INVESTIGACIONES

La educación: compromiso esencialmente político

The Education: essentially political commitment

María Esther Álvarez Márquez
Universidad de Oriente (Núcleo de Sucre), Venezuela

La educación: compromiso esencialmente político

Revista de Investigación, vol. 42, núm. 93, pp. 54-69, 2018

Universidad Pedagógica Experimental Libertador

Recepción: 15 Agosto 2017

Aprobación: 15 Enero 2018

Resumen: Investigación documental. Bajo el criterio de la pertinencia se seleccionaron las diferentes fuentes de información, favoreciendo su análisis e interpretación y la producción teórica. Destaca la esencia política de la educación, resalta el sentido original de la palabra política en un intento por reivindicarla, puesto que la misma ha sido apedreada gracias a deshonestas prácticas de quienes se suponen deben conducir con pudor el destino de los pueblos, subraya el papel político de los educadores invitándolos a reconocerse como los más políticos de todos los ciudadanos que conforman una sociedad. Igualmente, se propone pensar sobre la responsabilidad social de hombres y las mujeres en miras de resolver sus problemas por el bienestar colectivo, esto es apostar por el fomento de una conciencia crítica tendente a vivir plenamente la política.

Palabras clave: Política, educación, docente político, bienestar colectivo.

Abstract: Documentary research. Under the criterion of pertinence the different sources of information were selected, favoring their analysis and interpretation and theoretical production. It emphasizes the political essence of education, emphasizes the original meaning of the political word in an attempt to claim it, since it has been stoned thanks to dishonest practices of those who are supposed to conduct with shame the destiny of peoples, stresses the role Political of educators inviting them to recognize themselves as the most political of all the citizens that make up a society. Likewise, it is proposed to think about the social responsibility of men and women in order to solve their problems for the collective welfare, this is to bet on the promotion of a critical conscience tending to live politics fully.

Keywords: Politics, education, political teacher, collective well-being.

INTRODUCCIÓN

Cuando la Política hace su aparición como tema de conversación en el autobús, en la casa, en reuniones con los amigos, muchas veces tiende a salir mal parada. Es muy frecuente asociarla con corrupción, promesas incumplidas, demagogia. Saltan por doquier expresiones como: “la política es sucia”, “soy apolítico”, “yo no me meto en política”, “los políticos son unos ladrones”. Históricas y deshonestas prácticas de quienes se suponen deben conducir con pudor y mesura el destino de los países, han lapidado la palabra Política, alejándola de su sentido original y noble.

Surge, entonces, la necesidad de reivindicar su verdadero significado. Es imprescindible emprender un camino crítico-reflexivo en el que las personas se repiensen como sujetos políticos, revitalizando, así, el compromiso político que tienen todos los ciudadanos a re-significar al otro, a la sociedad toda.

Ante esta urgencia se plantearon las siguientes interrogantes: ¿Qué es política?, ¿Cuál es la tarea de los políticos?, ¿Son políticos los hombres y las mujeres “de a pie”?, ¿Deben serlo?, ¿Los educadores deben inmiscuirse en la política?, ¿La educación es una tarea política?, ¿Cuál es la relación entre política y educación?

Sentido original de la política

“Política” es una palabra que, tal lo como refiere Martín (2006):

…se relaciona lingüísticamente con el término polis, que significa en sentido estricto la ciudad-estado de la civilización griega, donde nace y se constituye por primera vez el modelo occidental de democracia que hoy en día tenemos. El hombre político, según este análisis, es el hombre que vive en ciudad, en sociedad, que participa en el quehacer colectivo, debido a que el individuo no se basta a sí mismo, material, ni espiritualmente (p.12).

La Política apunta hacia la conformación de una ciudad (polis). Una nación se gesta gracias a que sus habitantes cumplen unas funciones específicas dentro de ella con la intención de vivir organizadamente y en armonía. Un médico debe cumplir con su trabajo. Él tiene, dentro de la sociedad, una tarea concreta. La tienen también el albañil, la secretaria, la señora que vende empanadas, la que cuida a los niños, el taxista, el ingeniero, el ama de casa, el joven que asiste a la Universidad, el señor que recoge la basura… Si la Política se dirige a la consolidación de una sociedad, los políticos son todos los ciudadanos que contribuyen, con su accionar, en la constitución de un país.

