CON CRITERIO
El patrimonio cultural de la Universidad de La Habana: ¿valor universal excepcional?
The Cultural Heritage of the Universidad de La Habana: ¿Outstanding Universal Value?
El patrimonio cultural de la Universidad de La Habana: ¿valor universal excepcional?
Arquitectura y Urbanismo, vol. XLI, núm. 1, pp. 62-74, 2020
Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría
Recepción: 11 Noviembre 2019
Aprobación: 05 Febrero 2020
RESUMEN: La Universidad de La Habana, el más antiguo centro de altos estudios cubano, en casi tres siglos de existencia ha acumulado un diverso y vasto patrimonio, con destaque para su campus principal. En este trabajo, en sintonía con el creciente interés internacional por la gestión integral del patrimonio universitario, se ensaya un análisis de los valores de la Universidad por medio de la metodología de inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Métodos como el comparativo, el análisis y la síntesis y el iconológico e iconográfico, así como la consulta bibliográfica y de archivo, permitieron la confirmación del excepcional interés de los bienes materiales e inmateriales del conjunto, y la pertinencia conceptual y práctica de justipreciarlos desde enfoques holísticos.
Palabras clave: Patrimonio Universitario, Universidad de La Habana, Patrimonio Mundial.
ABSTRACT: In almost three centuries since its foundation, the University of Havana has accumulated a diverse and vast heritage, especially in its main campus. In this paper, following the international interest in the integral management of university heritage, an analysis of the University's values is developed through the methodology of inscription on the UNESCO World Heritage List. Methods such as comparative, analysis and synthesis and iconological and iconographic, as well as bibliographic and archival consultation, allowed confirmation of the exceptional interest of the material and intangible cultural heritage of the University of Havana, and the conceptual and practical relevance of holistic approaches for its management.
Keywords: University Heritage, University of Havana, World Heritage.
Introducción
A fines del año 2010, la Universidad de La Habana, el más antiguo y prestigioso centro de altos estudios cubano, afrontaba una acumulación de urgencias de sistematización y protección de un patrimonio cultural heredado cuyos valores trascienden con creces los límites del interés institucional. La otrora Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, fundada en 1728 por los padres dominicos, en circunstancias similares a buena parte de los centros de enseñanza de su tipo en este hemisferio, no es solo nuestra primera universidad, sino el más antiguo centro docente cubano. Casi tres siglos de existencia, fundamentalmente el siglo XX cuando cobró un protagonismo indiscutible en la vida nacional, proveyeron a la Universidad de La Habana de un repertorio patrimonial extraordinariamente vasto y con manifestaciones de carácter material e inmaterial, el cual le ha valido un sitio cimero en el imaginario social insular de difícil parangón. [1]
Sin embargo, el escenario no era hace pocos años halagüeño, a pesar de estas certidumbres y las medidas de protección implementadas por el Estado cubano.1 El inmenso valor histórico-cultural y económico de los bienes que atesora la Universidad no había supuesto su adecuada gestión (catalogación, conservación, restauración y promoción), ni la empatía e identificación consciente de la comunidad universitaria y la sociedad en general con los valores de la Institución. Urgía igualmente, junto a la indispensable recuperación material, el rescate y activación de la memoria colectiva que, en última instancia, define y valida lo patrimonial en su sentido prístino.
Esas razones de carácter práctico motivaron la creación de una estructura propia que se ocupase de la gestión, en su sentido más amplio, del patrimonio cultural de la Universidad de La Habana. Se pretendía, a partir de la conformación de un equipo interdisciplinar, establecer pautas para el control, recuperación y valorización del patrimonio custodiado por la Institución. Así pues, a fines de 2010 se creó oficialmente el Departamento de Patrimonio Cultural Universitario, adscrito a la Facultad de Artes y Letras, devenido Dirección independiente en 2015.
En las últimas décadas el patrimonio cultural universitario ha suscitado un interés creciente a escala internacional. En particular el umbral del siglo xxi fue pródigo en textos normativos y en la creación de alianzas permanentes o transitorias, particularmente en Europa, abocadas a tipificar al patrimonio universitario e identificar modelos de buenas prácticas. En el año 2000 se formalizaría la Red Europea de Patrimonio Académico (UNIVERSEUM), la más importante y abarcadora a escala planetaria, y apenas un año después, en la Asamblea General del Consejo Internacional de Museos (ICOM) que tuvo lugar en Barcelona (julio de 2001), se creaba el Comité Internacional de museos y colecciones universitarias (UMAC). Estas alianzas y proyectos han generado un corpus teórico de gran utilidad para la valoración del patrimonio universitario. [2,3]
De manera sucinta, se estima al patrimonio universitario como “el conjunto de bienes materiales e inmateriales que testimonian el rol de la Universidad como actividad humana. Es, por tanto, susceptible de contener señas tanto de su historia institucional particular, en algunos casos centenaria, como de procesos culturales, políticos y científicos sustantivos en la evolución histórica regional, nacional o mundial.” [4] La pertinencia conceptual y necesidad práctica de valorar y gestionar este patrimonio desde una perspectiva integral, privilegia enfoques que subvierten segmentaciones tradicionales o binarismos como los pares mueble-inmueble o material-inmaterial. En este trabajo se pretende, por medio de la metodología para la declaratoria de patrimonio mundial, ensayar un análisis holístico de los valores patrimoniales de la Institución. El principal objetivo de este ejercicio, además del análisis y confirmación de los valores excepcionales de la Universidad de La Habana, reside en enfatizar en la necesidad de justipreciar y gestionar esos valores con un enfoque dialógico e integral, adecuado a sus complejidades y particularidades.
