Con criterio
El cementerio del siglo XIX en Cuba y su arquitectura
The Cemetery of the 19th Century in Cuba and its Architecture
El cementerio del siglo XIX en Cuba y su arquitectura
Arquitectura y Urbanismo, vol. XLII, núm. 1, pp. 4-27, 2021
Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría
Recepción: 14 Junio 2020
Aprobación: 14 Octubre 2020
RESUMEN: El cementerio cubano experimentó cambios durante el siglo XIX que no han sido abordados con sistematicidad desde la perspectiva teórica. El objetivo de la investigación fue definir la evolución del cementerio durante el siglo XIX en Cuba a partir del estudio de las obras que lo componen. Se utilizó el método general histórico-lógico, el deductivo-inductivo, así como técnicas de observación, registro y estadísticas. Se comprobó que Cuba fue uno de los territorios de América más adelantados en el establecimiento de cementerios hacia las afueras de las poblaciones. El estudio reveló la existencia de tres variaciones sucesivas en el cementerio cubano del siglo XIX, definidas por el autor como variantes primitiva, neoclásica y romántica, cada una sujeta a patrones socioculturales específicos que fueron superando a la anterior en diseño y confort ambiental, como evidencia del desarrollo experimentado durante el siglo estudiado.
Palabras clave: cementerios cubanos, espacios funerarios, variaciones estilísticas, sepulturas, arquitectura del siglo XIX.
ABSTRACT: The Cuban cemetery underwent changes during the 19th century that have not been systematically addressed from a theoretical perspective. The objective of the research was to define the evolution of the cemetery during the XIX century in Cuba from the study of the works that compose it. The general historical-logical, deductive-inductive method was used, as well as observation, recording and statistical techniques. It was found that Cuba was one of the most advanced American territories in the establishment of cemeteries towards the outskirts of the towns. The study revealed the existence of three successive variations in the 19th century Cuban cemetery, defined by the author as primitive, neoclassical and romantic variants, each subject to specific sociocultural patterns that superseded the previous one in design and environmental comfort, as evidence of the development experienced during the century studied.
Keywords: Cuban cemeteries, funeral spaces, stylistic variations, graves, 19th century architecture.

Introducción
La investigación cultural con enfoque interdisciplinar ha logrado avances sustanciales con relación a la creación humana desde los puntos de vista material e inmaterial, pero aún existen temas susceptibles de investigación en tanto el objeto de estudio sea el espacio funerario. Este concepto aglutina un amplio espectro de asuntos que tienen a la muerte como eje central. El espacio funerario establece las conexiones entre el hombre y ella. De ahí que, desde la antigüedad y hasta la contemporaneidad, se asista a manifestaciones que han devenido fuente de conocimiento de las culturas, lo que permite estudiar su cosmovisión, idiosincrasia, religiosidad y otros factores diversos [1].
A partir del siglo XIX el cementerio se generaliza como representante por excelencia del espacio funerario físico de la cultura occidental. Llega así a los territorios colonizados de América y marca la experiencia que el sujeto moderno tiene con la muerte. Por órdenes reales es confinado a las afueras de las ciudades y pueblos, lo que debe entenderse como un sacrificio cultural ante las necesidades sanitarias e higiénicas de la época. Desde entonces, comienza a generar sentimientos de repulsión y abandono alimentados por prejuicios y mitos, lo que influyó en la pérdida de la memoria asociada a ellos y en la conservación de elementos tangibles e intangibles identitarios de una región, nación o localidad1.
Como respuesta a estos problemas, en el contexto latinoamericano del siglo XXI se inicia un movimiento de carácter integral denominado Red iberoamericana de valoración y gestión de cementerios patrimoniales. La red agrupa a estudiosos del tema de los espacios y costumbres funerarios que se reúnen anualmente para exponer e intercambiar experiencias. En la actualidad la Red es acreedora de reconocimiento internacional y hasta la fecha han sido desarrollados veinte encuentros internacionales con la participación de más de veinticinco países. Entre ellos figura Cuba,2 donde existen 805 cementerios en uso hasta la fecha [2], cifra que se incrementa al incluir aquellos exponentes desaparecidos y poco conocidos de los que solo perduraron proyectos, descripciones o modestas ruinas.
