Psicoanálisis

ACERCA DE LA INVENCIÓN DE UN SIGNIFICANTE NUEVO EN LOS SUEÑOS DE FIN DE ANÁLISIS

ABOUT THE INVENTION OF A NEW SIGNIFICANT IN ANALYSIS-ENDING DREAMS

M. Celeste Labaronnie
Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Psicología, Argentina

ACERCA DE LA INVENCIÓN DE UN SIGNIFICANTE NUEVO EN LOS SUEÑOS DE FIN DE ANÁLISIS

Anuario de Investigaciones, vol. XXIV, pp. 133-141, 2017

Universidad de Buenos Aires

Recepción: 26 Mayo 2017

Aprobación: 25 Noviembre 2017

Resumen: Este artículo surge de una investigación acerca de la articulación entre sueño y acto en los análisis avanzados y se aboca a una modalidad específica de dicha articulación: la invención de un significante nuevo en y por el sueño, con efectos de escritura. Se analiza la estructura de tres sueños de fin de análisis, tomados de testimonios de pase publicados en forma abierta para la comunidad analítica. Para ello, se utilizan algunos operadores conceptuales surgidos de la enseñanza de Lacan, tales como: invención de un significante nuevo, traumatismo por forzamiento de una nueva escritura, efecto de agujero, garabato agregado al objeto y escritura de borde. Se concluye que la estructura y función de dichos sueños permite considerarlos de acuerdo con la lógica del acto desarrollada por Lacan.

Palabras clave: Sueño , Análisis , Significante , Acto.

Abstract: This article is part of a research about the interaction between dream and act in advanced analysis, and focuses on a specific kind of that interaction: the invention of a new significant in and by dreams, with script effects. We analyze the structure of three analysis-ending dreams, taken from pass testimonies, openly published for psychoanalytical community. In order to fulfill this purpose, we use some of Lacan’s conceptual tools, such as: invention of a new significant, traumatism by forcing a new script, gap-effect, scrawl added-to-object and edge-script. Finally, we come to the conclusion that the structure and function of this dreams allow a consideration according to the logic of act developed by Lacan.

Keywords: Dream , Analysis , Significant, Act.

Introducción

El presente artículo se desprende de nuestra investigación doctoral en curso, titulada “La realización de deseo en el sueño: articulación con el concepto de «acto» de Jacques Lacan”[1]. Dentro de las posibles articulaciones entre sueño y acto que pueden apreciarse en los análisis avanzados, elegimos para este trabajo una forma específica: la producción de un significante nuevo en y por el sueño, con efectos de escritura.

Desarrollaremos la idea de que esta nueva escritura puede producirse durante el sueño y que, cuando lo hace, responde a la lógica del acto. El acto es “un decir a partir del cual el sujeto cambia” (Lacan, 1969/2012: 395) y cuya lógica se evidencia après-coup por sus efectos. Con esta finalidad, se analizará la estructura y función de tres sueños de fin de análisis, tomados de testimonios de pase publicados en forma abierta para la comunidad analítica.

Se utilizarán algunos operadores conceptuales surgidos de la enseñanza de Lacan, tales como: invención de un significante nuevo, traumatismo por forzamiento de una nueva escritura, efecto de agujero, garabato agregado al objeto, escritura de borde, acto y espacio. Desde una perspectiva que parte de distinguir y a la vez articular los tres registros lacanianos, daremos también un lugar central a una relectura de la noción freudiana de condensación

Un significante nuevo: su escritura en el sueño

No son muchos los autores que han enunciado la posibilidad de que el sueño responda a veces a otros fines que los de proteger el dormir. Hay fuertes razones para no atreverse, puesto que se trata de una regla erigida por Freud y reforzada por Lacan en frases como “nos despertamos para seguir soñando” (1969-1970/2006, p. 60), e incluso “no hay en ningún caso despertar” (1976-1977, p. 42). No obstante, y seguramente gracias a la experiencia y transmisión de las vicisitudes de los análisis avanzados, el lugar del sueño en las curas ha sido retomado[2]. Si bien su función como guardián del dormir sigue siendo indiscutible, estos nuevos desarrollos apuntan a otras virtudes del sueño, igualmente relevantes.

En este artículo, nos interesa examinar una arista de la cuestión que fue brevemente comentada por Fabián Schejtman: “El trabajo del inconsciente puede a veces –sorprendiéndonos- producir otra cosa que adormecimiento, especialmente si se lo deja continuar hasta su extremo, hasta su punto de agotamiento” (2006: 42). En el mismo texto, el autor agregaba: “es la invención de ‘un significante nuevo’ lo que observamos surgir en el límite del trabajo del inconsciente” (p. 44).

Esta idea del significante nuevo es desarrollada por Lacan en la clase del 17 de mayo de 1977, donde plantea que si nuestros significantes son siempre recibidos “¿por qué uno no inventaría un significante nuevo? ¿Un significante, por ejemplo, que no tendría, como lo real, ninguna especie de sentido?” (1976-1977). En los sueños que referiremos, este aspecto se muestra muy claramente. Pero también queremos destacar que la invención de esos nuevos significantes -que son nuevos por su uso neológico-, tiene efectos de escritura.

En este sentido, es interesante un comentario de Lacan respecto a los efectos de escritura que implicó para su enseñanza el hallazgo del nudo borromeo:

Considero que haber enunciado, mediante una escritura, lo real en cuestión tiene el valor de lo que se llama generalmente un traumatismo[3]. […] Digamos que es el forzamiento de una nueva escritura, que tiene lo que es preciso llamar por metáfora un alcance simbólico, y también el forzamiento de un nuevo tipo de idea, si puedo decir así, una idea que no florece espontáneamente por el solo efecto de lo que produce sentido, es decir, lo imaginario (Lacan, 1975-1976/2009: 128-129).

Nótese que, según Lacan, la escritura permitiría “enunciar lo real en cuestión”. Volveremos sobre este punto más adelante.

En nuestra opinión, el traumatismo que refiere respecto a cierta escritura, podría pensarse en función de la destitución subjetiva que implica todo acto. La idea de forzamiento, nos remite al franqueamiento que ocurre sin que un sujeto pueda reconocerse como agente del mismo, ya que él es allí producto.

Para examinar en detalle este modo de acto en el sueño, tomaremos tres sueños, relatados en testimonios de pase que han sido publicados en revistas de alcance público[4]. En los tres casos, se trata de sueños que tienen la particularidad de operar con juegos de palabras en más de un idioma, resaltando así la materialidad de la letra por fuera del sentido.

Tres sueños bilingües

Primer sueño

En los que serían las últimas sesiones de su análisis, Débora Rabinovich tuvo el siguiente sueño:

Un bosque, paisaje bucólico. Algunas personas, pocas, mi perro, y de pronto, un rinoceronte que corría hacia mí y me golpeaba contra mis piernas. Me chocaba, retrocedía, tomaba impulso y nuevamente me chocaba y chocaba.

Al despertar, lo que quedó del sueño fue, principalmente, el rinoceronte. Pero, ¿por qué un rinoceronte? Nada más alejado de mí. Sin embargo, era esa imagen y su significante los que tomaban la escena.

Rápidamente, aún no del todo despierta, rinoceronte devino un significante franco argentino (2015: 97)[5].

Ese significante resultó ser una condensación que permitía la escritura abreviada de ciertos rasgos fundamentales de su biografía: ri – no sé – zero honte.

Por un lado, “ri”, pronunciación de la palabra francesa rit (ríe), le recordaba una frase de Lacan: “más somos santos más nos reímos. Plus on rit” (Rabinovich, 2015: 97). Desde esa frase, y seguramente tocada por aquella palabra, ella había partido para elaborar su tesis doctoral.

En segundo lugar, el “no sé” la reenviaba a una escena traumática de su infancia, a su posición angustiada frente a los exámenes, a su no saber ser mujer… se condensaban allí numerosos rasgos y acontecimientos de su historia.

Y, por último, zero honte, “cero vergüenza” en francés, se conectaba con su timidez, que allí comenzaba a ceder un poco. Escribe en uno de sus testimonios: “ya hace un tiempo que de a poco, aunque poniéndome colorada, voy pudiendo hablar” (p. 97). Sin embargo, el grado “vergüenza cero” es lo que resulta de allí como imposible; lo que escribe, podríamos decir, lo irreductible del síntoma.

La sesión en que narra este sueño tiene al parecer un tono conclusivo, no obstante lo cual ella solicita ver al analista una vez más, “para intentar articular algo sobre el deseo del analista” (p. 97). Se va de allí pensando si eso duraría una vez más, una semana u otro tramo de análisis, pero efectivamente el siguiente encuentro dura apenas unos breves minutos, en los que retoma el ri – no sé – zero honte y un significante previo, cuya escansión inauguraba un nuevo uso para cierto síntoma. En esa sesión, da por concluido su recorrido.

Retomemos ahora la propuesta de Lacan de inventar un significante nuevo. En la misma clase donde lo enuncia, Lacan elogia la astucia del ser hablante para crear poesía y producir, por su intermedio, no sólo efectos de sentido, sino también efecto de agujero. Allí compara la interpretación con la poesía, ambas productoras de ese efecto de agujero que, en lugar de abonar las significaciones -que bien podrían seguir adicionándose infinitamente-, las descompleta. Consideramos que es por introducir dicho efecto de agujero que una escritura puede surgir por fuera de las significaciones adormecedoras y, emplazándose en el borde entre simbólico y real, provocar un efecto de acto. Fenomenológicamente, esto redunda en la fuerte convicción que el soñante obtiene de que allí, en ese sueño, sucedió algo que modificó profundamente su existencia[6]. Podemos apreciar, en el testimonio citado, que este tipo de sueño entraña consecuencias conclusivas.

En Radiofonía, Lacan habla, justamente, del “efecto de acto que se produce como desecho de una simbolización correcta” (1977/2012: 446). La cuestión estriba en qué significa, en este contexto, que una significación sea “correcta”. Muy al contrario de lo que podría sugerirnos un enfoque positivista, creemos que lo “correcto” para Lacan no está vinculado a ningún reencuentro con un fin prefigurado, sino a lo que, éticamente, hace lugar a la insondable decisión del ser. De ahí que el efecto de agujero y la convicción sean inseparables.

Por su parte, aún afirmando que no hay despertar posible, Lacan sugiere en esa clase lo siguiente:

…un significante nuevo que no tendría ninguna especie de sentido, eso quizás sería lo que nos abriría a lo que […] yo llamo lo real. ¿Por qué uno no intentaría formular un significante que, contrariamente al uso que se hace de él actualmente, tendría un efecto?

El énfasis puesto por Lacan sobre esta cuestión del efecto nos resulta crucial. Sólo el analizante, al dar cuenta de dichos efectos, puede justificar el carácter novedoso de un significante que se ha vuelto escritura. En esto, este tipo de sueños nos remite a la lógica del acto, cuya estructura depende de sus prosecuciones. El efecto en cuestión no es ajeno a cierto traumatismo, al forzamiento propio de la destitución subjetiva que ocurre en todo acto, donde el sujeto no avanza sino al precio de perder el status quo ante. Además, veremos que esta mutación subjetiva no ocurre sino en el marco de la angustia que motoriza ese franqueamiento.