Materiales y métodos
Resulta una problemática común a nivel internacional que la gestión del patrimonio universitario se ajuste al alcance administrativo de las estructuras responsables de su cuidado. Esta circunstancia lacera la adecuada comprensión de sus valores y las relaciones que establecen sus diversos tipos de bienes (muebles e inmuebles, materiales e inmateriales, por ejemplo). ¿Es pertinente observarlos desde enfoques que subviertan demarcaciones tradicionales de lo patrimonial? ¿Los criterios para la inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial resultan útiles a este empeño? ¿El patrimonio cultural de la Universidad de La Habana ostenta valores de interés supranacional? Estas preguntas de investigación inspiraron este trabajo y la formulación de la siguiente hipótesis: la aplicación de la metodología de inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial permite validar los excepcionales valores del patrimonio cultural de la Universidad de La Habana, así como la utilidad de enfoques holísticos para la más eficiente comprensión y gestión del patrimonio cultural universitario.
Para la realización del estudio se utilizaron métodos y técnicas de la investigación teórica, entre ellos el de análisis y síntesis, que permitieron el procesamiento de la información acumulada relativa a las expresiones patrimoniales universitarias y las tendencias teórico-doctrinales más recientes en el ámbito de la conservación patrimonial. Mediante la aplicación del método comparativo se contrastaron los valores del campus habanero respecto de sus homólogos internacionales. Se revisaron los principales documentos y convenciones del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), de la UNESCO, el Consejo de Europa y la bibliografía más significativa enfocada al patrimonio universitario dentro y fuera de Cuba. De especial interés resultó la revisión de diversos expedientes presentados para la inscripción de bienes en la Lista de Patrimonio Mundial en el Centro de Documentación de ICOMOS Internacional, incluidos los de las cinco universidades inscritas en la Lista. La consulta bibliográfica y de archivo, en particular en el Archivo y Biblioteca de la Universidad de La Habana, así como el análisis iconológico-iconográfico, permitieron una valoración eminentemente cualitativa y el arribo a las conclusiones.
Resultados y discusión
Una reflexión en torno a los valores patrimoniales de la Universidad de La Habana podría asumir estructuraciones disímiles. Considerando que, en efecto, el factor integrador que articula y otorga sentido unitario a los bienes culturales patrimoniales custodiados por la Institución es su relación con la historia y dinámicas propias de la Universidad (sin desconsiderar las cualidades estéticas, históricas o científicas intrínsecas de muchos de sus bienes), se impone una mirada más integradora que conduzca no solo disquisiciones teóricas sino acciones de gestión.
En este sentido, la metodología axiológica propia de la inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial ofrece una plataforma ordenadora útil para un análisis orientado a los valores patrimoniales de la Universidad de La Habana. Ello permitiría evitar determinadas escisiones de orden tipológico o temporal ponderando una comprensión integral y la consiguiente puesta en valor como parte de la gestión de ese patrimonio. Así pues, los criterios (ii), (iv) y (vi) resultaron los más eficientes para vertebrar este discurso valorativo. [5] Estos criterios fundamentan el valor universal excepcional de los bienes susceptibles de inscripción en la Lista, lo cual lógicamente moviliza la posibilidad de considerar a la Universidad de La Habana contentiva de valores universales y de una posible propuesta futura de inscripción en la Lista. El criterio (ii) se aplica a bienes por:
(ii) atestiguar un intercambio de valores humanos considerable, durante un periodo concreto o en un área cultural del mundo determinada, en los ámbitos de la arquitectura o la tecnología, las artes monumentales, la planificación urbana o la creación de paisajes.
Sería entonces posible afirmar que la Universidad de La Habana, en particular su actual emplazamiento en la Loma de Aróstegui, antigua Pirotecnia Militar, conocido popularmente como “la Colina”, es expresión de momentos trascendentales de la historia y la cultura continentales, en particular el tránsito de la postrimería del imperio español a la emergencia y crecimiento de la influencia norteamericana en la región. Es una excepcional evidencia de la condición de epicentro que una Universidad asume en las más álgidas circunstancias sociopolíticas y cómo su morfología urbana, arquitectónica y estética testimonia ese decisivo rol.
La Universidad de La Habana, fundada en 1728 y, tercera más antigua del Caribe y entre las primeras veinte latinoamericanas, es una Institución que condensa en su expresión material e intangible las pulsaciones históricas, políticas y culturales no solo de la nación cubana, sino de alcance transnacional. Su concepción urbana y arquitectónica, así como su amplio repertorio de bienes muebles, son expresión intencionada de la densidad simbólica que ostenta, particularmente después de su cambio de emplazamiento fundacional en el centro histórico habanero2 en el umbral del siglo pasado.
