ARTICULO GENERAL
Historia de Vida de una Niña de la Guerra: Soledad
Life history of a girl of the war: Soledad
Historia de Vida de una Menina de Guerra: Soledad
Historia de Vida de una Niña de la Guerra: Soledad
Revista de Investigación, vol. 43, núm. 97, pp. 13-36, 2019
Universidad Pedagógica Experimental Libertador

Recepción: 15 Junio 2018
Aprobación: 15 Mayo 2019
Resumen: Historia de vida de una niña que, tras la guerra civil española y la segunda guerra mundial, tuvo que huir de su país, refugiarse en Francia y posteriormente exilarse en Venezuela. Constituye un género narrativo utilizado para reconstruir experiencias vividas de personas en un contexto histórico. Investigación cualitativa interpretativa cuya técnica de recopilación de información fue la entrevista con apoyo documental y fotográfico. Los resultados indican la presencia de diferentes momentos de la vida de Soledad y su importancia radica en la necesidad de transmitir sus experiencias para no ser olvidadas en la sociedad donde nació y en la que la acogió, constituye un aporte para las generaciones jóvenes y pone en evidencia los sinsabores por las que pasan los niños y la familia ante hechos tan lamentables como las guerras. La publicación de trabajos sobre este tema tiene repercusión en la sociedad actual.
Palabras clave: Historia de vida, niña de la guerra, guerra civil española.
Abstract: Life story of a girl who after the spanish civil war and the second world war had to flee her country, take refuge in France and then exile in Venezuela. It constitutes a narrative genre used to reconstruct lived experiences of people in a historical context. Qualitative interptretative research whose technique of gathering information was the interview with documentary and photographic support. The results indicate the presence of different moments in Soledad's life and its importance lies in the need to transmit her experiences so as not to be forgotten in the society where she was born and in which she received her, constitutes a contribution for the younger generations and puts in It shows the disappointments that children and the family go through in such lamentable events as wars. The publication of works on this topic has repercussions in today's society
Keywords: History of Life, girl of war, spanish civil war.
Resumo: História de vida de uma garota que, após a guerra civil espanhola e a segunda guerra mundial, teve de fugir de seu país, refugiar-se na França e depois exilar-se na Venezuela. Constitui um gênero narrativo utilizado para reconstruir experiências vividas de pessoas em um contexto histórico. Pesquisa qualitativa cuja técnica de coleta de informações foi a entrevista com suporte documental e fotográfico. Os resultados indicam a presença de diferentes momentos da vida de Soledad e sua importância reside na necessidade de transmitir suas experiências para não serem esquecidas na sociedade em que nasceu e no qual a recebeu, constitui uma contribuição para as gerações mais jovens e coloca em prática Ele mostra as decepções que as crianças e a família passam em eventos lamentáveis como guerras. A publicação de trabalhos sobre este tema tem repercussões na sociedade atual
Palavras-chave: História da vida, menina de guerra, guerra civil espanhola.
INTRODUCCIÓN
El trabajo presenta a través de la historia de vida de Soledad, una parte de su vida, cuando para el año 1939 se vio en la necesidad de emigrar de su ciudad natal: Majadahonda, Madrid, junto con su madre y sus tres (3) hermanos menores debido a las condiciones dadas en España como consecuencia de la Guerra Civil española (1936-1939) y luego por la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Ella y su familia se refugiaron en Francia para posteriormente, radicarse en Venezuela en el año 1948. Desde muy temprano, a la edad de 11 años, debió responsabilizarse de sus hermanos como una persona adulta y cuidar de sus vidas porque su madre tenía que trabajar.
Se entiende por historia de vida el género narrativo que permite reconstruir experiencias de personas que conectan entre sí… “yos individuales que interactúan en familias, grupos e instituciones” (Sautú, 2004. p 21), en el contexto socio- histórico en el que transcurren sus vidas. Esta modalidad investigativa suministra información acerca de las costumbres y eventos que permiten conocer a una persona, revela las acciones como participante de eventos sociales mediante la reconstrucción de los acontecimientos vividos y la trasmisión de su experiencia vital.
Considerando a Blumer (1969) la historia de vida: “.es un relato de la experiencia individual que releva las acciones de un individuo como actor humano y participante en la vida social” (p. 47).
Según expresa Mckernan (1999) hay tres tipos de historias de vidas: las completas que se refieren a la vida y carrera profesional de una persona; aquellas cuya temática está centrada en un aspecto o tema específico y las editadas por la intercalación de explicaciones de otras personas o documentos.
El método biográfico o de historia de vida, adquiriere en la actualidad un valor significativo en el campo de las ciencias sociales. La historia de vida tiene por derecho propio, un estatus científico determinado, que resulta de importancia para la investigación de la cultura, el arte y la propia historia, pues representa una de las formas más pura de los estudios descriptivos ( Hernández-Moreno, 2009).
La presente historia de vida se refiere al relato o narración generada por el actor social y que es obtenida por la investigadora a través de entrevistas, en este caso, se complementó con otros documentos. Una historia de vida implica: ordenar la información cronológica y temáticamente, recortar digresiones y reiteraciones, ajustar el estilo oral del informante lo mínimo posible e introducir notas a lo largo del texto que contextualicen y/o remitan a otras partes de la narración, además de introducir el testimonio de aquellas personas del universo familiar o social del biografiado para dar perspectiva al texto final.
