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AUTOGESTIÓN EN EL TRABAJO Y RESPONSABILIDAD SOCIALEMPRESARIA, EN EL CONTEXTO DE LAS TRANSFORMACIONESDEL ESTADO
Self-management in Work and Corporate Social Responsibility, in the Context of State Transformations
Anuario de Investigaciones, vol. XXIV, pp. 145-157, 2017
Universidad de Buenos Aires

Psicología Social, Política y Comunitaria



Recepción: 19 Mayo 2017

Aprobación: 28 Octubre 2017

Resumen: Se presentan resultados sobre la Cooperativa El Corre Camino, uno de los casos que se estudian en la investigación “Movimientos sociales que resisten la exclusión. Alternativas y dificultades en los procesos de participación y transformación ciudadanas”. Sus objetivos son: identificar estrategias asociativas que establecen las organizaciones que resisten la exclusión, así como explorar y describir los niveles de modelamiento y padecimiento subjetivos. El tipo de estudio es exploratorio descriptivo; el diseño participativo, de casos múltiples; el método la Investigación-Acción-Participativa y las técnicas son cualitativas. Las características de un modelo alternativo de gestión cooperativa de reciclado de residuos urbanos responden a la mutación liberal del Estado de Bienestar, correlativa a la metamorfosis laboral y del empleo en Argentina. El caso presenta una combinación singular de cooperativismo, relaciones con la vecindad y otros actores sociales. Al fracasar la apelación al Estado, recurre a la Responsabilidad Social Empresaria, en un vínculo con empresas tradicionales.

Palabras clave: Cooperativa , Reciclado , Redes , Responsabilidad Social Empresaria.

Abstract: Results are presented on the Cooperativa El Corre Camino, one of the cases studied in the research “Social movements that resist exclusion. Alternatives and difficulties in the processes of citizen participation and transformation”. Its objectives are: to identify associative strategies that establish the organizations that resist the exclusion, as well as to explore and to describe the levels of subjective modeling and suffering. The type of study is descriptive exploratory; participatory, multi-case design; the Research-Action-Participatory method and the techniques are qualitative.The characteristics of an alternative model of cooperative management of urban waste recycling respond to the liberal mutation of the Welfare State, correlative to the metamorphosis of labor and employment in Argentina. The case presents a unique combination of cooperativism, relations with the neighborhood and other social actors. When the appeal to the State fails, it resorts to Corporate Social Responsibility, in a link with traditional companies.

Keywords: Cooperative , Recycling , Networds , Corporate Social Responsability.

Introducción

La cooperativa El Corre Camino de promotores ambientales (excartoneros)[1], orientada al reciclado de residuos sólidos urbanos y a la protección ambiental, inició formalmente sus actividades en 2011 en Villa Crespo y, en 2017, se reubicó transitoriamente en San Cristóbal, dos barrios ubicados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (en adelante mencionada como CABA). Actualmente, está buscando una inserción más estable, ya que el hábitat de esos emprendimientos está siempre sujeto a los restrictivos procesos de habilitación, que los proyectos precarios como este no pueden afrontar de forma estable.

Desde sus inicios, produjo un doble efecto social: la transformación de los cooperativistas en agentes y promotores del reciclado, en oposición a la identidad laboral débil representada por el cartoneo, y una modificación de la disposición del vecindario respecto al compromiso y a la gestión en torno a estos problemas. Desde esta perspectiva, la cooperativa resistió la tendencia natural del Estado a cooptar sus actividades bajo la modalidad tutelar del subsidio, orientando principalmente su estrategia, en un segundo momento, a la conformación de redes de asociatividad que incluyeron a empresas, profesionales, artistas, organizaciones barriales y vecinos. Se trata de una estrategia específica en torno a la responsabilidad civil por el reciclado y, en particular, hacia la Responsabilidad Social Empresaria (RSE), promovida desde la propia cooperativa.

El Corre Camino representa un caso de opciones económicas alternativas a las formas tradicionales, cuyo objetivo compatibiliza la reproducción del capital, la responsabilidad por el medio ambiente, la sostenibilidad, así como el apoyo al desarrollo social de los entornos cooperativos, entre otras, ante un Estado en metamorfosis.

En el contexto actual, conviven leyes ambientalistas con la responsabilidad de la sociedad civil, donde las funciones del Estado apuntan más al control puntual de empresas tercerizadas, que a la centralización político-administrativa. Esta situación podría promover una ciudadanía atenta y un empresariado responsable. En tal marco, el artículo que se presenta discutirá cómo impacta y modela la transformación y/o la reproducción de este modelo estatal, en una cooperativa de reciclado y en sus estrategias en el paradigma de la RSE, en el mejoramiento de las tecnologías y estilos de trabajo, y en el interés por el medio ambiente.

La indagación que se realiza con El Corre Camino forma parte de un estudio de casos que integra la investigación “Movimientos Sociales que Resisten la Exclusión: Alternativas y Dificultades en Procesos de Participación y Transformación Ciudadanas” de la Programación Científica UBACyT 2014-2017[2]. Los objetivos generales de la investigación a la cual pertenece este caso son: identificar las estrategias asociativas que establecen las organizaciones que resisten la exclusión con otros colectivos y con representantes del Estado, así como explorar y describir los niveles de modelamiento y padecimiento subjetivos que tienen lugar en ámbitos caracterizados por la horizontalidad y la cooperación, en contextos de asimetría extrema.

Método

El tipo de estudio es exploratorio-descriptivo; el diseño participativo, con características de apertura y flexibilidad (Montero, 2006); el método y las principales técnicas son cualitativos (Denzin & Lincoln, 1994). En la investigación marco se trabaja con casos múltiples intencionalmente seleccionados, con el fin de analizarlos en profundidad (Archenti, 2007; Bonet, Khoury & Robertazzi, 2007; Stake, 1998), en los que se administra la Investigación Acción Participativa (IAP), generadora de formas de investigación y de acción que se despliegan de acuerdo a las necesidades sentidas y expresadas por los protagonistas de los casos seleccionados. Esta propuesta requiere del diálogo entre quienes investigan y quienes son investigados, partiendo del supuesto de que ambos son sujetos que participan desde su propia cultura, como parte del grupo que forman y los forma, involucrados en el desarrollo de una praxis transformadora con rigor científico, que privilegia la sensibilidad social. Se trata de una práctica orientada por valores democráticos, comprometidos, éticos y políticos, de ahí la importancia del diálogo honesto y de la reflexividad entre ambos colectivos: el académico y el de los pro-tagonistas (Montero, 1994, 2004, 2006; Sirvent, 1999).

En el trabajo de campo se tiene en cuenta la perspectiva de los protagonistas, por lo que se contemplan los puntos de vista de los participantes para direccionar el proceso de investigación en la transformación, pues el estudio no es de tipo academicista, ni de pura teoría, sino que incorpora el conocimiento popular en diálogo con el conocimiento académico para re-direccionar pensamientos, acciones y sentimientos de uno y otro grupo (agentes internos e investigadores).

En este artículo, se privilegia la continuidad del trabajo conjunto con la Cooperativa de Promotores Ambientales El Corre Camino -ex cartoneros-, caso en el que la IAP se puso en marcha en el año 2011, a partir de la necesidad expresada por el presidente de la cooperativa de construir conjuntamente un documento que diera cuenta de los objetivos y alcance del proyecto ambientalista, social y educativo de la cooperativa de trabajo. Esto implicó tanto su formulación como participar en la estrategia de presentación al contexto barrial.

La investigación que está terminando es continuidad de las indagaciones ya realizadas durante Programaciones Científicas anteriores, por eso el equipo superó el momento exploratorio, llegando a completar el proceso de familiarización, primera etapa del método propuesto (Montero, 2006), por lo que se pudo administrar la metodología IAP.

