Historia de la Psicología

CULTURA CIENTÍFICA, MAGNETISMO Y ESPIRITISMO DURANTE FINES DEL SIGLO XIX EN BUENOS AIRES: UN ANÁLISIS DESDE OVIDIO REBAUDI

Scientific culture, magnetism and spiritualism during the end of the 19th century in Buenos Aires: an analysis from Ovidio Rebaudi

Anna J. Conforte
Universidad de Buenos Aires (UBA), Facultad de Psicología, Instituto de Investigaciones. Cátedra I Historia de la Psicología., Argentina

CULTURA CIENTÍFICA, MAGNETISMO Y ESPIRITISMO DURANTE FINES DEL SIGLO XIX EN BUENOS AIRES: UN ANÁLISIS DESDE OVIDIO REBAUDI

Anuario de Investigaciones, vol. XXIV, pp. 25-33, 2017

Universidad de Buenos Aires

Recepción: 18 Mayo 2017

Aprobación: 31 Octubre 2017

Resumen: El objetivo de este artículo es analizar a un personaje remarcable del escenario cultural y científico de Buenos Aires de fines de siglo, el director de la Revista Magnetológica: Ovidio Rebaudi (1860-1931), renombrado químico así como adherente al espiritismo y el magnetismo[1]. La vida y obra del mismo, oriundo de Paraguay y radicado en Argentina, resulta de utilidad para comprender cómo actores de filiación científica practicaban y defendían, al mismo tiempo, la hipnosis y el magnetismo. De hecho, Rebaudi dedicó gran parte de su vida a estudiar y conceptualizar acerca de los fenómenos sobrenaturales, llevando a cabo también curaciones magnéticas y diversas experiencias espiritistas, siempre dotando sus prácticas de cientificidad. El presente artículo analiza a este personaje de fin de siglo que abogaba, al mismo tiempo, por las prácticas científicas y por el estudio de lo sobrenatural. Entendemos que dicho análisis servirá para iluminar las zonas de mixtura y entrelazamiento entre terrenos tan disímiles como el científico y el de las energías y fluidos magnéticos.

Palabras clave: Ovidio Rebaudi, Magnetismo, Siglo XIX, Espiritismo, Fenómenos sobrenaturales.

Abstract: The aim of this paper is to analyze a remarkable character of Buenos Aires cultural and scientific scenario during the end of the century, the producer of the Revista Magnetológica (Magazine of magnetism) Ovidio Rebaudi (1860-1931), a well-known chemist and follower of magnetism and spiritualism. The life and work of this chemist, native of Paraguay and resident of Argentina, seem useful to understand how scientific actors held and protect hypnotic and magnetic practices. In fact, Rebaudi dedicated a great part of his life to the study and conceptualization of supernatural phenomena, performing magnetic healings and diverse spiritualist experiments, enduing their practices with scientific attributes. This paper intends to analyze this end-of-the-century character, who pleaded for scientific practices on the one hand, and for supernatural studies on the other. We understand that this analysis could enlighten some mixture zones and interweaved soils between the scientific and the magnetic grounds.

Keywords: Ovidio Rebaudi, Magnetism, 19th century, Spiritism, Supernatural phenomena.

Introducción

Los años circunscriptos en el cambio del siglo XIX al siglo XX fueron t

Los años circunscriptos en el cambio del siglo XIX al siglo XX fueron testigo de importantes transformaciones y novedosos inventos, especialmente en lo concerniente al campo científico y sus áreas circundantes[2]. Las ciencias se encontraban entre una incipiente inestabilidad y, al mismo tiempo, un remarcado progreso. La comprensión de lo que podía o no traspasar sus entonces lábiles límites, variaba decididamente, y sus diversos protagonistas, representantes ya sea del ocultismo, las academias científicas, el magnetismo, la medicina homeopática o el espiritismo, colaboraban en que así sea. Es necesario tener en cuenta que fenómenos como el magnetismo, la hipnosis y las prácticas espiritistas no se situaban necesariamente fuera de lo que el adjetivo “científico” nombraba en aquella época. Puede observarse, ya sea desde los escritos publicados por Rebaudi y algunos de sus colegas, como por publicaciones en la prensa y en revistas específicas (como la revista de la Sociedad Constancia), que la época de entre siglos abrió las puertas a novedades en el campo de la ciencia que, con su presencia, “obligaron” a ampliar los lindes de lo científico. De esta forma, fenómenos como la transmisión de pensamiento o el intercambio de energías y fluidos corporales que por 1860 estaban nítidamente segregados de cualquier horizonte cientificista, empezaban a encontrar un lugar en el imaginario científico de fin de siglo. Esto no quiere decir que se adoptaron estos fenómenos como parte de la “ciencia oficial” de un momento a otro, pero sí que se abrieron interrogantes que ponían en duda lo establecido hasta el momento. Siempre pensada como imposible, la idea de ver a través del cuerpo ahora formaba parte de las novedades científicas gracias a Wilhelm Roentgen y sus “rayos X”; ¿por qué no pasaría lo mismo con la lectura de pensamiento, la curación con pases magnéticos, la comunicación espiritual con el más allá?… Así, dentro de esta heterogeneidad de situaciones, figuraban renombrados hombres de ciencias que incursionaron e incluso apoyaron el estudio de lo “paranormal”, como el físico William Crookes, el médico Cesare Lombroso, el fisiólogo Charles Richet, entre otros.

Hay algunas investigaciones históricas sobre el área a analizar, entre ellas se encuentran los aportes realizados por Fernández (1996), Di Liscia (2003), Quereilhac (2010); Gasparini (2012), Gimeno, Corbetta & Savall, (2013), Vallejo (2014; 2016). Dichos trabajos han establecido el modo en que la narrativa científica se constituyó en Buenos Aires, el impacto de los progresos de la ciencia sobre la población en general así como la modificación de las representaciones sobre el espiritismo, el magnetismo y otros desarrollos pseudo-científicos en particular. Junto a estos trabajos, de vital importancia, en este artículo se utilizaron fuentes como la Revista Magnetológica (sólo sus primeros tres años: 1898, 1902, 1903) y la Revista Constancia, así como todas las obras espiritistas escritas por Rebaudi, fundamentales para realizar la presente investigación. Ya que hay ciertos aspectos aún inexplorados que merecen nuestra atención, este artículo inicia un análisis pormenorizado sobre estas repercusiones, haciendo especial hincapié en un personaje que aún no ha sido estudiado en profundidad: Ovidio Rebaudi. Su rol resulta significativo a la hora de entender la diversidad de actores y acciones llevadas a cabo en esa época, así como las mixturas producidas entre el campo científico y aquellos terrenos inexplorados del magnetismo, el espiritismo y las energías fluídicas.