El objetivo de este trabajo es narrar la historia de vida de una niña que vivió la guerra civil española y la segunda guerra mundial, para comprender las relaciones que existen entre su vida, las condiciones sociales y el contexto histórico. Actualmente, Soledad vive en Venezuela, soñadora sensible, como una niña y sus recuerdos están todavía muy presentes en su memoria, lo que sirve de alerta con respecto a situaciones de emigración y exilio de la población venezolana actual.
El colectivo denominado “niños de la guerra” está conformado por los españoles que tuvieron que abandonar España entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1939, cuando todavía eran menores de 23 años, mayoría de edad legal durante la II República. (ABC, 2005)
A juicio de la investigadora, el trabajo es importante pues:
Permite, a los descendientes y a las futuras generaciones, conservar en la memoria este periodo de la vida de una persona que podría representar la de otros muchos niños de la guerra.
Favorece el registro de la experiencia vivida a través de sus propios testimonios orales y escritos para no olvidar las vicisitudes por las cuales pasaron ella y su familia. Los que no conocen esa parte de la historia. La socialización de estas vivencias mediante el conocimiento, es una forma de implicación y de solidaridad colectiva.
Es una narrativa que pretende ofrecer al lector materiales esenciales que permitan recuperar la memoria colectiva sobre el destino, dramático y heroico, de esta niña española y su familia quienes fueron partícipes, sin querer, de los acontecimientos de la guerra española y mundial.
La narración de la vida de Soledad, donde ella participa activamente, presenta algunos silencios y quizás algunas lagunas debido a su edad avanzada y / o por el dolor de las heridas no cicatrizadas ante la veracidad de los hechos, que sí bien son reales, puede ser compartidos por otros para contribuir con la memoria colectiva.
A más de 70 años del fin de aquella tragedia, constituye una oportunidad de enseñar a las nuevas generaciones los horrores del fascismo y de la guerra, y también la oportunidad de rescatar del olvido a aquellos que aún, están presentes y alertar al respecto.
Muchos de los casos narrados por Soledad se están viviendo, en nuestro país debido a la situación de emigrar a otras tierras, por lo que existe la obligación de proteger a los niños y a la familia venezolana.
MÉTODO
La investigación es cualitativa, basada en un estudio de campo, donde los datos fueron recogidos de forma directa de la realidad, los mismos están basados en informaciones dadas por la persona objeto de dicho estudio, a través de entrevistas realizadas por la investigadora dejando autonomía al interlocutor. Las entrevistas se realizaron en diferentes momentos, y la información fue registrada mediante la toma de notas y en grabaciones de audio que luego fueron transcritas por la autora de este estudio. La información fue verificada con Soledad y en momentos contrastada con otros miembros de su familia, con lo cual se adentra a su validez (Rodríguez, Gil y García (1996).
Se abordaron temas de la infancia utilizando las recomendaciones de la guía para recoger las historias de vida planteada por Silva (2001). La informante principal conoció el propósito de esta investigación a quien se le pidió autorización y explico el interés en registrar y escribir parte de su historia: su infancia, su familia y experiencia vivida con fines de investigación y educación para su posterior publicación. También fue informada sobre el respeto a su decisión de permanecer en el anonimato, si así lo deseaba. La información fue grabada y transcrita, y tomada en cuaderno de notas por la investigadora, luego devuelta al informante para la verificación y aprobación del contenido. En algunos casos, se hicieron pausas para precisar en aspectos específicos de su interés, tales como la preparación de algunos alimentos u otros productos.
De igual manera se revisaron documentos relacionados con la guerra civil española y la segunda guerra mundial, además del registro de niños de la guerra en artículos de prensa y fotografías de las épocas señaladas por la informante. En los registros se consideraron los siguientes temas:
Datos biográficos: de la informante y sus parientes.
Información sobre su niñez y juventud.
Información sobre trabajos realizados por sus padres, otros familiares y por ella misma.
Recuerdos relevantes aportados por la informante a lo largo de la entrevista.
Información sobre su matrimonio, su esposo e hijos.
Intereses como su experiencia culinaria.
RESULTADOS
De los datos biográficos propios y de parientes se recogió la siguiente información: Soledad es hija de Victoria Casado Hernández y de Mariano Escribano Valero, ambos españoles de Majadahonda, Madrid. Del matrimonio nacieron Soledad y sus tres hermanos: Mariano, Vicente y César .Su abuela materna se llamaba Faustina y su abuelo materno de nombre Vicente. Su abuelo paterno se llamaba Tiburcio y su abuela paterna Martina.
Soledad nació en el mes del árbol y las flores, plena primavera, el 24 de mayo de 1925, en Majadahonda provincia de Madrid, en España. Para la época era un espacio tranquilo y pueblerino dedicado al cultivo y al pastoreo, donde se llevaban a pastar y beber agua a las ovejas camino a la capital para su comercialización. El lugar está situado en una hondonada, de allí su nombre.
A la edad de 17 años, Soledad se casó con Argimiro Diez, un joven español de Barruelo de Santuyan y quien era hijo de Ursicio Diez y de Manuela Ibáñez. Del matrimonio de Soledad y Argimiro nacieron tres (3) hijos: Francisco, Vicente y Dalia.
Sus hijos se casaron en Venezuela y de ellos tiene ocho (8) nietos y ocho (8) bisnietos. La figura 1 presenta el árbol genealógico de Soledad.
Cuenta Soledad que entre los años de 1936 y 1939 su tierra natal fue escenario de la guerra civil española, y por su cercanía con Madrid fue objeto de fuertes combates, quedando prácticamente desierta y el pueblo derruido. Actualmente es una de las mejores zonas residenciales de la capital de España.