Ese efecto, por otra parte, no es el de un despertar, sino el de una modificación del sujeto, que Lacan explicó topológicamente como corte y modificación de una superficie

Segundo sueño

En uno de sus testimonios publicados en la Revista Lacaniana de Psicoanálisis, Cecilia Gasbarro relata un momento que también pertenece al tramo final de su análisis y que se inicia con una gran angustia, previa a una presentación en público que se había comprometido a realizar y que versaba sobre el deseo del analista. A pesar de la intensa angustia, decidió no faltar a la cita y una vez terminada su exposición, dos personas muy cercanas le hicieron el mismo comentario: habían notado suspiros en su voz mientras hablaba. Fuera de ese detalle, su presentación no había sido impedida por su malestar, pero tampoco había introducido alivio alguno. Entonces relata:

La angustia persistió horas después, sin el menor alivio. Dormité y me despertó un breve sueño.

-Atravesaba varias habitaciones vacías, hasta llegar a una en la que había solamente una pequeña pizarra, con unas palabras escritas nítidamente con tiza y en cursiva: “eyes dolorosos”.

Completamente despierta y sin angustia alguna (sorpresa deliciosa) me concentré en la frase: ojos (en inglés) dolorosos escribían una versión del fantasma ya aislado, pero la homofonía permitía jugar con el equívoco, fuera de sentido:

-¡ay! Sonaba como los suspiros de los que me habían advertido la noche anterior.

-Hay, hizo emerger en la memoria una broma estúpida, com-pletamente olvidada hasta esa noche (2014: 97).

La broma a la que se refiere consiste en una enunciar frase absurda que, una vez descifrada, involucra el significante “triste”; debe pronunciarse con fonética inglesa la escritura ai spous q’nascn trsts, desafiando al oyente a traducirla. La respuesta buscada es “hay sapos que nacen tristes”, lo cual es más un juego de fonemas que una traducción en sentido estricto, como lo señala la autora. La cuestión es que esta frase se conectaba con un sueño que ella había tenido en la época de aquella broma, en su adolescencia, y que narró al iniciar su análisis. En aquél sueño había sapos, y la frase “soy un sapo de otro pozo” (2014: 91) había quedado resonando durante años, con el telón de fondo de un rasgo, al parecer, muy suyo: la tristeza.

Ahora bien, todo indica que una vez recordada aquella broma y su absurda traducción -ya más cerca del final de su análisis que de su inicio-, se opera una separación: “si hay sapos que nacen tristes, hay otros que no”, piensa ella. Esto le permitió deshacer el destino de fatalidad comandado por el fantasma, tan parecido al de la tragedia griega; “introducir una grieta en un destino”, dice la autora. Como sabemos, a diferencia del héroe trágico, el analizante tiene en el horizonte la posibilidad de tomar distancia de su fantasma y de usar lo que quede de aquél como resto para un saber-hacer bien singular.

Recordemos que esta broma y los pensamientos posteriores surgen en el recuerdo a partir de poder leer “hay” en el significante “eyes”.

A su vez, Cecilia Gasbarro considera que aquella frase del sueño -eyes dolorosos- produce una escritura posible, la suya, del objeto mirada, y que con su estructura equívoca, esa inscripción introduce un fuerte efecto de inconsistencia.

Nos interesa destacar este efecto de escritura que produce el sueño, esta suerte de garabato agregado al objeto[7], para resaltar que estas escrituras, que condensan gran cantidad de acontecimientos y rasgos fantasmáticos, están sostenidas por el objeto, al cual recubren. Es por esto que la expresión garabato, usada por Lacan para referirse al sentido, nos parece más propicia para pensar en un efecto de escritura: está el objeto y, sobre él, se coloca una escritura que lo recubre, una vez desmontados los sentidos que lo vestían. Es una operación que ocurre habitualmente en los momentos finales del análisis y que los sueños suelen mostrar vivamente

Tercer sueño

Un sueño de esta misma estofa se encuentra relatado en uno de los testimonios de Paula Kalfus. Se trata de un sueño que se inspira en un libro y surge en un momento donde un síntoma suyo había recrudecido, como efecto del desmontaje que se produce a lo largo del análisis. Lo relata de este modo:

Un segundo episodio de anorexia vino a habitarme en ese tiempo de confrontación a lo indecible, episodio que sólo cedió con el diagnóstico singular que la fortuna puso en mis manos. Estaba leyendo un libro de Ishiguro -autor que sigo desde hace tiempo- que construye unos personajes errantes, se diría carentes de un S1 que los oriente, como perdidos después de algún cataclismo, The Unconsoled. Ese nombre -en la lengua paterna- bordea algo que conocía tan bien… Un sueño viene a puntuar de lo que se trata: una niña down secundada por dos personas adultas era conducida hasta el baño, llevaba un cuello ortopédico. La veo sentada en el inodoro, con las piernitas colgando y una mirada triste (2014: 60-61).

De acuerdo con el relato de la autora, creemos poder sostener que el título The Unconsoled pasa, a partir del sueño de la niña down, a nombrar algo singular. Ella lo relaciona con la X del deseo materno, una cuestión que la había interrogado durante toda su vida, moviéndola a investigar cada detalle sobre su madre. El desconsuelo de no poder leer en esa madre un rasgo deseante atraviesa todo el testimonio.

A nuestro parecer, podría decirse que este último sueño, al introducir el significante down, opera una mutación sobre el término Unconsoled: lo transforma, otorgándole un estatuto más cercano al de lo escrito que al de significante, esto es, lo convierte en escritura que baliza una zona de borde, de límite entre lo que puede escribirse por vía simbólica y lo que quedará por siempre fuera de alcance. “La nominación Unconsoled posibilitó la separación del estragante goce materno” (Kalfus, 2016: 70), comenta la autora.

Por otro lado, el término down viene a nombrar una particularidad de su humor, una forma del malestar que le era propia:

El destino de la niña down del sueño -cuya mirada triste se parecía a la mía en algunas fotografías de la infancia- se asociaba al de la niña del libro de Ishiguro. De lo que se trataba era de cercar la raíz de ese humor down en el que a veces me sorprendía, de entender su dialéctica. Atravesar esa zona, admitir los significantes encontrados y hacer uso de ellos tornó la vida más liviana (2014: 61).

El libro de Ishiguro al que se refiere en este pasaje es otro: A pale view of hills, donde tiene lugar, según sus palabras, “el suicidio de una joven, hija de una madre desorientada y errante después de la guerra en Japón”. Al parecer, aquél libro suscitó en ella una identificación con el personaje. En cambio, el otro libro -o mejor dicho, su título, The Unconsoled-, participó de la producción de una inscripción nueva, logrando nombrar algo que hasta ese momento no había hallado una nominación satisfactoria.

Recordemos que en el primer párrafo que hemos tomado de su testimonio, ella menciona que se encontraba en medio de un episodio de anorexia, y que ese síntoma sólo cedió a partir del “diagnóstico singular que la fortuna puso en [sus] manos”. Creemos que se refiere justamente al encuentro con el libro The Unconsoled y al sueño que escribe al fin una fórmula satisfactoria para ella, mediante el significante down. “Un humor down”, hermano del desconsuelo, sería entonces el diagnóstico con el que llega a nombrar su sufrimiento, volviéndolo, a la vez, más liviano.

La fórmula onírica: una reducción de la biografía

Consideramos que esta estructura, propia de la escritura que marca el límite entre simbólico y real, también es identificable en las fórmulas[8] de los otros sueños que hemos citado. Los significantes down, Unconsoled, eyes dolorosos y rit-no sé-zero honte dan cuenta de escrituras que podríamos llamar de borde. “Trato de situarles lo escrito como ese borde de lo real”, decía Lacan el 9 de abril de 1974 en su seminario (1973-1974).

Para pensar este borde, el ejemplo de las matemáticas puede resultar operativo, puesto que allí también se recurre a notaciones que señalizan el límite entre lo que puede escribirse y lo que sería imposible de escribir. En su seminario Ou pire, Lacan da el ejemplo de un número inconmensurable conocido desde los pitagóricos: la raíz cuadrada de dos, cuyo cálculo arroja un resultado con decimales infinitos, no periódicos (1,4142135623…), de tal modo que no alcanzaría una vida para terminar de escribirlo –ni infinitas vidas, claro está-. Ante esta imposibilidad de escritura, en matemáticas se recurre a una notación que, podríamos decir, hace de borde, llega hasta el límite de lo inscribible: la fórmula , cuya ulterior reducción es imposible. Cuando en una operación más extensa se necesita incluir ese número (1,4142135623…) como parte de sus elementos de cálculo, se utiliza directamente la notación . De esta manera, la fórmula escribe, de manera reducida, un número irreductible, con el que de otro modo no podría operarse.

Este ejemplo matemático nos permite concebir la naturaleza de las fórmulas arrojadas por los sueños que venimos analizando: ellas funcionan como escritura de borde, indican que hasta allí han llegado los esfuerzos de reducción, de precisión, de especificación. Son fórmulas que, mediante la combinación de letras que valen para un único ser hablante, condensan -del modo más reducido posible- las marcas históricas de una existencia singular. Aunque no son ajenas al sentido, estas fórmulas son notablemente magras.

Marcelo Mazzuca, por ejemplo, declara a propósito de uno de sus sueños conclusivos:

Sueño que no podría calificar con Freud de ‘biográfico’, sólo porque allí la biografía se reduce a sus elementos mínimos hasta prácticamente desaparecer. Algo así como unos pedacitos de subjetividad desde donde se construye la historia de vida, una suerte de gesta de lo biográfico (2011: 48).

Como vimos, esta reducción merece el nombre de escritura, puesto que arroja fórmulas fijas cuya inscripción tiene efectos duraderos.

En Lituraterre, Lacan comenta: “la escritura es en lo real abarrancamiento del significado, lo que ha llovido del semblante” (1971/2012: 25), y agrega más adelante: “¿Cómo lo olvidaríamos nosotros, cuando nuestra ciencia solo es operante por un chorreado de letritas y de gráficos combinados?” (p. 26).

Ahora bien, ¿cómo se arriba a esta reducción de lo novelado a lo escrito? ¿Qué mecanismos lo permiten? Nos interesa especialmente analizar los casos en que esto se produce durante el sueño, objeto de nuestra investigación.