Fenómenos ya mencionados como los descubrimientos eléctricos, la invención del telégrafo, o el auge alcanzado por el espiritismo “moderno” y sus emprendimientos esotéricos eran sólo algunos de los ejemplos de la diversidad de la época. Así, las condiciones de posibilidad para el aumento del interés en los fenómenos paranormales y magnéticos estaban dadas. En efecto, Rebaudi era un hombre de ciencia que tenía la pretensión de encausar estos hechos hacia terrenos legítimos, propios de un área de conocimientos más amplia, que extendiera sus fronteras, superpusiese los principios científicos con las experiencias sobrenaturales y legitimara estas prácticas. ¿De qué se hablaba entonces, a fines del siglo XIX en Buenos Aires, cuando se hablaba de “ciencia”? ¿Cómo fue posible que un ilustre químico dedicara sus días a estudiar y visibilizar las bondades del magnetismo? Un análisis del protagonista de este escrito, el químico Rebaudi, es útil para comprender más acabadamente nuestros interrogantes.

Rebaudi: científico y espiritista multifacético

Ovidio Rebaudi (1860-1931) nació en Paraguay, y luego fue enviado a estudiar a Pisa, Italia (1876), donde se recibió de químico. Se radicó en Buenos Aires en el año 1882, fue miembro del Círculo Médico Argentino, en el Hospital de Mujeres y en el Hospital de Niños. En 1886 ingresó por concurso a la Oficina Química Municipal, ámbito donde ascendió hasta el cargo de director, constituyéndose al mismo tiempo en uno de los creadores de la Oficina Química Nacional, en 1894. En 1886, además, Rebaudi se incorporó a la Sociedad espiritista argentina “Constancia” y al poco tiempo comenzó a desempeñarse como colaborador de su revista homónima. Por aquella época comenzó a presenciar diversas sesiones de “mesas parlantes”, de sonambulismo y de renombrados médiums (como Henry Slade), las cuales significaron el primer paso hacia sus investigaciones en aquel terreno.

Fundó, paralelamente, la Revista de Química y Farmacia en el año 1900, donde publicó su primer informe sobre la Stevia Rebaudiana, detallando las características de una planta encontrada en la frontera entre Brasil y Paraguay, de la cual había descubierto sus propiedades endulzantes y edulcorantes naturales. Moisés Bertoni, naturalista, fue quien después realizó estudios más acabados de esta especie, eligiendo bautizarla con el apellido de su químico descubridor, Rebaudi.

Tiempo después la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Buenos Aires le otorgó el diploma nacional de químico (1905), y luego la Universidad de Chicago el de Doctor en química (1906). Publicó numerosos libros tanto técnico–científicos como espiritualistas y fue docente en la Universidad de la Plata (de la materia Zoología médica) mientras que, hacia 1908, fue nombrado Rector de la Universidad del Paraguay (Mariño, 1924[3]; Quereilhac, 2010; Gimeno, Corbetta & Savall, 2013).

Entre sus libros se destacan Apuntes sobre espiritismo experimental escrito en 1896, El magnetismo curativo al alcance de todos con tres ediciones consecutivas en Madrid, Elementos de magnetismo experimental y curativo publicado en 1900, y Elementos de Magnetología; todos ellos presentes en aquellos años en la Biblioteca de la Sociedad Espiritista “Constancia”. En este último libro, Elementos de Magnetología, se presenta a Rebaudi con extensos títulos facultativos y puestos jerárquicos (Diploma de Químico de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Buenos Aires; Químico honorario municipal; Ex químico de la Oficina Química Nacional; Ex segundo jefe de la Oficina Química Municipal de Capital Federal; Ex jefe de la Oficina Química y Bacteriológica de Asunción; Ex rector de la Universidad de Asunción; Presidente de la Sociedad Científica de Estudios Psíquicos de Buenos Aires; Director de la Revista “Química y Farmacia”, seguido de un “etc, etc, etc.”). Realizando brevemente un recorrido por su biografía, puede notarse a simple vista que Rebaudi tenía amplios intereses en el área de los estudios sobrenaturales (particularmente en lo que atañe a fenómenos magnéticos e inquietudes espiritistas), conviviendo codo a codo con sus estudios e incursiones en el campo químico-científico.

¿Qué resulta interesante y particular de este personaje? La hipótesis que articula este escrito es que Ovidio Rebaudi, quizás más famoso por su gran labor científica y sus descubrimientos respecto a la química que por sus investigaciones en el terreno de lo “oculto”, resulta un excelente representante desde el cual situarse a observar los conflictos de su época. Más allá de sus grandes aportes al campo de la química, como ser el descubrimiento de la presencia del ácido nitroso en las aguas potables, o también el estudio de las propiedades de la luego designada Stevia Rebaudiana, Rebaudi participó asiduamente de actividades y experiencias dedicadas al estudio intensivo del fluido magnético, la lectura del pensamiento y la exteriorización de la sensibilidad, resultando un relevante colaborador en la expansión y teorización en Buenos Aires sobre afecciones y terapias alternativas durante el último cuarto del siglo XIX. Su curiosa personalidad, conjugación entre saberes químico-científicos con aquellos sobrenaturales, nos sirve para explorar, desde un punto de vista histórico, de qué manera fueron transformándose técnicas y saberes “sobrenaturales”, y como impactaron en las mutaciones del discurso científico de la época.

El afán de Rebaudi por estudiar las fuerzas desconocidas que obraban, ya sea como métodos alternativos de curación, o como motores para estudiar el universo, se había agudizado cuando asistió en 1885 al Teatro de la Ópera, a la conferencia dada por Rafael Hernández[4]. Pese a su creciente interés, él mismo se reconocía como un químico muy escéptico y difícil de convencer. Luego de esta conferencia, confesó haber encontrado allí lo que le faltaba para su completa convicción, y afirmó: “Una sola experiencia de física o de química me bastó siempre para formar convicción respecto de la ley que las determinaba [pero] cien experiencias de naturaleza trascendental no me habían producido aún el mismo resultado.” (Quereilhac, 2010, P. 138).

Luego de este suceso sus prácticas se enmarcaron, primero, dentro de las indagaciones llevadas a cabo por la primera Sociedad espiritista de la Capital llamada “Constancia”, a la cual Rebaudi se incorporó en el año 1886, colaborando asimismo en su comisión de propaganda. La sociedad “Constancia” había sido fundada en 1877 por Ángel Scarnicchia y Rafael Hernández, y estuvo teñida de constantes intentos para otorgar visibilidad a sus prácticas y teorizaciones. Alojó a reconocidos médiums[5], entre ellos, el americano Henry Slade, así como a Camilo Brediff y a Osvaldo Fidanza, y llevó a cabo diversas tareas para financiar la llegada a Buenos Aires de Eusapia Palladino[6].