De la Majadahonda de su niñez, Soledad recuerda:
“Vivíamos mis padres, mis hermanos y yo en una casa humilde a las afueras del pueblo, cerca de la carretera. Para las fiestas del pueblo mi padre compró unas mesas y sillas de madera que ponía en el patio de la casa. Allí se vendía comida y vino para las personas que asistían a la verbena.”
“Mi padre tenía un taller donde los habitantes del pueblo llevaban sus bicicletas para su reparación.”
“Mariano era muy trabajador, pues además cuidaba los jardines de la casa de campo de los Belgas, un matrimonio que pasaba en Majadahonda sus vacaciones de verano. Allí mi padre sembraba hortalizas que cuando estaban los dueños con la cosecha se llenaba la despensa de la casa y el resto nos las daban para la nuestra. Él era belga y su esposa francesa. El patrón era Ingeniero de ferrocarriles, era muy educado y amable. La madame era muy atenta y yo le llevaba con mi padre el periódico los domingos y a cambio siempre me daba una moneda”.
Durante sus primeros años Soledad estudió en una escuela rural con una o dos maestras para todos los grados, allí aprendió a leer y a escribir, además de las cuatro operaciones básicas y la geografía e historia elemental de su país. Hasta hoy recuerda de memoria con mucha precisión la división política territorial de la España de la época, la cual cita sin equivocarse. Mientras narra su vivencia en la escuela, recuerda que un día estando allí todos los alumnos, en silencio, atendiendo las explicaciones de la maestra escucharon a unos muchachos cantando.
Con risas recuerda la letra de esa canción:
“Llévame a ver las Leandras que las echan en Pabón. A ver a mi novia Emma vestida de Pichi y bailando el yoyo…”.
Su primera comunión la realizó en la iglesia Santa Catalina (figura. 3) ubicada en Majadahonda y el traje que usó fue un regalo de la esposa del patrón de su padre. Según nos explica, la dama tenía contactos en una tienda de ropas en Madrid por lo que le dio una orden para que Mariano, su padre, la llevara y allí y escogieran el traje que más le gustara.
Soledad recuerda ese momento con mucha emoción y dice:
“Mi traje llevaba como una cruz blanca en el pecho y la falda terminaban con un borde bellísimo plisado”. Y mis zapatos estaban forrados de raso blanco”.