Ya desde finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX se investigaba el tema en la Isla desde las ciencias médicas [3-4]. Se destacaron en esta labor los médicos Tomás Romay, Domingo Rosain y Ambrosio González de Valle. Las investigaciones relacionadas con la salud e higiene influyeron decisivamente en la prohibición de enterramientos aledaños a iglesias y conventos y en la elaboración de los reglamentos a los que estaban sujetos los nuevos cementerios que se edificaron en las afueras de ciudades y pueblos [5-6]. Durante las dos últimas décadas del siglo XX se efectuaron en el país procesos de investigación, valoración y categorización de exponentes relevantes a nivel nacional que se rigieron por la legislación aún vigente3.
El siglo XXI aportó nuevos conceptos que cambiaron la manera de apreciar estos espacios. El lugar que ocupa el cementerio como una heterotopía varió su sentido en dependencia de la sincronía de la ciudad, para caracterizarse por un funcionamiento variable desde su propia concepción como espacio distinto: “El cementerio es ciertamente un lugar otro en relación con los espacios culturales ordinarios; sin embargo, es un espacio ligado al conjunto de todos los emplazamientos de la ciudad (…) donde cada ciudad, pueblo o familia guarda sus difuntos” [7]. Es expresión de las dinámicas sociales de las ciudades, en menor escala representa y traduce los cambios que sufre en el transcurso del tiempo [8]. Todo cementerio es patrimonial mientras la comunidad portadora se identifique con él y reconozca sus valores.
El concepto Arquitectura de la ciudad debe ser interpretado como obra de arquitectura resultante de la colectividad, adecuada a un plano común e invariable. La ciudad se construye a partir de la arquitectura y esto es válido también para el cementerio. La manera de concebirlos ha cambiado en el tiempo, por tanto, la interpretación de su dimensión arquitectónica es una condición imprescindible para la formulación de una teoría de los elementos que lo componen4[9].
Aún los aportes resultan insuficientes si se analiza el amplio universo y la cantidad de enfoques posibles, al apreciarse que persiste un vacío teórico alrededor del cementerio con relación a los cambios experimentados a través del tiempo en el diseño del plan general y de las obras de arquitectura que lo integran. De ahí que el presente estudio se considere un paso necesario para contribuir a una teoría del cementerio cubano y su memoria histórica, entendida esta no solo como evocación del pasado, sino como parte de una dinámica que transita a la resignificación, adopción de nuevos sentidos que han sido motivados por los cambios culturales, o el cambio en la asunción de conceptos ancestrales, cuyos rangos interpretativos han variado [10]. Esta investigación tuvo el propósito de definir cómo fue la evolución del cementerio durante el siglo XIX en Cuba, particularizando en la evolución de las obras que lo componen.
Materiales y métodos
Para el desarrollo de la investigación se asumió un enfoque mixto en el cual se articularon las perspectivas cualitativas y cuantitativas [11]. Se elaboró un esquema de análisis basado en el Método de análisis y valoración crítica de los sistemas urbanos y arquitectónicos[12] y en la adaptación del Procedimiento metódico general para la determinación de la evolución estilística de la arquitectura doméstica[13]. El Esquema de análisis básico para determinar la evolución del cementerio, resulta una herramienta válida para abordar estudios que tengan como finalidad la evolución de la concepción del cementerio como modelo y sus obras, desde el punto de vista diacrónico. Para el caso específico de los cementerios cubanos, donde no existen estudios precedentes que logren conformar líneas de evolución, se tuvo en el esquema de análisis una directriz para la obtención de los resultados. No obstante, su aplicación al campo específico del arte ha de tener siempre en cuenta que se trata de un punto de partida que cada investigador debe adaptar a la naturaleza del objeto y en función de las condiciones específicas de cada estudio [14].
El proceso de identificación y caracterización de las tres variaciones que experimentó el cementerio cubano del siglo XIX, así como de sus obras, se desarrolló a partir de la aplicación de los métodos teóricos y empíricos. El método histórico-lógico se utilizó para el análisis cronológico del objeto entendido como modelo, a través de cada una de las etapas de su desarrollo evolutivo. El método deductivo-inductivo se utilizó para la elaboración de una concepción teórica sobre el objeto, siempre en la relación dialéctica entre teoría y práctica. Se emplearon además las técnicas de observación, registro y estadísticas, así como la consulta a expertos para la validación o valoración de teorías y conceptos.