Rebaudi sufría de una disminución aguda de la visión y molestias para leer, y habiendo obtenido diagnósticos negativos por parte de médicos especialistas, mejoró notablemente luego de seguir los consejos dados por una médium en Constancia (Constancia, 1895; Mariño, 1924, p. 124). Cuando en 1882, Cosme Mariño asumió la dirección de la Revista de esta Sociedad, se produjo una notable mejoría en su edición así como un gran aumento en su público. Pero mientras Mariño defendía una vertiente fuertemente religiosa, otros miembros de la Sociedad, entre los cuales se encontraba Rebaudi, seguido por Felipe Senillosa y Pedro Serié, pregonaban por asentar las bases científicas del espiritismo y la magnetología[7].

Tiempo más tarde, Rebaudi decidió fundar la Sociedad “Magnetológica” Argentina en 1896, desempeñándose como director de su Revista (desde 1897). De esta manera, la Sociedad y su revista emprendieron un proyecto cientificista y laico, conformado por, en su mayoría, ingenieros, físicos y químicos. El Dr. O. Recnys, Rebaudi, Serié y Manuel Frascara integraban tanto Constancia como la Magnetológica. Años más tarde, la Sociedad cambiaría su nombre por el de “Sociedad Científica de Estudios Psíquicos” hasta 1911, y en 1920 reabriría sus puertas bajo la denominación de “Instituto Metapsíquico” y su “Revista Metapsíquica Experimental”. Ya desde sus primeros años, la sede de la Sociedad contaba con una biblioteca, su propia imprenta, aulas, y un laboratorio de química, una sala de experimentación Magnetológica y un gabinete de física, todo sustentado por los fundadores y los socios (Revista Magnetológica, 1897; Mariño, 1924; Quereilhac, 2010).

“¿Quién se hubiera atrevido a estas ideas hace diez años?”

Dentro de un contexto donde muchas maravillas tomaban estatuto de realidades comprobables, Rebaudi orientaba siempre sus investigaciones sobre magnetología y espiritismo bajo un ideal de cientificidad. Su experimentos y sus teorías debían cumplir, entonces, ciertas normas: ser verificables, repetibles, y en lo posible explicables mediante leyes y argumentos racionales que se adaptaran al campo científico. A la par de este rasgo que caracterizaba todas las experiencias y discursos de Rebaudi, hay un rasgo que se destaca como una particularidad. Nuestro químico planteaba un desafío para muchas de las certezas establecidas en el mundo académico de aquel entonces. Pregonaba por ampliar los límites de los saberes científicos, y hacia uso de saberes y procedimientos rigurosos de su profesión para estudiar plenamente -y aquí reside lo más singular- los fenómenos sobrenaturales, ganándose numerosos enemigos entre sus colegas profesionales. Rebaudi era, curiosamente, un personaje espiritualista –adepto al magnetismo- y al mismo tiempo un científico de renombre.

El quería, entonces, abrirle las puertas de la ciencia a los fenómenos sobrenaturales. Los estudiaba, repetidas veces, llevaba a cabo numerosas experiencias propias, replicaba las de ilustres magnetólogos europeos, citaba a decenas de médiums y espiritistas, y se esforzaba por elaborar una cantidad de argumentos racionales que pudieran bastar para que los demás representantes de la ciencia oficial comenzaran a tomarse estas maravillas en serio, reemplazando el aura milagrosa de tales fenómenos por una lo más científica y secular posible.

Rebaudi es, a nuestro parecer, un buen representante de estas prácticas, que aún no ha sido estudiado a nivel local. Entre aquellos que en un principio (al igual que Rebaudi) demostraron su escéptico recelo frente a los fenómenos metapsíquicos, y que luego se convencieron de su realidad convirtiéndose en acérrimos defensores, se encontraban a nivel internacional: el físico William Crookes, el astrónomo Johann Karl Friedrich Zöllner, el médico alemán Schrenck Notzing, los médicos italianos Lombroso y Morselli, el consejero del Zar Alexander Aksakoff, y los franceses Albert De Rochas, Gustav Geley y Charles Richet, premio Nobel de Medicina y Fisiología (Gimeno, Corbetta & Savall, 2013, pp. 64-65). También, a nivel local, algunos intelectuales provenientes de diversos campos seguían una corriente similar (Alejandro Sorondo, Leopoldo Lugones, Rafael Hernández, y Felipe Senillosa) (Gimeno, Corbetta & Savall, 2013, p. 95).

Este apartado se titula “¿Quién se hubiera atrevido a estas ideas hace diez años?!”, ya que toma textualmente las palabras de Rebaudi en la conferencia de apertura de la Revista Magnetológica (Enero de 1897) pala ilustrar que es menester analizar al renombrado químico, enmarcado dentro de su época: la del progreso, el “siglo de la electricidad y el vapor”. Siglo en el que los increíbles descubrimientos científicos no dejaban de aparecer; tanto los rayos de Roentgen, el fonógrafo y la telegrafía sin hilos, como la electricidad y la radioactividad; difíciles de explicar y predecir, aparentemente ilusorios pero reales y sorprendentes casi como una suerte de “milagro”. Repetidas veces se observa, a lo largo de las obras de Rebaudi, la equivalencia establecida entre la electricidad, los rayos “X”, los catódicos, la luz y el calórico, con los fenómenos de los sensitivos, los sonámbulos lúcidos y el magnetismo (Rebaudi, s.f, p. 23, p. 26, p. 35, p. 64, p. 67, p. 76, p. 107, p. 236[9]). Incluso llega a adjudicar los avances del magnetismo a los progresos científicos, sugiriendo que son éstos los que han dado lugar a su observación y estudio “ensanchando el campo de acción de esos extraños fenómenos tenidos antes por sobrenaturales” (Rebaudi, s.f, p. 6). La magnetología y los descubrimientos espiritistas aparecían, en efecto, como hijos de los progresos científicos de los últimos tiempos: si bien estos fenómenos eran antiquísimos, fue en ese momento cuando pudieron adquirir esplendor y “tomar sus mejores elementos de las ciencias físico-naturales de la época” (Rebaudi, s.f, p. 7).

