PSICOLOGÍA SOCIAL, POLÍTICA Y COMUNITARIA

EL MNER GÉNEROS: “NI UNA TRABAJADORA MENOS”

The argentinian Gender Movement, MNER, (National Movement for Recovered Companies). “Not even one less working woman”

Margarita Robertazzi,
Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, Argentina
Marcela Cazes
Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, Argentina
Ernesto Lentini
Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, Argentina
Fabián M. Armentano
Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, Argentina

EL MNER GÉNEROS: “NI UNA TRABAJADORA MENOS”

Anuario de Investigaciones, vol. 28, núm. 1, pp. 375-383, 2021

Universidad de Buenos Aires

Recepción: 09 Septiembre 2021

Aprobación: 02 Noviembre 2021

Resumen: Se presentan resultados parciales de la investigación “Modalidades de liderazgo en los movimientos y organizaciones sociales que resisten la exclusión en Argentina: tensiones entre las reivindicaciones y la política”, de la Programación Científica UBACyT 2018. En uno de los casos estudiados, el del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, se atiende a la emergencia de mujeres trabajadoras que proponen ocuparse de la dimensión géneros, analizando sus características distintivas.

Se trata de una investigación colaborativa entre el equipo de investigación y los protagonistas, con diseño flexible y partícipe, que instrumenta la Investigación-Participativa y administra el método cualitativo, mediante técnicas también cualitativas.

A partir de entrevistas y observaciones realizadas, se proponen cuatro categorías de análisis: 1) la conformación del colectivo MNER Géneros; 2) la problemática del machismo dentro del Movimiento; 3) el lugar de las trabajadoras como sostén de familia; 4) la no identificación del MNER Géneros con el colectivo “Ni una menos”.

Palabras clave: Géneros, Machismo, Trabajo digno, Equidad de género, Praxis del cuidado, Transformaciones.

Abstract: Partial results of the research “Leadership modalities in social movements and organizations that resist exclusion in Argentina: tensions between demands and politics”, of the 2018 UBACyT Scientific Program, are presented. In one of the cases studied, that of the National Movement of Recovered Companies, addresses the emergency of working women who propose to deal with the gender dimension, analyzing their distinctive characteristics.

It is a collaborative investigation between the research team and the protagonists, with a flexible and participatory design, which implements Participatory-Research and manages the qualitative method, using qualitative techniques as well.

Based on interviews and observations carried out, four categories of analysis are proposed: 1) the conformation of the collective MNER Genres; 2) the problem of macho culture within the Movement; 3) the place of female workers as breadwinners; 4) the non-identification of the MNER Genres with the group “Not one less”.

Keywords: Genres, Macho culture, Decent work, Gender equity, Praxis of care, Transformations.

Introducción

En este artículo se presentan resultados parciales de la investigación “Modalidades de liderazgo en los movimientos y organizaciones sociales que resisten la exclusión en Argentina: tensiones entre las reivindicaciones y la política”, de la Programación Científica UBACyT 2018-2021.[1]

En cuanto a los lineamientos generales de la investigación en curso, los objetivos generales son: explorar y describir las modalidades de liderazgo en los movimientos y organizaciones sociales que se estudian, así como identificar semejanzas y diferencias entre ellos en cuanto a la tensión que se establece entre la búsqueda de reivindicaciones indispensables y disputar poder y espacio en la escena pública. El tipo de estudio es exploratorio descriptivo. El diseño, flexible y partícipe, es un estudio de casos múltiples, intencionalmente seleccionados; se administra la Investigación-Acción Participativa (I-AP), en todos los casos en que resulte posible; el enfoque metodológico es cualitativo, así como las principales técnicas: entrevistas participativas (individuales y/o grupales), observaciones etnográficas y análisis de documentos como fuente secundaria.[2]

Más específicamente, esta comunicación está referida a la reformulación de proyectos de Modalidad I, dado que se propuso extender un año más la ejecución, en función de la pandemia por COVID-19. En este contexto, es preciso aclarar que, inicialmente, este equipo de investigación había planificado incorporar un nuevo caso al estudio de las modalidades de liderazgo en los movimientos y organizaciones sociales que resisten la exclusión en Argentina. Sin embargo, se tomó la decisión de no incluirlo, en 2020, debido a las limitaciones para realizar el trabajo de campo, ocasionadas por la pandemia y las medidas sanitarias adoptadas por el gobierno. En cambio, se resolvió introducir en el estudio de los liderazgos de los casos con los que ya se estaba trabajando dos nuevas perspectivas: la de género y la de generación, a desarrollar durante el año de prórroga.[3]

En este marco, es importante señalar algunas observaciones: en los tres casos estudiados hasta 2020 –Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER); Cooperativa de Promotores Ambientales El Correcamino (El CC); Organizaciones Libres del Pueblo (OLP)– los líderes identificados y reconocidos por sus seguidores son varones, si bien hay mujeres que se destacan por una intensa participación en esas mismas organizaciones y/o movimientos sociales, en consonancia con lo planteado por Cross y Freytes Frey (2007) para los movimientos piqueteros. Paralelamente, se venía observando la aparición de jóvenes, varones y/o mujeres, con un fuerte compromiso y una clara capacidad de gestión en sus propias organizaciones, así como en los movimientos más amplios a los que también se incorporaban como grupos de pertenencia.