¿Todos son políticos? ¿Los políticos no son los que inundan – en tiempos de campañas electorales – los distintos pueblos y caseríos, prometiendo lo que nunca van a cumplir? ¿Acaso los políticos no son sólo los diputados, concejales, senadores, gobernadores, ministros, alcaldes y hasta el presidente?

Aristóteles, en su libro Política (tr. 2007), resalta que el hombre es por naturaleza un animal político (zôon politikón) y lo es gracias al lenguaje. Un lenguaje que exige del otro. Implica la posibilidad de encontrarse con el otro, del intercambio y crecimiento permanente. Paz, a través de su poema Piedra de Sol (s/f), manifiesta: “para que pueda ser he de ser otro, // salir de mí, buscarme entre los otros, // los otros que no son si yo no existo, // los otros que me dan plena existencia, // no soy, no hay yo, siempre somos nosotros”. Esto lleva a recordar que el hombre es gracias al otro ser humano, pues el “otro” lo constituye, lo hace ser.

Al momento de nacer, cuando ese nuevo ser experimenta el encuentro con sus los padres y demás familiares, cuando escucha esos primeros sonidos y siente las primeras caricias; empieza a imbuirse de “humanidad”. “Nadie se hace humano solo. Sólo el contacto, el contagio de otros seres humanos, nos hace humanos” (Savater, 2006, p. 27). El hombre empieza a gestarse, poco a poco, dentro de un camino relacional-afectivo. El lenguaje, las costumbres, las tradiciones, la religión constituyen los elementos que propician el paso de un ser biológico-individuo a un ser social-humano, a un ser político. Será político en la medida que interactúa con sus semejantes, que requiere al otro para existir. De aquí que Arendt (1997) señale que “la política trata del estar juntos” (p. 45). Hay que comenzar a concientizar que la política habla de relación de encuentros, de convivencias.

El hombre, puntualiza Prieto Figueroa (1990) parafraseando a Rousseau y a Basedow, se hace hombre gracias al proceso educativoformativo:

¿Pero no es éste un juego de palabras? ¿Acaso desde que nace, carne palpitante de puerperio, no está prefigurado el hombre en el niño? Ciertamente no. Entonces apenas es un proyecto, piedra bruta de cantería donde la vida, cincel de aguda punta, irá forjando la obra, pero no actuando desde fuera como el escultor, sino haciendo crecer desde dentro una conciencia, una personalidad. Educarse es un duro hacerse y rehacerse, que no todos logran en la medida de perfección que requiere la sociedad, porque sobre ellos presionan fuerzas extrañas que, en lugar de forjar en el hombre un hombre, logran seres mediatizados, fáciles presas para la explotación (p. 11).

Es la sociedad la que forja, amasa, teje a ese nuevo ser biológico a través de sus convenciones para convertirlo en un ser social-humanopolítico. De esta idea se desprende la diferencia fundamental que existe entre individuo y persona-humano. Individuo, considera Martín (2006), es: …aquello que no se puede dividir, o aquello que subsiste por sí mismo y es distinto de los demás»… según esta definición, todo hombre es, ante todo, un individuo. Es decir, todo hombre es indivisible, subsiste por sí y es distinto de todos los demás, es un ser único e irrepetible. El problema es que estas características son aplicables tanto a un hombre como a un animal, una planta, un átomo o un objeto cualquiera… este término no incluye una cualidad fundamental: la racionalidad. Lo que distingue al hombre del resto de los individuos es su racionalidad… No todo individuo es racional…No obstante, para ser un agente racional se necesita, ante todo, ser un individuo (p. 15).

La persona (humano), en cambio, es un ser vivo pensante que además tiene costumbres, tradiciones, se relaciona con otros. Está sujeto a ciertas pautas-normas sociales. Martin (ob. cit.) – siguiendo a los pensadores cristianos - afirma que:

…la persona es la «sustancia racional de naturaleza individual»… la persona es fundamentalmente relación con otro de sí. Es decir, toda persona es tal en cuanto que está en constante relación consigo mismo, con Dios y con el hombre y su mundo… Somos personas, en cuanto racionales y en cuanto relacionados con el mundo que nos rodea (p.16).