La Universidad en tanto Institución de origen europeo, [6] resultó extensamente asimilada en los vastos territorios coloniales, aun cuando no todas funcionaran con similar sistematicidad y no pocas sufrieran el anquilosamiento de modelos pedagógicos trasnochados. Si bien cada regla tiene su excepción, la Universidad latinoamericana en general cobró especial pujanza y afirmó su identidad a partir del siglo xx, una vez clausurados los procesos independistas.
La Universidad de La Habana, a fines del siglo xix, exhibía un hondo proceso de decadencia asociado a largos periodos de descuido de las condiciones de vida y trabajo de la comunidad universitaria. Pero no fueron apenas esas precariedades las catalizadoras de la mudanza de escenario, sino la urgencia de dotar de nuevos símbolos, suficientemente notorios y poderosos, a la etapa republicana que sucedió a la ocupación norteamericana (1899-1902) (Figura 1). Si bien estos años fueron prolíficos en obras de infraestructura y constructivas, ciertamente provechosas para una Isla devastada por la guerra (1895-1898), pocos conjuntos exhiben una coherencia ideológica y una calidad estética de tan altos ribetes.

A que hoy la Universidad de La Habana ostente una articulación tan ajustada contribuyen varios factores. Los primeros inmuebles que comienzan a construirse expresamente para la Institución coinciden con el auge del eclecticismo, cuya apropiación de los códigos clásicos resultaba de particular conveniencia a la construcción de un «templo moderno» que rindiese tributo al conocimiento y sus cultores, mas también son de particular interés sus coincidencias cronológicas y visuales con algunos de los campus más importantes que se diseñaban y construían por los mismos años. Tal es caso de la Universidad de Columbia en su nuevo emplazamiento de Morningside Heights, donde desde fines del siglo XIX se proyectaba y ejecutaba un nuevo campus para la Institución norteña.
Por otra parte, observando los hitos de la arquitectura republicana habanera de las primeras tres décadas del pasado siglo, la Universidad de La Habana resulta como conjunto el megaproyecto republicano que más temprano (1911) inauguró obras de la prestancia del Aula Magna3 (Figura 2), y mantuvo un ritmo constructivo paulatino y ascendente hasta 1940 de altísima coherencia arquitectónica y urbana. Ello le supone un sitial destacado en el muy cuidadoso diseño sígnico-estilístico de La Habana del pasado siglo, concebida para encarnar el fracaso de la colonia por medio de una intensa renovación urbano-arquitectónica, transformadora y moderna.

«Leer» la imagen de la Universidad, su diseño y repertorio visual en general (tanto los bienes muebles como inmuebles), permiten la comprensión de procesos sustantivos de la historia regional del último siglo: el fin del colonialismo, acentuado por el auge de un nuevo catálogo de símbolos republicanos en sintonía con la independencia (escudos, banderas, eventos históricos como la siembra de la ceiba por el recién electo presidente Tomás Estrada Palma o el depósito de los restos del Padre Varela en el Aula Magna); y a un tiempo su legado, expresado en la asimilación de expresiones de su arquitectura, por ejemplo, los patios centrales que configuran los interiores de no pocos edificios. Lo norteamericano, desde los materiales constructivos importados que vehiculizaron la existencia de la escalinata y el Alma Mater, se aprecia tanto en lo estrictamente material como en las muchas herencias inmateriales que hasta hoy perviven,4 entre ellas la intensidad del movimiento deportivo universitario con su imponente estadio. Y, si bien las señas de la Revolución de 1959 han de rastrearse básicamente en el ámbito inmaterial o de los bienes muebles, ha de enfatizarse que la Universidad de La Habana es de los iconos más extendidos de la lucha insurreccional revolucionaria. Escenario de violentos y sostenidos enfrentamientos entre los jóvenes estudiantes y las fuerzas represivas de los gobiernos de la época, en particular la dictadura de Fulgencio Batista, la reapertura de las aulas de la Universidad de La Habana en 1959 significó la vuelta a un orden de cosas alterado por el gobierno precedente. Asimismo, la mutación en los criterios selectivos para los encargos de obras artísticas (ahora ponderando a los nuevos héroes universitarios, en particular los jóvenes asesinados por la tiranía), los cambios de nomenclatura o las denominaciones de espacios (re)estrenados, coadyuvan a comprender las convulsas circunstancias de la historia cubana reciente, que hicieron de la Isla un referente mundial, aunque fuese por negación.
Una Acrópolis habanera
Estas apreciaciones conducen al análisis de otro de los criterios que permite calibrar la valía del patrimonio cultural de la universidad habanera, en este caso el criterio iv, considerado en bienes que resultan:
(iv) ser un ejemplo eminentemente representativo de un tipo de construcción o de conjunto arquitectónico o tecnológico, o de paisaje que ilustre uno o varios periodos significativos de la historia humana.