Además, en el caso del MNER, hacia noviembre de 2019, se abrió una comisión en un plenario del movimiento, con el fin de debatir sobre el lugar de las mujeres en los procesos de recuperación de empresas. A partir de ese propósito inicial, posteriormente, surgió el MNER Géneros, que realizó su lanzamiento en la Cooperativa Mielcitas de Rafael Castillo, Provincia de Buenos Aires, un establecimiento en el que las mujeres son mayoría. Para convocar a ese I Encuentro del 29 de febrero de 2020, el flyer sostenía como consigna: “Desobedeciendo al Sistema Patronal”. Desde ese momento inaugural, fue quedando claro que las mujeres del MNER enfatizaban su lugar de trabajadoras, diferenciándose así de los movimientos feministas del tipo “Ni una menos”.

Finalmente, hacia diciembre de 2019, algunos de los líderes varones indiscutidos pasaron a ocupar cargos en la función pública, por lo que también surgieron interrogantes sobre su participación en la política institucionalizada y los eventuales cambios que tal cosa pudiera generar para la función liderazgo, tanto para ellos mismos como para sus seguidores.

En esta línea, el presente artículo se ocupa de analizar una de las dos perspectivas mencionadas: la dimensión de género, que ha surgido de modo espontáneo en algunas de las entrevistas administradas y también ha quedado claramente expuesta en muchas de las observaciones realizadas por este equipo de investigación. De modo más específico, sobre un corpus conformado por tres entrevistas realizadas a mujeres referentes del MNER Géneros, se abordarán cuatro categorías de análisis: 1) la conformación del colectivo MNER Géneros; 2) la problemática del machismo dentro del Movimiento; 3) el lugar de las trabajadoras como sostén de familia; 4) la no identificación del MNER Géneros con el colectivo “Ni una menos”.

Como hipótesis provisional, se plantea que el surgimiento del colectivo Géneros, dentro del MNER (que siempre estuvo liderado por varones), es el emergente de una doble lucha que llevan adelante un conjunto de trabajadoras del movimiento: el derecho al trabajo digno, por un lado; y, por el otro, el derecho a protagonizar esa lucha en un pie de igualdad con sus compañeros varones, siendo la problemática del cuidado el estandarte que visibiliza su quehacer cotidiano. Asimismo, se plantea que la no identificación con el colectivo “Ni una menos” podría alinearse con la falta de identificación que suele observarse entre las diferentes clases sociales; de ahí que las integrantes del MNER Géneros adoptaran como slogan: “Ni una trabajadora menos”, como una suerte de sello distintivo de aquellas mujeres que mantienen constantemente la doble lucha mencionada más arriba.

El artículo se organiza de la siguiente manera: en el apartado 2 se presenta la perspectiva teórica en el que se desarrollará, en el apartado 3, el análisis de la dimensión de géneros en el MNER (la conformación del colectivo MNER Géneros (§3.1); la problemática del machismo dentro del movimiento (§3.2); el lugar de las trabajadoras como sostén de familia (§3.3); la no identificación del MNER Géneros con el colectivo “Ni una menos” (§3.4). Finalmente, en el apartado 4, se presentan algunas conclusiones provisionales.

Perspectiva teórica

La investigación sobre modalidades de liderazgo en los movimientos y organizaciones sociales que resisten la exclusión en Argentina tiene como marco general el Paradigma de la Construcción y la Transformación Críticas, una respuesta neoparadigmática de la Psicología Social Latinoamericana (Montero, 2004, 2006). Toma en consideración los enfoques teóricos clásicos que estudian los nuevos movimientos sociales (Melucci, 1988; Offe, 1996; Tilly y Wood, 2009) y los articula con la teoría psicoanalítica que se ocupa de las multitudes (Freud, 1921; Malfé, 1994; Moscovici, 1985).[4] A la vez, incorpora el campo interdisciplinario de los estudios de género que, según Meler (2017), “nació mujer”, por ser tributario de los movimientos sociales feministas que, hacia las décadas de los sesenta y los setenta, comenzaron a expresar su disconformidad frente a una pretendida universalidad de la ciudadanía que, no obstante, no resultaba plena para la mitad de la humanidad. Lo describe como un ámbito en el que coexisten posiciones controversiales, en oportunidades, antagónicas, respecto de saberes, prácticas y discursos, que fue alcanzando amplia repercusión y sumando múltiples adhesiones. Por otra parte, como suele ocurrir con los acontecimientos que consiguen gran notoriedad, también provocó movimientos reaccionarios, que expresaban el malestar masculino ante tal transformación social. En todo caso, para superar ciertas tensiones, se trataría de encontrar lo mejor de cada propuesta y entrar en un diálogo que, finalmente, resulte productivo. La perspectiva de la autora citada, reconocida representante de los estudios de género en nuestro país, en cuanto a la oposición conceptual entre el feminismo igualitarista y el diferencialista, sostiene que cada corriente feminista realiza aportes valiosos que deberían entrar en diálogo constante, para tomar lo mejor de cada una.