Todo humano es un individuo pero, ¿Todo individuo es humano? y ¿Todo individuo-hombre, necesariamente llega a convertirse en humano? Las experiencias de los niños salvajes abandonados en la selva sin ningún contacto humano ¿qué sugieren?

Antón (2007), a través del diario El Nacional, presentó un artículo denominado “La Última Niña Salvaje”. En el mismo se expone el caso de Rochom Pngieng, una mujer de aproximadamente 27 años de edad que fue encontrada - en un poblado camboyano - en estado salvaje. Se presume que esta joven mujer permaneció extraviada en la selva más de 18 años. Desapareció a los 8 años mientras cuidaba un búfalo.

Rochom Pngieng se hallaba en completo estado salvaje. Se asustaba ante la presencia de alguna persona. No se podía comunicar. No manejaba ningún idioma. Se negaba a vestir…

Esta experiencia demuestra que, sin lugar a dudas, se necesita a las otras personas para garantizar la condición de HUMANOS. La calidad de “seres humanos” es proporcionada por la sociedad, cuando el hombre interactúa con sus semejantes. Disertando sobre la “humanidad”, Savater (2006) sostiene:

…cada uno nace dos veces: una, del útero materno – biológicamente natural–, y una segunda vez –el nacimiento social–, del útero social. Este último es el que desarrolla en nosotros las posibilidades de humanidad. No es un proceso forzoso; por ejemplo, según algunos relatos… niños que teniendo que vivir en compañía de animales no llegan a desarrollar nunca las posibilidades de humanidad, el pensamiento simbólico, la palabra. Es decir, esas cosas que nos dan los demás. La humanidad nos la damos unos a otros y la recibimos unos de otros (p. 27).

Y justamente, dentro de esa interacción, dentro esa convivencia, dentro de ese “vivir en sociedad”, se encuentra la política puesto que ella implica solidaridad, cooperación, trabajo compartido. En sintonía con esto, Arendt (1997), disertando sobre la política, asoma lo siguiente:

…es una necesidad ineludible para la vida humana… el hombre no es autárquico, sino que depende en su existencia de otros, el cuidado de ésta debe concernir a todos, sin lo cual la convivencia sería imposible. Misión y fin de la política es asegurar la vida en el sentido más amplio (p. 67).

La tarea vital, el compromiso que todos los hombres de la polis tienen es vivir la política: ser verdaderos “ciudadanos”, hombre y mujeres de ciudad. Esto no es más que trabajar junto al otro para garantizar la felicidad de todos la cual se obtiene en la medida en que todos, dentro de un ambiente de tolerancia y respeto, cumplan con sus funciones sociales y participen en la toma de decisiones y en la ejecución de acciones conducentes a la solución de sus problemas.

Platón ya hablaba de esto en La Republica (tr. 2007). En esa Republica ideal, los habitantes - de acuerdo a su clase social (reyes filósofos, guerreros y artesanos) - deben cumplir unas funciones específicas. Los Reyes filósofos tienen la misión de gobernar la República. Los guerreros, de defenderla. Los artesanos, de proveerla de lo necesario: utensilios, calzado, vestido, alimentos.

La República de Platón presenta la idea de una sociedad integrada. La constitución de esa República – plantea Platón – semeja al cuerpo humano. Si algún pequeño miembro de ese cuerpo sufre algún tipo de lesión, todo él lo sentirá; por lo que en la República ideal, el bienestar individual significará el bienestar colectivo. El padecimiento personal conllevará al padecimiento de toda la comunidad. ¿Debería ser ese el sentido social hoy día? ¿Qué implicaría? ¿Se justifican el individualismo y el egoísmo muy de moda en estos tiempos? ¿Ellos atentan contra la felicidad de todos? ¿Se tergiversa así el sentido original de la política?

Esa idea platónica la ejemplifica Savater (2000) en su obra Ética para Amador cuando señala que una persona no puede encerrarse en su apartamento y despreocuparse de los problemas del edificio porque son problemas que les atañen a todos los inquilinos, por lo tanto, a ella también. No puede ser indiferente ante el agua que se filtra de su apartamento, las fisuras en su techo, las cucarachas y ratas que entran y salen de su puerta.