Es pertinente declarar que el urbanismo interno y el diseño arquitectónico de la Universidad de La Habana, así como su imponente relación con la ciudad, son un ejemplo de excepcional interés de la interpretación de los códigos eclécticos neoclásicos en un conjunto universitario y la función de la Universidad en el desarrollo y expansión de la urbe. (Figura 3)

Para justificar esta aseveración es posible valerse de razones diversas. Entre ellas, resulta de señalado interés la combinación de lo íntimo y lo monumental, perceptible en la Colina habanera y trasladado a otros de los inmuebles construidos con fines universitarios en sus predios. A diferencia de otros proyectos colosales cubanos y extranjeros, de aliento neoclásico o del más reciente Monumental Moderno, la Colina exhibe una disposición espacial interna de absoluta intencionalidad en lo referido a la creación de un sitio, a un tiempo deslumbrante y sobrecogedor (como es tipificado el camino del saber en los textos latinos inscritos en sus interiores), pero también amable a la escala humana, donde coexisten áreas imponentes y rotundas con patios interiores arbolados ubicados entre las facultades y sus terrenos aledaños, propicios al diálogo y la estancia distendida. Escala humana y colosal se conectan fluidamente, valiéndose de las posibilidades del particular relieve del terreno y su privilegiada locación urbana. Ello también contribuye a aplaudir la pertinencia de un elaborado diseño de jardines y áreas verdes que no solo tributa a la calidad estética, sino a evadir los rigores de un clima donde difícilmente es permisible la permanencia en espacios exteriores sin mínimas condiciones de sombra. Acierto que se extraña en muchos grandes proyectos monumentales, impactantes a la vista, y hostiles al hombre que los habita y admira.
En este mismo sentido, es notoria la manera en que un conjunto monumental que rebosa macicez, propia de las elevadas columnatas y escalinatas, y de sus potentes materiales pétreos, armonice solidez y transparencia de manera ejemplar. En particular el eje escalinata, Alma Mater, Rectorado, Plaza Central y Aula Magna es de una perfecta fluidez, culminando en el asiento reservado al Rector en la presidencia del recinto. Espacios construidos y vacíos, plazas y jardines, articulan un tránsito expedito y ameno5, funcional y agradable, entre las diferentes áreas. Las abundantes columnatas dinamizan las fachadas y activan el dueto adentro-afuera de los imponentes edificios, sorteando la sensación de moles cerradas e inconexas.
La Colina exhibe una axialidad perfecta, tan cara a la simetría y el orden clásicos que homenajea. Sin embargo, los cuidadosos y, nótese, distanciados en el tiempo, ejercicios de diseño practicados en el conjunto, evitan monótonos mimetismos. Los cuatro edificios más señalados ubicados en la plaza central, con sus fachadas orientadas hacia el interior de la misma, dan fe de este parecer. El edificio de Derecho y la Antigua Escuela de Ciencias, Edificio Felipe Poey,6 (Figuras 4 y 5) entre cuyas construcciones medió más de una década son, a la vez, complementarios y diferentes, el primero, de más robustos fustes, resulta pesado en comparación con la espigada columnata doble que conduce al patio interior del edificio Poey. Los entablamentos de ambos edificios evidencian los saberes que albergan. Mientras, la Biblioteca Central7, más alejada de su par del Rectorado y menos comprometida dado que la fachada principal de este se orienta hacia la escalinata, opta por la estilización Déco de los órdenes clásicos que le circundan, aportando una nota de mesurada novedad.


La unicidad y coherencia del conjunto es advertida en la a veces discreta, y por lo mismo, más sugestiva relación entre lo grandilocuente y la terminación exhaustiva de los espacios. La Universidad de La Habana, incluidos los más importantes edificios ubicados fuera de la Colina (el Estadio Universitario o las actuales facultades de Biología, Artes y Letras, Química, Estomatología, Medicina Veterinaria y el Instituto de Ciencias y Tecnologías Aplicadas), además de la calidad de sus cualidades espaciales y excelente ejecución, incorporan soluciones que acreditan su pertenencia a la Universidad y sus saberes específicos, contenidas en sus bienes inmuebles y muebles. Vitrales, detalles arquitectónicos, relieves escultóricos y monumentos conmemorativos, devienen soporte de elementos comunes y específicos. Así por ejemplo, la Minerva y su universo simbólico aparecen tanto en el frontón del Rectorado, el mobiliario de la Facultad de Derecho o los vitrales del Edificio Varona, y unifican conceptualmente a inmuebles de diferentes fases constructivas de la Universidad. Los suelos son particularmente pródigos en elementos personalizados así como los vitrales, y resultan en algunos casos curiosas referencias a momentos pretéritos, como las siglas EC y CC, inscritas en el piso y un pequeño vitral, respectivamente, en las otrora Escuela de Ciencias y Escuela de Ciencias Comerciales. Dos obras del destacado artista Juan José Sicre, ubicadas en facultades extramuros, validan este parecer: el relieve del profesor Dihigo en el Edificio del mismo nombre, y el pequeño monumento conmemorativo a Federico Capdevila, localizado en la antigua Escuela de Medicina. En el caso del Edificio Dihigo, el complemento estético del relieve le imprime personalidad y sentido unitario a la obra; mientras, además de sus valores estéticos e históricos, el conjunto monumentario a Capdevila remite a la condición pretérita de Escuela de Medicina del inmueble, especialidad de los estudiantes injustamente fusilados por el régimen colonial. Incluso apartados de los espacios tradicionales donde se reconoce «lo universitario», en el cementerio de Colón, el panteón de diseño moderno cuya propiedad ostenta la Universidad, exhibe un sencillo pero elegante relieve que reproduce el escudo institucional.