En esta línea, es importante señalar que si bien existen posiciones que proponen que las conquistas feministas a favor de la igualdad podrían hacerse extensivas al conjunto social, se encuentran otras que se oponen casi punto a punto, por ejemplo, los postulados de Segato (2016), quien entiende que se debería comenzar por situar las transformaciones que ha sufrido el sistema de género precolonial por la intrusión del discurso colonial de la modernidad, que, de ese modo, va extendiéndose hacia otros aspectos de la organización comunitaria-colectivista del mundo-aldea. Para esta antropóloga argentina, antes de hacer foco en el género, se necesitaría una mirada más amplia que cuestione el mundo moderno colonial democrático, puesto que el mismo Estado es el que instala un sistema superjerárquico de relaciones de género, para luego elaborar políticas públicas que protejan y garanticen los derechos de las mujeres.

De acuerdo con Meler (2017), en el campo de los estudios de género, se habría dado un hito histórico, al impugnarse la hegemonía de los sectores ilustrados y privilegiados del colectivo femenino. Es ciertamente evidente que las primeras producciones fueron de tipo académico, en el ámbito de las ciencias sociales, elaboradas por mujeres blancas, de clase media y media alta y de sectores urbanos. Al tiempo, surgieron posturas alternativas que cuestionaban ese aspecto, al argumentar que fue la misma explotación de las diferencias sociales y étnicas que había contribuido a liberar a tal sector femenino privilegiado. Otras mujeres, ya fueran negras, hispanas o asiáticas, habían atravesado experiencias de subalternización, en las que se sumaba la discriminación racial y social a la de género.

En este tipo de estudios que intersectan feminismo y pensamiento descolonial, el interés está puesto en los feminismos contemporáneos en América Latina, estableciendo un paralelismo entre descolonizar y despatriarcalizar. Básicamente, ponen en cuestión el discurso feminista hegemónico eurocentrado, a la vez que proponen el desafío de rescatar las voces que quedaron relegadas en el discurso blanco burgués feminista, que omite la diferencia entre mujeres. Esta perspectiva se opone a un universalismo de género que se proyecta a toda la humanidad, sin considerar que se trata de un producto de un proceso histórico y de un modo de problematizar e interpretar de las mujeres occidentales. Se produce así un desplazamiento político-epistémico respecto del análisis crítico del (hetero)patriarcado moderno y su fuerte conexión con el racismo, el capitalismo y la colonialidad (Espinosa Miñoso, Gómez Correal y Ochoa Muñoz, 2014).

El propósito que anima a este corpus teórico y metodológico, que propone rescatar las experiencias regionales del discurso feminista y lesbofeminista, resulta sumamente afín al Paradigma de la Construcción y la Transformación Críticas, en sus dimensiones ontológica, epistemológica, metodológica, política y ética (Montero, 1996), que, como ya se anticipó, es el marco en el que se desarrolla esta investigación.

Así como el paradigma mencionado pone en cuestión toda forma de opresión y dominación, del mismo modo, los estudios feministas de Abya Yala proponen la necesidad de unir las ciencias sociales críticas a los movimientos sociales y a las luchas de los pueblos, entendiendo que los feminismos son los que permitirán renovar las utopías.

Para desafiar la hegemonía de una América Latina moderna, blanca, liberal, capitalista y patriarcal desde los espacios subalternos, uno de los criterios es realizar estudios dialógicos, para no universalizar ciertas experiencias, como largamente cuestionaron en Estados Unidos las feministas negras. La propuesta es dar lugar a conocimientos elaborados desde puntos de vista desestimados, en función de líneas de género, clase, raza, entre otras dicotomías. Nuevamente, al igual que en el paradigma que enmarca esta investigación, estos estudios sobre feminismo proponen una revisión de las posturas epistemológicas hegemónicas, para problematizar el modo de producción de conocimientos, oponiéndose al fetichismo del método o a la ritualización de la ciencia, con el fin de elaborar conocimientos apropiados para el lugar donde se vive, una cuestión no solo geográfica, sino también sociocultural, económica y política.

En el campo del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, hay hombres y mujeres de sectores populares, especialmente desfavorecidos, pues han estado a punto de perder el trabajo y tuvieron que luchar para recuperarlo, por lo que han dejado de ser asalariados/as. Las teorías marxistas proponen como sujeto de emancipación a los y las trabajadoras asalariadas, que padecen la explotación y la sustracción de la plusvalía; mientras que el feminismo sostiene que el sistema patriarcal oprime a las mujeres, de ahí que las mujeres trabajadoras, de las que se ocupa esta publicación, sufren una doble opresión, por trabajar y también por ser mujeres.

La dimensión de géneros en el MNER

Acerca de la conformación del colectivo MNER Géneros

Como se mencionó en la introducción de este trabajo, el espacio MNER Géneros surgió a partir de un Plenario del movimiento que se realizó en IMPA en noviembre de 2019, cuando se debatió acerca del lugar de las mujeres en los procesos de recuperación de empresas. Entre las Comisiones que se organizaron para los debates del día, una de ellas se denominaba Feminismos. Así lo recuerda Edith, [5] una de las trabajadoras entrevistadas:

Claro, bueno, allá por el 2019 nosotros, me acuerdo que estábamos en la oficina del Vasco armando el cronograma de… cómo iban a ser las comisiones de… del plenario que Íbamos a hacer en noviembre de 2020. Entonces eh… me acuerdo que estábamos ahí. Había varias compañeras y varios compañeros, organizando una comisión de esto… una comisión de lo otro… Y habló Gisela. Y planteó el tema de feminismo y de las tareas de cuidado […] Y el Vasco dijo: “¿Les parece que es necesario, esa comisión?” Le dijimos: “sí, es necesario, porque hay muchas cosas que replantearnos y plantearnos que es necesario” […] Bueno, la cuestión es que ese encuentro… nos pasó que la Comisión de Género, o sea, del feminismo, tenía diez personas. La otra estaba repleta de gente y esta quedó re pequeña.

