Psicoanálisis
APORTES DE LA COMPULSIÓN DE DESTINO A LA SEGUNDA TÓPICA FREUDIANA
CONTRIBUTIONS OF THE COMPULSION OF FATE TO THE SECOND FREUDIAN TOPIC
APORTES DE LA COMPULSIÓN DE DESTINO A LA SEGUNDA TÓPICA FREUDIANA
Anuario de Investigaciones, vol. XXIV, pp. 143-148, 2017
Universidad de Buenos Aires
Recepción: 18 Mayo 2017
Aprobación: 04 Octubre 2017
Resumen: El siguiente artículo se inscribe en el Proyecto de Investigación UBACyT: “Operadores conceptuales de la segunda tópica freudiana: alcances y límites”. Programación científica 2014-2017. La formulación de Más allá del principio del placer constituye un punto de inflexión que permite recortar una satisfacción pulsional más allá del principio de placer. Sin embargo, será la formulación de la segunda tópica la que permitirá fundamentar el núcleo en el que se sustenta el nuevo principio, recortar nuevos fenómenos, precisar observaciones previas y producir un reordenamiento del campo clínico. En este contexto, la indagación de la “compulsión de repetición”, en particular la “compulsión de destino” introduce ciertas anticipaciones que luego se constituyen como aportes consecuentes con la formulación de la segunda tópica. Dichos aportes posibilitan esclarecer distintos desarrollos de la nueva tópica, y llevan a incluir y resignificar, dentro del campo de las neurosis, otras formas del padecimiento diversas del síntoma.
Palabras clave: Compulsión, Destino , Tópica , Superyó.
Abstract: The following article is part of the UBACyT Research Project: “Conceptual Operators of the Second Freudian Topic: Scope and Limits”. Scientific programming 2014-2017. The formulation of Beyond the pleasure principle constitutes a point of inflection that allows to cut a drive satisfaction beyond the pleasure principle. However, it will be the formulation of the second topic that will allow to base the nucleus on which the new principle is based, to cut new phenomena, to specify previous observations and to produce a reorganization of the clinical field. In this context, the investigation of the “repetition compulsion”, in particular the “compulsion of destiny” introduces certain anticipations that are then constituted as contributions consistent with the formulation of the second topic. These contributions make it possible to clarify different developments in the new topic, and lead to the inclusion and resignification, within the field of neuroses, of other forms of the various conditions of the symptom.
Keywords: Compulsion , Destiny , Topic , Superego.
El presente artículo se inscribe en el marco de nuestra investigación: “Operadores conceptuales de la segunda tópica freudiana: alcances y límites” y retoma cuestiones relativas al campo de investigación que venimos indagando en relación con diversos aspectos y problemáticas atinentes a la clínica de la segunda tópica, temática que iniciamos con nuestra investigación previa: “La clínica de la segunda tópica freudiana”, Programación científica 2011-2014. Director: David Laznik.
Consideramos entre nuestras hipótesis de lectura que la formulación del Más allá del principio del placer constituye un punto de inflexión que permite recortar una satisfacción pulsional más allá del principio de placer y en articulación con la nueva acepción que cobra “lo no ligado” posibilita poner en serie fenómenos caracterizados por el fracaso de la ligadura al campo de las representaciones. Sostenemos sin embargo que es la formulación de la segunda tópica y los nuevos operadores conceptuales los que permitirán fundamentar el núcleo en el que se sustenta el más allá del principio de placer y particularizar, respecto de ese campo, diferentes aristas. Será a partir de las nuevas instancias delimitadas y su relación con el masoquismo erógeno primario que Freud podrá recortar nuevos fenómenos e incluso renombrar y precisar observaciones previas relativas a su praxis y en consecuencia producir un nuevo reordenamiento del campo clínico.
En esta ocasión nos centraremos en precisar ciertas anticipaciones y límites que surgen en 1920 de la indagación freudiana de diferentes aristas de la “compulsión de repetición”, en particular la “compulsión de destino”. Dicha compulsión de destino introduce ciertas anticipaciones que luego se constituyen como aportes consecuentes con la formulación de la segunda tópica. Se trata de aportes que posibilitan esclarecer distintos desarrollos de la nueva tópica, y llevan a incluir y resignificar, dentro del campo de las neurosis, otras formas del padecimiento diversas del síntoma.