Para desarrollar la investigación se definió una muestra a partir del estudio de casos. El arte es una entidad con existencia perceptible de manera sensorial, emocional e intelectiva y debe ser abordado a partir de un contacto directo con el objeto de estudio que precede al proceso mismo de la investigación [11]. Este vínculo es fundamental para la determinación de muestras. El trabajo de campo realizado aportó un número considerable de candidatos por lo que se precisó el establecimiento de seis criterios de selección:
Se orientó al estudio de los cementerios, se desestimaron los sitios arqueológicos que constituyeron lugares de enterramientos generados por las comunidades aborígenes precolombinas, los enterramientos parroquiales, los entierros de esclavos ubicados en las cercanías de haciendas e ingenios del siglo XIX, así como los cenotafios y sepulturas independientes.
Se enfocó en los cementerios generales u oficiales, edificados para los difuntos de las villas, pueblos y ciudades de la Isla de Cuba.
Se limitó a los cementerios edificados en el siglo XIX, o sea, en el período comprendido entre 1801 y 1900. Quedaron fuera del estudio los que se construyeron en los siglos posteriores.
Se orientó a los cementerios que existen y se mantienen en uso. Este criterio se basó en la posibilidad de estudiar obras visibles, evitando debates que se pudieron generar en torno a casos de los que solamente se pueda consultar información escrita.
Se enfocó en los cementerios que presentan un nivel de información susceptible a estudiar y organizar, con elementos que demuestran su evolución como: dataciones, registros, propiedades, proyectos y otras informaciones. Algunos candidatos carecían de información básica, imposibilitando el establecimiento de criterios confiables en relación con las obras.
Se orientó a la elección de los cementerios que mantienen un adecuado nivel de integridad, así como un buen estado de conservación, que permitieran una aproximación a sus características originarias, como trazado y estructura, así como de sus construcciones y elementos característicos de la época. Se descartó un gran número de candidatos por su elevado nivel de transformación.
Los criterios de selección descritos permitieron limitar el estudio a seis casos5.
Resultados y discusión
La génesis del cementerio y su desarrollo durante el siglo XIX en Cuba
Durante los primeros siglos de la colonización española en América existió una relación entre la vida y la muerte que estuvo mediada por la religión. Así como la iglesia y el cementerio se localizaban en el centro de la ciudad, la muerte se hallaba en el centro de la vida [15]. Fue a partir de los siglos XVII y XVIII cuando el pensamiento ilustrado prescribió disímiles condiciones de alteridad, entre ellas la locura, el delito y la enfermedad, a cada una de ellas consagró un espacio de segregación fuera de los centros urbanos (el manicomio, la prisión y el hospital). Es así que con esta nueva ideología ilustrada, el conocimiento comenzaría a basarse en la razón y no únicamente en la fe, exaltando el interés de la ciencia en la prevención de enfermedades. Se hizo evidente el modo de evitar la muerte haciendo énfasis en la salud [16, p. 227]. Los ilustrados más apegados a la vida secular promovieron la idea de exiliar al cementerio del centro urbano con la excusa de la higiene y salubridad ciudadana. El sentido racionalista del hombre y de la naturaleza hace que concibiera a la muerte como “una irrupción salvaje e irracional que pone en peligro la armonía social” [17]. El temor que ahora provocaba la muerte en la sociedad trajo como consecuencia la repulsión a todo aquello que se relacionara con ella.
En Cuba esta práctica se aplicó a partir de las disposiciones reales de Carlos III y su sucesor Carlos IV, quienes en sus reinados dirigieron órdenes a los territorios coloniales exigiendo la construcción de cementerios en las afueras de las ciudades. Carlos III dictó la orden de construir un cementerio en el Real Sitio de San Idelfonso, uno en Yévenes y otros en diferentes pueblos del reino. Posteriormente, en 1787, el rey ordenaba expresamente en una Real Cédula la construcción de cementerios municipales extraurbanos [18]. Romper la inercia de la costumbre y el monopolio de la Iglesia Católica sobre la muerte no sería fácil en aquella época.
Carlos IV, quien sucedió a su padre en 1788, reiteró tales órdenes reales con idéntica orientación [18]. Nuevamente, otra real cédula, con fecha del 15 de mayo de 1804, comunicó a los gobernantes coloniales que debían construirse cementerios fuera de las zonas urbanizadas y no permitir la sepultura de cadáveres en las iglesias, al mismo tiempo adjuntaba un proyecto general como modelo para dicha fábrica [18]. El proyecto fue firmado por el ingeniero y militar español Francisco Requena [19]. Contaba con un área rectangular amurallada perimetralmente, corredores libres de sepulturas inmediatos a la parte interna del muro y dos ejes, también libres de sepulturas, que se cruzaban perpendicularmente en el centro del área, dividiéndolo en cuatro lotes. La estructura planimétrica estaba representada por un pórtico de acceso principal con características del neoclasicismo, al centro una fosa abierta para depositar restos óseos y al fondo una capilla con espacios para sacristía, capellán y sepulturero. Estas tres obras quedaban dispuestas longitudinalmente en el eje principal. La zona exterior del recinto se cubría por vegetación arbórea con características de la familia de las coníferas.