En este sentido, Ovidio Rebaudi resulta un singular mirador[10] de nuevas perspectivas sobre la ciencia, claramente útil como para proyectar y comprender las inimaginables derivas del llamativo cruce entre el cientificismo y los fenómenos psíquicos. En efecto, legitimar las prácticas psíquicas y magnéticas impregnándolas de cientificidad estaba en la agenda de nuestro distinguido químico. En este sentido, Rebaudi escribía que “El hombre no se conforma con observar los hechos, quiere ir más allá, afanándose por llegar hasta las causas y leyes que los rigen”, (Rebaudi, s.f, p. 74). Los hechos sobrenaturales, por consiguiente, debían ser investigados y argumentados sobre una base positiva.

Estrategias de legitimación “rebaudianas”

El proyecto de formar magnetizadores con una real base científica, las clases de la Sociedad Magnetológica dedicadas a física, química, anatomía y fisiología, la faceta imaginaria de vestirse con guardapolvos y publicar magnetografías[11], la recopilación y explicación de múltiples instrumentos de medición, así como las citas a ilustres sabios, formaban parte de las tácticas de legitimación puestas en práctica. En efecto, debido a sus álgidos deseos de trascender los confines de terrenos esotéricos, Rebaudi investía sus prácticas sobrenaturales de autoridad científica con diversas maniobras.

Casos y experiencias

Mientras los experimentos físico-químicos contaban -ya en la época de estudiante de Rebaudi- con años de larga trayectoria académica y eran reconocidos por la ciencia oficial, las llamadas “experiencias trascendentales” eran tan sólo una curiosidad antigua re-despertada a finales de siglo, generadora de pasiones para algunos, de negocios para otros, y de acérrimas críticas para un gran sector. Sin embargo, Rebaudi no se dejó influenciar por estas críticas y llevó a cabo un extenso estudio de estos fenómenos, realizando más de cien experiencias e intentando, fundamentalmente, establecer sus posibles leyes o principios constantes.

El mejor medio de investigación para inquirir la verdad era, según Ovidio y sus colegas, la observación de los hechos (Rebaudi, 1896 a, p. 10; 17; 128; s.f, p. 362). Esto debido a que los miles de hechos relatados en las obras espiritistas contaban según él con tan rigurosa constatación que excluían así “toda posibilidad de alucinación o mistificación” (Rebaudi, 1896 a, pp. 132-134). Porque, aunque ciertamente “anormales, no por eso dejaban de ser hechos” (Rebaudi, s.f, p. 248). El mismo Allan Kardec[12], siempre citado por Rebaudi, sostenía: “Repetimos que nada puede prevalecer contra la evidencia de los hechos” (Rebaudi, s.f, p. 332).

Los anhelos de Rebaudi de despejar sus prácticas del halo fraudulento con el que eran tildadas, lo estimulaban para poner en acción experimentos fácticos con todos los caracteres de lo científico. Rebaudi explica que “Fue necesario que la doble vista, la vista a distancia, la trasposición de los sentidos, etc., se reprodujeran en el gabinete del hombre de ciencia para que recientemente se empezara a admitirlos” (Rebaudi, 1896 b, pp. 24-25). Aun así, admite que las conclusiones no eran favorables en todos los casos. Muchas veces, ni las experiencias ódicas[13], ni el magnetómetro, ni la fotografía de los efluvios humanos, lograban convencer a la escuela médica de la existencia de estos fenómenos. Según Ovidio, era menester impresionar sus sentidos, interesándolos así hacia cosas nuevas y presentándoles materializaciones, aportes, tiptología[14]… había que demostrarles y probarles por medio de la telepatía y el sonambulismo que era “posible la visión sin ojos y los fenómenos auditivos sin oídos” (Rebaudi, s.f, p. 353; pp. 367-368).

En efecto, en toda la extensión de sus obras y artículos, el químico Rebaudi repite frondosas experiencias. Es el caso, por ejemplo, de su obra de 1896 donde, luego de los de Deleuze, explica sus procedimientos para magnetizar a grandes corrientes (Rebaudi, 1896 b, pp. 34-38; 1900, pp. 36-39). Dentro de la larga lista de prácticas llevadas a cabo encontramos curaciones de casos siempre desahuciados por la ciencia oficial (Rebaudi, 1900, p. 49; pp. 60-61)[15], así como experimentos medianímicos, y hasta comprobaciones químicas.

Respecto a los casos plausibles de ser tratados con éxito gracias al magnetismo, Rebaudi dedica un capítulo íntegro de su libro El magnetismo curativo al alcance de todos (1896 b) a su “Nosología Magnética”. Aquí realiza un listado en orden alfabético de afecciones y enfermedades, explicando en cada caso, cómo deben ser tratadas apelando solamente al magnetismo[16]. Se mencionan desde las simples aftas y gripes, pasando por ejemplo por asma, bronquitis, convulsiones, epilepsia, hepatitis, meningitis, parálisis, reumatismo, hasta desembocar en graves afecciones como el cáncer o los infartos (Rebaudi, 1896 b, pp. 52-78). Curiosamente también se citan varios padecimientos que, no mucho tiempo después, ingresarían a las especificidades del campo psi, como ser alteraciones nerviosas e hipocondríacas, casos de ninfomanía (definida por Rebaudi como “furor uterino y deseo exagerado en la mujer”) y delirios nerviosos (Rebaudi, 1896 b, p. 61; p. 72). También se le dedica una carilla a la histeria, catalogada de “afección nerviosa en las mujeres”. Para estos casos, Rebaudi sugería únicamente magnetización a grandes corrientes con aplicaciones palmares lentas y suaves, acompañadas de fricciones longitudinales y, como en casi todos los casos, agua y ropa magnetizadas (Rebaudi, 1896 b, p. 69). Finalmente encontramos en la nómina a la enajenación mental, con extensas recomendaciones que incluyen la magnetización directa con pases lentos desde la cabeza al estómago y las extremidades, y la salvedad de que -en caso de necesidad- puede amarrarse al enfermo y procurar el sonambulismo, continuando siempre con los pases magnéticos hasta que manifiestamente la armonía se haya restablecido (Rebaudi, 1896 b, pp. 63-64).

Paralelamente a estos tratamientos, se desarrolla una extensa concatenación de experiencias medianímicas entre las cuales se hayan las de transmisión de pensamiento (Rebaudi, s.f, p. 206), de visión sin ojos (Rebaudi, 1900, p. 63; pp. 155-157), junto con citas del Dr. Richet sobre sesiones que tuvo con la médium italiana Paladino (Rebaudi, s.f, p. 213) y comprobaciones propias con la pizarra “mágica” del médium inglés Slade (Constancia, 1888, Nº 161; Rebaudi, s.f, p. 395-401). Presenta casos también del Conde De Rochas, coronel e ingeniero militar, tomados de La Vie Nouvellede Julio de 1904 (Rebaudi, s.f, p. 208, pp. 222-223; 373-376).