Entre otros momentos de su infancia señala:
“…cuando era pequeña, en mi pueblo no había luz, por lo que el día que la pusieron fue un gran acontecimiento. Todos fuimos a la plaza a ver como la encendían y cuando encendieron el alumbrado todos aplaudimos. “En cada casa pusieron un bombillo, pues hasta entonces nos alumbrábamos con candiles”.
También señala:
“La vida en Majadahonda era muy alegre, recuerdo el baile en verano y el cine al aire libre en medio de la plaza del pueblo”.
“Mis padres alquilaban el espacio donde se hacia el baile por las noches del verano. Allí en la barra se despachaba comida, cerveza y vino. Yo que
era la mayor de los tres hermanos ayudaba en la venta de los caramelos, cacahuates y sorpresas de pasta…”
“Un hombre con una vara larga vendía cintas de tela de muchos colores a las mozas, o a los chicos que las pretendían y ellos se las regalaban a las mozas…Recuerdo que la música, cuando no actuaban los músicos, la tocaban en una pianola y bailábamos”.
Hasta este momento de la historia de vida de Soledad, se describe su vida en familia, con sus padres, una vida simple y alegre como la de cualquier niña de su edad.
Al iniciarse la guerra civil en España, su padre se incorporó al ejército republicano y fue designado como carabinero en Cataluña, allí patrullaban la frontera con Francia. Mientras ella, sus hermanos más pequeños y su madre se quedaron en Majadahonda con sus abuelos y tíos. Motivado a las hostilidades de la guerra, debió dejar su pueblo natal con su madre y sus hermanos. A la edad de 11 años (1936) se vieron en la necesidad de irse junto con su abuela materna a Madrid y posteriormente debieron trasladarse a Cataluña.
A Madrid llegaron en una carreta tirada por mulas, llevando solamente sus ropas y algunos enseres personales. Fueron alojados en una casa deshabitada que les consiguieron las fuerzas republicanas que se mantenían en Madrid. Allí vivieron unos meses. De Madrid viajaron a reunirse con su padre en Portbou, un pueblo español situado al Nororiente de la comarca del Alto Ampurdán (provincia de Gerona). Limita con el municipio gerundense de Colera y con las comunas de Cervera y Bañuls del Mar, en Francia. Está ubicado a orillas de la Costa Brava, es el pueblo español más septentrional del mar Mediterráneo. Los meses que estuvieron en este lugar, Soledad y su familia no pasaron tantas necesidades, pues siendo su padre carabinero en el lugar les vendían huevos, leche, harina de trigo para hacer el pan y algunos granos. Pero pronto esto cambió.
En 1939, en este lugar tuvo lugar la última batalla de la guerra civil española muy cerca del pueblo, hoy en el lugar existe un memorial conmemorativo en la localidad, obra del artista Dani Karavan que, utilizando formas abstractas y en íntima relación con la áspera naturaleza del Pirineo inserta en el paisaje un símbolo que permite acercarse a la situación de amenaza existencial vivida por los emigrantes españoles.
A raíz de la caída del frente de Cataluña, Soledad, junto a su madre y sus tres hermanos tomaron el camino del exilio (1939) con destino a Francia, por lo que
tuvieron la necesidad de ir por los Pirineos franceses. Su padre pasó a Francia alejado de su familia. La guerra causó muchas víctimas y fue el inició de un largo calvario para quienes tuvieron que abandonar su país.
Al respecto Soledad expresa:
“a los 11 años, estábamos en Portbou con mi padre cuando las fuerzas de Franco ocuparon Cataluña, debíamos huir y pasamos con mi madre a Francia llegando allí el 29 de enero de 1939. Las personas se trasladaban en cualquier medio de transporte: camiones, burros, carros tirados por mulas o simplemente a pie; pasamos mucho frio y hambre, los mayores recogían el monte del camino y lo cocinaban. Prendian fuego para calentarse y poder seguir el camino (ver figura 4).

Según señala Altel Vigil (2003) en el Informe que llevó el presidente de la Comisión de Hacienda a la Cámara de Diputados francesa, el 9 de marzo de 1939 se establecía que los niños españoles pasados a Francia fueron 68.000 de un total de 170.000 personas no combatientes. Entre ellos, estuvieron Soledad y sus hermanos.