Resulta inadmisible andar con desinterés, con poca identificación por los asuntos colectivos, públicos, puesto que, al fin y al cabo, serán siempre asuntos particulares, privados. Este ejemplo se puede extrapolar al ámbito familiar, laboral, a las relaciones personales y a las responsabilidades y compromisos diarios.

MÉTODO

Investigación de tipo documental, que implicó la revisión, selección, organización, análisis e interpretación de diferentes fuentes de información que giran en torno al tema de la Política y su relación con la Educación. La selección de las fuentes de información se llevó a cabo bajo el criterio de la pertinencia. Es decir, los libros, las revistas especializadas y los documentos en líneas consultados fueron considerados de acuerdo a su vínculo con los objetivos de la investigación, permitiendo, así, la construcción de nuevos conocimientos.

La selección y revisión de las fuentes de información, condujo a la elaboración de un esquema conceptual para el abordaje de los temas y subtemas que conformaron esta producción teórica-reflexiva. El desarrollo de los elementos presentes en el esquema conceptual se gestó desde el análisis y reflexión crítica de las fuentes de información examinadas, lo que propició, a su vez, la interpretación y presentación de nuevos aportes y miradas sobre la educación como un compromiso esencialmente político.

RESULTADOS

Globalización y política

Todo parece indicar que hoy día, en este mundo globalizado, reina una indiferencia colectiva por los valores y las tradiciones locales, regionales, por la cultura propia, autóctona. Se tiende a vanagloriar modos de vida y pensamientos globales impuestos por los medios de comunicación de masa, respondiendo así a las políticas neoliberales tan divorciadas de los derechos fundamentales del hombre, tan alejadas del respeto a la vida, de la identidad de los pueblos, de la protección del medio ambiente.

Se ha instaurado una “dejadez”, un “déjame estar”, un individualismo que espanta. Al hombre lo han convertido en un ser solitario. Ya nadie se sienta a comer juntos en familia en la mesa del comedor (símbolo de unión, de encuentros). Cada quien come en su cuarto viendo la T.V o sentado en la computadora. Cada quien anda solitario sumergido en el teléfono celular.

Savater (2004), en su obra Política para Amador, recuerda que en la Antigua Grecia, “…a quien no se metía en política le llamaron idiotés; una palabra que significaba persona aislada, sin nada que ofrecer a los demás” (p.15-16). Este filósofo español (ob. cit.) expresa, de manera irónica, que si hay que resumir en pocas palabras el mensaje de su obra, diría: “¡no seas idiota!” (p. 16).

Si la política es sinónimo de relaciones, de convivencia, ¿se puede decir que se está globalizando la soledad? ¿Se está globalizando la “idiotés”? Está claro que se está globalizando la apatía, la indiferencia, la intolerancia, la incomunicación, lo superfluo. Han convertido al hombre en un ser autómata que piensa sólo en el hoy sin importarle el mañana. La globalización promueve el aislamiento, el que todos vivan como náufragos anclados en pequeñas islas. Cada uno en su isla.

Millones de náufragos andan deambulando por el mundo, viviendo en islas donde se está prohibido pensar, donde se está prohibido mirar al otro, hacerse solidario con las penas del otro, donde se ha prohibido vivir auténticamente la política.

¿No será que el aislamiento, la poca o nula capacidad de crítica, la desintegración y la incomunicación representan la condición necesaria para amputar las luchas sociales vitales ante las situaciones de injusticia que atropellan y no dejan ser, que no permiten vivir plenamente la vida?

Arendt (2009), en su libro La Condición Humana, mantiene que los antiguos romanos utilizaban “…las expresiones «vivir» y «estar entre hombres» (ínter nomines esse) o «morir» y «cesar de estar entre hombres (ínter nomines ese desinere) como sinónimos” (p. 22).

Si se considera la idea antigua romana de que vivir en soledad era lo mismo que estar muerto, mientras que estar vivo es estar entre los otros, ¿En qué se ha convertido este mundo?, ¿Acaso en un cementerio de muertos andantes? Solos en sus casas. Solos en sus cuartos. Solos viendo la tele. Solos frente a la computadora. Solos sumergidos en el celular. Solos caminando por el mundo.

