INVESTIGACIONES

Los nombres del estudiante de posgrado: semblanza epistémico-política

The names of the postgraduate student:epistemic-political semblance

Os nomes do estudantepós-graduado:semblante epistêmico-político

Carlos Briceño
Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Venezuela

Los nombres del estudiante de posgrado: semblanza epistémico-política

Revista de Investigación, vol. 43, núm. 98, 2019

Universidad Pedagógica Experimental Libertador

Recepción: 01 Enero 2019

Aprobación: 01 Septiembre 2019

Resumen: El objetivo fue analizar durante el ingreso del estudiante la disposición de ánimo, pensamiento y acercamiento a la intencionalidad plasmada en el estilo de leer y de escribir, ya que al comenzar dispone o no, de un ambiente creado por sus profesores y compañeros, en el cual pueda discutir sus dudas, como manera de alimentar su seguridad y sentido de pertenencia. Fue metodológicamente abordado desde un análisis sobre la actualidad de la Ilustración, vinculado al concepto de persona a través de la lectura y la escritura en una relación dialéctica. Se dejan ver, como resultados, algunos horizontes teóricos, sintetizados en la realidad del ingreso al postgrado, la vinculación sujeto-comunidad como soporte teórico-práctico en la identidad persona, el cambio socio-personal inherente al encuentro crítico entre lector y autor.

Palabras clave: Educación, ilustración, Universidad, ngreso.

Abstract: The objective was analyze the student's income as a mood, thinking and approach to the intentionality embodied in the style of reading and writing, of the person who at the beginning has or not, an environment created by their teachers and colleagues, in which you can discuss your doubts, as a way to feed your security and sense of belonging. The theme is methodologically approached from an analysis on the actuality of the Enlightenment, linked to the concept of person through reading and writing in a dialectical relationship. We can see, as results, some theoretical horizons in the world that is little discussed, although not for that reason, of administrative processes and the importance of the psychological, philosophical and sociological approach of the educational situation indicated in the entrance to the postgraduate course.

Keywords: Education, illustration, University, intry.

Resumo: O objetivo deste artigo é analisar a renda do aluno como um estado de espírito, pensar e abordar a intencionalidade incorporada no estilo de leitura e escrita, da pessoa que no início tem ou não, um ambiente criado por seus professores e professores. colegas, em que você pode discutir suas dúvidas, como uma forma de alimentar sua segurança e sentimento de pertença. O tema é metodologicamente abordado a partir de uma análise sobre a realidade do Iluminismo, vinculada ao conceito de pessoa através da leitura e da escrita em uma relação dialética. Podemos ver, como resultados, alguns horizontes teóricos no mundo que são pouco discutidos, ainda que não por isso, dos processos administrativos e da importância da abordagem psicológica, filosófica e sociológica da situação educacional indicada na entrada do curso de pós-graduação.

Palavras-chave: Educação, iIlustração, Universidade, renda.

INTRODUCCIÓN

La realidad universitaria del “ingreso” es abordada, teniendo como telón de fondo la experiencia docente de postgrado de su autor en universidades privadas y públicas de Venezuela y la discusión en torno a la actualidad de algunos postulados de la Ilustración como movimiento intelectual paradigmático de la valoración del conocimiento académico en el sujeto que aprende, vinculada al concepto de persona a través de la ejercitación de la lectura y la escritura en una relación entre pasado-presente-futuro.

La temática se enmarca en los objetivos de la Línea de Investigación Educación: “Ethos, pensamiento y praxis” del Nucleo de Investigación de la Extensión:La Asunción del Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio.

Se valora la Ilustración en tanto condición de postura educativa crítica más que como optimismo ingenuo en el progreso personal, grupal e histórico, caracaterizada por un “afán de transformación de las condiciones sociales y culturales en las que viven los hombres” (Savater 1988, p.221).

Se asume aquí al término sujeto como expresión de autonomía, de responsabilidad, de conocimiento y de relación. Sin desconocer lo peyorativo que tiene dicho término para los detractores del movimiento de la Ilustración quienes lo exponen como lo contrario a esta caracterización. Está última acepción facilitaría la desintegración de los seres humanos en simples instrumentos al servicio de maquinarias grupales de distinta índole. Al concepto de sujeto se le relaciona más, bien, con el de persona más que con el de individuo, en el ámbito educativo y filosósfico, por cuanto la formación de la subjetividad y las relaciones intersubjetivas fueron anuladas en forma de individualismo y empirismos extremos, que uniformaron, nivelaron y anularon la condición y diferencia personales, favoreciendo la repetición y la reproducción colectiva de conocimientos ajenos al sujeto (Millán, 2015, p. 45).

Mediante la discusión de los alcances de la Ilustración, el denominado ingreso del estudiante es aquella disposición de ánimo, forma de pensar, exposición de los prejuicios, acercamiento a la intencionalidad, o al estilo de leer y de escribir, de quien al comenzar dispone o no, de un ambiente creado por sus profesores y compañeros, por su acción y convicción, en el cual pueda discutir dudas, expresar sentimientos y reconfigurar ilusiones, sin temor a ser descalificado y sin necesidad, a la vez, de descalificar a las personas que le contradigan, como manera de alimentar su seguridad y sentido de pertenencia.

La llamada al coraje de saber (el lema kantiano de la Ilustración: (¡sapere aude!) se traduce en la exigencia crítica de una autolimitación del uso de la razón que hace posible una obediencia coherente con la autonomía del sujeto…la minoría de edad…es principalmente la situación de heteronomía que se produce cuando el entendimiento supera los límites del conocimiento y cae en la fe ciega y el dogmatismo (Foucault, 2007, p. XXII).