Pero si un inmueble resume esta articulación minuciosa, es el Edificio Poey. Diseñado para albergar a la Escuela de Ciencias, exhibe en su imponente fachada los nombres de ilustres científicos, con destaque para Felipe Poey, no solo célebre naturalista y sabio cubano, sino profesor de la Universidad. Las colecciones científicas de Poey y objetos personales del sabio, el monumento funerario que guarda sus restos mortales, así como obras de arte de diversos formatos hallan sitio en el edificio, homenaje integral al autor de Ictiología cubana y al papel superlativo de la Universidad en el avance del conocimiento científico.
No se contó con un plan director único para la Universidad desde los inicios de su construcción, sino que fue gestándose sobre la marcha. Quizás la más clara evidencia fue la demolición del edificio de Astronomía por contravenir un diseño posterior discordante con su emplazamiento. La calidad del resultado ha de entenderse en la pericia técnica, sensibilidad y dominio de la profesión de los arquitectos, ingenieros, constructores y artistas cubanos que la ejecutaron, y la claridad conceptual exigida por los comitentes. Ello implicó que, a diferencia de otros campus históricos, el de la Universidad de La Habana ostente, además, un alto grado de integridad y autenticidad, con mínimas intervenciones que no afectan su imagen, y de carácter completamente reversible. Tras la conclusión de los actuales edificios de la Facultad de Farmacia y Alimentos y Contabilidad y Finanzas en 19418 (Figura 6), se cerraba definitivamente el ciclo constructivo en la Colina, a diferencia de otros campus internacionales que han cedido a presiones, de índole práctica o política, e incorporado nuevos edificios a sus núcleos fundacionales, comprometiendo su coherencia interna y valores intrínsecos.

A partir de entonces el crecimiento sería extramuros, con inmuebles que, si bien respetuosos de la trama urbana, coadyuvaron a la creación de un nuevo paisaje urbano, marcado por la presencia de edificios de uso universitario que desciende las faldas de la Colina y llega hasta importantes intersecciones como G y Zapata (Facultad de Artes y Letras y Facultad de Estomatología) e Infanta y Carlos III (Facultad de Medicina Veterinaria). Si se aprecia que la actual Quinta de los Molinos, otrora Jardín Botánico, pertenecía a la Universidad y abrigaba a la Escuela de Agronomía (hoy Facultad de Ciencia y Tecnologías Aplicadas), se concluirá que, en efecto, aun cuando el proyecto de Ciudad Universitaria Cadenas [7] no cuajó en todo su esplendor, la Universidad de La Habana, con su majestuosa Colina extendida, se apropió de forma cuidadosa pero rotunda del céntrico espacio urbano. La Universidad es hoy un decisivo eje de articulación entre dos zonas fundamentales de la ciudad, el Vedado y Centro Habana, entre las cuales establece una fluida relación estilística y espacial. En el imaginario de los habaneros, y cubanos en general, el imponente cierre visual ascendente que articula la triada Escalinata-Alma Mater-Rectorado en la calle San Lázaro, ocupa sin dudas un sitial entrañable por su magnificencia y densidad simbólica.
Se trata, entonces de una Acrópolis reinterpretada, cuyo lenguaje internacional no la exime de ser, por derecho propio, profundamente cubana, donde coexisten el lenguaje de comprensión universal con los símbolos de la nación, los órdenes clásicos con el choteo criollo, la gravedad del proceso de construcción del conocimiento y la ligereza de la juventud, el placer de reconocerse en una comunidad cuyas señas identitarias yacen, en buena medida, en la excepcionalidad del ejercicio proyectual que la ha convertido en un símbolo de la nación y de la educación superior a nivel internacional.
El esquivo criterio vi
En general las universidades más antiguas ostentan un destacado rol en los particulares devenires histórico-culturales de sus naciones, y una parte sustancial de ellas descuellan por su antigüedad y prestigio académico. Considerar los aportes en el ámbito inmaterial de una Institución relativamente joven como la Universidad de La Habana, en contraste con otras de similar o más larga vida, demanda un examen mesurado para argumentar que, como estima el criterio vi, se halla:
(vi) directa o materialmente asociada con acontecimientos o tradiciones vivas, ideas, creencias u obras artísticas y literarias que tengan una importancia universal excepcional. (El Comité considera que este criterio debería utilizarse preferentemente de modo conjunto con los otros criterios).
Tras un recorrido por los principales eventos que han tenido lugar en nuestros recintos y/o han sido posibles por el concurso e impulso universitarios, se sugiere que la historia de la Universidad de La Habana permite la comprensión de los más significativos sucesos histórico-políticos acaecidos en el continente americano desde la fundación de la Institución, con especial destaque durante el último siglo. Esta circunstancia, unida a su condición de epicentro cultural y científico, le ha valido asentarse en el imaginario internacional como uno de los símbolos de la Educación Superior, refrendado en publicaciones especializadas y no especializadas.