Sin embargo, la poca convocatoria de ese día no las desanimó. Si bien fue una de las comisiones con menor número de integrantes, allí se encontraron mujeres trabajadoras que comenzaron por reconocerse y escuchar sus propias necesidades:

Claro, bueno, el tema fue así. Géneros MNER se inicia en una reunión que hicimos antes del encuentro del MNER, que fue hace dos años atrás, creo que en el 2019 fue… en el mes de noviembre, me parece que fue el encuentro del MNER y bueno, y ahí saltó la necesidad de hacer una comisión de género… de género para que hablemos de las mujeres, de las empresas recuperadas. Sí, de cómo es la vida de una mujer en una recuperada… (Karina, Cooperativa Farmacoop).

De modo que, poco tiempo después, en la Cooperativa Mielcitas de Rafael Castillo, Provincia de Buenos Aires –un establecimiento en el que las mujeres son mayoría– se lanzó el MNER Géneros:

Sí… la verdad que el primer encuentro de género en Mielcitas fue un encuentro… eh… muy emocional, ¿no? Porque… yo siempre lo digo, cuando me lo preguntan, lo digo, nos miramos… nos reconocimos entre todas y supimos lo que estábamos pasando, lo que hemos pasado en su momento, ¿no? […] Eh… en ese momento fue un reencuentro ¿no? ¿de qué? de ¿qué nos pasó? de… de ¿dónde está el patrón? Dijimos... ¿no? La pregunta fue ¿dónde está el patrón? Siempre fue esa pregunta, ¿no? Eh… Y ¿por qué estábamos en la lucha? (Silvia, presidenta de la Cooperativa Mielcitas).

En ese I Encuentro del 29 de febrero de 2020, la convocatoria afirmaba: Desobedeciendo al Sistema Patronal. Sus consignas, tomadas del flyer enviado por MNER Géneros, introducen la perspectiva de género en las tradicionales reivindicaciones del MNER: Ellos las cierran, nosotras las abrimos; La deuda sigue siendo con nosotras; Ocupar, Resistir, Producir. A la vez, amplían la clásica consigna del colectivo de mujeres, al incluir la defensa de la fuente de trabajo: Ni una trabajadora menos. Es muy propio del movimiento oponerse a todo tipo de opresión, de ahí la necesidad de participar en todas las luchas. Así lo expresan estas trabajadoras en el Facebook del movimiento:

Porque desde hace 20 años venimos ocupando cada espacio en disputa, porque resistimos juntas y junto a nuestros compañeros la agresión feroz del Capital que nos usa, nos violenta y nos descarta. Es por esto que nos organizamos para pensar juntas las especificidades de las luchas que nos atraviesan y defender colectivamente nuestros derechos. Somos mujeres, somos luchadoras, somos valientes, porque, a través del método OCUPAR – RESISTIR - PRODUCIR recuperamos nuestra dignidad.

Amorós (1994), una de las más reconocidas representantes de la corriente igualitarista, considera lo privado y lo público como una invariante estructural que articula las sociedades, jerarquizando los espacios: el público, que se adjudica al hombre; el privado, que se adjudica a la mujer. Sin dejar de considerar las evidentes diferencias históricas en esta distribución, señala, no obstante, ciertas características recurrentes: las actividades socialmente más valoradas, las que tienen un mayor prestigio y reconocimiento, las realizan prácticamente en todas las sociedades conocidas los varones, salvo raras excepciones. Esta autora argumenta que tal reconocimiento obedece a que es el espacio de lo que se ve, de lo que queda expuesto a la mirada pública. En cambio, las actividades que se desarrollan en el espacio privado, las actividades femeninas, son las menos valoradas socialmente, independientemente de su contenido, porque el espacio de lo privado es el que no se ve, el que no es objeto de apreciación pública, en palabras de Celia Amorós, el espacio de la indiscernibilidad. Se trata de un sistema de distribución de lugares, indudablemente de distribución del poder.

La convocatoria del MNER Géneros se propone subvertir este sistema, al considerar que las mujeres que lo conforman no son solamente las que recuperaron sus empresas, sino también aquellas otras que, desde el ámbito privado, trabajaron para hacerlo posible. En este sentido, es interesante observar el relato de las entrevistadas al referirse a esta cuestión, poniendo en un pie de igualdad a quienes sostuvieron con esfuerzo y sufrimiento la lucha dentro de las fábricas y a quienes, no con menos esfuerzo, no con menos sufrimiento, sostuvieron la lucha desde sus hogares:

Es sobre la mujer… tal cual, tal cual. Yo, por ejemplo, también tengo mis compas... Tengo un compañero que también se la pasaba día y noche en el laboratorio y él tiene dos hijos y bueno, y en la casa estaba la mujer de él. O sea, su compañera con los… con los chiquitos cuidándolos. Y ella también es una mujer de recuperada. Ella es mujer de una empresa recuperada porque ella está sosteniendo la lucha desde su casa, desde su lugar de compañera de él […] Entonces, esas mujeres también son de la recuperada… son mujeres que vivieron todo este proceso de estar alejada de su compañero y no tener una ayuda para poder criar, por ejemplo, a sus hijos (Karina, Farmacoop).