La puesta en común de ideas en el aula a través de los encuentros presenciales sólo se realiza dialécticamente cuando previamente se ha leído, discutido, reflexionado,investigado, consultado o escrito del tema en cuestión, y no solamente cuando pregunta el profesor en la clase y responde el alumno de una manera mecánica o literal, ya que ésta postura pareciera más apropiada para conversar acerca de las actitudes y hábitos de la mayoría de los estudiantes de la denominada durante varios años tanto en Venezuela como en otros países, Escuela Básica, cuyo nombre y significado está en la actualidad sometido a debate.

En la educación denominada “Básica”, generalmente se solicita al alumno que su respuesta ante lo que dice, piense, siente y decide el docente se sustente en su capacidad para mantenerse en silencio, copiar lo que y como se le sugiera para repetirlo posteriormente. Esta es una práctica pedagógica, que como tendencia dominante en la cotidianidad del docente universitario, mantiene vigente la sentencia clásica de la actitud autoritaria: “la letra con sangre entra” que se traduciría en la utilización irracional que el profesor hace de su autoridad y que puede, en ocasiones, servir de pretexto didáctico ante la falta de recursos didácticos o de interés por la realidad educativa.

Un aspecto necesario de la revisión del ingreso a la educación de postgrado es la inquietud de quien emprende tal tarea sin estar convencido o convencida de las exigencias personales y por ese motivo se le complica tanto la permanencia como el egreso. Al afrontar esta coyuntura formativa con tal perspectiva no hay disposición de asumir la condición universitaria aunque al final obtenga, por ejemplo, el deseado título de Magister. Podrá aplicarse a tal individuo el conocido refrán venezolano utilizado en algunas casas de estudio y se dirá entonces que “pasó por la universidad pero la universidad no pasó por él”. Este ser lleva siempre consigo de la casa al aula y a la inversa, del aula a la casa, los materiales de estudio y las tareas correspondientes pero sin la mínima intención de revisarlos para corregir su forma de trabajar, de enseñar, de investigar o de aprender, etc. Siempre visualiza y atiende otros compromisos como prioritarios.

Se da el caso complementario del planteamiento anterior,de quien ingresa al postgrado simplemente por complacer a sus familiares o a sus amistades pero no quiere dedicarse completamente a la educación, le importa más pensar, planificar, ejecutar y evaluar cualquier otra ocupación, que si no produce más beneficios económicos inmediatos es más de su agrado que estar, por ejemplo, en el aula todos o casi todos los fines de semana durante unos tres, cuatro, o cinco años, y además, buscar tiempo en su casa para revisar unas ideas, propuestas por los profesores, que le parecen extrañas o extravagantes.

La tercera caracterización del estudiante, radica en la valoración positiva de las diferencias propias de las individualidades en cuanto a la manera de preparar y presentar los contenidos temáticos que tiene cada uno de los profesores en el tiempo académico de su permanencia en la institución.Estilo de aprendizaje que es, a su vez correlacionado,con quien se dedica durante el tiempo educativo, a subrayar y valorar la forma que tiene cada estudiante de revisar, reflexionar, vivenciar y exponer los distintos temas académicos, con la manera de cada persona, de cada compañero de su grupo y de los demás grupos que se organizan en las diversas asignaturas, para aproximarse a los diferentes autores. La ejercitación de la auto e interlectura favorece la propia identidad:

Te pones en juego en relación a un texto ajeno. Lo entiendes o no, te gusta o no, estás de acuerdo o no... En el estudio, lo que cuenta es el modo como, en relación con las palabras que lees, tú vas a formar o a transformar tus palabras. Las que tú leas, las que tú escribas. Tus propias palabras. Las que nunca serán tuyas (Larrosa, 1996, p. 2).

Este tercer modo de ser estudiante de postgrado, es distinto a los dos anteriores. El estudiante y el profesor entran en una relación mediada por el desconocimiento que tiene cada uno de sí mismo y se deja interperlar por el encuentro del estudio. El trabajo de construirse a sí mismo se ejercita al distanciarse de la costumbre y del modo de ser complaciente a voluntades ajenas. Este aspecto es básico para apreciar lo que denomina Larrosa, modo de relacionarse el lector con lo leído.

Abrir senderos para el autoconimiento y el reconocimiento social desde el ejercicio de lecturas posibilita una realidad de estudio, que en un primer momento aparece como ajena o contradictoria a los intereses y necesidades del estudiante y que luego se transforma, mediante el trabajo que realiza el mismo estudiante sobre él, en medio que tiene para la finalidad de conocerse, valorarse a sí mismo en tanto conoce y valora al otro. Conocer y valorar no implica identificarse completamente con el otro.

Objetivos

· Revisar rasgos de actualidad de la Ilustración en las actitudes, pensamiento y hábitos de los docentes y estudiantes de postgrado desde la reflexión implícita en el ejercicio de la docencia.

· Señalar contradicciones teórico-prácticas en el concepto, la experiencia y la pasión por la autoridad como eje de formación tradicionalista de docentes y estudiantes que se llaman democráticos.

· Reestructurar la condición del ingreso al postgrado desde una articulación de las dimensiones temporales y la concepción teórico-práctica de la lectura y de la escritura.

MÉTODO

Las ideas han sido entrelazadas con la práctica mediante una investigación documental en la cual se lleva a cabo “el estudio de problemas con el propósito de ampliar y profundizar el conocimiento de su naturaleza, con apoyo principalmente en trabajos previos, información y datos divulgados por medios impresos” (UPEL, 2006, p.20). Se busca desde el análisis del estudio de postgrado exponer las complejas realidades institucionales tanto académicas como administrativas, tejidas todas ellas de contradicciones que adquieren significado interdisciplinario cuando dejan de verse como problemas aislados, del estudiante o del profesor y se entienden como circunstancias socio-historicas de la educación.