Al pasar la frontera, Soledad indica que a su mamá trataron de quitarle los niños, pero ella se negó rotundamente a entregarlos y dijo: “donde vayan mis hijos voy yo”. Soledad recuerda que fue la primera vez que vio a un hombre de piel negra, era un senegalés miliciano en Francia.
Las autoridades francesas los censaron, registraron y documentaron a la salida de España y entrada a Francia, es así como aparece en los registros como niña de la guerra y donde fueron categorizados como indigentes.
Muchos años después, ya viviendo en Venezuela, y por motivo de solicitar sus documentos para fines de la memoria histórica, le fue entregada por las autoridades francesas la siguiente comunicación:


La situación de su padre, Mariano Escribano fue distinta, pues alejado de la familia (esposa e hijos) debió huir a Francia, y como militar, fue llevado a un campo de concentración francés ubicado cerca de Paris. Luego supieron que a su padre se lo llevaron preso los alemanes a uno de los campos de exterminio alemán donde llevaron a miles de españoles durante la Segunda Guerra Mundial.
Dicho campo fue construido en 1938 en una colina cercana al núcleo urbano de Mauthausen, pueblo de la Alta Austria ubicado en la ribera del Danubio (ver figura. 8). Allí llevaron detenidos a la mayor parte de los españoles republicanos que estaban en la Francia ocupada después de la Guerra Civil española e inicios de la segunda Guerra Mundial (Mimosa, García, 2015).

Señala Soledad que una vez que llegaron a Francia con su madre: Victoria Casado, se trasladaron a un centro de acogida en la ciudad de Montauban, ciudad situada en el corazón del suroeste de Francia. Al llegar allí les dieron una colchoneta elaborada con tela de coleta rellena con hojas de maíz para dormir en el suelo y una cobija para taparse.
Al respecto soledad dice:
“Cuanta hambre, frío y humedad pasamos bajo esas tiendas. Las condiciones de vida fueron muy malas durante los primeros días invernales pues las temperaturas eran muy bajas y teníamos que estar unos pegados a los otros para tratar de calentarnos”.

Al recordar esta nueva etapa en su historia de vida, Soledad señala:
“Yo tengo un periódico que dice: Sangre en las venas tienen los exilados de la guerra civil española”
Al poco tiempo de llegar a Montauban, su madre, empezó a trabajar limpiando en las casas, allí cosía, remendaba y lavaba ropa, ante lo cual indica:
“… las sábanas eran blancas de lino”, “mi madre las lavaba a mano, cuando llegaba a casa nos decía que las manos le dolían del frio y por el esfuerzo para lavarlas”…
Mientras, a Soledad le tocaba cuidar de los niños más pequeños. Algunas veces trabajaba en las vendimias recogiendo uvas y otras frutas. También aprendió a tejer y hacia suéteres para los soldados.
Un año después ya pudo ir a la escuela de adultos y aprender el francés, para ese entonces, ya tenía 14 años, en plena adolescencia etapa de la vida humana, con cambios físicos y mentales. Sin embargo, Soledad pudo salir de Francia sin evidencias de tener cambios psicológicos graves, aunque sí continuó su vida con algunos temores, algunos buenos recuerdos de lo que fue su experiencia vivida y otros dolorosos. Al respecto Alted Vigil (2003) señala: .Lo que más afecta emocionalmente a un niño inmerso en un conflicto bélico, es el ser alejado de aquellas personas que para él encarnan la protección y la seguridad, sobre todo la madre” (p 59). Afortunadamente la mamá de Soledad no permitió que la separaran de sus hijos.
Un año después, en Montauban, Soledad se puso a trabajar con un sastre de nombre “Pepe Fernández”, originario de Galicia. Según indica, su mejor amiga también era española y se llamaba Mercedes, ella también trabajaba allí. El lugar era muy visitado por españoles que se habían exilado y trabajaban en campos franceses.
Al respecto señala:
“…como sabía que los españoles venían a pasar el tiempo, mis hermanos y yo íbamos allí con frecuencia, y yo sabía que venían por mí”.
Generalmente, los jóvenes que como Soledad habían pasado de España a Francia hacían meriendas a orillas del río Trianón, lugar donde pasaban momentos gratos de esparcimiento. Se bañaban y cantaban. Otras veces iban al cine.
Comenzó a trabajar pasando hilos en los trajes, luego aprendió a hacer ojales a los paltos. Los planchaba usando una plancha de carbonilla. Su amiga Mercedes se enamoró y se casó con Pepe el sastre. Fue aquí donde conoció a Argimiro, quien iba especialmente a verla, al pasar el tiempo, un amigo le dijo: “Tú le estás absorbiendo los sesos a mi pupilo”. Argimiro tenía 7 años más que ella y un día habló con su mamá y le dijo que había pedido los papeles de soltería para desposarla.
Con mucha alegría Soledad nos narra:
“Me casé a los 17 años, mi hija tiene mi partida de matrimonio en Francés” (ver figura 10).