Ponele… sí, en realidad cuando uno recupera la fábrica, si bien el compañero es varón, es… generalmente las empresas eran por ahí todas de hombres era el que recuperaba la fábrica, pero también la recuperaba porque tenía una pareja, estaba en su casa, que también era parte de esa recuperación […] Entonces, incluir a esa mujer, a esa pareja de ese compañero que también es parte del MNER… (Edith, Cooperativa La Matanza).

Pero no solo las compañeras de vida, las parejas de los varones trabajadores fueron protagonistas de esta lucha. También las hermanas, madres, tías, hijas, amigas, vecinas fueron y son parte de la lucha en esta nueva dimensión que se visibiliza en el MNER Géneros:

Pero yo me apoyo mucho en mi familia ¿no? Yo siempre tuve el apoyo de mi familia, tuve el apoyo… En este momento tengo el apoyo de mi hermana. Que… que ella siempre está conmigo, que ella siempre me banca; el apoyo de mi mamá […] A mí me bancaron…. a mí me bancaron porque yo siento que, si no me hubiese bancado mi hermana, no me hubiese bancado mi… mi, mis hijas, no me hubiese bancado mi hijo. Yo en este momento no, no podría, no podría hacer esto (Silvia, Mielcitas).

Considerando los dichos de las entrevistadas, solo resta decir que ha sido muy clara Federici (2004) al plantear que el trabajo reproductivo y de cuidados no remunerado que realizan las mujeres está en la base que sostiene al capitalismo.

La problemática del machismo dentro del movimiento

Se dice que la expresión Techo de Cristal fue acuñada por Marilyn Loden, durante un discurso que pronunció en 1978 y, a partir de entonces, comenzó a utilizarse en múltiples estudios. Se refiere a una limitación no visible que obstaculiza la carrera profesional en las organizaciones laborales, especialmente en el caso de las mujeres. En muchas oportunidades se ha mencionado que, a pesar de que las mujeres son la mitad de la población mundial, aparecen menos representadas en los cargos directivos de las empresas.

En nuestro medio, hay numerosos estudios que se dedican al tema, entre ellos cabe mencionar un artículo de Burin (2004), en el que presentó resultados de una investigación a punto de finalizar que examinaba el malestar psíquico de las mujeres de 30 a 45 años de Buenos Aires. Se preguntaba si ellas –y también sus maridos– eran o no conscientes del Techo de Cristal y, en caso de no serlo, a qué podría atribuirse y, en caso de serlo, sobre las estrategias utilizadas para enfrentar el conflicto y la eventual colaboración o no de sus parejas. La investigadora sostiene que, mayormente, ni ellas ni ellos eran conscientes, pero que, a su juicio, ese Techo de Cristal estaba latente y en vías de construcción. Anteriormente, ya se había dedicado a estudiar los rasgos que componen el Techo de Cristal en su doble inscripción: objetiva y subjetiva, tomando dos ejes de análisis: el rol maternal y el rol de trabajadora extra doméstica remunerada. Los rasgos encontrados fueron: 1) las responsabilidades domésticas y la crianza de los hijos; 2) el nivel de exigencias; 3) los estereotipos sociales acerca de las mujeres y el ejercicio del poder; 4) la percepción que tienen acerca de sí mismas las propias mujeres; 5) el principio de logro; 6) los ideales juveniles; 7) el deseo hostil y su incidencia en la construcción de la subjetividad femenina: el deseo de poder. En esa investigación encontró el Techo de Cristal como fuente de malestar psíquico en un grupo de mujeres: las tradicionales se encontraban con el Piso Pegajoso del que les resultaba extremadamente difícil despegarse. En palabras de la citada autora:

Estas mujeres debían hacer intensos movimientos psíquicos para sustraer una cantidad significativa de energía libidinal necesaria para el desempeño de los roles de género femeninos tradicionales como madres, esposas y amas de casa, y destinarla al desarrollo de su carrera laboral (Burin, 2004, p. 51).

Si bien los estudios referidos se orientan mayormente a mujeres de clase media o media-alta, no podría excluirse de esta problemática al grupo de trabajadoras de empresas recuperadas (entre otros grupos de mujeres socioeconómicamente vulnerables). Basta con detenerse un instante en el discurso de las entrevistadas para comprender que el techo de cristal y el piso pegajoso las alcanza también a ellas. En otras palabras, si bien la solidaridad y el apoyo mutuo constituye la bandera por excelencia que enarbola el MNER, sus referentes –mayormente varones– no quedan exentos de mostrar actitudes machistas, propias de una cultura que, si bien está en decadencia en estos tiempos, está aún lejos de ser obsoleta:

En el MNER la verdad que... Yo siempre lo tengo muy presente porque no, eh… incluso mis compañeros varias veces me lo han planteado. Diciéndome: “vos desde que empezaste a ir para allá”, me dice: “cambiaste un montón” … Y, sí… te molesta, porque no te agrada mi cambio… A mí me han tratado de loca. Me han tratado de pendeja caprichosa. Todos adjetivos que han usado… hasta un día, un compañero me llegó a decir: “Mirá… sabes que… con vos no se puede hablar, así que voy a ir a tu casa y voy a hablar con tu papá a ver si te puede calmar un poco”. O sea, ¿con mi papá? Yo hace muchos años que vivo sola. O sea, que ya me independicé. O sea, ni siquiera es que vivo con mi papá (Edith, Cooperativa La Matanza).