La originalidad de este escrito “se refleja en el enfoque, criterios, conceptualizaciones, reflexiones, recomendaciones y, en general, en el pensamiento del autor” (idem) sobre las relaciones conceptuales y prácticas que se crean en la revisión del ingreso del estudiante a la comunidad del postgrado a fin de que sea un proceso de crecimiento académico, personal y social antes que una obligación o una distracción temporal.

La propensión dialéctica del artículo se capta en la manera de estudiar su origen que puede encontrarse en la experiencia docente de su autor, la cual es incomprensible sin el conocimiento de su formación teórica. Asimismo en el análisis de su partes: al ver el tiempo como algo continuo, no desconectado ni superpuesto en el proceso formativo; cuando se procede a relacionar los hábitos, tendencias metodológicas y percepciones teóricas provenientes del ámbito familiar del estudiante con los procedimientos analíticos y los postulados complejos de la teoría educativa presente an los autores consultados; cuando se procede a vincular la educación básica con la universitaria en tanto situaciones interdependientes, antes que como simples agregados de un todo.

Si el pensamiento dialéctico no es pues contradictorio en el mismo sentido que la naturaleza y las cosas, el conocer y el ser difieren al mismo tiempo que están ligados. Especialmente el conocer en el curso de su desarrollo, no es un reflejo exacto y continuo del ser (Lefebvre, 1964, pp.33-34).

En el apartado referente a la relación entre los nombres del estudiante y el estudiante ante los nombres de los profesores también existe la tendencia dialéctica, en tanto que la situación abarcada con tales términos pierde su significado y se tramuta por otro cuyas consecuencias antes que ser síntesis de superación formativa son obstáculos epistemológicos o sociales para la integración personal de quien aprende y de quien enseña.

Los textos del análisis histórico – crítico fueron escogidos entre los autores de la modernidad europea y de la contemporaneidad latinoamerica y venezolana, cuyo corpus teórico refuerza la experiencia docente del autor y su reflexión a fin de mantener una tensión tórica-práctica entre lo subjetivo y lo institucional, entre lo presencial y lo distante del estudio en postgrado. Se ha buscado un diálogo entre filosofía, literatura, sociología y educación para aproximarse a la construcción identitaria del “ingreso” a la condición de postgraduado.

Se han excluído textos muy discutidos actualmente en el mundo académcio de autores norteamericanos más que por motivación ideológica por delimitar el tema y ubicarlo dentro de la naturaleza exigida para estos casos. Se aprecia la aportación filosófica, sociológica y educativa surgida en los Siglos XIX y XX, continuada en lo que va del XXI en dicho país, pero se prefiere dejar para otra publicación una reflexión exhaustiva sobre los mismos.

La experiencia docente se somete a la crítica de otros autores y lectores, desde la constante reconstrucción multidisciplinaria de los conceptos de: educación, ilustración, universidad e ingreso. Estos constructos son contextualidades en una historia que no es sólo problemática de un pasado individual o institucional y que no puede desarrollarse ignorando lo que ha sido subjetiva e intersubjetivamente.

RESULTADOS

La concepción y la vivencia del tiempo formativo antes que verse como una mera sucesión de acontecimientos desconectados entre sí, en el cual la Educación Básica aparece después de la Educación Primaria de un modo semi-automático y como una amenaza en el estudio, puede aprehenderse como soporte de la integración de la persona del estudiante en sus vinculaciones con la institución universitaria.

El estudiante cuando ingresa al postgrado lleva consigo la historia de su formación y sus experiencias y conocimientos familiares y sociales, situación que, al ser pensada y sentida en el mundo emergente, se verá alternada y cuestionada con la de sus congéneres y la de sus docentes. De tal modo que la síntesis que logrará en el tiempo de su permanencia será única en el sentido de que ninguna otra persona será capaz de repetirla pero estará teñida del trabajo y de las vivencias comunitarias.

La ideología personal es parte del equipaje con el que ingresa la persona al postgrado, equipaje que será reorganizado, tramutado o sacudido desde la complejidad social del ser estudiante. En este movimiento inicial el tránsito del individuo a la persona pasa por analizar la postura constructivista y su amenaza silenciosa de totalitarismo, así como la tendencia democrática con su aguijón del relativismo.

El valor de estar presente: la mirada entre el pasado y el futuro

Las actitudes, los conocimientos y la experiencia de quienes aprenden y de quienes enseñan en la educación superior forman el constructo “estar presente” en los diferentes cambios que demandan revisión permanente a cada personaen tanto expresón de necesidad social. La valoración académica de investigar el asunto de “estar presente” en la Universidad para quien se iniciaen la misma como estudiante de postgrado, implica, revisar la importancia o el desacierto, y la importancia del desacierto, de las maneras de estudiar en las etapas anteriores de su formación para evitar refugiarse en la nostalgia de un pasado ante cualquier exigencia del momento actual de algún profesoro de un grupo de compañeros de estudio.

La preocupación por el crecimiento académico en el estudiante de postgrado no implica por sí misma una desvalorización teórica de los mecanismos de ingresar a la Universidad. Resulta parcializada la actitud del profesor, su disposición o manera de ver con indiferencia las gestiones institucionales,al impedir el comienzo a cualquier persona que muestre capacidad e interés por el estudio detenido de los distintos procesos educacionales, simplemente por su ideología política, o por otros intereses grupales de cualquier signo.