Se inicia así la historia de los cementerios en América Latina. Cuba fue uno de los territorios más adelantados debido a su condición colonial. Se ha de reconocer la labor realizada por personalidades como el célebre obispo de Espada6, los médicos e higienistas cubanos Tomás Romay y Ambrosio G. de Valle, así como la Sociedad Económica de Amigos del País, la cual contribuyó sustancialmente al desarrollo de la ciencia y la economía de la colonia durante todo el siglo.
Para todos los casos debían cumplirse ciertas normas ante la construcción y funcionamiento [4]. Las Villas de San Salvador de Bayamo y de la Santísima Trinidad se anticiparon a la real cédula de 1804 en la construcción de su cementerio general [20]. Ya en 1806 estaba casi concluido el cementerio de Trinidad. Su pórtico exhibe la temprana fecha de 1803 [21]. Más adelante se edificaron otros inspirados en el proyecto referido. Tal es el caso del Cementerio de Reina en la Villa de Fernandina de Jagua, inaugurado en 1839. Al igual que otros cementerios de la Isla se hizo por pedazos [22].
Al transcurrir no más de cincuenta años, estos primeros recintos ya se habían convertido en una realidad disfuncional. La concepción espacial no varió el escenario en comparación con el aspecto cargado y sombrío del interior de las iglesias donde se inhumaba en siglos pasados. No era de extrañar que el sistema de enterramientos en nichos adosados a los muros les fuera a los usuarios indirectos una molesta novedad [23]. La pretendida higiene que sacó las sepulturas del reducido espacio de los templos y del interior de una población cada vez más creciente, esa higiene ordenaba trasplantar al cementerio fuera del agitado teatro de los diarios afanes de la vida, en terreno ornamentado por la misma naturaleza (…) [3].
Para la segunda mitad del siglo se edificaron nuevos cementerios cuya concepción e imagen varió sustancialmente respecto a la etapa anterior. La experiencia acumulada apuntó a la construcción de recintos con mejores condiciones espaciales y funcionales, que dependieron de la necesidad de atender mayores densidades y confort ambiental. Se suma el diseño romántico y monumental de sus obras generales. De igual modo, las sepulturas alcanzaron mayores escalas, mejores condiciones técnico-constructivas y niveles de ornamentación variables, en correspondencia con el desarrollo económico y cultural alcanzado por las familias y el deseo de exteriorizar su poder [14].
El Cementerio de San Carlos Borromeo de la ciudad de Matanzas se construyó con el fin de flexibilizar prácticas religiosas tradicionales, cambiándose radicalmente la concepción del recinto, que se alejaba completamente del modelo del Espada. Con una dimensión suficientemente grande para conjurar para siempre el fantasma del espacio reducido, las familias de solvencia, congregaciones, gremios, asociaciones, y otras sociedades fraternales, disfrutaron en abundancia de aquello que tanto se había carecido antes. Del cementerio anacrónico clásico se fue derivando a la posibilidad de desarrollar construcciones monumentales [23]. El San Carlos constituyó una obra mayor y uno de los primeros cementerios modernos de Cuba.
Los ejemplos expuestos dan constancia de un desarrollo en la concepción del cementerio durante el siglo XIX en la Isla. En ella se tradujo la espiritualidad de los principales movimientos culturales del siglo. Al tomar de la historia general del arte y la cultura, un concepto que alude a un pasado marcado por enterramientos en parroquias, y otros dos conceptos que nombran movimientos de nuevo tipo, con múltiples hacedores y manifestaciones que trascienden sus principios ideoestéticos a disímiles esferas de la vida, se asume que el cementerio renovó su imagen durante el siglo XIX, tradujo los códigos de una expresión “primitiva”, a una “neoclásica”, hasta llegar a una “romántica”. Según esta renovación a través del tiempo es posible catalogar tres grupos o variaciones fundamentales. Los conceptos primitivo, neoclásico y romántico lograron traducir materialmente en la obra arquitectónica distintos estadios de la producción espiritual de la sociedad. Si bien la arquitectura adecuó este y otros intentos de clasificación, el cementerio no ha sido catalogado antes de este modo7. (Figura 1) Emplear conceptos que no son para el uso exclusivo de la arquitectura conlleva comprender que esta es la concreción material del pensamiento humano en un intervalo de tiempo.