En 1920 luego de examinar las particularidades de los sueños de las neurosis traumáticas y dos variantes tempranas del juego infantil, el fort – da y el juego de hacerse desaparecer en el espejo, Freud señala que:
“El hecho nuevo y asombroso es que la compulsión de repetición devuelve también vivencias pasadas que no contienen posibilidad alguna de placer y que tampoco en aquel momento pudieron ser satisfacciones ni siquiera de las mociones pulsionales reprimidas desde entonces”.
Para ejemplificar la acción de esta compulsión de repetición Freud aborda la repetición de los neuróticos en transferencia, afirma: repiten en transferencia ocasiones indeseadas y situaciones afectivas dolorosas reanimándolas con gran habilidad.
Sin embargo la descripción que Freud realiza respecto de las “situaciones indeseadas”[1] -que se escenifican en la cura a través de la actualización de las demandas en la relación con el analista-, remite a la frustración y al displacer producidos por la renuncia a la satisfacción de los deseos edípicos.
Freud concluye: “La búsqueda de esa satisfacción sólo podía producir displacer. La experiencia se hizo en vano. Se la repite a pesar de todo: una compulsión esfuerza a ello”.
En ese mismo texto y en relación con las cuestiones que se repiten en transferencia Freud se detiene a examinar una dimensión particular de la repetición: utiliza para ello el término “compulsión de destino”, bajo este término agrupa y diferencia dos tipos de repetición relativas “a la vida de personas no neuróticas”:
Diferencia aquellos casos
a. En los que detrás de un supuesto destino fatal que las persigue se puede ubicar la implicación del sujeto, es decir -en términos freudianos- una conducta activa, de otros,
b. en los que la persona parece vivenciar pasivamente algo sustraído a su poder, -es decir sin que podamos situar su participación- y vivencia una y otra vez la repetición del mismo destino fatal.
Puntualizaremos brevemente dos cuestiones relativas a este segundo grupo de casos ya que en esta ocasión nuestro interés se centra en cuestiones relativas al primer grupo de fenómenos, es decir a lo que Freud nombra como un “destino autoinducido”.
Los ejemplos del caso B: recortan la situación de una mujer que enviuda tres veces y que en cada ocasión debe cuidar a su marido enfermo; y la referencia literaria sobre la Jerusalén liberada, epopeya romántica, en la que el héroe, Tancredo, dio muerte sin saberlo a su amada Clorinda cuando ella lo desafió revestida con la armadura de un caballero enemigo. Ya sepultada, Tancredo se interna en un ominoso bosque encantado, que aterroriza al ejército de los cruzados. Ahí hiende un alto árbol con su espada, pero de la herida del árbol mana sangre, y la voz de Clorinda, cuya alma estaba aprisionada en él, le reprocha que haya vuelto a herir a la amada. En cita al pie Freud remite a observaciones de Jung al respecto y concluye que “eso que podría llamarse “compulsión de destino” nos parece en gran parte explicable por la ponderación ajustada a la ratio” y que por lo tanto no se siente la necesidad de postular un nuevo y misterioso motivo.
Volvamos a los ejemplos que cita del caso A, se trata de en este grupo, de personas que se encuentran una y otra vez frente a: *la ingratitud de los protegidos, o * la traición de los amigos, o * la decepción respecto de personas que han sido primeramente encumbradas, o *a idénticos pasos e idéntico final en las relaciones amorosas.[2]
Freud sitúa que el psicoanálisis considera que, en la reiteración de esas situaciones que llevan a un desenlace indeseado, hay en juego una conducta activa.
Y plantea que podemos descubrir cuál es “el rasgo de carácter” que permanece igual en esas personas y que se exterioriza forzosamente en la repetición de idénticas vivencias. Concluye que se trata, en estos casos, de un destino autoinducido y determinado por influjos de la temprana infancia.
Sin embargo Freud caracteriza estos fenómenos como presentes en la vida de “personas no neuróticas”
¿Qué alcance tiene aquí el término neurosis? ¿Qué concepción del padecimiento se pone en juego en ese momento de la teorización freudiana? ¿Por qué Freud deja por fuera del campo de la praxis analítica estos fenómenos?