La historia de la Universidad de La Habana es rica en eventos cuya relevancia trasciende el interés estrictamente nacional. El campus actual, en particular su imagen más extendida (Escalinata-Alma Mater-Rectorado), remite de inmediato al intenso auge de los movimientos progresistas estudiantiles durante las primeras décadas del siglo pasado. La Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de Cuba, fundada el 20 de diciembre de 1920, al calor de la Reforma con epicentro en la Universidad de Córdoba, era reconocida a mediados del siglo pasado como la más importante e influyente organización estudiantil del continente. La FEU, sus tradiciones, eventos y más descollantes personalidades dotan de sentidos y hondas significaciones a los espacios universitarios y extrauniversitarios, constatables en prácticas inmateriales (marchas, peregrinaciones y celebraciones9), exposiciones temporales (Salón de los Mártires), las colecciones artísticas, en especial las conmemorativas. Sobre este particular, habría de señalarse que las tradiciones e historia estudiantiles, su sostenida defensa de los ideales de justicia social y protagonismo en la vida política, inspiraron el desarrollo de lo que se pudiera denominar paisaje simbólico urbano, una suerte de panorama urbano del movimiento estudiantil cubano, esta vez orientado en dirección opuesta al crecimiento propuestos para la Ciudad Universitaria Cadenas.
Por la calle San Lázaro abajo, por la ruta que seguían las manifestaciones estudiantiles usualmente reprimidas con gran violencia, se localizan sitios conmemorativos de variada complejidad estructural y que establecen lazos indisolubles con la Universidad. El más sencillo en su expresión está señalado por la tarja que marca el lugar donde fue abatido a balazos el líder estudiantil José Antonio Echeverría, el 13 de marzo de 1957. Se localiza a uno de los costados de la escalinata, mientras que, justo en su base, el Memorial donde reposan los restos del líder estudiantil y obrero Julio Antonio Mella establece una relación ya indisoluble con la Colina. El mausoleo del mártir estudiantil, erigido en 1975, es una obra de la autoría de los arquitectos Fernando López, Antonio Quintana, Joaquín Galván y Thelma Ascanio, y rompió lanzas por un lenguaje abstracto y contemporáneo, donde destaca la pureza de los volúmenes de hormigón y piedra de marcada verticalidad. Su condición renovadora bebe de la experiencia del Parque de los Mártires Universitarios, un proyecto de 1965, localizado en la intersección de Infanta y San Lázaro. El Parque de los Mártires es uno de los más significativos ejercicios de diseño urbano tras el triunfo revolucionario, de la autoría de los arquitectos Emilio Escobar, Sonia Domínguez, Mario Coyula y Armando Hernández, subversivo de los códigos anquilosados del tradicional parque monumento. [8] Estas obras ejemplifican el halo expansivo de la Universidad, proyectado a la ciudad, y que halla sustento en el protagonismo de sus estudiantes en el acontecer político-social.
Una muestra de los más relevantes artistas del siglo XX cubano, especialmente de la vanguardia pictórica y escultórica, están representados en el repertorio patrimonial de la Universidad de La Habana. Algunas de sus obras establecen relaciones con sus inmuebles y espacios contenedores tan estrechas e indisolubles que es imperativo considerarlas «inmuebles por destinación», puesto que en caso contrario su sentido y valor se comprometería sustancialmente.10 Una muy extensa relación de figuras de la más alta talla de la cultura y la ciencia cubanas y latinoamericanas se han formado, y han mantenido lazos de trabajo y cooperación con la Universidad de La Habana, tema este que merece un acercamiento más exhaustivo y reposado.
Habría de añadirse que, más que cualquier espacio gubernamental, ni siquiera el Palacio de Gobierno, el Aula Magna y la escalinata son los dos escenarios por excelencia de los grandes acontecimientos políticos y culturales cubanos, parteaguas con resonancias regionales. En las últimas décadas los líderes más sobresalientes del continente han hecho de la Universidad de La Habana su tribuna, así como el ex presidente norteamericano James Carter, y premios Nobel de diversas disciplinas del conocimiento, entre otros. El Papa Juan Pablo II fue recibido en la Universidad, donde intervino en el Aula Magna, durante aquella visita apostólica transformadora (1998) para las relaciones Iglesia-Estado la cual, en buena medida, desbrozó el camino hacia posteriores cambios estructurales en la geopolítica regional.11
El dueto Historia e impactante calidad proyectual, favorecen que la densidad simbólica de la Universidad y la fuerza de su imagen excedan la mirada local y sean recurrentemente citadas en publicaciones, materiales audiovisuales, sitios especializados y de divulgación científica y cultural. El Alma Mater de La Habana es comúnmente referenciada como la más importante, mejor lograda y más representativa de su tipología a escala global. Esta percepción despierta una interrogante: ¿en qué medida otras instituciones universitarias contemporáneas comparten o se distancian de estos rasgos, de carácter material e inmaterial, que presentamos como distintivos de la Universidad.