Función de la condensación

3691 Anuario de Investigaciones Anu. investig. 0329-5885 1851-1686 Universidad de Buenos Aires Argentina anuario@psi.uba.ar no 369155966044 Psicoanálisis ACERCA DE LA INVENCIÓN DE UN SIGNIFICANTE NUEVO EN LOS SUEÑOS DE FIN DE ANÁLISIS ABOUT THE INVENTION OF A NEW SIGNIFICANT IN ANALYSIS-ENDING DREAMS M. Celeste Labaronnie celelab@gmail.com Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Psicología. E-mail: celelab@gmail.com Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Psicología Argentina 26 05 2017 25 11 2017 March-December 2017 XXIV 133 141 Este artículo surge de una investigación acerca de la articulación entre sueño y acto en los análisis avanzados y se aboca a una modalidad específica de dicha articulación: la invención de un significante nuevo en y por el sueño, con efectos de escritura. Se analiza la estructura de tres sueños de fin de análisis, tomados de testimonios de pase publicados en forma abierta para la comunidad analítica. Para ello, se utilizan algunos operadores conceptuales surgidos de la enseñanza de Lacan, tales como: invención de un significante nuevo, traumatismo por forzamiento de una nueva escritura, efecto de agujero, garabato agregado al objeto y escritura de borde. Se concluye que la estructura y función de dichos sueños permite considerarlos de acuerdo con la lógica del acto desarrollada por Lacan. This article is part of a research about the interaction between dream and act in advanced analysis, and focuses on a specific kind of that interaction: the invention of a new significant in and by dreams, with script effects. We analyze the structure of three analysis-ending dreams, taken from pass testimonies, openly published for psychoanalytical community. In order to fulfill this purpose, we use some of Lacan’s conceptual tools, such as: invention of a new significant, traumatism by forcing a new script, gap-effect, scrawl added-to-object and edge-script. Finally, we come to the conclusion that the structure and function of this dreams allow a consideration according to the logic of act developed by Lacan. Sueño Análisis Significante Acto Dream Analysis SignificantAct Introducción El presente artículo se desprende de nuestra investigación doctoral en curso, titulada “La realización de deseo en el sueño: articulación con el concepto de «acto» de Jacques Lacan”[1]. Dentro de las posibles articulaciones entre sueño y acto que pueden apreciarse en los análisis avanzados, elegimos para este trabajo una forma específica: la producción de un significante nuevo en y por el sueño, con efectos de escritura. Desarrollaremos la idea de que esta nueva escritura puede producirse durante el sueño y que, cuando lo hace, responde a la lógica del acto. El acto es “un decir a partir del cual el sujeto cambia” (Lacan, 1969/2012: 395) y cuya lógica se evidencia après-coup por sus efectos. Con esta finalidad, se analizará la estructura y función de tres sueños de fin de análisis, tomados de testimonios de pase publicados en forma abierta para la comunidad analítica. Se utilizarán algunos operadores conceptuales surgidos de la enseñanza de Lacan, tales como: invención de un significante nuevo, traumatismo por forzamiento de una nueva escritura, efecto de agujero, garabato agregado al objeto, escritura de borde, acto y espacio. Desde una perspectiva que parte de distinguir y a la vez articular los tres registros lacanianos, daremos también un lugar central a una relectura de la noción freudiana de condensación Un significante nuevo: su escritura en el sueño No son muchos los autores que han enunciado la posibilidad de que el sueño responda a veces a otros fines que los de proteger el dormir. Hay fuertes razones para no atreverse, puesto que se trata de una regla erigida por Freud y reforzada por Lacan en frases como “nos despertamos para seguir soñando” (1969-1970/2006, p. 60), e incluso “no hay en ningún caso despertar” (1976-1977, p. 42). No obstante, y seguramente gracias a la experiencia y transmisión de las vicisitudes de los análisis avanzados, el lugar del sueño en las curas ha sido retomado[2]. Si bien su función como guardián del dormir sigue siendo indiscutible, estos nuevos desarrollos apuntan a otras virtudes del sueño, igualmente relevantes. En este artículo, nos interesa examinar una arista de la cuestión que fue brevemente comentada por Fabián Schejtman: “El trabajo del inconsciente puede a veces –sorprendiéndonos- producir otra cosa que adormecimiento, especialmente si se lo deja continuar hasta su extremo, hasta su punto de agotamiento” (2006: 42). En el mismo texto, el autor agregaba: “es la invención de ‘un significante nuevo’ lo que observamos surgir en el límite del trabajo del inconsciente” (p. 44). Esta idea del significante nuevo es desarrollada por Lacan en la clase del 17 de mayo de 1977, donde plantea que si nuestros significantes son siempre recibidos “¿por qué uno no inventaría un significante nuevo? ¿Un significante, por ejemplo, que no tendría, como lo real, ninguna especie de sentido?” (1976-1977). En los sueños que referiremos, este aspecto se muestra muy claramente. Pero también queremos destacar que la invención de esos nuevos significantes -que son nuevos por su uso neológico-, tiene efectos de escritura. En este sentido, es interesante un comentario de Lacan respecto a los efectos de escritura que implicó para su enseñanza el hallazgo del nudo borromeo: Considero que haber enunciado, mediante una escritura, lo real en cuestión tiene el valor de lo que se llama generalmente un traumatismo[3]. […] Digamos que es el forzamiento de una nueva escritura, que tiene lo que es preciso llamar por metáfora un alcance simbólico, y también el forzamiento de un nuevo tipo de idea, si puedo decir así, una idea que no florece espontáneamente por el solo efecto de lo que produce sentido, es decir, lo imaginario (Lacan, 1975-1976/2009: 128-129). Nótese que, según Lacan, la escritura permitiría “enunciar lo real en cuestión”. Volveremos sobre este punto más adelante. En nuestra opinión, el traumatismo que refiere respecto a cierta escritura, podría pensarse en función de la destitución subjetiva que implica todo acto. La idea de forzamiento, nos remite al franqueamiento que ocurre sin que un sujeto pueda reconocerse como agente del mismo, ya que él es allí producto. Para examinar en detalle este modo de acto en el sueño, tomaremos tres sueños, relatados en testimonios de pase que han sido publicados en revistas de alcance público[4]. En los tres casos, se trata de sueños que tienen la particularidad de operar con juegos de palabras en más de un idioma, resaltando así la materialidad de la letra por fuera del sentido.Tres sueños bilingües Primer sueño En los que serían las últimas sesiones de su análisis, Débora Rabinovich tuvo el siguiente sueño: Un bosque, paisaje bucólico. Algunas personas, pocas, mi perro, y de pronto, un rinoceronte que corría hacia mí y me golpeaba contra mis piernas. Me chocaba, retrocedía, tomaba impulso y nuevamente me chocaba y chocaba. Al despertar, lo que quedó del sueño fue, principalmente, el rinoceronte. Pero, ¿por qué un rinoceronte? Nada más alejado de mí. Sin embargo, era esa imagen y su significante los que tomaban la escena. Rápidamente, aún no del todo despierta, rinoceronte devino un significante franco argentino (2015: 97)[5]. Ese significante resultó ser una condensación que permitía la escritura abreviada de ciertos rasgos fundamentales de su biografía: ri – no sé – zero honte. Por un lado, “ri”, pronunciación de la palabra francesa rit (ríe), le recordaba una frase de Lacan: “más somos santos más nos reímos. Plus on rit” (Rabinovich, 2015: 97). Desde esa frase, y seguramente tocada por aquella palabra, ella había partido para elaborar su tesis doctoral. En segundo lugar, el “no sé” la reenviaba a una escena traumática de su infancia, a su posición angustiada frente a los exámenes, a su no saber ser mujer… se condensaban allí numerosos rasgos y acontecimientos de su historia. Y, por último, zero honte, “cero vergüenza” en francés, se conectaba con su timidez, que allí comenzaba a ceder un poco. Escribe en uno de sus testimonios: “ya hace un tiempo que de a poco, aunque poniéndome colorada, voy pudiendo hablar” (p. 97). Sin embargo, el grado “vergüenza cero” es lo que resulta de allí como imposible; lo que escribe, podríamos decir, lo irreductible del síntoma. La sesión en que narra este sueño tiene al parecer un tono conclusivo, no obstante lo cual ella solicita ver al analista una vez más, “para intentar articular algo sobre el deseo del analista” (p. 97). Se va de allí pensando si eso duraría una vez más, una semana u otro tramo de análisis, pero efectivamente el siguiente encuentro dura apenas unos breves minutos, en los que retoma el ri – no sé – zero honte y un significante previo, cuya escansión inauguraba un nuevo uso para cierto síntoma. En esa sesión, da por concluido su recorrido. Retomemos ahora la propuesta de Lacan de inventar un significante nuevo. En la misma clase donde lo enuncia, Lacan elogia la astucia del ser hablante para crear poesía y producir, por su intermedio, no sólo efectos de sentido, sino también efecto de agujero. Allí compara la interpretación con la poesía, ambas productoras de ese efecto de agujero que, en lugar de abonar las significaciones -que bien podrían seguir adicionándose infinitamente-, las descompleta. Consideramos que es por introducir dicho efecto de agujero que una escritura puede surgir por fuera de las significaciones adormecedoras y, emplazándose en el borde entre simbólico y real, provocar un efecto de acto. Fenomenológicamente, esto redunda en la fuerte convicción que el soñante obtiene de que allí, en ese sueño, sucedió algo que modificó profundamente su existencia[6]. Podemos apreciar, en el testimonio citado, que este tipo de sueño entraña consecuencias conclusivas. En Radiofonía, Lacan habla, justamente, del “efecto de acto que se produce como desecho de una simbolización correcta” (1977/2012: 446). La cuestión estriba en qué significa, en este contexto, que una significación sea “correcta”. Muy al contrario de lo que podría sugerirnos un enfoque positivista, creemos que lo “correcto” para Lacan no está vinculado a ningún reencuentro con un fin prefigurado, sino a lo que, éticamente, hace lugar a la insondable decisión del ser. De ahí que el efecto de agujero y la convicción sean inseparables. Por su parte, aún afirmando que no hay despertar posible, Lacan sugiere en esa clase lo siguiente: …un significante nuevo que no tendría ninguna especie de sentido, eso quizás sería lo que nos abriría a lo que […] yo llamo lo real. ¿Por qué uno no intentaría formular un significante que, contrariamente al uso que se hace de él actualmente, tendría un efecto? El énfasis puesto por Lacan sobre esta cuestión del efecto nos resulta crucial. Sólo el analizante, al dar cuenta de dichos efectos, puede justificar el carácter novedoso de un significante que se ha vuelto escritura. En esto, este tipo de sueños nos remite a la lógica del acto, cuya estructura depende de sus prosecuciones. El efecto en cuestión no es ajeno a cierto traumatismo, al forzamiento propio de la destitución subjetiva que ocurre en todo acto, donde el sujeto no avanza sino al precio de perder el status quo ante. Además, veremos que esta mutación subjetiva no ocurre sino en el marco de la angustia que motoriza ese franqueamiento. Ese efecto, por otra parte, no es el de un despertar, sino el de una modificación del sujeto, que Lacan explicó topológicamente como corte y modificación de una superficie Segundo sueño En uno de sus testimonios publicados en la Revista Lacaniana de Psicoanálisis, Cecilia Gasbarro relata un momento que también pertenece al tramo final de su análisis y que se inicia con una gran angustia, previa a una presentación en público que se había comprometido a realizar y que versaba sobre el deseo del analista. A pesar de la intensa angustia, decidió no faltar a la cita y una vez terminada su exposición, dos personas muy cercanas le hicieron el mismo comentario: habían notado suspiros en su voz mientras hablaba. Fuera de ese detalle, su presentación no había sido impedida por su malestar, pero tampoco había introducido alivio alguno. Entonces relata: La angustia persistió horas después, sin el menor alivio. Dormité y me despertó un breve sueño. -Atravesaba varias habitaciones vacías, hasta llegar a una en la que había solamente una pequeña pizarra, con unas palabras escritas nítidamente con tiza y en cursiva: “eyes dolorosos”. Completamente despierta y sin angustia alguna (sorpresa deliciosa) me concentré en la frase: ojos (en inglés) dolorosos escribían una versión del fantasma ya aislado, pero la homofonía permitía jugar con el equívoco, fuera de sentido: -¡ay! Sonaba como los suspiros de los que me habían advertido la noche anterior. -Hay, hizo emerger en la memoria una broma estúpida, com-pletamente olvidada hasta esa noche (2014: 97). La broma a la que se refiere consiste en una enunciar frase absurda que, una vez descifrada, involucra el significante “triste”; debe pronunciarse con fonética inglesa la escritura ai spous q’nascn trsts, desafiando al oyente a traducirla. La respuesta buscada es “hay sapos que nacen tristes”, lo cual es más un juego de fonemas que una traducción en sentido estricto, como lo señala la autora. La cuestión es que esta frase se conectaba con un sueño que ella había tenido en la época de aquella broma, en su adolescencia, y que narró al iniciar su análisis. En aquél sueño había sapos, y la frase “soy un sapo de otro pozo” (2014: 91) había quedado resonando durante años, con el telón de fondo de un rasgo, al parecer, muy suyo: la tristeza. Ahora bien, todo indica que una vez recordada aquella broma y su absurda traducción -ya más cerca del final de su análisis que de su inicio-, se opera una separación: “si hay sapos que nacen tristes, hay otros que no”, piensa ella. Esto le permitió deshacer el destino de fatalidad comandado por el fantasma, tan parecido al de la tragedia griega; “introducir una grieta en un destino”, dice la autora. Como sabemos, a diferencia del héroe trágico, el analizante tiene en el horizonte la posibilidad de tomar distancia de su fantasma y de usar lo que quede de aquél como resto para un saber-hacer bien singular. Recordemos que esta broma y los pensamientos posteriores surgen en el recuerdo a partir de poder leer “hay” en el significante “eyes”. A su vez, Cecilia Gasbarro considera que aquella frase del sueño -eyes dolorosos- produce una escritura posible, la suya, del objeto mirada, y que con su estructura equívoca, esa inscripción introduce un fuerte efecto de inconsistencia. Nos interesa destacar este efecto de escritura que produce el sueño, esta suerte de garabato agregado al objeto[7], para resaltar que estas escrituras, que condensan gran cantidad de acontecimientos y rasgos fantasmáticos, están sostenidas por el objeto, al cual recubren. Es por esto que la expresión garabato, usada por Lacan para referirse al