Amorós (1994) postula que el feminismo está profundamente enraizado en los ideales de la Ilustración y se fundamenta en bases kantianas. Todas las personas tienen algo en común y ello es más importante que sus diferencias: las mismas estructuras racionales. De ahí que ponga el acento en lo universalizable de las normas. Para esta autora, la igualdad sigue siendo la asignatura pendiente del proyecto ilustrado. En verdad, si se analizan seriamente las promesas de la modernidad, los principios de igualdad, libertad y fraternidad no llegaron a desplegarse, o bien, como dice el sociólogo colombiano, Orlando Fals Borda, serían revoluciones inconclusas. Esta filósofa y feminista española propone indagar en el origen del feminismo y distingue un momento previo a la Ilustración, que denomina Género pre-ilustrado, con el predominio de una lógica de castas, asociada a los privilegios de nacimiento, en el que surgen las quejas; mientras que puede reconocerse otro momento, de Género emergente y críticamente ilustrado, en que se instala el sistema de derechos, por lo que se pasa así de las quejas a la discriminación. En este contexto, se develaría que la exclusión de la mujer de la ciudadanía emergente partiría de la adjudicación de determinados espacios: el espacio privado para la mujer y el espacio público para el varón.

En tal sentido, resulta interesante observar cómo se despliegan los roles, tradicionalmente atribuidos al varón y a la mujer, aun en el ámbito laboral:

Y bueno, las compañeras del MNER también, eh… ellas también opinaban y nos decían cómo podíamos hacer o qué pensábamos nosotras para poder solucionar esos problemas internos que teníamos entre compañeras y compañeros. Y en ese momento eran más que nada como tipo… roles. Ese era el problema principal. Eran roles… como que nosotras, por ejemplo, con todas las compañeras decíamos como que siempre nosotras estábamos en el… en el lugar de cuidado… sería… “si hay que cocinar, que vayan las compañeras” … (Karina, Farmacoop)

El lugar de las trabajadoras como sostén de familia

En términos de Burin (2004), la antigua categoría del modelo emancipacionista acerca de la doble jornada de trabajo femenino había constatado cómo la incorporación de las mujeres al mercado laboral, en lugar de cambiar las estructuras familiares, se había transformado en una nueva forma de dominación: la doble explotación del trabajo femenino, en el hogar y en el trabajo extradoméstico. Esta cuestión, que en las clases medias o acomodadas constituye un problema de relevancia, se multiplica exponencialmente en las clases más vulnerables, cuando las mujeres se constituyen, además, en el único sostén de familia, tal como lo mencionan las entrevistadas:

Pero mirás al costado, sí, mirás al costado y tenés a compañeras que eran sostenes de familia y no las querés dejar. Y siempre fui sostén familia, eh… siempre mantuve a mi familia, siempre pagué el colegio de mis hijas, siempre le llevé el plato de comida a mis hijas. Y así como yo, un montón de compañeras que hicieron lo mismo, compañeras que tenían enfermedades en ese momento, que se quedaron en la calle, o enfermedades oncológicas, ¿no? en este momento tampoco pueden seguir trabajando, pero nosotras las seguimos ayudando (Silvia, Mielcitas).

En los nuevos debates se ha incorporado como categoría de análisis el concepto de doble presencia (Balbo, 1978, citado en Burin, 2004), que otorga una dimensión de mayor complejidad a la experiencia laboral femenina, al subrayar que lo característico de esta nueva etapa de su incorporación al mercado de trabajo era la equiparación de las exigencias y valores de lo profesional y lo familiar, a diferencia de la anterior prioridad del trabajo familiar y doméstico. El análisis de la doble presencia puso de relieve la capacidad de las mujeres de gestionar la presencia simultánea en ambas esferas, de articular dos mundos y dos experiencias vitales aparentemente separadas (público/privado; doméstico/extradoméstico; productivo/reproductivo), así como de configurar espacios y tiempos –materiales y simbólicos– complejos y variados.

Sin dudas que la doble presencia les cabe y les sobra a las mujeres del MNER, que gestionan con orgullo una doble lucha: defender la fuente de trabajo con la presencia y el esfuerzo, muchas veces agobiante, en las empresas recuperadas, y cuidar, acobijar y sostener a sus hijos, hermanos, maridos y madres, en el seno de sus hogares:

Sí, para mí es muy importante. Es necesario… sí, sí… Porque a veces las mujeres de una recuperada… Tienen que pasar por diferentes, por diferentes situaciones, porque una, a una mujer, por ejemplo, otras en una recuperada, estás tomando una empresa, pero vos también tenés en tu casa a tu familia, tenés que atender a tu familia, tenés una casa… también para atender, para sostener este… y más todavía cuando sos sostén de la familia, como me pasó a mí, por ejemplo (Karina, Farmacoop).