Para sintetizar los casos mencionados y enfatizar su veracidad, Ovidio admite que él mismo ocupó una vez el lugar de sujeto, sintiendo fehacientemente que las dos personas que lo habían magnetizado habían generado en él una sensación de entregarse completamente a sus movimientos, sin pensar, para poder encontrar objetos escondidos (Rebaudi, 1900, pp. 150-153).

Instrumentos y fotografías

La apelación a los registros de curaciones, el listado de dolencias plausibles de tratamiento magnético y las experiencias medianímicas llevadas a cabo, no eran suficientes para el “precavido lector”, tanto más si este era científico. Frente a esto es que Rebaudi decide acudir a diversos instrumentos, indiscutibles al menos a la hora de experimentar desde su labor química. Aunque Ovidio admitía servirse de los sujetos como principal instrumento de investigación, y los consideraba “el mejor reactivo y aparato” (Rebaudi, 1900, pp. 26-28; s.f, p. 237) confesaba que es justamente por ellos que los pasos en experimentación magnética resultan siempre algo indecisos. Comienza entonces a presentar dispositivos “objetivos”. Dentro de éstos figuraban el neurodynamómetro con su aguja de acero creado por el Dr. Planat, el magnetómetro del Abad Fortín, el sthenómetro del Dr. Joire, el galvanómetro, el método electrográfico del Dr. Yodko (miembro del Instituto de Medicina San Petersburgo), el biómetro de H. Baraduc[17], el odómetro y su detallado funcionamiento y el péndulo explorador (Rebaudi, 1896 b, p. 18; 1900, pp. 25-26; s.f, p. 105; p. 150; pp. 168-176; 184-185; 227-235). También era citado Ochorowicz y el hipnoscopio, mejorado por el magnetizador Durville y renombrado como “sensitivómetro”, útil para medir el grado de sensibilidad de una persona frente al magnetismo (dibujado por el autor en: Rebaudi, 1900, pp. 21-22). Los experimentadores se esforzaban en buscar medios para llenar la deficiencia que significaba la falta de pruebas, pero ningún aparato llegaba por sí sólo “a satisfacer las exigencias de los sabios” (Rebaudi, 1900, pp. 26-27). Según Mariño, Rebaudi mismo fue autor del perfeccionamiento hecho sobre el sistema Girardin para la comunicación con los espíritus. Este sistema consistía en una tabla redonda que reemplazaba a la ouija girando libremente sobre un eje fijo, como una ruleta, indicando mediante una aguja las letras correspondientes. La modificación aplicada por Ovidio fue la de reducir el tamaño de la ruleta y cubrirla con una campana de vidrio, de modo que la aguja que se movía ante la influencia del mundo espiritual permaneciera aislada totalmente de las manos de los participantes (Mariño, 1924, p. 132). De todas formas, todos estos métodos hacían que los médiums asistieran cada vez menos a las sesiones, ya que no se sentían “a gusto” frente a la incesante repetición de las mismas experiencias y los excesivos controles (Gimeno, Corbetta & Savall, 2013).

Frente a la falta de asiduidad en la asistencia de los médiums a repetidas reuniones, Rebaudi fue uno de los pioneros en hacer hincapié en las magnetografías y las fotografías trascendentales. Las primeras eran placas obtenidas luego de mantener por un tiempo determinado las manos (veinte minutos a temperatura ambiente, cinco a 38 grados) a unos centímetros de las planchas fotográficas en su baño revelador, y servían para demostrar los efectos de los efluvios magnéticos (Rebaudi, s.f, p. 60). Las segundas, más difíciles de obtener ya que traspasaban las barreras naturales, eran fotografías logradas durante sesiones medianímicas de las manifestaciones de los sujetos experimentales. Las magnetografías fueron obtenidas por vez primera en Argentina gracias a la Sociedad Magnetológica en 1896. Cuenta Rebaudi que la mejor placa obtenida fue una hecha en su Sociedad, que correspondía a la mano derecha del profesor Frascara: “Se notaban en ella una infinidad de puntos alargados, una verdadera lluvia de pequeñas impresiones proyectadas desde la mano del profesor Frascara a las de otro señor” (Rebaudi, s.f, pp. 146-147). Para la comprobación de la acción magnética y su poder, los progresos de la magnetografía proporcionarían según Rebaudi indudables pruebas de su existencia. En Elementos de Magnetismo Experimental y Curativo, su autor presenta inclusive dos magnetografías, una con revelador al sulfato ferroso a temperatura ambiente de 20 minutos, y otra con revelador a la hidroquinona a 38 grados con 4 minutos de exposición, donde se ven unas nebulosas grises y blancas bastante difusas sobre el fondo negro de la placa (Rebaudi, 1900, p. 30-31).Asimismo Rebaudi participó, hasta 1905, de un grupo integrado por Frascara, Serié y Nicolás Rinaldini (siendo operadores Luis Odell, Alfredo Reynaud y el químico Jaime Saborit) donde ellos aportaban sus propias cámaras para fotografiar los efluvios de la médium María L. de Corneille (Gimeno, Corbetta & Savall, 2013, pp. 296-297). En cuanto a las fotografías espiritistas, numerosos y respetables testimonios a su favor se cosechaban en Norteamérica, Inglaterra y Francia (Rebaudi, 1896 a, p. 141; s.f, p. 205) pero, por desgracia, las experiencias efectuadas por Rebaudi con este medio “tangible” para comprobar la existencia del alma siempre fueron negativas (Rebaudi, s.f, p. 148).

Ahora bien, a toda esta miscelánea combinación de casos, demostraciones medianímicas y magnéticas, experimentos químico-físicos e instrumentos, Rebaudi les añade un detalle. Si bien él era un químico reconocido y sabio, lo cual ya constituye un condimento esencial en su defensa de estas prácticas, decide impregnar sus escritos de diversas citas de autoridad. Esta resultó ser la amalgama que dio forma y cohesión a sus argumentos.

Argumentos de autoridad y citas de prestigiosas personalidades.