sentido, nos parece más propicia para pensar en un efecto de escritura: está el objeto y, sobre él, se coloca una escritura que lo recubre, una vez desmontados los sentidos que lo vestían. Es una operación que ocurre habitualmente en los momentos finales del análisis y que los sueños suelen mostrar vivamenteTercer sueño Un sueño de esta misma estofa se encuentra relatado en uno de los testimonios de Paula Kalfus. Se trata de un sueño que se inspira en un libro y surge en un momento donde un síntoma suyo había recrudecido, como efecto del desmontaje que se produce a lo largo del análisis. Lo relata de este modo: Un segundo episodio de anorexia vino a habitarme en ese tiempo de confrontación a lo indecible, episodio que sólo cedió con el diagnóstico singular que la fortuna puso en mis manos. Estaba leyendo un libro de Ishiguro -autor que sigo desde hace tiempo- que construye unos personajes errantes, se diría carentes de un S1 que los oriente, como perdidos después de algún cataclismo, The Unconsoled. Ese nombre -en la lengua paterna- bordea algo que conocía tan bien… Un sueño viene a puntuar de lo que se trata: una niña down secundada por dos personas adultas era conducida hasta el baño, llevaba un cuello ortopédico. La veo sentada en el inodoro, con las piernitas colgando y una mirada triste (2014: 60-61). De acuerdo con el relato de la autora, creemos poder sostener que el título The Unconsoled pasa, a partir del sueño de la niña down, a nombrar algo singular. Ella lo relaciona con la X del deseo materno, una cuestión que la había interrogado durante toda su vida, moviéndola a investigar cada detalle sobre su madre. El desconsuelo de no poder leer en esa madre un rasgo deseante atraviesa todo el testimonio. A nuestro parecer, podría decirse que este último sueño, al introducir el significante down, opera una mutación sobre el término Unconsoled: lo transforma, otorgándole un estatuto más cercano al de lo escrito que al de significante, esto es, lo convierte en escritura que baliza una zona de borde, de límite entre lo que puede escribirse por vía simbólica y lo que quedará por siempre fuera de alcance. “La nominación Unconsoled posibilitó la separación del estragante goce materno” (Kalfus, 2016: 70), comenta la autora. Por otro lado, el término down viene a nombrar una particularidad de su humor, una forma del malestar que le era propia: El destino de la niña down del sueño -cuya mirada triste se parecía a la mía en algunas fotografías de la infancia- se asociaba al de la niña del libro de Ishiguro. De lo que se trataba era de cercar la raíz de ese humor down en el que a veces me sorprendía, de entender su dialéctica. Atravesar esa zona, admitir los significantes encontrados y hacer uso de ellos tornó la vida más liviana (2014: 61). El libro de Ishiguro al que se refiere en este pasaje es otro: A pale view of hills, donde tiene lugar, según sus palabras, “el suicidio de una joven, hija de una madre desorientada y errante después de la guerra en Japón”. Al parecer, aquél libro suscitó en ella una identificación con el personaje. En cambio, el otro libro -o mejor dicho, su título, The Unconsoled-, participó de la producción de una inscripción nueva, logrando nombrar algo que hasta ese momento no había hallado una nominación satisfactoria. Recordemos que en el primer párrafo que hemos tomado de su testimonio, ella menciona que se encontraba en medio de un episodio de anorexia, y que ese síntoma sólo cedió a partir del “diagnóstico singular que la fortuna puso en [sus] manos”. Creemos que se refiere justamente al encuentro con el libro The Unconsoled y al sueño que escribe al fin una fórmula satisfactoria para ella, mediante el significante down. “Un humor down”, hermano del desconsuelo, sería entonces el diagnóstico con el que llega a nombrar su sufrimiento, volviéndolo, a la vez, más liviano.La fórmula onírica: una reducción de la biografía Consideramos que esta estructura, propia de la escritura que marca el límite entre simbólico y real, también es identificable en las fórmulas[8] de los otros sueños que hemos citado. Los significantes down, Unconsoled, eyes dolorosos y rit-no sé-zero honte dan cuenta de escrituras que podríamos llamar de borde. “Trato de situarles lo escrito como ese borde de lo real”, decía Lacan el 9 de abril de 1974 en su seminario (1973-1974). Para pensar este borde, el ejemplo de las matemáticas puede resultar operativo, puesto que allí también se recurre a notaciones que señalizan el límite entre lo que puede escribirse y lo que sería imposible de escribir. En su seminario Ou pire, Lacan da el ejemplo de un número inconmensurable conocido desde los pitagóricos: la raíz cuadrada de dos, cuyo cálculo arroja un resultado con decimales infinitos, no periódicos (1,4142135623…), de tal modo que no alcanzaría una vida para terminar de escribirlo –ni infinitas vidas, claro está-. Ante esta imposibilidad de escritura, en matemáticas se recurre a una notación que, podríamos decir, hace de borde, llega hasta el límite de lo inscribible: la fórmula , cuya ulterior reducción es imposible. Cuando en una operación más extensa se necesita incluir ese número (1,4142135623…) como parte de sus elementos de cálculo, se utiliza directamente la notación . De esta manera, la fórmula escribe, de manera reducida, un número irreductible, con el que de otro modo no podría operarse. Este ejemplo matemático nos permite concebir la naturaleza de las fórmulas arrojadas por los sueños que venimos analizando: ellas funcionan como escritura de borde, indican que hasta allí han llegado los esfuerzos de reducción, de precisión, de especificación. Son fórmulas que, mediante la combinación de letras que valen para un único ser hablante, condensan -del modo más reducido posible- las marcas históricas de una existencia singular. Aunque no son ajenas al sentido, estas fórmulas son notablemente magras. Marcelo Mazzuca, por ejemplo, declara a propósito de uno de sus sueños conclusivos: Sueño que no podría calificar con Freud de ‘biográfico’, sólo porque allí la biografía se reduce a sus elementos mínimos hasta prácticamente desaparecer. Algo así como unos pedacitos de subjetividad desde donde se construye la historia de vida, una suerte de gesta de lo biográfico (2011: 48). Como vimos, esta reducción merece el nombre de escritura, puesto que arroja fórmulas fijas cuya inscripción tiene efectos duraderos. En Lituraterre, Lacan comenta: “la escritura es en lo real abarrancamiento del significado, lo que ha llovido del semblante” (1971/2012: 25), y agrega más adelante: “¿Cómo lo olvidaríamos nosotros, cuando nuestra ciencia solo es operante por un chorreado de letritas y de gráficos combinados?” (p. 26). Ahora bien, ¿cómo se arriba a esta reducción de lo novelado a lo escrito? ¿Qué mecanismos lo permiten? Nos interesa especialmente analizar los casos en que esto se produce durante el sueño, objeto de nuestra investigación.Función de la condensación REFERENCIAS Alderete de Weskamp, M. (2006). Testimonio de pase. En La experiencia del pase II (pp. 53-71). Buenos Aires: Editorial de la EFBA. 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J.Lacan 1971-1972El seminario (libro 19 bis) Ou pire. El saber del psicoanalista (Charlas en Ste. Anne)Manuscrito inédito, Entidad de Acción Psicoanalítica Lacan, J. (1973/2012). El atolondradicho. En Otros Escritos (pp. 473-522). Buenos Aires: Paidós. J.Lacan 1973/2012Otros Escritos El atolondradicho 473 522 Buenos AiresPaidós Lacan, J. (1973-1974). Los incautos no yerran (Los nombres del padre). En El seminario (libro 21). Manuscrito inédito, Trad. Irene M. Agoff de Ramos. J.Lacan 1973-1974El seminario (libro 21) Los incautos no yerran (Los nombres del padre)Manuscrito inédito Irene M.Agoff de Ramos Lacan, J. (1975-1976/2009). El sinthome. En El seminario (libro 23). Buenos Aires: Paidós. J.Lacan 1975-1976/2009El seminario (libro 23) El sinthomeBuenos AiresPaidós Lacan, J. (1976-1977). Lo no sabido que sabe de la una-equivocación se ampara en la morra. En El seminario (libro 24). Manuscrito inédito, Escuela Freudiana de Buenos Aires. 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(2012), Brousse (1997), Cottet (2000), Nemirovsky (2004), Nepomiachi (1999), Mazzuca (2012), Yacoi (2002). 3Nótese que para referirse a este traumatismo, ocurrido por forzamiento de una nueva escritura, Lacan no utiliza el neologismo que había forjado dos años antes: el troumatisme, referido al agujero, trou, de la falta de relación sexual, que cada ser hablante colmará con un truco, con una invención (Lacan, 1973-1974). Si en esta ocasión Lacan no retoma aquél neologismo, creemos que es porque no está haciendo referencia exactamente al traumatismo del agujero en el sentido, sino al provocado por el surgimiento de una nueva escritura, que venga a marcar el lugar de ese agujero. Si bien ambos traumatismos están emparentados, consideramos que al conservar la diferencia entre uno y otro, se destaca mejor el valor del llamado forzamiento de una nueva escritura 4Creemos que estos testimonios, abiertamente públicos, merecen un agradecimiento de parte de quienes investigamos los efectos del psicoanálisis y no queremos recurrir a hechos relatados en la intimidad de la transferencia. El psicoanálisis no podría, sin quienes testimonian, dar cuenta de ejemplos tan singulares y que contengan tan alto grado de novedad e invención. 5Todas las cursivas de las citas que referimos en este artículo pertenecen a los textos originales. 6Estas ideas, que no podemos desarrollar extensamente en este artículo, intentan dialogar con al menos dos planteos que consideramos cruciales: el sueño como interpretación en el contexto del pase (Brousse, 1997) y los sueños con índice de real que producen una fuerte convicción (Yacoi, 2002, 2012). Creemos que esta precisión de Lacan acerca del efecto de agujero en la interpretación y la poesía, es un aporte central para pensar ambas cuestiones. 7“El sentido es un pequeño garabato agregado a este objeto a con el que cada uno de ustedes tiene su ligazón particular”, decía Lacan en su seminario el 6 de enero de 1972 8En este punto, cabe aclarar que lo que llamamos fórmula onírica no se distingue en nada de las fórmulas construidas en los análisis por otras vías, sin participación del sueño. Si nos abocamos únicamente al análisis de las primeras es porque nuestra investigación toma como objeto al sueño y sus características en los análisis avanzados. 9Especialmente valioso nos resulta el siguiente pasaje, perteneciente justamente a una de las clases consagradas al sueño de la inyección de Irma: “Aquí interviene la relación simbólica. El poder de nombrar los objetos estructura la percepción misma. El percipi del hombre no puede sostenerse sino en el interior de una zona de nominación. Mediante la nominación el hombre hace que los objetos subsistan en una cierta consistencia. Si sólo estuviesen en una relación narcisística con el sujeto, los objetos no serían percibidos nunca más que en forma instantánea” (Lacan, 1954-1955: 257). Allí se otorga una importancia capital a lo simbólico, como estructurante de la realidad; hoy, vía el nudo borromeo, podemos considerar la función de los tres registros en su estructuración. 10 El sueño de la inyección de Irma es aquí el paradigma. Lacan enfatizó su carácter de paso, de sueño inaugural, en las clases del 9 y 16 de marzo de 1957 de su Seminario 2. A partir de allí, ha sido un sueño muy trabajado. También antes de la lectura de Lacan, numerosos analistas habían escrito sobre dicho sueño, desde perspectivas muy diversas. Milton Kramer (2000) realizó una compilación y revisión crítica de las múltiples lecturas de autores post-freudianos en un artículo titulado Does dream interpretation have any limits? An evaluation of interpretations of the dream of "Irma's Injection". <!-- /* Font Definitions */ @font-face {font-family:"Cambria Math"; panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4;} @font-face {font-family:Calibri; panose-1:2 15 5 2 2 2 4 3 2 4;} /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; font-size:12.0pt; font-family:"Calibri",sans-serif;} p.MsoEndnoteText, li.MsoEndnoteText, div.MsoEndnoteText {mso-style-link:"Endnote Text Char"; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; text-align:justify; line-height:120%; text-autospace:none; font-size:8.0pt; font-family:"Arial",sans-serif; color:black;} p.Tituloespanol, li.Tituloespanol, div.Tituloespanol {mso-style-name:"Titulo espanol"; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; line-height:120%; text-autospace:none; font-size:20.0pt; font-family:"Arial",sans-serif; color:black; text-transform:uppercase; letter-spacing:.2pt; font-weight:bold;} p.TEXTO, li.TEXTO, div.TEXTO {mso-style-name:TEXTO; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; text-align:justify; line-height:17.0pt; text-autospace:none; font-size:11.0pt; font-family:"Arial",sans-serif; color:black;} p.TituloIngles, li.TituloIngles, div.TituloIngles {mso-style-name:"Titulo Ingles"; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; line-height:120%; text-autospace:none; font-size:14.0pt; font-family:"Arial",sans-serif; color:black; text-transform:uppercase; letter-spacing:.15pt; font-style:italic;} p.autores, li.autores, div.autores {mso-style-name:autores; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; line-height:120%; text-autospace:none; font-size:11.0pt; font-family:"Arial",sans-serif; color:black; font-style:italic;} p.autoreslinea, li.autoreslinea, div.autoreslinea {mso-style-name:"autores linea"; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; line-height:120%; text-autospace:none; border:none; padding:0cm; font-size:11.0pt; font-family:"Arial",sans-serif; color:black; font-style:italic;} p.autoresCV, li.autoresCV, div.autoresCV {mso-style-name:"autores CV"; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; text-align:justify; line-height:120%; text-autospace:none; font-size:7.5pt; font-family:"Arial",sans-serif; color:black; font-style:italic;} p.TEXTOdestac, li.TEXTOdestac, div.TEXTOdestac {mso-style-name:"TEXTO destac"; margin-top:0cm; margin-right:0cm; margin-bottom:0cm; margin-left:9.9pt; margin-bottom:.0001pt; text-align:justify; line-height:17.0pt; text-autospace:none; font-size:10.0pt; font-family:"Arial",sans-serif; color:black;} p.bibliografia, li.bibliografia, div.bibliografia {mso-style-name:bibliografia; margin-top:2.85pt; margin-right:0cm; margin-bottom:0cm; margin-left:11.35pt; margin-bottom:.0001pt; text-align:justify; text-indent:-11.35pt; line-height:10.0pt; text-autospace:none; font-size:8.0pt; font-family:"Arial",sans-serif; color:black;} span.EndnoteTextChar {mso-style-name:"Endnote Text Char"; mso-style-link:"Endnote Text"; font-family:"Arial",sans-serif; color:black;} .MsoChpDefault {font-family:"Calibri",sans-serif;} /* Page Definitions */ @page WordSection1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:36.0pt 36.0pt 36.0pt 36.0pt;} div.WordSection1 {page:WordSection1;} /* List Definitions */ ol {margin-bottom:0cm;} ul {margin-bottom:0cm;} -->