La investigación que se presenta, no sigue la lógica muestra/población, por ello, se utiliza el concepto de participantes para mencionar a los distintos actores sociales del proceso (Montero, 2006): promotores ambientales y recicladores, vecinos, empresas (RSE), agentes del Estado en sus diferentes instancias (decisores y/o ejecutores de políticas públicas), integrantes de movimientos sociales. Todos ellos actores sociales con los que se interactúa para pensar y elaborar estrategias que permitan resolver las necesidades sentidas por los cooperativistas.

Las técnicas son cualitativas y participativas; consisten en estrategias conversacionales y observacionales (como fuentes primarias) y análisis de documentos (como fuentes secundarias). Se administran relatos de vida, entrevistas en profundidad y observaciones etnográficas tan participativas y prolongadas como sea posible, más puntualmente entrevistas semidirigidas, individuales o grupales y análisis de documentos. Las mismas se seleccionan en función de las necesidades del propio proyecto, pero también en función de los requerimientos de los protagonistas y del estado del campo en cada momento.

Las técnicas no están pre-diseñadas, son un producto que se construye y enriquece en el diálogo con las personas que participan de este proceso. Según Arfuch (2010, p. 151),

[…] la especificidad de la entrevista consiste en la posibilidad de ayudar a dar a luz, poner en palabras y en sentido experiencias, saberes, vivencias, sufrimientos […] comprender desde la diferencia irreductible con el otro: que es, por otra parte, una de las maneras de entender la relación ética.

La postura de la citada autora resulta más que afín a los conceptos de episteme de la relación y episteme popular, propuestas por la Psicología Social Latinoamericana, los que exponen con claridad que no es posible conocer por fuera de la relación, a la vez que reivindican la incorporación del saber popular a los conocimientos académicos.

En cuanto al análisis de los datos, al mismo tiempo que se van recolectando, se elaboran los discursos, provenientes de relatos (grabados y transcriptos), de los datos textuales de diarios de campo (registro de observaciones etnográficas), o los que se obtienen de fuentes secundarias (textos comunicativos).

Se procesan mediante análisis de contenido (Bardin, 1986) y análisis crítico del discurso (Iñiguez Rueda, 2003; Maingueneau, 2009; Ricoeur, 1975), tomando en cuenta los enunciados y también la enunciación (Ducrot, 2004), así como el análisis de las prácticas (Chartier, 1996).

La perspectiva de una psicología social, cultural y política, discursiva y crítica, apunta a elucidar el conjunto de prácticas lingüísticas que mantienen y/o promueven transformaciones en las acciones y las relaciones que sostienen los participantes del estudio. Todos los pasos del análisis se procesan junto con los protagonistas de este estudio y se valora, de modo especial, la discusión sistemática evaluadora y la comunicación socializadora del conocimiento producido, propuestas por Gonçalves de Freitas y Montero (Montero, 2006).

Se consideran también los recaudos metodológicos que planteó Auyero (2001) al analizar los trabajos de Wacquant (2001, 2007), especialmente la adecuación del modelo con el fin de dirigir la mirada hacia territorios de relegación en Argentina. Su propuesta consiste en combinar niveles de análisis, atendiendo procesos y relaciones, desde perspectivas psicogenéticas y sociogenéticas (Elías, 2006; Sassen, 2010), con el fin de evitar el individualismo metodológico y el fraccionamiento analítico (De Sousa Santos, 2009). Tal modelo relacional sitúa políticas públicas; discursos oficiales; estructuras y experiencias; economía y Estado, como “objetos empíricos principales” (Auyero, 2001, p.28).

Asimismo, se lleva a cabo la metodología IAP, en función de las necesidades expresadas por los protagonistas del caso aquí presentado, la Cooperativa El Corre Camino, por lo que distintos integrantes del equipo de investigación están incorporados en las actividades actuales que lleva a cabo la cooperativa en estudio, en su interacción con vecinos, empresarios y con agentes del Estado.

Por el momento no se contempla la producción de datos cuantitativos, pues el énfasis está puesto en continuar las actividades de “investigación en la transformación” (Robertazzi, Ferrari, Bazán & Siedl, 2014).

Las necesidades sentidas por El Corre Camino dieron lugar a una serie de actividades conjuntas, tales como: buscar y obtener fuentes de financiamiento, colaborar en la puesta en forma de la misma como persona jurídica, registros contables, etc, entre otros requisitos indispensables. Y además de ampliar la difusión de su proyecto y su perspectiva en torno al reciclado y al trabajo en distintos escenarios sociales y político institucionales.

En el caso particular de El Corre Camino, su interés por la problemática del reciclado y la autogestión como emprendimiento de trabajadores (nos) orienta, en este último tramo del trabajo conjunto, coma a repensar la responsabilidad social empresaria RSE a partir del aporte que la cooperativa hace a un conjunto de empresas, dentro del marco del cumplimiento de la ley de reciclado.

La Cooperativa

La cooperativa El Corre Camino fue seleccionada como uno de los casos, objeto/sujeto para ser estudiado (Denzin & Lincoln, 2012), en función de sus características, a la vez paradigmáticas y paradojales. Por un lado, se constituye como resistente a la exclusión del mundo del trabajo a partir de la actividad del reciclado, por lo que supera en la medida que transforma la visión y la práctica tradicional del cartoneo en el entorno urbano de Buenos Aires. En este mismo intento, promueve una forma de actividad y logra establecer redes, visibilización e impacto sobre su entorno, por el que obtiene una posición ejemplar en comparación a otros actores y estrategias. Por otro lado, sus objetivos y valores le permiten complementarse con un mayor efecto de solidaridad frente a otros grupos sociales e institucionales. A este segundo aspecto, que se ha calificado de paradojal, atiende este artículo que se propone dar cuenta de sus prácticas y efectos en torno a la RSE, por su propia concepción de la función del reciclado y del trabajo.

Tal como más adelante se desarrollará, la RSE puede ser explorada a partir de la problemática de derechos del trabajo (segunda generación) y ambientales (tercera generación), pero su existencia como tal remite a las distintas vulneraciones que originaron la historia de tales derechos.

En el caso de El Corre Camino, la cooperativa interpela a los niveles medios de distintas organizaciones -las posiciones jerárquicas tales como directores de RSE y otros actores sociales como vecinos/profesionales, funcionarios intermedios de la CABA y de la Nación o representantes de las fuerzas vivas del barrio- respecto de la función del reciclado y de las ventajas de convertirse en su interlocutor.

El reciclado se convierte en un potente imaginario que interpela y articula grupos asimétricos, en torno a la RSE.

Desde el conocimiento científico, el imaginario ha sido definido por Marí (1993) como la fuerza que, junto con el discurso del orden, constituyen las piedras angulares del dispositivo del poder. Mientras que en el orden prima la racionalidad, las reglas, las leyes como fuerza-, coma la razón y los mecanismos de obediencia, en el imaginario el poder encuentra su vigencia y su reproducción, en tanto le asigna una propiedad natural o divina. Baczko (1991), por su parte, afirma que el imaginario facilita el ejercicio del poder político; es decir, que el poder simbólico multiplica y refuerza el poder real. El imaginario es un conjunto de ideas/imágenes de los miembros de un grupo social respecto de sí mismos y de sus adversarios, que legitima al poder y construye la identidad de la comunidad; a la vez que justifica el presente, y construye esperanzas y sueños colectivos. En la perspectiva teórica de los autores citados, se conceptualizan prácticas del poder -efectos del imaginario social- en las que circulan un conjunto de representaciones sociales de una época, de una sociedad, de una institución.