Rebaudi, habiendo notado que aún faltaba dotar las páginas de sus obras de lenguaje propiamente erudito y científico, decidió apelar a la química y la física, disciplinas conocidas en profundidad por su persona. Citaba las investigaciones de Crookes[18] sobre vibraciones, rayos “X”, eléctricos y catódicos, así como la evolucionada versión del tubo de Heinrich Geissler (Rebaudi, s.f, pp. 37-41; pp. 153-154).También resonaban los nombres de los físicos Blondlot y Charpentier y sus rayos “N”, Van Helmont, los esposos Curie, Macedonio Melloni y William Herschel, Johann Wilhelm Hittorf, la espectroscopia de Kirchhoff, Abney y Langley con sus infrarojos, Cornu y los rayos ultravioletas, los físicos franceses Eleuthère Mascart y Boussingault, la refrangibilidad de la luz solar por Wollaston y Joseph von Fraunhofer, así como Becquerel, Brewster, Müller y Reichembach (Rebaudi, s.f, pp. 45-69; 84-143; 228-253). En sus citas científicas Ovidio sumaba al Dr. Molinari, a Amedeo Avogadro, a Larmor, Lorenz y Le Bon (Rebaudi, s.f, pp. 27-30). Y, como no podían faltar, también estaban descriptas las explicaciones de las mismísimas comprobaciones de Rebaudi sobre la radiación humana, los rayos N y la luz ódica (Rebaudi, s.f, pp. 92-107).

Al respecto también eran convocados, en segunda instancia, múltiples médicos. Figuraban el Dr. Beuanis, Prof. de fisiología de Nancy, el Dr. M. H. Goudard y sus publicaciones en los Annales de psychiatrie et d’hypnologie, el Dr. Luys del hospital La Charité, el Dr. Jussiem (de la Sociedad de Medicina de París), Despine, Deleuze, Charpignon, Ochorowicz, Richet, Liébault, Planat, Barety, Du Prel, Binet, Feré, y muchos más (Rebaudi, 1896 b, pp. 13-16; s.f, pp. 133-143; 156-161)[19]. Todos médicos distinguidos que se habían ocupado ya sea del magnetismo como del espiritismo, al lado de magnetizadores prácticos no diplomados. Ineludible en materias mesméricas, también encabezaba algunos capítulos el médico alemán Franz Mesmer[20]. Luego de haber realizado esta extensa lista de personalidades respetables, Rebaudi admite que podría citar aún a Herbert Spencer, Sir Benjamin Brodie, M. Graham, Sir George Stokes, Sir William Thomson, Sir Normando Lockyer, M. Gladstone y muchos otros sabios (Rebaudi, s.f, p. 280)… Manifiestamente quería dejar en claro que “no había rama del saber humano que no le hubiese consagrado a los fluidos y fenómenos psíquicos, alguno de sus más esclarecidos cultores. Tan así resultaba, que entre los médicos, químicos, ingenieros, naturalistas, farmacéuticos, abogados, filósofos, literatos y astrólogos, podían hallarse numerosos magnetólogos” (Rebaudi, 1896 b, p. 6; p. 20).

Asimismo, para terminar de captar a su público, Rebaudi listaba algunos convencidos en segunda instancia. Sabios que, como a él mismo le había sucedido años atrás, no daban crédito alguno a los fenómenos sobrenaturales, pero se habían resuelto a estudiarlos. Esto había cambiado su parecer, hasta convertirlos inclusive en fieles adeptos a la causa magnética. Entre ellos figuraba el Dr. Rostan, convertido en gran defensor de esta causa, quien por más de diez años había desdeñado al magnetismo, y testimoniaba -antes de estudiarlo-,que sus hechos estaban en tan poca armonía con los fenómenos fisiológicos por él conocidos, que se compadecía de aquellos “locos” (Rebaudi, 1896 b, p. 7). También era citado el caso del Barón Du Potet quien se había visto obligado a creer en el mundo de los espíritus luego de un atento examen de los hechos (Rebaudi, p. 384). El Dr. Lombroso era otro de aquellos que declaraba haber sido extremadamente incrédulo en asuntos referentes del espiritualismo. Habiéndosele ofrecido ocasión de estudiar los hechos producidos por la médium Eusapia Paladino, y acompañado de distinguidos alienistas tan escépticos como él, bastaron unos pocos hechos para que se convenciera de la veracidad de aquellos fenómenos (Rebaudi, s.f, p. 209).

Conclusión

Rebaudi fue uno de los pocos miembros del campo científico que se ocupó, en Buenos Aires, de demostrar que no había que considerar las cosas como imposibles por la sola razón de que no hubiesen sido hechas, ni mirarlas como desprovistas de razón, por estar en desacuerdo con los cánones de la ciencia oficial (Rebaudi, s.f, p. 276). Además, se empeñó en trabajar arduamente para poder dotar los fenómenos “irracionales” de legitimidad. En este punto, la figura de Rebaudi permite comprender ciertas pretensiones de época: no alcanzaba con estudiar las nuevas maravillas y darles el beneficio de la duda, sino que la tarea principal debía ser combatir aquellas opiniones que levantaban el dedo acusador hacia los espiritistas y magnetólogos desdeñando sus quehaceres, acusándolos de fraudulentos y charlatanes, e inhabilitando sus prácticas y teorizaciones. Es decir, Rebaudi admitía que estos fenómenos sobrenaturales eran posibles, pero lo importante era poder demostrarlos frente a los ojos de las ciencias, y particularmente, del campo médico.

En efecto, para Rebaudi la razón científica debía prevalecer como guía en el discernimiento de los fenómenos observados, comparándolos, midiendo su alcance, buscando sus relaciones y principios: con la salvedad de que estos fenómenos eran aquellos propios del campo espiritista. De esta forma la figura del químico nos sirve para comprender mejor los híbridos y tensionados cruces entre la cultura científica y el terreno de lo sobrenatural en el período de entre siglos, constituyendo un privilegiado ejemplar de cómo los fenómenos trascendentales podían ser apropiados, modificados y estudiados por personalidades de la ciencia. Personalidades que, al mismo tiempo, realizaban aportes a nuevas corrientes de estudio, como también a la incipiente psicología. Muchos de los discursos y nociones acuñadas por esta joven ciencia eran desarrollados a partir de conjeturas e investigaciones de personajes como Ovidio Rebaudi, letrados reconocidos que se habían animado a incursionar en terrenos ajenos a lo científico que merecían ser estudiados con atención. Inclusive, años después, la psicología enfrentaría problemas similares a los del magnetismo, como por ejemplo los conflictos que acarreaba el hecho de que la principal herramienta de investigación fueran los sujetos, lo cual hacía imposible obtener datos en un cien por ciento objetivos.

Como conclusión, el caso de Rebaudi es útil para entender mejor los caminos de validación científica promovidos por los rápidos avances de la ciencia, y el trato dado a ciertos fenómenos “marginales” (en el sentido de que se ubican en los márgenes de las prácticas y conocimientos aceptados y reconocidos como válidos durante el cambio de siglo). Recordemos que el mismo Rebaudi adjudica los progresos del magnetismo a las novedades científicas. De algún modo, la expansión de estas novedades había dado espacio a la observación y estudio de fenómenos antes relegados, que recién en el período de entre siglos pudieron adquirir protagonismo y abrirse camino entre ciertos horizontes científicos, para, al menos, formular nuevos interrogantes.