Freud afirma que las observaciones relativas a la conducta durante la transferencia y al destino fatal de los seres humanos “osaremos” suponer que en la vida anímica existe realmente una compulsión de repetición que se instaura más allá del principio del placer. Concluye nos inclinaríamos a referir a ella los sueños de las neurosis traumática y la impulsión al juego en el niño… extraña conclusión …dado que Freud logra conceptualizar el núcleo duro que se juega en la compulsión de repetición al resaltar que se trata de una repetición que no aporta placer para ninguno de los dos sistemas, pero, sin embargo, los ejemplos que describe respecto de la repetición en transferencia no dan cuenta de ese núcleo, el cuál, en rigor, no remite a la actualización de una demanda si no a la actualidad que en transferencia cobra lo traumático en tanto lo no pasible de inscribirse en la memoria.
En este caso particular Freud anticipa teóricamente una formulación que sin embargo no logra asir aún en el campo de su praxis; consideramos que el modo en que concibe la posición del analista en la transferencia es una de las cuestiones que obstaculiza sus teorizaciones. De hecho logra ubicar claramente el más allá del principio del placer en los sueños de la neurosis traumáticas así como también se esboza en nota al pie con el juego de “hacerse desaparecer en el espejo”.[3] Es decir lo puede cernir más claramente en referentes que no lo involucran respecto de la transferencia.
De hecho agrega:
“El caso menos dubitable es quizás el de los sueños traumáticos; pero tras una reflexión más detenida es preciso confesar que tampoco en los otros ejemplos los motivos que nos resultan familiares abarcan íntegramente la constelación de los hechos.
Lo que resta es bastante para justificar la hipótesis de la compulsión de repetición, y esta nos aparece como más originaria, más elemental, más pulsional que el principio de placer que ella destrona. Ahora bien, si en lo anímico existe una tal compulsión de repetición, nos gustaría saber algo sobre la función que le corresponde, las condiciones bajo las cuales puede aflorar y la relación que guarda con el principio de placer, al que hasta hoy, en verdad, habíamos atribuido el imperio sobre el decurso de los procesos de excitación en la vida anímica”.
Esa compulsión de repetición recién podrá ser fundamentada a partir de la existencia de un masoquismo erógeno primario y podrá ser repensada a partir de la formulación de la segunda tópica y los desarrollos posteriores sobre el trauma. Los fenómenos que Freud aborda en el marco de la segunda tópica permitirán situar con mayor rigor la acción de la compulsión de repetición más allá del principio del placer y las formas y obstáculos que la misma pone en juego en la transferencia. Sin embargo restará aún como obstáculo el modo en que Freud concibe la posición del analista en la transferencia.
Hemos desarrollado la problemática relacionada con el alcance que cobra lo traumático, su incidencia en la transferencia y la posición del analista en la dirección de la cura en trabajos precedentes:[4]
Nos detendremos en esta ocasión a examinar cuestiones relativas al “destino inducido”
Respecto de los fenómenos referidos a un “destino inducido” Freud advierte una satisfacción que luego nominará masoquista que se repite a través de una vía diferente a la de las formaciones del inconsciente. Una modalidad que por otra parte, desde nuestro punto de vista, es posible de ser situada en muchas de las demandas de análisis actuales. Esta modalidad de repetición, al no presentarse por la vía del síntoma, abre otro tipo de preguntas y problemas. En este contexto la expresión: “personas no neuróticas” remite a una modalidad del padecimiento que no se presenta por la vía del síntoma, de hecho Freud agrega: La compulsión que así se exterioriza no es diferente de la compulsión de repetición de los neuróticos, a pesar de que tales personas nunca han presentado los signos de un conflicto neurótico tramitado mediante la formación de síntoma.
Freud ha producido un punto crucial de viraje al formular la existencia de un Más allá pero sin embargo no puede aún extraer las consecuencias centrales de esta formulación debido fundamentalmente a no haber aún cambiado de supuesto respecto del sadismo primario pero también estar constreñido a los límites que impone la primera tópica, es decir un aparato psíquico construido de manera acorde con la lógica del deseo y el principio del placer que va de la mano con una concepción de la neurosis y de la neurosis de transferencia concomitante con la formación de síntomas como testimonio de un conflicto psíquico.