La mirada del estudiante a las lecturas y escrituras en el postgrado realiza un giro al pasado, comprensible de distintas maneras: puede teñirse su ingreso de confusión nostálgica, aunque no haya tenido una existencia como la imaginada, no por ello esa imagen se vuelve menos real en el presente. Otra es la concepción de la lectura como simple repetición de lo que dice un texto, sin detenerse a buscar el significado de términos desconocidos, la historia de su autor, o su valoración en las relaciones interpersonales. Descuida las distintas formas de dialogar que pueden darse entre el autor y el lector:

El nombre de autor no se sitúa en el estado civil de los hombres, ni se sitúa tampoco en la ficción de la obra, se sitúa en la ruptura que instaura un cierto grupo del discurso y su modo de ser singular (Foucault, 1999, p. 8).

Cuando se tiene y se mantiene la idea de un límite completamente infranqueable entre el autor de un texto y el lector del mismo, donde el primero es visto como autoridad indiscutible en todos sus aspectos, entonces la multiciplidad de acercamientos a la vuelta al pasado, se lee en diversos aspectos: en aquella costumbre de escribir de cualquier modo, de negarse sistemáticamente a organizar las ideas antes de redactarlas y de no revisar el escrito para transmitir de diferentes formas su idea principal.

La necesidad de “estar presente” para quien realmente quiere egresar con la condición de posgraduado lleva implícita también la valoración del pasado no como obstáculo en el crecimiento personal, sino como modo de cuestionar la mecanización de algunas exposiciones o de algunas formas de tratar aspectos educativos que demandan riesgo, y superación del horror al fracaso en lugar de refugio en ideas no cuestionadas consciente o inconscientemente, y cuya inadecuación en lugar de entenderse se enrarece con el paso del tiempo.

También adquiere la connotación de las ideas, emociones y pasiones contenidas en el asunto de “estar presente”, el modo de ser del estudiante caracterizado por un escape de los compromisos del “ahora” por la supuesta importancia que se le atribuyan a los mismos para el futuro. Pensar en el futuro, puede convertirse aunque parezca contradictorio, en olvido de las condiciones humanas en las que se está viviendo para sentirlas, experimentarlas y pensarlas de otra manera,como realidad inalterable.

El pasado y el futuro, se confunden generalmente sin que la persona descubra su entramado de supuestos tanto teóricos como prácticos. Ya lo advertía el reconocido pedagogo francés vinculado críticamente con el movimiento de la Ilustración, al llamar la atención para valorar al niño y su tiempo que, en el momento de la educación formal, tiene el docente, antes que descuidar sus necesidades afectivas, cognitivas y sociales por estar imaginándose qué puede ser de ese niño cuando se haya transformado en adulto:

Los más sabios se aplican a lo que importa saber a los hombres, sin considerar lo que los niños están en condiciones de aprender. Buscan siempre al hombre en el niño, sin pensar en lo que es antes de ser hombre (Rousseau, 1990, p.28).

El tiempo dedicado a la auto y a la co-formación como una síntesis de pasado- presente-futuro, no es entonces una abstracción de una actividad indefinida. O puede convertirse en una abstracción, en un concepto alejado de las necesidades de la persona y de la sociedad, cuando el estudiante que ingresa al postgrado espera a que se produzcan los cambios personales o sociales de forma mágica, cuando procura obtener sus fines sin importarle la calidad del trabajo o el sentido de los medios, así como cuando se busca un título sin someterse a la disciplina del estudio.

La conceptualización y aprehensión de una formación subjetivizada implicaría entonces, para quien realmente quiere ingresar en el postgrado de la universidad, el descubrimiento y desarrollo de condiciones para elaborar análisis, síntesis, resúmenes pertinentes del pasado antes que revisiones improvisadas del mismo que le llevan a desvirtuar su propia identidad, a veces por exigencias de la actualidad en las que confunde sus necesidades con los intereses del entorno, en las que no puede relacionar sus prioridades y elabora concepciones o sentimientos no correspondientes a tales demandas.

Una formación subjetivizada y personalizada, implica, la visualización del futuro a través de la síntesis del ayer con el hoy, en la que no se caiga en el dilema de descuidar la organización de las actitudes y pensamientos más importantes por atender las solicitudes de una imaginación impersonalizada. Gestionar la propia vida conlleva comprender el pasado en relación con los demás y consigo mismo como oportunidad para superar obstáculos a las formas de aprender y de enseñar en el presente.

Significación educativa del presente desde el vínculo persona-comunidad

Las invocaciones a las uniformidades en las actitudes, los sentimientos y en los pensamientos -como disposición de mantener vigente el pasado soñado o de alcanzar de manera disimulada el futuro imaginado, sería una traducción de la literaria y milenaria búsqueda del paraíso perdido o prometido- que se pueden observar en los estudiantes, posiblemente más de lo captado por quien escribe estas reflexiones, parecen más pertinentes para otro tipo de educación que por su naturaleza no está principalmente orientada al cambio personal y social, como pudieran verse, desde algunos paradigmas, a la educación militar o la formación religiosa.

Las intenciones tradicionalistas, se aprecian muy distantes para saber estar presente, no solo por parte de quienes ven el aprender como parte de las prioridades de su rutina, sino también entre quienes buscan formar a los ciudadanos con la convicción de desarrollar desde diferentes perspectivas teóricas y en distintos momentos pedagógicos, la capacidad implícita a los métodos y contenidos temáticos de transformar, de modo sistemático, tanto a la persona como a la comunidad.