Su primer hijo, Francisco, nació en 1943 cuando ella tenía 18 años y luego nació Vicente en 1947, ambos en Montauban. A su esposo Argimiro lo contrataron los alemanes para trabajar en Biarritz en la construcción de fortificaciones de protección para evitar que las tropas aliadas de Rusia y los Norte-americanos pudieran invadir a Francia.
La familia Diez-Escribano se residenció en esa ciudad, luego decidieron llevarse a vivir con ellos a Vicente Escribano, uno de los hermanos menores de Soledad, para que la acompañara mientras Argimiro trabajaba. De este tiempo, expresa:
“Un día lunes como a la dos de tarde comenzó un bombardeo, en uno de los refugios cayo una bomba y murieron todos los que estaban en el refugio, esta fue una vivencia muy angustiosa y triste”.
Ante este recuerdo Soledad refiere:
“Nos salvamos porque cuando mi hermano y yo con Paquito salíamos para el refugio una vecina llamada Paquita nos dijo que no fuésemos para el refugio, que nos quedáramos con ella en su vivienda. Fue un momento milagroso que nos salvó la vida”.
A raíz de ese accidente su hermano Vicente retornó a Moutauban por miedo a los bombarderos.
Al respecto, la prensa destaca que el 27 de marzo de 1944, el Ejército norteamericano bombardeó Biarritz y parte de Anglet, localidades ocupadas por los nazis desde 1940. Ese día ciento cincuenta (150) civiles perdieron la vida, entre ellos cuatro (4) niños. Doscientas cincuenta (250) personas resultaron heridas y cerca de cuatrocientas (400) casas resultaron destruidas o dañadas por la descarga de cuarenta y cinco (45) toneladas de explosivos (Ontoso, 2014).

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial (1945), Soledad con Argimiro y con dos de sus hijos, recibieron la noticia de la liberación de algunos prisioneros sobrevivientes de Matahussen y de otros campos alemanes, llenos de optimismo, ella y su mamá siempre iban a la estación del tren para esperar el momento de arribo de su padre. Lo hacían, al principio consecuentemente, todos los días, luego cada cierto tiempo, hasta que pensaron que había muerto y no volvieron a ir.
Una vez liberado del campo de Matahussen por los rusos, su padre viajó desde Austria hasta París y fue allí donde una señora de la Cruz Roja Internacional le manifestó a Mariano que su familia vivía en Montauban. Fue de esta manera como Mariano se dirigió a esta ciudad, pero en el andén del tren no lo estaban esperando, allí lo orientaron para encontrar a su familia. Una noche llegó al hogar y su madre Victoria y ella no lo reconocieron por los dramáticos cambios físicos que presentaba. La familia estaba reunida nuevamente.
Al mismo tiempo, con el fin de la guerra, un gran número de españoles republicanos prolongó su exilio sobre el suelo francés. De esta manera Soledad y su esposo emprendieron una fábrica de calzado, como no habían zapaterías se dedicaron a hacer alpargatas conjuntamente con un amigo de ambos. Las hacían con rafia, y según nos describe se preparaba la cuerda y se construían las suelas con un molde de madera para darle forma. Al respecto Soledad dice: “yo bordaba las alpargatas de mujer”.
Al igual que muchos otros españoles, participaron en movimientos clandestinos en contra de los alemanes, conocidos como los Maquis: “Guerrilla francesa de resistencia contra la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial” (Real Academia Española ©). Al mismo tiempo, un grupo comenzó a pensar en salir de Francia en vista la cantidad de refugiados de todas las nacionalidades que llegaban a la zona y que el 50% de las ganancias de su fábrica tenían que dárselo al partido comunista, la desilusión hizo presa de ellos.
Fue así como Soledad y su esposo con dos de sus hijos decidieron venir a Venezuela, saliendo desde Montauban en tren a Paris, desde allí tomaron el avión rumbo a un nuevo destino: Venezuela. La ruta fue: Islandia, Montreal, Nueva York, San Juan de Puerto Rico y arribaron a Maiquetía, puerta de entrada a Caracas, el 25 de diciembre de 1948. Para esa época gobernaba una junta militar (1948-1952) y la situación económica era muy crítica.