Platón (1994), en el Protágoras, destaca la creación del mundo, del hombre; subrayando el surgimiento de la Política. Relata cómo Epimeteo y Prometeo participaron en la ardua tarea del surgimiento de la vida sobre la tierra. Epimeteo al no hacer de manera idónea su trabajo - puesto que no le había proporcionado al hombre los mecanismos para sobrevivir y defenderse, dejándolo totalmente indefenso a merced de las bestias - su hermano Prometeo quiso enmendar el error robando a Hefesto el fuego para ofrecérselo a los hombres, pero no pudo robarle a Zeus el conocimiento de la Política. Por este robo, Prometeo fue castigado. Por otro lado, los hombres aprendieron a cultivar la tierra y a hacerse trajes. Pero, los hombres vivían aislados. No tenía noción de “sociedad”. Eran muy vulnerables por lo que eran frecuentemente atacados por los animales salvajes. Para protegerse, decidieron vivir juntos. Rápidamente surgieron los conflictos entre ellos “porque aún no tenían idea ninguna de la Política” (ob. cit., p.137). Se separaron quedando, nuevamente, indefensos ante las bestias. Zeus, al ver la suerte de los hombres y previendo su extinción, decidió proporcionarle la noción de “pudor y justicia”, con el propósito de que lograran vivir en armonía y en comunidad.

Platón (ob. cit.), en el Protágoras, revela el nacimiento de la política mostrándose emparentada con la tolerancia, la integración, la solidaridad. Para este filósofo griego, “…la política versa siempre sobre la justicia y la templanza…” (p. 137 - 138).

Si la política habla de cooperación, de organización comunitaria y del bienestar colectivo, la ética se refiere al bienestar y a la realización personal. Este bienestar privado está siempre en correspondencia con el bien público. No se trata de un bien propiciado por un interés egoísta. Todo lo contrario, la satisfacción personal debe trascender en el otro, en los otros. El alcance del bien común se traduce en la felicidad de cada uno de los miembros de esa sociedad. Es la idea de aquella constitución de la República que Platón comparó con el cuerpo humano. Si algún miembro se lesiona, todo el cuerpo lo padecerá.

Sirve esto para confirmar que “…ningún proyecto de vida es realizable desde la soledad absoluta, sino que implica un sin fin de relaciones, de encuentros, de comunidad con los otros” (Martín, 2006, p.11). La ética y la política estarán siempre vinculadas, emparentadas. Si una falla o se pervierte, se desencadena el caos social. ¿Será esto lo que justifique la idea que se tiene hoy de la política, tan alejada de su sentido original?

¿En qué momento de la historia los encargados de dirigir y velar por el bienestar de las naciones empezaron a trabajar sólo en función de sus intereses y privilegios personales muy personales? Tergiversando el sentido de la ética se fusila el noble propósito de la política.

Tras generalizadas e históricas prácticas egoístas e individualistas, la política pasa a ser emparentada con cargos gubernamentales, y también se le identificó ya no con compromiso social sino como se conoce hoy: corrupción, abusos de poder, enriquecimiento ilícito, cargos públicos garantizados.

Los ciudadanos – los de todos los días – comienzan a no identificarse con la política, a des-creer de ella. No se asumen como políticos, aunque lo sean.

La educación y su naturaleza política

Frente a este panorama, es importante reivindicar a la política, rescatarla, limpiar su carita llena de fango, quitarle ese sucio, roto y mal oliente vestido histórico.

El compromiso es que los hombres y las mujeres se reconozcan, se asuman y se vivan políticos. Políticos son todos los sujetos que conviven dentro de una sociedad. Pero – y en ello coinciden Prieto Figueroa y Freire – entre todos los ciudadanos, el más político es el docente. Es que el docente al tener como tarea la formación de hombres y mujeres, tiene la gran responsabilidad de la consolidación de toda una sociedad. Al formar personas, forma sociedad. De allí el valor indiscutible de la educación y de los docentes. Se invita a revisar la siguiente figura:

Relación
Educación y Política.
Figura 1.
Relación Educación y Política.