Puede plantearse como rasgo externo de la manera tradicionalista de entender la formación, averiguar el por qué en esta etapa universitaria, no se le exige a quien estudia o enseña, uniformidad grupal en su estilo de vestir como sí se le exigía cuando era estudiante de los primeros o los segundos grados; o como sí se le exige a quien permanece en las filas del ejército, o a quien se dedica al servicio de su comunidad a través la vida religiosa.

Cuestionar la uniformidad educativa, no es referirse a la exclusión radical del trabajo grupal, o a la ignorancia de las semejanzas que necesariamente surgen tanto entre los estilos de docentes como entre las ideas estudiantiles. Esto sería apoyar el aislamiento en lugar de la socialización de la persona. Pero asimismo defender los unidad indiferenciada como el valor exclusivo de los grupos en deterioro de las individualidades, se considera aquí un atentado contra la manera de ser, de quien ingresa, permanece y egresade la educación universitaria de postgrado.

La pluralidad no es un valor en sí misma, se trata en este punto de la pluralidad como una abstracción de las personas, para entenderla es importante contextualizarla. Así, por ejemplo, a primera vista la intención de convencer a los semejantes del valor de defender cualquier idea, proyecto o estudio, es alcanzar por todos los medios posibles que ese público pueda, sin mucho esfuerzo, visualizar que siempre se busca el bienestar de la mayoría cuando se trata participar en la toma de decisiones colectivas. Pero, en una segunda vista al asunto, esto es un error de interpretación que puede ser producto del desconocimiento de la situación o de la existencia de sujetos que lo usan para el mantenimiento o aumento de su propio bienestar a costa del bienestar de los otros.

Implicaciones prácticas del concepto abstracto de pluralidad se encuentran cuando el docente no crea condiciones para discutir entre los estudiantes las consecuencias de sus planteamientos, cuando no permite los análisis y las síntesis completas de los mismos, sino que se desfiguran al presentarlos parcialmente. De modo similar, en la política se aprecia como las continuas ofertars de acuerdos grupales y sociales como fáciles de alcanzar es, a mediano o largo plazo, un obstáculo para el entendimiento y el progreso comunitario.

La discusión de los paradigmas presentes en la problemática del pluralismo y del liderazgo es considerada como uno de los puntos centrales en el mantenimiento de la llamada vida democrática de las sociedades. En caso contrario, en la práctica docente, se impide, al estudiantel la elaboración de un análisis desde diferentes opciones organizativas de su trabajo, o el acceso a diferentes fuentes de información, o a través de la discriminación directa. Así como de la simulación en el olvido de puntos de vista importantes en la organización de su temática.

La concepción pluralista del proceso formativo, en su carácter epistémico, es una categoría dialéctica del desarrollo educativo, con acento personal e incluyente de los otros, por cuanto “se conoce en contra de un conocimiento anterior, destruyendo conocimientos mal adquiridos o superando aquello que, en el espíritu mismo, obstaculiza a la espiritualización” (Bachelard, 2000, p.15). No puede llamarse dialéctico al modo de impedir al estudiante conocerse en su dimensión comunitaria negándole acceso a distintas experiencias formativas o impidiéndole visualizar diferentes formas de su ser social. Aquí la persona no puede oponerse a una idea, simplemente por el sólo hecho de criticarla, desconociendo el origen y el desarrollo contradictorio que ha tenido, aunque puede creer hacerlo con su discurso, sus acciones y emociones mostrarán algo diferente.

Primeros nombres del estudiante que ingresa al postgrado.

Poco o nada inteligente: esclavo. Ha surgido como consecuencia del estudio aplicado al movimiento de la Escuela Activa que goza de amplia difusión en el mundo universitario, tanto europeo, latinoamericano y venezolano, la creencia del docente de postgrado de pertenencer al grupo llamado constructivista. Este sujeto se atiene más al afán de moda y al horror a la tradición temática de su área de conocimiento, que generalmente es desconocida en sus pretensiones y presunciones de actualidad.

Constituye un punto de investigación educacional, averiguar cuál es el sentido, significado, tendencia, o influencia que aporta la decisión de un docente al calificar, en los primeros encuentros, a un estudiante como poco inteligente. Quizá aparezca en esta averiguación que también tiene mucha importancia el grado con el cual dicho estudiante asuma tal calificativo, así como el valor que concedan al mismo sus propios compañeros.

Es muy posible, por ejemplo, que para comprobar su afirmación el docente, referido en el párrafo anterior, mantenga alejado de sus alumnos de confianza para indagar asuntos de su área de conocimiento a quien considera poco inteligente y que éste a su vez se mantenga distante de tal docente por esa misma causa. En medio de este círculo vicioso de mutua desconfianza hay indicios de la histórica pelea que por la sobrevivencia mantienen el amo y el esclavo, según lo plantea el escritor alemán del siglo XIX, Hegel: El estudiante, en cuestión le teme al docente y a su asignatura, no enfrenta esta realidad pues le parece muy peligrosa, ese es el esclavo. El profesor muestra poder para excluirlo del acceso informativo, es el amo.

El profesor en la relación de dependencia del estudiante necesita de la actitud defensiva de éste y el estudiante, a su vez, vive de la actitud impositiva del docente. Uno de los finales de la historia de esta relación se presenta cuando el estudiante descubre que de todas formas terminará destruido en lo que considera sus intereses o necesidades y decide derribar ese muro de inseguridad que se ha construido en torno a sí mismo. Empieza a interrogarse, por ejemplo, acerca del surgimiento y mecanismos de mantenimiento de su inseguridad, elabora reflexiones a fin de ubicar teóricamente las reacciones de sus compañeros ante sus propuestas y ve desde otras realidades las respuestas que le ofrece el profesor.