El concepto estratégico de economía circular, propio de la ecología industrial, que reemplaza la trilogía de recurso-producto-desecho por la de recurso-producto-reciclado (Pearce & Turner, 1995), se inscribe en un imaginario de época, que sirve como un marco que coloca a la actividad de la cooperativa, de los vecinos y de las empresas en un lugar de colaboración, a la vez que genera fragmentos de identidad y representaciones sociales compartidas. La articulación entre reciclado y la RSE instala dos nuevos protagonismos: la trama social de las empresas y la comunidad como su contexto, por una parte, y, por otra, el vínculo ecológico desde donde toda práctica económica es reexaminada y adquiere un valor que puede denominarse ambiental.

Esta articulación también ha cambiado la concepción misma del trabajo y las mentalidades de quienes lo realizan (Malfé, 1994), en algunos espacios del orden producidos por dicho imaginario, de tal forma que la actividad de reciclado comienza a desplazar la concepción de una relación con la basura que era propia del trabajador informal o de aquel con el estatus más bajo dentro de una sociedad de empleo. De allí que los integrantes de la cooperativa propongan el cambio de designación de “cartoneros” a “promotores ambientales” y de “indigentes” a “contribuyentes”, lo que, por supuesto, no quita a la tarea sus dificultades prácticas, ni omite dificultades propias de la extracción social desfavorecida que comparten; pero aporta a la tarea otro enfoque más resiliente y menos estigmatizante.

Un aspecto singular de la cooperativa que aquí se analiza es su relación con empresas, que la apoyan de diferentes modos. Un primer enfoque en el desarrollo de este artículo, se focaliza en la forma en que la RSE emerge tempranamente, hacia finales de la década del ‘50 y principios del ‘60, así como sus diferentes consecuencias en Estados Unidos y Europa. Luego, se presenta el modo en que se instala en el espacio latinoamericano y, en particular, en Argentina. El encuadre o marco general en que se inscribe esta colaboración es el de la biosustentabilidad. En el caso argentino, confluyen la existencia de leyes medioambientales creadas en las últimas décadas y el horizonte de crisis económica, política y social del 2001, que transformó la estructura formal del empleo y las trayectorias de los trabajadores y las trabajadoras.

El segundo enfoque, propio de la estrategia de gestión de El Corre Camino, se basa en el conocimiento de la ley, que por ello será reseñada aquí. Estos ítems son señalados porque dan cuenta de las formas de asociatividad, de las apelaciones y argumentaciones con las cuales la cooperativa, particularmente a partir de su líder y presidente, se presenta ante sus interlocutores. La parte sustantiva de este escrito da cuenta de dichas estrategias de interpelación, difusión y asociatividad.

La Responsabilidad Social Empresaria y la sustentabilidad ambiental

Las conductas de biosustentabilidad del medio ambiente constituyen una de las dimensiones en las que se expresa la responsabilidad social de las empresas contemporáneas (Server Izquierdo & Villalonga Grañana, 2005). Se entiende por tal el compromiso que mantienen con su entorno físico y social comprendido como ecosistema. Esta concepción relativamente reciente permite abandonar el concepto de contexto para resignificar la idea de ecosistema, en donde no se trata solamente de comprender la interdependencia y los principios de comunicación que rigen en los sistemas, sino también sus procesos de equilibrio y la manera en que las reglas engendran los elementos que aparecen en el mismo.

Por otra parte, la idea de contexto también ha sido reemplazada por la noción de ambiente, al punto que es inseparable la definición de un sistema del entorno en el cual está inmerso. Los sistemas, así concebidos, son sistemas vivos que mantienen su equilibrio en la medida que producen intercambios con el ambiente. Su supervivencia y la calidad de sus procesos están en una relación directa con la forma en que pueden registrar las demandas del ambiente y sus propias necesidades, traduciéndolas e incorporándolas para mantener un equilibrio que siempre será concebido en términos dinámicos.

Es por eso que las sociedades han empezado a exigir a las empresas muchas formas de ser responsables, tales como cumplir con las leyes (tácitas y explícitas), cuidar de sus grupos de interés más cercanos (clientes, trabajadores, proveedores, etc.), cuidar el medio ambiente y desarrollar actividades correctas como parte de la esencia del hombre por ser inherentemente bueno, de acuerdo a cierta visión religiosa de la RSE (Cancino & Morales, 2008).

Breve historia de la Responsabilidad Social en el ámbito internacional

Según Server Izquierdo y Villalonga Grañana (2005, p. 142):

La aparición del término Responsabilidad Social tiene lugar a finales de la década de los ‘50 y principios de los ‘60, aunque es difícil situar su origen exacto. Es en los Estados Unidos donde se comienza a reconocer que las empresas privadas, además de producir bienes y servicios, debían ser responsables de los riesgos sanitarios de sus trabajadores y de la contaminación que generaban.

Hacia fines de la década del ‘60 y principios de los ‘70, son las empresas norteamericanas las que comienzan a dar impulso a la RSE, pues se vieron en la necesidad de dar información acerca de su responsabilidad social a partir de la presión que ejercían los colectivos externos a la propia empresa, especialmente los consumidores. Esta demanda de información acerca del comportamiento empresarial, en el ámbito de la responsabilidad social, se trasladó luego a Europa, aunque con un sesgo propio. En Europa, tal demanda provenía, principalmente, de los colectivos internos de la propia empresa, es decir de sus trabajadores, y por eso los primeros balances sociales estaban más dirigidos a ellos, debido a la fuerte presencia de los grupos sindicales en el mundo empresarial europeo, a diferencia del norteamericano.

En la década de los ‘70, finalmente, se produce el auge del interés por la RSE, que se convierte en un modelo a seguir por todas las empresas. En este doble origen pueden constatarse las necesidades que son representadas por las organizaciones: generación de trabajo y sostenibilidad del contexto social en el que se encuentran inmersas y de los valores que animan al mismo. La empresa es solidaria y responsable, entonces, del entramado social en el que surge, tanto como de los grupos que la integran.

Durante los años ‘80, en Europa, los objetivos de la actividad empresarial viraron, centrándose en valores de orden económico, financiero, productivo y comercial: maximización del beneficio y enriquecimiento rápido. En este período, la preocupación por la RSE pasó a un segundo plano. En los ‘90, resurgió la preocupación por la responsabilidad social y la posibilidad de establecer comparaciones en el desempeño de las diferentes empresas, viendo cuáles eran realmente responsables. En esa década, comenzó a usarse el término sostenibilidad, que incluye tanto conceptos económicos como medioambientales y sociales (Server Izquierdo & Villalonga Grañana, 2005).

La Comisión Europea en 2001, por su parte, publica en el Libro Verde[3] la necesidad de fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas e indica que se trata de un concepto con arreglo al cual las empresas deciden voluntariamente contribuir al logro de una sociedad mejor y un medio ambiente más limpio. Además, en el mismo libro,se aclara que el concepto de Responsabilidad Social Corporativa (o Empresaria) involucra tanto la dimensión interna como la externa. La dimensión interna remite a prácticas socialmente responsables, en primer lugar, dirigidas a los trabajadores (inversión en recursos humanos, salud, seguridad). La dimensión externa propone prácticas respetuosas con el medio ambiente (gestión de los recursos naturales usados en la producción). Se consideran las repercusiones del producto a lo largo de todo su ciclo vital (Server Izquierdo & Villalonga Grañana, 2005). El énfasis está puesto en la idea de integración, por el tipo de calidad de vida que promueve en la comunidad: genera valor o destruye valor.

El protagonismo del medio ambiente en esa etapa hace referencia a la transformación de la percepción tanto de los recursos que origina la producción, como de las consecuencias de la producción y del consumo/pos consumo, los que no son colaterales al ciclo económico de las organizaciones.