La sociedad está conformada por hombres y mujeres. La educación, al formar personas está construyendo sociedad y al constituir sociedad está haciendo política. La educación, entonces, se consolida como un proceso indiscutiblemente político. Es por esto que no se puede hablar de apoliticismo en la educación, ni de educador apolítico. Freire – refiere Torres (1986) - va más allá cuando afirma que “…no es posible hablar siquiera de una dimensión política de la educación, pues toda ella es política” (p.42).

El camino para la transformación de un país es la EDUCACIÓN. Bien lo dijo Bolívar (1997) ante el Congreso de Angostura: “La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción…” (p.115). Un pueblo educado es un pueblo libre, crítico y responsable de su presente y futuro; es un pueblo capaz de superar sus dificultades. Se necesita, para ello, una escuela comprometida con el bienestar social. Una escuela abierta, democrática. Una escuela donde se despierte la solidaridad, la tolerancia, la justicia, la puesta en común, el trabajo colectivo, la capacidad de transformación y de lucha para enfrentar con criticidad las diversas problemáticas que se presenten. Se necesita una escuela política. Esto ya lo había proclamado el maestro Rodríguez (1990):

En las Repúblicas // la Escuela debe ser política… // En la sana política no entran mañas, tretas ni ardides. // La política de las República, en punto a instrucción, // es formar para la sociedad. // En las escuelas que llevan este NOBLE fin… se enseña todo BIEN (p. 287-288).

Si la Escuela es política y si el educador es el más político entre todos los ciudadanos de la polis, es urgente - sobre todo en estos tiempos de superficialidad - que él asuma su práctica educativa con responsabilidad, con pasión, con creatividad. Que sea consciente de la trascendencia de su labor, del papel que ha asumido y asume. Se trata - y no es cualquier cosa – de forjar personalidades. El docente tiene en sus manos la formación o la deformación de un ser y, por ende, tiene en sus manos solidificar o viciar todo un pueblo, una sociedad.

De allí que se aspire a que los docentes amen apasionadamente esta profesión. Una profesión tan necesitada de HUMANIDAD, de paciencia, de comprensión, de comunicación, de cercanía, de entrega sincera, de sensibilidad, de mucha sensibilidad.

Si bien la tarea docente, como suele decirse, es una cuestión de vocación es, y sobre todo, una cuestión de PASIÓN. Pasión por el acto de enseñar. Pasión por el otro que merece respeto, que merece escuchar y ser escuchado. Que merece hablar, que merece raíces sólidas. Pasión por la trascendencia, conscientes de que su labor forjará destinos, posibilidades otras, caminos por andar.

Se necesita que los docentes sean problematizadores del mundo. Que enseñen a leer el mundo con ojos críticos y sensibles. Que sus clases sean encuentros para la aventura, para el descubrimiento, para el diálogo. Que reine la alegría y no la apatía. Que reine el fervor y no el sopor. Que reine el entusiasmo y no el espasmo. Que reine la inspiración y no la desmotivación. Que reine la novedad y no la mediocridad. Que reine la curiosidad y no la pereza mental.

Se requieren docentes conscientes de que su quehacer es esencialmente político. Si no se asume así, no pueden considerarse constructores de hombres y mujeres de destinos. Prieto Figueroa (1976) en su obra Los Maestros: Eunucos Políticos comenta:

La educación es una función política y la más política de las actividades del hombre, porque por medio de ella se forja la nación, se orienta el porvenir y se impulsa el progreso de los pueblos. Según esto, el más político de los ciudadanos debe ser el maestro y siendo el más político será el menos politiquero, porque será el hombre que crea, el hombre del pensamiento y de la idea, el que orienta y estimula, el que detendrá todo amago de arbitrariedad y toda opresión, toda bastarda intención contraria a los intereses de la colectividad por el prestigio de su autoridad y por la crítica honrada y desinteresada (p. 57).

Se dice con frecuencia que el docente no debe inmiscuirse en la política. Se sabe ahora que su naturaleza es política. Es inadmisible un docente apolítico. De lo que debe abstenerse el docente es de llevar al aula de clases sus tendencias partidistas, sus colores, sus consignas.