BIBLIOGRAFÍA

Carroy, J. (1991). Hypnose, suggestion et psychologie. L’invention des sujets. Paris: PUF.

Constancia. Revista espiritista bonaerense (1877-1892), Revista sociológico-espiritista (1892-1904), Buenos Aires.

Di Liscia, M.S. (2003). Saberes, terapias y prácticas médicas en Argentina (1750-1910). Madrid: CSIC.

Fernández, M. (1996). Historia de la magia y el ilusionismo en la Argentina. Desde sus orígenes hasta el siglo XIX inclusive. Buenos Aires: s/d.

Freiberg, M. (1954). “Pedro Serié”, Physis, 1954, XX, 58, 527-528.

Gasparini, S. (2012). Espectros de la ciencia. Fantasías científicas de la Argentina del siglo XIX. Buenos Aires: Santiago Arcos.

Gauld, A. (1992). A History of Hypnotism. Cambridge: Cambridge University Press.

Gimeno, J., Corbetta, J., & Savall F. (2013). Cuando hablan los espíritus. Historias del movimiento kardeciano en la Argentina (segunda edición). Buenos Aires: Antigua.

La Prensa (1879-1900). Buenos Aires.

Mariño, C. (1882). El espiritismo ante la ciencia. BsAs: Editorial Constancia.

Mariño, C. (1924). “El Dr. Ovidio Rebaudi. Su personalidad. Sus recuerdos personales” en El espiritismo en la Argentina. BsAs: (1963), Editorial Constancia.

Morera, B. (1933). “Espiritistas y metapsiquistas” en Constancia. Año LVI Nº 2404, Octubre de 1933, p. 843).

Novaro, B. (1880a). “La Metaloscopia y la Metaloterapia”, Anales del Círculo Médico Argentino, IV, 87-96, 136-166.

Novaro, B. (1880b). “Algunas observaciones sobre la acción estesiógena de los imanes en las parálisis de la sensibilidad”, Revista Médico-Quirúrgica, 17, 389-391.

Plas, R. (2012). “Psychology and psychical research in France around the end of the 19th century”, History of the Human Sciences, 2012, 25 (2), 91-107.

Quereilhac, S. (2010). La imaginación científica: ciencias ocultas y literatura fantástica en el Buenos Aires de entre-siglos (1875-1910), Tesis doctoral, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.

Rebasa, G. (1892). La sugestión en terapéutica. Buenos Aires, Argentina. Imprenta Europea.

Rebaudi, O. (1896 a). Apuntes sobre espiritismo experimental. La Plata, Argentina. Emilio de Mársico Editor. Tercera edición.

Rebaudi, O. (1896 b). El magnetismo curativo al alcance de todos. Madrid, España. Biblioteca La Irradiación. Tercera edición.

Rebaudi, O. (1900). Elementos de magnetismo experimental y curativo. La Plata, Argentina. Emilio de Mársico Editor.

Rebaudi, O. (1925). “El Espiritismo en la Argentina” en Revista Constancia. Año LXVIII Nº 1978, mes de Mayo.

Rebaudi, O. (s.f). Elementos de magnetología. Madrid, España. Biblioteca La Irradiación. Buenos Aires, Argentina. Sociedad Magnetológica Argentina.

Revista Magnetológica (1897; 1902-1903). Buenos Aires, Argentina. Sociedad Magnetológica Argentina.

Vallejo, M. (2014). “Buenos Aires mesmérica. Hipnosis y magnetismo en la cultura y la ciencia de la capital argentina (1870-1900)”. Revista Iberoamericana - América Latina - España - Portugal, Berlín, Alemania. Vol. 14, N° 56, pp. 7-26.

Vallejo, M. & Conforte, A. (2016). “Hipnosis y Magnetismo en la Revista Magnetológica (1897-1903)” Anuario de Investigaciones, Vol. XXIII, Aprobado y en prensa.

