una maravilla, ¿verdad?(Figura 1)