CONCLUSIONES

Un político, como lo sugiere Platón en su obra Político (tr. 2000), es el “tejedor real”. El docente comprometido con su práctica es un tejedor de ilusiones. Un tejedor de destinos, de caminos, de posibilidades. En función de esto, la educación debe trascender las paredes del salón de clases. La escuela, la familia, los medios de comunicación, la sociedad toda debe velar y responsabilizarse sinceramente por la formación integral de cada uno de sus ciudadanos.

Hoy día parece diluirse el encuentro familiar, el diálogo entre padres e hijos. Cada uno está sumido en sus pequeños mundos, en sus pequeñas cavernas. La globalización parece que los ha atomizado.

Ya no son los padres quienes educan a los niños. Lo hacen la T.V., la computadora, los videojuegos… ¿Qué se espera de esos niños - ya hombres en un futuro cercano muy cercano?, ¿Qué pasará con los niños que esos niños-ya hombres formarán? Se habla del mundo por venir… ¿Tendrá porvenir?

La verdadera educación se debe abordar con urgencia y con real convicción en el aula, en la familia y en las comunidades con el fin de luchar fervientemente contra la modorra global. Está instaurada la apatía con el “espero que otro lo haga”, “espero que otro resuelva mis problemas”. Vecinos que botan siempre la basura en el lugar que no se debe, aunque el camión del aseo pase por sus casas siempre. Vecinos que no asisten a las reuniones de su sector, desvalorizando, negándose a la participación, a la organización, a la puesta en marcha de acciones para solucionar problemas que los aquejan a todos por igual.

Parece que todos tienen derecho a la queja, a cuestionar, a criticar, a reclamar… pero otros que tengan el deber de actuar para que la situación mejore... otros, menos “yo”.

En este sentido, en la entrevista que hace García (2004), Luisa Pernalete señala:

Yo creo que precisamente por no ejercer la ciudadanía, por no participar en la construcción del Bien Común, es que en buena parte estamos como estamos. La fragmentación social, dicho en términos coloquiales, el andar cada quien por su lado sin ver que uno es parte del problema y parte de la solución, la actitud de adolescente que tenemos ante los grandes asuntos del país, siempre esperando que otro resuelva, lo que hace es profundizar, agravar los problemas. Cambiar de actitud, pasar del «muro de los lamentos» – siempre quejándonos y echando la culpa al otro – por el «muro de las soluciones y de la participación» – en donde uno también es protagonista y responsable, es parte de lo que hay que hacer para hacer posible la esperanza. Poder cambiar la cultura política, es imprescindible. Estos planteamientos grandes, si los llevamos a lo cotidiano, significan: dejar de quejarnos por la basura de nuestra calle y unirnos a otros vecinos para resolver el problema, estar informados de lo que ocurre en nuestro país y el mundo para tener elementos que nos ayuden a participar activamente ante los problemas cotidianos… En fin, se trata de no vivir como si estuviésemos solos en el mundo, porque, de paso, solos no podremos sobrevivir (p.38).

Urge educar a la comunidad toda para que ella misma se organice, para que ella misma sea consciente de su problemática, para que ella planifique, actúe y evalúe, para que ella misma sea garante de sus progresos y transformaciones. Se trata de globalizar posturas críticas. Se trata de globalizar sensibilidades. Se trata de globalizar la integración. Se trata de corresponsabilidad, de trabajo colectivo, de bienestar común. Se trata de la consolidación de una nación. Se trata de la felicidad de todos. Se trata de vivir la Política.

Referencias

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Torres, R. M. (1986). Educación Popular: Un Encuentro con Paulo Freire Caracas-Venezuela: Editorial Cooperativa Laboratorio Educativo

Notas de autor

Profesora de la Universidad de Oriente (UDO - Núcleo de Sucre), adscrita al Departamento de Currículo y Administración Educativa. Licenciada en Educación Mención: Castellano y Literatura (UDO Sucre). Diplomado en Literatura Infantil (UDO Sucre).Maestría en Educación Superior (UPEL Maturín). Ganadora de la III Bienal Nacional de Literatura “Cruz Salmerón Acosta” (2015). Actualmente realiza el Doctorado en Ciencias de la Educación en la UniversidadLatinoamericana y del Caribe (ULAC).
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