Fisher y Tronto (1990) refieren al cuidado como todo aquello que se hace para sostener, mantener o reparar nuestro mundo, es decir, para vivir lo mejor posible. La amplitud de la definición es especialmente apropiada para describir un campo de fronteras difusas, transdisciplinario, de múltiples dimensiones y niveles de análisis, dado que abarca el trabajo reproductivo, pero también el productivo; las tareas no remuneradas y remuneradas; las actividades cotidianas y otras profesionales y/o de oficios; el cuidado cara a cara, pero también el que abarca familias, comunidades, instituciones, Estado e, inclusive, el cuidado del planeta. A pesar de la polisemia del término, puede definirse, en la perspectiva de Borgeaud-Garciandía (2018), por poner en el centro la atención del otro. Actualmente, el imaginario social del cuidado, mayormente, refiere al cuidado familiar, feminizado, privado y sin remuneración en el seno de sus hogares.

En esta línea, no puede soslayarse el doble esfuerzo –ya mencionado– que realizan incansablemente las trabajadoras del MNER: cuidar aguerridamente sus fuentes de trabajo y defender, con no menos fortaleza y presencia los derechos y el bienestar de sus familias. Ese es su legado y así lo expresa una de las entrevistadas:

Sí, encima, estoy súper orgullosa de poder… poder haber metido a mi hija en una cooperativa […] Y que ella vaya, como yo digo siempre, mamando todo esto, ¿no? Esto de la cooperativa, ¿no? Me encanta, me encanta, me encanta y siempre le enseño, siempre le digo a ella, vos tenés que hablar, vos tenés que decir las cosas, le digo, ¿viste? Eh… Pero bueno, eh... es algo, es algo increíble, ¿no? Eh… yo también siempre digo que nosotros estamos en una cooperativa y todo lo que hacemos no lo hacemos porque estamos nosotros. Lo hacemos ¿por qué?… Porque queremos que esto… siga… El día que yo no esté, me gustaría que esté mi hija o esté mi nieta, o esté mi nieto ¿no? (Silvia, Mielcitas).

La no identificación del MNER Géneros con el colectivo “Ni una menos”

La experiencia (tanto subjetiva como colectiva) transitada por las trabajadoras a partir del proceso de recuperación de sus empresas resulta crucial para poder identificar las condiciones de surgimiento del MNER Géneros. Al compás de los cambios que advierten en sus propias formas de pensar y de actuar, así como del escenario de transformación que sus luchas contribuyen a edificar, un grupo de trabajadoras emprende la creación de esta comisión de géneros dentro del Movimiento.

Se trata, así, de la asunción de una posición que se configura como la búsqueda por visibilizar las propias necesidades y, al mismo tiempo, como escenario de desmontaje de una doble imposición de hegemonía: la proveniente del entramado de prácticas que se reproducen en la esfera del trabajo, por una parte; la afincada en las reivindicaciones sustentadas desde la perspectiva de género, por la otra.

MNER Géneros desborda la matriz de MNER, tanto como “Ni una trabajadora menos” desborda las coordenadas del colectivo Ni una menos. En ambos casos, lo que está en juego, lo que insiste en la perforación de los bordes de tales agrupamientos colectivos, reside en la específica y precisa articulación que surge de la intersección entre dos condiciones: la de ser mujeres y la de ser trabajadoras. Karina destaca la importancia de dimensionar la experiencia desde el lugar de la mujer:

…lo viven, lo viven desde sus casas. Sí, sí, es así, es así. Así que, por eso, por eso, eh, nosotras empezamos a pensar en este espacio que es tan importante para las mujeres, de las empresas recuperadas, sí. Y bueno, y también el tema de empezar, por ejemplo, a pensar en los roles de las mujeres en la empresa recuperada…

El primer encuentro del Taller de Géneros, en Farmacoop, dio ocasión a la problematización respecto de los roles y papeles que se ejercen dentro de las empresas recuperadas:

… ese día […] mis compañeras dijeron todo lo que pensaban, dijeron… cuáles eran de todas esas, las situaciones que ellas sentían como que les molestaban a veces por parte de mis compañeros. Y también pensamos en cómo se podrían solucionar todas esas cuestiones en las que se quejaban o, o les molestaba y a mí también (Karina, Farmacoop).

En esta vertiente, MNER Géneros aparece como el ámbito impulsor de una reflexión acerca de la equiparación entre la condición femenina y la asunción de tareas de cuidado, de asistencia: interpelación, por tanto, al mundo del trabajo desde la perspectiva de género.

Sin embargo, MNER Géneros propone simultáneamente una interpelación al discurso de género desde la condición de trabajadoras: es por ello que el reconocimiento de la propia inserción en las luchas feministas no impide a las trabajadoras enunciar sus puntos de diferenciación. Silvia, por ejemplo, afirma: No soy una feminista como “ay, no, odio a los hombres, odio a los hombres”; no, no, no, no… yo soy una feminista… donde dice que, bueno, … hay hombres que apoyan a sus mujeres […] y la verdad que … me gustaría que el día de mañana… mi hijo […] que es un nene… tenga eso, tenga eso de apoyar a su mujer, de apoyar a su familia (Silvia, Mielcitas).