El trabajo sobre su misma formación hecho de una manera sistemática mediante diálogos, lecturas y escrituras, puede llevar al estudiante de postgrado a cambiar la forma de ver, de sentir, de enfrentar su propia visión del profesor, del alcance de la clase y de la proyección que logra con las nuevas ideas así como las respuestas demandadas al salir de la clase y establecer relaciones con los diferentes grupos sociales. Revisar desde distintos ángulos y teorías su propia acción le permite crear una historia en donde sea constructor más que admirador de otros.

El trabajo del esclavo terminará mostrándole que él puede desligarse de la naturaleza, pues tiene que reprimir sus instintos; no podrá satisfacerlos, puesto que la voluntad del amo, instalada en él, hace que reprima sus deseos de consumo. Y como sabe que el amo puede matarlo, sentirá en él la presencia de la muerte, el señor absoluto, que le mostrará que no está atado a nada, y así se producirá lo que él, por su voluntad, en la lucha contra el amo, no pudo ni quiso producir (Vásquez, 1986, p.11).

La lucha contra la naturaleza manifestada en los instintos de pereza, comodidad, o en la incapacidad de servirse de sus propias reflexiones en lugar de buscar la de los demás, es el trabajo arduo que mostrará al estudiante de postgrado durante la historia de esta etapa de su formación, su otra naturaleza, en la cual, mediante el uso que haga de la razón -a través de la dedicación a la revisión de sus actitudes, pensamientos, costumbres y hábitos adquiridos en estudios precedentes o en otros ambientes sociales diferentes al universitario- invierte su actitud servil.

Muy inteligente y capaz. Amo. El estudiante ha descubierto, luego de revisiones pausadas a las propuestas que le han llegado desde las distintas unidades curriculares en su postgrado y de la reflexión sobre su experiencia de aprendizaje, la ventaja de relacionarse con sus compañeros y con los profesores como mecanismo para avanzar en su carrera sin tener que dedicarle tanto tiempo a los libros y a las discusiones. Los compañeros de esta persona, por su parte, encuentran en esta actitud un apoyo para salir de las situaciones de tensión. Se crea entre ambos una sensación de seguridad que alimenta los contornos de un presente formativo asimilado desde dos miradas opuestas y complementarias.

El líder de grupo puede llegar a serlo por el uso de la presión afectiva y social sobre sus semejantes o por el dominio de la materia de estudio. En el primer caso las herramientas principales de control del poder serán: la imposición, la amenaza, y la difusión del miedo desde distintas estrategias. En el segundo caso, las herramientas fundamentales del poder están en: el estudio sistemático, el vencimiento del temor a equivocarse, el riesgo de tomar decisiones cuyo final no sea del todo conocido.

La realidad del sometimiento del grupo de estudio al líder se mantiene presente, hasta que alguno se decide a investigar sus asuntos desde la confrontación con espacios desconocidos expuestos por algún autor y se atreve a revisar su confianza en la otra persona, o hasta que la intervención del profesor permite observar la posibilidad de logro en las metas personales utilizando la crítica en el desarrollo de los propósitos. El trabajo, que comienza a realizar ese alumno le pone a su alcance aquello que ni siquiera se había propuesto abandonar, y le lleva atreverse a pensar y hablar por sí mismo.Por otro lado, le muestra la dificultad de sentirse vulnerable pues no cuenta con la protección de otra persona.

Cuando la persona expresa su decisión de no nadar en las aguas profundas a las que le llevaría averiguar la historia, el desarrollo y la problemática surgida en torno a las maneras de ejercer la autoridad en una institución educativa, a tomar el liderazgo investigativo en la construcción del texto de su propia tesis, está dejando en manos de otro que se aventura a esas llamadas aguas profundas de indagación temática, o se somete a las ideas que le imponga alguno de sus compañeros, también tiene la opción de refugiarse en la averiguación de lo que piensa la mayoría.

Desde una mirada formativa el escenario en el cual la persona sea constantemente dueña de sus decisiones principales con exclusión de la intervención de otras es cuestionable, aunque no se niega la tendencia inconsciente de muchos sujetos con responsabilidad social a mantenerla. Para una revisión de tal postura, tendiendo como meta el cambio en la historia personal y social,la condición de “hacerse presente” estaría señalada por el comienzo de la observación de los propios límites y de los límites de los otros. Esta tarea no la concebiría el líder pluralista como labor realizada definitivamente en un momento o espacio determinado.

En cualquier momento y en cualquier espacio donde exista algún estudiante que confié más en lo que haga, piensa, o sienta otro, por sus propias investigaciones educativas, por el cuidado de su ambiente familiar o por el bienestar de la sociedad, en ese escenario estará con sus ideas y pasiones, haciendo una realidad la condición de esclavitud, y colocando en un pasado descartado la posibilidad de hacerse y ser amo.

No existe momento o espacio tampoco para conseguir definitivamente un estado de libertad, en la que el estudiante siente, expresa y mantiene el control sobre su mundo y el mundo que le rodea. No hay, desde el punto de vista de quien se decide por buscar las causas de su realidad educativa y analizarlas sin apresuramiento, quien considere que ha nacido para ser siempre amo y quien haya nacido con la señal de esclavo para toda su vida. La creencia de tener un espacio definitivo, cuyo cambio será siempre para algo mejor, para desarrollarse sin obstáculos es el primer muro a derribar.

Nombres de los profesores del postgrado

Profesor totalitario-constructivista. Se da en la división teórica y práctica que se ha mencionado en el anterior punto acerca de los tipos que pueden asignarse al rol de profesor, en tanto mediador de la acción producida por los contenidos curriculares en la persona del estudiante,quienes no se denominan pero son políticos, en el mas difundido significado otorgado a este término en varios países: aquella persona que se caracteriza generalmente porque públicamente dice lo que no es y es lo que no dice, o dice para que no piensen que es y es para que los demás se olviden que lo dijo.