Especificidades de la Responsabilidad Social en Latinoamérica y la Situación en Argentina

al como este equipo de investigación ya ha afirmado en otros artículos, la década de los ‘90 representa, en Argentina, la forma en que un modelo societal de matriz estado-céntrica dejó paso a políticas de privatización de los servicios públicos, apertura económica externa y desregulación de los mercados -especialmente el laboral- tendientes a reemplazar formas productivas por formas de valorización financiera. Las consecuencias intersubjetivas en el plano de las identidades fueron críticas, a partir de la progresiva desinstitucionalización de las condiciones de integración igualitaria. La nueva identidad desregularizada de los trabajadores y las trabajadoras requirió de poderosos procesos de control. No fueron menores sus estrategias de resistencia y las transformaciones peculiares que adquirió, en tal contexto, la identidad del ciudadano-consumidor (Ferrari & Logiúdice, 2009, p. 97). Según las autoras, el mundo del trabajo de los ‘90 se caracterizó por:

· Distancia política, por desencantamiento y desasistencia;

· Distancia sindical, por desprestigio y ausencia del sindicato cuando se está por fuera del mundo laboral;

· Distancia de la praxis, porque el trabajo que se consiga y el que se tenga será percibido en términos instrumentales;

· Desvalorización del espacio laboral: por malas condiciones y porque no genera cultura; es de menor calificación que el que se aspira a tener y, por lo tanto, no dignifica;

· Desidentificación con el mundo del trabajo, porque lo que oferta es vulnerabilidad en distintas formas.

No menos cierto es que, en gran parte de la región sudamericana, la década del ‘90 significó el quiebre definitivo de un modelo de sociedad centrado en el Estado. La gestión pública se vio recurrentemente sacudida por profundas y sostenidas crisis que replegaron el ámbito de incumbencia estatal en beneficio del mercado. El sector privado fue ganando espacio, adquiriendo un protagonismo inédito.

En el ámbito local, el avance de lo privado por sobre lo público-estatal transformó la estructura productiva argentina y se fue estableciendo otro modo de relación empresa-sociedad. Sustentado en los procesos de privatización y desregulación, la fuerza que fue adquiriendo el sector empresarial no fue acompañada por un aumento significativo de los controles por parte del Estado. Con ese horizonte, las expectativas sociales en torno a la empresa aumentaron y la sociedad civil comenzó a interpelarlas en distintos sentidos. Ante la innegable fractura del modelo estadocéntrico y la creciente generalidad de estas demandas, fue necesario pensar una nueva relación empresa-sociedad. Es justamente ahí donde el comportamiento socialmente responsable por parte de la empresa adquiere sentido (Sturzenegger, Flores Vidal & Sturzenegger, 2003).

Como ya se señaló más arriba, la RSE incluye una dimensión interna que remite a prácticas socialmente responsables, en primer lugar, hacia los trabajadores y la dimensión externa que propone prácticas respetuosas con el medio ambiente. Es justamente en relación con esta última que la RSE, si bien aún incipiente en la voluntad de las empresas, articula un nuevo pacto social que la Cooperativa El Corre Camino aprovecha por tener un lugar privilegiado, ya que el objetivo de su proyecto es el cuidado del medio ambiente, la sostenibilidad, el ahorro de energías no renovables y de materia prima (tala de árboles y extracción de recursos naturales en general), entre otros.

Podría afirmarse que en el planteo de la RSE está en juego el concepto de movilización de la conciencia, compromiso y responsabilidad. Aunque la responsabilidad social en términos en que el concepto consultado lo plantea solo puede ser asumida por las empresas, las demás partes interesadas, en particular los trabajadores, los consumidores, los inversores y otros actores en juego, pueden desempeñar un papel fundamental, instando a las empresas a adoptar prácticas socialmente responsables. Sustentabilidad, reciclado y biosostenibilidad son los conceptos en torno a los cuales se juega y despliega la trama de El Corre Camino.

Por otra parte, en este breve reexamen de la RSE, es relevante distinguir y avanzar sobre la diferencia entre las demandas sociales a las empresas y las necesidades sociales relativas al desarrollo económico y social de la comunidad en la cual dichas organizaciones se insertan. Las necesidades sociales no siempre alcanzan la forma de demanda y/o financiamiento, aunque sean de una importancia mucho más crucial que las demandas que sí logran visibilidad y que, por lo tanto, son exigibles o exigidas a las empresas. En este sentido, y en muchos casos, sin un exhaustivo análisis de las necesidades sociales en juego, la resolución de las demandas a la RSE aparecen como un procedimiento cosmético orientado a quienes tienen más poder en su protesta, sin un efecto real de transformación que podría mejorar el entorno. En muchos casos, incluso, la única función real de la RSE es buscar la desgravación de impuestos por parte de los estados a cambio de dichas acciones.

La Legislación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en torno al Reciclado

El contexto expuesto en el apartado anterior corresponde a los procesos vividos en la década de los ‘90 y hasta la crisis del año 2001/02 en la Argentina. La configuración cambia fundamentalmente a partir del 2003, en particular en cuanto a la recuperación de las funciones del Estado como protagonista del nuevo período. No obstante, esta presencia es diferente según la jurisdicción del poder que se analice en nuestro país y es mucho menos intensa en su forma de interpelar al contexto empresario. Así, en el año 2002, la CABA sanciona la Ley 992, de higiene urbana, dando inicio a la numerosa legislación vigente que sirve de marco a la tarea del reciclado.

Ley 992

Propone los siguientes objetivos:

1. Concebir una Gestión Integral de los Residuos Urbanos en la CABA, para la recuperación de materiales reciclables y reutilizables, que deje sin efecto el entierro indiscriminado de los residuos en los rellenos sanitarios.

2. Priorizar la asignación de zonas de trabajo, considerando la preexistencia de personas físicas, cooperativas y mutuales.

3. Coordinar y promover con otras jurisdicciones y organismos oficiales, acciones de cooperación mutua, planes y procedimientos conjuntos que optimicen y mejoren la tarea, generando procesos económicos que incluyan a los recuperadores.

4. Diseñar un Plan de Preselección Domiciliaria de Residuos.

5. Implementar una permanente campaña educativa, con la finalidad de concientizar a los habitantes de la CABA sobre el impacto favorable que genera la actividad de recuperación y reciclado en su aspecto ambiental, social y económico; el beneficio que acarrea la separación de residuos en origen y/o previamente a su disposición final, facilitando el trabajo de los recuperadores y contribuyendo a la limpieza de la ciudad y al cuidado del medio ambiente.

Asimismo, la ley señala que la autoridad competente de-be suministrar el equipamiento necesario para equiparar la recolección al sistema de higiene urbana.

Ley 1854, de Basura Cero

En noviembre de 2005, fue sancionada por el gobierno de la CABA. En ella se invita a separar en origen lo que se produce como residuo, lo que se identifica como residuos comunes. Se entiende como concepto de “Basura Cero” el principio de reducción progresiva de la disposición final de los residuos sólidos urbanos, con plazos y metas concretas, por medio de la adopción de un conjunto de medidas orientadas a la reducción en la generación de residuos, la separación selectiva, la recuperación y el reciclado. Las operaciones de gestión integral de residuos sólidos urbanos se deben realizar sin poner en peligro la salud humana y sin utilizar procedimientos ni métodos que puedan perjudicar directa o indirectamente al ambiente y promoviendo la concientización en la población. Propone reducir en un 30% los residuos para el 2010[4], un 50% para el 2012 y un 75% para el 2017. Sin embargo, según el sector ONG (FARN, Avina y Greenpeace) de la Comisión de Asesoramiento Técnico de la Ley[5], los residuos sólidos urbanos siguen siendo una de las problemáticas más graves de la CABA (Duverges, 2014).