Por su parte, otra de las trabajadoras entrevistadas afirma:

Muchas veces se asocia el feminismo como algo muy, como algo que no les, que no interpela o algo como que no es propio, sino que el feminismo es lo que me está mostrando la tele, y eso a mí no me representa […] a fines del año pasado ingresó otra compañera a trabajar conmigo acá en la oficina […] bueno, muchas veces planteábamos y discutimos o debatimos con ella, porque ella justamente me dice esto: “yo, a mí, eso -me dice- no sé, de ponerme en tetas ante la catedral… a mí eso no” (Edith, Cooperativa de Trabajo La Matanza).

Tales posicionamientos permiten visualizar la interrelación existente entre diferentes líneas de diferenciación o de estratificación social: como correlato, las desigualdades y las opresiones no pueden ser reconducidas de modo unidimensional a la operatoria de una esfera determinada, sino que expresan un tipo dinámico de entrelazamiento entre múltiples ejes de subordinación. Desde aquí, e incorporando la perspectiva de la interseccionalidad entre clase y género (Krause, 2016), se puede visualizar la construcción del MNER Géneros como una herramienta de resistencia y lucha contra las formas hegemónicas de imposición de performances y modos de actuar (Butler, 1998) que tienden a la reproducción de las condiciones de dominación insertas en la experiencia de la vida cotidiana.

Conclusiones

A lo largo de este artículo se ha procurado dar cuenta de la doble lucha de las trabajadoras del MNER Géneros: por la defensa de sus fuentes de trabajo, por un lado; y, por el otro, por sostener esa lucha en un pie de igualdad con sus compañeros varones, siendo la problemática del cuidado el estandarte que visibiliza su quehacer cotidiano, tanto en el ámbito laboral como en el doméstico.

Obviamente, se trata de una comunicación de una indagación en proceso, pues no puede ignorarse que tres entrevistas no avalan con suficiencia lo expresado hasta aquí; no obstante, cabe agregar que, al corpus grabado, transcripto y analizado, debe sumarse una gran cantidad de observaciones participativas en distintos escenarios, tales como asambleas, reuniones informales, conversaciones en los pasillos durante el trabajo de campo, que también pueden aportar a la validez ecológica propia de la investigación cualitativa.

Además, el equipo de investigación considera que este artículo aporta al desafío de rescatar voces que podrían quedar relegadas en el discurso blanco burgués feminista, que se desentiende de la diferencia entre mujeres, especialmente al no considerar la distinción entre clases sociales.

Así como el MNER Géneros enfatiza la diferencia respecto de otros colectivos de mujeres en lucha en sus consignas: “Ellos las cierran, nosotras las abrimos”; “Desobedeciendo al sistema patronal”; “Ni una trabajadora menos”, al mismo tiempo sostiene un discurso igualitarista respecto de sus compañeros varones y de otras mujeres que, sin estar en las empresas defendiendo las fuentes de trabajo, desde el ámbito privado, luchan para que las recuperaciones de las fábricas sean posibles.

Entre las hipótesis de trabajo propuestas, se ha planteado que la no identificación con el colectivo “Ni una menos” podría alinearse con la falta de identificación que suele observarse entre las diferentes clases sociales; de ahí que las integrantes del MNER Géneros adoptaran como slogan: “Ni una trabajadora menos”, como una suerte de sello distintivo de aquellas mujeres que mantienen constantemente la doble lucha –y la doble presencia- mencionadas más arriba. A pesar de ello, conviene resaltar que la propuesta de estas mujeres trabajadoras surgió desde abajo, a diferencia de otros colectivos de mujeres trabajadoras de cooperativas que se han organizado desde el poder. Esta otra distinción merece ser rescatada, dado que, para las mujeres del MNER, el varón es un compañero de lucha y, en todo caso, habrá que trabajar para cambiar sus micro machismos. Es más, se está planificando el modo de poder incorporar a los compañeros varones en los próximos talleres del MNER Géneros.

En cambio, otras propuestas desde arriba, como la que organiza a algunas cooperativas, llegan a considerar a los varones como algo a eliminar, o así lo muestran algunas de sus imágenes de difusión para el 3 de junio de 2021, Día Internacional de las Cooperativas. Quizá solo se trate de un mal diseño del flyer en el que se tacha la palabra varones, para nombrar solamente en femenino: “Reconstruir mejor juntas”.

En 2021, se creó la Federación Argentina de Cooperativas de Mujeres y Diversidades llamada ATENEA, que está integrada por 10 cooperativas y que se califica de “revolucionaria”, al considerarse pionera en incorporar a su objeto social la lucha por la equidad de géneros y el fomento de la independencia económica. Más allá de quién comenzó primero a incorporar la dimensión géneros, lo que sería una cuestión menor, conviene resaltar aquí la dimensión no excluyente de MNER Géneros, que propone la necesidad de cambiar juntos: mujeres y varones trabajadores; trabajadoras e investigadores, pues nadie está exento de sesgos.

Esta cuestión excede las pretensiones de este artículo, pero implica una nueva diferenciación que seguramente se analizará en las futuras publicaciones.

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