La polisemia del término “político” se puede encontrar en textos escritos desde hace más de cuatro mil años en la Grecia clásica mediante la escuela de los sofistas. La habilidad para disimular la meta y transofrmarla, por ejemplo, en un simple medio ante la opinión pública puede ubicarse dentro de la caracterización de asututo que Maquiavelo atribuyó al príncipe como paradigma de los políticos, éste se diferencia del resto de ciudadanos por su capacidad de disumular los motivos o fines de su accionar, puede

…parecer compasivo, fiel, humano, íntegro, religioso, y serlo; pero estar con el ánimo dispuesto de tal manera que si es necesario puedas y sepas cambiar a todo lo contrario…tiene que contar con un ánimo dispuesto a moverse según los vientos de la fortuna y la variación de las circunstancias se lo exijan (1532 p.72)

La naturaleza del político-profesor, puede convertirse en una materia investigativa del estudiante de postgrado, para nada sencilla al momento de sentir que le evalúan como inteligente a menos que logre fotografiar aquellos instantes en los que se dejan ver las principales inquietudes del profesor. Para alcanzar esta meta probablemente sea una necesidad o una condición, que el mismo estudiante también manifieste inquietudes por convertirse en lo que comúnmente se denominaría un estudiante politizado. Tal vez en este grupo de semejantes es donde mayor fuerza adquiere la expresión de “negociar el plan de evaluación”, pues los forcejeos, con el paso del tiempo, no son lo que parecen y parecen lo que no son.

Desde el lente de un primer acercamiento a la comprensión del vínculo estudiante - profesor, es válido apreciar que se trata en este lugar, del profesor que dice ser constructivista pero le encanta aplicar una evaluación totalitaria, no formativa, discriminatoria y grupalista con algunos o varios de los estudiantes. Esto no por su interés en la ética docente, sino por estar convencido de que su misión es disciplinar a quienes enseña, y el único método de esta disciplina sería el latigazo definitivo de la calificación deficiente.

¿Para qué quiere el docente relativista-democrático que sus estudiantes se encuentren completamente disciplinados?: a) para lograr un silencio uniforme en el ambiente educativo y convertirse en el único a quien se le escucha cuando profetiza, es decir, que sólo su opinión y su experiencia serán las válidas para dirimir cualquier desacuerdo, en cualquier circunstancia;b) para congraciarse con sus supervisores o con sus jefes; c) Quizá se conjuguen en dicho sujeto ambos elementos.

Profesor relativista-democrático. Este tipo de educador se desesinteresa de lo que enseña o de lo que aprende su selecto público en el aula de clase, y al desonocer lo que cada uno piensa o considera valioso, deja indefinido su rol de evaluador. Es un continuador, tal vez inconsciente, de la discusión de los sofística griega sobre la defensa de cualquier idea desde cualquier punto de vista dependiendo del escenario del instante y no de la aportación que haga a la formación de su público, o se considera que una persona formada es aquella capaz de defender ideas contrarias sobre un tema dependiendo del escenario donde se encuentre. Entonces puede optar la máxima nota a todos, y defender que son excelentes estudiantes.

Calificar de anarquistas los docentes desinteresados en las consecuencias de sus enseñanzas, es una práctica bastante común, no por ello sería una idea temeraria, en tanto que el anarquista buscaría aniquilar todo el ordenamiento educativo que exista, pues este docente de postgrado está desinteresado en el orden educativo existente o inmiscuido en el desorden social. Ambas posturas, en su pensamiento, le resultan exactamente iguales.

Tampoco sería muy pertinente apellidar como democrático, en un sentido muy cercano al relativista, a un docente que mantenga la importancia de ser indiferente ante su propia asignatura. Para clasificar mejor este tipo de docente es importante aclarar que se subraya aquí como condición democrática de un docente, aquella que se propone discutir siempre las alternativas contrarias hasta lograr un consenso sustentado, no adivinado ni impuesto mediante alguna ley, un capricho del jefe del grupo, o dictado por algún ser que se considere superior al resto de los ciudadanos. Al relativista la democracia como ambiente formativo, lo mismo que el anarquismo, el socialismo y el constructivismo ni le van ni le vienen, le resultan exactamente iguales. Este indiferente es un independiente no consciente de que lo es.

El estudiante de postgrado ante los nombres de sus profesores

El estudiante totalitario. Se ubica en este campo a quien se apega de manera cerrada a algunas costumbres, expresiones, formas de pensar, de leer, de escribir, de relacionarse con sus semejantes, pertenecientes a su pasado y consideradas de naturaleza sagrada, inamovible e imperecedera, de tal manera que le resultan indispensables para evadir las exigencias planteadas por sus compañeros en la preparación, exposición o difusión de ideas y experiencias contenidas en los encuentros presenciales, o en la inasistencia a ellos y busca, además, la forma de que su postura sea la prevaleciente en las decisiones más importantes.

El apego a las costumbres con finalidad de gobernar sobre los gustos, ideas y experiencias educativas de los demás se diferencia del apego a las primeras costumbres que hace el sujeto por desconocimiento de las mismas y por una admiración inadvertida hacia las mismas, es lo que denomina Bachelard como el primer obstáculo epistemológico. En el caso de la búsqueda y ejercicio abierto del poder aniquilador de las diferencias personales se admira es el control sobre el grupo cercano.