ACERCA DE LA INVENCIÓN DE UN SIGNIFICANTE NUEVO EN LOS SUEÑOS DE FIN DE ANÁLISIS

ABOUT THE INVENTION OF A NEW SIGNIFICANT IN ANALYSIS-ENDING DREAMS

Labaronnie, M. Celeste1

1Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Psicología. E-mail: celelab@gmail.com

RESUMEN

Este artículo surge de una investigación acerca de la articulación entre sueño y acto en los análisis avanzados y se aboca a una modalidad específica de dicha articulación: la invención de un significante nuevo en y por el sueño, con efectos de escritura. Se analiza la estructura de tres sueños de fin de análisis, tomados de testimonios de pase publicados en forma abierta para la comunidad analítica. Para ello, se utilizan algunos operadores conceptuales surgidos de la enseñanza de Lacan, tales como: invención de un significante nuevo, traumatismo por forzamiento de una nueva escritura, efecto de agujero, garabato agregado al objeto y escritura de borde. Se concluye que la estructura y función de dichos sueños permite considerarlos de acuerdo con la lógica del acto desarrollada por Lacan.

Palabras clave:

Sueño - Análisis - Significante - Acto

ABSTRACT

This article is part of a research about the interaction between dream and act in advanced analysis, and focuses on a specific kind of that interaction: the invention of a new significant in and by dreams, with script effects. We analyze the structure of three analysis-ending dreams, taken from pass testimonies, openly published for psychoanalytical community. In order to fulfill this purpose, we use some of Lacan’s conceptual tools, such as: invention of a new significant, traumatism by forcing a new script, gap-effect, scrawl added-to-object and edge-script. Finally, we come to the conclusion that the structure and function of this dreams allow a consideration according to the logic of act developed by Lacan.

Key words:

Dream - Analysis - Significant - Act

Introducción

El presente artículo se desprende de nuestra investigación doctoral en curso, titulada “La realización de deseo en el sueño: articulación con el concepto de «acto» de Jacques Lacan”[1]. Dentro de las posibles articulaciones entre sueño y acto que pueden apreciarse en los análisis avanzados, elegimos para este trabajo una forma específica: la producción de un significante nuevo en y por el sueño, con efectos de escritura.

Desarrollaremos la idea de que esta nueva escritura puede producirse durante el sueño y que, cuando lo hace, responde a la lógica del acto. El acto es “un decir a partir del cual el sujeto cambia” (Lacan, 1969/2012: 395) y cuya lógica se evidencia après-coup por sus efectos. Con esta finalidad, se analizará la estructura y función de tres sueños de fin de análisis, tomados de testimonios de pase publicados en forma abierta para la comunidad analítica.

Se utilizarán algunos operadores conceptuales surgidos de la enseñanza de Lacan, tales como: invención de un significante nuevo, traumatismo por forzamiento de una nueva escritura, efecto de agujero, garabato agregado al objeto, escritura de borde, acto y espacio. Desde una perspectiva que parte de distinguir y a la vez articular los tres registros lacanianos, daremos también un lugar central a una relectura de la noción freudiana de condensación.

Un significante nuevo: su escritura en el sueño

No son muchos los autores que han enunciado la posibilidad de que el sueño responda a veces a otros fines que los de proteger el dormir. Hay fuertes razones para no atreverse, puesto que se trata de una regla erigida por Freud y reforzada por Lacan en frases como “nos despertamos para seguir soñando” (1969-1970/2006, p. 60), e incluso “no hay en ningún caso despertar” (1976-1977, p. 42). No obstante, y seguramente gracias a la experiencia y transmisión de las vicisitudes de los análisis avanzados, el lugar del sueño en las curas ha sido retomado[2]. Si bien su función como guardián del dormir sigue siendo indiscutible, estos nuevos desarrollos apuntan a otras virtudes del sueño, igualmente relevantes.

En este artículo, nos interesa examinar una arista de la cuestión que fue brevemente comentada por Fabián Schejtman: “El trabajo del inconsciente puede a veces –sorprendiéndonos- producir otra cosa que adormecimiento, especialmente si se lo deja continuar hasta su extremo, hasta su punto de agotamiento” (2006: 42). En el mismo texto, el autor agregaba: “es la invención de ‘un significante nuevo’ lo que observamos surgir en el límite del trabajo del inconsciente” (p. 44).

Esta idea del significante nuevo es desarrollada por Lacan en la clase del 17 de mayo de 1977, donde plantea que si nuestros significantes son siempre recibidos “¿por qué uno no inventaría un significante nuevo? ¿Un significante, por ejemplo, que no tendría, como lo real, ninguna especie de sentido?” (1976-1977). En los sueños que referiremos, este aspecto se muestra muy claramente. Pero también queremos destacar que la invención de esos nuevos significantes -que son nuevos por su uso neológico-, tiene efectos de escritura.

En este sentido, es interesante un comentario de Lacan respecto a los efectos de escritura que implicó para su enseñanza el hallazgo del nudo borromeo:

Considero que haber enunciado, mediante una escritura, lo real en cuestión tiene el valor de lo que se llama generalmente un traumatismo[3]. […] Digamos que es el forzamiento de una nueva escritura, que tiene lo que es preciso llamar por metáfora un alcance simbólico, y también el forzamiento de un nuevo tipo de idea, si puedo decir así, una idea que no florece espontáneamente por el solo efecto de lo que produce sentido, es decir, lo imaginario (Lacan, 1975-1976/2009: 128-129).

Nótese que, según Lacan, la escritura permitiría “enunciar lo real en cuestión”. Volveremos sobre este punto más adelante.

En nuestra opinión, el traumatismo que refiere respecto a cierta escritura, podría pensarse en función de la destitución subjetiva que implica todo acto. La idea de forzamiento, nos remite al franqueamiento que ocurre sin que un sujeto pueda reconocerse como agente del mismo, ya que él es allí producto.

Para examinar en detalle este modo de acto en el sueño, tomaremos tres sueños, relatados en testimonios de pase que han sido publicados en revistas de alcance público[4]. En los tres casos, se trata de sueños que tienen la particularidad de operar con juegos de palabras en más de un idioma, resaltando así la materialidad de la letra por fuera del sentido.

Tres sueños bilingües

1. Primer sueño

En los que serían las últimas sesiones de su análisis, Débora Rabinovich tuvo el siguiente sueño:

Un bosque, paisaje bucólico. Algunas personas, pocas, mi perro, y de pronto, un rinoceronte que corría hacia mí y me golpeaba contra mis piernas. Me chocaba, retrocedía, tomaba impulso y nuevamente me chocaba y chocaba.