El cementerio primitivo
Si bien a las afueras de las ciudades y poblados como dicta el nuevo orden social, su imagen no varió respecto a las prácticas precedentes. Evocó al patio sacro espontáneo donde los enterramientos tradujeron más las inquietudes religiosas que las nuevas concepciones estéticas del siglo. Negó la Ilustración que venía permeando el pensamiento social. Recreó un concepto de la muerte que pronto entró en crisis. El fin estético no predominó por sobre los fines espirituales y pragmáticos. El primer cementerio cubano no se apegó al nuevo orden visual que rescataría la belleza clásica, de ahí que fuera hasta cierto punto popular en su concepción. El primitivismo aludió a una vertiente donde el espacio funerario se afincó en su concepción primigenia y negó la estilización de la muerte.
Se desarrolla a partir de 1787, fecha en la que el rey Carlos III había favorecido expresamente la construcción de cementerios extraurbanos. Se establecen sin proyecto general, aledaños a templos modestos que habían sido construidos al poniente y hacia las afueras de las poblaciones. Se hallan dentro de este grupo el Cementerio de Nuestra Señora de la Salud de la ciudad de Trinidad (Figura 2) y el Cementerio General de Camagüey.

El cementerio neoclásico
Materializa la Ilustración como proceso filosófico social. Surge a partir de un plan, de un proyecto donde la arquitectura retoma el orden clásico y privilegia el fin estético sin renunciar a la fe. Esbozó a la muerte a partir de una imagen autorreferencial de obras y símbolos elaborados con alto grado de estilización por dos nuevos actores, el arquitecto que organiza el espacio y el escultor que materializa a la muerte y al difunto a partir de sus obras. El clasicismo le aportó una imagen ordenada y rígida que entró en crisis a mediados de siglo. Se convirtió en un recinto disfuncional debido a la rápida ocupación espacial de su pequeña área y la insalubridad generada por los sepulcros construidos sobre el nivel del terreno, lo que influyó en la pérdida del confort ambiental.
Se desarrolla durante la primera mitad del siglo en terrenos adecuados para sepulcros, apartados y al oeste de las poblaciones. Su rígida proyección y ejecución tomó como base el proyecto adjuntado a la Real Cédula emitida por el rey Carlos IV en 1804. Dentro de este grupo se insertan el Cementerio General de la Ciudad de Holguín y el Cementerio de Reina de la Ciudad de Cienfuegos. (Figura 3)

El cementerio romántico
Mantiene al arte como centro y exhibe una concepción más libre y heterogénea acerca de la muerte. Si el neoclasicismo homogeneizó y sistematizó el orden, el cementerio romántico ofreció mayor comodidad para expresar nuevos discursos, nuevas voces, nuevas espiritualidades. No solo el clérigo y el artista decidían la imagen del recinto; el cliente aportaba nuevos símbolos que materializaron la evolución del pensamiento. La polémica fundamental entre Ilustrados y Románticos se encontraba orientada hacia el desmonte de los patrones que imponían limitaciones a la creación, el cementerio romántico traduce ese debate, la estética se mantiene en el centro sin renunciar a una concepción ambiental, estructural, estilística y tipológica más libre y matizada. Su concepción espacial evoca un tono paradisiaco que puso en crisis el tono lúgubre del primer cementerio.
Se desarrolla durante la segunda mitad del siglo en terrenos adecuados para sepulturas, distantes y al poniente de las poblaciones. Resuelve los problemas presentados por los grupos anteriores, tomándose en consideración las experiencias adquiridas. Es destacable, además, su sentido de inclusión, pues a partir de entonces todas las personas tuvieron derecho a sepultura digna sin importar creencias religiosas. Se hallan dentro de este grupo el Cementerio de San Carlos Borromeo de la ciudad de Matanzas (Figura 4) y el Cementerio Cristóbal Colón de la ciudad de La Habana.