La postura de permitir al grupo suplantar la propia opinión, de convertirse en uno más, en parte de la masa democrática, favorece a la gerencia de tendencia totalitaria. Tiene como criterio evaluativo llegar a un acuerdo unívoco en temas contradictorios en sí mismos, tiende a desaparecer las experiencias que no avalen esa unidad en lugar de comprenderlas desde el estudio de su historia.

El mérito académico, a diferencia del mérito dentro de una agrupación partidista, se basa en el dominio que se llega a adquirir sobre los métodos y los conocimientos no en el poder que se llega a ejercer fundamentándose en las necesidades de las personas. La capacidad para provocar en los demás la confusión del poder con el mérito es típica de quien no cree en la particularidad o en la diferencia para sistematizar las conclusiones, y por tanto del gerente incapaz de valorar méritos distintos a sus intereses.

La consideración del pasado, como ya se indicó anteriormente en otras páginas de este escrito, no tiene la exclusividad de ser de carácter totalitario. Surgen posturas personales, climas organizativos, realidades políticas y sociales que se comprenden ampliamente si se toma en consideración el contexto en el cual surgieron y al cual responden, y para este tipo de conocimiento es necesaria la comprensión de su historia.

El estudiante democrático. Responde a esta caracterización política quien no se contenta con mirar las lecturas el día o la hora antes de la actividad con el profesor o de la reunión con sus compañeros, sino que prefiere curiosear, buscar los chismes y los artículos en internet, revisar las distintas preguntas que se hacen en los libros, en los textos, en los pasillos de clase, sobre las actividades, dudas, compromisos o cuestiones no muy rutinarias que le surgieron al entrar en contacto con alguna de las Unidades Curriculares.

La persona que en sus inicios al estudio de postgrado es consciente de que no dispone de toda la información existente y de que tampoco tiene la última palabra sobre la discusión temática, pero se interesa en conocer la posible fundamentación de su opinión y de su pensamiento, pudiera estar, a juicio de quien escribe, entre los estudiantes que construyen sus propias ideas, su modo de andar los seis, más o menos, más, o, menos, períodos académicos en el postgrado.

No son escasos, seguramente, aquellos quienes al ser o parecer estudiantes de postgrado, se sienten “vivos” a la venezolana, siempre tendrán algún pretexto para encontrar quien les haga el trabajo y aparecer como coautores. Las armas de evasión de su tarea generalmente se refieren a lo que denominan responsabilidades familiares, o la distancia entre el lugar de estudiar y su vivienda. No se intenta descalificar el significado de las situaciones que marcan la distancia entre el lugar de trabajo y el lugar de estudio. Forman parte de la actual realidad del estudiante universitario, pero ellas no pueden ser las constantes en la culpabilidad de la poca dedicación de quien quiere aprender primero y enseñar después como docente.

El ser o el estar en el grupo democrático de los estudiantes no es una condición adquirida desde el día del ingreso hasta el día en el que se recibe el título de magister. Tampoco es producto de una herencia familiar invariable durante generaciones.Tampoco es una posesión personal que se recibe conjuntamente con el título de pregrado, ni es exclusiva de algún docente ni de alguna universidad o sociedad.

La actitud de quien desde el momento de la inscripción en la institución se cree en la posesión de la verdad definitiva tanto sobre sí mismo como sobre sus congéneres, dificulta de modo definitivo la práctica democrática del gobierno de sí mismo y de los otros.

CONCLUSIONES

La tolerancia educativa vista como actitud y decisión de buscar sentido y significado a las contradicciones personales, a las posturas autoritarias o sumisas de los docentes ante los estudiantes, no elude una averigación de lo abstracto, ahistórico e infundamentado con que se trata el tema de la autoridad, sino que demanada de la lectura la necesidad de mantener abierto el diálogo consigo mismo y con el otro como horizonte de lecturas ideológicas, metodológicas y epistemológicas.

Proponer posturas iniciales que cierren posibilidades reflexivas a quienes ven y piensen de manera diferente los estudios de postgrado es mantener una contradicción en la práctica pedagógica. Los nuevos caminos están al alcance de quien es capaz de preguntarse sistemáticamente por la validez del propio punto de vista sin basarse en la necesidad de invalidar otros senderos.

Las notas de la semblanza académico-política del estudiante de postgrado desde la experiencia, pensamiento y accionar de quien se interesa por el sentido y significado de ser docente en la Venezuela contemporánea pretenden servir de plataforma para la discusión de las teorías que consciente o inconscientemente, hacen referencia rasgos teóricos desarrollados por los partidarios del movimiento de la Ilustración como las actitudes personales ante el estudio, el pensamiento en formación sobre la realidad política-educativa de los docentes y estudiantes de postgrado.

El ejercicio de una razón crítica dentro del mundo del postgrado no se basa en mostrar la existencia de un camino o de un modo de pensar, más bien apuntan a validar que sin comprender interdisciplinariamente la educación cualquier intento de discusión cierra de antemano el valor de la investigación. Así al pensar sobre los límites personales no se puede llegar a comprender el alcance de las propuestas alternas cuando se tiene como paradigma –aunque resulte contradictorio- el desconocimiento del alcance de posturas contrarias o diferentes a las personales existe, explícita o implícitamente, una visión muy descontextualizada y abstracta de la propia búsqueda del conocimiento, del sentimiento y de la acción, lo cual es un obstáculo en la pretensión de una reestructurar de la condición del ingreso al postgrado realizada no al azar ni ajustada a los caprichos o alos estados de ánimo del docente, sino que se base en articular las dimensiones temporales y la concepción teórico-práctica de la lectura y de la escritura durante la formación de postgrado.

REFERENCIAS

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