Al despertar, lo que quedó del sueño fue, principalmente, el rinoceronte. Pero, ¿por qué un rinoceronte? Nada más alejado de mí. Sin embargo, era esa imagen y su significante los que tomaban la escena.

Rápidamente, aún no del todo despierta, rinoceronte devino un significante franco argentino (2015: 97)[5].

Ese significante resultó ser una condensación que permitía la escritura abreviada de ciertos rasgos fundamentales de su biografía: ri – no sé – zero honte.

Por un lado, “ri”, pronunciación de la palabra francesa rit (ríe), le recordaba una frase de Lacan: “más somos santos más nos reímos. Plus on rit” (Rabinovich, 2015: 97). Desde esa frase, y seguramente tocada por aquella palabra, ella había partido para elaborar su tesis doctoral.

En segundo lugar, el “no sé” la reenviaba a una escena traumática de su infancia, a su posición angustiada frente a los exámenes, a su no saber ser mujer… se condensaban allí numerosos rasgos y acontecimientos de su historia.

Y, por último, zero honte, “cero vergüenza” en francés, se conectaba con su timidez, que allí comenzaba a ceder un poco. Escribe en uno de sus testimonios: “ya hace un tiempo que de a poco, aunque poniéndome colorada, voy pudiendo hablar” (p. 97). Sin embargo, el grado “vergüenza cero” es lo que resulta de allí como imposible; lo que escribe, podríamos decir, lo irreductible del síntoma.

La sesión en que narra este sueño tiene al parecer un tono conclusivo, no obstante lo cual ella solicita ver al analista una vez más, “para intentar articular algo sobre el deseo del analista” (p. 97). Se va de allí pensando si eso duraría una vez más, una semana u otro tramo de análisis, pero efectivamente el siguiente encuentro dura apenas unos breves minutos, en los que retoma el ri – no sé – zero honte y un significante previo, cuya escansión inauguraba un nuevo uso para cierto síntoma. En esa sesión, da por concluido su recorrido.

Retomemos ahora la propuesta de Lacan de inventar un significante nuevo. En la misma clase donde lo enuncia, Lacan elogia la astucia del ser hablante para crear poesía y producir, por su intermedio, no sólo efectos de sentido, sino también efecto de agujero. Allí compara la interpretación con la poesía, ambas productoras de ese efecto de agujero que, en lugar de abonar las significaciones -que bien podrían seguir adicionándose infinitamente-, las descompleta. Consideramos que es por introducir dicho efecto de agujero que una escritura puede surgir por fuera de las significaciones adormecedoras y, emplazándose en el borde entre simbólico y real, provocar un efecto de acto. Fenomenológicamente, esto redunda en la fuerte convicción que el soñante obtiene de que allí, en ese sueño, sucedió algo que modificó profundamente su existencia[6]. Podemos apreciar, en el testimonio citado, que este tipo de sueño entraña consecuencias conclusivas.

En Radiofonía, Lacan habla, justamente, del “efecto de acto que se produce como desecho de una simbolización correcta” (1977/2012: 446). La cuestión estriba en qué significa, en este contexto, que una significación sea “correcta”. Muy al contrario de lo que podría sugerirnos un enfoque positivista, creemos que lo “correcto” para Lacan no está vinculado a ningún reencuentro con un fin prefigurado, sino a lo que, éticamente, hace lugar a la insondable decisión del ser. De ahí que el efecto de agujero y la convicción sean inseparables.

Por su parte, aún afirmando que no hay despertar posible, Lacan sugiere en esa clase lo siguiente:

…un significante nuevo que no tendría ninguna especie de sentido, eso quizás sería lo que nos abriría a lo que […] yo llamo lo real. ¿Por qué uno no intentaría formular un significante que, contrariamente al uso que se hace de él actualmente, tendría un efecto?

El énfasis puesto por Lacan sobre esta cuestión del efecto nos resulta crucial. Sólo el analizante, al dar cuenta de dichos efectos, puede justificar el carácter novedoso de un significante que se ha vuelto escritura. En esto, este tipo de sueños nos remite a la lógica del acto, cuya estructura depende de sus prosecuciones. El efecto en cuestión no es ajeno a cierto traumatismo, al forzamiento propio de la destitución subjetiva que ocurre en todo acto, donde el sujeto no avanza sino al precio de perder el status quo ante. Además, veremos que esta mutación subjetiva no ocurre sino en el marco de la angustia que motoriza ese franqueamiento.

Ese efecto, por otra parte, no es el de un despertar, sino el de una modificación del sujeto, que Lacan explicó topológicamente como corte y modificación de una superficie.

2. Segundo sueño

En uno de sus testimonios publicados en la Revista Lacaniana de Psicoanálisis, Cecilia Gasbarro relata un momento que también pertenece al tramo final de su análisis y que se inicia con una gran angustia, previa a una presentación en público que se había comprometido a realizar y que versaba sobre el deseo del analista. A pesar de la intensa angustia, decidió no faltar a la cita y una vez terminada su exposición, dos personas muy cercanas le hicieron el mismo comentario: habían notado suspiros en su voz mientras hablaba. Fuera de ese detalle, su presentación no había sido impedida por su malestar, pero tampoco había introducido alivio alguno. Entonces relata:

La angustia persistió horas después, sin el menor alivio. Dormité y me despertó un breve sueño.

-Atravesaba varias habitaciones vacías, hasta llegar a una en la que había solamente una pequeña pizarra, con unas palabras escritas nítidamente con tiza y en cursiva: “eyes dolorosos”.

Completamente despierta y sin angustia alguna (sorpresa deliciosa) me concentré en la frase: ojos (en inglés) dolorosos escribían una versión del fantasma ya aislado, pero la homofonía permitía jugar con el equívoco, fuera de sentido:

-¡ay! Sonaba como los suspiros de los que me habían advertido la noche anterior.

-Hay, hizo emerger en la memoria una broma estúpida, com-pletamente olvidada hasta esa noche (2014: 97).

La broma a la que se refiere consiste en una enunciar frase absurda que, una vez descifrada, involucra el significante “triste”; debe pronunciarse con fonética inglesa la escritura ai spous q’nascn trsts, desafiando al oyente a traducirla. La respuesta buscada es “hay sapos que nacen tristes”, lo cual es más un juego de fonemas que una traducción en sentido estricto, como lo señala la autora. La cuestión es que esta frase se conectaba con un sueño que ella había tenido en la época de aquella broma, en su adolescencia, y que narró al iniciar su análisis. En aquél sueño había sapos, y la frase “soy un sapo de otro pozo” (2014: 91) había quedado resonando durante años, con el telón de fondo de un rasgo, al parecer, muy suyo: la tristeza.

Ahora bien, todo indica que una vez recordada aquella broma y su absurda traducción -ya más cerca del final de su análisis que de su inicio-, se opera una separación: “si hay sapos que nacen tristes, hay otros que no”, piensa ella. Esto le permitió deshacer el destino de fatalidad comandado por el fantasma, tan parecido al de la tragedia griega; “introducir una grieta en un destino”, dice la autora. Como sabemos, a diferencia del héroe trágico, el analizante tiene en el horizonte la posibilidad de tomar distancia de su fantasma y de usar lo que quede de aquél como resto para un saber-hacer bien singular.

Recordemos que esta broma y los pensamientos posteriores surgen en el recuerdo a partir de poder leer “hay” en el significante “eyes”.

A su vez, Cecilia Gasbarro considera que aquella frase del sueño -eyes dolorosos- produce una escritura posible, la suya, del objeto mirada, y que con su estructura equívoca, esa inscripción introduce un fuerte efecto de inconsistencia.

Nos interesa destacar este efecto de escritura que produce el sueño, esta suerte de garabato agregado al objeto[7], para resaltar que estas escrituras, que condensan gran cantidad de acontecimientos y rasgos fantasmáticos, están sostenidas por el objeto, al cual recubren. Es por esto que la expresión garabato, usada por Lacan para referirse al sentido, nos parece más propicia para pensar en un efecto de escritura: está el objeto y, sobre él, se coloca una escritura que lo recubre, una vez desmontados los sentidos que lo vestían. Es una operación que ocurre habitualmente en los momentos finales del análisis y que los sueños suelen mostrar vivamente.

3. Tercer sueño

Un sueño de esta misma estofa se encuentra relatado en uno de los testimonios de Paula Kalfus. Se trata de un sueño que se inspira en un libro y surge en un momento donde un síntoma suyo había recrudecido, como efecto del desmontaje que se produce a lo largo del análisis. Lo relata de este modo:

Un segundo episodio de anorexia vino a habitarme en ese tiempo de confrontación a lo indecible, episodio que sólo cedió con el diagnóstico singular que la fortuna puso en mis manos. Estaba leyendo un libro de Ishiguro -autor que sigo desde hace tiempo- que construye unos personajes errantes, se diría carentes de un S1 que los oriente, como perdidos después de algún cataclismo, The Unconsoled. Ese nombre -en la lengua paterna- bordea algo que conocía tan bien… Un sueño viene a puntuar de lo que se trata: una niña down secundada por dos personas adultas era conducida hasta el baño, llevaba un cuello ortopédico. La veo sentada en el inodoro, con las piernitas colgando y una mirada triste (2014: 60-61).

De acuerdo con el relato de la autora, creemos poder sostener que el título The Unconsoled pasa, a partir del sueño de la niña down, a nombrar algo singular. Ella lo relaciona con la X del deseo materno, una cuestión que la había interrogado durante toda su vida, moviéndola a investigar cada detalle sobre su madre. El desconsuelo de no poder leer en esa madre un rasgo deseante atraviesa todo el testimonio.

A nuestro parecer, podría decirse que este último sueño, al introducir el significante down, opera una mutación sobre el término Unconsoled: lo transforma, otorgándole un estatuto más cercano al de lo escrito que al de significante, esto es, lo convierte en escritura que baliza una zona de borde, de límite entre lo que puede escribirse por vía simbólica y lo que quedará por siempre fuera de alcance. “La nominación Unconsoled posibilitó la separación del estragante goce materno” (Kalfus, 2016: 70), comenta la autora.

Por otro lado, el término down viene a nombrar una particularidad de su humor, una forma del malestar que le era propia:

El destino de la niña down del sueño -cuya mirada triste se parecía a la mía en algunas fotografías de la infancia- se asociaba al de la niña del libro de Ishiguro. De lo que se trataba era de cercar la raíz de ese humor down en el que a veces me sorprendía, de entender su dialéctica. Atravesar esa zona, admitir los significantes encontrados y hacer uso de ellos tornó la vida más liviana (2014: 61).

El libro de Ishiguro al que se refiere en este pasaje es otro: A pale view of hills, donde tiene lugar, según sus palabras, “el suicidio de una joven, hija de una madre desorientada y errante después de la guerra en Japón”. Al parecer, aquél libro suscitó en ella una identificación con el personaje. En cambio, el otro libro -o mejor dicho, su título, The Unconsoled-, participó de la producción de una inscripción nueva, logrando nombrar algo que hasta ese momento no había hallado una nominación satisfactoria.