Según la directora del Área de Política Ambiental de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), durante los seis primeros años de vigencia de la ley, la intención política de resolver el problema fue casi nula. Si bien durante el 2013 se cumplieron las nuevas metas fijadas -que distan de las propuestas originalmente para el 2012-, aún queda mucho por hacer. No se ha implementado un sistema para medir la cantidad de residuos recuperados y los que podrían serlo. Además, es preocupante que la inversión destinada a los residuos húmedos (no reciclados) sea mucho mayor que la invertida para la recolección y procesamiento de residuos secos urbanos (RSU). Por otra parte, existen pocos Centros Verdes en toda la ciudad, frente a la necesidad de que todas las zonas de la CABA cuenten con un centro propio. Asimismo, las condiciones de seguridad e higienes son deficientes y hay muchos recuperadores urbanos que aún quedan por fuera del sistema. Finalmente, el tratamiento de los residuos húmedos es prácticamente nulo (Duverges, 2014).

De acuerdo con el informe presentado por las ONG de la Comisión de Asesoramiento Técnico de la Ley de Basura Cero, en 2014, Duverges sostenía que es notable que, a casi diez años de su sanción, solo se recupere la mitad de los RSU que establecía la ley para el 2012. En 2016, la tendencia aún no se había revertido. Según dijo Eduardo Macchiavelli, Ministro de Ambiente y Espacio Público de la CABA, en una nota periodística, se ampliará el complejo ambiental Norte III, que ocupa terrenos de los partidos bonaerenses de Tigre, San Martín y San Miguel.Para ello, el Gobierno cedió a la Ceamse[6] 161 hectáreas de Campo de Mayo; creando el vertedero de América del Sur en el que se entierran más toneladas (Rocha, 2016).

Este estado de la cuestión pone de relieve la necesidad de desarrollar, apoyar y fortalecer proyectos alternativos como el que propone El Corre Camino. Si se contara con herramientas y espacio suficientes, El Corre Camino podría establecer un pequeño Centro Verde que no provocara un impacto negativo en el barrio, ya que los productos llegarían totalmente limpios, de primera mano, como los ofrecen los vecinos, gracias a la difusión y la comunicación que la cooperativa ya viene desarrollando, así como a la tarea conjunta entre la comunidad barrial y los cooperativistas. De hecho, esta asociación ya fue capaz de generar una movilización de la conciencia conjunta y recíproca, que inspira actualmente actividades y vínculos muy cercanos, como la relación entre padrinos y cooperativa para el sostenimiento y las decisiones estratégicas de un proyecto con un enorme capital social, pero siempre en el borde de un financiamiento de subsistencia.

El Centro Verde puede convivir perfectamente con la sociedad y ofrecer un servicio a costo cero para recibir y clasificar material, para luego ser trasladado directamente a las plantas de procesamiento. Como señala el Presidente de la Cooperativa:

Si este proyecto se replicara en todo el país, se resolvería no solo el problema ambiental que supone la mal llamada basura -porque para nosotros es un gran recurso- sino que se podría erradicar la desocupación. Personas que viven en la calle, que no tienen ninguna educación, podrían sumarse a este proyecto, no armando una cooperativa que tenga cientos de integrantes, sino pequeños Centros Verdes, con diez familias, que se ocuparían de que no haya ni un papel en la calle.

Como dato contemporáneo, el modelo promovido por las leyes descriptas se encuentra hoy al menos en una condición crítica. Esto se debe, por una parte, al incumplimiento de la separación en origen, que inspira un modelo de reciclado con un aprovechamiento inicial mucho más específico y de mayor peso; y, por otra parte, al creciente interés que el gobierno de la ciudad sostiene alrededor de la multiplicación de plantas MBT (representa las siglas en inglés de Tratamiento Mecánico Biológico), cuya práctica de reciclado se hace en el punto de llegada, donde, habitualmente, se recupera no más de un 8% o un 10%. Los sistemas mixtos, con reciclado y plantas MBT caracterizan otros contextos, como el de los países europeos, los que, sin embargo, manejan sistemas mixtos con reciclado en origen.

No obstante, la pregunta es qué ocurrirá en nuestro país donde se ha incluido a las cooperativas con un papel significativo y se ha sostenido, hasta el momento, una concepción de la basura no privatizada en forma industrial (Greenpeace Argentina, FARN y Avina, 2015).

Los actores del Reciclado: El Corre Camino

El Corre Camino realiza la recolección puerta a puerta de material reciclable, lo clasifica y lo vende. En algunos casos, incluso, lo redistribuye (ropa, muebles, materiales de construcción) entre personas que pertenecen a los sectores más necesitados de la sociedad. A diferencia de la mayoría de los promotores ambientales (de aquí en más, PA), clasifica el 100% de los productos (desde muebles hasta vasitos de yogurt).

Los PA recorren las calles con tracción a sangre, arrastrando un carro y en muchos casos, revolviendo la basura. Por eso, solo recogen aquellos productos que tienen mayor valor de reventa. La Cooperativa, en cambio, mejoró las condiciones de trabajo de sus integrantes porque transformó un trabajo informal, altamente riesgoso y muy mal remunerado (incluso quienes trabajan para el gobierno de la CABA tienen en general subsidios por debajo del salario mínimo vital y no tienen los beneficios sociales de la condición de asalariado), por un trabajo digno y estable.

El Corre Camino contribuye al desarrollo sustentable del medio ambiente, ya que recolecta, clasifica y vende materiales reciclables; reconvirtiendo las consecuencias negativas que resultan del tratamiento que se da a los residuos en la CABA (y en casi todo el país), donde aún hoy, se entierra indiscriminadamente aproximadamente el 80 por ciento de la basura. La Cooperativa, en cambio, da un destino adecuado a esos recursos, minimizando los volúmenes de daño ambiental y ahorrando energía. Paralelamente, busca resolver el problema de la marginalidad.“El proyecto es un gran escenario que da respuesta a las necesidades de personas vulnerabilizadas; mejora el ambiente humano y lo activa al servicio del desarrollo sustentable” (Presidente de la Cooperativa).

Por ejemplo, en la actualidad, un PA con un carro produce 100 kilos de cartón por día, que vende entre 1 y 1,5 pesos el kilo. Tiene que caminar kilómetros para obtener entre 100 y 150 pesos diarios (con lluvia, frío o calor), lo que resulta insuficiente para satisfacer las necesidades mínimas de supervivencia. Es, sin lugar a dudas, un explotado. Para los cooperativistas, “el gobierno también hace su parte cuando otorga subsidios, ya que eso no permite tener visión de evolución o de inserción; de calidad laboral, económica, educativa” (Presidente de la Cooperativa). A diferencia de otros PA, los integrantes de El Corre Camino cooperativizados, realizan un trabajo de autogestión, con un proyecto propio. Proponen resolver el problema de la basura creando pequeños Centros Verdes en toda la ciudad -y en todas las ciudades- que respondan a las necesidades barriales las 24 horas del día.

La cooperativa, que propone “inserción social con calidad, que evite la caída en la delincuencia” (integrante de la cooperativa), sostiene un vínculo fluido con empresas importantes (como DirecTV, Aeropuertos 2000, Fox o el Hotel Faena) y también con la vecindad, intentando involucrarlos en el tratamiento de los residuos. Considera que estos interlocutores son el lugar legítimo desde el cual surge la necesidad del reciclado, a quienes el Presidente de la Cooperativa denomina “sus verdaderos empleadores”.