Evolución de la concepción planimétrica y estructural del cementerio durante el siglo XIX en Cuba
El cementerio primitivo
Exhibe una planta con forma de polígono cuadrilátero y dimensiones pequeñas. Su trazado es nulo o simple. Está representado por un eje único con dimensiones variables que parte desde el acceso y conduce al interior del recinto, y por una red de trillos generada por la disposición de las sepulturas en el interior del polígono. (Figura 5)

El esquema estructural se concibe a partir de las obras preexistentes, en este caso el templo, quedando centrado o hacia uno de los extremos. Las funciones administrativas y de servicios se sitúan en el acceso principal o cercano a éste. Las sepulturas quedan dispuestas en el interior del patio. También se pueden encontrar en forma de nichos acopladas a los muros perimetrales.
El cementerio neoclásico
Exhibe una planta con forma de polígono cuadrilátero y dimensiones medias. Reproduce el trazado y esquema estructural planteado por Requena en el proyecto adjuntado a la real cédula de 1804. La traza, con forma de cruz latina, expresa la permanencia de la religión católica en los asuntos funerarios. Se compone a partir de un eje longitudinal que relaciona los edificios generales con el exterior y el interior del patio, cortado perpendicularmente por otro eje de menor extensión. (Figura 6)
El esquema estructural se concibe a partir de un edificio delantero que acoge las funciones administrativas, de servicio y acceso. Al fondo y en el eje principal se ubica la capilla general pasando entonces las funciones religiosas al interior del camposanto. Los cuatro lotes generados por los ejes mencionados se adecúan para las sepulturas. También se adecúan los muros perimetrales para la ejecución de sepulcros en forma de nichos adosados. Se prescinde la construcción del osario en la intersección de ambos ejes, propuesto en el proyecto de Requena.

El cementerio romántico
Exhibe una planta con forma de polígono cuadrilátero y mayores dimensiones que las variantes precedentes. El trazado ortogonal crece en forma de retícula y se flexibiliza generando manzanas con dimensiones variables. Incorpora elementos llamativos rectilíneos y curvilíneos como ensanches, mini rotondas, plazuelas, nodos, parterres y jardines. Pone de manifiesto la jerarquía de vías a partir de sus características y la asignación de nombres o números. Así ocurre también con las áreas o cuarteles adecuados para las sepulturas. (Figura 7)

El esquema estructural se concibe a partir de un edificio delantero que acoge las funciones administrativas, de servicio y acceso. La capilla general se reubica hacia el centro en el eje principal, donde adquiere un carácter monumental y simbólico. Incluye además un osario general para el depósito de restos óseos, el cual se inserta en cualquiera de las manzanas destinadas para los sepulcros. Los muros perimetrales, ahora más ligeros, no poseen sepulturas en forma de nichos adosados.
Evolución de las obras de arquitectura asociadas al cementerio durante el siglo XIX en Cuba
Las obras de arquitectura asociadas al cementerio se pueden separar en dos grupos fundamentales: obras generales y sepulturas. Las obras generales son resultado de un proyecto promovido desde las estructuras de poder, cuya función principal es la oferta de servicios funerarios. Se encuentran integradas por diversos objetos de obra cuya presencia, ubicación y características varía según la época en la que son concebidas. Entre las más tradicionales se destacan un edificio de acceso principal, donde radican las funciones administrativas y de servicios, una capilla y osario general, uno o varios patios adecuados para inhumaciones, muro perimetral, infraestructura vial y otras (Figura 5) (Figura 6) (Figura 7). Por lo general, presentan unidad estilística y constructiva, o sea, todas se conciben a partir de un mismo estilo arquitectónico, técnicas y materiales.
Las sepulturas son resultado de proyectos promovidos desde la individualidad familiar u otra forma de asociación. Sus características formales y funcionales varían según la época y la zona geográfica en que son concebidas. Se encuentran sujetas además a otras particularidades relacionadas con el comitente y el autor, la moda y los materiales. Presentan diversidad respecto a los tipos, cuyas denominaciones han sido objeto de debate, sin vislumbrar un consenso internacional8. La sepultura en tierra, la bóveda, la nichera o nichos, la cripta o la galería y la capilla son algunos de ellos9.
Desde el punto de vista estilístico se pueden establecer grupos a partir del reconocimiento del estilo al que se ajustan. Para el período de tiempo en cuestión se prevé presencia fundamentalmente del neoclasicismo, el historicismo y el eclecticismo. Aunque no se descarta la presencia de otros como el art nouveau y el protorracionalismo.