Ensayando un análisis comparativo
En primer lugar, en un análisis comparativo que ponga a dialogar a la Universidad de La Habana con sus pares internacionales, ha de partirse de una selección de bienes con las cuales presente parentesco de orden cronológico, temático y tipológico, siguiendo los marcos definidos en el texto de referencia Filling the Gaps.[9] A escala nacional las universidades gozan mayoritariamente de legitimidad y protección legal, mientras que en la Lista de Patrimonio Mundial, si bien han accedido a la misma ejemplos muy significativos, la presencia es exigua12 y no da fe plenamente de los valores culturales de las universidades y sus diferentes etapas de desarrollo, tanto en lo histórico como en su dimensión urbana y arquitectónica. La Universidad de La Habana, además de testimoniar el arraigo y desarrollo del modelo universitario europeo en el continente americano y su activo rol social, cultural y científico, es uno de los más importantes ejemplos de campus ecléctico neoclásico a escala internacional, parangonable a algunos de los más reconocidos y célebres, tal es el caso de las norteamericanas Universidad de Columbia (Nueva York), Universidad de Austin (Texas) y Universidad de Stanford (California), así como de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Es preciso comentar que la tipología universitaria que representa el actual campus de la Universidad de La Habana no está representada en la Lista de Patrimonio Mundial, aspecto ya comentado, por lo cual resulta más productivo apuntar sus contactos y singularidades respecto de estos casos, con los cuales comparte nexos temporales y estilísticos.
En este texto se ensayará, a manera de botón de muestra útil, la comparación entre el centro de altos estudios más comúnmente citado como émulo de la Universidad de La Habana y con el cual sin dudas comparte mayores analogías: la Universidad de Columbia en Nueva York. Esta metodología habría de extenderse al resto de los conjuntos mencionados y a otros casos susceptibles de contrastar con nuestra Universidad primada, empeño ya iniciado en la investigación doctoral de la autora. [3]
Con apenas un lustro de diferencia respecto de su par en La Habana (recuérdese que el traslado a la Colina tuvo lugar a principios de 1902), Columbia cambió su antiguo emplazamiento (Calle 49 y Avenida Madison) en 1897, y ocupó Morningside Heights. Si bien el cambio de emplazamiento le permitió una necesaria expansión, mantenía el deseo de los trustees de no abandonar el corazón de Nueva York, a diferencia de otros campus ubicados en las afueras.
El traslado de Columbia permitió también una mudanza sígnica, apreciable en el estilo arquitectónico dominante y el diseño de sus espacios. Entre los arquitectos invitados a proponer proyectos para el nuevo espacio destacó, y finalmente se hizo con el encargo, Charles Follen McKim, de la conocida firma McKim, Mead, and White. Dos de los elementos más significativos del plan maestro propuesto por McKim para Columbia fueron la sustitución del neogótico como referente estilístico, preponderante en la mayor parte de los colegios y universidades americanos afanosas de conectarse a la tradición europea, en beneficio del neoclasicismo. Seleccionar Grecia y Roma como paradigmas suponía ponderar «the style which will appeal most to strongly to educated popular taste, and will be most likely to secure an imposing architectural effect».[10] Además, el proyecto de McKim se abstuvo de seguir el esquema de cuadrángulos cerrados, heredado de la tradición europea y continuado en otros proyectos estadounidenses como la Universidad de Chicago, también ubicada en el centro de la ciudad y con una imagen neogótica. El arquitecto prefirió crear ejes ordenadores para el conjunto, en cuyas intersecciones se ubicasen los más prominentes edificios, evitando así la monotonía posible y desconexión del uso exclusivo de cuadrángulos y patios.
Uno de los inmuebles más significativos y centro en el cual se cortaban los ejes principales es Low Memorial Library, concluida en 1897, y un significativo ejemplo de arquitectura neoclásica de imponente presencia exterior y elaborado interior, cualificado por su majestuosa rotunda, antigua sala de lectura (Figura 7). Es este edificio el que remata la escalinata monumental donde encuentra sitio el Alma Mater, de la autoría de Daniel Chester French, particularmente célebre por su escultura de Abraham Lincoln en el Lincoln Memorial de Washington DC.

Este conjunto articula la Plaza Low, la cual, si bien resulta muy eficiente como espacio de circulación y de agradables proporciones, carece de la fuerza e impacto urbano de la Colina habanera, más empinada y naturalmente ajustada a su topografía (los niveles del conjunto de Columbia son artificiales). La escultura del Alma Mater habanera, de la autoría del artista checo Mario Joseph Korbel, no solo resulta desde un enfoque estrictamente estético muy superior a su par de Columbia, sino que asume un rol ordenador evidente en su conjunto. Su composición y diseño más simples, más cercano al espíritu clásico, tributan a afianzar la simetría y axialidad perfecta de la Colina, perceptible, incluso, en los laterales de la escalinata, circunstancia que no es apreciable en la plaza Low de Columbia. Difícilmente otra escultura del Alma Mater, considerando ejemplos conocidos como el conjunto escultórico de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, exhiba superior funcionalidad y densidad simbólica que la ubicada en La Habana (Figura 8).