Al mismo tiempo, se vincula con otras cooperativas de recicladores urbanos y también con colectivos de artistas. Entre todos proponen generar conciencia para sanear el ambiente y el ecosistema, porque consideran que la basura, tratada adecuadamente, puede convertirse en un recurso (como enfatizan cooperativas como El Ceibo, Recliclarte o Casa Mutante). Asimismo, realiza gestiones a nivel comunal y establece vínculos con distintas instancias del gobierno nacional. En el siguiente apartado desarrollaremos cómo se plasman estas estrategias asociativas, que mantienen como eje tradicionales valores de los sectores medios y un fuerte afianzamiento de la relación directa entre el trabajo y la seguridad. Tales valores -que representaban más y mejor a los entornos de clase media que a los cooperativistas- fueron significativos para que la cooperativa se vinculara inicialmente con sus interlocutores. Esta estrategia abarcaba elementos discursivos y comportamentales que luego gestaron un vínculo de confianza e interacción, como ya se ha afirmado, en particular con el grupo de padrinos y madrinas.

Estrategias Asociativas de El Corre Camino

En la construcción inicial de su práctica, el alter de El Corre Camino fueron los vecinos y las vecinas, en especial los principales representantes de las fuerzas vivas del entorno barrial. En un segundo momento, las organizaciones empresarias radicadas en CABA y el Conurbano. En el primer y segundo caso, la presentación de la función social que cumple la cooperativa la sitúa como correlato de un conjunto de necesidades comunitarias o barriales propias de los principios ecológicos y de sostenibilidad, que se inician, aunque desborden, en el problema del tratamiento de la basura y de la orientación al reciclado que se ha constituido en el centro mismo de la biosustentabilidad. En paralelo, se afianza la idea de trabajo digno representado por el reciclado a diferencia del cartoneo. También se fortalece la confiabilidad en estos actores sociales cuya actividad los aparta de los vicios y trampas de la delincuencia, convirtiéndolos en un alter seguro y responsable:

Resulta conveniente para los vecinos generar espacios que aumenten el número de reciclados y atemperen la amenaza potencial que enlaza a los excluidos con la inseguridad. El indigente se transforma en contribuyente; porque este es otro de los objetivos de nuestro proyecto, alcanzar una rentabilidad suficiente como para convertirnos en contribuyentes (parte de un documento elaborado conjuntamente por investigadores y cooperativistas para presentar ante el Consejo Vecinal de la Comuna 15).

En un sentido diferente, el contacto con organizaciones empresariales, ha estado relacionado con:

· El retiro del material que va a ser destinado al reciclaje, convirtiéndose la cooperativa en receptora del pos-consumo de la empresa.

· La venta del material ya preparado para reciclar -que El Corre Camino clasificó y procesó previamente-a las empresas que producen materia prima secundaria (o a los intermediarios).

Desde un punto de vista formal, la base de esta asociatividad está fundada en las leyes 992 y 1854 de la CABA, relativas al objetivo de “Basura Cero”. Desde una perspectiva psicosocial, El Corre Camino ha sabido vehiculizar un conjunto de necesidades relacionadas con la calidad de vida, el cuidado y la preservación del ambiente físico, social y personal.

El gobierno de turno también hace su parte cuando lo subsidia [al cartonero], ya que esto no le permite tener visión de evolución o de inserción; de calidad laboral, económica, educativa. Además, como ya dijimos, el cartoneo es una labor de subsistencia, no ecológica. La cooperativa, en cambio, con su documentación y conocimiento del mercado, con capacidad de almacenar (es decir, teniendo espacio suficiente y maquinaria) y clasificar los productos para venderlos directamente al fabricante, logra un salto económico importante. Al mismo tiempo es un salto en cuanto a la calidad de vida, ya que la jornada laboral es de 8 horas, tienen el espacio y el tiempo para comer junto a sus compañeros, no arrastran carros sino que usan los vehículos de la cooperativa, no revuelven la basura y tienen el reconocimiento de los vecinos por la tarea que desempeñan dignamente (ídem ant.).

A la vez, las estrategias discursivas que sostiene han permitido problematizar esas necesidades compartidas mediante un discurso argumentativo sin fisuras que produce efectos de movilización de la conciencia (Montero, 2004):

La irresponsabilidad en el tratamiento de los residuos se debe en parte a la falta de conocimientos: ¿qué tan importante es que yo no separe mi basura? ¿qué residuos son recuperables y cuáles no? ¿quál es el destino adecuado; dónde los tiramos? ¿por qué ahora nos dicen que nuestras prácticas habituales, las que sostuvimos durante tantos años, son perjudiciales? La comodidad también juega en contra del reciclado; no separar los residuos es fácil. Por eso El Corre Camino propone asesorar a los vecinos y pasar a buscar el material por su domicilio, simplificando el proceso de transformación que estamos atravesando (Presidente de la Cooperativa).

Sin embargo, en el vínculo con las instancias representativas del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y de la Nación, la relación de El Corre Camino no resulta ni tan intensa ni tan fundada en una necesidad complementaria. La cooperativa busca un espacio adecuado para mejorar la capacidad de almacenamiento y clasificación, así como la incorporación de nuevas maquinarias, tecnologías y procesos que requieren un espacio diferente al actual. Debido a esto ha estado realizando tratativas para obtener un predio más amplio que resulte en un espacio adecuado para instalar el Centro Verde, para lo cual realizó junto a miembros del equipo de investigación, gestiones con funcionarios de ambos gobiernos. Se trata de solicitar en comodato terrenos fiscales, ya sea de la CABA y/o de la Nación. Ambas gestiones, hasta el momento, no han tenido una resolución favorable, más bien todo lo contrario, ya que el predio donde acopiaba fue clausurado definitivamente como espacio de trabajo en septiembre de 2016, invocando el “no cumplimiento de normas de higiene y seguridad”[7].

Cabe agregar que, poco tiempo después de la clausura, la Cooperativa recibió la visita de la Ministra de Desarrollo Social, en una reunión en la que participaron padrinos y madrinas, representantes de las empresas que apoyan su práctica y vecinos y vecinas. Sin embargo, a pesar de recibir muchos elogios y una consulta respecto de sus necesidades para continuar con el proyecto, pasados nueve meses, el Corre Camino seguía buscando un predio donde trabajar -lo cual puso dramáticamente en riesgo tanto la supervivencia de la cooperativa como de sus integrantes. Como en otros casos estudiados por este equipo de investigación, el vínculo con el gobierno puede ser una importante fuente de malestar y sufrimiento, ya sea porque algunas cuestiones no están legisladas o porque, si lo están, no se instrumentan los mecanismos para llevarlas a cabo, con la excepción del vínculo personal que puede establecerse con algunos funcionarios, lo que no cambia sustancialmente la situación.

Un mejor curso para sus necesidades y actividades es el que ha tomado El Corre Camino, en su búsqueda por mejorar la maquinaria y los insumos necesarios para su práctica. La Cooperativa ha participado y participa, aplicando a diferentes premios nacionales e internacionales. Tal fue el caso de la presentación de un Proyecto de Cooperación Internacional al Ayuntamiento de Gavá -Municipio español de la Comunidad Autónoma de Cataluña, España- junto a la ONG española ProMundo[8], por el cual pudo obtener una trituradora de vidrio, cuya importación fue facilitada por las autoridades de Migración de la Nación y de Aeropuertos 2000. Asimismo, contó con la donación de materiales de construcción de la Fundación Colegio de Escribanos.

Dicha asociatividad se despliega, entonces, en un contexto que excede ampliamente el marco de la Cooperativa, y que contribuye a su desarrollo. Por un lado, en el contexto internacional y local, se apoya en la RSE, con particular énfasis en el cuidado del medio ambiente. Por el otro, en la normativa argentina, específicamente de la CABA, que apunta a la reducción de la basura que se entierra indiscriminadamente.