Recordemos que en el primer párrafo que hemos tomado de su testimonio, ella menciona que se encontraba en medio de un episodio de anorexia, y que ese síntoma sólo cedió a partir del “diagnóstico singular que la fortuna puso en [sus] manos”. Creemos que se refiere justamente al encuentro con el libro The Unconsoled y al sueño que escribe al fin una fórmula satisfactoria para ella, mediante el significante down. “Un humor down”, hermano del desconsuelo, sería entonces el diagnóstico con el que llega a nombrar su sufrimiento, volviéndolo, a la vez, más liviano.

La fórmula onírica: una reducción de la biografía

Consideramos que esta estructura, propia de la escritura que marca el límite entre simbólico y real, también es identificable en las fórmulas[8] de los otros sueños que hemos citado. Los significantes down, Unconsoled, eyes dolorosos y rit-no sé-zero honte dan cuenta de escrituras que podríamos llamar de borde. “Trato de situarles lo escrito como ese borde de lo real”, decía Lacan el 9 de abril de 1974 en su seminario (1973-1974).

Para pensar este borde, el ejemplo de las matemáticas puede resultar operativo, puesto que allí también se recurre a notaciones que señalizan el límite entre lo que puede escribirse y lo que sería imposible de escribir. En su seminario Ou pire, Lacan da el ejemplo de un número inconmensurable conocido desde los pitagóricos: la raíz cuadrada de dos, cuyo cálculo arroja un resultado con decimales infinitos, no periódicos (1,4142135623…), de tal modo que no alcanzaría una vida para terminar de escribirlo –ni infinitas vidas, claro está-. Ante esta imposibilidad de escritura, en matemáticas se recurre a una notación que, podríamos decir, hace de borde, llega hasta el límite de lo inscribible: la fórmula , cuya ulterior reducción es imposible. Cuando en una operación más extensa se necesita incluir ese número (1,4142135623…) como parte de sus elementos de cálculo, se utiliza directamente la notación . De esta manera, la fórmula escribe, de manera reducida, un número irreductible, con el que de otro modo no podría operarse.

Este ejemplo matemático nos permite concebir la naturaleza de las fórmulas arrojadas por los sueños que venimos analizando: ellas funcionan como escritura de borde, indican que hasta allí han llegado los esfuerzos de reducción, de precisión, de especificación. Son fórmulas que, mediante la combinación de letras que valen para un único ser hablante, condensan -del modo más reducido posible- las marcas históricas de una existencia singular. Aunque no son ajenas al sentido, estas fórmulas son notablemente magras.

Marcelo Mazzuca, por ejemplo, declara a propósito de uno de sus sueños conclusivos:

Sueño que no podría calificar con Freud de ‘biográfico’, sólo porque allí la biografía se reduce a sus elementos mínimos hasta prácticamente desaparecer. Algo así como unos pedacitos de subjetividad desde donde se construye la historia de vida, una suerte de gesta de lo biográfico (2011: 48).

Como vimos, esta reducción merece el nombre de escritura, puesto que arroja fórmulas fijas cuya inscripción tiene efectos duraderos.

En Lituraterre, Lacan comenta: “la escritura es en lo real abarrancamiento del significado, lo que ha llovido del semblante” (1971/2012: 25), y agrega más adelante: “¿Cómo lo olvidaríamos nosotros, cuando nuestra ciencia solo es operante por un chorreado de letritas y de gráficos combinados?” (p. 26).

Ahora bien, ¿cómo se arriba a esta reducción de lo novelado a lo escrito? ¿Qué mecanismos lo permiten? Nos interesa especialmente analizar los casos en que esto se produce durante el sueño, objeto de nuestra investigación.

Función de la condensación

En Radiofonía, Lacan retoma dos de los mecanismos del sueño, el desplazamiento y la condensación, y los articula de un modo que nos permite pensar que, según él concibe los registros simbólico y real, podría decirse que el primero de estos mecanismos hace pasar lo real a lo simbólico -o permite que lo real se deslice en lo simbólico-, mientras que el segundo posibilita el pasaje de lo simbólico a lo real.

Respecto a la primera dirección, sabemos de las virtudes del inconsciente para elaborar, mediante el desplazamiento, lo real traumático. Los sueños son a menudo un ejemplo muy claro de ese trabajo del inconsciente, y acompañan el análisis a lo largo de todo su recorrido; además, hay que destacar que el sueño se vuelve especialmente productivo cuando nos enfrentamos a duelos y acontecimientos traumáticos. Allí se muestra en todo su esplendor la capacidad del inconsciente para elaborar lo real por la vía simbólica.

Pero aquí queremos enfatizar la otra operación, la del pasaje de lo simbólico a lo real cuando ya la libido analizante está agotándose y el clima transferencial reclama algún principio de conclusión. Para cerrar el recorrido de la cura, donde el trabajo simbólico y las iluminaciones de la verdad han abundado, se vuelve necesario cercar lo real, vislumbrarlo al menos, e inscribir ese borde.

La lectura que realizamos se basa en dos afirmaciones, un tanto encriptadas, sobre las que operamos una lectura posible. Una de ellas, parte de una comparación entre el desplazamiento y la condensación, donde Lacan expresa: “Muy otro es el efecto de la condensación, en tanto que parte de la represión y hace el retorno de lo imposible, a concebir como el límite desde donde se instaura por lo simbólico la categoría de lo real” (2012: 439). De allí extraemos que lo real, aunque imposible, toma existencia en esa zona de borde entre real y simbólico que es la condensación.

La otra afirmación, reza: “me desplazo con el desplazamiento de lo real en lo simbólico, y me condenso para dar peso a mis símbolos en lo real, como conviene al seguir al inconsciente en sus huellas” (p. 443). La utilización de la primera persona en esta frase -que entendemos por su contexto como pieza de una justificación de su enseñanza, ya que Lacan venía explicando su uso de la metáfora y la metonimia, la condensación y el desplazamiento-, no debe impedirnos extraer las afirmaciones allí contenidas. En la misma línea que la frase anterior, Lacan sostiene que la condensación otorga al símbolo cierto peso en lo real.

Insistimos en que es prudente pensar ese pasaje a lo real -sea que se produzca en el sueño o fuera de él- como un pasaje más precisamente al límite entre lo simbólico y lo real, lo cual es de todas maneras un esfuerzo enorme en el análisis, y que acarrea fuertes efectos, pues señaliza ese borde con una escritura.

Estas afirmaciones de Radiofonía nos resultan francamente novedosas, especialmente porque implican, creemos, volver a poner en funciones la importancia del sueño, puesto que los términos de metáfora y metonimia, habitualmente usados por Lacan para referirse a las operaciones productoras de sentido, son en esos párrafos sustituidos por los clásicos condensación y desplazamiento, más ligados a lo onírico desde su surgimiento en Die Traumdeutung.

Cabe recordar que esta elaboración lacaniana sobre la condensación germina en el marco de su trabajo con la noción de letra, lalangue y la función de lo escrito. Son avances en la dirección de una conceptualización del significante que no lo reducen a su posibilidad simbólica de combinatoria, sino que radicalizan su función como independiente de todo significado y su valor real de signo.

Los sueños que venimos tratando, muestran de forma muy clara unos productos de condensación (down, rit - no sé- zero honte, eyes dolorosos) que no valen tanto por su apertura a significaciones nuevas como por su reducción de sentidos biográficos a escrituras mínimas e inventadas. En ellos, el significante, operando en el límite de sus posibilidades, se vuelve signo, esto es, deja de representar a un sujeto para otro significante y pasa a representar algo para alguien. La razón por la cual esta operatoria introduce modificaciones en la vida cotidiana de los analizantes, vale decir, en la realidad, requiere de algunas precisiones acerca de la relación entre lo escrito y el espacio

El sueño como espacio de escritura

A partir de su topología, de su cuestionamiento de la realidad material freudiana y basándose en las nociones de letra y escrito, Lacan fue elaborando una noción de espacio que rompe con las categorías intuitivas. “La topología - se pregunta en L’étourdit-, ¿no es ese noespacio adonde nos lleva el discurso matemático y que requiere revisión de la estética de Kant?” (1973/2012: 496). Se trata, para él, de un espacio noespacio, un espacio no definible por la estética a la que estamos habituados, ni por las tres dimensiones a las que tenemos acceso -siendo que la teoría de cuerdas considera más de diez-. El discurso matemático, con su manejo de lo real del número, introduce otro espacio.

Creemos que el estudio de los sueños y sus efectos requiere volver sobre esta idea de espacio, en tanto no reductible a una instancia psíquica freudiana, ni a un espacio de la realidad. Para ello, encontramos en Lacan numerosas indicaciones. Refiriéndose a sus tres redondeles de cuerda, por ejemplo, señala: “les hago observar que esto parte -esta noción- de otra manera de operar con el espacio, con el espacio que habitamos realmente… si el inconsciente existe […], nuestro espacio habitado como seres hablantes” (1973-1974, inédito, clase del 13/11/73). Esta revisión de la noción freudiana de realidad, con importantes antecedentes en el Seminario 2 (1954-1955/ 2008), surgía muy a menudo cuando lo que se estaba considerando era el fenómeno del sueño[9].

En el seminario 21 (1973-1974), Lacan señala que Freud dejó planteada esta cuestión de la realidad del sueño al final de Die Traumdeutung, en el contexto de una interrogación acerca de la responsabilidad moral por los propios sueños. Allí, Freud escribió: “Yo no sé si a los deseos inconscientes hay que reconocerles realidad […] es preciso aclarar que la realidad psíquica es una forma particular de existencia que no debe confundirse con la realidad material” (1900/2001: 607). Allí Freud se enreda, vacila, dice Lacan, por aferrarse a la realidad material. Y de hecho, podemos ver en las notas del editor, que Freud fue modificando esos párrafos en distintas ediciones: en 1909, por ejemplo, había escrito “es preciso recordar sin duda que también la realidad psíquica tiene más de una forma de existencia” (p. 607, n. 11). En otro momento, introdujo una modificación para sustituir la palabra fáctica, por material, en un movimiento de idas y venidas que da cuenta de lo osado de una formulación que no termina de abrirse paso. La pregunta, según Lacan, sería: “[esa] realidad que él califica de psíquica: ¿qué puede tener que ver con lo real?” (1973-1974, clase del 13/11/73).

Vemos que la cuestión, entonces, gira en torno a ciertos espacios y al orden de realidad, o de relación con lo real, que puede concedérseles, y nos interesa especialmente para pensar la escena del sueño, no sólo imaginaria, sino eminentemente textual.

Basándose en la topología que Laca enfatiza en L’étourdit, Patricia Polari afirma que la dimensión del escrito puede ser considerada un nuevo espacio:

…un espacio harto diferente caracterizado por el crecimiento hacia el interior y la autosimilitud. Es el emplazamiento propio de los fragmentos del sueño, por ejemplo: porque ellos reproducen una concatenación significante que avanza de lo más complejo a lo más simple o literal; desde la forma de encadenarse de múltiples recortes desparejos a uno solo, y finalmente a la letra, vestigio depurado de la causa del deseo. De punta a punta, el nuevo espacio es antagonista del partes-extra partes de la extensión kantiana, espacio de la estética trascendental que prolifera por el contrario “hacia afuera” y supone partes distintas que se definen por no ocupar jamás el mismo sitio (2013: 116-117).

La escritura del nudo -pero también podemos decir la escritura, a secas- resignifica la noción del espacio que habitamos como seres hablantes. El sueño, como espacio de escritura por excelencia, nos acerca entonces a esa realidad que habitamos si existe el inconsciente. Estas coordenadas nos permiten afirmar que el sueño puede, a veces, ser la sede de un acto.