Llama la atención que en Columbia, donde sí existía desde la génesis constructiva del campus un plan director que contenía las premisas conceptuales del mismo, lamentablemente, a resultas de presiones diversas, en los últimos 50 años se añadieron edificios modernos de discreta calidad estética en sitios privilegiados. Un ejemplo es el denominado Uris Hall, concluido en 1962 bajo protestas de profesores y estudiantes de la propia universidad con los lemas No more uglies, we protest bad design, etc. (Figura 9)

En el caso de la Institución cubana, una vez concluidos los edificios de Farmacia y Ciencias Comerciales en 1940 (contemporáneos a la Biblioteca Butler de Columbia, terminada a fines de la década del 30, y con evidentes similitudes estilísticas como sus amplias columnatas jónicas), el crecimiento de la universidad no afectó al campus central, el cual permanece prácticamente intacto. Además, al decir de historiadores norteamericanos como Andrew Dolkart, [11] la construcción de la Biblioteca Butler hacia el sur del conjunto comprometió la relación de la universidad con la ciudad de Nueva York, en tanto cerró el campus que en su diseño original permanecía abierto hacia la urbe. En el caso de La Habana es sabido que tal circunstancia es poco menos que impensable.
Por otro lado, incluso observando las obras concebidas por el propio McKim y sus colaboradores, entre ellas los majestuosos Avery Hall, Earl Hall, la Capilla de St. Paul (1904), Kent Hall, todos concluidos a fines del siglo XIX y primeras décadas del XX, no se aprecian la armonía y el diálogo claramente perceptibles en La Habana. En Columbia la grandilocuencia del eclecticismo neoclásico halla su clímax en la Plaza Low, particularmente en la Biblioteca Low, heredera del Panteón Romano. Sin embargo, no se continúa con similar fuerza en el resto del conjunto, donde las referencias al legado grecolatino se limitan mayoritariamente a accesos porticados con tres o cuatro columnas clásicas en edificios de inspiración renacentista, y, como ya se mencionaba, con inserciones contemporáneos en sitios privilegiados no necesariamente felices. El articulado y coherente homenaje al neoclasicismo y su relación con el avance del conocimiento apreciable en la Universidad de La Habana, alcanza un impacto y rotundez difícil de emular por la Universidad de Columbia vista integralmente. (Figura 10)
Conclusiones
De la Universidad de La Habana destacan sus valores arquitectónicos y urbanos, particularmente apreciables en el majestuoso conjunto de la Colina, emplazamiento de la universidad desde 1902. Si bien no existió un plan director único desde la construcción de los primeros inmuebles (el más antiguo que se conserva es el Aula Magna, concluida en 1911), la evolución constructiva y urbana de la Universidad revela una notable coherencia estilística y simbólica. Con destaque para el eclecticismo neoclásico, la arquitectura del campus central de la Universidad reinterpretó los códigos del clasicismo, y se expandió fuera de los límites de la Colina, diversificando su repertorio estilístico y estableciendo interesantes relaciones entre diferentes zonas del espacio urbano.
La metodología de análisis utilizada para la inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial resultó de utilidad para articular un discurso valorativo eficiente enfocado al patrimonio cultural de la Universidad de La Habana. Como ejes estructuradores se utilizaron los criterios ii, iv y vi. Estos criterios propiciaron el diálogo entre las diversas expresiones patrimoniales universitarias, de carácter material e inmaterial, con el objetivo de demostrar la condición integral de los valores patrimoniales de la Universidad de La Habana, demostrativos de su protagonismo sociopolítico y cultural de alcance internacional. La arquitectura y el urbanismo universitarios, dentro de los límites de la Colina y fuera de esta, en su relación con los bienes muebles (artísticos, científicos, documentales), testimonian el papel desempeñado por la Universidad en el diseño del andamiaje simbólico republicano y posteriormente revolucionario.
Referencias bibliográficas
[1] Felipe C, Baujin JA, editores. El Patrimonio Cultural de la Universidad de La Habana. La Habana: UH; 2014.
[2] Talas S, Lourenço M, editoras. Arranging and rearranging: planning university heritage for the future. Padova: University Press; 2012.
[3] Maison L, Talas S, Wittje R, editores. Shaping European university heritage past and possible future. Noruega: The Royal Norwegian Society and Akademika Publishing; 2013.
[4] Felipe C. Al Abrigo del Alma Mater. Patrimonio Cultural Universitario: valores y experiencias de gestión desde la Universidad de La Habana [Doctoral]. Granada (España): Universidad de Granada; 2015. Disponible en: https://digibug.ugr.es/handle/10481/43674.
[5] Comité Intergubernamental de Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural. Directrices Prácticas para la aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial. París: Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO; 2008 [consultado 30 de 05 2017]. Disponible en: http://whc.unesco.org/archive/opguide08-es.pdf.
[6] Bergan S, Sanz N, editores. The Heritage of European Universities. Strasbourg: Council of Europe Publishing; 2006.
[7] Martínez Inclán P. La Ciudad Universitaria de La Habana. Espacio. 1952; 1(noviembre-diciembre):10-11,29.
[8] Vergani A. Prólogo a una conversación sobre el parque-monumento a los mártires universitarios. Arquitectura Cuba. 1965;31(335):20-5.
[9] Jokilehto J, Cleere H, Denyer S, Perzet M. The World Heritage List. Filling the gaps. An action plan for the future. París: ICOMOS; 2005.
[10] Ver: History of the Morningside Heights campus. Disponible en: http://www.wikicu.com/History_of_the_Morningside_Heights_campus.
[11] Dolkart AS. Morningside Heights. A History of Its Architecture and Development. New York: Columbia University Press; 1998.
Notas
Notas de autor
*Autor Correspondiente: Claudia Felipe Torres, email: claudia@fayl.uh.cu