Las estrategias asociativas de El Corre Camino no se han desarrollado tanto a nivel de organizaciones con problemáticas semejantes de menor, igual o mayor amplitud, es decir otras cooperativas de PA y tampoco con el apoyo de agencias del Estado, sino que se constituyen en un entramado o red social que se extiende tanto hacia la vecindad como hacia empresas (y sus responsables con la comunidad -RSE-), empresarios y organismos nacionales e internacionales. Es una trama que va uniendo, interesando, convocando incluso a agentes del gobierno (a nivel estatal, provincial y municipal), pero de modo molecular, no orgánico.

Como señala Rovere (1999), justamente la red se caracteriza por generar articulaciones multicéntricas que permiten imaginar heterogeneidades organizadas. De esta forma, se construye la asociatividad que impulsa El Corre Camino en términos de aliados con los que comparte valores que trascienden los intereses puntuales de cada uno de ellos. No obstante, no pretende y, por lo tanto, no encuentra posibilidad de identificarse con otros grupos de PA en posiciones similares para operar como red. Esto no significa que no conozca a esos alter, con los que, en ocasiones, tiene interlocución, sino sencillamente que no existe una identificación permanente a partir de intereses comunes con otros grupos de naturaleza más homogénea a la cooperativa, dada por sus prácticas y por su función en el tratamiento de residuos. La interlocución y el conocimiento permiten, en determinadas circunstancias, cooperación en actividades y tareas que los cooperativistas no pueden resolver por sí mismos. “Y, este año sin lugar de trabajo, tuvimos que donar el material que recolectábamos. No queríamos perder el campo productivo. ¡Y ni que hablar cuando se nos rompió la camioneta! (Secretario de la Cooperativa).

La propuesta de El Corre Camino involucra a los distintos actores desde una posición de necesidades mutuas que busca comprometer a los otros de tal modo que “el proyecto se va a hacer tan sólido, tan fuerte, que no lo van a poder rechazar, van a querer sumarse” (Presidente de la Cooperativa). En un primer momento, hubo una búsqueda para reforzar la identidad a través de una relación con organizaciones semejantes. Ese tiempo coincidió con una concepción y una expectativa de la cooperativa puestas en el apoyo que esos grupos podían conseguir de los representantes del Estado. Cuando esta estrategia no tuvo el cumplimiento esperado, se desarrolló un principio de asociatividad que reforzaba la importancia de complementar necesidades aún no visibilizadas por los entornos barriales y los circuitos empresarios en torno al reciclado (Álvarez & Bazán, 2015).

Los vecinos y las vecinas, atraídos por la propuesta de cuidado medio-ambiental y trabajo solidario e inclusivo, se acercan a la cooperativa espontáneamente, dado que se sienten convocados por un efecto de “encantamiento” (Malfé, 1994) que produce el discurso del Presidente de la Cooperativa. Estas estrategias asociativas son las que permiten la tarea específica del reciclado.

Al mismo tiempo, distintos profesionales colaboran con el trabajo organizativo y asociativo de la cooperativa. Conviene aquí recordar lo planteado en un artículo publicado en el Anuario de Investigaciones de la Facultad de Psicología, UBA, en 2014, respecto de algunos ejemplos de la intervención de vecinos, profesionales y empresas: la participación en Abanderados de la Argentina Solidaria[9], que emite Canal 13 desde el 2010; el video “Tu basura es mi tesoro”[10]; la participación en programas de canales de televisión abierta que, a su vez, sirven para replicar lo que hace la cooperativa y despertar el interés de la comunidad; la declaración de la cooperativa como “Embajada de Paz” y de su presidente como “Embajador de Paz”; la invitación para presentarse al Premio Zayed Energía del Futuro 2014/2015.

Además, la empresa DirecTV ha comprado una prensa que instaló en un predio de su propiedad, para que trabaje allí un miembro de la Cooperativa con el fin de compactar el material reciclable. Con los beneficios producto de la venta de ese material, El Corre Camino pudo comprar la máquina. En este momento, se están realizando las gestiones para habilitar los procesos de reciclado por parte de los cooperativistas en un predio de la empresa.

Son muchas las oportunidades que están creciendo alrededor de la cooperativa, gracias al tipo de propuesta y a las prácticas desarrolladas fundamentalmente por su presidente, quien ha construido formas de gestión y ha desarrollado las técnicas para lograr que la sociedad en general (vecinos, empresarios, artistas) se involucre con su proyecto, adhiera a su propuesta y considere que tiene la capacidad para sanear el medio ambiente urbano y social -especialmente de aquellas personas que circulan por los márgenes; según Dussel (1993), el Otro.“Me siento bien haciendo esto, soy feliz haciendo esto y sé que puedo ayudar a otros” (Presidente de la Cooperativa).

La presencia mediática parece ser un factor común a las acciones de El Corre Camino. Así como la insistencia en la importancia de estos modos de reciclado que, secundariamente, llevan a la desidentificación de la acción que desarrollan otros grupos de recicladores urbanos, cuyo trabajo se encuentra coordinado por el Estado. Coincidiendo con la cita previa, el trabajar en El Corre Camino es un proyecto que enfatiza la no identidad entre el cartonero, el recolector subsidiado y el promotor ambiental.

Por otra parte, la concepción de trabajo que estratégicamente lo posiciona como un alter de servicios a la comunidad encuentra dificultades para desarrollar un grupo de trabajo genuino, en las estrategias asociativas a nivel intra-organizacional o del endogrupo. A diferencia de otros emprendimientos cooperativos, El Corre Camino no tiene un pasado común entre sus miembros y el lazo de integración no está afianzado en prácticas de pertenencia (Ferrari & Bazán, 2014). Los integrantes de la cooperativa van cambiando, unos entran y otros salen, algunos vuelven; pero la consolidación como equipo de trabajo es compleja y dificultosa.

Con el objeto de enfrentar este problema, el equipo de investigación propuso organizar encuentros con los integrantes de la Cooperativa. Después de numerosos intentos, finalmente pudo concretase un primer encuentro, en el que se habló de la importancia de planificar las actividades -ya que aún hoy los esfuerzos siguen siendo espasmódicos- así como organizar una cierta división del trabajo. El segundo encuentro fue más un espacio de reflexión y catarsis. Si bien estas reuniones son aún incipientes -aunque ya se realizaron varias- son recibidas de manera positiva por los miembros de la cooperativa.

No obstante, el proceso se encuentra aún en fase de expresión de las dificultades y los logros, y no de propuestas de transformación. Los integrantes ubican el problema en el grado de compromiso y la debilidad del mismo; por lo que sus miembros parecen estar más familiarizados con el pago a destajo y la actividad como changa, sin compartir suficientemente la experiencia común de trabajo y sin dimensionar aún el valor que la actividad cooperativa tiene para sus propias vidas “Saco más acomodando autos dos horas, que en todo un día de trabajo en la cooperativa” (ex integrante de la Cooperativa).

Esta es una dificultad central para pensar en El Corre Camino como experiencia constructora de identidad trabajadora y la eficacia del discurso, las prácticas y los intercambios de su presidente no alcanza a resolverla.

En efecto, El Corre Camino se sostiene en el juicio de utilidad, pero carece aún de la conformación de un juicio de belleza (Dejours, 2000). Por el primero se obtiene el reconocimiento del trabajo por la utilidad social que brinda. Por el segundo, se logra una identificación con las pautas del oficio recíproco y común con quienes se comparte la actividad; es decir el reconocimiento de los pares acerca de la perfección con que se realizan las reglas del oficio.