La figura de un “destino indeseado autoinducido” anticipa y permite interrogar y recortar otros modos del padecimiento que no se ordenan respecto de la lógica del principio del placer, es decir no se trata de un conflicto entre el deseo y el ideal si no de una dimensión del padecimiento que atañe a otras aristas del estructura psíquica. Estas cuestiones nos conducen a la pregunta por el estatuto del padecimiento en modalidades dentro del campo de las neurosis diversas de las “neurosis de transferencia o psiconeurosis”, es decir casos en los que más bien se trata de la predominancia de un escenario que muy tempranamente ha mostrado un punto de fracaso respecto de poder configurase en relación con el marco que brinda el principio del placer acorde con la primacía del deseo y el sentido.
Ya en 1916 En 1916, en Algunos tipos de carácter dilucidados por la labor analítica Freud señala que en el tratamiento psicoanalítico de un neurótico, el interés del analista “en modo alguno se dirige en primer término al carácter de este. Mucho más le interesa averiguar el significado de sus síntomas, las mociones pulsionales que se ocultan tras ellos y que por su intermedio se satisfacen, y las estaciones del secreto camino que ha llevado de aquellos deseos pulsionales a estos síntomas. Pero la técnica que le es forzoso obedecer lo obliga pronto a dirigir su apetito de saber primeramente a otros objetos. De esta manera, nota que su investigación es puesta en peligro por resistencias que el enfermo le opone, y le está permitido imputar tales (Freud, 1916).
Al inicio del texto Freud establece una distinción. Por un lado, ubica el síntoma -con sus significados y satisfacciones-, y por otro, “actitudes” del enfermo que, en tanto sirven a la resistencia, reclaman algún interés. No va de suyo que alguien se interrogue por la modalidad de satisfacción pulsional. En general el interés del yo es diverso. Dice Freud: “se nos impone la presencia de un motivo egoísta del yo, un motivo que aspira a su defensa y su provecho; tal vez no puede crear por sí solo la enfermedad, pero la aprueba y la conserva una vez que se ha producido” (Freud, 1916). Y en ese “aferrarse a la enfermedad”, Freud distingue un beneficio: “arrogarse privilegios”, “reclamar resarcimiento”, “proclamarse una excepción”. De modo que se eclipsa el lugar del sujeto en donde podrían abrirse preguntas. En los últimos dos capítulos del texto “Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo analítico” (Freud, 1916), se ubica el nexo entre «carácter» y complejo de Edipo, lo que conduce a interrogar “este oscuro sentimiento de culpa en tanto reacción frente a los dos grandes propósitos delictivos, el de matar al padre y el de tener comercio sexual con la madre”.
En este mismo texto, Freud cita tres tipos de carácter: las “excepciones”, los que fracasan al triunfar, y aquellos que delinquen por conciencia de culpa.
En el primer caso, ubica sujetos que se consideran castigados y maltratados por la vida, y en ello hallan una ganancia de placer. Dice Freud: “Su neurosis se anudaba a una vivencia o a un sufrimiento que los había afectado en la primera infancia de los que se sabían inocentes y pudieron estimar como un injusto perjuicio inferido a su persona. Los privilegios que ellos se arrogaron por esa injusticia, y la rebeldía que de ahí resultó, habían contribuido no poco a agudizar los conflictos que más tarde llevaron al estallido de la neurosis” (Freud, 1916).
Con el segundo grupo de casos, los que fracasan al triunfar, Freud ubica que “son poderes de la conciencia moral los que prohíben a la persona extraer de ese feliz cambio objetivo el provecho largamente esperado” y “que las fuerzas de la conciencia moral que llevan a contraer la enfermedad por el triunfo, y no, como es lo corriente, por la frustración, se entraman de manera íntima con el complejo de Edipo, la relación con el padre y con la madre, como quizá lo hace nuestra conciencia de culpa en general” (Freud, 1916).
Interesa resaltar esta última frase ya que la misma permite ubicar que en 1916 Freud sitúa manifestaciones clínicas que explica desde las fantasías incestuosas y parricidas, a las que le adjudica un oscuro sentimiento de culpa, subyacente a cualquier trama o argumento edípico posible.
Por último, el tercer tipo de carácter presentado por Freud es el de ciertos casos donde la conciencia de culpa preexiste al delito; es decir, que la culpa no proviene de la falta, sino a la inversa, la falta proviene de la conciencia de culpa. De aquí el nombre freudiano: “delincuentes por conciencia de culpa”; donde se intenta dar argumentos a aquella culpa más primitiva. Entonces, Freud propone que este sentimiento de culpa brota del complejo de Edipo, y que “es una reacción frente a los dos grandes propósitos delictivos, el de matar al padre y el de tener comercio sexual con la madre” (Freud, 1916).