Notas

1 El término “magnetismo animal” fue acuñado por vez primera por Franz Antón Mesmer en el siglo XVIII. Según él, había en todos los seres una serie de fluidos magnéticos universales. Los mismos podían desequilibrarse y generar así afecciones y enfermedades, por lo cual era reintegrando el equilibro de estos agentes fluídicos en el cuerpo (por medio de metales primero, y más adelante sólo mediante el uso de pases manuales) que se podía volver a un estado de salud.
2 Dentro de las “novedades científicas” publicadas en periódicos de la época como La Prensa y La Nación se encontraban los rayos de Roentgen, Curie y la radioactividad, el fonógrafo y la telegrafía sin hilos, los nuevos avances de la electricidad… Estos eran algunas de las novedades que anunciaban los progresos científicos. (Gasparini, 2012, Quereilhac, 2016).
3 Esta obra de Cosme Mariño [1924] titulada El espiritismo en la Argentina (Buenos Aires, Constancia) resulta aquí de especial interés, principalmente el capítulo “El Dr. Ovidio Rebaudi. Su personalidad. Sus recuerdos personales”, ya que fue escrito por el mismo Rebaudi en colaboración con Mariño, el Presidente de “Constancia”.
4 Rafael Hernández, ingeniero y hermano del autor de Martín Fierro, fue uno de los primeros en dedicarse al arduo estudio del espiritismo en Argentina. La conferencia a la que se alude fue pronunciada en 1881, donde Hernández buscaba polemizar con el Dr. Miguel Puiggari, Profesor de Química y Decano de la Facultad de Ciencias Físico–Matemáticas, quien días antes había acusado al espiritismo y magnetismo de superchería. (Quereilhac, 2010, p. 106).
5 Se considera “médium” a aquellas personas que, indistintamente de su sexo y edad, poseen una “sensibilidad especial” para comunicarse con el mundo sobrenatural de los espíritus de los muertos. Justamente, de allí su nombre, ya que estas personas sirven como una suerte de mediador entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
6 Las gestiones para traer a la médium italiana no dieron resultado debido a “sus múltiples compromisos en Europa”, según se expresaba en la revista La Fraternidad (Año III, Nº 32, Agosto de 1901, p. 15).
7 El espiritista español Bernabé Morera sostenía que Rebaudi se enfadaba cada vez que se lo mencionaba como “espiritista”, ya que a pesar de poseer dotes medianímicas, magnetológicas y curativas, ese término había sido adoptado por los “cristianos” para diferenciarse de los “científicos” (Morera, 1933, p. 843).
8 Cita textual de la conferencia de apertura de la Revista Magnetológica dictada por Rebaudi, 1897.
9 Las citas a lo largo del escrito que aparecen como “s.f”, es decir, sin fecha, pertenecen en su totalidad al libro “Elementos de magnetología” de Ovidio Rebaudi (publicado por Madrid Biblioteca de la Irradiacion, y después archivado en la Biblioteca de la Sociedad “Constancia”). No ha sido posible saber la fecha de publicación ni de edición de esta obra, pero en la página 8 se aclara que el libro es una recopilación de las conferencias de Rebaudi del programa del segundo curso de magnetología de la Escuela Magnetológica de la Sociedad homónima. Con lo cual, a pesar de no saber el año exacto de recopilación, sabemos que las clases corresponderían en su mayoría a los años 1902-1903. Luego, el apéndice incluye conferencias dadas en la Sociedad Constancia y en la Sociedad Magnetológica con fechas de 1902, 1903, 1904, 1906 y 1907.
10 Respecto del término mirador, nos tomamos la licencia de nombrar así a Rebaudi, no en relación a un rol de espectador, sino para dar importancia al lugar desde donde se puede estudiar su época.
11 Para una definición de “magnetografías” véase el sub-apartado número 2 “Instrumentos y fotografías” del apartado “estrategias de legitimación rebaudianas”.
12 Allan Kardec es el seudónimo utilizado por el pedagogo y escritor Hippolyte Léon Denizard Rivail, nacido en Lyon en 1804 y considerado el sistematizador del espiritismo. Fue el autor de El libro de los espíritus, su famosa obra aparecida en 1857, cuyas bases fueron escritas inspiradas en los fenómenos de las “mesas parlantes” o “giratorias”, así como en la llamada “escritura automática”. Falleció en el año 1869.
13 Se denominaba “experiencia ódica” a aquellos experimentos mediante los que se intentaba probar y verificar la existencia de la “fuerza ódica”. Éste término había sido inventado por Karl von Reichenbach, químico y botánico alemán, para designar a una fuerza o energía vital relacionada con el calor y la energía, que, según él, impregnaba a todos los seres vivos.
14 El término “tiptología” pertenece específicamente a la doctrina espiritista, y se refiere a la forma de comunicarse con los espíritus mediante golpes. A cada golpe, antes de comenzar las sesiones espiritistas, se le asignaba un significado, con el que luego eran descifrados los mensajes de los espíritus (por ejemplo, un golpe sólo significaba “sí”, mientras que dos golpes significaban “no”).
15 Cuenta inclusive un caso donde tuvo que vencer una crisis con mucho esfuerzo; se trataba de un hombre sano capaz de lucidez sonambúlica. Luego de la violentísima crisis, donde el hombre empezó a girar la cabeza rotatoriamente y las vertebras hacían ruido entre sí, Ovidio salió airoso, siempre gracias a su “voluntad, fe y confianza” en los pases magnéticos. (Rebaudi, 1900, pp. 97-98).
16 Se mencionan el aborto, absceso, angina, anquilosis, ántrax, afonía, aftas, apoplejía, asfixia, asma, atonia, almorranas, aneurisma, amaurosis, ambliopía, anemia, artritis, ascitis, anasarca, agalactia, alopecía, biliosos, blefaritis, bronquitis, bubones, cáncer, catalepsia, coriza, corea (baile de san vito), clorosis, cólicos, contusión, convulsiones, cefalalgia, congestión, constipación, delirio febril y nervioso, diarrea, disentería, dientes, dolores locales, disecea, dispepsia, disuria, enajenación mental, epilepsia, equimosis, erisipela, estrechez del canal de la uretra, espasmos, epistaxis, espermatorrea, esplenalgia, estanguria, fiebre, fimosis, fungocidades, dolores de garganta, gota, gastralgia, gripe, hemicránea, hemiplejia, hemoptisis, hemorragia, hepatitis, hidrofobia, hidropesía, hipocondría, histeralgia, ictericia, insolación, infarto, jaqueca, letargo, leucorrea, lientería, marasmo, meningitis, pólipos en nariz, nervios, ninfomanía, odontalgia, ortófnea, otorragia, otitis, oftalmia, ozena, parálisis, parto, pleurasia, paratitis, presbiopia, protorrea, prosopalgia, pitryasis, quemaduras, reumatismo, retención de orina, sycosis (verrugas), sincope, tifo, tétanos, tenesmos, urticaria, vómitos, varices, zona. (Rebaudi, 1896b b, pp. 52-78).
17 La referencia a Hippolyte Baraduc (1850 - 1909), médico, magnetista y parapsicólogo francés concluye en una tabla de estadísticas con 17 fórmulas biométricas del cuerpo vital fluídico (estado del sujeto respecto a su equilibrio o desequilibrio vital, según la cantidad de fluido que ingresa al cuerpo y el que se exterioriza) recolectadas después de hacer trescientas experiencias de atracción y repulsión entre las manos (Rebaudi, s.f, pp. 166-169).
18 William Crookes (1832–1919) fue un físico inglés, inventor del radiómetro y del tubo de vacío, instrumento que posibilitó el estudio de la radiación con mayor precisión. En 1897, fue nombrado caballero. Estudió los rayos catódicos y más de una vez veló placas fotográficas, aunque estaban encerradas en sus envolturas, pero fue Roentgen el que al usar un tubo de Crookes descubriría los rayos X. También, en 1903, demostró el tipo de comportamiento de las partículas de los rayos alfa. (Asimov, Isaac, en Quereilhac, 2010, p. 67).
19 Rebaudi también nos presentaba filósofos, desde el siglo V a.C. hasta el siglo XVI, como Empédocles, Pitágoras, Leucipo y Demócrito, Pedro Ponponazzi y la influencia del alma humana, el filósofo sacerdote italiano Marcelius Ficin y el alemán Cornelio Agrippa (Rebaudi, s.f, pp. 129-137).
20 Franz Antón Mesmer (1734-1815) fue un médico alemán que durante el siglo XVIII descubrió lo que él denominó “magnetismo animal”, luego renombrado Mesmerismo en honor a su apellido. Se ha difundido que sus actividades colaboraron en la curiosidad despertada en James Braid y su posterior desarrollo de la hipnosis, dando lugar tiempo después a discursos que desembocarían en la psiquiatría, la neurología y la psicología. Su teoría universal sobre los fluidos fue recuperada por los magnetólogos porteños a fines del siglo XIX, figurando entre ellos muchos doctores, químicos, físicos y otros hombres de ciencias.
HTML generado a partir de XML-JATS4R por