Las obras generales
El edificio de acceso principal incluye las funciones de administración y servicios en ambos lados de la entrada, la cual puede estar jerarquizada por un arco simple o triple. Su planimetría y volumetría es rectangular apaisada y simétrica. Mientras avanza el siglo la escala aumenta, proporcionándole monumentalidad a la obra. Las influencias estilísticas están dadas por el barroco tardío, el neoclásico, y el historicismo. (Figura 8) (Figura 9) (Figura 10)



La capilla general, ya sea modesta u ostentosa, siempre estuvo presente en el cementerio cubano del siglo XIX. Su ubicación varía en dependencia de las particularidades de cada variante. Al inicio del siglo exhibe una planta alargada con una nave y altar; presenta un campanario que se emplea para avisos de enterramientos y realización de misas. Su estilo se remite al neoclásico.
Para la segunda mitad del siglo se aprecian cambios sustanciales con respecto a la anterior; la planta se concibe concentrada y aumenta su escala. Su estilo se inspira en el historicismo renacentista.
El muro perimetral también expresa las características afines a los objetos de obra generales que le acompañan. Los casos más antiguos se concibieron provisionalmente con materiales ligeros. Posteriormente adquieren una configuración gruesa y pesada a partir del uso de la mampostería. Luego adquieren la doble función de delimitar el recinto y albergar sepulturas con forma de nichos a la vez, lo que le imprime un carácter pesado y claustral. Para la segunda mitad del siglo obtiene mayor ligereza a partir del empleo de elementos calados como rejas y otros tipos de aberturas. En casi todos los casos se pueden observar elementos propiamente decorativos u otros estructurales que le aportan sobriedad y elegancia.
Las sepulturas
La tipificación de las sepulturas es una labor compleja que requiere un conocimiento detallado de cada obra. A ello se suman los problemas que puede generar la diversidad de vocablos empleados para nombrarlas en cada contexto. Como punto de partida en relación a este análisis es necesario conocer y verificar varios aspectos, por ejemplo, si la sepultura a analizar posee alguna construcción por debajo del nivel del terreno, si es individual o colectiva, si esta es simple o compuesta, así como sus características compositivas. Se asocian al cementerio cubano del siglo XIX cinco tipos básicos de sepultura. (Figura 11)

Sepultura de tipo 1. Su principal característica está dada por su correspondencia con una inhumación directa en la tierra, que puede ser individual o colectiva, y por no tener construcción alguna bajo tierra. Este tipo de sepultura se establece a partir de disímiles condiciones entre las que se pueden mencionar la religión profesada por el difunto, su posición económica y las particularidades de su muerte, entre otras. Puede estar acompañada por alguna construcción sobre el terreno que determinará el estilo de la misma y puede ser un murete, sardinel o verja limítrofe, un túmulo con inscripciones, una escultura, una cruz, obelisco, lápida u otro elemento.
Sepultura de tipo 2. Se identifica por ser una construcción que se desarrolla tanto por debajo como por encima del nivel del terreno. Sus dimensiones pueden ser variables en dependencia de su capacidad, y su función queda reducida al asilo de cadáveres. El acceso se encuentra protegido por una lápida rectangular de dimensiones variables con las inscripciones pertinentes. La obra sobre el terreno puede estar acompañada también por una verja limítrofe o algún elemento escultórico que determinan el estilo arquitectónico al que se ajusta, entre los más conocidos el neoclásico, el historicista o romancista y el ecléctico.
Sepultura de tipo 3. Comúnmente utilizadas durante la primera mitad del siglo XIX, se componen a partir de nichos que integran conjuntos colectivos tanto en muros perimetrales como en obras aisladas, siempre por encima del nivel del terreno. En casos muy particulares conforman una sepultura aislada que puede ser individual o colectiva. La colocación del ataúd puede variar según su dimensión transversal o longitudinal. La forma de la lápida también varía, puede ser semicircular en la porción superior cuando la colocación es longitudinal. Se aprecia de modo rectangular cuando la colocación es transversal. El conjunto puede presentar elementos decorativos clásicos como frontones, acróteras, agujas, molduras y ligeros contrafuertes. El resto de los elementos decorativos son acogidos por las lápidas que sellan cada nicho.
Sepultura de tipo 4. Supera al anterior por su valor sanitario. Se compone a partir de un espacio subterráneo que acoge a las sepulturas, al que se accede a través de una escalera. En algunos casos incluye un altar para la oración y otros elementos de ventilación, entrada de luz natural, etc. Sus dimensiones pueden ser variables, pudiendo alcanzar más de cincuenta metros de longitud y capacidad para doscientos cadáveres, recreando el concepto de las catacumbas que algunas civilizaciones antiguas construyeron y utilizaron como lugar de enterramiento. La obra sobre el terreno puede estar acompañada también por una verja limítrofe o algún elemento escultórico que, junto al edificio de acceso, determinan el estilo arquitectónico al que se ajusta.