Consideramos que las observaciones sobre “algunos tipos de carácter” así como también las figuras que Freud examina en relación a un destino inducido, introducen formas del padecimiento diversas del síntoma que podrán ser abordadas pertinentemente a partir de la formulación de la segunda tópica, en tanto será la postulación del superyó y su relación con el masoquismo lo que permitirán esclarecerlas a la vez que particularizar su relación con la repetición y el lugar que el sujeto le asigna al destino.
A lo largo de sus teorizaciones Freud recurre en diversas ocasiones a interrogar el lugar y el valor que cobra el destino dentro de los padecimientos del sujeto humano.
Las distintas acepciones que Freud le otorga al término destino coinciden con la sistematización propuesta por distintos investigadores respecto de los diferentes significados que cobra este término a partir de la cosmovisión del mundo griego.
Leandro Pinkler[5] señala que en el griego clásico existe un importante grupo de palabras para cubrir la semántica del destino.
La tres más importantes son: moíra, tyché y anánke, Pinkler afirma que donde aparece una no cabe el uso semántica de otra.
Moira se relaciona etimológicamente con su equivalente helenístico heimarméne, pero Moira para el hombre clásico -o de épocas anteriores- significa pura y simplemente “parte”.[6]
La significación de Anánke, suele ser traducida como “necesidad”. Se trata de lo que es de una manera y no puede ser de otra, pero como fundante de todo; de que todo, en cierto sentido, es de una manera y no puede ser de otra. Esta palabra da cuenta de todo lo que no está producido por nuestra voluntad, pero a gran escala, como una voluntad del mundo, de la realidad. No se presenta como una totalidad armónica al ser humano, sino con cierta violencia.
La concepción de Anánke llama a la aceptación, a comprender que ciertos elementos esenciales de la realidad son como son y no pueden ser de otra manera.
La palabra Tyché que es la que se ha tomado como más ejemplar, generalmente, de la idea de destino, pero que es mucho más equivalente a “fortuna”.
Tyche significa más bien la total indeterminación, el hecho de que a cada cual le puede pasar cualquier cosa.
Diversos autores remarcan respecto de las diferencias entre la Weltanschauung moderna y la antigua, que la concepción del destino es seguramente la más significativa.
Nos interesa ubicar lo que la figura del superyó aporta para pensar respecto de la subjetividad moderna y su relación con el destino.
El superyó es el heredero del Complejo de Edipo. Con el sepultamiento del complejo se produce la desexualización de los objetos parentales. Según Freud estos son introyectados y pasan a formar parte del superyó. La libidinización permite neutralizar la pulsión de muerte; por lo tanto con la formación del superyó se resigna la investidura libidinal, y se produce la desmezcla que da por resultado el masoquismo moral.
En este punto Freud introduce la “necesidad de ser castigado por un poder parental” ya que siendo el superyó que castiga al yo un sustituto del poder parental, el masoquismo se constituye como correlato de la necesidad y satisfacción en ese castigo del poder parental.
Posteriormente a la génesis del superyó otras figuras sustituyen a las parentales: se recortan como sus sustitutos la figura de quien predica, educa o funciona como modelo. Y Freud escribe: “La figura última de esta serie que empieza con los progenitores es el oscuro poder del destino, que sólo los menos de nosotros podemos concebir impersonalmente”. La figura que finalmente puede encarnar al superyó para el sujeto sería el destino, que de este modo se configuraría como sustituto del poder parental.
Retomemos los diversos modos en que Freud aborda el destino.
Asi en Dinámica de la transferencia plantea que disposición y azar determinan el destino de un ser humano. Tomando aquí las acepciones de Moira y tiché como lo que inciden el camino que toma cada vida.
En distintos textos aborda en cambio la noción de destino en términos de ananké como sinónimo de leyes de la naturaleza o de “naturaleza no yugulada”, la realidad exterior.
Freud sitúa que el sufrimiento nos amenaza desde tres lados: el cuerpo propio, el mundo exterior y la “furia” de sus fuerzas hiperpotentes y desde los vínculos con otros seres humanos.