Al respecto Soledad señala:
“sólo portábamos 200 dólares, 2 maletas y 2 hijos, por lo que fue muy difícil emprender una actividad económica en esta nueva tierra para nosotros. Mi esposo y otro de los españoles que vino con nosotros se dedicaron a la actividad de lavandería de ropa.
Recuerdos de Soledad acerca del exilio en Venezuela
El exilio fue otra de las consecuencias de la Guerra Civil española y de la Segunda Guerra Mundial, los principales destinos de los españoles republicanos fue: Francia, México, Argentina, Cuba, Chile, República Dominicana, los Estados Unidos de Norte América, el Reino Unido y la URSS. Casi medio millón de españoles salieron de Francia (Alted Vigil, s/f).
Al llegar a Venezuela, el día de Noche Buena, el taxista que los trasladaba hasta Caracas los llevó a un hotel en la Candelaria, pero los costos del mismo no les permitió quedarse por mucho tiempo, por lo que solo estuvieron unos días y luego se mudaron a San Martín, frente a la Iglesia de los Palos Grandes en una casa similar a barracas (galpones) donde se guardaban las carretas de los vendedores de frutas de las calles de Caracas, en este edificio permanecieron por cierto tiempo.
El primer trabajo estable que consiguió su esposo fue llevando la contabilidad de una bomba de gasolina ubicada en la Plaza Venezuela. Ya en la parroquia San Juan conocieron a una señora que tenía una lavandería pequeña y que quería montar una más grande, por ello les ofreció traspasarles su local.
Soledad recuerda:
“él pensó que podía hacer lo mismo. En el autobús me dijo: si esa señora ha salido adelante lavando ropa nosotros también podemos hacerlo y después buscamos un local más grande. Vamos a meter una caldera y lavamos al seco con Barsol”.
“En esos tiempos, mi esposo conoció a un señor llamado Eduardo Antonini quien tenía una fábrica de mermeladas en Sarria, él le ofreció en alquiler el lugar de su propiedad para instalar una lavandería, porque él se mudaba para la Avenida Andrés Bello y sin vacilar aceptamos la oferta fue así como se constituyó la tintorería Madrid”.
En Sarria había una tintorería que se llamaba la Multicolor, allí trabajaba una española que se llamaba María, ella nos enseñó a ponerle maicena a los cuellos de las camisas para que se pusieran duros.
Allí empezamos a trabajar lavando y planchando ropa. Mi esposo recogía la ropa en una bicicleta y las mujeres la lavábamos. El jabón lo hacíamos con cebo y sosa caustica. Al almidón se le agregaban coco y maicena, la plancha la limpiábamos con cera de velas.
Luego nos hicimos de una lavadora de esas que llamaban “Chaca chaca”. Y almidonábamos las camisas, a los hombres les gustaba tener el cuello duro. Después conseguimos lavar los manteles a un restaurant que estaba ubicado en el Calvario.
Posteriormente, para el año 1950, Soledad y su familia se radicaron en Sarria, populoso sector de la ciudad de Caracas, ubicado en la zona centro norte de la capital, cuyos límites actualmente son: la Avenida Andrés Bello por el sur, la Cota mil y Pedro Camejo al norte, La Quebrada Caroata y Simón Rodríguez al este y San Bernardino al Oeste. (Ver figura 13).

Al poco tiempo de estar viviendo en Sarria, varios españoles que habían emigrado igual que lo habían hecho Soledad y su esposo e hijos, decidieron ubicar sus viviendas, en un sector de la Hacienda Los Sarria, perteneciente al General Sarria, allí construyeron la calle Iberia, nombre que deciden porque vivían cinco familias, todas provenientes de España.
Sarria es un barrio emblemático de Caracas, de allí han surgido personajes como Alfonso Chico Carrasquel, Emilio Arvelo, Francisco Diez y otros profesionales e intelectuales que han dado su aporte a la sociedad caraqueña.
En el año 1952, ya instalados en la calle Iberia, viajan desde Montouban hasta Venezuela los padres de Soledad con sus tres (3) hermanos, y en 1953 nace su hija Dalia.