Sepultura de tipo 5. Se pueden encontrar combinadas con alguna de las anteriores, la cual se reconoce por ser una pequeña capilla que recrea de forma simbólica los enterramientos dentro de las iglesias, ahora de uso familiar u otra forma asociativa. Se compone a partir de un espacio dispuesto por encima del nivel del terreno con acceso y otras aberturas. Acoge las sepulturas bajo el terreno y un altar para la oración. Su opulencia y dimensiones se manifiestan en correspondencia con el poder económico y escala social del propietario o difunto, por lo que puede estar acompañada de esculturas, profusas verjas, vitrales, etc. Se observan recreando una diversidad de estilos y tendencias entre las que se pueden mencionar el romanticismo, el neogótico, el neorrománico y el neorrenacentista, así como el eclecticismo.
Conclusiones
La urgencia con la que fueron cumplidas en Cuba las leyes relacionadas con el establecimiento de cementerios en las afueras de las poblaciones la coloca entre los territorios más adelantados con respecto a la nueva concepción.
El esquema de análisis básico para determinar la evolución del cementerio aplicado es una herramienta válida que permitió determinar la evolución diacrónica de estos espacios según sus componentes planimétricos y arquitectónicos, siempre que se conozcan de antemano las circunstancias generales que le resultaron condicionantes, en las cuales, el pensamiento, el territorio, la economía, la sociedad y la cultura resultan relevantes.
El cementerio cubano del siglo XIX experimentó un proceso evolutivo, lo que se puede constatar a partir de los cambios en su concepción planimétrica y estructural, así como de las obras de arquitectura que lo integran, díganse obras generales y sepulturas. Se comprueba la existencia de tres grupos fundamentales de cementerios según sus características. Un primer grupo que se emplaza en torno a templos preexistentes que, por diversos motivos, se habían construido hacia las afueras de las poblaciones; un segundo grupo que responde a los criterios ilustrados propios de la época y un tercer grupo que supera a los anteriores, donde se aplican los conocimientos adquiridos en la experiencia anterior.
De acuerdo a su concepción planimétrica y posterior evolución, durante el siglo XIX se distinguen tres variantes tipológicas de cementerio en Cuba. Una primera variante, primitiva, caracterizada por un trazado simple con carácter empírico, una estructura sujeta a obras preexistentes y morfología dependiente de la libre inserción de las nuevas obras; una segunda variante, neoclásica, caracterizada por la rigidez de su trazado, la formalidad estructural y morfología dependiente de su estricto orden; y una tercera variante, romántica, caracterizada por su dinámico trazado, una estructura menos rígida y morfología dependiente de su holgura y monumentalidad.
Las obras generales de los cementerios en Cuba experimentaron una evolución diacrónica durante del siglo XIX, que se manifiesta en sustanciales cambios tipológicos y sucesión de estilos, que van de menor a mayor complejidad y libertad proyectual. Se reconoce, además, la presencia constante del edificio administrativo, de servicios y acceso, la capilla y el muro perimetral, con un criterio de continuidad y homogeneidad estilística que sopesan un conjunto coherente.
El cementerio cubano del siglo XIX acogió cinco tipos básicos de sepultura durante ese período de tiempo. Sus denominaciones en el contexto de Cuba fueron sepulcro en tierra, bóveda, nicho, cripta y capilla. Se caracterizan por su complejidad formal, funcional y variaciones tipológicas internas. Las erigidas durante la segunda mitad del siglo superan a las precedentes por su valor sanitario, las creadas durante la primera mitad del siglo se caracterizan por la influencia de los estilos barroco tardío y neoclásico, mientras que las construidas durante la segunda mitad del siglo se caracterizan por la influencia del historicismo y del eclecticismo, aunque a lo largo de todo el siglo se atina la presencia de obras con carácter vernáculo y tradicional. El empleo de elementos escultóricos complejos, de gran porte y significados religiosos, no es común durante la primera mitad del siglo en cuestión.
Dedicatoria
A la memoria de María Elena Martín Zequeira, quien fuera la principal impulsora de este trabajo.
Referencias bibliográficas
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Notas
Notas de autor
*Autor para la correspondencia: yanierma@uclv.cu