Discusión

La Cooperativa El Corre Camino tiene un lugar de privilegio en el entramado social actual y lo sabe. Su proyecto conjuga el cuidado del medio ambiente, la sostenibilidad, el ahorro de energías no renovables y de materia prima, con leyes ambientalistas, y una sociedad de consumo que está lejos de disminuir la cantidad de residuos que produce y que no obstante la reconoce y alienta en su propuesta:

El único camino frente al sistemático aumento del posconsumo, es bajar la cantidad de basura que se entierra indiscriminadamente. […] Hace años que se viene degradando el ambiente, en una maratónica carrera ascendente, antiecológica, negativa para la salud de quienes habitamos en el planeta. Esto se debe al alto nivel de consumo y a la inconsciencia de los ciudadanos respecto de los residuos que producimos, a los que no damos un destino adecuado. Como dueños de estos productos, debemos empezar a pensar cómo tratarlos adecuadamente -llámese gestión o contención. No debemos seguir tirándolos irresponsablemente (Presidente de la Cooperativa).

Es desde ahí que articula un nuevo pacto social con la RSE. Pero el reciclado y su articulación con las empresas, en el contexto en que se describió, quedan más libradas al contacto informal, a la relación social y a la comunidad de intereses recíprocos (no se trata de los mismos intereses sino de la reciprocidad de las partes) desarrolladas en un marco normativo que está muy lejos de proveer sostén y orientación.

Podría decirse, entonces, que los objetivos del reciclado; no solo para esta cooperativa sino también para los llamados cartoneros; y la RSE se centran en el aquí y ahora, y en horizontes cortoplacistas, sin que se perciba una política pública que los integre y sistematice en programas de largo alcance. Por otro lado, cabe preguntarse en qué consisten las prácticas responsables de las empresas en un sistema económico global en el que se han profundizado las desigualdades económicas con el aumento de la pobreza, la indigencia, la desocupación, el trabajo precario y la exclusión social. Las necesidades vitales de la cooperativa se entrecruzan con otras de las empresas atravesadas por las dimensiones imaginarias del paradigma de la época en torno a la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente.

Sin embargo, es justamente por esa falta de sistematicidad en las políticas del Estado, que la estrategia de El Corre Camino es construir redes multicéntricas que funcionen a modo de andamiaje y sostén de su propuesta:

Yo sabía que primero tenía que armar la cooperativa hacia afuera, ampliar el campo productivo. Cuando la cooperativa funcionase bien, todos van a querer sumarse. Por eso me importaba cumplir con las empresas, con los vecinos; mis compañeros se iban a sumar después (Ppresidente de la Ccooperativa).

A la vez, el proyecto de El Corre Camino enfatiza la no identidad entre el cartonero, el recolector subsidiado y el promotor ambiental, en tanto se distancia del imaginario que liga a la basura con el estatus más bajo dentro de una sociedad de empleo, para involucrar a los distintos actores desde una posición de necesidades mutuas que busca y logra comprometer a los otros:

Peguemos un fuerte golpe de corazón que nos pueda hacer sentir enamorados todos, como una mariposa social, acariciándonos el alma… pero trabajando. Yo sé hacer esto, qué sabe hacer usted que nos pueda identificar como que nos necesitamos (entrevista realizada al Presidente de la Cooperativa por la producción de Abanderados de la Argentina Solidaria en 2014).

Como contracara y a nivel intra e inter-organizacional, la cooperativa tiene dificultades en términos tanto de la organización del trabajo, como de integrarse a otras organizaciones que, de una forma u otra, se acercan a la actividad del tratamiento de la basura. Esto es a la vez una debilidad interna y externa que está suplida por sus otros contactos en la red, pero que le impide caracterizarse así misma como un nosotros o como una unidad colectiva. Tiene la identidad de su presidente y esto es tanto su fortaleza como su debilidad; si la cooperativa no logra afianzar sus vínculos, pondrá en peligro su continuidad y trascendencia como modelo.

El proyecto de El Corre Camino es contingente al contexto donde se ha desarrollado y dista mucho de representar los paradigmas tradicionales del mundo de la economía y del trabajo. No obstante, y precisamente por esta particularidad, logra un reconocimiento y una trascendencia mucho mayor que las formas tradicionales y alternativas de crítica y protesta que no incluyen, como sí lo hace El Corre Camino, la transformación de actores tradicionalmente antagonistas o de muy baja reciprocidad.

En múltiples ocasiones los cooperativistas enfatizan que “todo lo que logramos fue a prepotencia de laburo, sin cortar las calles ni tirar piedras”. En un intercambio por Whatsapp, de un grupo que comparten cooperativistas y padrinos, a raíz de un programa radial de concientización ambiental que tienen en una radio comunitaria, uno de los cooperativistas escribió:

Qué lindo ser útil y compartir lo aprendido con los que no aprendieron o no los dejaron aprender. Aprender es sinónimo de libertad. Y en libertad se puede hacer cosas maravillosas. Como las que hacemos los padrinos y la cooperativa.

Finalmente, hace pocos días, cuando este artículo estaba en proceso de revisión, Desarrollo Social de la Nación, a través del Proyecto Manos la Obra, otorgó un subsidio a la cooperativa para la compra de maquinaria, herramientas y elementos de protección personal. En el mencionado Whatsapp, el Presidente de la Cooperativa manifestó:

Gloria a Dios, la Mater Dei y la honesta comunidad que acompaña al proyecto cooperativo desde sus vulnerables principios. Al llegar estas bendiciones proponemos festejo de agradecimiento con la asistencia de todas las partes que hicieron posible este enoooome logro pacíficamente.

Como señalamos al comienzo, la cooperativa El Corre Camino fue seleccionada para ser ser analizada por sus características, a la vez paradigmáticas y paradojales. Por un lado, resiste a la exclusión del mundo del trabajo a partir de la actividad del reciclado, transformando la visión y la práctica tradicional del cartoneo en el entorno urbano de Buenos Aires; estableciendo redes y alcanzando visibilización e impacto sobre su entorno. Por otro lado, de modo paradojal, sus objetivos y valores le permiten complementarse con otros grupos sociales e institucionales habitualmente ubicados en una posición antagónica.

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Notas

1 Como sustantivo, el cartoneo denomina una actividad que consiste en recolectar cartón y otros derivados del papel que se encuentran entre los residuos de la CABA y el Conurbano Bonaerense, con el fin del reciclarlos y venderlos; mientras que se denomina cartonera/o a quienes realizandicha práctica, que se conjuga con el verbo cartonear. Este fenómeno social se hizo especialmente visible simultáneamente con la agudización de la crisis económica y política que vivió la sociedad argentina desde fines de los ’90, como respuesta al desempleo, la pobreza y la indigencia extremas, de ahí que también se apliquen estas denominaciones a la búsqueda de cualquier tipo de desechos, incluso a los de comida.
2 La investigación tiene por sede el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la UBA. Su código y Nº es 20020130 100830BA. Está dirigida por la Dra. Margarita Robertazzi.
3 En el Libro Verde, la Unión Europea plantea un amplio debate sobre cómo promover la responsabilidad social de las empresas, tanto a nivel europeo como internacional.
4 Toma como base la casi tonelada y media de residuos enviados diariamente, en 2004, al Conurbano bonaerense para ser enterrados.
5 La Comisión funciona en el ámbito del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la CABA, autoridad de aplicación de la Ley 1854. Se encuentra integrada por representantes de los sectores de las cooperativas de recuperadores urbanos, la industria del reciclado, la academia, las ONG y el sindicato de trabajadores del reciclado.
6 CEAMSE significa Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado; es una empresa pública de Argentina encargada de la gestión de residuos sólidos urbanos.
7 Conviene aclarar que luego de un año de clausura del predio -y en el momento de revisión de este artículo- la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) le cedió en comodato un predio de 1000 metros cuadrados, por seis meses.
8 ProMundo, Organización No Gubernamental constituida como Asociación sin fines de lucro, con sede en Barcelona (España), cuyos objetivos son: promover la dignidad del ser humano, la paz, la justicia social y el desarrollo de los pueblos.
9 http://www.premioabanderados.com.ar/
10 El video puede verse en: https://vimeo.com/121314409


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