Dado que contra lo impersonal nada se puede, el hombre busca “humanizar la naturaleza”. Hace de las fuerzas naturales dioses y le atribuye carácter paterno.
Se habla de destino cruel solo en tanto y en cuanto se le atribuye una pasión a la naturaleza, una voluntad maligna…
Si los dioses crean el destino sus designios se llamarán inescrutables. En la distribución de los destinos subsistirá una vislumbre desasosegante: el desvalimiento y el desconcierto del género humano son irremediables. Mientras más autónoma se vuelve la naturaleza más se repliegan de ella los dioses y entonces se refugian en lo moral, que deviene su genuino dominio.
El hombre tendrá que confesarse su total desvalimiento, su nimiedad dentro de la fábrica del universo.
El refugio en la neurosis como una técnica de vida que promete al menos satisfacciones sustitutivas. La religión consigue ahorrar a muchos seres humanos la neurosis individual.
La intensificación de la conciencia moral cuando lo abruma la desdicha y se castiga con penitencias. Pueblos enteros se han comportado así.
Freud concluye que en general el destino es visto como sustituto de la instancia parental; una tardía proyección del padre.
En este punto, a partir del concepto de masoquismo Freud puede establecer una serie entre el destino y el superyó.
Freud plantea que “para provocar el castigo por parte de esta última subrogación de los progenitores -el destino- el masoquista se ve obligado a hacer cosas inapropiadas, a trabajar en contra de su propio beneficio, destruir las perspectivas que se le abren en el mundo real y, eventualmente, aniquilar su propia existencia real” (Freud, 1924). Por lo tanto el destino vivido como fatal no es otra cosa que un modo de satisfacer la necesidad de castigo. Se configura de esta manera la serie: superyó, padre, modelo, destino.
El neurótico no solo procuraría “activamente” fracasos en su vida que funcionen a la manera de castigos del destino sino que también subjetivaría todo desgraciado encuentro azaroso como este mismo castigo, ya que de este modo se satisface la necesidad de ser castigado - amado por el padre.
La compulsión a la repetición lleva siempre al sujeto al fracaso en la realización del deseo; por lo tanto la repetición sería siempre del fracaso, y sería en esta repetición del fracaso o compulsión del destino, que el sujeto obtiene, vía masoquismo, una satisfacción ligada al castigo del destino.
BIBLIOGRAFÍA
Freud, S. (1916). Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico. En J. Strachey (Comp.). Sigmund Freud. Obras completas. Volumen XIV. Buenos Aires: Amorrortu editores.
Freud, S. (1917 (1916)). 24ª Conferencia: El estado neurótico común. En J. Strachey (Comp.). Sigmund Freud. Obras completas. Volumen XVI. Buenos Aires: Amorrortu editores.
Freud, S. (1920). Más allá del principio de placer. En J. Strachey (Comp.). Sigmund Freud. Obras completas. Volumen XVIII (pp. 1-62). Buenos Aires: Amorrortu editores.
Freud, S. (1923). El yo y el ello. En J. Strachey (Comp.). Sigmund Freud. Obras completas. Volumen XIX (pp. 1-66). Buenos Aires: Amorrortu editores.
Freud, S. (1924). El problema económico del masoquismo. En J. Strachey (Comp.). Sigmund Freud. Obras completas. Volumen XIX (pp. 161-176). Buenos Aires: Amorrortu editores.
Freud, S. (1926). Inhibición, síntoma y angustia. En J. Strachey (Comp.). Sigmund Freud. Obras completas. Volumen XX (pp. 71-164). Buenos Aires: Amorrortu editores.
Freud, S. (1930 (1929)). El malestar en la cultura. En J. Strachey (Comp.). Sigmund Freud. Obras completas. Volumen XXI (pp. 57-140). Buenos Aires: Amorrortu editores
Notas
Pero aunque se trate del ser más racionalista que pisa esta tierra, siempre algo le tocó. Nació en Buenos Aires, en Almagro, y no en Bagdad o en París; es hijo de inmigrantes españoles, y no descendiente de la nobleza rusa o de una favela de Río de Janeiro, etc. Esto es la moira, las circunstancias peculiares de cada existencia. Estas no se entienden como opuestas a la libertad, sino como un hecho concreto de la existencia que hay que afrontar. "Bancate la que te tocó", es la sabiduría de la Moira”.