Algo del conocimiento culinario de Soledad
A Soledad le gusta cocinar y a opinión de sus familiares lo hace muy bien. Entre las comidas típicas españolas que más recuerda Soledad, a la hora de las entrevistas señala la sopa de ajos, por lo que nos cede gentilmente su receta.
Esta sopa es un plato español de origen humilde. Fueron los pastores castellanos los responsables de crearlo cuando tenían que recorrer largas distancias y necesitaban un plato que no sólo les calentase en las frías noches de invierno, sino que también les proporcionase mucha energía. La sopa de ajo no sólo tiene un sabor delicioso, sino que también es tremendamente saludable.

Ingredientes para seis raciones.
Seis dientes de ajo; 2 litros de agua o una base de caldo de pollo; 2 cucharadas de pimentón rojo. Una rama de Cebollín. Apio España y cilantro. Dos o tres huevos; 6 rodajas de pan duro (preferiblemente del día anterior), 4 cucharadas de aceite. Sal y pimienta al gusto.
Así la prepara Soledad.
Se pelan y cortan los dientes de ajo en trocitos.
Se calienta el aceite en una sartén y se añade el ajo para freírlo levemente hasta dorar, no deben quedar muy tostados pues amargarían la sopa.
Se retira la sartén del fuego y se espolvorea con el pimentón y las hierbas picadas finamente.
Luego se coloca al fuego una cacerola, añadiéndole agua o caldo de carne. Se agrega el contenido de la sartén, mientras se remueve la mezcla.
Se sigue cocinando a fuego lento durante unos 20 minutos y se añaden las rodajas de pan, la pimienta, sal al gusto y los huevos hasta quedar escalfados.
Servir la sopa muy caliente.
CONCLUSIONES
La Historia de vida de una niña de la guerra: Soledad, se refiere al relato de sucesos que ella vivió en este período de su vida, aunque no es exhaustiva, permite interpretar cómo los momentos de la infancia de una persona se mantienen en la memoria y ser recordados en el contexto familiar y social de la época. La historia de vida, por lo tanto, suele resumir los hechos más salientes de la existencia de un individuo.
A la hora de crear una historia de vida se hace vital el llevar a cabo una serie de pasos necesarios para conseguir que el resultado sea el esperado. Así, los profesionales de este tipo de documentos coinciden en subrayar que hay que acometer entrevistas a todas las personas que, de un modo u otro, pueden dar a conocer parte de la existencia de quien trata el relato.
En su historia de vida como Niña de la Guerra, Soledad pasó por muchos sufrimientos pero, también por momentos agradables con quienes compartieron y que quedan vivas en la persona, sus hijos y en la familia. En su relato aún hay espacio para narrar sus vivencias, el compañerismo y el afecto que, en el pasado, recibió de familiares y amigos.
A pesar de todas las vicisitudes que la Sra. Soledad vivió en su niñez y adolescencia, fue capaz de superarlas, construir su familia, sacarla adelante y llegar a los 94 años de vida.
Esta narrativa de lo que vivió en su niñez, pone en relieve que las guerras sólo traen penurias, tristezas y muerte. En ellas los niños son los más afectados especialmente en recuerdos como el frio, el hambre y cansancio del éxodo.
El bombardeo de Biarritz sigue en su mente. Sin embargo, la tenacidad y protección de la familia de Soledad, en especial de su madre, permitió su sobrevivencia para que sus descendientes fueran figuras destacadas en la sociedad venezolana, entre ellos educadores de amplia trayectoria y reconocimiento. Razón suficiente para respetarla y honrarla.
Se evidencia en esta historia que se pueden superar las mayores adversidades con dignidad y el ansia de ser libre. Soledad y su esposo tuvieron la habilidad y certeza de que juntos podían lograr lo que quisieran y así lo hicieron.
Su condición de inmigrante permitió constituirse en una célula familiar que daba la oportunidad de adaptarse a todos los familiares que posteriormente llegaron al país y cohesionar los lazos entre todos ellos.
La recurrencia de los episodios de la guerra se evidencia en la necesidad de hablar sobre ellos en cada encuentro que se tenía con la Sra. Soledad y con sus hijos.
A opinión de la investigadora. este trabajo es un alerta para evitar la guerra y
un llamado a la paz en Venezuela. Las guerras solo provocan muerte, retraso económico, científico, cultural, discriminación social, emigración de la población, daños ocasionados a los niños y lo más grave, desintegración de las familias, base fundamental de la sociedad..

Esta es Soledad a sus 94 años, una niña de la Guerra Civil española y de la Segunda Guerra Mundial, que vive y aun reside en Caracas, Venezuela.
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