Considerar a la escena del sueño como un espacio, tal vez no nos resulte extraño -tiene sus antecedentes en Freud-, pero conceder a esa escena la participación de los tres registros, va en contra del carácter eminentemente simbólico-imaginario generalmente proclamado para el sueño. No obstante, como venimos mostrando, el aspecto de escritura que se produce a veces en y por el sueño, lo hace merecedor de que se le conceda un estatuto espacial también simbólico-real, en el cual, en algunas oportunidades, el acto se precipita.

Sueño y acto o el acto onírico

La clínica muestra que hay sueños cuyos efectos no esperan a la interpretación analítica, sino que se producen en el instante mismo del despertar. Como venimos reseñando en trabajos previos, esta constatación ha sido comentada por varios analistas. Cabe, al respecto, citar las palabras de Fabián Naparstek acerca de un despertar “que se produce bajo el efecto de lo que ya no es lo que era” (2005: 53); y que Frida Nemirovsky (2004) tuvo el acierto de señalar, enfatizando un rasgo de ese tipo de despertar: la ausencia de angustia.

Creemos que este rasgo es central para sopesar la lógica de los sueños que venimos mencionando; en ellos, la angustia ha funcionado como motor y ha empujado al trabajo soñante hasta el límite donde algo puede resolverse por una escritura que implica, además, un paso, un franqueamiento[10]. Como lo describe Gasbarro y puede suponerse también en Naparstek, el soñante se va a dormir angustiado, pero despierta aliviado; y esto no sucede por la realización imaginaria de algún anhelo en el sueño, ni por el trenzado de sentidos que habitualmente vienen a adormecer lo alarmante -estas formas del sueño son mucho más conocidas-, sino por un efecto de escritura que agujerea todo sentido y esgrime lo real del símbolo, sirviendo para demarcar el lugar donde se aloja un real indomeñable.

Conviene detenerse en este rasgo esencial: son sueños motorizados por la angustia, que además producen una operación que la resuelve, y que introducen un antes y un después. Son todas características que conocemos por la noción lacaniana de acto.

Puede apreciarse que la angustia del día previo, que refiere Gasbarro, y el malestar, que menciona Kalfus, durante el episodio de anorexia, preparan y gestan las condiciones y el deseo para la realización de un acto que, por la vía onírica, modifica al sujeto, lo hace emerger transformado. Lo que Kalfus nombra como “diagnóstico” es también un modo de lo escrito que le es puesto entre manos por su trabajo soñante, así como Gasbarro obtiene a partir de la pizarra de su sueño una escritura que resuelve su angustia. Rabinovich, por su parte, da cuenta de la angustia a lo largo de todo su testimonio, y se nota en su relato cómo el sueño del rinoceronte viene a resolver su desborde.

El acto -dice Lacan en una formulación mínima- es “un decir a partir del cual el sujeto cambia” (1969/2012: 395). No hay acto sin repetición significante, pero en el acto, el significante, al repetirse, difiere, llegando a estar lo más cerca posible de significarse a sí mismo (Lacan, 1966-1967).

Gabriel Lombardi ha destacado las cualidades del acto por su relación con las autoaplicaciones del símbolo. Tomando como modelo la operación cantoriana de diagonalización, explica:

Llamamos entonces efecto de acto a esa diagonalización, ese abrupto lógico mediante el cual el símbolo incita y logra la respuesta del ser capaz de elección en tanto tal: cuando éste “quiere decir” sí (o no) a lo que, en el intersticio de la falla lógica del símbolo, se le ofrece como deseo del Otro (Lombardi, 2008: 219).

“El efecto de acto es concebido como saldo de una simbolización correcta”, escribe también Lombardi (2008: 218). Lo correcto es, en este contexto, considerado por su relación con lo ético: una simbolización es correcta cuando aloja la “insondable decisión del ser”, cuando imprime una rajadura en la repetición automática motorizada por el significante y permite decir sí o no al deseo del Otro. Lacan (1973-1974) también usa el término “correcta” para referirse a cierta escritura: “hay que ceder a ese engaño (duperie) de una escritura en tanto ella es correcta”, decía el 8 de enero de 1975, en su seminario.

Por otra parte, así como el síntoma muestra la cara inútil de la repetición, el acto, en cambio, entraña otro modo de la misma: una repetición que ocurre como por casualidad y que viene a afirmar un estado de cosas que ella misma instaura. Nótese que estas consideraciones se articulan con la idea de un espacio caracterizado por la autosimilitud, que citamos previamente.

En los sueños referidos, puede verse que una simbolización, digna de llamarse escritura, produce un efecto de destitución subjetiva que elimina momentáneamente la división, instaurando al objeto como mejor encarnadura del ser –mejor que aquella que la neurosis ofrecía con su lógica del sujeto siempre dividido-. En los sueños de Cecilia Gasbarro y Débora Rabonivich encontramos la mirada puesta en primer plano, en la forma de ojos (eyes) dolorosos y vergüenza (honte), respectivamente. En el sueño de Paula Kalfus, la niña down está sentada sobre el inodoro, lugar de depósito -caída, down- por excelencia para el objeto anal.

Por otra parte, cabe una consideración adicional, respecto a la relación entre síntoma y acto que también es indicadora de lo que ocurre en estos sueños:

Si el síntoma adquiere en el análisis un valor subversivo respecto a todo programa -personal, de la familia, de la sociedad, de la civilización- el acto analítico no tiene como fin propio su reducción, sino su producción como “incurable”, como esa parte del ser hablante que no es destituible como sujeto, por no ser para él la exigencia pulsional integralmente sublimable en acto (Lombardi, 2008: 219).

En este sentido, los sueños que mencionamos no sólo realizan un acto mediante una simbolización que parte de lo electivo del ser hablante, sino que además incluyen en dicha escritura una fórmula de lo incurable: lo doloroso de los ojos tristes, lo inconsolable del humor down, la vergüenza no reductible a cero -por nombrar de algún modo un goce que, estrictamente, sólo cada una de ellas conoce en su síntoma-

Conclusiones

El examen de tres sueños bilingües, reportados en testimonios de pase, nos permitió ejemplificar la forma en que a menudo se produce al final del análisis un significante nuevo.

Consideramos que las nociones de traumatismo por forzamiento de una nueva escritura y efecto de agujero, se mostraron propicias para sopesar el estatuto de dichos sueños y su relación con la invención de un nuevo significante. También la expresión lacaniana de garabato agregado al objeto nos parece apuntar en el mismo sentido, puesto que logra expresar la condición de agregado de toda escritura, su relación con el objeto que la sostiene y le da cuerpo, y al cual viene a recubrir.

Hemos acuñado la denominación de fórmula onírica para referirnos a la reducción de la biografía a sus elementos mínimos, cuando ésta ocurre en sueños. Consideramos que dichas fórmulas constituyen una escritura de borde entre simbólico y real, para lo cual las afirmaciones de Lacan en Radiofonía son cruciales, en tanto identifican a la condensación como esa operación de pasaje del significante al signo. Sostenemos que dicho pasaje responde a la lógica del acto y, para comenzar a situar algunas coordenadas al respecto, recurrimos a la noción de escrito, como aquél espacio que habitamos por ser hablantes y por existir el inconsciente.

Por otra parte, consideramos que estas elaboraciones teóricas se muestran propicias para explicar ciertas observaciones fenomenológicas que también apuntan hacia la lógica del acto, como son: a) la gestación de estos sueños en el marco de una angustia que ellos vienen a resolver y, b) el despertar que estos sueños provocan, que viene a instaurar una discontinuidad irreversible, ubicable como un decir a partir del cual el sujeto cambia.

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Notas

1 Beca doctoral tipo A de la Universidad Nacional de La Plata, otorgada por la Secretaría de Ciencia y Técnica (UNLP). Período 2015-2018. Resolución 478/15.
2 Para un examen detallado de estos nuevos desarrollos, recomendamos la lectura de: Alderete de Weskam (2006), Ávola, L., Cucagna, A. & Yacoi, A. (2012), Brousse (1997), Cottet (2000), Nemirovsky (2004), Nepomiachi (1999), Mazzuca (2012), Yacoi (2002).
3 Nótese que para referirse a este traumatismo, ocurrido por forzamiento de una nueva escritura, Lacan no utiliza el neologismo que había forjado dos años antes: el troumatisme, referido al agujero, trou, de la falta de relación sexual, que cada ser hablante colmará con un truco, con una invención (Lacan, 1973-1974). Si en esta ocasión Lacan no retoma aquél neologismo, creemos que es porque no está haciendo referencia exactamente al traumatismo del agujero en el sentido, sino al provocado por el surgimiento de una nueva escritura, que venga a marcar el lugar de ese agujero. Si bien ambos traumatismos están emparentados, consideramos que al conservar la diferencia entre uno y otro, se destaca mejor el valor del llamado forzamiento de una nueva escritura
4 Creemos que estos testimonios, abiertamente públicos, merecen un agradecimiento de parte de quienes investigamos los efectos del psicoanálisis y no queremos recurrir a hechos relatados en la intimidad de la transferencia. El psicoanálisis no podría, sin quienes testimonian, dar cuenta de ejemplos tan singulares y que contengan tan alto grado de novedad e invención.
5 Todas las cursivas de las citas que referimos en este artículo pertenecen a los textos originales.
6 Estas ideas, que no podemos desarrollar extensamente en este artículo, intentan dialogar con al menos dos planteos que consideramos cruciales: el sueño como interpretación en el contexto del pase (Brousse, 1997) y los sueños con índice de real que producen una fuerte convicción (Yacoi, 2002, 2012). Creemos que esta precisión de Lacan acerca del efecto de agujero en la interpretación y la poesía, es un aporte central para pensar ambas cuestiones.
7 “El sentido es un pequeño garabato agregado a este objeto a con el que cada uno de ustedes tiene su ligazón particular”, decía Lacan en su seminario el 6 de enero de 1972
8 En este punto, cabe aclarar que lo que llamamos fórmula onírica no se distingue en nada de las fórmulas construidas en los análisis por otras vías, sin participación del sueño. Si nos abocamos únicamente al análisis de las primeras es porque nuestra investigación toma como objeto al sueño y sus características en los análisis avanzados.
9 Especialmente valioso nos resulta el siguiente pasaje, perteneciente justamente a una de las clases consagradas al sueño de la inyección de Irma: “Aquí interviene la relación simbólica. El poder de nombrar los objetos estructura la percepción misma. El percipi del hombre no puede sostenerse sino en el interior de una zona de nominación. Mediante la nominación el hombre hace que los objetos subsistan en una cierta consistencia. Si sólo estuviesen en una relación narcisística con el sujeto, los objetos no serían percibidos nunca más que en forma instantánea” (Lacan, 1954-1955: 257). Allí se otorga una importancia capital a lo simbólico, como estructurante de la realidad; hoy, vía el nudo borromeo, podemos considerar la función de los tres registros en su estructuración.
10 El sueño de la inyección de Irma es aquí el paradigma. Lacan enfatizó su carácter de paso, de sueño inaugural, en las clases del 9 y 16 de marzo de 1957 de su Seminario 2. A partir de allí, ha sido un sueño muy trabajado. También antes de la lectura de Lacan, numerosos analistas habían escrito sobre dicho sueño, desde perspectivas muy diversas. Milton Kramer (2000) realizó una compilación y revisión crítica de las múltiples lecturas de autores post-freudianos en un artículo titulado Does dream interpretation have any limits? An evaluation of interpretations of the dream of "Irma's Injection".
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